domingo, 31 de agosto de 2025

El viento de la tormenta

 Javier me saca la campera con cuidado, desde atrás. Despues, me saca la cartera, lo miro y sonreímos. Esta siendo suave y caballeroso, pero yo estoy muy expectante. Quiero que pase todo ya. 

- Gracias. 

- ¿Querés que tomemos algo? Abrimos algo. 

- No. Gracias. No quiero - le digo y lo miro como si me faltara el aire. 

Me revuelvo el pelo. Algo en mi se vuelve insostenible. Quiero estar consigo. No quiero esperar mas. Ni un minuto mas. No se si Javier se llega a dar cuenta de eso. 

- ¿Segura? 

- Te lo juro - digo. 

- ¿Y qué queres? 

Se pone todo colorado y espera, sonriéndome. Me agarra de la mano. Yo lo agarro de la otra y me observa fijamente. 

- Después tomamos algo, quiero otra cosa - le digo, con confianza y lo agarro fuerte de la otra mano, mientras lo miro. 

Sonriéndome, se da media vuelta y sin soltarme la mano, me conduce al dormitorio. De fondo, suena un vinilo de Los Abuelos de la nada porque le pedí que pusiera música. 

Javier se sienta en la cama, despues de sentarme. Me desata los cordones de las zapatillas Converse y me mira. Por favor, pienso, no me puede mirar asi, mientras con toda paciencia me saca las zapatillas. 

Se levanta y las quita con delicadeza. Me acaricia sobre las medias, sonríe. Va subiendo el vestido, hasta que lo miro, sonriendole y le saco una remera muy mundial Italia 90 que le resalta en el cuerpo, en contraste con su piel más oscura. 

- Déjame a mi, con esto - le digo. 

- Este vestido que trajiste - dice, con agrado. 

Me desenvuelve con todos los pormenores del vestido y las medias. Le gusta, me parece, porque mira y sonríe todo el tiempo. Como un niño en Navidad o en su cumpleaños. Me observa, mientras me saca todo, y me acaricia. Es como si midiera curvas con sus manos. 

- Déjame verte, a ver - dice, mientras me acaricia. Sonríe y me hace reír de pronto. 

- ¿Todo bien? 

- Todo espectacular. 

Se saca toda la ropa y lo miro, mientras lo acaricio. Le miro los ojos, el gesto, la cara y lo huelo.  Es exponencial la diferencia en contextura física. Él parece poder maniobrarme con una mano y yo tengo que usar toda mi potencia, pero lo recorro con los labios, lo investigo, contacto con la suavidad de su piel, de sus hombros, su espalda, de su cuerpo en la semi oscuridad. 

Me abraza. Entonces, yo me separo apenas y lo beso por su cuello, su barba, con delicadeza. Se que puedo ser fiera, pero también necesito arrancar despacio, porque hace mucho no nos vemos y la última vez terminó todo muy mal. No sé qué puede pasar ahora, mas alla de sus disculpas, porque yo pensaba que no me iba a pasar lo que me pasa. Que no me exicitaba. Que no me enloquecia. Y sin embargo, es todo lo contrario. 

Se acerca y después de algunos roces, va por ellas. Yo lo miro y sonreímos, porque se las lleva a la boca sin dudarlo.  Mientras les dá atención plena, le acaricio la cabeza, y disfruto. Me da realmente placer lo que está haciendo. Estoy sensible, sí. Mas que otras veces. Siento cada cosa que hace. 

 -  Tantas ganas tengo de hacerte todo lo que se te ocurra. Ni te imaginas. 

Me acomoda sobre él, y me mira, mientras me recorre. Yo también me acomodo y nuevamente se acerca a ellas. Lo dejo hacer mientras me mira, atento a como voy bajando la guardia. Me toca toda, me observa, esta dejando que me relaje. 

Se humedece los dedos, concentrado, y me acaricia. 

- Me encanta, pero... 

- Tranquila. No tengas miedo. 

Comienza a bajar sus manos por mi cuerpo. Me acomoda con delicadeza y me dice que no me preocupe. 

- ¿Qué me vas a hacer? 

- Quieta. Haceme caso. 

De pronto, hace algo muy íntimo que yo no le pedí pero que me fascina. 

- Javier, no, me muero. 

- Así. Quietita. 

- Espera. 

- ¿Qué? 

- Esto, esperá. 

- No tengas miedo. Te va a gustar, te lo prometo. 

- No es miedo. Pero si haces eso, yo llego al orgasmo muy pronto. Es mi debilidad. Me encanta. Me hace ver estrellas, por eso no te lo pido. 

Javier se rie.  Me remuevo, suspiro y trato de entretenerme con otra cosa. Me acomoda por detrás y me pega a su cuerpo, mientras me abraza y me dice que no pasa nada. Que disfrute y empieza a hacérmelo de nuevo. 

- No puedo mas. No sigas porque voy a acabar - le digo. 

Lo que acaba de intentar, funcionó a la perfección. Él está muy excitado, todo su cuerpo me lo demuestra, como me habla, como me mira.  Pero yo estoy igual. Y con eso que descubrió que me gusta,  que yo no le quise decir, su influjo es peor. 

- Acaba, si. Quiero que me acabes todo. 

- Ay, hijo de puta, deja de darme rosca. 

Javier se rie y me hace reir. 

 Yo sé que tiene dos manos. Sé que con una sola me contiene el cuerpo. Sé que tengo las piernas separadas, y siento su palma suave en mis zonas mas sensibles. Pero no esperaba que me tocara de esa forma, mientras me muerde, y yo lo aprieto como puedo. 

Lo escucho gemir, excitado por escucharme. Yo siento que voy a colapsar. Tengo ráfagas de placer, como olas, olitas que cada vez se hacen mas grandes, cuando me toca mas fuerte y me agarra con una mano, para que no desfallezca. 

- Mordeme. 

Javier me besa, me muerde, escuchando. Yo le pido que me muerda más, entonces se aleja un momento, me agarra del pelo para separarlo, y me muerde desesperado en el nacimiento del pelo, dejándome marcas. Me estremezco profundo, mientras con su cuerpo me apoya y se hace sentir por todos lados. 

- Tengo muchas ganas de cogerte asi como me lo pedis. ¿Lo entendés? Muchas ganas. 

- Hacelo. Haceme todo lo que quieras. 

Javier me arquea. Apropósito. Yo estoy asombrada. Me toca de una forma que nunca me han mostrado, mientras me besa y parece que ese orgasmo se acerca y se aleja. 

Gimo. 

- Mas, vamos a hacer algo mas. 

- ¿Por qué me haces eso? No puedo controlarme. 

- Porque te lo mereces. 

Siento la mano de Javier con sus dedos suaves en terrenos muy sensibles, de otra forma También siento el resto de su cuerpo que crece y juega con el, y me da vueltas, y me muerde suave las orejas y los labios. Su respiración agitada. Su desenfreno. Javier me toca como quien sabe que me va a llevar al orgasmo, pero también jamás nadie me hizo desearlo asi.  

Eso tiene él, que no hicieron los otros. La chance de que yo esté consigo como no estoy con nadie. Que realmente me entregue, aunque no quiera, porque el otro me puede. 

Es muy difícil no disfrutar eso.  Yo solo puedo gemir mas fuerte. 

- Lo bien que entendes cuando queres...

- Asi, a ver. Creo que esto lo entendí. 

Javier activa el modo turbo. Y yo, sin poder hacer nada mas, me desarmo en un orgasmo intenso que él potencia y potencia hasta que simplemente yo no tengo mas aire, ni mas corazón, y todo lo acabo de dejar por los aires de aquel dormitorio, agitada. 

Me río. Se rie. 

- Qué hijo de puta, sos. 

II. 

Cuando me toca devolverle las atenciones, me pide directamente lo que desea. Lo miro, me sonríe, le sonrio y le pido que se relaje. 

- Javi, cerrame los ojitos. 

Se rie. Le acaricio el pelo. Murmura algo, gruñe, complacido. 

- Dale, bolu. Cerra los ojitos. Después me miras. Quiero relajarte primero. 

Suspira. 

- Dejá de gruñirme. Ronronea como los gatos. 

Sonríe.  Me apoyo sobre el, despacio, y le doy un beso en el cuello. 

- Tenes que hacer prrrrrr - le digo, con humor.

Se carcajea y cierra los ojos sonriendo. 

- Muy bien - dije y lo relaje entero, con caricias. 

El cuerpo de Javier se me entregó con una facilidad inesperada. Todo me respondió fluyendo, asi que lo miré y lo vi espiarme.

Nos reímos.

- No espies mis trucos. 

Lo tomo de las manos. Francamente, amo sus manos desde siempre. Se las acaricio con las mías, por dentro. Javier me agarra fuerte con ellas. 

- No me distraigas con ellas porque me encantan. 

- ¿Mucho?

- ¿Viste cuando vos me decis que te gusta mi cuerpo? 

- Si. Me gusta. 

- Bueno, yo te veo las manos y siento algo parecido. 

Javier las ubica frente a mi, y mientras hago lo propio, me acaricia con ellas. 

- ¿Aca te gustan? ¿Asi están bien? 

Me rio. 

- Ahi es donde siempre me las imagino - le contesto. 

Y me ocupo de darle placer. Javier  vuela. Yo sigo haciendo lo mio. Lo que disfruto. Hacerlo con él es especial, lo admito. Darle atenciones después de que me hace sentir cosas nuevas, es un condimento para hacerlo con pericia. Pero también es especial porque se deja tocar, disfruta de una manera muy personal. 

Le hago masajes en todo el cuerpo, mientras lo toco y lo beso. Y despues, sigo con otras actividades. 

- Dios, qué bien que haces las cosas. Sos muy buena. Muy buena de verdad. 

- ¿Puedo seguir? ¿Te gusta?

- Muchísimo. 

De pronto, Javier me mira y sonríe. 

- Me acordé de algo que guarde para vos. Quería mostrarte que pienso en vos, me dice.  Manotea el celular y busca. Yo lo acaricio. 

- ¿Es de comex? ¿Algo muy urgente? 

- Nah, no es de Aduana. Es una información importante para vos, que vi hoy y yo la guardé para comentártelo. Porque tenes que estar informada. 

Me río. Me muestra una nota que guardó. Dice que el sexo y los orgasmos son beneficios científicamente para la salud de la mujer. Y que si esta triste, se mejora el estado de ánimo. 

- Qué importante es estar informados ¿no? 

Javier se rie y me mira como si lo hiciera perder la cordura y toda neurona a cien kilómetros a la redonda. Yo me río porque se pasa de boludo chistoso cuando quiere, pero lo aprecio en buena onda, porque no es algo ofensivo. 

- Me preocupo por vos - dice. 

- Oh, mira que justo viene la información. ¿Pero y quien esta triste? ¿Estas triste? ¿Tenes corazón de pollito? 

Le acaricié el pelo y lo despeiné. Se rie. 

- No. Te lo digo por si necesitas mi ayuda. 

- Yo te veo muy sonrisudo - lo burlo.  Se rie. 

- Yo pense que lo tenías que saber. Por si estas triste algún dia. Así me llamas y yo te ayudo. Lo hago por vos, únicamente. 

- De buen tipo, claro. 

Nos miramos, nos reímos como dos niños y me le acerco. 

- Si. Para ayudarte. 

- Qué generoso, Javi. No me imaginaba - le digo en un tono chistoso- Pero ahora no seria tristeza lo que siento. 

Me sonríe y me acaricia la espalda. 

- ¿Qué sentís precisamente? A ver si los científicos, viste... 

- Que el orgasmo lo vas a tener vos si me dejas seguir - le digo. 

Javier se pone serio de pronto, como si se concentrara y me acaricia con sus manos. Pierde una de ellas dentro mio, en lo sensible y me tienta. Es increíble como mi cuerpo le hace caso, enseguida, aunque solo use sus manos. Con la otra, me estira el torso, para que me enderece y me mira, serio, mientras de nuevo disfruta de tener el control. 

Finalmente, me coloca en la posición donde encajamos. 

- Movete despacito porque estoy sensible - le pido. 

Entonces, asi lo hace. Se mueve, me besa el rostro despacio. Me pide que me afloje. Me promete que va a ir despacito hasta que todo se acomode.  En cuanto se acomoda todo, Javier empieza a repetir sus sarandeos con precisión. Siento como su cuerpo se tensa, asi que me muevo, para llevarlo.  No me guardo nada. 

- Ay no, no, es poco. No puedo durar tan poco con vos - dice, y me agarra de la cabeza para besarme la cara. 

- Tranquilo. Disfruta, no te midas mas - le digo, jadeando. 

Tiembla dentro mio. Desprende una energía física increíble. Me toma como un salvaje y finalmente se encamina hacia el final. 

- Te **** toda. No puedo mas. 

- Hermoso, quiero que lo hagas.  

- ¿Si? 

- Te siento todo. Sí. Estas tan cerquita. 

- Voy a hacer un desastre - dice y sigue murmurando mas cosas que no entiendo. 

Me aferra a su cuerpo con fuerza.  Se frena un momento y trata de resistirse, para soportar, pero no puede. 

- Te quiero matar. 

- Yo también - le escupo. 

Ya no me puedo medir con las respuestas.  Estamos hablando muy desde el fondo. 

- Te quiero agarrar toda y cogerte todo el dia. Hacerte de todo. Asi, ves. Cogerte asi. Siempre. 

- Si. No me importa mas nada. Hacelo. Asi, por favor, ¿si? 

Cuando le digo que sí, se enloquece y pocos segundos después  termina en un orgasmo desarmado sobre la cama. Se rie. Le hago un chiste sobre si llamo al SAME o a los bomberos porque quedo regulando y después me voy a bañar. 

II. 

Un rato después cuando lo veo en la heladería, comprando, hablando tan civilizado, pienso que cuando era una jovencita jamás hubiera esperado tener noches asi consigo. No bajo consigo porque es la heladería del barrio, donde suelen pedir helado en mi casa, y donde el pine que atiende me conoce de vista. Pero pienso que la manera de relacionarme con él es de las mas intensas que tengo con alguien.  

 Me doy cuenta que la joven que era yo, antes, que se moría por verlo, que suspiraba cuando lo veía caminar por la principal llevando el mate al grupo, jamás hubiera pensando en algo asi.  Ahora lo veo en la heladería, esperando solo un sábado a la noche, de trampa conmigo, sabiendo todo lo que se juega y aun asi no pudiendo parar. Ahi estamos los dos envueltos  en todo este manto. En una pasión que sigue. Que persiste. Que ninguno de los entiende. Que nos sobrepasa. Que rechazamos. Que nos impacta. 

Esta viejo, Javier, sí. Eso pienso. Esta mas viejo, intenso, encajetado. Cortarmos este vínculo mil veces. Y cada vez que lo veo así, con cierta distancia como lo veía quien era yo a los diecinueve años, entiendo el colapso de los 30. Tantos años deseándolo, tantos años mirándolo de lejos. Tantos años de silencio. Tantos años de mantener las formas, porque no podíamos estar juntos. 

A sus 53 años, Javier camina hacia el auto. Se sube. Me sonríe. Deja el helado. 

- ¿Vamos a dar unas vueltas? ¿Si?

- Vamos, dale - le contesta mi versión de 30. 

Damos vueltas en nuestro barrio vacío. Y yo puedo jurar que este barrio podría ser el escenario perfecto para que alguien cuente la historia que yo no sé bien cómo explicar. 

Doy vueltas sobre lo mismo y no entiendo por qué siempre termino asi. Sintiendo que si no lo toco hoy, que si no abrazo hoy, que si no gozamos hoy, que si no nos reímos, nos morimos o nos vivimos hoy, nunca voy a poder seguir de la misma forma.  Estar consigo implica asumir toda mi oscuridad pero también, ser distinta. Una persona sin una amputación. 

Javier me mira y me charla. A veces pienso que estos encuentros van a ser los verdaderos recuerdos con los que se quede de mí, cuando sea realmente viejo y ya no me desee. Cuando quizá me vea casada con otro, con una hijita, caminando por el barrio para visitar la casa de mis viejos. 

Así, a la distancia, me imagino yo. El futuro es un desencuentro inevitable, creo. Lo creo sinceramente. En especial, porque sé que esto con Javier es simplemente una aventura que estamos viviendo antes de que el manto del tiempo se lo lleve todo. 

sábado, 30 de agosto de 2025

La previa de la tormenta

Cae agua caliente sobre mi cabeza. Me paso las manos por mi rostro y voy frotándome despacio con el jabón, en cuanto consigo respirar hondo.   La ducha de Javier es buena; lo malo es que yo esté ahí. De nuevo. Bañándome después de haber estado juntos. De nuevo. 

Me ha matado, hoy. Hacia mucho tiempo que no teníamos ese feeling. Que no me hacía sentir una excitacion que me problara todo el cuerpo. Pienso que es una cosa de locos porque no puedo llevarme bastante mal en la vida consigo y al mismo tiempo, tener esta clase de sexo que tenemos como si fuera excusa para postergar cualquier muerte. 

Salgo de su ducha.  Piso con mis pies con las uñas rojas la alfombra a rayas. Me envuelvo en una de sus toallas y me visto de nuevo. He llevado un vestido de manga larga, con medias y un momento después voy a la cocina a sentarme, a ponerme las medias, cuando me mira sonriendo. 

- ¿No vas a tener problemas por el pelo mojado? 

- No. Todo bien, no pasa nada. Es pelo mojado, nomas. 

- ¿Cómo que no? Volver asi, a tu casa... - me miró. 

- No voy a tener problemas. Tranquilo- dije, enroscando al derecho mis medias para ponérmelas. 

- Igual no te apures. Espera que se te seque un poco. Ahora salimos un rato, así no te volves tan pronto. 

- Tranquilo. Enseguida arrancamos. 

Nos quedamos en silencio. 

- Dios, qué cosa... qué cosa con vos - dijo, mirándome ponerme las medias. 

- ¿Qué pasa, Javi? - le pregunté, porque seguía murmurando. 

- No, que juego con pólvora. Parezco un adolescente. El sábado es un día peligroso. Pensé en la semana, dije el sábado es jugarse mucho y hoy por eso cuando te llamé estaba pensando que era finito todo. 

- Te pregunté si estabas seguro. Te pregunté si era seguro vernos acá. 

 - Si. Es seguro. Y también siempre hay riesgo. 

Lo miré y me puse las medias en la otra pierna. 

- ¿Estás asustado? - pregunté. 

- Nah. Pero siempre es un riesgo. Hoy... es mayor... - puso  cara. 

- Javier, no invoques.  Ya me voy. No es un dia igual para que estemos pelotudeando. 

- No tengo miedo. El dia es un poco jodido, pero no te hagas problema, vos, no corras no va a pasar nada. Mañana no iba a poder porque viste que tengo el espectáculo de mi hermano... Era hoy. Pero no puedo estirarla mucho. Por las dudas. No te ofrezco mucho por eso. 

- Bueno, pero espera, Javier... lo decis como si hubieses hecho algo distinto. ¿Qué hiciste? Estas rari . 

- Nada. 

- ¿Qué excusa metiste, delincuente? 

Me miro y sonrio, blando. 

- No, pasa que vino para acá cerca a comer con unas amigas. Tres minas mas. No va a venir. Yo le dije que me iba acostar. Pero hay riesgo. Mucho mas que otras veces, por vernos acá. 

- ¿Vos me estas diciendo que está comiendo en *** con las amigas y que vos y yo estamos acá? 

Me puse seria. La señora en cuestión, que me odiaba desde los 19 años, está en un radio de 12 cuadras. Ese viaje, a esa hora, lleva diez minutos. Es decir, que ella mucho mas cerca que otras veces. 

- Si, pero no va a venir para acá. Debe estar comiendo, todavía, se encontraba a las nueve me dijo. Bueno, nosotros arrancamos a las nueve. 

- Ayyyyy, Javi. Pero mira si cambia de opinión... Diossss como no me dijiste antes- dije. 

Me lo quedé mirando, desconcertada. ¿No podia esperar a encontrarnos en otro momento, lugar o dia?  

- Te juro que no sé como no medis esos detalles. Una cosa es que esté en la casa mirándo una serie, pero otra es que esté comiendo acá nomas, que puede pintarle venir. Mira si te llama para algo o vuelve antes y nos ve. 

Javier jamas habia hecho algo asi de fino. Por eso, mis preguntas, mis reproches, mi desesperación. 

- No nos va a descubrir. Tengo cuidado, yo. Pero si es riesgoso verte.  Por eso me alejo de vos un tiempo, marco una distancia. 

- Pero es que igual. Hoy está acá nomás. 

- Si. Pero yo le dije que me iba a acostar. Me acosté. Me quedé acá. 

- Conmigo, Javi. Me muero, todo esto es tan finito - dije, en voz baja, lamentándome. 

Suspiró. Se puso serio. 

- Yo tuve que tomar mucha distancia de vos porque estuve demasiado cerca de morder el pasto, el ultimo tiempo. De confundirme. 

Acomodándome el vestido, le pregunté: 

- ¿Qué quiere decir eso de confundirse? ¿Con qué?

- Empecé a relajarme mucho con el tema, a dejarme llevar y casi no freno. Y yo se que a vos no te puedo frenar, entonces no me puedo relajar del todo, me tengo que frenar a mí.  Y las últimas veces estuve muy cerca de morder el pasto, confundirme, veníamos muy cebados los dos viéndonos, garchamos un montón, pensaba todo el tiempo en vos. Yo me di cuenta que no estaba pudiendo parar. Que te buscaba todo el tiempo como un pendejo boludo. Venía muy embalado, pensando todo el dia en esto. 

Suspiré. Me lo quedé mirando. El fue a buscar una Coca-Cola fría para mí. A veces me da la sensación de que Javier nunca me dice toda la verdad. Cuando me dice que limita, no entiendo qué ataja conmigo, porque si se trata del cuerpo, no se guarda mucho.  Mas bien, nada. Cuando me dice que ya sabe, que ya sabe todo, no se bien qué sabe. 

Le confesé: 

- Yo te eliminé de todos lados, un poco para cortarla. Lo que pasó no estuvo bueno, pero también lo hice porque fue una manera de terminar con esto, Javi.  Me jodió esa desbocada, pero mas, que sé que si yo si te tengo ahí a la mano veía cosas y te las quería mostrar o mandarte una boludez y no. No es lo que corresponde. Me descontrolo con vos. Vos decis que te descontrolas conmigo y mirame.

Javier me sonrió. 

Me puse las zapatillas. 

- Por eso. Pero es como la polvora, entendes. Yo digo que no. Que haces bien, si, no nos demos mas bola. Y pasa de todo. Y es un peligro, un peligro, porque se que es un riesgo verte, hoy por ejemplo, pero no lo puedo manejar. Hace dias ya que estaba pensando en esto. 

Lo miré y dejé de ponerme las zapatillas. 

- Ay, Javi... Pero Dios, estas loco, loquisimo - lo miré sin rencor- Como si fuera que es de vida o muerte acostarnos... 

- Es seguro para vos. No viene hoy. Pero siempre hay un riesgo para mí.  En cada encuentro que tenemos. Siempre. 

- ¿A vos te divierte esto? Yo no puedo creer. O sea, me mata que me lo digas como algo que te pasa y bueno, va mas alla de todo... 

- No, no me divierte. No digas eso. Si me divertiría yo te llamaría todo el tiempo porque siempre quiero con vos y me la re aguanto. Todo el tiempo. Porque  no me divierto haciendo esto, por eso me alejo, yo necesito hacer un impasse y parar porque si no... 

Lo miré, peinandome. 

- ¿Si no qué? 

- Nada. Dejá. ¿Querés Coca? 

- No, decime Javi. Nosotros acabamos de coger como si no hubiera mañana. Vos, para eso, estas jugando con fuego, estrellas, de todo. Ya nos peleamos la otra vez por la boca. Hablá con esa boca que tenes, usala para hablar una sola vez. Decime, hombre. Dale, habla lo que sea. 

Sacudió la cabeza. Suspiró. 

- Queyoyase - dijo, atropellado - la tengo que dejar, tengo que desarmar todo eso. Pasa que no quiero lastimar a nadie - dijo, rápido. 

Lo miré. Se me aflojaron las piernas. Javier se abrió la Coca-Cola y me sirvió para después servirse. No me esperaba eso. Me había dicho cosas parecidas, que daban a entender, pero esta vez no decoró nada. 

- Y, eso no lo sé yo, Javi. Pero por las dudas no me quedo un segundo mas, ¿si? - dije - Voy buscando uber. Dale, activemos. 

Me sonrió. 

- Toma tranquila, no corras - dijo - ¿Vamos a dar unas vueltas, voy a ir a comprar helado, me acompañas y te dejo en tu casa? 

La cara de Javier era una contradicción en si misma. 

- Ahora me diste miedo. Brrrrrr. Fantaaaasmaas- lo burlé y me acerqué a él. 

Se rió y sacudió la cabeza. Suspiré.  

- Vamos, dale. 

- Si. Dale. Vamos y te dejo en tu casa. Charlamos. Vamos a buscar al gato que salió y no volvió. No tengas miedo. No te va a pasar nada a vos. 

Suspiré. 

- Javi y a vos... - dije - pensemos con la cabeza. Usemosla. Pero no para pensar en él otro, y hacer cosas hot. O sea, sabemos que para eso funciona, pero tiene que funcionar para todo. 

- Esta. Esta. Esta. Necesitaba este tiempo distanciados. Para calificar. Viste. Poder ponerte una distancia y ponérmela a mi. No me puedo poner un freno, si no me alejo. Me tengo que distanciar un poco porque si no es muy difícil. 

- Suena horrible, si.  Yo te eliminé de todos lados porque nosotros somos tremendos, me dijiste cualquier cosa, hacemos cualquier cosa para poder juntarnos... Y es una cosa que no termina mas si no... En eso tenes razón. Nosotros tenemos el mismo problema con eso. No duran los frenos. No se, los ponemos, se que sí. Lo noté, de tu lado el otro dia y yo por eso no te contestaba... 

- Lo sé. Ya lo sé, si.  Soy yo. Todo lo que hago. Lo que pienso. Por eso me freno. Pero es una cosa tremenda, todo esto. 

- Si. Opino igual. No puedo caretearla. Vamos, dale, quiero que sea seguro para los dos. Salgamos de aca, ya. 

- Vamos. No te preocupes. 

- Escuchá, el toallón amarillo, seguro tiene mi perfume. Lávalo. Ese perfume dura demasiado, en especial en las toallas ¿si? Las mías las pegoteo todas con ese perfume. 

Se rio. 

- Bueno, lo lavo. Vamos nomas. Para. No encuentro las llaves. Aca, aca están. 

- Ok. ¿Vamos a la heladería? 

- Si, pasamos por ahi primero. 

Mientras damos vueltas por el barrio, y charlamos, frena a comprar helado. Yo no quiero salir con el ni a la vereda, asi que me quedo en el auto a solas. 

Miro por ese momento el barrio. A nuestro alrededor, nadie. Esta noche de agosto se parece a muchas otras. ¿Cuantas noches compartimos con Javier desde que me conoció, cuando era una joven de pelo corto, ansiedad y rulitos que le confesó su amor con un terror supremo? ¿Cuantas tienen que ver con esta que soy hoy, once años despues?  

Ahora, lo espero en su auto, cubriéndome de la mirada ajena. Escapándome un poco. Cruzada de piernas, lo espero mientras engancho suavemente mi mano en la red imperceptible de las medias. La heladería es vidriada. Se lo vé esperar. Barba, remera de Italia 90 del Diego, pantalón deportivo, zapatillas negras.  

Aprovecho para mirarlo, sí. La oscuridad de su auto apagado, me lo permite. Me doy cuenta en ese momento donde estoy, con quién, lo expuestos también que quedamos en el barrio por andar juntos un sabado a la noche. 

Menos mal que no bajé. Podríamos haber encontrado quizás otro vecino que nos conociera. 

- Estuve muy adolescente hoy con el cuerpo. Hice las cosas como si fuera un pendejo . Que desastre. Duré menos de lo que quería. Perdóname. Cuando vos haces algunas cosas, me enloquezco. 

Me rei. 

- Me gustó, eso es lo de menos. Somos dos calentones, nosotros, boludo, nos ponemos en bolas en tiempo récord - le dije - No podemos coger con esa velocidad y terminar todos desesperados. 

Se rió. Me hizo reír. 

- Dios, me frustra igual. 

- ¿Por qué? 

- Y  porque pasa esto, lo otro, y terminamos siempre garchando - me agarré la cara. 

Sonrió. 

- Pero me encantó. 

- Ya sé. A mi también. Por desgracia. 

- Por suerte, dale. 

(...) 

Se rió. Suspiré. El barrio rodaba bajo las ruedas del auto de Javier como hace muchos años. 

- Déjame acá en la esquina. 

- Dale, te dejo en la puerta. 

- No. Tranquilo. Anda a buscar a tu gato. Descansa. 

- Gracias. Estoy preocupado por él. Perdón, no se que mas decirte. Fue un placer enorme verte. 

- Nada, me digas,  por nuestro bien. Tranquilo. Chau. Me gustó. 

Sonrió. 

- A mi puf. 

- Chau, Javi. Buenas noches. 

Caminé rápido hasta mi casa. Unos pocos metros hasta la curva. Es una esquina sin ochava que permite cierta privacidad. 

 De pronto, cuando doblé apenas la curvita, veo que mi mama entra porque dos segundos atrás salio a sacar la basura.  No nos vió juntos, básicamente, porque la esquina de mi casa tiene una escuadra distinta donde quedas oculto por una pared. No nos vió juntos, de pedo.  No nos vió juntos, básicamente, porque ayer escapamos de todo.  Y le pedí a Javier que me dejara antes de esa pared, bien en la esquina, porque prefiero aparecer caminando y no que lo reconozcan. 

- No me cierres la puerta. 

- Oh, qué haces acá. ¿Viniste caminando sola? 

Agradecí que Javier se hubiera ido de inmediato, saliendo hacia la otra esquina de mi casa, imperceptible para cualquiera. 

- No. En auto. Salí con un flaco. Me dejó en la esquina. 

- ¿Y por qué no te dejo aca? 

- Porque no quise. Le pedí que me dejara en la esquina. 

- Ahhhh. ¿Y te fue bien? ¿Comiste? 

- Sí. 

- Tenes cara de que mucho no te gustó la salida.  ¿Te fue bien? 

- Ma, disculpa, pero no quiero decir mucho. No es nada serio... 

- Bueno, perdón. Asi son estas generaciones  de 30, que nada es serio - bromeó - Hay pizza, Coca-Cola y torta que te guardé. 

- Gracias, má. 

Mi mamá me miró y se rió. Se quedo juntando la mesa y luego se fue a acostar. Yo me quedé comiendo sola y pensando. 

 Jamás se imagina que yo acabo de volver de la casa de él tipo que ella mas odiaba para mi. Del tipo que me decía que era un negro, despectivamente. Del tipo que me decía que sin su dinero o su auto, no era nadie, nadie lo iba a querer, cuando yo lo quería sin importarme nada.   Ella no sabe, jamás sabrá, pero con "ese negro" nunca podemos despegarnos del todo. Inclusive, aunque sea peligroso como la pólvora. Aunque se esté jugando el pellejo y yo los valores. Aunque nos odiamos un rato y no podemos sostener enojos duros. Aunque se me afloja como nadie. 

El mismo que hoy me capturó hasta el orgasmo y quien terminó temblando sobre la cama, después de que juramos y juré y me dijo que juró que no, que yo no, que basta, que qué lindo me comiste, hija de tu madre, que pólvora, que si viene, si no viene... 

 Hasta incluso en un momento donde me acerqué a él y lo toque, mas a fondo. 

- ¿Estás bien? 

Estaba boca para arriba, desarmado, desnudo y agitado. Sonreía. Todavía temblaba después del orgasmo.  

- Sí. Lo que acaba de pasar, Dios.

- ¿Llamo al SAME o a los bomberos? - le dije. 

- No, a nadie. 

Se rió. 

- Que problema con vos. Cada vez es mas. 

Mientras me pongo el pijama, siento el viento golpear la ventana de mi cuarto.  Espero que Santa Rosa, y su tormenta, vengan sin tantos relámpagos. 

miércoles, 27 de agosto de 2025

Corriendo en chancletas

Después de los mensajes de la semana pasada, Javier no apareció. Pensé en ello. Sin atormentarme. Pensé que quizá ya se cansó y eso es algo que acepto como algo posible. Digo, en algún momento, de alguna forma, me iba a decir "no".

 Sí. Se que al principio me tiró la artillería de siempre, pero lo que rescato es que despues retrocedió a los días. Fue un poco irse corriendo en chancletas, haciendo ruido, pero bueno... No aspiro a la perfección. Veo que resolvió su deseo como pudo y fue de una forma buena: no volvimos a vernos. 

Ademas, lo siento. Me refiero a que siento por dentro que él se retiró del tema. Realmente lo siento. No sé. Lo siento en el cuerpo, lo intuyo, ya no quiere saber nada. Lo siento como algo que ya no va a volver a pasar. Lo siento como si quien me habla fuera un fantasma.  Y un poquito celebro. 

Por otro lado, lo que queda en mi caso es seguir adelante. Como he seguido estos dos meses que estuvimos peleados hasta hace una semana atrás donde hablamos y sirvió como "ah, ok, al menos no nos vamos a paralizar la próxima en el supermercado si es que nos volvemos a cruzar por error".  Nada más.  Yo siento eso. Que no cambia nada. Que no va a pasar mas nada. Ahora sí. Realmente. 

Asi que ya no doy bolilla ni me preocupa si me dice algo. Creo que eso ya no pasará. Realmente. Que algo en él se modificó porque no es la primera vez que da vueltas, pero si es la primera vez donde me dice que nos veamos un día, yo ni fu ni fa, y me escribe ese dia (habiendo sostenido la idea) y me dice al final se me complica.  Es como si por fin hubiese retrocedido. Huido. 

Porque si, se puede hacer el boludo, pero lo que pasó ha marcado un antes y un después. 

En general, despues de lo que pasó la última vez que estuvimos juntos sexualmente, yo no me imagino como seria volver a verlo, a tratarlo, a escucharlo. Mucho menos acostarme, porque no tendria idea de como voy a reaccionar. 

Ya no es excitante pensar en ese momento, porque fue como si con su palabra hubiese pulverizado el deseo tanto en mi como en si mismo. 

Yo sé que no le intereso, que no me quiere, que le doy igual. Estoy convencida de eso. Ahora también sé que ya no me desea. Es decir, que ya no tiene ninguna razón o interés en buscarme.  Es decir, que podré seguir viviendo como si ni existiera. Porque yo ya efectivamente dejé de existir en su imaginación. 

Y sí: yo creo que se festeja un poquito. O mas bien, DEMASIADO ✨️

martes, 26 de agosto de 2025

Hay que salir

Parte de ésta transformación que implica no valerse solamente de las formas, y reconectar con el fondo nuevamente, es haber tomado un par de decisiones. 

Claro, sí, los problemas económicos aún perduran, mis complicaciones mensuales siguen siendo las que son, y aunque modifiqué muchas conductas, los resultados todavía no se ven. Quizá lleve tiempo modificar y sanear, pero al menos, yo sé que estoy haciendo lo que puedo.  Literalmente, mejoré estos meses, aunque sé que podría hacerlo aún mejor, y a eso apunto. A ir avanzando en la comodidad de poder tomar decisiones sin que sea un padecimiento, a acostumbrarme a vivir muy por debajo de mis posibilidades, a incorporar una austeridad como política de vida y no como política de salvataje. 

Cuando ya no consumo como antes, mis hermanas y mi madre me dicen: "bueno, pero cuando tengas plata te lo vas a poder comprar de nuevo, no te amargues". Y no, yo no estoy amargada con el tema por no poder consumir. Estoy amargada, entre otras cosas, por encontrarme en esta situación; por descubrir todo lo que descubro, por decepcionarme de mi propia madre, por ver todo desde una óptica de patrones que se han repetido históricamente en la familia, siempre con una víctima y un victimario.  Ojalá, obvio, algo bueno suceda que me dé mayores márgenes para pagar mis pendientes, pero ojalá también yo transforme hasta el fondo mi cabeza para no sentir que tengo que tapar los vacíos de mi famillia para poder encajar en ella, y ser aceptada en ella.  Ojalá que ya no mida todo a través de la plata, que me saque esa fea costumbre de sentirme mal cuando regalo algo sencillo. Ojalá que retome mis nociones de que el amor, el amor de verdad, no tiene nada que ver con lo que le regales a tu sobrinos, sino, a cuánto tiempo pases con ellos, por ejemplo. Ojalá que retome mis nociones normales, donde me importe tres belines ir a un evento de la corpo con ropa de mediana calidad, aunque la use seguido, aunque quede mal, aunque no encaje.  

Es un gran desafío, la verdad, porque tiene múltiples aristas. Un quilombo en serio. 

Ahora, pienso veinte veces las cosas, sé que tomo decisiones en base a cómo me voy a sentir después, y que guardo silencio cuando mi mamá me dice: "ay, tus sobrinos me pidieron Doritos, qué caros, no sé cómo voy a hacer...", cuando en realidad, es una pica que en el pasado le funcionaba, dado que ni llegaba a terminar la oración y yo, además de todo lo otro que pudiera haberles comprado, también les compraba Doritos o lo que hubieran pedido. ¿Cuál era el problema? Que mi mamá no tenía freno en su demanda, y que yo hasta hace pocos meses pensaba que eso era normal. Pero cuando la demanda es, sin importar lo que el otro pierde, que es un aval de lo desmedido, que no tenés fondo, que pasa a ser un capricho del adulto, una búsqueda de un adulto que usa a otro para tapar económicamente sus faltas... Bueno, eso es otro tema.  Ahí nadie tiene que pagar los platos rotos. 

Y frente a todo esto ¿cuáles son mis decisiones? 

Retomar Letras.
Incorporarme a una brigada de ayuda social, para barrios vulnerables, y ofrecer clases de apoyo a niños, ayuda en merenderos, colaborar en grupos donde preparan y reparten comidas solidarias para niños. 
Seguir con la movida cultural y literaria, a fondo.
Agradecer. 
Gastar lo mínimo. 
Tratar de no romperme la cabeza contra la pared. 
Darle al resto, su debida importancia. 

El lado bueno de intentar meterme en lo que disfruto nuevamente es lo que me hace contrapeso en un presente que, si me lo quedo mirando de cerca, es para matarse.  

Pero no. 
Hay que salir. 


domingo, 24 de agosto de 2025

Haciendo en comunidad

 Hoy el dia estuvo bueno. Tuve evento cultural en el barrio, porque se festejaban cositas. Aunque el lado medio-medio fue que me terminé de engripar. 

Ayer anduve cabizbaja. Dolorida, con el periodo, un poco incubando esto.  Ademas, habiéndome cruzado a mi ex mejor amiga, a la novia de Javier... Lo único que quería era encerrarme en casa. Estaba de mal humor, porque era demasiado pasado para un sábado a la tarde. 

Hoy, por suerte, mas alla de que ahora no me siento muy bien, y tengo tos, la pasé lindo. 

Estuve todo el dia fuera, en el barrio, haciendo. Y ese es mi estado natural, el ser una persona que se manda a hacer, de caradura, porque le gusta la movida cultural. Por suerte, no me dolieron los ovarios hoy. Me sentí mas cómoda en ese aspecto. Y todo sumó. No me crucé a casi nadie que me fastidiara. Tampoco me lo crucé a Javier, lo cual fue una fortuna. Así que seguí sumando. 

 La verdad es que después de un sábado donde me cruce a gente indeseable, temia que el domingo fuera igual y mas con el evento. Pero no. Por suerte, si es que fue, no lo ví. Si vio el stand, quizá no pasó, ni idea. Y francamente, me alegra eso. El no tener ni puta idea, es indicador de no estar pendiente. Sí ví de casualidad a la hija de ella, con los amiguitos, asi que estimé que podían estar... Pero no me preocupé mas de lo normal. Al caso, si me veía, no me iba a ver a solas. Tampoco desnuda. Tampoco con su cama a dos pasos. Tampoco con una de sus copas de vino en la mano, como en los viejos tiempos. 

Hubiera sido una cagada verlo pasar, seguramente con ella, frenarse en frente mío, levantar un libro, recibir las noticias como cualquier otro vecino...  Sabiendo que hasta hace dos meses fuimos más que vecinos, equivocadamente o no. Así que realmente me alegré. Fue una bendición saber que nada de eso pasó y que yo pude ocupar con tranquilidad los espacios que me hacen feliz.  Porque los dos tenemos derecho a serlo, en especial, ahora que hubo un leve acercamiento para aliviar la carga pero no el reinicio de nada. En especial donde no fue que hablamos y nos vimos de inmediato.  Javier, si bien ofreció, no pareció decido a mandársela y eso me pareció un signo de lucidez. De evasión. Quizá de arrepentimiento por haber estado conmigo antes, vaya a saber. Quiza un histeriqueo boludo,  ni idea. Pero también, yo prefiero pensar que pudo haber sido por tener conciencia y ponerse un freno, algo que le pedí mil veces aunque yo despues lidiara con el deseo trunco y toda la bola.  Para mí es mas fácil eso (que no es tan fácil) a empezar otro torneo clandestino. 

Todo sumó a que disfrutara más la tarde.  Estando de mejor humor.  Mirando todo. Comiendo algo. Tomando mate. Dando vueltas al sol.  Cosas simples que a mi me hacen muy bien. Que quiza no se si sostenga toda la vida porque los grupos culturales se diluyen o reciclan, pero si sé que mientras lo hago, me recarga y me permite participar en cosas donde no le hago daño a nadie, donde no enfrento complicaciones, donde no tengo que mentir, donde puedo ser vista libremente por cualquiera porque no voy a estar siendo calificada desde una perspectiva únicamente sexual. 

La gente fue amable. Hablé con vecinos conocidos, me reencontré con gente del barrio, de la movida cultural. Conocí a otros vecinos.  Eso es lo que mas disfruto de hacer esto: participar en algo que suma a la comunidad donde vivo e invitar al otro a un plan cultural. Ni qué decir si se acercan lectores de tu escritor favorito, fanáticos como vos, a charlarte.  Estoy en mi completa salsa, haciendo lo que me gusta, sin hacerme malasangre por nada ni por nadie. 

Y esta paz se valora doble. Es como que me dá fuerzas para seguir con mis batallas. Ahora, un tanto griposa, y un tanto drogada, cierro el finde oficialmente.  

Un finde donde de todo lo que podría haber pasado, no pasó nada malo. 

sábado, 23 de agosto de 2025

Rematar

Su mensaje de la semana decia: ¿nos vemos el viernes, el domingo? Yo no dije nada. Ni si ni no. Despues, simplemente le dije que nos llevábamos mal, que no era adecuado, porque no se cuidaba con la boca. Que no me habia gustado lo dicho. Que nos íbamos a matar. Después, ayer, me escribió de nuevo y me dijo que se le re complicaba el finde. Que lo dejábamos para otro dia.  Yo, a todo esto, tiesa. Conteniendo absolutamente to-do. 

II. 

Hoy dejé de lado el drama con este hombre. Salí a hacer mis cosas. Fui a la farmacia, a la salita a darme la inyección mensual, a comprar cosas de tocador que me hacían falta... Todo normal. Y jusssssto me la crucé a ella. Que, claramente, vino al barrio a pasar el finde... con Javier.  Ahí entendí cuando dijo: <<se me re complicó >> y ni me dió la cara para preguntar si estaba bien, porque supe que iba a ser peor. Mientras la veo, pienso, menos mal que no le seguí la charla. Que no pregunté. Que dejé ser desde otro lado. 

Sé que me miró, ella, yo también pero cambié la vista cuando me pasó por al lado. Yo me hice la boluda, la verdad, como si no supiera quien es esa doña. Aunque sí sé. ¿Si hubiera sabido que le dije tantas veces a su pareja, "no corresponde esto" y el me dijo "ya se, pero pasa igual", qué extraño todo no? ¿Cómo se explica que alguien que no conoces te trate de evitar un dolor o sienta culpa por pensar que te lastimaría, mas que tu propia pareja?  Qué se yo. Realmente, pasé por todos los estados respecto a eso. 

Ahora, ya no siento nada cuando la veo. No le deseo nada malo, ni qué decirlo, obvio. Ella no es mi enemiga. Yo confronto con mi propia historia con Javier, donde ella está como una constante, como una elección del otro que siempre respeté, hasta que ya no pude mas y explotó todo. 

 La diferencia es que lo que durante tantos años se mantuvo como una suposición o una posibilidad latente; al cabo de una década termino siendo una relación clandestina real. 

 La mina a mi me conoció a los 20 años. Sé que no le caía bien. Javier se ponía re boludo cuando yo aparecía y yo me ponía re nerviosa por ver como se transformaba y por no poder decirle "basta", porque yo no hablaba con él. Al mismo tiempo, él después iba y aparecía en todas las fotos grupales con ella. En sociedad, para los otros, hacia todo perfecto. Pero como suele suceder con las contradicciones, al mismo tiempo, me mandaba mensajes del tipo "te paso a buscar para la reunión " o cruzaba todo un salón para servirme cerveza cuando venia mi vaso vacío y ella ahi mirando tan descolocada como yo los gestos erráticos de este gran boludo. 

Obviamente que nadie podría conjeturar que a los 30 años la misma piba, haya sido la amante del mismo tipo.  Nadie, la verdad. Ni siquiera, los que nos conocieron cuando Javier estaba soltero y me dejó sola, porque sentía pero no podia, tener una relación conmigo. Porque era chica. Porque me iba a hacer mal. Y porque a los 27 podia elegir lo que no a los 20. O porque a los 30 definitivamente podia darle el sexo mas intenso del mundo, y dejarlo cuadrado. 

 Hoy en dia, no siento nada porque ya me agoté al punto de que si Javier me tira o no, es un problema de él. De él en su control o descontrol. Para colmo, si ella lo viera, si leyera como me escribe, si supiera como me habla,  si le dijeran como se me entrega, seguro yo seria la forra, la calienta bragueta, la puta. Pero no es así. Y no pienso discutirlo con nadie. 

 Hoy mejor me conformo con aceptar lo que sea, tratando de hacer lo que pueda.  Sin la exigencia de ser un estandarte de las buenas costumbres morales, mas bien, tratando de hacer todo lo posible porque me salgan bien el control de los impulsos miiiiiios consigo. 

Si, hoy puedo admitirlo: he sido la amante de Javier durante varios meses, hasta febrero de este año.  Muchos meses, si hago cuentas. Cuentas que no hice en otro momento. Un año casi donde tuvimos siempre el mismo tema, con periodos de calma o tormenta: no poder ponernos límites. 

Un vínculo donde todo terminó bien triste, pero necesario, el 25 de mayo, donde se fue al pasto en el medio del sexo. Y desde ahi, una gran gran curva descendente del trato y de todo que perduró por meses. Quizá, siendo la distancia mas profunda en 3 años desde que me confesó todo y retomamos. 

Y ahora, que si vamos pudiendo mantener límites, que se decide no empezar de nuevo, verla a ella caminando con las amigas, siendo tan distinta a mi en apariencia, no me hace nada. Solo pienso: <<bueno, por lo menos este finde Javier no me insistió tanto. Se calmó todo, ya>> y yo sigo caminando también. 

Al principio, yo recuerdo que me ponía mal por ella. Que le decía a Javier que no fuera tonto, que le respondiera el mensaje. Que no tirase su relación de tantos años a la basura por una calentura, hasta incluso en febrero pasado.  Y Javier me decía "es que no es calentura, es todo"... Pero ese todo, ahora, ya vamos viendo, fue haciéndose nada. Y está bien. Capaz que es para mejor. 

La verdad, ya no tengo idea de nada. Solo trato de ver a diario, cada dia que me toca, qué hago con mi vida.  Hoy en dia, esa es mi modalidad para afrontar los cambios. Emocionalmente estas cosas no ayudan mucho, pero las acepto también como las consecuencias de mis actos. 

Lo importante es que todos los que somos, podamos vivir en paz. Ella, con sus amigas. Yo, saliendo de la salita, con frio, queriendo un mate caliente. Javier, en su casa, rascándose las ideas, sin tener que mentir. 

Es linda la vida cuando tratás de que sea un lugar tranquilo. Y yo me estoy esforzando mal porque lo sea. 

III. 

Hay momentos donde detesto a Javier y otros donde siento por él mucha pena. Lo amé tanto que siempre deseé que fuera feliz. Que se enamorase. Que disfrutara de la vida. Que tuviera mas coraje para hacerlo, mas huevos para todo en general.  Y es algo que mas alla del enorme enojo que mastique en estos meses, sigo pensando de una forma similar. No lo amo, pero tampoco lo odio. Considero que ya está. Que merecemos realmente ser felices. Y listo. 

Otras veces cuando nos recuerdo riéndonos, admito que parecia contento. A veces, cuando cogíamos, me decía huevadas del estilo "nunca me voy a olvidar de esto". "Haceme lo que quieras, no puedo decirte que no a vos". O inclusive, en discusiones, también decía que el trataba de controlarse conmigo, porque no quería perjudicarme, pero que no podía y yo se (nobleza obliga) que se contenía. Y se que le costaba. Y lo que hacía era contenerlo y decirle que si, que era correcto, que yo lo acompañaba en cualquier decisión y él me decía "no puedo no darte bola a vos". También que no podía manejarlo solo.  Que yo le dijera lo que quería hacer y lo hacía. Que no podía durar para siempre, pero es que yo era tan... Que no podía más, conmigo, que no podía más...  Yo le decía que quería que hiciera su vida aunque por dentro me estuviera muriendo. Lo mandaba a hacer si vida con ella, prolijamente. Le hablaba de lo que le convenía más. Le decía que no fuera boludo. Me preocupaba por ella. Un poco por él. Por todo. 

Hasta la noche donde me dijo esa palabrota en medio del sexo y todo se vino abajo.  O arriba. No lo sé.  Ahí le dije que en su vida me iba a volver a coger. Que era un machista de mierda. Y el solamente me abrazó, desnudos, me besó y me pidió perdón. Me pidio perdon. Perdón. Pero yo no lo perdoné. O si, pero por mí. Y porque no quiero vivir asi. Y no probablemente nunca sepa eso, porque es una forma de cerrar la historia. Y de que él ponga un freno también.  Y porque es algo que si se sostiene como hasta ahora, seria mejor que tener que agachar la cabeza cuando lo veo en el supermercado.  Que realmente fue doloroso, triste, aunque no me explayé en eso. 

IV. 

Yo puedo comprender que quizá cometió un error con lo que dijo ese día. Lo disculpo porque la vida es hoy, no lo perdono porque no quiero volver a tentarme.  No quiero perdonarlo porque con llevarme hola- chau de lejos, me alcanza para seguir adelante y cerrar.  Cerrar bien, no con violencia.  Porque me parece una tontería fingir que nos odiamos, o que yo lo odio, cuando lo hecho está hecho.  ¿Cómo haces para odiar a alguien que amaste así? No vale la pena perder tiempo odiando.  Preferible, usar el tiempo para buscar una alternativa que no duela y seguir. Seguir. Seguir. Disfrutar de otras cosas. Darle para adelante. Seguir construyendo la vida, al menos la mía, y pensar que capaz en algún momento me vuelva a enamorar de otro. 

No puedo borrar lo que pasó. Tuvimos durante mucho tiempo una relación clandestina. Nos conocimos mucho mas. Durante muchos tiempo, nos encontramos a escondidas, cenamos, miramos partidos de fútbol, tuvimos un sexo feroz, intenso, donde nos terminamos de conocer a niveles muy íntimos. Nos cumplimos fantasías, nos calmamos. Nos morimos de risa. Me contó sus temas. Yo le conté los míos. Me regalo vinos, me protestó cuando no lo dejé que me trajera a casa.   Mandamos mensajes, recibí llanadas, audios con su voz ronca diciéndome "no te puedo dejar, porque me das todo lo que me gusta" y tuvimos innumerables conversaciones donde yo le recomendé con más o menos virulencia que no nos volviéramos a ver. Que podíamos ser amigos, pero no amantes. Y mas sexo y charlas y comidas y vinos. Y mas y mas, hasta el 25 de mayo. 

Ahi, desde entonces, no tuvimos más contacto. Inclusive, lo deje pintado con el saludo en la boca, porque no podía afrontar un careo, porque sentía que me iba a morir. Porque me paralicé, la verdad.  Y el destilado de eso, es esto mas reciente. Que parece ser distinto. Con un Javier que se abre.  

Hay un hola chau buen finde, y nada más. Ese es nuestro contacto. Un contacto que no jode. Que es lo mas normal que dos anormales como nosotros podemos hacer. Algo que está ok. 

Sin embargo, no lo quiero cerca, es lo mejor. Quiero poder seguir así como hasta ahora, viviendo en paz, y si me puedo llegar a llevar bien, mejor. Y si no me lo cruzo, mejor.  Pero para vivir esas situaciones de bajar la cabeza, varias veces como las viví últimamente, también elijo un hola y un chau, una cordialidad minima, aunque sea el eterno retorno, y listo.  Que Dios lo ayude, de verdad. Que siga su camino y ande bien. No deseo otra cosa para él.  

Claramente, si se rescató, o se le complicó, no es mi problema, yo ni lo iba a ver. Ya nos peleamos bastante hace unos meses. No quiero eso de nuevo y sé, con certeza, que si nos llegamos a cruzar a solas, en una cuadra vacía, nos matamos.  No puedo medir mis reacciones, en ese sentido, y no me quiero exponer mas de la cuenta porque siento que no estoy lo suficientemente sólida. Necesito mas distancia para olvidarme de la historia sexual reciente.  Asi que con un hola y chau, basta. Con algunas pocas palabras, basta.  Por eso, me protejo. No tengo energia para nada. Nomas, para no discutir. 

Ahora no me siento bien físicamente asi que me tomé un remedio, me acosté. Mañana quiero hacer algunas cosas para mi. Eso ya me alcanza para agradecer la vida, mas alla de todos los rulos. 

Sigo poniendo el eje en el trabajo interior. En tomar decisiones de las que me pueda sentir orgullosa.  Mi terapeuta dice que es importante que yo pueda mirarme en esta historia con mas compasión, porque no miro todo lo que viví sola. Yo creo que tiene razón. Pero también se que yo hice muchas cosas mal con el. Que quizá podría hacerme controlado mas, que quizá... No se, creo que podría haber seguido postergando mi deseo, aun mismo, el se me entregara como se me entregó incontables veces. ¿Por qué? Porque no se hace eso. 

Pero insisto: lo que hicimos, lo hicimos. No se puede cambiar el pasado. Sí se puede cambiar el presente y el futuro. Cada vez que no me controlé, no busqué lastimar, al contrario. Busqué satisfacer mi deseo. El deseo de que la persona que siempre te mató, se te entregue. ¿Cómo hacés? Siempre me lo pregunté.  ¿Cómo te resistis a esa tentación tan grande de que el tipo que te dijo no, te diga sí, soy todo tuyo, ocho años después? 

No habia manera de decirle que no. Lo supe cuando pase meses buscando el argumento, hasta que un dia simplemente le dije a Javier que si. Y ese fue el primer encuentro. Y después, le dije que no por dos años mas. Hasta que en 2024, le dije que si. Que si. Que si. Mil veces que si.  Y ahi, nos convertimos en amantes. Amantes que dejamos de ser. 

Quizá Javier, cuando dio de baja el encuentro que me había ofrecido para este finde, lo hizo porque lo pensó mejor. Y me parece bien. Es una luz de calma para mi.  Él no se da cuenta en el estado que me pone. Yo tampoco termino de asimilar en el estado que se pone, aunque lo intuyo.  

Simplemente, es que ya no se puede hacer mas nada.  Solamente, vivir en paz. Día a dia. Yo por lo menos no pido mucho mas. En especial, en momentos de mi vida donde no me emociona tanto el futuro como la idea de un presente ganándole a mis fantasmas. 

miércoles, 20 de agosto de 2025

El resto

 <<Hace mucho no te veo. ¿Cómo están tus cosas? Mas alla del laburo. El resto... >>. 

Le contesté que bien. No le dije que había soñado con él las ultimas noches. Que se moría de cáncer. No le dije que era un forro. No le dije que era un idiota. No le dije que el sexo que tuvimos fue intenso. Atrapante. Que era un viejo forro. Que estaba preocupada por ese sueño, que me alegra verlo con salud. Que no lo odio, pero basta. No le dije que doñe que me escribía para decirme que tenía tumores. Que me quería ver y no llegaba. 

Solamente, le dije que no me había dejado ver demasiado porque habia estado haciendo mi vida, cuando mencionó el hecho de que no me venía viendo casi nunca por ningin lado.  Javier, o Martin, como le quedó de apodo hoy, contestó que siempre que quisiera, él estaba a mi disposición. 

Yo, lo borré de todos lados. No esperaba ese lado migajero, que todo parece indicar recubre un interes mayor... pero ¿de verdad no podes soltar la historia?

Mas alla de todo lo que pasó y por eso ¿hay disposiciones que se agotan, no? Digo, no puede ser que a una persona el deseo le dure tanto. Lo insulté, el se portó mal, la última vez. La pasamos mal. ¿Dónde está el límite ante estas cosas? El me dijo que resulté muy puta, como cosa accesible y quien es en realidad el que pone su cuerpo como moneda de cambio, frente a una persona aún fingiendo demencia. Quien es el que le dice al otro yo quiero verte, dale. El que stalkea lo impensado.  

¿Cómo puede no decirme pendeja forra, anda a cagar, andate a la mierda, caprichosa? ¿Cómo viene y quiere volver a arriesgar todo por vernos? 

Loco, esta. Javier está del tomate. Acepta su deseo como si fuera excusa interminable. ¿De verdad? 

Yo estoy pasando un momento de mucha tensión interna. Trabajando conmigo misma. Tratando. Hay dias mejores. Peores. Y obvio Javier eso no lo va a entender nunca. No le interesa entender nada. A mi menos, de la suya.  ¿Qué novedad va a tener un tipo que esta seco por dentro, que no avanzó en nada? Nada entiende tampoco de romperse para renacer. De la dificultad. De luchar contra las ganas de destruirse. 

Dice hace mucho no te veo como si mereciera hacerlo, como si tuviera la oportunidad. Y no. Yo lucho con mi impulso destructivo, cada día. Por eso no me vé. Por eso no me la juego. 

 Yo no le pregunto nada de su vida, cuando habilita. Nada. Absolutamente nada. Me alegra que esté sano. Nada más. Me alegra que haya sentido eso de "esta piba desapareció". Hacerlo fue para mi muy difícil y útil. Tampoco le pregunté por su trabajo. Le digo todo que ah, bien. Me lo tomo a gracia. Un poco me burlo. No merece otra cosa. 

Es mejor asi. 

martes, 19 de agosto de 2025

Aprender a vivir como no me enseñaron

 - El tema es que yo necesito aprender a sostener el no puedo y ser feliz con lo que tengo. Porque me doy cuenta que ahora me lo puedo decir sin juzgarme, puedo decirlo un poco más en mí familia, habilitar esa posición, pero más allá de decirlo, cuando lo llevo a la práctica vos no sabes cómo me opera la cabeza.  Se me vienen muchos fantasmas. Siento una angustia horrible. Estoy como pensando cosas todo el tiempo. 

- ¿Cómo cuáles? 

- Empiezo a repetirme que soy una tarada, que mira lo mal que hice todo, que nunca voy a poder salir de esto y que siempre voy a vivir mal, que el barro, y... Es muy angustiante. Porque yo realmente creo esto como algo permanente y nada... no se puede vivir asi. 

- Claro. La cabeza no para. Pero tampoco para la exigencia. ¿De dónde crees que viene? 

- No sé. Un poco de todo hay en eso. Tengo responsabilidad de mí lado por cómo me pega esto, también viene muchísimo por el discurso con el que crecí. Por el entorno.  Se fueron sumando cosas en estos años. Y ahora siento que está todo un poco en crisis. Financiera y personal, me refiero. 

- Si, es como decíamos antes, con quién tenías las deudas realmente. 

- Esto es sobre plata, si, obvio. Pero también es sentirme en una línea donde tengo la obligación de poder vivir una vida sencilla. No puede ser que me angustia por esto, cuando hay gente que vive de otra forma sencilla y es feliz.  No quiero sentir que a mis sobrinos les regalo poco, porque no tengo tanta plata para ellos como antes, y me siento una mala tia. Van a decir ay que miserable, después... Y no es poco capaz para ellos, eh. Pero para mí es poco, yo me siento mal, yo me lo reprocho. Y me enojo, porque no debería ser así.  Yo no debería pensar esto, no soy una pelotuda, frívola. 

- ¿Quedar mal, ante quienes? Porque tus sobrinos van a estar contentos seguramente de que su tía fue. Compartió con ellos. Está presente. No es solo el regalo lo importante, pero es como si siempre hubieras hablado ese lenguaje. 

Asentí. 

- El concepto de hacer sacrificios para poder tener lo máximo que se pueda, es algo muy común en mí familia. El término, sacrificio, inclusive. Y yo estoy en un momento donde no quiero sentirme mas mal, sacrificando todo. Quiero pensar que uno puede darse sin sacrificarse, entendes. Pero después voy, me choco con la pared, porque intento hacer algo mas austero, menos impulsivo, que sé que es lo correcto, y ... me muero de la angustia porque siento que todo es una mierda. 

- Es que no se trata de que haya. Sino, de que se relacionan desde el exceso y desde la falta. Quizá el año que viene, puedas comprarle un regalo más caro a tu sobrino, pero elijas comprarle el otro libro de la colección que le vas a regalar ahora. No sé trata de gastar siempre. De dar demas. De sacrificarse. De hacer demás. Se trata de hacer lo que uno pueda. De habilitar esa posibilidad en tu familia, sin tapar mas faltas.

Asentí. 

- Es que si... - suspiré- yo no quiero salir adeñante solamente por mi. Yo quiero que mis sobrinos me quieran por quien soy, no por la ropa o las cosas. Y para eso, tengo que cambiar mi lenguaje de amor. El que yo sé, aprendi, por otro. 

- Si. Donde lo mas importante sea otra cosa y no esté presente el eje material todo el tiempo. Esto que te dice tu mama de ahorrar para regalarte la blusa de marca para el evento... 

- Si, ella me dice que hay que invertir.... 

- ¿En qué? 

- En imagen. Y ojo, no es que no me gusta. Si pudiera, me compraría esa ropa porque es divina, toda la vida me gustó el estilo... Pero quiero hacerlo en paz. Ese es el tema. El otro dia justo pase por una vidriera y dije: <<bueno, en algún momento capaz me compro algo aca de nuevo>>, pero la verdad es que no lo deseé. No me angustia no tenerlo. En el fondo, siempre me chupo un huevo el objeto en si. Me angustia lo que me hace sentir no tenerlo, sentir que estoy fallando, que es como cuando no podía ir despeinada al colegio. Y eso se transforma en un fantasma muy feo. Horrible. Es muy duro de ver todo esto. Todo el tiempo pensando en lo que no tengo, donde no llego... no es vida. No te digo del concepto de berreta. Todo es berreta, te compras algo que no es bueno y ay, eso es tirar la plata.  Pero capaz es lo que uno puede, viste. Yo quiero poder tener esa gimnasia de ponerme de todo. 

- Claro. Ahora tu mama no te peina para ir al colegio pero opina sobre lo que te tenes que comprar para los eventos importantes del trabajo, por ejemplo. Que quiza para vos no son tan importantes, pero fue un aspecto donde te sentiste vulnerable al principio. Y no le importa demasiado si te endeudas peor por pagar eso. Es el sacrificio.  

- Yo note que cuando me escucho a mi sola, es mas fácil sostener mis decisiones de austeridad la mayoría de las veces. Y mas ahora, digamos, que estoy pensando mucho en el tema, aca también lo hablo... Me alineo mucho a solas porque realmente quiero cambiar la mentalidad. Eso me va a sacar adelante, porque lo voy a poder sostener... Pero me ha pasado también que ella me dice <<no podes ir mal vestida a ese lugar>> y es como si me dijera que voy a ir a pasar vergüenza. Me dice que no puedo ir mal, que tengo que estar a la altura porque van Expresidentes de la Nación, pero yo no voy a ir mal. Voy a ir como puedo hoy en dia. Con lo que ya tengo pensado. No es que voy a ir sucia o desprolija. Es mas, yo me reservé un conjunto de sastrería de marca que use re poquito,  para este evento porque no me puedo permitir el gasto. Y dije bueno, lo cuido, lo conservo y hace meses esta en la bolsa que me lo entregó la tintorería... No es que no me caliento por tener una buena presencia... Pero es un precio muy alto si no el que pago... 

- Claro. Vos planteas una alternativa. Ir con algo que ya tenes, en buen estado. Y que no implique contraer una nueva deuda. Algo bueno para vos. Aunque no estrenes conjunto para los demas. Es una presencia activa. 

- Claro. Yo tengo en mente que para el verano voy a necesitar cambiar mis sandalias por ejemplo. Y viste que te conté que las llevo a una zapateria de mucha confianza donde el tipo me adapta sus modelos de cuero, que puedo elegir tacos, de todo...  Bueno, eso sí me pesa mas. Yo prefiero solucionar el tema de mis sandalias y no tanto el traje. El tema es la angustia del medio. El pasar por eso, por las críticas de ella, por lo competitivas que son las minas alla, por cómo te miran todo, y mas para esos eventos... Imagínate si pasan revista en la oficina, qué queda para ahí.  Es como que tenes que tenes que ir en bolas. 

Se hizo un silencio. 

-  Qué se yo, es difícil, no se. Esta es mi situación hoy. Y yo no quiero seguir viviendo asi, mal, sacrificandome al pedo. Me gustaría hacerlo todo mas tranquila. Capaz viviendo con menos, capaz que no, que me repongo y todo pospera... Pero bueno, capaz si me vuelvo mas sencilla, como antes, soy mas feliz. Ahora no soy feliz en este aspecto. 


domingo, 17 de agosto de 2025

Aceptando a la vida como es

 Me miro al espejo. Recojo la imagen de mi ropa, mi pelo, mis dientes renovados. Estoy con la piel sana, como durante años la anhelé. Tengo un suéter de mi color preferido. Tengo todo lo que hubiese necesitado antes para bañarme, tengo el pelo lindo, prolijo, como me gusta.  Mi yo de los 20 años estaría asombrada de cuánto aprendió a cuidarse estéticamente la mujer de 30. 

Sin embargo, no me siento muy bien. No estoy conforme.  ¿Por qué nada me alcanza, por qué soy así? ¿Por qué me dejé consumir tanto por cosas que antes...? Esas son mis preguntas. 

Hay un fantasma particular. Uno que se dejó ver hace poco y que colapsó gracias a esta búsqueda de vivir distinto que estoy haciendo. Y es el hecho de que yo aprendi, desde pequeña, que la imagen valía mucho. Y que habia que enmascarar lo que no querías que se viera, porque si no, la gente no te iba a aceptar, o iba a decir cosas feas de vos. Y también, otro hecho no menor: que las cosas que usara tenían que ser buenas. Nada de mala calidad. Nada berreta. Nada que fuera ordinario, porque yo no tenía que ser una chica ordinaria. 

Mi mama, lamentablemente, se encargó de difuminar en mi, inclusive aunque yo lo rechacé mucho, esos mensajes como píldoras. Durante mucho tiempo, la verdad, es que luché con ellos, aunque no me diera cuenta. Pero hubo un momento, hace dos años, cuando empecé a trabajar en la corpo, donde entró la bala.  Un lugar pensando para otra clase social, al cual yo entré por CV, trabajo, pero un poco por urgencia, porque necesitaban a alguien que hiciera lo que yo sé y bueno, se dió. Un lugar en el que no tomaban personal del Conurbano, por ejemplo.  Una empresa de un ex funcionario público, y llena de gente de otra clase. ¿Gente mejor? Hoy podría decir que solo en apariencia. 

Pero claro, la apariencia empezó a ser un tema. El discurso de mi mama, se intensificó cuando dí el salto profesional. Tenía que empezar a vestirme mejor, no podia ir mal vestida si todos se vestían de otra manera. Tenía que estar acorde a los eventos. Tenia que usar bleazer. Y sí, tenía que mejorar mi vestimenta, lo sé. Pero hoy entiendo que eso no tenía que ser a partir de la inseguridad, el daño a mi autoestima, o incluso gastar dinero que no tenia para encajar profesionalmente. 

Cuando ingrese en la corpo, hace dos años, no me daba cuenta la culpa que sentía. Culpa por tener un buen trabajo, básicamente, y por salir adelante. Me daba vergüenza contarlo ademas. Fue para mi un proceso muy difícil. Y en esa situación de vulnerabilidad, la bala de mi madre entró como trompada.  Porque yo necesitaba volver a las bases y en mis bases me decían: "no podes ir asi vestida, estas en otro tipo de lugar, no te resistas". Y no, yo no me resistía. Yo simplemente quería encajar como persona, estaba muy presionada, aprendiendo laboralmente muchas cosas, adaptándome, con la facultad, viendo como hacer. Pero en ese momento, todo esto era algo que ni entendía ni estaba haciendo apropósito.  

Al contrario. Cuando la bala de la presión, la buena imagen y el ideal de, entró, rompió todo. Empecé a sentir una presión y un malestar que hasta hace poco identifiqué. 

Empecé a sentirme juzgada por mi madre, por ejemplo, que me veía llegar de la oficina y me preguntaba: "¿así fuiste vestida?", como si me dijera "¿esa mierda te pusiste?". Claro, yo en ese momento donde estaba perdida, tome el discurso de mi mama.  Y como maniobra inconsciente, empecé a volcarne hacia la imagen.  Porque no solo en el trabajo, sino, también, en mi propia casa me iban a aceptar. Es que me daba culpa el cambio. Mucha. Y no me quería sentir excluida. 

Lamentablemente, empecé a necesitar cosas para sentirme prolija. Cada vez mas. Empecé a hilar muy fino, demasiado, cuando ademas vino la aceptación. No por mi trabajo o mis valores, sino, por mi imagen.  

Durante mi primer año en la corpo, la transformación fue intensa. En algunas cosas, muy fructífera. En otras, como esto, devastadora. Iba a la oficina cada vez mejor vestida. Olía como los ángeles. Combinaba trajecitos como experta.  Me maquillaba todas las mañanas.  Me habia presionando a mi misma para tomar una medicación fortísima contra el acné y el cuero cabelludo graso, que dejé mucho después de lo debido, porque en mi mente eso era necesario. Había empezado la rehabilitación con el odontólogo, que hacía énfasis en la estética, además.  Y había pasado la tarjeta tanto, pero tanto, que ni yo sabía dónde ponerle los límites a ese monstruo.  Estaba radiante por fuera pero juro que pocas veces me sentí tan vacía como durante 2023 y 2024. 

En paralelo, estaba vinculada a Javier quien también me pensaba como una imagen. Un cuerpo del cual valerse para el placer. Una imagen que le gustaba siempre, de la cual celebraba los cambios, medio en serio, medio en joda.  

II. 

Llegué entonces a mitad de este año arrastrando una crisis enorme que me explotó. Javier, que se habia atrevido a decirme esa guarrada. Yo, que estaba hasta las manos con tapar faltas varias de mi casa, y lidiar con mis demonios. La presión de la carrera, de la corpo, los aumentos, el juego de los jefes, la rotación. 

Reventé. Y ese límite financiero, y ese dolor, y ese chocarme contra la pared, me arrastro y me salvó. En estos meses, lloré bastante. Pero sobre todo, pensé qué vida quiero. 

Por ahora, es difícil. Tengo altas y bajas. A medida que mas indago, mas crece el dolor y los mecanismos que conozco me dan con todo. 

Es complejo cambiar el chip, aprender a conformarte, a no necesitar demostrar nada, a estar tranquila en un entono como el que yo crecí, donde el lenguaje de amor es la plata. Con una madre que te acepta solo cuando tenes plata. Con un padre que lo único que hizo es criticarte, tirarte mala onda, menospreciar el esfuerzo y llegó a decir que siempre ibas a ser una mula, trabajaras donde trabajaras, que te hace sentir que nada alcanza. Que siempre él es mas importante y que si no le tapas las faltas, siendo igual de desgraciada, haces todo mal y la estas pifiando. 

Es muy complejo, construir algo distinto en un entorno que no lo habilita. Es un camino solitario, nuevo, que implica relacionarme mejor con el dinero y la necedades de validación, mas alla de todo.  Es un gran desafío para mi, pero lo estoy intentando con muchísima voluntad y me voy dando cuenta de algunas pequeñas esperanzas. 

III. 

Es difícil, pero es menos difícil cuando estoy sola. Cuando estoy conmigo, necesito menos cosas, la verdad, pongo el acento en otros lados. Desayuno mate con Don Satur, miro el sol por la ventana, miro a mi gatito y me siento feliz. ¿La vida tiene que ser siempre mas mas mas, o puede ser esto? Eso me pregunto. 

Comprendo que toda la vida me presionaron para que hiciera mas. Pero nunca me enseñaron a aceptar lo que tenia y a que eso me alcanzara para vivir en paz. Y aceptar justamente lo que tengo, y vivir con eso, y cuidarme y conformarme con lo que la vida me dé, y agradecer y vivir austeramente, es mi aprendizaje. Toda la vida me quemaron la cabeza con que yo no tenía que ser mediocre, una cabeza de termo, una mas del montón que se conforma con nada.  Pero también, para mi es muy importante conseguir paz en este momento. Aceptar lo que tengo con gratitud y sin sentir que no es suficiente. No tener miedo de fallar. Ser como desee, sin preocuparme si eso se ve mediocre, o groncho. Tener una vida normal, que sea extraordinaria por lo linda y no solo por lo material. 

Estoy en una etapa clave de mi vida. Por primera vez, tengo mucha mas noción de todo lo que he recogido en 30 años. No estoy muy interesada en echar culpas, la verdad. Soy una adulta y soy responsable de mi. Sí me interesa poner en claro el origen de las cosas que siento, para poder modificar mi conducta, para entender donde pega y mejorarlo. Y eso hago. 

Hablar este tema con mi terapeuta, me ayuda realmente, porque afrontarlo sola, es difícil. Siento que puedo desarmar partes de una bomba interior. Despegarme de cosas daniñas. Haber podido dejar atras a Javier, por ejemplo, aprender a ponerle límites a mi madre, a las compras o gastos innecesarios para quedar bien, a las expectativas de los demas o a su aceptación fantasma. Dejar de lado la imagen, aflojar con la exigencia, pasarme por el culo lo que piensen de mi en la corpo, laburar bien, si, pero siendo reconocida por quien soy y no por la típica ropita de marca. Dejar de lado lo frivolo y ser la Veinte que siempre fui por dentro, que tan bien supo valorar otro lado de la vida... 

Me cuesta muchísimo, tengo recaídas, pero he avanzado mucho en todo eso, en estos casi cuatro meses. 

Curiosamente, cuando decido mejor, un orgullo enorme me sube por dentro y también me dá miedo, porque el impulso autodestructivo es enorme. Imagínate, te estas abriendo un camino distinto, sola, sin apoyo. Sos la única que parece pensar distinto en tu familia. Sos también a quien no le va mal, pero quien necesita para su felicidad construir una vida que no sea solo mampostería.  A veces, te destruis por culpa. A veces, porque no terminas de asumir del todo que podes tener derecho a otra cosa... 

Sin embargo, ahora, cuando decido mal, ahora, me pesa muchísimo. Me pesa muchísimo porque entiendo claramente que me estoy haciendo mal. Y ahi es momento de seguir dándole al trabajo mental para dejar de repetir esos patrones.  Trato de no cagarme a pedos, antes nada de esto me importaba. Antes sentía que calmaba una furia con eso, que ojalá me pudiera reventar.  

Ahora, no.  Quiero cambiar esto. Estoy dispuesta realmente a vivir de otra forma, aunque implique romper relacion con mis padres, por ejejemplo. Aunque implique que me tilden de rata, miserable, etc. Aunque piensen que soy una egoísta. Aunque crean cosas que no son. 

Yo solo quiero sanar y volver a dar cuando pueda hacerlo sin comprometerme seriamente para eso. Dar cuando no sea quitarme demas. Dar desde el amor y no desde el padecimiento. Y ademas, valorar lo que doy y las intenciones que tengo, que sé que son buenas, mas alla del dinero. Dar lo que pueda, lo que la vida me permita, lo que Dios me de la oportunidad... sin sentir que no alcanza.  Quiero poder vivir con lo que la vida me permita, pero siendo feliz. 

He abierto ventanas de dolor en terapia, he pasado por la frustración, el miedo, tengo deudas que quiero pagar, hago malabares con el dinero, estoy viviendo situaciones que son las consecuencia viva de no haber sabido escucharme, de haber perdido el rumbo por completo. Y en el fondo, yo quiero ser feliz. Volver a sentirme bien cuando me miro. 

 Y hoy, sé que si empiezo a juzgarme mal, voy a volver a perderme. Y lo que mas tengo que hacer es escucharme. Solo a mi. Confiar mucho en mi capacidad para una crear una vida distinta. Aunque ahora parezca difícil, perseverar en mi intención de vivir de otra forma, transformar todo el discurso recibido en algo mejor.  Ese es mi gran objetivo. Ser distinta, si, no ser mediocre, si, pero en el mejor de los sentidos. 

Del trabajo, valorar y agradecer lo realmente importante para mi. Del entono, seguir apreciando el solcito de la mañana. De las compañías, solo amar lo que me haga bien. Y poder bajar la guardia para aceptar la vida como venga. Aceptarla con los brazos abiertos, mas o menos sencilla, como sea, sin tantas trabas o condicionamientos internos.  Y poder disfrutar de lo que se me dé. Y vivir. Vivir a partir de los 30 años de una manera donde sienta que la vida es espectacular. Vivir plenamente, vivir libremente. 

Quizá, después de todo esto, me mire al espejo y vea el reflejo de alguien feliz, y arreglada, solo si lo desea.  Hoy por momentos veo el reflejo de una mujer triste, pero bien peinada. Triste, pero combinada. Triste, pero desordenada. Triste, triste, una tipa triste que tiene como única esperanza su coraje para constituir otro camino.  

Un camino distinto, que permita a la vida ser como deba ser para mi. Y eso sea siempre un motivo de gratitud.