Me da pena que nunca podamos entendernos profundamente. Me da pena, me da rabia, me duele que no nos toque la vida de la misma manera. Me da fuerza, a su vez, tu ejemplo: sos lo que no seria nunca y sos una madre que, a la vez, es la mejor que me podría haber tocado. Me da lástima mamá que nunca hayamos podido compartir detenidamente esas cosas que para mí siempre han significado mucho.Me da pena no haber podido confiar nunca en vos porque siempre siento que se lo estoy contando a un juez y no a una madre, no a la persona que me peinaba, me preparaba la leche o me llevó durante muchos años a natación, para que me cambie la vida, para que mi salud prospere, para que tenga la vida que disfruto hoy. Me da pena que siempre hayas preferido juzgarme, intentar aleccionarme o cosa parecida sin entender antes mi mentalidad, sin confiar en ella, conociéndome, conociéndome los valores. Sabiendo todo, sabiéndome cerrada, sabiéndome abierta, sabiéndome buena, torpe, emocional, mala; siendo yo, tu hija, no la vecina; yo.
Vieja me gustaría que tuvieras apenas un poquito de anchura, en el corazón, en la cabeza, para no andar implantando mensajes estúpidos en una cabeza que está completamente pervertida, dirás vos, mientras me ves a mí inclinarme hacia un sector etario, sin que me quede remedio. Enterate que no lo hago apropósito. Que el amor me excede y que por eso es acotadísimo el radio en el que lo brindo de manera verdadera y totalmente desinteresada. Enterate que hago lo que puedo, que me gustaría poder haber contado con vos, porque sos mujer como yo, porque tenés experiencia, y sin embargo, las charlas determinantes las tengo con la abuela, porque vos me juzgás en el presente por lo de antes y probablemente por lo que vendrá, sin siquiera saber qué será. Porque ni yo lo sé. Porque hace rato ya me encomendé a mis creencias más hondas y dije " que sea lo que tenga que ser".
Mamá, me gustaría que primero te fijaras en mi felicidad y no en intentar insertarme en un mundo de cristal, del que aunque sea cómodo como lo es a veces, yo quisiera salir ante todos tus intentos de ahogarme. Quisiera que te des cuenta que no vas a lograr que cambie para mejor, atacándome ni ahora ni nunca. El dolor no me hace cambiar para mejor, las críticas menos. Quisiera que comprendas que no vas a lograr cambiar el aire que respiro, las preferencias que tengo o la gente con la que me trate.
Mamá yo te quiero tanto... Pero punza el no encontrar un referente en vos de tantas de mis luchas personales sino encontrar un juez. Un alguien con quien puedo ser yo misma pero siempre tengo el sexto sentido de esconderle cosas que, después, tiene que preguntar a los demás o escuchar detrás de las puertas. ¿Por qué no indagarme, respeto a cómo pienso, sin atacar, eh? Me gustaría que alguna vez me entendieras sin juzgarme, me gustaría que te sientas querida sin ese menosprecio por el mate que no compartimos o por las caminatas que no hacemos o quizá por todas esas veces que te ofrecí ir a hacer algo juntas y me dijiste que no, que no tenías ganas o porque no tenés esto, o porque te falta aquello. ¿Y lo que está, mamá? ¿Y cuando ya no te pida que me levantes así te acompaño a pagar impuestos o cuando ya no te intente explicarte que me gusta y me gustará Mercedes Sosa, Almendra, e incluso Gabo Ferro? ¿Y cuando haga mi vida?
Mamá, me gustaría saber de qué tenés ganas... Me gustaría saber qué podemos compartir más allá de que me considero una buena hija, una buena persona, con un único defecto a tus ojos: no ser la princesa rosa que has querido criar. No, no te salí como esperabas. No, me corrí de tu diseño de hija. Soy otra cosa. Soy distinta a mis hermanas, soy la que se hace problema por todo según vos, la que tiene que ser feliz sin importar, pero también soy la que piensa en equipo siempre y la que muchas veces se amarga porque los demás son "felices sin importar", cuando en realidad son egoístas y tienen actitudes donde impera el ello, al por mayor.
Si, efectivamente, yo no sirvo para estudiar una carrera que no me guste, sino que elegí algo que no tiene el prestigio social de Medicina, pero que amo con todo el corazón. Que me apasiona, que me reinventa y que - si Dios quiere - me dará de comer el día de mañana. Sí, también suelo decirte lo que pienso en la cara porque creo que la sinceridad - de esa que no hiere - es una forma del respeto que te debo, por ser mi madre. Y porque creo, además, que si no intento ser franca con vos me estaría defraudando por encima de todo, a mi misma. Sí, claro, entiendo que pueda molestarte el que pueda asumirme en lo que me gusta frente a todos, contarte si un tipo tal o cual por la calle me miró, a modo de chiste. Y aún mismo entiendo todo me gustaría poder hablar con vos. Me gustaría poder recorrer mi historia sin que la simplifiques, pensando que me hago demasiado problema por todo, como si tirar la mugre abajo de la alfombra solucionara alguna cosa. Me gustaría sentirme un poco más cerca de tu mirada en las cosas profundas y no en las banalidades de los favores, de las cosas cotidianas. Vos me esperás todos los mediodías con la comida y yo te traigo de regalo sahumerios... Pero a la vez, jamás puedo terminar de ser yo misma cuando estoy en frente.
Mamá, nos pelearemos y tendremos conversaciones sobre éste tema quizá durante toda nuestra vida... Esto no me hace dejar de quererte, pero tampoco me hace quererte un poco más. Me aleja de vos que me juzgues. Me duele. No quiero eso para nosotras. No quiero tener que imponerme para mal también ante vos, no quiero enemistarme con vos, que sos familia, que sos importante para mí. No quiero que la vida me lleve a seguir dejándote cada día más de lado en un montón de cosas. No quiero hablarte y ver cómo no te interesa el tema o cómo se te desvía la mirada o cómo cuando me interrumpen alguna de mis dos hermanas, siempre las escuchás a ellas. Y no importa que las chicas interrumpan, no pasa nada, sino importa que nunca volvemos a comenzar el díalogo. No quiero que hablemos de todos los parientes que tenemos en común pero que jamás podamos sentarnos a hablar de nosotras mismas.
Deseo que algún día podamos compartir lo profundo y no sienta ese umbral de cosas que me debo esconder, para pararme ante vos y tener una relación estable. Mamá ojalá que la vida te demuestre que aunque me quieras comprar el mundo, a veces, mi verdadero consuelo radica en un porcentaje de cosas que ni vos ni nadie podrán comprar. Me gustaría que formaras parte de mi mundo de una manera diferente. Me gustaría que hablemos de otras cosas que no sean de la facultad, me gustaría que no hubieras esperado a que ganara un premio literario para decirme que escribía bien, sino que me hubieras alentado con verdadero interés durante el proceso. Me gustaría que no seas tan superficial, tan simplista, tan vacía en ciertas cosas. Me gustaría que realmente comprendas cuál es el verdadero valor del prestigio en mí, en mi presente y en mi vida. Me gustaría que compartiéramos todo lo que no tiene precio y le hiciéramos frente a todo lo que implica esa distancia, erigida en el no poder.
Sé que el día que no estés voy a quedarme con lo bueno. Espero construir lo realmente bueno para mí a futuro. Quiero quedarme con recuerdos bellos, profundos, exponentes vitales, y no con esa banalidad que remite a decir "si tiene cuarenta años te mato", cuando sí los tenía. Y sigo viva. Y sigo viva aunque no salió como esperaba, aunque me genera un dolor profundo y permanente, aunque me hubiera gustado que todo girara a favor y no en contra. Aún ese profundo carbón quemándome, sigo, vieja. Y ojalá algún día veas que por cosas como éstas no me tenés que matar ni galardonarme. Simplemente estar ahí para cuando necesite de vos, no querer prevenir lo imprevisible y lo que se lee a veinte metros de mi. Sigo viva y sigo queriéndote. Sigo queriendo que comprendas que cuando te digo "voy a estar con la persona que quiera y no con la que vos quieras, sino, esperame con la tabla en una mano y con el mate en la otra... vos elegís", sepas que te lo digo sin un ápice de rebeldía sino con la mayor naturalidad. Porque no puedo vender ni nunca he podido corromper mis verdaderas preferencias. ¿Y si me gustaran las mujeres, mamá, te pensás que no haría lo mismo? ¿Y qué si me han gustado determinados hombres? ¿Qué voy a hacer con eso que no puedo evitar? No todo en la vida son tus medidas ni tampoco las mías, lo sé. No todo en la vida es totalidad. Quisiera que entiendas que al final, e inevitablemente, tendrán lugar todas las historias que estén destinadas a ser. ¿Y qué importa lo demás?
Quizá nunca has llegado a comprender la profundidad del dolor que pasé por no sentirme cómoda durante veinte años conmigo misma. Crecí con esa sensación perturbadora de deferencia y diferencia ante los otros. Me tocó vivir esto, y a nivel interior, modificó todo conforme pasaron los años. Quizá no hayas entendido el alcance de vivir así, quizá nunca sepas en el fondo cómo pienso y cómo me transformó la manera en que viví mi infancia.
Mamá, aprendí a confiar en mí misma aún todas las equivocaciones del mundo. Estoy aprendiendo a disfrutar de eso. Estoy sanándome de a poco, lastimándome por otras cosas, respirando hondo... Queriendo más y mejor. Me llevó mucho, o dirás vos, mucho drama por todo, entender que tenía que compartir esa quemazón y esa angustia con alguien más, para poder vivir en paz. No tenía paz, mamá, lo veo ahora cuando veo también mi propia valía.
Aprendí que valgo y eso no me lo transmitió un par de botas, una cartera o una chomba. Eso me lo dió haber seguido mis deseos, que me hayan fallado, lastimado, cuidado, acompañado y todos los "ado" que vos evitás pensar. El seguir mis decisiones en muchas oportunidades me lo dió el ser
valiente, el tener que ser fuerte. Me lo dieron las épocas frías donde no podía ni quería salir a la calle al no saber cómo lidiar con el pánico cuando se me cerraba la garganta y tenía 18 años. Y me sentía chica para todo lo que me sobrepasaba, y me sentía firme tiempo después para azotarlo. Y me endurecía y llegaba hasta hoy, con grandes ayudas. Y vos me preguntabas qué problema podía tener yo... Y yo no podía creer cómo no eras capaz de comprender todo lo que había vivido manifestando cada día de mi vida, durante 18 años.
Siendo que cada rasgo de mi forma de ser se construyó a partir de no haber sabido cómo defenderme y cuidarme del todo de esas cosas que no eran lo que después decantó, quizá diez u doce años después, en un ataque de pánico, me gustaría que supieras que hice más de lo que podes imaginar. Y no es sentirme víctima, sino no querer ser justamente víctima de la situación. ¡¡¡Yo tengo hambre ante la vida, mamá, eso es lo que pasa!!! Quiero progresar y realizarme, elegir por mi misma, seguir eligiendo, seguir perdiendo, seguir ganando. Seguir siendo fiel, obstinadamente fiel quizá, a mis valores. No hay más que eso.
Mami... yo hubiese querido que entiendas que necesito y quiero elegir lo que sienta en todos los aspectos porque todas esas cosas de mierda que no pude elegir, por las cosas de la vida que nadie elige (todos cargamos con designios propios), me han sobrepasado y me han dañado mucho. Quiero elegir y voy a elegir siempre por toda la imposición que me marcó tanto, en contra y a favor. Por esas cosas de mierda que han impuesto casi toda mi vida, y mi día a día, pero que ahora me dejaron enseñanzas de lo más potentes, me debo el elegir. ¿Te acordás cuando mi médico me hablaba de los cinco deportes que podía seleccionar a modo de rehabilitación? Cada vez que tenía que empezar una nueva etapa de rehabilitación siempre me extendía la mano y me los nombraba por opciones. Yo elegía, solita, a conciencia, por gusto. ¿Lo ves? Era chica y él me dejaba elegir... Siempre me pareció algo maravilloso porque a través de eso y a partir de ese momento, con ocho años, yo entendí lo importante que era. Y con los años, a través de los años, todavía más. Con ello me garantizaba algo nada tonto como es el disfrute, el poquito de aire entre todo ese manojo de hechos que no, nadie puede elegir.
¿Entendés lo que me molesta que me critiques y saber que esto no es de hoy, sino que se va sedimentando desde los trece años? Con ese silencio infinito ante mis preferencias ya me dejaste expuesto desde chica lo que para vos estaba bien. Y para mi muchas veces está horrible ¿qué remedio? Entiendo que quieras que vele por mi formación y mi futuro y que por eso seas tan molesta a veces con tus comentarios respecto a mis preferencias... ¿pero, decime, qué tiene que ver? Con ponerte un día en mis zapatos, comprenderías que es una de las cosas más valiosas para mí es mi carrera... Ahí elegí. Elegí con la pasión y con el amor propios de lo que quería y quiero hacer. Porque la literatura me curó. Porque leer me mejoró la vida potencialmente. Porque aunque me contracture, me exija y me demande... Me gusta esto. Sino, hace rato, hubiera largado todo. Sino hubiese dejado la carrera cuando se complicaron las cosas y no hubiera buscando con todas las fuerzas que tenía las alternativas que busqué, agradeciendo al cielo encontré, y ahora tomo.
Quizá jamás entiendas que ese otro lado por donde para mí pasa la vida, no coincide con el lado en que debe pasar para vos. Quizá me sigas jodiendo con las mismas cosas, quizá se sigan armando debates agresivos sobre los hombres longevos, que empiezan por reírnos con papá de la propaganda de Cofler. Él a la vez es padre, y a la vez se resigna... Y a la vez, me conoce. Y miles de veces me lo ha dicho: no quiero criarte en una caja de cristal. El mundo es otra cosa. Tengo que dejar que te golpees, aunque no quiera. Y a veces no puede con su genio, me ataja, me compra galletitas, putea mi pasado, le teme a mi futuro. E intenta aprender de todos los errores anteriores que determinaron las relaciones al día de hoy, con mis hermanas.
Mientras tanto, yo no pierdo la esperanza de que algún día captes que puedo ser diferente a mis hermanas, diferente a vos, matizada por otras cuestiones... Porque mi crianza, mi vida, mis amigos, mis círculos sociales, mis gustos, mi cuerpo, mi color de pelo, mis ojos, mi punto de vista del mundo... Toda Veinteava es diferente. Y aún diferente sigo siendo la misma hija que si te ponés a llorar, es capaz de escucharte durante horas... Porque... ¿con quién te has desahogado tantas veces? ¿Quién siempre te ha defendido? La misma personita a la que vos condicionás por los pies que elige o eligió para enrredarse. La misma persona a la que no le perdonás, como si fuera un delito, haber elegido a un "viejo" e incluso haber tenido la valentía que implica reconocérselo a sus allegados sin vergüenza. Yo al "viejo" lo elegí con el amor más grande que sentí hasta ahora. Y aunque grande, más grande que yo, lo elegí con la certeza de hacerlo de corazón. Aunque haya salido todo mal, aunque nunca termine de entender si me eligió o no, qué fue realmente lo que pasó y lo que quedó más que pendiente entre nosotros.
Mamá... Para mí la verdad prima en muchas cosas. Y justamente a pesar de saber que me has mentido por no poder enfrentarme en situaciones donde no estuviste bien parada, yo sigo respetando tus silencios, tus evasivas e incluso estas cosas. Intento mirarle el lado opuesto a casi todos tus errores, procuro comprenderte. Intento barajar en silencio, dar de nuevo...Trato con todo lo mejor de verte lo bueno. Pero no me pidas que cambie a costa tuya. Tengo miles de defectos vieja y vos tenés otro montón. Yo te acepto como sos en tanto y en cuanto vos no esperes que cambie para que así te sientas conforme.
Mis cambios son de adentro hacia afuera. ¿Cuántos años estuve y me sentí profundamente lejos de tantas cosas que acuñaban el pertenecer, cuántas veces me miraron con ignorancia, lástima, pena, admiración, o cariño diferentes personas? ¿Pensás que, realmente, voy a seguir cagándome la vida con las apariencias? Mi apariencia física es el mejor y más cercano ejemplo. Mis defectos físicos son casi casi casi imperceptibles... Pero se notan si me mirás más de una vez. ¿Cómo creés que me hizo sentir el que sean casi y no verdaderamente imperceptibles? Mientras que otros pueden esconderlos, yo no puedo. Nada me podría causar el dolor o la vergüenza que me ha causado cada episodio de cargadas, preguntas incómodas, miradas fijas y risas junto con apodos. La mirada de los otros me pesó durante años, cada día.
Imaginate ahora, cómo me siento respecto a que me digan que era un viejo o que me gustan los viejos. Imaginate ahora, cuán poco le llega la vergüenza a ésto después de haber podido con tanto y tener que seguir pudiendo, porque como me repito desde muy chica yo no puedo ni quiero que ésto que me pasó me determine la vida entera. Imaginate má, el efecto que ese mantra, esa especie de paragolpe, tiene diez o doce años después. Imaginate en ciertos aspectos, cuán arraigado tengo el que hay que ir más allá de eso que nos signan los demás, que a veces nos signa la vida.
Espero que el día de mañana me esperes con un mate conciliador. Aunque no tomes, aunque no te guste, aunque no sea eso lo que compartamos. ¿Quizá con un café de esos que te salen riquísimos? Espero que sí, que el día de mañana me esperes con un café y no con la estupidez superflua de las apariencias. No hay héroes como en los cuentos, má, sino que nosotros lo somos. García Márquez, que también escribía cuentos, decía:
“...Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez...”