domingo, 27 de agosto de 2023

El derecho a sentirlo

 - Yo te extraño-  dijo Galeno - y siento como si nos hubiésemos visto ayer cada vez que hablamos. Extraño mucho abrazarte. No sé si tenga permitido sentirlo. 

Lo comprendí. Él me dejó, yo acepté pese a no querer que así fuera por cosas internas de la relación, pero eso no significó desterrarlo del mundo. Más bien, todo mí trabajo estuvo en pensarlo desde una manera distinta, con la que pudiera vivir sin estar él presente. Es decir, de pensarlo sin el dolor de que no estuviera y además en apreciar todo lo que si vivimos. Principalmente porque así quería yo cerrar la historia, porque eso había elegido atesorar. 

- Vos siempre fuiste mí vinculo seguro. No porque fueras a estar para siempre pero si porque hiciste que me sintiera en casa siempre. 

- Eso es un montonazo - me respondió, cariñosamente. 

- Si.  Y te entiendo en lo que te pasa hoy. A veces uno entiende como puede las cosas. Yo llegué a pensar que no me querías más y que me dejaste por eso. 

- No. Yo nunca te dejé de querer... Es tan Veinte pensar que te dejé de querer... - dijo, en broma- Humildemente quise que tuvieras la posibilidad de construir algo con otro... alguien. No quise atarte a un tipo como yo. 

- ¿Cómo vos? ¿Un buen tipo, decís? 

- Un tipo viejo - me aclaró. 

II. 

Chau, cerrame la ocho. 

El día de hoy fue muy largo. 

Quiero dormir. 

 


Encuentro barrial

Este domingo, mi ciudad cumplió años. Y esto formó parte de un fin de semana muy feliz para mí porque estuvo lleno de cultura. Hacía mucho tiempo, realmente mucho, que no me sentía tan yo y tan completa a nivel interior. 

En ese contexto de festejo barrial, me encontré con el papá de Javier y con su esposa. Los saludé, obvio porque formaban parte de un segmento artístico dado que al padre de Javier le encanta esculpir y se dedicó a eso, además del Comercio Exterior, toda su vida.  Algo que Javier debería haber imitado. 

Cuando lo saludé, me pregunto cómo estaba después de darme un flor de abrazo. Lo mismo su esposa.  Le comenté. Le dije que ya no trabajaba en Comercio Exterior y le comenté muy vagamente el presente. Juan me dijo que estaba muy complicado y que Javier quería dejar. Dije que lo imaginaba porque se sumaron más impuestos y el futuro era incertidumbre. 

Pasados unos minutos de charla, el padre de Javier me dijo que estaba muy grande, que tenía algo diferente. Le conté que en unos meses cumplo 29 años y se quedó entrañablemente sorprendido. Me dijo que estaba diferente, en los gestos y la actitud, pero que estaba linda, muy linda.  Me hizo reír. Lo asombro el paso del tiempo y le dije que si, que había pasado mucho tiempo pero que era bueno verlos con salud y juntos, que me alegraba encontrarnos bien. 

Si supiera todo lo que cambio en estos años juro que no lo creería. Aunque tampoco interesó ya. Creo que con Javier necesitábamos resolver algo que para nosotros seguía vivo y que encontramos una manera. Algo que hoy ya por suerte para él se acomodó, además, porque no volvió a proponerme nada. Y que se acomodo para mí también porque logré ponerle los límites y ser, por lo menos, buenos amigos y cercanos vecinos. 

A Juan y a su esposa Adri, le agradecí la deferencia. Les pregunté por el hermanastro de Javier, que el considero siempre su hermano más chico, para ver cómo estaba. Me contaron que tiene 27 años. Que está bien. 

También hablamos de política un ratito más. 

Nos despedimos con un abrazo enorme. Juan me agarró de la mano y me dijo: qué bueno verte, querida, me pone tan contento. 

A mí también me pone contenta verlo. Juan fue el tipo que me hubiese gustado tener como suegro. Y no por Javier, la verdad, sino porque me llevo bárbaro, porque comparto muchos intereses y porque el viejo, palabras más palabras menos, es un capo. 


viernes, 25 de agosto de 2023

Diario de una Multi: La génesis

 ¿Cómo llegué acá? Desde principios de agosto, momento donde ingresé a trabajar en la multinacional, me hice muchas veces esa pregunta. También me pregunté que hacía ahí, pero eso es para otro capítulo de la historia. 

Y lo cierto es que llegué por mis propios medios. Nadie me obligó, más allá de un contexto donde quería modificar cosas. 

En mí trabajo anterior, tenía problemas de sobrecarga en la última etapa, pero al margen de eso, en otros aspectos estaba muy comoda. Me había acostumbrado. Me conocian. Tenía permisos implicitos porque me había ganado la confianza. Y nadie me perseguía demasiado con horarios o fechas porque cumplía con todo durante el año y medio en el que estuve. 

Cuando tomé la decisión de empezar a buscar otras opciones fue porque , pese a todo este costado de cosas buenas, también venía con un descontento notorio desde que habían echado a la contadora de la empresa y me habían puesto a mí a ocupar la posición. Era más trabajo, el mismo dinero y me decían que me iban a contratar a una persona pero eso paso, recién, la misma semana que finalmente a mí se me dio la oportunidad de trabajar en la multinacional. 

La mía fue una búsqueda profesional paradójica. No estando mal pero tampoco estando tan bien como quería. Sintiéndome explotada y sabiendo en lo más profundo que por estructura no iba a aprender más. Así empecé a buscar trabajo nuevamente. Creyendo en lo más profundo de mí que merecía algo mejor. 

Cuando postulé a esa empresa a través de LinkedIn -una plataforma de búsqueda de trabajo - , estaba en un momento de descanso de mí antigua oficina, almorzando. Leí rápidamente la descripción de la posición y las condiciones y pensé (lo juro): "yo lo mando, total... qué puede pasar...". 

Eso fue un 23 de julio. 

II. 

Dos días después, el 25 de julio, el Gerente de RRHH de la multi vió mí solicitud a través del portal. Recuerdo que me llegó una notificación de que habían descargado mí cv y visto mí solicitud pero no le di importancia. Estaba en fecha de cierre, atareadisima, a veces renegando porque no me tomaban rápido a una persona y seguían dando vueltas.  Aunque también en mis momentos libres, riéndome con mis compañeros, dándome el espacio mental, teniendo las cosas dentro de todo dominadas por la costumbre y la experiencia. Una de cal y una de arena.  

El 27 de julio me mandaron un mail muy amablemente para iniciar un contacto y solicitar un cv actualizado con una remuneración pretendida. Contesté el correo diciéndoles que si, que en cuanto llegara a mi casa les enviaba todo dado que estaba en época de vencimientos... Y eso hice , de hecho, cuando llegué a mi casa: prepararme la merienda, armar el CV, analizar más o menos cuanto estaban pagando la posición y dejar el correo programado para una hora más razonable que las 20.00 PM. 

Dos días después me respondieron y me ofrecieron tener una entrevista virtual. Acepté. Me fui del trabajo con una excusa a una cafetería cercana y charlé con quién hoy es mí compañera. 

La verdad es que mientras lo hacía, yo no era consciente del avance que eso significaba. Nunca había llegado tan lejos en una ronda de entrevistas o contactos para una multinacional y lo cierto es que tenía miedo de desbordarme en expectativas falsas. Siendo prudente, tome nota de lo que me dijo F (mí compañera y quién me entrevistó) y espere a ver si se conectaban otra vez. 

Conociendo las condiciones de la propuesta, la verdad es que por un lado estaba contenta pero por otro lado no sabía si me iban a elegir entonces prefería no pensar en cómo aquello podía encajar en mí vida. Yo sabía que lo ofrecido era una oportunidad de progreso profesional muy grande; pero además sabía que acceder siquiera a una entrevista era una oportunidad para entender cómo funcionaba ese círculo.  Tomé así a esa primera entrevista, agradecida pero tranqui. Cómo si espiara por una ventana un mundo completamente ajeno, y hasta idealizado por mí. 

 A la segunda entrevista, con quién hoy es mí jefe, fui un poco más nerviosa a la cafetería. No había conexión buena de internet en la zona y pensé que me iban a descartar por el hecho, sin embargo, superamos las dificultades de conectividad y pude pasar la charla, y unas preguntas de verificación sobre conocimientos técnicos en referencia a los comprobantes, las cuentas y el uso del sistema.  

Me habían dicho que me iban a avisar luego de esa segunda entrevista y yo, sin embargo, no había caído del todo en cuentas de lo que estaba empezando a suceder. Tampoco quería verlo, ahora lo sé, porque iba a significar otro acontecimiento inesperado más en la historia. Y eso a todos nos da escalofríos aunque por un lado lo queramos y por el otro nos aterre. 

Tardaron dos días más en avisarme. Hubo además un Finde en el medio. Y esos dos tiempos me ayudaron a procesar sencillamente un poquito de lo que podía significar dejar rápidamente mí trabajo y meter máxima potencia de un día para el otro.  Literal, de un momento para el otro. 

La posición necesitaban cubrirla rápido. Ya me lo habían dicho y yo había dicho que si. Dicho que si como quien dice hola que tal.  Tampoco lo había analizado a fondo por las dudas de que el proceso no avanzara (tal y como me había pasado en 2021, mil veces en distintas entrevistas). 

III. 

Cuando el dos de agosto recibí un nuevo mail de recursos humanos, estaba capacitando a la chica nueva que acababan de tomar dos días antes. Si, dos días antes había ingresado la persona que me habían prometido desde febrero pasado. Su capacitación estaba a mí cargo y en paralelo mí salida estaba en manos de la suerte. O en realidad, de ese mail. 

En el email me preguntaban si podía tener una charla posterior telefónicamente. Dije que si. Salí en horario de almuerzo fiera de la oficina y pensando que me iban a dar finalmente mí si o mí no... Pero que la esperaba terminaba. 

"Hola, Veiteava. ¿Cómo estás? Gracias por atenderme tan pronto. Te agradezco mucho la predisposición. ¿Podrías hablar un momento? (...) Quería avisarte que quedaste seleccionada para ocupar la posición dentro del Departamento de Administración y Finanzas. Este departamento está a cargo del CFO con quién tuviste la última entrevista y me entregó un muy buen feedback, por lo que nos encantaría que te sumes al equipo", me dijo. 

Yo estaba en la cafetería. En la cafetería de la estación de servicio que me quedaba cerca. Parada. Desconcertada. Asistiendo a un cambio profundo y enorme. Tomé aire para hablar y como si nada, porque en realidad todavía no entendía lo que estaba pasando del todo o la magnitud de lo que estaba empezando, y le dije: "qué bueno, muchas gracias". 

Si, eso me salió. Y fue tan yo que me río ahora al acordarme. Dije que bueno y gracias como si me dieran un helado aunque me estuvieran dando acceso a una empresa. 

IV 

Posteriormente llegó un detalle más profundo de las prestaciones que me habían anticipado, del sueldo, de los beneficios. Para mí estaba bien porque en términos de progreso iba a aprender mucho y porque les había pedido una suma de dinero que era apenas más de lo que ganaba, pero que para mí era adecuada... Aunque no era adecuada porque posteriormente me di cuenta que había pedido demasiado poco. Por miedo. Por vergüenza. Por no saber bien cuánto pagan en casos donde veia a otras personas cobrar mucho menos por la misma acción o apenas un poquito más. 

Otra cuestión: como hay tanta demanda de trabajo, como trabajadora yo no sabía cuánto pagaban precisamente en las multinacionales una posición que a mí me pagaban bastante por debajo. Y eso no dependía de lo que yo quería sino de lo que estaba disponible según estructura, así que el detalle económico me vino muy bien para orientarme y para entender dónde estaba parada.  

V. 

Cuando todo estuvo cerrado, llamé a la primera persona que le cuento una buena noticia: mí mamá. Y mí mamá, llamo a mí papá. 

Era momento de formalizar el ofrecimiento y la decisión que había tomado. De comunicar lo bueno y lo malo. 

Eso es para otro capítulo de la historia. 



jueves, 24 de agosto de 2023

Amor húmedo

 Era el segundo viaje de Galeno a Buenos Aires. Era también la segunda tanda de días que compartíamos juntos. 

Me levanté de la cama, desnuda como acostumbraba desde esos mismos inicios, y fui a preparar mis productos de aseo. Galeno se aseguró de que el agua saliera lo suficientemente calientita para que me diera una buena ducha y me indico que todo estaba listo. 

- ¿No querés bañarte vos primero? - le ofrecí. 

- No, no. Aprovecha vos. Tranquila -me dijo. 

Apronte el agua en su punto justo. Llene todo el baño con mis productos de aseo y antes de meterme, me decidí. 

Salí del baño, eludiendo todas mis inseguridades, y le tendi una mano a Galeno. 

- ¿Querés venir un ratito conmigo? - le pregunté. 

Galeno me sonrió, diciéndome que si sin decirlo, dejo de hacer lo que estaba haciendo y vino conmigo. 

Nos quedamos un ratito ambos, juntos, debajo del agua caliente.  Fue un momento de intimidad y encuentro que no tuvo que ver com el sexo posterior pero que lo acunó y protegió. 

Tiempo después, en el último viaje a Buenos Aires que hizo para verme, hace un año atrás, Galeno me sonrió diciéndome: "podes darte un baño de inmersión. Me fijé eso, para elegir el hotel, porque se que te gusta". 

Tomé un baño hermoso, de espuma, mientras escuchaba a Eduardo Sacheri leer.  

Son momentos compartidos, incluso aunque sean individuales o juntos, que siempre quedarán en mí memoria como lindos recuerdos. 

Bañarme es de lo que más me gusta en el mundo. 

miércoles, 23 de agosto de 2023

La venganza

Me acuerdo cuando en 2014 yo tenía episodios de ansiedad, es decir ataques de pánico. Fue una época donde estaba muy vulnerable, sensible y me sentía totalmente atravesada por las cosas que vivía.  Si bien estaba contenida, y medicada, y pronto los superaría, ese intervalo fue muy duro.  

En ese contexto, también recuerdo que una mañana tuve una crisis de pánico en la calle y, de casualidad, Javier me encontró. Yo me había sentado a llorar en una casa con un pequeño escalón, y el había estacionado antes en el garaje de esa casa su auto. Nosotros nos habíamos encontrado, o más bien el me había encontrado, cuando yo estaba llorando porque no podía manejar mí cuerpo sin saber que lo estaba haciendo en frente de su auto estacionado. 

Recuerdo que cuando Javier me encontró sentí una profundo vergüenza. Ya nos habíamos peleado. Yo estaba destrozada por dentro. Lo seguía amando. Él había empezado a salir con Ella. Yo me sentía en la mierda por todo y por eso y por aquello que me partía al medio.  Y Javier se sentaria al lado mío, esa mañana, y se quedaría conmigo al lado mientras lloraba diciéndole que no podía más. Que no entendía por qué no podía estar bien si yo solamente quería ser feliz. 

Lloraba como una niña. Esa es la verdad. Lloraba por todo. Por lo profesional, a lo que no le encontraba la vuelta. Lloraba porque el no me quería, porque yo sentía que jamás iba a tener respuestas al vacío que me estaba dejando. Lloraba porque no conseguía trabajo. Porque no podía lograr nada en ese momento. Y no podía ver lo fundamental: eso era un momento y el resto sería una vida de ventaja. 

Al final de ese episodio de pánico, Javier me trajo a mí casa. Me escribió esa misma noche. Le agradecí pese a todo y le pedí una sola cosa, más allá de que estábamos peleados: que no le contara a nadie lo que había visto, que por favor, no se preocupara y lo mantuviera como un secreto. 

II. 

Javier no cumplió su promesa. Al día siguiente, llamo a su amigo del grupo, que estaba viniendo de la Costa, y le pidió si podía ir urgente a su casa. El amigo, cuando me lo contó, me dijo que Javier estaba desesperado. Preocupado , sin saber qué hacer o como ayudarme.  El amigo, estando enterado de la distancia entre nosotros, hizo de mensajero. 

Me preguntó si necesitaba algo. Me ofreció ayuda. Me ofreció dinero. Me ofreció atención médica porque pensó que no la tenía. ¿Adivinen quién en realidad me estaba ofreciendo todo eso de una manera caótica, dolorosa y cobarde? Si, el mismísimo Javi. 

Cuando yo me enteré, estallé con Javier. Estalle con su amigo, al cual jamás le volví a dar un trato cálido por ese hecho. Y estalle además con mí propio amor, porque se le sumó una cantidad enorme de odio. 

Yo no estaba sola. Tenía una familia. Padres que me ayudaban. Tenía acceso a la de salud. Iba a terapia, estaba medicada y contenida, pero lo que me pasaba era algo innegable. Y necesitaba tiempo para sanarlo. Tiempo para levantar de cero una vida. 

No necesitaba que Javier mandara a un mensajero porque no tenía los huevos suficientes de decirme claramente: "no se qué carajo me pasa con vos pero te quiero ayudar aunque me odies". No, definitivamente, no necesitaba su divulgación. 

Recuerdo que en su momento él me dijo que lo había hecho porque quería estar atento a todas mis necesidades. Que a nuestro compañero le había pasado eso. Que no había sido nada con mala intención. Que no lo había hecho para lastimarme. 
Yo recuerdo que le dije que era un mala leche, un mal tipo, y que ojalá algún día se diera cuenta de que haciéndose el boludo con lo que sentía no iba a llegar a ningún lado; entre muchas otras cosas. 

Luego de ese episodio, que se dio en un agosto como hoy hace nueve años atrás, Javier y yo no hablamos más durante muchos meses. Él intentaba acercarse aún estando en pareja con Ella y yo lo ignoraba. Llego a mandarme mensajes para pasarme a buscar por mí casa, de camino a pasar a buscar a otro compañero para ir a nuestras actividades y yo no sé los contesté.  

Esos meses de silencio, con algunas pequeñas charlas por temas culturales, finalmente se convirtieron en años.  En muchos años. Casi en una década. 

III. 

Casi una década después, Javier volvió a mí vida. Me dijo que siempre había querido acostarse conmigo, estar conmigo, y que nunca se había animado. Dijo que todo lo que deseaba era no lastimarme. Que hizo todo con esa intención. Que sintió que me podía arruinar la vida, que no me podía dar lo que yo merecía, y se bajó.  Se corrió, más precisamente. Esa fue la palabra que usó. 

Diez años después yo ya no era ni por asomo la chica de 19 años que estaba pasando un mal momento. Había construido una vida. Tenía salud, trabajo, pareja, casi estaba recibida de Licenciada en Letras y había empezado a estudiar Ciencias Económicas. Tenía experiencias. Había podido salir adelante. 

Y Javier, se estaba hundiendo. Sus sobrinas estaban mal. Su familia estaba mal. Su trabajo era una fuente inagotable de estrés. Su relación de pareja solo era un adorno (por eso me había deseado durante casi una década) y todo lo que había soñado aparecía hundido en la mierda junto a él y sus frustraciones. Solo tenía dinero, pero además, una soledad terrible y un vacío que únicamente sabe hasta el día de hoy llenar con vino.  

Llego a decirme: "lo único que queria era estar acá tomándome este vino con vos". Y lo único que yo llegue a decirle, frente a ese mundo de Javier que encontré derrumbado en 2022, fue: "si necesitas hablar con alguien, podes contarme. Jamás se lo voy a contar a nadie". 

No, nunca conté a nadie lo que me dijo. No lo traicione como el me traicionó. Me quedé atravesada por lo mejor de ese pasado y al contrario cometí errores con personas que no lo merecían. 

Javier llego a decirme una vez, en 2022, que teníamos un secreto. Algo nuestro. Que no lo podía hablar con alguien más que no fuera yo, porque se trataba de lo que habíamos vivido. 

Yo le dije que no quería tener secretos con él. Por eso, jamás le di detalles de mí relación. Jamás le comparti mí vida. Jamás volví a ser ese ser humano asustado que conoció en 2014. Y jamás lo volverá a ver.  Lo que recordará de mí será algo sexual y una vez más el sabor de su propia cobardía. Todo lo que no se anima a tener por cagón. Una posición donde si me cruza lo puedo tratar con total libertad porque no tengo que tomar ninguna decisión y porque todo el peso de lo que lo carcome finalmente lo carga él. 

Mí venganza fue más sencilla: ponerlo de cara con todo lo que no puede decidir y lo que yo le hago parecer tan fácil solo para vengarme.  Hacerlo sentir un tonto por no poder hacer algo que en realidad no es sencillo. Decirle: "si vos te animas, dale", cuando tiene enormes conflictos conmigo y con animarse. 

Si, mí venganza fue más mental que concreta físicamente. Inclusive, ni yo me di cuenta lo lejos que llegué con el afán de justicia hasta que un día me vi en pelotas arriba suyo haciéndolo sentir un idiota por tener que explicarle cómo cogerme. 

Todo lo que hice hasta ahora, evidentemente, fue una manera letal pero silenciosa de decirle: "ahí tenés hijo de puta". 

Y parece que ahora me doy cuenta qué era esa furia y ese odio que yo sentía hacia el y no sabía de qué lugar profundo salía. Ahora entiendo por qué esa manera sorete de ser en muchos aspectos con el. Ahora entiendo por qué esa manía de ser forra. De molestarlo con las preguntas o los juicios morales. 

Es venganza. 

Si, la venganza no es siempre como en las películas pero es. 

Y creo que ya es momento de darlo por cobrado. A eso y a todo. 

Para empezar una nueva etapa en mí vida, parece que a este estúpido lo primero que deberé hacer es perdonarlo.  






El deseante compulsivo

 (2014) 

- Yo ya sé que vos tenés miedo, Javi. Y necesito que sepas algo muy importante sobre eso: yo también estoy asustada. Tengo miedo, si. Pero...no tenes que tener miedo conmigo ¿sabes? Nunca te voy a lastimar. Te lo prometo. ¿Vos me crees? 

- Si - dijo. 

Hoy sé lo mucho que habrán pesado esas palabras de amor total que le dediqué sabiendo la difícil situación que él estaba viviendo. 

- Entiendo que vos viviste muchas experiencias que quizá no fueron todas buenas y tenés miedo a sufrir y por eso crees lo que crees de la vida - argumenté- pero yo no te quiero lastimar. No quiero nada de vos que no sea una correspondencia lógica, si vos querés. Pero lastimarte... Nah. No sé cómo hacerlo. 

Mofé. 

- Te juro que, me lo pongo a pensar, y no se cómo. No sabría cómo porque cuando quiero mucho a alguien , y yo te quiero, yo solo quiero verlo bien - añadí. 

Estábamos en su casa, acostados en el sillón. Él me había invitado después de desplomar a su propia conciencia y yo, obviamente, había ido. Javier me dejaba confesar todo aquello que había guardado celosamente durante tantos meses. Y yo, con la parte de la historia que sabía, hacía a los 19 años lo que podía. 

(2023) 

Pienso, al conocer su lado de la historia, lo mucho que lo habrán afectado esas palabras. Pero pienso, entonces, por qué vino a mi vida a hacerme desear así, a ponerlo todo de cabeza. Por qué reculó y avanzó . Por qué dudó y ahora desapareció para dejar el mismo vacío de siempre. Por qué luego me atormenta con sus palabras.  ¿Para qué? 

Por suerte, al estar más grande, tengo otras herramientas hoy en día para lidiar con Javier y sus mambos. Entiendo que no tengo que entrar a esos lugares mentales porque me quitan años de vida y entiendo que no me tengo que remojar los pies en esa historia. Principalmente, porque estamos hablando de una persona que no es clara, sana mentalmente y que encuentra placer en no satisfacer sus propios deseos. 

A menudo creo que si fuera solo sexo lo que nos unió en todos estos años, no sería tan difícil todo para ninguno, pero cuando pienso que a Javier le da más placer no satisfacer su deseo (y seguir en el papel de víctima), antes que acostarse conmigo como me lo pidió tantas veces ... Digamos que me cierra la ecuación. 

¿Hay algo bueno?  Si, Javier hace dos meses que está quieto. Ubicado. Lo último durísimo fue la vez que me encontró en la calle y me dijo mil cosas volcánicas. Pero pasar, efectivamente, no paso más nada. Solamente, expresiones de deseo que lo único que hacían era dejar la puerta abierta, es decir, el deseo no satisfecho. 

¿Hay algo agridulce? 

Si. Lo que dijo: 

- No puedo viviiiiiiiir, por Dios... No puedo vivir con vos, baaasta - vociferó desde su auto. 

Se rió, despegó la cabeza del volante y me miró derretido.  Estaba espectacular ese nivel de descarga pero también fue letal escucharlo. Era como si me dijera "¿por qué existis? No quiero verte más". 

Y pensé que sigo siendo un poco esa chica de 19 años que Javier escuchaba en el sillón de su casa. Esa que siempre estaba a cinco minutos de meter el gol y nunca convertía. 

Pero también pienso que soy yo quien no puede vivir con el. Mí estructura mental me dice que los deseos están hechos para alcanzarse. Que no hay nada que equilibre más la química de nuestro cerebro que no sea vivir una vida lo más cercana a los deseos. 

Y Javier jamás hizo eso. Trabaja en un lugar que odia y en un rubro que atina siempre con dejar por lo tóxico que es (el puerto y él) y que no deja. Está en pareja con una persona que no considera como un par, que no trata como a una mujer que lo acompañó casi diez años, sino, como a una pariente. Para referirse a ella conmigo , usa su nombre. Jamás dice mi novia. Para referirse a la madre de ella, en un capítulo más de las desgracias que me ha contado, jamás dijo mí suegra. Dijo la mamá de X.  Solo dice que en algún momento pasaron buenos tiempos y que ahora es muy difícil todo. Que es buena. Pero no habla de pasión, de entrega, de complicidad, de chisme, de atracción y de vértigo, es decir, cosas muy lindas que también hacen a una pareja feliz.  Javier es un tipo que vive condicionado por todo lo que quiere cambiar, y no hace nada para que suceda. En el medio, solo se victimiza. Dice que está mal, que se siente mal, que el estrés, que el vino y que los pitufos... Pero... ¿y si haría algo, más allá de quejarse, sería tan dramático ese giro? 

Toda esta reflexión me mantiene en una normalidad hace dos meses. Hemos hablado pero siempre nos mantuvimos ubicados. Cosas de vecinos, simplemente y la verdad es que llegue a pensar: "qué locura, cómo puede aterrar y transformar tanto a alguien un sí". 

Sí. 

Esa era la respuesta a la pregunta de cómo se terminaba esto que me hacía desde abril del año pasado. Me hice tenga mala sangre pensando como hacía para demostrarle que no podíamos hacerlo, y le dije mil veces que no, que no se podía, que por favor comprendiera... Y resulta que le tenía que decir que sí para que desapareciera. Ese era su desafío. 

Diciendo que sí, sin hacer absolutamente nada más. Dejándolo que decida, es decir, lo que en ningún plano de su vida puede hacer. Así se solucionó todo. 

Porque nada peor hay para un deseador compulsivo como él que ver concedido su deseo. Y con todo en sus manos, las mías quedaron libres. Sin cuentas pendientes. 

Es lindo sentirse libre emocionalmente después de tanto tiempo. Realmente, lo necesitaba un montón. Ya había perdido demasiados años y tenía miedo de que en el afán de entender como manejarlo se me fuera la vida. 

Pero no se fue. 

Ojalá él no vuelva. 





martes, 22 de agosto de 2023

Diario de una multi: La niña que fui también llegó aquí

Cuánto cambió mi vida en todos estos años. Cuánto crecí. Cuánto avancé. Cuánto hice, aunque sea por dentro. Cuánto superé. Cuánto me sorprendió la vida con sus vueltas y sus propias tiradas. 

Eso me puse a pensar hoy mientras me arreglaba el pelo en el baño de la oficina.  Y lo pensé porque todavía me sigue causando extrañeza verme en ese lugar. Frente a ese espejo. Rodeada de toda esa gente. Con ese laburo. Formando parte de ese lugar. 

Y no es que crea que un laburo me va a cambiar el mundo, pero sí reconozco que es un lugar al que sigo intentando entender cómo llegué. Aunque lo importante sea haber llegado, precisamente, para aprovechar la oportunidad en medio de la marea de cansancio y el hecho capital de decir: "estás laburando en una multinacional con veintiocho años, tenés mucho para agradecer a la vida por esta oportunidad que te está dando". 

Creo que lo extraño es verme en el espejo y saber que pasé por tantas posibilidades de vida que ahora está me deja asombrada. Yo hace diez años me veía dando clases en un colegio, y ni por asomo se me hubiera pasado por la cabeza trabajar en una multinacional. 

Por eso, me miro al espejo y es como si viera a la pequeña que fui, llena de miedos, de inseguridad y de complejos, sostenida por la mujer que soy hoy y me sorprenda todo lo que logramos pese a las millones de dificultades que atravesamos en casi 30 años. 

Frente a semejante cambio es como si me mirara y conociendo todas mis debilidades mejor que nadie, solamente me dijera: "sí que le estás poniendo el pecho a todo esto, eh... Nuestra versión de ocho años no podría creer todo esto que logramos. Nuestra versión que se llevaba todo por delante y no podía mantener el equilibrio, jamás se creería que llegamos hasta acá. Soy muy afortunada". 

Y es eso, sí. No puedo evitar pensar en el camino andado. En todos estos años de construir y trabajar y pensar que mí vida iba para un lado, hasta llegar a un punto donde empezó a ir por otro y terminó por ser ese el camino. 

Recuerdo cuando en 2020 entre a la primera administración en la pyme donde laburaba pensando que se habían equivocado desde RRHH. Y pienso que gracias a esa oportunidad que no fue un error hoy estoy poniéndole muchos ovarios a un presente distinto. 

Las primeras dos semanas me la pasé acomplejada y comparandome con el resto. Gente de 40 años, en su gran mayoría o jóvenes cercanos a mí edad en otras áreas. Me sentía poco instruida. Vacia. Rara. Observada. Impostora. Pensaba como alguien me eligió si yo solamente sabía usar un sistema. 

II. 

Con el tiempo voy entiendo que, para la edad que tengo, me debo disfrutar de esto sin compararme con gente que me lleva más de una década. Que a mí me cueste mucho reconocer mis habilidades no quiere decir que no las tenga. Simplemente, quiere decir que las oculto porque me cuesta mucho bajar la exigencia conmigo misma. Y quiere decir que en este tipo de contextos la confianza que pueda tener en mí es un ordenamiento interno fundamental porque te ayuda a crear un criterio profesional. 

Y si, yo todavía no soy profesional, pero laboralmente trabajo dentro del área que estudio. Y además de materias y de logros laborales, el logro que más necesito es el logro del merecimiento interior. De la confianza sobre la sabiduría de la vida para tener está oportunidad. De sentirme merecedora de las cosas son sentir angustia o miedo a perderlo.  

Quizá dentro de una década, tengo conocimiento y destrezas como esa gente con la que me compare sin poder evitarlo. Quizá no, pero tengo otras virtudes. 

Pero también quiero valorar que ahora, con veintiocho años, tengo la oportunidad de trabajar en el tipo de lugar al que yo pensé que me iba tomar toda la carrera llegar.  Que tengo la oportunidad de darme cuenta si me gustan las multinacionales. Que tengo la oportunidad de rodearme de gente que sabe y labura en otros circuitos y puedo aprender cómo es que se manejan las estructuras muy grandes, habiendo estado en pymes, para ver dónde me siento más cómoda a futuro, en relación a sueldo/cultura de la organización. 

Creo que sería bueno por una vez ser mi amiga y no boicotearme. En una de esas lo tomo por costumbre y empiezo a cuidarme como se que cuidaría a esa niña de ocho años que mil veces sintió tanto miedo. A esa adolescente que sentía que nunca nadie la iba a mirar más allá de sus pies.  A esa mujer muy joven que se quería esconder de los otros por la vergüenza a ser vista, a ser considerada. 

Algunos de estos fantasmas nunca se fueron. Siempre una parte de mí quiere esconderse. Siempre una parte de mí tiene miedo de relucir. De que le vaya muy bien. Siempre una parte mía siente esa inseguridad con la que convivi desde que tengo uso de razón por ver qué físicamente me sentía diferente y me movía diferente. 

Hoy las secuelas de la prematurez no son el demonio, pero están. Y frente a cada cosa nueva que me pasa pienso en cómo se sentiría esa chica que yo era hace años, con ataques de ansiedad, que no se conocía tanto. Que estaba haciendo lo que podía para enfrentarse a su propia historia. 

Los capítulos del presente entrenan nuevos desafíos. Se trata de conseguir mí propia paz y mis propios logros. De ir jugando mis cartas. Despacito. A diario. 

Porque si, aunque parezca mentira, siempre hay otra parte mía que dice: "vos podes, dale, hacelo, la vida es una sola, dale, vos podes, vos podes, tenemos que estar bien, tenemos que estar bien". Y al mismo tiempo, esa parte lucha con la otra que está cagada en las patas. 

¿Si me encontrara con mí yo de hace veinte años, qué le diría? 

"No sabes las cosas falopa que te esperan. Te vas a quedar con la boca abierta, más de una vez, y vas a tener mucho para agradecer aunque ahora no lo sospeches. Ah, y vas a amar la lectura así que no la dejes". 


lunes, 21 de agosto de 2023

El silencio de vivir bien

El panorama en la actualidad es más o menos así: jugué todas mis cartas con Javier y lo que me resta es seguir adelante viviendo BIEN. 

Hace quince días quedamos en que él llegaba a hacerme el ofrecimiento una sola vez más y yo iba a aceptar. Y en quince días sólo recibí lo de siempre: una respuesta tibia, que patea todo para un futuro donde Javier va a ser un muerto con silencio obligatorio. ¿Qué decir de ese silencio? Prefiero no opinar nada y valorarlo por lo que es: silencio/calma.  Principalmente, porque yo no tengo ni deseos ni obligaciones de formar un espacio de habla con Javier, pero Javier venía mezclando demasiado la hacienda y eso me sacaba de mis casillas.   Pasaba de un recuento personal de sus dramas y justificaciones de algo que no le estoy pidiendo que decida - pero que se siente en la obligación, evidentemente- a (cito textual) decirme: "Voy a guardar una de las botellas que me compré para que la probemos juntos" cuando lo único que yo quiero de él es que se vaya para siempre aunque me duela  o bien, que me dé el gusto de hacer todo lo que hace diez años viene callándose.  

Sino, digo yo ¿a qué vino a la vida de una persona después de casi diez años de distancia y ni un solo comentario con doble sentido de mi parte?  ¿A tener sexo? Pues tengamos y listo. ¿A molestar? Ya no le queda tiempo para volver a herirme. ¿A sentir y no poder? Ya pasó ocho años haciendo eso. ¿A quedarse con las ganas de nuevo? En diez años él va a tener sesenta años y yo voy a tener casi cuarenta, voy a estar bárbara, realizada y seguramente casada con otro.  

¿Cuál es la novedad o la vuelta que yo no veo? Ésto es sexo, según él. Y yo estoy de acuerdo, lo tuve siempre claro. Él incluso me dijo que necesitaba tenerlo en claro para no confundirse y que bla.  Le insistí en que estaba claro y jamás me confundí con un planteo que no iba o con una escenita de nada. El sexo, es sexo. Es cara o seca. Algo que nosotros ya vivimos, que vivimos bien, que siempre me insistió en repetir, y que ahora que puede, no concreta. 

Pero aunque yo ya haya  jugado todas mis cartas, ésto no va a ser para siempre así. Javier en esta posición de "te quiero coger" y de no concretar, tiene fecha de vencimiento. Principalmente, porque quiero vivir en paz. Y vivir en paz es no deseando lo que no puedo hacer, o no perdiendo el tiempo con alguien que no me quiere, ni me va a querer, ni se va a animar (otra vez) ni siquiera a desnudarme después de haberlo vivido y haberlo - según sus palabras - recordado todo el tiempo. ¿Realmente quiere lo que tanto dice o sólo le gusta picantear? Para mí, es mejor no saber nada.  Vivir en paz consiste en prender fuego todos los caminos a Roma y empezar de cero con el contacto cero, o quizá, hasta -1. 

Como es sabido le dije durante mucho tiempo que no. Más de un año (de 2022 hasta ahora) diciéndole que no, a razón de una vez por mes, una vez cada tres semanas, una vez frente a cada estímulo, a cada sacudida. Fue para mí una época muy difícil, y me desgastó por completo. Me sacó las ganas de todo. Me convirtió en un ente atajador de los deseos del otro.  Pero esta etapa debe terminarse ya de la manera que sea: con sexo o sin él, pero con un horizonte claro. 

 Desde que ocurrió en 2022 con Javier pasamos temporadas de silencio largas pero también de contacto lleno de proposiciones idiotas, del suspenso como tiempo, de la espera como manera. Él dijo que siempre se contiene pero que sabe que algo se le escapará conmigo, que no lo puede evitar y que no puede manejarlo. Pero eso no es una respuesta válida para mí.  Nada, ni siquiera el deseo o las fantasías se alimentan del no saber, del por las dudas. 

Pero estoy empezando a creer que un no vínculo podría ser el alimento justo para sus síntomas: Javier es feliz no satisfaciendo sus deseos. Y yo, aunque me pese, soy uno de ellos. Por eso, insistía taaantas veces en mi no. Por eso, ahora corre con el sí y se calla y se mide, y me dice "después te cuento" cuando sé que no me va a contar ni del uno al diez.  Su satisfacción de no concretar, se alimentó a cada mensaje. A las idas y vueltas de un no vínculo que, sin embargo, ocupó tiempo y energía y afecto (y afectó, sí, también) durante muchísimos años en el pasado y que hace un año nos reencontró para aparentemente cerrar y no hizo  más que abrir un epílogo tardío e inútil. Porque no se animó antes y sigue sin animarse ahora. 

¿Qué hacer entonces? 

Archivar todo y mandar a cagar. 
Lo que me resta es seguir viviendo BIEN. 
Si pasa, pasará. Ya habrá estado escrito en algún lado que leeré y lo veré más adelante, cuando me vea en esa situación y sepa que intenté correr en vano porque ahí estoy.  
Y si no pasa, ni pasará, no pasará. Ni aquí ni ahora ni dentro de otros diez años. 

¿Hasta cuándo esa disyuntiva?  Hasta ayer.  Para mí no va a pasar y es un tema que ya estoy embalando. Apostaría una semana sin escribir nada. Así de segura estoy. 

Es doloroso pero necesario entender que el tipo que más amé no me quiere, ni siquiera, para tenerme de amante. 




sábado, 19 de agosto de 2023

Días en éste mundo

- Yo pensé  que me habías dejado de querer - le dije a Galeno - Y creo que era una locura cuestionarte eso. Por eso acompañé tu decisión. Además, sentí que yo no podía darte calidad en algunos aspectos en la ultima etapa y no te merecías eso. Pensé que quizá con una mujer más cerca tuyo, de tu edad, ibas a ser más feliz. 

- Nooo. Yo fui muy feliz con vos. Creo que no me expliqué bien en ese momento... pero no quería atarte emocionalmente. Quise que tengas otras oportunidades, aunque te extrañé y extrañé todo. Y creo que lo que no estuvo bien fue que lo decidí solo... Pero fue un gesto de profundo amor. Yo te veía y pensaba: "esta chica es una persona hermosa, es divina, qué hace acá?" La diferencia de edad empezó a pesar  - me dijo Galeno. 

- Sí, me di cuenta. Y por eso me fui también, porque la batalla del tiempo es una batalla perdida desde que nos conocimos. Pero bueno, me resultó más fácil pensar que me habías dejado de elegir a cualquier otra cosa. Y también pensé que como ya no me querías, lo mejor era que conocieras a alguien más...  Por eso nunca más te busqué. 

-Yo siempre te voy a querer - me dijo Galeno. 

- Yo también, eso es obvio. Pero si en algo nos basamos para separarnos fue que no quisimos ser egoístas ¿te diste cuenta de eso? 

- Hay una gran base de amor - dijo Galeno - Yo te voy a querer hasta que no esté más en este mundo - me aclaró. 

- Ay, no digas eso Galeno... O sea, yo sé que te vas a morir algún día y que quizá yo sigo viviendo pero no me quiero ni enterar. 

Galeno se rió. 

- ¿Por quéeee? 

- Porque me voy a quedar sola queriéndote y vos no vas a estar para saber eso - le dije - ¿O me vas a mandar iguanas desde el cielo? - le dije, en broma. 

Nos reímos de nuevo.  

- Pero ahora estás acá. Y estás bien. Me alegra que ya no estés triste. Yo también me siento mejor. Lloré por vos y llegué a pensar: "por suerte, estoy llorando porque quise mucho a un buen tipo que me cuidó siempre" y eso me ayudó a hacer el duelo con mucho cariño.  

- Yo estuve triste. Te extrañaba mucho. Y te extraño aún hoy. 

- Sí, me pasa lo mismo, compartimos mucho tiempo estando a la distancia y todo lo demás juntos... Siempre te mando lindos deseos, no te rías - le dije, riéndome. 

- Te creo - dijo. 

II. 

Con Galeno nos separamos en noviembre de 2022, en lo personal, un año muy turbulento a nivel relaciones. Ahora, estamos en agosto del 2023. Y es sanador pensar que en algún lado el amor que supimos construir no se perdió por los tópicos obvios. ¿Si es el mismo amor dentro del mismo vínculo? Lo dudo. Pero sí es el mismo cariño y la misma inmensidad.  

Le deseo lo mejor. Sólo quiero el bien para él. Y no hay nada que desee más que la vida sea generosa consigo. Sé que no fui todo lo perfecta consigo que me hubiera gustado, pero también sé que esa es una batalla personal donde Galeno fue solamente mi testigo. Sé que él no fue del todo prolijo muchas veces, pero sé también que lo perdoné y lo comprendí. 

Eso es también amor.  Lo imperfecto siendo más real y posible que cualquier otra cosa. Y esa también es la enseñanza que me dejó: que pese a todo lo que aprendí, que pese a lo tóxico que yo sentía que era y es el amor, hay gente que sí. 

Galeno fue en mi vida un hombre que sí. 

Ojalá podamos encontrarnos en el futuro, aunque sea a través de un chat, para contarnos que somos felices. Que existen nuevos otros para nosotros pero que el amor de todo lo que formamos juntos sigue en pie. 

Hasta nuestro último día en este mundo. 

Como me dijo que me va a querer y como yo lo voy a querer. 

jueves, 17 de agosto de 2023

Decidir es más

 Todavía recuerdo que la primera vez donde conseguí trabajo, Javier se puso contento y puso, a la vez, cara de culo. Yo tenía 19 años.  Ese trabajo era cuidando al hijo del Ingeniero y a éste no le parecía nada mal darme una mano, aún sin saber que estaba re contra corta de dinero en esos momentos.  Javier tampoco sabía que yo estaba corta de efectivo y tenía muy pocos ingresos por entonces.

 Nunca había tocado el tema de la diferencia en el poder adquisitivo de cada uno porque yo sabía que si deslizaba la más mínima cosa él iba a querer darme dinero y eso me ofendía. Tenía diecinueve años si, me faltaba experiencia en algunas cosas, pero desde entonces entendía que, si él me daba dinero, eso le iba a quitar transparencia a mis sentimientos dado que se podía prestar a confusiones. Ni qué decir sobre la idea de depender o deberle algo a alguien a quien lo único que quería darle mi amor.  Yo podía trabajar y trabajaba. Cuidaba al hijo del Ingeniero. Ayudaba con alguna cosa en su casa. Me trataban muy bien. Me pagaban muy bien y hasta me comparaban comida para que almorzáramos los dos mientras lo cuidaba. 

Sin embargo, cuando Javier lo supo noté que se puso contento y puso cara de culo.  Me dijo que no sabía, como si fuera mi deber contárselo, que yo necesitara trabajar. Es decir, empezar a trabajar y a estudiar siendo lo que el consideraba una persona demasiado joven, alguien chica. 

 Yo le dije que sí, que si bien mis papás me podían ayudar, necesitaba mi independencia a esa edad, aunque no le dije que mis papás me ayudaban con mucho sacrificio porque no estábamos bien económicamente en ese momento. Recuerdo que Javier se quedó callado cuando le hablé de independencia y me dijo que si yo quería él me podía conseguir un trabajo.  Lo miré fijamente y le dije que no, pese a que me hubiera hecho mucha falta, para salvaguardar mi libertad.  

II. 

Javier no insistió nunca más con el conseguirme empleo, porque notó mi reacción. Discutíamos cada vez que quería invitarme a tomar algo. Él se fastidiaba, yo me fastidiaba, y con el tiempo me terminé dando cuenta que con mi rebeldía propia de ser una joven de otra generación, invalidaba deseos de ayuda muy comunes en la suya. Javier se sentía inútil. Creía que no tenía nada para darme, en especial, cuando le rechazaba una invitación que no pudiera pagar, o bien, cuando me la pagaba yo misma. Se sentía poco agraciado, pero además, no entendía cómo se debía comportar según mis expectativas. Yo solamente esperaba que me amara. Eso. Y era una ecuación donde la plata no conformaba una variable de ajuste o de atención. 

III. 


Cuando nos reencontramos hace ya más de un año, en la conversación inicial, me preguntó por el trabajo. 

 - ¿Cómo venís? 

- Bien. 

- ¿Dónde estás ahora? 

- En un Estudio Contable, en Recoleta - le contesté, secamente. 

- ¿Cómo? 

- Es trabajo, Javi. Me extraña... - burlándome de él, lo miré. 

- No, ya sé, pero... ¿Qué hacés ahí, cómo llegaste? 

Mofé. 

- ¿Siempre vas a querer saber todo? 

- Sí, quiero saber cómo llegaste a trabajar con Contadores cuando vos sos del lado de Lengua - afirmó. 

- Porque me pasé de lado, y ahora, estudio Ciencias Económicas. 

Javier me miró atónico. 

- ¿En serio me decís? - me dijo. 

Asentí , con la cabeza. 

- ¿Y cuándo? Pero... ¿vos no estudiabas Letras? Yo no sabía que estudias esto, ahora. 

Suspiré. 

- Nadie lo sabe. Bah, lo sabe mi familia y mi pareja. Son mis personas de confianza. 

- Ah - dijo, nada más. 

Nos quedamos callados. 

- ¿Te puedo preguntar algo? - quiso saber. 

- Sí. 

- ¿Por qué cambiaste? A vos te gustaba mucho esa carrera.... Desde que te conozco vos amás los libros.  Te gusta mucho leer. Te gusta escribir. Querías enseñar, me acuerdo...  ¿Qué pasó? 

- La vida pasó, Javi. La vida quiso otra cosa para mí, básicamente. Estudiar Económicas fue un plan B y resulta que ahora es el plan A.  Cuando perdí el trabajo, el año pasado, yo ya había empezado a estudiar en la otra facultad mientras metía los últimos finales y cursaba alguna de las últimas de Letras... - relaté - En ese contexto de desempleo, salí a buscar trabajo con lo que tenía. 

- Entiendo, claro. ¿Y qué pasó? ¿No quisiste dar clases? ¿No te gusta ser profe? 

- No conseguí. Yo necesito un sueldo fijo, siendo sincera. No podía esperar que Letras me diera una suplencia de vez en cuando, principalmente, porque tampoco tenía un respaldo económico. Mi idea era trabajar de eso hasta recibirme, mientras ahorraba, y recién ahí ejercer. Pero se abrieron otros caminos... usé ahorros para mantenerme cuando me quedé sin laburo, cambié dólares, trabajé freelance y no paso nada con eso. Pasó con lo poco o mucho que tenía en Económicas. 

Javier se quedó callado. Con su escucha tan atenta. Casi como si te palpara el dolor por dentro, espejándote con la profundidad de sus propias emociones. 

- Si hay algo que vos sabés de mí, y sigue siendo así, es que yo no me rindo. Yo voy, lo intento mil veces, voy de nuevo... y sigo. Pero acá fue diferente. No se abrieron puertas como las que necesitaba. Y no es que no me guste, sino, que tengo otras necesidades. 

Javier me sonrió y asintió 

- Noooo, si yo no te conozco a vos - se carcajeó - Sos tremenda. Cabezona, vas ahí, buscás, buscás...   sos muy cabezona. 

- Bueno, fui mil veces ahí. Y también busqué con mi experiencia en contabilidad y mis estudios - le expliqué - y salió. 

- Pero... ¿te gusta eso a vos? ¿Te gusta más que la Literatura? 

- Nooo, Javi. ¿Cómo me va a gustar más? 

Él me miró con los ojos cálidos. 

- No hay nada en el mundo que yo ame más que los libros y la escritura. Eso nunca va a cambiar. Yo soy un libro con patas, ya lo sabemos... miro la vida a través de la literatura... pero bueno, también tengo que organizar una vida. No es solo mirar. Tengo que vivir

- Sí, pero... no cambies. No hagas cosas que no te gustan... mirame a mi, yo hice eso, y ahora no quiero trabajar más... Tengo cincuenta y pico y no quiero laburar más. Quiero hacer otra cosa, no sé, ponerme a hacer negocios en otro lado... 

- Sí, es que no es fácil. No fue fácil para mí tomar esta decisión... pero... a veces hay que apostar por lo que pasa y no quedarse deseando cosas que no sucederán -le confesé - Yo agradezco poder formar éste camino, aunque te parezca raro, porque es agradecer lo que sí pasó, lo que sí se dió, lo que sí tenés.  Con Letras, pese a que le ponía todo, no sucedía, no pasaba, no se daba.  ¿Qué hacés en esa situación? 

- No, claro, claro... - dijo - No lo puedo creer, eso es lo que pasa. ¿De qué te recibirías? 

- De Licenciada en Administración. O Contadora. No sé todavía. Estoy haciendo la rama común y decido más adelante. 

- Licenciada en Letras sos vos, de Letras - dijo, riéndose, y sacudiendo la cabeza - Cambiaste la vocación, en resumen, por el vil metal. 

- Va más allá del dinero.  Lo cambié porque no quise insistir más en donde no se abrían las puertas. Es casi energía, Javi. No sé cómo explicártelo. Tuve que empezar a mirar qué estaba pasando en otros sentidos, que sí se estaba dando.... porque estaban sucediendo cosas, se abrían puertas... ¿Eran las que yo esperaba? No.  Pero oportunidades  tuve. Dejé de pensar en la vida que yo imaginaba que iba a vivir, y nada... viví ésta, que es en definitiva la que está pasando. 

- Si algo te puedo decir es que con eso vas a estar bien. No vas a tener problemas y laburo vas a tener, seguro.  Pero... ¿Económicas? ¿Qué hacés ahí, vos? - se rió, y se rascó la barba desesperado. 

- ¿Intentar recibirme, te suena? - le pregunté, en tono de burla. 

Me miró pensativo. 

- Al final, sí te abriste conmigo - dijo. 

- No es un tema fácil para mí. 

- Pero ¿dejaste Letras? 

- Sí, por el momento, sí. 

- Noooooo, por favor, no la dejes. Seguila como puedas, pero no la dejes. Escuchame, no seas sonsa. 

Me reí. 

- No me da el cuerpo, Javi. Trabajo todo el día, viajo, voy a cursar a Económicas a la noche...  No puedo hacer dos carreras a la vez... No me da la cabeza, y no es que me subestime... Me excede. 

- Sí, ya sé... Ya lo sé - suspiró - ¿Pero no vas a volver? 

- Obvio que sí.  En cuanto organice otras cosas en mi vida, claro que voy a volver. A recibirme, básicamente, que no es poco. 

Javier me sonrió. 

- No sabés lo que luché por ese título, Javi. Voy a volver a buscarlo. Por mí y por esa lucha. Para mí, más allá de todo, como premio al esfuerzo. Porque el esfuerzo lo hice. Estudié años. ¿Como no lo voy a ir a buscar? Para eso también soy terca

- Obvio - dijo. 

Nos quedamos callados. Me miró con profundidad algunos instantes y bajó la vista. 

- Ésta es mi vida profesional, ahora... - comenté, ligeramente. 

- Ahora salís con tipos grandes, estudiás Economía, lo único que te importa es la plata, tomás vino, sos borracha, me hablás de bodegas,  me mentís.... - me burló.

- Sos un tarado - le dije, riéndome - Encima que te cuento y no tengo obligación de hablar con vos, me criticas. Maldito. 

- Mentira - dijo, con su voz suave - No te critico. Me gusta que hables así conmigo. Hacía mucho que no hablabas así y me contabas... Es una lástima que dejes Letras pero si, te entiendo. 

IV. 

Hace pocos días, Javier me hizo la misma pregunta. 

- ¿Cambiaste de trabajo? ¿Qué estás haciendo, donde estás ahora? 

- Si. Abandoné Comercio Exterior, Javi. Finalmente (...) Ahora estoy trabajando en Puerto Madero, en una Consultora. Es una multinacional que brinda asesoramiento (...) 

- Te felicito por haber dejado Comercio Exterior... Es por lejos la mejor decisión que podrías haber tomado. Te estás yendo para arriba, mira vos-dijo, risueño- Ahora trabajas en Puerto Madero, con gente importante, sos cheta, te rodeas de políticos ****... Muy bien - se rió. 

Me hizo reír. 

Le contesté con la verdad más allá de su broma y es que yo esté donde esté seguiré teniendo la misma esencia. 

Agradecí sus felicitaciones. Y nos despedimos sin tiroteos, por suerte. 

V. 

¿Por qué será que siempre sentí un dejo de menosprecio en Javier por la cuestión económica? No lo sé. Pero es algo con él en particular, que no me pasó con otros hombres en esa medida. 

Desde que lo conocí él trabajaba muy bien, si, pero como yo lo conocía por fuera no le daba importancia a eso. Hasta que un día, por esas cosas de la vida, terminé conociendo su oficina. Su trabajo. Y años después inclusive el mismo rubro. Y ahí entendí por qué me sentía en desventaja. Por que me sentía sin recursos económicos para ponerme a tiro. 

Y fue sencillamente por sentir que todo lo que tenía para darle no valía nada. Ni siquiera, estábamos parejos en lo económico. Y en ese momento y luego de muchos años,  me pareció como que me miraba con un dejo de lástima por mi situación. Y yo siempre sentí que no tenía tiempo suficiente para demostrarle que iba a lograr las cosas que anhelaba, aunque viniera de otra clase de lugar. Y mil veces sentí como que el tiempo no me daba bola para demostrarle , si, demostrarle que yo no era la niña indefensa que él pensaba. 

Hoy sé que valgo mucho, que no soy ninguna niña indefensa, que soy una mujer muy impulsiva en muchos casos porque me animé a cambiar de trabajo por el hecho capital de mí desaprovechar las oportunidades de la vida, en año de elecciones, etc. Es decir, algo que no tiene que ver con lo económico. Y que tiene que ver con las decisiones. Locas algunas. Muy intensas pero muy importantes para crecer. 

Javier siempre tuvo dinero, desde que lo conocí y siempre le costó hacerse cargo de su propia vida. Heredó los clientes de su papa. Hizo nuevos y pudo establecerse en un país volátil. Pero ese trabajo que le dio todo ese dinero al mismo tiempo le quitó el goce de vivir y su cobardía lo condenó a no exigir a la suerte algo diferente... Y eso también es una decisión. 

Hoy quizá ya no me mire raro si le hablo de trabajo. Yo se que solo necesitaba tiempo y agradezco mucho que la vida me haya permitido estar un poco mejor. Pero también se que yo no lo dejaría de mirar si algún día se quedara sin dinero. Que lo querría lo mismo. Que lo ayudaría. Que lo seguiría sonriendo como el tipo que me mueve raíces profundas. 

Esa es la diferencia entre nosotros. Lo amaría aunque no tuviera ni para cargar la Sube. Él en cambio se seguiría sintiendo pelotudo frente a mí, incapaz de decidir dejando siempre una puerta casi cerrada. 

Hoy que me dice que me voy para arriba, en broma, yo pienso lo bien que le hubiese venido a la chica de 19 años conocer el futuro y no sentirse menos. 

Menos es más. Decidir es más. 

miércoles, 16 de agosto de 2023

Diario de una multi: Sandwichs

 Mi madre, con el asunto de mí nuevo trabajo, está especialmente pendiente del asunto socioeconómico. Es decir, del hecho de que su hija se rodee de esa gente varias veces por semana hace que quiere influir en mí para ayudarme (sin malicia, lo sé) a pertenecer. Pero además, está pendiente de la ropa que llevo, o de la comida que me llevo porque (según infiero y me lo ha dicho) no quiere que quede mal en la oficina frente a los demas o pase vergüenza por alguna diferencia de clase. 

Sobre esto, reconozco que está siendo difícil adaptarme a lo socioeconómico del lugar. Básicamente, soy de otra clase social; me salva tener estudios en curso, experiencia y haber empezado a estudiar idiomas... pero lo mío es un futuro en formación. Y es un futuro que se construye desde un presente muy diferente, muy genuino y muy honesto. Viniendo de una familia de laburo, de sacrificio y de cultura del esfuerzo muy marcada. 

Y es claro que , desde ese lugar, mí mamá quiera que a mí las cosas no me cuesten lo mismo. Saben que está siendo difícil para mí. Lo he demostrado. Le he dicho a mí mamá que me acomplejan las diferencias, pero no porque no me sienta orgullosa de quién soy, sino, porque no quiero canjear los valores que tengo con los que llevo una vida más sencilla pero mucho más feliz. 

La mía es una vida sin máscaras. Tengo tan presente mis orígenes y el afán de mis padres porque tuviéramos mejores oportunidades que creo que eso fue lo que me dio la fuerza para llegar hasta acá y para adaptarme a todo este desafío hoy. Es mí Norte. Ese es mí verdadero motor. No es ir bien vestida o comer cosas sanitas para quedar bien con el grupo de acomplejadas de mis compañeras que no podían creer como tomo Coca Cola regular porque "tiene azúcar, igual sos flaquita"... 

La importancia de ocupar hoy este lugar es sencillamente poder acceder a mejores oportunidades. A otro circuito de laburo y a otro nivel de destrezas que me permitan un poco más de calidad de vida. Pero no implica cancelar veintiocho años de una vida por fingir ser alguien que no soy. 

De por si, nunca pude fingir nada. Ni loca lo intentaría ahora. Para eso, me siento vieja y cansada. 

II. 

Entiendo, no obstante eso, la voluntad de mí mama. No lo hace porque sea mala sino porque desde afuera puedan querer aliviarme el proceso. Mí papá también lo hizo , aunque fue con una charla y el espacio y un vino y nos terminamos cagando de risa... 

Pero este proceso es inevitable. Si algo tiene este trabajo en particular es mí inserción en un ámbito de trabajo prestigioso que abre puertas a todo un nuevo circuito.  Trabajar en lugares grandes también te hace notar que esa mayor estructura  implica un nivel más alto de profesionalización, que es más burocrático y que es extremadamente formal. Pero que además incluye a mucha gente que tiene otra calidad de vida y está acostumbrada a observar la vida desde otra posición. 

Hace a la cultura de la organización y a muchos de sus usos y costumbres el tema de que toda la gente sea gente con dinero. Por eso a mí me incomodan muchas cosas de sus costumbres y por eso en su inocencia mí madre cree que la incomodidad se soluciona yendo vestida con camisa todos los días, o bien, no llevándome para almorzar un sándwich de salame y queso (un manjar por otra parte). Pero yo la verdad es que si quiero sobrevivir reconfirmé que le tengo que poner mí acento a las cosas.  Y si, yo soy así. Y me gusta ser así. 

Me gusta no usar camisa por obligación. Que no me importe la moda. Me gusta muchas veces ser diferente si esa diferencia representa una honestidad conmigo misma. Me gusta hacer de la presencia algo más que el aspecto. Me interesa sentirme lo más cómoda que pueda.  Y lo que crean los demás, es algo que si bien en este momento está más presente porque es un ámbito nuevo, no me mueve de mis bases. 

¿Qué sería de mí si hiciera todo por obligación sin cuestionarme? Y, digamos que no sería yo por lo que se convertiría en una pérdida horrible. 

Para mí lo valioso en la gente no está en su ropa o en lo que come al mediodía. Por eso le expliqué a mí madre en una charla sintética pero dura que yo no iba a someter ningun matiz de mí personalidad por fingir ser alguien que no soy. A fin de cuentas, esto es una multinacional y no un convento. Le expliqué que si lo hacía eso me iba a traer consecuencias en mí salud mental y que no me interesaba en lo más mínimo lo que pensaran los otros de mí porque para mí el bienestar asociado al ser uno mismo era demasiado importante. Mí papá aplaudió. Yo me cargué los sandwichs en el tupper. 

III. 

El otro día, sin ir más lejos, salgo de mí oficina para ir hacia la máquina de café. Voy caminando sin prestar demasiada atención al tinchaje y a la platea milipilense , cuando de pronto me cruzo al dueño, que me mira para saludar. 

Lo miro y en un gesto automático sigo caminando hasta que lo reconozco y retrocedo levemente. Fueron segundos dónde mí cuerpo mando y mí mente asoció. 

El tipo en cuestión es un ex Ministro de Producción y Trabajo, que vino a saludarme el primer día en que ingresé al Departamento de Administración y Finanzas. Funcionario público en otra gestión de gobierno, se maneja en ligas que no me interesa conocer ni un poquito. Y creo que mí cuerpo hizo esa justicia. 

Hace unos días, además de todo este desparpajo, me hicieron firmar una acuerdo de confidencialidad. Así que aunque no pueda develar nada concreto, si puedo tener este segmento anónimo que me conecta conmigo misma.  Y donde no hace falta fingir nada. 

Las camisas de hecho eran mis prendas favoritas en el mundo. Ahora, las quiero usar cuando tenga ganas porque el rollo de la oficinista promedio se tiene que acabar algún día. 

Habrá que empezar a valorar a la gente por su intelecto y su capacidad. Conmigo, si intentarían valorarme por coqueta, o superficial, están un poco cagados. 


martes, 15 de agosto de 2023

Diario de una multi: Apuntes de una mujer agobiada

 Hoy cumplí una semana en el nuevo trabajo. De martes a martes.  Por momentos siento que todo está pasando tan rápido que una semana es muy poco y por la cantidad de información que tuve que asimilar una semana me resultaron quince días. 

Hoy mientras miraba los barcos con contenedores encima, desde el octavo piso, trataba de focalizar en el momento presente.  Un presente nuevo: sin comercio exterior y con Javier ya al corriente de mí abandono del rubro. Tanto que me felicitó por la decisión y me dijo que se alegraba de mí salida porque Aduana está en uno de sus peores momentos. ¿Siempre con buenas noticias? Si. Alentador como el solo, mí vecino. También me dijo que me había convertido en una cheta solo para molestarme.  Obviamente, me hizo reír. Creo que si en algún punto estuvimos siempre de acuerdo fue en la política. 

En cuanto al trabajo por momentos tengo la sensación de que la vida se me va a escapar ahí para cuando me de cuenta y me siento asfixiada. Oigo musica para pasar el día por suerte y eso lo permiten. Por otros momentos, cuando disfruto de la comodidad de las instalaciones o cuando mí trabajo fluye, esa sensación de asfixia disminuye y se me pasa la hora un poco más rápido.  Pero la hora de las cinco hasta las seis que salgo, es una pequeña muerte donde ya estoy con el cansancio de todas las horas previas y las ganas de llegar a mí casa lo más pronto posible. 

Es curioso pero estás situaciones nuevas me hacen necesitar el arte como quien necesita un salvavidas para poder soportar todo lo que eligió. El arte como quien realmente soy. El arte como lo que me hace bien y lo que realmente disfruto. 

Siento más ganas de escribir que nunca. Quiero volver a leer. A rodearme de cultura. A hacer con el poco tiempo libre que tengo cosas que realmente me hagan feliz. 

Porque , si tengo poco tiempo libre, menos que antes ¿por qué lo voy a invertir en llenarme de deberes cuando necesito espacios de placer? 

Este trabajo está siendo para mí un deber enorme. Y el arte debe hacerle frente al deber.  

Me voy a dormir. 



lunes, 14 de agosto de 2023

Escenario distópico

 Hoy me levanté angustiada. Los resultados de las elecciones de ayer me dejaron boquiabierta, siendo sincera. La parte buena es que por suerte pude trabajar desde casa y que me mentalicé de una manera particular porque la facturación en dólares fue imposible. La parte angustiante fue  saber que te despertas en un panorama de anormalidad y de incertidumbre muy groso donde estamos en un contexto país preocupante. 

Lo bueno es que fui al supermercado ayer. Tengo para unos días de víveres. Lo malo es que vengo de mucha ansiedad, de miedo y le sigo sumando ansiedad y miedo.  No puedo evitarlo porque me angustia y me angustia y no se qué hacer con todo esto. 

Hace una semana oficialmente que cambié de laburo. Hace un poco más que vengo muy ansiosa y hace una semana que vengo angustiada, ansiosa, como si me faltara regulación interior y cauce emocional.  Lo que me pasa, ya me di cuenta, es que tengo miedo. No sé muy bien a qué, creo que se conjugan varias cosas, pero que todas me generan presión en el pecho y una ansiedad que se dispara enseguida. Y eso no es normal en mí, porque por lo general no me sucedía hasta ahora. 

¿A qué me recuerda este sentido de amenaza? A cuando empecé la facultad. Me sentía ansiosa por el viaje. Me generaba ansiedad llegar tarde y me sentía débil. Cómo si algo fuera a explotar... Amenazada por el entorno. Y eso era por dos cosas: porque le había puesto demasiada expectativa a esa nueva etapa y porque esa expectativa desmesurada me estaba generando presión (y la presión, detonaba la ansiedad y la angustia). 

II. 

¿Qué me pasa ahora? Habría que reemplazar la palabra facultad por trabajo en una multinacional y tendría el mismo resultado. 

El viaje me pone ansiosa porque no quiero llegar tarde porque no quiero quedar mal. ¿Cuántas veces llegué tarde laburando en CABA durante años? Muy pocas. ¿Alguna vez me despidieron por eso? No.  Pero me tiene muy loca el tema y se que en realidad es sintomático de toda la presión que siento sobre la situación. Me genera angustia y me siento como detonada por este estado de ansiedad. Porque si, vivo lejos. Si, tengo largo viaje y si, no siempre tengo que llegar anticipadamente, pero eso no me puede pegar de semejante forma, entonces, algo más me está angustiando.  Ni qué decir que tendría que permitirme un margen más amable conmigo misma siendo que no soy Veinte Maravilla para controlar todo. 

Al margen del viaje, noto que a este cambio profesional le puse millones de expectativas y que eso me representa presión y me anula el goce. Idealice este tipo de empresas desde siempre, sin querer pertenecer a ellas y luego queriendo. Pensaba que esa gente trabajaba sin errores y que se había recibido y que por eso estaba ahí. Y una parte mía evidentemente lo sigue pensando porque la presión que siento con esto es enorme, como si me estuvieran haciendo un favor. Como si yo no mereciera ese lugar que aunque para otra persona no sea la gran cosa, yo lo veía como algo inalcanzable o alcanzable en un muy largo plazo. 

 Eso justamente creo que hace que viva en un estado de ansiedad , de asimilación, de miedo, de alerta y de nervios porque siento que en cualquier momento se van a dar cuenta que no se todo lo que debería saber para ocupar un puesto en una multinacional. Sumado a que en si el lugar es un lugar nuevo y una nueva experiencia, el miedo aumenta. Y si, es normal que aumente esa sensación porque ahora que lo voy enumerando digo: "son mis detonantes, están haciendo síntoma, me están diciendo algo"

Está sensación, que se conoce como el síndrome de la impostora, en este momento de mí vida, me cuadra totalmente y me está haciendo mierda. Hace una semana y media vengo luchando con el autosabotaje más fuerte que viví a nivel profesional y para colmo lo siento en un contexto donde tengo que confiar en mí muchísimo más que en ningún otro momento porque la recompensa puede ser mayor. 

Y no es algo que haya planificado o lo haga por ego. Veo que la gente que labura ahí es muy instruida y tiene mil títulos y me siento poca cosa en comparación. Siento que me van a descubrir y que me van a echar cuando se enteren que no soy tan buena. Y si, es exagerado lo que siento, porque es el síndrome de la impostora hablando, pero está bueno poder decirlo: yo no puedo creer todavía como tengo este trabajo. No sé qué hice para merecerlo porque para los parámetros que yo tenía de esto, es más de lo que imaginé. No sé por qué me tocó a mí cuando hay gente que lo busca mucho.  No sé si me lo merezco al final porque lo mío también tuvo mucho de destino (algún día lo explicaré mejor)... Pero acá estoy.  Y esa inseguridad interior es lo que me está haciendo pasar hace una semana y media momentos de angustia. De un autoboicot que hasta he hecho síntoma de formas feas, la verdad, que aunque no fueron un ataque de pánico por suerte, también han sido duras a nivel resto mental. 

Me cuesta sentirme merecedora de esta oportunidad que no todos tienen. Eso es. Eso es lo que me pasa. Por eso siento que le estoy robando el lugar a alguien que no existe, siento que se equivocaron, en yo no soy esa persona que creen que soy, con experiencia y dominio. Yo soy Veinte y me siento muy muy insegura hoy en día... Y al mismo tiempo, si, yo también estoy ahí. Soy yo, la misma chica, la misma persona, con este corazón y está mentalidad. Si que soy yo, en ese mundo de chetos. 

Me cuesta asumir y aceptar que yo, si, yo, la chica que estudio antes otra cosa, que eligió esto por miedo a morir de hambre, que ama los libros, que viene de una familia humilde y trabajadora, que se toma colectivos eternos y que siempre movió el traste para todo; haya sido elegida al igual que esas gentes con maestrías y titulos e idiomas y cargos.

 Me cuesta asimilar las oportunidades que tengo hoy en día después de trabajar tanto, porque nunca me fue tan bien y me da miedo.  Me cuesta mucho "creermela", aunque eso significa solo confiar mucho en mí, en una palabra.  Me da miedo finalmente tener un sueldo más que el mínimo como tuve siempre y poder saber que si, que me merezco vivir un poco mejor y que puedo cambiar la propia historia.

Pero también noto que me acostumbré tanto a luchar que me siento mal cuando algo es muy bueno y es como si tuviera que buscarle algo malo para recuperar el equilibrio.  Ahí entra el boicot. Y el menosprecio. Y el miedo. Y los nervios. Y dan como resultado que en un momento donde debería estar más contenta , este terriblemente exigente conmigo misma y para colmo te asustada con todo lo nuevo. 

Y no, no quiero seguir luchando contra esos patrones y dejar que me dominen los fantasmas de siempre. Quiero merecerlo. Sentirme feliz. Pensar que a la gente como yo (de familia trabajadora y de alma fuerte) también le pasan cosas buenas. Que la gente como yo, con papas que no terminaron el secundario, también puede llegar a trabajar a una multinacional. Que la educación pública , el esfuerzo , el trabajo y un poco de varita mágica , sí hacen posibles futuros diferentes. Que se puede tener vidas distintas y que uno merece esa mejoría generacional producto de tanto sacrificio y tanto trabajo. 

III. 

Si, es momento de cosechar. Y me da mucho miedo ver los frutos del esfuerzo que hice tantos años pero al mismo tiempo es todo lo que esperé. Y al mismo tiempo, me cuesta creer haber tenido esta oportunidad porque la re necesitaba. Y al mismo tiempo siento que debo algo a alguien porque eso se me dio, como si tuviera que disculparme. 

Mis papás han sido las únicas personas que vieron todo mí esfuerzo por años. Saben que yo necesitaba y buscaba una oportunidad de trabajo mejor. Y fueron los primeros en celebrar enormemente este logro. Porque eso es para ellos y ojalá pronto sea visto así por mí. Cómo algo para agradecer y de lo que no tener miedo. Se sienten orgullosos y me dan palabras de aliento y me ayudaron a seguir toda está semana de tanto revuelo emocional. 

Desearía asimilar el orgullo y la felicidad que sienten mis papás por mí, y no tener miedo de decirles que se terminó porque no se va a terminar nada. Porque en realidad cuando veo a mis papás tan orgullosos de esto, siento miedo de no poder sostenerlo pero a la vez me pone feliz que se sientan orgullosos porque ellos hicieron mucho por mí y esto es decirles de algún modo un gracias y un "su elección ha sido correcta". Y eso me llena de sentimientos encontrados otra vez. 

Nunca pensé que el progreso me fuera a dar tanto miedo, la verdad. No sé qué decisión hubiera tomado si sabía que me iba a sentir así, yo calculo que la misma porque ya tenía un poco de miedo pese a que no esperaba que creciera tanto.  Será que le puse tantas expectativas o será que es luchar contra el menosprecio interior lo que se juega acá. No sé. Pero se mezcla todo y como siempre la escritura me salva (mí terapeuta está de vacaciones justo estos días de tanto cambio) para que la angustia se vaya. 

Si algo de todo esto sale mal, yo lo intente y me la jugué. Si todo sale bien, habrá valido la pena pasarla mal como la estoy pasando y luchar por pasarla mejor como lo estoy haciendo. Le estoy poniendo mucha energía y ganas al presente. Si que lo intento. Y por eso  ruego a la vida que pronto sea más fácil, para poder apuntalar la fortaleza mental frente a la incertidumbre.

Se que todo esto es el comienzo de muchas cosas nuevas para mí y que tengo que acompañarme más que nunca. Principalmente, porque estoy superando todo lo que históricamente pensé que no iba a ser posible para una hija de un obrero y un ama de casa. Y lo que finalmente, es. 

Me emociona escribir esto porque yo amo a mí familia y amo mis orígenes. Amo quien soy y donde crecí y cada parte de mí historia es muy muy valiosa. Y me siento feliz de la oportunidad y si, también tengo miedo como es lógico de este salto hacia otra calidad de empleo, mucho más profesional. 

Se están juntando muchas cosas en mí vida, y voy procesando y luchando con muchos miedos y fantasmas que se me despertaron. Pero me alegra que en este texto muy privado y honesto haya podido ponerles nombre a algunas cosas. 

En días como hoy, solo quisiera que alguien me de un abrazo y me diga: "acá estoy, no se qué onda nada, pero acá estoy". Y después recuerdo que tengo a mí mamá , a mí papá, y a mí gatun que me acompañan en esto que tanto cagazo me da. 

Mañana me toca el trabajo en la oficina. Manden buenas vibras para este corazoncito que la está batallando con sus miedos más fachos y funestos 

✨🙏 


PD: Espero que quien esté leyendo esto, en relación al contexto general a nivel país, pueda haber encontrado un poquito de paz hoy y un poco de autocuidado.  De alguna manera, hay que estar entre nosotros. 


sábado, 12 de agosto de 2023

Vínculos infinitos

 Ayer me escribió Galeno. Desde el Dia del Padre, cuando me escribió y nos saludamos, que no hablábamos.  Me mandó un mensaje por una publicación de Instagram y me preguntó si había cambiado de trabajo. 

Lo saludé y le conté todo del presente. Le pregunté por su vida, si estaba bien y analizamos el panorama político como hacíamos antes, estando juntos, charlando de noticias o leyendo portales. 

Me dijo cosas que nunca me había dicho sobre por qué me dejó hace ya varios meses. "Me corri como un gesto de profundo amor", anunció, entre muchas más.  Me hizo llorar cuando empezamos a hablar del tema porque lo considero algo sensible, que me conecta con vivencias muy lindas y con un esquema de relación hermoso por lo sano. Pero que también implicó perder a alguien querido de esa otra manera. 

Dijo cosas que hace meses no pudo decir. Me explicó cómo se sentía y por qué tomo esa decisión. Yo le expliqué lo que pensé. Lo que sentí y lo que quise hacer en ese momento, es decir, darle la oportunidad de que conociera a otra persona con quién pudiera formar una relación distinta. 

Convinimos en que de todas las maneras que existen para separarnos, nosotros elegimos la mejor que pudimos. Y que no había necesidad de dejarnos de querer para poder elaborar está separación. Que era preferible seguir queriendo para también seguir adelante con un recuerdo positivo. 

Nos deseamos suerte. Nos mandamos felicidad. Nos reímos de las cosas buenas que pasamos juntos y volvimos a despedirnos. 

Él me dijo que me extraña. Que extraña cosas nuestras y solo de nosotros. Yo le dije que me pasa un poco eso a mí también. Muchas veces en estos meses extrañé a Galeno pero respeté el camino que había elegido. Obviamente que extrañé hablar consigo, reírnos de nuestras cosas y tener un vínculo tan cercano y bonito. Quise darle abrazos y preguntarle si estaba bien.  Porque jamás dejo de ser valioso aunque tocó entender que no podíamos seguir sosteniendo esas posiciones. 

Es raro pero él siempre fue mí vinculo seguro. El hombre con el que me siento más yo en el mundo y no me da miedo mostrarle eso. La persona que más vulnerable me vio y quien se abrió mucho conmigo. 

Nosotros no estamos juntos desde noviembre del 2022 pero Galeno sigue siendo una persona que quise de una manera distinta y que quiero ver bien toda la vida... Con quien me unió todo lo más genuino y dio un resultado intenso y maravilloso. Por eso siempre que escribe le respondo y le cuento y le pregunto por el. Porque me importa aunque no estemos juntos como pareja y porque quiero de corazón que sea feliz. 

Él me dice, como me dijo al poco tiempo de conocernos, y aunque hayan pasado cuatro años de esos tiempos, que me va a querer para siempre. 

Yo también le dije que, aunque no tengamos una relación ahora, lo seguía queriendo y que le deseaba lo mejor del mundo.