domingo, 31 de diciembre de 2023

Adiós, 2023

Cierro un año donde la pregunta que más de una vez me hice, fue: "¿ésto paso este año o el anterior?". Es decir que cierro un año intenso. Que en la primera mitad fue un año y en la segunda mitad otro año. 

Es la primera vez en mí vida donde siento que un año se volvió otro año en su transcurso y eso se debió en gran parte a cambios que empezaron a darse de junio en adelante. 

Adopté a Julio, mi gatito. Cambié de trabajo.  Reinicié mi contacto con Galeno, de quién me había separado a finales de 2022. Le puse un límite sólido a una parte de entendimiento sobre el tema Javier. Conocí una tonelada de gente nueva. Inicié un tipo de terapia con una profesional que me ayuda a gestionar cuestiones específicas y que me cambio por completo la relación con mí cuerpo y me ayudó muchísimo en una dimensión donde la terapia jamás pensé que hubiera podido ayudarme a conocerme y a mejorar. 

No fue un año perfecto pero tampoco fue un año malo. Para mí, fue un año muy intenso, que lo cierro con mucho agradecimiento por todo lo que viví. Fue un año que me dio lo que siempre le pido a la vida: oportunidades. ¿Qué puedo reprobar entonces? 

Fue un año donde vi crecer a mis sobrinos. Donde me sentí muchas veces muy triste. Donde lloré. Donde la pase mal. Donde me costó. Pero fue un año donde conté con el apoyo incondicional de mí mamá, por ejemplo. Y nada de eso es poco o mucho, más bien, siento que todo forma parte de lo mismo con la misma importancia. 

Si algo creo que sí sucedió en 2023, es que maduré mucho. Me di cuenta que había temas que yo tapaba históricamente, que me costaba mucho asumir, y noto que ahora nuestro las fisuras y aunque me sigue costando manejar mucho algunas situaciones, al menos ahora, las reconozco. Es como si me hubiese dado cuenta que todo lo que hago repercute en la vida que quiero vivir y haya empezado a intentar con seriedad evadirme menos. 

¿Qué deseo para el año que viene? Todavía no lo pensé seriamente. Pero sí deseo para mí y para todos algunas cuestiones imposibles de ignorar: que sea con un año con salud, con mucho laburo, con un techo y un plato de comida. Con afectos. Comunidad. Un abrazo amigo. La posibilidad de estudiar, de progresar y de seguir mejorando. Es decir, que deseo para todos un 2024 con lo posible. Es decir, lo que cada uno más desee, pero también, con todo lo que muchos estén necesitando. 

Un año más donde esté rincón ha sido mí amigo. 
Me ha visto crecer un poquito más. 

¿Qué traerá 2024? Ni idea. Nadie lo sabe. Pero yo si sé que en la medida de todo lo posible, seguiré escribiendo. 


martes, 26 de diciembre de 2023

No desperdicies tu vida con gente a quien no le importa tu vida

 El título lo dice todo. Y creo que es la gran enseñanza de este año para mí, en términos de emociones o deseos. 

Ya hablé hace un tiempo de lo que fue este año en el plano profesional y sus cambios, y ahora, me detengo a pensar en los aprendizajes que llegaron. 

Empecé 2023 conflictuada con Javier. ¿Qué novedad, no? Bueno, en ese momento, para mí el conflicto estaba totalmente vivo. Hasta mitades de año, el tema fue difícil porque en aquel tiempo se dio el quiebre donde deje de preocuparme por él y pude acomodar las cosas en mí cabeza. 

Dejé de pensar con emocionalidad una situación clara de conflicto sexual y empecé a ver repetidos todos los patrones en él. Eso me ayudó muchísimo. Me hizo dar cuenta que Javier jamás cambio, solamente, hizo lo posible para sacarse las ganas y busco cobardemente la manera de intentar repetir el encuentro que habíamos tenido en 2022. 

 Yo tampoco fui inocente en esto. Parte del aprendizaje lo logré haciendo cosas sin pensar, como una especie de autodestrucción que me tiraba para abajo en un descenso dulce y feroz. 

Pero lo importante es que aprendí algo en el proceso de sanar eso: Javier es un tipo que, realmente, no tiene nada para dar genuinamente a nadie. Es un tipo totalmente pobre por dentro. Y si bien en muchas ocasiones sentí piedad o compasión por él, empecé a notar que yo necesitaba compasión conmigo misma para entender que personas así te rompen sistemáticamente. Javier empezó a cansarme porque repitió tantas veces lo mismo y tantas veces falló que perdió toda credibilidad (si es que alguna vez la tuvo). 

Lo bueno es que no sufrí tanto como lo hubiera creído en otro momento de mí vida porque no le creí al cien por ciento jamás.  Siempre mí voz interior me dijo que era la misma persona que hace diez años y siempre reservé un dejo de rechazo para tirarselo encima si fuera necesario. 

Hoy en día, él está distante. Yo no tengo conflictos consigo para hablar y no me enrosco tanto con lo que hace o no. Vivo con la situacion tal y como la conozco desde abril de 2022 y como logré comprenderla con mucho trabajo interno. Y luego de mucho tiempo, el vuelve a retroceder en mí memoria y vuelve a ocupar el rol de un tipo boludo, a quien le guardo cariño, pero también al que ahora no le tengo confianza ni paciencia del todo.

Javier se conecta mucho con la persona que yo era y yo con el hombre que él era, pero es obvio que ya no somos. Y hoy , esos que somos, se llevan bien pero tienen mecanismos re contra tóxicos para vincularse. 

Entonces, nos damos cuenta, o yo me doy cuenta, que lo mejor es marcar la cancha y tratarnos como gente normal. Y la verdad, se puede. Siempre lo supe y la vida me lo demuestra hoy. 

Si Javier me quiere tratar como a cualquier persona o vecina, lo hace. Es más, se pone seco y todo. Y yo, si lo quiero tratar como quien saluda al cartero que ve una vez por año, lo hago.  Y desde ahí, desde ese no vínculo forzado, las cosas son mejores. 

II. 

Yo ya sé lo que me pasa consigo, y se que cuando me lo encuentro se pone todo pesado, pero lo veo como un hecho que ocurre en un contexto fortuito y no como una constante. No le hago ofrecimientos de ningún tipo y siempre que me comunico es con respeto y con sentido de la ubicación. 

También se que Javier me desea físicamente como le podría pasar a cualquier tipo y ve en mí a una linda mujer. Pero es eso y listo y aunque el tipo se la complique cuando me lo explica, yo sé que es eso. 

Frente a eso, obviamente, va a querer tener acercamientos sexuales pero de ningún otro estilo. Además, va a mentir. Mucho. Le va a mentir a su novia y me va a mentir a mí, no desde la palabra, sino desde la omisión de ella. La va a negar todo el tiempo y a mí, me va a seguir escondiendo de su propia mente que seguramente siga almacenando culpa, sí... 

También me va a dar explicaciones que no le pedí. Va a desaparecer. Va a aparecer o nos vamos a ver por el barrio y me va a querer regalar algo o me va a decir algo o me va a tratar de desestabilizar en ese encuentro, pero después, nada más.

 Me va a preguntar si tengo vino. Cómo estoy. Si estoy con alguien. Y él va a seguir estando y no estando con ella. Va a seguir haciendo todo lo de siempre y después, va a seguir calentándose conmigo como -cito la alegoría que uso para decirme cómo se sentía conmigo- un adolescente de 16 años. Y la vida va a seguir pasando. Y todo va a seguir igual. 

III 

De ahí que me digo: no desperdicies tu vida con gente a quien no le importa tu vida. 

domingo, 24 de diciembre de 2023

Peligroso

 Galeno estaba cerca de mí cuerpo. Habíamos ido a desayunar muy temprano y lo único que quería era seguir haciendo fiaca un ratito más. 

- ¿Quedaste cansada? - me preguntó. 

- No mucho, pero no sé, me quiero quedar acá... ¿Podemos hacer fiaca? 

- Siiii. Obvio. ¿Apagas la luz? 

- Si, banca a ver... - palpe la tecla de la luz y la apagué. 

Galeno me abrazo y se acomodo conmigo. Me acaricio el pelo, la espalda y me abrazo poniendo una mano en mí estómago. Siguió recorriendo mí cuerpo con sus manos. 

- Eh... - dije, tratando de se dulce - si me seguís tocando así... No creo que sigamos durmiendo. 

Galeno se rió. 

- ¿Te gusta? 

- Si, ni hablar. Solo que... Me tengo que aguantar si seguís así - me reí. 

Galeno no ignoro ese comentario. Empezó a hacerme caricias lentas, suaves. Delicadas. Metió una mano por debajo de mí remera y entrometido como lo deseaba empezó a desordenarme el corpiño. 

- ¿Me estás excitando, malvado? 

Nos reímos. 

- Si. 

Me dio vuelta y me dejó boca para arriba. Enseguida me reincorporé y busque la manera de sacarle la ropa primero. 

En medio de los trámites, me di cuenta: 

- ¿Podía, no? Perdón, no te pregunté. 

Galeno se rió y me susurró que si. 

- Vamos a volar esto - le avisé - y este boxer tan lindo me parece que también lo vamos a sacar. 

Lo tiré al piso haciéndolo volar brevemente. 

Me reí. Galeno me miró sonriendo y se acercó para sacarme la remera. Yo lo ayudé a desligarme de todo.  

Me subí despacito encima suyo. Apoyé todo mí cuerpo sobre su cuerpo y me dejé tocar otra vez. 

- Así me gusta más la situación - afirmé y le di un beso delicado. 

- ¿Y a mí? - se rió. 

- A vos me parece que también, tengo un tema aca que me están pasando datos - le indique. 

Galeno se rió. Lo besé sonriendo y le acaricie la barba. 

Bajé por su cuerpo. Su pecho limpio, suave, su pancita breve de persona que come sano. Le di besitos breves. 

Y me sumergí en él con mucho cuidado pero además con muchas ganas. Le pedí que me atara con sus manos el pelo. 

- Oh, eso está pero re bien - dijo. Me miraba sonriendo como si se hubiera ganado la lotería. 

Lo miré y mientras lo tocaba, dije: 

- Me parece que tenía permiso tuyo para esto ¿no? 

- Siempre. No te hace falta preguntar. 

- Qué bueno - musité. 

Continué metida en esos lados largo rato. Disfrutando todo. Principalmente, el grado de entrega y vulnerabilidad de Galeno, que no dejo en ningún momento de acariciarme delicadamente. De decirme palabras positivas. De hacerme sentir cómoda. 

- Estoy siendo feliz, tenés un cuerpo tan lindo, en serio- le dije, en un breve momento de descanso, mirándolo - Y todo te hace juego. Soy afortunada. 

- Yo también y mucho - dijo, burlón. 

Me hizo reír. 

- No me distraigo más. Quiero seguir... 

- Es peligroso. 

Nos reímos. 

- ¿En serio? Me parece que es el efecto que esperaba... 

- Si, pero no quiero porque vos no... 

- Ay, tranqui -lo acaricié suavemente - después... Disfruta. 

- Cómo no voy a disfrutar esto... 

(...) 

- Vení, vení un poquito - me pidió. 

-¿Qué? 

Galeno me besó todo el cuerpo. Logro estremecerme toda con eso. 

- ¿Qué querés hacer? - me preguntó. 

- Dame tus manos. 

- Tuyas 

- ¿Las dos? 

- Las dos. Soy todo tuyo. 

Sonreí.

- Y encima sos tan lindo y tenés manos tan lindas... Eso es peligroso para mí. 

II. 

Galeno tiene la actitud histórica de ser totalmente generoso con mí placer. Siempre. Y por eso, me gusta ser generosa consigo. 

De hecho, es el único hombre con quién soy así. Tan desenfadada y generosa. Tan solidaria en el sexo, a quien quiero complacer en el sentido total del término. Pero el también es el tipo más bueno, calido, servicial, salvaje, atento y sensible para lo suyo. 

La única persona a quien yo mimo con el sexo. Más allá de una caricia, una pregunta o un mensaje, los años me han demostrado eso. No hay muchas personas con las cuales uno conecta tanto. Y cuando tenés una conexión tan fuerte, una piel tan especial, el sexo es un mimo. Es como convertirte en un proveedor de disfrute y dejar también que el otro te de todo lo que deseas, con amor. Una manera de decirle al otro: "quiero que disfrutes todo, inclusive, pasar este rato conmigo".  

La verdad es que nos seguimos llevando la misma cantidad de años. 23 años. Y él sigue siendo el tipo que tiene la capacidad para deslumbrar a mí cuerpo en sus últimos veinti, tanto que me deja pensando. 

Deja la vara alta para los pretendientes del futuro. 

¿Si siempre te tratan tan bien, y te dan todos los gustos y te hacen sentire cosquillitas lindas en todo el cuerpo, qué quedará para el futuro? 

Eso no me importa ahora, la verdad. Mientras pueda, y mientras queramos, el presente es el presente. 

sábado, 16 de diciembre de 2023

Nuevos vientos de cambio

 Javier y yo hablamos por teléfono el otro día. Quince minutos. ¿Por qué? 

Ese día, operaban a Julio. Yo no podía estar presente porque debía ir a la oficina a trabajar. Así que me acordé en un momento de desesperación que conocía al cirujano y le mandé un mensaje preguntando que podía esperar de esa situacion. 

Me preguntó si no prefería llamarlo, en un audio.  Y así, me contó la reputación del cirujano -que no es el veterinario al cual yo le tengo confianza- y me contó además en qué consiste bien el procedimiento. Me dijo que me quedara tranquila porque lo iba a ver bien y me dio una serie de recomendaciones para que no entre en pánico. 

Porque cuando vi una foto de Julio anestesiado con los ojos abiertos, duro, y mi madre me dijo que así estaba dormido, me dio mucha impresión y empecé a preguntarme si realmente estaba bien o si mí mamá para que no me preocupe en la oficina (sabiendo que tengo desafíos a diario) me estaba diciendo alguna mentira. 

Le pregunté todo lo que necesitaba saber a Javier y me contestó. Insistió en que me quede tranquila, me dijo que los gatos solían revertir el cuadro para la hora en que ya iba a estar volviendo a mi casa y que confiara porque lo iba a encontrar muy bien. 

La verdad es que termino teniendo razón en todo. Se ocuparon muy bien de Julio y por suerte, cuando llegué a mi casa, mis papás estaban cuidándolo a cuatro manos. Mí mamá lo tenía en brazos y mi papá no le perdía pisada para evitar que se suba a algún lugar y se lastime. Es decir, un excelente servicio de cuidado de abuelos para ese gato consentido. 

Todo eso me ayudó, la verdad. Julio, es mí primer gato. Procuro darle todo el amor, los mimos, y las atenciones médicas que necesite. Pero al mismo tiempo, como trabajo, muchas veces lo dejo al cuidado de mi mamá, y sucede que mí madre se está acostumbrando ahora a la presencia del gato porque siempre amo a los perros. Y fue ella justamente quien lo llevó a la cirugía, y quién lo cuidó con el mismo amor que le hubiera dado yo.

Finalmente llegue a casa doce horas después de haberlo visto a mi gatito y me encontré con que estaba un poco borrachito pero camino a ser quien es. 

Lo recibí. Lo acaricié con mucho cuidado. Le hice mimos que me permitió y después lo saqué un poco al patio para que tome aire vigilando de que no trepe. 

Al otro día de la operación, había recuperado mucho. Y aunque estaba muy dormilón, su animo es excelente. 

III. 

En otras noticias, hace una semana que Javier está yendo a la oficina sin hacer nada y con sus empleados en la misma, porque con la asunción del nuevo gobierno dieron de baja el sistema encargado de la gestión de la documentación para el comercio exterior. En algún momento se dará de alta, pero no saben cuándo, y eso implica un atraso y un nivel de desconcierto grande para toda la operatoria. Se supone que, según lo anunciado, habrá cambios en materia de comercio exterior y a eso se atribuye la demora. 

Pero lo cierto es que Javier está sin trabajar. Sin poder irse de la oficina. Y obviamente pagando a sus empleados, viéndose todos las caras. 

Conversamos también sobre eso. Es decir, sobre cómo nos agarra a cada uno la situación general del país. Él me dijo lo que piensa. Yo le dije lo que pienso. 

- Para mí, hay chance de un nuevo 2001 - me confesó. 

- Ay, Javi, ni lo digas... Sería muy doloroso para todos... No quiero que eso pase.

- Es que vos viste como empezó todo en 2001... 

- No, en realidad, no. O sea, lo sé por la historia... Pero yo no vivi realmente esa crisis - le dije, siendo honesta. 

Se rió a carcajadas. Me contagió. 

- ¿Cómo que no lo viste? 

- Si lo vi, pero no me acuerdo. No me acuerdo nada. No pude percibir nada. 

- ¿Cuántos años tenías en 2001? Para, para. 

- Y... tenía seis. 

- Nooo - dijo, y se rió - ¡No viste al Diego campeón! 

- No entremos en ese topico complicado, pero si, tenía seis. Y no, no vi al Diego campeón. Qué pesado. 

Javier se rió. 

- Argentina salió campeón tres veces. Yo vi las tres. No puede ser que no viste al Diego. 

- Yo no existía para ese entonces, Javi. Nací en 1995. Y por suerte, vi campeón a este seleccionado. Me alegra haberlo vivido.  Igual, salgamos de este tópico, dale. Es peligroso, ya. 

- Topico peligroso, dice. Seis años en el 2001, hija de puta... no puede serrrrrr- se rió - Vos vas a estar bien. ¿Lo sabes, no? 

- No sé. Es lo que más deseo. Por mí familia, mis sobrinos, el laburo, todo... 

- Si, vos vas a estar muy bien. No te preocupes. Quizá no te podes mudar ya, pero no te lo aconsejo... No es momento... ¿mhm? 

- Mientras pueda estudiar, pagar los cosas... - suspiré - Y si, obvio que lo pensé, y creo que tengo que esperar. 

- ¿Donde te querés ir? ¿A Capital? 

- No. Me quiero quedar cerca, en el sur. Pero no sé, quiero ver qué acuerdos empiezan ahora en esta etapa nueva. 

- Ahora espera. Más adelante, ves.  Porque puede que se vaya todo a la mierda. Yo se que vos sos cabeza dura, pero no te conviene mudarte ahora. 

- No, es que en realidad no tengo apuro. Nadie quiere que me vaya. Yo quiero, pero también soy consciente de la realidad. No me la quiero complicar peor. Esperaré a ver qué dice la vida. 

- ¿Y todo el resto de tus cosas, como están? 

- Ahí andan. Estoy bien. Creo. O al menos trato de ir metiéndole para adelante a todo. Me come la cabeza el estrés así que estoy pensando como gestionar eso. El trabajo acá es exigente. Voy a empezar a salir a hacer ejercicio porque necesito bajar la velocidad de la cabeza. 

- No te vuelvas loca. ¿Y otras cosas? ¿Cómo están? - me preguntó. 

- También, bien. ¿Vos ... y todo? ¿Te sentís bien?  

- Si, que se yo.  Esta es la primera vez que podemos tener una charla normal - dijo. 

- Siii. Lo logramos. Qué bien, ¿viste? - festejé. 

-  No sé.  La otra vez que hablamos, yo te juro que parecía un adolescente de 16 años. No podía caminar. No podía pensar. Estaba hecho un pelotudo. 

- Ay, Javi. No me lo recuerdes. 

Se rió. 

- Pero fue así ¿o no? Me quería morir. 

- Cuando salí de la oficina, tenía toda la camisa pegada al cuerpo. Parecía que el viento de acá me apagaba. No está bien eso. Por suerte, hoy hablamos bien. 

Mofo. Se rió y me hizo reír. 

- Bueno, basta. Voy a seguir trabajando. 

- ¿Tenés vinos o te quedaste sin? - me preguntó

 - Tengo el que me regalaste vos, nada más. No lo abrí. Y no se, tendría que ir a comprar, pero no fui. 

- Eso no te puede faltar. Voy a ir a comprar el fin de semana. Ahora te paso una lista y me decís qué te gusta, yo te compro. 

- Bueno, pasame lista y datos bancarios. Te tiro algunas opciones y combinamos caja, de última. 

- ¿Qué datos bancarios, quee? - se burló - No, no no. 

- Si, tonto. Pásame la lista y tus datos. Así tengo donde hacerte la transferencia. 

- Después arreglamos. 

- No, Javi. Si no me pasas tus datos bancarios, no arreglamos nada

- Escúchame, para - me freno - después te los llevo, yo. No te preocupes. 

Suspiré.

- Vos me decís que no me preocupe, y es ahí donde yo me preocupo. 

Se rió. 

- No voy a ir a tu casa. 

- No, por favor. 

- A la esquina de tu casa, tampoco. 

- Me parece lo mejor. Todos tenemos una imagen que mantener. 

- Pero pásame lo que te gusta, dale. Ahora te paso la lista. 

- Y vos tus datos, dale. Bueno, voy a seguir trabajando. Gracias por colaborar conmigo y con Julio. 

- Anda, tranquila. Va a salir todo bien con tu hijo - se rió - Te mando un beso grande 

- Te mando un besito, nos vemos - lo saludé, cordial. 

Corté el llamado. Volví a entrar a la oficina después de abandonar el balcón del octavo piso. Hablar con Javier mirando el rio, compone esos escenarios que jamás pensé posibles en mí vida hace algunos años. 

Por suerte, cada día llevo mejor estas cosas; no podría quejarme. He logrado tratar correctamente y normal a una persona que amé mucho y todo lo que ya es sabido. Y él, con el tiempo, aprendió que está relación (llena de silencios, de amabilidad contenida, de genuinos momentos de risa pero siempre sabiendo que eso es lo disponible) es la única posible conmigo. Yo ya aprendí, también diez años después de haberlo conocido, que es ésta la única relación posible consigo. Y que será así para siempre.  

Lo bueno es que ninguno de los dos detiene más su vida en un pendiente. Y que si algo está pendiente, sabemos por qué. Y en lo personal, ese saber, permite disminuir el dolor casi a cero. 


miércoles, 13 de diciembre de 2023

Diario de una multi: El Chongazo y la crítica literaria

Hace un tiempo conté la historia de mi compañero de trabajo, al que apodé El chongazo. Básicamente, porque el tipo es muy lindo, carismático y entrador. Se lleva bien con todo el grupo, y la verdad, hay que reconocer que sale un poco de la caja de los economistas promedio en cuanto a vestimenta. Es decir, que relaja más con la ropa, con la actitud y con la dinámica de este tipo de eventos laborales. 

Ayer, en relación con esto, tuve la fiesta de fin de año de la multi en la terraza de un hotel cinco estrellas. Fui vestida cómoda pero más arreglada de lo normal, y fue una de las primeras veces donde me sentí cómoda con lo que me había puesto, cómoda con mi cuerpo, cómoda con el darme a conocer más, cosa inevitable en este tipo de ámbitos profesionales. 

En ese tren, de pronto, no sé bien cómo fue, que me encontré frente al Chongazo. Nos saludamos y nos pusimos a hablar, medianamente nos preguntamos algunas cosas de las funciones de cada uno. 

Me contó que es Director de Proyectos a nivel macro. No sé muy bien que significa eso, pero internamente el tipo labura bien y escribe análisis económicos. Yo, le comenté que dentro de Finanzas emitía la facturación de todos los servicios y controlaba las cuentas.   Después, como una cosa lleva a la otra, terminamos hablando de libros y de escritura literaria. 

Ahí empezó al chiste. Yo leo y escribo literatura. El tipo, lee lo bastante y escribe sobre economía por lo que tiene un tipo de personalidad de palabra santa bastante notoria sobre la verdad de sus análisis macro. 

Dejando eso a un lado, me sorprendió cuando el tipo me dijo que lee a Borges, siendo economista. Me explicó que había estudiado economía para no leer y admitió que yo leía desde joven, aunque ahora me dedicara a los números. Analizamos algunas obras muy rápido y entendí su posición aunque no compartí demasiado su aproximación o criterio frente a obras. Creo que es como si yo quisiera hacerme la sabelotodo en términos de oferta y demanda cuando todos sabemos que no me especializo en eso... 

Pese a la parte más intelectual con posiciones opuestas, continuamos hablando, y todo en un buen plan, hasta que me dijo que prefería a Borges y que Cortázar le parecía infantil. Le pregunté qué había leído de él, y le sugerí amablemente adentrarse en sus novelas.  Cómo dato de color, el Chongazo, oriundo de Mendoza y nacido allí, añadió entre otros de sus tópicos, que amaba el vino. Le dije que yo también y reunimos algunas otras coincidencias. Fue una buena charla y una buena manera de sacarme algunos prejuicios. 

Otras charlas muy similares, se dieron con un ex funcionario público, que tengo de compañero y que me preguntó sobre mí primera carrera, Letras.  Otra charla, con la profesora de Inglés de la empresa, que fue invitada. Y otras más, en tono un poco más informal, con asesores económicos que trabajan de manera remota para la empresa desde sus ubicaciones.  Gente que, en su mayoría, no conocía. 

Lo concreto de todo esto es que llegue a la fiesta de fin de año y termino el 2023 como no lo imaginaba. Y por otro lado, pienso que la multinacional al final va a tener muchos más lectores de los que imaginaba. 

Quizá, de a poco, los puedo ir evangelizando a todos silenciosamente en el placer de la literatura. 



miércoles, 6 de diciembre de 2023

Un tornado sexual

Galeno estaba en esos momentos dándomelo todo. Pero todo es todo, cruzando así el umbral de lo conocido para ambos.  Yo no podía dejar de sentir una corriente confortable en el cuerpo. Literalmente, estaba volando mientras él cumplía a la perfección con el paso a paso sexual. 

Lo miraba sin dejar de sonreírle. Por el placer. Porque me causaba gracia lo bien que me estaba complaciendo. Porque sé que lo está haciendo así derivado de conocerme, de saber todos los puntos que me detonan y un montón de estrategias felices. Y porque me sigue asombrando de que se acuerde de todo pero todo lo que quiero. 

 Imaginarse esa sensación de entendimiento es poco pero asimilarlo con todo lo positivo en materia sexual es justo. Sentía a Galeno por todos lados y estaba con mí cuerpo exigido al cien. Solo podía decirle que siguiera aunque al mismo tiempo no sabía por cuánto tiempo más iba a soportar las embestidas precisas y matadoras. Fuertes. De las más importantes que recuerdo para nosotros. De las mejores. 

- ¿Está bien así? - me preguntó Galeno, porque me estaba llevando a límites nuevos de resistencia y yo empezaba a sentir frío, calor, y a dejarme poblar la frente de un sudor fino e inevitable. 

-  Si que estás, eh, pero estoy bien... - le dije, siendo honesta - Me gusta mucho. 

Se rió. 

- ¿Querés que me vaya? 

- No, ni loca. Estoy por explotar pero no quiero que te vayas. 

Nos reímos sonoramente. Me relajé. Galeno me inclinó hacía su cuerpo, sin irse del mío, y me acarició la frente. Conteniendo mí cuerpo, que empezaba a perderse en un mar de placer y de sonrisas, mantuvo su suave ritmo. Me estaba dando un respiro. Se movía despacio, sin apuro, con calma. Me miraba, sacándome el pelo de la cara, y a mí me costaba mucho no cerrar los ojos. 

- ¿Mejor así? 

Asentí con la cabeza y sonreí.

- Si. Me gusta todo , en serio, no puedo creerlo. 

 Galeno se rió. Me acomodo el pelo y me dio un beso en el rostro. 

Sonreí. 

- Mira - dijo y me acompaño una mano para que sintiera en su cuerpo los resortes del placer. Continúo dentro mío, asimilandonos, soportando la intensidad. 

Me rei. 

- Amo. En serio, amo esto. 

- ¿Y esto? 

Sentí las cosquillas dentro de mí cuerpo. Galeno supo, porque ya me conoce, que estaba lista para sostener la intensidad hasta el final. Y siguió dando todo. 

Una vez que los dos estallamos, suspiré y me reí. Él se moría de risa. Ninguno de los dos podíamos creer lo espectacular que había sido ese round. 

Galeno me dio un beso y me apretó contra el. Había quedado cansado pero su cara daba cuenta de la felicidad. 

- Creo que nunca sentí algo así - dije. 

- No, yo tampoco. Fue tremendo. Muy tremendo. 

- Pero me encantó. Mucho. 

- A mí también. 

Nos reímos. 

- ¿Podemos hacerlo de nuevo cuando tengamos cuerpo para repartir? 

- Siiii - dijo Galeno y se rió - lo vamos a hacer. 

Me quedé abrazada a él. Recuperando el sentido de mí cuerpo y saboreando el placer. 

- Le dimos lindo - musitó. 

Me reí y escondí el cabeza en su cuerpo. 

- Me la mandé con los ruidos, pero eso también es inevitable. ¿Vos decís que se escuchó mucho? Espero que no digan nada... 

- Me importa un choto - aseveró - Me encanta que te expreses. 

- Nunca mejor, esa expresión - lo burlé - Me gusta que le des importancia sexual a cosas sexuales. 

A fin de cuentas, no supimos si nos escucharon. Pero si sucedió, ha valido tanto pero tanto la pena que volvería a expresar lo mismo. Aquello inmanejable y hermoso que tiene también la condición humana. 

En cuanto a Galeno, me ocupé personalmente de devolverle la generosidad con las cosas que más le gustan. Esas que lo dejan con cara de niño bueno, con un boletín lleno de buenas notas. 

El me diría, un ratito después: 

- No me podes *** así, ***  - exclamó usando mí apodo. 

Lo miré con cara de circunstancia. Me sumergí en su cuerpo y sonrió. 

- Me encanta - dijo. 

Yo seguí en la rosca con intensidad. Vigilando lo que sentía. 

- ¿Cómo estás? ¿Te queda cómodo? 

Me miró, despatarrado, entregado y sonriéndome. 

- Mejor que bien. Muy muy bien. 

Lo acaricié. Volví a sumergirme. Me quedé un largo rato en esa dinámica, porque me relaja y me parece genial disfrutarla tanto de ambos lados. Galeno en cuanto estuvo listo, reventó su globo. Y volvimos a ser, en otro round, todos felices. 

No es por compararlo, pero... La calidad sexual con Galeno es para retratar. Sabe hacer tan bien tantas cosas que yo no me imagino cómo sería haberme perdido esta experiencia. A sus 54, me hace olvidarme de dónde estoy parada y eso, le deja la vara alta a los pretendientes del futuro. Además, me da la posibilidad de ser tan libre, de estar tan tranquila con mí cuerpo, de imaginar cualquier cosa, que obviamente le doy todo lo que está en mi mano. Y eso, también lo convoca. 

No hay nada falluto en nuestro sexo. 


sábado, 2 de diciembre de 2023

El último mes del año

 Ayer, en terapia, le comenté a la mi psicóloga que sentía un gran cambio en algunos aspectos de mi vida y lo cierto es que si miro para atrás un año hay mil cosas que cambiaron. 

Mientras llega el final del 2023, pienso cómo empezó y como va terminando. Recuerdo que el lunes primero de enero escribí que no tenía demasiadas expectativas para este año, que iba a dejarlo ir para donde quisiera, y hoy pienso que fue una decisión importante. Una buena decisión.

Viví. Eso no es poco. 

Entendí cosas que en enero de este año no entendía. Adopté un gatito que es lo mejor de todo este año, desde ya, porque desde ese día de junio donde lo fui a buscar supe que no hay día dónde no agradezca habernos conocido. Vi crecer a mis sobrinos, los amé y tuve el privilegio de abrazarlos y charlar y estar para lo que necesiten. Estudié. Leí. Disfrute de algunas cosas. Padecí y maldeci con otras. Me fastidie con gestos, personas y afines. Traté de reparar conscientemente errores. Avance en mis procesos interiores a paso muy lento pero honesto.  Compartí tiempo con mis padres. Con mis hermanas, incluidos los tiempos de pelea, disgusto y ganas de mandarlas a cagar.  Y así, llegué a julio. 

El mes donde cambió el 2023. El mes a partir del cual yo siento que el año empezó siendo uno y termina siendo otro. 

II. 

Porque si hubo un plano de mí vida que se la rifó con los cambios fue el plano laboral y profesional. Y el primer paso fue algo curioso: empecé a creer-pero de verdad de verdad - que yo merecía tener un buen trabajo. Y cuando me di cuenta que yo merecía tener un buen trabajo, me pregunté que podía mejorar para acceder a eso.  

El darme cuenta que estaba en un lugar laboral que había elegido por necesidad pero que no me iba a dar nada más, fue un proceso duro. Yo había aceptado trabajar en un lugar así porque lo necesitaba, pero también porque creía que merecía esa forma de laburar, ese desorden, ese trabajo por dos pero cobro lo mismo. Me llevo meses darme cuenta de que en parte mí infelicidad dependía de eso y de la creencia fea que sostenía. El trabajar en un lugar donde gritaban, a veces hacían cosas muy cualquiera (aunque a mí me trataban bien porque tenía otra educacion y mucha paciencia), donde todo era de una informalidad patológica y dónde lo único y máximo era tener un auto; era un lugar donde jamás iba a poder lograr realizarme. 

Darme cuenta de que estaba en un lugar que estaba por debajo de lo que yo podía dar, fue también duro. Sabía que tenía que cambiar pero al principio me daba miedo dar el paso, pensando que tenía que valorar el trabajo y que quizá yo era muy quisquillosa y que... 

Y que nada. Hubo un día donde me pesó más la vida que yo creo merecer que las vivencias de los otros. Que la historia de fracasos de mí familia. Que las pocas oportunidades de mis padres. Que el no animarme. 

Y di el primer paso. Uno que representó saltar una barrera mental. Empecé a estudiar inglés dos veces por semana por la noche en un instituto presencial para mejorar el acceso al trabajo nuevo que quería. Pagué con esfuerzo la matrícula y la cuota y dije: "veré como me organizo con la plata para pagar esto, que es un montonazo para sacar del sueldo, pero bueno, tengo que intentarlo. Este mes, al menos, ya está pago. Tengo un mes para pensar". 

III. 

Mí madre, cuando le conte que había decidido estudiar inglés y que lo iba a pagar aún aunque tuviera que endeudarme, me miró con cara de circunstancia. Me preguntó por qué se me ocurría a mitad de año empezar a estudiar inglés siendo que trabajaba en una oficina todo el día y estudiaba otros días hasta las 10.30 PM. Yo le dije que sentía que estaba perdiendo oportunidades de progreso si no sabía inglés y que necesitaba hacer algo concreto por la vida que me quería armar.

Me dijo: "Veinte, vos vas a conseguir todo lo que quieras, sepas o no sepas inglés, aunque estés estudiando todavía, porque lo que es para uno, es para uno. Tené fe. Si es para vos, va a ser. Vas a ver. Vas a hacer de tu vida todo lo que quieras. Si querés empezar inglés, empezá el año que viene, que quizá podes separar la plata". Y yo, entendí el mensaje de mí mamá pero al mismo tiempo sentí que no podía esperar más. Que tenía que empezar a girar en esa dirección desde aquel presente. 

Apliqué, mientras trabaja, estudiaba en la facultad y en el instituto de inglés, a muy pocas posiciones. Es que, yo estaba buscando un trabajo en particular, un trabajo mejor que el que tenía, un trabajo que me diera la posibilidad de probar cosas nuevas. De progresar. 

IV 

En el momento donde menos me lo esperaba, porque llevaba dos aplicaciones a dos empresas multinacionales, y porque solo había llegado a pagar la cuota y el primer mes del instituto todavia no había ni terminado, lo que buscaba, increíblemente, sucedió. 

Me contactaron de una de las dos empresas multinacionales donde había postulado. Estaban necesitando en carácter urgente cubrir la posición de una Analista de Facturación y Cuentas Corrientes. Ofrecían un sueldo bueno, clases de inglés o portugués totalmente pagas y algunas otras prestaciones. 

Cuando salí de la primera entrevista, le dije a mí mamá que no me quería ilusionar porque era demasiado parecido a lo que yo quería. Y porque, además, iba a suponer pensar en dar un primer paso importante en un círculo diferente a todo lo que conocía. Cuando me llamaron para decirme que estábamos en condiciones de tener una segunda charla, ni yo  podía creer que hubieran elegido mi cv para llamarme y pensaba que la urgencia los había hecho marearse. Y cuando me llamaron para decirme que había sido la elegida, entre tantísimos postulantes, no podía creerlo. 

Una parte de mí estaba asustada de lo que suponía eso. Pero otra venía creyendo y haciendo tan fuerte que... ¿Qué esperaba? Quizá, esperaba fallar.

Pero no. Finalmente, aquí estoy. Habiendo podido creer en algo que yo pensé que era solo para otra gente y viviendo está experiencia cada día. 

V. 

Creo que está experiencia define el 2023. No por lo concreto, sino, por el proceso. Por el cambio mental, por el momento donde me agarró, por ver posibilidades en las tinieblas del ni idea. Por sentir un convencimiento claro y total de que merecía una vida mejor sin tomar en cuenta ni los fracasos ni las limitaciones de otras personas. Por hacerme cargo de mí propia historia y la propia vida y preguntar: más allá de todo lo que viví hasta ahora, y de como vivo, ¿cómo quiero que siga siendo mí vida de acá en adelante? 

Supongo que esa es la pregunta que me llevaré para el año que viene. Mientras tanto, sigo viviendo en este.