Todavía recuerdo que la primera vez donde conseguí trabajo, Javier se puso contento y puso, a la vez, cara de culo. Yo tenía 19 años. Ese trabajo era cuidando al hijo del Ingeniero y a éste no le parecía nada mal darme una mano, aún sin saber que estaba re contra corta de dinero en esos momentos. Javier tampoco sabía que yo estaba corta de efectivo y tenía muy pocos ingresos por entonces.
Nunca había tocado el tema de la diferencia en el poder adquisitivo de cada uno porque yo sabía que si deslizaba la más mínima cosa él iba a querer darme dinero y eso me ofendía. Tenía diecinueve años si, me faltaba experiencia en algunas cosas, pero desde entonces entendía que, si él me daba dinero, eso le iba a quitar transparencia a mis sentimientos dado que se podía prestar a confusiones. Ni qué decir sobre la idea de depender o deberle algo a alguien a quien lo único que quería darle mi amor. Yo podía trabajar y trabajaba. Cuidaba al hijo del Ingeniero. Ayudaba con alguna cosa en su casa. Me trataban muy bien. Me pagaban muy bien y hasta me comparaban comida para que almorzáramos los dos mientras lo cuidaba.
Sin embargo, cuando Javier lo supo noté que se puso contento y puso cara de culo. Me dijo que no sabía, como si fuera mi deber contárselo, que yo necesitara trabajar. Es decir, empezar a trabajar y a estudiar siendo lo que el consideraba una persona demasiado joven, alguien chica.
Yo le dije que sí, que si bien mis papás me podían ayudar, necesitaba mi independencia a esa edad, aunque no le dije que mis papás me ayudaban con mucho sacrificio porque no estábamos bien económicamente en ese momento. Recuerdo que Javier se quedó callado cuando le hablé de independencia y me dijo que si yo quería él me podía conseguir un trabajo. Lo miré fijamente y le dije que no, pese a que me hubiera hecho mucha falta, para salvaguardar mi libertad.
II.
Javier no insistió nunca más con el conseguirme empleo, porque notó mi reacción. Discutíamos cada vez que quería invitarme a tomar algo. Él se fastidiaba, yo me fastidiaba, y con el tiempo me terminé dando cuenta que con mi rebeldía propia de ser una joven de otra generación, invalidaba deseos de ayuda muy comunes en la suya. Javier se sentía inútil. Creía que no tenía nada para darme, en especial, cuando le rechazaba una invitación que no pudiera pagar, o bien, cuando me la pagaba yo misma. Se sentía poco agraciado, pero además, no entendía cómo se debía comportar según mis expectativas. Yo solamente esperaba que me amara. Eso. Y era una ecuación donde la plata no conformaba una variable de ajuste o de atención.
III.
Cuando nos reencontramos hace ya más de un año, en la conversación inicial, me preguntó por el trabajo.
- ¿Cómo venís?
- Bien.
- ¿Dónde estás ahora?
- En un Estudio Contable, en Recoleta - le contesté, secamente.
- ¿Cómo?
- Es trabajo, Javi. Me extraña... - burlándome de él, lo miré.
- No, ya sé, pero... ¿Qué hacés ahí, cómo llegaste?
Mofé.
- ¿Siempre vas a querer saber todo?
- Sí, quiero saber cómo llegaste a trabajar con Contadores cuando vos sos del lado de Lengua - afirmó.
- Porque me pasé de lado, y ahora, estudio Ciencias Económicas.
Javier me miró atónico.
- ¿En serio me decís? - me dijo.
Asentí , con la cabeza.
- ¿Y cuándo? Pero... ¿vos no estudiabas Letras? Yo no sabía que estudias esto, ahora.
Suspiré.
- Nadie lo sabe. Bah, lo sabe mi familia y mi pareja. Son mis personas de confianza.
- Ah - dijo, nada más.
Nos quedamos callados.
- ¿Te puedo preguntar algo? - quiso saber.
- Sí.
- ¿Por qué cambiaste? A vos te gustaba mucho esa carrera.... Desde que te conozco vos amás los libros. Te gusta mucho leer. Te gusta escribir. Querías enseñar, me acuerdo... ¿Qué pasó?
- La vida pasó, Javi. La vida quiso otra cosa para mí, básicamente. Estudiar Económicas fue un plan B y resulta que ahora es el plan A. Cuando perdí el trabajo, el año pasado, yo ya había empezado a estudiar en la otra facultad mientras metía los últimos finales y cursaba alguna de las últimas de Letras... - relaté - En ese contexto de desempleo, salí a buscar trabajo con lo que tenía.
- Entiendo, claro. ¿Y qué pasó? ¿No quisiste dar clases? ¿No te gusta ser profe?
- No conseguí. Yo necesito un sueldo fijo, siendo sincera. No podía esperar que Letras me diera una suplencia de vez en cuando, principalmente, porque tampoco tenía un respaldo económico. Mi idea era trabajar de eso hasta recibirme, mientras ahorraba, y recién ahí ejercer. Pero se abrieron otros caminos... usé ahorros para mantenerme cuando me quedé sin laburo, cambié dólares, trabajé freelance y no paso nada con eso. Pasó con lo poco o mucho que tenía en Económicas.
Javier se quedó callado. Con su escucha tan atenta. Casi como si te palpara el dolor por dentro, espejándote con la profundidad de sus propias emociones.
- Si hay algo que vos sabés de mí, y sigue siendo así, es que yo no me rindo. Yo voy, lo intento mil veces, voy de nuevo... y sigo. Pero acá fue diferente. No se abrieron puertas como las que necesitaba. Y no es que no me guste, sino, que tengo otras necesidades.
Javier me sonrió y asintió
- Noooo, si yo no te conozco a vos - se carcajeó - Sos tremenda. Cabezona, vas ahí, buscás, buscás... sos muy cabezona.
- Bueno, fui mil veces ahí. Y también busqué con mi experiencia en contabilidad y mis estudios - le expliqué - y salió.
- Pero... ¿te gusta eso a vos? ¿Te gusta más que la Literatura?
- Nooo, Javi. ¿Cómo me va a gustar más?
Él me miró con los ojos cálidos.
- No hay nada en el mundo que yo ame más que los libros y la escritura. Eso nunca va a cambiar. Yo soy un libro con patas, ya lo sabemos... miro la vida a través de la literatura... pero bueno, también tengo que organizar una vida. No es solo mirar. Tengo que vivir.
- Sí, pero... no cambies. No hagas cosas que no te gustan... mirame a mi, yo hice eso, y ahora no quiero trabajar más... Tengo cincuenta y pico y no quiero laburar más. Quiero hacer otra cosa, no sé, ponerme a hacer negocios en otro lado...
- Sí, es que no es fácil. No fue fácil para mí tomar esta decisión... pero... a veces hay que apostar por lo que pasa y no quedarse deseando cosas que no sucederán -le confesé - Yo agradezco poder formar éste camino, aunque te parezca raro, porque es agradecer lo que sí pasó, lo que sí se dió, lo que sí tenés. Con Letras, pese a que le ponía todo, no sucedía, no pasaba, no se daba. ¿Qué hacés en esa situación?
- No, claro, claro... - dijo - No lo puedo creer, eso es lo que pasa. ¿De qué te recibirías?
- De Licenciada en Administración. O Contadora. No sé todavía. Estoy haciendo la rama común y decido más adelante.
- Licenciada en Letras sos vos, de Letras - dijo, riéndose, y sacudiendo la cabeza - Cambiaste la vocación, en resumen, por el vil metal.
- Va más allá del dinero. Lo cambié porque no quise insistir más en donde no se abrían las puertas. Es casi energía, Javi. No sé cómo explicártelo. Tuve que empezar a mirar qué estaba pasando en otros sentidos, que sí se estaba dando.... porque estaban sucediendo cosas, se abrían puertas... ¿Eran las que yo esperaba? No. Pero oportunidades tuve. Dejé de pensar en la vida que yo imaginaba que iba a vivir, y nada... viví ésta, que es en definitiva la que está pasando.
- Si algo te puedo decir es que con eso vas a estar bien. No vas a tener problemas y laburo vas a tener, seguro. Pero... ¿Económicas? ¿Qué hacés ahí, vos? - se rió, y se rascó la barba desesperado.
- ¿Intentar recibirme, te suena? - le pregunté, en tono de burla.
Me miró pensativo.
- Al final, sí te abriste conmigo - dijo.
- No es un tema fácil para mí.
- Pero ¿dejaste Letras?
- Sí, por el momento, sí.
- Noooooo, por favor, no la dejes. Seguila como puedas, pero no la dejes. Escuchame, no seas sonsa.
Me reí.
- No me da el cuerpo, Javi. Trabajo todo el día, viajo, voy a cursar a Económicas a la noche... No puedo hacer dos carreras a la vez... No me da la cabeza, y no es que me subestime... Me excede.
- Sí, ya sé... Ya lo sé - suspiró - ¿Pero no vas a volver?
- Obvio que sí. En cuanto organice otras cosas en mi vida, claro que voy a volver. A recibirme, básicamente, que no es poco.
Javier me sonrió.
- No sabés lo que luché por ese título, Javi. Voy a volver a buscarlo. Por mí y por esa lucha. Para mí, más allá de todo, como premio al esfuerzo. Porque el esfuerzo lo hice. Estudié años. ¿Como no lo voy a ir a buscar? Para eso también soy terca.
- Obvio - dijo.
Nos quedamos callados. Me miró con profundidad algunos instantes y bajó la vista.
- Ésta es mi vida profesional, ahora... - comenté, ligeramente.
- Ahora salís con tipos grandes, estudiás Economía, lo único que te importa es la plata, tomás vino, sos borracha, me hablás de bodegas, me mentís.... - me burló.
- Sos un tarado - le dije, riéndome - Encima que te cuento y no tengo obligación de hablar con vos, me criticas. Maldito.
- Mentira - dijo, con su voz suave - No te critico. Me gusta que hables así conmigo. Hacía mucho que no hablabas así y me contabas... Es una lástima que dejes Letras pero si, te entiendo.
IV.
Hace pocos días, Javier me hizo la misma pregunta.
- ¿Cambiaste de trabajo? ¿Qué estás haciendo, donde estás ahora?
- Si. Abandoné Comercio Exterior, Javi. Finalmente (...) Ahora estoy trabajando en Puerto Madero, en una Consultora. Es una multinacional que brinda asesoramiento (...)
- Te felicito por haber dejado Comercio Exterior... Es por lejos la mejor decisión que podrías haber tomado. Te estás yendo para arriba, mira vos-dijo, risueño- Ahora trabajas en Puerto Madero, con gente importante, sos cheta, te rodeas de políticos ****... Muy bien - se rió.
Me hizo reír.
Le contesté con la verdad más allá de su broma y es que yo esté donde esté seguiré teniendo la misma esencia.
Agradecí sus felicitaciones. Y nos despedimos sin tiroteos, por suerte.
V.
¿Por qué será que siempre sentí un dejo de menosprecio en Javier por la cuestión económica? No lo sé. Pero es algo con él en particular, que no me pasó con otros hombres en esa medida.
Desde que lo conocí él trabajaba muy bien, si, pero como yo lo conocía por fuera no le daba importancia a eso. Hasta que un día, por esas cosas de la vida, terminé conociendo su oficina. Su trabajo. Y años después inclusive el mismo rubro. Y ahí entendí por qué me sentía en desventaja. Por que me sentía sin recursos económicos para ponerme a tiro.
Y fue sencillamente por sentir que todo lo que tenía para darle no valía nada. Ni siquiera, estábamos parejos en lo económico. Y en ese momento y luego de muchos años, me pareció como que me miraba con un dejo de lástima por mi situación. Y yo siempre sentí que no tenía tiempo suficiente para demostrarle que iba a lograr las cosas que anhelaba, aunque viniera de otra clase de lugar. Y mil veces sentí como que el tiempo no me daba bola para demostrarle , si, demostrarle que yo no era la niña indefensa que él pensaba.
Hoy sé que valgo mucho, que no soy ninguna niña indefensa, que soy una mujer muy impulsiva en muchos casos porque me animé a cambiar de trabajo por el hecho capital de mí desaprovechar las oportunidades de la vida, en año de elecciones, etc. Es decir, algo que no tiene que ver con lo económico. Y que tiene que ver con las decisiones. Locas algunas. Muy intensas pero muy importantes para crecer.
Javier siempre tuvo dinero, desde que lo conocí y siempre le costó hacerse cargo de su propia vida. Heredó los clientes de su papa. Hizo nuevos y pudo establecerse en un país volátil. Pero ese trabajo que le dio todo ese dinero al mismo tiempo le quitó el goce de vivir y su cobardía lo condenó a no exigir a la suerte algo diferente... Y eso también es una decisión.
Hoy quizá ya no me mire raro si le hablo de trabajo. Yo se que solo necesitaba tiempo y agradezco mucho que la vida me haya permitido estar un poco mejor. Pero también se que yo no lo dejaría de mirar si algún día se quedara sin dinero. Que lo querría lo mismo. Que lo ayudaría. Que lo seguiría sonriendo como el tipo que me mueve raíces profundas.
Esa es la diferencia entre nosotros. Lo amaría aunque no tuviera ni para cargar la Sube. Él en cambio se seguiría sintiendo pelotudo frente a mí, incapaz de decidir dejando siempre una puerta casi cerrada.
Hoy que me dice que me voy para arriba, en broma, yo pienso lo bien que le hubiese venido a la chica de 19 años conocer el futuro y no sentirse menos.
Menos es más. Decidir es más.