miércoles, 30 de abril de 2025

Vino, masajes, y cómo no dejar fluir lo que te nace

- Me gusta cómo te queda el pelo - me dice. 

Mientras abre, entre sus piernas, una botella de vino tinto, me mira. Le sonrío. 

- Gracias. 

- ¿Tomaste hoy? 

- Sí, un Ruttini en el almuerzo - le comenté. 

- Ay, ella, la administradora, no te toma un vino barato - me burló. 

Claro, antes era la Señora de Letras, y ahora, soy La Administradora.  Javier, evidentemente, tiene ciertos resortes con la profesión y la seducción que eso le debe generar. 

- Callaaate - me reí - Me gusta el vino y punto. 

- Tengo uno para convidarte que no sé - dijo, sonriéndome. 

Me mostró la etiqueta, y es uno que le dije que me gustaba. 

- Ése me gusta también 

- Menos mal. Porque ahora estás rubia, viste... Concheta, de Económicas... Es todo así, esto. Uno está acá, hecho mierda, pero ella.. 

Me río, con paciencia. 

- Te voy a hacer una breve encuesta sobre el pelo... - le anticipé. 

- Dale. 

- Vos y yo nos conocemos hace muchos años y siempre me viste con el pelo natural - dije. 

- Sí. Es cierto. 

- Bueno, la gente que me conoce mucho me dijo que éste look me dá la edad que tengo y que ya no tengo baby face... - le comenté, porque es algo que me dijeron muchas personas. 

Me miró, seriamente. 

- ¿A vos qué te parece? ¿Me da los 30? 

Asintió. 

- Sí, te dá los 30. Pero te queda bien, igual, para mí.  

- Sí, sí. Pero fue algo que se repitió mucho y vos me conocés hace mil años. En la oficina me decían eso y que me dá más luz a la cara. 

- Eso es verdad. Te ilumina, sí. Pero vos igual no tenés ojeras... ¿o si? - se acercó un poco. 

-  Estoy sin maquillaje - le recordé. 

- Igual estás bien. Más flaquita, sí. 

Lo miro. 

- ¿Cómo te está yendo con el odontólogo? - me preguntó - ¿Podés comer mejor? 

- Sí, un poco más. Tengo que seguir yendo, pero me acostumbré a comer. Pasaron muchos meses, ya, en la misma. 

- Hace mucho que estás con eso, che - dijo - ¿te volvieron a operar? 

- No. Pero estoy en una etapa donde tengo que cicatrizar. Me tengo que cuidar de las bacterias, me hago buches, lavados, tiene todo un cuidado detrás. 

- ¿Y cuánto más es? 

- No sé. Preguntale a mis tejidos. A mí todavía no me dicen nada - le sonreí. 

Sonrió. 

- Tengo queso, es blandito ¿no querés comer con el vino? Te va a gustar. 

Sonreí. 

- No, gracias Javi. En serio. 

- Pero te lo corto chiquito - insistió. 

- Tranquilo. Hoy comí un montón con las chicas y los nenes... - le comenté - ¿Vos, hiciste algo? 

- Comí pastas. No me siento bien igual de la panza. Anoche, con el partido, me junté a comer y tomé vino pero también tomé cervezas. Ultimamente, voy a la cancha para sentirme mejor, olvidarme un rato del país, y salgo más amargado. 

- Es que este equipo viene para atrás - respondí - La gente en la cancha está rabiosa. Los caga a puteadas. Hay tensión. 

- Sí, ojo, yo no. Yo no insulto a los jugadores. Sólo me voy amargado. 

- Vos sufris por dentro como un vitalicio de ley - le dije, con cordialidad. 

Sonrió. 

- Claaaro. Con ésto, con el país...  - suspiró - Estamos re bien los dos. 

- ¿Viste? 

- Si, es un espectáculo... 

- Digno del género dramático, lo único - lo burlé. 

Se rió. Se acercó y me abrazó. 

- Vení, a ver cómo está tu espalda, flaquita - dijo. 

- Debo andar bien. Fui a un masajista el otro día. 

- ¿Ah si? 

- Sí. 

- ¿Te acostaste con él? 

- ¿Por qué pensás que me cojo a todos? 

- No pienso eso. Pero sé que te gustan los masajes  y pensé que quizá fuiste a un.... masajista distinto.  

- No, no. Fui a un masajista de verdad. Si querés, te paso el contacto. 

- Bueno. ¿Dónde queda? ¿Es un chico, o una chica? 

- Queda en frente de ***. Es un pibe, copado, respetuoso. Me relaja. Hace masajes a hombres también. 

- ¿Más que yo? Porque veo que no tenés nudos

- Yo no soy de esas personas que se quedan contracturadas. O nado, o voy al masajista o hago yoga, pero el dolor de espalda es la muerte. 

Suspiró y me dió un beso en la nuca. 

- O yo te hago masajes para ver cómo estás. 

- Qué se yo, Javi. Te voy a hacer masajes yo, pero tipo ahorcamiento ¿viste? Bien, bien localizados, en la partecita del cuello... 

Javier se rió. Pasó por detrás mío, me corrió el pelo, y me hizo masajes como casi siempre, porque sabe que es algo que amo. 

- No sé. Yo te aviso que me voy a aprovechar de esto... 

Me hizo reír. 

- Delincuente calculador - le contesté. 

- Voy a hacer lo que te gusta, te lo prometo. 

martes, 29 de abril de 2025

A modo de síntesis

 El trabajo me tiene intranquila. No sé cuánto durará el nuevo Director, mi jefe, y el otro Director nuevo. A este último, un director nuevo, lo apodé dentro mío "Cara de moco" y a mi jefe aún no le encuentro apodo. Ya aparecerá. Es cuestión de tiempo. Tanto ver si duran en sus cargos como ver si con el paso de los días decanta un apodo que está ahí, en el limbo, naciendo. Hay líos. Es una realidad. Echaron a una gerente la semana pasada y mi nuevo jefe tomo otro departamento más. Yo siento, más allá de que no me cae mal como persona, que no va a poder con tanto. Espero sinceramente equivocarme. 

La facultad me está costando, pero sigo yendo o cursando como puedo. No quiero dejar las materias. Aunque sea, quiero hacer una por cuatrimestre, es decir, ir una o dos veces por semana a cursar de noche  hasta que me acomode. Hasta que encuentre una constante en mi laburo actual o un laburo nuevo.  Estoy llegando tan cansada a casa de la oficina que ni tengo voluntad de estudiar porque se están viviendo tiempos de incertidumbre en cuanto a la estructura, a las funciones, y ése tipo de cosas. Esto me preocupa y en el sector estamos todas un poco así. Corriendo. Al cien. El último finde, terminamos con mi compañera de oficina las dos quemadas. Lo charlamos ayer, que nos vimos, y le comentaba que no serví para estudiar. Solo leí sin salir a ningún lado. Ella me contó que por su parte hizo algo muy parecido: se fue a desconectar a un lugar y no tocó una computadora, ni un libro, ni nada en todo el finde.  Y es un cansancio y un estrés general con el que no estábamos viviendo dentro de la presión normal con la que trabajamos. La falta de expertise financiera es un tema que yo sinceramente veo como peligroso en el caso de mi jefe. Principalmente, porque lo noto agobiado y ya a las puteadas, aunque es bueno con nosotras y conmigo en lo personal. Le deseo que le vaya bien, porque parece buen tipo, pero además deseo que maneje las cosas con justicia porque no puede ser que entre una persona, cambie todo y se vaya a los dos meses y que después venga otra vez lo mismo y lo mismo y lo mismo.  Eso es justo el pedal de mi incertidumbre. 

II. 

En el medio de todo esto, acostarme con Javier después de dos meses se sintió raro. Venía por un lado lidiando con esta preocupación, y por otro, sosteniendo la resistencia respecto a la indiferencia. Es que antes del último encuentro Javier ya andaba dando señales por redes sociales y yo había silenciado todo literal y metafóricamente y... Paf. 

Creo que fue un error volver a tener sexo con él porque en relación a lo que le dije  yo sigo pensando lo mismo, y eso no es compatible con volver a vernos. Ni siquiera con seguir viéndonos. Porque el corte existió. Eso es indudable. Que el haya querido fingir demencia y que yo lo haya interpretado como el desprecio que fue, tema aparte. Pero la distancia ocurrió. 

Cuando nosotros charlamos hace dos meses además él me dijo que sí, que sabía que esto no podía ser un siga-siga para siempre como yo le dije, bastante indignada. También me dijo que él sabía que tenía que tener un final, porque él tenía que tomar una decisión, que se tenía que sentar a pensar seriamente si desarmaba o si... Cerró diciendo que me prometía iba a darme una respuesta porque no estaba bueno para mi, y porque era verdad que... 

Pero no me dio un final, ni una respuesta. Y yo, la verdad, lo único que recibí fue un silencio durante dos meses que pesó más que mi propio cuerpo muchos días. Su silencio. Que era también para mi una respuesta. 

En mi lógica, la persona a la que le importas, te responde y aunque se lea polémico,  si no puede estar con vos, se va. Querer tener a alguien de amante no puede ser una decisión. 

Sé que Javier siempre tuvo  dificultades para expresar y expresarme las cosas, pero yo no soy responsable. Yo ya lo sé. Lo noto. El tipo parece el mas seguro del mundo, pero me pongo en frente suyo y me doy cuenta que si, que se pone un poco nervioso, que le cuesta,  que todo el mundo ve lo obvio que es; pero no me aprovecho de eso. 

 Hace poco más de una semana, Javier volvió diciéndome que sabe que no debería llamarme pero que no puede evitarlo, que yo siempre voy a estar invitada a su casa, para lo que quiera. Que puedo ir a pasar el rato y a hablar y si no quiero coger no hacemos nada, que esta todo bien. También me contó que pensó, y dudó, respecto a escribirme y que tenía miedo de que me cayera mal, pero que quería saber de mí, porque nos habíamos distanciado mucho. "Estás más rubia, y más flaquita", dijo, apenas me vió. Yo, en cambio, lo ví sin el bronceadito que le recordaba de febrero, con el pelo ni tan largo ni tan corto y con la barba a medio camino, bastante más gordo. 

Y eso no modificó la atracción. Pero si para mi modifico los términos. Esto ya hace rato dejó de ser deseo. Es algo peor. Una dinámica donde yo le pido (por su bien y el mio) qué se vaya y el se queda. Y más específicamente, que no decide donde estar. Él se desborda y te dice que no puede más. Que no puede evitarlo. Que no sabe que hacer, ya. ¿Y resulta que yo si puedo, debo, tengo que decidir algo que ni idea?  Mi decisión es simple: irme. Pero cuando avanzo en ella, y Javier empieza a notar que no, que no vuelvo atrás, interviene. Y me dice que no puede sostener la distancia. Que hablemos aunque sea.  Pero no hablamos. Y ahí esta el error. 

Nos recuerdo la ante última vez en la cocina de su casa, charlando, después de haber tenido un sexo intenso, respecto al camino que cada uno tenía que seguir a partir de ese momento. Yo le dije que quizá nos iba a seguir pasando un poco lo mismo, porque la atracción, la buena onda, la química, seguirían ahí pero que quizá eso nos pasaría para siempre y no podíamos seguir en la misma.  Javier pareció haberlo entendido. O eso me dije yo desde febrero hasta ahora, donde el segundo recuerdo se parece a los otros pero no es como los otros. 

Esta etapa, es diferente. Yo no me siento igual en ninguno de los espacios que ocupo y el vínculo con Javier, en su ausencia o en su intermitencia, es uno de los roles posibles en mi vida.  Ahí ya no soy la oficinista laburadora, ni la estudiante universitaria agobiada, ni la que piensa en crear, ni la que escribe un blog, ni la hija de, o la tía de, o la hermana menor de los...  soy o no quiero ser parte de la vida de Javier. Y soy, de eso estoy segura, la que se limita y se contiene todas las veces que puede para no mandar un mensaje cuando lo desea. Para no mandarle yo una invitación. Para no decirle quiero vivir esto con vos. Para no caerle como un paracaídas una noche en su casa porque tuve una pesadilla horrible y lo quiero ver.  

¿Si me ha pasado en esos dos meses? Claro que si. Pero lo mio fue una renuncia basada en un último gesto de amor y de una búsqueda de paz. 

¿Cómo sostenerlo? 

La siguiente imagen, sobreviene a los empujones. Ambos abrazados en la cocina de su casa, frente a frente. Mis Converse exigidas al máximo, en puntas de pie, y las manos de Javier agarrándome del pelo. Tira de él, con firmeza, y me muerde despacio los labios. Yo no lo beso, y entonces, me muerde peor mientras me saca la ropa. Y yo me desespero por la suya y nos acariciamos. 

Y lo que sigue es buscar nuevamente el hilo. Para eso, una breve síntesis. 



viernes, 25 de abril de 2025

Las ganas, las luchas, el imperioso cuerpo...

 El último encuentro que tuvimos con Javier, hace unos días, no fue como los otros. Puedo decir que no lo disfruté como lo hacía hace dos meses, pero también puedo decir que nadie me obligó a vivirlo. 

Creo que me sirvió para entender que mi mente hizo un click en estos dos meses distanciados, pero que mi cuerpo aún no. Quiza eso sea cuestión de tiempo porque mi cuerpo... se paralizó. Y esa sensación de bloqueo no es, sencillamente, algo circunstancial. Es más bien una búsqueda de coherencia interna. Una búsqueda que ya no puedo ni quiero seguir ignorando. 

Al notar que el sexo no era cómo antes, Javier en todo momento me preguntó cómo me sentía. Vi que se mantuvo más atento de lo normal, y cuando notó que a mí las cosas no me estaban saliendo como quería, enseguida, trató de hacerme sentir comprendida. Él ha pasado momentos físicos en otros encuentros y todo bien. Pero a mi nunca me había pasado eso. Mucho menos, frente a él. Y me sentí perdida. 

Cuando yo me di cuenta que me había bloqueado parcialmente, él dijo que estaba estresada, que no me preocupara. Me abrazó, y me tapó, metiéndose conmigo bajo las sabanas y apelando solamente a la cercanía. 

Fue todo muy rápido. Una reacción de contención genuina que me dejó con más dudas que certezas. Él me acaricio un buen rato, me dio un beso en la cabeza, y me susurró que no tenía que sentirme mal.  Yo solamente quería salir de ese abrazo. Salir porque no correspondía. Porque no me podía ver así. Yo siempre tenia que tener cierto control y el domingo, eso no ocurrió de entrada. 

Abracé a Javier y cerré los ojos. 

- ¿Estás enojada? 

- Si. 

- ¿Por qué? Contame. Por favor. 

- Porque no entiendo qué me pasa en el cuerpo y cuando no me sale, me enojo rápido. 

- Venis muy estresada con el laburo. Estas cansada. Y no te estas permitiendo relajarte conmigo. Pero te podes relajar. No te enojes. Estas estresada, es eso. Vas a ver. 

Suspiré. 

- Me frustra. 

- Nooo. Tranquila. Se trata de relajarse. 

- Es que hace dos horas estoy que si que no... Y estoy excitada y no puedo y estoy en un ni ni ni 

Javier se rió. 

- Tranquila. ¿Me dejas que pruebe algo? 

- Si. 

Javier me acaricio despacio. Busco aclarar la ansiedad y lo fue logrando. Javier fue cuidadoso. Intentó ver si faltaba interés pero no sé trataba de eso. Mi cuerpo respondía pero ni mente no procesaba la información. Y esa diferencia era muy notoria. Muy evidente después de estar en otros encuentros tan conectados. De ser tan intensos, feroces, incontrolables. 

Javier llamativamente me beso la espalda y me dio una palmada suave, allí. 

- ¿Eso cuenta por insolente? 

Lo miré. Nos reímos. 

- ¿Me vas a dejar? ¿Segura? 

- Si. 

Javier me beso el cuello. Despacio. 

- Pero muy segura tenes que estar... 

Sonreí. 

- ¿Muy? 

- Muy. 

Me beso la cara y fue bajando por el cuerpo. 

- Te dejo - murmuré. 

- Estas muy mojada, que increíble, siempre- dijo, picaro. 

- No puedo controlar eso. Perdón. Es algo que me pasa. 

- Me vuelve loco eso. 

- ¿Te gusta? 

- Me encanta, si. 

- Nunca me lo dijiste. Mejor si te gusta porque... no es posible controlarlo. 

- No controles nada. Déjame a mí. Yo sé como cogerte. Quiero que disfrutes. 

Despacito, acaricio mi cuerpo y mis partes más sensibles. Me estremecí. Me beso en todos los lugares que prefiero y me mordió, despacio, como sabe que me gusta. 

- ¿Sabes como te voy a relajar? 

- No - suspiré. 

- No voy a dejarte sin que tengas un orgasmo lindo ¿sabes? 

- Siempre lo haces - le confesé. 

- Porque me encanta verte disfrutar- musito, mientras me tocaba- y quiero verte acabar conmigo. Todo el estrés lo vamos a sacar del cuerpo. 

Suavemente, gemí. 

- Mostrame, a ver.... - me beso y me mordió, susceptible de matarme - Mostrame si lo hago como te gusta. 

- Por favor- dije, porque era indudable que ahí si habíamos conectado. 

- Nada de eso. Quiero escucharte como siempre. 

Le contesté con un gemido. 

Él se acercó por completo, pegándose a mi cuerpo y me cambio de posición. Siguió tocándome, acariciándome, dándome atención plena.  Me besó la frente, el rostro, y todo el cuerpo mientras no dejaba centímetro sin estimular. 

- Eso es - me susurró - Mostrame como acabas conmigo - murmuró, mordiéndome la boca. Y yo ahí simplemente me rendí. Porque por más guarro que suene, eso es mucho de la esencia y la locura y la intensidad que implica ser parecidos sexualmente. 

Mi orgasmo se construyó por partes. Pero cuando llegó, fue un alivio. Tan ansiado. Tan esperado. E intenso. 

- Te pasaste dos pueblos- dije.

Se rió. Sonreí. 

- ¿Listo para la devolución de puntos? - Le pregunte.  

- Soy todo tuyo. Me dejo hacer lo que quieras. 

- Te voy a hacer algo que te re gusta. Y que a mi me gusta más. 

- ¿Te gusta, en serio? 

- Mucho. Es una confesión. 

- Dios, que pendeja que sos. 

Un rato después, me separé del cuerpo de Javier derretido en la cama. Sonreía. Quedaba temblando después de un orgasmo demoledor. 

- No puedo acabar así con vos - dijo, indignado. 

- Cómo poder, re pudiste 

Javier se rió. Me miró como si fuera lo mejor ddl planeta. 

- Esto es un orgasmo ¿entendés? Dios, que bien. No podes hacerme algo así. Soy un tipo grande. 

- No te vas a morir. Vos me das. Yo te doy. 

Javier se rio. 

- Es que no puedo creer lo que haces - suspiró y se levantó - No puedo creer los orgasmos a los que llego con vos. 

Yo me sonreí y lo miré darse vuelta, sacudiendo la cabeza, todavía afectado por los estímulos. Me pregunté después donde estaría mi ropa porque no tenía ni idea en qué parte de su casa finalmente había quedado. 

El partido que había empezado sin lograr una conexión precisa, finalmente, se jugó. Sin embargo, cuando yo busqué mi ropa y todo el resto, y Javier me preguntó si podía volver a llamarme, a hablarme,  a vernos como nos veníamos viendo, le dije que no. 

Tenemos un sexo muy bueno. Lo que logra conmigo soy sincera y se que no lo logré antes. Al punto donde me lleva. La manera en que me doy. Lo que dejo salir.  Es todo una obra maestra. Lo que logro en él, se que no es fingido. Su cuerpo se me da de una forma indispensable. Cuando me toca, toda su energía está ahí. Su estatura y su contextura física, grandota como es, se ablanda bajo mis manos. Sus manos, las que me gustaron desde el primer minuto, se me dan y me tocan por absolutamente todos lados.  Creería que eso es tener buen sexo. 

Sin embargo, ¿cuánto más puede durar un sexo como el nuestro? El deseo, debería apagarse. 


miércoles, 23 de abril de 2025

Una vida normal V

 Bueno, en diez viene el Uber - dije. 

- ¿No queres que te lleve? Yo te lo ofrezco. Si vos lo aceptas, lo hago. 

- No. Gracias - lo corté.

Javier me miró y me levantó un pulgar, irónicamente. No le di importancia a su gesto.

- Ahora ya me voy. Te dejo descansar. 

- Yo no tengo problema. 

- Igual. Mañana tenemos que madrugar. 

- Bueno... - dijo, dudando - entonces ¿te puedo escribir,  te llamo... de nuevo? 

- No - dije - Mejor, no. Tratá de no hacerlo - le repetí suave. 

- Es que no sé qué hacer, ya - dijo - Ya sé, sí, pero no puedo... 

Lo miré. Miró la nada. Me miró y le corrí la mirada.  Es que si nos miramos con Javier se hace re difícil tomar decisiones. 

- Dame paz ¿si? Por favor, un poquito de paz te pido. 

Javier se rió. Me sonreí. 

- Pero te escribo - insistió. 

- Y... yo te diría que más o menos en 2030 me tires un mensajito. Vamos a andar bien con esa distancia. 

Él me miró, se rió y sacudió la cabeza, mordiéndose los labios. 

- Qué pendeja, por favor... 

- Me voy - digo. 

Javier me mira, sonríe, agarra a upa a su perro que quiere salir detrás mio. Yo salgo primero, abro la puerta porque ya conozco sus sistemas y me voy.  Javier sale, con su perro que me mueve la cola y me quiere besar. 

Lo saludo y saludo al perro, que simpático me hace fiesta. 

- Chau. 

- Chau. Te escribo- dice. 

Pero es lo de siempre: yo no quiero que me escriba. No quiero seguir viéndolo. No me interesa su vida. Y en el último encuentro la culpa me dio batalla. Entonces ¿para qué? Si sé que ni me quiere, ni me querrá, ni me necesita, ni me extraña si no me vé. Yo sé que eso es así. Pero también sé que ya no puedo controlar permanentemente la atracción física, como hacia antes. 

Haber puesto los límites que puse hace dos meses sin violencia, habilitó a esto. Hubo un corte si, pero cuando empezó a hacerse difícil de sostener, ninguno de los dos tuvo voluntad. 

Él empezó el contacto diciéndome "sé que no debería pero vos sabes que podes venir a tomar un vino conmigo cuando quieras. Siempre estas invitada. Sin bardear, si vos queres, no pasa nada mas que un vino o un whisky y hablamos".  

Y si. Obvio, a mi también durante estos dos meses me pasó. Me pasó que lo quise ver, hablar  de la vida, contarnos novedades, pero... aguanté. Y así planeo seguir haciéndolo.  Aguantando. Sin ningún acercamiento más allá de la falla del domingo. Del error del domingo. Porque eso fue, en el fondo: un error. Porque consigo, todo es bardearla. Todo está mal como tal. 

Un mensaje, un llamado, pensar en, hacer, no poder dejar de pensar o hacer. Todo incluye un grado de responsabilidad y deshonestidad. Y de mi lado, por lo menos, los contactos simbolizan retroceso en la distancia , o la distancia rota. Yo sé que no me quiere, pero pararme frente a él y decirle que sé que no me quiere, es algo que todavía no pude hacer todavía. Que no quiero hacer.  Todo este tema, ya agota mis fuerzas. 

Yo no quiero formar parte de una vida donde no me eligen. Donde ni me valoran. Donde me ofrecen muy poco. Aunque para Javier ese poco sea arriesgarse mucho, para mi es poco. Porque si, hubiera merecido otra cosa y la mercería hoy. Y él lo sabe, y no decide nada. Y opta por seguir mintiendole a ella y vuelve por la senda donde estoy yo, ahí, cuidando como puedo mi jardín y se sienta a mirar las flores y me pregunta qué hice con las flores y si estoy bien y si quiero un jardinero y si quiero más flores... y... es eterno. 

Esto, como creo que lo dí a entender, no implicó la renovación de nada. Ni la habilitación.  No hemos retomado ningún vínculo por un día donde tuvimos relaciones. Y en esto, soy clara. Por eso le dije que no me lllamara. Porque sé lo que le dije, sé lo que hice, y lucho conmigo misma para mantener la coherencia interna. 

No es fácil borrar de la vida a alguien como él. Yo quise mucho a Javier. Hace 11 años que lo conozco. Lo deseé en secreto durante meses y luego en silencio durante años. Lo vi vivir a la distancia. Lo amé a la distancia. Le perdoné mil cosas. Pero es mi obligación reconocer que él no me quiere y seguir insistiendo en decidir algo que me beneficie.  

La verdad es que el domingo cuando hablamos, el cuerpo fue más fuerte. Y no hay justificación para eso.  Sin embargo, el que ganó no fue el mismo cuerpo qué antes, entregado a Javier y al placer como nnunca. Fue un cuerpo menos recíproco. Más incómodo. Con más contradicciones. Más rígido. 

Y Javier se dio cuenta de eso. Y sé puso super pendiente. Preguntó como me sentía, si me gustaba, si podía hacer algo para que me sintiera bien, si la estaba pasando bien, porque claro... yo estaba muda. Y no, con él, hasta hace dos meses, era todo menos muda. 

Pero después de estos dos meses, yo no estaba muda por tonta. Estaba muda porque cada vez que vuelve me pone en una situación donde si solo pienso en lo que nosotros queremos en ese momento, digo que sí. Pero además, si pienso en todo lo que representan sus acciones, en todo lo que hace, en todo lo que no decide, en como maneja una relación donde se nota que no quiere estar y una donde yo le estoy pidiendo que no esté, la distancia es muy necesaria. Y desde ahí es donde la marco. Y donde la marcaría mil veces, donde voy a volver y volver y volver, hasta que logre alejarme para siempre. Porque esa es mi búsqueda. Dejarlo atrás. Con amor pero con firmeza. Ni siquiera pido que sea por convicción. Solamente, pido que algo pase que me ayude a dejarlo atrás para siempre. Porque yo he intentado todo, la verdad. Con o sin él. Y especialmente, con él desde que empezamos este vínculo clandestino que es una mancha en mi espalda. 

Esa es la diferencia: yo no le pido a Javier que se quede conmigo como hace muchos años. Tampoco le pedí jamás que deje a su novia. Yo le pido a Javier que se vaya. Y él no se da cuenta que no puede seguir viviendo una vida de mentira. 

Porque no es solamente el engaño sexual. No, ya a esta altura, el deseo no es el principal motor. Podes buscarte otra mujer. Eso es sabido. Abrirte aplicaciones de citas. Coger con otras mujeres con quienes no hayas tenido una historia como la que tuvimos nosotros. Una historia a la que él renuncio por falta de amor, miedo, y prejuicios. Una historia que yo siempre insisti por concretar, hasta que me rendí. 

Hoy estoy rendida en ese aspecto. Sé que no me quiere. Que esto es simplemente una aventura, pero me pregunto por qué tiene tanta carga. ¿Qué lo hace volver? ¿Qué hace que cuando se siente mal, o cuando no aguanta más caretearla, me mande un mensaje para ver como ando? ¿Qué importa eso, si como último gesto de amor de mi lado yo le pido que se vaya, que haga su vida en paz? ¿Qué más puedo hacer por esa historia que no sea dejarlo ir? 

De su lado, veo que lo sostiene un tiempo. Que desaparece. Que trata de tomar distancia. Lo noté la última vez. Sé que se contiene como dice, porque lo conozco. Pero también sé que no sabe irse de la atracción. No entiende el punto. No sabe cortar el vínculo sexual ni cuando yo se lo estoy diciendo por el bien de todos. 

A veces parece ser solo sexo lo que busca. A veces, siendo completamente sincera, me parece que busca más asistir a la vida que no se animó a vivir conmigo. Compartir lo que no se pudo. Lo que no se animó. Y sí, obvio, además de todo eso, disfrutar cuerpo a cuerpo. Otras veces, pienso que no le importa nada y que es un forro. Otras veces, siento compasión por él. Otras veces,  lo odio. Otras, lo quiero y le pegaría un empujón para que sea feliz. 

Esto soy. Estas son todas mis contradicciones. No puedo caretearla. Y acepto mis errores como parte de un muy muy arduo camino para soltarlo. Porque si, puede que una parte mía lo quiera para siempre pero no podemos vivir ambos una vida de mentira. 

No, no el engaño. Es la mentira. Es la vida de mentira o la vida de verdad frente a la vida dd mentira, lo que Javier repite, sostiene, busca y parece necesitar.  Y es re triste para todos. Pero es lo que es. 

martes, 22 de abril de 2025

Ida y vuelta

- ¿Puedo? 
 
- Sí. No hace falta que me preguntes. 

- Yo siempre pregunto. Podés decirme que no - me responde. 

- A mí, no. 

Sonreí. 

- Soy una chica educada, Javier. 

- Me encanta. Podés hacerlo siempre. 

- A mí más que a vos. Me relaja. 

- ¿Te relaja, en serio? - dice y ríe. 

- Me relaja, en serio. 

Se le transformó la cara. Puso cara de boludo consentido. 

- Sacá esa cara - me río y le tiro una mano al pelo, para acomodar un mechón que tiene despeinado. 

Pone cara de picaro. Se estira. 

- Es que si ésto te relaja, vos me mandás un mensaje y lo hacemos siempre 

Javier está expectante.

- No me desconcentres con esas ocurrencias - le digo. 

Avanzo. Su rostro es de película. Me concentro en lo que estoy haciendo, para ver si me conecto a su vez con la propuesta, si fluye. Todo fluye, sí, pero el latigazo de la culpa no desaparece.  Lo disfruto con él, me relajo, pero menos. Todo lo acontecido antes se acumula en mi espalda, una espalda que él acaricia y besa siempre que puede. Es increíble que no me quiera nada de nada y que sin problema se tome tantas atribuciones para juicios de valor, para gestos, para dinámicas. 

A medida que me involucro más en la propuesta, Javier me mira. Le explico que hacer esto, de la forma en que lo hago, es algo que me gusta especialmente.  Le pido un par de adecuaciones porque así me gusta y me concede todo. Claro, lo que más le gusta es dar igual que a mi y para eso él tiene esta vez que ceder. 

Lo acomodo, lo miro y sigo avanzando. Lo acaricio, lo miro, lo acaricio más, lo miro más y todo ese ida y vuelta se transforma en la forma en la que Javier es derrotado. No puede mantenerse sentado. Hace un esfuerzo. Lo noto, pero necesita desmoronarse. 

- Acostate si querés - le susurro - No te voy a dejar a medio camino. 

Javier se acuesta en la cama y se entrega. Está hiper sensible a los estímulos. Lo toco, y se estremece, lo rozo y se estremece, su cuerpo es más comunicativo que él mismo conmigo en estos casos.  Tiembla. Se tapa la cara con un brazo, porque ya está en la etapa de no regreso, y se deja llevar. 

Lo acaricio 

Gime. La está sufriendo, lo sé. 

- Dios, me vas a hacer morir. - se queja. 

Lo hago más aplicada, buscando que llegue al orgasmo, claro, porque le debo la delicadeza para que yo consiga lo mío.  Gime otra vez. Lo que me hace renegar y sufrir y sufrir para que terminemos así, desesperados por más sexo, pienso. 

Yo lo acaricio, me tomo todo el tiempo del mundo, soy delicada en eso.  Lo voy midiendo. Aunque no me detengo. 

- Esto es  ¿entendés? Así es,  por favor - dice, con un hilo de voz. 

- ¿Te gusta? 

-  Sí. Voy a llegar, ya no aguanto más, me hacés todo esto y no puedo... 

- Te lo hago apropósito - le digo y se ríe. 

Pasan algunos segundos antes de que Javier explote. Queda tirado en la cama, rendidísimo, y cuando se recupera, como riéndose, sólo me dice que hacerlo acabar de esa manera es una locura de mi lado. Que no entiende cómo hago para llevarlo a tener esos orgasmos. 

Yo sólo me sonrío, pero no le digo nada. Voy a buscar mi ropa, para pasar al baño y Javier desaparece. 

Cuando vuelvo, Javier me mira y me avisa que se va a poner las zapatillas. 

- ¿Te asustaste con el ruido, qué habrá sido? Fue fuerte- dijo. 

Es que mientras estábamos re metidos en otro plan, se escucho un golpe tremendo. Yo me asuste mucho, siendo sincera. Javier se levantó , como Dios trajo al mundo y sacó pecho. 

- Para mi fueron los gatos. Se habrán enojado qué los sacaste y se peleaban. Me sonó a eso. Pero no sé qué fue. 

- Puede ser, si. Tenes razón.  

- Tené cuidado, que te quedas solo por si no fueron los gatos. Ponete un bóxer- dije. Javier se rió. 

Fuimos a la cocina a tomar agua y a seguir charlando.  

lunes, 21 de abril de 2025

"Yo no sé qué hacer, ya"

 Entro a la casa de Javier. Dos meses pasaron desde la última vez que estuve acá. Solamente sé una cosa: quiere hablarme. Después de tirar palos durante semanas, vuelve a buscar a la que no quiere. A la que nunca querrá pero siempre intercepta. 

Me mira mientras me saluda con un beso que intenta ser un abrazo apretado. 

- Holaaa - dice como si hubiera pasado mil añoa sin verme - Estas más rubia. 

- Si - digo y lo miro. Su perro me saluda feliz. 

- A ver... mirame - dice y me sonríe. 

Lo miro tímidamente. 

- Me hice los reflejos - admito sin importancia - Volvieron los 90 y las rubias menemistas- lo burlo. 

Javier se ríe, simpático, con mi ocurrencia. Me sonríe con toda la boca y sacude la cabeza. 

- Te queda lindo - admite y me mira como si eso me hubiera hecho mas atractiva de pronto. 

Parece contento de verme. De que haya respondido a sus llamadas. Yo no me esperaba nada. Saber que el otro no nos quiere es una verdad tan fuerte que solo podes asistir a ella. Rendirte. Deslizarte como un tobogán al vacío. Pero cuando me llamó, respondí.  

Me mira nuevamente y es como si me estuviera estudiando. Se sienta, mientras abre un vino y me mira.  Lo miro en silencio con toda la calma posible. 

- Estas más flaquita. Te veo distinta. Tenes algo. 

- No sé. Hace mucho que no nos vemos. Quizá. ¿Vos me ves más flaca? - le pregunto. Me siento. 

- Si. Mucho más flaca. ¿Cómo estás? ¿Bien, segura? 

- Si. Con mucho trabajo, muy estresada. Pero estoy bien. Le pongo ganas. 

- ¿Qué te tiene así? 

- Un jefe nuevo, el pais, la vida misma. 

Me mira y baja la vista. 

- Pensé mucho en escribirte. Hace semanas que estoy así. 

- ¿Así? 

- Pensando. 

- Entiendo. ¿Y...? 

- Y no sabia cómo te iba a caer. Tenía ganas de hablar con vos. Saber como estabas. 

- ¿Para? 

- Para saber de vos, porque pasó mucho tiempo sin tener novedades. Estuvimos muy distanciados. 

Le puse cara. 

- Sí. Lo de siempre - murmuré. 

- No seas así... Tomamos distancia nada más. No cambia nada. 

- Debería. Lo hice para eso justito - dije y le sonreí sin ganas. 

Mofó. 

- ¿Vos querías que te escriba? - preguntó- Me preguntaba eso, yo. No sabía si querías. 

No lo miré. 

- No lo tenia en cuenta. 

- ¿Por qué? 

- Porque confío en que algún día no quieras hacerlo más- dije - y te lo digo hasta en chino. 

- No puedo- susurró. 

Javier me miró y se quedo callado. Tomamos el vino sin pelear y nos contamos cosas de estos dos meses. Me escuchó y se acercó con cuidado y me hizo masajes suaves. 

- Estas más flaca, si. 

Sonreí levemente. Todo me parecía un embole pero al mismo tiempo,  un vicio. ¿Tenía que estar ahí para entenderlo? Probablemente. ¿Cómo matar una dualidad tan intensa? 

Javier me acaricia y me cuesta conectarme. Me cuesta destrabar la mente, porque ella ha construido un muro. El cuerpo, en cambio, se manda solo. Sentirlo cerca y querer sacarle toda la ropa es imperioso. Pero me paralizó un poco. Javier me toca y yo me trabo. Me huele con delicadeza mientras me besa el rostro, el cuello y yo pienso que lo va a perder todo por culpa de hacer esto conmigo. ¿Para qué voy? 

Javier me estimula en todos los sentidos. Ni me deja pensar o respirar. Me siento ahogada por su intensidad. Por la culpa. Por todo. 

- Te quiero tocar - le escupo. 

Me muerde muy despacio la boca y me susurra: 

- Hace lo que vos quieras conmigo - mientras me agarra de todos los pilares posibles en mi cuerpo y no hay nada, ni un centímetro, que me separe. 

Me separo de el y le saco la ropa. Rápido. Basta solamente un contacto cuerpo a cuerpo para abandonar la civilización. Es impresionante. Me angustia por todo el esfuerzo que hago pero al mismo tiempo me deja estupefacta. 

Tenemos un sexo distinto. Yo estoy pero no estoy ahí por mi cabeza que me dice todo el tiempo lo mal que esta lo que hago. La culpa no me deja disfrutar. Yo me siento conectada a él, a su cuerpo, pero me lleva puesta la dinámica. Javier por el contrario si lo está al cien. Tiene atenciones sobre mi, es como si me hubiese anhelado por la forma en que me toca, me besa, me agarra.  Está como un drogadicto frente a su balde de cocaina.  Yo me pregunto por que me estoy acostando con el de nuevo, si se que ni me quiere, ni me querrá. Por qué siempre terminamos así, como dos animales feroces que solamente pueden hablar bien después de que ya resolvieron el sexo.

 Jamas me pasó eso con nadie. Sin embargo, cuando no tengo sexo con el es como si no le hubiera dicho la oración completa. Y Javier me explicó que para el es lo mismo. Si no me toca, se contiene, pero no le deja de nacer. En cambio, cuando tenemos sexo, nuestra tensión natural se acomoda y ahí somos gente razonable. 

Mientras nos avanzamos, mi cuerpo empieza a bloquearse. No emito sonido, se me cortan las palabras, no puedo liberarme.  Estoy distinta, si, y el se da cuenta. Lo físico se logra pero falta algo. Algo más. Y yo se lo que es: la locura, la pasión desbocada, el arrebato de siempre.  Pero siempre es antes. Ahora en todo esto me juega una culpa atroz. Torturante. 

- ¿Estas bien? 

- Si. 

- Decime como voy. Todo lo hago como me pidas. Quiero que la pases bien. 

- Tranquilo - respondo. 

Estoy luchando con mi cuerpo. Mi cuerpo está más lento, estoy excitada, muy exitada, pero al mismo tiempo no puedo avanzar con comodidad. Siento como si no supiera hacer nada. Como si me lo hubiera olvidado. ¿Qué me pasa? 

Me frustro.  Me remuevo y resoplo. No, no hay caso. Mi cabeza acaba de hacer un movimiento para siempre. Yo no se qué hago ahí. ¿Por qué volví, si la culpa no me deja ni salir ni entrar? Me siento atrapada. 

- No puedo, Javier. No sé. No se, no entiendo que me pasa, estoy trabada. Disculpa. Me frustro rápido. 

Me ato el pelo, molesta, con mi propio pelo. 

- Tranquila. No seas sonsa. ¿Cómo te vas a enojar por eso. Estas estresada ¿si? Tranquila. Te genera eso el estrés. 

Se acercó y me dio un beso con cariño en el cuerpo. Eso me sorprendió. Además, un golpecito gracioso. Lo miré y me rei.  No le dije nada. Solamente, pensé y pensé. 

- Veni - dijo y me acerco a su cuerpo. Me abrazó, me acunó y me dio un beso en la cabeza - Tranquila. No te enojes con vos. Estas re chinchuda, dale. 

Me acucurruqué a su lado y me sonreí. Me mantuvo abrazada. Escondí la cabeza en su cuerpo. Me tapó y se tapó. Me acaricio lentamente.  Sentí que tire en ese momento dos meses a la basura. Ambos desnudos, pegoteados como noviecitos.  

- No te preocupes, ¿si? 

- No, igual es así. Pero si sabía no venía acá. 

- ¿Por quéeeeeee? 

- Porque para trabarme así. Que mierda. 

- Noooo, escúchame, no te trates mal - me susurró - ¿Puedo probar algo? - dijo y me beso de nuevo el hombro. Vamos a empezar de nuevo y de nuevo si vos querés ¿si? Yo no tengo problema, ni apuro, ni nada. 

- Si. No me gusta sentirme así. Es como que estoy desconcentrada... 

- Déjame que te relaje. Yo se como. Se todo lo que te gusta. 

Me beso despacio. 

- ¿Me dejas? Haceme lo que quieras después pero quiero verte relajada y contenta. Que disfrutes mucho. 

Me acaricio y abrazó. 

- Mostrame una cosa, a ver... - me susurró. 

Y cuando quise darme cuenta, finalmente, mi orgasmo llegó de una forma distinta. Creo que igual que como me sentía. Fue tan deseado y necesitado. Fue enormemente codiciado. Que cuando ese vidrio se rompió, mientras Javier me tocaba y me decía millones de cosas, ni yo lo podía creer.  

- ¿Ves? Así es. Relajada - me susurró, despacio - Asi queria verte. Te podía relajar, ves. 

El suyo llegó de una forma muy extraña, pero fue de los más intensos que le vi. Javier se estremeció profundamente con contactos ligeros. Si lo tocaba, moría. Y yo, que no había sentido necesidad de poseerlo como antes, si pude sentirme más afuera. Pero a la vez, mas atenta a ver como salíamos de este escenario. 

El resto, lo de siempre. Charlamos de su familia, la mía, el trabajo de ambos. Me confío los números de sus servicios, de sus clientes, de sus costos. Conversamos acerca de ello y de todo. Del país. De la policía. De la vida. 

Javier anda desanimado. Yo le dije lo de siempre: que había que aprovechar la vida. Que la mayoría de las cosas un día se terminaban. Que el presente era un regalo y que la vida era con su lado bueno una casualidad permanente. Nadie tenía el partido asegurado, le insistí. Había que tratar de disfrutar. 

Él me escuchó atento. Hasta que en un momento, mientas esperaba el uber por el que siempre discutimos, aunque ya entiende que me voy sola, me miró y cambió la vista. 

- ¿Te escribo de nuevo, si? 

- No. Mejor, no. 

- Yo no se qué hacer, ya - dijo - Realmente. Te quiero ver igual. 

- No nos veamos más, Javi - dije - Ya no se como decirte. No me llames. Es para peor. Hace tu camino. 

- Ya se que lo haces para bien pero yo no se si llamarte o escribirte , ya. ¿Lo hago, queres? ¿Vos queres que yo haga eso? 

- Dame paz ¿si? No aparezcas más. No hablemos más. No puedo hacer más, ya, para que nos ubiquemos los dos - su perro, me pedia besos - ¿Le decis a tu papa que me de paz? ¿Dale gordo? 

Javier se rio. Me contagió un poco. Nos quedamos callados. 

- Yo ya no puedo controlar tu voluntad, Javi. Te venias acercando y yo traté de no darte bola... 

- Vos no me das bola, ya lo se. Yo te doy bola. Yo te hincho. Ya lo sé.  

- Es un displacer verme, no hay que fingir. 

Sonrió. 

- No. Es un placer. Al contrario. 

- Vino el uber. Chau. Trata de desaparecer. Por favor. No me vuelvas a escribir. No te voy a responder más hasta 2030. A ver si así... 

Lo salude con un beso, abrí la puerta qué se que no tiene llave, y me fui. 

Javier la abrió detrás de mi y se rió, melancólico. 

- Chau. - musito - Te escribo. 

Subí al auto pensando que la última vez tuvieron sexo otros dos que no somos nosotros. Los de ahora.  Yo miro a Javier y me doy cuenta mientras pasa todo lo que pasa, que no me pasa lo mismo. Mi cuerpo se excita pero mi mente no reconoce el placer como tal. Quizá mi mente haya hecho un trabajo intenso en estas ocho semanas.  Quizá mi cuerpo está un poco atrasado. 

El viaje a casa se termina muy pronto. 

Ahora, mientras escribo, prefiero no volver a verlo. Ayer no termino de entender qué pasó. 

domingo, 20 de abril de 2025

Una sana distancia

 Llegué a ese punto donde ya no me importa por qué. Ya no me interesa si me quiere, si no me quiere, si solo quiere usarme, si soy su palangana de mmerca. Ya no me importa si la elige a ella, si no, si la quiere volver a engañar, si no.  Si sufre, si no. Si él sufre, si no. 

No, no me importa nada. Lo único que me importa es no quedarme más en el lugar de espectadora. Porque es un lugar que me hace sufrir. Siendo sincera, sufro por pocas cosas en mi vida, a todo todo le doy pelea. Tengo fuerza interior, soy de ir para adelante... 

Pero quedarme mirando como no me eligen, y encima me molestan, es doloroso. Y sí, me hace sufrir. ¿Por qué mentir? 

Al margen queda si yo debería o no sufrir por esto. Al margen queda si vale la pena. Es lo que me pasa. Lo que siento. Y lo admito. 

Ya no tengo tanto espacio para la compasión. Llega un punto donde mi paciencia colapsa, donde no me interesa si Javier esto o aquello, donde simplemente NECESITO seguir adelante con mi vida SIN SER INTERCEPTADA. 

¿No es tan difícil, o no? Decidiste cortar un vínculo con alguien. Es un vínculo conflictivo. Te costó mucho, pero con trabajo interior, con charlas en terapia, con intentos de que sea de una manera amorosa y humana; lo hiciste. Lograste hacerlo de una manera donde estas orgullosa de tu decisión. Recuperaste una parte de coherencia interna porque ofreciste a otro una salida sin lastimar. Y le diste duro durante dos meses a los sinsabores de no ser elegida. Fuiste asumiendo tus culpas. No lloraste demasiado. Le pusiste la energía a soltar y a construir nuevos proyectos. Hubo días donde costó más. Otros donde salió todo bien. Trataste de hablar con otros, solo para ganar elasticidad y no cerrarte.  Hiciste planes. Pusiste tu corazón en otro lado los domingos. Diste gracias por tu vida. Renegaste con la oficina, te enfocaste en progresar.  Agradeciste después también tu trabajo. Amaste lo pequeño. Te repetiste día tras día que la vida es mucho más que un hombre ni amandote.  Y seguiste. Tuviste la sabiduría de seguir aprendiendo de todo el amor que si está. 

Y un día, el tipo que dejaste a un lado con amor, para que no se estrole contra un abismo, te rompe la caja. Una vez más, intenta acercarse de formas tontas.  Pero afectan como una mosca sobre una comida que te encanta.  Primero, empezó a dejarme likes en las cosas. Después, a mirarme todo a toda hora, y ahora, a subir en sus historias canciones melancólicas, que dicen frases tales como "estoy con ella y mis brazos me llevan hacia ti" ó subir videitos de las mismas canciones que sonaban cuando teníamos sexo...  

Entiendo que te puede gustar un tema y eso. Entiendo que te puede gustar para todo. Y que lo puedas compartir. No me quiero enroscar. Así que silencié TODO. Para que no vea, ni yo me cruce con sus cosas en la red social que uso poco, pero que todos usamos. Es una parte de la realidad que funciona como nexo o gatillo para las cosas y es mi responsabilidad reconocer cuando eso me suma o me resta. 

Quizá no lo haga con maldad, quizá quiera afirmar que esta todo ok... pero de mi lado he decidido hacer silencio. No observar. Dejar de coincidir en lugares.  No hablarle. 

Estoy en un periodo de evaluación quizá y me queda darme cuenta con lo que quiero o no quiero vivir sobre este tema. Y me doy cuenta que prefiero así, vivir sin saber nada. 

No puedo controlar su voluntad, pero si puedo limitar la mía y seguir. Yo ya sé cómo es todo. O sea, no soy tonta ni necesito que me lo explique. Lo único a lo que aspiro es a no volver a saber más nada de él, ni a verlo. 

No estoy enojada consigo. No hay mala onda. No lo odio. Pero es una realidad que cuando él no hace nada ni me dice nada, ni me molesta con nada, yo vivo mejor.  Y quiero seguir así: en paz. Viviendo con mi decisión. Poniendo la energía em mi y en mis proyectos y no sintiendo el zumbido de un tipo que ya tomó la decisión. 

Ya esta. Yo estoy procesando dia a día no ser elegida. Obvio, me duele. Pero lo hago porque no me quiero quedar esperando que me vea. Ya está, no me ve. No es la muerte de nadie. Hay que seguir adelante. Construyendo. 

Simplemente, quiero seguir adelante sin que él pase muy tranquilo a ver en qué ando después de haber afrontando el vacío con coraje. No es necesario. 

En especial, porque cuando me vio la última vez luego de esa charla triste, me miró, se agarró la cara y me dijo "ay, basta, basta", como si mi presencia lo enloqueciera, mientras yo solamente lo miraba y le preguntaba cordialmente como se sentía, sabiendo que luego de esa charla yo ya no esperaba nasa más. 

Después de eso, nunca más lo volví a ver ni a comunicarme. Dejé de caminar por esos lados cercanos a su casa y los sábados a la tarde me voy con mi amigo a merendar a otro lado. Ahora también lo silencié de las redes, estados o historias. Lo tengo archivado en WhatsApp. Y espero que pronto pueda mudarme del barrio. 

Así, esta historia, por fin terminará para siempre. Mientas tanto, voy con todo esto tomando una sana distancia. 

sábado, 19 de abril de 2025

La quietud, la calma y el foco

Ando en este plan de "que un movimiento suyo no sea un movimiento mío".  Y está bueno reconocérmelo porque yo hasta ahora venía llevando el tema del distanciamiento definitivo con Javier de una manera muy amena y no quiero que en sus intentos de acercarse me complique algo que para mí hasta ahora no venía siendo tan difícil como pensé que iba a ser. ¿Y eso por qué? Porque yo ponía mi energía en apoyar la decisión que había tomado. Porque me sentía libre, calmada, aliviada. Y porque también notaba que Javier en estos dos meses no hacía nada por acercarse y eso me dejaba tranquila.

Pero queriendo llamarme la atención con tonterías, es evidente que no estoy en el mismo escenario. Y las preguntas que aparecen, y la incomodidad que generan, y la ansiedad por esto que sobreviene, me frustra. Porque yo hice todo de una manera mejor, para obtener resultados diferentes. Y los estaba obteniendo hasta que él de pronto empieza a querer acercarse y yo, francamente, empiezo a hacerme preguntas. 

¿Saber que no me quiere y verlo hacer esto es lo que más ruido me hace? Quizá. Yo realmente sé que no me quiere. No tengo conflictos con asumirlo, más allá de que me duela, porque así creo que voy a sanarlo... pero, cuando se me acerca, me indigna un poco. Estoy haciendo mi mejor esfuerzo. ¿Por qué tiene que tirar piedritas en la ventana, si no jodo a nadie? ¿Para qué, por qué no se busca otra mina que ocupe el rol, por qué insiste en que haya buena onda aunque no tengamos sexo, sí él no me quiere? No le encuentro sentido. Francamente, creo que no lo tiene. Pero me molesta que suceda, porque yo sí dejé que siguiera con su vida estos meses, yo sí sigo dejando que salga adelante, yo sí me callo la boca, yo sí lo ignoro, yo sí me alejo de sus redes sociales o espacios donde quizá nos crucemos. Y lo hago porque no quiero que ninguno de los dos la pase mal.

"Ya está, loco, ¿qué más querés que haga? Yo ya renuncié, ya sos libre de hacer tu vida sin tener que mentir". Eso es lo que le diría porque eso siento. 

No tengo nada más para hacer o para dar o para decir. Empiezo a pensar que quizá Javier pensó que se trataba de un enojo transitorio, o un capricho, y llamó la atención para ver si yo se la daba, pero la verdad es que no.  Yo no me enojé ni nada similar, yo me fui de su vida y le expliqué el motivo, le ofrecí un camino de salida prefabricado entendiendo sus motivos, su vida, la mía, las dificultades de los dos. Le ofrecí una fuga controlada, para que no se fuera lejos. ¿Quién te dá esa posibilidad sin hacerte un solo reproche? Pensé que iba a estar contento.  No fue un capricho, para él que me cree caprichosa. No fue un enojo pasajero o una tontería. Fue irse para que podamos tener paz, y eso no es cosa menor. 

De mi lado me la complica con sus maniobras pero... trato de mantenerme en calma. Digamos que es como si se hubiera puesto a gritar en la puerta de mi casa y yo me hubiera encerrado adentro, con las persianas bajas, para escuchar un poco de música.  El griterío está, sí, claro, no lo ignoro. Pero trato de dejarlo pasar. Sobre sus monerías, no puedo hacer mucho. Solo tratar de que no me quiten la mirada del foco.



viernes, 18 de abril de 2025

Una vida normal IV

(2022) 

 - Tuviste otros motivos, Javi. Con el tiempo me di cuenta por qué habían pasado así las cosas. Ahora ya pasó, ya está - dije, siendo sincera, como le había prometido. 

Javier me miro por un segundo, suspiro y se acercó a mi para tomarme de las manos. 

- Veni, cabezona. ¡Qué cabezadura que sos, por favor! ¡Cabezona, ella! 

De la cocina, Javier me llevó a la cama. 

- ¿Qué haces, si se puede saber? - le dije, mientras trataba de entenderlo. 

- Quiero hacer algo para que me perdones - dijo. 

Se acostó, me acostó consigo con un tironeo y me abrazó. 

- No me vas a coger bajo ningún concepto hoy, ni lo intentes - le dije, sin salir del abrazo. 

Javier se rió a carcajadas. Me contagió. Nos reímos bastante y suspiramos. 

- No puedo creer que hagas esto, Javier. 

- No te enojes. Por favor. No quiero que te enojes nunca más conmigo, vos. 

- No me enojo con vos... pero estas loco, ¿vos entendes lo que estas haciendo?

- Si. 

- ¿Cómo que sí? 

- Si. Vos me volves loco a mi. Siempre. No puedo evitarlo. 

¿Qué, yo tengo la culpa? 

- No. Esto que pasa no es culpa de nadie. Pasa. Lo que nos pasa, pasa igual. 

Suspire. 

- Ya lo sé - dije - No soy tarada. Me doy cuenta. 

- ¿Y entonces? 

- Nada. No va a pasar nada. Es mejor que cagar a todo el mundo por lo que queremos hacer nosotros dos. 

- Pero... ¿y lo que queremos hacer nosotros? 

- Te hubieras acordado antes que tenias ganas de coger conmigo... 

- No seas mala, dale. Qué hija de puta qué es, Dios mio. 

- No me hagas decir cosas Javier porque va a terminal mal. 

- Dale, eso quiero. Qué me digas todo. No me importa si termina mal. ¿No entendes? Yo te lo dije todo. Nunca fui tan sincero con vos. Decime todo, quiero saber todo, ahora. 

- Vos nunca me quisiste. Me subestimaste. Pensaste que porque era buena con vos, no me podías tocar. Y yo quería estar con vos. Y vos me rechazaste. 

- No, no es así. No te rechacé. Quería que tuvieras otras posibilidades. Vos podes al lado a cualquier tipo, y yo no soy bueno para vos. Mereces a alguien mejor. 

- ¿Por que no me lo preguntabas a ver qué queria yo hacer con mi vida? Lo decidiste solo. Me dejaste ahí como una pelotuda, sola, solamente porque tenía 19 años. No me consultaste nada.

- Es que yo no podía darte nada a vos. No te podía dar una relación como la que te merecías. Por eso me corri. 

- Y porque no me querias. 

- Siempre pensaste eso. ¿Por qué pensas eso? 

- Porque si me hubieras querido, lo hubieras intentado. Es lo que siempre te dije. 

- Yo tomé la mejor decisión porque eras chica,  podia cagarte la vida,  vos tenias ilusiones... hice lo que consideré que era mejor para vos. Y sí estuviera en la misma situación, haría lo mismo. 

- Estas loco. Yo no. No volvería a pasar por eso. 

- ¿Qué harias? 

- Hubiera salido corriendo y me hubiera ido a escribir a otra revista donde vos no estuvieras - dije y me reí. 

Javier se río a carcajadas. Suspiró y me abrazó. 

- Que no la quiero, dice, la hija de puta... 

Después, nos quedamos un rato así, en silencio, hablando poco de cosas por períodos de tiempo. Finalmente, nos sentamos como dos indios en la cama, para conversar:  

- ¿Me perdonás? - me preguntó. 

- Sí. Hace rato que te perdoné, Javi. Esta todo bien. 

Sonrió. 

- ¿Segura? 

- Si, te perdoné cuando entendí por qué lo hiciste. Y me enfoque en eso y trate de seguir adelante sin rencor y listo. No podía hacer otra cosa. Era claro por que hiciste eso y lo entendí después. 

- ¿Y por qué lo hice? 

- Porque no hubo amor. 

- No seas así. 

- Te juro que no es un ataque. O sea, sé que parece un reproche pero en serio lo digo. No te pasó  y punto.  Nada más. Cuando entendí eso, te perdoné porque cuando vos no enamoras no enamoras. Listo. No había otra cosa que hacer. 

- No es todo así como lo pensás. 

- Para mi, sí. Con ella, te pasó y por eso estas en pareja. Vos fuiste, armaste una relación, pusiste. No era el tema la relación, era el tema que a vos no te pasaba lo mismo que me pasaba a mí. No me querías. 

- Es que es distinto... No es todo tan fácil. Para vos es todo más fácil. Para mi es todo muy complicado. 

- No hace falta que me la dibujes, Javi, igual. No te tenés que justificar. Yo me había enamorado de vos y vos no. Más allá de eso, vos ahora queres coger... Te puede pasar qué estés caliente conmigo aun teniendo una pareja... Son dos cosas diferentes. Pero venimos de ese lugar. 

- Yo ya sé todo eso... Todo sé, yo me di cuenta de todo. Voy a ser sincero: tu amor me encantaba. Eras pura, inocente, todo lo que me decías era verdad. Me daba cuenta que eras sincera. 

- Si. Estaba enamorada de vos. Hasta las manos. 

- Y yo lo sabia y te veia, pero estaba viniendo una de las peores épocas de mi vida cuando nos conocimos. Y no te quería lastimar, tampoco me quería aprovechar de vos que sentías cosas y no tenía nada para ofrecerte. No quería dejarte sola, después, que te quedaras mal... No lo iba a poder soportar. Si salía algo mal con vos. Yo no te podía ofrecer una relación. Vos tenias que estar bien. 

Lo mire y trate de no detener mi pulso con sus palabras. 

- ¿Ves lo que digo? Fue un amor que no sirvió para nada. No te motivó a intentarlo conmigo. No fue suficiente y había que poner unas bolas qué vos no pusiste. Y no te juzgo, porque cuando para vos sí fue suficiente, y tuviste que poner las bolas, lo hiciste. A eso voy yo. Con otra persona, pero lo hiciste. Eso mismo hice yo con Galeno. 

Lo miré, siendo conclusiva. 

- Es distinto. Al inicio, ninguno de los dos quería una relación. Y empezó así. 

- Suele pasar. Después se quedan juntos. Vos la querés a ella, no hay mas explicación. A mi nunca me quisiste. Tampoco hay explicación. Para mi honestamente eso no resultó lo de nosotros. Esa es la historia para mí. 

Me miró. Bajó la vista. 

- No es así... - dijo. 

- ¿La querés, Javi? - le pregunté. 

- Sí, tenemos un recorrido... Compartimos muchas cosas en estos años. 

- ¿Y a mí? 

Se quedó callado. Mirándome. Parecía que se iba a morir, pero no me dijo nada. Solo me miró. Yo sentí que me iba a morir. Había esperado 8 años para hacerle esa pregunta. Para esa charla que había quedado pendiente. Y ahí estaba, el señor, sin poder responderme nada. 

- ¿Ves? - lo interrumpí. 

- ¿Qué? 

 - Cuando te pregunto si a ella la queres, lo decis sin dudar. Que si, tengo un recorrido, todo bien claro. Me lo podés decir sin problemas. Pero te pregunto si vos me queres, y te quedás callado. No te salen las palabras. 

Me encogí de hombros. Sonreí. 

- No, no es así, no tenes razon en todo...  - dijo. 

- Yo creo que te querías sacar las ganas y por eso la propuesta... Y el resto, tengo razón. 

- No quieras ganar en todo, pendeja. 

- ¿No me dijiste que querías acostarte conmigo porque quedó todo ahi y lo estábamos esperando y todo eso? 

- Sí, claro que sí. Sos hermosa, vos. Me gustás pero un montón... Siempre. Me pongo pelotudo cuando estas en frente mio. No puedo pensar. No se ni lo que digo. 

- ¿Ves? A ella la queres, a mi me queres coger. Las cosas por su nombre - sonreí- El tema acá es que nosotros ni por placer nos podemos acostar. Ni eso podemos intentar. Es una mierda, pero estando en pareja, no podemos. 

- No te podía dar nada. Vos tenias una vision del amor muy fácil, ideal, todo era tan facil... Y a mi eso me encantaba porque lo hacías parecer muy facil.

- Y si... Para mi era fácil. Yo te quería. 

 - Yo quería ir a tu casa a buscarte todo el tiempo. Pensaba en vos. Quería ir a buscarte y me volvía loco con las cosas que hacías. Pero - suspiro- yo venia lleno de quilombos. No queria saber nada con una relación y no te quería prometer cosas. Cuando nos conocimos nosotros, acababa de pasar un momento muy duro. Salía de una relación muy dificil. Estaba deprimido. No salía de mi casa. Lo último que quería era que alguien más me odiara. Y no te quise lastimar si algo salía mal. Entonces, me corrí. 

- ¿Qué iba a salir mal, Javi? El amor es corresponderse y habia uno de los dos que no correspondía... Para mi, ahi termina todo. Vos no me dejaste mostrarte como era una relación conmigo. Lo que yo deseaba de vos, decidiste solo. 

Javier me miró y agachó la cabeza, sacudiendola levemente. Le hable con el corazón en la mano: 

-  Te juro, realmente, yo no te odio. Nunca te voy a odiar. Te quise demasiado para poder ponerme a odiarte. No me pasa. ¿Qué queres que te diga? 

Javier sonrio. 

- Y sé que no vas a decirme que no me querés porque sos respetuoso... Pero vos me preguntas qué pienso. Y si queres saber lo que pienso, te digo que entendí eso, lo perdoné y ahora estoy bien. Te lo juro. Creeme. Jamas te voy a odiar. Te perdoné de corazón. 

Sonrió. 

- Perdoname, sí. Yo no quiero lastimar a nadie. Se que estoy haciendo todo mal, pero no es que quiera lastimar. Estoy haciendo todo mal con vos. Pero te juro que  no podía seguir viviendo más con este pendiente. 

Recuerdo lo mal que me sentí entonces. 

- Vamos a tener que seguir viviendo, Javi. Porque yo no me voy a acostar con vos, a menos que no pueda resistirlo. Y te juro que voy a hacer todo para resistirlo. Todo lo que te imagines, lo voy a intentar. No queda nada más a esta altura del partido... 

- ¿No hay nada más para vos? - preguntó - ¿En serio? 

- Deseo, supongo. No te quiero como te quería antes - dije, siendo capciosa - Algo de eso habrá. Si no, ni estaría acá. Solamente, no te elijo más. Te deselegi, te acordas... 

Javier agachó la cabeza, luego la levantó y asintió. 

- ¿Y por eso no te querés acostar ni nada? ¿O no te pasa nada en ese sentido? 

- No, no es por eso. Tengo pareja  y vos también. Siento que no puedo pensar solo en mi deseo y cagarme en todos. Por eso te digo que no. Las ganas no importa .

- ¿Cómo que no? Yo me quiero acostar con vos. Hace años, tengo todo pensado. Pienso cómo sería. Cómo sos. Me muero por saber cómo sos - dijo. 

II. 

(2025)

Nadie sospechó esa noche de 2022 que se develaría el misterio. Y que su explosión continuaría dejando estela hasta 2025. Una estela que trato de barrer, como quien discute con el otoño barriendo hojas de la vereda.  Javier será el otoño. Ojalá algún día pueda volver yo a ser verano y ver otro sol.

Hace dos meses que me sente a hablar con él nuevamente. Después de vivir un vínculo clandestino durante 8 meses. Ocho meses donde empezó siendo una equivocación y donde cada encuentro era más intenso que el anterior. Donde ya empezaba a interferir en la vida del otro. Donde ya empezábamos a hundirnos hasta el fondo. 

Javier me dijo que el sabía que esto tenia que tener un final, si, que el ya sabía. Porque se tenía que poner a pensar. Tenía que tomar una decisión y desarmar y no sabia que consecuencias graves iba a traer desarmar.  O si no teníamos que dejar de vernos, tal como yo le ofrecía en esa charla. 

- Yo me tengo que cuidar muchísimo con vos. Para que nada se preste a confusión. Porque estoy seguro que en cinco minutos, me confundo. 

- Javier, nosotros cogemos. No tengas miedo de eso. Yo digo esto porque te veo que te estas arriesgando cada vez más y no da para más. 

- Soy muy tarado yo. Me confundo en cinco minutos y no se mentir, se me nota todo. Y estoy todo el día pensando en llamarte... Pero yo no puedo hacer eso.  No puedo llamarte, mandarte mensajes todo el tiempo para saber cómo estás, invitarte acá todo el tiempo, porque tengo una relación... 

- Y no, Javi. Es sabido que no lo podes hacer. Yo no lo espero. Pensé que estaba claro todo. Nosotros hace meses que venimos teniendo sexo, nadie dice de cambiar todo acá. Lo que digo es que estas arriesgando. Y te doy una puerta de salida para que no pierdas tu relación.  

- Veo que tenes todo muy claro. 

- No lo digo mal. 

Me miró. 

Suspiré 

- Javi, a mi nuestro partido me encanta. Tenemos química. Nos reímos. Nos calentamos. 

Javier sonrió. Asintió. 

- Pero te juro, te lo juro, a mi me encanta el partido con vos pero no puedo dejar de pensar con quien juego ese partido. 

Se puso serio. La tristeza le llegó a la cara. Bajó la cabeza. Asintió. 

- Me siento culpable. Me da culpa decirte que si. Porque yo te digo que si, le hago caso a mi deseo, y vos también, la pasamos bien... pero yo no soy boluda.  Se que te metes en un problema y me pones en una situación fea. No podes vivir mintiendo. Yo no puedo hacerme la boluda. Sos un buen tipo. Yo soy una buena mina. Nos merecemos tener una vida normal. 

Dos meses después, no puedo controlar la voluntad de Javier para volver a acercarse pero puedo ser indiferente a ese hecho.  

Me va saliendo bien. 

jueves, 17 de abril de 2025

Nunca ames demasiado

 El antes mencionado y su afán de ponerse en contacto de nuevo dos meses después, usando maneras cobardes. El antes mencionado, y las preguntas que no le dejo instalar en mí. Pero existen las preguntas. Y forma parte de mí proceso no esquivarlas. 

Entonces me pregunto: 

¿Por qué quiere llamar la atención de alguien que no querés? ¿Te puede importar tan poco una persona para que la molestes, cuando no te está haciendo nada y con una persona que hasta hace dos meses tratabas como tu amante? ¿Para qué hace esto? ¿Por qué tiene interés en levantar la pólvora? ¿Tan infeliz es que cuando peor se siente, piensa en escapar? ¿Y de tomar decisiones, para cuándo? 

Yo entiendo. Realmente, entiendo que me mire las redes sociales un domingo a la tarde porque quizá el domingo es un día complicado. Lo entiendo pero no me cambia lo que pienso: él no me quiere. Lo entiendo si le produce interés mirar, qué se yo. Mientras que a mí no me afecte, ni me haga sentir mal como me sentía antes, puedo darle el beneficio de la duda. 

Entiendo que se le murió la mamá hace casi un año, que la extraña, que le hace falta, porque sé que la amaba. Entiendo que trabaja en algo que lo estresa mucho y con lo que gana plata y no se dedica a lo que le gusta. Entiendo que tiene como pareja a una persona que tiene una enfermedad tan delicada como la bipolaridad y un diagnóstico que quizá trae subidas y bajadas. Que no hace tan sencilla la comunicación.  Entiendo que quizá se sienta encerrado en la responsabilidad moral de acompañarla. Entiendo que la ame, y no la quiera dejar. Entiendo que quizá no sepa cómo salir de esa relación sin generarle una debacle emocional a ella, porque tendría un cargo de conciencia enorme si le pasa algo por su culpa... Entiendo que sea muy culposo y que se haga con eso la cabeza y que lo paralice en la toma de sus decisiones. 

Entiendo que no sepa quizá como lidiar con la culpa que le produce pensar que la puede lastimar, porque conozco sus fantasmas. Entiendo la angustia que siente por suponer que la puede dañar. Entiendo también que conmigo se debe escapar de todo ese encierro, de todo lo que no puede hacer, de todo lo que no tiene el valor de enfrentar y que por un ratito, una noche, o lo que sea, se sienta bien. Entiendo que quizá teniendo sexo conmigo un rato, y charlando, y comiendo algo de vez en cuando juntos, o mirando un partido de fútbol, se sienta "vigente". 

Pero no puedo seguir justificandolo. Aunque sea triste todo, no puedo, porque me está molestando con su manera de resolver sus propios problemas. ¿Por qué cuando la vida se le cae o no la resiste, aparece mi cara ahí como un escape? ¿Por qué pensar que soy solamente eso y no una persona que está haciendo un proceso aparte? 

Francamente, qué tipo complicado... Ya somos grandes. Fui clara en lo que dije. Ya hicimos cosas. Ya tuvimos sexo, ya nos reímos, ya compartimos cenas, ya me cocinó, ya miramos juntos un partido, ya lo dejé llevarme a casa, ya lo visite en la suya mil veces y ya nos encontramos en su oficina y ya sentimos más o menos adrenalina. Ya está. ¿Qué querés, qué más? ¿Que crees que va a pasar que sea distinto, que te ayude a qué? Es absurdo. 

II. 

 Sentí que había quedado todo medianamente bien hace dos meses. Yo le había puesto palabras a lo que me pasaba. El me había dicho que si, que tenía razón, que sabía que tenía que decidir, que por mí también, que no era justo... Que lo iba a pensar seriamente y que me iba a comunicar su decisión. 

Claro, de mí lado, cuando fue pasando el tiempo y no se puso más en contacto yo entendí cual había sido su decisión. Listo, pensé, tema terminado. 

 Hace dos meses, yo le habia dado una oportunidad para alejarnos. Lo respeté todo este tiempo. Fui prolija. Ni se me pasó por la cabeza acercarme de ningún modo. No pase más ni por la esquina de la casa. No compro más en el supermercado de antes para evitar, siquiera, cruzarlo. Tengo silenciado todo lo suyo, para no mirar nada.   Desaparecí. Desaparecí para dejarlo seguir con su vida y para seguir con la mía.

Yo, renuncié.  Y él, dos meses después, tira una piedrita sobre el cadáver que dejó. 

Para mí no es fácil está renuncia. Nunca conviene amar demasiado. 

Que no rompa más las pelotas. 

martes, 15 de abril de 2025

Reme y reme, capitana

 Ando así, reme y reme. Ayer la jornada fue intensa en la oficina: elaborar un informe especial por la salida del CEPO porque mi jefe necesitaba analizar la cartera de clientes. Eso me llevó mucho tiempo. Mucho de verdad. Después, hacer otras cosas y después una reunión y después más. 

Llegué a casa molida. Un viaje largo, mucho tránsito. En el medio, traté de resolver cosas del grupo cultural que ni había respondido los mensajes. Luego, bajé de la combi que por suerte pude tomar porque gaste menos en comida apropósito y me tomé el último colectivo hasta mi casa. 

 De verdad, viajé pensando en que no podía empezar la semana así de destrozada mentalmente.  Cené, me acosté temprano, trate de bajar la ansiedad y los niveles de estrés que habían sido grandes. 

Hoy me levante con un objetivo claro: cargar millones de datos en el sistema, para poder dar el ok para que cierren los impuestos. Al ser semana corta, y con tantos cambios en el sector, los tiempos se acotaron y todo se nos desordenó.  Logré hacer el 90% de lo que me había propuesto, sin levantar el traste de la silla en todo el día y asistiendo a las clases de inglés en el medio. Fue realmente una jornada muy exigente, porque en el medio pasan cosas y uno tiene que mandar  correos, responder, etc. Y eso hace que la ansiedad escale. 

Me quedé un rato más terminando cosas y luego de casi diez horas de laburo dije "hasta acá, por hoy ". Sé que fue una fecha especial, una situación especial, y por eso lo hice. 

Pero acá estoy.  Termino el día muy muy agotada. Mentalmente sobre todo. 

Esta semana corta vino intensa. Pero estoy tratando de remarla. Tomarla con la mayor fuerza. Darle duro. Como yo sé. 

Por su lado, y no sin restar, el fantasma de Javier volvió a aparecer. Pensé que había entendido ciertas simbologias, pero no. Las entendió por un tiempo. ¿Qué será lo que le interesa? ¿Ver que vivo? Y, si. No me queda otra que seguir viviendo, aun con dolor por la renuncia. 

Siento que pese a haber cortado todo contacto consigo hace dos meses, para mi la vida es valiosa, merece la pena y enfrento con ello los bajones que a veces me dan los domingos. Como un mantra, cuando el fantasma de Javier aparece, me repito que no me quiere y sigo adelante. Me enfoco en mi. Y sigo. Y sigo. Sin fijarme si consigo ninguna información suya, ni mucho menos. Sin siquiera mirar cuando fue la última vez que se conectó a WhatsApp.  Es decir, eligiendo no saber nada pero nada de nada. 

Pasé así dos meses. Planeo seguir con la misma política emocional. No contaba con que iba a fantasmear con sus actitudes pero también soy consciente de que nunca me ayudó. Que nunca fue bueno conmigo en eso de alejarse. Que jamás me la hizo fácil, aun mismo, no me quiera.  Así que tomo estos gestos suyos como algo que podía pasar y que esta pasando: volver a sentir a Javier como un observador de mi vida. Ahora, una vida de la que ya no forma parte como vínculo clandestino, cabe decir. 

En general, desearía que algún día se rindiera. Como yo me rendí.  No de la misma forma, pero sí con la misma intención. Con la intención de liberar al otro, de seguir adelante con lo propio. De pasar la página. 

Hace dos meses, le abrí una puerta para que siguiera en paz su camino y su vida en pareja. Yo sé lo que me dijo, sé cómo se comportó. Sé que se enojó, me lo negó, se puso como un tonto. Pero no lo juzgué ni lo molesté. Simplemente, acepté que no hiciera nada por mi como la única respuesta posible y seguí. 

Yo no le deseo el mal, al contrario, quiero genuinamente que pueda ser feliz, que le vaya bien, que viva bien, que encuentre cosas lindas para vivir con propósito... Pero Javier nunca aprende a sostener la distancia. Y la distancia para mi es todo en esta nueva etapa. 

Si yo me distancio, mi proceso avanza. Puedo sentir lo que debo. Hacer el corte necesario. Integrar. Ordenar las ideas en mi cabeza. Sostener una posición tomada.  Todo lo que contribuye a sentir paz y vivir en paz con lo que renuncié. 

Al dia de hoy, yo ando en calma con eso, haciendo mi propio proceso. Trato de llevar todo lo mejor posible. No es divertido ni nada pero me la estoy bancando.  Sé que no puedo manejar más que mis reacciones dentro de este proceso,  así que trato de seguir llevándolo tan buen ánimo, como hasta ahora. Aun mismo, Javier flote como un fantasma en el día a día. 

Al final, yo renuncié a una persona que parecía sabérselas todas. Yo, la que no quiere, y sin embargo siempre observa. 

Jamás entenderé por qué se hace eso. Pero yo ya sé que no quiero hacerme más aquello. Eso me alcanza.