sábado, 31 de agosto de 2024
Trapos encima
jueves, 29 de agosto de 2024
El partido del jueves
Finalizamos casi agosto. Lo despido cansada, cuando recién termine de hacer un TP de Económicas, después de haber ido a la oficina y haber trabajado todo el día.
El despertador hoy sonó 06.20 am. Me levanté y me alisté aunque me di cuenta que cambié sin notarlo de shampoo en la ducha de la noche anterior y el pelo me quedó espantoso. No le doy importancia. Llevo peine y neceser para emprolijarme en el baño de la oficina como siempre.
En la oficina, cuando llego temprano antes que todos, me preparo un capuchino de vainilla de la máquina y ya maquillada y bien peinada, me pongo a hacer mi tarea de inglés. Sí. Mi profesora de Inglés, pagada por la empresa, me deja tareas todas las semanas. Y yo tengo que mandar las resoluciones con mi cuenta corporativa, así que trato de aliviar la carga del día ni bien comienza.
Después, comienzo a trabajar. Reclamo mil cosas. Veo un tema de Auditoría con mi compañera que está cerrando balance y empiezo a identificar deudas o diferencias en las cuentas corrientes. Ese trabajo es agotador. Segmentar deudas reales de datos faltantes que deberán cruzar con una conciliación futura me apasiona pero, al mismo tiempo, me deja los ojitos lisos como una hoja de papel.
Al mediodía, bajo a buscar el almuerzo. Me siento con mis compañeros a comer. Está el Economista con el que hablo de libros pero hoy nos dedicamos a escuchar a una de mis compañeras acaba de volver de París y nos comparte anécdotas muy divertidas de su viaje. Es hermoso que te cuenten tantos detalles sobre el lugar que es mi sueño conocer, porque me conecta con eso. Con ese deseo de seguir logrando cosas. Con ese sentido que le doy a mi recorrido que, ojalá, me lleve muchas más veces de las que ahora imagino a recorrer provincias, localidades, países, de los límitrofes y de otros continentes.
Cuando termino de almorzar, vuelvo al trabajo. Surgen dos temas importantes y me estreso un poco. Bajo y subo las escaleras para hablar con la Secretaria de Presidencia. Por otro tema, mi jefa me pregunta algunas cosas y en el medio envían novedades que estábamos esperando.
Estos meses en mi trabajo son movidos por un objetivo mas. En noviembre la empresa organiza un evento institucional público, que cuenta con sponsors para sostener económicamente semejante apuesta. Eso tiene todo un gran detrás de escena administrativo de gestión y facturación enorme. ¿Y quién hace varias de esas cosas? Yo. Obviamente, mi jefa hace su parte. Pero a mí me corresponde gestionar todas las altas de los sponsors, facturarles de acuerdo a sus condiciones, y procesarlas hasta que les lleve hacia donde deba llegar. El año pasado lo tuve que hacer desde que inicié y fue realmente una movida. Sin embargo, este año, por la coyuntura política y económica del país, la apuesta es todavía mayor. Eso hace que a mayor notoriedad del sponsor mayor sea también su burocracia.
Por otro lado, este mes justamente cumplo un año en la multi y francamente parecía imposible llegar hasta aca. Pasaron tantas cosas a nivel profesional para mí en un año, tanto aprendizaje y tantos cambios en la manera de trabajar y de responder, que no sé ni cómo hice. En eso pienso mientras busco facturas del año anterior y me doy cuenta que si, que las emití yo, que fueron las primeras. También pienso que no tengo nada de ropa para ir a un evento tan grande y elegante, porque la ropa del año pasado ya la llevé a la oficina todos los meses subsiguientes. Caigo en cuentas de que es un tema histórico en mí: nunca desesperé por la ropa y cada ocasión que no implique ponerse un jean y una remera básica me encuentra aprendiendo. Por eso, pienso si elegiría un vestido o si elegiría un conjunto de chaqueta y pantalón. ¿Cómo saberlo?
Cuando salgo de la oficina, me tomo una combi para volver a casa. Lo agradezco enormemente porque cuando veo la cola del colectivo en el que tendría una hora y media de viaje, llega a las dos cuadras.
Ni bien piso está ciudad que amo y me atormenta con su gente en igual medida, recuerdo que tengo que buscar un bolso deportivo que me compré para nadar y que llegó luego de esperarlo por semanas. Eso me pasa por comprar las cosas aprovechando descuentos por preventa y tener que esperar demás, pienso, pero al mismo tiempo estoy feliz por poder pasar a buscarlo. Desde febrero que me quería comprar un bolso pero realmente no había podido darse la oportunidad. Hasta ahora, donde mientras voy a buscar al paquete pienso con qué llenarlo.
Una vez que lo veo, ya en casa, pienso " vaya si valió la pena ese 10% menos y cuotas sin interés" porque si bien no es de marca conocida, cumple con la cobertura de esta necesidad. Lo lleno y lo acomodo. Mientras guardo las cosas, veo que se me descosió la malla anticloro. ¡Pero la puta madre! Si bien puedo seguir usándola, sé que ni bien pueda deberé invertir en una de marca reconocida. ¿Fue mala suerte? No. En el momento donde me la compré en el verano no quise gastar mucho y así me fue que no llegó ni a septiembre.
Una vez me relajo un poco, me toca cocinarme. Elegí comer un sandwich con mucha rucula, pollo a la plancha con cúrcuma y ajo, que dejé marinando unos minutos, y mucha predisposición para que no sean todo hamburguesas. La verdad, estaba sorprendentemente rico.
Cuando estaba terminado de cenar, veo que una de las profesoras más irresponsables que me tocó en lo que llevo estudiando Administración de Empresas, cambio la fecha de entrega de un TP. Tengo un día para hacerlo. ¿Cómo mierda me organizo si mañana ya tengo agenda llena? Trabajo, Clase de Inglés, Terapia y otros compromisos a la noche.
Suspiro. Junto toda mi voluntad. Son las diez y media de la noche. Con todo el maratónico día encima, agarro la computadora y me pongo, junto a una copa de un blend, a resolver el TP.
Ahora estoy aquí, ya ha pasado un rato donde meti la rutina de la noche, ni yo sé cómo escribo, mucho menos como sobreviví a esta día tan largo, pero... lo hice.
Son dos victorias para la fecha. Mañana será otro partido.
miércoles, 28 de agosto de 2024
Los días van pasando
Día de mucha ansiedad. Largo. Largo. Largo. Quise ir a nadar pero cuando me fijé los horarios eran de 21.30 a 22.30. Desistí, porque implicaba llegar a casa a las 23.00 hs.
Ahora estoy acostada en la cama, recién bañada, después de comer saludable. Con mi gato, estamos mirando el Cris Morena Day. Es un mini viaje a la infancia porque me recuerda a esos momentos especiales donde podía mirar un poco de novelas antes de ir a nadar, solo por media hora, mientras me te merendaba.
Hay un chocolate que seguro me voy a permitir.
El control de hábitos hoy no llegó al cien. Me faltaron cumplir cositas mías. Pero si trate de pasar el día. De sobrevivir al día. Y lo hice muy bien.
Estos no están siendo fáciles. Estoy enojada. Este enojo persiste, se me enclava, y tiene también todo un trasfondo de angustia. Estoy en el fondo de la olla con el tema Javier y por momentos esperando el momento que vuelva para decirle: "¿no me dijiste que tenías culpa? Anda a cagar, cagón". Por otros, en realidad, esperaría que no aparezca jamás. Que no volviéramos a vernos nunca más.
El cansancio, la elaboración, se que no son los de antes. Me va a costar menos. Pero es el tiempo para asentar la decisión de haber puesto un punto de mi lado más allá de que el otro lado este lo que esté. Porque ya no importa lo que esté, si a mí me canso y me hace mal. Ya no lo vale. La cagó con toda su historia personal de boicot detrás. La misma se le repitió. Y está la vista: hace diez años, me decía que sentía pero no podía tener una historia. Y volvió años después a decirme que quiere tener sexo, que lo hagamos, que lo hagamos de nuevo, que lo hagamos mil veces y resulta que este es un sexo que tampoco puede concretar. Igual que no pudo con la historia. ¿Por qué? Porque se embarra. Siempre caga todo. Eso es lo único que podría decir. Que siempre lo arruina todo y que no pienso permitir que me arruine a mí.
¿Qué hacer con el enojo que nos quedó por decir? Está vez, nada, porque se que si digo algo va a ser un puente para hablarlo y seguir. Y yo no quiero. Me bajo. Abandono. Esto trata de darse media vuelta e irse. En silencio, sin ofrecimientos, sin explicaciones. Sin nada más que decir "me canso y no me fumo más todo esto". Me voy a hacer de mi vida otra cosa.
Aunque el proceso me devuelva todo como las olas del mar, ahí iremos. Prefiero batallar con eso y no con él.
Si algo pudiera hacer por mí misma hoy sería darme un abrazo y decirme: "ya está, tranquila, no vale la pena que le expreses ese enojo porque va a usarlo para colgarse de él y seguir haciéndose el pelotudo. El silencio te va a ayudar. No será un silencio con vos, será simplemente, un silencio que marca distancia de los mambos".
Y me siento un poquito poquito mejor. Tengo miiiiiiiiil cosas mías para seguir laburando, de todo tipo, pero acá estoy. Que sean cosas a laburar pero que sean cosas que después de un duro proceso me den algo bueno. Esto, es duro proceso en vano. Y lo entendí solo cuando Javier empezó a meter su mambo. Porque metió el mambo y saco lo único que remotamente me interesaba de él: los eventuales ratos de sexo. Ese permitido. El gusto que se transformó en disgusto.
martes, 27 de agosto de 2024
"Regalate la furia, que ya has amado tanto"
Que necesario es "regalarse la furia", a veces. Se trata de un acto de franqueza, de cuidado y de justicia. Vivir enojado no es lo más recomendable, pero enojarse y usar ese enojo con una función, sí.
Hace varios días, que en realidad son un reflejo del acumulado de hace dos semanas, que vengo enojada con Javier. Y sin dudas es un enojo distinto al de hace muchos años, cuando con el corazón roto lo arranque de mi vida a los palazos. Si que es distinto, si pienso en esa época y veo este presente.
Pero ¿por qué es distinto? En principio, yo lo soy. En segundo lugar, mis sentimientos hacia él lo son. Y en tercer lugar, él para mí no significa lo que significaba antes (eso no quiere decir que no signifique nada, y justamente está en eso el dilema, pero sin dudas es alguien distinto hoy en día para mí).
A partir de esa distinción, la furia comenzó a aparecer por temporadas. Pero empezó a salir más llamativamente cuando Javier condimento un post sexo con cuestiones de la vida personal, hace un mes y pico atrás. Me mandó mensajes, me dio ddcolxiones que no le pedí, se hizo el pelotudo y mezcló, mezcló y mezclo.
¿Y ahora? La culpa es mía. Sí. Así te la quiere dar vuelta. Así de manipulador tiende a ser. Quiere hacerme comer el vuelto de toda una movida de engaño que lleva adelante hace AÑOS. Específicamente, desde abril de 2022 hasta la fecha.
Porque el engaño no es solamente el acto. El engaño es todo. Es la acción, pero es el pensamiento que la precede. Es la mentira que te decís a vos mismo. Es la mentira que le contas al otro. Es el tener fantasías. Es el mandar mensajes cuando fumas o tomas un whisky. Es tomarse un whisky con quién no corresponde y decirle que se puede llevar tus botellas a la casa si quiere. Es regalarle vinos. Es saludarla para su cumpleaños. Es mandarle un mensaje diciéndole: "no desaparecí (...) lo tuyo, como siempre, impecable. No defraudaste". Es cruzarla por la calle y querer llevarla a la casa. Es prometerle cogidas épicas. Y también es acusarla de provocarte. Es decirle que sentís mucha culpa. Es decirle "no te hagas cargo de mi locura, vos tranquila", cuando la otra persona te dice "mira, me estás poniendo en un papel de forra y yo prefiero que no hablemos más" y es seguir hablándole ese mismo día y los días subsiguientes. Y seguir diciéndole cosa subida de tono tras cosa subida de tono.
¿Cuál es el motivo de mi enojo? No voy a ponerme en policía de la moral. Me enoja justamente su hipocresía. Su doble discurso. Principalmente, sobre cosas que son RE CONTRA COMPROBABLES. Cosas sobre las que bastaría remitir a unas líneas en un chat, por ejemplo, y citar sus: "pendeja, la próxima vez que nos veamos...". ¿Cuál es la respuesta de la pendeja? "Deja de hacerte el interesante, bolu, y ordenate, que así va a estar todo bien".
Qué injusticia y qué rabia me da está posición, su posición moral, de todos estos días. No por la tesis de portarse bien, sino, por los argumentos que esgrime. Son los mismos argumentos que le vengo dando hace dos años, pero ahora, tirados en mi contra.
"Me quiero portar bien", me dijo la otra vez. "Me parece bueno, va a ser mejor que no hablemos más", le dije yo. "No. No seas así", dijo. Y eso dio pie a tener una conversación nuevamente sobre las cuestiones más fundamentales, es decir, una serie de pasos para evitar confusiones.
Una conversación en la que Javier se cagó. Lisa y llanamente. Cómo se cago en mis sentimientos hace una decada, como se cago en las veces donde le expliqué las mismas cosas y como -empiezo a basar en esto el desprecio - se caga en absolutamente todo el mundo. En su pareja que conoce hace diez años. En mí, que conoce hace casi once años. En la serie de sentimientos que todos podemos generar como personas que somos.
Porque esto no se trata de sexo si empezas a dar vueltas con las cosas. Para el sexo también se tiene que tener códigos. Y se tiene que ser sincero con lo que uno quiere. Por eso, si bien fue contra todo lo que alguna vez hice en mí vida, no dejé nada librado al azar en cuanto al sexo. Cuando dije no, argumenté. Cuando dije si, argumenté. Y en ambos casos, lidie con las consecuencias. Con la culpa que me generó cada si y con la frustración y el deseo truncado de cada no.
En esta charla que tuvimos hace dos semanas, cuando le ofrecí que si estaba con esto de la culpa no habláramos más, lo ÚNICO que le dije a Javier es que si me volvía a escribir, y yo respondía, no saliera a la cancha el argumento de la culpa. Sencillamente, porque si él tiraba la piedra iba a tener que bancar la respuesta. Y Javier, el domingo, se acercó, sabiendo a quien se acercaba, y no se la bancó cuando le contesté.
Y es imperdonable esa exposición. Es algo sobre lo que deseo poder tomar venganza, en este momento, donde todavía estoy taaan enojada. Y es algo sobre lo que quiero ablandar mi corazón y no tomar partido y todavía no puedo. Y quiero poder, por mí, no por él y separarme de esa rabia me está costando. Me he regalado la furia, pero no quiero regalarme la venganza. No quiero gastar energía en eso, no quiero dar tiempo a eso. Ni loca.
Solo escribo para sacarme la bronca. Y para dejar constancia de que la única forma de hacerle justicia a la rabia que siento por él, es desapareciendo. Cortando el contacto de forma robusta. Principalmente, para que cuando venga con las mismas boludeces de siempre le cuente las mentiras de la culpa a Pinocho.
Ni siquiera fue honesto conmigo. No me dijo: "me quiero portar bien, por eso no quiero que nos juntemos aunque te haya dicho la semana anterior que te voy a coger". Creo que lo hubiera comprendido y lo hubiera ayudado. Es más, siempre lo aconsejé en contra de mi deseo. Siempre le dije: "hace las cosas bien, no vale la pena meterte en esto, siendo como sos vos, la vas a pasar mal". Y pese a todo, me echó a mí encima la responsabilidad con chistes malos como el "te pusiste límites, te felicito" o con frases como "a portarse bien".
Pero claro ... ¿Qué esperaba? ¿Que se puede esperar de alguien como él?
lunes, 26 de agosto de 2024
Muchísimo
domingo, 25 de agosto de 2024
La culpa pasa factura II
Realidad y sueño
Javier me mira, mientras charlamos, la última vez que nos vimos. Fue hace un mes y medio, pero como no ha dejado de hablar o merodear, ese mes y medio se siente como apenas un tiempo. Un tiempo que todavía no es lo suficientemente largo aún, porque no entiende bien los términos de " vernos muy muy muy de vez en cuando". Recién ahora, un mes y medio después, ha vuelto a desaparecer. Y recién ahora me voy relajando progresivamente.
Ese día me acaricia e intento hacer un poco lo mismo, pero no me sale del todo bien. ¿Cómo se acaricia sexualmente al tipo que más amaste hasta ahora? Yo creo que uno lo puede acariciar sabiendo que busca colocarlo en un estado, pero que, a la misma vez, esas caricias estarán ciertamente desabridas.
Miro a Javier, de reojo y le toco la barba, muy rápido. Eso es algo que siempre me gustó de él, que fuera barbudo y el deseo sexual se activa en mí cuando conecto con esa sensación de "quise tocar mucho esto y no pude".
En el fondo, aunque sea un forro, un viejo vueltita, cuando me mira y se pone colorado logra que me pasen aún algunas cosas en el cuerpo. Las del corazón hace rato se fueron pero, a veces, admito que las cosas del cuerpo todavía me persiguen. Por eso estoy ahí. Acostada en su cama, entre sus brazos, cuando ya pasaron años desde aquellos momentos donde lo amaba descontroladamente.
Le acaricio el pecho, quisiera que a ese momento no lo interrumpieran sus palabras, pero es un poco imposible. Javier habla y me saca de esa línea de pensamiento que llevo silenciosamente.
- Disculpa, espera un segundo - dice y se acomoda - Este pantalón de mierda - murmura.
Lo miro y enseguida entiendo de qué se está quejando. Su cuerpo, su propio cuerpo, me está pidiendo cosas que él todavía no se anima a pronunciar. Me agarra un ataque de risa. Se está removiendo porque ese contacto lo excita y empieza a darme todas las señales, delatado por la tela de su pantalón. Las oculta. Vuelve a una posición que todavía lo reviste, en ese momento, por lo que él mismo llamará un hombre respetable.
Javier se pone todavía más colorado.
- ¿Te da vergüenza? - le pregunto, queriéndome reír- Sos un bobo.
- Me está delatando, no te quiero incomodar pero... - dice y se ríe.
Dejo de acariciarlo y le hago un gesto de relajación. No quiero que se sienta incómodo. Sé que siente deseo y eso no me molesta. Lo que me molestará es aquello que va por fuera, es decir, el drama que las semanas siguientes querrá construir alrededor de un acto tan mundano como tener sexo. Pero en ese entonces, al menos en ese instante donde compartimos el mismo cuarto, su cuarto, no hay avisos de esto.
En otra sintonía, le digo:
- Nosotras zafamos porque no se ve. Ustedes, no.
Me sonríe y se pone todavía más colorado.
- No me mates - suspiró - Me gustás, ya lo sabés. Cuando estás cerca, me pongo muy pelotudo. Y me dan ganas de hacer cosas y...
- Lo veo, sí - musité - No te juzgo. Sólo me da risa que lo escondas. Perdón si te pone incómodo. Realmente me reí por eso.
- Ya lo sé. No pasa nada. Tranquila.
Sonrió.
- Me vienen pasando muchas cosas feas y no tengo ganas de tener sexo... Hace muchos meses que no pasa nada, y me cuesta...
- ¿Porque no tenes deseo? ¿O porque te cuesta tomar iniciativa con el tema?
- Estoy triste. Y no tengo ganas de tener sexo... No sé.
Asentí con la cabeza, seriamente.
- Es que es hasta lógico, Javi - le dije siendo sincera - A veces me da la sensación de que tu generación, o en realidad, vos dentro de tu generación, lleva la idea del "siempre listos"... Pero no es así.
Se carcajeó.
- No sé, pero te cuento...
- Javi, no siempre tenés que estar listo para la batalla si estás liderando otras. La persona que tiene sexo es la misma a la que le pasan cosas. Es normal que no tengas ganas de tener sexo con alguien cuando estás triste o de mala racha. Venís pasando un re proceso.
- Es que... Yo soy... muy intenso. Vos sabés eso.
- Si.
- Y estoy trabado.
- ¿Y te preocupa eso? ¿Te suma al malestar?
- No... Pero... No sé. Eso me pasa.
Asentí.
- Bueno, pero... - elegí con cuidado mis palabras - vos tenés al lado a una persona que seguramente puede leer ese lenguaje. Darte este tiempo que necesitas.
- No sé... Con ella, no... Sucede. Hace un montón, yo estoy para el orto y tampoco tengo ganas de buscar.
- Es que, insisto, tenés la energía puesta en la tristeza. No es nada malo. Sos una persona, no sos solo un cuerpo buscando otro.
- Estoy como raro con el tema. Desmotivado. Me pasaron tantas cosas en estos meses, el golpe me hace sentir mal, que no se que me pasa. Y como no pasa hace muchísimos meses, no tengo ganas...
Se lo notaba frustrado.
- Acá hay que distinguir algunas cosas... Esto es una cuestión de si existe el deseo o no. Si existe esa chispita, vas a poder despertarla.
- Claro, pero... ¿Cómo? No sé. No sé da.
- ¿No te tocas?
Me miró y sonrió.
- Te juro por lo que quieras que no te cargo.
- Ya se. No, no tengo ganas de eso.
Me puse toda colorada. Sentí que una llamarada me cubría el rostro.
- Bueno, quizá sea una alternativa para que cuando te den ganas de recuperar el deseo, puedas empezar. Que no tenga que ver con la presión de cumplirle al otro. Conectar con vos. A tu tiempo. Te están pasando mil cosas. Se buenito con vos.
Me agarró del brazo y me abrazo.
- ¿Y vos, cómo estás?
- Bien - dije, nada más.
- ¿Volviste con tu novio? - me preguntó.
- Nooo - musité - No admite vuelta.
- ¿Por qué? ¿Qué pasó? Contame todo.
- Nah - suspiré, eligiendo qué iba a contarle dentro de lo indispensable - Se puso en modo Jorge Suspenso. Era un "yo me siento mal y me cago en el otro". y conmigo, por lo menos, no es así. Si me propuso tener una relación, y después cuando estás triste o enojado con algo, desaparecés, no es una relación. Yo no le exigí tener una relación conmigo, nunca me interesó la fotito de las redes - argumenté - y para que desaparezca cuando tiene una crisis de la edad, prefiero no tener ninguna relación.
- ¿Crisis de la edad? ¿Cómo es eso?
Me salí del abrazo y lo miré.
- Sentirse viejo... Es esa, la canción que conocemos nosotros - lo miré y se rió. Me reí levemente.
- ¿Y no te volvió a escribir?
-Sí, pero prefiero no hablar más. Yo ya hablé con él para despedirnos, le dije lo que le tenía que decir, escuché su lado, pero listo. Me hice una nueva cuenta en una red social y me mandó para seguirme. Y no lo acepté. No quiero seguirla. No tiene sentido.
Se rió, fresco.
-Sos tremenda, vos. Tan guacha, ella - musitó, y me tironeó para hacerme cosquillas.
- No, te juro que no es por forra... Pero yo sé por qué te lo digo, es mejor así.
Lo medito el silencio.
- Y... ¿te estás acostando con alguien, ahora?
Lo miré. Revoleé los ojos, irónicamente.
- Nah. Estoy tranqui. Todos tenemos procesos ¿ves?No creo que las cosas de afuera de la cama se solucionen adentro de la cama - argumenté.
- Eso es cierto pero.. ¿tranquila, vos?
- Aunque usted no lo crea... soy una mujer tranquila. No tendría sexo con cualquiera porque estoy separada. No funciono así.
Sacude la cabeza y sonríe enseguida:
- Nah, no sos tranquila. Conmigo sos terrible. Me volvés loco.
Mofé.
- Con vos es diferente... Pero no estoy tirandote palos ni nada- dije, nada más - Además, vos no tenés obligaciones conmigo. Eso sabelo.
Suspiró.
- No son obligaciones. Al contrario.
- ¿Qué?
- Que vengo sin ganas de nada hace un montón de tiempo y te veo a vos... y me muero de ganas.
Unos instantes después, lo acaricié suavemente por el pecho.
- Vos siempre me decís que hay confianza. Y que no pasa nada si no cogemos, que todo siempre estará bien- le susurro - y yo te digo lo mismo.
Me mira fijamente y su rostro cambia. Me toca el pelo con su mano buena, acariciándome la cabeza, escuchando, atentamente.
- Si no cogemos no pasa nada. Es cierto. Si vos no querés, no va a pasar nada. Pero si es por mí, con vos tengo ganas.
(...)
- Javi, ¿seguro? ¿Vos estás seguro?
Javier me miró.
- Si - dijo, y me atrajo hacia él.
- Espera - dije.
- ¿No querés?
- Si. Vamos a hacerlo. Pero vamos a hacerlo con cuidado ¿si? Necesito que me hagas caso hoy.
Javier empezó a acariciarme con desesperación. Hundió profundamente su rostro en mi cuerpo y mientras intento besarme, yo le corrí el rostro para molestarlo. Entonces, lo intento de nuevo. Y se encontró con que en dos segundos nuestras lenguas se estaba disputando el beso más largo.
Lo desvesti. Me desvesti para el. Dejé que me tocará. Lo toque, lo acarcicie, fui especialmente delicada con los contactos y después fui intensa.
Javier me beso el cuerpo. Se dio cuenta por mi reacción que había hecho algo muy acertado.
- Eso te encantó - dijo, asombrado - ¿Te gusta que te muerda acá? Dios, no podes ser tan tremenda.
Me reí.
- Si. Me gusta. Es como un juego.
- Todo te voy a hacer. Todo lo que me pidas, te lo quiero dar.
- El señor me está conociendo - lo burle.
Me beso de nuevo y me mordió el cuerpo. Las lolas. El cuello. Se entusiasmó. Yo perdí noción de todo el esos momentos. Me deje llevar totalmente. Y le cedi el mando un ratito.
II.
Una vez que todo terminó, Javier se me quedó mirando mientras me vestía. Estaba acostado en la cama y no dejaba de mirarme.
- Creo que recién ahora te das cuenta del color de mi ropa interior...
Sonrió. Me miró atentamente.
- Seguro que en tu mente pensas que uso bombachas carpa. Ya veo que hace diez años pensabas que usaba bombachas con corazones... - mofe.
Me puse la calza. Se rió.
- Si que eras chica, antes - dijo.
- Usaba el mismo estilo de ropa interior, te lo perdiste - dije y le tiré una media suya en la cara.
Me puse el buzo. Y antes de irme, lo ayude a vestirse. Javier tenía una venda que lo atravesaba. Todo un brazo inmovilizado.
- ¿Te duele?
- No. Estoy bien. Puta que lo parió - dijo, por el pantalón que no se podía calzar.
(...)
- Vení.
- Yo puedo.
- Ya se que podes, pero yo te ayudo.
Me acerque a él.
- Pone ahí los piecitos. Eso. Muy bien. Levantate.
Le levanté los pantalones con una normalidad aterradora.
- Quédate quieto que si no, te lo voy a poner mal, te dejo algo afuera.
Se rió, levemente.
- Listo. Ya está, pantalón ok - le dije.
Me di media vuelta y me fui a ponerme las zapatillas.
III.
Después de esa noche, es el primer finde donde estoy tranquila con su ausencia. Donde estoy en paz. Entiendo que este es el mejor estado. El que no esté presente.
Sin embargo, sueño con él.
Javier y yo estamos en una fiesta. Rodeados de gente. Hay una rubia teñida, que lo mira y lo mira. Él sabe que la rubia teñida y yo estamos ahí. Y yo se que la rubia teñida está con él. Todo es un sueño, pero de alguna manera, lo sé.
Yo estoy acostada en un sillón. Me rodean personas pero no hablo con nadie. Estoy agotada. Algo borracha. Y me voy quedando dormida ahí. No quiero bailar. No quiero hacer nada. Solo estoy tratando de dormir.
Javier viene a buscarme. De lejos, veo a la rubia teñida. Ignoro a Javier. Quiero dormirme. Se va con la rubia teñida que le dice cosas, yo puedo verlo todo de lejos, pero no hago nada. No peleo con el ni con nadie. Solo estoy cansada.
Él sabe que estoy ahí, así que enseguida vuelve y se acerca al sillón para ver si estoy o no durmiendo. Me ofrece que nos vayamos juntos. Lo miro. Siento el cansancio del cuerpo mientras sigo en la misma posición en ese sillón. Me pongo en posición de dormir y le digo:
- Estoy cansada - le digo - anda con la rubia que viniste.
Javier se esfuma. En mí sueño, sale por una puerta con la rubia y yo me quedo descansando en el sillón de esa fiesta.
Creo que mi mente está siendo clara con su mensaje.
sábado, 24 de agosto de 2024
Hoy sábado...
Nadé
Leí sobre Historia Argentina
Comí riquísimo y me permití una Coquita
Me llamo mi sobrino, el más chiquito.
Y me sentí feliz. En calma. Disfrutando del presente.
II.
Cuando logro este tiempo de tener tiempo para darme, me doy cuenta que no necesito mucho para ser feliz. Solo una pileta para nadar. Una Coquita fría. Y dos amores: mi sobrino y la lectura.
Construirme estos momentos me implica mucho esfuerzo. Pero cuando termino el día así, me digo: valió la pena tener noción de lo que necesito y hacerlo realidad. Apreciar. Agradecer.
Y me siento mejor para seguir...
A veces estoy tan acostumbrada al modo lucha, al modo esfuerzo, al modo desgaste que me olvido lo maravilloso que puede ser el mundo cuando tenés el privilegio de conectarte con lo que te gusta.
Juro que nunca me siento tan feliz como cuando estoy en contacto con lo que me hace bien. Y habitualmente, eso de ser feliz, en mí caso, y por suerte, es poco sofisticado.
jueves, 22 de agosto de 2024
Otra vez, un día muy intenso
martes, 20 de agosto de 2024
Barro agua
Termino de trabajar, es martes. Fue un día de trabajo sostenido, permanente, y post facultad, es decir, que el día anterior estuve fuera de casa 15 horas. Maratónico.
Cuando termino de trabajar, me preparo la mochila que espero pronto se convierta en bolso. Me baño. Me pongo la malla. Me pongo el producto que me protege el pelo y hará que la gorra de silicona baile una cumbia arriba de mi cabeza en clases y... Me voy a tomar el colectivo.
Son las 19.30 cuando voy caminando al club y pienso que no puede, de verdad, no puede ser que haya elegido un día así para comenzar a nadar. Yo lo había dejado por el frío, pero también lo retomé en el medio de un fenómeno meteorológico que me trajo una enseñanza: lo importante es la determinación. Si vos querés nadar, nadas. Frío, hasta cuándo no quieras, puede hacer igual. En agosto o en julio, las cosas parecen lo mismo si tienen que darse de esa manera.
Llego al vestuario después de encontrarme con una señora del Club que no veía hace dieciséis años. No lo puedo creer así que la saludo con un abrazo. Me dice que me ve igual y cuando le digo que tengo casi 30 años no lo puede creer. Me trae mil recuerdos verla. Recuerdos felices.
En el vestuario, espero. Entro a nadar 20.20, salgo pasadas las 21.30 y sin dudas me siento MUY BIEN.
El mundo, cuando salgo de nadar, parece más accesible. La ansiedad desapareció. La remplazo una complacencia interna con el entorno. Hoy en día natación para mí es el deporte que más me gusta desde siempre, pero también, es cumplir conmigo. Es darme con la noción de que lo estoy haciendo, la posibilidad de descargar y sacar toda la intensidad acumulada.
Me quedo sin piernas cuando salgo, pero es justamente lo que quería. Anhelaba esa intensidad. Esa intensidad positiva, ese contacto con el cuerpo, el placer del deporte y el discurso interno que promueve en mí, mientras nado, que es algo parecido a gritar' "vamos, muy bien, eso, perfecto, ajusta los pies, buenísima la brazada, eso, barre agua, muy bieeeen, qué hermoso esto, la puta madre" adentro de mí mente.
Si, soy intensa. Para todo. Para hacer deporte me gusta vivirlo así. Me gusta ponerme las patas de rana y darle hasta que el corazón me rebote en el pecho, me gusta empujar toda el agua con los brazos y tomar aire cuando siento que me me voy a morir, para ganar resistencia respiratoria. Salgo muerta de hambre, pero sintiendo que es el mejor tiempo conmigo misma que puedo pasar.
Soy feliz cuando hago deporte y me cuesta mucho sostenerlo porque tengo una agenda muy ajustada entre el trabajo en la multinacional, la facultad y estudiar Inglés. Pero ¿cuánto es el tiempo invertido y todo lo que me llevo? Vale la pena el cambio. Es cuestión de darme permiso como hago con las obligaciones labores y ukicrdirarias.
Despues de comer, duermo plácidamente. La calidad de descanso es maravillosa. Un sueño pesado pero profundo, del cual me levanto relajadísima.
Hoy me levanto a trabajar con un registro de sueño pero sin un solo dolor. Mañana sé que no podré ir al agua porque tengo que ocuparme de un trabajo para la facultad, de mí trabajo y de un turno médico. También el viernes tengo trabajo, clases de inglés y terapia. Pero eso si: el finde me prometo a mi misma que la mochila se cargará de nuevo y que la carga mental la dejaré en la pileta.
¿Un dato gracioso? En natación, noto que los tipos (de todas las edades, jóvenes, más viejos, algún que otro tincho deportista de +50) me miran nadar o me saludan cuando entro al agua. Ni idea por qué es pero no le doy importancia. Yo disfruto. Es como una atracción que no manejo pero que viene mucho de mí espíritu deportivo, porque amo profundame nadar y me meto en un mundo de técnica, de mejora continua y de disfrute absoluto mientras lo hago y todo alrededor fluye.
Agradezco mucho tener pasiones disponibles aún. El deporte me cambio la vida, y el privilegio de saber nadar hoy me ayuda a mantener la salud mental. Entonces, la cambia de nuevo.
El saber que este puede ser un camino sano para drenar todo lo que sucede, es un consuelo para mí. Aunque parezca demasiado.
Barro agua y con eso, con esa fuerza, siento que puedo barrer además todas las cosas con las que batallo.
domingo, 18 de agosto de 2024
La boluda sensible
El viernes, veo sus mensajes cuando me despierto. Abro WhatsApp porque estuvieron escribiendo las chicas de la facultad, y me encuentro con los suyos de la noche anterior. ¿De que me valió silenciarlo, archivarlo, en todas las redes sociales donde lo tengo? La distancia no alcanza cuando viene así. Se necesita más.
Pienso que para Javier, mil cosas de la vida cotidiana son fáciles porque las tiene resueltas, entonces, se puede permitir el lujo de detenerse en los detalles. Él no se preocupa por el dinero, no lo desvela tener para comer o para pagar los impuestos. Tiene salud. Tiene medios para pasear un fin de semana, apreciar el sol y nada de eso disfruta. Tampoco se preocupa por cumplir con alguien más que con el mismo en el trabajo. Puede manejarse como quiera y elegir sus clientes. Le heredaron una cantidad de contactos a nivel profesional que lo acomodaron desde muy joven y un poco como que le armaron su vida. Pero en todo lo que tiene que elegir él, armar él, o gestionar él, hay muchísima pobreza emocional.
¿Y en que me toca eso a mí? En qué no estoy para fumármelo en su plan : quiero ser tuyo pero me da culpa. Me parece sencillamente demasiado para sostener emocionalmente además de todo el andamiaje que ya sostengo en la vida cotidiana. Yo tengo un ritmo de vida muy intenso en este momento... Y no es casualidad: estoy armando un futuro y tratando de vivir el mejor presente posible.
Mis semanas son intensas. Trabajo jornada completa. Estudio en la facultad de noche, estudio inglés porque no pude antes. No tuve una familia que me heredó la profesión. Tuve que crearla por segunda vez. Y cada día soy enormemente agradecida por poder crear mi vida. Bendigo todo lo que tengo, porque lo sostengo, y trabajo por ello, y soy muy afortunada por poder hacerlo. Mi actitud es de perseverancia pero además, es de lucha. De ganar. De salir adelante. De solucionar y avanzar.
Somos muy distintos. Él no pelea por nada, siempre tuvo excusas, miedo, rollos. Yo siempre le di para adelante con todo. Para mí la vida es un poco eso: solucionar, despejar y disfrutar. Disfrutar si no hay nada que solucionar. Aprovechar las oportunidades. Agradecerlo todo y animarme a hacer todo lo nuevo que me ayude a crecer, a pesar del miedo o las inseguridades. Y cuando las cosas se ponen duras, es antes que nada reconocer y escribir y tratar de entender qué me pasa.
Hoy considero que estoy en ese momento. Intentando entender qué me pasa. Seguramente por eso escribo tanto. Pero también creo que es terreno ganado.
Yo disfruto todo lo que puedo, a mi manera. No siempre es fácil pero hago el esfuerzo por valorar lo que tengo cuando lo tengo. Trato honestamente de ser feliz con lo que tengo, y aunque me cueste mucho manejar la ansiedad, no me rindo. Hablo de lo que me duele para superarlo. Pienso que en algún momento voy a haber trabajado mucho en mí interior y que eso me va a ayudar a tener una vida más plena. No voy por sentado nada y trato de pensar que los puntos van a unirse. Imagino que hay suficiente para todos. Trato de ayudar cuando puedo. No soy rebuscada. Si dependiera de mí, todos tendrían derecho a todo y todos tendrían el mundo a disposición.
Por eso, el mundo emocional de Javier me repele, aunque la pasemos bien en el cuerpo a cuerpo. ¿Cómo podes tener química sexual con un tipo que es tan tarado que se le sigue pasando la hora? Ni idea. Pero lo admito: la tengo. Y si, sé que él también está en la misma sintonía, aunque no me enorgullece eso.
II.
Habernos acostado hasta ahora no era un motivo de disputa entre nosotros. Recordábamos lo que había pasado y lo habíamos encuadrado. Si bien Javier insistía, no teníamos diferencias o necesidad de aclarar cosas de su lado, como ocurrió ahora. Y esto que cambió es justamente lo que yo no quiero que se interponga en mi manera de vivir.
Se que a veces escribo "lo odio". Y si, es un estado transitorio de cosas donde lo mataría por ser tan reventado. Pero que jamás perdura. Jamás hace que le valga el portazo en la cara. Y quizá, debería poder empezar a odiarlo un poco. Básicamente, porque está molestando a una persona que, con él en particular, siempre fue leal.
Si. A Javier siempre le guardé secretos. Cuando nos estábamos conociendo hace diez años, le guardaba secretos desde el amor. Y ahora, le guardo secretos porque no le quiero cagar el cotidiano. Sin embargo, eso se vuelve difícil cuando solamente existiendo le represento un problema. Un problema cuando le digo que no. Un problema cuando le digo que si. Un problema cuando le digo no hablemos más. Un problema cuando le digo "bueno, llevemos bien las cosas y podemos ser amigos o buenos conocidos".
No estoy para esas cosas de una doble vida. En el fondo, aunque lo deseo, aunque desearía odiarlo con cada fibra de mí, no puedo hacerlo. Parte de vivir como vivo es no querer vivir como un monstruo.
Tengo otra clase de corazón y reconozco que consigo poner los límites es una tortura. Aunque sean sanos para mí, hay otra parte mía que me dice: "no lo excluyas, ya lo lastimaron, explicale de buena manera una vez más". Pero hay otra que me dice: "con razón lo lastimaron, se lo merece por hijo de puta, vueltero de mierda, se caga en todo el mundo..." Y así ando últimamente: dividida.
Yo límites sé poner. Muchísimos. Los pongo claramente con el resto de las personas, inclusive, aunque las ame. Pero con Javier es diferente. Me cuestan muchísimo más. Sufro cuando se los tengo que poner, y no porque no los necesite, sino porque no quiero hacerle daño diciéndole las cosas con violencia.
Él tuvo un pasado de violencia y tiene completamente asociado el amor al conflicto. Se vincula con gente problemática. Se vincula desde las malas. No entiende que hay cosas que pueden ser fáciles, sencillas, y llanas. Ni siquiera, aunque esas cosas sean sexuales.
Creo que otro hombre lo haría de otra forma. No trataría de montar todo un engaño. Pero creer no sirve. Porque él, todo lo hace difícil por naturaleza y termina cansando hasta a la persona mejor dispuesta a cuidar su historia y a no querer causarle más dolor.
Él me cansa. Me cansa y me puede como ninguna otra persona me pudo en 30 años, entonces, tiendo a querer explicarle todo bien. No quiero que le quede culpa, ni malestar, ni que se de la cabeza contra el suelo tomando malas decisiones. Más bien, hoy en día, necesitaría que se alejara sin volver a hablarme nunca.
No hay otra explicación: estoy harta. No hay excusas. Yo ya se que me tengo que ir pero no puedo irme mal. Y me genera angustia saber que tengo que irme mal porque es una persona que no entiende las cosas explicadas con amor. Que se vincula desde la ferocidad y el destrato. Y no, no el destrato que cree tener hacía mí, sino, el destrato hacía el mismo. Por todo el daño que se hace y por las decisiones que no toma y que le hacen más y más daño.
III.
Estando en esto, noto que también comienzo a hacerme daño. El cansancio es una forma. ¿Por qué tengo que vivir así, si tengo tengo por delante, tanta felicidad disponible, tantas formas de conocer el mundo y a personas más compatibles conmigo en el?
Casi con 30, no puedo dejar pasar este tiempo valioso. Ni sus desafíos. Ni sus conquistas. Ni sus incertidumbres. Ni sus regalos. Ni sus descubrimientos. Siento que me espera tanto lindo, que claro, necesito cerrar bien cada puerta. Con gratitud y amor. Pero qué amor pongo acá, ni siquiera humanamente para despedirme, si Javier me lleva al límite de sentirme una bestia.
Sé que soy responsable si me quedo, aunque me quede a explicarle las cosas de buena manera. Sé que la única solución es irse. Es echarlo de mí vida. Pero una parte mia no quiere que todo tenga que volver a ser así. Y esa es mi pelea interna hoy.
No quiero que este hombre la pase para el culo. No quiero hacer fuerza interna para ignorarlo. No quiero tener que mirarlo mal. No quiero volver a esquivarle el saludo. Pasé ocho años así y fue un gasto de energía enorme. ¿Para qué? ¿Para que el día después de los ocho años de no hablarle, estemos en la cocina de su casa solos por primera vez desde que nos separamos y me bese como si no hubiese pasado nada malo?
Irme hoy es necesario. Pero admito que no sé cómo instrumentarlo bien. De solo pensar en decirle cosas terribles como las que dije en aquel 2014, me quedo en blanco. No quiero volver a hacer eso nunca más. No quiero llegar a ese fondo. Siento que tengo que poder irme de otra forma.
Creía que explicándole bien las cosas era una posibilidad más cierta, ahora, que habíamos asentado el deseo. Pero no. Parece que la única forma donde registra los límites, es cuando lo agreden, se enojan con él y lo putean. Y yo no soy capaz de hacerle eso. Pero también, estoy revisando lo que si debo ser capaz de hacer. Por mí. Para cuidarme. Para estar bien. Para ser un poco más sanamente egoísta.
Gritar y putear no es lo mío, no porque no lo pueda hacer, sino, porque enseguida recuerdo todo lo difícil que fue hacerlo antes consigo y no quiero pasar por eso de nuevo. Cuando vos amaste mucho a alguien no lo podes agredir para que se vaya de tu vida. O al menos, yo no puedo. Por eso soy así de boluda. Por eso parece que tengo siempre paciencia.
En realidad, no. Simplemente, no quiero sumirlo de nuevo en la violencia. Y siempre en el fondo espero que se canse... Pero Javier parece tener también muchas puntas sobre mi persona, aunque ninguna de ellas me considere una mujer elegible o querible. Y siempre me deja en la misma conclusión: a él no le importa como me siento, aunque me venda el pescado podrido de la culpa. Y tampoco le va a importar si lo puteo y si le digo: "no me rompas mas los ovarios, flaco, estás loco y me querés volver loca, dejame en paz. Coge con otra y punto".
Pero... ¿Y si le importa y se pone mal? No quiero. No puedo saber que lo lastime. Es algo que no se por qué me pasa, pero me pasa. Y si, no tiene lógica, no es digno, no tiene valor, no le importa a nadie. Me deja en un papel patético de boluda... Pero es la verdad. Siempre soy cuidadosa cuando me voy de la vida de la gente. Siempre trato de irme con una charla. Siempre soy una oportunidad. Siempre explicó por qué. Siempre. Siempre. Pero él es como si se burlara de todo eso. Está vez, no puedo hacerlo así.
Y no puedo hacerlo así, porque no sirve. Estoy frente a una persona desesperada y tengo que tomar formas distintas. Las formas que uso con toda la gente, con él, no funcionan. Con él funciona la ironía, la sorna, la dureza, la acidez... Formas que para mí son demasiado duras. Que me parecen llegar a un nivel de intensidad y de choque donde no creo que sea bueno estar. Donde no quiero estar. Al final de día, soy enormemente sensible y son espacios de locura que no quiero naturalizar.
Solo espero que después de esto no aparezca más. Yo me comprometo a buscar la manera donde podamos vivir lejos y en paz. Para ser algo ocasional, en este último mes, todo consigo cambio mucho.
sábado, 17 de agosto de 2024
La culpa pasa factura
- Me siento muy culpable. Vos lo sabes: yo soy una persona muy culposa.
- Si. Lo sé. Por eso no te obligo a que hagas nada de lo que haces y vos vas y lo haces... - le dije, con ironía - ¿Culpa por qué?
- Por mentir. Y por destratarte.
- ¿Destratarme? - le pregunté.
Ese concepto me llamo la atención. Lejos de ser sexual, era vincular. Y me irritó que lo trajera a la mesa.
- Se claro con eso. Explícame que es destrato para vos - le exigí.
- Si. Cogemos y... casi te rajo.
Mofo. Él realmente cree que maneja todo. Me asombra como no se da cuenta que una persona que se junta a coger con otra no se tiene que poner a jugar a los dados. Para mí, por lo menos, es correcto que sea así el manejo. Si me invitaría a comer, le diría que no. Si me invitaría a dormir, le diría que no. De hecho, la última vez, mientras me hablaba de sus cosas, yo me puse a buscar un Uber, me puse la bufanda, busque la campera. Digo ¿eso no lo ve?
¿Nunca tuvo sexo porque si con una persona? Yo soy así de lógica en estos casos. Me acuesto con vos, hay buena onda, pero tengo bien claros los límites del contexto. Y Javier, entiendo que porque es un hipócrita, siente culpa al mostrarse como es. Lo sorete que es como persona.
¿Por qué los soretes pueden sin embargo ser deseables? Esa es una pregunta para mí.
- ¿Y? - le pregunto.
- Me hace sentir culpable. ¿Cómo y? - me preguntó - No te ofrezco nada.
- Javier, por favor, no mezcles las cosas - lo freno - Yo no pretendo que me cocines después de garchar. Yo termino de coger con vos, me pongo los pantalones, y listo. Se terminó - le dije, siendo explícita.
- Está bien. Está claro.
- Si, siempre lo tuve claro. Si yo buscaría un tipo al que le importe como me siento, o un tipo que me haga rico de comer, jamás te tomaría en cuenta a vos.
Destilé el veneno que merecía.
- Está bien. Está todo bien. Me deja tranquilo. Estás muy clara.
Por el tono de su respuesta, sé que ese dardo le llegó.
- ¿A vos que te gustaría? - me preguntó.
- Nosotros compartimos un momento. En ese momento, podemos disfrutar, nos reímos, está todo bien. Es como darse un gustito - le aclare - A mí me gustaría que si me insistís todo el tiempo para tener sexo conmigo, en caso de concretarlo, no la compliques. No metas cosas que no van. Y que si no la querés bardear y hacer todo bien, lo sostengas. Yo te apoyo en eso, siempre y te voy a seguir diciendo que no siempre que pueda. Pero si venís a joder, y hay repuesta, bancatela. Hacerte cargo de eso.
- Es que no puedo dejar de pensar en eso. Pienso todo el tiempo en todo lo que pasó. Y no está bien. Me imagino. Quiero hacerte lo que me pidas. Trabajo mal porque pienso todo el tiempo en que te llamaría para hacerte todo lo que me pidas.
- Javier, hay que bancarsela. Imagínate si yo respondiera a todo lo que me decís. ¿Qué te pasa? ¿Te morís? Me ubico mucho con vos. Pero vos me buscas. Si yo llego a responder, no me podes decir: "disculpa, quiero hacer las cosas bien", cuando te la pasas haciendo todo por izquierda. No seas forro. Yo soy la primera que me contengo con vos. Nunca te olvides de eso. Por favor. Hace de tu parte.
- El problema es que yo te llamaría todos los días para acostarme con vos. Todos los días. Y trato de no hacerlo porque todos los días si vos me pedís mimos, termino haciéndote mimos. Dios, es dificil hablar con vos.
- Concepto equivocado - lo ataje - Terminarías queriendo coger conmigo.
- Si. Obvio que si.
Suspiré.
- ¿Y no es eso lo que vos querés?
- Me da culpa pensar en eso todo el tiempo.
- Entonces no tenes que volver a escribir. Yo tengo ganas de acostarme con vos pero no te escribo, ni te pregunto, ni te llamo - le recordé - Tampoco voy a tu casa. Me la aguanto como una campeona. Te contesto súper normal, puedo mantener una conversación normal. No te pases.
- ¿Tenés ganas vos? ¿En serio?
- Si, las ganas siempre están. Pero no está la posibilidad. Entonces, sigo, no te digo nada. Si te veo, te saludo con un beso en la mejilla, no te agarro de la mano como me agarras vos. Controlo la mirada, no como vos. Y si pienso en acostarme con vos, es algo mío. Y si me siento mal o bien por eso, es mi problema.
- ¿Pensas en eso? ¿Te imaginas cosas?
- Por supuesto. Pero no me interesa compartirlo con vos. Considero que si yo te cuento cómo son mis deseos, te la complico. Es parte de mí decisión.
- Quiero saber todo.
- ¿Para que? ¿Para decirme que te da culpa? Yo no te juzgo. No voy a permitir que me des vuelta las cosas con la moral. Solo eso.
- No pensé que te pasaba.
- Javier, me manejé y me sigo manejando de una manera muy sincera. Siempre fui clara con lo que pretendo de vos. Si a vos te genera un conflicto de intereses coger conmigo, porque te digo que no, o porque te digo que si, prefiero que no me escribas más.
- No. Está todo bien. No te preocupes. Son mambos míos. No te hagas cargo de mi locura. No te corresponde eso. No me imaginé que pensabas.
- Si, es hasta esperable. Pero no es que voy a hacer lío con eso. Tampoco me hago cargo de tu locura. Tampoco me preocupa tu mambo. Solamente, no voy a permitir que me hagas sentir mal con tus cambios de actitud moral. O sos o no sos. Si no querés hacer más nada, yo te apoyo, mil veces te lo dije, mil veces. Y si querés, bancatela. Nada más. Listo la charla.
(...)
- Pendeja, sos tremenda. Pero tenés razón.
- Y vos sos un destratador - lo burle - que no me cocina cosas ricas.
- Hija de puta que sos - me mandó stikers graciosos - Me voy al centro, me tengo que ir, no me queda otra- dijo, y miré el reloj del celu.
Note que se había quedado una hora hablando conmigo y que llegaría tarde a su oficina. No me importo.
¿Vos trabajas allá hoy? - me preguntó.
- Noo. De hecho, me voy a trabajar. Que tengas un buen viernes. No rompas mas los huevos.
- Te mando besos, pendeja. No me cortes las piernas. Soy viejo yo.
- Deja de hacerte el pobrecito. Ordenate y listo. Que tengas un lindo viernes. Chau. Besos.
- Te mando besos (...) - dijo.
II.
Dios. Ayer pase toda mi sesión de terapia explicándole a mi terapeuta por qué no me quiero convertir en un monstruo.
Javier me convierte en una clínica. En una cinica hija de puta.
Y yo, lo único que quiero, es vivir en paz. Y creo que para vivir en paz, voy a tener que tomar medidas tajantes. Sin acuerdos, sin explicación, sin tratar de que no quede todo mal, o dejando de pensar en el campo emocional del otro. ¿Quien piensa en el mío?
No puedo ser ni siquiera conocida de una persona que porque no le respondo un mensaje una noche, cree que lo bloqueé. Tampoco me quiero seguir viendo en la situación de tener que explicarle.
Parte de toda esta situacion, es mi responsabilidad. Si yo me sigo quedando ahí, que Javier haga esto, será culpa mía. Puedo controlarme, si. Pero si el otro no puede, y no pone ese orden de su parte, quedarse ahí y dejar que suceda, será perder de vista el norte.