Javier me saca la campera con cuidado, desde atrás. Despues, me saca la cartera, lo miro y sonreímos. Esta siendo suave y caballeroso, pero yo estoy muy expectante. Quiero que pase todo ya.
- Gracias.
- ¿Querés que tomemos algo? Abrimos algo.
- No. Gracias. No quiero - le digo y lo miro como si me faltara el aire.
Me revuelvo el pelo. Algo en mi se vuelve insostenible. Quiero estar consigo. No quiero esperar mas. Ni un minuto mas. No se si Javier se llega a dar cuenta de eso.
- ¿Segura?
- Te lo juro - digo.
- ¿Y qué queres?
Se pone todo colorado y espera, sonriéndome. Me agarra de la mano. Yo lo agarro de la otra y me observa fijamente.
- Después tomamos algo, quiero otra cosa - le digo, con confianza y lo agarro fuerte de la otra mano, mientras lo miro.
Sonriéndome, se da media vuelta y sin soltarme la mano, me conduce al dormitorio. De fondo, suena un vinilo de Los Abuelos de la nada porque le pedí que pusiera música.
Javier se sienta en la cama, despues de sentarme. Me desata los cordones de las zapatillas Converse y me mira. Por favor, pienso, no me puede mirar asi, mientras con toda paciencia me saca las zapatillas.
Se levanta y las quita con delicadeza. Me acaricia sobre las medias, sonríe. Va subiendo el vestido, hasta que lo miro, sonriendole y le saco una remera muy mundial Italia 90 que le resalta en el cuerpo, en contraste con su piel más oscura.
- Déjame a mi, con esto - le digo.
- Este vestido que trajiste - dice, con agrado.
Me desenvuelve con todos los pormenores del vestido y las medias. Le gusta, me parece, porque mira y sonríe todo el tiempo. Como un niño en Navidad o en su cumpleaños. Me observa, mientras me saca todo, y me acaricia. Es como si midiera curvas con sus manos.
- Déjame verte, a ver - dice, mientras me acaricia. Sonríe y me hace reír de pronto.
- ¿Todo bien?
- Todo espectacular.
Se saca toda la ropa y lo miro, mientras lo acaricio. Le miro los ojos, el gesto, la cara y lo huelo. Es exponencial la diferencia en contextura física. Él parece poder maniobrarme con una mano y yo tengo que usar toda mi potencia, pero lo recorro con los labios, lo investigo, contacto con la suavidad de su piel, de sus hombros, su espalda, de su cuerpo en la semi oscuridad.
Me abraza. Entonces, yo me separo apenas y lo beso por su cuello, su barba, con delicadeza. Se que puedo ser fiera, pero también necesito arrancar despacio, porque hace mucho no nos vemos y la última vez terminó todo muy mal. No sé qué puede pasar ahora, mas alla de sus disculpas, porque yo pensaba que no me iba a pasar lo que me pasa. Que no me exicitaba. Que no me enloquecia. Y sin embargo, es todo lo contrario.
Se acerca y después de algunos roces, va por ellas. Yo lo miro y sonreímos, porque se las lleva a la boca sin dudarlo. Mientras les dá atención plena, le acaricio la cabeza, y disfruto. Me da realmente placer lo que está haciendo. Estoy sensible, sí. Mas que otras veces. Siento cada cosa que hace.
- Tantas ganas tengo de hacerte todo lo que se te ocurra. Ni te imaginas.
Me acomoda sobre él, y me mira, mientras me recorre. Yo también me acomodo y nuevamente se acerca a ellas. Lo dejo hacer mientras me mira, atento a como voy bajando la guardia. Me toca toda, me observa, esta dejando que me relaje.
Se humedece los dedos, concentrado, y me acaricia.
- Me encanta, pero...
- Tranquila. No tengas miedo.
Comienza a bajar sus manos por mi cuerpo. Me acomoda con delicadeza y me dice que no me preocupe.
- ¿Qué me vas a hacer?
- Quieta. Haceme caso.
De pronto, hace algo muy íntimo que yo no le pedí pero que me fascina.
- Javier, no, me muero.
- Así. Quietita.
- Espera.
- ¿Qué?
- Esto, esperá.
- No tengas miedo. Te va a gustar, te lo prometo.
- No es miedo. Pero si haces eso, yo llego al orgasmo muy pronto. Es mi debilidad. Me encanta. Me hace ver estrellas, por eso no te lo pido.
Javier se rie. Me remuevo, suspiro y trato de entretenerme con otra cosa. Me acomoda por detrás y me pega a su cuerpo, mientras me abraza y me dice que no pasa nada. Que disfrute y empieza a hacérmelo de nuevo.
- No puedo mas. No sigas porque voy a acabar - le digo.
Lo que acaba de intentar, funcionó a la perfección. Él está muy excitado, todo su cuerpo me lo demuestra, como me habla, como me mira. Pero yo estoy igual. Y con eso que descubrió que me gusta, que yo no le quise decir, su influjo es peor.
- Acaba, si. Quiero que me acabes todo.
- Ay, hijo de puta, deja de darme rosca.
Javier se rie y me hace reir.
Yo sé que tiene dos manos. Sé que con una sola me contiene el cuerpo. Sé que tengo las piernas separadas, y siento su palma suave en mis zonas mas sensibles. Pero no esperaba que me tocara de esa forma, mientras me muerde, y yo lo aprieto como puedo.
Lo escucho gemir, excitado por escucharme. Yo siento que voy a colapsar. Tengo ráfagas de placer, como olas, olitas que cada vez se hacen mas grandes, cuando me toca mas fuerte y me agarra con una mano, para que no desfallezca.
- Mordeme.
Javier me besa, me muerde, escuchando. Yo le pido que me muerda más, entonces se aleja un momento, me agarra del pelo para separarlo, y me muerde desesperado en el nacimiento del pelo, dejándome marcas. Me estremezco profundo, mientras con su cuerpo me apoya y se hace sentir por todos lados.
- Tengo muchas ganas de cogerte asi como me lo pedis. ¿Lo entendés? Muchas ganas.
- Hacelo. Haceme todo lo que quieras.
Javier me arquea. Apropósito. Yo estoy asombrada. Me toca de una forma que nunca me han mostrado, mientras me besa y parece que ese orgasmo se acerca y se aleja.
Gimo.
- Mas, vamos a hacer algo mas.
- ¿Por qué me haces eso? No puedo controlarme.
- Porque te lo mereces.
Siento la mano de Javier con sus dedos suaves en terrenos muy sensibles, de otra forma También siento el resto de su cuerpo que crece y juega con el, y me da vueltas, y me muerde suave las orejas y los labios. Su respiración agitada. Su desenfreno. Javier me toca como quien sabe que me va a llevar al orgasmo, pero también jamás nadie me hizo desearlo asi.
Eso tiene él, que no hicieron los otros. La chance de que yo esté consigo como no estoy con nadie. Que realmente me entregue, aunque no quiera, porque el otro me puede.
Es muy difícil no disfrutar eso. Yo solo puedo gemir mas fuerte.
- Lo bien que entendes cuando queres...
- Asi, a ver. Creo que esto lo entendí.
Javier activa el modo turbo. Y yo, sin poder hacer nada mas, me desarmo en un orgasmo intenso que él potencia y potencia hasta que simplemente yo no tengo mas aire, ni mas corazón, y todo lo acabo de dejar por los aires de aquel dormitorio, agitada.
Me río. Se rie.
- Qué hijo de puta, sos.
II.
Cuando me toca devolverle las atenciones, me pide directamente lo que desea. Lo miro, me sonríe, le sonrio y le pido que se relaje.
- Javi, cerrame los ojitos.
Se rie. Le acaricio el pelo. Murmura algo, gruñe, complacido.
- Dale, bolu. Cerra los ojitos. Después me miras. Quiero relajarte primero.
Suspira.
- Dejá de gruñirme. Ronronea como los gatos.
Sonríe. Me apoyo sobre el, despacio, y le doy un beso en el cuello.
- Tenes que hacer prrrrrr - le digo, con humor.
Se carcajea y cierra los ojos sonriendo.
- Muy bien - dije y lo relaje entero, con caricias.
El cuerpo de Javier se me entregó con una facilidad inesperada. Todo me respondió fluyendo, asi que lo miré y lo vi espiarme.
Nos reímos.
- No espies mis trucos.
Lo tomo de las manos. Francamente, amo sus manos desde siempre. Se las acaricio con las mías, por dentro. Javier me agarra fuerte con ellas.
- No me distraigas con ellas porque me encantan.
- ¿Mucho?
- ¿Viste cuando vos me decis que te gusta mi cuerpo?
- Si. Me gusta.
- Bueno, yo te veo las manos y siento algo parecido.
Javier las ubica frente a mi, y mientras hago lo propio, me acaricia con ellas.
- ¿Aca te gustan? ¿Asi están bien?
Me rio.
- Ahi es donde siempre me las imagino - le contesto.
Y me ocupo de darle placer. Javier vuela. Yo sigo haciendo lo mio. Lo que disfruto. Hacerlo con él es especial, lo admito. Darle atenciones después de que me hace sentir cosas nuevas, es un condimento para hacerlo con pericia. Pero también es especial porque se deja tocar, disfruta de una manera muy personal.
Le hago masajes en todo el cuerpo, mientras lo toco y lo beso. Y despues, sigo con otras actividades.
- Dios, qué bien que haces las cosas. Sos muy buena. Muy buena de verdad.
- ¿Puedo seguir? ¿Te gusta?
- Muchísimo.
De pronto, Javier me mira y sonríe.
- Me acordé de algo que guarde para vos. Quería mostrarte que pienso en vos, me dice. Manotea el celular y busca. Yo lo acaricio.
- ¿Es de comex? ¿Algo muy urgente?
- Nah, no es de Aduana. Es una información importante para vos, que vi hoy y yo la guardé para comentártelo. Porque tenes que estar informada.
Me río. Me muestra una nota que guardó. Dice que el sexo y los orgasmos son beneficios científicamente para la salud de la mujer. Y que si esta triste, se mejora el estado de ánimo.
- Qué importante es estar informados ¿no?
Javier se rie y me mira como si lo hiciera perder la cordura y toda neurona a cien kilómetros a la redonda. Yo me río porque se pasa de boludo chistoso cuando quiere, pero lo aprecio en buena onda, porque no es algo ofensivo.
- Me preocupo por vos - dice.
- Oh, mira que justo viene la información. ¿Pero y quien esta triste? ¿Estas triste? ¿Tenes corazón de pollito?
Le acaricié el pelo y lo despeiné. Se rie.
- No. Te lo digo por si necesitas mi ayuda.
- Yo te veo muy sonrisudo - lo burlo. Se rie.
- Yo pense que lo tenías que saber. Por si estas triste algún dia. Así me llamas y yo te ayudo. Lo hago por vos, únicamente.
- De buen tipo, claro.
Nos miramos, nos reímos como dos niños y me le acerco.
- Si. Para ayudarte.
- Qué generoso, Javi. No me imaginaba - le digo en un tono chistoso- Pero ahora no seria tristeza lo que siento.
Me sonríe y me acaricia la espalda.
- ¿Qué sentís precisamente? A ver si los científicos, viste...
- Que el orgasmo lo vas a tener vos si me dejas seguir - le digo.
Javier se pone serio de pronto, como si se concentrara y me acaricia con sus manos. Pierde una de ellas dentro mio, en lo sensible y me tienta. Es increíble como mi cuerpo le hace caso, enseguida, aunque solo use sus manos. Con la otra, me estira el torso, para que me enderece y me mira, serio, mientras de nuevo disfruta de tener el control.
Finalmente, me coloca en la posición donde encajamos.
- Movete despacito porque estoy sensible - le pido.
Entonces, asi lo hace. Se mueve, me besa el rostro despacio. Me pide que me afloje. Me promete que va a ir despacito hasta que todo se acomode. En cuanto se acomoda todo, Javier empieza a repetir sus sarandeos con precisión. Siento como su cuerpo se tensa, asi que me muevo, para llevarlo. No me guardo nada.
- Ay no, no, es poco. No puedo durar tan poco con vos - dice, y me agarra de la cabeza para besarme la cara.
- Tranquilo. Disfruta, no te midas mas - le digo, jadeando.
Tiembla dentro mio. Desprende una energía física increíble. Me toma como un salvaje y finalmente se encamina hacia el final.
- Te **** toda. No puedo mas.
- Hermoso, quiero que lo hagas.
- ¿Si?
- Te siento todo. Sí. Estas tan cerquita.
- Voy a hacer un desastre - dice y sigue murmurando mas cosas que no entiendo.
Me aferra a su cuerpo con fuerza. Se frena un momento y trata de resistirse, para soportar, pero no puede.
- Te quiero matar.
- Yo también - le escupo.
Ya no me puedo medir con las respuestas. Estamos hablando muy desde el fondo.
- Te quiero agarrar toda y cogerte todo el dia. Hacerte de todo. Asi, ves. Cogerte asi. Siempre.
- Si. No me importa mas nada. Hacelo. Asi, por favor, ¿si?
Cuando le digo que sí, se enloquece y pocos segundos después termina en un orgasmo desarmado sobre la cama. Se rie. Le hago un chiste sobre si llamo al SAME o a los bomberos porque quedo regulando y después me voy a bañar.
II.
Un rato después cuando lo veo en la heladería, comprando, hablando tan civilizado, pienso que cuando era una jovencita jamás hubiera esperado tener noches asi consigo. No bajo consigo porque es la heladería del barrio, donde suelen pedir helado en mi casa, y donde el pine que atiende me conoce de vista. Pero pienso que la manera de relacionarme con él es de las mas intensas que tengo con alguien.
Me doy cuenta que la joven que era yo, antes, que se moría por verlo, que suspiraba cuando lo veía caminar por la principal llevando el mate al grupo, jamás hubiera pensando en algo asi. Ahora lo veo en la heladería, esperando solo un sábado a la noche, de trampa conmigo, sabiendo todo lo que se juega y aun asi no pudiendo parar. Ahi estamos los dos envueltos en todo este manto. En una pasión que sigue. Que persiste. Que ninguno de los entiende. Que nos sobrepasa. Que rechazamos. Que nos impacta.
Esta viejo, Javier, sí. Eso pienso. Esta mas viejo, intenso, encajetado. Cortarmos este vínculo mil veces. Y cada vez que lo veo así, con cierta distancia como lo veía quien era yo a los diecinueve años, entiendo el colapso de los 30. Tantos años deseándolo, tantos años mirándolo de lejos. Tantos años de silencio. Tantos años de mantener las formas, porque no podíamos estar juntos.
A sus 53 años, Javier camina hacia el auto. Se sube. Me sonríe. Deja el helado.
- ¿Vamos a dar unas vueltas? ¿Si?
- Vamos, dale - le contesta mi versión de 30.
Damos vueltas en nuestro barrio vacío. Y yo puedo jurar que este barrio podría ser el escenario perfecto para que alguien cuente la historia que yo no sé bien cómo explicar.
Doy vueltas sobre lo mismo y no entiendo por qué siempre termino asi. Sintiendo que si no lo toco hoy, que si no abrazo hoy, que si no gozamos hoy, que si no nos reímos, nos morimos o nos vivimos hoy, nunca voy a poder seguir de la misma forma. Estar consigo implica asumir toda mi oscuridad pero también, ser distinta. Una persona sin una amputación.
Javier me mira y me charla. A veces pienso que estos encuentros van a ser los verdaderos recuerdos con los que se quede de mí, cuando sea realmente viejo y ya no me desee. Cuando quizá me vea casada con otro, con una hijita, caminando por el barrio para visitar la casa de mis viejos.
Así, a la distancia, me imagino yo. El futuro es un desencuentro inevitable, creo. Lo creo sinceramente. En especial, porque sé que esto con Javier es simplemente una aventura que estamos viviendo antes de que el manto del tiempo se lo lleve todo.