- Buen día.
- Hoola - dijo, con paciencia.
- Qué temprano es - musite sin mirarlo. Estaba muerta de sueño.
Bostezó.
- Muy. Sí. Sonó rápido la alarma.
- Si. Puse dos por las dudas. Tenía miedo de quedarme dormida.
Mi Programa me acarició y me atrajo hacia el. Sentí su sangre hacer burbujas dentro de su cuerpo. Con decision, bajo con una de sus manos por mí cuerpo y comenzó a tocarme.
Yo, me dejé. La verdad es que había tiempo todavía. Podíamos posponer la alarma un ratito más. No solamente por miedo a quedarme dormida me había decidido a programar dos alarmas.
Mi Programa me acomodo panza arriba, y con suavidad, me fue despabilando del todo. Me rei y finalmente me estiré. Lo miré y me acerqué a el, para hacer algo que le gusta mucho cuando recién se levanta.
Complacido, me miró sonriendo y se aseguró que recibiera caricias más íntimas. Yo, ya estaba conectada con la experiencia, pese a que la siguiente alarma iría a sonar en cualquier momento.
Algunas de ellas, son mis caricias favoritas, y ese día dejaban mi mente en cualquier lado. Otras, las disfrutaba como parte de una edificación. Sin embargo, algo, o mejor dicho, un condimento, me faltaba. Y no era por la alarma. No, no era. Era por la suavidad de Mi Programa.
Evaluando si aumentaba o no la intensidad, se lo pedí. O casi. Con decisión, lo miré, agarré su mano y la ubique donde deseaba.
- Fuerte. Acá. ¿Puede ser? - dije, muy despacio, y lo miré.
- Tremenda, tremenda - murmuró y me besó.
- ¿Así está bien o querés más? - preguntó.
- Más.
- ¿Más, estás segura? No te quiero lastimar.
Me besó. Suavecito. Entonces, hice lo que no suelo hacer, a menos que sea imperioso el deseo de recibir lo que quiero: jugarme la carta del pedido. Es que, Mí Programa quiere que le pida, y esa es una carta que uso con cuidado. Siempre a mí favor. Principalmente, porque así el recurso es más poderoso. Y más efectivo.
Yo no le pido cosas todo el tiempo. Al contrario. Pero si le pido algo, en la cama o fuera de ella, sabe que voy a esperar que haya escucha. De la misma forma que cuando él me pide algo, abro la cabeza y lo pienso, evalúo, considero.
- Si, segura. Por favor - insisto.
- Oh, no me lo pidas asíiiii, que me vuelvo loco - dice. Parece contentísimo cuando me responde.
Me reí. Y el se aplicó. Se aplicó tanto y se entusiasmó desde tan buen lugar, que yo me regocijé como nunca. Definitivamente, le hanka encontrado la vueltita a la intensidad y ahora sí, ahora sí.
En mí mente, no podía estar más satisfecha. Es que cuando te cumplen un deseo particular y lo hacen bien, es mucha cosa. Principalmente porque a disfrutar de la vida estoy aprendiendo ahora (gracias al ejercicio permanente de correr la culpa), y por consiguiente el sexo se muestra como un horizonte con más posibilidades. Algunas de esas, interesantes.
- Amo - dije, feliz de la vida con toda su fuerza sobre mí - Me encanta.
Y lo miré. Ni yo sé cómo. Recuerdo sentir mucho placer y haberlo mirado en el medio de esa oleada. Básicamente, con parte del éxtasis que senti por dentro.
- Noooo - susurró- No podes poder esa cara.
Me hizo reír.
- ¿Qué cara puse?
- La mejor cara que podrías haber puesto en esta situación - Mi geisha.
Me rei. Mi Programa sonrió y siguió nuevamente las indicaciones. Hasta el día de hoy me repite que esa versión de mí rostro, en ese momento, le resultó la mejor cara que podría haber puesto. Su versión favorita. De las caras que dice que recordará.
Yo no sé si es muy cierto eso. No se si se acordara. Mas bien, tiendo a pensar todo lo contrario. No considero que exista un hombre que me recuerde constantemente, o quizá, es que no creo en los sentimientos de los hombres. Pero de cualquier forma, no me lo tomo en serio.
La noche anterior, le había pedido algo parecido y ya se había sorprendido, pero se había subido enseguida al tren, con resultados positivos. Esa mañana, sostengo la apuesta. Y él vuelve a coparse.
La versión pedigüeña, mientras tanto, es una de mis cartas más delicadas. Creo sinceramente que pedir en los momentos correctos, puede sacar del otro lo mejor. Después, el resto, son algo así como resortes. Decoración.
Difícilmente el amor se construya con buen sexo. Hace falta que pase algo mas para sentir amor. Pero que el sexo suma, suma.
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