sábado, 31 de mayo de 2025

Retocándolo, pero siempre juntos

Hoy me enteré de una noticia muy triste. Y es que mi hermana mayor inició la separación de su marido, después de varios años de matrimonio y (lo más importante), dos hijos. Mis sobrinos. 

La verdad, hace unas horas lo supe y estoy aguantándome las ganas de llorar porque aun mis padres no lo saben. Me apena mucho y al mismo tiempo me preocupa mucho más porque es un cambio de dinámica total para mis sobrinos. 

Mi sobrino mayor, es muy sensible y viene atravesando muchos cambios. Empezó la primaria, muchos cambios de horarios, y también esto en su casa que ya lo tiene triste. 
Mi sobrino menor, es aun más sensible que el primero. Tiene menos de tres años y me pone triste pensar que no tendrá tiempo de disfrutar a su papá y a su mamá juntos.

Sin embargo, entiendo la decisión de mi hermana y le he ofrecido todo mi apoyo ya sea si decide definitivamente continuar su vida lejos de su marido o no.  Porque más allá de las diferencias, nosotras siempre vamos a ser hermanas. Y si se le complicó, ahí estaremos. 
Eso le dijimos ambas, por mensaje. Que la apoyábamos, que lo lamentabámos y que estábamos para ella y para los nenes cuando quisieran. 

Mi sobrino mayor, mi primera persona favorita en el mundo, ya sabe la noticia. Se puso un poco triste, y esta adaptándose a no encontrarse con la misma dinámica.  Yo pienso en él y lo único que siento son ganas de abrazarlo. De prometerle que todo va a estar bien, que siempre lo voy a cuidar y que jamás en el mundo va a estar solo porque aunque cambie de forma, su familia jamas lo va a dejar. Ansío poder verlo, hablar con él, que sepa que estoy como siempre para escucharlo, para que confie en mi como confía para todo, para consolarlo y para darle cariño y amor.  Con él tenemos un amor muy especial, una confianza hermosa, y me parte el corazón que viva esto. 

También obviamente pienso en mi segunda persona favorita en el mundo, mi sobrino menor, y la angustia se expande. Es tan chiquito... y tan perceptivo. Ama a su hermano, a sus padres. Es un niño muy perceptivo que entiende todo y que al mismo tiempo no deja de ser un bebé de menos de 3 años.  Lo veo tan chiquito para procesar eso, que no sé qué pensar al respecto.  Él es atento, y sensible, y lo único que haría seria darle un abrazo y hacerle masajistos como a él le gusta, para que se sienta bien y mostrarle fotos de gatos y perros para que sonría. Él tiene una relación así de mística con mi hermana. Si bien sé que me quiere y mucho, noto esa magia con mi hermana y realmente me tranquiliza que como tias podamos estar ahí, haciendo cada una su aporte, en una transición difícil. 

Las perspectivas no son muy alentadoras. Cuando se entere mi mamá, Dios me libre. Va a entrar en un loop de preocupación porque siempre fue un tema para ella y siempre me dijo que él matrimonio de mi hermana no la dejaba tranquila. Ahí tiene. Intuición de madre o qué, por algo todavía mi hermana decide guardar silencio.  En cuanto a mi padre, con quien la relación cambió muchísimo, sé que querrá llevarse el protagonismo y va a hacer algún show. Pero la verdad es que a nadie en la familia le importa demasiado mi papá y lo cierto es que, aun con dolor, admito que él se lo ganó. Que se ganó el ser el dejado de lado, por sus acciones, y que será el último en saberlo. 

El silencio es salud, dicen. Y si. Al menos, ella podrá estar tranquila y enfocada en su familia y nosotras la acompañaremos hasta que decida comunicarlo.  Mientras, por otro lado, unimos fuerzas para sostener a los niños. "Retocándolo pero siempre juntos". Esa frase define todo. 

En este momento, ellos importan mucho más que nadie.  Y espero honestamente que mi hermana sea feliz, mis sobrinos lo sean, mi cuñado lo sea; de la manera en que cada uno pueda y quiera. Porque así, seguramente, armaran un formato más sano de familia, aunque se haya roto su matrimonio. 


Enemigo

- Pensé en no venir, hoy. Una parte mia ni quería hablar, pero me dije que tenia que hablar de esto. 

- ¿Qué pasó? 

- El domingo nos vimos con Javier. Nos juntamos para lo obvio - dije, con dificultad- y mientras estábamos ahí, en un momento re intenso se empezó a picar el tono de un juego de palabras y me dijo puta. 

Mire a mi terapeuta. Se hizo un silencio. 

- Me dijo "al final, resultaste muy puta". Eso dijo. Exactamente esa fue la frase. Y... yo reaccioné muy mal. Y... fue una situación horrible. No sabes lo mal que me sentí, lo tremendo que fue verme ahí. 

- ¿Qué le respondiste? 

- Le dije de todo. Lo insulté. Fue una situación muy fea. Yo no quería contestarle así, me hubiese gustado hacer otra cosa, pero no pude.  

- Es que no podías estar preparada para recibir eso en un momento así. ¿No? 

- No. En un segundo pasó a ser mi enemigo. Alguien de quien me tenia que defender. Y me defendí.

(...)

- Eso fue lo que pasó. Va más allá de él. Yo sinceramente creo que no hay nada que justifique el maltrato. Y me sentí maltratada con sus palabras. Para mi, me podría haber dicho cualquier cosa, pero no degradarme. Y haberme dicho puta es degradante. Porque si quería hacer referencia a mi disfrute sexual, podía usar mil sinónimos. Y no los usó. 

- No. Es además una palabra que aleja la subjetividad. No sos la persona que conoce hace más de diez años a la que le habla. Es como si hubiera apelado a un objeto. De todo lo que podía decir, haciendo un recorrido, dijo puta. 

- Me conoció a los 18 años, Javier. Tengo 30 años, ahora, y su única conclusión es que soy una puta. Es una humillación. Una ofensa a mi dignidad.  ¿Quien es él para juzgarme como yo disfruto a los 30 años? ¿Qué podría decir de si mismo, con más de 50, y la vida que tiene? 

- Claro. Él te señala a vos pero no es capaz de juzgar sus propias acciones. Vos disfrutas si, pero porque él también está del otro lado sosteniendo. Insistiendo. 

- ¿Sabes cuantas veces Javier me dijo que lo único que él quería era que disfrute? En cada encuentro, buscaba eso. Y si, obviamente, yo ni me ponía a llorar. Pero no podes buscar el placer de una persona para después decirle che, re puta sos, como vas a disfrutar así. 

(...) 

- No fue azar lo que dijo. Y yo no puedo ni tengo que dejárselo pasar. Porque cualquier vínculo que te hace mierda la dignidad... es un vínculo de mierda. Él me desmereció como nadie lo hizo. Y yo no se lo voy a perdonar. 

- Quizá, sea importante pensar como protegerse de eso a partir de ahora. Sabiendo que sus ojos son los que te dan ese lugar, los que te dejan en esa posición, lo mejor sea resguardarse. No atacar. Ya atacaste. Te defendiste de la ofensa. Ahora es momento de alejarte. No darle la posibilidad de que te mire de esa forma y te pueda poner en ese lugar. 

- ¿Y si me pasa con otros? No quiero que ese fantasma venga conmigo. Yo no tenia esas inseguridades y ahora no dejo de pensar que seguro voy a ser una puta para todos. 

- Quizá no. Porque puede haber gente con la que establezcan acuerdos. Como los que tenias con Galeno, por ejemplo, donde también estaba presente el erotismo y las palabras, pero no te sentías así. 

- El otro día Galeno me escribió y me dijo, una vez más, que habíamos sido felices juntos. Que siempre pensaba en mi y que esperaba que estuviera bien. Y al otro día, viene este pedazo de forro, y lo único que puede decir de mi es que soy una puta.  Obvio que me voy a alejar. A Javier le chupa un huevo todo el mundo. Pero yo no puedo permitir que diga cualquier cosa de mi y eso no implique mi salida. 

viernes, 30 de mayo de 2025

Ajuste anímico

 En mi oficina, en la empresa, en el cambio de gestión, se siente malestar. Desde la llegada de los nuevos directores, el clima ha cambiado demasiado.  Si bien cuando comenzamos una gestión nueva hay momentos normales de ansiedad, lo que vivo a partir del nuevo Director que además es Director de Recursos Inhumanos, se caracteriza por ser un desorden, un conventillo y una enorme calentura del lado de la gente por las políticas.  Quita de beneficios, o modificaciones que precarizan. Controles innecesarios. Micro control a los colaboradores. Dedo en la oreja, cuestionamientos sobre temas superfluos y no sobre cosas pendientes. Y puterio. Desinterés por la gente y puterio como para no mirar lo importante. 

¿Qué decir? Es agotador laburar con el mal clima añadido. En este último mes y medio, bajé mucho de peso por el estrés, el desgaste y mis temas personales. Desaprobé un parcial. Me cuesta un mundo la facultad y siento una angustia y un cansancio que me quiebran. 

Yo laburo de 09 a 18.00 hs. A la noche, algunos días estudio. Algunos domingos, colaboro con un grupo cultural dando soporte de literatura y me pagan una módica suma. Y sin embargo, me gustaría poder hacer más para poder correr menos, en algún momento. 

La verdad es que siento que no puedo quedarme en la queja, pero tampoco puedo esconder como me siento, o el cansancio real y sus consecuencias. Actualmente, agradezco todo todo lo que si tengo, lo valoro. Pero me angustia el panorama. 

Tengo salud, tengo trabajo y tengo vida para seguir. Pero también hay días donde quiero tomarme un descanso de todo. Trato de hacer todos los días lo mejor. Capacitarme. Confiar. Y ser paciente. Pero, pese a todo, la situación se ha puesto muy muy peluda los últimos meses.  Y termino necesitando un abrazo. Un millón de dólares, otro abrazo y la posibilidad de tomarme vacaciones unos días con sus noches. 

Hoy después de trabajar presencial, tener reunión, tener clases de inglés, viajar hora y media de ida y otra hora y media de vuelta, y escuchar a duras penas una clase de la universidad, vaya si necesito descansar. 

Me aferro a esa fuerza interior que me nace de las entrañas. Mañana será otro día. 

miércoles, 28 de mayo de 2025

Procesar la estocada

Estoy triste, sí. Me levanté así, bajón, pensando aún en las cosas del domingo. Un poco fastidiada con las internas de la oficina, que con el nuevo director es un caos, tratando de sostener la parada con mi compañera, con quien hacemos lo que podemos.  Hace rato que vengo así, sí, y lo del domingo fue y sigue siendo un fierro caliente que me quema la garganta. Que no suma a un panorama que, francamente, veo más difícil todos los días. 

Lo que pasó el otro día ¿fue algo que pude haberme esperado? No. Me esperaba mil cosas, pero que me dijera eso, no me lo esperaba. Sinceramente, creí siempre que entendía mi motor, que entendía el origen sincero de mis disyuntivas, que tomaba en serio mis palabras respecto a hacer cada uno su vida.  Y por eso en su impacto se configura una angustia distinta, nueva, que no tiene como receptor a Javier directamente, sino que tiene como receptor a mi propio rostro. ¿Volveré a sentirme cómoda alguna vez con mi forma de ser, de dar, de disfrutar? ¿O es que éste fantasma de la puta vendrá siempre conmigo, a partir de ahora? ¿Por qué siento que activó algo horrible dentro mío, que va mucho más allá de la cosa en sí? ¿Realmente reaccioné así porque reflejó lo que siempre sentí, el motivo de mi culpa, de mi cargo de conciencia?  Puede ser. Mi reacción fue desmedida, lo admito, reaccioné como un demonio, rebelde, incontrolable, pero lo que sentí fue devastador. Entonces, es como si no pudiera saber hoy en día qué fue más grave, si lo que dijo, si lo que significó para mí, si el odio que me generó, o la excitación que se derivó después de eso, donde seguimos bombeando, peleando, odiándonos y tratando de imponer cada uno su fuerza física, mental, vital. 

Sí, tuvimos un sexo re intenso, pero fue también un encuentro muy tenso donde toda esa rabia, esa bronca, esa impotencia, se tradujo en algo muy tóxico: una batalla física, sexual, indudable. Jamás pensé que le diría a una persona que la odio mientras la tengo encima, y disfruto de su cuerpo, y le digo como con bronca que me va a desear, ahora, porque con la boca de jarro que tiene. Tampoco pensé que Javier fuera tan básico. ¿Dónde quedo yo, dónde queda todo lo que soy, más allá de lo que él crea de mí? ¿Cómo se configura mi propia dignidad, mi coherencia interna, lo que yo espero?  Por eso, siento que he llegado a un límite muy muy claro. El límite de la dignidad. Del no goce, del construir bases distintas para mí. Porque no puedo hacer como si nada cuando pasó algo así. Porque no me dió lo mismo, porque me ofendió lo que dijo, y aunque pidió disculpas, estoy aún muy enojada, dolida, angustiada por eso. 

Una parte mia entiende, sinceramente, entiende por lo que conoce de él que no me diría puta como un insulto. Yo lo sentí como un insulto, a mí me lastimó, lo odié cuando lo dijo, pero también sé que él nunca me diría puta, ni ningun otro insulto, en un ámbito de real violencia. Sé que me lo dijo en un momento de enorme calentura mutua, donde estábamos diciéndonos muchas cosas subidas de tono, donde mi respuesta a todo era "me encanta, vas bien, me encanta lo que hacés, quiero que sigas" o cosas de ése estilo. Obvio, mi consentimiento estaba ahí. Pero cuando se pasó de uno de mis límites mi consentimiento mutó a rechazo, a ira, a bronca, a dolor por algo que Javier no sabía, y es que a mí me podés decir muchas cosas picantes en la cama, pero no puta.  Porque puta, tal y como le dije, es siempre que yo quiera. Y porque, para mí, por mi forma de pensar, es una cagada que al tipo que disfruta del sexo le digan campeón y que a la mina que disfruta del sexo le digan puta.  Es una mirada antigua, machista, y muy injusta con las mujeres, su placer, y la vivencia de una vida donde las experiencias, los deseos y las incertidumbres, son iguales.  Por eso le dije que era un machirulo. Porque faltó que me dijera: "me encanta que seas tan puta que me des todo lo que quiero", como si yo se lo estuviera dando a él y no lo estuviera haciendo por mí, por mi propio placer, por mi propio deseo. 

Hemos discutido en muchos momentos, nos hemos dicho verdades, pero nunca apeló al decirme puta como un insulto.  Sin embargo, que me lo diga en un ámbito sexual, donde yo estoy vulnerable, donde los dos sabemos que estamos haciendo mal muchas otras cosas, donde nos cuesta mucho mantener los límites porque nos deseamos como dos idiotas inútiles sin cerebro; cambia toda la historia. 

Todavía no sé qué haría si lo vuelvo a ver. Creo, honestamente, que saldría corriendo porque lo que pasó ha excedido todo. Me ha puesto del lado del espanto. No quiero cruzar palabras consigo, no quiero que me diga nada, no quiero tocarlo, no quiero complacerlo, ni dejarlo que me haga disfrutar nada. Estoy tratando de no romperme en mil pedazos.  

martes, 27 de mayo de 2025

"Bang, bang, estás liquidado"

Tiene metido hasta las cejas un triste papel (...) es lo que puede ofrecer, papeles tristes y sed de boca floja y perdón para su lengua" 

 Querés escapar de la toxicidad que no cede, y no cede. Javier se acerca, te saca la remera, el suéter, todo lo que traés. También, te saca el jean y sonríe cuando te ve con una campera nueva que te compraste. Él siempre tan igual, claramente, con su ropa en tonos verdes, unos tonos que le resaltan con su piel más oscura y su pelo que cada día se debate en la batalla de volverse más y más gris. Es raro pero cuando lo miro, por momentos, me hace a acordar a Toto Caputo, en una versión más conurbana. No sé, tiene un aire. ¿Será el aire de garca? Quizá mi mente me esté dando cada día más señales. ¿Quién en su sano juicio se cogería a alguien que tiene un aire a Caputo? Lo pienso desde el 2015, cuando vi a Caputo por primera vez, y con el paso de los años lo confirmé más. 

 Nos caemos a la cama, es tan fácil. Son cinco minutos donde Javier se acerca a mi cuerpo, ya desnudo, con el suyo igual, todo tirado por todos lados, nadie sabe dónde dejó nada, mis Converse por cualquier lado, sus zapatillas que salieron del juego enseguida, y la caja de preservativos ahí.    Me besa toda. Es como si ya conociera mi cuerpo de memoria. Hemos tenido sexo varias veces, de forma sostenida, durante mucho tiempo. Creo que recién ahora, desde febrero a ésta parte, esa secuencia aflojó. Y de mi lado, se encuentra con más trabas, más restricciones de mi cuerpo y se le vuelve un terreno donde no tiene, pese a que quiere, el banquete servido.  Javier lo labura, despacio. Yo me estremezco y hasta ahí vamos muy bien.  Claro que enganchamos, si parece estar muerto de calentura, claro que me va a convocar.  Mientras me besa todo el cuerpo, y apoya todo su peso sobre mí, me agarra de las manos. Muy fuerte. Tiene mucha fuerza, ya lo sé, me dobla en contextura, en especial ahora que estoy flaca y no debo llegar a los 50 kilos. Se lo digo, se ríe y me aprieta más. 

- Hola, ahora sí te saludo - le digo, y se ríe. 

Me empieza a decir cosas, a morder suavecito, a convocar. Me encanta que sea así, salvaje, desacatado, combativo. 

- Hola. ¿Vamos a festejar el 25 de mayo? 
- Sí, como buenos peronistas, lo vamos a festejar. 

En cuanto me recupero, me hago una colita. Javier se aprovecha de mi cuerpo expuesto, antes de avanzarlo, y me avanza primero. Entonces, paso mis manos por encima de sus hombros, mientras le tiro del pelo, y le digo lo mucho que me gusta. Lo mucho que me está complicando el peinado. Se ríe. Me hace otro chiste, y ahí es cuando surge la idea de hablar más guarro.  Yo, la verdad, no me escandalizo en ese sentido. Pero que me diga que soy puta, que resulté muy puta, como si fuera un elogio, me colapsa.  Arruina todo, me enoja, me hace sentir mal, me planta un campo de inseguridades nuevas que yo antes del domingo no tenía.  Y eso era por haber estado, además de Javier, con tipos como Galeno que me hacían sentir segura, que me dejaban espacio para expresarme. 

Principalmente, porque él me dice que soy puta porque no tengo reparos en el placer, porque me acuesto consigo que tiene novia, que no le digo que no... Pero ¿qué hace él del otro lado, no? Busca a la puta, no hay día donde no me vea, o vez donde no me escriba, y me diga que me quiere ver. No hay límite o conversación pacífica, o pedido de mi lado, para que entienda que la amistad es el mejor camino a tomar. 

Me es muy difícil pensar que lo que me dijo fue algo casual, de un juego sexual consensuado, aunque también lo conozco y sé que sí, que pudo haberse dado dentro del juego, porque acompaña mil cosas muy picantes que nos veníamos diciendo y no va que me dijo eso, eso justamente, la palabra mágica para desinflar instantáneamente la calentura y despertar un nivel de desprecio y violencia que ni yo sé de dónde salió. Me dolió lo que dijo y aunque me pidió perdón, y perdón, y perdón, algo se rompió de mi lado y no puedo evitar mirarlo con un dejo de resentimiento muy profundo. Estoy enojadísima. ¿Cómo va a decirme que resulté muy puta como algo que pretende me tome a bien? Sé que una de las cosas que más me elogia, siempre, es que disfruto. Que no tengo problemas, que no soy careta, que no hago nada por compromiso. ¿Y eso es equivalente a pensar qué puta que es?  Hay un mar de distancia. 

Mientras se mueve dentro mío y estamos ahí, en la cresta de la ola, cada uno con la cabeza enterrada en su palangana de merca, cada uno en el cénit de su vicio con el otro, me pide perdón. Me besa, me acaricia y me pide que no me enoje, que lo perdone. Yo acabo de insultarlo. De decirle en qué cabeza cabe que me diga algo así, que es un forro, que me deje, que lo odio, que en su puta vida me va a volver a coger.  

Sí, reaccioné muy mal. Empecé a quitármelo de encima con violencia, desprecio e ira y Javier la única reacción que tuvo fue atajarme el cuerpo y contenerme para que no saliera corriendo emperradísima. No me dejó salir por un momento y apoyó la cabeza en mi cuerpo. 

- Estoy enojada. Te odio. 

- Esperá, por favor, estaba jugando - me susurró. 

- Sos un forro, un forro de mierda, pajero, puta me venís a decir, hijo de puta - le contesté. 

- No, esperá, esperá. Shhh. Tranquila. Por favor. No te enojes. Me encanta hablarte así, me calentás un montón, me encanta coger con vos, por eso lo digo. 

Me besó. 

- Aflojá el cuerpo, por favor, no te pongas así... 

- Javi, cómo me vas a decir puta. Te voy a matar. 

- No, por favor, estoy jugando con vos. ¿Si? Estoy siendo guarro. Te estoy diciendo todo lo que te haría, entendés, que me encantás. 

- Pero - suspiré - no me podés decir eso. En serio, no. 

Me besó, me abrazó y se quedó pegado a mí. 

- Perdoname. ¿Me perdonás? 

- Es que me encanta coger con vos, pero yo no soy tu puta. ¿Estás loco? Sos re machirulo. 

- Ya sé, ya lo sé. No te enojes, por favor...  Fue dentro del juego. ¿Querés que me vaya? ¿Me dejás? - me pidió. 

- No, pero no quiero que me digas puta, yo no te digo si sos un forro, un hijo de mil putas, mientras te cojo... 

- Perdón, lo entiendo. Perdón. Pensé que te iba a gustar. 

- Puta, me tratás de puta. Siiii, me va a encantar, daleeee - lo burlé, porque cuando yo me enojo me pongo muy irónica. 

Se rió, y me besó muchas veces el cuerpo. 

- Y vos cogés conmigo porque yo quiero, no porque te dé un servicio, porque yo también tengo que querer para que cojamos y la pasemos así de bien. 

- Sí, yo lo sé. Sé que te puedo coger porque vos me dejás. Porque vos querés. Lo sé. 

- ¿Ah, qué, yo sola quiero? 

- Noooo. Yo también quiero, más vale que quiero... 

- Entonces no me digas puta, tarado. Disfrutá de cogerme como yo disfruto de vos sin decirte nada de tu cuerpo, por ejemplo. 

Javier y yo pese a esa situación seguimos excitados. Estamos ahí, jugados, dándole, y esa cercanía, esa lucha de las palabras, el cuerpo, la bronca, se vuelve el condimento. 

Cuando me doy cuenta, Javier me mira mientras me hace un poco suya. Me mira todo el tiempo, está pendiente, está atento, y me dice cosas intensas pero de esas que me gustan.  Ni bien nos separamos, sin embargo, yo me quedo acostada en la cama. Él se baña, y mientras miro los cuadros de su habitación, una habitación que es la cueva del demonio.  Me levanto, justo cuando viene, y junto mis cosas. Se lo vé radiante, la verdad. Me sonríe, me dice riéndose que hicimos un quilombo bárbaro con las sábanas, me dice que cogimos como los dioses, que le encantó, todo lo de siempre. 

Pero yo no estoy como siempre.  Y cuando me desaparezco por su casa, estoy conteniendo una herida, eso es lo raro que vé ahora  en mi. 

Ayer hablamos, sí, yo le dije que estaba todo bien pero que no me gustó la dinámica, que me hizo sentir incómoda, que me enrredé porque yo no puedo decirle tantas cosas guarras sin sentirme rara,  y que no iba a volver a insultarlo, ni a responderle mal cuando se disculpó.  Pero claro, tampoco es factible volver a acostarme consigo. No sé cómo podría volver a confiar en alguien que me dijo eso, o como volvería a sentirme cómoda sin pensar, todo el tiempo, que si hago ésto o aquéllo, que si me excito más o menos, eso me va a volver más o menos puta.  

Me parece tan horrible lo que dijo. Tan desatinado de todo lo que siempre traté de atajar, de explicarle sin violencia, de decirle con humanidad. Y eso me supera. Me supera en odio, en dolor, en bajeza, pero en el fondo, no me sorprende. Esto que me pasa es mi culpa en parte. ¿Qué me diga algo así? No, esa es su cabeza, su circuito, su maldad. Pero sí que yo esté ahí, en esta situación, dándole el espacio, sí es mi culpa.  Porque si yo hubiese podido mandarlo a cagar, y hubiese sostenido mi postura más  y más fuerte, no hubiese recibido esa devolución. Ese sos muy puta como quien dice tengo poder sobre vos, porque sos simplemente un puta que no vale dos pesos.    No, no sos una mujer, sos una cosa, y si es que sos una mujer, sos una mujer puta, que no vale nada.  Todo eso significa para mí lo que dijo. Una piña hubiese sido mejor. Menos violenta, francamente. ¿Si me veía la cara llena de sangre, quizá me hubiera dado cuenta antes lo importante que es SALIR YA DE AHÍ? 

 Yo no quiero vivir con esa inseguridad a partir de ahora. No quiero que el fantasma de que me vea como a una puta cuando hace 11 años me conoce y sabe quien soy, me persiga. No quiero pensar que todos los tipos van a pensar eso de mi, seguro.  No quiero, pero lo estoy pensando. Javier es el peor demonio para mí por todo lo que me convoca pero además porque hace cosas que me lastiman con una profundidad extensiva.  Me lastima, sí, me deja huella con las cosas que hace, con las que dice, me atraviesa. Y que me haya dicho esto para mí fue y es algo que me angustia porque no me lo quiero creer ni siquiera como parte de un juego sexual. 

Éste es mi límite. No voy a volver a exponerme y a exponer mi intensidad con alguien que me dice algo que para mí es un insulto. Yo lo insulté porque sentí eso, que recibí un insulto y di otro como vuelto. Y si bien sé que son consecuencias de haber andado junto al mismísimo demonio, no duele menos. 

Lo proceso con dificultad. No sé como le voy a poner palabras. No sé como voy a trabajarlo en terapia, por ejemplo, sin llorar.  Porque decirle a alguien que me pasó algo así, es muy humillante. Más que lo que él hizo, porque yo estuve del otro lado. Eso me hace sentir humillada, destruida, sin fuerzas 

Ya me no atrae la posibilidad de verlo ni de hablar nunca más. Deseo genuinamente que desaparezca para siempre de mi vida. Es como si su imagen hubiera cambiado de forma definitiva. No puedo separarlo de lo que dijo. Y esto me recuerda a cuando hace 11 años atrás yo sentí que me había lastimado más allá de todo lo que entendía posible y yo sentí que no podía, que no, que ya se había pasado de todos los límites. Esto... es lo mismo. Volvió a lastimarme con algo profundo y fiero. Algo que me muestra un Javier que no conocía, más cruel, porque no me saco de la cabeza que si lo dijo, entonces, lo pensó.  Lo logró. Se volvió peor. 

Pero eso sí: la charla que yo tuve ayer consigo, fue la última. No me despedí, no fue amorosa como la que yo tuve hace dos meses, no entré en detalles.  Fue el último clavo a su cajón. Porque lo que él dijo jodiendo, para mí, fue tremendo. Algo que no tiene reversa. 

Sí, me pidió perdón, pero no lo puedo perdonar. Entiendo ésto con la cabeza, sé que fue dentro de un juego sexual, pero mi corazón no lo admite posible, me parece que sobrepasó todos mis valores o juegos, todo lo que yo percibo sano del mundo. Mi corazón no entiende cómo me dijo algo así, cómo pensó que yo me podía calentar, cómo confundió las cosas, cómo me habló con semejante bajeza. 

 Su perdón es una mierda, una basura de gesto, una mentira.  Porque he jugado ese juego en otras situaciones, pero a él cuando me dijo puta, se lo creí. Él para mí lo dijo en serio. Y no, no es la palabra, no es que me escandaliza que me digan una guarrada, no es que me lo tomo personal... Es que él con todos sus gestos, sus virajes, sus dudas, sus conflictos, sus dificultades para tener una distancia, me dice resultaste ser muy puta y yo me muero de dolor. 

Es horrible todo. Siempre fue duro, oscuro, difícil, este tema. Pero nunca me había pasado algo así y no sé muy bien qué hacer con eso. No sé dónde acomodar o por dónde empezar a coser la herida.

Lo unico que sé es que necesito que pase mucho tiempo, y tomar mucha distancia, y no saber nada de él, porque tengo demasiado que pensar. Demasiado que armar.  Esto me afectó así, también, porque no le puedo encontrar un fin a ésta historia. Y lo sé. Y tengo que poder cambiarlo porque, al mismo tiempo, no concibo que alguien me trate así.  Siento que yo no nací para que alguien me diga algo así, y todo sea como si nada. O sea, ¿cómo alguien va a decirte eso y va a pretender que lo perdones? 

No, no fue como si nada. Fue como si todo.  Como si todo mi valor se hubiera reventado contra el suelo.  Qué humillación siento, de verdad. Algo que no me imaginé en mi vida sentir. Que no esperaba. 

Me duele. No puedo perdonarlo. Estoy muy enojada conmigo misma, me siento muy tarada y miserable, pero sé que si no salgo de ésto, voy a terminal mal. 

lunes, 26 de mayo de 2025

Fuera de la talla

 - ¿Me perdonas? - me preguntó - Estábamos jugando. Pensé que te gustaba. Por eso te lo dije. 

Me mordió, suavemente. Yo me quedé quieta. Estaba ahí, nadando en mi propia oscuridad. Pensando qué me gustaba, qué me dolía, tratando de obtener claridad.  Es muy difícil de explicar los efectos que tienen con Javier las discusiones.  Nos excitan. Sin embargo, esto de decirme que era muy puta como si fuera algo positivo, a mi me pareció todo lo contrario. Tanto es y tan grande el cargo de conciencia que siento con estos encuentros tan intensos a la vez, que mi cabeza se pone en modo guerra. Y si, un comentario de ese estilo, para mi es humillación pura. 

- ¿Qué pasa? 

Silencio. 

- Ey, qué pasa? ¿Estas bien? ¿Hice algo que no te gustó? 

- No me podes decir esto, Javi. ¿A quien le gusta que la traten de puta, pelotudo?

Me abrazó y me dio besos por todos lados. 

- Noooo. Es un juego. Jugamos juntos. Perdon. Estoy jugando con vos. Me dijiste que te gustaba que te hable más guarro. 

- Si, pero me trataste de puta. Sos un forro. Es un insulto. Yo no soy tu puta. ¿Me escuchaste? 

- Si. Ya lo sé. Pero me encanta que seas así. Que me lo des todo. Cogerte como a vos te gusta. 

Si, pero eso ni me hace puta, vos sos un forro, un pajero -  seguí, insultándolo. 

- Noo, no te enojes. Por favor. Por favor - susurró. 

- Te odio. Machirulo de mierda. 

(...) 

- ¿Así te gusta, me perdonas? Te prometo que me muevo despacito. Que te voy a coger bien despacito hasta que estés relajada. 

Me beso. Me pegué a él y le tire del pelo. Se movió despacio, muy despacio. 

- Relájate. Tranquila. Por favor - dijo e insistió. 

Seguí quejándome. Mientras, Javier me contenía dentro. Me apretaba. Y se movía muy despacio.  Yo estaba enojada. Muy enojada consigo. Aun lo estoy. Y sin embargo, ese enojo me excitaba más. 

Gemí. 

- ¿Ves? Esto es lo que me vuelve loco. 

(....) 

- Forro. Me tratas de puta, caradura. 

- Nooo. Tranquila. Quiero que me des todo. 

Javier y yo seguimos batallando. Hasta que dejamos de discutir. Y yo empecé a sentirme en una oscuridad confusa. Y empecé a disfrutar y a odiarlo. 

II. 

Todavía sigo enojada con él por haberse pasado. Es algo que estoy segura no le voy a poder perdonar.  Sé que fue un juego sexual, un juego en un contexto, pero no esperé que me dijera justo esa palabra. 

Porque hace años que yo le escapo a la palabra amante. Que no hago esto por puta. Que lo mando a hacer su vida. Hasta ayer mismo, le dije que si era tarde quizá era mejor dejarlo para otro día, que nada iba a pasar por pensarlo mejor. "No, vení. Te voy a estar esperando directamente en la cama", me contestó. 

Y en cuanto me abrió la puerta, me miró sonriente. 

- Hola. ¿Por qué estas seria? 

- Hola. ¿Seria? Nah. 

- No sé, pero entraste muy seria. 

Lo miré y me reí. 

- ¿Cómo queres que te salude? 

- No se, mejor... 

- Hola, Javier ****, hola compañero, muy feliz día de la Patria, ¿como estas hoy, como andan todos? Que alegría de verlos en esta jornada patriótica. ¿Brindamos? - ironicé. 

Javier se desarmó de risa. 

- Así, siiiii. Así saludá. Hola, feliz día de la Patria. ¿Cómo estás? 

Me reí. Note que Javier me miraba, sonreía y sus ojos lucían atontados. 

- Estaba lavando los platos. Justo me agarraste. 

- Uy, pobrecito. ¿No los podes lavar en otra vida? 

Se rió. Con sus manos húmedas, me las tocó a ellas. 

- Pobrecito nada, veni que vamos a festejar... 

- Viva la Patria, Javier - se rió. 

- Viva Peron. 

- Viva. 

Javier me sacó la ropa. Me acarició toda. Me besó con intensidad. Me mordió suave mientras me tocaba y me miraba embelezado. Me hizo todo lo que me gusta.  Y después seguimos en un plan espectacular hasta que no tuvo mejor idea que incluir esa oración detestable. 

Y ahí, la oscuridad.  La muerte misma. De hecho, lo desbloqueé y charlamos hoy, pero yo no estoy dispuesta a perdonarlo. Aunque aclaramos, para mi no cambia lo que dijo. Dudo si algún día podré perdonarlo. Y si bien yo le dije de todo, y lo insulté, y me pidió perdón, y me explicó...  Yo no puedo.  Seguro, eso es lo que piensa de mi realmente. Y lo que yo no soy, aun mismo me acueste con todo el que se me cruce.

Antes que suyo, mi cuerpo, y mi placer, y mi manera, y mi elección, son siempre míos. Ahí esta el problema. Y ahí está la razón por la que Javier para mi será tapado por la tierra. 

No se merece tener ni siquiera sexo con alguien como yo. Le quedé grande. 

La herida definitiva

 Se mueve dentro mio. Despacio. Más intenso. Depende cómo lo llevamos. La estoy pasando bien. A diferencia de la vez anterior, mi cuerpo cede bajo sus manos y su fuerza. Una fuerza con la que aplasta mi cuerpo suave qué lo deja. Se le dá. Lo acaricio, gimo, estoy presente. 

- Me encanta cogerte, por Dios - dice. 

Me toca el rostro con sus manos y me lo besa mientras me mueve de posición. Me muerde. Me aprieta. Yo disfruto sin falsedades como lo he hecho otras muchas veces consigo. 

- A mí también. 

- ¿Ah si? 

 - Si, Javi. 

- ¿Me dejas que te coja toda? 

- ¿Más? 

- Si, toda. 

Nos reímos. 

- Te dejo - suspiró. 

- Al final sos muy puta. Muy puta sos - me contestó. 

Esa respuesta fue para mi un golpe. Dolió. Supuso algo distinto. Humillante. 

- ¿Qué dijiste, Javier? 

- Que sos puta , muy puta. 

Silencio. 

- ¿Qué pasa? - me pregunto porque no le contesté. 

- No tenes derecho a decirme puta, vos. Forro. 

Javier se rio. Creo que pensó que estaba jodiendo. 

- ¿Te enojaste por lo que te dije? Estoy jugando. Estoy jugando con vos - me beso. 

-  Lo hago porque yo quiero. 

- Ya lo sé. Perdón - me beso - ¿Queres que me vaya? Es que yo te veo, mira lo que sos. Quiero cogerte toda. Quiero hacerte de todo. Y me dejas. 

- Si yo quiero. Porque no soy puta, porque lo deseo. No te vengo a hacer un servicio. 

Me besó. 

- Si, si vos queres. Perdóname. No quise ofenderte. 

- Machirulo. Puta me decis. Como no me voy a ofender. Me estas comiendo así porque yo quiero. No te olvides. 

- Si, lo se. Es porque vos me dejas. Porque vos queres. 

- Yo sola quiero, falta que me digas trola.  Ordinario. 

- Nooooo. ¿Cómo no te voy a querer coger? Yo quiero cogerte. Quiero que disfrutes. Quiero que te acuerdes de mi. No sos trola. 

- Tarde. 

(...) 

- Estas rara. 

Javier me miró, ya en otra escena. Lo toque suavemente y lo miré. Con odio. Él no despegó la mirada de mi. 

- Lo peor es que me podes decir es que soy puta. Entiendo que no me conoces, pero yo no te digo que sos un forro o un pajero. Jamas te falté el respeto. 

- Si que te conozco. Toda te conozco. No quise. Lo dije por decir. 

- Muy poco. 

- Veni. Perdón. 

Me besó. Me acarició y quiso tocarme. No lo dejé.  Javier odia no poder dar. Lo hace sentir inseguridad. Y la puta que siempre lo preservó y lo hizo sentir el más fuerte del barrio, finalmente no recibe sus caricias. 

 - Me estas volviendo loco. 

- Me vas a desear. 

Lo miré. Empecé a hacerle todo lo que le gusta en un plan de tortura. 

- Por favor, acércate. 

Retrocedí. 

- Por favor. 

Lo besé. Me besó desesperado. Gimió y me mordió agarrándome del cuerpo. 

- Terminemos, Javier. Te pasaste con la boca.  

- Dios. Veni conmigo. Perdóname. Sos hermosa. Hija de puta. Me enloqueces. 

Unos minutos después, Javier se aleja de mi. Su orgasmo es intenso. Ni bien vuelve a la habitación, me mira. 

Sabe que se pasó. Que no hizo las cosas bien. Intenta acercarse pero yo le paso por al lado con indiferencia.  Junto mi ropa, me visto, y lo ignoro. Me hace varios comentarios para tantear. Que estoy sería. Asegura que me pasa algo.  Se viste como quien duda. 

Las putas podemos hacer lo que queremos, pienso. Así que no le digo nada. No fue un error lo que dijo. Él lo piensa y yo pensaba que me respetaba más como mina que no le tiene miedo a su cuerpo. 

En la cocina, me cuenta cosas. Asiento. Nada de lo que me dice, además de lo que me dijo sobre lo puta que supuestamente soy, me importa. 

 Mientras, destrabo mi celular, y me doy cuenta que Javier es un miserable. Lo miro. Lo miro y pienso que realmente cree eso de mi. Que no asimila mi placer. Que solo le importa coger conmigo porque soy una puta. Por eso lo hace, porque soy una puta y las putas no habilitan nada en la conciencia.  Pero que te guste el sexo no debería ser pecado. No debería ser de puta. Y eso es lo que él no ve. 

No, no me llama por la química. Ni por la piel. Ni por cómo nos tocamos. Ni por cómo lo beso hasta que se le pone dura y le hago chistes para que haya humor y diversión.  No. Me llama porque evidentemente con la puta, es mejor. Pero eso si: es muy puta, viste, no es hermosa cuando disfruta y goza, y vibra acorde a su juventud, con la piel pareja que le gusta, y el culo que idolatra. No. No es hermosa cuando la mira, mientras la come, y ella lo elogia.  Al parecer, soy muy puta por todo eso. 

La puta que volvió a buscar mil veces. La puta con la que tiene más idas y vueltas que el colectivo del barrio. La puta que si tiene una performance pedorra, o una muy buena, siempre lo trata con humanidad y empatia. 

Siempre, más allá de todo, la puta lo respeta. Y que haya excedido este límite, es para mi horrible. 

- ¿Estas enojada? - pregunta - Me pongo un poco pesado a veces ¿,no? Disculpa. ¿Fui muy intenso? 

- Si. 

- Perdón. 

- Todo ok, Javi. 

- Pero estas muy extraña. 

- Estoy bien. En cinco viene el uber. 

- ¿Segura estas bien? Estas como contenida. Muerta. Rara. 

- Si, estoy bien. Quiero irme. Ahí esta llegando el tipo. 

- Bueno. 

Me fui sin mirarlo. 

- Chau, Javier - le dije, enfilando para la puerta y le di un beso en la mejilla. 

Me abrió. Se que esta desconcertado pero yo estoy dolida. Me siento insultada. ¿Cómo no se  dió cuenta? No, no se dió cuenta. Se pasó. Y le estoy haciendo pagar por eso. Porque no me puede decir lo que me dijo y pretender que todo siga igual. Aunque me haya pedido perdón, me es difícil. Me es difícil porque tengo más de 20 años menos y otra cabeza donde no soy la puta de nadie. Y donde me importa más mi placer, donde puedo jugar, si, porque si no juego a los 30 años, ¿cuando? 

- Chau - dijo. 

Solo chau. E hizo bien.  Caminé a solas sin darme vuelta. Su perro salio corriendo detrás mio, pero ni me importó.  Deseé su mal, para qué mentir. 

Por primera vez en once años, sentí que algo en mi había muerto de mi historia consigo. Es que tal como le dije antes, mientras me pedía perdón insistente, es que yo jamas le diría un cosa así. 

Desnudo, frente a mi, mientras lo acariciaba, lo miré fijo. 

- Yo jamas te diría algo que te huciera sentir mal. ¿Te gustaría que te dijera que no me gusta tu cuerpo? ¿Te calentaría? 

- Perdoname. No lo dije mal. Te hablaba guarro y... no sé, pensé que te iba a gustar. 

- Lo peor que me podes decir es puta, Javi. Es como si yo te dijera que sos un forro mientras te estoy dando placer.  Sos un forro, si, y un machirulo. ¿No me conoces el carácter que tengo? 

Me acerco a su cuerpo. Lo miré y le hice una caída de ojos intensa. Miré su cuerpo, entregado, y lo acaricié mientras lo tocaba. Ahí. Y lo dejaba. Ahí. 

- Perdón. Veni - me besó y sonrió - No me mires así, que me dan ganas de cogerte de nuevo. 

- Te pasaste dos pueblos. No te quiero perdonar. Sos un pelotudo. Me gusta  coger con vos pero no que me digas eso, justo. 

- No te enojes. Dale. Perdóname. Te hablé muy guarro, es la primera vez. No sabía hasta donde. 

Me tocó. Lo frene y lo miré. 

- Estas muy mojada, me vuelve loco eso. Por favor. 

No. Definitivamente. 


domingo, 25 de mayo de 2025

La explosion toxica

 Hoy estuve con Javier por vez número mil. Si. Pero fue horrible. No me gustó para nada, pero para nada, pero para nada. Y no, no me bloqueé. 

Habíamos empezado muy bien. Como ganas. Encendidos. Como en los viejos tiempos. Creo que ni yo me imaginaba que el sexo podía ser feo porque siempre tuve una noción distinta. Fallido, bueno, vaya y pase. Pero feo... 

Anduvimos ahí, compenetrados, besándonos como nunca, hsciendo chistes, jugando bien. hasta que dijo algo horrible.  Y a partir de ahí, la oscuridad. 

Fue horrible realmente lo que viví.  Horrible. Me dijo algo que me dolió mucho. Me dijo que no me diría eso de verdad, que fue algo del sexo.  Me pidió perdón. Mil veces.  Me indagó de arriba a abajo. Me explicó que fue un juego de palabras, que por favor, que...  

Claro, yo reaccioné muy mal. Él me agarro, trató de agarrarme, me pidió perdón, mientras me cogia suave y me acariciaba y me daba besos. 

Cuando me di cuenta que no iba a poder salir, lo dejé hacer. Coger solo, básicamente, era mejor que discutir desnuda. Humillada. Sintiéndome una mierda. Una tarada. ¿Cómo es que no entendió nada jamás, qué confundió? 

Cuando terminó de coger, porque a mi se me apagó el mundo, yo me levanté, me vestí como pude, destildé el puto celular para pedirme el uber y no le seguí la charla demasiado. Solo lo justo. 

Me pidio perdon. Me preguntó 34 veces si estaba bien. Me explicó que se puso pesado, me dijo taradeces. Que perdon. Me preguntó como me sentia, si estaba enojada, si estaba bien. 

Pero yo la careteé hasta irme. No podia casi hablarle. Contestaba con monosílabos. No me interesaba nada, pero nada, más que lo que me había dicho. 

Una oración bastó para matarlo. Qué increíble. Una oración que rompió todo. Todo. Y que por un momento me hizo pensar en arruinarlo. 

<<Al final, sos muy puta, muy puta sos>>, murmuró, mientras teníamos sexo. 

Obviamente, reaccioné muy mal. Hasta escribirlo me dá vergüenza. ¿Cómo me va a decir eso, si ni siquiera se preocupó porque llegara al orgasmo?  ¿Qué clase de amante es si se jacta de acostarse como una que supuestamente es muy puta, si no la sabe detonar? 

No tengo más palabras, la verdad. No puedo creer lo que pasó. 

Hace un rato llegué a casa. Podría decir mil cosas, seguramente caigan mas fichas qué ahora, pero la verdad es que solo quiero llorar. Sé que nunca me quiso, no se trató de eso. Yo tampoco lo quiero, pero jamas le diría algo de ese estilo. Jamás. Es una falta de respeto. Una frialdad y crueldad que no merecía. 

 Siento que cruzó un límite y que para mi Javier se murió. Suena espantoso, si, pero en este momento todo lo es. Lo que me dijo fue el fondo. La peor falta de respeto que recibí siendo yo misma, plena, si, desapegada, libre, joven, equivocada, inconsciente, tarada, pero no puta...  Puta suya, jamás.  Y se lo dejé claro cara a cara, aunque le hubiera hecho el quilombo del año si no me hubiera quedado pasmada. 

Ahora, ya segura, ya conmigo misma, ya a salvo de sus palabras, finalmente lo bloqueé. 

Fue horrible lo que sentí hoy. Muy feo, de verdad. La humillación en un entono de tanta vulnerabilidad como lo sexual, es como una parte tuya que queda herida de muerte. 

No creo que pueda perdonarlo.  

sábado, 24 de mayo de 2025

Mi Hiroshima

Lo bueno es que, si bien mi vida está un poco picante últimamente, Javier está muy tranquilo. No me escribió para vernos en las últimas dos semanas así que considero que entendió un poco esto de la sana discreción. Es un precedente porque aun en esta situación de 'las ganas están' empieza a poder manejarlas. Y a mi me hace más fácil lo que ya de por si es difícil. 

La verdad es que me alegra que ni aparezca porque sé que no respondería de mi. Estoy en esos momentos donde toda la adrenalina por una mala situación se traduce en deseo de alivio, y justamente por eso, es bueno que Javier con su cuerpo, su cara, su persona, y sus humores, estén lejos. Podría hacer un desastre si lo tuviera en frente y eso no es algo menor. No para mi, por lo menos. 

Claro, yo no lo demuestro pero tengo mis momentos de debilidad. Tengo esos momentos donde lo llamaria, donde si lo tuviera en frente lo desvestiria en dos segundos. Tengo momentos donde me acuerdo de algún encuentro, o donde deseo francamente estar en su casa abrazada a él en puntas de pie, mientras me acaricia el pelo suelto y me muerde los labios. Tengo momentos donde lo deseo más que a nadie y le escribiría y le diría "Javier, te quiero ver. ¿Cuándo y dónde?". 

Pero, no hago nada de eso. Sigo haciendo el esfuerzo, o sosteniéndolo, para poner la mente en otro lado.  Claro que sí, hablo con algún que otro pibe. Pero lo que yo quiero es muy preciso y no sirve de nada mentirme. 

Javier tiene sus jugadas, claro, sus estrategias. Es intenso físicamente. Él se acerca a mi y no puedo precisar lo nerviosa que me pongo. Algo que jamás me pasó con nadie. Él me mira mientras estamos hablando y siempre y cuando estemos a solas yo no puedo evitar escucharlo y pensar o preguntarme cómo debe estar debajo de esa ropa, y en sus piernas. ¿Si me contengo? Obvio. Pero me pasa. Y me alegra que cuando esto sucede, él no siempre esté cerca. Porque si hoy o mañana lo estuviera, tendría todos los receptores posibles para un deseo y una tensión sexual que le pertenece. 

Es muy loco pero sinceramente con Javier yo no esperé esa conexión sexual. Me he visto consigo en situaciones que yo creí no iba a vivir.  Y eso, es un punto que él sabe que tiene y siempre me fastidia por eso y se ríe feliz. Pero es un punto que ni quiero darle. 

Él digamos que es la persona con la que mejor la paso sexualmente. Hemos tenido tantos momentos de intensidad, de ferocidad, y no por los estímulos internos del caso, sino, por lo que siempre nos paso con el otro: sentir una atracción física y energética imparable. 

Hace años, Javier me explicaba que siempre antes de que yo llegara a las reuniones de la revista donde estábamos, el sentía una ansiedad grande. Que era como si me presintiera y que a los cinco minutos me veía pasar por la puerta y todo el espacio cambiaba. Que esa ansiedad suya bajaba y que el ambiente se sentía distinto.  Y de mi lado, esa atmósfera admito que hacía el mismo movimiento. Casi como una instancia que mostraba el desorden o el equilibrio de la energía entre dos cuerpos. 

 Cuando luego de muchísimos años con esa tensión y otras tensiones más peligrosas, nosotros empezamos a tener sexo, esa expectacion se sumó al deseo físico. El ambiente cambiaba, si y también las cosas que nos decíamos. Y las discusiones, que existían, donde yo le pedía que se alejara y él me decía que no podía. Y yo pensaba que tampoco podía pero que al menos intentarámos hacer el esfuerzo. 

Como ahora, por ejemplo, donde parece estar en otros mundos. Tranquilo. Sin llamar. Pudiendo controlar y controlarse. Algo bueno, la verdad, porque para mi está ocurriendo todo lo contrario y si algo podría suceder, sería demasiado intenso decir que no. 

Su tesis sexual es que yo siempre acostumbré a mandar, a liderar. Que estuve siempre con tipos que no me habían encontrado la forma y que yo los mandoneaba. Que me cuesta entregar porque me interesa más mandar. Y que a él no es como los otros, que se dejaban mandar y no me desafiaban. 

Javier me desafía, lo hace apropósito y a mi me encanta. Me encanta que me desafíe él en particular. Lo admito. Eso no significa que yo vaya y le pida nada, sino que implica ser consciente de mis propios rasgos. Y este es uno de ellos.  Javier es más intenso que yo, lo admito aunque nunca le dé el gusto de decírselo. Le dá al sexo la misma capital importancia que tiene para mi. Lo vive así, como si fuera el fin del mundo. Termina todo transpirado abajo mio con cara de felicidad mientras me dice las barbaridades más hermosas. Y eso me encanta. Odio que me encante qué sea tan desacatado, tan orgánico, tan humano, tan vecino del barrio, tan fanático del club, de Peron y Maradona.  Pero me encanta. Me encanta que alguien como él, con su cara de nada, con su barba, con sus aires de oficinista arrepentido y con su ropa marca culo, sin embargo, me haga sentir cosas que en mi puta vida me hubiera imaginado. Me encanta que me agarre como si pesara veinte kilos. Que no tenga problema en hacerme el amor en cualquier lado. En la oficina, en el cuarto, en la cocina. En la mesa donde come. Loco estas, le digo, para no reconocerle que me encanta. 

Porque claro, él mismo me lo ha dicho. Yo tendría que estar con una persona culta, inteligente, con dinero, que me dé todo, que sea mejor que él. Pero para mi, y mi deseo lo representa bien, eso es algo más teórico, pero nada que te llegue hasta el fondo de vos mismo.  

Porque a los fines, me desespera un viejo, un fiero, uno que está gordo, como se autopercibe él. Y quizá por eso, porque no se parece en nada a lo que me deberia gustar, es la única persona que agradezco tener lejos... Porque si lo tuviera cerca... 

Sí, me cansé de caretearla. No puedo más. Ni yo misma me soporto más negando este deseo.  Que se vaya todo a la mlerda. Me pasa lo que me pasa aunque no haga nunca más nada con eso.  

PD: mi super yo, esta colapsado. 

miércoles, 21 de mayo de 2025

Dias sobre los que mejor no entro en detalles...

 1. Desaprobé el parcial que rendí hace unos días. Por una pregunta múltiple choice. Interpreté mal preguntas que sabía. 

2. Lloré por la frustración. Lloré con mocos, con cansancio, con ganas de rendirme, con el sentimiento de que las cosas cuestan mucho. 

3. Me sequé las lagrimas. Me levanté. Me maquillé, peiné, y por primera vez en dos años fui a trabajar en buzo. 

4. Me enfermé. Se me rompió la computadora del trabajo.  Perdí archivos. Rescaté muchos. 

5. La oficina, un caos. 

6. Javier en silencio y yo en silencio. Ganas de levantar el teléfono, como quien apreta el botón rojo, pero un temple que luce incomprensible hasta para mí. 

7. Mi madre me mandó un texto llamado "Hija no te rindas", mis hermanas me dijeron que mañana iba a ser mejor y mi gato me ronroneo. 

8. Me ofrecieron un puesto Senior de Facturacion en otra empresa a dos horas de casa, presencial. Lo agradecí por ser mi primer puesto Senior pero también lo rechacé por incompatibilidad con mis estudios y mi vida en PBA. 

9. Mi sobrino mayor tiene sus primeras pruebas. Manda audios que dicen "gracias tia te quiero mucho" cuando lo felicito por estudiar para sus pruebas. Mi sobrino menor, está altísimo. Me dice Titi.  Yo pienso qué haría sin ellos y no hay manera de volver para atrás la vida que vivía sin ellos, ya no me la acuerdo. 

10. A veces, siento que no voy a poder. Pero después, sé que en estos momentos es donde la certeza de que voy a poder, es más fuerte que todo. 

11. Gasté $54.000 en una compra para cuidado personal y quedé sorprendida. Compré: algodón para la cara, un jabón limpiador para el rostro (en oferta, durará meses), un bálsamo para labios, toallitas húmedas+otro jabón limpiador específico para otra zona que durará mas alla del mes. Llevé artículos para el periodo y otras cuestiones femeninas (eso sumó mucho), una crema para el cuerpo (con ocho mil pesos de descuento) y un desodorante antitranspirante con descuento.  Ojalá me gane pronto un Telekino para dedicarme a invertir, escribir novelas y ofrecer cursos de alfabetización en zonas de bajos recursos. Obviamente, no toco más la página de AFIP. 

12. Elegí usar un producto de menor calidad en las piernas para hacer mi rutina de cuidado porque estaba mas barato y me salieron ronchas. Me dije a mi misma que teníamos un cuerpo demasiado caro para andar contracturándolo. 

13. Lloré por ver que uno a veces hace muchos muchos sacrificios por superarse y la cabeza o el cuerpo te ponen límites. Que todo te cuesta más. Y que no podes hacer nada más que seguir luchando. 

14. Al final, sí entré en detalles. Me ayudó escribir. 

lunes, 19 de mayo de 2025

El método del artista

Cuando recién nos conociamos con Javier, hace ya muchos años, él era solamente el hermano de Pedro.  Es que Pedro era el artista, el que insistía en la cultura, el que escribía, el que dirigía obras y el que participaba en toda una movida que, de alguna forma, tenía más sentido conmigo.  Yo había ido a participar a una revista que, de hecho, dirigía Pedro. No Javier. Y así, nos habíamos conocido entre todo un grupo de 15 personas donde, entre ellas, estaba Javier. Javier era el enfermo del futbol y el oficinista, dentro del grupo, participaba por ser el hermano del director, no tenia talento artístico. Se burlaban de él diciéndole que de su familia era el único que no era artista (cosa que es cierto) y él se reía. Explicaba que a él le gustaba el vino, la música y el club, pero que para la escritura era muy malo. 

Pasaron muchos años de eso. Muchos de verdad. Al punto que la última vez que le escuché la voz a Pedro fue a través del teléfono celular de Javier, hace unos meses atrás, mientras a él lo miraba y le pedía que hiciera silencio, sentado en la cama, desnudo, queriendo tocarme. 

Siempre pensé que Javier y yo jamas tuvimos nada que ver. Que fue un poco un accidente conocernos. 

Después, muchos años después, cuando empezamos a vincularnos ya fuera del grupo, de su familia, de la sociedad, y también de los deberes morales, Javier me contó que había participado del grupo como una manera de salir de una depresión muy grande que estaba atravesando.  Pedro lo había sumado como una manera de acompañarlo en su duelo, porque Javier se había separado de una pareja de muchos años y había quedado muy afectado después de eso.   Yo me había sumado al grupo porque me gustaba escribir y nos habian hecho un puente. Y fundamentalmente porque tenia ansiedad social y estaba haciendo terapia para superarla. Porque quería conocer a otras personas.  Porque era muy tímida y tenía muchos complejos que estaba intentando superar con la interacción. 

Javier cuando me dió por primera vez no me dió ni pelota. Yo tampoco a decir verdad. Solo se que lo saludé mientras hablaba por teléfono y me hizo un gesto muy tenue, desinteresado.  Antes de irme de esa primera reunión, se acercó sin embargo a disculparse. Me dijo que él era Javier, el hermano de Pedro, y que manejaba las redes sociales de la revista. Me preguntó si como era joven no podía formar parte de ese grupo, además, ayudando con las redes. Yo le dije que si. 

Entonces, ocurrió el contacto. Nos pasamos teléfonos y me pasó sus redes sociales. <<Agregame>> me dijo, así te puedo sumar como administradora. <<Dale. Mañana te busco. ¿Javier qué?>> le pregunté en referencia a sus redes cuando yo no tenia ni siquiera 20 años. 

Después, lo cierto es que Javier me resultaba gracioso. Se notaba, de lejos, que era buen tipo. Siempre ayudaba a todos en el grupo. Y yo, confie casi inicialmente en el, que aunque no fue el único vínculo que heredé de ese grupo, sí fue el único que tuvo otros componentes. 

Al principio, Javier era algo así como la antítesis de Pedro. Pedro se mandaba demasiado la parte, y en cambio, Javier era más humilde. Me trataba sin aires de soberbia, y siempre me hacía alguna broma porque sabía que yo era vergonzosa.  Así, si teníamos que organizar algo, solía ponerme en sus equipos y no tanto en los de Pedro. 

En esos contratos, Javier empezó a ofrecer su casa como punto de encuentro. Recuerdo que la primera vez que fui a su casa, mi papá había ido a ver un trabajo ahí cerca y me acompañó unas cuadras porque eran un poco tarde y no quería que fuera sola. 

- Hola. ¿Cómo estás? - le dijo Javier. 

- Bien. Acompañé porque es tarde. No quiero molestarlos. Ya me voy. Gracias. 

- No te hagas problema - dijo Javier - Después yo la llevo. No sabía que estábamos tan cerca. Ella no me deja llevarla a tu casa. El otro dia me dejó y ahi me di cuenta... - le dijo a mi papá - Es un cabezadura. Siempre que no. 

- Bueno, no me mandes al frente - lo reté. 

Se rió. Mi papá también. 

- Ella es así, a nosotros no nos cuenta mucho pero está contenta. Eso te lo agradezco - le dijo mi papá - Cuando quieras, te espero a comer un asado. 

- Bueno, muchas gracias. Me alegra que esté contenta. Pasa que no lo dice, es tímida. Gracias por acompañarla. Yo la llevo. Despreocúpate. 

- Bueno, gracias ▪︎▪︎▪︎▪︎ - le dije a mi papá, que lo llamo por nuestro apellido. 

Javier sonrió. Pasamos a su casa, a la bulla del grupo. Y la historia siguió. A veces pienso que siguió más de la cuenta. 

Muchos años después, Javier me dice que si tengo ganas en estos días, me escribe para que podamos volver a vernos. <<Me estoy yendo a una reunión, ahora mismo. Sí. Quiero>>, le respondo. 

Porque un accidente puede ser el puntapie a una experiencia del amor más imposible del mundo. El mío consigo. 



sábado, 17 de mayo de 2025

Dias de lluvia

 El jueves a la tarde, cuando estaba subiendo a la combi para volver a Provincia desde CABA, escuché que una mujer decía: "espero que nos dé tiempo de llegar la tormenta". Pensé que seguramente sí, nos iba a dar tiempo, porque así parecía asegurarlo el cielo. 

Bajé de la combi una hora y cuarto después porque el tránsito fue un caos. Caminé hasta ña parada del colectivo, llegué a casa y a la madrugada de ese día empezó la tormenta. 

Y desde entonces, yo no logré conciliar bien el sueño porque estoy preocupada por un tema importante que quiza cuente algun día y centralmente porque mi gato le tiene miedo a la lluvia (en concreto a los truenos). Aunque siempre duerme adentro tiene una costumbre: quedarse conmigo hasta la madrugada, después bajarase de la cama, y pedirme que abra la puerta para dormir en una camita en altura que mi papá le hizo.  Pero si llueve, es distinto porque ni bien empiezan los truenos, quiere volver a la cama conmigo. 

Así, estas últimas dos noches de tanta lluvia, truenos y todo, lo vigilé de cerca. Lo invité a dejar su cama en altura y a venir a dormir a mi lado.  Y él entre maullidos y mimos pareció contarme sobre su miedo.  Mis padres, que lo quieren mucho, también se levantaron en distintos horarios a vigilar que estuviera bien.  Le ofrecieron dormir con ellos pero él quiso venir conmigo o volver a su cama en altura cuando la lluvia aflojaba. 

Dormimos varias horas apretujados tanto la madrugada del viernes como hoy. Yo, que parezco muy seria a veces, le expliqué como se lo explicaría a mis sobrinos, que todo iba a estar bien. Lo acaricié, le di besitos, y lo dejé estacionarse sobre mi pecho por todo el tiempo que quiso.  Él a su manera pareció entender todo y me regaló mimos, ronroneos y la compañía silenciosa en mi falda en el medio de una reunión virtual de la oficina, en la tarde del viernes donde también estuvo pegado. 

Ahora, siendo más de las nueve de la mañana de este sábado que llueve,  mi gato duerme sobre mi falda mientras yo tomo mates en la cama.  Disfrutamos del silencio, del ruido de la lluvia sin truenos. 

Siempre me gustaron los días de lluvia, la lluvia en general, pero confieso que desde que mi gatito con nombre de escritor argentino les teme, mas me gustan las lluvias suaves. 

Ojalá el supiera todo lo que me acompaña en momentos donde la vida se ha puesto ultimamente mas complicada. 

viernes, 16 de mayo de 2025

Insomnio

 Son las 04 de la madrugada. No puedo dormir. Me levanté con la lluvia, porque mi gato le tiene miedo, y fui a ver cómo estaba y si quería volver a acurrucarse conmigo. Es que, a veces, le da por dormir encima y luego le dá por irse a hacer su vida nocturna... pero eso si : cuando llueve, le tiene miedo a los truenos, y ahí está su mamá humana. 

Mientras no puedo dormir, pienso. Qué novedad. 

Ayer hablé con Javier. Lo mismo de siempre, para resumir. Pero me quedé pensando en algo asociado a esa charla que tuvimos y fue bajando durante el día como una idea espesa. Algo donde más tiempo era necesario.  Y es el hecho de que él en sí es menos él y más la lucha interna que me representa. La lucha moral.  Pero además es también la lucha interna de reconocer, aceptar, asumir, afrontar, admitir, dar cuenta de, una falta de consideración y de amor que es atroz de su lado. Y quizá sea eso lo que más representa el dilema interno. 

Javier me ofrece vernos SIEMPRE que puede. Si me cruza, si me escribe, si nos mandamos data de algo del barrio, siempre me dice que si tengo ganas nos podemos encontrar. Y condicionar todo a mis ganas, es difícil. Porque para mi no se trata de tener ganas, sino, de perder algo. Tengo ganas, claro que sí, pero en este momento tengo culpa y estoy por momentos muy negada a todo ese mundo. Y principalmente, pocas pulgas para sostener un vínculo clandestino con alguien que no me quiere si físicamente ya he repetido lo que puede pasar. 

Siento que hemos pasado demasiado tiempo en este barco. Que sexualmente, ya la vivimos y que vincularmente no decide nada para ningún lado. Entonces ¿para qué vernos? ¿Para disfrutar un rato y después tener que lidiar con el tema semanas? 

Yo, por mi lado, nunca le ofrezco vernos. Nunca le escribo para vernos más alla de que antes lo deseaba y ahora no lo tengo en claro. Como muchísimo, si veo alguna promoción de vinos, se la comparto y listo. También, he juntado valor y le he dado una explicación muy breve sobre la última noche y mi comportamiento, aprovechando que surgió la chance. Él, obviamente, y a tono con cómo se había portado en ese mismo momento, me explicó que todo estaba bien y me dijo que sí tenía tiempo nos podíamos ver. 

Pero así y todo, me aburre pensar en repetir y repetir veinte veces el mismo encuentro porque  el costo de esa decisión es inevitable. Con Javier he tenido sexo muchas veces más de las que me hubiera imaginado. Muchas más, de verdad. Ya hemos tenido oportunidades de conectar sexualmente, de construir ese lenguaje, de saber los silencios del otro, de interpretar hasta cómo te toca o te pide. Pero, claro, su placer o el mío no está siendo el único precio a pagar por la decisión de vivir esa experiencia. 

Mentiria si dijera que no experimenté intensidades nuevas... Pero esta última vez, algo de lo que también sentí fue que ya no me sorprendía esa intensidad y que de su lado recibir comentarios tales como "es que estuvimos muy distanciados" como si fuera normal que estuviéramos teniendo una relación clandestina, me generaron una sorpresa en el sentido más literal. 

Javier no me quiere. No le importa si me muero mañana. No lloraría nada. Seguiría viviendo la misma vida, con una oferta muy pobre de coraje y de pelear por su felicidad.  Y eso es precisamente de lo que yo llevo meses queriendo distanciarme. No del placer sexual, sino, de la incomoda situación alrededor de ese placer momentáneo que Javier quiere repetir y repetir mientras me pregunta como estoy, como anda mi familia, como anda mi salud, que onda mi economía o me cuenta cuestiones mucho más personales de la suya. ¿De qué me sirve a mi saber sobre la salud de su tía, o del dinero que le va a entrar a su oficina, o el precio de sus honorarios? ¿De qué sirve que hablamos de política, si el objetivo general es otro? 

Yo conozco un montón de cosas suyas además del cuerpo. Y eso me va pesando. A medida que el tiempo transcurrido aumenta, es inevitable no reconocer que él vínculo sexual no puede durar tanto. El deseo, se apaga. Y yo soplo para ayudar. Otras veces, en paralelo a esto, esperaría únicamente a que cerrara la puerta qué nos separa con la calle, para desvestirlo. 

Qué karma haberse enamorado hace ya demasiado tiempo de una persona así. Qué castigo, francamente. Qué grave es que un tipo como él, me convoque semejantes cosas. Aun así sean preguntas. 

Sé que probablemente suene horrible o estúpido, pero hay momentos donde miro a Javier y sé que no encaja en ningún lado de mi vida ni de lo que yo creo desear.  No es mi tipo. No es un hombre demasiado atractivo, siendo completamente sincera. No tiene un cuerpo escultural, ni gran vocabulario, ni es tan tan culto como me gusta ver en otros hombres. No se destaca tanto en casi nada. No es un buen partido en ningún sentido del término. Y no entiendo aun así por qué lo deseo tanto. 

Pero después me acuerdo que a mi de él me gustó todo lo común.  Y que ahora no me extraña que verlo con una camiseta o el color alusivo al club de nuestro barrio, me dé ganas de mandar al diablo la cordura.  

Claro, después me acuerdo que Javier es un perfil de tipo por el que yo no puedo rifar mi vida. 


martes, 13 de mayo de 2025

Volviendo a la vida

 El post parcial es divino. Sin dudas. 

Hoy la mañana me costó un poco por el resto de sueño, pero la verdad es que ayer acabé durmiéndome a las 22.30 así que descansar, sí descansé.  Por la mañana, pude hacer la entrega del trabajo que tenia pautada. Además, tuve  mis clases de inglés despues de almorzar. Fue una buena clase, porque me sentía descansada mentalmente y logré aprovecharla más. Y después, para cerrar el dia, me puse a tachar pendientes adicionales. 

Fue un día productivo para compensar la escasa productividad de un día como ayer donde si bien avancé en cosas lo hice mediada por un cansancio atroz y muchos nervios para poder llegar a tiempo a la universidad desde CABA y de llegar a tiempo al examen. 

Cuando terminó el dia laboral, me dediqué a algo que es muy típico del post parcial: limpiar. Mi dormitorio, el sitio donde estuve encerrada todo el pasado finde, estaba revuelto así que lo organicé bastante más mientras tomaba unos matecitos y el resto se trató de relajarme. De poder apropiarme del descanso y de la recompensa más allá del resultado. 

Ayer hablaba con mi mamá de lo bien que me hace ir a la universidad pese a todo el sacrificio. Y me hace bien no solo porque me enseña, sino, porque me ubica. Me pone en contexto, me ayuda a poner todo en perspectiva. Y me ayuda a reencontrarme conmigo misma. Con mi propia historia. Y esto no es la primera vez que me pasa. La universidad siempre es un poco mi eje. Mi parámetro. Mi caja ttransformadora. El lugar donde siempre me siento en camino a lograr algo que me haga bien.  

Y eso no es poco. 

Sucede que trabajando en un lugar como el que yo trabajo (donde la imagen vale tanto, donde hay gente superficial, de otras clases sociales, que tienen ciertos humores) me sigue costando no compararme. No sentir que estoy atrasada en la vida. No sentir que las cosas son muy difíciles para mi, que nunca voy a poder conocer esos lugares, que como voy a hacer aquello si mi sueldo es distinto, que todo para mi es mucho más desafiante y que... 

 Y cuando voy a la facultad,  esos pensamientos se detienen. Simplemente, me siento bien allí. Porque ahí es como si me encontrara con mis propósitos, con otros estudiantes que también están haciendo un proceso similar, con gente que pertenece más a la clase trabajadora como yo, que no te miden la capacidad por la marca de la ropa. Con profesionales en Ciencias Económicas que son todo menos clasistas y que te educan sin preguntarte nada. Que te dan oportunidades sin mirar la ropa, el pelo, o la estética en general. 

Por eso también, el día después de ir a la facultad, me siento re cansada físicamente pero muy nutrida en otros niveles. El post parcial en este caso es vivir, y también, reflexionar. 

En el fondo, soy una minita que reflexiona mientras le dá para adelante. 


lunes, 12 de mayo de 2025

Asistir es el primer paso

 Finalmente, fui a rendir mi parcial. Hoy me desperté a las 04.00 am para estudiar antes de levantarme a las 06.00 am para vestirme e ir a la oficina. 

Me costó todo más, claro. El día estuvo atravesado por el sueño pero por un solo objetivo: hacerlo. 

Pude arreglar para salir más temprano de la oficina. Viajé en colectivo y uber para llegar a tiempo. 

Llegué con tiempo así que merendé algo. Rendí. Volví a tomar un uber para volver a casa repleta de carga : la computadora, una bolsa con abrigo, una cartera... y finalmente LLEGUÉ a casa. Después de más de 15 horas fuera, en día lleno de desafíos. 

Cuando llegué, me esperaba un guiso de mi mamá y mi gato hermoso, junto a un vasito de Coca. Es decir, la felicidad. 

Tal como ella me lo había anticipado en el viaje de regreso: "ahora llegas, comes algo calentito y te podes ir a dormir. Ya te lo sacaste de encima, hiciste todo lo mejor y la carrera haciéndola tranquila vas a llegar . No te preocupes.  Ahora, a descansar con tu gato ". 


domingo, 11 de mayo de 2025

Mañana será bonito

 Hoy domingo fue un día difícil. Lo dediqué al estudio, casi por completo, y realmente me costó un montón concentrarme porque después de varios días sosteniendo la misma rutina y de demasiado deber en la balanza, mi voluntad no sobraba. 

Pre parcial, yo desaparezco del mundo, pero eso tiene un precio: aumenta la ansiedad, el cansancio y la sensación de sentir que todo junto es demasiado, que el proceso esta siendo difícil. Pero sigo. No me acobardo. Paso este proceso de pelear con mi mente para amoldarla a mis objetivos una vez más. Y estudio. Estudio como unico antídoto para salir de la mierda. Estudio contra todo y todos. Estudio porque siempre mi sueño fue ser profesional. Estudio porque no vengo de una familia de universitarios y quiero ser una. Estudio trabajando. Estudiando cobrando un sueldo que cada vez reparto en más pedazos. Estudio con rebeldía. Con dolor a veces. Con la pared despintada. Con bronca. Con deseo. Con la absoluta certeza de que me merezco todo lo bueno que me va a pasar. 

Estas últimas semanas han sido muy estresantes laboralmente. Personalmente. Emocionalmente.  No sé que pasó. Solo se que me siento en medio de una tormenta. Desde el inicio de cuatrimestre en marzo, me cuesta estudiar. Llego de la oficina cansada, tengo muchas cosas para hacer, y lo personal poco ayuda. 

De afuera, nadie entiende lo que me pasa. Nadie entiende lo que siento. Pero yo lo que siento ahora es miedo a no poder seguir porque estoy pasando por tantos momentos de estrés en la oficina, y en lo personal, que no quiero luchar y luchar. Además, los compromisos de salud que estoy llevando adelante, la preocupación sobre el futuro y la pregunta que me tortura dia y noche: ¿como voy a hacer con todo esto sola? 

Pero ¿como yo no voy a querer luchar, si esta en mis venas? No, no admito que me cueste todo, pero si admito que no me voy a rendir. Que voy a dar lo mejor de mi y me voy a superar y voy a ser exitosa. A mi manera, claro, pero muy exitosa. ¿Y por qué? Por todo lo que di vuelta, ni que decirlo. Por todo aquello que derribé y voy a seguir derribando.  Las limitaciones pensadas y las inesperadas. Sí, van a volar todas. Y por eso es para mi tan importante sostener los procesos académicos, de aprendizaje profesional, de idiomas, de aprendizaje emocional respecto a esa vida. 

Como lo charle en terapia el viernes, esto se trata de disciplina, de voluntad, y sin dudas, de corazón. 

Quiero poder tener un mejor mañana. Aunque el presente sea una mierda, mañana va a ser mejor. Y aunque esté como una loca corriendo y aunque trabaje lejos de casa, y aunque pagar las cuentas sea cuesta arriba y aunque me sienta sola, a veces, porque nadie entiende lo difícil que es hacerlo como yo lo hago, es decir, sin contactos, sin acomodo, viviendo en una familia donde ninguna mujer eligió vivir su vida sola; SIGO. 

¿Cómo no voy a seguir? Tengo 30 años y necesito ganar mi propio partido con creces. Prefiero no seguir adelante con nada si tendría que resignarme nuevamente a vivir una vida lejos de lo que por segunda vez elegí. Por eso sigo. Y voy a seguir. Con cansancio. Con problemas. Con dificultades. Con estrés. Con lo que sea.  Voy a seguir. 

Mañana, en este contexto, voy a rendir un parcial más. Lo dí todo. Estudié en circunstancias mentales donde quise llorar. Batallé conmigo misma por pensarme atrasada en la vida, por sentirme miserable. Pero no me rendí porque como escribía ayer siento que estudiar es un privilegio y no me voy a dar por vencida así como si nada.

Jamás darme por vencida fue opción para mi y menos va a ser opción con una vida que se puso difícil y dentro de ella una carrera universitaria.