miércoles, 22 de julio de 2026

Un día, sí

La semana pasada, durante el partido de Argentina con Inglaterra, yo estaba en otra. Nada me interesaba más que el fútbol, pero, aun así, hice lo que me tocaba y luego me desconecté para poder juntarme con mi familia.  Recién al otro día, en la oficina, noté que me había llegado un mensaje de una reclutadora desde la India, pidiéndome CV en inglés para cubrir una vacante de una empresa de EE. UU., que tiene oficinas acá en Argentina.  ¿Una buena noticia? Sí, y al margen de todo, un mimo. Quizá, algo por lo que tendría que haberme puesto contenta, pero la verdad es que eso no me pasó.

Y este “no me pasó”, terminó siendo el suceso más relevante de la semana, lo más importante que sí me pasó y lo que charlé hondamente en terapia. Tuve una chance, siquiera, de participar humildemente con mi CV, en un proceso de un tipo de trabajo que aunque me encantaría experimentar, porque obvio que siempre progresar y aprender es un desafío; yo jamás me permití soñar.  Siempre pensé o me acostumbre a pensar que las cosas eran para otras personas. Y lo cierto es que lo acepté como una verdad. 

Puede parecer tonto, pero esto nada tiene de tonto. En mi entorno, nada sobra. En mi propio bolsillo, el dinero tiene siempre un fin de cubrir gastos, siempre con los pies en la tierra. Y hay cosas que, en la vorágine de resolver lo ordinario – es decir, lo cotidiano - le van comiendo margen a la posibilidad de pensar lo extraordinario. Uno puede desear progresar en su vida, pero nadie te dice que progresar es perder. Y lo que se pierde es una manera de mirar todo lo que te rodea. Hacer de lo ordinario, algo extraordinario. 

Mi presente es un poco hacer con lo que tengo, resolver con lo que puedo, dar lo mejor siempre que puedo, poniendo muchísimo de mi. Nunca en mi vida me esforcé tanto por ser mejor como en este momento. Literalmente, se trata de una transformación dolorosa y profunda, porque no imita a nada que haya conocido. 

 Mi mente está enfocada en eso la mayor parte del tiempo, a la espera de la oportunidad.  Pero curiosamente, cuando pienso en recibir algo mejor, consecuencia de lo que doy; un poco bastante me incomoda, me asusta, es como si no supiera bien qué hacer con eso y me costara sostenerlo. Y me doy cuenta que para el sacrifico, soy mandada hacer, pero ay qué hacer con el fruto. 

 Por qué no me puse contenta por ese mensaje ¿no? Frente a la oferta de charlar y de alinear pareceres, empecé a pensar en todo lo que no tenía, en todo lo que no iba a saber. Me sentí menos. Sentí que como me iban a elegir a mi, si yo no era tan capaz o quizá no era el perfil que esperaban, que cuando me dieran la chance de una entrevista y notaran que vivo en el Conurbano, quiza no me consideraban... 

Es decir, me hice toda una pelicula que responde perfectamente a como yo me siento conmigo misma en este momento. ¿Y qué siento? Que no puedo soñar asi, si todo me cuesta el triple. Pero que mejor momento para soñar asi, que cuando alguien mas bajaría los brazos ¿no? 

 Ahí me di cuenta de que, frente a estas cosas que exceden un poco lo que me permito soñar, y otro poco lo que me inculcaron que era posible soñar para gente de mi clase social y económica; la culpa sigue a la orden del día.  Sigue desafiándome y haciéndome sentir que un millón de cosas no son posibles para mí. Y me hace sentir incomoda con mi familia por desear un poco mas, y me hace sentir incomoda porque todos creerían que lo único que quiero es dinero, pero para mi, esta búsqueda se traduce en poder comprar mas libros al mes, ser una buena referente en lo que hago, y fundamentalmente, ser una mujer de la que mi versión de la infancia, se pueda sentir orgullosa. Ser quizá una referencia dentro de la dinámica familiar para alguno de mis sobrinos el dia de mañana, aquella que le permita soñar otros horizontes. 

 Por eso, a diferencia de otros momentos, pese a que me siento mal, se cruza con otra voz. La voz que me habita hace un año, y que me hace pensar que hay mucho más en la vida que no es culpa. Y que, al menos, por lo menos, me merezco poder intentarlo. Me merezco poder soñar cosas mejores, más grandes que aquéllas cosas que soñaron quienes vinieron antes de mi, y hacer todo lo que pueda para que se dé.

¿Y si no se dá? Quizá, la frustración no sea venir de un clan, o un grupo familiar y social, donde no te acompañan en tu visión del mundo. Quizá, la frustración sea no haberme animado solamente por honrar mi visión del mundo, a soñar más allá de todo lo que me dijeron que podía o no podía querer de la vida. Pero ¿y si no es frustración lo que me espera? ¿Y si efectivamente es como yo lo creo? ¿Si se puede estar mejor, en este país, saliendo de donde yo salgo, haciéndolo paso a paso?

Claro que luego de esto, y de todo lo que me hizo sentir, y de la pausa que tuve que hacer para pensar en cada ápice de herida que activó; pude permitirme mandar el CV en inglés, responder y hacerme cargo de ese contacto. No sé si eso traerá cola. Pero si es importante porque alumbra limitaciones que conviene modificar, tengan o no tengan que ver con lo laboral.

Nada de esto es fácil. Tal como me dijo mi terapeuta ayer, llega el momento donde uno tiene que decidir si sigue sintiéndose merecedor de lo mismo o se anima a transformarse. 

Y el miedo, que se disfraza de incomodidad, en el fondo, es a saber si permanezco con la misma identidad de siempre, o si me animo a construir una identidad diferente, que se pueda permitir cosas diferentes, que se permita siquiera soñar. 

Lo cierto es que me levante triste. Son cosas bastante pesadas para procesar. 

Espero estos días sentirme un poco mejor. 

1 comentario:

  1. Merecés recibir buenas noticias, que tus esfuerzos sean premiados.
    Veo injustificada esa culpa, con todos los desafíos que afrontás.
    Merecés lo mejor.
    Besos.

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Veinteava