jueves, 30 de octubre de 2025

Bajo toda circunstancia

-  Estuve pensando y pensando en eso esta semana. Hace muchos años yo siento culpa y no es que no quiera vivir, ni agradecer. Es más que nada saber que es agotador vivir así. Cansa mucho. 

- Mhm. ¿Qué es agotador? 

- Levantarse pensando todos los días que tenés una vida que no te correspondía, que tenés que enfrentarte a la decisión de destruirte o no. Porque en el fondo, es eso. Pero también es cansador. 

Se me hizo un nudo en la garganta. 

- Es difícil. Está en todo lo que hacés. Mis viejos pueden pensar que tienen una hija sana, que zafó de todo, pero no, no zafé de nada. Yo me levanto todos los días con esa carga pesada. Todo lo que no me pasó, todo lo bueno, lo pago en culpa. Y en el fondo, cuando algo sale mal, es como una prueba para decir: ¿ves que no zafé de todo, ves?".  Cada cosa que ellos dicen qué bueno, para mí no es gratis. Por eso, cuando mis compañeras de oficina me dicen hija de puta estas re flaca, como haces, les respondería que esa no es la dismorfia corporal que yo consumo - ironicé. 

- Claro, como si todo el tiempo te estuvieras recordando que no mereces estar viva. 

- Si, que el precio de la vida para mi es pasarla mal. Asi, equilibro.  Pero también cuando me doy cuenta de esto, digo es terrible. Y me doy cuenta que no se puede vivir asi. 

(...) 

- Tengo que tomar una decision. Elegir. 

- Sí. 

- Entre la vida o la culpa, porque no se puede dar bola a las dos.  Y cuando pienso en eso digo: "y sí, la vida la tengo. Mas alla de la culpa, la vida está ahí, aunque yo me vuelva loca". Y cuando pienso en eso, no quiero pegarme un corchazo. Más bien, es como que quiero vivir sin culpa, porque tengo 30 años y siendo asi ña vida que resta es como que resulta insoportable. Para mi seria sacarme una carga muy pesada de encima. No me importan la mayoría de las cosas que le interesan a la gente. Yo solamente quiero vivir sin esa culpa. Vivir solamente.  Darla vuelta, pelear, yo le pongo todo... Pero sin tanta culpa. 

(...) 

miércoles, 29 de octubre de 2025

La combineta emocional

 El fin de semana donde conocí a Leandro, fue la ultima vez que hablé y me acosté con Javier. 

A Leandro lo conocí cuando yo estaba dando un taller de Literatura para niños, aunque ya lo tenía desde antes en redes y me mandaba mensajes para charlar, pero claro, yo no queria hablar por Instagram, perder mil horas charlando, etc. Él se dedica a la música de forma mas o menos profesional y fue ahí a dar un concierto de jazz y no se qué.  Tiene 40 años. Es fan de Cortázar, de la literatura, y no tuvo mejor idea el domingo donde me encontré con Javier, por última vez, mandarme un mensaje que no vi hasta el dia siguiente. Y al otro. Y al otro. 

Hasta que una conocida me mandó un mensaje y me dijo que había visto como Leandro me miraba, maravillado, y que había compartido una foto del evento donde habíamos coincidido, donde estaba yo hablando con niños y con una alusión a La Maga. Me preguntó si lo había visto. Al posteo en redes, a Leandro, a su interés. Y yo le dije que no, y me dijo ella "dale bola, va a ir re bien con vos". 

Y no sé qué tanto sea cierto eso. Yo tengo otra vida, otra estructura de vida. Y no me siento cómoda o identificada con el ritmo de vida de Leandro, que labura por su cuenta, en horarios dispares, haciendo evento acá o allá, etc.  Puede leerse tarado, pero para mi ver que la otra persona tiene un orden de horarios, es un detalle. Porque pienso si realmente yo pongo mi tiempo, y si el otro lo pone de vuelta.  

 Sin embargo, como no aspiro a nada serio con nadie, el tener horarios distintos no es un argumento que impida la conversación. Hablamos. Yo no le contesto cuando estoy laburando, a veces si puedo si. Él me manda cosas a cualquier hora y voy viendo. Pero no es mi perfil más atrayente, aunque la charla sea buena, porque no me veo contándole mi dia a alguien que no se levanta temprano como vos, por ejemplo, entonces es lo mismo hablar hasta tarde o no. 

 No elegimos la misma vida. Y si pienso en qué tipo de vida amorosa espero, aspiro a una persona que tenga cierto tiempo para compartir, pero no quiero todo su tiempo, ni renegar para estructurar a ningún grandulon. Al contrario. Si algo pienso, para realmente ponerme a salir con alguien, es en la clase de vida que elegís cuando la elegís a la persona.

Leandro personalmente fue bastante seco, y yo cuando son secos, me pongo mas seca porque soy orgullosa y disfruto siendo indiferente con los tipos. Mi conocida me dijo que era un poco así, seco, pero bueno en lo que hacía y a mí la verdad me pareció que no estoy para secos. 

Mas tarde, Leandro me aclaró que quiere hablar conmigo. Que le puedo preguntar lo que quiera. Me preguntó cosas. Un poco le conté. Y después de eso, fue mucho menos seco, más amable, me mandó audios, contándome cosas, y digamos que se comportó de todos modos menos asqueroso conmigo. 

Por ahora, solo puedo decir que es mejor hablar con alguien que está dispuesto a comunicarse, que te manda un mensaje, que no vive todo desde la culpa, y que se anima. 

Así las cosas que ahora hablo con Leandro bastante seguido. Y es un alivio para mi saber que cuando hablo con Leandro, no hay conflicto con el pasado, ni mentiras,  ni drama, ni nada de eso. Simplemente, una posibilidad de hablar con una persona que te registra un poco mas allá de lo linda o lo fea. Y que quiere saber de vos, debaten de política, de libros, de Historia...  Y todo bien.  

A Javier, además, lo siento mas lejos, quiza no cambio nada pero no nos vemos hace semanas,  no nos escribimos, a mi me cuesta preguntarle como anda, porque hay una tension en el que no sé qué onda y no quiero averiguar. Y ya no puedo seguir esperando el próximo golpe, tampoco. 

Solo le deseo lo mejor y viro lentamente hacia otro lado, para hacer la mía.  



lunes, 27 de octubre de 2025

Lunes 27

 06.00 am: suena el despertador. 

06.20 am: me levanto, después de darle un beso a mi gatito y decirle "buen dia, mi amorcito". 

06.30 am: termino de vestirme, me cepillo los dientes, me limpio el rostro. 

06.40 am: agarro el tupper de la heladera con empanadas que bajé del frezzer.  

06.45 am: saludo a mi gato, que duerme en mi cama, lo tapo, se deja. Le explico que me voy a la oficina. Le digo que lo extrañaré y le pido que se porte bien. Soy una convencida de que los gatos entienden.  Me voy a la parada del colectivo. 

07.05 am: tomo el colectivo hasta Puerto Madero. Tengo una hora y media de viaje. Escucho música, no tengo ganas de leer. 

08.35 am: llego a la corpo. Saludo a la mascota, a mi amiga del trabajo y a mi jefe. Me maquillo, me preparo un mate cocido y arranco a mandar emails. 

10.00 am: primera reunión del dia en una de las salas. Por suerte, hay café riquísimo y medialunas. Se agradece mucho eso, porque estaba con muchas ganas de un rico café y unas ricas medialunas pero no tenia plata y... milagro. 

10.00 am- 10.30 am: segunda reunión del dia, con mi jefe. Algo rápido. 

10.30 a 14.00: preparación de documentos, emails, reclamos, lo de siempre. 

14.00 pm: almuerzo las empanadas con mi amiga de la oficina y el resto de las chicas. Me tomo otro café para soportar el sueño post almuerzo. 

15.30- 17.20 pm: trabajo, trabajo, charlas, laburo y vuelta a casa. Charlo con conocidos sobre las elecciones. 

19.00 pm: regreso al barrio, en el segundo colectivo.  Camino a casa esas pocas cuadras bajo el cielo gris y un octubre engañoso. 

19.00-20.00 pm: en casa, paso tiempo con mi gato, tomo unos mates, y trato de descansar la mente. Me doy un baño relajante para arrancar a estudiar para el parcial reprogramado. 

20.00 pm-22.00 pm: estudio un ratito, ceno lo primero que veo y retomo el estudio con mi gato a upa, puesto como un bebé. 

22.00 pm-22.50 pm: me acuesto más cómoda y me pongo a estudiar con las fichas técnicas que me armé. 

23.00 hs: termino de leer las fichas y apago la lamparita que tengo arriba de la mesa de luz. Acaricio a mi gato, hasta mañana gordo, descansá y apoyo la cabeza en la almohada. 

23.15 pm: escribo esto. Me voy a descansar. 

sábado, 25 de octubre de 2025

La pelo II

 Hoy, volví a la peluquería. Retoqué las mechas que me había hecho en marzo por primera vez, con la misma colorista, que realmente tiene una mano espectacular.  

Salí realmente conforme con el resultado. Al decir de mi mamá, que es bravísima con los comentarios, y quien si algo me queda mal es la primera en decírmelo... 

- Me encanta cómo te queda. Uy, Minita, llévate una cintita roja para la envidia el lunes a la oficina porque se van a quedarrrr. Te queda precioso. Y con la ropa, para cuando llegue el evento, vas a estar divina gorda. 

- Doble la tobillera - la burlé. 

Es que yo tengo pulseras rojas no por la envidia,  sino porque es mi color preferido y a su vez tengo una tobillera roja y blanca, que le compré a una nena en la plaza del barrio, y la autoproclamé de la suerte, porque nada mas tierno que algo hecho por una niña con ilusión y voluntad de ganarse un manguito. 

- Me encantó cómo te dejó. Muy lindo. Valió la pena. 

-Gracias, mami. Si vos que sos una jodida lo aprueba, quedó, parece - le contesté, sin mala onda. 

- Yo quiero que vayas acorde al evento. Por eso te jodo. 

- Voy a ir acorde, pero acorde a mi forma. Lo bueno de la peluquería es que al otro dia del evento, esto me queda.  Tanta guita, sino, en ropa que usas una sola vez. Acá, re bien metida. 

- Sí. Te cobrará un poco mas, pero te deja... 

- Con que no me deje pelo duro, se lo pago - aseguré. 

Y la verdad,  es que sí hay bastante diferencia pero vale mucho el servicio.  Así, de a poco, nos vamos preparando para el evento anual de la corpo. 

Todavía no sé bien qué me voy a poner. Tengo dos opciones: 

1. Bleazer blanco sencillo, remera negra a tiras con detalle de encaje muy delicado, pantalón negro de vestir, sandalias claras y sobre a tono. 

2. Bleazer negro, en conjunto con el pantalón, y remera basica blanca. Sandalias claras y sobre a tono.  

Sí. Así de copetudo el tema, que me tengo que disfrazar de Minita seria. 

La idea es probarme todo el día anterior, ahora además de que el pelo configura otra imagen, y ver con qué me siento mejor.  En su gran mayoría, es toda ropa que ya usé. Pero necesito verla puesta para ver cómo queda porque tampoco es que soy una visionaria en el tema. 

Simplemente, veré qué elijo dentro de lo que pueda.  Tener dos opciones, la verdad, es un montón.  Lo agradezco mucho. Más allá de todo. 

viernes, 24 de octubre de 2025

Veneno de culebra

En estas épocas, las épocas de fin de año, en la corpo se hacen varios eventos. Un foro anual de negocios, donde tenemos que ir todos; un evento interno de balance post- evento anual; brindis de fin de año; y fiesta de fin de año.

No es evitable el tener tantas ocasiones. No se puede faltar, eso es algo que se sabe.  Pero también, es notorio cómo las víboras de siempre, potencian toda su frustración en el resto.  Para mí, ya después de dos años, no es novedad que en la corpo hay dos o tres a las cuales la envidia les sale por los ojos.  Algunas, me dicen por el pelo, otras porque no engordo y como lo que quiero, otras cuando me mejoró la piel el tratamiento que hice en 2024 y ni qué decir cuando finalmente después de un año y medio, en septiembre 2025, me hicieron una modificación espectacular en la dentura, que yo hice tratando de sanar y de estar mejor, respecto de mi propia historia, no por los demás, la verdad.  

Sí, claramente, para ellas, las envidiosas, eso es lo más importante. Pero curiosamente, para mí, por dentro todo eso es un escenario muy distinto. Si bien avancé mucho estéticamente, en lo interno, no es la mejor época. Muchas veces estoy empilchadita, pintada, con las uñas divina, pero muerta de culpa, y la verdad es que una hamburguesita me mejora el día. Otras veces, mientras ellas están pensando a ver qué llevé, qué bien tengo el pelo, que no como ensalada y mi culo sigue en su lugar, yo estoy pensando cómo voy a llegar a fin de mes, por ejemplo.  Les diría, en relación a eso, que la mejor receta para estar flaca es tener poca plata, porque no te preocupa tanto comer, sino, ver cómo la guita te rinde mejor.

Inclusive, cuando a la gente le va bien, más allá de cómo a mí me esté yendo en ese momento, a mi no me jode para nada. Al contrario, yo me pongo en el lugar de la otra persona y pienso que eso la debe hacer feliz y es re lindo sentirse feliz. ¿Cómo me va a dar bronca, o voy a tirar veneno a los demás, porque alguien es feliz? ¿No es una locura, eso? Bueno, para mí, sí.  Y lo mejor es que la corpo con sus personas cabeza hueca, me ha enseñado lo mucho que le puede molestar a las personas que vos, simplemente, seas vos. Es decir, que te des el lujo de ser vos, y que te vistas como quieras, y que comas lo que disfrutás, o podés, sin pesarte. Que salgas a caminar, si no tenés plata para pagarte el deporte, no porque te interesa el culo en las nubes, sino porque te interesa la salud física y mental.  Yo hago eso, y no necesito tener una vida de instagramer para vivirla.  Y eso, por Dios, cómo les pica. Jamás me imaginé que generase los comentarios, o las miradas de algunas, que dan ganas de persignarse.  Chicas, ¿cómo quieren que les lleguen cosas buenas pensando con esa mala onda? Es un poco imposible.

Realmente, hay una sobre todo, que es la que más lástima me da. Tiene casi 46 años, y las observaciones que hace, más allá de la careta de tipa copada, terminan siendo penosas. Que todo el tiempo esté compitiendo, queriendo ser lo que no tiene, o denostando al conurbano porque se cree que a mi me va a joder, es tan patético de su parte.  Pero justamente, demuestra la envidia, no la superioridad. El año pasado, casi se muere cuando llevé al foro de negocios anual un traje de Markova y el día del evento no me podía mirar a la cara de lo interesada que estaba porque la pendejita se había clavado un traje de Markova, y parece que Markova pueden usar únicamente las tilingas como ella, pero no… Yo usé el año pasado lo que pude, éste año no quise perjudicarme gastando en imagen,  y decidí que con la plata que tenía podía vestirme un poco con ropa que ya tenía, otro poco con ropa más baratita, y juntarme plata para ir a la peluquería, porque eso me va a durar muchos más meses.  ¿Este aparato? Haciendo comentarios de forra, porque yo no voy a la nutricionista y como mal, y no, no engordo, aunque se muera de envidia. Diciéndome a mi que tengo los pies hechos todo el año, y que ella no se los hace para dejarlos descansar y después deschavándose diciendo que no llega a hacerse los pies porque no llega a fin de mes. ¿Yo tengo la culpa de eso? No. Yo lo blanqueo: me los hago en mi casa, por mi casa los precios son más accesibles, no hace falta vestirse tanto, cada una se pone lo que puede; para mí, es más fácil. Y eso, parece, que las pone peor. 

Porque no, no me va mal. Al contrario, con esa política de austeridad y sencillez, yo me siento mucho mejor, más cómoda, y estando mejor, brillo aunque tenga un blezer barato. No tengo que darle cuentas a nadie porque quiero ser alguien que no soy, porque estoy enfocada en ser quien soy y en vivir mejor, sin culpa, sobre todo, que eso sería algo que me ayudaría mucho a disfrutar más la vida.

¿Se creen que uno no tiene sus dramas? Obvio que los tengo. Pero no soy forra. Creo que el otro tiene sus batallas y me doy cuenta que es más fácil pegarle el otro que ponerse a trabajar en uno mismo. Pero no me engancho. Yo sé, tengo claro, que el eje central de una vida mejor, es el trabajo interior. Y sí, aunque haya días donde estoy muy bajón, nada de eso me lleva a pensar con envidia de los demás.

Cuando pienso que hay otros que existen, y tienen algo que yo no tengo, pienso qué podría hacer yo, o qué debería pulir, para al menos acercarme a ese estado. No me desvela ser la que más viajó, o competir con los demás. Es una realidad que en la corpo hay gente que tiene mucha guita, y gente como yo, que depende de su sueldo. ¿Y de verdad te vas a comparar con esa gente? No. Yo, paso. Sigo estudiando, sigo laburando, cuando pueda me voy a otro laburo mejor, sigo siendo yo, y pensando lo que es mejor para mí.  Porque, claramente, mi foco no está en ser flaca, hegemónica, conseguir la atención de los hombres.  Yo sé que al tipo que le guste, le voy a gustar. Y al tipo que no, no. ¿En el medio puedo elegir? Claro. Pero si algo aprendí a los machucones es que si la gente no te dá cabida, no te registra, ni le interesás, no le vas a interesar más porque seas alguien que no sos, más bien, le vas a interesar menos.

Sin ir más lejos, esta semana en la corpo entró un nuevo empleado. Es un tipo re formado, que hizo posgrados en París. Parece un gran cerebro, y la verdad, es un tipo fachero. La mina estaba haciéndose la simpática, presentándonos a nosotras, y yo me acerqué a saludar al tipo, como si nada.

-            Ay, sí, ellas están en otro piso, son las exiliadas – dice ésta.

 

El pibe nuevo se ríe, sonrisa Colgate, y me saluda. Le devuelvo la sonrisa, ahora que me siento más cómoda con mis dientes, y asiento con la cabeza.

 

-            ¿Cómo estás? Bajamos a la civilización. Mucho gusto – le digo.

-            Sí, me contó. Están arriba, ustedes.

-            Sí, alejadas ellas – dice de nuevo, el aparato éste, con una mirada y una necesidad de llamar la atención que mi madre.

-            Sí, nos mandaron al exilio – le digo al nuevo y le devuelvo mi mejor sonrisa – Somos buena gente, igual. Bienvenido.

El tipo me dedicó una sonrisa re simpática, y me dijo:

-            Ya veo – me mira fijamente - Gracias.

-            Que te acomodes bien – le dije y me fui.

Ayer, sin ir más lejos, el nuevo cerebro, me cruzó en el comedor.

-            Hola. ¿Cómo andás? – me dice.

-            Hola. ¿Todo bien?

-            Che, qué buena elección, hamburguesa.

Le sonrío.

-            Tres de cada tres días me vas a ver comiendo esto. Es re rico.

-            Cuatro de cada tres.

-            Exacto, 4 de cada tres – le digo y me río.

Y sí. ¿Mirá si yo me voy a esconder de la gente para que éste aparato y compañía no se retuerzan? Como les digo, cuando me hinchan las bolas con eso: "criada a Don Satur y Coca-Cola, obvio" y mando gestito irónico.

Podré ser mil cosas, pero no reacciono con envidia al progreso de otros. No soy competitiva con el resto de las minas. No rebajo a las demás. No hablo mierda. Al contrario: si mi amiga de la oficina me dice que se compró algo lindo para el foro de negocios, genuinamente me alegro. Le paso tips de cosas que sé, la tranquilizo con lo que puedo, me gusta ver cómo las minas se tiran todos los trapos, me parece piola que cada uno pueda ponerse algo, ir conforme, no le veo tanta rosca.   Así, las evidiosas, que me dicen "esta hija de puta no engorda nada, es un palo y mirá lo que come", mientras tragan veneno y ensalada, siguen en el mismo loop de juntar veneno, mientras creen que tienen que ser siempre las únicas y las mejores.

 Sí, chicas, les diría: "tengo 30 años, dejen de joder, ustedes ya los tuvieron también, sean felices con su presente y dejen vivir en paz".

Por suerte, acá bien curadita de espanto estoy, para esquivar a las culebras, ser gente con los recién llegados, y seguir comiendo algo rico para levantar un día que por dentro está complicado, a veces.  Porque sí, puedo estar mal, pero yo no lo quiero demostrar, y espero no tener que compartirle nada a personas así. 

jueves, 23 de octubre de 2025

Metafora del que camina

Desde que era muy chica, me dijeron que se dieron cuenta de mi discapacidad porque no me largaba a caminar. En este caso, en mi caso, en la historia que me tocó transitar desde ese ocho de enero hasta hoy, la espasticidad fue leve. Y por eso, mis viejos solo se dieron cuenta cuando yo tardaba en caminar.  Con el tiempo, consultaron con un muy buen medico, a quien siempre le estaré agradecida y a quien hoy sigo en Instagram, viendo cómo le cambia la vida a más personas.  Aprendí a caminar agarrada de algunas cosas. Con ayuda de mis hermanas, de las sillas, de la mano de mi familia. 

Mas tarde, avanzar, sin embargo, se fue haciendo muy difícil. Empecé la vida caminando en puntas de pie, mis tendones estaban escogidos, y tocó esperar el crecimiento natural de cada quien, sumado a un montón de técnicas: kinesiologia, deporte, fortalecimiento de los músculos con una decada de natación, y corrección de la postura con danza clásica. También, adquisición de fuerza y coordinación con partidos de tenis semanales en chancha de ladrillo.   Todo eso, pasó mientras ademas también tenia que ir y sostener el colegio, las tareas, la rutina de cualquier chico normal. Todo, también pasó mientras las primeras miradas de la sociedad eran tristes, lacerantes, llenas de crueldad, de ignorancia, de cizaña (a veces) y otras -las menos- de franco interés. 

Hoy lo veo con 30 años, y reconozco que para la edad que tenia era algo muy difícil. No lo comprendí, porque lo enfrenté, hasta que me convertí en tía. Y ví que los niños se creen todo. Y que la historia que les cuentan en el mundo, es muy elemental. 

De hecho, dentro de la historia que a mi me contaron, había mucho de hazaña. Mucho de la hazaña de la heroína que se había enfrentado a todo desde ese mismo ocho de enero cuando salió a los 6 meses expulsada del cuerpo de su mama, o a los cuatro años durmiendo con botas de plástico duro que había indicado el traumatologo, hasta los 11 años, resistiendo las burlas en el colegio. Renga de mierda, me decían, los amorosos. Y yo sin embargo, fingía demencia y seguía. Porque en muchas de las historias de mis viejos se traslucia algo valioso: la capacidad de sobreponerse al sufrimiento. 

III. 

Con el tiempo, muy lentamente, empecé a comprender algunas cosas. Lo mio es curioso, increíble, segun mi traumatologo: medicamente, tengo una discapacidad, y físicamente, es muy poco lo que se traba en lo cotidiano. Obviamente, hay cosas que no puedo hacer, a saber: correr carreras, usar tacos altos, ejecutar deportes de impacto, tener lesiones físicas y obvio, abusar de mi equilibrio, que obvio no es exactamente el mismo que todas las personas pero que existe a su manera. 

Me contaron mis padres que cuando tuvieron el diagnóstico, les dijeron algo como: " ***, según la evolución, es probable que no pueda tener una vida normal. Va a necesitar ayuda, veremos en qué grado, para moverse, viajar en colectivos. Tenemos que ver como se desarrolla para entender si va a poder trabajar en el futuro por ejemplo, o si tiene alguna secuela neurológica.  No sabemos, hay que esperar cómo evoluciona con los años". 

IV. 

Quiza suene tonto, pero nadie tomo en cuenta, a la hora del diagnóstico, dar espacio a la conciencia.  ¿Cómo explicas que todo lo que vos vivis, no era lo que ibas a vivir? 

Cuando a veces dicen que los diagnósticos tienen peso, yo comprendo. No afectan del todo el cuerpo, pero sí programan la mente. Y cuando la mente se preparaba para no poder, el cuerpo empezó a responder un poco mejor. Y el apoyo de mi familia, y el deporte, los médicos, los tratamientos, las botas de plástico a la madrugada a los 4 años, los recursos dolorosos de los masajes en los pies, la picazón en las piernas por los seguros de las balbas de plástico para dormir; dieron un sesgo mayor de probabilidad.  

Pero nada, realmente, nada, parecia poder prepararme esta vida. Y quizá, por eso, yo vivo cada cosa buena que me pasa con tanta culpa y vergüenza. Quizá por eso en el fondo yo creo que tratando de dar un pronóstico sobre mi, me programaron un poco desde el las personas como vos, no avanzan de la misma forma. 

Y es cierto. Yo no avanzo de la misma forma. Literal y hoy comprendo que también simbólicamente.  Cada paso, me costó en la tierra pero también hoy me cuesta desde la cabeza.  Porque ahí viene siempre la culpa de lo que no te pasó. La culpa por lograr desafiar a fondo lo que te dijeron que te iba a pasar. 

Para mis padres, la palabra de mi medico era santa. Él decia esto y yo hacia aquello y vamos a verlo para ver cómo la ve. Y resulta que Eduardo me encontraba siempre barbara. Y me llevaba con residentes y le decía "mirá que caso increíble, es un prodigio". 

Y no, no era un prodigio. Era humana. Y al principio tenia la rebeldía suficiente para desafiar y probar, a ver, donde estaba el límite. Casi como quien busca la bala cabeceando.  Pero con los años, ahora con 30 años, me pesa bastante la culpa. Diría que me pesa demasiado. 

Y cuando tengo ganas de avanzar, de nuevo siento el terror. El mismo terror que tenia de chica cuando sentía que me iba a caer, me iba a derrumbar, si hacia algo distinto a la vida que habían pronosticado.  Spoiler: no me derrumbé, capaz que me caí unas cuantas veces, pero derrumbarse es mas que esos raspones. 

La culpa, hoy, es de lo que me agarro para caminar.  Las manos de mi familia sigue ahi, pero es una mano de la que ya no me agarro, sino, por el contrario, una mano que espera abierta para cobrarme la deuda de todo lo que acompañó.  Y otra vez, la culpa, la odiosa culpa, se lleva por delante todo, como yo me llevaba por delante todo, cuando aprendía a avanzar. Y es la misma que ahora cuando me pasé los pronósticos por las orejas, me arrastra de nuevo siempre al mismo lugar. 

No.  Nada de lo que yo vivo, estaba indicado para mí. Yo no iba a poder armar la vida que tengo, porque en casi todos los casos, los prematuros necesitaban de los demás.  Pero yo, para bien o para mal, armé otro partido.  Y pude. A mi forma. Con mis terrores. Con los mambos. Intentando integrar cada filamento. 

Hoy en día, más allá de los pronósticos, digamos que con ese corazón de sacarle la lengua al no puedo, hice mucho.  Pero en el fondo,  cuando pude avanzar, no me hallé. Y sigo sin hacerlo en algunas cosas, como si la culpa me comiera la vida y me tirase para atras lo seguro, con la difícil tarea de caminar hacia adelante aun con menos equilibrio.  La vida que pude armar. Esa vida que decían que no iba a tener y...  Parece que tengo. 

¿Qué voy a hacer con ella? ¿Y con la culpa? 

Últimamente, desde que detonó el tema en mayo, pensé mucho en esto. Tuve unas charlas con mi mama muy duras, donde ella me dijo que era como si no quisiera avanzar. Y que avanzar en la vida, se parecia mucho a caminar. 

Y sí. Gracias a eso, me di cuenta que avanzar y caminar, son para mi la misma cosa. Y que hay mucha culpa en mi en cuanto a vivir lo que no me correspondía pero mucha más, en vivir y en progresar. Porque cómo le explicas a alguien que siente culpa por respirar, que encima, se puede vivir disfrutaaaaando.  Claramente, entender eso para mí es muy difícil. Trato, claro. Pero en muchísimos casos aún veo que no me lo creo. En el fondo, hay mucho por hacer. 

Yo me mentí a mi misma durante 30 años. Me dije que yo hacia todo para progresar cuando en realidad, le tengo pánico a eso. Progresar se parece a aprender a caminar. Y acá quizá caer sea derrumbarse.  Pero quizá, desafiar, sea la única manera de entender si puedo o no convivir con esta culpa e integrarla.  Para así, por fin, avanzar sin miedo. 

Una parte mia, la que puede con mucho esfuerzo alejarse un poco de la culpa, siente que merece vivir otra vida.  



miércoles, 22 de octubre de 2025

El arco etario completo

 Es curioso, pero, estoy en una etapa de mi vida donde me tiran onda, tres grupos etarios distintos. 

Hace unos días, me mandó una solicitud de amistad un pibe que estaba mas trabado que tránsito en hora pico. Era todo músculos, el chico. Pero también, pura cáscara. Abogado, banana, ese tipo de perfil. 

También, hace unos dias, me mando otra solicitud de amistad un chico de 28 años. Yo tengo 30, sí, pero aun así para mi los chicos mas chicos que yo, no me suelen tirar onda. Otro con un lomazo, el pibito, fan de Los redondos. Tiene 3 fotos en el feed, qué se yo, las generaciones nuevas. 

También, me escribe un músico, de 30 y pico, que conocí hace unas semanas en un evento. El tipo quedó interesado, yo me di cuenta, me lo dijeron amigos del entorno cultural, pero es un poco un plato. Ojo, es el que tiene mas cerebro de todos, aunque me tira preguntas raras cuando charlamos, y no sé, me descoloca un toque. 

También, claro, tenemos al sector mas senior donde hablamos de los +50, donde no solo está mi ex, Galeno, que siempre es generoso con sus palabras y recuerdos, sino algun que otro pico inquieto que te likea fotos.  O otro, que lo volé de redes, porque parecia ser un emprendedor de cajas artísticas y terminó siendo un emprendedor que ademas me queria levantar. Calculo que tenia 30 años mas que yo.  Es decir, demasiado todo.  Y Javier, que también anda por +50, pero quien sabe, ya, si le gusto, si no le gusto, no tengo idea. 

Lo concreto es que ahora sí entiendo cuando la gente me decía que en los 30, podes levantar a uno mas chico, a uno contemporáneo o a uno mas grande. Yo dudaba, la verdad. Por lo general, no se me acercaban muchos candidatos. No tenía levante, ni mucho menos en estos meses. No lo buscaba, soy bastante tarada para eso, no me nace demasiado convocar a los demas porque sí. Tampoco es que me muero por tener sexo con cualquiera. Y no me interesa levantar por pura acumulación de ganado. 

Lo ideal para mi es que me dé bola alguien que tiene algo de entrada, no me copa mucho eso de remarla, o tratar de... pero se trata de hacer cosas distintas a veces. 

Digamos que nunca está demas hacer un sondeo de vez en cuando y darse la oportunidad de conocer personas nuevas o hablar con gente que tenías ahi colgada, si te escriben. De charlar, de escuchar, de contar.  Porque si no prospera, al menos, te entretiene. Y algo fundamental: le saca atención y energía a lo que no puede ser. 

Javier sigue desaparecido. Ni siquiera me mira una sola historia, mucho menos un mensaje. Y la verdad, está bien. Creo que hace lo correcto, que en algún momento la calentura se le iba a pasar. Debe seguir con su vida y yo con la mia.  Es lo mejor para todos. 


martes, 21 de octubre de 2025

Solo se trata de vivir

Hoy no me siento muy bien. Es, otra vez, la culpa, el agotamiento, el cansancio. Ayer, cuando llegué de la oficina, me puse a estudiar porque hoy rendía un examen, mi primer examen para Sociales después de cuatro años, desde que dejé la carrera a siete materias de recibirme.  Estudié mucho, como vine haciendo las últimas semanas, estudié en el colectivo, a escondidas en la corpo, después de estar doce horas fuera de casa, con mate, con ansiedad, con la sensación de que puedo, y que no puedo, y que aunque sea lo único que me dé vida hoy, hay que seguir y seguir.

Más tarde, a la madrugada, me desperté. Me pregunté si iba a ir realmente al examen, si yo tenía o no tenía derecho de estudiar en un momento donde la vida se me cae a pedazos. ¿Cómo me voy a olvidar de que estoy cada día peor, e ir a rendir como si nada? Eso me dije y lloré un poquito, aunque yo nunca lloro, así que digamos que fue casi una descarga, un milagro, una rajadura.  ¿Para qué lo hago, si yo en el fondo sé que no veo muy claro el futuro, si no me imagino vieja, si llegar al año que viene a ésta altura me resulta inentendible? No tengo idea de cómo voy a resolver las cuentas el mes que viene, mucho menos, la vida. Imaginate, una carrera, un proyecto más largo, cosas más allá de mañana que me representan una locura en términos de tiempo. ¿Para qué lo hago, para qué me meto en cosas, si yo todos los días elijo no destruirme o hacerme algo que me duela?  Hay días donde simplemente, existo. Como si esperara que una bomba me cayera arriba de la cabeza, sin más. Días donde miro el mundo un poco de afuera y pienso: ¿Qué mierda hago acá, cómo se supone que se vive sin esta culpa que te come todo por dentro, y te deja agotado? ¿Cómo se supone que se vive sin pensar por qué no te moriste?

Cuando finalmente esta mañana inicié el día y levanté el culo de la cama para trabajar, hacerme el desayuno, elegir otro día la vida y no el deseo de morir; me escribió mi profesor para avisarme que hoy hay paro en las universidades públicas y que la cátedra adhiere y que el examen cambia de fecha.  Por un lado, siento alivio. No podía ir a rendir un examen sintiéndome así, con la culpa existencial en una embestida intensa. Y por el otro, tengo durante una semana más un motivo que me sostiene. Algo para hacer que constituye una de las pocas cosas que me interesan del mundo hoy en día. Es decir, el arte, más concretamente, la literatura.

¿Qué puedo hacer, no? ¿Cómo seguir viviendo cuando sentís que estás solamente esperando que llegue el día donde todo estalle?  Me refiero a que los problemas que no puedo solucionar hoy en día, no son una novedad. El apremio financiero, el sueldo que no aumenta lo suficiente, el dinero que no me alcanza del todo. La presión de la corpo, con la imagen, y los eventos descollantes que te ponen donde tenés que ir producida y yo que de movida tengo la cuenta en cero, y el gasto para éste evento, y el gasto para esto otro… y mis sobrinos con sus galitas de fin de año, que hay que pagar entradas, más la comida en casa para Día de la Madre, más el regalo a mi mamá, que le hacen falta sandalias, y ropa, y lo que le regaló mi papá es suficiente para una parte, pero todo cuesta caro y encima ella que no se conforma, y me saca de quicio, porque así como ella no se conforma, replica esa inconformidad para mirarte.  Y la disconformidad de ella, la ponderación de la imagen en el laburo, la presión de las cuentas impagas, la preocupación por no saber cómo carajo resolverlo, el miedo a un día no tener para nada. La presión de mi papá, controlar a ver qué trabajos hace, para que no se meta a hacer locuras de demanda física.  Mi hermana del medio, sin laburo, y cuándo conseguirá. Javier y su silencio, que te mira así, y te deja desarmado, y vos tenés que seguir con todo el mambo que es tu vida a los 30 años y , encima, con el tipo que más amaste haciéndose el pelotudo, poniéndote ojos de enamoradito cuando está en pareja, y no tiene los huevos para separarse, y cuando para vos la película era sexoxsexo y listo y el otro te mira así y te deja llena de preguntas, de ganas de decirle "si, loco, sí, te veo la cara, pero no vas a hacer nada y yo no me voy a cagar la vida dos veces por vos, no te hagas".

Dios, a veces, desearía no existir. O al menos, existir desde muy lejos. En el medio de la nada, si es posible, con mi gato, y lo indispensable para vivir. Mi gato, unos libros, muchos libros, sol, esas cosas…

 Yo cuido el mango, mucho, trabajo, a veces laburo extra los findes y tengo en proceso algunas alternativas de nuevos ingresos. También, estudio. Trato de no andar por la vida como una condenada, además, no demuestro que estoy mal, porque no me gusta.  Sonrío con amor a mis sobrinos porque eso es todo lo que les quiero mostrar del mundo. Trato de ponerle humor al trabajo, dar un consejo buena onda si me lo piden, alentar al otro que tengo al lado. Comparto lo poco o mucho que tengo, porque para mí, aunque me joda, siempre va a ser así. Trato de buscar laburo, siempre atenta, siempre preparada, a ver qué sale. Aconsejo a mis hermanas, con cariño, y le paso búsquedas laborales a mi hermana del medio. Colaboro con todo lo que puedo en mi casa, para que no sea tan difícil lo cotidiano. Me voy al pasto con Javier, salgo corriendo del pasto, le perdono esas miradas, lo admito humano.

Y sigo, sigo, sigo, en ésta carrera de vivir al borde del precipicio. Y todos los viernes le digo a mi psicóloga: "esta semana estuvo terrible", "esta semana estuvo mejor", "esta semana fue todo un caos", "esta semana no fue tan difícil manejar la culpa, controlé mejor la  desesperación".

Y sigo. 

lunes, 20 de octubre de 2025

La pieza en el rompecabezas

 1. 

2013

- Trajeron las remeras. ¿Qué talle tenés? 

- S. 

- Qué chiquita. Tomá. Fíjate si te va bien. Hay que pedir mas chiquitas, si no - me dijo Javier. 

El que era Javier hace once años. 

- Está ocupado el baño - le dije - ¿Me puedo llevar y me la pruebo en mi casa? 

- No te preocupes. Andá ahí. Está mi pieza. Pasá tranquila. Nadie te va a ver. 

Le sonreí. 

- ¿Seguro? No te quiero invadir. 

- Sí, sí. Hay cámaras- bromeó - Tranquila sonsa. Probate y me decis. 

Entre a la habitación de Javier. Era un dia de diciembre y yo tenia aun 18 años. Nosotros nos llevábamos bien, pero cuando ingrese a su dormitorio, me invadió algo distinto.  Miré todo a mi alrededor y pensé: "¿y si algún dia entramos aca solos?".  Ese pensamiento, me aterró. Fue totalmente espontáneo y me sentí avergonzada. Javier jamas me iba a dar bola, aunque a mi me caía tan bien... y era bueno, educado, y me charlaba siempre y no me miraba el culo jamás. 

Miré su cama. Sus cuadros. Su ropa. Me saqué la remera frente a su espejo y me probé la nueva. Asentí. Me iba bien. Asi que salí y le dí la afirmativa. 

2. 

2022 

- ¿A donde me llevas? Mirá que no me vas a coger - dije - Ya está, perdiste, se te pasó la hora. Ocho años despues viniste a buscarme.  

- No, no seas tonta. Quiero hacer algo para que me perdones. 

Javier se acostó conmigo en la cama. Me abrazó. Y solamente me hizo caricias. Charlamos acostados, vestidos, sentados como dos indios frente a frente, de por qué él había evitado mi amor. Yo le dije que no me queria, que era todo simple. El me dijo que no era todo asi, que no tenía razon en todo. 

- Voy a hacerte una pregunta muy simple- le dije, mientras le acariciaba los muslos y él me corría el pelo de la cara, me acariciaba la frente y me agarraba de las manos. 

- La que vos quieras. 

- ¿A ella, la queres? 

Suspiró. Me miró como si pidiera por favor piedad. 

- Si, tengo todo un recorrido. Me acompaña, ella. Vivimos cosas juntos. 

- ¿Pero la queres, o no? 

- Sí, la quiero, es buena mina. Es un conjunto de cosas, hace muchos años estamos en esto y pasamos épocas buenas y también muchas malas - me explicó.  

- Entiendo - asentí - Te hago otra pregunta... 

Javier asintió. 

- ¿Vos me querés a mi? 

Javier me miró. Se me quedó mirando fijamente, como si se muriera y no me dijo nada. 

- ¿Ves? 

Me encogí de hombros. 

- ¿Qué? 

- A eso voy. Vos me acabas de preguntar por qué lo de nosotros no funcionó. Por esto. 

- ¿Por qué? 

- Porque no hubo amor... Te pregunto si la queres a ella y me decis que si sin dudarlo. Te pregunto lo mismo para mi, y te quedas mudo. Eso. 

Chasqueó la lengua. 

- No, es que no es todo asi. No digas eso. Vos sodmlre pensaste que yo no te quiero. 

- Para mi, no. 

- ¿En serio crees eso? 

- Si. El amor es corresponderse, es ir, jugarse. Y vos no me correspondes. Y te entiendo, porque vos no podes exigir amor. Te pasa. A vos, con ella, te pasó. A mi, con mi pareja, algo así me pasó. Por eso, estamos cada uno con otro. 

Negó. 

- Es que no es todo tan así, todo tan fácil. Vos pensaste que yo no te quiero. Pero cuando vos y yo nos conocimos, estaba pasando por una situación muy difícil. Estaba deprimido. Me acababa de separar de una relación de muchos años, de una forma de mierda. Y en medio de todo ese quilombo, donde también estabas vos, yo no quería que nadie mas me odiara.  

Lo miré. Recuerdo lo que sentí al escucharlo contarme algo privado con muchos detalles. 

(...) 

- Vos tenias una visión hermosa del amor y yo no te podia dar lo que te merecías. Una relación, ponerme bien, hacer todo perfecto para vos.  Tu amor me encantaba. Eras inocente, yo sabía que todo me lo decías de verdad. El problema era yo, que no te podia cagar.  No podia soportar que nadie me odiara, y mucho menos vos. 

- Yo estaba enamorada de vos, Javi. ¿Cómo se te ocurre que te iba a poder odiar? 

Javier sonrió. 

- ¿No me odiabas? Pero estuviste años sin hablarme, dale, no seas guacha. 

- No. Para mi, te podes alejar, te podes enojar, pero odiar es otra cosa. No me salía. Aunque capaz era mas fácil odiarte, no podía. Sinceramente te lo digo.  

- ¿Y ahora? 

- ¿Qué? 

- ¿Me odias? Porque yo estoy haciendo todo mal con vos. Lo sé. Hago todo mal con vos. 

- Yo nunca te voy a odiar, Javi. Vos no me querés, capaz no entendes esa lógica, pero yo puedo tomar distancia, cortarte la cara y eso no es odiarte. Es marcarte un límite. 

- Siempre pensaste eso... Que yo no la quiero dice- exclamó. 

- Es la verdad. Te lo pregunto y te quedas callado. 

- No tenes razón en todo, vos, pendeja. No es todo como vos pensas, que te crees que tenes razón en todo... 

- Seguro que no. Pero en esto, sí.  Vos tenes una relación con alguien que queres. Punto. Y yo, lo mismo. 

- Cuando nos conocimos, nadie buscaba una relación. Y nos quedamos en esto. Sin convivir, cada uno en su casa, asi. A mi edad, las relaciones pasan por otro lado. 

- Esta bien, yo respeto eso. Va en la misma dirección de lo que te digo. Ahí hubo amor. Elegiste. Armaste sin problemas. Listo. Fin. 

- ¿Por qué decis eso? 

- Porque es así. Cuando yo lo conocí a Galeno - le dije - el tipo me tiraba onda y yo tenia miedo. Imagínate, después de todo lo de nosotros, veía una vaca y lloraba. No queria ni ver un tipo grande porque corría. 

Me reí. Javier sonrió. 

- Y el tipo se morfo todos los peros y se la jugó. No le importó la sociedad, el que dirán, que yo fuera joven. Por eso, lo elegí a él. Vos, la elegiste a ella.  Y comimos perdices. 

Me encogí de hombros. 

- Ya sé. No quiero hablar de esto. Dale. No te enojes. Dale. No te quería cagar. Es eso. No te podia dar nada. Vos merecías algo mejor. Tener una vida normal. 

- No te lo digo mal. Pero es la verdad. Yo me enamoré de vos, y vos no. Lo que te pasa ahora es que estas caliente conmigo y me queres coger.  

- Daaaaale con eso, daaaale. 

- ¿Ah, no me querías coger? 

- Siiiiii. Obviamente. Si me volves loco vos. Pero no es solo eso. Es tooodo. 

- Sí. No hace falta que me chamuyes. Decime las cosas por su nombre, no pasa nada. 

- Te las digo. 

- ¿Qué es tooodo, entonces? - le pregunté. 

Hoy, sé que es nada. Y está bien 

3. 

2025

- Hablando mal y pronto, cómo te gusta que te ▪︎▪︎▪︎ a vos... 

- A vos, más. 

- ¿Qué dijiste? 

- Que a vos te gusta mas que a mi, hacerlo. Si a mi me gusta, a vos te gusta mas. Estoy segura. 

- Si, a mi me encanta. Me encanta. 

- Un desgraciado, sos. 

Claro. ¿Qué le podes decir, qué podes hacer, qué podes usar en defensa propia? A veces, me cuesta mucho admitirlo, pero me cuesta demasiado ver el futuro. Y especialmente en estos momentos, la intensidad de Javier me recuerda que estoy todavía viva. Pero mi resignación me asegura que ya no tengo la misma fuerza de antes. Que el infierno de Javier es secundario hoy, teniendo el mío. Que solo podemos divertirnos un ratito, mientras espero que se me estalle la vida. Porque en el fondo, así podría definir este último año: la espera hasta que finalmente se vaya todo a la mierda, y suba la marea y adiós.  

4. 

Estos últimos dias, Javier desapareció por completo. Del mapa, de las redes, de todo. Me dejó solamente el registro de su silencio y esa ultima mirada.  Y yo de nuevo pude mirarme a mi misma, con mis espacios en negro. Con las piezas faltantes. Con el amor que nunca vas a dar. Con la oscuridad tan al dia. 

Es extraño pero no hace muchos dias, me di cuenta de algo. En relación a todos los problemas que tengo, en tanto guita, familia, y vínculos, pensé en algo: ¿y si yo no quiero ser feliz? Porque claramente, si evalúo las consecuencias de mis actos, es como si existiera una versión oficial de mi que pese a lo que creyó siempre, actúa intensamente para destruirse. 

Esto es tan real, que verlo me supuso una sorpresa. Yo siempre dije: "quiero hacer algo mejor con mi vida, ya que no me morí; quiero ayudar, quiero militar una causa, quiero mejorar la vida de alguien..." porque fue un poco lo que creí que debía sentir. Pero al mismo tiempo, si repaso mis acciones, me doy cuenta que el mensaje detrás de ellas fue: " yo no quiero hacer nada, yo me quiero morir, no debería estar acá". 

5. 

Hoy, Javier para mí es aguien que inicialmente se encuadró en el marco de desear una vida y ahora es un poco desear una destrucción. Porque ¿de otra forma, como yo enmudezco, como yo no pregunto, como yo no me voy? ¿Cómo no miro a otros? En realidad, no se trata de eso. Se trata, muy en el fondo, de la elección de volver a destruirme o no con la misma vieja historia  

Está claro sin embargo que elegir no hacerme daño es algo de todos los días. Los problemas que tengo, de hecho, no son porque la vida sda injusta conmigo. Al contrario. Son porque podría haber elegido mejor, e hice mal. Porque podría haber blanqueado que me queria morir, y dejar de tapar el vacío obligatorio de montar una vida feliz. 

Y no. No es que yo me quiera morir de plano. A mi me gustaría poder vivir de otra forma. Poder solucionar mis problemas financieros, dar con un trabajo mejor, poder darle respuestas a mi familia, no boicotearme todo. Hacer lo que me gusta. Escribir un libro. Ver crecer a mis sobrinos. Ver crecer a mi gato. 

Lo que ocurre es que yo no quiero de plano ser feliz con desesperación porque sobreviví, no quiero ser re agradecida con la vida, negar la culpa que siento, el agotamiento diario por mi cuerpo diferente, el diálogo interno... Lo que sufro. Lo que no logro ver. Lo que no puedo. 

Quizá en algún momento sí sienta una verdadera gratitud, pero hoy por hoy agradecería no mentirme a mi misma y poder decir: che, esto no es ser feliz, esto es hacerse mierda por un lado y después lamentarse por las consecuencias. 

Yo trato de ser feliz, pero francamente, como me da culpa esta viva, es difícil. Eso es un poco lo que me pasa. Entonces,  la vida puede ser re buena conmigo, y aun asi, yo también puedo  sentir que merezco lo peor y obrar en esa oscuridad para hundirme cada vez mas en la mierda.  

Muchas veces sucede que me siento mas conectada con la vida y me dá ganas de vivirla. Son momentos. Cosas puntuales que rivalizan por un rato contra ese ansia de verme a misma donde creo que debo estar, es decir, si no es paralítica, por lo menos, pasándola para el orto, viviendo mal, sufriendo, como para pagar la deuda existencial. 

No, no es el banco que me va a comer. La plata que ya no se como multiplicar. La presión del laburo en la corpo. Es haber gastado hasta cagarme la existencia para tapar un vacío incontable  y haber tratado de cubrir todo con regalos a mis viejos y cosas y cosas. ¿Para qué? ¿Para no reconocerles que pese a todo lo que quisieron ayudar e hicieron, yo no soy feliz y me gustaría no existir? 

Y también son cosas mas puntuales, claro. Es haberme decidido a no hacer lo que me gusta. Es haber elegido, teniendo la oportunidad de seguir, abandonar. Y es Javier, también, que vuelve a mirarme con sus ojos de tipo enamorado, los mismos con los que me miraba antes, y yo puedo solamente pensar: "aléjate, chabon, no me des este espectáculo", y tartamudeo y soy incapaz de decirle una sola palabra y me lo quedo mirando unos instantes con la misma cara de pelotuda que él y no nos decimos nada, solo nos miramos como dos tontos, y de pronto entiendo. Y pienso: no puede ser.  Porque claro, me da pánico, rechazo, y culpa verle esa mirada, porque Javier tiene novia. Y al mismo tiempo, es un poco triste que desaparezca, que no podamos decir nada, que una nueva tensión se haya instalado. Una tensión que nadie se animará a resolver, capaz.

Principalmente, porque yo resuelvo todos los días como lidiar con la desesperación de no reaccionar y pegarme un tiro en las pelotas.  

Hay que seguir, me repito. Y hoy en día esa frase significa otra cosa. No es seguir contra lo malo. No es seguir adelante. Es mucho mas que eso. Es elegir, aunque todo se derrumbe y la vida se me complique bastante, seguir viviendo. Aunque sea una vida complicada, como la que me gestioné mal, yo sola, por pelotuda, por ejemplo, con problemas de guita, malas elecciones laborales, creencias estúpidas, miedos. 

Mi mayor desafío en esta etapa de mi vida, con 30 años, es no fingir mas que estoy re agradecida por no morir. No, la verdad, me cuesta un montón vivir con eso a diario. A veces, solo deseo que todo sea oscuro para no sentir culpa y después me da culpa pensar asi. Otras veces, trato de poner algo en medio de esa culpa. Hasta ahora, venkan siendo cosas terribles. Ojalá algún dia solo pueda poner cosas buenas. 

La pieza del rompecabezas. Como esa palabra que elegí no decirle a Javier, hace poco mas de una semana, por saber que ya no puedo dar esa batalla.  Le perdono esa mirada. La atesoro también.  Lo comprendo. Es humano. Tiene una vida, sus temas, yo los míos... Y ser humano es re difícil. 

Aunque él nunca mas aparezca y eso, yo tengo que ver qué elección hago mañana. Si me sigo engañando o si admito la fealdad de la vida para crear algo realmente mío. 

domingo, 19 de octubre de 2025

Minita que eligió su batalla

- A veces, sí me lo pregunto - le dije, a mi terapeuta, dándome por vencida- Pero no por curiosidad, sino, por desesperación. ¿Cuánto puede durar la novedad? Porque, siendo completamente sincera, yo sé que hace rato pasó la novedad. Digo, con Javier nos acostamos muchas veces, ya. No hay novedad, cuando tenemos sexo.

Ella asintió, como si finalmente hubiera levantado el guante de algo vivo. Palpable. Casi obvio. 

 - Yo lo veo a él, haciendo lo que hace, y creo que puede estar movido por la calentura, la idea de la cañita al aire, pero cómo se sostiene la novedad después de tantos años... - suspiré- No quiere decir que esté bien, eh, pero pienso que hay algo detrás para repetir esto tantas veces. No es novedad. 

Suspiré. 

- No, es que quizá para vos no haya cambiado nada. Quizá para vos no haya habido novedades. Pero la forma en que Javier te miró, si fue una novedad. 

Me puse incomoda. 

- No, bueno... - pensé- quizá sí. Pasa que no puede ser. Me cayó mal. Re mal. Tartumudeé. 

- ¿Qué es lo que no puede ser? 

- No, esto de mirarme asi y ¿qué hago yo con esa mirada? Es una puerta que no vamos a abrir, no puede jugar a eso, no es todo lo mismo.  

Resoplé. 

- ¿Qué te hizo sentir esto de tartamudear? 

- Me hizo sentir en pelotas, re mal, me sentía una pelotuda. Tartamudeé porque nos vi a los dos en pelotas ahí, mirándonos, y dije esto sí es muchísimo peor que lo que acabamos de hacer. Fue horrible. 

- Pero fue íntimo. Quiza mas que cuando se acuestan. 

- Sí, yo ya sé... - tome aire - pero no quiero meterme en esa. Yo no me quiero quedar ahi otra vez, pensando, qué onda. Porque él no va a hacer nada. No es que con esto, él va a agarrar y decir <<bueno, tomo una decisión>> y con decisión me refiero a cuidar estos gestos, a no acaramelarse. Ni cuida esos detalles. Para mi, hay que cuidarlos. Yo, los cuido. 

- Hay que ver qué haces vos ahora. Javier parece no tener problemas en confundirse. Pero también se corre el riesgo de hacer confundir al otro. 

- El domingo pasado, mientras estábamos teniendo sexo, yo le hice un chiste, viste. Un chiste normal de estos contextos. Le pregunté si me iba a samarear, obvio en joda. ¿Podes creer que escuchó mal? ¿Y sabes que escuchó? Que yo le habia preguntando si él me iba a usar. 

Puse cara. 

- Oh, mira que diferencia... 

- Y cuando me dijo eso, yo le dije: "nah, Javi, si nos estamos cosificando los dos". Es obvio. Como le voy a preguntar eso. Es eso para lo que nos encontramos. Eso es lo que hacemos juntos. Y lo peor, fue que cuando yo le dije eso siguiendo el chiste, obvio, él no me contestó más.  

- Oh. ¿Y físicamente, qué hizo? 

- Siguió adelante, sí. Pero un poco me sacó de onda porque esperaba que me dijera algo y no que se quedara callado, como si hubiese dicho algo incorrecto.  Porque para mí, es la verdad. No hay nada mas que sexo. 

- O quizá vos creíste eso. Te fue mejor creer eso, porque ese autoengaño te permitió mantener un vínculo todo este tiempo.  Un vínculo al que vos entras como físico, pero no es solo eso. Te resultó mas fácil creer que Javier no tiene corazón, como me decías hace un ratito. 

Tragué saliva. 

- Es que no se, para mi, vos no tenes que tener corazón para engañar a tu pareja de diez años, conmigo. Si fuera con otra, seria menos pesado.  Pero... él sabe que soy yo. Porque no es engañarla con cualquiera, no es garcharse a una por semana, vivir todo el día de gira.  Él se acuesta conmigo, sostenidamente, hace mucho tiempo. Él sabe de donde vengo, lo que pasó atrás. Y me cuesta pensar por qué lo hace. No quiero pensar en eso. 

- Si, claro. Pero él también sigue siendo él. Y para él, probablemente, vos seas vos, sí. ¿Por qué no queres pensar? ¿Qué significa eso para vos? 

- Para mi, Javier es otro Javier ahora. Ese es el problema, me cuesta mucho recordar en momentos cruciales que se trata del mismo hombre, y no de una copia. Porque si yo me pongo a pensar que es el mismo, es inevitable no pensar también que lo que hace es mas que sexual. Y nosotros lo único que podemos vivir es algo sexual, como lo que a veces pasa. 

- Claro, como si fuera alguien que dá un servicio. O un objeto. Pero es un ser humano. 

- Si, pero él es un forro, un ser humano forro. Porque vos no podes engañar a tu novia de 10 años con la piba joven que conociste cuando era chica y a la que pareces haberle tenido ganas todos estos años. O sea, no podes. Tenes que carecer de corazón para hacerlo. O será forro. 

- Quizá vos crees eso, pero Javier sí puede.  

- Claro, pero siendo así, seria una vida de mierda. ¿Entendés? Porque como vas a hacer algo así, sintiendo, y seguir en lo otro como si nada. Eso es tener una vida de mierda. ¿Cómo no te importa la relación de diez años y te das el lujo de ponerme esa cara de tonto adolescente, mi? O sea, perdon, parece hipócrita, pero para mi el sexo no incluye esa clase de miradas. La cara que tenia, los ojos... Por eso tartamudeé. No sabes lo incomoda que me puse. 

- ¿Por qué incomoda? 

- - Es que para mí no podes sostener lo que él sostiene conmigo, si tiene algo de corazón, porque seria vivir una vida de mierda.  Por eso, nosotros, todo este tiempo, considero de mi lado que solo tuvimos sexo. Únicamente nos vemos para eso. La pasas bien en ese momento, bárbaro. Pero si él entra a transgredir, y mete materia humana en la materia física, es un problema. 

- Es que él ya metió materia humana en la materia física. Él tema es ver qué haces vos con eso, si eso avanza en esa dirección.  Si esa es la novedad. Como cuando vos me decías que Javier te buscó para besarte, insistentemente. 

- Yo hasta el beso, llego. Todo bien, nos pasamos un poco, nos besamos... es un recurso... Qué se yo. En el medio de todo lo que pasa, te puedo entender que seas mas intenso. No fue lo mas cómodo del mundo, porque para mi los besitos son íntimos, pero... listo. Freno ahí. Yo la mirada, esos silencios simbólicos, nooo. Gracias. Nosotros la tensión la resolvimos. Bah, yo creía eso. Después del sexo, entre nosotros, mal o bien se generó una confianza. Estábamos mas cómodos. 

- ¿Y ahora? 

- Y ahora siento que algo se tensó de nuevo. Y no sé qué es. O sea, algo cambió. No entiendo qué. Pero, la verdad, yo no se lo voy a preguntar porque no puedo dar esa batalla. 

- Claro, es ver qué haces vos con esto. Si levantas la mano, si no. Como recibis quiza algo que no queres, que no te corresponde. Ya fuiste a corroborar. ¿Y qué idea te llevaste? ¿Algo se aclaró? 

- Me fui con mas dudas, peor, no aclaré nada.  Pero bueno, creo que entendí que si me va a mirar asi, yo no me quiero quedar a ver ese espectáculo. Lo entiendo, que se yo, yo no me voy a poner a cuestionar su relación, jamas lo hice. Pero ahora, menos. 

- ¿Cual es la diferencia?

- Que esa mirada de Javier la semana pasada, me mostró al tipo que yo conocía. El que me miraba tanto que los demas lo cargaban, por distraído. El que parecía un chico chiquito, embobado. Y yo pensé que él era feliz con ella, me entendes, y que nosotros solamente nos encontrábamos de vez en cusndo porque somos dos insoportables, pero ahora no sé... Porque si no es una vida de mierda. Si no, es re triste todo. 

Ella asintió. Me hizo el gesto de quien dice: <<y si, Minita, tiene una vida de mierda>>. 

- Igual nada, yo me voy a hacer la boluda. Hasta el final de los tiempos, te lo aseguro. Pisteando como Colapinto. 

miércoles, 15 de octubre de 2025

Misterio innecesario

La idea de tener en frente a Javier y no preguntarle por qué viene de semanas malas, cuando era una jovencita, me parecía imposible. Yo necesitaba saber, porque queria verlo bien, feliz, apoyarlo.  Estaba enamorada, sí. Muy enamorada. Y no me avergüenza admitirlo.

 En ese momento, él no quiso tener una relación conmigo.  Se excusó con que me queria proteger, con que merecía algo mejor, con que tenia que tener derecho a vivir una vida normal. Y yo, lo odié. Y mas, cuando al poco tiempo se puso a salir con ella y parecia que estaba feliz y cómo cómo cómo si hacía diez dias atras me estaba diciendo que los dos íbamos a tener que aprender a vivir con lo que nos pasaba, que él no podia, etc. Sí. La verdad, lo odié profundamente.  

Jamás pensé que yo volvería a hablar con él. Mucho menos, pensé que un diá cambiaría algo porque había quedado algo pendiente, pero que cambiara era una locura.

Y sí, fue una locura. 

II.

Mientras Javier estornuda, once años después, lo miro. Está más viejo. Tiene menos de misterio, de expectativas, de interés, para mí. Lentamente ha ido virando hacia un hombre con el que me acuesto de vez en cuando. Aunque sí. Es Javier. El mismo de siempre. El que me decia que íbamos a tener que aprender a vivir con lo que nos pasaba años atrás y el que me dice ahora tantas otras cosas. 

Para mi, es difícil reconocerlo en el hombre de antes. Él era un tipo medido conmigo, caballero, pero también huidizo, temeroso, con una delicadeza exagerada para muchas cosas y un nivel de negación muy grande para otras. Y ahora, él para mi es un reo, un impresentable, que visito a escondidas de vez en cuando. 

Claro, no hay amor en mí. Hay deseo. Y por eso, no me nace inmediatamente preguntarle qué onda. Ademas, tampoco a él lo veo tan interesado en lo que le digo, aunque después se acuerda todo.  Creo que mi lectura de las cosas se basa también en un concepto de amor. Y claramente, él ya no encaja en eso. Pero al mismo tiempo, encaja en el concepto de deseo mucho mejor que en ningún otro momento. 

 Luego de verlo, con el cuerpo mas blando, entiendo que si hubiésemos podido aprender a vivir con lo que nos pasaba, no estaríamos sentados frente a frente, despues de habernos revolcado por cuanto centímetro de la cama quedó disponible. 

Pero para mí hay una diferencia muy muy grande y obvia: Javier antes me veía como una persona y ahora me vé como un objeto. Y yo, también hice el mismo movimiento. Lo veía como un hombre con matices, ni hasta hace mucho, y después de ciertas situaciones, él pasó a ser un objeto.  Lisa y llanamente.  

Por eso, cuando me miró embelesado el domingo, sentí temor. Porque no me sentí un objeto. Me sentí humana. Como si se hubiera detenido a ver mi humilde persona, detrás de la fachada de teinteañera, a ver cuanto de la esencia de la piba de veinte quedaba. 

Y el gesto, el gesto que le ví, fue una puntada en el corazón, realmente.  Me hizo mierda. Porque yo sé reconocer esa cara en otros, a esta edad sé lo que es deseo, calentura, cariño, amor, no soy tonta. No me jode admitir si alguien me mira con ganas o si la cara le vende la manzana antes de ponérsela en la boca. Pero en Javier, admitirlo, es una catástrofe. Un guante que he decido no levantar, aunque me muera por dentro. 

Javier, con esa mirada que se le escapó el domingo  me hace dar cuenta que él nunca dejó de ser él. Es decir, que no puede ser del todo mi objeto sexual, desapegado de todo sentimiento, de todo registro. 

¿Y qué tendría de malo que el tipo te mire así, pelotudizado, sonriéndote con toda la boca, con los ojitos que le brillan y colgado como un Tarzan en algo que evidentemente vos representas sin saberlo? Si Javier estuviera soltero, nada. Pero no es el caso. 

Él está en pareja con la misma mujer que le presentaron dias después de habernos separado. La ante última vez que nos vimos con él, me dijo que ya sabía que la tenia que dejar, que tenia que desarmar, pero que no queria lastimar a nadie, que él ya sabía, sí, ya sabía todo y yo lo único que pensé fue: ¿por qué me dice todo esto, si nadie se lo pidió? Y sí. También  me llamé al silencio. 

Ahora, esta última vez, se me queda mirando asi, y yo de nuevo me llamo al silencio, aunque lo miro. Nos quedamos mirándonos por un instante y es como si nos dijéramos cosas. Pero nadie habla. Solamente, le correspondo la mirada hasta donde la puedo soportar.  

Un rato antes, cuando estamos en la cama, desnudos, jadeando uno a centímetros del otro, en una ronda muy intensa, se me ocurre preguntar: 

- ¿Me vas a sarandear? 

Obviamente, estoy haciendo un comentario que mezcla el humor y el deseo. Lo estoy picando. Pero evidentemente, Javier escucha lo que quiere, porque me pregunta: 

- ¿Qué? ¿Si te voy a usar? 

- No. Si me vas a sarandear, Javi - repito, dulcemente- Ya los dos nos estamos cosificando- le aclaro, jocosamente. 

 Javier se queda callado. Yo, la verdad,  interpreto que todo esta ok, porque es la verdad, y sigo en mi burbuja de placer.  Y todo parece estar ok porque Javier no hace absolutamente nada más que hacerme el amor como un animal, y eso para mí es pasión, calentura, usar al otro como medio para satisfacer un apetito. Pero ¿cariño, afecto, admiración, amor? Ni a los palazos. 

Por eso, cuando me busca la boca para besarme, antes de este momento de silencio y antes de esa mirada que me destruye; yo como que un poco me corro, porque Javier seguro me quiere poseer, no me quiere besar. Y ¿quien dijo que para tener sexo hace falta besar? ¿O mirar así, después, como si nada?  Para mí, nada de eso es necesario.  Y sí, puede sonar cruel, pero para mí, es verdad. 

Vos podes acostarte con alguien sin hacer esas cosas. Vos podes coger sin besar. Vos podes mirar con distancia. Vos podes tomar al otro como un objeto, si así te tratan, por una cuestión de poner las cosas en el mismo orden. En un mismo correlato sexual, donde Javier agarrándome de las manos mientras me acaricia, es simplemente parte de su retórica, de su modo sexual, de su técnica. 

O al menos, eso es para mí. Todo esto, eso es para mi. Y obro en absoluta consecuencia. 

Pero, Javier, mientras me coge tremendo, me besa terrible. Toda su lengua en mi. Todo su rostro, sus mordidas suaves, sus gemidos. Los míos. El disfrute total, del cuerpo por el cuerpo. Y además, también  por el contrario, cuando se queda en silencio frente a un comentario, o cuando me mira embobado, parece querer tenderme una trampa terrible. 

Y ahí, en esa mirada suya, que me dedica como si estuviera embobado frente a la mina que lo tiene loco, parezco encontrar el principio del final para nosotros. 

Porque me molesta verle esa mirada estúpida. Porque hace muchos años se la ví, también, y juraría por mi vida que no estoy mintiendo si digo que esta todavia es mas intensa. Porque no es la cara con la que me da vuelta. Porque es otra cara, de boludo embalado. De tipo hasta las santas manos.  Eso es, qué mierda. 

Pero claro...  Todo lo que yo veía en esa cara, a mis 20 años, con un Javier soltero, y que me derretía, hoy, a los 30, es motivo de pánico y rechazo.  

martes, 14 de octubre de 2025

Lluvia suave, mambo intenso

Javier me recibió en medio de una lluvia suave. Veníamos charlando de política y me dijo si no quería ir a charlar personalmente en el ocaso del domingo, lluvioso en nuestro barrio. Javier me dice que sigue duro de la cintura, que no se puede ni mover. 

Yo le hago una broma inofensiva y le digo que se quede tranquilo.  Él no tiene obligación de verme y se lo hago saber. 

- No me puedo mover, hoy tomé la mala decisión de jugar al fútbol. No pude correr. 

- Tenes que cuidarte de la cintura... Vas a quedarte duro de verdad... 

- ¿No venis? 

- Nooo, Javi. No te podes mover, me estas diciendo. 

- ¿Vos tampoco te podes mover? 

- Javier, no seas guacho. Dale. No quiero empeorar la situación. 

- No me empeoras. Dale. No des vueltas. Podes decirme lo mismo pero acá. 

- Deja de darme órdenes, vos. Bajá el copete - lo freno y se muere de risa - No me voy a aprovechar de vos, todo duro, cuenta como violacion. 

- Te dejo. Te doy permiso para lo que quieras, lo sabes.  Te espero. Dale. No me digas que no. 

- Ay, Javi, en cinco minutos me armas un partido, sos insufrible. 

- Dale, vení. No te preocupes por arreglarte mucho. Vení así nomas, asi como estes... dale, vení. 

- Recien salgo de la ducha, ahora nos vemos en un rato.  

- Siiiii. Dale. Te espero. 

II. 

Cuando me recibió, después de hacerme un chiste por la ropa, porque me mira de arriba hacia abajo, y lo divierte mi campera texana negra, lo miro y me sonrío.  Y si. Yo no busco una alta producción, porque con Javier no siempre me nace.  Él es un error para mi, un error que deseo profundamente, y me cuesta ir a cometerlo de gala. 

Pero es una realidad también que yo ando arreglada de una forma parecida casi todo el tiempo, asi que me decido por un pantalón, una remera de manga corta estampada y una campera texana negra. Llevo mis Converse de siempre. El pelo mojado, sin nada de make-up, y hasta el ultimo centímetro de piel perfumado con la crema del perfume importado, y el perfume importado encima.  Si con eso no huelo bien, me rindo, pienso. 

Cuando Javier me saluda, con un beso y un abrazo que busca cercanía, me rebaja. Sobran palabras para esa rebajada. Y  me sonríe.  

- ¿Y esa campera, qué tiene? 

- Flequitos. 

- A ver, qué campera que te pusiste, eh... 

-            Dale, basta, déjame con las modas.

-            No, yo te dejo, pero me llama la atención – dice, y me sonríe.

-            Se usa, sí. A mí ésta onda me gusta en la ropa – le comento.

-            ¿En serio? ¿Se usa?

-            Sí. Se usan los flecos. Es tendencia – le digo, y sacudo los brazos, hago un medio giro, para que los flecos se muevan.

Nos reímos y me saco la campera, la riñonera, las poquísimas pertenencias con las que voy a verlo. 

- ¿Vos, te duele, como estas? - le pregunto. 

Javier me dice que sí. Qué esta bien, que quiza no hizo tan bien en jugar a la pelota, pero que casi no le duele. Le resta importancia, lo conozco, pero me parece una tontería. Usar su disimulo ¿para fingir qué? Ya nos conocemos demasiado y, esta etapa, donde hasta nos burlamos de los looks para joder al otro, o romper el hielo, es válida.

III. 

Cuando nos acercamos, y nos vamos desvistiendo con intensidad, porque el partido lo armamos en un tiempo récord, lo freno y le saco la remera, mientras lo miro:

-            Esto lo quiero volar, discúlpame, pero el verde se va – le digo.


Javier usa mucho verde, y el verde agua, es un color que lo favorece. 


-            Esto yo lo voy a volar, esperá, me gusta este – me dice, y observa valorativamente la lencería rosa. Un rosa espectacular, muy lindo, que elegí porque me pintó de esa manera. Sin muchas reflexiones al respecto.

-            Me alegro. Al menos sabemos de qué color es, porque tu cuerpo ya está viendo otra cosa – le digo, entre risas.

Javier y yo nos acomodamos. Hay un segundo, de reflexión quizá, donde parecemos decirnos: "estamos acá de nuevo, sí". Él me mira y no deja de sonreírse. Yo lo miro y me sonrío también.

- ¿Estamos bien? 

- Si, si si. Muy bien. 

- ¿Te duele algo? En serio: ¿estas cómodo? 

- Si, en serio.  No me duele nada. 

Lo miro. Me rio. Y me enrosco el pelo. Javier se rie. Debo tener cara de circunstancia, pero es inevitable, ni lo puedo evitar, no sabría como. Lo acaricio con calma, mirándolo. 

- Qué cosa esta piba, pensaras, pendeja atrevida. 

Javier me sonríe. Sabe lo que se viene. 

Está mas gordito, lo sé, y aun asi, con esa cara de galletita, lo deseo como a ningun joven trabado de los que me mandan solicitudes en redes. ¿Qué tiene Javier, ese tipo tan común, que sin embargo me enloquece y me desdibuja las resistencias? 

Tocarlo, ahora, cuando ya lo he tocado tantas y tantas veces, me es mucho más fácil pero también me hace pensar en que los encuentros ya no son como los primeros. Ya hay familiaridad en el cuerpo del otro, ya hay disfrute por su tacto, él ya sabe como yo lo voy a tocar, y no entiendo qué sostiene el encuentro, si no es la novedad. ¿Cuántos pulsos sexuales definen una calentura? 

Lo conozco, conozco lo que le gusta, y sin embargo, sigue habiendo una cuota de misterio inexplicable en cada encuentro. Nos encontramos uno frente al otro y se desata una vuelta mas donde terminamos así, tendidos en la cama, después de haber dejado el alma ahí. Quizá es algo que intentamos y nos sale. Algo que nos gustaba y el otro no sabía. Algo que uno pide, o quizá, sólo quizá, una actitud inesperada.

IV. 

Aspiro a Javier con cuidado. Trato de controlarme un poco, porque no me nace besarlo, más bien me nace morderlo y eso no me había pasado con nadie. No sé muy bien cómo manejar el salvajismo que este tipo, con sus actitudes, provocaciones, y gestos, me genera.  Lo quiero matar. Y, al mismo tiempo, saco todo un costado terrible, con el que lo quiero recibir. 

Lo acaricio, acomodo su cuerpo, hasta que finalmente decido avanzar. Lo miro sonriendo, hasta que avanzo y todo su cuerpo se me va dando mas alla de cualquier repetición.  

Javier disfruta. Soy delicada con eso, me tomo mi tiempo y también lo disfruto.  De pronto, él se acerca, y mientras se rie festejando lo que acabo de hacer, me abraza: 

- Pero qué bien que lo haces, qué bien que lo haces, por Dioooos. 

- Javi, vos armas rapidísimo el partido.  Es eso. 

- ¿Y no te gusta, eso? 

- No, a mi me encanta.  Soy igual. 

Javier se rie. Yo, lo avanzo. 

Siento el roce de su cuerpo, su piel, y su voz. Cuando Javier me habla con su voz, es literalmente como una burbuja que se expande. Me tiene sobre el. Encajamos perfecto. Él entiende el movimiento h lo acompaña. Yo entiendo el suyo, y lo sigo. 

-            Eso, muy bien, así – dice, complacido, porque el pulso del movimiento es perfecto.

Disfruto ese roce sutil, un poco me voy. Y de pronto, siento que me corre todo el pelo de la cara, así que abro los ojos, porque estoy dejándome llevar y Javier con sus manos me trae de nuevo.  Lo veo mirándome con un gesto de placer indecible, así que le sonrío, y me sonríe.

-            Ahí va ¿o no? ¿Así? – murmuro. 

-            Sí, ahí va, me encanta cómo te moves – dice y me peina.

- Javi - le susurro, cerca de su rostro - ¿me puedo quedar asi un ratito? 

- Podes quedarte todo el tiempo que quieras.  

- Un poquito más. 

Sonríe y nos reímos.  Me agarra de la cara, sin dudarlo un segundo, y me besa, me besuquea como quien no tiene reparos. Si nos separa un centímetro entre su rostro y el mío, es ddemasiada suerte. Sus besos, esos besos apasionados suyos, de esos que sacan el lado mas intenso, un poco me sorprenden. 

 Soy la versión 

Javier, no obstante el silencio, está bastante perceptivo. Y hace algo nuevo para mí, que francamente no le había pintado a nadie.

 Y lo que le sigue es francamente apasionado. Javier saca manos, fuerzas, recursos, que yo no me esperaba. Lo disfruto, mucho, y no tengo vergüenza en demostrárselo, solamente, que no meto presión alguna.   No tengo que componer consigo una identidad de falsa entrega, de jadeos fingidos, de orgasmos organizados. Y él, parece que realmente la pasa bien, en esos momentos donde me elogia las atenciones que le doy, pero además, lo que demuestro. 

Me tiene así, un buen rato, dedicándome atenciones de todo tipo. Besos, caricias, todo el ramo de cosas que amo. 

-            Hablando mal y pronto – dice – cómo te gusta que *** a vos.

Me río.

-            ¿A mí?

-            Sí, te gusta mucho.

-            A vos te gusta más – jadeo, y me río.

-            ¿A mi qué?

-            Que a vos te gusta más que a mi. Sos un delincuente, desgraciado – digo, mientras Javier me besa.  

-            A mi me encanta.

Y ya me lo deja claro. 

- Te quiero escuchar ¿mhhh? No quiero que te guardes nada. Lo quiero todo para mi. 

- Javier, no podes ser asi. 

- Si, quiero que ***. Todo ¿me escuchaste? 

- Si - le digo, antes de que me bese. 

Porque ni me da margen para no morir.  Gimo. 

- Javi 

- ¿Qué? 

-  Me muero. 

- No, nada de morirse - me dice, y me muerde, me besa y me susurra casi dentro de mi boca: - Quiero que me muestres todo- me pide. 

V. 

Cuando mi todo llega, Javier lo percibe y alienta, sostiene, la verdad es esa. Me da estímulos variados. Y cuando me escucha, solo me rodea con sus brazos y me dice: 

- Asi. Eso. Todo, muy bien. Todo para mi. 

- Dios 

- Mas quiero, no te guardes nada. 

- Sos un hijo de puta, te juro - digo, y me explayo en este otro lenguaje que en definitiva es el que me pide. El que le interesa. 

Nos reímos. 

- Sos terrible- le digo y me recupero. 

Me besa, sonríe y se prepara. Lo beso también, olvidando por un segundo mis reglas, y lo muerdo.  Javier me muerde desesperado, y me hace reír. 

- Dios, chabon... qué hijo de putaa - le digo.  

- Estoy muy caliente. Me vuelve loco coger con vos. Sos una hija de puta. 

Me río. Eso es lo que me gusta de Javier: que sea reo, que se desespere en vivo, que le ponga intensidad. Que no sea el careta que fue toda la vida, antes de esto, por juzgarme mal. Por pensar que yo para tener sexo necesitaba casarme, poco mas. 

- ¿Me mordes otra vez, por favor? 

De pronto, hace algo, sutilmente, que me detona. Ahi sí que mi chip cambia por completo. Es donde necesito mas. 

Y ahi finalmente se entra en la recta del descontrol. Él parece darme en cada embestida toda su fuerza, su furia, su intensidad, su descarga, para después ablandarse en un orgasmo que lo sacude, lo deja agitado, desarmado, riéndose sorprendido de su propia reacción.  

Queda tendido, suspira y ríe de nuevo.  Javier me hace sentir lo mismo que yo siento por él, aunque no lo diga: ganas de matarlo, porque es un hijo de puta, y ganas de hacerlo mío en ese round.

- Dios, qué tremendo que estuvo. 

- Muy, muy. 

-            Esto es tuyo – dice, cuando ambos quedamos muertos en batalla.  Me devuelve una colita de pelo. 

-            Gracias – le contesto.

-            Dios mío, lo que fue, qué hija de puta, – dice, y me mira sonriendo, mientras cada uno se empieza a preguntar por juntar todo para volver a ser lo que no es.

Entro a la ducha de Javier y abro el agua caliente. No, no puedo creer los mordiscones que me dio, lo enrojecida que quedé, pero sí puedo entender la intensidad de lo que nos demandamos, porque la siento necesaria.  Tengo todo el cuello marcado, toda la espalda, el pelo todo desplumado. ¿Fui a una guerra o solamente me acosté con un escorpiano? 

  Pongo las manos debajo de la ducha, para controlar la temperatura, y avanzo. 

No tardo demasiado en bañarme. Javier de fondo pone un vinilo de Charly y espera a que salga, básicamente.  En cuanto me visto, le devuelvo la toalla y le digo un gracias muy protocolar.  Este momento es más bien serio, porque yo sé perfectamente que con Javier podemos compartir más cosas, pero me pongo tensa, porque no quiero.  Él, lo peor, es que no me dice nada. Simplemente, me ofrece cosas, le acepto agua, y se sienta a la mesa a tomar algo. Yo, que un poco mas me fui hasta la puerta, me doy cuenta que me tengo que sentar. 

Me siento a su lado, aunque estoy ansiosa por irme.  Me charla, como si nada. Y empieza con esa charla la ronda de preguntas. Javier recuerda cosas que le conté, que ni yo me acordaba. Pienso cómo hace. Se acuerda hasta el último detalle de una cosa con mi hermana, de la situación de la otra, de un comentario sobre mi papá.  ¿Por qué? No es algo que entienda. ¿No se supone que uno hace tabla rasa después de verse con el otro?  Eso, ese nivel de atención que parece que no pero está, me pone un poco incómoda. ¿Cuánto sabe éste hombre, cuándo ve de mí, aunque yo no se lo muestre?

Me cuenta de sus temas algunas cosas, pero la verdad, no le pregunto ni cómo está, ni cómo se siente. Me dedico a hablar de temas seguros, sin tocar temas más profundos, aunque siento que están dando vueltas ahí, como fantasmas, detrás de cada pregunta que me hace sobre mi familia, sobre mi trabajo. ¿Por qué le importa, si acaba de cumplir conmigo el único propósito que le interesa? Cabe decir que lo que Javier me pregunta, es privado, algo que no comparto en detalles, que sólo lo saben personas muy puntuales.  Y eso, refuerza la incomodidad. Él no apela a la charla de lo que puede ver en redes sociales, o el plan del finde, él me pregunta aquello que no publico, lo que ha sabido por verme, por mantener contacto conmigo ajeno a la imagen que compongo para los otros.  

¿Es eso la verdadera intimidad? En eso, me siento un poco fuera de juego. O será que sencillamente, somos muy diferentes.

De pronto, después de tomar agua e intercambiar unos comentarios amenos, suspiro.  Javier me ha dejado agotada físicamente. Es más grandote, tiene más fuerza, y bancarle el contrapunto le supone a mis 51 kilos una movida interesante.

Yo voy buscando el Uber, mientras, y le digo:

-            Ahora pido el uber y me voy – Javier me mira.

-            No te vayas todavía – dice – Tenés los cachetes colorados.

Asiento.

-            Sí, me suele pasar.

-            ¿Sí?

-            Es uno de los rasgos más delatores – le confieso -  Cuando llego al orgasmo, cuando nado, me pongo muy colorada en las mejillas. Se me dilatan los vasos de la cara y puf.  Eso, y con el sexo, me convierto en Bambi.

Javier me mira, y aunque viene sonriéndome, larga una risa.

-            ¿Viste cuando Bambi sale caminando y le flaquean las fuerzas de las piernitas? ¿Viste que hace así? – le digo, y imito el movimiento.

-            Sí, sí, sí – se ríe – Qué hija de puta.

-            En serio, quedo así. Como Bambi. Y colorada.

 

Javier se ríe y se tapa la cara, como diciendo, ay está piba. Después, se encarga  de darle de comer al perro, que le demanda atención, porque tiene con él un apego muy fuerte.   Yo, por mi lado, me quedo callada, distraída en desenredarme el pelo, mirando para el costado. Aprovecho esa paz donde Javier también se queda callado, y lo disfruto, disfruto ese silencio, hasta que devuelvo la mirada a él, que ya no está con el perro, y se ha puesto a mirarme, descansando toda su cara en una mano, apoyada en la mesa.

Javier me mira embelesado. Me mira, sonriéndome con toda la boca, con una cara de estúpido magistral, y se nota que está pensando en algo, porque no reacciona. No reacciona rápido ni siquiera para disimularlo, o esconderse.  No, simplemente, se queda ahí, así, con esa cara de persona que está hasta las pelotas, y no me dice nada.

Solo me mira y yo lo miro en silencio. Nos quedamos así, mirándonos a los ojos, en silencio, unos segundos. Le sonrío, también, y de verdad, es un momento estremecedor. Una punzada me arde en el cuerpo y sólo me digo: "la puta madre, cagamos".

 En cuanto razono y me doy cuenta cómo me está mirando, y lo que eso significa, y lo que pesa en un contexto así, de pronto, me aterro.  Jamás Javier me había mirado así, jamás, y esto era lo que durante todos estos años había estado buscando evitar.

Cuando bajo la vista, para romper el hechizo, le cambio de tema. De nuevo, subimos a la plataforma de gente adulta racional y consigo uber, y lo espero, y te acompaño a la puerta, y me quedo mirándote hasta que te vas, sacando la cabeza por la puerta, porque ya sé que no me dejás nunca que te lleve a tu casa.

-            Chau. Vamos hablando – me dice.

-            Chau, Javi. Recuperate pronto.

-            Sí, estoy mejor. Ahora me doy un baño y me voy a dormir.

-            Sí, vas a andar bien. Cuidate.

-            Vos también. Hablamos.

-            Chau.

-            Chau.