jueves, 30 de julio de 2026

Aprender de todo

 En marzo fui a mi control odontológico semestral. 

Había un diente que me molestaba. Le pedí a mi dentista que me revisara, por las dudas, y él dijo que no tenía nada. Pasó. Con el paso del tiempo, noté que la molestia persistia. Volvi a consultar ayer. Y resulta que apareció una caries que para mi en marzo ya estaba. 

Obviamente que con mi rehabilitación, mi conducta cambió muchísimo, porque por primera vez me dieron un panorama real. Yo sé que mi sustrato dental no es bueno. Sé de dónde parto. Sé que al consumir tantos años corticoides sumado a la herencia familiar, tengo chance de hacer caries complicadas. 

Pero también sé todo lo que hice por mi salud bucal en los últimos dos años. La rehabilitación fue solamente la manera de acercarme a una posible cura. Detras, se sumaron un montón de hábitos. Dejar de consumir golosinas, reducir el consumo de ultraprocesados, dejar la Coca Cola comun y pasarme a la zero, no oler siquiera un chicle ni un caramelo y olvidarme bastante del alcohol aunque amo el vino, porque inflama las encías.  Todo eso vino acompañado de lo habitual: lavado de dientes, placas de bruxismo, y gel desinflamatorio, y enjuague bucal en religiosamente todos los lavados.  

Hoy, mirándolo a la distancia, agradezco todo eso que aprendi. Todo lo que pague con tanto sacrificio. Todo lo que me pude curar.  Pero, cuando una nueva caries sale, y tengo que afrontar una situación compleja mas, me planteo por qué las cosas tienen que ser tan difíciles. 

Es que, realmente, cuido tanto mis dientes, lo que mastico, lo que como y cómo lo hago, y aun asi, no me acostumbro a la frustración de salir del consultorio con malas noticias.  Me sigue cayendo mal, me sigue angustiando y por momentos me dan ganas de bajar los brazos y decir: "sabés qué, no me hago ver mas, porque cada vez que voy...". 

Pero sigo.  Y entre tanto que sigo, y me ocupo, y hago todo, también aprendo a tomarme las cosas con calma y a buscar alternativas. Hace dos años, cuando empecé, me sentía tan presionada y tan mal con el tema, que estaba dispuesta a hacer cosas que, hoy, con la experiencia, entiendo que no ayudaron. 

 Eso comprobé ayer mismo, cuando sali del consultorio de mi odontólogo y me di cuenta que voy a buscar otro profesional para hacer interconsulta. ¿Por qué? Porque no puedo seguir pagando sus precios. Y porque me quiero bajar de la moto de la desesperación de pensar como conseguir $500.000 para un arreglo que entiendo es necesario pero esta por completo fuera de mi presupuesto. Y él no me ofrece una alternativa mas barata. Y eso me haría meterme en una deuda que, lo se porque hoy en dia tengo clarisimos mis números, no voy a poder afrontar. 

¿Si me voy a asegurar de cuidarme la boca? Sí. Amortizaré la prepaga y me haré espacios para irme a los lugares que dependen 100% de ellos. Me ocuparé de encontrar otros consultorios por la zona y me moveré para que, todo lo que dependa de mi, siga.  Pero eso sí: me cuidare en el camino. Cuidare mi dinero. Cuidare mi presupuesto. Y no le regalaré mi angustia al primero que me venda una solución. Me tomate el trabajo de escuchar otras campanas, de pedir otros presupuestos, y de evaluar materiales si lo llegara a necesitar. 

Todo eso, cuando empecé este camino hace dos años, yo no lo sabía. Solo quería mejorar. Pensé que iba a ser mas facil, si, pero no sucedió. Y aun asi, la experiencia me siguió enseñando.

Hoy, si, tengo una caries que ya me arreglaron. Tengo que restaurarla para que me quede seguro el dientito. Y tengo la fortaleza mental para no dejarme estar y volver a enfrentarme con este cuco. Pero indudablemente, me paro desde otro lugar.  

Ya saque turno en otro centro en CABA para averiguar la restauración que pueda pagar. Mi work bestie me recomendó un centro donde nuestra prepaga de la corpo nos cubre cosillas. Y asi, averiguando y averiguando, me embarqué en otra manera de vivir esto: cuidándome y haciéndome cargo de mi en todos los frentes. 

Ne prometí a mi misma no presionarme. No casarme con lo primero que me digan y resolver con lo mejor que pueda, según los tiempos y las posibilidades que Dios me dé. Pero eso sí: actuando desde la calma y no desde el pánico. 

Aunque es un tema que me frustra, y me hace sentir vulnerable y siento eterno, no voy a bajar los brazos. Simplemente, me voy a tratar de acompañar de otra manera con esta visitante. 

Ampliaremos.  


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