Cuando intento rememorar nuestra historia, desde una perspectiva más reflexiva que se aboque a un aspecto puntual de la situación, la parte de las críticas, es la más dolorosa. Incluso, creo que es más dolorosa de revivir que la etapa posterior - esa que tuve que aprender a andar sola - mientras lo veía rehacer su vida e iba reconstruyendo la mía, pero ahora, en paralelo.
Si tengo que hablar de las criticas, es necesario empezar por remontarme a una noche, a mis diecisiete años. Por esa época todavía iba al secundario, me aburría, pero esencialmente, no me animaba a confesarme a mi misma - como seguramente ahora pasará a su forma -, una gran parte de la persona que yo era. Sabía que no era como se suponía, pero no tenía fuerza para ponerle palabras a semejante angustia, que tenía tanto tiempo de fermentación, dentro, al punto tal de que la reconocía como parte indivisible de mí; una especie de lado concreto en el "la vida es así"; expresión que usaba mucho en esos días.
Pese a no saber qué me pasaba, yo no era incapaz de sentir que algo andaba mal; más bien todo lo contrario. Por todo ese malestar acumulado, esa noche estaba acostada en mi "cama de abajo" - es decir, la parte inferior de una cama cucheta- donde solía dormir. Mi hermana, la del medio, se me acercó y me preguntó qué me pasaba, seguramente, porque se dió cuenta de que estaba triste. Esa vez no leía, no estudiaba, ni navegaba por Internet; simplemente, me dejaba ser por esa pena un rato más, hasta que ellas dos se fueran a dormir a sus camas, y en el mejor de los casos, pudiera yo liberar alguna que otra lagrima que coarte a la presión interior.
- Nada, no jodas hoy, dale - le dije, porque mi hermana solía ser intensa en esa época, y lo sigue siendo, respecto al respetar cuando los demás están ocupados o tristes y no suscriben a su manía de llamar la atención siempre; que, a veces, es muy cómica pero otras veces - como ésta - me caía pésimo.
- Pero... - se sentó en mi cama - ¿Qué pasa? ¿Te peleaste con alguien?
- No, no...
- ¿Por qué tenés esa cara de culo Veinteava?
- Porque siempre tengo esta cara de culo ¿no? - repliqué, con sorna.
- Siempre igual, nena, con esa cara de culo...
- Sí, bueno - la corté en seco - ¿Te podés ir de mi cama?
- Pero... - meditó - ¿Te pasa algo? En serio, boluda.
- Sí, estoy triste - le expliqué - ¿Me dejás pasarla como el traste tranquila, un ratito nada más?
- No te hagas la boluda... - insistió - ¿Qué te pasa?
- Nada; tuve un día malo hoy - le dije.
El tira y afloje, se mantuvo durante algunos minutos.
- ¿Vos me ves rara, no? - le pregunté, con los ojos llenos de lágrimas.
- Y... sos media rara, sí - se rió.
- ¡Como puede ser que seas tan boluda, te estoy hablando de verdad, ***! - me enojé.
- Bueno, perdón, perdón - se disculpo - No es que seas rara, solamente sos anti, Veinte. Es como que no te gusta nada, no sé, todo te parece aburrido, tonto... - me explicó - Te la pasás hablando de gente muerta...
- Los escritores no son gente muerta. No seas mala - me defendí, pero sin intensidad - Yo ya sé que soy media rara, quizá, pero no... - suspiré, y se me empezaron a caer los lagrimones - No lo hago apropósito. Realmente me aburro. Leer me gusta mucho, me hace aburrirme menos. Además, en el colegio no leemos tanta literatura y lo que leemos me gusta mucho y quiero leer más. Es lo mejor de ir al colegio, desde hace tres años, en especial - le confesé.
- Pero... - meditó - ¿No tenés amigos, compañeros, en el colegio?
- Seh - me quedé callada.
- ¿Y no hay un pibe que te guste o algo así?
- No - sacudí la cabeza, enseguida.
- A vos, también... - musitó.
- ¿Qué?
- Que no te viene bien nada... - me dijo - No te gustan tus compañeros, no te gusta ir a bailar, no te caen bien las pibas, no te caen bien los pibes... Por eso estás sola. No te gusta nada. Solo los libros. No podés estar siempre entre libros.
- Sí, yo ya sé eso; lo tengo claro - suspiré - Pero no puedo estar rodeada de gente que me cae pésimo, porque siempre voy a elegir los libros. El colegio es una mierda, boluda. Me aburro.
- ¿Por eso faltás tanto?
- Claro - le expliqué - No es porque nadie me pone límites en esta casa, sino, porque este último año es una tortura ir. Estudio acá, hago las tareas acá, los trabajos y todo. Me va bien.
- Primero que te vas a quedar libre, y segundo, que siempre vas a estar sola si no te haces amiga de tus compañeros- se quedó pensando- ¿No te gusta nadie, de verdad?
- No, no - suspiré - Nunca encontré a nadie que me gustara tanto como para tener un amorío adolescente apasionado y fatal - ironicé y me reí, mientras lloraba un poco.
Mi hermana se rió.
- No llores, boluda. Ya vas a encontrar a un super chico que te guste.
- Super chico - me reí yo, por el uso de ese prefijo intensificador
Ambas nos quedamos calladas. Un rato después, me dió un abrazo y se quedó conmigo.
- Yo también, a veces, a tu edad, la pasaba así - me dijo.
- Bueno, pero... es diferente... - le expliqué- Vos tuviste un montón de amigos, te encantaba el colegio, te divertías, tus compañeros te querían, te gustaba ir a bailar... - le expliqué - Lo mío es haberla pasado así, no un día, sino, siempre y que siquiera la puedo arreglar ahora, que soy más grande, porque me doy cuenta que no me gusta nada de eso, que lo padezco... ¿entendés? Si veo un super chico, creo que tiene que tener unos veinte y pico - le expliqué.
- ¿Qué onda con los pibes?
- Ninguna. Sigo siendo virgen, eh - nos reímos - Nunca sentí lo que yo espero sentir para acostarme con alguien.
- Pero... ¿ni un beso, nada?
- Sí, esas cosas sí - le dije, restándole importancia.
- Ah, entonces ese apodo que te había puesto, lo retiro - bromeó.
- "La jamás besada" - musité, mirando hacia la nada - Siempre tuviste ese dejo de maldad, conmigo - se rió. Yo, por el contrario, no me reí. Hoy sé que una parte de mi, se lo decía enserio, respecto a los apodos en particular.
- Bueno, pero ahora ya está - retomó - ¿Con quién fue?
- ¿Qué? ¿El beso? - la miré - Hace años, ya.
- ¿De verdad?
- Sí, si.
- ¿Entonces cuando yo te cargaba, ya había pasado?
- Sí, hacía rato ya - me sonreí.
- ¿Y cómo no me contaste?
- Vos sabés que yo odio la burla. Me extraña que no lo entiendas todavía.
- Bueno, nena - revoleó los ojos - ¿Y... te gustó, estuvo bueno? ¡Contame, quiero detalles!
- No, la verdad, no - me reí - Probé y punto. Trece años tenia y me pareció que estaba lenta. Lo hice. Fin de la historia.
- Bueno, pero entonces sí que te gusto un pibe como para chapartelo
- No, no me gustaba. Era un pibe que estaba ahí, a mano. Tenía decisiéis, diecisiete años, él - le comenté - Y ni físicamente me gustaba. Tenía ojitos claros, me acuerdo.
- Qué raro que te lleve años... - mofó - ¿Y, qué pasó?
- Nada, eso. Fue un asco... - me reí - El pibe no era lo que yo esperaba, era como que él también esperaba que lo desvistiera más o menos... - le expliqué - Me acuerdo que cuando se enteraron mis compañeros, andá a saber qué pasó que se enteraron todos, todos, había un grupito que me cargaba. Me volvieron loca, por un beso, nada más- musité.
Mi hermana escuchó atentamente el relato.
- ¿Y ahora? ¿Alguien con quien puedas ensayar?
- Los hubo, pero siguen siendo la misma cagada - le expliqué.
- ¿Quienes fueron?
- No te voy a hacer una lista, no fueron demasiados, igual - rememoré - ¿Viste que yo me había hecho amiga de *** cuando entré al colegio y me sentaba con ella? Te vas a reír de mi mala suerte vital con esto... - le anticipé.
- Sí
- Bueno... - me reí, con ironía - Un lunes voy al colegio y una compañera me viene a decir que estaba enojada conmigo, ***. Le pregunto por qué y me dice que yo, el fin de semana anterior, me había chapado al pibe que a ella le gustaba desde hacía años.
- ¡NO, BOLUDA! - se tentó, muerta de risa - ¡Qué mala suerteeeee, Veinteeeee! - siguió riéndose.
- ¿Podés creer?
- ¿Pero vos sabías que a la piba le re gustaba?
- ¡No! Yo recién entraba al colegio y no habíamos tocado el tema chicos. Y una vez que corrí el eje, estábamos en uno de los cumpleaños que me invitaron, milagrosamente, pero ella no estaba porque no la invitaban. Estaba con ***, tomando algo y me dijo que el pibe preguntaba por mí pero nadie me dijo nada de que a ella le gustaba, te lo juro. Entonces estuve un rato con el pibe y bueno... - hice un gesto - El lunes era la más trola de todas mis compañeritas y la más cínica, por supuesto - me reí.
- ¿Y ahora?
- ¿Qué?
- ¿Alguien?
- No... - suspiré - A *** sí me daban ganas de darle un beso, pero... - le dije - no hubo acuerdo.
- ¿Nunca se te acercó para besarte? Es raro, porque es un pibe grande - me dijo.
- Quizá no le gustaba, no sé. No creo que llevándome ocho años sea tan lento como soy yo... - me resigné - Lo que sí se es que nunca encontré a una persona a la de solo verla yo quisiera besarla y besarla tres horas, sin que me importe nada, esa locura... - la miré a mi hermana, me acuerdo todavía - ¿A vos te pasó lo mismo alguna vez? ¿O te pasaba al revés?
- Y... - dudó - No, la verdad que no. Yo si veo un pibe que me gusta y sí... me dan ganas de besarlo. ¿No te dan ganas de besar a un chico, a vos, en un boliche?
- No voy a bailar casi nunca y lo sabés... - le confesé - Porque primero me tiene que atraer la forma de ser que tiene, sino, me embolo y me lleno de baba ajena - le dije a mi hermana, con soltura.
Se rió, mucho y yo también.
- Pero... ¿y si no te pasa, no te da ganas igual? La otra vez que saliste con las chicas, apareció una foto tuya con un flaco... ¿A ese también? Tenía cara de pelotudo, Veinte.
- ¿Nunca me vas a decir nada bueno? A vos te gusta cada uno, también... - me quedé pensando - La verdad es que si no me atrae cómo piensa, no sé, si no me gana desde otro lado, ni lo miro. Es muy verlos como un pibe más que en una de esas, si en algún momento no encuentro a nadie que realmente me gusta, sé donde puedo llegar a aterrizar.
- ¿Y físicamente? ¿Tampoco?
- Sí, influye, pero para mí tiene que tener dos dedos de frente, ser inteligente, tener ideas... - esbocé - Lo que más me gustaba de *** era que tenía ideas, que era un pibe coherente, que era inteligente y que podíamos compartir música, gustos, libros... - le comenté -
- Claro, lo que te gusta a vos... - meditó - ¿Querés que te dé tips, a ver si mejoras la experiencia? - bromeó.
- No... - suspiré, sombría, de pronto - Dame el cerebro normal de una piba de 17 años y poné un poco de cumbia, a ver si así muevo las caderas - bromeé - A veces tengo la sensación de que nunca voy a encontrar a una persona con la que realmente me entienda. Si fuera más normal, seguramente la encontraría, como el resto de las chicas, pero siendo como soy... No creo, sabés. Es feo sentirlo con tanta seguridad, me pone triste.
- Pero ¡sí que vas a encontrar a un pibe que te guste!
- Una persona que me entienda, dije. No es lo mismo.
- Bueno, pero vos entendiste lo que quiero decir...
Se me quedó mirando. Las lágrimas volvieron y me acosté, hecha un bollito. Se acercó y me acarició la cabeza.
- No llores, gorda. Vas a ver que vas a encontrar a un pibe copado...
- ¿Vos decís que encontraré a una persona con la que me entienda? - reconvine, en mi postura.
- Sí, estoy segura - afirmó - Ah, y cuando te lo chapes, contame por favor...
- Bueno - me reí - Hasta que no encuentre al que me guste, de todos modos, si algo pasa en el medio, no te lo voy a contar.
- Qué pendeja que sos..
II
Dos años después volvíamos a estar en la misma habitación. Mi hermana mayor estaba en lo de su novio, y esa noche, también volvíamos a ser dos.
- Viniste re tarde ayer, nena - mi hermana me increpó.
- No viene tan tarde... - le dije.
Explotó.
- No entiendo cómo nadie te dice nada en esta casa, a vos - se enojó - Venís a la hora que se te canta y encima, te trae ese...
- ¿Qué problema tenés con ése? - la miré.
- ¿Te quedaste a dormir con Él, no?
- No - le mentí.
- Qué viejo hijo de puta... - se enojó - ¡Te vas a dormir a lo de ese viejo de mierda y acá nadie te dice nada! ¿Qué les pasa?
- No empecés, boluda. Dale - le pedí.
- ¿Papá lo sabe, no?
- ¿Qué tiene que saber?
- ¡¡Qué dormís con ese viejo asqueroso!! - sacudió la cabeza - ¿Cómo no te dice nada, nena, cómo nadie te dice nada de que te vas a cualquier hora, con ese viejo, después te busca en la facultad? ¿Qué, es tu novio? ¿Juega al novio?
- No seas, forra *** - me enojé - Yo lo quiero. Una vez que quiero a alguien... - argumenté.
- Pero ¿no te das cuenta de que es un viejo? ¡Tiene 4o, 42 años el pelotudo, y se la pasa con vos! ¿No te das cuenta de que es un degenerado? ¿Qué hace durmiendo con una piba de 19 años?
- Lo mismo que haría con una mina de 42 años... - espeté - ¿Por qué sos mala conmigo? Yo entiendo que estés celosa o que te parezca cualquiera, pero yo me siento bien con él.
- Y... sí - mofó - El tipo se tiene que hacer cargo de vos, porque sabe que es un viejo de mierda y por eso te sentís bien, porque se hace el bueno. Si no te fuera a buscar, si no te trae acá en ese auto de mierda que tiene, sabe que no vale ni dos mangos. Tiene plata nada más y la usa para que vos, después, vayas a dormir a la casa. Encima acá nadie te dice nada... - insistió.
- Pero a mí no me gusta porque tenga plata, a mí me gusta él. Además, jamás la usó como un arma, conmigo. No permito que me pague nada.
- ¿Encima es un rata?
- No seas tarada, sabés que no es así y que yo no soy ninguna putita... - suspiré - Lo quiero. Dejame de joder, boluda. Lo quiero al tipo. Punto.
- Ah... - mofó - ¿Así que lo querés, ahora?
- Mucho.
- ¿Te parece que lo amás, no?
- No, no me parece - la corregí.
- ¿Cómo podés acostarte al lado de un viejo asqueroso como ese? ¿No te da asco?
- ¿Asco? - la miré - Asco me da lo que hacés vos. Él me gusta mucho.
- Cierto... - me pinchó - Lo amás, ahora.
Cuando puso en duda ésto, me descoloqué.
- ¿Vos estás adentro mío como para medir mi amor? ¡No! Entonces, no lo pongas en duda. ¿Qué sabés vos lo que es amor, si te parece que porque sea viejo yo no lo puedo querer? Lo amo, sea como sea. En tu mundo de mierda, superficial, parece que a la gente vieja no se la ama y yo siento que sí, que me enamoré.
- Es que lo tuyo es porque sos pendeja... Pensás que lo amás, pero no...
- Vos pensás eso. Yo siento, y es diferente a lo que me decís.
- Desde hace meses que te viene pelotudeando, Veinteava. No te hagas la superada, porque te va a cagar. Te lo digo yo, ya que acá nadie te dice nada ni te pone los puntos.
- Yo no me hago la superada, boluda - argumenté, más calma - Me pasa esto, con una persona y punto. Eso no es hacerse la superada, es querer. Pensá cómo eras vos, a mi edad.
- Yo no me hacía la superada, no andaba con viejos...
- Vos a mi edad, más que no andar con viejos, no andabas... - me enojé - Porque no tenías las pelotas puestas para jugarte y es muy fácil hablar teniendo un novio de tu edad, creyendo que yo soy anormal.
- Es que no es normal, Veinteava, no es normal...
- Seré anormal, pero, por lo menos, me juego por lo que me pasa y no lo escondo. Intento, salga bien o mal, ser feliz a mi manera. Mi manera es ésta, con este viejo, si, todo lo que vos me digas...
- Claro, claro, el que vos amás y todo eso...
- No hablo más con vos... - le dije.
- Yo no me voy a pelear con vos, por ese sorete...
- ¡Ah, menos mal! - me quedé en silencio - Ah... - medité - Yo te dije, hace años, cuando vos me decías de los besos... - me miró, con odio - Bueno, si, tenías razón al final. Ya lo encontré.
III
Unos meses antes...
- Y bueno... - le decía, a mi mejor amiga, que era una de las pocas personas que me comprendía y apoyaba en esa época - Cuando me besó fue... - me quedé callada - Genial.
- Y sí, me imagino - consideró - Me alegro mucho, Veinte. ¡Vamos todavía, al fiiiiiiin!
- Va a sonar novelesco, pero te voy a confesar algo: es como si hubiera besado por primera vez, recién ahora...
- Me muero... - se enterneció - Y, es que *** tiene años, no en vano, boluda...
- Con Él, es distinto, mejor de lo que me imaginaba poder conocer, en este sentido. De hecho lo disfruto mucho, no es ese trámite incómodo, sino, algo re lindo e intenso, además. Es increíble cómo hace que me olvide de todo... - intenté describirlo - Quiero replay, todo el tiempo - nos reímos.
Ahí estaba, lo supe ese día, finalmente, mi hallazgo. Ahí estaba también la respuesta a mi pregunta. Ahí estaba especialmente y pese a todo, el deseo de mi hermana volcado en la realidad, con ciertas adaptaciones que supieran hacerme feliz.