I
Para inaugurarla arranqué con el día lunes, siendo también el previo a un final. Si bien todo esto ocurrió después de haber pasado un sábado alucinante y un domingo de mucho estudio, tenía el tiempo justo - casi cronometrado- para no perderle pisada a ningún detalle a horas de la mesa de examen. Un examen final oral, en este sentido, requería de preparación extra, más allá de las instancias escritas que, mal o bien, suelen ser más habituales para mí. Lo que me importaba, después de haber estudiado, era contar con la gráfica abierta para imprimir los resúmenes con los que tenía que guiar mi exposición; etc. Me había organizado en torno a esa circunstancia ya que no cuento con tinta para usar la impresora que hay en casa y, además, al ser un volumen amplio de hojas siempre termino yendo a centros de copiado más masivos - el de la facultad, o ésta gráfica - a fin de abaratar costos y preservar mis manos para actividades más placenteras que pasar resúmenes de módulos gordísimos a mano. Así, y en estos términos, el domingo a la madrugada mi labor estaba a punto de terminar, al menos por esa jornada, siendo optimista. Finalmente el lunes me levanté, seguí contrarreloj ultimando detalles de las guías para mi exposición, me bañé, almorcé y me fuí a la gráfica con la esperanza de que sea una salida rápida. A la vuelta me esperaba otro conglomerado de cosas para releer y resumir, ya que rendía en pocas horas y no tenía tiempo que perder; realmente estaba acelerada y en piloto automático para no perderle pisada a mí lista mental de condiciones. Cuando llegué a la zona céntrica, bajo la lluvia, y me acerqué a la gráfica, descubrí que mis archivos no se habían copiado. <<Puta madre >> pensé, no por el accidente, sino, por la falta de tiempo. En el camino, intenté pensar cuál era el problema, y consideré que de tal nivel de nervios, cansancio y presión, podrían haberse copiado mal y por eso no había nada en el pen drive. <<¿Puede pasarme esto ahora? >> me pregunté. <<Obvio que puede >> me dije, con sorna y me tomé el colectivo de vuelta a casa entre la calentura y la esperanza de que no fuera nada serio. Llegué, mojada e inquieta - más acelerada que antes - y ni <<hola >> había dicho cuando ya estaba con la computadora y los archivos en cuestión. << ¿Cuál es el problema? >> pensaba, mientras miraba cómo copiaba los archivos al pen en cuestión y, simplemente, desaparecían. ¿Qué hora era? Pasadas las seis de la tarde y, francamente ir al otro día, era arriesgarse a llegar a la facultad sin guía para rendir el examen, sin embargo, los archivos seguían sin copiarse, yo estaba totalmente desconcertada y todo el cansancio, la ansiedad y el agotamiento, decantó en unas lágrimas que necesitaban salir. La impotencia porque me pasara una cosa así, que no era tan grave, en un momento donde no tenía tiempo para solucionarla, hizo que me agarra bastante bronca y que, otra vez, tuviera menos tiempo para seguir con la lista de tareas. << ¿Y si no voy mañana? >> me dije, buscando el camino fácil ante la desesperación de ese momento. Me reí de mi misma en la cara a los dos segundos y dije que, sucediera lo que sucediera en términos de impresión, yo iba a estar ahí al día siguiente, en honor a todo un cuatrimestre de trabajo. Del mismo empeño y del mismo esfuerzo por intentar hacer las cosas bien, tenía que resultar algo bueno; aún mismo, esto no fuera más que el mero intento de meter una materia más en la carrera. Si salía mal, entonces, recién ahí, volvería a la siguiente instancia, pero no sin antes haberme jugado al todo. Era la pequeña representación de lo que yo llamo morirse con las botas puestas.
Llanto chiquilín mediante, inspiré
hondo; no había tiempo de lamentaciones, había que ser prácticos. Volví a
intentar con otra hipótesis respecto a los archivos y volví a fallar. Seguí
descartando posibles problemas, no podía serme tan difícil y, a pesar de eso,
los ojos me ardían de la bronca y mi papá me miraba sin saber cómo ayudarme en
algo, desde el cabecero de la mesa.
- ¿Y? - me preguntó.
- Nada, no entiendo dónde está el
lío.
- ¿Es el pen?
- No sé, no me llego a dar
cuenta.
- ¿Es la computadora?
- No sé, ahora me estoy fijando - le
respondí y eran menos de dos minutos los que habían pasado, cuando volvió a
decirme "y " otra
vez.
Se ganó, sin ser real merecedor, unas
cuantas puteadas.
- ¿Qué vas a hacer ahora? - preguntó,
impotente, de mala forma, enojado por no poder ayudarme en nada.
Es que, yo lo entiendo, pensando desde
la tranquilidad: a él le genera impotencia que me pasen estas cosas viendo que
me esfuerzo por estar en todos los detalles y hacer las
cosas exhaustivamente, me lo ha dicho. Sin embargo, se equivocó en las
formas y yo esta vez no me moderé.
- No tengo idea - dudé - Pasarlo a
mano.
- ¡Pero... no vas a llegar! -
exclamó.
- ¡Y sí, ya lo sé eso, probablemente no
llegue con todo, pero me quedaré hasta que lo termine, qué querés que haga,
papá! - me saqué.
- ¡Que no llores por esa mierda y que
vayas a comprar un pen drive nuevo!
- Dejame llorar, que la bronca no me
deja pensar, no quiero un pen, quiero que esta mierda funcione! - me enojé,
mientras intentaba otra cosa, él me hablaba no sé de qué - Esperá por favor,
esperá - le dije.
- ¡Tomá! - me dijo, impotente. Unos
billetes que simbolizaban un pen nuevo descasaban sobre la mesa y me fui a la
velocidad de la luz por uno nuevo. Conseguí lo que necesitaba, gracias a
Dios. Volví a llegar a casa esta vez por suerte menos mojada y me dispuse a
copiar los archivos porque los problemas eran dos: el pendrive pero era,
también, la configuración de la computadora. <<Genial >> me dije,
porque hasta la última vez que hice la misma acción, no había ocurrido ningún
problema.
Cuando estuve en casa, me calmé
considerablemente y volví a ser la persona de casi veintidós años que todos
conocen. Supuse que la situación de nervios y cansancio, sobre todo cansancio,
me había ganado por esas horas. Me preparé un café, estornudé un par de veces,
me sequé los restos de lluvia, y me dispuse a leer otra vez, con el problema
a medias solucionado. Esa noche me quedé haciendo resúmenes, dormí casi
cuatro horas y, sí, claramente, terminé con los resúmenes solo horas antes de
la mesa, pasando un cuadro a mano a toda velocidad, que no se quiso imprimir -
y que era casi lo más imponte de todo, y llegando. Llegando, finalmente, con
las botas de lluvia puestas, lista para afrontar la instancia, la primera de
ese estilo, tan protocolar y específico, al mismo tiempo.
II
El martes, finalmente, la recompensa
llegó. <<Muchas gracias, estoy muy
contenta, de verdad >> le dije al profesor, cuando me entregó la
libreta, con la certificación de que la materia estaba adentro, es decir,
aprobada. <<No, por favor,
Veinteava muchas gracias no, vos te lo merecés, lo hiciste muy bien
>> dijo, él, que se aprendió mi nombre y todo. Hay un cierto grado de amabilidad instalada,
así que lo saludé con un beso y me despedí, aliviada, muy aliviada, después de
un examen oral donde no servía ir habiéndose preparado a último momento. Cuando
salí, todavía tildada, me quedé un rato con mis compañeros, esperando la
llegada de un texto literario que había prestado para la exposición de otro
chico que estaba dando su tema y, a la vez, devolviendo los que me habían
prestado a mí. Todos estábamos intentando dar una mano, como a mí me la habían
dado un ratito antes, algunos de los que me quieren, con las malditas
impresiones. <<Tranquilo, va a ir
todo bien. Si te trabás, seguí, no te dejes acorralar, no les tengas miedo, que
no te muerden >> creo que fue la frase que más repetí, después de
desembuchar las preguntas - porque pasé primera a exponer - y contar qué había
dicho, básicamente. Cuando estuve en casa, todavía no caía en si de que el
estrés académico había terminado.
III
El miércoles, estuve absorbida por unas
cuestiones de salud de mi abuela. Recibí ciertos correos un poco
punzantes, pero no me quedó cabeza para ellos hasta casi el fin de la semana,
donde me decidí a darles real atención.
IV
El jueves estuve absorbida entre mi
madre y mi abuela. Fulanito de Tal me invitó a salir. Otro individuo me preguntó cuando iba a ir a
visitarlo, con las mismas intenciones que Fulani, sólo que con veinte y tantos
años de diferencia; y a ambos, por diferentes razones, les dije que no o les
rehuí el tema.
V
El final de la semana laboral, al menos,
me encontró leyendo, yendo a la farmacia por remedios de la abuela, estando con
ella, sacándole la lengua a la preocupación e intentando estar atenta a sus
necesidades más allá de mis propios miedos, de mis propias preguntas.
Fulanito de tal deslizó algunos manotazos de ahogado, nuevamente presente
después de un tour en otros territorios, y yo sonreí inerte ante
la circunstancia. Hablé con Alguien; me escribió y ahí le
comenté que no tenía un buen día, que esperaba lo comprendiera, porque estaba
meditando respecto a la salud de mi abuela y quería estar un poco sola,
necesitaba no hablar con nadie, sino, hacer algo que me gustara, permitirse ser
y estar conmigo misma. Alguien, por su parte, me comentó que tampoco lo tenía,
nos escuchamos un ratito, y lo dejé, mientras se quedaba mirando una comedia,
una comedia con chiste fácil y tonto por demás, pero sanadora en términos
del no pensar. Mientras, yo me quedé leyendo un poco, antes de dormir, como
cuando era chiquita y hacía eso con textos que me gustaban. Este recuerdo, al
igual que encontrar un señalador hecho por mi misma en El principio de cuando
tenía ocho años - cosa que también sucedió esta semana - me alegraron el
día. Siempre fuí un poco ratoncita de biblioteca, me dije, sorprendida de haber
ido dejando pequeñas estelas desde tan temprano.
VI
Sábado, zona céntrica, compras con mi
abuela, que no puede cargar demasiado peso y necesitaba - en vistas de su
cumpleaños - algunos productos extra. Cruzarnos con un amor muy importante de
ella, salvar el momento en el intento de hacer algunos chistes, y, precisamente
justo antes de volver a casa, el también verlo a Él: de buzo verdecito y cara seria, como un semejante lejano, como a nadie.
Comprenderán, después de este resumen, el motivo de mi desaparición. Finalmente, el mantra de la entrada anterior, sirvió de resistencia para sus diversos relieves.