domingo, 29 de noviembre de 2015

Resultados

A final, esa madrugada de la semana pasada, me acosté a las dos. Todavía me faltaban ajustar ciertas cosas que, sentía, me iban a tomar. No sé cómo sucede pero algunas veces tengo una especie de latencia respecto a temas que sé, indefectiblemente, preguntaran. No obstante, si esa latencia desaparece, rastreo modelos de examen de cuanta fuente confiable pueda conseguir. Eso me ayuda a orientarme sobre los temas que son recurrentes en diferentes modelos. Es una estrategia que, teniendo bases confiables, recomiendo como para repasar en caso de que haga falta - como me sucede a mi - una vez que le dí una leía general a todo el material. 

Así todo que habiendo dormido solo tres horas, cuando me levanté para hacerlo por vez definitiva, a eso de las seis y media, me interné en la ducha y me dí un baño rápido. Necesitaba encarar el día atenta, porque no me siento cómoda saliendo a la calle adormilada. Nunca me pasó de dormir tan poco en una semana, día tras día, y a la vez, de tener tan pocas resistencias para soportarlo como sucedió hace unos días. Sin embargo... todo tuvo un aliciente de primera: mi papá me habrá visto más cerca de la cama que del aula, por lo cual, me pagó un taxi-remis hasta la facultad para que pueda irme en paz. <<Estás muy cansada >> me dijo, y me lo ofreció. Lo rechacé y al rato, mientras miraba mi delay y mi apuro a la vez, insistió agarrando el teléfono con la otra mano... Estaba tan agotada que aunque la mañana era una plenitud solar no pude más que agradecerle y aceptarlo sin sentirme avergonzada en la medida que me fue posible. Me redujo mucho el estrés y tuve tiempo de seguir estudiando en el bar, antes de entrar a rendir. 

En el examen me fue bien; está aprobado y eso simbolizó un respiro enorme. Las latencias estaban bien ubicadas, porque la semejanza era total con modelos circulando por ahí. Lo otro que me mantenía en vilo llegó a las manos de la docente que me recibió con una calidez insospechada, aludiend  que de seguro no iba a andar nada mal en mi trabajo.  Cosas que, entre la ansiedad, la angustia por no llegar y el cansancio, son de un valor enorme para mí. Me hacen sentir que todo mi esfuerzo es en cierto modo, valorado por alguien, por algo, (Dios, Buda; pongámosle el nombre que cada uno desee) que me ayuda a salir adelante en estos momentos de agotamiento. 

En esencia, debía comentarles las novedades después de comentarles también los conflictos sobre el tema. Debo decir que agradezco profundamente al cielo los resultados. Y, no siendo menos, agradezco mucho sus palabras de afecto en estas épocas que a todos se nos hacen algo cuesta arriba. 

¡Qué tengan muy buena semana!





jueves, 26 de noviembre de 2015

Para mantenerse en eje

Casi la una de la madrugada. Se está terminando mi último día de estudio oficial para parciales y tengo que reconocer que, si me siento a escribir, es porque también me siento abrumada. Estoy buscando un modo de descomprimir, antes de seguir leyendo. Quizá pienso que una crónica  de estos días me haría sentir un poco mejor, independientemente del resultado de mañana, a la hora de contabilizar mi esfuerzo. 

Cabe decir que desde que fui a votar para presidente no salgo de casa. Sí, quizá no sea demasiado normal, pero siempre una vueltita me doy. Padezco el estar encerrada haciendo todo el día lo mismo, más que nada, porque tengo una manera de estudiar un poco cada día para evitar tener que castrarme la semana anterior. Las situaciones de estrés no las soporto bien, y la verdad, invierto tiempo en dosificarme las responsabilidades para llevarlas con paciencia y especialmente, con placer. Pero, es sabido, nunca se puede tener todo. Llega un punto en donde uno se encuentra inusualmente ajustado y tiene que ir en contra de sus hábitos de estudio, o de vida, a los que se acostumbró. 

Así, desde el sábado al mediodía mi semana se convirtió en un reducto de estudio que me encuentra con ganas de salir a correr una vuelta a la manzana a esta hora, porque quiero tirar todo al piso e irme a dormir. La realidad es que no estoy durmiendo tranquila, ni ordenadamente. Como con los apuntes a mi lado, ceno con los apuntes a mi lado, tomo mate con los apuntes a mi lado y la vida sigue pasando, con los apuntes a mi lado. 

No, no es una mera manera de decir sino que viví así estos últimos días y estoy muy muy cansada. No hice otra cosa que leer, básicamente, tomándome algunos recreos. Y a la vez, entre este agotamiento general, lo único que me digo es que hice cuanto me fue posible desde cuando me senté en la silla el primer día hasta hoy, para hacer en una semana lo que estaba destinada a hacerse en dos. Desde hace un tiempo me viene costando mucho estudiar, pero no me cansé de ponerme los anteojos y seguir. Es cansancio, lo sé, y a la vez sé que la facultad es voluntad... Como elegí esto con amor, trato de relajarme... Pienso en que absolutamente nadie me mete presión, sino que todos están muy contentos con mi rendimiento, más soy yo quien quiere cumplir el objetivo, pese a casi todo. Este casi, este límite, es lo que me hace frenar y pensar que, definitivamente, un examen mal dado y una materia perdida no es la muerte de nadie. Y que, definitivamente también, tengo muchas probabilidades de sacarme el cuatro que necesito, dejar de llorar como una niña, y ponerle el pecho a las balas como sé. Juro que en noches como hoy, el amor por la carrera y la fe en mi misma es lo único que me mueve. Lo único y al mismo tiempo, lo más importante, trascendiendo al examen de mañana. 

Anoche me dormí a las cuatro de madrugada y todos los días anteriores a las dos, después de haber estudiado un promedio de doce horas por día, un poco más un poco menos. Miré documentales, leí, gasté resaltadores, fibras y lapiceras; investigué para la entrega, hice seguimiento de cosas que en mi vida imaginé.  Pasé estar blanca como una nube a ojerosa y con bolsas dolorosas debajo de los ojos, se ve, porque mi cuerpo me empieza a poner pequeños puntos de resistencia limitada, a modo de alarma. 

Los efectos de lidiar con la entrega fueron los detonantes. Son entregas que me ocupan habitualmente una semana, dedicándome de lleno a ellas, porque son largas y piden varias cosas.  En este caso, la que me tocó hacer tenía un nivel de complejidad especial, y me hubiese ocupado más bien, un poco de tiempo más. A esto se le sumó un parcial para el mismo día. A esto, se le sumó el estrés y la ansiedad de terminar las cosas a tiempo. Así que si habitualmente me demoraba por si misma una semana, pero además debía preparar más de cien años de acontecimientos teóricos, todo me llevó a un punto de vértigo en donde no sé los límites de lo que sé, de lo que hice, o de cómo me irá. Y como no quiero estudiar todo el verano para rebatir la situación, aunque sé que soy tan testaruda como para hacerlo, porque de hecho, ese es mi plan B, me siento a escribir en la búsqueda de sacarme de encima toda esta maraña para poder seguir adelante, aunque me levante en dos horas, para seguir estudiando. No, no soy una obsesiva, pero me pongo especialmente obstinada cuando algo me pone nerviosa, para sacármelo de encima pronto.  De hecho, me considero alguien que disfruta el estudiar. 

 Lo que detesto es cuando empiezan a afianzarse en mí esa mezcla de ansiedad, angustia, cansancio, ganas de rendir, ganas de no perder la materia, y ganas de decir "sé"; porque sé que no hay voluntad suficiente. Hice malabares con las fechas de examen que se me amontonaron y el panorama me encuentra así, con las cosas igual de amontonadas; pero en todo esto sé que existe una constante: no tengo que perder de vista ni la confianza en mi misma, ni el amor por lo que estoy haciendo. 

¡Será hasta mañana!



lunes, 23 de noviembre de 2015

Edad mental

Con mi hermana mayor nos llevamos ocho años. Ella hace un par de meses que está conviviendo con su pareja de hace cuatro años, y yo, en realidad, suelo extrañarla más de lo que me animo a representarme en la mente. 

Nosotros somos unidas, es una realidad. Nos queremos mucho, mucho, mucho. Pero algo sucede a la hora de las confidencias que es realmente cómico: mi hermana todavía cree que sigo siendo su hermanita. Es más, cree que lo seguiré siendo el resto de su vida y por eso hay algunos tópicos que son imposibles de tocar sin que de su parte se desarrolle una etapa de total negación. ¡Es tan gracioso verla negarse, lo puedo asegurar!  Ella me asegura no querer saber nada, en lo absoluto. No es falta de interés en mi, me doy cuenta, sino que son celos y es divertidísimo verla celosa. 
Realmente, entre su pareja y yo, ayer, nos hacíamos un festín. 

- ¡No quiero saber si tenés novio, si no tenés, ni qué hacesssssss! - esgrimía. 
- Daleeeee, sabés que te lo contaría.... - provocaba yo. 
- ¡No quiero, no quiero saber nada, nada, nada! ¡Vos seguís siendo chica para mí!
- ¡Amor! - se quejaba mi cuñado - Tu hermana es toda una mujer, dejala en paz. 
- Ella es mi hermana, mía - insiste ella, mientras la peleo, para que se ría - Para mí no creció, en mi mente no creció. 
- Pero... Vos seguís creyendo que yo tengo ocho años... - la increpo. 
- ¡No! - se ríe - Para mí cumpliste hace poco los dieciocho - admite, riéndose también. 
- Vos tenés que tener en cuenta que, como cualquier persona, en algún momento yo voy a tener hijos, perro, y todas esas cosas - le dije, sólo para molestar. 
- ¡El día que me cuente que está embarazada me desmayo! - le dijo a mi mamá, abrumada siquiera ante la idea. 
- Ahora que encontré tu punto débil... - la miré, y lo miré a mi cuñado buscando complicidad - Te voy a llamar y te voy a contar todo, con lujo, lujo, de detalles - murmuré.  Y mi hermana volvió a operar con su evasión ante esta parte de la realidad. 
- Nosotros como médicos tenemos la obligación de que si tu hermana tiene sus dudas, nos pregunte. 
- ¡A vos, a vos que te pregunte, yo no quiero! - mi hermana hacía gesto con los brazos. Yo me reía. 
- Podés preguntarme a mí - suelta mi mamá - Además que vos... - empieza con sus habituales charlas de madre. 
- Bueno, bueno, bueno - las frené - No hace falte que pregunte, gente, haya paz, haya paz... 

En fin, un poco de pasiones familiares, asumiendo lo que es ser la más chica de la casa y, además - según se encargan de confesar todos - la indiscutible preferida. 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Vida de estudiante

Examino la entrega larguísima y compleja que tengo por delante, y me entran ganas de llorar.  <<Mierda, ¿cómo voy a hacer con todo? >> pienso, porque no es el único foco urgente para el que me tengo que abocar en tan poco tiempo. Sé que llorando no resuelvo nada, pero estoy muy cansada a esta altura del año después de perseguir arduamente el objetivo de cursar y regularizar siete materias. Sin embargo, creo que no tengo voluntad ni para lagrimas de cocodrilo y respiro hondo sabiendo que todo lo que implique estudiar una carrera universitaria es un acto de voluntad que conlleva además amor, y lo que muchos llaman vocación de hacer. 

Perseguí el objetivo de las materias feliz y sin correr,pero juro que llega noviembre y no resisto la presión con el temple que resistía todo en marzo. Intento por todos y cada uno de los medios ponerle buena voluntad, sonrisas, energía, concentración, pero el peso de haber estudiando casi ininterrumpidamente desde febrero a pocos días antes de Navidad, se me hace el cuento de nunca acabar. De verdad, valoro muchísimo el estudiar, me gusta lo que hago, pero hoy necesito hacer catarsis, porque estoy cansada y escasea el capital en mi reserva de voluntad. 

Sé que con quejarme tampoco resuelvo nada, que debería ponerme a seguir haciendo todo lo que tengo que hacer para la semana entrante, que para bien o para mal todo esto de aquí a siete días será historia, que pasará, que no es la muerte de nadie, que va a salir todo bien. Lo sé, me empapo en eso. Sé racionalmente que pasará, que tengo que mantenerme concentrada, manejar bien los tiempos y ser cauta. 

¿Qué hacer con el dolor de cabeza? ¿Y con el sueño? ¿Y con las ganas de irme a acostar? ¿Y con la sensación de que el tiempo se estira? ¿Y con no saber de dónde saber mi habitual empuje para todo lo que remita a la facultad, este año? Sé que ha sido el año más feliz para mí desde que terminé el secundario y no es poca cosa, lo repito: fue el año universitario más feliz de todos hasta ahora, tomé las decisiones correctas y no puedo dejar de agradecer por ello. 

Pero tampoco puedo negar que estoy cansada, y que no sé a pesar de que incluso la docente misma me dice que lo voy a hacer bien, por cómo vengo con la materia, tengo temor de que las cosas me salgan mal en la otra materia que descuidé por estar atenta a las otras dos. Hacer cuatro por cuatrimestre es, al menos en una carrera totalmente teórica como la mía, hacer malabares. 

Nunca pensé que era un rumor, pero por las dudas, lo efectivizó el otro día un profe de la facu: "Ustedes son los que más van a tener que leer de toda la facultad. Estén preparados..." 

Y básicamente, sentir que te late el lado izquierdo de la frente un sábado a la noche es estar preparada. 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Literatura, cuanto menos, ficción: "Una carta de cumpleaños"

No puedo saludarte en este día, y a la vez, de alguna manera indirecta, me debo sacar de adentro este saludo que, siento, se me va a quedar atragantado. Es extraño pero sin duda alguna, sin otra fuera la situación y no fuera todo tan lejano e inconciliable, te diría muchas cosas en este día.   

No soy asidua a disfrutar mi cumpleaños, pero sin dudas, siempre me parece lindo celebrar la vida de los demás, el cumpleaños de los otros. Que no me guste mi cumpleaños pasa por la vergüenza de ser el centro de atención, más allá de que celebro la posibilidad de estar viva todos los días. Que me gusten los cumpleaños ajenos es el saber reconocer que siguen vivos...  Lo extraño sucede cuando al tiempo que sé, estás a un par de cuadras, no puedo tocarte el timbre, abrazarte fuerte y susurrarte un feliz cumpleaños. No puedo tampoco pensar qué talle de camisa te va, qué vino puedo comprar para regalarte o qué ropa me pongo para cenar en tu casa. No puedo tampoco desearlo, claro, porque no amerita, pero juro que me conformaría con que podamos celebrar la vida del otro de una manera menos pelotuda, mezquina y triste que ésta.  Con poder decirte todo lo que en este día se elabora y se pudre, casi a la misma vez, en la estupidez de crearse solo para morirse adentro, absurdamente, quizá me conformaría un año más.  

Quizá son tan importantes nuestros cumpleaños, al menos para mí, porque fue en uno de los míos cuando te vi en mi casa por primera vez, pese a todo. Te sentaste en mi mesa, me acerqué con un vestidito de verano y en todo tu nerviosismo encontré cada duda, pero un coraje que, pensé, alcanzaría. Ahí estabas y aunque no aguantaste a que sople las 19 velitas de aquella vez, lo comprendí, porque valoraba verte ahí cuando pensaba que jamás iría a ser posible cosa parecida.  Hoy estoy cerca de cumplir veintiún años... El tiempo se ha llevado casi todo con su paso, trayendo cosas nuevas, volviendo indelebles a algunas otras. Y supongo, eso es lo que pasa en la vida, lo que sucede en general... El tiempo va vaciando los cuerpos de carga y las palabras de significado, aunque también el tiempo construye los procesos contrarios y llena y resignifica tantas cuestiones... 

Hoy soplás tantas velitas... Pasó mucho tiempo desde que viniste al mundo. Solpás muchas velitas, con tanta gente nueva, que siquiera hacés tus habituales fiestas, sino definitivamente te limitarás a juntarte con tu familia. Porque ahora tenés una... Y ante esto me embriagaba una real felicidad por vos, pero a la vez, una real tristeza por hacer ese tipo de proyecciones a futuros donde, a tu manera de ver, yo no podría participar. Sí, es verdad, tenías razón, pero valía la pena vivirlo aún con las posibles salvedades. 

<<No te puedo dar hijos >> me dijiste una vez, para que entienda en todo lo que no ibas a participar <<Nadie te está pidiendo hijos, la casa, el perro; todo el combo >> repliqué, porque nunca tuve una clásica proyección Susanita, la verdad y a la edad que tengo es normal para mí no tenerla.  No obstante hay tantas cosas que hubiéramos podido hacer antes, pienso, y a veces creo que quizá la historia cambiaba si me enteraba que vos quizá eras quien quería niños, una casa, una familia, cuando hacía muchos años no lo habías vuelto a poner en el tapete.  Supongo que lo que intentabas decirme es que no querías pensar a largo plazo pero lo estabas haciendo y eso siempre me llamó la atención... ¿Cómo cuando no querés al otro, cuando sentís pero realmente no podés, te imaginás el futuro? ¿Cómo si realmente no te estás absteniendo de nada, recaés en el futuro? ¿Cómo, si no solías pensar así? ¿Cómo, si vos no me podías querer? No te voy a entender nunca, dejame decírtelo. 

 Yo misma pensaba a corto plazo, para nosotros. Yo misma, la persona más futurista posible, me embriagaba con el próximo minuto, el próximo día, la semana siguiente... Sabía y siempre lo supe que no habría largo plazo para nosotros, por la lógica del tiempo que nos desencontraría, pero al mismo tiempo estaba dispuesta a dar TODO para que,mientras fuera posible, tuviera algo de sentido habernos encontrado.  <<¿Qué película vamos a ver? ¿Dónde vamos a comer? ¿Qué me vas a enseñas a cocinar? ¿Es una semana complicada en el trabajo, cómo la estás llevando? >> ésas eran mis preguntas. 

Ahora podés... Tenés algo parecida a una hija y ella festeja con vos tu cumpleaños, junto con su mamá, tu novia,  y el resto de tu familia y amigos. ¿Y sabés qué siento, y qué es lo único que puedo desear para vos, pese a todo? Felicidad. Quizá querías tener tu familia y la conseguiste. Deseo que pases con quien quieras, con quien elijas - porque siempre supe que en el fondo podías - un día especial para vos, rodeado de afecto, de cosas ricas y de muchos regalos. De verdad quiero que sea para vos un  cumpleaños repleto de amor, de grandes y chicos, para acompañarte. Sinceramente deseo que te lleguen cosas de esas que te puedas animar a vivir, de las que puedas aprender, de las que puedas sacar partido. 

Deseo que aunque no pueda ni verte, ni hablarte, ni tocarte, ni llamarte ni sentirte para mí hoy; estés y seas feliz, no sólo en este día. 

Sé que no encaja de ninguna forma esto en nuestra historia, sin embargo, el saludo me nace trascendiendo los límites formales. Y es una demostración más de mis palabras, tan viejas y retiradas en el tiempo, ahora: "para mí quererte, hoy, es respetar tu decisión", seguida de una como " quizá soy yo el problema y está bien, es lo lógico, pero no te cierres a la posibilidad de sentir. Quizá conocés a alguien que realmente... Sé que que quizá sea yo el problema por todo lo que nos distancia, por lo que está a la vista, lo sé... Pero no te cierres, puede que encuentres una persona con la que ser feliz y veas que sí podés querer como yo te quiero. Cuando la encuentres, si la encontrás, no la dejes pasar, no seas bobo... Yo entendí lo lindo que era sentir tanto por alguien cuando te conocí a vos... Así que uno nunca sabe.... >> te dije, conteniendo las lágrimas. Todavía me acuerdo tan bien de ese día, que me gustaría no tener memoria. 

Pensar que me decías que no a todo, completamente ofuscado, como si te estuviera ofendiendo mi desearte lo mejor. No, que yo no era el problema, que no ibas a poder, que no habría otra mujer, que no me sintiera así, que... Un año después de esa frase, de esa corrida amplia del medio, los resultados son otros. Me gustaría abrazarte y a pesar de todo el dolor, decirte que siempre confié en que ibas a poder, que necesitabas un golpe de efecto. Quizá la vida me puso en tu vida para serlo, como a la vez, vos te cruzaste en mi camino para demostrarme todas las cosas de las que soy capaz. 

Y a pesar de tu final feliz, las lágrimas caen en fechas como éstas quizá por no haber tenido las facultades suficientes como para pasarlas a tu lado. O quizá porque, como me dijiste una vez, no me gusta estar mal con la gente que yo quiero. 

 Confío en que todo lo que deseo para vos, alguien lo esté deseando fuerte y claro, para que en algún momento, yo también tenga mi final feliz. 

Mientras tanto, tranquilidad mi indiecito, y muy feliz cumpleaños. 

jueves, 12 de noviembre de 2015

En la penumbra:

*Anoche, tenía un fuerte insomnio, y salió ésto:  

Hubo un tiempo donde creí no poder aprender a vivir sin algunas respuestas. Mis amigos solían decirme que llegaría un tiempo donde aprendería a vivir sin ellas, claro que sí, porque había algunos sucesos que simplemente no tenían negación o afirmación. Pasaban y a arreglarse. Ante éste panorama me repetía incansablemente que llegaría también el tiempo donde esa falta de respuestas no me dolería mas y esa sería mi reparación. O al menos si el dolor por el no saber no se borraba del todo, la esperanza radicaba en saber que no sería así, como si fuera una división permanente en mi garganta a la hora de hablar, sabiendo que hablar y  hablar del tema, sin que me temblara la voz, son dos cosas distintas. 

Hubo un periodo en donde la falta de respuestas se me hizo tan difícil que pensé en llamarlo. En preguntar y no quedarme con las dudas. Llamarlo, que se descontrole todo, y bancarme las consecuencias incluso a riesgo de quedar como una loca.  Hubo un tiempo en donde era tal mi necesidad que no podía mantenerme alejada de nuestro circulo, así fuera pagando el precio alto de ser lo que él siempre mira como quemándose por dentro y nunca elige. Necesitaba seguir ahí, por si podía encontrar palabras que mitigaran la angustia, el duelar cada día una hipótesis distinta. 

Lo que más necesitaba, era obtener respuesta a mi pregunta llena de réplicas: "¿Y entonces, qué nos pasó? ¿Qué te pasó? ¿Qué hemos sido?" 

Puede ser estúpido, pero una parte de mi nunca termino de entender qué paso. Sí, en sentido práctico lo repaso perfectamente: Él me dijo sentir pero no poder. Admitió que la situación siempre lo había sobrepasado, argumento que merecía otras cosas. Insistió con sentir, pero ganó el no poder. Tiempo después comprobar que él podía pero no conmigo fue una no novedad que sin embargo me robó las palabras. Era mi fantasma mas real, hecho en la realidad, a imagen y semejanza de una mujer cualquiera y era también el saber que aunque ella durara o no detrás de si llegaría otra, y otra, y otra. Nunca alguien tan joven y desconcertante - a sus ojos - como yo. 

En ese momento entendí que me había perdido de algo sustancialmente elemental, si, asi de groso, pero seguí sin saber qué era. Cada vez que me integraba a una postura un gesto suyo, un encuentro casual, un mirada o una forma de evitarme demasiado deliberada; desestabilizaba las cosas. Cada vez que iniciaba el duelo y  terminaba el duelo decidiéndome por una postura, por un final, por una cara de la moneda, las placas tectónicas de nuestra dinámica se movían y la alerta se iniciaba por vez número mil. 

Nunca entendí qué pasó, en este sentido. Nunca terminé de creer en sus argumentos, nunca la forma en que me hablaba me resultó convincente del todo. Era demasiado el dolor que sentía, el enojo, la rabia que sentía cuando él me decía estar roto, en su momento, que no tuve la capacidad de jugarme más hondo todavía para que me diera aunque sea respuestas más fieles, más verdaderas. 

Quise creer con todas mis fuerzas que eso era la verdad, y llegué a hacerlo, pero jamás del todo. Siempre me quedó una parte inconexa, una parte que pertenece a otra historia, una parte que habla de dos personas que en el fondo, supimos ser, o vaya saber si todavía somos aunque lejos del otro.  ¿Qué era, si no podía? ¿El conejito de Indias de una persona que... nunca me había querido ni un poco, entonces? ¿Nunca había tenido en cuenta su situación respecto a mis sentimientos, comunicados sin mediaciones? 

El dolor... Me cegó, me quitó esa capacidad de trascenderlo. Había algo contra lo que no podía lugar y eran sus palabras. A pesar de que toda su gestualidad era contraria, me obligué a creer en sus palabras. Me cegué en su momento por las palabras. Di todo por hecho, desde la bronca. Desde el suponer que la distancia me haría olvidar.  Me quise alejar de todo pagando el precio de no tener respuesta a nada,porque estaba enojada. Porque no merecía verme como se que estuve. Porque era demasiado el orgullo para asumir que ante tanta inexperiencia yo necesitaba entender  mas que todo, aun asi, sus argumentos fueran de lo mas irracional u ofensivo. Llega un momento en donde es tan honda la necesidad que no importa si el contenido es funesto, sino más bien, su existencia como tal, el conocimiento al respecto. 

Pero... En el medio de ese lío... No podía pensar con la calma de ahora. No veía figura y fondo, yo sentía puntadas por todos lados y  después del shock inicial elegí tapar. Taparlo todo y seguir adelante, pensando en que el futuro repetiría la suerte y que volvería a darme oportunidades únicas, donde podría hablar, oportunidades donde no faltaría la charla... Que, no dicho de paso, nunca llego; que nunca pudimos entablar. Ese fue el otro error: pensar que las brazas del dialogo no se acabarían alguna vez. 

El aparecer con ella fue la primera etapa. El que contara del pánico que me azotaba a veces, lo empeoró todo. " Yo sabia que los limites entre los dos se confundían fácilmente y por eso de lo conté. Quería que estuviera atento a todas tus necesidades como también pensaba hacerlo yo" me dijo, cuando antes me había dicho cosas diferentes. No le creí lo de los limites confusos habiéndole propuesto desde siempre un campo de juego abierto y claro. Aun eso implicara sentirme desnuda ante un hombre vivido, dado que más humillante resultaba para mi la desorientación, el no ser lo suficientemente clara. Si no hubiese sido suficientemente clara, hoy le daría la razón y creería que sí, al final, nos confundimos. El que se confundía siempre,admitió contradiciéndose, era él. Nunca comprendí del todo en que sentido. Porque no es lo mismo pasar de un no moral a un si puro. Y tampoco es lo mismo que el no sea sentido y el si, un poquitín inmoral. Desde ahí, quizá por la quemazón del dolor que ahora ocupaba una gran porción de mis filamentos interiores, lo ame un poco menos. Me sentía difamada. Y a la vez, la sensación de que había muchos motivos propios y hondas convicciones suyas que me estaba perdiendo, era una realidad. Porque si algo había llegado a comprender sin dudarlo era que yo no había pasado inadvertida en su vida, aun a forma de error o sabor agridulce en la memoria. 

¿Y entonces? ¿Qué había sido si a la vez había calado hondo, excediéndolo, dejándolo sin dormir, y al mismo tiempo, no llegaba a tener cartel de nada? ¿Qué había simbolizado? 

Los límites confusos entre nosotros a veces me hacen verme como el error en su vida. Aquello con lo que se tentó, un simple resbalón donde el paso del tiempo y la edad le hicieron entender que no habían venido solos. Quizá aparecí en un momento de suma debilidad, y cayó, me digo a veces. Quizá cuando tomó parte de sus fuerzas contradictorias me atajó para que no cayera, pero lo hizo de una forma tan rara que no se si se puede calificar como desprecio o amor, como el rechazo por el merecer algo mejor, como la moral imperando, o como un gesto de preservación y de futurología que me mostraba a mi como una mujer capaz de arrancarlo de sus bases para llevarlo a vivir de otra manera, una manera a la que le tenía terror. 

Nunca supe como resolver esta equidistancia. Nunca termine de concentrar las energías en un extremo de esta historia para elegir con que quedarme... Lo único que aprendí a hacer fue aprender a vivir sin respuestas. Aprender a asumir por muchísimo que me doliera que yo lo más seguro fuera que jamás iba a obtenerlas  Aprender a negociar con la angustia cuando arremetía y lo sigue haciendo, precisa, frente a mis poco dúctiles resistencias. 

Lo único que hice fue entender que había gente que no tenia respuesta a cuestiones mucho más fundamentales, por ende, yo tenia que poder con esto de la mejor manera. Aprendí a encontrar la forma.  Y atravesar todo ese aprendizaje tiene como finalidad el poder reconocer que sin respuestas de verdad se vive. O al menos,reducido a mis términos, son estas respuestas sin las cuales yo he aprendido a vivir. Y de una forma bastante extraña, lo he logrado. 

No me quedo mas remedio que el aceptar. Aceptar que habían sucedido asi las cosas , que se habían vuelto realidad mis miedos, que finalmente el contexto había podido más. Aceptar fue también entender que el amor es valioso, hermoso, poderosísimo; pero que no lo puede todo. Si una persona a quien amamos no puede salir de su encierro o de su postura, quizá hasta queriéndonos (¿una cosa no quite la otra?), termine estableciendo prioridades. 

Así cuando pensé no entender nada, tremendo fue comprender, mas que nunca, cualquier cosa distinta a la que me estaba preguntando.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Silencio en una sopa de letras

La tarde de hoy no era diferente de cualquier otra. Suelo pasar algunas tardes así, en ese silencio que sólo tiene el ruido de fondo de la televisión. Mi papá la observa y absorbe lentamente las imágenes, como si fueran morfina, para mitigar las preocupaciones laborales, vitales, existenciales. Yo leo, me pinto las uñas o estudio, siempre en silencio. Me gustan esos momentos.  

La frontera con los cincuenta años le tocó hondo, empiezo a sospechar, y afloró la necesidad de sus balances personales. Lo chusmeo de reojo y respeto cuando lo veo pensando en el trabajo que es movedizo, en la próxima obra, en la cañería que cambió la semana pasada, en el pago de Fulano, en las cuentas, en los vencimientos, en las exigencias de sus clientes, trabajando hace más de veinte años en el gremio de la construcción.  Sé que no es fácil, y sé también que sólo me cuenta una parte de sus complicaciones, para que no me desvíe del rendimiento en la facultad, pensando en llegar al tope de materias que me habilitan para ejercer, sabiendo que (como siempre me dice) para él esto es la mejor inversión de todas y es un placer hacerla si del otro lado ve que respondo a eso. 

Mientras tanto, particularmente hoy, yo me  hundo en mis apuntes que anticipan el próximo examen y todo sigue adelante.  En casa se mira televisión basura, pienso yo, pero sé que jamás se lo diría. Entiendo la función que cumple para él la televisión: lo ayuda a relajarse, evadirse, despejarse y si piensa, al menos, no es tan intensamente. 
Sigo estudiando teorías que no acometen a mi carrera, son algo aburridas, así que me cebo un mate. Le paso uno y lo que más agradezco es que no me hable, porque me cuesta mucho concentrarme con el cansancio que se va sintiendo día por día, parcial a parcial, en esta altura del año, no habiendo tenido más que una semana de vacaciones desde el primero de febrero. 

El programa de fondo, fundamental después de todo, hablaba de los padres.  Por lo que llegué a escuchar, y a grandes rasgos, el tema en cuestión tenía el rebote en los roles que, a veces, ocupan los padres en la vida de los hijos. Cómo inciden las equivocaciones, las bondades, los gestos, la ausencia de ellos; entre otros, en el crecimiento de los hijos y en especial, en las relaciones con ellos cuando crecen. 

- ¿Y yo me equivoqué mucho como padre? - me preguntó, justamente, el mío. 

Concentrada como estaba me tomó un momentito contextualizar esa pregunta y entender el alcance que tenía su cuestionamiento. Era una pregunta bisagra... Él no suele preguntar cosas así y sin embargo, ahora me dejaba el espacio para que le dijera mi pensamiento. Estábamos solos, sin intervención de mi mamá, como muchas veces sucede. 

- ¿Eh? - me sonreí, levantando la cabeza - ¿Cómo? 
- Si yo me equivoqué mucho como padre... - insistió. 

Me quedé callada, pensando, unos segundos. Busqué una forma prolija, sin palabras extrañas, sin conceptos rebuscados y todas esas cosas con las que mi viejo - me dice - a veces se abruma, para poder responderle.  Es curioso que me hubiera preguntado esto precisamente en un momento donde yo estaba analizando su desempeño como padre a colación de situaciones que no tienen que ver conmigo pero sí con la mala relación que tiene con una de mis hermanas tan solo unos días antes, sin que él lo supiera.  

- ¿Conmigo o con las chicas? - lo miré, pero no me miró así que bajé la vista. Miré para el mueble que tenía de frente. 
- Con ***, en especial. 
- Y, es complicado... Especialmente, digamos que el problema fueron las formas... - le contesté sin dudar. Me dolió un poco hacerlo, pero supuse que era lo mejor, dado que como tantas veces me habían ayudado sus palabras en los momentos más difíciles del año pasado, hoy las mías podían servir en el balance - Vos con las chicas fuiste demasiado imperativo. 
- ¿Imperativo? 
- Me refiero que aunque lo pidieras bien o mal, la forma en que solías decirle las cosas a veces era... - busqué una palabra - violenta, tosca... - le expliqué. 

<<Y además, las formas, son más de la mitad de una buena comunicación... >> pensé. 

- ¿Pero cómo puede ser que *** sea así? - me preguntó. Se intentaba dar una explicación al ser conflictivo que, muchas veces, suele ser mi hermana. 

 Entendí que lo que realmente me estaba preguntando, humildemente, era qué había hecho mal, en qué se había equivocado, al menos, según mi mirada. 

- No es que sea odiosa porque sí. No es una mala persona, al contrario. El punto es que, a mi parecer por lo menos, necesita atención. Necesitó siempre más atención de la que se le dió a todas acá, necesitaba más que la media. 
- Es que no tiene respeto por nada, no es por atención o no... 
- ¿Sabías que cuando a mí me molesta, la mayoría de las veces, termina diciéndome "dame bola"? - le expliqué - Todo gira en torno a la atención, estas también son formas de llamar la atención a costa de que la llamen inmadura. Las consigue bien o las consigue mal, molestándome así tenga casi veintisiete años...  El objetivo es siempre el mismo.
- ¿Y cómo me explicás que sea tan desordenada, que no cuide, que deje todo tirado, que no ayude? Ya es una tipa grande, *** - expresó. 
- Atención, otra vez - le dije, con calma - ¿El desorden? Cuando vos entrás a un lugar, la atención indefectiblemente, se desvía hacia el desorden. Mi teoría es que el desorden va más allá del no tener ganas, sino que es una forma de llamar la atención. Esto excede lo que es una provocación... Esto es decir mirame, que estoy acá, y te desordeno toda la casa, prestame atención. Y también es necesidad de atención cuando entra hablando a los gritos, cuando hace ruido, cuando molesta a cualquiera... 
- ¿Por qué? 
- Porque a veces por no poder hacer lo que hago yo, por ejemplo, que es entrar, que me saludes, decirte todo bien e irme, se llama la atención de formas irritantes. La cuestión fundamental es que el humano puede hacer foco de atención en una cosa a la vez, de manera real y lo que quiere no es una atención periférica, secundaria, digamos, sino que pretende una atención total. Quiere el desvío del foco, por eso el ruido, el alboroto, las quejas con la comida, la postura infantil, el molestar todo el tiempo, el provocar... - dije, mientras lo miraba. 

Él miraba para abajo, analizando atentamente mis palabras. Me pasó un mate con lentitud y lo frené en la mesa para agregar: 

-  No lo hace de mala, estoy segura. Ella no puede decirte "hola, qué hacés", entonces hace ruido, se queja, desafía.No es que no quiera, quizá quiere, pero no puede. Quizá no sabe como... Pero esta sí es su forma de decir acá estoy. No siempre, considero, lo elige. Llama la atención, llanamente, y un día lo hace desde un buen gesto con mamá y al otro desde un quilombo conmigo , y así - concluí. 
- Mhmm - me dijo, quedándose callado, pensativo de nuevo. No quise dejarlo así. 
- Conmigo, la verdad... - arrimé con un gesto un poco más relajado - Es diferente. A mi me trataste siempre diferente, por eso te puedo decir desde afuera y desde mí, porque son dos cosas bien distintas. 
- Porque vos sos bien diferente - esgrimió - No es por nada, pero vos no sos parecida a ninguna de tus dos hermanas. Sos una adulta, con tu mamá como si viviéramos con una adulta - me dijo, hice una mueca, porque según la edad, digamos, soy una adulta joven - Si, ya sé que ya sos grande, pero también sos re adulta... - hice un gesto, restándole importancia al juicio - Todos están de acuerdo conmigo... Sos adulta con tu madre, con tus hermanas, hasta con tu abuela te llevás bien... - resaltó - Eso es - hizo un gesto... 
- Y, viste... Los encantos son los encantos - bromeé, para salir de foco.
 Intercambiamos un par de comentarios del programa de la tarde y se pasó el momento.  

Cerramos la conversación. Un rato después le agregue unas Merengadas a la dinámica, para acompañar los mates y ese silencio que se había instalado. 
Silencio de reflexiones, sin dudas.