domingo, 28 de febrero de 2021

Juego de dados

Creo que elegir no demonizarlo fue una decisión muy sabia. Digo, porque no vale la pena y porque sólo puede hacerme más daño. ¿Y para qué más daño, no? ¿Con qué finalidad? Lo considero innecesario. Corté esa relación porque estaba empezando a ser infeliz y ¿me voy a hacer daño recordándola? Creo que no. Hice lo que debía hacer y ya está. 

Lo que pasó con nosotros no se puede cambiar. Nada de lo que haga yo o haga él, cada uno en su provincia, podría cambiar el curso que han tomado los acontecimientos. Esta historia se contó a través de mucho tiempo, hasta que un día llegó al final. 

Hoy por hoy vivo esta etapa pensando que voy a poder salir victoriosa, aunque a veces sienta que Galeno me dejó una partida de dados ya lanzada sobre un tapete. Puedo usar esos dados para revoleárselos al primero que se me acerque, o bien, puedo meterlos dentro de mis manos ahuecadas, sacudir y ver qué sale.  Yo prefiero sacudir y ver qué toca esta vez.

En el celular me saltaron los recuerdos - mil gracias Google Fotos - de las últimas vacaciones consigo. Miré el paisaje, los lugares donde fuimos juntos, y todo me pareció propio de otra persona. ¿Cómo es que ya no siento que estas vivencias me pertenezcan? Es raro el olvido. Para mí, por lo menos, esta vez está siendo muy raro.  Sé que estuve ahí, sé que disfruté, sé que nos despedimos a los besos en en Aeropuerto de la Provincia de ***, pero creo que después pasaron cosas tan fuertes en las vidas de todos que... no sé... creo, siendo muy honesta, que ese sentimiento perdió toda su fuerza, de a poco, y acabó muriéndose. Que la vida y el nuevo mundo en el que vivimos se lo llevó puesto totalmente. 

Me sorprende eso de este despegue, porque podría intentar explicar cómo fue que lo empecé a querer pero desconozco cómo fue que lo dejé de querer, digo, cómo hice eso, cómo mi cabeza y mi cuerpo hicieron eso que me sorprende hasta a mí. 

Hoy en día entiendo que a Galeno lo dejé de querer con el tiempo, de a poco, me fui alejando de los deseos y los proyectos. Fue una acumulación de actitudes incorrectas, de las cuales no quería absorber nada para mi vida personal. Y creo que también fue, por extraño que parezca, un poco de aburrimiento sobre las perspectivas que esa relación me podía dar. 

 Durante la pandemia fui perdiendo las ganas, la paciencia, y la empatía consigo. Creo que la única razón por la cual hice eso es por sentir algo que al día de hoy no consigo explicar, que fue tan fuerte y sigue siendo tan fuerte, al punto de sostenerme hoy por hoy.  No sé si sentí que "no iba por ahí", que "quería otra cosa" o que "su cometido estaba cumplido para mi vida", pero lo cierto es que un día me levanté y yo sabía que tenía que dejarlo. Que las cosas no iban más, y que, a fin de cuentas, si había llegado a ese punto de hastío no merecía la pena que volviéramos a vernos. 

Lo que más me llama la atención respecto de ésto es que él fue una persona que compartió muchas cosas que para mí eran nuevas, que nos dejamos enseñanzas lindas, que rompimos nuestros límites, que nos animamos (lo que no es poco), y sin embargo, hubo algo en mí que se rompió de todos modos.  Pero también sé que hubo otro algo, sin dudas, que en otro momento de mi vida me dolió más, muchísimo más, y creo que eso hizo que de allí para abajo todos los pormenores se vayan acomodando de otra manera. 

Me seguiré estudiando internamente a ver qué tal todo. 

jueves, 25 de febrero de 2021

El cementerio Gmail

 Encuentro, en un viaje al pasado, muchos mails viejos. Estoy haciendo limpieza en mi casilla porque no puedo dormir y hago cosas idiotas cuando estoy aburrida. Encuentro mails y archivos de conversaciones de whatsapp guardadas que mantuve con Javier. 

Me quedo de una pieza cuando las releo con tantos años después. No puedo creer las cosas que le decía y algunas de las cosas que me decía él las entiendo después de mil años. Qué locura, me digo, porque lo cierto es que lo buscaba y lo buscaba y lo buscaba , del mismo modo que pienso que él también estaba loco por las cosas que me contestaba. 

Por momentos era muy intensa y cargada de emociones (a diferencia de ahora, que no expreso mis sentimientos con los hombres) y, por el otro, daba muchas vueltas a la hora de expresar cosas re simples relativas al deseo y a su relación con la moral en juego de entonces. Era de un deseo abrasador lo que pasaba en esas charlas y de tensión sexual al por mayor. Realmente eso me sorprendió mucho porque no las recordaba así. Él no era ningún santo, y eso a mí me parecía bien, pero yo tampoco me quedaba atrás en lo más mínimo... y claro, ahora entiendo por qué me decía que era terrible. Tenía razón. ¡Eran tremendas las cosas que le decía, en todo aspecto, y los mensajes que le enviaba!  Hoy en día sería incapaz de decir esas cosas y de ser tan transparente. Pero estaba enamorada y, para mí, eso era jugarse en apuestas muy intensas. Por suerte, después, recapacité y busqué formas menos propulsivas de expulsar mis deseos y argumentos. 

Realmente, ahora, no puedo creer que ese siga siendo el mismo hombre pero con casi cincuenta años que me mira todo en redes sociales. ¿Qué pensará de esa persona que yo era a la que ve a diario hoy? Lo que más me avergüenza de haber encontrado esto es que era un batallón de azúcar,  de deseo y de caradurez. 

A la luz de este hallazgo creo que en ese momento éramos una joven de diecinueve años muy enganchada y un hombre más grande muy tentando a dársela en la pera, anudado a la situación que lo excedía y lo atrapaba todo el tiempo. Era como si se quisiera quedar metido siempre en eso y al mismo tiempo no tuviera la voluntad suficiente para poner los límites. En nuestras charlas, no podíamos hablar en serio. El doble sentido era definitivamente el sentido. También, cabe decirlo, él no hablaba claro y eso tampoco fortalecía límites sólidos. Ahora, más grande, me doy cuenta que tampoco estaba drogada en esa época. Algo había, indudablemente, que le dió pie a todo lo que ocurrió. 

 Hoy, creo que si nos ponen en una habitación seríamos dos adultos simplificando la pulpa de la situación por todo lo que yo he crecido y por todo lo que no haría falta ni qué hablar. Pero también creo que terminaríamos hablando. Porque todo lo haríamos más fácil. ¿Nos tomamos un Luigi Bosca? Sería la primera y la única pregunta que le haría. 

Las risas que me sacó el cementerio de Gmail. Todavía sigo sorprendida de mi caradurez, jaja. 

Menos mal que crecí en muchos aspectos :) 

miércoles, 24 de febrero de 2021

Vos sos mi amor

 Mi sobrino es muy especial para mí. Creo que todo el que me conoce, lo sabe, y si no, se puede dar una idea cuando me escuchan hablar de él. Desde los quince años que quería ser tía de un varón y mágicamente ese deseo se me concedió con el primer bebé de la familia. El gordo nació en 2019, un día después de mi cumpleaños, y es más hermoso que todo lo que pude haber soñado algún día. 

Hace unos días, fui a dormir a su casa.  Al principio, no supe cómo iba a reaccionar si se quedaba durmiendo conmigo. Pensé que iba a llorar o que se iba a quejar porque no estaba su mamá (mi hermana tenía guardia esa noche) y estaba su marido en otro cuarto, que venía molido después de una tarde de cirugías así que no sabíamos con quién se iba a querer quedar. 

A modo de apoyo fuimos con mi madre y, llegado cierto momento, los únicos que quedamos despiertos éramos el nene y yo.  Sin embargo, el gordo se quedó plácidamente dormido después de un largo rato de dar vueltas y vueltas y vueltas.

 ¿Dónde se rindió al sueño? Arriba mío. Literalmente arriba mío, aunque tenía todo el resto de la cama grande para despatarrarse. Sí, toda la noche de ese día mi sobri se durmió sobre mi cuerpo. La cabeza, sobre mi cara. Una mano, a la altura de mi oreja, y una pierna, montada al costado de mi cuerpo. 

Mi hermana, cuando llegó de la guardia, vió ese cuadro y nos sacó una foto a los dos durmiendo despatarrados y juntos.   Decir que morí de amor es redundar, pese a que al otro día me levanté dura. Dormimos toda la noche así, pegoteados, y cuando se levantó y me vió, sonrió y se quedó tomando la mamadera conmigo. 

Pura ternura. 

Lo amo más que a nadie en el mundo. Y me hace sentir que siempre tengo motivos para sonreír, conectándome con la felicidad. No hay palabras para explicar mi gratitud frente a esto. 

martes, 23 de febrero de 2021

El tiempo necesario

Uno de mis más recientes descubrimientos es que para hacer un duelo como la gente necesitamos tener tiempo. Por extraño que parezca es algo de lo que nunca me había dado cuenta porque, la última vez que había necesitado duelar algo afectivamente hablando fue hace muchos años. Y mi vida, hace muchos años, no era ésta que es ahora.  Ahora trabajo, estoy batallando para terminar mi carrera y ando metiendo la nariz en algunas otras cosas a nivel formación profesional. 

Desde que me alejé de Galeno hace dos meses, debo admitir que no tuve tanto tiempo y, por otro lado, fui haciendo el duelo entre los espacios que me dejaba la Universidad, el trabajo, mi familia y las salidas de los findes y los pendientes académicos de los findes. ¿Si me dolió lo que pasó? Claro que sí, y llegué a un momento donde no encuentro respuestas a todo o, mejor dicho, que ya no se puede responder a todo: "y sí, es un bajón" porque me debo el empezar a pensar cómo reconstruir, qué se hace con ese bajón, cuánto puede servir al crecimiento personal.  Y esta es la parte más difícil de el duelo para mí. Encontrar el modo de volver a empezar. 

Lo malo de todo este asunto de capitalizar es que hay que conectarse con el dolor y eso lleva tiempo. Un tiempo que, ahora, porque estoy un poco más calmada, puedo empezar a encontrar pero que, al mismo tiempo, necesito para otras cosas. 

Hoy, de hecho, fue uno de los primeros días libres que tuve en bastante tiempo. Si bien venía de vacaciones de la oficina hace unos días atrás, fueron intensos, porque continúo estudiando en verano. Y, entre los ejercicios que me mandan, las actividades, todo lo nuevo para absorber, quedo frita. Sin embargo, una parte de mí necesita ser humana. Y, hoy por hoy, una parte de esa humanidad está realmente inundada de dolor. Más allá de que por otro lado estoy bien, y tengo miles de cosas por las cuales dar gracias y por las cuales seguir y por las cuales construir ante la llegada de un mañana. 

No tengo problemas con la llegada del futuro. Lo espero con gratitud y esperanza. Ansío que me traiga muchas cosas muy lindas para disfrutar. Sólo que ahora, hoy por hoy, no sé cuánto tiempo más o menos preciso para ser humana y capitalizar este dolor que, pese a todo lo bueno, también creo lógico sentir.

 Es extraño pero sí, me cuesta permitirme sentir dolor, es algo que si bien resulta inevitable, me cuesta. Pero quiero hacerlo, bah, me debo el hacerlo, así el día donde ese futuro me encuentre y donde las oportunidades de hacerlo realidad se presenten, yo ya esté sanada. 

Porque ahora, pura y exclusivamente, estoy en camino. Tomándome el tiempo necesario. 

lunes, 22 de febrero de 2021

Inflación literaria

Como suele suceder cuando tengo que preparar exámenes finales, busco libros que realmente me hacen falta para estudiar por la web; libros que no consigo y que es necesario tener leídos y leídos bien, para aprobar. ¿Saben qué me apena, cuando me pongo a mirar? ¡Qué los libros estén tan caros! ¿Se dieron cuenta de que están especialmente caros actualmente? 

Esta de la que hablo es una materia que abarca muchos clásicos de los cuales hay algunos que son de dominio público, pero también, muchos otros que no. De todos los títulos que me dieron, además de los apuntes obligatorios de la teoría, -y sacando uno que tenía previamente- ya compré cuatro libros específicos y , ahora, voy por el quinto. 

El otro día, comentándole a mi madre que tenía que hacer este gasto - casi $2000,00 por un libro de 200 páginas - le explicaba que no hay relación entre lo que cuesta ganar ese dinero, entre el precio del libro y entre lo que yo tardo en leer... Teniendo en cuenta, además, que si es para un examen leo muchísimo más rápido de lo normal, porque estoy bajo la presión de tener todo listo ante una fecha determinada. Me sorprende eso porque, si bien por un lado no comprás muchas cosas con casi $2000, por otro, sí simbolizan todavía algo de valor real.  

 No obstante esto, lo necesito para estudiar y no lo consigo en ningún otro formato, así que en cuanto sea posible lo encargaré. Lo bueno es que cuando son varios libros caros algunas librerías tienen promociones con tarjeta de crédito y eso me oxigena un poco el panorama, aunque eso lo hago cuando me suelo comprar dos o tres títulos juntos. 

Voy a ver qué puedo hacer con esto. Tenía muchas ganas de comprarme algo de Literatura Rusa para leer cuando termine de estudiar en verano... pero no sé. Por suerte el que me gustó para lectura personal sale la mitad de lo que cuesta el de lectura académica.

  Que conste en actas que la versión de casi $2000,00 es la más barata que conseguí. He visto que pedían $4000,00 por ese mismo título. 

Jesús. 

domingo, 21 de febrero de 2021

Piropos

 Hoy mi papá casi se agarra a trompadas en la calle con un tipo porque me miró la cola y me hizo señas de que me suba a su auto. Obvio, antes de que lo vea mi viejo, yo ya lo había insultado y hecho un gesto con el dedito para arriba, articulando una puteada y un gesto de qué mierda estás diciendo. 

Ay, cuando mi papá se dió cuenta que se había desubicado, para qué. 

- ¡Pero qué hacés, qué le estás diciendo a mi hija! ¿Qué le miras el culo a mi hija, pancho, te voy a bajar todos los dientes qué le estás haciendo señas! - le dijo, en veinte segundos - Ojo con lo que haces, jopito - le dijo, porque el flaco tenía un jopo muy grasa teñido de rubio. 

- Basta, papá. En serio. Por favor. No me hagas pasar vergüenza. Ya me defendí. Lo puteé. Listo. Fin del tema. Por favor. Sigamos. Y vos flaco, andate de acá, que encima de pajero sos provocador. Borrate y no te hagas el boludo con las minas. 

Y el otro desubicado ahí que se quería ir a las manos... Por suerte no paso nada peor. Fue un desastre que después nos terminó dando risa, ya que yo empecé a imitar a mí papá en modo hereje y el se sentía avergonzado. 

Pero bueno, digamos que entre mi reacción y la suya, al pelotudo ese no le va a quedar más ganas de hacerse el pícaro con nadie. 

Es la primera vez en veintiséis años que mi papá reacciona así con alguien en la calle que me falta el respeto. Hasta ahora nunca nadie había sido tan tarado de no darse cuenta que lo peor que le podés hacer a un papá de mujeres es precisamente esto. 

Obvio no le contamos a nadie en mi casa. Solo le pedí que nunca se pelee por mi con nadie más. "No puedo permitir que te falten el respeto, hija. Jamás lo voy a permitir mientras viva", me dijo.  

Uf. Este mundo machirulo en el toca vivir. Ojala cambie todo. Pronto.

sábado, 20 de febrero de 2021

 Casi las cuatro de la madrugada. No puedo dormir. Me encuentro mirando el techo con los ojos abiertos como platos. Escucho desde lejos la música de moda viniendo desde una fiesta clandestina. Me hago una sola pregunta. ¿Qué hacer con este insomnio? 

Miro la oscuridad de mi habitación, el techo oscuro y pienso y pienso y pienso. 

jueves, 18 de febrero de 2021

Tiranías

 Como ya he comentado hace algunas semanas atrás, estoy estudiando en verano aprovechando algunas ofertas novedosas en mi Universidad. Y siendo la tercera semana de un curso intensivo que dura siete, con clases todos los días, me surgieron algunos interrogantes. Van por el costado humano, no académico. 

Tengo una profesora en particular que es insufrible. Nos reta si no leemos, nos reta si no prendemos la cámara y nos reta, básicamente, porque dice que "a la facultad no se va a estudiar así". 

Bueno, ¿cómo decirlo, no? Desde el punto de vista de que la educación para la vieja aplastada ésta sea un reto, estamos encarando mal toda la ecuación (y no precisamente la contable...). En mi caso, por ejemplo, yo no tengo cámara disponible. La de mi computadora portátil se rompió y por ahora no tengo dinero suficiente para comprarme una computadora nueva. Se lo aclaré, aunque en general siempre que se queja, y de mi lado, ni loca me hago cargo de su enojo. Te repite que no vamos a durar en la Universidad con esa actitud y me río del otro lado de la pantalla, pensando que esta vieja es un rancio dinosaurio. 

 ¿Cómo es que me estoy por recibir de una carrera universitaria donde usé siempre la misma compu y ahora esta vieja viene a decir que en la Universidad no se estudia así? Se estudia lo mejor que se puede en la facultad, señora, quisiera decirle... y a veces, tardás un poco en acomodarte a los inconvenientes (como por ejemplo, que ahora sea todo virtual y tengas que pensar en cambiar la PC cuando se sabe que es un instrumento muy costoso y un gasto que, por lo menos yo, necesito planificar a mediano plazo). 

Desde el punto de vista académico, tampoco me cierra la idea del reto como mensaje que construye el mito de que la universidad es una picadora de carne. A veces uno no llega a leer, pero eso no quiere decir que sea siempre así, que jamás lea y que no estudie, o que vaya a ir por toda la carrera sin leer (básicamente, porque no podés avanzar ni un parcial sin estudiar).  En mi caso, por ejemplo, leo todo lo que puedo y reconozco que a veces no es suficiente, pero trato de exprimir al máximo el tiempo con el que cuento.  Mientras hago este curso, que consta de tres sub-asignaturas diferentes, también trabajo semipresencialmente y estoy escribiendo e investigando para una monografía de Literatura Inglesa. En la semana, cuando termino de trabajar y estudiar son más de las diez de la noche. ¿Qué hago, entonces, cuando termino de trabajar y antes de conectarme a la clase? Estudio, hago las actividades, adelanto tarea para los días siguientes que quizá veo mas complejos, organizo la semana, voy a pagar cuentas, voy a hacer la compra del supermercado para mi casa, etc. De otra manera, llega el fin de semana y a mí no me dan las manos para hacer todo lo que me podría quedar pendiente. 

¿La vida que esta vieja imagina que cada uno tiene es muy diferente, verdad? 

 Hay algo que jamás entenderé de la gente a la cual le ha ido bien en lo profesional y disfruta de una buena vida gracias a ello; y es el hecho de retar y de maltratar a la gente. Yo lo pienso llanamente y me digo que en el mundo en el que vivimos, y la sociedad para la cual nos estamos formando, pasan cosas tan aberrantes que estudiar es un lujo que pocas personas - lamentablemente - se pueden dar. Que hay tanta pobreza, hambre, y carencias de todo tipo, que el solo hecho de ir y comprar tus apuntes, tomarte un café mientras te conectas y haces tus actividades entre semana, reviste un enorme privilegio, casi una utopía en el mundo moderno. 

Una escena, a modo ilustrativo, que gráfica mi indignación: hoy mismo ví a mi padre llegar tapado de polvo de cerámicas de trabajar. Me acordé de la vieja aplastada que, sabía, iba a quejarse como todas las semanas cuando me preguntó qué tal estaba y le dije que bien. No sé por qué cuando ví así a mi papá me dije que la vieja jamás sabrá que cuando mi papá se enteró que yo iba a empezar este curso y me había comprado todos los libros - pero me faltaba un elemento que me lo iba a comprar el mes siguiente -  juntó la plata y me lo regaló como muestra de amor y de apoyo hacia mí y hacia mi voluntad de seguir adelante y de apostar y volver a apostar al estudio. 

En general, más allá de mi situación, esto lo sostengo porque no avalo una educación que sea así, tirana. No la aguanto. No es la educación argentina universitaria que tanto me enorgullece y que tanto agradezco poder aprovechar. 

Cuando ves que todos tus alumnos trabajan, tienen hijos y no tienen dieciocho años, es decir, que se tienen que mantener, pagar un alquiler y que, encima, se suman al desafío de estudiar para progresar, ¿los vas a retar si un día no leen, o si no prenden la cámara? ¿Qué quiero decir con esto? Que yo como docente no le regalaría nada a nadie, pero sí, les daría palabras fortalecedoras antes que retos y quejas constantes y le pondría lo mejor para enseñar; o, si no salen esas palabras, arrancaría con mi clase sin darle clases de vida o moral a nadie. 


miércoles, 17 de febrero de 2021

El lindo desafío

Tu vida es una determinada cantidad de circunstancias, capítulos, fascículos que se van haciendo parte de un gran engranaje. Tanto así que, sin haberlo esperado jamás, un día te encontrás tratando de entender a fondo cosas que no imaginabas.  Y es un lindo desafío. 

martes, 16 de febrero de 2021

De paseo conmigo

 Hoy me levanté y me dió ganas de salir a pasear pero, por diferentes motivos, nadie podía acompañarme, ni mi familia ni mis amigos... así que me fui sola.  La verdad es que cuando suceden estas cosas no me hago mucho problema. Yo soy una persona que disfruto mucho de la soledad, realmente. Que siempre busco un momento para mí, desconectada de todo, y que si no lo tengo, me hace mucha falta. 

Cuando pienso en la soledad, no me imagino estar sin alguien en el sentido estricto, sino que a mí se me representa como la sensación independientemente a si estás con alguien o no. Me ha pasado de estar rodeada de gente y sintiéndome muy sola, como también, me pasa que cuando estoy conmigo misma, me siento super bien. 

Mi psico siempre me dice que tengo una comodidad enorme con la soledad, que jamás me canso de ella, y es cierto. Desde hace años yo tenía una deuda, a nivel personal, que residía en el saber y aprender a compartir, y creo que si bien me he puesto bastante al día con todo eso, siempre vuelvo a la soledad de ese rato conmigo.  Creo que es maravilloso, además de sano, y lo disfruto como pocas cosas en mi vida. 

Hoy, por suerte, tuve la posibilidad de dar un paseo sola, o conmigo misma, para despejar mi mente y, como quien dice, calibrarme. Resultó bien. El estrés me venía teniendo hasta el viernes pasado bastante desencajada a nivel interior y lo único que precisaba era tiempo para procesar información con mi mente y ordenarme. 

Creo que, sin exagerar, esto también tiene mucho que ver con el amor propio. 



lunes, 15 de febrero de 2021

Agradecer

 A veces miro a mi alrededor y no puedo evitar sentirme agradecida. Lo admito. Y eso que no tengo la vida perfecta, ni todo es soñado, pero debo reconocer que hay determinados momentos donde no puedo menos que sentirme en un costado afortunado del mundo y eso me hace sentir llena de gratitud. 

Con los años, he aprendido el valor de todo lo que tengo. Si bien siempre estuvo presente en mi la noción de oportunidad por estar viva, todo esto se expandió a medida que fui creciendo. Al día de hoy, valoro todo, por más pequeño que sea, quizá porque siempre aprendo algo respecto al esfuerzo que conlleva y eso me hace sentir bien conmigo misma. Agradecer me hace tener los pies en la tierra, me ayuda a empatizar con las personas que tengo al lado y, además, me ayuda a mantener el norte para seguir trabajando por todo lo que sueño. 

Creo que agradecer todo lo que la vida nos dá, todas las oportunidades, todas las circunstancias, no tiene por qué tener base ni en el miedo ni en la carencia. Para mí, no hace falta agradecer desde el miedo a perder o desde el decir "lo que antes me faltaba, hoy lo tengo". Para mí se agradece todo, porque sí, por el solo hecho de estar cuando, en su lugar, otra podría ser la circunstancia.

Cuando en mi vida fueron pasando los años y fui viendo el desarrollo de la vida de gente que yo, cuando era pequeña, creía que era mil veces mejor, empecé a agradecer que mis padres siempre hubieran sido tan coherentes con mi educación. Que me habían dado unas herramientas muy buenas y que me habían trasladado valores que si bien no me hacían nunca la chica cool, en realidad, eran muy útiles para insistir por una buena vida.  También me alegré de tener a dos personas cerca, como fueron mis hermanas, que me sirvieron de ejemplo sobre lo que quería o no quería ver reflejado en mi vida.  Todavía hoy, en algún punto, cada decisión que tomo es novedosa para mi familia porque es un poco como haber nacido en esta casa para hacer otras reglas (creo que esto recién comienza...). No obstante eso, no me siento mal por ser bastante distinta a ellas dos, sino que me aman siendo como realmente soy y es bueno tener a alguien con quien contar. 

Sí, yo agradezco todo. Aún las cosas más pequeñas. Quizá a alguien que lea esto y no me conozca le pueda parecer una estupidez, pero para mí, que sé de lo que hablo, que viví esto que escribo, no es ninguna charlita motivacional. 

Hoy en día mi vida adulta tiene ciertas incertidumbres. Y hago todo de mí para encontrarles un camino correcto por donde dejarlas transcurrir. Cuento mucho con mi familia para eso. Me apoyo en ellos. Y trato de ser lo suficientemente fuerte para que ellos puedan contar conmigo. 

Pensé mucho, especialmente desde que me separé de Galeno, el tipo de vínculo que quiero en lo afectivo. Creo que me hice preguntas que jamás me había hecho. Y me di cuenta de algo lindo, que me parece mágico dado que jamás creí que lo desearía, y es el hecho de que ya no quiero correr de todos los compromisos. Al contrario. Creo que quiero asumirlos, que me siento lista para eso. 

Quizá, hasta antes de esta última experiencia, yo no me imaginaba teniendo una relación seria con alguien, con proyectos más a largo plazo; e incluso la idea de vivir en pareja me parecía amenazante... Pero ahora nada de eso es así.  Lo quisiera, si es que conozco una persona con la que me una algo genuino, ya no volvería a escaparle a esto. Al contrario, creo que me la jugaría. 

Es que, todo lo que antes me daba pánico y alergia, entendí que no es nada del otro mundo, que está bueno, siempre y cuando, pueda hacer mi propia versión (que, en definitiva, es lo que hago con todo lo que llega a mi vida, lo adapto a lo que realmente deseo y a cómo vivo). 

Supongo que la clave está en sentirte a gusto con el otro y que el otro realmente quiera estar con vos, porque sé que todo lo demás se va dando solo. Y eso es a lo que aspiro a partir de ahora: una persona que esté en mi misma frecuencia, con el que manejemos el mismo timing.  De hecho, considero que si la suerte me acompaña, y el Correo Argentino del amor despacha un paquete como la gente, no tendría inconveniente en vivir una historia.  

 Agradecida estoy, también, del camino recorrido hasta ahora. Probablemente, de otra manera, si me quedaba en mi castillito de hielo, en mi montaña, no tendría estos descubrimientos entre mis manos. 

viernes, 12 de febrero de 2021

Actualización ...

 sobre la monografía de Literatura Inglesa. 

Luego de mi momento de desesperación me comuniqué con otra chica que la había rendido hacía poco, también en un contexto de pandemia. Eso me tranquilizo porque me explicó que no se manejaban con esa fecha. Luego, por milagro del cielo, me respondió la Jefa de Cátedra a la que le había escrito casi una semana antes, precisamente, para preguntarle por la fecha y por las pautas de examen en pandemia; y me confirmó ese dato de capital importancia.   Así las cosas que la monografia de hipótesis personal, en mi caso, la de rastrear los rasgos de la estética barroca en dos obras -de teatro- de la literatura inglesa, (comparándola además con la ruptura que representa respecto del teatro isabelino); se entrega finalmente con dos semanas de anticipación, pero en otra fecha distinta a la que dijo el chico en el grupo de la Universidad. 

Yo ya me imaginaba sin dormir, buscando como una enloquecida rasgos barrocos y releyendo cada escena de las obras de teatro que elegí, para poder demostrar mi hipótesis de trabajo académico. Por suerte puedo hacerla de otra forma, con un poco más de calma, y no contra las agujas del reloj. 

Sobre otros temas, hoy trabajé presencialmente en la oficina y tuve clase hasta las 22.00 hs. En la oficina fue una jornada agotadora porque tuve que dejar un montón de trabajo preparado con antelación. Y, al mismo tiempo, eso hizo que el día se me pasara re contra volando.  Recién a la tarde, casi cuando me iba, vino uno de los jefes de sector a saludarme y a charlar conmigo . Con él nos llevamos bien desde el primer día y somos compinches en lo personal, que a veces, gira hacia lo interpersonal. Me alegró verlo, la verdad, y noté que se puso contento. Charlamos mucho, nos reímos bastante  y me ayudó a cortar el terrible estrés con el que cargaba. 

Sobre él en particular, considero que si otras fueran sus circunstancias sentimentales, le hubiera aceptado una cita. Si lo hubiese conocido soltero, me refiero. Y creo también que siempre le oculté que me gustaba su forma de ser y de tratarme porque estaba en pareja, como una manera de mantener los modos y la distancia necesaria ya que él me confesó - un día, antes de conocer a Galeno - que yo le gustaba mucho (aunque asumía haber llegado tarde a mi vida y no quería traerme problemas, así que entendía mi posición de ofrecerle una amistad sincera). Desde ese momento, quedamos como muy buenos amigos y, cada uno en su relación, fue respetuoso y fiel a sus principios. Pero por lo menos considero que está bueno compartir esos momentos de charla y complicidad.  Él sigue casado con sus hijos y yo, sigo anhelando una persona que realmente me pueda dar todo lo que merezco, inclusive, obviamente, el primer lugar. 

miércoles, 10 de febrero de 2021

Aviso parroquial II

 Que alguien le avise a Galeno que los likes que me deja no se sacan a los días. Que si se arrepintió yo no me quería enterar, básicamente, porque por esa misma razón no le miro absolutamente nada desde el 19 de diciembre del 2020.  Si le dice, además, que esto de poner o dejar tampoco entra en el duelo de dos personas que se separaron hace un mes y medio, estaría diez puntos. Y, de paso, re agradecería si alguien le dice que estoy haciendo un gran esfuerzo para estar bien y no demonizarlo, ya que quizá así se abstiene de estas señales gatafloriles que me hacen las cosas más difíciles, aunque para otros puedan ser pavadas. Para mí es el recordatorio de una persona a la que esperé diez meses y nunca vino. La misma que me decía que obvio nos íbamos a volver a ver. 

Nada, eso. Es un humilde pedido a quien sea que lo esté escuchando en algún lugar del Universo. 

Mil gracias. 

A todo ritmo...

 Leo un mensaje en un grupo de estudio de mi Universidad: 

"Chicos: ¿alguien sabría decirme si la fecha límite para la entrega de la monografía de Literatura Inglesa es el 14 de febrero? ", dice. 

Yo tengo que dar ese mismo examen así que presto atención. "¿No era con una semana de anticipación?", me pregunto rápidamente. "¿Cuándo es 14/02?", me digo, desesperada. Y ahí caigo. 

Me doy cuenta que no tengo tiempo para hacer la monografía. Que tengo clases hoy, mañana y el viernes hasta las 22.00 hs , al margen del trabajo, y que la monografía la tendría que presentar el lunes.  

¿Por qué será que pensé que era una semana, como todas las otras materias, entonces me tranquilizó la idea de hacerla en vacaciones? 

Querer cortarme los dedos, es poco.  No sé cómo, pero ese trabajo, lo tengo que presentar sí o sí. 

Me tomo cinco segundos escribiendo acá para no colapsar. Tengo que aclarar la mente y especular con el tiempo para buscarle el modo, eso sí. Hay cosas ya hechas y otras que tengo cosas por hacer de ese trabajo. Tengo las obras compradas para releer. Y tengo todos los artículos críticos para hilar los temas.  Bien. 

Necesito tiempo para hacerla, nada más, y eso es justamente lo que no encuentro. ¿Alguna idea o consejo para trabajar contrarreloj? Jamás lo hago, a decir verdad, soy muy organizada con la facultad especialmente desde que también trabajo, porque si no, no llego con nada... Juro que no puedo creer cómo no ví esto. 

En fin, dejo de desesperarme porque tengo que seguir trabajando. 

(Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaay)


martes, 9 de febrero de 2021

Fachada

 Hace un tiempo muy breve, casi después de separarme de Galeno, me escribió un flaco en redes. Es de mi ciudad, me saludó por mi cumpleaños por una cuestión de conocidos en común y empezamos a hablar. Muy tranquilo todo, cada uno por su lado, seguimos en esa. Unos años más grande pero más joven que Galeno, lo mantuve ahí, sin muchas ganas de profundizar. 

Ayer a la madrugada tuvimos una conversación un poco más significativa. Me contó algunas de sus experiencias sexuales más extrañas, o las propuestas más extrañas hechas por mujeres, a lo que yo le contesté que en comparación era aburrida, casi pasada de moda, ya que mis miramientos eran otros. Le dije la verdad, es decir, cómo entiendo las relaciones humanas y sexuales más allá de los miramientos de mi generación.  Me contestó que yo no era aburrida, que era buena, como si eso invalidara que fuera capaz de disfrutar y me ofreció mimos y mates a la mañana. Aun mismo seas buena se pueden producir buenos encuentros, lo importante es que no seas Susanita me dijo.  Seguimos hablando un rato más, hasta que me dí media vuelta, tiré el celular sobre la mesa de luz, y me dormí. "¿¿Quién quisiera ser Susanita con vos, idiota?", pensé. 

Qué importante es que te toque en suerte una persona buena en el camino, que realmente se tome el trabajo de conocerte, de estar presente y de dedicarse a apreciar lo singular.  Yo soy una persona empática y, claramente, si me tuviera que acostar con alguien nuevo, lo haría en el mismo modo en que vivo. Con empatía, donde me conecte algo, si no, por fisiología, no lo haría en este momento a decir verdad. Y eso no implica que me quiera casar, aunque sí implica que no me dejaría manosear por el primer estúpido que se me cruce.  Hay quienes aceptan ese convenio y hay quienes no. Pero prefiero seguir siendo buena, o al menos seguir buscando en el sexo algo más íntimo de lo que se lo considera hoy en día. 

La pregunta que me hago a raíz de esta charla, según los parámetros que maneja este tipo, es ¿por qué será que la gente le tiene tanto rechazo al amor, a los sentimientos, al dejarse ver en verdad? No sé. La verdad él en si no me interesa mucho, pero menos me interesa este mambo moderno de relaciones sin etiqueta porque te dan alergia cuando te pones la remera. 

Para mí, la única etiqueta posible, son los gestos. 

lunes, 8 de febrero de 2021

Podcasts

El otro día, mientras viajaba en colectivo hacia la oficina, estaba escuchando un podcast de una astróloga e influencer muy conocida llamada Mia Astral. La verdad es que no solía estar mucho en el tema de escuchar estos episodios, hasta que me suscribí a la modalidad más completa de Spotify. Todo ocurrió porque la aplicación que reproducía música en mi celular se retiró y no me quedó remedio, pero como quien no quiere la cosa, la experiencia de escuchar charlas sobre cosas diferentes me resultó un gran entretenimiento y, más allá de eso, me sumó. 

En uno de los episodios, Mía Astral planteó algo que se puede traducir con el concepto de presentarse, estar presentes, el cual tiene su origen en el yoga. Ella explicaba, justamente, que parte del estar presente en su día se resumía en acercarse a su colchoneta de yoga y disponerse a sentir; admitiendo, claro, que no siempre se está bien pero sí siempre se puede estar presente dentro de ese momento de desánimo, preocupación, etc. Para Mía presentarse es estar presente, sintiendo el momento, con todo lo que eso represente, aunque a veces no estemos al cien. 

Esto me resonó mucho con todo lo que estoy viviendo actualmente. El episodio siguió, obvio, pero me quedé en eso para capitalizarlo. Si bien tiendo a poner en duda los discursos, porque así pienso intelectualmente, en éste caso creo que es verdaderamente cierto esto de estar presente porque de nada me valdría esconderme debajo de la cama ante la tristeza. Hay que presentarse a la vida, a lo que sentimos, aunque a veces no estemos tan bien como queramos. 

Creería que estoy aprendiendo algunas lecciones con este duelo. Una de ellas tiene que ver con el hacer cambios y hacer duelos por esos cambios, sabiendo que implica también estar presente y hacerse cargo de lo que estamos eligiendo vivir (siendo que hay un porcentaje en la vida, entre todas las cosas, que todavía podemos elegir). 

Veremos qué más puedo encontrar en el mundillo de los podcasts.  Les contaré al respecto si hay algo que me haga ruido en el buen sentido y, si quieren, también acepto recomendaciones ya que recién me inicio en esta modalidad de escucha. 

Espero que tengan una linda semana :)

sábado, 6 de febrero de 2021

Final de la semana 1

 Estos días fueron cansadores al punto de querer llorar porque tenía sueño. Si. Así como se lee. Llorar de sueño porque se me bloqueaba la cabeza y tardaba dos años para hacer algunas cosas que acostumbro a hacer rápido. 

Trabajé en casa, pero fui más días a la oficina de lo normal. Estoy cubriendo vacaciones, por lo que tengo muchas responsabilidades extras. Tengo clases en la Uni todos los días hasta las diez de la noche, durante algún tiempo. 

Y claro, me re contra cansé. Casi que me fundo. Pero eso sí: cumplí con todo al menos por esta semana. Y estoy contenta por eso. 

Casi siempre soy una persona super voluntariosa. Y no, no lo digo por mandarme la parte. Para mí la voluntad es el mayor capital con el que cuento , lo mejor que puedo poner de mi. Por eso, le pongo voluntad a todo lo que hago. Pero cuando me pasa esto de llegar a un punto de ocupaciones tales que me agotan la voluntad, y eso me hace saltar las alarmas. 

Hoy cuando termine mi clase a las diez pasaditas de la noche, luego de haber madrugado para ir hasta CABA a la oficina, de haber tenido un día muy áspero en el laburo, de haber salido y pasado por la farmacia y retirado algunos bultos y de haber llegado a casa corriendo para conectarme, me dije: "tengo un vino sin abrir y este es el momento para hacerlo". 

Me serví, lo tomé y baje. 

Estoy feliz por todo mi esfuerzo, se que es por algo que deseaba, que soy privilegiada por tener oportunidades que me ayuden a progresar y contar con el apoyo de mi familia y de mis amigos. Solo que a veces el cansancio nos supera y nos olvidamos. Yo no me quiero olvidar. Por eso escribo. 

Que tengan lindo finde, les dejo un abrazo gigante. 

Espero volver a escribirles con muchas más horas de sueño en mi haber. :) 

martes, 2 de febrero de 2021

Semana 1

 Pauso en el home office mientras me tomo un café para poder seguir con el día. Literalmente, estoy como una momia re-calculando frente a la computadora y eso que estamos a martes.  Hace mucho tiempo, quizá desde antes de la pandemia, que no me sentía tan cansada. 

Empecé con cuestiones académicas intensivas y, junto al laburo, me convertí en una bola de cansancio. Más de diez horas frente a una computadora era algo que habia olvidado cómo se sentía. Y esto que estoy haciendo en la Universidad es todos los días clases de cuatro horas, después de la oficina... así que en el horizonte veo mucho café. Mucho. 

Después de un año tan trabado en todo, es hora de ponerme de nuevo en ritmo con la universidad, y quizá el hecho de que todavía no sea presencial hace que me anote en materias que, de otra manera, hubieran sido un problema para mí - por mis horarios laborales y de cursada -, entonces, claro... Veo una hendija y la hago puerta, a esta altura. 

Sacarle el jugo a la pandemia es, básicamente, pensar "maaa siiiii", también en lo académico. Hoy puedo cursar, hoy puedo estudiar, hoy puedo hacerlo. 

Así que acá ando. Café en mano.  Me voy a seguir trabajando. 

Que sea un lindo día para ustedes

Nos leemos :)