miércoles, 29 de noviembre de 2023

Un poco de todo

 Camino por el pasillo del hotel. Me anuncio en la recepción y le indico al chico de la entrada que voy camino a la 607. Le sacan una foto a mi documento y me dejan subir. Le explico que quien reservó ya ingresó y que yo soy la otra persona de la reserva. El pibe me parece matador en su belleza, lo admito, mientras subo en ascensor hasta la 607. Golpeo. No lo dudo ni un segundo, pese a lo que significa. Camino por el pasillo y golpeo la puerta como acto decisivo. 

- Pero quién rompe los huevos - respondió Galeno, haciéndome una broma. 

Lo primero que vi en Galeno después de un año, paradójicamente, fue la sonrisa. E inmediatamente me la contagió. 

- Yo, el servicio a la habitación, que te trajo agua y a una bonaerense - le respondí. 

- Pase, pase - dijo. 

Se rió. Di dos pasos dentro de la habitación y me abrazó. Con ese abrazo, siendo totalmente sincera, no sentí nada. NA-DA. 

- Hola, *** - me saludó, usando el apodo que solo el me dice. A diferencia de mi, que yo no lo llamo mas por su apodo, él lo usa como distintivo. 

- ¿Qué, no me ibas a dejar pasar, eh? - lo burlé. 

- Por supuesto que sí - dijo. 

Dejé mi mochila en el suelo, pasé rápido al baño  y me encaré frente a él. Me miraba y me sacaba charla mientras me seguía mirando. Sí, claro, Galeno me evaluaba un año después, notando que estoy más flaca, entre otras cosas. 

Lo que siguió fue una charla larga, que debo decir se dió con una fluidez inesperada. Parecía que lo había visto ayer, básicamente, y no porque habíamos chateado los últimos meses, sino, porque físicamente la cercanía y la familiaridad estaban todavía presentes. 

Galeno me preguntó si quería descansar y me aseguró que podía descalzarme si lo necesitaba. Noté que conoce detalles de mi e interpreta bien, cuando se le antoja, mis necesidades. Me descalcé y nos tiramos en la cama a hablar igual que hicimos la noche donde nos conocimos.  Ese momento es simbólico, principalmente, porque lo hicimos esa vez y no recuerdo que lo hayamos hecho alguna otra, a excepción de ésta. 

Me abrazó en la penumbra formada especialmente por el cortinado, bien cerrado, que llegaba al suelo. Suspiró largamente, como con gusto, y me acarició la frente. 

- Tu olor - musitó y desperdigó por sus manos los mechones de mi pelo, para liberar el olor a shampoo, jabón y perfume que me caracteriza. 

- Ojo, que vos también te perfumaste, eh. Éste es el que me gusta. 

- Sí, me acuerdo  - dijo, y me rascó la cabeza. 

No sentí lo que esperaba sentir y me di cuenta que el sábado se me iba a hacer largo si no lograba destrabar el mecanismo de mi mente

Si algo de diferente hubo en este encuentro, en relación a otros es que yo me encontré en una posición de desapego. Y desde ese desapego me encontré frente a un Galeno que lo dió todo desde el minuto uno, y conmigo misma, que no tuve un arranque espontáneo de amor. 

Jamás, después de que me dejó con la excusa de sentirse viejo, pensé que lo volvería a ver. Pero cuando lo abracé otra vez, y cuando lo escuché hablar de la época posterior a separarnos revelando parte de sus necesidades de ese momento, me encontré siendo testigo. Era como si hablara de alguien que no era yo, o más bien, con alguien que ya no es esa mujer de hace un año atrás.

Me sentía ida cuando me tocaba, mecanizando sus caricias o sus formas. Pensaba en un tema de Fito, en las palabras de mi psicóloga, en Javier, en cualquier cosa, menos en lo que estaba viviendo.  Galeno, la persona que me había despertado sensaciones maravillosas, mientras tenía sexo con la sombra de lo que fui, me hizo dar cuenta que tenía que aflojar o me tenía que ir sintiendo nada. 

Cerré los ojos, seguía sintiendo nada, mientras me tocaba y yo lo recompensaba en modo automático. No, en esa primera vuelta, no sentí rechazo, ni amor, ni atracción, ni enojo. Algo que es peor: nada. 

Me quedé mirándolo después de tener sexo. Él estaba radiante y yo estaba con una sensación de desconexión total. No me conectaba a la propuesta y el encuentro amenazaba con no tener sentido. 

Hasta que me hice la pregunta: ¿me quiero quedar o me quiero ir? Y mi mente dijo que se quería quedar y que quería ver si era cuestión de tiempo para conectar. Entonces, me quedé. 

Miré a Galeno profundamente. En serio, sin rencor o reproches porque ya no me importa de ese modo. Asumí que indudablemente lo quiero menos, mucho menos que entonces, y me decidí a darle lo que yo tengo para darle en este momento a él.  No sé si es mucho. No sé si es poco. No son las mejores épocas conmigo misma. Pero eso fue mucho más verdadero a no sentir nada de arranque y a sentir más con las horas y a asumir que conectamos desde otro lado, porque cada uno va por su lado... pero también, vamos un poco más cerca que con otras personas en el mundo. 

No sé si hice bien o hice mal. No son las mejores épocas con mis decisiones, con la seguridad, con el valor propio. Pero creo que lo mejor que pude hacer, y ofrecer, en este contexto personal, es estar cerca suyo. Es salir a comer, pasear, divertirnos sexualmente, charlar de política y no meterme en temas profundos. 

¿Cómo se le dice a alguien que lo querés menos que antes? Eso siento. Y al mismo tiempo, me es agradable su presencia. Siento que algo se desliza por la sombras y que ya me voy a dar cuenta de lo que me quiere decir. Y que si lo escribo, me voy a dar cuenta más rápido. 

En este capítulo de mi vida que se llama "la vida me dá paj*** cada día, el trabajo me quita el goce, odio a mi jefa, deseo que se mude de país como pasó con el otro, todas mis decisiones son una cagada y se me va a pasar la vida sin haber construído nada de lo que anhelo", la verdad es que estar con Galeno el finde me recordó que los seres humanos podemos sentir nada, o mucho, o poco, o menos, todo al mismo tiempo.  Y que la mierda del trabajo, de la vida, y de todo, no nos puede quitar el goce de estar en pie. De estar con otro, mirándolo, sintiéndolo cuando nos toca, apreciándolo porque está. 

Por suerte, con el paso de las horas me dí cuenta y eso cambió la perspectiva del encuentro. El final del sábado terminó siendo lindo, y así se mantuvo el resto de la visita. 





lunes, 27 de noviembre de 2023

El visitante

 Me pongo la ropa de la oficina. Rápido. Pienso mientras peino mí pelo mojado frente al espejo que me voy a maquillar rápido. Galeno, mientras tanto, está sentado en la cama, mirándome con intermitencia, esperándome para bajar a desayunar en el hotel. 

Pasamos el fin de semana juntos, después de un año sin vernos. Y llevando algunos meses de una charla normal para nosotros, sin que eso signifique para mí tener una relación. Nos contamos algunas cosas pero lo principal fue disfrutar de ese fin de semana con la única consigna del no mundo exterior. 

Así lo hicimos. 

No nos sacamos fotos. 

No dejamos recuerdos. 

No le hice promesas. 

No le puse expectativas a la nada. 

Al principio, obvio, me costó conectar con la imagen de un Galeno distinto, un poco más viejo, pero con las cosas que me gustaban de él aún presentes. Me costó sentir, involucrarme y me encontré muy desconectada cuando me tocaba o me proponía cosas que antes a mí me enloquecian. 

Evalué. Me di cuenta que era normal. Y cuando me relajé con eso, apareció el disfrute por el disfrute. El sentido del presente, del humor, etc. El entendernos son palabras. El reírnos de la gente del hotel, especulando para ver si escuchan nuestros ruidos.

Así y de a poco, me fui sumando a la propuesta de Galeno con un poco más de piel que la de una espectadora. Y de a poco, me permití disfrutar. 

Pienso que las primeras veces donde Galeno venía a verme para mí era una maravilla. Y pienso que ahora Galeno vino y se fue más de una vez, que no sé... Está presente pero no lo llevo conmigo de la misma forma.

Ojo: la pasé bien, elegí pasar consigo este fin de semana, elegí quedarme sin presión. Por un lado, Galeno es una persona con la que me gusta compartir lo que sea. Una charla, un mate, un encuentro, una cena, una cama para dormir o un programa de televisión. Por otro, yo se que no puedo compartir más que eso consigo. Y lo acepto y me permito disfrutar sin la estructura que en otros aspectos de mí vida sufro tanto. Pero lo acepto sabiendo que esto es así y no va a cambiar. Lo acepto con la certeza plena de que un día se va a acabar y lo disfruto mucho mientras puedo. 

Porque en realidad, en el fondo por mucho que me guste más que está dinámica, en el caso de enamorarme de alguien, iría a elegir la posibilidad del amor.  Si bien Galeno fue muy importante para mí y es el hombre que mejor me conoce, no sé si me enamoré de él. Lo quise mucho mucho pero el amor es tan distinto. Tanto. Que eso es justamente lo que me hace dudar.

Yo soy una persona que no quiere tener una relación seria hoy, pero que si la vida llega a cruzarme con alguien que me guste y me corresponda mañana y tenga esas intenciones, sé que es una responsabilidad que asumiría. 

Lo que sé es que, pase lo que pase, yo hice lo que tenía ganas de hacer. Y eso es un lindo lujo en la vida adulta. O al menos, lo es para mí, que no tengo espacio para el disfrute últimamente. 

sábado, 18 de noviembre de 2023

El vecino peronista II

- ¿Vos cuántos tenés? 

- Voy a cumplir 52. ¿Vos veinti...? 

- 28- le recordé. 

- Te llevo casi la edad que tenés - me dijo Javier. 

Diez años después, y después de haber tenido sexo conmigo como un desalmado, todavía se sigue preocupando por eso. 

- No es nada raro. La mayoría de los vecinos del barrio tienen tu edad - le dije, para despegar lo que ya estaba pegado. 

- ¿¿¿¿Vecinos????? - preguntó. 

Claro, el tipo está creído. Cree realmente que es una especie exótica en mí vida. Que es más que un vecino. Que es mucho más para mí que un tipo que vive a pocas cuadras en nuestro barrio bonito al sur del conurbano. 

- ¿Vos no sos segunda generación en el barrio? 

- Si. 

- Bueno, promedian tu edad nuestros vecinos de segunda generación - lo corté. 

Él, siempre que le digo que somos vecinos, me mira como si fuera una perversa. Pero es la verdad. Fue la persona que más quise, pero ahora, es un vecino. No es un amigo porque yo no me puedo mostrar con el como amiga. Tampoco es una pareja, porque tiene la suya. Mucho menos es un amante, porque jamás sería la amante de nadie y de él menos.  ¿Qué es lo único que compartimos? El barrio. 

Entonces, vecinos está muy bien. 

II. 

Hoy es el cumpleaños de Javier. Podría decir mil cosas del día pero estoy bien así. 

martes, 14 de noviembre de 2023

Diario de una multi: El sol de Puerto Madero

 Mientras camino por Puerto Madero en este mediodía soleado de noviembre, con mí almuerzo en la mano, pienso que aunque hago mucho esfuerzo tengo un enojo dentro que, en ese preciso momento, no me deja apreciar. 

Freno. Espero que corte el semáforo de camino a mí oficina, a pocos metros de los diques. Observo la arquitectura, el paisaje, el fresco que viene desde el río y me vuela el pelo.  Observo todo lo que hay además del enojo. La gente que sale de otras oficinas también a buscar almuerzo. Los que hacen ejercicio. Los turistas. Todos forman parte del paisaje de uno de los lugares mas cuidados de la ciudad. Me observan a mí también algunos hombres quizá pensando en mí como una de las tantas oficinistas ahí, que componen el paisaje y hacen de ese lugar precisamente un núcleo de oficinas. 

Avanzo con el cuerpo y logro frenar la mente. Observo asumiendo que pueden coexistir el enojo y la gratitud, y me digo, como si me hablara alguien que me quiere:  "no tenes de qué quejarte, podes estar enojada pero tenés salud, tenés trabajo, tenés una vida, una oportunidad. Tenés posibilidades, oportunidades, cosas que te pueden pasar todavía... Relaja, descansa todo lo que puedas". 

Y trato de ponerle la mejor actitud a lo que me queda de día. 

lunes, 13 de noviembre de 2023

Puntillismo

Esto debería ser una entrada de Diario de una multi, el segmento donde hablo de mí trabajo, pero estoy cansada y estresada por varias cosas así que vengo a hacer un poco de catarsis antes de irme a dormir para dejar de sacudir la chocolatada que tengo adentro de la cabeza. 

1. Detesto profundamente a mí jefa. Es una concheta despectiva, insoportable, que me trata bastante mal, y que no entiende un carajo pero que está muy subida al puesto de Gerente de Finanzas y de señora contadora. Espero que se vaya pronto. No hay otra manera para decirlo, ni para ser más diplomática. Ojalá que le salga algo millones de veces mejor y se vaya porque no hay punto de comparación con mí jefe de antes. Cómo extraño a ese tipo. Ahora estoy soportando a una inútil con una soberbia y una vida de privilegio que piensa que se puede hacer la jodida con todos. 

2. La situación laboral me tiene podrida. Estoy trabajando toneladas y en la multi parece que no alcanza. Es decir, que entre en un sector prendido fuego y solucionar eso es un chino con todos sus hermanos. Me siento mal por eso. Además, obviamente, sigo siendo nueva y por momentos me veo y digo: no puedo hacer todo tan mal. Pero... ¿lo haré realmente mal o estaré aprendiendo? A veces está gente no es tiempo a que uno se pueda responder esa pregunta sin destruirse el autoestima. 

3. Verlo a Javier. Eso. No hay remate. Podría decir mucho pero todos sabemos, todos, y yo en el fondo también, que nada hay por hacer consigo. El tipo no me quiere y no le importo como persona. Creo que jamás le importe. Y cuando lo veo, y veo como se pone, me frustra mucho. Me puebla la impotencia y la lástima.  Aunque me aleje es una situación que si bien manejo mejor, y con la que me he enfrentado muchas veces, cada vez con más confianza en un sentido, no logro que deje de dolerme. Hoy en día tratar a Javier no es difícil por lo que lo era hace diez años, más bien, es difícil por todo lo que parece no ser así hace diez años. 

4. Galeno, que me avisa que viene a Buenos Aires a fin de mes y quiere verme. Tampoco hay remate. 

5. Este mes me senté a hacer un presupuesto real de todos mis gastos fijos y variables y me doy cuenta que necesito 6 trabajos más para poder hacerle frente a la inflación solamente en alimentos. Me desespera pensar como haré para ahorrar para independizarme en un contexto inflacionario como este, donde cada vez gasto más en comida, compras para toda mí casa, en gastos corrientes como celular, etc. 

Si, hoy no fue un día fácil. Estoy cansada. Me siento triste, como vencida. 

Ya vendrá el tono de lucha que siempre me marca el ritmo. Hoy no. Hoy me permito estar triste, cansada, frustrada, enojada y sentirme desvalida por todo. 

Pasará. 

Volveré a sentirme capaz de correr la barrera del miedo, como siempre, para por lo menos seguir intentando. 

domingo, 12 de noviembre de 2023

Ciudad de pobres corazones

En la madrugada del sábado soñé con Javier. Desde la última vez, donde tuve un sueño consigo lo bastante revelador para los objetivos terapéuticos, que no aparecía en el inconciente. 

En el sueño, Javier estaba esperándome en la mesa de un bar. Me había dicho que había reservado una habitación en un hotel y podía verlo de lejos sentado en una mesa, con una remera negra.  Lo único que podía sentir al ver aquella imagen era que Javier estaba esperando y que yo no iba a ir. Yo ya sabía, mientras lo miraba, que no iba a ir. 

Difusamente, en mí sueño, aparecía la idea de que Galeno me había dicho que venía a Buenos Aires y que yo no sabía qué decir cuando me dijo que quería verme. Después, la niebla lo borraba todo. A Javier en el café, a su imagen y a la voz en off que me contaba el sueño como si no fuera mío. 

Cuando me desperté ayer por la mañana, sentí que iba a tener noticias de Javier pronto, era como si estuviera su energía en el aire y yo no pudiera hacer nada más que esperar. Principalmente, porque cuando siento eso, que no me pasa con ninguna otra persona en el mundo, no puedo explicarlo racionalmente...  pero pasa.  

Javier, asimismo, un día hace diez años, me dijo: "cuando vos entras a un lugar, para mí, es lugar cambia. Cuando estás por llegar a un lugar, me pongo ansioso, es como si te presintiera. Me pongo inquieto, no se, es raro, y después de cinco minutos te veo entrar... y digo ah era por eso. No sé. Eso me pasa". 

Le contesté que a mí me pasaba exactamente lo mismo. 

II. 

Temprano, ayer sábado, luego de ese sueño, me alisté para ir a hacerme los pies. Salí de hacerme los pies y preferí volver directo a la zona céntrica. Una vez que volví directo a la zona céntrica, tomé el colectivo que me deja a dos cuadras de mí casa. 

En el trayecto hacia mí casa, el colectivo chocó con un auto. Se armó una especie de discusión así que decidí bajarme y continuar caminando hasta mi casa para evitarme malos tragos. De camino, por el calor, frené en el supermercado del barrio para comprar una Coca-Cola fresquita.  Sin dudas, si el viaje en el colectivo hubiera sido normal, yo hubiera ido al otro supermercado que me quedaba más cerca del punto donde me bajo. Pero desde la perspectiva que había tomado ahora el paseo, el otro supermercado me quedaba más cerca. 

Agarré una Coca-Cola. Me detuve a mirar galletitas. Me quite los auriculares para anular el ruido y contesté un audio de mí mamá. 

- ¿Qué estás haciendo, buscando galletitas? - me susurraron desde atrás.

Me di vuelta, reconociendo la voz. 

Javier estaba ahí. Su voz me había convocado. Estaba ahí con su semblante, sus pelos mojados, recién bañado, su remera azul, su cara de cansado, sus arrugas, sus pelos de la barba, sus canas, sus novedades que en realidad no son nuevas para mí si sigo teniendo estos sueños. Su cara de tipo vencido que le pone onda cuando nos vemos pero que no deja de ser el tipito vencido. 

III.

Lo primero que noto de él es que tiene el pelo mojado. Pienso lo atractivo que es el malnacido este con el pelo mojado. Después, noto que tiene la cara algo hinchada y que tiene el semblante de alguien medicado. No podría definirlo de otra manera pero parece que acaba de mandarse un caudal de pastillas. Se acerca y en la estrechez de la góndola me saluda con un beso. Confirmo, está recién bañado. 

- Ay, hola Javi - le digo - ¿Cómo andas, todo bien? 

Me quedo en la fila con él para hablar de forma circunstancial. El poco espacio en la góndola me asfixia y noto que Javier se pone inquieto. No deja de tocarse el pelo, de hacer micromovimientos, de rascarse.  

- Acá ando, si. Con unas semanas tremendas... 

- Sí - le digo, valorativamente pero sin maldad- Se te nota en la cara. Tenés cara de... 

- Hecho mierda. Seguro me ves hecho mierda. Estoy hecho mierda de la muela. 

- No, cara de cansado tenés. ¿Qué pasó? Si, te noto como si estuvieras medicado. ¿Estás bien? 

- Me arranqué una muela. Se me infectó. Tengo toda esta zona inflamada. Los tendones de acá. No puedo más, no sabes lo que es. 

- Ay, boludo, qué dolor. ¿Pero cómo te pudiste arrancar un diente, Javi?

- No me di cuenta. Estaba dormido. Tengo bruxismo, yo y apreté demasiado, al punto de sacarmelaCuando me desperté del dolor, me di cuenta. Ya estoy en tratamiento con antibióticos para la infección y bajando la ondlama. Sobredosis de analgésico tengo. 

Se rió y se agarró la cara. 

- Claro, fue una superposición de cosas... 

- No, no sabes las semanas que vengo teniendo. Necesito que esté año termine ya. 

"¿Para qué? Si el problema no es el año, es tu vida...", pensé. 

Me reí por cortesía. 

Siguió contándome que estaba comprando comida para ir a ver al amigo del secundario, que yo conozco también, porque aparentemente habían observado signos de cáncer. 

- Si, lo conozco. Lo he visto en tu casa. Pobre tipo. Haces bien en estar con él. Debe estar triste. 

- Si, está re deprimido. Me llamo ***, para que vayamos porque me comentó que lo encontró muy mal. Así que voy a ir a comer asado en este estado, no tengo idea de cómo voy a comer - se carcajeo con dolor - Ay, es hermoso todo esto. 

Puso una mano sobre la góndola. Simbólicamente estaba inclinando su cuerpo sobre el mío. Y yo notaba que mí cuerpo me pasaba todas sus facturas por esa cercanía. Alrededor, teníamos toda la gente de una fila que se había formado.  Yo por suerte estaba controlada pero el supermercado parecía venirse encima de mí cuerpo, aunque el que se veía encima y me ondeaba con su bruma no era más que él

- Tenés que ir. Igual, Javi, me encanta porque estás con una racha hermosa. Cuando te bañes, hacerte una limpieza, algo más espiritual boludo... Cuánta carga, de verdad. 

Se rió. 

- Con vinagre, si, te juro.... 

- Con sal gruesa, vinagre, mándale todo. Va a pasar
 
Nos reímos. 

- ¿Y vos?  - me preguntó. 

- Acá ando. Sobreviviendo al aspecto social, económico de mí trabajo, más que al trabajo en si. Ideológicamente me mata por momentos y más en año de elecciones. ¿Me crees si te digo que el miércoles tuve un after con el ex funcionario y el resto del equipo, obviamente, que te cuentan el presente como parte del visto bueno? 

Javier se rió y sacudió la cabeza. Yo mofé. 

- Todo muy top, Javi. El viejo ahí con camisita blanca, lentes de sol, en una terraza, como si nada... Y yo ahí, fingiendo. 

Javier se rió más. 

- ¿Tomaste vino? 

- No. No había nada. Tomé gin y aperol. Un aliciente. 

Sonrió. 

- Si vos vieras a los economistas, todos rígidos, tomaron igual. Me miraban tipo "está chica al final no solo que habla sino que toma" - lo burle. 

Javier se rió de nuevo y se agarró la cara. 

- Ahora voy a ir a comprar uno que se llama ****. Te lo recomiendo a ese, lo tenés que tomar. 

- Dale. Anoto. Bueno, Javi. Bueno, te dejo. Cuidate, recuperate. Y toma analgésicos, que te va a ayudar.

- Gracias. Si. Espero - suspiró - Después hablamos. 

Me saludo con otro beso en la mejilla , de esos que lo anticipan en sus ganas de comerme, pese a estar con la mandíbula colgando, y lo despedí. 

La verdad es que maneje bien la situación. Me fui a tiempo. Y tuvimos una charla súper normal de vecinos que intercambian noticias. 

Yo creo que nadie en ese supermercado se dio cuenta que nos hemos comido como dos salvajes. Tampoco creo que nadie más que nosotros sabe que la última vez que hablamos él me invitó a su oficina y yo le dije que no. Y oh casualidad que dormido, de tanto apretar los dientes por la vida, pierde la compostura y las muelas. 

jueves, 9 de noviembre de 2023

¿Eh?

Ha sido una semana muy intensa, estresante. Surgió un tema grande en mí trabajo, algo que me pasó por nueva, y lo estoy solucionando con esfuerzo, pero no venía fácil hasta ahora. Desde el lunes, fue un chino que sigo resolviendo como puedo, porque mí jefa entiende menos que yo del tema y del sistema, aunque gane diez veces más. El resto fue reunión de control de fin de mes en la oficina, mucho trabajo de pagos, una semana donde me costó trabajar por la dificultad sostenida.  

Además de un after office para festejar la proyección y la repercusión de un eventazo institucional que se dió la semana anterior y si, donde estuvo todo el staff. Además de viajar e ir y venir al centro tres días seguidos y pensar como organizarme para pagar las cuentas. 

¿Qué decir, no? Cómo es de esperarse, es una semana donde lo único que me importa es comer, dormir, bañarme y sostenerme mentalmente, dándome todo el cuidado. 

Una semana donde si algo no me esperaba, pero para nada, era que Galeno me mandara un mensaje avisándome que en unas semanas viene a Buenos Aires. Y quiere verme. 

II. 

Cuando me preguntó si había chance de juntarnos le dije que si, porque es una persona con la que nos debemos una charla profunda. Real. Pero también fue la primera vez en años donde  pregunté por qué se le había ocurrido venir y por qué la invitación.  Fue como si su viaje no tuviera ningún sentido y como si fuera algo raro para mí. Es que... Yo no quiero admitirlo pero hace tres meses que venimos hablando y de mí lado no puse nada. 

Solamente le seguí la corriente, la charla, le respondí y obvio que es poner algo. Pero no aposté nada. Empecé a pensar en Galeno como alguien que estaba lejos y me hablaba porque estaba solo y a quien yo le contestaba porque obvio que lo aprecio, pero más obvio aún que yo no apuesto nada más por él. 

Y esto me pega como una piña porque me hace caer en cuenta de todo. Implica destinar tiempo. Energía. Organizar agenda. Y la verdad es que yo aprecio a Galeno pero no quiero correr por nadie. El ya no me representa lo mismo, no me entusiasma de la misma manera, ni es tan importante para mí. Y creo que si pienso en un último encuentro como posibilidad es para despedirme para siempre. Para hacerlo bien, cara a cara. Es decir, lo que no tuvo el valor el de hacer cuando me dejó hace un año. 

¿A qué viene un año después? ¿A disculparse? ¿A decirme que no se siente tan viejo? Me cansó todo eso. Y por eso yo jamás le conté nada de todas las otras cosas que me pasan en el orden de los deseos. Porque se daría cuenta que el tema de la edad no es, el tema es del deseo. 

 Hace meses veníamos en contacto pero yo admito que lo tenía en un plano muy secundario, en una tercera liga. Era para mí un pasatiempo la charla. No sé, algo con lo que distraerme. A veces un amigo. A veces un chongo. Otras veces un ex. Todo según el tema y el caso.  Pero sin duda, nada que ver con lo que para mí significaba él hace un año. 

III. 

Hace un año, recuerdo que todo lo estaba poniendo yo. El tapado de trabajo y desconectado, dijo que se replanteo nuestra relación. No la diferencia de edad sino las diferencias conmigo. Y me dejó, es decir, que se eligió. 

 Hoy, parece joda pero todo el esfuerzo lo hizo y no lo había notado. Y esto, fue el mazazo que me despertó de la nebulosa donde estuve parada

Q¿Eh? Eso pensé cuando leí el mensaje. 

¿Una semana en paz, sería mucho pedir? 

Digo, una semana donde esté tranqui en el trabajo, donde todo se de fluidamente, donde nadie venga con mensajes falopas, donde no me me encuentre a Javier y me quiera comer viva (como me pasó hace un mes) o donde no me mande mensajes diciéndome todo lo que me quiere hacer y yo lo mande a tirar su celular al río (como paso hace tres semanas). Una semana donde pueda sentir un poco más de control en mí trabajo, donde realmente pueda disfrutar algo; digo, algo así. 

Una semana normal. Eso quiero. 

miércoles, 8 de noviembre de 2023

Diario de una multi: Un chongazo

 Hoy me pasó algo cómico. En la oficina, al contar con modalidad híbrida, no termino de conocer a toda la gente. En los meses que llevo allí, hasta hoy mismo,  sigo conociendo personas. 

Y hoy me tocó conocer al que yo en mí mente denominé "el chongazo de la oficina". Es decir, un tipo que es el tipo de flaco que me gustan, simpático, con una sonrisa matadora y que aunque sea Economista (como todo el resto de mis compañeros) se llevó mí aprobación estética. 

Al mediodía entro a mí oficina para pedirle algo al Gerente. Me saludo y se presentó. Creo que no nos vimos, me dijo, y yo pensé que definitivamente no lo había visto.  

En la multinacional hay tanto hombre de clase alta que parecen ya figuritas de cartón. Este, viene a romper ese patrón. Voy a recrear mis ojitos con algo más que cuentas corrientes tan solo como deporte. 



viernes, 3 de noviembre de 2023

La resolución

 El no ser como las demás mujeres que busca. El ser la complicada en el diagrama. El ser rebelde, intensa, contestadora, combativa, revolucionaria (como solía decirme), hoy llego a la conclusión de que fue lo único que sostuvo la insistencia de Javier. Porque además, sostuvo el desafío. 

Después de la charla de tres horas, donde le jugué de igual a igual los puntos, entendí la posición en la que fui cayendo dentro de su mapa.  Y es la posición de lo incalificable, del desafío que lo convoca y que quiere ganar a los 52 años que cumple dentro de poco. Un desafío donde yo le digo que no, que no quiero tener nada que ver para no tener problemas, y él me responde estupideces del estilo: "tarde o temprano va a pasar", "hasta el próximo encuentro", etc. 

Estás frases poco tienen de inocencia o conquista. Son frases machistas. Frases que no están considerando mí voluntad, más allá del deseo que siento, que es la de no tener problemas. Frases que además creen tener superioridad o influencia sobre una decisión que yo ya tomé hace mucho tiempo y que lo que hago es sostener.  

Además, ¿quién se cree que es para pensar que yo voy a ajustarme o volverme loca por él y por la mierda que está ofreciendo? Digo, no es un gran tipo. No tiene valores extraordinarios. No cuida a la pareja. No es más que el resto de los tipos que puedo encontrar en el planeta, no se destaca en nada, no tiene ambiciones. Tampoco valor de cambiar lo que no le gusta.  ¿Desde que lugar cree que puede valer que yo me meta en líos, me amargue, la pase mal, etc? 

Es como si no supiera como tratarme porque siempre trato a las mujeres de otra manera. Siempre fue el simbólicamente superior. Siempre estuvo por arriba en algo con sus otras mujeres. Siempre accedió a tener relaciones con un tipo de mujer que acepto sin cuestionar el tipo de vida que ofrecía con carencias emocionales incluidas.  Siempre se centro en llevar a su corriente a las mujeres de su lado y no dejar que la corriente sea común. Elige personas que no se destacan demasiado en lo que hacen, que no tienen grandes carreras profesionales, que no sueñan con cosas más allá de si se cumplen o no. Elige gente que no tiene una pulsión de vida tan para afuera, por ejemplo, cuando sueña para su vida cosas lindas, porque eso implica mover una energía y un deseo que él jamás tendrá. 

Y precisamente por toooodo eso, conmigo tiene los temas que tiene. Porque yo no acepto bajo ningún punto de vista sus propuestas, porque ambos sabemos que  no soy inferior a él y que en mil aspectos soy mejor. Porque me le rio en la cara con sus argumentos de 1810. Porque yo no voy a ser la trola, y lo sabe. Tampoco la sumisa, y lo sabe. Y sin embargo, por todo eso que sabe, quiere ganar. 

Así las cosas que cuando le dije que no, era lo peor que le podía decir. Así las cosas que cuando le dije "dale, si, cuando quieras", desapareció. Es decir, se comió todo ese papel de superado, de macho argentino, y se asustó. Es decir, reconoció que no podía tratarme como trata al resto de las mujeres y huyo.

Lo bueno de todo esto es que las posiciones hoy en día están más claras que nunca. Javier siempre va a querer ganarme. Gozar solamente porque yo le diga que si, por sentir que domina, que me influye, que tiene poder sobre lo que hago. Porque con ese si cree que puede hacer lo que hace con otras, conmigo también.   Pero yo jamás me voy a dejar ganar. 

¿Un ejemplo? La noche donde nosotros nos encontramos en 2022 y paso lo sabido, me dijo: "vení así nomás". Y yo fui, porque quería ir obviamente, pero no fui "así nomás". Yo me vestí como si fuera a cualquier otro lado y me perfume como hago siempre y me ocupe de mí como hago siempre y no lo hice por el sino que lo hice por mí.  Cuando llegué a la casa de Javier esa noche, lo primero que me dijo fue: "te pintaste". Claro, a esa oración le faltó una parte: "te pintaste, (y yo te dije que vengas así nomás)". ¿Qué le respondí yo? "Obvio que me maquillaje, no estás con el 5 de Defensa y Justicia". 

Y no. No estuvo con la sumisa que él esperaba estar. Sino que estuvo con la mina que le jugó de igual a igual la batalla. Con la mina que tuvo que ajustarse él y adaptarse él a lo que yo quise o no quise. 

Y si. Después de eso, se desató una insistencia que viene hace más de un año y medio y que a mí ya me da bastante igual porque entendí el sentido en todo eso. 

Si le digo que no, detona y me insiste o se hace el piola. 

Si le digo que si, desaparece y vuelve y cree que el si sigue vigente para cuando el quiere. 

Así que si le digo "vemos en el momento", como le dije ahora, el desafío se cancela. Él cree lo que quiere y yo hago lo que quiero, viviendo en paz. 

II. 

Más de una vez pensé que lo que realmente quiere Javier es destruir de mí la rebeldía, el brillo, el carácter, la fuerza. Eso que soy yo por dentro y que cuando se trata de muchas cosas pongo enseguida a jugar. Que eso lo atrae pero además lo interpela y que en el fondo no se si le gusta tanto en si mismo o si le gusta para hacerlo desaparecer. 

Hoy me doy cuenta que si pretende quitarme algo de todo eso que me hace ser quien soy, está arruinado. Lo hizo hace diez años, lo intentó hacer de nuevo y me mantuve de pie. Y aunque lo siga haciendo siempre y siga pensando en su fantasía que mí si es eterno, el único sí eterno es el que tengo conmigo misma hasta el día en que me muera. 

Los demás si, son todos sujetos a modificaciones.