Creo que elegir no demonizarlo fue una decisión muy sabia. Digo, porque no vale la pena y porque sólo puede hacerme más daño. ¿Y para qué más daño, no? ¿Con qué finalidad? Lo considero innecesario. Corté esa relación porque estaba empezando a ser infeliz y ¿me voy a hacer daño recordándola? Creo que no. Hice lo que debía hacer y ya está.
Lo que pasó con nosotros no se puede cambiar. Nada de lo que haga yo o haga él, cada uno en su provincia, podría cambiar el curso que han tomado los acontecimientos. Esta historia se contó a través de mucho tiempo, hasta que un día llegó al final.
Hoy por hoy vivo esta etapa pensando que voy a poder salir victoriosa, aunque a veces sienta que Galeno me dejó una partida de dados ya lanzada sobre un tapete. Puedo usar esos dados para revoleárselos al primero que se me acerque, o bien, puedo meterlos dentro de mis manos ahuecadas, sacudir y ver qué sale. Yo prefiero sacudir y ver qué toca esta vez.
En el celular me saltaron los recuerdos - mil gracias Google Fotos - de las últimas vacaciones consigo. Miré el paisaje, los lugares donde fuimos juntos, y todo me pareció propio de otra persona. ¿Cómo es que ya no siento que estas vivencias me pertenezcan? Es raro el olvido. Para mí, por lo menos, esta vez está siendo muy raro. Sé que estuve ahí, sé que disfruté, sé que nos despedimos a los besos en en Aeropuerto de la Provincia de ***, pero creo que después pasaron cosas tan fuertes en las vidas de todos que... no sé... creo, siendo muy honesta, que ese sentimiento perdió toda su fuerza, de a poco, y acabó muriéndose. Que la vida y el nuevo mundo en el que vivimos se lo llevó puesto totalmente.
Me sorprende eso de este despegue, porque podría intentar explicar cómo fue que lo empecé a querer pero desconozco cómo fue que lo dejé de querer, digo, cómo hice eso, cómo mi cabeza y mi cuerpo hicieron eso que me sorprende hasta a mí.
Hoy en día entiendo que a Galeno lo dejé de querer con el tiempo, de a poco, me fui alejando de los deseos y los proyectos. Fue una acumulación de actitudes incorrectas, de las cuales no quería absorber nada para mi vida personal. Y creo que también fue, por extraño que parezca, un poco de aburrimiento sobre las perspectivas que esa relación me podía dar.
Durante la pandemia fui perdiendo las ganas, la paciencia, y la empatía consigo. Creo que la única razón por la cual hice eso es por sentir algo que al día de hoy no consigo explicar, que fue tan fuerte y sigue siendo tan fuerte, al punto de sostenerme hoy por hoy. No sé si sentí que "no iba por ahí", que "quería otra cosa" o que "su cometido estaba cumplido para mi vida", pero lo cierto es que un día me levanté y yo sabía que tenía que dejarlo. Que las cosas no iban más, y que, a fin de cuentas, si había llegado a ese punto de hastío no merecía la pena que volviéramos a vernos.
Lo que más me llama la atención respecto de ésto es que él fue una persona que compartió muchas cosas que para mí eran nuevas, que nos dejamos enseñanzas lindas, que rompimos nuestros límites, que nos animamos (lo que no es poco), y sin embargo, hubo algo en mí que se rompió de todos modos. Pero también sé que hubo otro algo, sin dudas, que en otro momento de mi vida me dolió más, muchísimo más, y creo que eso hizo que de allí para abajo todos los pormenores se vayan acomodando de otra manera.
Me seguiré estudiando internamente a ver qué tal todo.
