I
Entra con su café espumoso, se sienta y, casi sin pausa, saca de su mochila repleta casi dos pilones de hojas, breves, algunas oficio y otras numero tres. Mientras con una mano sostiene una lapicera roja, semejante a alguna maza apuntando hacia la cabeza de un alumno potencial, con la otra, se sostiene el semblante. No se, de hecho, por que se aferra a su propia cara como si necesitara sostenérsela, previamente al derrumbe de su animo y la exaltación de un cansancio que, ya a esa altura, es mas que evidente. Pero lo que si se que lo estoy mirando mucho, sin embargo, no puedo evitarlo, no quiero evitarlo, porque no aúna en mi ningún tipo de sentimiento culposo a la altura del pecho. Tengo ojos y en el auge de su utilización, se alejan hacia El Licenciado con una especie de curiosidad científica, por aquel ejemplar humano.
II
Determinante, traza diagonales en rojo, sobre el revés de muchas hojas. Examanes fallidos, me digo yo, mientras conozco esos trazos de las épocas de colegio y, a la vez, se que los conoceré mejor aun, el día que tenga que hacer los propios. Me sorprende, siempre me sorprende, pensar que algún día estaré en el lugar de El Licenciado y todo sera para mi tan cotidiano, al punto de tomarme un café o unos mates, mientras corrijo o doy clases. No pasa desapercibido para mi, a la vez, lo poco que le interesa la poesía clásica, a diferencia de los temas que supo dar. Comparto, secretamente, el mismo aburrimiento y se que en lo suyo parece ser bastante mas atinado, especialmente, porque es claro, directo y explica bien. Mis conclusiones, por cuestiones puramente especulativas, se empeñan en solaparse un poco, porque estoy empezando a perderme en las profundidades de mi mente y la neblinosa fantasía empieza a masticarse la rima, la métrica aquella, la posibilidad de identificar, o no, cierta figura poética un poquito mas rebuscada, que es lo que piden desde el afuera. Aunque parezca interesada en el tema, y en cierto modo lo este, no resulta ninguna ridiculez pensar que, por algo, a esas alturas, las actividades de El Licenciado me resultan mas interesantes como una hazaña nunca antes mencionada que los requerimientos oficiales.
III
Cuando vuelve unos minutos después de ausentarse, apoya un volante sobre la mesa, de manera que la parte blanca le quede de frente a su rostro. Escribe una oración, la analiza sistemáticamente con pericia, y rapidez, mientras que yo enarco una ceja. El Licenciado se destaca en las gramáticas, me ha llegado ese rumor entre otros tantas, de casualidad, y lo conformo con mis ojos. Las estructuras se delimitan en segundos, y otra vez, la lapicera oscila al mismo tiempo que la otra mano, un poco mas laxa, va bajando a la altura de la ingle. Termina su oración, con algunos trazos secos, decididos, de su lapicera. Por su extensión, no debe ser difícil, pienso, mientras los miro; a la oración y a el, que esta embolado. Las letras del volante, consignas políticas a las que no adhiere, todavía parecen aplastarse sobre la madera del banco individual. El Licenciado no me cae del todo bien, ni del todo mal, aunque como profesional esta calificado; sin que pueda entender mis motivos. Pocas fueron las veces donde le pregunte algo y se que, por alguna razón infundada, siempre esta al borde de la crispación; y - tal como me dije siempre - "lo lamento, pero no me queda otra". Sin embargo, muchas otras veces, fui yo la que estuve al borde de la crispación, por su descarada forma de sostenerme una mirada nada mas por el desafío de no bajarme la vista primero, a costa de quedarse callado, algo turbado en su explicación. Especialmente durante una clase donde el concepto capital era el desastre y la que lo hizo casi posible fui yo, con un resbalón donde la persona que soy traspaso a mi rol de alumna callada, aficionada al tomar apuntes y a participar poco, producto de la timidez. Aunque eso sí, siempre acostumbré a mantener contacto visual con profesoras y profesores, con el fin único de prestar atención, a la hora de la cena, cuando tengo hambre ganas de volver a casa y, sin embargo, estoy todavía en la facultad.
IV
Creo que desde ese día donde no me bajó la mirada, de hecho, donde me la sostuvo con pericia: me pareció un pedante El Licenciado o al menos, un profesor moderno. Me pareció un tipo leído y pícaro, que si no fuera por su pretensión de ostentar "autoridad" a través de eso que se parece a la crispación, se habría ganado mi respeto en la órbita académica.
Lo que no entiendo es por que, por momentos, la forma en que muta su cara parece querer todo el tiempo reírse y no poder, como si la sola mostracion de un poco de humanidad, le diera mas bronca a el mismo, que a los demás. Una vez, sin embargo, quedo muy cerca suyo en la fila del bar, me mira, inesperadamente me reconoce en el mar de alumnos, y me deja pasar, para que me preparen la infusión primero. En ese gesto, veo humanidad, como también, amabilidad.
Una compañera, sin embargo, me dice que me cuide; que le dijeron que "tiene fama"... pero por lo demás, también tiene algo de porte y una indeterminada cantidad de saberes que me hacen observarlo.
Lo que no entiendo es por que, por momentos, la forma en que muta su cara parece querer todo el tiempo reírse y no poder, como si la sola mostracion de un poco de humanidad, le diera mas bronca a el mismo, que a los demás. Una vez, sin embargo, quedo muy cerca suyo en la fila del bar, me mira, inesperadamente me reconoce en el mar de alumnos, y me deja pasar, para que me preparen la infusión primero. En ese gesto, veo humanidad, como también, amabilidad.
Una compañera, sin embargo, me dice que me cuide; que le dijeron que "tiene fama"... pero por lo demás, también tiene algo de porte y una indeterminada cantidad de saberes que me hacen observarlo.
V
En medio de una recapitulación, esta otra clase avanza, posterior en el tiempo. La profesora repite cosas que ya anoté, así que me tomo un breve descanso a la altura de las manos. La relevacion llega, sin sobresaltos: El Licenciado será lo que será - me digo - pero no debe ser tan raro como aparenta entre la dualidad de su ser hombre y ser docente, en lo cotidiano. Habrá momentos donde se le escapará el maestrito y, otras, donde lo captará el hombre.
Y yo que sostengo obstinadamente que no quiero saber nada con hombres de mi gremio, porque me gustaría poder hablar de otra cosa en la cena; tengo que reconocer que no debe ser menos que un autentico placer tomarse un buen vino escuchándolo hablar sobre Pascal, sosteniéndose la cara de la misma manera en que lo hace mientras lo observo, cambiando la lapicera por una copa ancha y las oraciones en papel por unas cuantas palabras.
Y yo que sostengo obstinadamente que no quiero saber nada con hombres de mi gremio, porque me gustaría poder hablar de otra cosa en la cena; tengo que reconocer que no debe ser menos que un autentico placer tomarse un buen vino escuchándolo hablar sobre Pascal, sosteniéndose la cara de la misma manera en que lo hace mientras lo observo, cambiando la lapicera por una copa ancha y las oraciones en papel por unas cuantas palabras.
Ahí le fue, entonces, mi mas sincero homenaje, a este pintoresco docente argentino.






