sábado, 31 de agosto de 2024

Trapos encima

Hace unos días venía hablando con mi mamá sobre todo el tema ropa. Es que, como ya he mencionado, el tema de hacerme con ropa adecuada desde que entré en la multinacional, ha sido difícil. Y últimamente, cuando me ponen un evento por mes, y casi nadie repite ropa, pienso: ¿será que la gente se compra tanta tanta ropa desde siempre? Parece que sí. Está gente tiene ropa destinada a estás ocasiones, pero... yo no. 

Principalmente, porque jamás fui una persona que se compró mucha ropa. Y recién ahora, sí, casi con 30 años, me estoy interesando por la ropa. Y claramente, es un momento muy caro del rubro, por lo que no puedo comprarme demasiado hoy en día. O en realidad, me compro las prendas muy lentamente. Y el regusto que me queda es el de que siempre me falta algo más. Y es una fiaca total eso. 

II. 

 No tengo ropa en exceso y siempre fui muy básica para vestirme. Y de repente, hace un año, eso cambio. Prácticamente nada de la ropa que yo usaba para ir a trabajar a la oficina anterior, o para todos los días, me servía para ir a trabajar a la nueva oficina. Como siempre lo comento con mi mamá, a veces siento que tengo que vestirme de gala todos los días, porque es así como yo lo veo en relación a como me vestía antes. 

Esta etapa laboral de mi vida hace que en cada evento laboral tenga que pensar qué corno me pongo. De cada evento sacan fotos, las distribuyen en redes sociales para hacer "alharaca" y con eso hacen que se quemen fácilmente los conjuntos que me armo en un entorno donde constantemente la ropa o la apariencia ocupan un lugar importante en la construcción de imagen profesional (sí, no está bueno eso, pero sucede). 

Si bien yo me acostumbré bastante a todo eso, y no me modificó la forma en que pienso la vida, e inclusive me gusta como me queda la ropa formalita, el tiempo de buscar, de organizar, de comprar si puedo, de pedir prestado algo, y principalmente de pensar qué me voy a poner, es agotador. 

Este mes, tengo un evento programado y una fiesta después de ese evento. El mes que viene no tengo compromisos al momento pero, el otro, en noviembre, tengo agendado un evento institucional que hace la empresa destinado al público. Este evento es enorme y donde todos se tiran todos los trapos. Invitados o locales, como nosotros, que estamos dentro de ese mundo de CEOS, políticos y ex presidentes de LATAM, solo por trabajar ahí y un poco de un deber "mostrar" una imagen formal. Sí, solo por esa circunstancia fortuita dónde uno busca un sueldo digno, prestaciones, facilidades y a mí edad, aprender y conseguir solidez profesional; terminas en una cuna de gente bien. Y siendo una persona trabajadora, es normal y esperable que me represente un esfuerzo extra a lo que es mi vida donde ir de shopping no se considera una actividad habitual. Cómo si esto no fuera poco, en diciembre, es la fiesta de fin de año...

Sé, de todos modos, que no va a ser siempre así, que estoy haciendo una base de un tipo de ropa y que después la voy a ir rotando y haciendo nuevos conjuntos. Principalmente, porque me compro todo básico, de colores combinables y pienso siempre si lo voy a usar otra vez y así voy mezclando y resolviendo. Confío en que ese criterio me sirva. Lo que sucede ahora es que no tengo opciones. No tengo que mezclar.

Este viernes compré en rebajas algo de sastrería. Eso sí lo aproveché porque estaba muy barato y en el color que precisaba. Y ayer sábado, fui de casualidad con mis hermanas y los sobrinos al shopping y compré un conjunto para la temporada de verano de una marca que para mí es un pedacito de cielo: Markova. ¿Si es lindo? Es soñado. Pero me generó cierta incomodidad o culpa gastar tanto dinero en eso. 

Creo que me cuesta acostumbrarme a verlo como inversiones en imagen. Se que después me queda esa ropa, que la re uso, que le doy valor a ese dinero, pero no deja de parecerme útil para otra cosa o simplemente para reducir gastos. Este año está siendo el año donde más dinero necesite en mi vida. Donde necesite más dinero para resolver temas de salud, una rehabilitación que continúa y eventos en el trabajo que se multiplicaron.  Quizá por eso es la carga mental. 

 ¿Lo mejor de ese momento? Mi sobrino mayor, aprovecho que yo estaba sacando fotos al look que me había probado en Markova, se asomo discretamente al vestidor y miro al espejo como me quedaba. "¿Te gusta cómo me queda?", le pregunté. Sonrió y me dijo que sí. "Gracias, mi amor, por tu opinión. Es importante para mí", le dije. Sonrió y me levanto un pulgar. ¡Está tan grande, casi tiene seis!

Me sorprendió el amor con el que me miraba.  Le saque una foto y me quedó ese recuerdo tierno y gracioso de nuestras aventuras juntos. Él quizá no lo sabe pero me acompaña en cada etapa de mi vida. Aunque me estrese todo, mi sobrino ayuda a aliviar la carga. 

jueves, 29 de agosto de 2024

El partido del jueves

 Finalizamos casi agosto. Lo despido cansada, cuando recién termine de hacer un TP de Económicas, después de haber ido a la oficina y haber trabajado todo el día. 

El despertador hoy sonó 06.20 am. Me levanté y me alisté aunque me di cuenta que cambié sin notarlo de shampoo en la ducha de la noche anterior y el pelo me quedó espantoso. No le doy importancia.  Llevo peine y neceser para emprolijarme en el baño de la oficina como siempre. 

En la oficina, cuando llego temprano antes que todos, me preparo un capuchino de vainilla de la máquina y ya maquillada y bien peinada, me pongo a hacer mi tarea de inglés. Sí. Mi profesora de Inglés, pagada por la empresa, me deja tareas todas las semanas. Y yo tengo que mandar las resoluciones con mi cuenta corporativa, así que trato de aliviar la carga del día ni bien comienza. 

Después, comienzo a trabajar. Reclamo mil cosas. Veo un tema de Auditoría con mi compañera que está cerrando balance y empiezo a identificar deudas o diferencias en las cuentas corrientes. Ese trabajo es agotador. Segmentar deudas reales de datos faltantes que deberán cruzar con una conciliación futura me apasiona pero, al mismo tiempo, me deja los ojitos lisos como una hoja de papel. 

Al mediodía, bajo a buscar el almuerzo. Me siento con mis compañeros a comer. Está el Economista con el que hablo de libros pero hoy nos dedicamos a escuchar a una de mis compañeras acaba de volver de París y nos comparte anécdotas muy divertidas de su viaje. Es hermoso que te cuenten tantos detalles sobre el lugar que es mi sueño conocer, porque me conecta con eso. Con ese deseo de seguir logrando cosas. Con ese sentido que le doy a mi recorrido que, ojalá, me lleve muchas más veces de las que ahora imagino a recorrer provincias, localidades, países, de los límitrofes y de otros continentes. 

Cuando termino de almorzar, vuelvo al trabajo. Surgen dos temas importantes y me estreso un poco. Bajo y subo las escaleras para hablar con la Secretaria de Presidencia. Por otro tema, mi jefa me pregunta algunas cosas y en el medio envían novedades que estábamos esperando. 

Estos meses en mi trabajo son movidos por un objetivo mas. En noviembre la empresa organiza un evento institucional público, que cuenta con sponsors para sostener económicamente semejante apuesta. Eso tiene todo un gran detrás de escena administrativo de gestión y facturación enorme. ¿Y quién hace varias de esas cosas? Yo. Obviamente, mi jefa hace su parte. Pero a mí me corresponde gestionar todas las altas de los sponsors, facturarles de acuerdo a sus condiciones, y procesarlas hasta que les lleve hacia donde deba llegar. El año pasado lo tuve que hacer desde que inicié y fue realmente una movida. Sin embargo, este año, por la coyuntura política y económica del país, la apuesta es todavía mayor. Eso hace que a mayor notoriedad del sponsor mayor sea también su burocracia. 

Por otro lado, este mes justamente cumplo un año en la multi y francamente parecía imposible llegar hasta aca. Pasaron tantas cosas a nivel profesional para mí en un año, tanto aprendizaje y tantos cambios en la manera de trabajar y de responder, que no sé ni cómo hice.   En eso pienso mientras busco facturas del año anterior y me doy cuenta que si, que las emití yo, que fueron las primeras. También pienso que no tengo nada de ropa para ir a un evento tan grande y elegante, porque la ropa del año pasado ya la llevé a la oficina todos los meses subsiguientes. Caigo en cuentas de que es un tema histórico en mí: nunca desesperé por la ropa y cada ocasión que no implique ponerse un jean y una remera básica me encuentra aprendiendo. Por eso, pienso si elegiría un vestido o si elegiría un conjunto de chaqueta y pantalón. ¿Cómo saberlo? 

Cuando salgo de la oficina, me tomo una combi para volver a casa. Lo agradezco enormemente porque cuando veo la cola del colectivo en el que tendría una hora y media de viaje, llega a las dos cuadras. 

Ni bien piso está ciudad que amo y me atormenta con su gente en igual medida, recuerdo que tengo que buscar un bolso deportivo que me compré para nadar y que llegó luego de esperarlo por semanas. Eso me pasa por comprar las cosas aprovechando descuentos por preventa y tener que esperar demás, pienso, pero al mismo tiempo estoy feliz por poder pasar a buscarlo.  Desde febrero que me quería comprar un bolso pero realmente no había podido darse la oportunidad. Hasta ahora, donde mientras voy a buscar al paquete pienso con qué llenarlo. 

Una vez que lo veo, ya en casa, pienso " vaya si valió la pena ese 10% menos y cuotas sin interés" porque si bien no es de marca conocida, cumple con la cobertura de esta necesidad. Lo lleno y lo acomodo. Mientras guardo las cosas, veo que se me descosió la malla anticloro. ¡Pero la puta madre! Si bien puedo seguir usándola, sé que ni bien pueda deberé invertir en una de marca reconocida. ¿Fue mala suerte? No. En el momento donde me la compré en el verano no quise gastar mucho y así me fue que no llegó ni a septiembre. 

Una vez me relajo un poco, me toca cocinarme. Elegí comer un sandwich con mucha rucula, pollo a la plancha con cúrcuma y ajo, que dejé marinando unos minutos, y mucha predisposición para que no sean todo hamburguesas. La verdad, estaba sorprendentemente rico. 

Cuando estaba terminado de cenar, veo que una de las profesoras más irresponsables que me tocó en lo que llevo estudiando Administración de Empresas, cambio la fecha de entrega de un TP. Tengo un día para hacerlo. ¿Cómo mierda me organizo si mañana ya tengo agenda llena? Trabajo, Clase de Inglés, Terapia y otros compromisos a la noche. 

Suspiro. Junto toda mi voluntad. Son las diez y media de la noche. Con todo el maratónico día encima, agarro la computadora y me pongo, junto a una copa de un blend, a resolver el TP. 

Ahora estoy aquí, ya ha pasado un rato donde meti la rutina de la noche, ni yo sé cómo escribo, mucho menos como sobreviví a esta día tan largo, pero... lo hice. 

Son dos victorias para la fecha. Mañana será otro partido. 

miércoles, 28 de agosto de 2024

Los días van pasando

 Día de mucha ansiedad. Largo. Largo. Largo. Quise ir a nadar pero cuando me fijé los horarios eran de 21.30 a 22.30. Desistí, porque implicaba llegar a casa a las 23.00 hs. 

Ahora estoy acostada en la cama, recién bañada, después de comer saludable. Con mi gato, estamos mirando el Cris Morena Day. Es un mini viaje a la infancia porque me recuerda a esos momentos especiales donde podía mirar un poco de novelas antes de ir a nadar, solo por media hora, mientras me te merendaba. 

Hay un chocolate que seguro me voy a permitir. 

El control de hábitos hoy no llegó al cien. Me faltaron cumplir cositas mías. Pero si trate de pasar el día. De sobrevivir al día. Y lo hice muy bien. 

Estos no están siendo fáciles. Estoy enojada. Este enojo persiste, se me enclava, y tiene también todo un trasfondo de angustia. Estoy en el fondo de la olla con el tema Javier y por momentos esperando el momento que vuelva para decirle: "¿no me dijiste que tenías culpa? Anda a cagar, cagón". Por otros, en realidad, esperaría que no aparezca jamás. Que no volviéramos a vernos nunca más. 

El cansancio, la elaboración, se que no son los de antes. Me va a costar menos. Pero es el tiempo para asentar la decisión de haber puesto un punto de mi lado más allá de que el otro lado este lo que esté. Porque ya no importa lo que esté, si a mí me canso y me hace mal. Ya no lo vale.  La cagó con toda su historia personal de boicot detrás. La misma se le repitió. Y está la vista: hace diez años, me decía que sentía pero no podía tener una historia. Y volvió años después a decirme que quiere tener sexo, que lo hagamos, que lo hagamos de nuevo, que lo hagamos mil veces y resulta que este es un sexo que tampoco puede concretar. Igual que no pudo con la historia. ¿Por qué? Porque se embarra. Siempre caga todo. Eso es lo único que podría decir. Que siempre lo arruina todo y que no pienso permitir que me arruine a mí. 

¿Qué hacer con el enojo que nos quedó por decir? Está vez, nada, porque se que si digo algo va a ser un puente para hablarlo y seguir. Y yo no quiero. Me bajo. Abandono. Esto trata de darse media vuelta e irse. En silencio, sin ofrecimientos, sin explicaciones. Sin nada más que decir "me canso y no me fumo más todo esto". Me voy a hacer de mi vida otra cosa. 

Aunque el proceso me devuelva todo como las olas del mar, ahí iremos. Prefiero batallar con eso y no con él. 

Si algo pudiera hacer por mí misma hoy sería darme un abrazo y decirme: "ya está, tranquila, no vale la pena que le expreses ese enojo porque va a usarlo para colgarse de él y seguir haciéndose el pelotudo. El silencio te va a ayudar. No será un silencio con vos, será simplemente, un silencio que marca distancia de los mambos". 

Y me siento un poquito poquito mejor. Tengo miiiiiiiiil cosas mías para seguir laburando, de todo tipo, pero acá estoy. Que sean cosas a laburar pero que sean cosas que después de un duro proceso me den algo bueno. Esto, es duro proceso en vano. Y lo entendí solo cuando Javier empezó a meter su mambo. Porque metió el mambo y saco lo único que remotamente me interesaba de él: los eventuales ratos de sexo. Ese permitido. El gusto que se transformó en disgusto.

 

martes, 27 de agosto de 2024

"Regalate la furia, que ya has amado tanto"

 Que necesario es "regalarse la furia", a veces. Se trata de un acto de franqueza, de cuidado y de justicia. Vivir enojado no es lo más recomendable, pero enojarse y usar ese enojo con una función, sí. 

Hace varios días, que en realidad son un reflejo del acumulado de hace dos semanas, que vengo enojada con Javier.  Y sin dudas es un enojo distinto al de hace muchos años, cuando con el corazón roto lo arranque de mi vida a los palazos. Si que es distinto, si pienso en esa época y veo este presente. 

Pero ¿por qué es distinto? En principio, yo lo soy. En segundo lugar, mis sentimientos hacia él lo son. Y en tercer lugar, él para mí no significa lo que significaba antes (eso no quiere decir que no signifique nada, y justamente está en eso el dilema, pero sin dudas es alguien distinto hoy en día para mí). 

A partir de esa distinción, la furia comenzó a aparecer por temporadas. Pero empezó a salir más llamativamente cuando Javier condimento un post sexo con cuestiones de la vida personal, hace un mes y pico atrás. Me mandó mensajes, me dio ddcolxiones que no le pedí, se hizo el pelotudo y mezcló, mezcló y mezclo. 

¿Y ahora? La culpa es mía. Sí. Así te la quiere dar vuelta. Así de manipulador tiende a ser. Quiere hacerme comer el vuelto de toda una movida de engaño que lleva adelante hace AÑOS. Específicamente, desde abril de 2022 hasta la fecha. 

Porque el engaño no es solamente el acto. El engaño es todo. Es la acción, pero es el pensamiento que la precede. Es la mentira que te decís a vos mismo. Es la mentira que le contas al otro. Es el tener fantasías. Es el mandar mensajes cuando fumas o tomas un whisky. Es tomarse un whisky con quién no corresponde y decirle que se puede llevar tus botellas a la casa si quiere. Es regalarle vinos. Es saludarla para su cumpleaños. Es mandarle un mensaje diciéndole: "no desaparecí (...) lo tuyo, como siempre, impecable. No defraudaste". Es cruzarla por la calle y querer llevarla a la casa. Es prometerle cogidas épicas. Y también es acusarla de provocarte. Es decirle que sentís mucha culpa. Es decirle "no te hagas cargo de mi locura, vos tranquila", cuando la otra persona te dice "mira, me estás poniendo en un papel de forra y yo prefiero que no hablemos más" y es seguir hablándole ese mismo día y los días subsiguientes. Y seguir diciéndole cosa subida de tono tras cosa subida de tono. 

¿Cuál es el motivo de mi enojo? No voy a ponerme en policía de la moral. Me enoja justamente su hipocresía. Su doble discurso. Principalmente, sobre cosas que son RE CONTRA COMPROBABLES. Cosas sobre las que bastaría remitir a unas líneas en un chat, por ejemplo, y citar sus: "pendeja, la próxima vez que nos veamos...". ¿Cuál es la respuesta de la pendeja? "Deja de hacerte el interesante, bolu, y ordenate, que así va a estar todo bien". 

Qué injusticia y qué rabia me da está posición, su posición moral, de todos estos días. No por la tesis de portarse bien, sino, por los argumentos que esgrime. Son los mismos argumentos que le vengo dando hace dos años, pero ahora, tirados en mi contra. 

"Me quiero portar bien", me dijo la otra vez. "Me parece bueno, va a ser mejor que no hablemos más", le dije yo. "No. No seas así", dijo. Y eso dio pie a tener una conversación nuevamente sobre las cuestiones más fundamentales, es decir, una serie de pasos para evitar confusiones. 

Una conversación en la que Javier se cagó. Lisa y llanamente. Cómo se cago en mis sentimientos hace una decada, como se cago en las veces donde le expliqué las mismas cosas y como -empiezo a basar en esto el desprecio - se caga en absolutamente todo el mundo. En su pareja que conoce hace diez años. En mí, que conoce hace casi once años. En la serie de sentimientos que todos podemos generar como personas que somos. 

Porque esto no se trata de sexo si empezas a dar vueltas con las cosas. Para el sexo también se tiene que tener códigos. Y se tiene que ser sincero con lo que uno quiere. Por eso, si bien fue contra todo lo que alguna vez hice en mí vida, no dejé nada librado al azar en cuanto al sexo. Cuando dije no, argumenté. Cuando dije si, argumenté. Y en ambos casos, lidie con las consecuencias. Con la culpa que me generó cada si y con la frustración y el deseo truncado de cada no. 

En esta charla que tuvimos hace dos semanas, cuando le ofrecí que si estaba con esto de la culpa no habláramos más, lo ÚNICO que le dije a Javier es que si me volvía a escribir, y yo respondía, no saliera a la cancha el argumento de la culpa. Sencillamente, porque si él tiraba la piedra iba a tener que bancar la respuesta. Y Javier, el domingo, se acercó, sabiendo a quien se acercaba, y no se la bancó cuando le contesté. 

Y es imperdonable esa exposición. Es algo sobre lo que deseo poder tomar venganza, en este momento, donde todavía estoy taaan enojada. Y es algo sobre lo que quiero ablandar mi corazón y no tomar partido y todavía no puedo. Y quiero poder, por mí, no por él y separarme de esa rabia me está costando. Me he regalado la furia, pero no quiero regalarme la venganza. No quiero gastar energía en eso, no quiero dar tiempo a eso. Ni loca. 

Solo escribo para sacarme la bronca. Y para dejar constancia de que la única forma de hacerle justicia a la rabia que siento por él, es desapareciendo. Cortando el contacto de forma robusta. Principalmente, para que cuando venga con las mismas boludeces de siempre le cuente las mentiras de la culpa a Pinocho. 

Ni siquiera fue honesto conmigo. No me dijo: "me quiero portar bien, por eso no quiero que nos juntemos aunque te haya dicho la semana anterior que te voy a coger". Creo que lo hubiera comprendido y lo hubiera ayudado. Es más, siempre lo aconsejé en contra de mi deseo. Siempre le dije: "hace las cosas bien, no vale la pena meterte en esto, siendo como sos vos, la vas a pasar mal". Y pese a todo, me echó a mí encima la responsabilidad con chistes malos como el "te pusiste límites, te felicito" o con frases como "a portarse bien". 

Pero claro ... ¿Qué esperaba? ¿Que se puede esperar de alguien como él? 

lunes, 26 de agosto de 2024

Muchísimo

I. 

Me desperté tres veces en la madrugada de hoy. Y las tres, me dije: necesitas descansar, volvé a dormir. Pero en ninguna de las tres pude evitar pensar en algo: me cansé. 

Lo único que pido a la vida es ni volver a cruzarlo. 

No doy más. No me interesa hacer nada más. No quiero tener razón. No quiero ganar el punto. Ya está. Me puede decir que nos fuguemos mañana mismo pero yo solo me tengo que enfocar en algo simple: seguir adelante. Si me lo cruzo, creo que tendré que darme media vuelta e irme para el otro lado. Si tiene culpa, es su problema. Si me escribe, lo dejaré sin responder. 

Logro su cometido: me generó un estado de agotamiento tan grande del cual me cuesta hoy en día salir. Además, me hace sentir culpable, como si yo me le estuviera tirando encima hace dos años. Lo convierte en mi enemigo. En un adversario. Se acredita todo el desprecio disponible traducido en energía que pierdo y pierdo y pierdo. Tengo que tener bien claro de quién es la responsabilidad sobre cada cosa porque el nivel de mi súper yo siempre está a dos centímetros de sobredimensionar la culpa. Para mí, o lo hacemos y asumimos las consecuencias o no hablamos. Y no es porque sea mala, sino, porque aún en las situaciones más complejas o inmorales es necesaria la claridad. 

Yo soy clara. Con la culpa, el malestar y lo que no puedo manejar del asunto, también. Yo digo "se que no está bien lo que hago, y lucho para no hacerlo y trato de explicarle". Y me enfrento con los fantasmas del caso. Y soy clara en lo que deseo: si él, que mal que me pese es la piedra en mi zapato, me tira y me tira y me tira veinte veces de la cuerda, no siempre puedo garantizar no caer en la tentación. Porque eso eso: una lucha constante por no dejarme llevar por la piel que últimamente se me está haciendo cuesta arriba por los otros condimentos que Javier puso a jugar. 

No todo es simple. No todo es lineal. No hicimos lo de la primera vez: coger e ignorarnos. Entonces, vinieron los problemas. Javier empezó a sentir más deseo y más culpa. Yo empecé a sentir más deseo, más frustración por no cumplirlo, más cansancio por las vueltas, teniendo en cuenta que el sexo es SI o NO. Y a partir de ahí, todo empezó a ser una batalla contra la compresión.  La necesidad de que todo reviente y con todo me refiero a la dinámica sostenida. No da más. No es si o no. Es un evento que se repite alrededor del no sé. 

Pero yo sí sé. 

II.

Por eso me retiro. Soy una persona quizá más simple, más lineal donde considera la practicidad como ley del mundo.

 Por eso le diría:

1. ¿Querés coger? Hacerte cargo de tu deseo y bancate cuando te contesto las provocaciones que me haces, porque no podes pretender que una mujer como yo sea sumisa. Sos machirulo si crees que las mujeres no pueden hacer lo que se les antoja con su deseo y solo tienen que esperar a que vos tires la piedra. ¿Cómo crees que con una mujer de 29 años la piedra no va a volver? ¿Cómo se te cruza por la cabeza que yo me voy a quedar esperando que vos soluciones tus mambos? Imposible. 

2. ¿No querés coger? Me parece adecuado. Por eso, lo mejor es ni hablar , no porque estemos enojados, sino porque hay que extremar medidas. ¿Te querés portar bien? Me parece lo mejor. Por eso, lo mejor es ni hablar, ni tentarse, ni dejar espacios abiertos al caos. Ni más ni menos. 

3. ¿Pretendes el intermedio? No existe otro vínculo que no sea sexual entre nosotros, por lo que ni es posible un intermedio. ¿Qué queda en el medio? ¿La fantasía? Me parece demasiado caro el precio a pagar si solo seremos "inspiración para..."

Evaluando los tres escenarios, me di cuenta que la decisión que le plantee a Javier de no hablar más, es la decisión que yo misma tengo que tomar... Por eso me retiro.  Esto será cuando el quiere y yo no estoy para hacerle caso a nadie, mucho menos, a un tipo de 50 y pico de años que se comporta como un chico dudoso que se debate en el mambo de la culpa y el deseo y la culpa y el deseo y la culpa que siente por desearme y las ganas que (diiiice) tiene de acostarse conmigo todo el tiempo. 

Si otro hombre estuviera en su lugar, al menos, creo que habiendo insistido, propuesto, y roto tantos acuerdos, no vendría ahora con el cuento falso de la culpa. ¿Ahora le da culpa? ¿Y hace diez días atrás, cuando me decía: "pienso todo el día en eso, te voy a re contra coger a vos"? ¿Ahí la culpa no estaba, no? 

Hay que hacerse cargo de las sombras. Es asi. Lleva un camino denso, es doloroso, pero necesario para madurar.  Hoy en día creo que estoy conociendo como nunca a mi sombra y si, es espantosa, pero es mía. Y tengo responsabilidad sobre ella. Y entre mejor la conozca, más en control la voy a mantener. O al menos, haré todos los intentos. Todos. Cada vez. Aunque me haya equivocado, me voy a volver a levantar y me voy a volver a enderezar y voy a volver a seguir y voy a hacer todo para controlarme. Y voy a tratar sinceramente de que sean dos partidos perdidos contra ochenta y no ochenta traiciones. Y voy a odiarlo mucho porque me frustra y me la muestra pero no voy a dejar de reconocer que yo también tengo un tema a resolver en cuanto a límites y queda expuesto con este tema. 

III.  

La verdad, Javier tiene una capacidad tan densa de agotarme con sus vueltas y yo no le puedo seguir el ritmo. No es mi modo de vivir. No quiero entrar en esa dinámica enferma de seguir perdiendo el tiempo. No quiero volverme una cinica. No quiero seguir pensando el próximo golpe. No puedo vivir así. 

Y principalmente, no quiero aprender a vivir así. Las últimas semanas me sentí en tinieblas. Eso es lo que no puedo aceptar como parte de un polvo ocasional. Especialmente porque un momento de placer no justifica tantos momentos de hartazgo del último mes. 

 Es muchísimo. 

domingo, 25 de agosto de 2024

La culpa pasa factura II

Javier me pone like a las historias. Le escribo y le digo: "¿viste qué vecino pegamos?" y me dice que está en el  festejo donde estoy, pero que ya se fue. Me dice que comió mucho, yo le digo que había de todo y bebidas alcohólicas. Le pregunto que le pareció. Me dice que bien. Le comento que no tome nada. Me dice que me puse los límites. Que me felicita. 

Siempre tira el chiste de doble sentido.  Le corto un poco la charla y me voy a casa. Le escribo y le digo "disculpa, no te corte en seco, pero quería volver al barrio caminando y no podía hacer las dos cosas". 

Me contesta bastante seco. Me cuenta que se tiene que ir a ver al hermano. Que está mirando fútbol. Le digo que ya se que está en la casa, si pase a veinte metros viniendo del festejo, pero que no le voy a tocar el timbre. No tengo timbre, me dice. Me comenta que está del orto hoy. Le digo que junte fuerzas para salir a verlo a su hermano y que vuelva a la cueva. Que se quede mirando fútbol. 

Está ortiva, se nota. Viejo malhumorado. Y yo precisamente hoy no estoy tan ortiva pero enseguida enseguida esa formalidad me ubica. Se lo agradezco. Muchísimo. 

Es una patada en la cara que me hace reaccionar. ¿Para qué le estoy hablando del evento si no quiero cruzarlo? ¿O si? No. No me conviene. Tiene razón, que se quede paja en su casa, sí, tiene razón, me digo. Y lo felicito. Por primera vez, el punto me lo gano él a mí. 

Retrocedo. En calma. Nadie se va a mandar una cagada hoy. Nadie. Y es gracias a Javier. Inesperadamente. Yo, por mi parte, me siento una pelotuda y me llevo el vuelto de la culpa y de la frustración.  Jamás pensé que esto pudiera hacérmelo sentir un tipo. Un tipo tan tarado que sin embargo hoy me frena a mí, Doña Mente. 

El atardecer gélido de domingo se vuelve más frío. Ambos sabemos que pudo haber terminado de otra forma. Esa frustración se me clava en el cuerpo, porque no estoy acostumbrada a que me digan que no. Es la primera vez que Javier me esquiva.   Un malhumorado y culposo Javier por primera vez me pone un no, aunque no lo diga explícitamente. 
No me importa que no me lo diga si me lo da a entender . Su negativa es clara. Y cuando la tengo, se que es lo que buscaba. Lo que necesitaba hoy, que andaba con la voluntad en Narnia. 

Esto es maravilloso. Me demuestra que no tengo el partido ganado y además me dice que todas las veces donde Javier me dice que si, jamás pierde el control. Siempre es el caos lo que desea, y lo busca. Porque cuando el caos no es lo que desea, sencillamente, me esquiva. 

Hoy me esquivó. Y no hay nada que le agradezca más. No estoy enojada ni nada. Me siento alertada. Y es normal: se me escapó la situación de las manos y me atajó. 

- Cuídate y a portarse bien - dice. 

De nuevo, el doble sentido. No levanto el guante. Voy tomando dimensión de mis impulsos. No es virtuoso pero en esta, tiene la derecha. 

- Me porto bien desde los noventa - le aclaro- Besos. 

"Viejo histérico", pienso. 

- Beeeesooooos - dice. 

II. 

Javier no sabe lo que acaba de hacer con esto que hizo.  Pero yo sí.  Es un precedente. Me ha puesto un límite. Y me ha dado emociones con las que trabajar para poder ponérselos.  Que haya terminado el fin de semana en paz, hoy, se lo debo a él. Y no me gusta esta posición de moralina tardía porque es además selectiva. 

Él no quiere dejar de hablar, como se lo propuse. Tiene culpa, dice y yo le ofrezco una decisión tajante. Me dice que no, que tengo razón con lo de la culpa selectiva. Que quiere hacer todo lo que le pida, pero que se mide, porque no puede manejarlo. No obstante eso, cuando yo le insisto en que no hablemos, o en que hagamos las cosas bien, me promete cogidas épicas. 

Creo que lo que Javier no quiere es claridad. Porque "a río revuelto, ganancia de pescadores". Pero yo le doy dos opciones: o se comporta y no hablamos más (es decir, cortamos todo vínculo porque el único vínculo posible es el sexo y yo no quiero nada intermedio) o se banca que yo no juegue más a la mudita. 


¿Para qué está postura tan de fondo de olla? Creo que esto es más fácil y lo creo inclusive cuando mí propio deseo me juega en contra. Por eso no me aguanto el discurso de la culpa selectiva. Por eso pongo las opciones claras y no permito que me lleve a un gris. 

Desde hace un tiempo, si Javier me habla o mueve una mano, yo levanto la otra. Y no, no estoy demente. No enloquecí. Simplemente, deje de cuidarlo. Empecé a usar de las más inofensivas fichas teniendo en cuenta la intensidad que manejo. 

Y qué casualidad que cuando solo respondo una de las tantas cosas íntimas que me dice, es decir que tomo partido y le levanto los guantes, de pronto, parece que siente culpa. Que me quiere comer. Que no puede. Que no quiere destratarme. Que me promete que la próxima me va a hacer todo lo que quiero. Que no, que todo está bien, que él está claro, que hace un gran esfuerzo para decirme que no. 

II. 

Hoy coronó con lo que hizo. Se llevó un punto inesperado que le cedí como una tonta. Porque le escribí en plan de joda, estando en la misma fiesta,  y si no fuera por él que se hizo el boludo olímpicamente, y me dijo solapadamente que no, yo hubiera terminado la fiesta pero dentro de una casa en el barrio. 

Me avergüenza decirlo, pero soy sincera aquí. No me siento orgullosa de sentir deseo por este tipo, pero a veces, como hoy, estoy a punto de caer. A mí también se me juegan cosas. A mí también me despiertan cosas. Yo también tengo batallas. Y creo que lo de hoy es una consecuencia de estar atenta a defenderme de lo que produce pero desaprendiendo lo que yo debo controlar en mí. 

Estás son las consecuencias de estar todo el tiempo en tensión, aguantando, haciéndome la tonta. Ignorando el magma de mi propio cuerpo, negándome lo que me coloca, haciéndome la superpoderosa. Hoy estuve muy cerca de perder el partido. Y la culpa es mía. El vuelto también. La pérdida de terreno. La derecha en el deseo. El sentirme una pelotuda por haberle escrito y que haberle dado lugar a que se haga el víctima, cuando me likea, me escribe o me dice que me va a coger, y en ninguno de esos momentos parece existir la culpa. Ni el deseo de buena conducta. Ni el "portemonos bien". 

III. 

Pero ¿y si a partir de ahora existe una conducta en el? Quizá vaya en serio. Quizá no. Pero yo se que me voy a enfocar en otras cosas a partir de ahora. Necesito salir de este dilema y quizá hoy Javier me haya dado una bala de plata. 

Eso de su conducta buena no es una mala noticia. Capaz que a partir de ahora, se enderece. No estaría mal. En algún momento yo sabía que le podía caer la ficha de lo que me estaba proponiendo y no quita que sea ahora. 

El tema que me preocupa es lo que hice yo. ¿Qué mierda me pasó, donde se me perdió la decencia, que me falló en el mecanismo interno, si andaba lo más bien? Si Javier me decía de encontrarnos, hoy, le decía que si, a medida que iba hablando si me decía de terminar festejando juntos, creo que se lo aceptaba. Creo, no, de hecho, estoy completamente segura. Eso es aterrador para mí pero es una llamada de atención. ¿De verdad es tan importante acostarme con este tipo? Nah. Entonces ¿por qué hice eso, si yo sabía a quién le escribía? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Porque realmente quería acostarme con él o porque quería probar hasta donde llegaba su deseo por hacerlo conmigo? 

Preguntas que me hago. Necesarias, desde ya. 

Parece que de estar tan concentrada en frenarlo, me olvidé de frenarme a mi, mis propios impulsos. Si hoy no me hubiera atajado este pelotudo, lastimosamente, terminaba en pelotas adentro de su cama. Y no, no me enorgullece admitirlo. Odio admitirlo, pero es así. Generó un estado en mí: el del deseo frustrado. Y eso es increíble. Horrible, muy, pero increíble, porque es ahí donde tengo que estar muy lejos. 

¿Por qué este tipo es tan histérico y forro? ¿Porque no me gusta que me diga que no? ¿O porque me dice que no y tiene razón? 

Todo siempre queda como una cuestión de poder. Esto realmente se pone cada vez peor en ese sentido. Nos estamos disputando el poder de la atención. Ni más ni menos. Y es algo que se puede ir fácilmente de las manos. O al menos, eso creo, porque me conozco y porque conozco los lugares a los que Javier me llevaría si soy una estúpida que se relaja. 

Realidad y sueño

Javier me mira, mientras charlamos, la última vez que nos vimos. Fue hace un mes y medio, pero como no ha dejado de hablar o merodear, ese mes y medio se siente como apenas un tiempo. Un tiempo que todavía no es lo suficientemente largo aún, porque no entiende bien los términos de " vernos muy muy muy de vez en cuando". Recién ahora, un mes y medio después, ha vuelto a desaparecer. Y recién ahora me voy relajando progresivamente. 

Ese día me acaricia e intento hacer un poco lo mismo, pero no me sale del todo bien. ¿Cómo se acaricia sexualmente al tipo que más amaste hasta ahora? Yo creo que uno lo puede acariciar sabiendo que busca colocarlo en un estado, pero que, a la misma vez, esas caricias estarán ciertamente desabridas.

 Miro a Javier, de reojo y le toco la barba, muy rápido. Eso es algo que siempre me gustó de él, que fuera barbudo y el deseo sexual se activa en mí cuando conecto con esa sensación de "quise tocar mucho esto y no pude". 

En el fondo, aunque sea un forro, un viejo vueltita, cuando me mira y se pone colorado logra que me pasen aún algunas cosas en el cuerpo. Las del corazón hace rato se fueron pero, a veces, admito que las cosas del cuerpo todavía me persiguen. Por eso estoy ahí. Acostada en su cama, entre sus brazos, cuando ya pasaron años desde aquellos momentos donde lo amaba descontroladamente. 

Le acaricio el pecho, quisiera que a ese momento no lo interrumpieran sus palabras, pero es un poco imposible. Javier habla y me saca de esa línea de pensamiento que llevo silenciosamente. 

- Disculpa, espera un segundo - dice y se acomoda - Este pantalón de mierda - murmura. 

Lo miro y enseguida entiendo de qué se está quejando. Su cuerpo, su propio cuerpo, me está pidiendo cosas que él todavía no se anima a pronunciar. Me agarra un ataque de risa. Se está removiendo porque ese contacto lo excita y empieza a darme todas las señales, delatado por la tela de su pantalón. Las oculta. Vuelve a una posición que todavía lo reviste, en ese momento, por lo que él mismo llamará un hombre respetable. 

Javier se pone todavía más colorado. 

- ¿Te da vergüenza? - le pregunto, queriéndome reír- Sos un bobo. 

- Me está delatando, no te quiero incomodar pero... - dice y se ríe. 

Dejo de acariciarlo y le hago un gesto de relajación. No quiero que se sienta incómodo. Sé que siente deseo y eso no me molesta. Lo que me molestará es aquello que va por fuera, es decir, el drama que las semanas siguientes querrá construir alrededor de un acto tan mundano como tener sexo. Pero en ese entonces, al menos en ese instante donde compartimos el mismo cuarto, su cuarto, no hay avisos de esto. 

En otra sintonía, le digo: 

- Nosotras zafamos porque no se ve. Ustedes, no.

Me sonríe y se pone todavía más colorado. 

- No me mates - suspiró - Me gustás, ya lo sabés. Cuando estás cerca, me pongo muy pelotudo. Y me dan ganas de hacer cosas y... 

- Lo veo, sí - musité - No te juzgo. Sólo me da risa que lo escondas. Perdón si te pone incómodo. Realmente me reí por eso. 

- Ya lo sé. No pasa nada. Tranquila. 

Sonrió. 

- Me vienen pasando muchas cosas feas y no tengo ganas de tener sexo... Hace muchos meses que no pasa nada, y me cuesta... 

- ¿Porque no tenes deseo? ¿O porque te cuesta tomar iniciativa con el tema? 

- Estoy triste. Y no tengo ganas de tener sexo... No sé. 

Asentí con la cabeza, seriamente. 

- Es que es hasta lógico, Javi - le dije siendo sincera - A veces me da la sensación de que tu generación, o en realidad, vos dentro de tu generación, lleva la idea del "siempre listos"... Pero no es así. 

Se carcajeó. 

- No sé, pero te cuento... 

- Javi, no siempre tenés que estar listo para la batalla si estás liderando otras. La persona que tiene sexo es la misma a la que le pasan cosas. Es normal que no tengas ganas de tener sexo con alguien cuando estás triste o de mala racha. Venís pasando un re proceso. 

- Es que... Yo soy... muy intenso. Vos sabés eso. 

- Si. 

- Y estoy trabado. 

- ¿Y te preocupa eso? ¿Te suma al malestar? 

- No... Pero... No sé. Eso me pasa. 

Asentí. 

- Bueno, pero... - elegí con cuidado mis palabras - vos tenés al lado a una persona que seguramente puede leer ese lenguaje. Darte este tiempo que necesitas. 

- No sé... Con ella, no... Sucede. Hace un montón, yo estoy para el orto y tampoco tengo ganas de buscar. 

- Es que, insisto, tenés la energía puesta en la tristeza. No es nada malo. Sos una persona, no sos solo un cuerpo buscando otro. 

- Estoy como raro con el tema. Desmotivado. Me pasaron tantas cosas en estos meses, el golpe me hace sentir mal, que no se que me pasa. Y como no pasa hace muchísimos meses, no tengo ganas... 

Se lo notaba frustrado. 

- Acá hay que distinguir algunas cosas... Esto es una cuestión de si existe el deseo o no. Si existe esa chispita, vas a poder despertarla. 

- Claro, pero... ¿Cómo? No sé. No sé da. 

- ¿No te tocas? 

Me miró y sonrió. 

- Te juro por lo que quieras que no te cargo. 

- Ya se.  No, no tengo ganas de eso. 

Me puse toda colorada. Sentí que una llamarada me cubría el rostro. 

- Bueno, quizá sea una alternativa para que cuando te den ganas de recuperar el deseo, puedas empezar. Que no tenga que ver con la presión de cumplirle al otro. Conectar con vos. A tu tiempo. Te están pasando mil cosas. Se buenito con vos. 

Me agarró del brazo y me abrazo. 

- ¿Y vos, cómo estás? 

 - Bien - dije, nada más. 

- ¿Volviste con tu novio? - me preguntó. 

- Nooo - musité - No admite vuelta. 

- ¿Por qué? ¿Qué pasó? Contame todo. 

- Nah - suspiré, eligiendo qué iba a contarle dentro de lo indispensable - Se puso en modo Jorge Suspenso. Era un "yo me siento mal y me cago en el otro". y conmigo, por lo menos, no es así. Si me propuso tener una relación, y después cuando estás triste o enojado con algo, desaparecés, no es una relación. Yo no le exigí tener una relación conmigo, nunca me interesó la fotito de las redes - argumenté - y para que desaparezca cuando tiene una crisis de la edad, prefiero no tener ninguna relación. 

- ¿Crisis de la edad? ¿Cómo es eso? 

Me salí del abrazo y lo miré. 

- Sentirse viejo... Es esa, la canción que conocemos nosotros - lo miré y se rió. Me reí levemente. 

- ¿Y no te volvió a escribir? 

-Sí, pero prefiero no hablar más. Yo ya hablé con él para despedirnos, le dije lo que le tenía que decir, escuché su lado, pero listo. Me hice una nueva cuenta en una red social y me mandó para seguirme. Y no lo acepté. No quiero seguirla. No tiene sentido. 

Se rió, fresco. 

-Sos tremenda, vos. Tan guacha, ella - musitó, y me tironeó para hacerme cosquillas. 

- No, te juro que no es por forra... Pero yo sé por qué te lo digo, es mejor así. 

Lo medito el silencio. 

- Y... ¿te estás acostando con alguien, ahora? 

Lo miré. Revoleé los ojos, irónicamente. 

- Nah. Estoy tranqui. Todos tenemos procesos ¿ves?No creo que las cosas de afuera de la cama se solucionen adentro de la cama - argumenté. 

- Eso es cierto pero.. ¿tranquila, vos? 

- Aunque usted no lo crea... soy una mujer tranquila. No tendría sexo con cualquiera porque estoy separada. No funciono así. 

Sacude la cabeza y sonríe enseguida: 

- Nah, no sos tranquila. Conmigo sos terrible. Me volvés loco. 

Mofé. 

 - Con vos es diferente... Pero no estoy tirandote palos ni nada- dije, nada más - Además, vos no tenés obligaciones conmigo. Eso sabelo. 

Suspiró. 

- No son obligaciones. Al contrario. 

- ¿Qué? 

- Que vengo sin ganas de nada hace un montón de tiempo y te veo a vos... y me muero de ganas. 

Unos instantes después, lo acaricié suavemente por el pecho. 

- Vos siempre me decís que hay confianza. Y que no pasa nada si no cogemos, que todo siempre estará bien- le susurro - y yo te digo lo mismo. 

Me mira fijamente y su rostro cambia. Me toca el pelo con su mano buena, acariciándome la cabeza, escuchando, atentamente. 

- Si no cogemos no pasa nada. Es cierto. Si vos no querés, no va a pasar nada. Pero si es por mí, con vos tengo ganas. 

(...) 

- Javi, ¿seguro? ¿Vos estás seguro? 

Javier me miró. 

- Si - dijo, y me atrajo hacia él. 

- Espera - dije. 

- ¿No querés? 

- Si. Vamos a hacerlo. Pero vamos a hacerlo con cuidado ¿si? Necesito que me hagas caso hoy. 

Javier empezó a acariciarme con desesperación. Hundió profundamente su rostro en mi cuerpo y mientras intento besarme, yo le corrí el rostro para molestarlo. Entonces, lo intento de nuevo. Y se encontró con que en dos segundos nuestras lenguas se estaba disputando el beso más largo. 

Lo desvesti. Me desvesti para el. Dejé que me tocará. Lo toque, lo acarcicie, fui especialmente delicada con los contactos y después fui intensa. 

Javier me beso el cuerpo. Se dio cuenta por mi reacción que había hecho algo muy acertado. 

- Eso te encantó - dijo, asombrado - ¿Te gusta que te muerda acá? Dios, no podes ser tan tremenda. 

Me reí. 

- Si. Me gusta. Es como un juego. 

- Todo te voy a hacer. Todo lo que me pidas, te lo quiero dar. 

- El señor me está conociendo - lo burle. 

Me beso de nuevo y me mordió el cuerpo. Las lolas. El cuello. Se entusiasmó. Yo perdí noción de todo el esos momentos. Me deje llevar totalmente. Y le cedi el mando un ratito. 

II. 

Una vez que todo terminó, Javier se me quedó mirando mientras me vestía. Estaba acostado en la cama y no dejaba de mirarme. 

- Creo que recién ahora te das cuenta del color de mi ropa interior... 

Sonrió. Me miró atentamente. 

- Seguro que en tu mente pensas que uso bombachas carpa. Ya veo que hace diez años pensabas que usaba bombachas con corazones... - mofe. 

Me puse la calza. Se rió. 

- Si que eras chica, antes - dijo. 

- Usaba el mismo estilo de ropa interior, te lo perdiste - dije y le tiré una media suya en la cara. 

Me puse el buzo. Y antes de irme, lo ayude a vestirse. Javier tenía una venda que lo atravesaba. Todo un brazo inmovilizado. 

- ¿Te duele? 

- No. Estoy bien. Puta que lo parió - dijo, por el pantalón que no se podía calzar. 

(...) 

- Vení. 

- Yo puedo. 

- Ya se que podes, pero yo te ayudo. 

Me acerque a él. 

- Pone ahí los piecitos. Eso. Muy bien. Levantate. 

Le levanté los pantalones con una normalidad aterradora. 

- Quédate quieto que si no, te lo voy a poner mal, te dejo algo afuera. 

Se rió, levemente. 

- Listo. Ya está, pantalón ok - le dije. 

Me di media vuelta y me fui a ponerme las zapatillas. 

III. 

Después de esa noche, es el primer finde donde estoy tranquila con su ausencia. Donde estoy en paz. Entiendo que este es el mejor estado. El que no esté presente. 

Sin embargo, sueño con él. 

Javier y yo estamos en una fiesta. Rodeados de gente. Hay una rubia teñida, que lo mira y lo mira. Él sabe que la rubia teñida y yo estamos ahí. Y yo se que la rubia teñida está con él.  Todo es un sueño, pero de alguna manera, lo sé. 

Yo estoy acostada en un sillón. Me rodean personas pero no hablo con nadie. Estoy agotada. Algo borracha. Y me voy quedando dormida ahí. No quiero bailar. No quiero hacer nada. Solo estoy tratando de dormir. 

Javier viene a buscarme. De lejos, veo a la rubia teñida. Ignoro a Javier. Quiero dormirme. Se va con la rubia teñida que le dice cosas, yo puedo verlo todo de lejos, pero no hago nada. No peleo con el ni con nadie. Solo estoy cansada. 

 Él sabe que estoy ahí, así que enseguida vuelve y se acerca al sillón para ver si estoy o no durmiendo. Me ofrece que nos vayamos juntos. Lo miro. Siento el cansancio del cuerpo mientras sigo en la misma posición en ese sillón. Me pongo en posición de dormir y le digo: 

- Estoy cansada - le digo - anda con la rubia que viniste. 

Javier se esfuma. En mí sueño, sale por una puerta con la rubia y yo me quedo descansando en el sillón de esa fiesta. 

Creo que mi mente está siendo clara con su mensaje. 

sábado, 24 de agosto de 2024

Hoy sábado...

 Nadé

Leí sobre Historia Argentina 

Comí riquísimo y me permití una Coquita 

Me llamo mi sobrino, el más chiquito. 

Y me sentí feliz. En calma. Disfrutando del presente. 

II. 

Cuando logro este tiempo de tener tiempo para darme, me doy cuenta que no necesito mucho para ser feliz. Solo una pileta para nadar. Una Coquita fría. Y dos amores: mi sobrino y la lectura. 

Construirme estos momentos me implica mucho esfuerzo. Pero cuando termino el día así, me digo: valió la pena tener noción de lo que necesito y hacerlo realidad. Apreciar. Agradecer. 

Y me siento mejor para seguir... 

A veces estoy tan acostumbrada al modo lucha, al modo esfuerzo, al modo desgaste que me olvido lo maravilloso que puede ser el mundo cuando tenés el privilegio de conectarte con lo que te gusta. 

Juro que nunca me siento tan feliz como cuando estoy en contacto con lo que me hace bien. Y habitualmente, eso de ser feliz, en mí caso, y por suerte, es poco sofisticado. 


jueves, 22 de agosto de 2024

Otra vez, un día muy intenso

Hoy me levanté más temprano de lo normal porque a las nueve de la mañana tenía turno con un especialista para continuar con la rehabilitación odontológica que estoy haciendo hace algunos meses, consecuencia de la cantidad descontrolada de Betametasona que me suministraron cuando era prematura y en los años subsiguientes. 

Si bien trabajaba desde casa, me tenía que preparar con tiempo así que antes de las ocho de la mañana ya estaba con los ojitos abiertos, repasando mentalmente las tareas del día. Antes de salir a hacerme una endodoncia, me dije: "tranqui, es solo un pinchazo de la anestesia y listo, ya sabes cómo es, no es nada nuevo, hay que poner el cuerpo, agradecer que podemos acceder a la salud y ya está". 

Cuando llegué al consultorio, y estando ya anestesiada, es decir, habiendo pasado el primer pinchazo, mí endodoncista me indica que me tiene que anestesiar -a cuento de otros procedimientos que podemos hacer en simultáneo - dos veces más. Es decir, tres colocaciones de anestesia, tres procesos dentro de la boca, tres instancias a la misma vez. 

Eso tenía dos beneficios: adelantar buena parte de los procesos, lo cual me implica ir menos veces y tener que pedir menos permisos. Y por otro lado, pasar por todo esto de un tirón, lo cual hace que si bien el pico de estrés es enorme, se resuelve de una forma más efectiva. Pero tenía una contra: aguantar tres tratamientos a la misma vez.  

Opté por los beneficios. Respiré hondo y dejé que me aplicara e hiciera conmigo sencillamente lo que quisiera. El estrés que me supuso, más allá de que no me dolió nada porque la profesional fue muy muy buena y me puso además un gel anestésico previamente (sumado a la respiración que yo hago para relajarme y aflojar el cuerpo en el momento del pinchazo), se notó un poco cuando me empezaron a temblar un poco las piernas, las manos, es decir, que me puse bastante inquieta. Pero eso si: me la re contra banqué con los tres tratamientos. 

Sentir ansiedad, era obvio. Mi ansiedad ya viene condimentada por lo cotidiano y naturalmente se acentúa con estos eventos que me sorprenden. En especial, porque desde hace bastante tiempo le vengo poniendo el cuerpo físico a distintas situaciones y en el último mes pase por una cirugía odontológica, una gastroenteritis viral y ahora otros tres pinchazos de anestesia...  Digamos que la ansiedad sobre la que escribía hacía unas semanas, y el nerviosismo, fueron una señal bastante lógica siendo que el cuerpo lo tengo atravesado por distintos estímulos. 

Cuando sali del dentista, pase a hacer algunas cosas rápido y dejé pendientes otras. Volví a trabajar a casa bastante dolorida y me tomé un analgésico fuerte para continuar el día. Me ayudó mucho eso porque más allá de lo buena que fue la endodoncista, el dolor y la sensación de inflamación hasta ahora la siento. 

Le avisé a mí jefa por si existía alguna urgencia, contesté varios mails que me habían llegado, y se le fueron sumando distintas cosas a lo largo del día. Cuando quise acordarme, eran las 17.00 hs y me quedaba un ratito más hasta desconectarme.  Aproveché a terminar las últimas cosas del día afín de dejar las cosas al día. Mientras, hablé con mis compañeras de facultad para organizar un TP semanal más y con mi compañera de impuestos por las presentaciones que ella hace, y sobre las que trabajamos en conjunto con la información porque es parte del circuito. 

Repase la lista mental : ok la tarea de inglés, ok la nota de débito en dólares por diferencia de cambio, ok la división de tareas con las pibas de la facultad, ok la compra en el supermercado. Detecte el último pendiente: hacer el trabajo para la universidad. 

Suspiré. Qué largo día, pensé, mientras leía para el trabajo práctico después de tomarme media horita para merendar despacito por el dolor post revolución bucal de la mañana. Lo único que deseaba era poder tirarme en la cama un ratito a descansar y a pasar tiempo de calidad con Julio. 

¿La buena noticia? 

La profesora borró del Campus Virtual el trabajo que nos mandó porque se equivocó en algo. Y yo, viendo que no hay novedades, me dije: "aprovecha y anda a descansar la cabeza". 

Así que estuve un ratito con Julio, me tomé un analgésico más, tomé una sopita como cena, y vine finalmente a la cama. A relajar un poco. A escribir. Y a agradecer. 

A veces los días son intensos pero no son malos. Hoy fue un día muy estresante para mí, pero donde salió todo bien pese a las sorpresas. 

martes, 20 de agosto de 2024

Barro agua

 Termino de trabajar, es martes. Fue un día de trabajo sostenido, permanente, y post facultad, es decir, que el día anterior estuve fuera de casa 15 horas. Maratónico. 

Cuando termino de trabajar, me preparo la mochila que espero pronto se convierta en bolso. Me baño. Me pongo la malla. Me pongo el producto que me protege el pelo y hará que la gorra de silicona baile una cumbia arriba de mi cabeza en clases y... Me voy a tomar el colectivo. 

Son las 19.30 cuando voy caminando al club y pienso que no puede, de verdad, no puede ser que haya elegido un día así para comenzar a nadar. Yo lo había dejado por el frío, pero también lo retomé en el medio de un fenómeno meteorológico que me trajo una enseñanza: lo importante es la determinación. Si vos querés nadar, nadas. Frío, hasta cuándo no quieras, puede hacer igual. En agosto o en julio, las cosas parecen lo mismo si tienen que darse de esa manera. 

Llego al vestuario después de encontrarme con una señora del Club que no veía hace dieciséis años. No lo puedo creer así que la saludo con un abrazo. Me dice que me ve igual y cuando le digo que tengo casi 30 años no lo puede creer. Me trae mil recuerdos verla. Recuerdos felices. 

En el vestuario, espero. Entro a nadar 20.20, salgo pasadas las 21.30 y sin dudas me siento MUY BIEN. 

El mundo, cuando salgo de nadar, parece más accesible. La ansiedad desapareció. La remplazo una complacencia interna con el entorno. Hoy en día natación para mí es el deporte que más me gusta desde siempre, pero también, es cumplir conmigo. Es darme con la noción de que lo estoy haciendo, la posibilidad de descargar y sacar toda la intensidad acumulada. 

Me quedo sin piernas cuando salgo, pero es justamente lo que quería. Anhelaba esa intensidad. Esa intensidad positiva, ese contacto con el cuerpo, el placer del deporte y el discurso interno que promueve en mí, mientras nado, que es algo parecido a gritar' "vamos, muy bien, eso, perfecto, ajusta los pies, buenísima la brazada, eso, barre agua, muy bieeeen, qué hermoso esto, la puta madre" adentro de mí mente. 

Si, soy intensa. Para todo. Para hacer deporte me gusta vivirlo así. Me gusta ponerme las patas de rana y darle hasta que el corazón me rebote en el pecho, me gusta empujar toda el agua con los brazos y tomar aire cuando siento que me me voy a morir, para ganar resistencia respiratoria.  Salgo muerta de hambre, pero sintiendo que es el mejor tiempo conmigo misma que puedo pasar. 

Soy feliz cuando hago deporte y me cuesta mucho sostenerlo porque tengo una agenda muy ajustada entre el trabajo en la multinacional, la facultad y estudiar Inglés.  Pero ¿cuánto es el tiempo invertido y todo lo que me llevo? Vale la pena el cambio. Es cuestión de darme permiso como hago con las obligaciones labores y ukicrdirarias. 

Despues de comer, duermo plácidamente. La calidad de descanso es maravillosa. Un sueño pesado pero profundo, del cual me levanto relajadísima. 

Hoy me levanto a trabajar con un registro de sueño pero sin un solo dolor. Mañana sé que no podré ir al agua porque tengo que ocuparme de un trabajo para la facultad, de mí trabajo y de un turno médico. También el viernes tengo trabajo, clases de inglés y terapia.  Pero eso si: el finde me prometo a mi misma que la mochila se cargará de nuevo y que la carga mental la dejaré en la pileta. 

¿Un dato gracioso? En natación, noto que los tipos (de todas las edades, jóvenes, más viejos, algún que otro tincho deportista de +50) me miran nadar o me saludan cuando entro al agua. Ni idea por qué es pero no le doy importancia. Yo disfruto. Es como una atracción que no manejo pero que viene mucho de mí espíritu deportivo, porque amo profundame nadar y me meto en un mundo de técnica, de mejora continua y de disfrute absoluto mientras lo hago y todo alrededor fluye. 

Agradezco mucho tener pasiones disponibles aún. El deporte me cambio la vida, y el privilegio de saber nadar hoy me ayuda a mantener la salud mental. Entonces, la cambia de nuevo.

 El saber que este puede ser un camino sano para drenar todo lo que sucede, es un consuelo para mí. Aunque parezca demasiado. 

Barro agua y con eso, con esa fuerza, siento que puedo barrer además todas las cosas con las que batallo. 


domingo, 18 de agosto de 2024

La boluda sensible

 El viernes, veo sus mensajes cuando me despierto. Abro WhatsApp porque estuvieron escribiendo las chicas de la facultad, y me encuentro con los suyos de la noche anterior. ¿De que me valió silenciarlo, archivarlo, en todas las redes sociales donde lo tengo?  La distancia no alcanza cuando viene así. Se necesita más. 

Pienso que para Javier, mil cosas de la vida cotidiana son fáciles porque las tiene resueltas, entonces, se puede permitir el lujo de detenerse en los detalles. Él no se preocupa por el dinero, no lo desvela tener para comer o para pagar los impuestos. Tiene salud. Tiene medios para pasear un fin de semana, apreciar el sol y nada de eso disfruta. Tampoco se preocupa por cumplir con alguien más que con el mismo en el trabajo. Puede manejarse como quiera y elegir sus clientes. Le heredaron una cantidad de contactos a nivel profesional que lo acomodaron desde muy joven y un poco como que le armaron su vida. Pero en todo lo que tiene que elegir él, armar él, o gestionar él, hay muchísima pobreza emocional. 

¿Y en que me toca eso a mí? En qué no estoy para fumármelo en su plan : quiero ser tuyo pero me da culpa. Me parece sencillamente demasiado para sostener emocionalmente además de todo el andamiaje que ya sostengo en la vida cotidiana. Yo tengo un ritmo de vida muy intenso en este momento... Y no es casualidad: estoy armando un futuro y tratando de vivir el mejor presente posible. 

Mis semanas son intensas. Trabajo jornada completa. Estudio en la facultad de noche, estudio inglés porque no pude antes. No tuve una familia que me heredó la profesión. Tuve que crearla por segunda vez. Y cada día soy enormemente agradecida por poder crear mi vida. Bendigo todo lo que tengo, porque lo sostengo, y trabajo por ello, y soy muy afortunada por poder hacerlo. Mi actitud es de perseverancia pero además, es de lucha. De ganar. De salir adelante. De solucionar y avanzar. 

Somos muy distintos. Él no pelea por nada, siempre tuvo excusas, miedo, rollos. Yo siempre le di para adelante con todo. Para mí la vida es un poco eso: solucionar, despejar y disfrutar. Disfrutar si no hay nada que solucionar. Aprovechar las oportunidades. Agradecerlo todo y animarme a hacer todo lo nuevo que me ayude a crecer, a pesar del miedo o las inseguridades. Y cuando las cosas se ponen duras, es antes que nada reconocer y escribir y tratar de entender qué me pasa. 

Hoy considero que estoy en ese momento. Intentando entender qué me pasa. Seguramente por eso escribo tanto. Pero también creo que es terreno ganado. 

Yo disfruto todo lo que puedo, a mi manera. No siempre es fácil pero hago el esfuerzo por valorar lo que tengo cuando lo tengo. Trato honestamente de ser feliz con lo que tengo, y aunque me cueste mucho manejar la ansiedad, no me rindo. Hablo de lo que me duele para superarlo. Pienso que en algún momento voy a haber trabajado mucho en mí interior y que eso me va a ayudar a tener una vida más plena. No voy por sentado nada y trato de pensar que los puntos van a unirse. Imagino que hay suficiente para todos. Trato de ayudar cuando puedo. No soy rebuscada. Si dependiera de mí, todos tendrían derecho a todo y todos tendrían el mundo a disposición. 

Por eso, el mundo emocional de Javier me repele, aunque la pasemos bien en el cuerpo a cuerpo. ¿Cómo podes tener química sexual con un tipo que es tan tarado que se le sigue pasando la hora? Ni idea. Pero lo admito: la tengo. Y si, sé que él también está en la misma sintonía, aunque no me enorgullece eso. 

II. 

Habernos acostado hasta ahora no era un motivo de disputa entre nosotros. Recordábamos lo que había pasado y lo habíamos encuadrado. Si bien Javier insistía, no teníamos diferencias o necesidad de aclarar cosas de su lado, como ocurrió ahora. Y esto que cambió es justamente lo que yo no quiero que se interponga en mi manera de vivir. 

Se que a veces escribo "lo odio". Y si, es un estado transitorio de cosas donde lo mataría por ser tan reventado. Pero que jamás perdura. Jamás hace que le valga el portazo en la cara. Y quizá, debería poder empezar a odiarlo un poco. Básicamente, porque está molestando a una persona que, con él en particular, siempre fue leal. 

Si. A Javier siempre le guardé secretos. Cuando nos estábamos conociendo hace diez años, le guardaba secretos desde el amor. Y ahora, le guardo secretos porque no le quiero cagar el cotidiano. Sin embargo, eso se vuelve difícil cuando solamente existiendo le represento un problema. Un problema cuando le digo que no. Un problema cuando le digo que si. Un problema cuando le digo no hablemos más. Un problema cuando le digo "bueno, llevemos bien las cosas y podemos ser amigos o buenos conocidos". 

No estoy para esas cosas de una doble vida. En el fondo, aunque lo deseo, aunque desearía odiarlo con cada fibra de mí, no puedo hacerlo. Parte de vivir como vivo es no querer vivir como un monstruo. 

Tengo otra clase de corazón y reconozco que consigo poner los límites es una tortura. Aunque sean sanos para mí, hay otra parte mía que me dice: "no lo excluyas, ya lo lastimaron, explicale de buena manera una vez más". Pero hay otra que me dice: "con razón lo lastimaron, se lo merece por hijo de puta, vueltero de mierda, se caga en todo el mundo..." Y así ando últimamente: dividida. 

Yo límites sé poner. Muchísimos. Los pongo claramente con el resto de las personas, inclusive, aunque las ame. Pero con Javier es diferente. Me cuestan muchísimo más. Sufro cuando se los tengo que poner, y no porque no los necesite, sino porque no quiero hacerle daño diciéndole las cosas con violencia. 

Él tuvo un pasado de violencia y tiene completamente asociado el amor al conflicto. Se vincula con gente problemática. Se vincula desde las malas. No entiende que hay cosas que pueden ser fáciles, sencillas, y llanas. Ni siquiera, aunque esas cosas sean sexuales. 

Creo que otro hombre lo haría de otra forma. No trataría de montar todo un engaño. Pero creer no sirve. Porque él, todo lo hace difícil por naturaleza y termina cansando hasta a la persona mejor dispuesta a cuidar su historia y a no querer causarle más dolor. 

Él me cansa. Me cansa y me puede como ninguna otra persona me pudo en 30 años, entonces, tiendo a querer explicarle todo bien. No quiero que le quede culpa, ni malestar, ni que se de la cabeza contra el suelo tomando malas decisiones. Más bien, hoy en día, necesitaría que se alejara sin volver a hablarme nunca. 

No hay otra explicación: estoy harta. No hay excusas. Yo ya se que me tengo que ir pero no puedo irme mal. Y me genera angustia saber que tengo que irme mal porque es una persona que no entiende las cosas explicadas con amor. Que se vincula desde la ferocidad y el destrato. Y no, no el destrato que cree tener hacía mí, sino, el destrato hacía el mismo. Por todo el daño que se hace y por las decisiones que no toma y que le hacen más y más daño. 

III.

Estando en esto, noto que también comienzo a hacerme daño. El cansancio es una forma. ¿Por qué tengo que vivir así, si tengo tengo por delante, tanta felicidad disponible, tantas formas de conocer el mundo y a personas más compatibles conmigo en el? 

Casi con 30, no puedo dejar pasar este tiempo valioso. Ni sus desafíos. Ni sus conquistas. Ni sus incertidumbres. Ni sus regalos. Ni sus descubrimientos.  Siento que me espera tanto lindo, que claro, necesito cerrar bien cada puerta. Con gratitud y amor. Pero qué amor pongo acá, ni siquiera humanamente para despedirme, si Javier me lleva al límite de sentirme una bestia. 

Sé que soy responsable si me quedo, aunque me quede a explicarle las cosas de buena manera. Sé que la única solución es irse. Es echarlo de mí vida. Pero una parte mia no quiere que todo tenga que volver a ser así. Y esa es mi pelea interna hoy. 

No quiero que este hombre la pase para el culo. No quiero hacer fuerza interna para ignorarlo. No quiero tener que mirarlo mal. No quiero volver a esquivarle el saludo. Pasé ocho años así y fue un gasto de energía enorme. ¿Para qué? ¿Para que el día después de los ocho años de no hablarle, estemos en la cocina de su casa solos por primera vez desde que nos separamos y me bese como si no hubiese pasado nada malo? 

Irme hoy es necesario. Pero admito que no sé cómo instrumentarlo bien. De solo pensar en decirle cosas terribles como las que dije en aquel 2014, me quedo en blanco. No quiero volver a hacer eso nunca más. No quiero llegar a ese fondo. Siento que tengo que poder irme de otra forma. 

Creía que explicándole bien las cosas era una posibilidad más cierta, ahora, que habíamos asentado el deseo. Pero no. Parece que la única forma donde registra los límites, es cuando lo agreden, se enojan con él y lo putean. Y yo no soy capaz de hacerle eso. Pero también, estoy revisando lo que si debo ser capaz de hacer. Por mí. Para cuidarme. Para estar bien. Para ser un poco más sanamente egoísta. 

 Gritar y putear no es lo mío, no porque no lo pueda hacer, sino, porque enseguida recuerdo todo lo difícil que fue hacerlo antes consigo y no quiero pasar por eso de nuevo. Cuando vos amaste mucho a alguien no lo podes agredir para que se vaya de tu vida. O al menos, yo no puedo.  Por eso soy así de boluda. Por eso parece que tengo siempre paciencia.

En realidad, no. Simplemente, no quiero sumirlo de nuevo en la violencia. Y siempre en el fondo espero que se canse... Pero Javier parece tener también muchas puntas sobre mi persona, aunque ninguna de ellas me considere una mujer elegible o querible. Y siempre me deja en la misma conclusión: a él no le importa como me siento, aunque me venda el pescado podrido de la culpa. Y tampoco le va a importar si lo puteo y si le digo: "no me rompas mas los ovarios, flaco, estás loco y me querés volver loca, dejame en paz. Coge con otra y punto". 

Pero... ¿Y si le importa y se pone mal? No quiero. No puedo saber que lo lastime. Es algo que no se por qué me pasa, pero me pasa. Y si, no tiene lógica, no es digno, no tiene valor, no le importa a nadie. Me deja en un papel patético de boluda... Pero es la verdad. Siempre soy cuidadosa cuando me voy de la vida de la gente. Siempre trato de irme con una charla. Siempre soy una oportunidad. Siempre explicó por qué. Siempre. Siempre. Pero él es como si se burlara de todo eso. Está vez, no puedo hacerlo así. 

Y no puedo hacerlo así, porque no sirve. Estoy frente a una persona desesperada y tengo que tomar formas distintas. Las formas que uso con toda la gente, con él, no funcionan. Con él funciona la ironía, la sorna, la dureza, la acidez... Formas que para mí son demasiado duras. Que me parecen llegar a un nivel de intensidad y de choque donde no creo que sea bueno estar. Donde no quiero estar. Al final de día, soy enormemente sensible y son espacios de locura que no quiero naturalizar.

Solo espero que después de esto no aparezca más. Yo me comprometo a buscar la manera donde podamos vivir lejos y en paz. Para ser algo ocasional, en este último mes, todo consigo cambio mucho. 


sábado, 17 de agosto de 2024

La culpa pasa factura

- Me siento muy culpable. Vos lo sabes: yo soy una persona muy culposa. 

- Si. Lo sé. Por eso no te obligo a que hagas nada de lo que haces y vos vas y lo haces...  - le dije, con ironía - ¿Culpa por qué? 

- Por mentir. Y por destratarte. 

- ¿Destratarme? - le pregunté. 

Ese concepto me llamo la atención. Lejos de ser sexual, era vincular. Y me irritó que lo trajera a la mesa. 

- Se claro con eso. Explícame que es destrato para vos - le exigí. 

- Si. Cogemos y... casi te rajo. 

Mofo. Él realmente cree que maneja todo. Me asombra como no se da cuenta que una persona que se junta a coger con otra no se tiene que poner a jugar a los dados.  Para mí, por lo menos, es correcto que sea así el manejo. Si me invitaría a comer, le diría que no. Si me invitaría a dormir, le diría que no. De hecho, la última vez, mientras me hablaba de sus cosas, yo me puse a buscar un Uber, me puse la bufanda, busque la campera.  Digo ¿eso no lo ve? 

¿Nunca tuvo sexo porque si con una persona? Yo soy así de lógica en estos casos. Me acuesto con vos, hay buena onda, pero tengo bien claros los límites del contexto. Y Javier, entiendo que porque es un hipócrita, siente culpa al mostrarse como es. Lo sorete que es como persona. 

¿Por qué los soretes pueden sin embargo ser deseables? Esa es una pregunta para mí. 

- ¿Y? - le pregunto. 

- Me hace sentir culpable. ¿Cómo y? - me preguntó - No te ofrezco nada. 

- Javier, por favor, no mezcles las cosas - lo freno - Yo no pretendo que me cocines después de garchar. Yo termino de coger con vos, me pongo los pantalones, y listo. Se terminó - le dije, siendo explícita. 

- Está bien. Está claro. 

- Si, siempre lo tuve claro.  Si yo buscaría un tipo al que le importe como me siento, o un tipo que me haga rico de comer, jamás te tomaría en cuenta a vos. 

Destilé el veneno que merecía. 

- Está bien. Está todo bien. Me deja tranquilo. Estás muy clara. 

Por el tono de su respuesta, sé que ese dardo le llegó. 

- ¿A vos que te gustaría? - me preguntó. 

- Nosotros compartimos un momento. En ese momento, podemos disfrutar, nos reímos, está todo bien. Es como darse un gustito - le aclare - A mí me gustaría que si me insistís todo el tiempo para tener sexo conmigo, en caso de concretarlo, no la compliques. No metas cosas que no van.  Y que si no la querés bardear y hacer todo bien, lo sostengas. Yo te apoyo en eso, siempre y te voy a seguir diciendo que no siempre que pueda. Pero si venís a joder, y hay repuesta, bancatela. Hacerte cargo de eso. 

- Es que no puedo dejar de pensar en eso. Pienso todo el tiempo en todo lo que pasó. Y no está bien. Me imagino. Quiero hacerte lo que me pidas. Trabajo mal porque pienso todo el tiempo en que te llamaría para hacerte todo lo que me pidas. 

- Javier, hay que bancarsela. Imagínate si yo respondiera a todo lo que me decís. ¿Qué te pasa? ¿Te morís? Me ubico mucho con vos. Pero vos me buscas. Si yo llego a responder, no me podes decir: "disculpa, quiero hacer las cosas bien", cuando te la pasas haciendo todo por izquierda. No seas forro. Yo soy la primera que me contengo con vos. Nunca te olvides de eso. Por favor. Hace de tu parte. 

- El problema es que yo te llamaría todos los días para acostarme con vos. Todos los días. Y trato de no hacerlo porque todos los días si vos me pedís mimos, termino haciéndote mimos. Dios, es dificil hablar con vos. 

- Concepto equivocado - lo ataje - Terminarías queriendo coger conmigo. 

- Si. Obvio que si. 

Suspiré. 

- ¿Y no es eso lo que vos querés? 

- Me da culpa pensar en eso todo el tiempo. 

- Entonces no tenes que volver a escribir. Yo tengo ganas de acostarme con vos pero no te escribo, ni te pregunto, ni te llamo - le recordé - Tampoco voy a tu casa. Me la aguanto como una campeona. Te contesto súper normal, puedo mantener una conversación normal. No te pases. 

- ¿Tenés ganas vos? ¿En serio? 

- Si, las ganas siempre están. Pero no está la posibilidad. Entonces, sigo, no te digo nada. Si te veo, te saludo con un beso en la mejilla, no te agarro de la mano como me agarras vos. Controlo la mirada, no como vos. Y si pienso en acostarme con vos, es algo mío. Y si me siento mal o bien por eso, es mi problema. 

- ¿Pensas en eso? ¿Te imaginas cosas? 

- Por supuesto. Pero no me interesa compartirlo con vos. Considero que si yo te cuento cómo son mis deseos, te la complico. Es parte de mí decisión. 

- Quiero saber todo. 

- ¿Para que? ¿Para decirme que te da culpa? Yo no te juzgo. No voy a permitir que me des vuelta las cosas con la moral. Solo eso. 

- No pensé que te pasaba. 

- Javier, me manejé y me sigo manejando de una manera muy sincera. Siempre fui clara con lo que pretendo de vos. Si a vos te genera un conflicto de intereses coger conmigo, porque te digo que no, o porque te digo que si, prefiero que no me escribas más. 

- No. Está todo bien. No te preocupes. Son mambos míos. No te hagas cargo de mi locura. No te corresponde eso. No me imaginé que pensabas. 

- Si, es hasta esperable. Pero no es que voy a hacer lío con eso.  Tampoco me hago cargo de tu locura. Tampoco me preocupa tu mambo. Solamente, no voy a permitir que me hagas sentir mal con tus cambios de actitud moral. O sos o no sos. Si no querés hacer más nada, yo te apoyo, mil veces te lo dije, mil veces. Y si querés, bancatela. Nada más. Listo la charla. 

(...) 

- Pendeja, sos tremenda. Pero tenés razón. 

- Y vos sos un destratador - lo burle - que no me cocina cosas ricas. 

- Hija de puta que sos - me mandó stikers graciosos - Me voy al centro, me tengo que ir, no me queda otra- dijo, y miré el reloj del celu.

 Note que se había quedado una hora hablando conmigo y que llegaría tarde a su oficina. No me importo. 

¿Vos trabajas allá hoy? - me preguntó. 

- Noo. De hecho, me voy a trabajar. Que tengas un buen viernes. No rompas mas los huevos. 

- Te mando besos, pendeja. No me cortes las piernas. Soy viejo yo. 

- Deja de hacerte el pobrecito. Ordenate y listo. Que tengas un lindo viernes. Chau. Besos. 

- Te mando besos (...) - dijo. 

II. 

Dios. Ayer pase toda mi sesión de terapia explicándole a mi terapeuta por qué no me quiero convertir en un monstruo. 

Javier me convierte en una clínica. En una cinica hija de puta. 

Y yo, lo único que quiero, es vivir en paz. Y creo que para vivir en paz, voy a tener que tomar medidas tajantes. Sin acuerdos, sin explicación, sin tratar de que no quede todo mal, o dejando de pensar en el campo emocional del otro. ¿Quien piensa en el mío? 

No puedo ser ni siquiera conocida de una persona que porque no le respondo un mensaje una noche, cree que lo bloqueé. Tampoco me quiero seguir viendo en la situación de tener que explicarle. 

Parte de toda esta situacion, es mi responsabilidad. Si yo me sigo quedando ahí, que Javier haga esto, será culpa mía. Puedo controlarme, si. Pero si el otro no puede, y no pone ese orden de su parte, quedarse ahí y dejar que suceda, será perder de vista el norte.