jueves, 31 de agosto de 2017

El Licenciado


I

Entra con su café espumoso, se sienta y, casi sin pausa, saca de su mochila repleta casi dos pilones de hojas, breves, algunas oficio y otras numero tres. Mientras con una mano sostiene una lapicera roja, semejante a alguna maza apuntando hacia la cabeza de un alumno potencial, con la otra, se sostiene el semblante. No se, de hecho, por que se aferra a su propia cara como si necesitara sostenérsela, previamente al derrumbe de su animo y la exaltación de un cansancio que, ya a esa altura, es mas que evidente. Pero lo que si se que lo estoy mirando mucho, sin embargo, no puedo evitarlo, no quiero evitarlo, porque no aúna en mi ningún tipo de sentimiento culposo a la altura del pecho. Tengo ojos y en el auge de su utilización, se alejan hacia El Licenciado con una especie de curiosidad científica, por aquel ejemplar humano. 

II 

Determinante, traza diagonales en rojo, sobre el revés de muchas hojas. Examanes fallidos, me digo yo, mientras conozco esos trazos de las épocas de colegio y, a la vez, se que los conoceré mejor aun, el día que tenga que hacer los propios. Me sorprende, siempre me sorprende, pensar que algún día estaré en el lugar de El Licenciado y todo sera para mi tan cotidiano, al punto de tomarme un café o unos mates, mientras corrijo o doy clases.  No pasa desapercibido para mi, a la vez, lo poco que le interesa la poesía clásica, a diferencia de los temas que supo dar. Comparto, secretamente, el mismo aburrimiento y se que en lo suyo parece ser bastante mas atinado, especialmente, porque es claro, directo y explica bien. Mis conclusiones, por cuestiones puramente especulativas, se empeñan en solaparse un poco, porque estoy empezando a perderme en las profundidades de mi mente y la neblinosa fantasía empieza a masticarse la rima, la métrica aquella, la posibilidad de identificar, o no, cierta figura poética un poquito mas rebuscada, que es lo que piden desde el afuera.  Aunque parezca interesada en el tema, y en cierto modo lo este, no resulta ninguna ridiculez pensar que, por algo, a esas alturas, las actividades de El Licenciado me resultan mas interesantes como una hazaña nunca antes mencionada que los requerimientos oficiales. 

III 

Cuando vuelve unos minutos después de ausentarse, apoya un volante sobre la mesa, de manera que la parte blanca le quede de frente a su rostro. Escribe una oración, la analiza sistemáticamente con pericia, y rapidez, mientras que yo enarco una ceja. El Licenciado se destaca en las gramáticas, me ha llegado ese rumor entre otros tantas, de casualidad, y lo conformo con mis ojos. Las estructuras se delimitan en segundos, y otra vez, la lapicera oscila al mismo tiempo que la otra mano, un poco mas laxa, va bajando a la altura de la ingle. Termina su oración, con algunos trazos secos, decididos, de su lapicera. Por su extensión, no debe ser difícil, pienso, mientras los miro; a la oración y a el, que esta embolado. Las letras del volante, consignas políticas a las que no adhiere, todavía parecen aplastarse sobre la madera del banco individual. El Licenciado no me cae del todo bien, ni del todo mal, aunque como profesional esta calificado; sin que pueda entender mis motivos. Pocas fueron las veces donde le pregunte algo y se que, por alguna razón infundada, siempre esta al borde de la crispación; y - tal como me dije siempre - "lo lamento, pero no me queda otra". Sin embargo, muchas otras veces, fui yo la que estuve al borde de la crispación, por su descarada forma de sostenerme una mirada nada mas por el desafío de no bajarme la vista primero, a costa de quedarse callado, algo turbado en su explicación. Especialmente durante una clase donde el concepto capital era el desastre y la que lo hizo casi posible fui yo, con un resbalón donde la persona que soy traspaso a mi rol de alumna callada, aficionada al tomar apuntes y a participar poco, producto de la timidez.  Aunque eso sí, siempre acostumbré a mantener contacto visual con profesoras y profesores, con el fin único de prestar atención, a la hora de la cena, cuando tengo hambre ganas de volver a casa y, sin embargo, estoy todavía en la facultad. 

IV

Creo que desde ese día donde no me bajó la mirada, de hecho, donde me la sostuvo con pericia: me pareció un pedante El Licenciado o al menos, un profesor moderno. Me pareció un tipo leído y pícaro, que si no fuera por su pretensión de ostentar "autoridad" a través de eso que se parece a la crispación, se habría ganado mi respeto en la órbita académica.

 Lo que no entiendo es por que, por momentos, la forma en que muta su cara parece querer todo el tiempo reírse y no poder, como si la sola mostracion de un poco de humanidad, le diera mas bronca a el mismo, que a los demás. Una vez, sin embargo, quedo muy cerca suyo en la fila del bar, me mira, inesperadamente me reconoce en el mar de alumnos, y me deja pasar, para que me preparen la infusión primero. En ese gesto, veo humanidad, como también, amabilidad.
Una compañera, sin embargo, me dice que me cuide; que le dijeron que "tiene fama"...  pero por lo demás, también tiene algo de porte y una indeterminada cantidad de saberes que me hacen observarlo.

V

En medio de una recapitulación, esta otra clase avanza, posterior en el tiempo. La profesora repite cosas que ya anoté, así que me tomo un breve descanso a la altura de las manos. La relevacion llega, sin sobresaltos: El Licenciado será lo que será - me digo - pero no debe ser tan raro como aparenta entre la dualidad de su ser hombre y ser docente, en lo cotidiano. Habrá momentos donde se le escapará el maestrito y, otras, donde lo captará el hombre.

Y yo que sostengo obstinadamente que no quiero saber nada con hombres de mi gremio, porque me gustaría poder hablar de otra cosa en la cena;  tengo que reconocer que no debe ser menos que un autentico placer tomarse un buen vino escuchándolo hablar sobre Pascal, sosteniéndose la cara de la misma manera en que lo hace mientras lo observo, cambiando la lapicera por una copa ancha y las oraciones en papel por unas cuantas palabras. 

Ahí le fue, entonces, mi mas sincero homenaje, a este pintoresco docente argentino.  



martes, 29 de agosto de 2017

(mañana le pongo título...)

«¿Alguna vez lo he contado?» me pregunto, mientras pienso, aunque en realidad, no lo sé. Así que como suelen decir los desmemoriados, si lo repito, me dicen...

Desde el año 2008, cuando yo tenía exactamente trece años, mi abuela se mudó a mi casa. Más que una decisión, para ser franca, su historia fue cosa de Mandinga: perdió su casa por contraer deudas. En su momento, enterrada como estaba, no le quedó más remedio que venderla, darle la parte a un ex fraudulento e intentar empezar "de cero". Y, desagradeciendo, pidiendo perdón por eso o afianzando a la fuerza la relación con tres de sus seis nietos; empezó. Aprovechando el jardín trasero, que antes de este hecho era mi reino, mi padre le construyó "de cero" una casita, con poco dinero, que le había sobrado del pagar las deudas.

Esta noche, nueve años después, mi abuela duerme con la radio encendida. A raíz de su sordera, la música asciende a un nivel infernal y me aleja del sueño que necesito. Se escucha a tal punto que no importa si tiene las ventanas cerradas como las tiene o si yo tengo todo cerrado, no importa. Parece que está en la habitación contigua pese a que nos separan paredes de ladrillo, ventanas, persianas y hasta cortinas.

Escucho lo que dice el locutor mientras ansío que algo pase y la radio se baje sola. Escucho y pienso en muchas otras cosas. Escucho y me digo que no quiero esta vida, que no puedo dormir en paz, que siempre tan normal mi vida, que siempre mi capital buena suerte, que no puede ser, que la puta madre, que ya miles de veces le hemos dicho y te lo niega, y uno escucha la puta radio. Y que mañana necesito madrugar y que después ella me pregunta por qué no me puedo dormir... Y la que me parió. Todo así, toda yo cansada de la rutina, de la apatía, de la factura por los errores ajenos, del poner siempre la otra mejilla como me enseñaron... Pensando que no puede ser que no haya uno rescatable, uno más o menos normal, me digo.  Hasta que me doy cuenta de lo único bueno que tiene esta situación: en la radio suenan tangos y precisamente porque está puesta a todo trapo, yo los escucho perfectamente desde acá.

Aunque  tenga un malhumor de reliquia reconozco que me gusta mucho el tango. Si, pese a tantas tantas cosas, lo adoro. «Ay, Dios mío » pienso y suspiro desanimada, aunque intentando que no me tape el agua.  Hasta que el milagro se da. Mientras les escribo, y la radio se apaga gracias a un manotazo atinado de la soñante; se instala el silencio. Espero unos minutos para no decepcionarme, aunque el silencio persiste. 

Y si, huyo a conciliar mi sueño. 

Sera hasta mañana.

lunes, 28 de agosto de 2017

Distinta

Habiendo pasado ya una cantidad de tiempo considerable, estoy en condiciones de afirmar que he encontrado una constante en Urtubey, alias, Padre Coraje. Y, lo mas importante de todo, que esta constante me ayuda a entender del todo su manera de funcionar, especialmente, cuando se trataba de ramalazos inusuales de masculinidad. La ecuación es muy sencilla, y da como resultado una constante, es decir, que yo soy distinta.

Mientras tanto, bajo el mismo cielo, Urtubey no sabe lo que quiere por lo cual, su X es siempre variable, aunque tengo que reconocer que el misterio no radica en lo que pensara mientras hace lo que yo llamo un women's tour, sino en el encuadre que adquieran todas y cada una de las siguientes actitudes: 

El tomarme como confidente, manteniendo charlas largas que se han mantenido en secreto, en las que me contó cosas muy suyas, que  a los demás, no les contó. El usarme como intermediara para arreglarse con mi padre, cuando este ultimo se entero que habia un porcentaje de cosas que no eran tal como aparentaba con mi amigo. El decirme "vos siempre me entendes"; "yo se que vos me entendes"; "yo se que vos me vas a entender". El estar pendiente de que supiera los movimientos de su separación, especialmente, durante los primeros meses. El querer saber mas de mi, y sin ir mas lejos, el preguntarlo. El mirarme, lisa y llanamente, con algo incalificable entre el cariño, cierta complicidad y una especie de agrado ante cualquier comentario, por mas tonto que sea. El no hablarme mas, cuando sale con otras mujeres, ni siquiera, para preguntarme que tal todo. El hablarme, eso si, muchas veces, en los horarios mas tontos, solo para preguntarme como me fue en una investigación o desearme suerte en un examen. El pavonearse con mi padre o con su amigo y mi padre, por otras minas, y el que se quede mirándome con expresa atención, mientras desayuna en casa un domingo a la mañana, y yo lo recibo en pijama, mates y como un alfajorcito, que, poco mas, parece comer conmigo a la par. El que me diga que soy distinta. El que me pregunte, cuando me cruza, que estoy haciendo o para donde voy. El que quiera saber, muchas veces, con quien salgo; pero a la vez, el que se guarde con recelo sus cosas, por ejemplo, las de las señoritas, como si yo fuera incapaz de juzgarlo. El que jamas me haya preguntado, ya que tan amigo es, si estoy saliendo con alguien de una forma directa o si no me gusta ningún compañero de facultad; como hacen todo el resto de mis conocidos. El que, de hecho, conmigo, no sea capaz de tocar el tema, al margen de su ex mujer, de la que ya tampoco me habla. El hecho capital de que, llegado el día de su cumpleaños, le haya contestado a toda mi familia los mensajes de su cumpleaños con pocos segundos de diferencia, menos a mi, que me lo contesto al otro día pese a que lo leyó en el momento. El que, en ese mensaje, casualmente, yo no le escribiera el típico saludo sino que le dijera que le agradecía por ser buen amigo de mi padre y por tenerle paciencia; por haberme dado la posibilidad de conocer a su hijo que es tan increíble y -ademas - que le deseaba un futuro lleno de felicidad y de cosas buenas, porque no se merecía otra cosa.  El que no solo me haya dejado en visto, ese día, sino, también el que al día siguiente lo primero que decía su respuesta era perdón, cuando en realidad, lo mas normal hubiera sido un "gracias, Veinte" después de haberlo leído al mismo tiempo en que le escribía, como le mando a toda mi familia. El hacerme sentir - con ese gesto - que hablo/escribo al pedo, porque lo mismo le daba al otro, recibir el mensaje o no. 

El que, mientras habla con mi padre, con mi madre o conmigo, y no se entienda del todo o no logre hacerles entender lo que quiere decir, me mire, a modo de puente o a modo de revalidar su tesis "que yo siempre lo entiendo" o, peor aun, el que me mire, cuando no se entiende con mi padre, como si me dijera "¿ves lo que hace, no, vos lo ves, no?" y me deje en el medio de miles de gestos subterráneos que no entiendo, especialmente, porque los amigos son ellos, no yo. El que no me hable por semanas, y mientras, le ponga "me gusta" a mis hermanas en redes sociales. El que, súbitamente, un día aparezca con un libro de Umberto Eco, en una fiesta de cumpleaños ajena, y que el regalo sea para mi. El que me observe mientras estudio, con curiosidad, pese a que le están hablando. El que se sume, mientras su hijo y yo, jugamos juntos. El que nos observe, hacerlo , a veces como de lejos, y mas tarde se acerque para mostrarme un video que filmo sobre el chiquitin haciendo pavadas y nos miremos pensando lo mismo: "el pequeño es un amor, ¿vos viste, no?". El que no me hable, como hacia antes, ni siquiera para comentarme cosas de libros. El que, por otros momentos, me mande mensajes para preguntarme donde estoy, si es que tuve un problema con mi padre o el que me vuelva a escribir, para saber si me arregle.  

El que nunca me de "me gusta" en fotos, públicamente, porque tiene a toda mi familia en redes, pero que mire todos mis "estados" y me mande mensajes que dicen "sonria, muy seria esta", en un tono que, en cierto momento, empezó a hacerme ruido. El que, en familia, me diga Veinte y el que, estando solos, me diga "nena". El que yo, en sociedad, le diga "Urtu" y, cuando encabeza los mensajes con un nena, yo le responda con un señor, solamente, para ver como reacciona, pero en especial, para que note lo que puede llegar a generarme a mi, que de tantas patadas para todos lados. 

De nuevo: el que me mire, por momentos, de una forma tan distinta, y que mas adelante, ponga su mirada como "antes". El que sea, todo el tiempo, el amigo de la familia y, el que sea, quizá solapadamente, el mismo que llego a ponerse colorado y decirme "ah, ¿ya te la mostró?" el día de la fiesta de cumpleaños de su hijito, cuando entro a su habitación a buscar algo, y descubrió que que el niño me habia llevado a su cuarto para mostrarme la cama nueva y nos encontró ahí, a ambos, mientras la miniatura me pedía que le pusiera las zapatillas luego de subirse a su reino y yo estaba ahí, asegurando los abrojos, muerta de amor. 

Y si, definitivamente soy distinta. 

Distinta al punto de que no se me puede hablar de otras minas, no se me puede contar de otras salidas, no se me puede preguntar de pretendientes, no se me puede cargar con otros tipos y ni siquiera, se puede saber sobre mis preferencias de primera mano, mas allá de lo que digan los demás.  Tampoco se me puede contestar un mensaje de cumpleaños que excede el rutinario cumplido, ni se me puede dejar de regalar un libro de Eco, para mi beneplácito,  Tampoco se me puede dejar pasar después, incluso dentro de mi propia casa, cuando nos hallamos frente a un marco de una puerta o miles de cosas asi, pequeñas. 



II

Pisar sobre seguro para mi es recordar cuando me dijo que yo era distinta, que habia roto el molde, que nunca tenia que cambiar; y automáticamente entender que hubiera sido lo mismo que me dijera "vos sos intocable". 

Si, claro, ahora entiendo: ser distinta a las demás, para el, en este momento de su vida, me convierte en todo lo que este al margen de sus descubrientos, de sus distracciones, de sus "toco y me voy".  Yo soy la chica a la que le cuenta, la que siempre lo entiende, la que le guardo secretos, la que no lo juzgo. Yo fui, me hago cargo de eso, la que lo vi una mañana llorando en el patio de mi casa,  cuando se entero que lo habían engañado, y le dije "veni" muy despacito, mientras me abrazaba muy fuerte e intentaba explicarme que el era bueno, al mismo tiempo que yo lo abrazaba diciéndole "tranquilo, no me expliques nada, yo ya se, tranquilo, llora, no pasa nada" y el me decía, que era bueno y me juraba que nunca le haría una cosa así a una mina. Y otra vez, yo le aseguraba que le creía,  que ya sabia, que se quedara tranquilo, que no lo merecían, que el error estaba en otro lado, no en el, y que si, claro que era bueno". 

Ser distinta, para el, es mirarme muy atento mientras tomo mates un domingo a la mañana, mientras leo o cuando recién salgo de bañarme en ropa común, o sonreírme siempre que le hablo; o prepararme un Campari de sorpresa, sin que se lo pida, porque sabe que me gusta pero ademas, es darle uno a mi padre, cinco segundos después o considerar que estoy fuera de la órbita donde puedo verlo como lo que realmente es. 

Es decir, no solo un tipo que esta lleno de virtudes, enamorado de su hijo, lector, cinefilo, deportista, cocinero destacado o treinteañero caballeroso, sino, ademas, como un tipo que desea a otras minas - siempre otras, claro - y no precisamente para contarle sus cosas o para compartir maneras de entender el mundo...   Porque, claro, yo soy distinta. Lo único que no entiendo es ¿de que -cree- me voy a sorprender si fuera capaz de contarme que tiene citas o amigas? ¿No es que me contó su forma de entender el amor, la familia? ¿Como puede ser que le sea tan imposible decirme "Veinte, estoy saliendo con algunas chicas", luego de haberlo visto sufrir tanto y de haber hablado de tantas cosas? ¿Que seria lo malo, de un comentario así, cuando ya ha habido demostraciones de confianza? 

Para mi, seria tranquilizador, de hecho, porque me extraña mas que no me lo haya dicho. Allá lejos, una vez, me habia comentado del asunto, y al poco tiempo, durante el final de una charla llegara el decirme: "sabes que te quiero a vos y a tu familia; sos distinta, de verdad nena, no tenes que cambiar nunca, rompiste el molde". Y adiós, adiós, adiós: ahora que me doy cuenta, luego de esa noche, nunca mas me menciono a otras mujeres. 

III

Recién ahora, en un recorrido de todos estos meses, considerablemente alejada de la situación, empiezo a quedarme tranquila en lo que al respecta, porque jamas va a sacarme de esa condición casi de doncella  y jamas voy a enterarme si algo distinto le pasa conmigo o si alguna vez le paso o por que, de hecho, a veces, se pone "medioraro" cuando me mira. 

Lo único que se, es que soy distinta y eso, a sus ojos, parece, me distancia del mundo real, donde todos vivimos, donde las cosas suceden, para bien o para mal.   

Lo mas raro de todo es que pensándolo mejor, y ahora hablando en general (dejando atrás a Urtubey) me doy cuenta de otra constante: muchos, pero muchos tipos (de toda, edad, color, credo o grupo sanguíneo) me han dicho lo mismo: que soy inasible, difícil de cautivar, un aparatito intelectual, diferente, especial, una chica divina, terrible o que la gente me trata como a una princesa; pero nunca, nadie que me interesara en ninguna medida, me ha visto como posible, o al menos, se ha terminado de dar cuenta de algo esencial: yo no muerdo. 

Si, puedo puedo ser una jovencita un poco "rara" para mi edad en muchas cosas. O incluso, acepto que puedo pensar, sobre ciertas cosas, de una manera un poco diferente a mis contemporáneos (no quiere decir mejor, ni peor, solo diferente)... ¿Pero como puede ser que todo eso que me representa, sea algo malo, funcione como repelente? ¿Como puede ser que sea algo que me distancie tanto de la gente, en general, pero en particular, de gente que me hubiera gustado poder "atraer" de alguna forma?  

Al día de hoy me cuesta entender por que este ser distinta o inasible, este haber roto el molde; es capaz de crear niveles notorios de afecto de mis familiares, amigos o algunos conocidos, pero es, a la vez, incapaz de generar amor en un hombre por el que yo también pueda sentir lo mismo. 

¿Que pensaran, no? ¿Que muerdo, que no tengo sentimientos o por el contrario, que soy demasiado anticuada al punto de no poder gustarle a nadie en serio? 

Siempre me pregunte lo mismo y me lo sigo preguntando, desconcertada: ¿Que significa ser distinta? ¿Que no te pueden querer o que no te pueden imaginar como al resto? ¿Y cual es, en definitiva, el motivo por el cual los tipos dividen entre "una tipa distinta" y " ser como las otras"?



sábado, 26 de agosto de 2017

Maravillosos colegas

Cuando salí de clases, ayer, me dirigí al baño. Mientras estaba lavándome las manos, una compañera me reconoció y me dio algo parecido a un saludo.  Durante unos segundos me quede sacandole una mota de polvo a mi mochila, anhelando que no se me ensucie. Esta mujer entrada en años, a la que siempre consideré neutral, precisamente, por el escaso trato que llevo consigo; se paro a mi lado y me pregunto: 

- ¿En qué te anotaste? 
- En una Literatura y en un nivel de Gramática - le contesté, normalmente. 

Estaba distraída. Tenia la cabeza metida en mis asuntos, es decir, el hambre propio de esa hora, el cansancio propio de esa hora, y especialmente, las ganas de irme a mi casa, con la punta de las botas de gamuza mojadas todavía por la lluvia y el deseo de dejar que mi perro me llenara de besos la cara. 

- ¿No te anotaste para cursar los martes? - me preguntó. 

Con su pregunta estaba haciendo referencia al segundo nivel de una lengua muerta que tengo como materia obligatoria, al que no me anoté. Luego de haber hecho el primer nivel, hace solo unos pocos meses, entendí que habían sucedido dos cosas. La primera: cuando la empece agradecí de inmediato el tener una nocion de como se analizaban las estructuras sintácticas en español; porque no solamente tenia que analizar oraciones en aquella lengua muerta, sino también, manejar la lengua en si misma. En cuatro meses, a las complejidades de un análisis sintáctico con nivel universitario en otro idioma, también le sume: los tiempos verbales, la voz pasiva, la traducción, la formación de adjetivos (donde hay varias clases, cabe decir) y la asimilación de funciones sintácticas que no tiene el español. Personalmente, a medida que iba pasando por toda esa experiencia, el nivel de presión fue fuerte, no solamente porque es una cátedra muy exigente sino también por mis competencias personales, donde hay materias que me cuestan mas que otras. 



El nivel universitario consiste en hacer algo parecido a esto, aunque con mas modificadores,
no solamente en una sola oración, sino, en párrafos. 

Vivir en estado de crisis académica no es algo que me guste, y especialmente, cuando "la crisis" se genera por algo que significa tanto para mi. Con el paso de los años, y especialmente luego de haberme mudado de facultad, para hacer la misma carrera en otra parte, entendí lo fundamental: amo lo que estoy haciendo y nada es mas importante que eso; inclusive, a pesar de que existan momentos de desanimo, de nervios o de dificultad. Ame mi carrera cuando viajaba casi tres horas de ida y tres de vuelta para una sola materia y me daba cuenta que no me daban las piernas para tanto, que mi cuerpo no se lo bancaba; y también la amo hoy, cuando viajo treinta y cinco minutos y siento que la volví a elegir por encima de la frustración y de lo que podría haber sido un motivo de retirada, el abandono de un sueño. Y en ese otro punto de mi vida, entendí algo esencial: la vocación es incanjeable, pero a la vez, definitiva. Porque cuando todo se te va de las manos, cuando uno anda como bola sin manija, cuando estudias y no avanzas, cuando te devuelven un ensayo diciendo que es poca cosa, cuando te sentis el mas lento de todos tus brillantes compañeros; es cuando casi lo único que salva es preguntarse acerca de la vocación.  Si, quizá, este tomando las cosas a mi modo y no sea el correcto para los demás, pero yo estoy tranquila. Se que si esto no seria lo que mas me gusta casi en el mundo, de hecho, me hubiera rendido; hubiera buscado un trabajo y descartado de mi vida el gusto por los libros, la cultura y el arte, dejando a un lado la posibilidad de estudiar precisamente esto. 

Como me cansé de correr hace ya mucho tiempo, y como me decidí a cambiar mi propia historia desde el amor por lo que hago, para esta segunda etapa del año me propuse algo distinto, que ya me vino dando resultados: tomarme mis tiempos, sean los que sean los años que me faltan por hacer. Porque la carrera de la única forma en que puede salir bien, es disfrutándola. Y disfrutarla incluye no sentir que soy poco inteligente al lado de compañeros brillantes y de gente tan leída. Incluye no sentir que soy una hormiga entre hijos de Licenciados en Letras y padres profesionales, que tienen bibliotecas desde chicos y una familia leída detrás de ellos. No sentirme menos, tampoco, porque nunca tengo todos los libros que piden y le debo una caja de velas a mi vecina - viuda de un Licenciado en Letras - que me presta muchos de los ejemplares. No sentirme menos porque no se idiomas o porque el analizar poesía, en muchos casos, me requiere del doble de los esfuerzos que a otros de mis compañeros de curso, que saben muchisimo mas y lo bien que hacen. No sentirme menos porque la única que lee de toda mi familia, soy yo o porque la única biblioteca de mi casa, es la que empece a armar cuando tenia catorce años, a la que le faltan miles de libros, pero también la que crece a medida que yo lo voy haciendo y se va abultando con sacrificio, ilusión y proyección a futuro, sabiendo que cada vez que compro un librito, por pequeño que sea, es para leer pero puede ser también para trabajarlo con los pibes, el día de mañana.   Claro, porque todo eso me sucede, para que mentir. La única diferencia es que antes de sentirme mal, si todo gira en torno al disfrute, yo me siento a leer y considero que, así, estoy un poco mas cerca de mis metas, de ser la segunda profesional en mi familia en tres generaciones, de poder acercar posibilidades de cambiar historias individuales a través del cambiar, todos los días, la mía. 

 II

- ¿No te anotaste para cursar los martes? - me habia preguntado ella, la florida ancianita. 

- No, consideré que hacerlo separado era mejor- argumenté sin tomarme a mal su pregunta, ni nada parecido. 

- ¡Pero te vas a olvidar de todo! - me dijo. 

Y ahí no me gustó nada la intromisión. «¿Y a vos, qué te importa?» pensé crispada porque un viernes a las nueve de la noche yo no iba a ponerme a explicarle todo lo que antes mencione. 

- Si, veremos... - me encogí de hombros - ¿Nosotras somos compañeras en Gramática, no? - le pregunté adrede, porque no solamente a mi se me había complicado el cuatrimestre anterior y no me habia quedado mas remedio que hacerla de nuevo - Las estructuras de análisis son muy afines, me dijeron. Lo que todavía no domino en Español no creo dominarlo primero en una lengua muerta... - ironice. 

- Si si... Pero te hubieras anotado, sino te vas a olvidar todo de la otra...- insistió - Después te va a costar acordarte de todo, viste. 

- ¿Sabés lo que pasa? Yo por lo menos - le advertí, tocándome el pecho - considero mejor saber las estructuras en español para aplicarlas en una lengua muerta. Si no lo entiendo del todo es muy posible que me olvide, si no, la idea se me refrescará siempre que la haya entendido, pasen unos meses o no. Es una cuestión de aprender sin correr carreras... - le expliqué- En ese caso, el análisis a nivel sintáctico no es la única dificultad, y ¿para qué estresarse más si no tenemos del todo claro lo anterior? Me ha costado mucho el cuatrimestre pasado teniendo conocimientos previos , por lo menos a mí y eso me dio la pauta de la dificultad... - le informe, a ver si se desenroscaba un poco. 

Pero no, la vieja no daba tregua, encima, a esa hora. 

- Yo me anoté en las dos... - me dijo y asentí con la cabeza - El martes la clase estuvo muy pesada. Nos tiraron con todo. Por eso, no sé si te acordarás, viste. Se puso difícil... 
-Si, me lo anticiparon... - le dije, mientras salía del baño - y como soy realista con mis posibilidades, viste... - le avisé - Yo prefiero tomarme mi tiempo y no aprender todo a medias... ¿Cómo hacés, asi, ademas? Lo vamos a tener que enseñar - le sonreí levemente, devolviéndole una pizca de su mala onda. 

Porque ahí estuvo la cuestión desde la primera pregunta: esta señora estudia porque le sobra el tiempo a su edad, aun sabiendo que no va a poder ejercer siendo demasiado mayor. Y yo estudio en otra etapa de mi vida, básicamente, poniendo en juego otras cosas, con otros puntos de vista sobre la profesión y, esencialmente, con otras preocupaciones. 

- No, claro - me dijo - Yo me anoté a un seminario también pero se me superpone con ésta, así que voy a ver qué hago... 

- Claro, por la oferta horaria, si. Veras, en ese caso. Se hace lo que se puede... - suspiré, falsamente - Te dejo, que no voy para allá -  me despedí con toda ironía y buenos modos. 

III

Y aquí está, la pieza final de todo este cuadro: esto ha sido un claro ejemplo de la diferencia entre aprender para aprobar, y dejar que un número defina tus capacidades como profesional; o aprender porque querés estar seguro de tus competencias y dejar que lo innato se manifieste a la hora de enseñar, más allá de una libreta. 

¿Mis alumnos van a preguntarme si me costó mucho preparar un final o me tomé mi tiempo para las materias que me generan mucha dificultad? No. Ellos pretenderán entender, a algunos les interesará más o a otros menos y a otros les gustará mucho mi área; pero de una forma u otra, mi humilde responsabilidad, será enseñarles. Quizá, incluso, contagiarlos un poco, tal como hicieron conmigo cuando tenia quince años, despertando una parte que siempre habia estado ahí, tranquilita, y en simultaneo, estableciendo un camino de por vida. 

Enseñar, si, de eso se trata para mi: de leer, investigar, e intentar progresar. Pero ademas, de escribir, explicar y facilitar cosas que me dan tanta felicidad. Por eso me tomo todo el tiempo de mi juventud (y sacrifico y pospongo cosas y todo lo ya antes dicho y lo no dicho nunca también), para formarme como -yo, al menos - siento que corresponde. 

Que la vieja camorrera siga, nomas, con su cauce. 
Yo la aplaudo, si quiere, pero jamas me cambio de vereda. 


jueves, 24 de agosto de 2017

"Paraver"

Es curioso, quizá, pero si algo tengo en claro en este momento - etapa, instante, escalón - de mi vida, es que no tengo ganas de conocer gente, o mejor dicho, si tengo ganas de conocer personas y de tratar con ellas, pero de lo que no tengo ganas, es de tener citas tentativas. Si bien entiendo que a mi edad debería ser perfectamente normal el suscribir a la adquisición de nuevas experiencias, y del conocer nuevas personas; yo me encuentro sin ganas en las idas y vueltas de lo cotidiano. Considero también que el tiempo pasa, se escurre en la rutina y la costumbre, pero por mi parte, no veo que tener citas sea mi forma mas feliz de aprovecharlo o de hacerlo valer. 

El año pasado sin ir mas lejos, conocí mas masculinos de los que hubiera esperado. Uno detrás de otro, al punto de hablar con varios a la vez, sin que nadie me significara nada demasiado importante. Llegue a salir con algunos de ellos, y en realidad, si bien aprendí cosas, no me hace sentir cómoda la perspectiva de presentarme ante caras nuevas, todo el tiempo, con la misma lógica de un grupo de auto-ayuda, es decir: "Hola, mi nombre es Veinteava, tengo veintidós años, me gustan los libros y el color rojo". 




¿Como decirlo? Me aburre tener citas, si es que van en este sentido, quizá, porque nunca estoy del todo segura de que termine de agradarme la gente con la que me arrimo hacia algún "cafetin". La disyuntiva se da, precisamente, cuando todo el común de la gente conoce a otros a través de dicho momento empalagoso e incierto, donde se sienta a tomar algo y a hablar de su vida, casi casi, en formato hoja A4, con interlineado en dos centímetros. Quizá mi apatía ante las citas se da, precisamente, porque en esos momentos uno "se vende", muestra su mejor cara, su mejor arista y, el dialogo, se sucede mas bien como una lista de trivialidades y aciertos que, de alguna manera u otra, hacen que uno siga sin comprender por que si la persona es tan fabulosa, tan aplicada, tan carismática, tan acentuada y tan perfectita, a uno, por el contrario, lo embola lo bastante. 

Debo confesar, haciendo un mea culpa notorio, que yo tampoco soy una diva en las citas, al contrario. Suelo hacer desastres que me hacen sentir pudor de mi misma, aunque entiendo que es parte del juego, porque en algunas me ha ido mejor que en otras. Considero que lo central radica en algo: yo no me se vender, o al menos, no se impostar modales, gustos, intereses, tópicos;  y todo se me nota en la cara. No por eso, dejo de ser tímida, como me sucede, cuando no conozco al otro. Por eso, un contexto de este tipo nunca me pareció el mejor, aunque entienda que no me queda otro remedio y odie al mundo por ello, a veces. 

Hace un breve lapso de tiempo, Fulanito de Tal me dijo de ir a tomar algo, a lo cual insistió bastante, hasta que se canso de ser ignorando, supongo, por entender que yo no iba a volver a salir consigo si es que tenia/tiene novia. Acto seguido, me invito a salir un chico algunos años menor que yo, del cual no lo esperaba ni borracha, no por su edad, sino, por el tipo de trato que teníamos, es decir, conocido lejano de un compañero de la facultad y nada mas. Barajaba la propuesta suya, cuando me invito a salir uno de mis antiguos compañeros del grupo social, que de jovencito no tiene demasiado y que es bastante mas molesto y caradura que el primero. 

Ante estos sucesos, baraje ambas propuestas llegadas a mi trinchera con diferencia de días, implicando a la vez, conversaciones eternas de ambos muchachos conocidos, ex-compañeros. Y me di cuenta que no, que agradezco las propuestas, que siempre para mi son un hecho inesperado y extraño, dicho sea de paso; pero que por  ahora no quiero tener citas. No me importa si soy joven, si los años pasan, si soy parca, si me voy a quedar soltera toda la vida; yo no voy a obligarme a hacer las cosas, porque es cansador, aburrido y me llena de bronca interna, por momentos, sentirme siempre tan bicho raro. Pero en realidad, reflexionando un poco, no se si es de bicho raro reconocerme a mi misma, con el valor necesario, que yo no quiero seguir teniendo citas con muchachos "paraver". 

Si, definitivamente - lo entiendo mientras escribo - eso es lo que me pasa: no quiero embarcarme en esa sucesión de citas para ver, nuevamente, como hice el año pasado, porque nunca he seguido esa lógica, ni siquiera cuando era adolescente, siendo que me pareció aburrida, desgastante, algo así como un real esfuerzo equiparable con el cumplir con una obligación particularmente molesta. 

¡Suelo ser tan obvia cuando alguien me genera curiosidad, precisamente, porque le encuentro sentido a un interés real que con la mayoría de la gente no me sucede, que causo gracia! ¿Si se me nota? Claramente, por todos lados, es como si saliera una versión alterna de Veinteava que, de un momento para el otro, puede aparecerte con una carta, un regalo, un mensaje amistoso o invitarte a que la acompañes a algún lado, simplemente, porque si. Es decir, porque le sucede lo que casi nadie logra dentro de un mar de personas y ese solo proceso es ya casi una ocasión especial, de gala, poco mas.

Si, quizá nunca he dicho algo central: la mayoría de la gente no me genera curiosidad real, ni sus vidas me la generan, ni sus aventuras, ni mucho sus posesiones. Eso no quiere decir que sea frívola o indiferente, sino que para mi la empatia corre por un lado distinto al interés sentimental. Y, por eso, si me cuentan algo o necesitan una mano, probablemente haga lo todo lo que pueda por ellas, especialmente, en el segundo caso, pero no dejan de ser dos cosas distintas donde el interés real, es claramente otra cosa mucho mas intensa y profunda hacia alguien mas.

Desde ese lugar es donde surge todo; desde ahí, escucho, indago, me relajo y reparo en los detalles. Quiero saber, sin invadir, para entender el punto de vista ajeno y comprender, así, la lógica y lo absurdo de su persona. El otro se convierte en un todo, basto, donde a la superficie del cuerpo la acompaña algo mas que órganos.  El otro - al decir de Descartes en sus Meditaciones metafísicas, - es:

 " (...) una cosa que piensa, esto es, una cosa que duda, afirma, niega, que sabe poco e ignora mucho, que desea, que rechaza y aún que imagina y siente (...) " 

(Segunda meditación: "Desaparición de la duda metódica y la naturaleza del Yo"). 

La macana es que, por el contrario, si nada de esto me sucede, me convierto en una compañera educada o cordial, amigable incluso, pero desamorada al mismo tiempo, o mejor dicho, carente de pasión y de compromiso  con el motor de mis acciones.  Por eso, probablemente, todas las veces donde seguí la lógica del "paraver" aprendí cosas diferentes, pero nunca logre sentirme cómoda con lo que estaba haciendo. Lo fui tomando como un compromiso, hasta que me di cuenta que las imposiciones no son compromisos, si se están comiendo lo mas preciado que tenemos: el deseo, la voluntad vital. 

Quizá actualmente lo que sucede es que mi fuerza de voluntad esta al servicio de mi carrera, de mis amigos, de mis nociones personales de progreso, del alcanzar mis metas, del realizarme como profesional, para ser una mujer independiente; no de las citas paraver, porque siempre fui muy tajante y por consiguiente, algo desbocada, en ese aspecto. O me paso, o por el contrario, no me paso; casi como si se hubiera dado un chispazo o apagado un fósforo.  

Se que no es algo fácil, pero tampoco imposible, cruzarme en el camino con alguien que solo no sea para-ver. Se que soy una joven un poco rara quizá, pero no me considero  capaz de hacerle daño a alguien deliberadamente y, ademas, no considero que mi búsqueda sea estrafalaria , si no estoy apuntando a nada material, a ningún tipo de interés, ajeno a lo mas importante de todo: el que me despierten la curiosidad, el que me capten el interés. Probablemente, la persona que logre eso, si es que me corresponde, "encaje conmigo" porque antes de colonizarme el cuerpo, comprarme flores o proponerme ser amante de; a mi me tienen que "colonizar" la cabeza con ideas, puntos de vista, valores, intereses, cultura, convicciones; etc. 

Y, dicho esto, si pienso la clase de personas que han llegado a colonizarme siquiera un porcentaje de mi cabeza, sabiendo atender mi curiosidad, sabiendo seguir mis preguntas, sabiendo interpretar mis gestos; desde ahora aviso que me voy mudando de país, de barrio, de vida y esencialmente, de este cuerpo... 

¿Sera que mi padre tiene razón cuando me dice que soy un árbol grande en una maceta chica

Aunque me genere mucho desconcierto y en cierto modo también algo de miedo, por lo solitario que puede llegar a ser, por lo esquivo, por lo extraño incluso, me digo que todo parece indicar que estuvo ya desde esos momentos, años atrás, en lo correcto. Sin embargo, el que este en lo correcto, no me da esperanzas, especialmente, por mi entorno y casi todo lo que me rodea o de lo que debería rodearme en este momento de mi vida.

A menudo, es como si mi mente, no se correspondiera con mi cuerpo; como si mis ideas o si mis modos de pensar, no pudieran estar del todo acompasados con mi edad. 

Ojala en un tiempo esta capital discordancia tenga un poco mas de sentido. Ojala, en unos años, pueda recordar estos momentos, mirar lo que construí, y sentirme orgullosa del recorrido. Ojala, también, exista alguien a mi medida, desde todo lo que he mencionado antes, si no es mucho pedir. 



sábado, 19 de agosto de 2017

Noción de oportunidad VII: Insensibles

No es novedad, ninguna novedad, admitir que el mundo esta lleno de gente maravillosa, pero ademas, de gente considerablemente insensible. La indiferencia parece ser uno de los modos de vida, o uno de los alicientes indicados para tolerar la intensidad de los tiempos que corren y que nos corroen.  Sin embargo, nunca puedo terminar de entender la apatía, por mucho que lo intente, por mucho que este de moda, por mucho que se pregone desde la concepción de un mundo erigido sobre una especie de frívola meritocracia. 

Siempre pienso lo mismo: los seres humanos, en general, estamos forjados en base a una sucesión de  posibilidades, sin que existan excepciones o favoritismos. Sin ir mas lejos una de las circunstancias mas importantes, las mas elementales de la vida, como es el nacimiento y la posterior infancia, pasan en una sumisión plena hacia las primeras paginas de un cuento que se escribió para nosotros, sin consultarnos. A medida que vamos creciendo, sin embargo, empezamos a elegir que hacer con la historia que ha tocado en suerte. No obstante, hay algo en las bases desde donde partimos que nos suena casi inapelable, como un germen incierto que nos acompañara toda la vida para bien y para mal.  Mucha gente, a eso, le llama destino, designios de Dios o, simplemente, la enseñanza de una vida entera, intentando comprender su sentido. 

En mi caso ademas de llamarlo destino y de asociarlo con los designios de Dios - por mi fe personal -, en general, a las oportunidades les doy muchisimo valor. Me parecen, por si mismas, un hecho perfectamente constatable, pero ademas, profundamente arbitrario. ¿Quien puede saber el hogar donde va a nacer? ¿Quien puede saber si sera amado, quien puede saber si comerá todos los días y vivirá en la opulencia o andara rebuscandolas hasta el ultimo suspiro, de todas las maneras posibles? A esto me refiero cuando pienso en las oportunidades. 

Cotidianamente veo que para mucha gente lo que tiene es un derecho adquirido, de antemano, y no conciben que bien podría haber sido de otra manera, seguramente, porque les asusta hacerse dichas preguntas. Lo entiendo, desde mi lugar, pero no comparto nunca la falta de sensibilidad. Y sera por eso que, poniéndola en auge, con el paso de estos últimos años, a medida que fui creciendo, también aprendí a no dar nada por sentado. Crecí, de hecho, siendo plenamente realista en esto: no existe lo dado; todo es una oportunidad cedida, para ver lo que somos capaces de construir o de inventar. 



Sin ir mas lejos, en épocas flacas, cuando yo no habia llegado a este mundo, mi madre hacia magia con sus manos y lo que era nada mas que un poco de harina y una cebolla, pasado un rato, se convertía en una pizza para cenar, y en eso, soy capaz de ver una mostracion de algo mas. Pero, yendo bastante mas de cerca, el concepto de lo no dado, lo veo también, en el hecho de que a mi no me daban pronósticos de sobrevida, y aquí estoy, casi veintitrés años después de esos días, escribiendo. Viviendo en carne propia lo que es saber que cada día es algo así como desterrar un miedo, desbaratar una previsión científica y hamacarse otro rato en la incertidumbre de no entender por que estoy viva en definitiva y contra todo pronostico, pero si, pretendiendo siempre encontrarle un para que.  

¿Que hubiera sido de mi, como hubiera sido mi vida, en caso de tener otras oportunidades? A menudo me hago esta pregunta y a falta de respuestas, me queda sentir, con intensidad la felicidad como la tristeza, es decir, me queda todo menos la falta de sensibilidad. De haber tenido otras chances, se que mi vida no seria la que es, para bien y/o para mal. 

He tenido la posibilidad de atenderme con un medico excelente, que como un artesano se ocupo de controlarme siempre, a fondo. He tenido la posibilidad de contar con un padre que, a través de la albañilería como modo de sustento, puso su cuerpo y su vida, no solo para mantener mi casa sino también, para pagar médicos, tratamientos, consultas, accesorios de ortopedia, zapatillas de primera, y inclusive, las espantosas balbas, es decir, aquellas botas de plástico duro, con las que me obligaban a dormir, cuando tenia cuatro años.  He tenido a mi madre que se ocupo de llevarme, desde que tengo uso de razón, a toda consulta, a toda actividad, cayeran patos de punta o brillara el sol. He tenido hermanas, dos a falta de una, que jugaron conmigo, que me hicieron su favorita, que siempre comprendieron la importancia de que mis padres me llevaran a donde me llevaban y que, esencialmente, me aceptaron como era, y como soy, sin ningún sobresalto, haciéndome sentir una mas del equipo, una mas de la familia.  

Hoy, junto a todo esto, tengo salud. Camino apoyando el talón y la punta de mis pies, a diferencia del pasado. No me caigo, no me llevo cosas por delante y hago la vida de cualquier chica de mi edad,al menos, desde el aspecto biológico y físico (porque en otros aspectos, de vez en cuando, me escucho algún tangazo y no piso un boliche ni porque me paguen con intereses, y no me entiendo mucho con mis pares, hay que decirlo). También, tengo amigos, la posibilidad de tomar un colectivo para llegar a la facultad y la independencia suficiente, ya sea física como neurológica, para estudiar una carrera universitaria que hace que mi vida, lo bastante seguido, se acerque a tener un para que, un sentido, haciendo lo que amo y aporreo en partes iguales. Tengo un perro al que adoro, que todos los días me muestra el mundo de una forma mucho mas simple con su amor. Tengo a mi abuela, viva todavía, que me hace mates ricos y me cambia la yerba siempre que se lo pido. Tengo un techo bajo el que duermo, tengo un acolchado calentito y yerba para tomarme unos mates, en el mueble desvencijado de la cocina. 

¿Si me faltan cosas, si hay aspectos para mejorar, si hay cosas que anhelo? 

Si, las hay, muchas. 

Pero hoy me quiero quedar con el vaso medio lleno, porque esta, la mía, no es la única realidad.  


II 

Hace unos días caminaba por la calle con mi madre. Se acerca a una vidriera de una suntuosa perfumería y le señalo un perfume de ensueño que se exhibe. Es uno que anhelo comprarme desde hace años, pero tiene un precio muy muy elevado, así que lo considero para mas adelante, es decir, cuando mis ahorros no sean un fondo de emergencia para eventuales gastos universitarios y alguna que otra salida o pavadita. 

- Me gustaría comprarme este, algún día - le digo, en voz alta - Que caros estan los perfumes, viste - le digo. 

Mi madre sonrie, sabe que me gusta y me sonrie. 

- ¿Y los cosmeticos, viste? - me señala algunos, que son otra historia. 

De costado, un hombre interrumpe la charla, con un disculpame, a modo de antecedente. Lo miro, de inmediato. 

- ¿No tenes una moneda, para darme? - nos pregunta, aunque me mira a mi. 

Dudo uno instantes y reviso los bolsillos de mi jean. Nada, nada de cambio, me informan mis manos, finalizando la pesquisa. 

- Ay, no, perdon - le digo, enrtonces, palpandome los bolsillos, pensando que llevaba plata especifica para comprar algo, y que la tenia justa. 

- No te hagas problema - me dice el hombre y asiento, con la cabeza. 

Mi madre me dice algo mas, sobre la vidriera, pero me quedo pensando en el señor. Estaba sostenido desde atrás, por una de las paredes que conforman aquella galería; no podía caminar y, a ambos costados, llevaba unas muletas. Sin prestar atención a mi madre, seguí buscando en los bolsillos de mi campera, hasta que recordé que tenia cambio en uno de los de adentro, es decir, algo para darle al muchacho que no fuera todo lo que llevaba encima, que tampoco era mucho, pero si necesario para cumplir con mi fin determinado. 

 ¡Me puse tan contenta! 

- ¡Ay, espera, espera! ¡Encontré cambio! - le dije, acercándome,  y se lo tendí. 
- Muchas gracias - me dijo y sonrió - Que Dios te bendiga - acoto. 
- No, no hay problema. Igualmente.  

Mi madre, a todo esto, permaneció a un costado, callada, entre el despegarse del magnetismo de la vidriera y no. 

Unos instantes después, escuche de nuevo, la voz. 

- Que mala que es la gente - susurro, el muchacho, y lo mire. 
- ¿Que paso? - le pregunto mi madre. 
- ¿No escuchaste lo que me dijo esa señora? - sacudió la cabeza. 
- No, no - admitió mi madre. 
- Si ya no tenia suficiente con la pensión, que tenia que estar mangueando. 

Lo mire, indignada, dándolo a entender con sacudidas de cabeza sucesivas. 

- Yo entiendo que no pueda darme nada, no la obligo a que me de, yo lo entiendo si no puede, y no por eso merezco que me insulte ni que me diga algo así, si yo no le voy a decir nada - argumento -  Lo que pasa es que, si, yo cobro una pensión, y con eso, pago el alquiler de mi casa, para todo no me alcanza... - nos informo. 

- Es que a esa clase de gente no les interesa nada - acote. 
- Ademas, las pensiones, son bajas - admitió mi madre. 
- Si, no alcanza, realmente. A mi, con el alquiler, se me hace mucho, me arreglo con la pensión por discapacidad, pero esta tan bravo, todo - nos dijo. 
- Son insensibles que no miden las boludeces que dicen... - le dije - Lo que no se acuerdan es que nadie esta libre de nada... - sintetice - Especialmente, siendo gente de mierda, estando todo tan difícil... - le hice una mueca, porque en realidad, no sabia que decirle. 
- Si, si, eso es verdad - nos dijo, el señor, mientras nos íbamos alejando, junto con algunos otros comentarios.  
- Bueno - le dije a modo de despedida - que tengas suerte, hoy. 
- Gracias, gracias - asintió con la cabeza y me sonrió brevemente - y que Dios te bendiga - me contesto. 
- ¡Igualmente! 

Mientras me iba caminando y entrabamos en la suntuosa galería, yo todavía seguía pensando en aquel hombre. Masticaba otro mas de los absurdos del mundo, esperando que por lo menos, al final del día, el tuviera algo para masticar frente a su cara que no fuera el rechazo colectivo y la indiferencia social. 

III

Claramente, a través de los dos mosaicos anteriores, la pregunta es una sola: ¿como no sentir con estas cosas a la vida misma con toda su excepcionalidad, con todo su vértigo y su misterio; si lo dado es una ficción para no enterarnos de nada, y la realidad, un conglomerado lleno de preguntas? 

En el medio, tantas y tantas vidas particulares. 



PD: desde donde les escribo, no encuentro manera de colorar los acentos; sepan disculpar. 

viernes, 18 de agosto de 2017

Asunción

Mi hermana del medio se mudo hace dos meses con su novio. Mi hermana mayor, se mudo hace casi dos años, también con su pareja. Desde ese momento, es decir, desde hace dos meses a la fecha, he quedado conviviendo sola con mis padres. La novedad va mas allá de tener un dormitorio unitario, que se me aparece como un reino donde nadie me estorba. Va mas allá de que hay menos ruido, menos peleas, o hay menos ropa en el lavadero. La novedad reside en que  es la segunda oportunidad donde el Síndrome de El ido vacío " pone en una especie de trance a mi madre que va entre sus momentos de silencio, hasta esos momentos donde no puede dejar de hablar, o de contarme cosas, pasando por momentos donde - no teniendo con quien desahogar sus penurias maternales de hijas convivientes en casa ajena - me agarra a mi, o mismo yo la agarro a ella (porque la conozco tanto...), antes de sentarnos en la mesa o en el sillón y parodiar a Gabriel Rolon. 

En dichas conversaciones, muchas veces, los roles se invierten. De ahi que el chiste es que yo sea Gabriela Rolon, durante esos momentos, y a cambio le pida si me pone el agua para unos mates, así tomo algo mientras la escucho. Así, ella parece una jovencita de casi veintitrés, y yo, una señora de cincuenta.  Salen de mi boca, con muchísima periodicidad - mas de la que quisiera - expresiones tales como:  "mami, por favor, atendeme, no te pongas celosa si *** se ve con la suegra. Es normal. ¿Que le queda a ella, si fuera al revés? Tenes que pensar que son las reglas del juego. Y aunque me digas todo que si, tu cara, no dice lo mismo, mujer..."; o, "¡ay, pero si te dan un montón de bola, las chicas, la puta madre!"; o quizá un "dale, pensa conmigo. Escuchame y mirame: te aman, las dos, te aman; son de estar todo el dia "mami, mami, mami"  como dos boludas, aun no vivan mas en casa... ¿Tenes nocion de que hay hijos que no le dan bola a sus padres? Ejemplos cercanos, tenes. ¿Por que no bajas la ansiedad, te relajas, eh?". 

Conforme fueron pasando, de a poco, estos últimos dos meses, mi vieja se anduvo entreteniendo con algunas cosas, acompañando a la mayor de mis hermanas, a diferentes lugares, con cierta asiduidad. La del medio, quien se mudo hace poco, le pidio si podia recibir al plomero. 

Otra vez, ambas, sentadas en la mesa del departamento de mi hermana, con un cafe para mi madre y una pava de mate para mi. Limpiaba la mesa, inquieta como es, como si no pudiera estar asi, apaciguada, tranquilita, disfrutando del sol. 

- ¿Que pasa? - le pregunte. 
- Nada, nada. Estoy aburrida. 

Me quede observándola, mientras limpiaba la mesa, pensando en muchas cosas. A medida que pasan los años, la idea de tener mi propio espacio, va haciendo mella de a poco. Teniendo una carrera universitaria en curso, se de antemano, que es la etapa de siembra mas fuerte y sostenida, para forjarme una base profesional. Después, como suelo decirme, llegara el momento de empezar a decidir que quiero hacer de mi vida, que por el momento, transcurro entre amigos, mascotas, conocidos, familiares y compañeros de facultad; es decir, sin una pareja con la que pensar que hacer desde ese lugar.  Teniendo en cuenta que siempre me imagine viviendo sola, por una cuestión de realismo total respecto a conformarse con las cosas como están en el presente, para mi la vida sigue siendo diagramada de esa manera. 

Ante esto, mi padre me dice que si quiero me puedo quedar toda la vida, pero que seria bueno que me fuera en algún momento porque me conoce y sabe que voy a querer que sea así, que por ahora entiende que este cómoda porque estoy estudiando, porque todavía no conocí al viejo indicado, entonces - como me dice - el aprovecha y me da todos los gustos, sabiendo que los años pasan muy rápido.  Mi madre opina - casi - lo mismo, y a eso, se le suman las consideraciones de mi abuela, que vive detrás de mi casa, y me considera su nieta preferida, su confidente, aunque entienda que cuando estoy estudiando fuerte, las tardes de mate y charlas - que a veces se dan después de las charlas con mi mama, incluso -  se espaciaran un poco aunque en el fondo, estarán en la medida que todo sea posible, es decir, en la mayor medida del mundo. 



Y precisamente, mientras la miraba a mi madre limpiar con dedicación la mesa de mi hermana, pensaba en los posibles, en la fuerza de esos posibles. Así fue que le pregunte: 

- Mami... - me miro - ¿Vos me vas a venir a visitar con frecuencia el dia que me mude? 

Sin dudarlo, aseguro: 

- Si, si vos queres, si - sonrió - ¿Te pensas mudar lejos de tu madre? 

Nos reímos. 

Me encogí de hombros, dando cuenta que no tenia idea las posibilidades del futuro, sobre ese asunto. 

- ¿Y si yo me mudo... - dude - si yo me mudo con un viejo? - no sonrió - ¿También vendrías, no? 

- No - me contesto. 

- ¿Así que no vas a venir a visitarme porque te puede llegar a molestar la edad de mi pareja? - le pregunte, con fuerte ironía. 

Suspiro. 

- Voy a venir, Veinte. 
- Ah, bueno, me alegra saberlo...  - le sonreí - Me iba a dar mucha pena, si no...  
- Voy a venir - sonrió - Le voy a escupir la cara al viejo, y me voy a sentar a tomar un cortadito con vos - me aclaro. 

La mire, con algo de sorna. 

- ¿Vas a venir, entonces? ¿Aunque este con un tipo que vos creas que es viejo, aunque te de asquito, como me decis? - le pregunte. 

Me miro y puso cara de asco, aunque me dijo que si. 

- Y si, nena, que voy a hacer. Te vas a vivir con un viejo, te pones a salir con un tipo viejo, y me la voy a tener que bancar, aunque no me guste, aunque me de asco. No me va a gustar, seguramente, pero me voy a acostumbrar, me voy a tener que hacer a la idea y punto... 

Sonreí. 

- Sos tan linda cuando te pones razonable, que me dan ganas de llevarte un  joven-joven a casa a modo de premio. Por vos, no por mi ...  - bromee. 

Mi madre me miro y empezó a reírse, mientras continuaba limpiando la mesa y sacudía la cabeza. 

Cabe decir que antes, cuando tocábamos estos temas, no le gustaba para nada, y casi no habia espacio para el juego. Esta charla, sin ir mas, lejos, no deja de ser eso, un juego, porque en realidad, esto tiene un porcentaje de especulación muy grande y, yo lo se, puedo terminar con cualquier persona, tenga la edad que tenga, siempre que me lleve bien, me respete y me quiera, tanto, como yo pueda hacerlo consigo. ¿Que me lleve o no algunos años? Solo el destino puede saberlo. 

Mientras tanto, a medida que la vida va operando silenciosa, con sus transformaciones subterráneas y sus propósitos casi invisibles pero tan fuertes; lo único de cierto en todo esto es que, desde aquella charla en febrero, desde aquel momento donde no se fue de la habitación y pudo disponerse a escuchar por primera o segunda vez, dejando a un lado sus prejuicios; las cosas mejoraron un poco con mi madre, en referencia a ese tema que de toda la vida viene produciendo chispazos entre nosotras. 

Por lo menos, ahora, se muestra mas razonable, aunque no quita que, en caso de volverse esto un elemento de la realidad, nuevamente, y todo corra en vías de... , un poco, a la señora, le cueste... 

Por ahora, no me adelanto y disfruto de su asunción. 

jueves, 17 de agosto de 2017

Literatura, cuanto menos, ficción: Treinta y cinco años

El “pero” es la palabra más puta que conozco (...) 
una palabra de mierda que sirve para dinamitar 
lo que era, o lo que podría haber sido, pero no es.

(E.Sacheri)


Era una noche de agosto parecida a esta. Quizá por eso volvió a mi mente aquella conversación que nunca habia recordado, mas allá de algunos momentos fugaces a lo largo del después, buscando  que encajara en algún casillero de mi mente y mi corazón donde, simplemente, no me molestara.  

Habían organizado un evento y una cena; El y yo, paradojicamente, no hacia demasiado que nos habíamos distanciado, no digamos, de acuerdo común. Eran, de hecho, las primeras puestas a punto de una frase suya que venia enormemente a cuento: "nosotros vamos a tener que aprender a vivir con lo que nos pasa"; y yo que estaba esforzándome en masticar, al menos, lo suficiente antes de tragármela para que el impacto no fuera tan escabroso.  

Suponiendo que de eso se tratara mi búsqueda, su mejor amigo, se ofreció a estarse en la puerta de mi casa, a la hora señalada, para que fuéramos juntos. Considerablemente mas ingenua, y anestesiada por el dolor, acepte, sin esperar nada. Era su mejor amigo desde hace veinte años, pero ademas, era una persona que - pese a todo lo no dicho - decía tenerme mucho afecto. A El por su parte, tiempo después lo comprendí, ese afecto le sirvió para motorizar sus estrategias en un punto tan razonables pero a la vez tan cobardes. "Ademas, me gustaría que vayamos juntos, porque necesito explicarte un par de cosas del evento, en el camino ", me dijo, quien mas tarde recibió como apodo El Canciller en mi fuero interno; probablemente para justificarse, antes de que le dijera que si. 

Subí a la camioneta y lo salude, sin muchas adhesividades. Me pregunto como habia ido mi día y como habia salido una reunión con un jovencito que venia a cuento con nuestros menesteres y yo habia llevado adelante durante esa misma mañana. Mientras le relataba lo sucedido, sin emoción, me pregunto que habíamos hecho, si nos habíamos reunido y donde, que tal habia estado ese careo. Le explique que habíamos salido a desayunar afuera y nos habíamos quedado toda la mañana hablando, porque al parecer, este pibe, quería estudiar también mi misma carrera, por lo cual, la charla se habia derivado en otros asuntos. 

- ¿Te gusta? - quiso saber, sonriente. 

Su asociación me sorprendió, quizá, porque yo no me daba cuenta que el chico podía tener - o no - segundas intenciones, alejada de la idea del amor como estaba. Repantigada en el intentar entender como se seguía adelante con la vida, especialmente desde el aspecto emocional, después de haberme enamorado de un hombre de mucha mas edad, con todo lo que aquello implica; los jovenes eran para mi el doble de dificultosos que antes de aquel hecho. Parecía ser que la vida -en un sentido importante para mi como es el del entendimiento con los otros- me habia mostrado el dulce solamente para después quitármelo y me hallaba desconcertada. Buceando en esos peldaños profundos dudaba respecto a lo positivo o negativo del haber conocido ciertas intensidades, muy diferentes a las que se asocian con la juventud, siempre mas contundentes, indelebles y espesas; para después tener que entender que lo que para mi era tan normal y feliz, del otro lado, exigía un hombre de coraje porque de otra manera iría a ser lo mismo que nada. 

Negué con la cabeza, todavía desorientada, para responder la pregunta que El Canciller me habia hecho. 

- Debe estar atrás tuyo, acordarte - se carcajeo mientras le di detalles del encuentro  intentando explicar lo que no hubiera tenido nada de desatinado, solo para que no lo incomodaran y para que a mi me dejaran en paz del todo- ¡Miralo al pendejo, como te quiso levantar! - sacudió la cabeza. 
- No me quiere levantar, no seas siempre tan malpensado, dale. 
- ¿Que, no? ¡Si sos una chica hermosa, vos, como no va a querer! 
- No seas tonto. No creo que lo haya hecho por eso... - suspire. 

Y ahí íbamos, otra vez. Lo ultimo que quería era hablar del tema contemporáneos con el mejor amigo suyo, sabiendo que relevaría toda la información dada en ese viaje, para otras esferas. 






Suspiro y se rió. 

- ¿Te puedo preguntar algo? - me miro, con intermitencia. 
- A ver... 
- ¿Alguna vez te enamoraste, vos? 

Me mire las manos y acto seguido hice un gesto con la cara, a modo de respuesta, pero no le conteste de la forma en que esperaba lo cual pareció haberlo desordenado. 

- Si me queres decir, si no, no me digas... - me dijo. 

- Si - conteste - si, si. 

Mire para adelante, buscando distraerme. 

- ¿Si, que? - me pregunto. 
- Que si.  Me enamore, como casi cualquier persona - musite. 
- ¿Muchas veces? 

Me quede pensando en silencio. 

- No, ahora que lo pienso, creía haberme enamorado antes, cuando iba al colegio, para que contextualices; pero no se, no termino de estar segura sobre si eso fue amor o no... - argumente. 
- ¿Y después, alguna vez, sentiste amor de verdad, te pasaron cosas con una persona? 

Se me dibujo una sonrisa maliciosa en la cara con su pregunta. La respuesta se perfilaba como obvia y demás estaba aclarar que conocía desde joven al destinatario de mi cariño, si era su mejor amigo. Ese fue un gesto reflejo que suelo hacer cuando el cinismo de la vida cotidiana me supera a sus anchas y mi poder de escepticismo se expande a capacidades insospechadas.Pero a El Canciller mi sonrisa lo desconcertó, de nuevo, por no entender mis pensamientos. 

Se quedo mirándome,  aprovechando que corto uno de los semáforos de aquella avenida. 

- Si, me enamore y llegue a sentir esas cosas por alguien - ironice - Aunque me alcanzo y me sobro como para repetir la experiencia con *** - le dije, haciendo referencia al chico nuevo, del que habíamos estado hablando. 

«Sabes que me enamore de tu amigo de toda la vida, no te hagas el pelotudo...», pensé, con un dejo de ironía,. 

- ¡No seas guacha, Veinte! - se rió. 
- No soy mala, solamente es un chiste. 
- Enamorada, entonces, mira vos... 

Lo mire, extrañada. 

- ¿Que pensabas? 
- ¿Como? 
- Claro... - me explique - ¿Pensabas que yo no me habia enamorado? 

Dudo y me miro. 

- No, pero como nunca hablamos de esto, con detalles - respondió, huyendo por la tangente - Nunca me dijiste nada, vos, nunca me contaste si te pasaban cosas con alguien - argumento. 

- Bueno, ahora lo sabes. Si me enamore, allá lejos y hace tiempo..  - suspire, con un dejo de sorna - Esa es mi confesión... - sonreí y mire por la ventanilla del coche. 

- ¿Te molesta, te da vergüenza que te pregunte? - susurro. 

"¿Por que debería darme vergüenza? " ironice.

- No, no me da vergüenza, lo que pasa es que suelo ser reservada con estas cosas. No pensé que te interesaba saber, *** -  dije, riéndome, para dar cuenta de donde estaban los limites. Ademas, también,  para que se diera cuenta que aunque el me podía querer mucho - como me decía - y yo lo podía apreciar - como me sucedía -; habia una persona en común que ambos queríamos muchisimo mas y que, cada uno desde su posición, estábamos dispuestos a preservar sosteniendo juicios sobre lo bueno y lo malo. El asunto es que eran juicios capitalmente contrarios sobre una misma circunstancia. 

Se hizo un silencio notorio. 

- Sabes que yo tuve un amor muy importante en mi vida ¿no? - sonrió - Me enamore varias veces, pero ese amor, me marco ¿viste? - me dijo, en susurros, anticipándome una historia - No le digas nada a mi mujer, eso si, te lo pido por favor. Yo te cuento esto y que muera acá ¿esta bien? 

Sonreí 

- No pasa nada - le dije, aplacando una carcajada  breve. Me dio gracia la protección de su matrimonio, en detrimento a un recuerdo -  ¿De que te voy a juzgar? Habla tranquilo... 

Me sonrió. 

- Tenia tu edad, mas o menos, cuando conocí a una mujer. Ella era mucho mas grande que yo, en ese momento, pero nos enamoramos. 

Me miro y yo lo mire, aunque con algo de retraso. El pero, en su construcción, daba toda la pauta respecto a la concepción de esa idea; el pero era, ademas de la palabra mas puta que jamas se puede conocer, al decir de Sacheri, una conjunción clave a la hora de concebir aquella idea como un resbalón mas allá de las gramáticas formales. 

- Si, claro - musite, a modo de explicarle que una cosa no quitaba en lo absoluto la otra, al margen de los juicios de valor. 

El siguió, desconociendo mi debate interno que iba en alza: 

- Ella tenia dos hijos. La situación era muy difícil, porque en ese momento, yo era muy chico, viste, me faltaba todo y ella era madre de dos pibes, imaginate. 

Trague saliva, meditando acerca de lo que me contaba. 

- A mi no me importaba que tuviera hijos, estaba profundamente enamorado. Pero también me daba cuenta que una relación como la de nosotros no podía tener futuro - acoto. 

No le conteste nada. 
Otra vez, el pero. 

- La quería mucho, de hecho, nunca me olvide ella, pero nos separamos, no quedaba otra - me confeso - Pero siempre la recordé - musito, y a mi, se me hizo un nudo en la garganta. 

Pero se enamoro, pero la dejo, pero la recordó siempre, pese a tener otros matrimonios, esposa, hijos; es decir, experiencia o mas bien todo lo que, supuestamente, en aquella época le faltaba. Definitivamente, el pero era una palabra espantosa, casi de las que mas sigo odiando. 

- Con el paso del tiempo, mira que me he acostado con otras mujeres, mira que he conocido, eh... - lo mire - pero jamas encontré a ninguna mujer como ella, con la que pudiera sentir lo mismo. Teníamos una conexión muy especial, nosotros, no solamente en la cama y mira que era una tipa grande... - dejo el dato en suspenso, seguro, para ver si le preguntaba, aunque me resistí - Algo así como cuarenta y pico, tendría - me anuncio después de unos breves segundos. 

Lo mire, de nuevo, sin decirle nada, dejándolo que hable. 

- Fue importante para vos - le dije, nada mas, como si antes de preguntarle, estuviera afirmándolo con conocimiento de causa. En mi frase, no en vano, eludí la presencia de un pero. La mía no iba  ser, después de todo lo que acababa de vivir con su mejor amigo, sin que nadie lo supiera pero con todos tan al tanto, una afirmación velada, ni un sentimiento todavía mas solapado; por eso no habia peros. Yo no tenia por que sentir vergüenza ni poner excusas. A mi todavía no me habia ganado la culpa a la hora de sentir amor. 

- Si, fue muy importante. Hablaba mucho con ella, era una mujer increíble...  - El Canciller asintió con la cabeza - Me acuerdo cuando hacíamos el amor, y nunca tuve tanta piel con una mujer... - me dijo, y se quedo en silencio unos instantes, supongo yo, que recordando con la memoria del corazón - Si me escucha mi señora me mata, pero es la verdad - sonrió con un regusto dulzón y amargo en el semblante - Mira que yo me case, y la quiero a ***, pero... - ¿Viste cuando uno siente esa pasión ciega con otro?

Lo mire, y automáticamente, reviví las sensaciones, las únicas sensaciones, con las que podía identificarme de su relato: la pasión ciega, la conciencia sobre el que podría llegar a conocer otros hombres, vivir otras cosas, formar mi hogar con otros, abrazarlos de noche, cebarles matecitos... Pero nunca así, de nuevo, nunca esa turbación general del mundo se manifestaría del mismo modo, que se habia ido dando con su amigo.  

- De todos modos, no te digo que eso fuera así solamente en la cama ¿viste? - me miro, con intermitencia - Yo te hablo de estar enamorado. Sentirlo en el estomago, en todo el cuerpo. ¿Viste esos amores que decís: "¡¿no puedo mas!?" - ilustro. 

Me guarde mis consideraciones, para después regodearme en ellas. La que no podía mas, en esos momentos, era yo .

- Si, me imagino lo intenso que fue para vos, en aquella epoca - resalte. 
- Pasaron treinta y cinco años, Veinte, imaginate, y todavía me acuerdo de ella... 

Estábamos casi llegando. Estacionamos, cambiamos brevemente de tema por una cuestión del transito, y en cuanto bajamos, me hizo la ultima pregunta. 

- ¿Cuando te enamoraste, sentiste todo eso vos, esa locura? 

Caminamos algunos pasos mas, hasta la puerta de entrada. Casualmente ahí estaba El, solo, bajando de su auto que acababa de estacionar. 

- Si, por favor, esa locura... - suspire, mientras lo observaba con disimulo a El cerrar la puerta con llave y poner su alarma. Mire para otro lado y seguí caminando. 

Nos quedamos callados 

- Mira, ahi esta *** - dijo El Canciller, mencionándolo. 

Todo me resulto tan obvio que no me incomodo ni un poco cortarlo en seco. 

- Ah, si, llego temprano... - musite - Anda, anda a saludarlo, yo me voy para adentro - señale la puerta. 

Desaparecí, sin poder afrontar el pasaje entre el dueño de todos mis pensamientos en ebullición y su cara.

Podría haberme pasado toda la noche, hablando con su mejor amigo, de todo lo que habia sentido por El. Podría haberle hecho los honores al apodo socarrón que en mi mente le cabía, y que finalmente fuera Canciller, si, entre la orilla de su coetáneo y la mía.  Podría haberle relatado, con detalles inclusive, las disparatadas preguntas que me hacia su amigo. Podría haberle calificado de venenosos, a cada uno de los besos que me daba. Podría haberle explicitado como se me aflojaban las piernas, como ascendía un calor infatigable, como el mundo con sus limites se desvanecía y como, lo único que me resultaba importante, era que a su coetáneo le crecieran manos de la nada,como si fueran flores, para cubrirme todo el cuerpo, abrazarme y besarme, sin que importase el mundo, aunque estuviéramos en el medio de la calle. Podría haberle dicho que se escondía mi capacidad de pensar en otra cosa que no fuera mantenerlo a mi lado, cuando lo veía llegar, vestido con esa camisa negra, y se mejoraba el mundo.  Podría haberle explicado el miedo, todo el tiempo el miedo, a sus temores, a no saber como manejarme, a no poder pensar, a esta ceguera involuntaria e irreal, pero a la vez, tan verdadera. Podría haberle relatado, de punta a punta, la forma en que mi cuerpo reaccionaba y mi necesidad de calmarlo, cuando en medio de una actividad conjunta, El me hacia algunos masajes en la espalda y en la cintura mientras lo miraba algo asustada, con mi cara de desconcierto formal, por no terminar de entender como una simple persona pudiera despertarme infinidad de sensaciones con un gesto dulce, en cualquier lugar, y El se reía, cuando me lo quedaba mirando y me aguantaba la risa, mordiéndome los labios.  O como, en esos momentos, le enarcaba una ceja y hacia un chiste estúpido, para poder poner la mente en otra cosa, si habia gente y como, sin ir mas lejos, me evitaba tocarlo, muchas veces, por saber que iría a mirarme así, sonreírme asa.  También le hubiera hablado de su manía de besarme las manos, como un caballerito medieval o de despeinarme, todo el tiempo, robándome las hebillas del pelo, solo para que fuera a reclamarlas con cara de circunstancia y los pelos imposibles de llevar y El pudiera seguir jugando con ellos, mientras yo intentaba peinarlos, porque mi pelo evidentemente le agradaba mas de la cuenta.   Como también, solía oler mi perfume y besarme con aplicación y magia mis muñecas, donde solía echármelo sin falta, sabiendo que eso le gustaba.  

Pero, manteniendo todo mi mundo el reserva, mientras avanzaba esa noche, yo seguía sin entender a donde habia querido llegar con todo aquello. ¿A esa altura, que le importaba saber? ¿A quien le importaba lo que habia sentido, si yo no era la que habia tomado la decisión de dejarme vencer por los prejuicios, la sociedad o los miedos? Mi compañero habia abandonado la partida; estaba aprendiendo a respetarlo, tal como le habia prometido, flotando en un mar de puntos ciegos y paquetes cerrados.

 Mas adelante, me enteraría que El habia contado cosas de mi que no quería y que hubiera podido evitar que, en ese caso, también hubieran podido hablar de esto. ¿Que evitaba lo obvio de que, cuando algo importa, trasciende, ocupa, desvela, motoriza, alegra o angustia; cualquier ser humano en el mundo se junte con su mejor amigo, para contárselo o para buscar consejo a la hora de tomar una decisión difícil, para bien o para mal? 

Que El era el que me decía a mi que las cosas eran así, que habia que aprender a vivir con lo que nos pasaba y parecía muy cómodo en dicha situación, sin embargo, quizá no lo estaba tanto. Al fin y al cabo, si El le habia pedido que no me perdiera pisada y que "estuviera atento a todas mis necesidades", como termino contándome el Canciller y domo me lo confesaría El, después, arrinconado; ¿quien podía negar que no pretendiera terminar de entender lo que necesitaba, quien podía afirmarlo?  

Solamante El, parado frente a nuestra historia, sabe si eso lo llevo a mitigar ciertos ardores, a aprender a vivir un poco mas, o un poco menos, basándose en las certezas. Yo me quede con las dudas. 

Hablamos en treinta y cinco años...