martes, 25 de agosto de 2026

La radioculpa

Me di cuenta ayer, cuando me quedé a solas.  Había estado todo el día escapando. Todo el santo día escapándome de un pensamiento implantado, casi a pesar mío. Escapándome porque prefería trabajar y no ponerme a pensar en cosas que no tienen mucho sentido pero que, de igual manera, pasan.

En estos dos meses de contacto -1 con Javier, la verdad, es que traté de no pensar tanto en lo que había pasado, ni en él. Me cansó y dije: “chau”.  Seguí adelante con una rutina completísima durante la semana, descansando los findes y haciendo mi vida.   

Él llegó con un: “necesito saber que está todo bien entre nosotros, de mi lado sí”. Y yo le dije que también, que todo ok. Entonces me preguntó por qué no nos veíamos y le contesté: ¿para qué?  Y ahí, empezó la verdadera conversación.

Javier reaccionó con pelos, señales y argumentos a esto. Yo, tiré la pelota afuera, incansablemente.  Es siempre la misma cuestión: la culpa vs el deseo.  Y sus palabras: “si es incómodo para los dos, es un problema; pero si es demasiado cómodo también es un problema; si yo no sentiría esta culpa, significaría que nada me importa, pero no es así”.

El punto es que nada de eso es mi problema. De solo pensarlo, me agota.  De ese cansancio improductivo, de ese dolor infecundo, de ese “sí, pero no”, es de lo que me estoy escapando. 

Tal como le dije a Javier: yo no estoy adentro de tu cabeza para adivinar qué es lo que te detona y desconozco el desarrollo de la culpa que sentís. Si entiendo que para vos sea muy difícil de manejar, y lo respeto; pero la culpa es una radio que solamente la apaga el que la padece. De mi lado, puedo decirte que sé que  te cuesta tomar distancia, y que me ha pasado lo mismo, que antes también me re costaba ponerte un límite; pero ahora no quiero exponerme más a pasarla como la pasé la última vez, ni me interesa sentirme así de nuevo. Sacando eso del medio, todo está bien con vos.

-            ¿Estás enojada?

-            No, no. ¿Vos sí?

-            No, ni loco. De mi lado está todo bien con vos. Si no querés que nos acostemos más, no lo hacemos, nos podemos ver para tomar algo si querés.  Podemos charlar, como exs amantes si vos querés que seamos eso y llevarnos bien.

-            Sí, seguro en algún momento nos vamos a cruzar por el barrio… y no pasa nada.

-            Lo único que te pido es que por favor no te cruces de vereda…

Me reí, levemente.

-            No, no seas boludo. Está todo bien.

-            ¿En serio no te acordás? ¿No hice nada bien para que te acuerdes?

-            No, prefiero no hacerlo. Lo que hiciste bien, lo hiciste bien  y yo lo que yo hice bien, lo hice bien. Listo.

-            Ya te vas a acordar, vas a ver. En algún momento…

-            En serio. No tengo por qué. Vos ya no me mirás de la misma forma. ¿Por qué tendría que pasarla mal recordando?

-            ¿Qué no te miro de la misma forma, decís?

-            Obvio. Ya me lo demostraste, me quedó claro. Es todo pasado, a esta altura.

-            Presente, es. ¿Qué pasado?

-            Pasado.

-            Pero yo me acuerdo de todo, cómo me vas a decir que no te acordás, que ya te olvidaste. Me parece haberte dejado muy claro que sí me gustás. Sé todo lo que te gusta, todo, no me podés decir eso.  Te hago una lista ya de las mejores noches.

-            ¿Las pasaste solo?

-            No.

-            Bueno, entonces mantenete humilde.  Porque las cosas que pasaban entre nosotros, pasaban por vos, pero también por mí. Y ese es el problema, para los dos.  A mi me costaba mucho. Pero bueno.  Eso. Eso tengo para decirte.

-            (…)

Eternamente, la misma charla que no llega a ningún lado. Lo llamativo es ¿por qué no suelta y ya está, así como hice yo, durante los últimos dos meses?  

Lo peor es que él solito me dice que me tengo que buscar parejas mas jóvenes, porque los agarro muy viejos, y ese es un consejo que siento que se debe repetir a si mismo. Total ¿qué le importan las decisiones que yo tomo en mi vida, si es una vida en la que jamás estuvo?

Habla raro. Oscuro. Desde un lugar que ya no quiero entender.

 

II.

-            Podemos volver a comer ahí, si te pinta – me dice Mi Programa, porque salió la charla.

-            Sí, yo quiero ir. ¿Vos? – pregunto.

-            Obvio.

-            Ese día me hizo feliz – le dije, riéndome.

Mi Programa y yo, mientras tanto, acomodamos piezas. Yo, ahí, trato de estar presente y disfrutar.  


III.  

Mis redes me lo avisan. Una "publicación" que homenajea a Lorca por los 90 años de su asesinato. A Javier, le gusta esto: 


Qué difícil se ponen a veces las iniciativas de querer a quien nos corresponde. 


domingo, 23 de agosto de 2026

Contacto -1

Javier volvió a escribirme ayer después de 2 meses.  Luego de la noche donde su cuerpo no lo acompañó en el deseo, no nos volvimos a ver, ni hablar, ni yo levanté el guante a sus llamadas de atención. 

Primero un like en redes sociales, después like en mi WhatsApp, hasta que finalmente ayer se decidió y me escribió para saber como estaba.  Sesenta días después, imaginarse que casada con una nena, ya, era lo más sensato. 

Por mi lado, yo habia salido a pasear y cuando estaba volviendo a mi casa, la vi a su novia con unas amigas en una cafetería. De pura casualidad, claro.   Pasé por al lado, segui mi camino y me dije: qué raro, anda por aca, no anda con Javier y no mucho más. ¿Qué me importa a mi, en definitiva?  Llegué a casa, en mi mundo, con mi música, muy zen. 

Cuando agarro el celular de nuevo, veo que Javier me escribió. O sea que mientras tenia que estar pasando tiempo solo, tranquilo, estaba rosqueando.   Le respondo seca. No me hago la boluda, pero, estoy desconcertada. Sin darle un céntimo de confianza. Me explica que quiere saber si entre nosotros las cosas estan bien, que él quiere verme.  Y ahi le respondo: "¿para qué?". 

¿Para que volvamos a pasar por la incomoda y nefasta situación? Cuando pienso en esto, entiendo la principal diferencia. Para mi, Javier ya no cuenta. Dejó de contar hace 60 días. Los mismos donde él evidentemente dudó si estaba o no todo bien, y donde yo, me enfoque en no hacer de ese rechazo mi identidad o mi percepción del cuerpo, por ejemplo.  

Ayer, cuando le respondo con el para qué, él me escribe sin pausa, como dos horas. Hablamos de lo que pasó. Yo le dije la verdad: que me sentí incómoda y que no veía necesidad de exponerme a un contexto lleno de tensiones para recibir ese trato. Que no había sentido ningún tipo de necesidad de acercarme a él, ni nada por el estilo.   Que entendía que había intentando ponerme un límite con el cuerpo y que yo no iba a hacer ninguna movida. 

Javier me pidió perdón. Me dió una larga explicacion que trataba de justificar lo que el definió como una noche muy complicada. Me dijo que no había sido su intención que me sintiera de esa forma; que lo había aturdido la culpa y que lamentablemente era un mambo suyo desde siempre, que le hacía ponerse así de raro. Por eso, yo quizá me había sentido rechazada y esperaba que lo perdonara, porque él había creído ser claro en lo mucho que me deseaba, no puntualmente esa vez quizá con una mala noche, sino con todas las noches anteriores donde la habíamos sabido pasar muy bien.  Aclaró ademas que estaba todo bien de su lado, que si no quería que volviera a pasar ninguna cosa entre nosotros, lo comprendía. Y que, mas alla de todo, podíamos hablar y nos podíamos juntar a charlar, a comer, si yo lo aprobaba. Y, por último, también nos podíamos saludar pero que, por favor, no me cruzara de vereda si lo veia por el barrio.  

Después, nos despedimos cordialmente pero sin ninguna promesa.  Yo no siento ganas de acercarme a una persona que me rechaza y se lo digo literalmente así. Él me dice que no le puedo decir eso, que se supone que está bastante claro que no hay rechazo, que me dio a entender eso en varias oportunidades y que mil veces disfrutamos. 

Pero a mi, es como si me hubiesen quemado el disco. No veo nada mas atras de la última imagen que tengo suya, la de un chasco sexual espantoso y la del dia anterior, en el teatro, jugando al novio feliz mientras por dentro padecía. 

¿Qué, no te acordas?, pregunta.  No, le digo, fue hace mucho.  Y se nota que eso le molesta, porque reacciona con una honda descripción de absolutamente todo lo que me gusta.  A mi me importa poco. O sea, sí, lo sé, pero ¿qué hago con eso, si es un recuerdo? 

En ese rato, me relajo, ceno y le mando un mensaje a Mi Programa porque me quedo pendiente contarle algo. Después, me acuesto.  Ni bien termino de hablar con mi programa, y cuando estoy por dejar el celular en la mesa de noche, el nombre de Javier vuelve a aparecer en la pantalla.

Hablamos, me insiste en la charla anterior. ¿Por qué ya no me rio consigo, por qué creo que ya no le gusto, si se que no es asi, si se que el es culposo? ¿Por qué estoy asi?  

Añade, además, que si es incómodo todo entre nosotros es un problema, pero que si es demasiado comodo, para él, también lo es. Yo, no le digo nada sobre eso. Solamente, que no tenemos que volver a meternos en un problema, que yo estaba bien, que no estoy enojada consigo y que no necesito su check para sentirme linda. 

Javier quiere que salte y usa todo lo que sabe que me molesta, pero me agarra en un buen dia, y hasta me doy el gusto de boludearlo. Lo amé mucho, sí, pero no es el caso ahora. Ya la piedad por el y por su historia, no justifica cómo me trata o como me hizo sentir ese dia. 

Por todo eso, esta vez yo no tengo ganas.  No quiero volver a exponerme a eso, no quiero verme de nuevo en esa película.  Simplemente, aunque claro que me acuerdo de todo, prefiero hacerme la boluda y seguir con mi vida. 

Durante toda esta charla, me dije que sí el me arruina la vida, va a seguir con la suya como si nada. Que llevarme puesta, como se la llevó puesta a su novia, no tendrá costos. Qué probablemente si me arruina la vida sea una anécdota. 

Hoy me levanté, desayuné y me fui a nadar. Nadé 50 intensos minutos, con lo siguiente: 

100 metros suave de entrada en calor. 

250 metros de patada de croll con aletas. 

100 metros de croll con manoplas y aletas. 

100 metros de pecho con manoplas. 

100 metros de croll ida y espalda vuelta, pero sin aletas. 

100 metros de ablande suave. 

Había bastante que dejar adentro del agua. Almorcé, estuve al sol, dormí una siesta con mi gatito y me hice una regia merienda-cena. 

II. 

Ahora, junto fuerzas para levantarme post deporte porque el cansancio se siente. Resuelvo lo último del domingo y a dormir. 

No puedo solucionar este tema con Javier, pero si puedo enfocarme en mi para que, siempre, esta historia dolorosa, me agarre en paz conmigo misma y con la vida que voy eligiendo, aprendiendo a elegir, mejorando muy de a poco, pero a paso constante. 

sábado, 15 de agosto de 2026

Minita al agua 🤽‍♀️

 Hoy entré a la pileta después de un año.

 Hace un año atrás iba al club, entre otras cosas, para bañarme con agua caliente porque el termotanque de mi casa se había arruinado. Hasta que mi papa colocó el nuevo, natación fue un gran refugio en ese momento de necesitar un espacio seguro. 

Hace un año atras, pasaba una de las epocas mas difíciles porque recién descubría cuanto me afectaba la culpa. Terminaba las sesiones de terapia muy triste y me costaba ser constante con las cuestiones que no fueran estrictamente necesarias.  Estaba entendiendo que podía ver y vivir de otra forma pero no veía el futuro. 

Hoy me metí al agua en calma. No buscaba una ducha caliente extra, tampoco me las veía con una culpa que me hizo sentir ganas de morirme.  Un año después, me meto al agua y me repito algo que aprendí y sigo aprendiendo: merezco hacer cosas que me hagan bien a la salud porque tener salud es una bendición. Y esta bendición, hay que aprovecharla como tal, sin sentirse en deuda. 

Durante 30, de mis 31 años, yo me sentí en deuda con la salud. Con tener salud, con las personas que me habían ayudado a sosterme en los momentos mas difíciles cuando era pequeña y por todas las terapias a las que había podido acceder gracias al sacrificio de mi papá y mi mamá.  Eso me generaba cantidades inexplicables de culpa. Sentí durante toda mi vida una necesidad muy intensa de devolverles. De compensarlos. De pagar. 

Cuando hace un año, o más, buena parte de mi estructura colapsó, yo fui conociendo una parte de mi que escondía dolor a través de la cáscara de la culpa.  Había sentido dolor y quería repararlo de alguna manera y no poder hacerlo como yo pensaba que lo tenia que hacer, me llenaba de remordimiento.  

Obviamente que hacer actividades que fueran buenas para mi salud, sin asociarlo a la culpa, me resultaba dificil. Por eso, me costaba sostener el deporte en la adultez, cuando yo misma me lo podia pagar y ya no tenían que hacerlo por mi, como si lo habían hecho desde pequeña.   Y no me costaba por vagoneta. Me costaba porque yo no sabía bendecir mi salud ni sentirla como un regalo.  

Hace un año y poco mas, para mi tener salud era un título de deuda. Algo imposible de saldar. Me sentia en falta constantemente con una especie de equilibrio cósmico de las personas con espasticidad del mundo; donde según esto, yo no tenia ni chance de una vida normal. Y sin embargo, la estaba viviendo. 

Hoy, el panorama es distinto en esto. No implica una batalla ganada. Quizá esto no sea algo ganado nunca. Pero correr la culpa de lado y sanar esta parte de mi historia con trabajo interior, terapia, y tiempo, me trajo mucho alivio. Como si apagara una radio interior que no se había callado nunca. Hasta ahora. 

Si freno un poquito definiría el presente como una mujer que se mete dentro de una pileta y por primera vez en toda su vida no siente que lo hace para vivir y lidiar con su espasticidad, y debe pagar algo después; sino, solo para disfrutar que sabe nadar y nadar la hace sentir sana, feliz y descontracturada.  

Y pensar: qué importante es tener buena salud porque con eso uno puede nadar. 

II. 

Es curioso pero este regreso no tuvo una gran fanfarria.  Me ocupe del pre, obvio. Comí bien, me arme el bolso, me protegi el pelo y tome una sesión de nado de 45 minutos.  También me hice la pedicuria para ir con las manos y pies impecables, combinadas y todo. 

Nada de romperme. Nada de enloquecerme.  Nade 45 minutos con patas de rana, tabla, sin ningún accesorio y cuando lo considere adecuado me saqué la gorra y a las duchas. 

Me pasó algo curioso hoy y es que sentí esta sesión de nado como una meditación constante. Mi cabeza estaba silenciosa. La pileta estaba bastante tranquila. Afuera lloviznaba. Y mi cuerpo era afortunadamente un vehículo que me llevaba a pasear a cuatro metros de profundidad.  

Ir sanando la culpa, me sigue desafiando y dando oportunidades de descubrir mas del mundo, cada dia.  Es sorprendente cómo cuando se logra dejar de escuchar un discurso interior tan contraproducente, uno descubre que hay millones de voces más disponibles. 

Algunas de ellas, construyen mucha paz. 

domingo, 9 de agosto de 2026

Combustión existencial

 Cuando Javier me recibió en su casa ese día, hace muchos meses ya, llevábamos tiempo sin vernos. Ser amantes por entonces no era el plan, era consecuencia de un mal manejo de las cosas. De no poder sostener distancias, de no registrar límites o de no asumir (al menos en mí caso) que ya estaba, que esa manera de vivir no era justa. Que aunque lo amara toda la vida, esto ya no daba para más. 

Hoy en día, meses después de eso, entendí el punto. Un día me encontré en casa, saliendo de la ducha, y me dije: "prefiero amarlo de lejos toda mí vida si así fuera, antes que permitir que me la arruine".  Pero llegar a esta conclusión costó mucho. Y en el camino, vivir consigo tantas experiencias intensas, hizo que costara todavía un poco más. 

Aquel domingo, nos vimos. Hacía bastante calor y yo no sabía que ponerme. Era exactamente mí último mes con 30 años y él lo sabía.   Javier me vio entrar con un tono más rubio en el pelo a su casa, vestida con un short negro, sandalias y una remera sencilla.  No me había dado demasiada vuelta porque siempre me sentía descarnada ante sus ojos negros, intensos, impresionantes.  Me dijo que me quedaba bien el pelo de esa forma, más claro, y yo le hice un chiste.  Rubia menemista. Me sonrió y me miró como si estuviera lejos, ajena, en otra vida, pero indeciblemente cerca.  Como si observara mi cuerpo detras de una vidriera. 

Puso un vinilo en su tocadiscos y conversó despacio sobre lo que había hecho aquel día.  Yo me mantuve en calma. Una calma tensa hasta la primera aproximación.  Principalmente, porque a partir de ahí, todo pareció entrar en un terreno desconocido para ambos.   Y así, se inauguró otra de las experiencias que lo cambiaron todo. 

Ese día, ni bien pase la puerta de madera de su casa, y charlamos brevemente, Javier me condujo con suavidad y me apoyo contra ella. Recuerdo haber pensado lo aplicado que era, porque había tomado nota de una cuestión clave: yo necesitaba intensidad o mejor dicho, desfachatez para entenderme consigo, porque era una bestia que había despertado.  De eso, él, tenía de sobra. Al menos, por entonces. Y así, en ese desborde apasionado, era donde mejor nos entendíamos. 

Me besó tanto y en tan poco tiempo, que mí reacción más genuina y ubicada, fue empujarlo y sacarle la ropa a los tirones. Cómo jamás en mí vida me imaginé desvestir a alguien, al menos, hasta que tuve la oportunidad de hacerlo con él.  El resto, fue cumplir todos mis caprichos.  Besarme por todos lados, acariciar lo pedido, y usar todo su potencial para darme un placer que le sería devuelto en breve. 

Hubo un momento en esa avalancha donde lo vi y me vi y pensé : Dios, no puede estar todo tan mal. Principalmente porque estábamos tirandonos de la ropa, acariciándonos desesperados y besándonos como dos delincuentes; sólo con una puerta de diferencia entre todo el barrio del que había que ocultarse y toda la intimidad posible. 

Y porque, además, se estaban rompiendo todas las reglas. Por eso la culpa, la horrible culpa, no tardaría en llegar luego con su rastrillo prendido fuego, pegando una barrida intensa en el estómago, la garganta y el resto del cuerpo atravesado y marcado por todas las huellas de un encuentro imposible.  

Javier solía decirme que él zafaba de exponer mis marcas porque era poco lo que mostraba su cuerpo. Además, tenía mascotas, jugaba a la pelota y cada acción de contacto le servía para enmascarar otras acciones.  Esa mentira que decía, junto a otras omisiones que lo hacían zafarse de su vida construida bajo otros preceptos, a mí me pesaba demasiado. 

Entonces, le pedía perdón y le explicaba que no lo hacía apropósito. El insistía con un: no importa, no pasa nada y me seguía contando que, a veces, en la ducha o frente al espejo, se encontraba con marcas que yo le había dejado. El pecho con algunos rasguños. El cuello apretado. Los hombros. Tenía su lista personal y privada. 

¿Qué había que hacer, entonces, con todas las que yo también me traía encima? Eran apenas las más sutiles de las infinitas consecuencias de las que siempre le advertí. Chupones. Moretones de todo cuánto nos llevábamos por delante. Rastros. El residuo feliz de las mordidas en todo el cuerpo. La nuca y todo aquello que mí pelo tapara, lleno de señales. 

II. 

Pero ¿qué hacía ahí, por qué estaba así? 

Era difícil responderme. Javier nunca me desatendia tanto para que yo llegara a la respuesta. Y ese domingo, menos aún.  Me había desnudado, me estaba haciendo imposible el minuto de vida y yo acababa de apoyarme contra sus impuestos inmobiliarios y su boletita de agua para que me hiciera el amor; después de que volara con un manotazo todo el lado ocupado de la mesa. 

- ¿Así te lo imaginabas? Estoy haciendo todo lo que querías. Pedime. Vos solamente me lo pedis y yo lo hago. Quiero que disfrutes mucho. 

- No tan así. 

- ¿Cómo que no, por Dios? No seas tremenda conmigo. 

- Lo haces bastante bastante mejor que como yo me imaginaba - le respondí - Estás intuitivo. 

Javier sonrió y me besó toda. Yo trate de no involucrarme tanto en eso, para no generar malos momentos, pero en un determinado momento lo miré y frené.  

- ¿Vos querés besos, que me buscas así, boludo?

- Yo quiero todo. ¿No te das cuenta? 

- Vamos a darnos besos como la gente, entonces- dije. 

Javier se rió. Me acerque a el y lo bese profundamente. Pocas y contadas veces había hecho eso. Muy pocas. Porque se que me saco un poco de quicio.  Con mi poca altura, sin embargo, lo apuré.  Me devolvió el beso con fuerza. Enérgico. Y de esa forma, termino de sacarse la ropa con necesidad, como si con eso se arrancara una vida. 

- ¿Y ahora, qué hacemos? - me dijo mientras me miraba estúpidamente - ¿Qué querés? Yo hago todo lo que me pidas. 

- Llévame a la cama  - le pedí. 

Fue la única vez que se lo pedí. 

- ¿Querés ir a mi cama? 

- Si, Javier. Quiero ir a tu cama, de excursión, como Dora, la exploradora. 

Javier se rió. 

- Qué pendeja que sos - dijo y me llevo a su cama con delicadeza - Sos hermosa hija de puta. ¿Cómo haces todo así, vos? 

Me llevó acariciándome y manteniéndome pegada a su cuerpo, directamente a los pies de su cama. 

- Ni preguntes. 

- Ni pregunto. Bueno. Pero ... ¿acá te gusta? 

- Sí, Javi. 

- Entonces acá te vas a sentar y me vas a dejar que yo...  -empezó a decirme. 

Y el resto, fue historia. 

III. 

De ese diciembre, pasaron muchas cosas. La última vez que lo vi a Javier fue en junio. Ya casi no pienso en los encuentros sexuales, ni en el sonido de placer que salía de su boca cuando lo tocaba. Supongo que el último recuerdo, el recuerdo de su precocidad, va eclipsando todo su deseo anterior. 

No lo considero poco hombre por eso. Al contrario. Es un hombre que sigue seguramente teniendo deseo, y que seguro sigue teniendo sexo con un cuerpo que si lo acompaña.  Es lo mas normal del mundo que le pase eso. Mi lectura solamente se centra en el contexto. Le pasó conmigo, le paso emocionalmente muy conflictuado y eso ya basta de muestra. 

Lo que yo tomé de todo esto fue que su cuerpo me dijo que no, quizá, de una manera en la que el nunca pudo sostenerlo solamente con palabras. Que conmigo no lo acompañó. Y aseguro que recibí el mensaje con creces. De hecho, jamás volví a contactarme con él luego del episodio. 

Ni para aclarar, ni para oscurecer, preferi y sigo eligiendo dejar todo como está en el medio de las múltiples complejidades humanas y emocionales que todos, no solo él, o yo, atravesamos. El deseo es una fuerza muy poderosa, sí, pero perecedera. Y probablemente esa noche (aunque de una forma muy incómoda) esto se puso de manifiesto. Ante eso, no considero que haya ninguna palabra más para decir. 

IV. 

Desde entonces, asumi el compromiso seriamente con Mí Programa. No considero que estemos en una relación sostenible, pero si sé que no inicie ningún tipo de contacto con Javier ni con nadie que implique faltar a mí promesa personal de elegirlo por sobre otros.  

Muy de a poco, conecto con el deseo. Ni es fácil, ni es de hoy para mañana. Es un proceso distinto porque el no haber sido elegida esa noche (ni siquiera con el cuerpo), me dió duro. Generó en mi espacios para inseguridades. Empecé a verme menos linda, a sentirme menos linda, a considerarme menos capaz de despertar el deseo de otros.  Porque aunque no lo tome personal, si me ubique dentro de esa escena como la persona que no fue invitada a la reunión.  

Hoy, casi dos meses después del episodio precoz de Javier, ya no uno sus dificultades con mis condiciones.  Son cosas distintas y que quiza, si otro hubiera sido el caso, se zanajaban con helado y una buena peli y un rato compartiendo muchas cosas mas que la cama.  Simplemente, segui adelante. Empecé a pensar en como conectarme con mi confianza, mi deseo, mis ganas.  

Estoy masticando cosas, si, pero no estoy cerrada. Si viniera a mí otra persona que me volase la tapa del corazón, obviamente, me arriesgaría. Mi Programa es bueno, pero no es candidato al largo plazo. 

Lo nuestro es un mientras tanto que no me hace sufrir, un lindo mientras tanto, con sentido y profundidad; pero también con sombras, o con silencios, que prefiero no habitar.   Así que mientras suceda, lo tomo como un compromiso liviano. 

El resto, es una combustión existencial que estamos olvidando. Como ya dije hace un tiempo, para Javier complicarme la vida, podía ser una anécdota dentro de su proceso. A él no le importa el tiempo perdido, ni el tiempo que pasamos, ni lo poco que sabe querer a alguien. Nada de eso lo convoca. Pero a mi, sí. 

sábado, 8 de agosto de 2026

Minita, una semana después

1.

La semana pasada tuvo de todo. 

Primero, el lunes, un evento interno en la corpo que me encontró (a mi, cualquiera) hablando de economía como si supiera. ¿Nota del autor? No sé. Es obvio que no es mi saber laburado. 

El martes, suelo tener una agenda muy intensa. Post-oficina, tengo dos actividades. Eso implica terminar mi dia casi a las 21.30 pm. Mas o menos doce horas de actividad mental continua. 

Los miércoles es mi día más calmo. Solo trabajo. Y fue el miércoles justamente cuando después de trabajar, mi cuerpo me levantó la mano y dijo: <<aflojá, Minita, porque no llego>>.  Y no, no llegué. 

Durante la noche del miércoles y la madrugada del jueves, me subió fiebre y luego de eso, me el malestar me pegó directo en el hígado. En conclusión, no me levanté hasta ayer viernes porque sinceramente no tenía fuerzas. 

No podia pensar. 
No podia ni quería sobrecargarme por trabajo. 
No podia ni siquiera plantearme hacer las actividades extras del instituto de inglés. 
No podia comer, literalmente, porque no tenía deseos ni tolerancia. 
No me esforcé en resolver urgencias de la oficina ni en pelearme con la buchona de la Gerenta de Ventas que es una ventajera repugnante y le fue a llevar cuentos a mi jefe justito cuando yo estaba en reposo y no me podia defender, siendo que en una semana normal hubiera estado en la oficina.


Respecto a esto último, esta doña clasemediera con falsas aspiraciones (digo yo) ¿qué premio se cree que ganará, por Dios, a los 40 y pico vigilando lo que no le corresponde, ya que para eso tengo a mi propio director? No hay caso, obvio. Es perra. Conchu. Y eso me dá a pensar en todo lo que le falta mas allá de lo que tiene o de lo que quiere demostrar. 

Me refiero a la vida fuera del trabajo, que bien le hace falta. Al buscarse una ocupación, un hobby, una pasión, una causa social o una actividad solidaria que la ayude a entender que no todo es plata ni necesidad de validación. Y de paso, que le dé propósito antes que ganas de andar llevando y trayendo. ¿Otra nota del autor? Ella lleva el veneno sobre lo que yo no hago o supuestamente hago tarde y después sus gestiones estan entre 6 y 8 meses demoradas. ¿Nota del autor tres? Desde que hace meses me dijo que no hacía del todo bien mi laburo y yo salté como siempre a defender y hable con mi Director al respecto; me odia. Lo sé. Pero no me importa.   

Yo si tengo mas para hacer afuera del trabajo y eso se nota. 

2. 

Justamente, rendida como estaba por la fiebre y todo, no hice nada de eso que habitualmente también hubiera sostenido. 

¿Qué podia hacer, para sentirme realmente mejor? Dormir. Y lo hice en toda la medida de tiempo que pude. Dormí largas y reiteradas siestas. La fiebre subió y bajó. Y en los pocos momentos que me pude levantar, fue para ir al baño, hacerme algo, o atender a mi gatito.  

Durante la tarde del miércoles, todo el jueves y la mañana del viernes, el único propósito de mi gato fue vigilarme.  Sí. Él me cuidó. Permaneció a mi lado sin despegarse. Me amasó incansable. Se ovilló a mi lado. Me dió besos. Hizo cosas que jamás habia hecho con tanta intención. Y yo, me enamoré (como parece no ser posible) todavía más y más de él. 

Ayer viernes por suerte me sentí mucho mejor. Muy cansada aún porque el hígado tiene eso. Después de trabajar, fui a mi clase de Inglés y al supermercado, solamente porque frenar o reprogramar esas actividades era mas complejo que afrontarlas. También, me tomé un momento para hacerle una oración/charla de agradecimiento a San Cayetano.  Y otro momento para pedir realmente por todos aquellos que están necesitando comer, trabajar y progresar.  Porque obviamente hay problemas mucho mas serios y troncales que el movimiento pisacabezas de la falsa corpo. 

Mas tarde, cuando venia con mi bolsita, después de aprovechar los descuentos de la semana (por eso fui al super), me sentia débil físicamente. Cargaba ademas el cuaderno de Inglés y el libro que compré hace poquito a pedido de mi profesor... Aun asi, pensaba qué suerte tengo de poder hacer estas movidas. 

Claro que no todo es suerte. Sé que hay una gran parte de trabajo y sacrificio, pero, también, creo que hay mucho de suerte o de Dios en cada paso.  En seguir luchando todos los dias aunque a veces sea muy difícil.  

Para empezar el finde, hoy anduve bastante entretenida. Tan entretenida que me sorprendió encontrarme con Javier queriendo contactarse después de tanto tiempo. 

Desde el 21 de junio no tengo la voluntad de mirar hacia la esquina de su casa. Tampoco lo encontré ni tuve la desgracia de verlo. Al contrario. Esa ruptura operó con una paz desgarradora y mágica a la vez: alguien te rechaza de todas las maneras posibles, entonces, uno se da vuelta y sigue viviendo. Ni más, ni tampoco, menos.  Quizá me quedó tan clara la secuencia con lo último que ya ni objeciones tengo. 

¿Y Mi Programa? Y, "mejor no hablar de ciertas cosas", al decir de Sumo. 

 Lo noto inseguro, como si sus 57 años o sus actitudes relativas a, fueran una sombra. Me tira palos en nuestras charlas y me doy cuenta que no quiero asumir el rol de salvadora a cambio de no recibir nada. No, no quiero salir a salvarlo, ni sostenerlo por encima de mis posibilidades.  Me debo a mi propia vida, a mis propios proyectos y una manera de ser sincera es también ser coherente con mi edad y mi etapa de la vida.  Al caso, a mis 31, lo que tengo para dar es lo que soy y lo que me sale del corazón.  No poses, no lugares feos, no fallutería, y no el sostener cosas negativas para mi. 

¿Eso quiere decir que lo mandaré al diablo? No. Por el momento, no.  Pero tengo algo presente: ya no estoy dispuesta a sacarle agua a las piedras si del otro lado no me dan lugar.  Si se puede, estaremos juntos y bien. Pero si no se puede estar bien, sinceramente, prefiero que no estemos juntos. 

No solamente se descansa de las actividades. A veces el cuerpo pide descanso de las dinámicas, las personas y la carga cotidiana de aquello que sostenemos.  Algunas veces por deber, otras por deseo. 

Supongo que todos nos sentimos asi, alguna vez. 

sábado, 1 de agosto de 2026

"No seas insegura, eso dejámelo a mí "

 - Si llegás a tener algo así, ahí sí que me decís chau chau  y no me vas a dar bola. Voy a tratar de estar a la altura- me dijo Mi Programa. 

Suspiré. Me reí y no le dije nada. 

- No seas sonso - añadí - Nada que verrrr. Vos vas muy bien. 

Seguimos charlando, un buen rato, y a medida que se fue desarrollando la charla, fue largando prenda. El tema sexual es un foco de curiosidad muy grande y en lo personal, un gran terreno para limar un cierto tipo de asperezas. 

De mí lado, soy una persona que le dá mucha importancia a la intimidad. Y por ende, hago de esa intimidad, un campo de posibilidades. La intimidad para mí es sagrada. En la vida personal, en el trabajo, en lo que uno deja ver a través de sus redes. Cuido mucho esos detalles.  Pero también la intimidad sexual para mí es un terreno preciado.  

Siento que, en ese marco, las personas podemos seguir experimentando, creando, disfrutando, más allá de todas las obligaciones. Y eso me gusta. Porque a medida que uno va creciendo, las responsabilidades tienden a ser más, y los adultos nos olvidamos bastante del juego.  Pero ¿qué mejor que una intimidad con juego, con chistes, sin juzgar al otro, sin prejuicios?  

En este sentido, Mí Programa viene con su chip. Hay que decir que nuestra predisposición para mis ocurrencias. Que se anima. Que desea animarme a vivir más cosas. Y yo, lo valoro muchísimo.  Frente a las múltiples propuestas, él me explicó que le resulta difícil adaptarse de entrada, porque es un camino que no ha recorrido; pero que cuando ve mis reacciones, eso lo entusiasma. Y se encuentra con un montón de cosas nuevas, o formas nuevas, que no se había planteado en 57 años. 

Con 31, consideré necesario no dar nada por sentado. Y con cariño, y respeto, le fui explicando cuando quería más. Cómo necesitaba que lo hiciera. Que me interesaba que hiciéramos. Hasta que punto necesitaba llegar para explotar y sentirme satisfecha. Las cosas que podíamos hacer y que yo no iba a malinterpretar.  Todo un lenguaje íntimo básico para que el sexo funcione.  Y para que la intimidad, la gracia, el deseo y el chispazo de complicidad, se sostenga. 

 Yo no le puedo decir que todo esto lo traigo de la fiereza sexual con Javier, porque consigo descubrí que soy peor de lo que pensaba. Simplemente, lo instalo como chance para que sepa que conmigo, si quiere, puede.   

A veces me dá la sensación de que se siente bastante inseguro. Pero no debo ni quiero hacerme cargo de eso.  Es una aptitud que debe fortalecer o sostener en si mismo, de manera que encarar una relación con una chica joven como yo, no le genere fisuras. 

II. 

Indudablemente, todo este dark side viene de la época donde con Javier hacíamos del sexo todo un caos picante.  Era la desesperación, las ganas, la combustión existencial de nosotros, lo que decantaba en encuentros sexuales que te dejaban sin saber dónde era el norte. 

Pero claro, como todo, esto también pasa. Y te queda solamente la experiencia. La experiencia de lo que aprendiste de vos, inclusive, más allá del otro. 

Creo que un poco por eso, también, el último encuentro fallido con Javier me modifico tanto las ideas que tenía sobre él. Porque consigo había experimentado el sexo más potente, más intenso y más profundo. Casi como un embrujo. Y de su lado, jamás había visto a alguien disfrutar de acostarse conmigo como lo veía a él. Eso hay que decirlo. Parecía obsesionado con generar placer cada vez que estábamos juntos.  Y lo cierto es que una parte de mí había asumido esa reacción como "lo que a él le pasaba". 

Pero, claro, cuando a él le pasó algo distinto, la imagen de ser el tipo más sexual que yo conozco, se rompió. Y por una sola noche donde se mostró como un derrotado, cada una de las noches pasadas, cayeron en un vacío del que no hubo vuelta. 

De hecho, él me mira todo por redes y yo ni bola. Dejé de frecuentar todos los espacios en común. Ni siquiera miro para su casa cuando paso por la esquina. Es literalmente un hombre que ya no me importa. Ni siquiera es una persona que estoy olvidando o que quizá me hizo sentir malas o buenas cosas. No. Es como si me hubieran metido un único recuerdo en la cabeza cada vez que se me ocurre pensar en él: «te rechazó de todas las formas en que una persona rechaza a otra, ya fue», y desde ahí, mí cabeza no pudiera asociarlo a ninguna otra cosa o emoción. 

Si pienso en el Javier de mayo,  el tipo me desesperaba y se desesperaba conmigo. Terminábamos sudados, incapaces de salir a la calle, agotados, desarmados, con todo tipo de dolores físicos, marcas, rasguños, mordiscos. Y principalmente, enloquecidos con el otro. Pensando: qué acaba de pasar, Dios, qué intenso. O escuchándolo decirme: fue una revolución, esto, una revolución. 

Sé que ese tipo fue el que mejor entendió como quería sentirme, como quería ser abordada, y como sacar la versión más intensa de mí. Pero también se que mí vida sigue.  Y que lo que pasó con nosotros no puede ser parámetro de placer o displacer sexual. 

III. 

Hoy, en agosto, me encuentro bajando línea a otra persona que me conoce de otra forma, proponiéndole jugar un partido con otras técnicas, poniéndole palabras a lo que el otro, en su toxicidad, adivinaba sin palabras. Mí Programa es otro, que si me pido la mitad de esa intensidad se sorprende, que está más acostumbrado conmigo a un encuentro romántico, dulce, y que de a poco va quedando curado de espanto en cuanto a la intensidad. 

Últimamente, noto que hace algunos comentarios donde no queda muy claro si se siente inseguro, o qué. Pero yo considero que es algo que deberá resolver consigo mismo, porque de mí lado, recibe todos buenos comentarios, apreciaciones y hasta elogios sobre su apariencia. 

No me digo, claro, si alguien me coquetea o si me mandan solicitudes de amistad flacos, o si en el trabajo compañeros me dicen "vos cuando tengas un problema me llamas a mí, y yo te soluciono ¿sabes? Solamente decime", y yo me quedo medio cuadrada y le cuento a las chicas como diciendo: "¿estoy loca o Max me dijo lo que parecía que me dijo?", porque toda esa oración está acompañada de un coqueteo inesperado y las chicas me miran disimuladamente y después todas pensamos un: "qué onda esto que acaba de pasar con Max". 

No le digo que yo trato de sentirme linda por mí, más allá de lo que piense el, porque hoy está y mañana no. No le digo que, en el fondo, todavía no lo incluyo en mis proyectos futuros. Tampoco le digo que a veces me pasa que estoy tan acostumbrada a estar soltera que siento que lo que nosotros hacemos es chonguear y me sobresalta un poco cuando él me dice: "la relación que nosotros tenemos..." y para mí en ningún momento estamos teniendo una relación como lo que en mí diccionario se define, a saber, relación seria. Y ahí me pone a pensar si se lo tengo que aclarar, o no vale la pena. Más que nada, porque quizá llama relación a lo que yo llamo chonguear y solo queda en eso. 

No, no le digo nada. Yo solo disfruto el momento. 

Sé que quizá en otro momento puedo llegar a conocer a un otro con quien sienta deseos de convivir, de formalizar, de crear una familia (gato, humana, humano).  Pero lo cierto es que por ahora no me pasa. Y un poco en el medio de todo lo demás que vengo puliendo, pasan estas experiencias que trato de tomarlas con calma. 

Si en algún momento me llegará a tocar casarme, formalizar, y toda esa bola de ser la mujer de, la novia de; también lo voy a contar por acá. Pero será siempre desde un yo mas feliz y mejor armando que antes. 

Hoy, en este aspecto, quiero seguir sintiéndome segura. Seguir construyendo mi lado. Y seguir disfrutando el momento, si se dá la oportunidad. Mi Programa esta agarrando una versión nueva, alguien que vive con muchísima menos culpa.  Y un poco por afecto y otro poco porque compartimos cosas, observa las transformaciones de las cuales le hablo. 

Lo fundamental ha sido cambiar mi eje ante la vida, de a poco. Es un eje que lentamente va virando de un lugar que me hacía sufrir mucho hacia un lugar bastante bastante mejor, siendo franca.  Inclusive, aunque ese otro lugar todavía esté en construcción, ya resulta mejor, por el alivio que trae. 

Claro que no he dejado de tener complejidades, pero, ya no vivo para aguantar, como hace un año atras, como los últimos 30 años. Y eso para mi es un logro enorme. 

En este aspecto, Mi Programa me da buenos consejos. Acompaña a su forma los descubrimientos que le cuento y entiende que salir de la culpa es acceder a un disfrute donde también quiero ver qué sale de nosotros. Siendo joven en esta generación,  en este país, con mis circunstancias.  Y gustando de él, como le digo, en joda, cuando me manda una foto desde el ascensor y tiene puesta una campera Nike azul que le queda re linda.  

jueves, 30 de julio de 2026

Aprender de todo

 En marzo fui a mi control odontológico semestral. 

Había un diente que me molestaba. Le pedí a mi dentista que me revisara, por las dudas, y él dijo que no tenía nada. Pasó. Con el paso del tiempo, noté que la molestia persistia. Volvi a consultar ayer. Y resulta que apareció una caries que para mi en marzo ya estaba. 

Obviamente que con mi rehabilitación, mi conducta cambió muchísimo, porque por primera vez me dieron un panorama real. Yo sé que mi sustrato dental no es bueno. Sé de dónde parto. Sé que al consumir tantos años corticoides sumado a la herencia familiar, tengo chance de hacer caries complicadas. 

Pero también sé todo lo que hice por mi salud bucal en los últimos dos años. La rehabilitación fue solamente la manera de acercarme a una posible cura. Detras, se sumaron un montón de hábitos. Dejar de consumir golosinas, reducir el consumo de ultraprocesados, dejar la Coca Cola comun y pasarme a la zero, no oler siquiera un chicle ni un caramelo y olvidarme bastante del alcohol aunque amo el vino, porque inflama las encías.  Todo eso vino acompañado de lo habitual: lavado de dientes, placas de bruxismo, y gel desinflamatorio, y enjuague bucal en religiosamente todos los lavados.  

Hoy, mirándolo a la distancia, agradezco todo eso que aprendi. Todo lo que pague con tanto sacrificio. Todo lo que me pude curar.  Pero, cuando una nueva caries sale, y tengo que afrontar una situación compleja mas, me planteo por qué las cosas tienen que ser tan difíciles. 

Es que, realmente, cuido tanto mis dientes, lo que mastico, lo que como y cómo lo hago, y aun asi, no me acostumbro a la frustración de salir del consultorio con malas noticias.  Me sigue cayendo mal, me sigue angustiando y por momentos me dan ganas de bajar los brazos y decir: "sabés qué, no me hago ver mas, porque cada vez que voy...". 

Pero sigo.  Y entre tanto que sigo, y me ocupo, y hago todo, también aprendo a tomarme las cosas con calma y a buscar alternativas. Hace dos años, cuando empecé, me sentía tan presionada y tan mal con el tema, que estaba dispuesta a hacer cosas que, hoy, con la experiencia, entiendo que no ayudaron. 

 Eso comprobé ayer mismo, cuando sali del consultorio de mi odontólogo y me di cuenta que voy a buscar otro profesional para hacer interconsulta. ¿Por qué? Porque no puedo seguir pagando sus precios. Y porque me quiero bajar de la moto de la desesperación de pensar como conseguir $500.000 para un arreglo que entiendo es necesario pero esta por completo fuera de mi presupuesto. Y él no me ofrece una alternativa mas barata. Y eso me haría meterme en una deuda que, lo se porque hoy en dia tengo clarisimos mis números, no voy a poder afrontar. 

¿Si me voy a asegurar de cuidarme la boca? Sí. Amortizaré la prepaga y me haré espacios para irme a los lugares que dependen 100% de ellos. Me ocuparé de encontrar otros consultorios por la zona y me moveré para que, todo lo que dependa de mi, siga.  Pero eso sí: me cuidare en el camino. Cuidare mi dinero. Cuidare mi presupuesto. Y no le regalaré mi angustia al primero que me venda una solución. Me tomate el trabajo de escuchar otras campanas, de pedir otros presupuestos, y de evaluar materiales si lo llegara a necesitar. 

Todo eso, cuando empecé este camino hace dos años, yo no lo sabía. Solo quería mejorar. Pensé que iba a ser mas facil, si, pero no sucedió. Y aun asi, la experiencia me siguió enseñando.

Hoy, si, tengo una caries que ya me arreglaron. Tengo que restaurarla para que me quede seguro el dientito. Y tengo la fortaleza mental para no dejarme estar y volver a enfrentarme con este cuco. Pero indudablemente, me paro desde otro lugar.  

Ya saque turno en otro centro en CABA para averiguar la restauración que pueda pagar. Mi work bestie me recomendó un centro donde nuestra prepaga de la corpo nos cubre cosillas. Y asi, averiguando y averiguando, me embarqué en otra manera de vivir esto: cuidándome y haciéndome cargo de mi en todos los frentes. 

Ne prometí a mi misma no presionarme. No casarme con lo primero que me digan y resolver con lo mejor que pueda, según los tiempos y las posibilidades que Dios me dé. Pero eso sí: actuando desde la calma y no desde el pánico. 

Aunque es un tema que me frustra, y me hace sentir vulnerable y siento eterno, no voy a bajar los brazos. Simplemente, me voy a tratar de acompañar de otra manera con esta visitante. 

Ampliaremos.  


martes, 28 de julio de 2026

Minita comprometida

Si bien Mi Programa aclaró lo que oscureció con su discurso, esto, me sirvió para pensar algo que no tiene nada que ver consigo. Y es, básicamente, qué quiero yo de la vida. Que elijo. Qué me importa en las personas y en las circunstancias. 

Ayer, cuando aclaramos ese punto y quedó todo más o menos ahí (al menos desde mí perspectiva) sentí un gusto a poco en el que me quedé pensando.  Algo que no tuvo que ver con él, sino, conmigo. Con lo que yo deseo, o el tipo de persona que "busco", aunque lo cierto es que no estoy buscando nada para afuera. Mas bien, buceo por dentro. Y reconozco este momento como una etapa de transformación. 

En este contexto hay algo que empieza a estar un poco y otro poco más claro: no busco personas vencidas. No busco hombres vencidos. No busco personas que hayan dejado de mostrar energía para hscer frente a la vida. Principalmente, porque ya han vivido las cosas que yo, en mí etapa, estoy viviendo. O porque ya han pasado la etapa de la vida.  

Cuando ayer Mi Programa me dijo que era casi virgen, a excepción de mi, me cayó pésimo el comentario. Si bien el me explicó que uso esto para ilustrar la etapa de su vida, y no para minimizar la relación conmigo, yo sentí que era algo que no me merecía. Y que esa incompatibilidad se fortalecia en el sentido mas claro: yo estoy pretendiendo sacar agua de una piedra y yo me tengo que enfocar en corregir algo que sí tiene que ver conmigo.  

Hace un año una elección muy profunda sobre la vida.  Y eso me comprometió en dimensiones inesperadas y profundas. Le dio un valor a la vida, y una cantidad de matices muy nuevos para mi.  Fue como si corriera el velo de la culpa y el peso de mochilas de otros y me diera cuenta cuantas cosas buenas hay en el mundo que para mi antes ni existían. Cuantas cosas mas se pueden disfrutar sin culpa.  

Fue y sigue siendo un proceso duro, intenso, pero lo agarro con calma. Porque  cuando empecé a correr la culpa del centro de mí vida, todo cambió. Y todo sigue cambiando. Se trata de un proceso muy lento, que se va viendo reflejado en distintos aspectos, pero que se parece a una fibra que atraviesa todo y que por momentos me devuelve un alivio tan increíble que jamás pensé que iba a vivir.  Ahora la vida no está planteada para soportarla, sino, para vivirla.  

En consecuencia, mirá si voy a tener ganas de soportar ser la peor es nada de alguien. O si voy a estar pendiente de que un X se de cuenta quién soy, si la vida pasa. Si los años pasan. Si las posibilidades son tantas. Si los matices de la vida son tantos. Si las vueltas son enormes. 

No, el comentario de Mi Programa, vaya y pase. Le aclare lo que tenia que aclarar y eso alcanza. No me quedé con dudas si debía o no decirlo ni lo guarde por temor. Al contrario.  Lo que si me parece importante es todo lo que vino a significar.  Igual que me paso con el CV que viajó para una reclutarodora que me escribió desde otro país muy lejano. 

En ambos casos, fueron avisos. Relieves. Mas posibilidades de cuestionarse para sacar cosas positivas. 

Desde la herida

 Lo cierto es que, desde que pasó lo que pasó con Javier, mi perspectiva consigo cambió. Fue como si me hubiera decepcionado en un instante.  Como si su impotencia física para mi hubiera marcado no una circunstancia temporal sino una ruptura definitiva. 

No pasó tanto tiempo en concreto desde aquel acontecimiento. Solamente un mes.  Sin embargo, para mi durante este mes fue como si Javier se hubiera alejado muchísimo.  Casi muerto en mi memoria y en mis cosas.  

Y un poco eso ocurrió, si, porque se murió la versión suya que era para mi sexual y desbordante. Se murió aquel tipo que expelia sexo con ponerme los ojos encima. Con el que cada silencio me ponía tensa. Con el que el segundo previo a un beso se me hacía pesado, eterno, denso, necesario y desesperante. 

Desde su rechazo, porque la impotencia de esa noche fue una forma (quizá la que faltaba) de decirme 《vos, no》yo no volví a pensarlo. La verdad, lo recordé muy poco. Y principalmente, cuando pensé en el, no sentí compasión alguna. Nada de todo lo que sí me pasaba antes. 

Y a partir de eso, en paralelo, seguí con mi <<<<relación>>>>. Es decir, con Mi Programa.  Pero ese seguir no es gratuito. Y hoy me di cuenta. 

 Resulta que a la salida del trabajo, me comentó que venia de caminar. Tenía, por otras razones, el día libre. Y yo, por mi lado estaba volviendo a Provincia desde CABA. Charlabamos, cuando ocurrió una situación con un comentario de su parte (asociado a la diferencia de edad, que me dejaba en un lugar que no me gustó ni media), y le marqué la cancha. Con educación, obvio, pero dejándole en claro que yo no soy el peor es nada de nadie. Y además, de que desde mi lado no estoy 'de última' con él.  

Lógicamente, le dejé en claro que vos podés tener ofertas pero que yo confiaba. Y que me parecia adecuado levantar la mano en eso para que nada se diera por sentado. Como diciéndole: ojo acá, no te creas tan importante. 

 Y fue cosa de un segundo donde yo me fastidiaba mas, hasta su visión, con la que envió un: creo que se está malinterpretando. Y me explicó, y empleo argumentos y afanes para dejarme en claro (o no tan oscuro) lo que quiso decir. 

Y esas palabras, me frenaron. Y me dije: estoy reaccionando bien, pero desde la herida. Aunque sea un desacuerdo, no es la misma situación ni la misma persona.  Asi que aclaramos cierta tensión que había surgido. ¿Si quedé conforme con su respuesta? No del todo. 

Pero eso sí: me hago cargo de mi parte. Estoy pidiéndole a gente que no corresponde, cosas que no tienen.  Y ahi la culpa no es de ellos. Es mi responsabilidad la retirada, me parece. 


domingo, 26 de julio de 2026

Pedigüeña

 - Buen día. 

- Hoola - dijo, con paciencia. 

- Qué temprano es - musite sin mirarlo. Estaba muerta de sueño. 

Bostezó. 

- Muy. Sí. Sonó rápido la alarma. 

- Si. Puse dos por las dudas. Tenía miedo de quedarme dormida. 

Mi Programa me acarició y me atrajo hacia el. Sentí su sangre hacer burbujas dentro de su cuerpo. Con decision, bajo con una de sus manos por mí cuerpo y comenzó a tocarme. 

Yo, me dejé. La verdad es que había tiempo todavía. Podíamos posponer la alarma un ratito más. No solamente por miedo a quedarme dormida me había decidido a programar dos alarmas. 

Mi Programa me acomodo panza arriba, y con suavidad, me fue despabilando del todo. Me rei y finalmente me estiré.  Lo miré y me acerqué a el, para hacer algo que le gusta mucho cuando recién se levanta.  

Complacido, me miró sonriendo y se aseguró que recibiera caricias más íntimas. Yo, ya estaba conectada con la experiencia, pese a que la siguiente alarma iría a sonar en cualquier momento.  

Algunas de ellas, son mis caricias favoritas,  y ese día dejaban mi mente en cualquier lado. Otras, las disfrutaba como parte de una edificación.  Sin embargo, algo, o mejor dicho, un condimento, me faltaba. Y no era por la alarma. No, no era. Era por la suavidad de Mi Programa.   

Evaluando si aumentaba o no la intensidad, se lo pedí. O casi. Con decisión, lo miré, agarré su mano y la ubique donde deseaba. 

- Fuerte. Acá. ¿Puede ser? - dije, muy despacio, y lo miré. 

- Tremenda, tremenda - murmuró y me besó. 

- ¿Así está bien o querés más? - preguntó. 

- Más. 

- ¿Más, estás segura? No te quiero lastimar. 

Me besó. Suavecito. Entonces, hice lo que no suelo hacer, a menos que sea imperioso el deseo de recibir lo que quiero: jugarme la carta del pedido. Es que, Mí Programa quiere que le pida, y esa es una carta que uso con cuidado. Siempre a mí favor. Principalmente, porque así el recurso es más poderoso. Y más efectivo. 

Yo no le pido cosas todo el tiempo. Al contrario. Pero si le pido algo, en la cama o fuera de ella, sabe que voy a esperar que haya escucha. De la misma forma que cuando él me pide algo, abro la cabeza y lo pienso, evalúo, considero.  

- Si, segura. Por favor - insisto. 

- Oh, no me lo pidas asíiiii, que me vuelvo loco - dice. Parece contentísimo cuando me responde. 

Me reí. Y el se aplicó. Se aplicó tanto y se entusiasmó desde tan buen lugar, que yo me regocijé como nunca.   Definitivamente, le hanka encontrado la vueltita a la intensidad y ahora sí, ahora sí. 

En mí mente, no podía estar más satisfecha. Es que cuando te cumplen un deseo particular y lo hacen bien, es mucha cosa. Principalmente porque a disfrutar de la vida estoy aprendiendo ahora (gracias al ejercicio permanente de correr la culpa), y por consiguiente el sexo se muestra como un horizonte con más posibilidades.  Algunas de esas, interesantes. 

- Amo - dije, feliz de la vida con toda su fuerza sobre mí - Me encanta.

Y lo miré. Ni yo sé cómo. Recuerdo sentir mucho placer y haberlo mirado en el medio de esa oleada. Básicamente, con parte del éxtasis que senti por dentro. 

- Noooo - susurró- No podes poder esa cara. 

Me hizo reír. 

- ¿Qué cara puse? 

- La mejor cara que podrías haber puesto en esta situación - Mi geisha. 

Me rei.  Mi Programa sonrió y siguió nuevamente las indicaciones.   Hasta el día de hoy me repite que esa versión de mí rostro, en ese momento, le resultó la mejor cara que podría haber puesto. Su versión favorita. De las caras que dice que recordará.  

Yo no sé si es muy cierto eso. No se si se acordara. Mas bien, tiendo a pensar todo lo contrario. No considero que exista un hombre que me recuerde constantemente, o quizá, es que no creo en los sentimientos de los hombres. Pero de cualquier forma, no me lo tomo en serio. 

La noche anterior, le había pedido algo parecido y ya se había sorprendido, pero se había subido enseguida al tren, con resultados positivos.  Esa mañana, sostengo la apuesta. Y él vuelve a coparse. 

La versión pedigüeña, mientras tanto, es una de mis cartas más delicadas. Creo sinceramente que pedir en los momentos correctos, puede sacar del otro lo mejor. Después, el resto, son algo así como resortes. Decoración. 

Difícilmente el amor se construya con buen sexo. Hace falta que pase algo mas para sentir amor. Pero que el sexo suma, suma. 

sábado, 25 de julio de 2026

Festival de poesía

Para desalinear los demonios, hoy salimos con mi amiga de Letras, a un bar antiguo donde se daba un festival de poesía. Quedaba en una localidad cercana asi que dentro de todo llegamos rápido. 

Cuando me escribió por la tarde, yo estaba haciendo fiaca en la cama y le dije que sí. Ya fue, pensé, y lo bien que hice. 

Un ambiente muy Ciencias Sociales tenía la juntada y yo no hay lugar donde me sienta mas cómoda que en esos ámbitos. Cantamos canciones a gritos, comimos sencillo y escuchamos poemas geniales.  

Ademas de mi amiga, que en su momento fue mi profesora de Literatura en el secundario, (¿cuándo no yo teniendo amigos, parejas, cercanos del laburo que me llevan añares?), me reencontreé con viejos profesores y una compañera de Letras.  Había mucha gente del ambiente literario, de la facultad, gente que conozco de vista por talleres o por participaciones que yo he tenido.

Es lindo todo eso. Ese reencontrarse. Si bien yo tengo otra rutina cotidianamente, me resultan muy necesarios estos espacios sociales y literarios. Necesito de ese combustible, porque tiene muchísimo que ver con quien soy y no con lo que tengo o hice o todas esas cosas que en otros ámbitos de mi vida son moneda corriente. 

Son estos los círculos sociales que me interesan, además. La literatura, si fuera posible para mi como medio de vida, sería lo único que observaría prácticamente en todo el mundo. 

Escuchar poesía de otros, fue algo genial. Charlamos de la carrera con mi ex compañera  le comente que retomé, y fue como haber vuelto al pasado por un rato, desde un lugar mucho mas seguro y feliz. 

Me comentó que le costó reconocerme, porque estaba distinta, y yo le di la razón, dado que mi apariencia de esa época era re diferente.  Pero alcanzó con hablar 3 minutos que ya estábamos en la misma onda.  Nos reímos un rato y quedamos en contacto.  La última vez que la había visto fue en 2018, y la verdad, es increíble la de vueltas que da la vida que hoy su novio organizaba el festival y yo ni idea tenía. 

También, tuvieron su espacio cánticos políticos, chistes, micrófono abierto para poemas, para quien quisiera cantar tangos u otras canciones. Espacio para quien quisiera bailar. Y en general, una práctica que no abunda: juntarse a escuchar, sostener, charlar. 

Después de eso, con mi amiga, nos pedimos un Uber. Regresamos. Y cuando ella se bajó, el Uber me dijo, con sonrisa divertida: 

- ¿La pasaron bien, no? 

- Re, sí. Perdón, te quemamos la cabeza - contesté. 

Al final, los demonios que andaban dando vueltas en mi cabeza, quedaron bien domados. Como siempre, la literatura me salva de todas las maneras posibles en las que el arte puede salvar a alguien.  


miércoles, 22 de julio de 2026

Un día, sí

La semana pasada, durante el partido de Argentina con Inglaterra, yo estaba en otra. Nada me interesaba más que el fútbol, pero, aun así, hice lo que me tocaba y luego me desconecté para poder juntarme con mi familia.  Recién al otro día, en la oficina, noté que me había llegado un mensaje de una reclutadora desde la India, pidiéndome CV en inglés para cubrir una vacante de una empresa de EE. UU., que tiene oficinas acá en Argentina.  ¿Una buena noticia? Sí, y al margen de todo, un mimo. Quizá, algo por lo que tendría que haberme puesto contenta, pero la verdad es que eso no me pasó.

Y este “no me pasó”, terminó siendo el suceso más relevante de la semana, lo más importante que sí me pasó y lo que charlé hondamente en terapia. Tuve una chance, siquiera, de participar humildemente con mi CV, en un proceso de un tipo de trabajo que aunque me encantaría experimentar, porque obvio que siempre progresar y aprender es un desafío; yo jamás me permití soñar.  Siempre pensé o me acostumbre a pensar que las cosas eran para otras personas. Y lo cierto es que lo acepté como una verdad. 

Puede parecer tonto, pero esto nada tiene de tonto. En mi entorno, nada sobra. En mi propio bolsillo, el dinero tiene siempre un fin de cubrir gastos, siempre con los pies en la tierra. Y hay cosas que, en la vorágine de resolver lo ordinario – es decir, lo cotidiano - le van comiendo margen a la posibilidad de pensar lo extraordinario. Uno puede desear progresar en su vida, pero nadie te dice que progresar es perder. Y lo que se pierde es una manera de mirar todo lo que te rodea. Hacer de lo ordinario, algo extraordinario. 

Mi presente es un poco hacer con lo que tengo, resolver con lo que puedo, dar lo mejor siempre que puedo, poniendo muchísimo de mi. Nunca en mi vida me esforcé tanto por ser mejor como en este momento. Literalmente, se trata de una transformación dolorosa y profunda, porque no imita a nada que haya conocido. 

 Mi mente está enfocada en eso la mayor parte del tiempo, a la espera de la oportunidad.  Pero curiosamente, cuando pienso en recibir algo mejor, consecuencia de lo que doy; un poco bastante me incomoda, me asusta, es como si no supiera bien qué hacer con eso y me costara sostenerlo. Y me doy cuenta que para el sacrifico, soy mandada hacer, pero ay qué hacer con el fruto. 

 Por qué no me puse contenta por ese mensaje ¿no? Frente a la oferta de charlar y de alinear pareceres, empecé a pensar en todo lo que no tenía, en todo lo que no iba a saber. Me sentí menos. Sentí que como me iban a elegir a mi, si yo no era tan capaz o quizá no era el perfil que esperaban, que cuando me dieran la chance de una entrevista y notaran que vivo en el Conurbano, quiza no me consideraban... 

Es decir, me hice toda una pelicula que responde perfectamente a como yo me siento conmigo misma en este momento. ¿Y qué siento? Que no puedo soñar asi, si todo me cuesta el triple. Pero que mejor momento para soñar asi, que cuando alguien mas bajaría los brazos ¿no? 

 Ahí me di cuenta de que, frente a estas cosas que exceden un poco lo que me permito soñar, y otro poco lo que me inculcaron que era posible soñar para gente de mi clase social y económica; la culpa sigue a la orden del día.  Sigue desafiándome y haciéndome sentir que un millón de cosas no son posibles para mí. Y me hace sentir incomoda con mi familia por desear un poco mas, y me hace sentir incomoda porque todos creerían que lo único que quiero es dinero, pero para mi, esta búsqueda se traduce en poder comprar mas libros al mes, ser una buena referente en lo que hago, y fundamentalmente, ser una mujer de la que mi versión de la infancia, se pueda sentir orgullosa. Ser quizá una referencia dentro de la dinámica familiar para alguno de mis sobrinos el dia de mañana, aquella que le permita soñar otros horizontes. 

 Por eso, a diferencia de otros momentos, pese a que me siento mal, se cruza con otra voz. La voz que me habita hace un año, y que me hace pensar que hay mucho más en la vida que no es culpa. Y que, al menos, por lo menos, me merezco poder intentarlo. Me merezco poder soñar cosas mejores, más grandes que aquéllas cosas que soñaron quienes vinieron antes de mi, y hacer todo lo que pueda para que se dé.

¿Y si no se dá? Quizá, la frustración no sea venir de un clan, o un grupo familiar y social, donde no te acompañan en tu visión del mundo. Quizá, la frustración sea no haberme animado solamente por honrar mi visión del mundo, a soñar más allá de todo lo que me dijeron que podía o no podía querer de la vida. Pero ¿y si no es frustración lo que me espera? ¿Y si efectivamente es como yo lo creo? ¿Si se puede estar mejor, en este país, saliendo de donde yo salgo, haciéndolo paso a paso?

Claro que luego de esto, y de todo lo que me hizo sentir, y de la pausa que tuve que hacer para pensar en cada ápice de herida que activó; pude permitirme mandar el CV en inglés, responder y hacerme cargo de ese contacto. No sé si eso traerá cola. Pero si es importante porque alumbra limitaciones que conviene modificar, tengan o no tengan que ver con lo laboral.

Nada de esto es fácil. Tal como me dijo mi terapeuta ayer, llega el momento donde uno tiene que decidir si sigue sintiéndose merecedor de lo mismo o se anima a transformarse. 

Y el miedo, que se disfraza de incomodidad, en el fondo, es a saber si permanezco con la misma identidad de siempre, o si me animo a construir una identidad diferente, que se pueda permitir cosas diferentes, que se permita siquiera soñar. 

Lo cierto es que me levante triste. Son cosas bastante pesadas para procesar. 

Espero estos días sentirme un poco mejor. 

sábado, 18 de julio de 2026

Desayuno

- ¿Qué desayunas? ¿Te hago unos mates? 

Mire levantarse a Mi Programa. Siempre me despierta con gestos suaves algo que agradezco mucho cuando dormimos juntos. Yo, que no me caracterizo por tener sueño intenso, a su lado, me despierto como si hubiese dormido 300 horas. 

- Si. Dale. 

- ¿Querés tostadas? 

- Sí. ¿Qué vas a comer, vos? 

- Nada. Estoy bien. Necesito café. 

Sonreí. 

- Yo te ayudo, vamos. 

Me encerré un momento en el baño. Me lavé la cara. Me cepillé los dientes. Reaccioné. Después, me acerqué a la cocina de la casa de Mi Programa. 

- Te ayudo - insisti y llevé la mermelada, el mate y el resto de las cosas a la mesa. Mi Programa llenó su Stanley verde de agua y me pasó el mate, aunque no tomara. 

- Gracias. Yo me cebo. Tranquilo. 

- ¿Cómo dormiste? 

- Épicamente - le contesté - Profundo. Inclusive, soñé. 

 Miré el rostro de Mi Programa. Es poco hablador a la mañana, igual que yo. Su pelo negro, tupido, lleno de canas. Igual que su barba. Una remera lisa que acaba de ponerse y un bóxer. Sonrio. Me gusta desayunar con él. Me sonrie.  Eso alcanza. No hay discusiones. No hay comentarios prepotentes.  Hay paz. Simpleza.  Y eso es lo que yo quiero. 

Charlamos algo, después de un rato. El toma su café y después repite otra taza. Está cansado y yo también. Venimos de días intensos. Mucho sexo, una convivencia que de vez en cuando pinta, una dinámica distinta. Es la primera vez que decidimos quedarnos en su casa sin hacer nada distinto. Y me doy cuenta que esta bueno compartir sin correr. 

Yo corro mucho. Él en su trabajo lo mismo. Ademas del tiempo donde esta con su hija, la lleva al colegio, y las responsabilidades propias del rol. Además del tiempo donde me la paso estudiando para la facultad, ingles, la vida... En ese momento por lo menos, estamos ahí. 

Me visto con ropa deportiva. Salimos a hacer las compras para almorzar. Va a cocinarme mas tarde, me dice. Le aviso que si el cocina, yo lavo los platos y levanto la mesa.  Salimos de la verdulería de su barrio charlando sobre las paltas. 

- ¿Tomamos un café de acá? Porque va a tardar la comida. 

- Dale. ¿Querés? 

Mi Programa se rió. 

- Si. Quiero mostrarte este café que conozco de por acá. 

Entramos. El café es tranquilo. Elegimos lo que vamos a tomar bajo la mirada atenta de la moza. Al rato se suma un señor que nos mira de reojo. Poco me importa lo que piensa. Si, señor, le diria, los gustos en vida. 

Mi Programa asiente, con calma. Saca su tarjeta de débito para pagar y le bajo la mano con un gesto suave. Escaneo rápidamente un QR con una seña a la chica y él me mira. 

- Voy yo, déjame - le aviso, en voz muy baja. 

Mi Programa sonrie. Se deja invitar. No es todo una lucha consigo, más bien, fluye. Es como si acomodarse con el otro en un espacio fuera fácil. Nos sentamos en la cafetería. Nos da el sol. Algo picamos. El me mira. Y de pronto, me suelta: 

- Te queda lindo el pelo asi - confirmando que me estaba observando y yo, en la luna. 

- Gracias- musito y le cuento que con la decoloración el pelo lo uso mas corto para no dañar.  Hablamos de cuestiones más serias, más superficiales, no tengo problemas para contarle. 

Lo miro. Me cuenta cosas de su trabajo. Esta llevando adelante un proyecto grande, ambicioso a nivel profesional y sé, aunque sea hacer futurologia, que le va a salir bien.  Él no es como Javier. Es un hombre que ama lo que hace. Conectado al deseo de vivir y entre todo eso, de trabajar.  Tiene iniciativa. Va para adelante. Y no tiene miedo de desafiarse a si mismo. A los 57, poco le importa competir, pero sí le importa hacer, colaborar, aportar desde su trayectoria. 

- Te va a salir bien.  Ademas, es espectacular para todos. 

- Hay que ver. Esperemos. No lo hago por mi. Lo hago por la gente. 

- Precisamente por eso. Cuando vos te despegas del resultado, salen cosas muy buenas.  Ademas, toda esta gente que convocaste y aceptó... Tenes puntos a favor. 

- Me sorprendió, eso sí. Pero no se que tanta vuelta. Yo le pedí el contacto a oootro contacto, levanté el teléfono y llamé. Hay cosas que se resuelven así, que tanto mensajito. 

Sonreí. Lo miré. 

- Él y su energía que te deja culo para arriba ' musité - Después cuando yo te digo que eso baja medias, te pones colorado. 

Se rió. 

- Puede ser. Algunas cosas baja, sí. 

Lo miré y le avisé con los ojos. 

- Corres todos los peligros, vos, eh - murmuré. 

- No es peligroso.  Desde que te quedaste el viernes estoy... 

- Energizado - respondí y tomé mi café. 

- Y caliente, también- dijo - No sé que me pasa. Te veo a vos, cuando me despierto, durmiendo al lado y... 

Me reí a carcajadas. 

- Tengo 57 años, yo. Tene piedad- dice. 

- ¿Qué me dijiste cuando traje el pijama? 

- Es verdad. La unica condicion que te pongo es que no duermas con esas cosas. 

Lo agarro de la mano. Lo miro y pienso que esta lindo, el tipo, simpático y que aunque esto no dure, ya no me importa. Prefiero un mientras que no me haga sufrir, antes que un permanente que me destruya, vecino del mismo barrio, con todo lo que se supone que compartimos, menos el corazón.  

Mi Programa es distinto, no solo por quien es, sino, por cómo es conmigo. Parece mejor persona. Me tiene mas en cuenta. Me habla de sus emociones. Y se permite vivir experiencias de placer, de vulnerabilidad y de entrega. Todo eso, a grandes rasgos, lo convierte en un hombre al que darle un poco de tiempo (un poco de mi vida), es algo lindo. 

- ¿Y si tengo frio? - le pregunto, en broma. 

- No vas a tener frio. Vas a ver - dice. 

A la hora de la siesta, lo miro, me rio y me meto sin ropa a dormir consigo. Mi programa me abraza completamente, hasta llenar mi cuerpo de calor, desde atrás.  Yo, que siempre me muero de frío, de pronto, consigo mantener una temperatura amigable. 

- No tengo frio. Tenias razón- digo. 

Lo acaricio, despacio. Me quedo ahí. Quieta. Tranquila. Sin tener que defenderme de nada ni de nadie. Sin estar a la expectativa de nada terrible. Solo ahi, dejándome tratar bien y teniendo el espacio para tratar bien al otro, que no lo rechaza, sino, que lo agradece. 

II. 

De noche, antes de ir a acostarnos, nos quedamos sentados en el sillón. Escuchamos música. Hablamos. Es una forma pasiva de compartir.  Esa unión me parece rara, pero me gusta a la vez. 

Habitualmente, soy una mujer muy solitaria. Me gusta estar sola, aunque un poco me paso de la raya. Es como si me costara estar con otros, como si me agotara. La única excepción son mis sobrinos, a quienes amo, aunque también admito que me piden una intensidad física imposible, y por ende, les doy una intensidad emocional y seguridad vincular desde el apoyo, las palabras, el cuidado y la confianza.

 En esa línea, con Mi Programa, es distinto. Me cuesta menos estar con el, en relación al resto. Es una persona con la que se me hace fácil, estar. 

Creo que tiene que ver con algo clave: soy un poco extraña con algunas cosas y con el no tengo que fingir. No tengo que ser quien no soy, para estar consigo. Más bien, soy quien soy, y el viene desde ese lugar a aceptarlo. De la misma manera, yo abrazo todo lo suyo, no lo hago sentir tonto por nada que diga, y le propongo un entorno de confianza. Él sabe que puede hablar conmigo y yo aprendí que puedo ser auténtica consigo, y que no seré vista con espanto. 

Todo eso alcanza para justificar la historia.  Una donde lo acompaño en todo lo que mí experiencia me permite. Pero eso si: sin dejar de recuperar mí perspectiva y mi edad. 

Mientras escuchamos un tema, mis ojos se ponen llorosos. No me lo esperaba. No lloro con nadie. Sin embargo, una parte mía se siente segura porque... 

- Ah, no - digo, y bajo la vista, para desconectarme de la emoción- Esto me va a hacer llorar. 

- Se puede llorar - dice - Está permitido llorar acá. Yo lloro también. 

Sonrío.

III. 

Hace unos dias, cuando Argentina le gana a Inglaterra, antes del partido, le cuento que siento ganas de llorar. Que no me ha pasado con el fútbol, pero que este es un partido que me conmueve. Sin embargo, a mi me cuesta mucho llorar. No lloro por casi nada. Y no sé bien como gestionar eso. 

Él me alienta. Me dice que si, que llore si quiero, que no pasa nada. Que no es solo un partido de fútbol. 

Más tarde, volvemos a retomar el tema. 

- Yo lloré 10 minutos seguidos - me dice - Veo videos y vuelvo a llorar. Hermoso. 

Le cuento que cuando volví de los festejos, me quebré. Lloré como una niña. Sin pensar si podía. Solamente, dejando salir lo que sentía. 

Él me dice: 

- Aahhhh, viste, viste. Se quebró, la *** - añadiendo mi apodo. 

Y sí: parece ser que el Mundial, no es solamente un torneo de fútbol.  Quizá, sea algo en lo que nos estemos apoyando para poder creer. Para poder darnos vuelta y con esa energía mental, seguir haciendo cosas increíbles. Aún, en circunstancias que parecen más fuertes que nosotros.