sábado, 30 de mayo de 2020

Los caminos del viento

Cuando nos dimos cuenta, no lo pudimos creer. Galeno se separó de su mujer en el mismo año en que yo me alejé definitivamente de Él. A los dos, por diferentes razones, la vida que llevábamos o por la que luchábamos, se nos rompió. 

Mientras yo cursaba como una momia en la Universidad y no podía dormir de noche, Galeno disimulaba su tristeza y se iba volviendo a comprar muebles, auto, sábanas y platos. Mientras yo lloraba estudiando morfología, Galeno enfrentaba su tristeza leyendo Historia Argentina y pasando los fines de semana solo, en su casa, sin planes.  Y así, cada uno, en un lugar remoto del país, combatía, al mismo tiempo y sin saberlo, con un acontecimiento fuerte para sus vidas. 

Años después de separarse, Galeno conoció a una chica y se puso a salir. Dos años después de Él, yo creo que empecé a salir a flote emocionalmente y pude volver a intentar tener mis primeras citas con otros chicos pero nunca pude ponerme a salir - estrictamente - con nadie, porque hacerlo, me parecía demasiado para lo que podía soportar. 

A principios del año pasado, Galeno terminó una relación de dos años. Yo seguía saltando de chats en chats con tipos insustanciales pero, siendo totalmente honesta, el aspecto afectivo con un hombre no me preocupaba.  

Tiempo antes de conocernos por Instagram, él estaba pasando un momento donde no encontraba nada que lo hiciera sentir conectado, más allá de su vínculo constante a través de los años con su hija y con su hermano menor. Yo también estaba harta de las mismas charlas, de las mismas estupideces, de los tipos que me querían todos para lo mismo.  Él le había dicho a un amigo, compañero del fútbol de los miércoles a la noche, que se quería ir a Salta un tiempo a hacer medicina asistencial, a trabajar como médico voluntario, para conectarse consigo mismo, porque sentía que estaba rodeado de gente superficial y necesitaba un baño de humildad. Yo ya había blanqueado que, ni bien pudiera, quería viajar. No sabía dónde, pero quería viajar, algo pendiente a través de los años. 

Así andábamos, él por allá y yo por acá. Cada uno, hablando con alguien diferente, que ni fu ni fa. Galeno discutiendo por política y haciendo guardias. Yo, leyendo libros a las mil velocidades para poder rendir un parcial y trabajando. Él hablando con flacas con las que "nah". Yo, hablando con tipos para pasar el rato. 

Hasta que recibí su solicitud de amistad, lo acepté y dos semanas después le envié un mensaje haciéndole una pregunta de un libro. Sí, de un libro. Jamás en mi vida pensé que un libro, que Rayuela, podía traerme más de lo que ya me dió como para que tenga tatuado un dibujo alusivo en el brazo. Pero parece ser que, como una paradoja, me llevó hacia donde tenía que estar, saltando en una pierna y después en dos, entre el cielo y la tierra.  De hecho, varias veces pensé que el recorrido paralelo que hicimos los dos fue como jugar un poco a la rayuela. Saltando, tirando la piedrita dentro y fuera del casillero, volviendo a empezar...  

Empezamos a hablar oficialmente un siete de agosto, ésa fue la noche de la pregunta. Antes, nos habíamos dado un par de likes, habíamos intercambiado likes culturales, pero nada más. Me faltaba valor, un motivo, para volver a jugármela por alguien y, obvio, yo no veía a Galeno como un hombre. Creo, mirándolo en perspectiva, que internamente sabía que no cualquier persona iba a lograr llamarme la atención en serio, por eso, no dramatizaba. Así estaba bien, me sentía bien, y yo sentía que tener una relación no era algo para mí. Lo había asumido. Lo sentía como carne de mi carne y, después de tantas decepciones, también sentía que lo que estaba buscado en un hombre era demasiado pedir. ¿Si me iba a conformar con alguien que no me gustara, para pertenecer? No. Ése era mi límite. Antes que hacer las cosas para pertenecer, yo había encontrado la felicidad haciendo otras cosas y, realmente, no se daba mal. Para nada. 

Esa noche, la del siete de agosto, cuando yo salí de la ducha noté que Galeno me había respondido el mensaje y no me sorprendí. Eran palabras en un chat. ¿Cuántas había leído palabras y a ésa altura, de cuántos? Palabras, nada más. Pasado un rato las contesté, me sequé el pelo, cené y me acosté. Final del día. Ése era mi momento favorito, el final del día, cuando podía mirar el celular un rato y desconectarme. 

Estaba a segundos de apagar la luz, cuando el celular suena. Yo me dormía 22.05 pm, por esa época y, como no hablaba con nadie, ni nadie me mandaba mensajes, jamás me quedaba hasta más tarde con lo cansada que estaba por el ritmo de vida que conservaba. No sé qué me llevó a responderle ese mensaje a Galeno, creo que justamente lo ví como algo tan ajeno a lo afectivo, tan aséptico y cultural, que lo contesté. Y esa vez, él me contestó en el momento. 

- ¿*** es tu nombre real? - me preguntó - ¿Te llamás así? 

- Sí, me llamo así - le dije - sé que es medio raro, pero me llamo así... - aclaré. 

- No, no es raro. Es mitológico - dijo. 

Sonreí, todavía lo recuerdo, alegre de que una persona comprendiera más o menos la procedencia de mi nombre. Le mencioné la raíz, algo de la historia del mismo y me respondió al a altura de las circunstancias. Me preguntó cómo conocía esa historia y le conté que me gustaba leer. Me dijo que a él también le gustaba mucho leer Historia, Filosofía y narrativa. Enarqué una ceja, sorprendida, y empezando a dudar si no era alguien del gremio de la Literatura. Le pregunté qué tipo de autores que se ocupan de la narrativa le gustaban. Me respondió con casi todos mis autores favoritos y, eso sí, no figuraba en ninguna foto de Instagram. Me quedé helada y, siendo honesta, le expliqué la cantidad de coincidencias que había. "¿En serio?", me preguntó. "Sí, en serio... No lo puedo creer, qué loco que alguien lea tan parecido a uno ¿no?", le pregunté.  Y después nos dimos cuenta que estamos llenos, repletos, de coincidencias. Tanto, que he llegado a convencerme plenamente de que nos teníamos que encontrar en alguna vida. No por lo afectivo, solamente, sino, por lo vincular. Es lindo, al menos una vez en la vida, encontrarse con una persona que habla un idioma similar al de la propia alma. 

Tiempo después, Galeno me confesó que se sentía fresco. Que había estado buscando un baño de humildad, un contacto que no fuera superficial, y hablar conmigo lo hacía sentir muy bien. Yo misma también notaba que podíamos estar charlando horas de libros, de arte, de música, de historia o "de la vida" y que la conexión no se cortaba. Pero que Galeno me dijera que le estaba pasando lo mismo con nuestras charlas, era impresionante. 

Al cabo de otro bloque más de tiempo, todavía recuerdo cuando le dije a mi psicóloga, luego de explicarle lo que estaba pasando con éste hombre que yo no conocía, que hubiera deseado conocer a alguien como Galeno pero que me quedara más cerca. Me preguntó a qué me refería con la expresión: "cómo Galeno". Y le explique que con Galeno yo había llegado a ser auténtica en ese poco tiempo como con nadie había podido serlo en toda mi vida. Que toda la vida, lo único que había deseado con todo el corazón, es conocer a una sola persona con la que me entendiera consigo, aunque fuera hablando por chat, y aunque estuviera en otra provincia. Mi psico se me quedó mirando y sonrió. Yo no solía hablarle de algo así.  "Ésto no tiene que ver con lo afectivo, ésto tiene que ver con mi identidad. Yo no tengo que pensar cómo ser cuando hablo con él,yo encajo. Es como si realmente nosotros ya nos conociéramos. Es una locura lo que te estoy diciendo, pero nunca estuve tan cómoda y me entendí tan fácil con nadie", admití. 

Desde ese momento, todo lo que pasó después, fue un regalo. 

La historia al revés III

Vengo trabajando fuerte en mis concepciones. Las ideas que tenía respecto de ciertas cosas, en contraste con la experiencia más plena, se han modificado. Al día de hoy, produce miedo y  es muy agotador; no obstante eso, sé que el día de mañana, agradeceré el trabajo interior y mental que estoy haciendo en favor de mi aspecto emocional.  No es fácil, realmente, despojarnos de creencias que nos acompañaron siempre. En especial cuando esas creencias de alguna manera nos protegieron del dolor. No es fácil decirnos: "no es correcto creer ésto, vamos a cambiarlo", porque a la primera, cuando nos pasa algo que nos invita a refugiarnos bajo ese mismo paraguas, queremos ir corriendo allí.  Y, obviamente, eso no es racional, no es un plan seguido a rajatabla, no lo hacemos para estropear el trabajo interior... Es casi un instinto. 

Resignificar supone un valentía y una sensibilidad particular. Es entender lo que hemos sido para creer lo que creemos de la vida y tener bien en claro quiénes queremos ser para modificarlo. 

En lo personal, no es fácil aprender a compartir, a expresar mis sentimientos, a mostrar mis miedos, a dejarme ayudarme y a dejar que me vean vulnerable; pero estoy dispuesta a aprender, a tratar de hacer lo mejor que pueda.  Durante todos estos últimos seis años yo tuve la oportunidad de entender - por todos los medios posibles - qué acabó pasando con Él para que yo creyera lo que creía de la vida. Pero hoy en día, si algo tengo en claro, es quién quiero ser y dónde tengo que poner el foco para poder modificarlo. 

La verdad es que uno no se da cuenta cuánto lo marcó una experiencia hasta que atraviesa otra diferente, que lo cura. Uno se da cuenta del propio sufrimiento, hasta que conoce a otras personas que le explican que no todo es tan triste como le parecía natural y lo sorprenden por todos los flancos. 

Éso es lo que me está pasando a mí.  

viernes, 29 de mayo de 2020

Amigos

Cuando tus amigos preguntan por Galeno en las videollamadas... Cuando los amigos de Galeno preguntan por vos en videollamadas...  Jesús, pienso, al enterarme. Y agradezco tener amigos que no juzguen, que me acepten, que no tengan prejuicios para preguntar; en especial, sabiendo las salvedades de caso.  Pero agradezco, además, que Galeno haya tenido el valor, la iniciativa, de compartirlo con sus dos mejores amigos de toda la vida.

Hace ya diez meses, cuando recién empezábamos a hablar,  él me comentó que sus amigos de toda la vida estaban al corriente. Fue raro cuando me lo contó, y hablamos sobre las reacciones de todos quienes nos rodean y nos importan. Yo tenía miedo que se dejara llenar la cabeza por alguien y eso lo alejara de mí, pero puse por delante la decisión de Galeno para animarse a compartir ésto con ellos, porque quería decir algo bueno para nosotros.

A medida que fue pasando el tiempo,siempre, concluimos en que la edad no es un problema, y valoramos que los demás, en favor de lo que nos quieren, nos acompañen en ésta decisión. Somos dos generaciones totalmente diferentes, los amigos de Galeno tienen la edad de mis propios padres, y sin embargo, no por eso, están exceptuados de entender que existe una persona que quiere a su amigo y que no le haría daño. De la misma manera en que pueden llegar a comprender que Galeno se siente bien conmigo, que compartimos muchos intereses, y que en ciertas cosas nos complementamos muy bien, cada uno, desde su edad. 

La libertad con la que Galeno vive ésta relación, empecé a descubrirla el día que se decidió a mandar una foto desde Buenos Aires, con nosotros comiendo sin sentirse cohibido. Me mostró el chat: P. preguntaba: "¿Y, cómo la están pasando con Veinteava?" y él además de decirle que bien, le mandó una selfie donde estamos los dos sonriendo.  Creo que eso para mí fue el comienzo de un recorrido más para seguir alejándome del miedo y de las nociones que me acompañaron hasta ahora. 

Sé que son personas que son importantes para él, que lo conocen de años, que lo han visto estar pasando épocas buenas y tristes. Igual que mi mejor amiga y mi mejor amigo, con quien llevo una amistad desde los  desde los quince años y desde los ocho años, respectivamente.  Así que lo único que espero es que ésta vez lo vean feliz. Igual que me ven a mí, creo, desde el día donde, hace casi un año, empezamos a vivir ésta historia.

miércoles, 27 de mayo de 2020

La historia al revés II

Son tantos los miedos. Las cosas que no. Que entonces por una cosa que si, hacemos lo que sea para cagarla. 

Hablé finalmente con Galeno de más cosas de Él. Me pidió que le cuente. Me dijo que le gustaría que algún día le cuente. Que ya nos había servido lo que le había contado en un principio y que si había más no podía ser tan terrible. Que podía hablarlo consigo cuando quisiera. 

Entonces, le conté. De esa noche que llegue temblando a casa. De la noche donde tuvimos esa charla horrible. De la noche donde me pelotudeó. De la escena por como estaba vestida que me hizo minutos antes. Del momento dónde yo sentí que se me caía la vida. Y dónde gran parte de ella, se me cayó, por un amor de mierda. 

Galeno me escucho pacientemente. Creo que es la única manera de demostrarle que lo quiero y que pese a mis inseguridades estoy poniendo lo mejor.  Porque mientras yo le contaba eso, solo Dios sabe cómo me estaba exponiendo. Y como se me caían las lágrimas. 

Se lo conté para que se diera cuenta lo mucho que significa para mi poder creer en el. Lo importante que es. Se lo conté para que se diera cuenta que consigo seis años después tomé la decisión de ser feliz. Se lo conté porque estoy escarbando en esos miedos para sacar mi mejor versión y compartirla consigo. Pero también se lo conté para que por favor no sea capaz de lastimarme así. 

Galeno me dijo: "La pasaste muy mal. Pobrecita" a medida que le conté. De igual manera, le dije que igual entendía la razón de ser de todo y que debía aprender. Que lo aceptaba. Que todo estaba bien. Pero que consigo había sentido miedos intensos de los que no había podido hablarle y eran por ésto. 

Nadie se da una idea de lo que me cuesta no ver a Galeno como un monstruo. Y ahí está él, mandando caritas de fantasmas para hacerme reír y para ayudarme a escribir la historia diferente. 

La historia al revés. 

martes, 26 de mayo de 2020

Pendientes

Hace un tiempo, como ya mencioné, tuve problemas con el celular. Por medio de un aviso general, aconsejé a mis contactos que me bloquearan. Tenía miedo que la persona que ocupaba mi línea por entonces hiciera uso de ella con fines negativos. Por suerte, eso no pasó. Así que cuando recuperé el normal funcionamiento de mi telefonito y sus derivados, instalé las aplicaciones de mensajería más comunes de hoy en día y revisé mis contactos. Quería ver si estaban todos, si había habido algún problema del que no me hubiera dado cuenta. 

Me dí cuenta de un hecho y fue que Él - sí, el Él, Él - me había bloqueado. La verdad es que me pareció bien, pues era una medida de seguridad. Pasó un rato más, yo avisé, obviamente, que todo estaba bien por redes, y mientras hablaba con mis amigos de la Facultad y buscaba sus contactos para formar un nuevo grupo, noté que me había desbloqueado haciendo caso, una vez más, de las recomendaciones. 

Me llamó poderosamente la atención que una persona que en el momento donde tuvo todas las oportunidades las dejó pasar y que me boludeo olímpicamente durante años, siga tan atento a las recomendaciones y a los dos minutos que aviso que todo está bien me desbloquee como si fuéramos a hablar esa misma noche. Por ninguna razón, le volvería a escribir.  Bloqueada o desbloqueada. Tampoco le pediría que me añada al grupo. Y sinceramente, pensé que ni bola le daba a mis cosas. 

La última vez que lo ví, lo encontré por la calle con su empleado que por entonces sabía de lo que estaba pasando y era un genio, sin prejucios, que me recibía súper bien cuando iba a buscarlo a la oficina después de la facultad. 

Ése día, paradójicamente, estaba a las corridas; al otro día, llegaba Galeno a Buenos Aires e íbamos a pasar unos días juntos. El empleado me preguntó cómo estaba, qué era de mi vida, y traté de ser breve. Él me preguntó por qué tenía tantos bártulos - sí, andaba cargada de regalos para Galeno, cosas de último momento, tratando de retirar dinero del cajero, etc - y les dije que estaba un poco justa porque tenía otras cosas que hacer y se me había juntado todo.  Él me preguntó si me iba de vacaciones, porque daba esa impresión, lo admito. Les dije que no, que me iba a pasar un fin de semana a un hotel, manteniendo una respuesta cerrada.  "¿A un hotel? ¿Un spa? ¿Vas con tu amiga?" , musitó y me lo preguntó. Me reí, sin poder evitarlo, porque su empleado hizo una cara de picardía que coincidía con mis pensamientos. "No, con un amigo..."No nos coinciden las vacaciones en el trabajo, viste que es difícil cuando no te tocan las mismas fechas...Pero bueno, voy a ver si consigo plata acá ¿ustedes pasaron por casualidad por el Banco?", le dije, para mantener mi intimidad todavía un poco más mía, tratando de hacerlo con simpatía. " Qué bueno que te escapes, te vas a relajar con tu novio" me dijo su empleado, riéndose. " Sí, está bien...", dijo él,  En la cara, le leí la sorpresa. "No, ni idea lo del Banco", dijo. Yo dije "Espero poder descansar un poco, sí. Bueno, entonces me voy a fijar lo del cajero. Me alegro de verlos", les dije, siendo el protocolo en persona, y los despedí.  

En el momento, la verdad, me dió igual ese encuentro. Creo que en algún momento me iba a tocar poder tener una experiencia más grata y me pareció que, si me preguntaban, no tenía por qué mentir. Haber sufrido mucho por esa misma persona no tiene por qué ser un motivo para ocultar cuando con alguien más hemos podido conocer un poco más acerca de la felicidad. Y yo con Galeno, precisamente ese fin de semana que llegó y compartimos, fui muy feliz. Realmente, muy feliz. 

Sólo me causó una extraña sensación que las personas que no te quieren, al final, son las que están pendientes de vos en los detalles.  Las que te siguen. Las que te leen. Las que te observan de lejos aunque hayan pasado seis años. 

Yo, de lo único que me acuerdo en referencia a él, es de todos los lugares donde puso miedo en mí.  Porque con eso lucho, para tener una relación genuina, dejándolos de lado. Y no es nada fácil. 

viernes, 22 de mayo de 2020

Tesoro

Esta noche Galeno está de guardia. Guardia de menos de veinticuatro horas, teniendo en cuenta el régimen por el COVID19 pero de más de doce. 

No suele sucederme, la verdad, casi nunca. Digo, esto de extrañarlo. Me parece raro incluso porque nosotros tenemos una relación que se formó desde mi mayor ignorancia sobre lo que podía pasar. No espere nada de esto, tampoco espere tener una relación consigo. Ya lo hablé muchas veces . Y me encuentro frente al desafío de reconocer todo lo que me pasa bueno y malo a través de esta experiencia. 

Si, yo considero que nosotros tenemos una relación. Solo que es una relación tranqui. Que se ajusta a la vida de cada uno en su provincia y donde la pasamos bien estando juntos. Él con su copa de vino y yo con Tiktok riéndome de los vídeos de la gente. El cultisimo y viajado por el mundo y yo diciéndole que mi sueño es , por mi edad, recibirme y conocer París como viaje de Licenciada... Y se ríe. Creo que en eso está la ciencia. En pasarla bien lo que podamos cuando podamos. 

Solo que lo inquietante en esto es la venida de los sentimientos. Porque no imaginé extrañarlo. En diez meses desde que hablamos por primera vez, hoy, extraño a Galeno. Y lo extraño , ya se, porque no lo puedo ver... Pero lo extraño. 

No, no se lo dije. Yo soy la que no puede decir en la relación y hace un gran esfuerzo para superarlo. Galeno, en cambio, fue el primero que me dijo que me quería, el que me confesó que tenía ganas de abrazarme y y besarme y hacer todo lo que nos gusta. 

Y hoy resulta que lo extraño. Pero no tengo ganas de decírselo. Solo me lo guardo para mí. Es un hallazgo. Pocas veces en mi vida he extrañado a alguien. No es un sentimiento que me convoque alguien ajeno a mi familia o a mis amigos. Y sin embargo... 

Lo extraño. 

Ésta sola circunstancia representa un tesoro. 

sábado, 16 de mayo de 2020

La historia al revés

Cuando comenzamos a hablar con Galeno, yo estaba pasando un momento de mi vida donde si había un grupo etario que no me interesaba era el suyo. La gente más grande, en general, pasaba inadvertida para mí del mismo modo en que lo hacían los jóvenes de mi generación. Nadie me resonaba a fondo, más allá de su edad, pese a que yo estaba dispuesta a seguir recorriendo la línea que se presentaba previamente a ese primer chat: chicos de mi edad o solo dos o tres años más grande. Compañeros de laburo que me decían de salir a bailar y yo, que si bien no estaba cómoda con la idea, lo meditaba solo para hacer algo diferente. Mi compañero, que me invitaba a recitales, que quería que fuéramos a fiestas y fumaramos marihuana. Y yo, que si bien al consumo de drogas no estaba dispuesta a llegar, pensaba en esas fiestas como un capítulo inédito que me llamaba la atención desde el dejar un poco de lado los libros para tomar aire del trabajo y la facultad. 

Cuando empezamos a hablar con Galeno y me dijo que tenía cincuenta años, fue la primera vez en mi vida donde yo sentí que ese tipo era demasiado grande para mí y fue la primera vez dónde me dije: "no, desde ese lugar, paso. No quiero estar con una persona grande. Ya lo intente y me fue mal. Va a venir con la misma lata de la diferencia de edad y no quiero escucharlo de nuevo. Mejor, intento entenderme con alguien más joven llegado el caso y se acabó."  Pero atraída por los gustos en común, seguí hablando con Galeno mientras continuaba segura de que no íbamos a conocernos jamás. Además, ese tipo, no me iba a gustar. Ni siquiera lo había visto una sola vez.  Eso explicaba muchas cosas. 

Por el mes de septiembre, mi vida, parecía una broma. Galeno estaba en mood de intentemoslo y la joven jugada que había sido entonces, se ocultaba. El me decía que había que jugarse por lo que dictaba el corazón y yo no le creía del todo. Él me decía que la edad estaba, si, pero que tenía ganas de conocerme. Yo no lo podía creer. El me decía que había que animarnos a ver qué pasaba no por vivir una historia que quizá no se daba, sino, por seguir nuestras verdad. Él era valiente y yo cobarde. El me decía lo que sentía y yo no podía expresar nada. 

El se tomaba un avión hasta Buenos Aires y contaba la historia del revés. Esa historia del día donde realmente había dejado de buscar , y terminé encontrando todo. 

¿Cuántas veces llegué a pensar que estaba mal lo que sentía? ¿Que no era normal si me había gustado un hombre grande, siendo que jamás pegué con mi generación? Cuando Él me decía que era una locura, yo le decía que no... Pero con el tiempo, de los 19 a los 24, terminé creyendo que esas historias eran imposibles de vivir para mí. Que solo me quedaba conformarme. Que quizá la que estaba pidiendo demasiado era yo. 

Si, justo en ese preciso momento, la vida me cruzo con Galeno. Galeno y su fuerza. Su indefendible tesón para dejar a un lado el que dirán y escucharse. Galeno y su decisión, Galeno y su solidez, su seguridad, sus ganas de compartir. 

Y cada vez que lo veo a mí lado, dormido, o cada vez que compartimos una lectura o cada vez que bromeamos con la diferencia de edad o cada vez que no se preocupa por si la gente lo mira por la calle o si los mozos dudan en intervenir cuando nos ven agarrandonos de la mano en la mesa de un bar, pienso que su presencia es la vida misma diciéndome: " no era cierto lo que te habían dicho, cada quien cuenta la historia que desea". 




viernes, 15 de mayo de 2020

Antes que el mundo se acabe...

Hace, prácticamente, sesenta días que estoy en cuarentena.
Hace otros más, varios más, meses, que no veo a Galeno.

Ayer, antes de dormir, me mandó ésta canción... y me llenó los ojos de lágrimas.
Ojalá que todo ésto, por todos, termine pronto.



" No se cuando estará libre la pista,
por ahora toca abrir las ventas y llegar hasta donde nos lleve la vista.
¿Cuándo saldremos de nuevo? Eso nadie lo sabe.
Mejor, por ahora, nos damos un beso antes que el mundo se acabe.

Con tus labios escucho las olas del mar como suenan, 
y los pies se me llenan de arena desde la cuarentena.
Ni la pandemia más fuerte que anda matando personas, me separa de ti.

Por eso,contigo, la distancia social no funciona.

Y si estás lejos no importa
porque la luz de la tarde nos une.
De cerca o de lejos, tu me subes el sistema inmune.

Y si la luna se queda sin noche y la mañana se quedan sin aves 
Mejor, por ahora, nos damos un beso antes que el mundo se acabe. 

Somos solidarios por naturaleza, por eso, cuando yo bostezo, tu bostezas. 
Por eso, yo te protejo y tu me proteges (...)" 

II

- Me hiciste llorar - admití  - pero está muy linda... 
- Está muy buena. Es para chapar - me dijo, en broma, por ésa forma de llamar al beso. 
- Siiiiii - me reí - Vamos a chapar y después lloramos un poquito y chapamos de nuevo - le dije, riéndome, por los sentimientos encontrados de produce. 

Galeno se rió. 
Yo me reí. 

Ojalá ésto se termine pronto. Por todos. 

jueves, 14 de mayo de 2020

Antes de dormir...

- *** - decía el mensaje de Galeno, con un apodo muy tierno - paso a saludarte antes de irme a dormir y a desearte un lindo descanso... 

Cuando lo recibí, estaba, casi, en el quinto sueño... 

- Gracias, mi *** . Igualmente para ustedes - le contesté, porque son aquéllos días donde la hija llega a su departamento con sus mascotas a cuestas y Galeno entra en lo que conocemos como modo padre - Que descansen. 

Por lo general, esos días, trato de no aparecer demasiado. Primero, porque sé, o creo saber, lo que significa para Galeno poder disfrutar de su hija unos días, en especial, acorde a los acontecimientos recientes que flexibilizan algunas cuestiones más en su provincia, a diferencia de Buenos Aires, donde seguimos en la fase tres.  Y segundo, porque sé que está en las mejores manos - como le digo siempre - donde lo quieren y lo tienen disfrutando a full todo el día. 

Ya estaba camino a seguir durmiendo, después de mi última respuesta y de mandar unos corazoncitos. 

- Tengo muchas ganas de darle un abrazo fuerte a una pendeja que vive en el conurbano bonaerense - me dijo, y me hizo sonreír, aunque tuviera sueño.  

Pensé que Galeno no tiene problemas en decir eso, de entrada, como sí me pasaría a mí. 

- Yo también tengo ganas de que me des un abrazo - admití - Te mando el mío desde el Conurbano. 

- Bueno, yo le sumo besos. 

Me reí. 

- Van también, claro... ¡Y con tonadita! - lo burlé. 
- Descansá lindo... 
- Ustedes también... 

Nos despedimos, con más corazones. 

martes, 12 de mayo de 2020

Modo avión III

Ése momento donde te ves discutiendo con Galeno y pensás: "¿cuándo en mi puta vida me ví dándole ésta atención a algo, poniéndole energía, tratando de no mandarme pensando en la mía, discutiendo con otro después de compartir cosas lindas?   Y te respondés que nunca. Porque una cosa es enojarse e irse y, otra, es enojarse y quedarse. 

La primera posición, es la que utilicé toda mi vida. La segunda posición, me está resultando mucho más incómoda de lo que pensaba. ¿No se supone que uno tiene que tener esa voluntad innata de arreglar las cosas? ¿O es que hará como yo, que le cuesta pensar que se puede salir adelante de discusiones boludas? 

Para mí, ninguna discusión es boluda y menos con Galeno. Pero quizá yo me estoy tomando todo demasiado en serio y la otra persona, lo único que se está tomando, es el segundo termo de mate. 

Extraño la indiferencia con la que podía mirar a todos los hombres antes. La extraño cada día un poquito más. Extraño esos límites tan demarcados, esa facilidad para deshacerme de las personas antes de que me lastimasen. Y es como si todos los días le diera vuelta a la idea de volver a buscarla y de rendirme, de retirarme de ésto y dejar de hacer fuerza... Pero ¿ponerse de acuerdo en las relaciones es hacer fuerza, puede todo resolverse de un modo mágico, o arremangarse cuando empiezan las épocas difíciles es un gesto de amor, de interés, de importancia? 

No tengo idea de eso, la verdad. Siempre que me enojé, o otro no hizo las cosas como yo pensé que serían correctas, me alejé y me fuí. Muchas veces, sin dar demasiadas explicaciones o muchas veces sin que me salieran las palabras para decírselo. Me alejé para protegerme y me fui para no darle lata a la situación.

Pero... con Galeno, no me resulta tan fácil.  ¿Por qué será que no se puede vivir eternamente así, arriba de una montaña, donde nada te toque?

Me cansa muchísimo, en éste momento, pensar en la segunda opción. Justamente en un momento donde no tengo casi energía para tolerar nada, porque el encierro me está volviendo loca, la vida me pone en la posición de enojarme e irme o enojarme y quedarme.

 ¿De dónde se saca energía, no?

domingo, 10 de mayo de 2020

Dulce despertar...

Arranco la mañana sin apuro. Me despierta con un caudal de mimos que me llegan desde atrás y me traspasan despacio del sueño a la vigilia. El susurro del buenos días de Galeno me llega a la altura de la nuca, donde deposita algunos besos muy suaves. Yo sonrío, todavía sin molestarme en abrir los ojos, y le respondo: "buenos días para vos", entre risas leves. Inmediatamente después, siento sus manos, acariciándome despacio, y arrastrándome hacia su cuerpo. Adoro que me haga eso, que despacio me desplace de donde estoy y me lleve a la calidez de sus brazos; en especial por la mañana, donde me despierto lentamente y agradezco mucho cuando lo hacen con cariño. 

Galeno se levanta, se cepilla los dientes y busca su celular para mirarlo un poco mientras sigue yaciendo en la cama. Yo me quedo unos segundos con los ojos cerrados, en silencio, hasta que me levanto, me cepillo los dientes, voy a descomprimir mi vejiga y me vuelvo a acostar a su lado, aunque sin agarrar el celular. Me tapo, y acostada boca abajo, con todo el pelo cayéndome para el costado contrario al que Galeno descansa, lo miro.  Unos minutos después, se percata del hecho. 

- ¿No vas a dormir un ratito más? - musita. 

- No... ¿Qué hora es? 

- Siete y media - dice, en voz bajita. 

Sonrío. 

- Siempre me levanto a ésta hora para ir a trabajar, por eso... - le explico. 

Galeno deja el celular y me sonríe sin mostrarme los dientes. 

- A las nueve sirven el desayuno , todavía podés descansar un poquito más si querés - me avisó - Yo te despierto si querés... Dormí tranquila - dijo, acariciándome la espalda desnuda. 

Sonreí y lo miré. Él me diría después que le puse ojitos pero eso es otro tema. Un tema que tiene que ver con lo que le pasa a Galeno cuando yo lo miro así y los motivos que a mí me convoca, por su parte, para que ése deseo se convierta en algo tan palpable a través de mis ojos. 

- No quiero dormir... - musité, evidentemente, con ojitos. 
- ¿Querés que te haga masajitos? - musitó. 

Lo miré, sonreí, y me acerqué a su lado, asintiendo con la cabeza. Galeno enseguida captó el mensaje y comenzó a hacerme algunos masajes suaves, con algunas mordidas muy suavecitas y una infinidad de besos. Tal cual me gusta. 

- ¿Está bien? 

- Súper 

- ¿ Si, está bien? - me susurró, mientras arrastraba sus labios por mis hombros. 

La piel se me puso de gallina. Galeno se rió por lo bajo y yo también me reí levemente. No entiendo cómo todavía se sorprende, habiendo vivido tantos años más que yo, de lo que la conexión entre dos personas es capaz de generar mutuamente. 

- Muy bien - dije y contuve la respiración un momento. 

Bien me conoce que supo cuándo era el momento exacto para cambiarme de lado. Quedé expuesta a él de frente, ya sin nada que me cubra, ni siquiera, una gota de maquillaje.  Observándome con una sonrisa de agrado, me miró. Le acaricié la cara y levanté el rostro para darle un beso suave. Galeno me devolvió el suyo, hundiéndome levemente en el colchón, pese a que estuviera conteniendo mi cuerpo con sus codos en los laterales. 

- Pedime lo que quieras - musitó - Soy todo tuyo - dijo, cambiándose de posición, y me dió sus dos palmas abiertas. 

Tomé sus dos manos suaves, prolijas, livianas, pulcras, es decir, una de las partes de su cuerpo que me enloquece por excelencia - y él lo sabe - y las llevé hacia mi pecho. Quería que sintiera lo que me estaba pasando sólo con algunas caricias... Que se pusiera al corriente de las palpitaciones, un latido en la boca del estómago y un estremecimiento general en toda mi piel. En cuanto lo notó, Galeno sonrió, y comenzó a acariciarme con una delicadeza y un cuidado magistrales. Ni bien confirmó la más que evidente aceptación, también añadió algunos besos a la causa y empezó a predisponerme para la demolición. Y yo le indiqué, como se suele indicar en esos contextos, qué deseaba. 

- Qué suavecito que sos - musité, enternecida, mientras me besaba todo el cuerpo. 

Sonrió. 

- Como a vos te gusta - me dijo. 

Automáticamente me reí, con dulzura, por su capacidad de hacerme sentir segura, cuidada, acompañada y, probablemente, también querida.  

Continuamos así un buen rato más, hasta que después de una buena sesión de sexo mañanero nos quedamos dormidos. Cuando nos quisimos acordar, nos duchamos a la velocidad de la luz y bajamos a las corridas a desayunar. 

- Oh, qué tarde... Hoy durmieron mucho más - comentó la dueña del hotel en persona con una sonrisa amable - ¿Qué les gustaría desayunar? - nos preguntó. 

Con Galeno no nos miramos porque nos íbamos a delatar. Él pidió su café negro, yo pedí mi café cortado y en cuanto nos quedamos a solas, deslicé una sonrisa discreta. Galeno me la devolvió. 

- Casi nos quedamos sin desayuno, pendeja - musitó, con picardía.  

Él me dice pendeja, cabe decir, con mucha ternura y, a mí, me derruye; por eso, de hecho, se lo permito. 

- Había un montón de tiempo... No sé qué pasó... - observé - Tengo un recuerdo... pero, quizá, soñé. 

Galeno se rió, sacudiendo la cabeza. 

- Si la mañana se arranca así... - dijo - no me quiero imaginar... Me vas a dejar desecho - musitó. 

Me aflojé y me reí.  Cuando me hace ese tipo de chistes, cuando se toma a gracia la diferencia de edad, cuando alude a mi ejército de hormonas enloquecidas deseándolo, honestamente, me hace morir de risa. Es que, él tuvo el privilegio de conocerme así, y es la persona que logra convocar sensaciones y reacciones que nadie había despertado hasta ahora. De ahí viene la intensidad, una especie de alarma que se activa con su sola cercanía... Y que cuando entre en acción, Galeno agradece, aunque después me haga chistes sólo para que me ponga colorada. 

- No, te prometo que te voy a cuidar... Vamos a ir por la sombra y, cuando crucemos la calle, ya que soy la prudente en ésto, voy a mirar para los dos lados... Te voy a cuidar de que no te pise un camión porque cruzando así... 

-  Soy un hombre mayor... - dijo, con sarcasmo - hay que tener respeto, un poquito de cuidado, que acá estás con un señor mayor ... - se rió. 

-  ¿Señor mayor? - mofé - No me estaría quedando claro ese concepto. ¿Es eso que me explicaste cuando recién me desperté, no? 

Galeno sonrió, por mi salida. 

- Claro... Fue un tema que me pareció bueno repetir... 

- Me quedaron algunas dudas... - observé - ¿Hay posibilidades de hacer un repaso? 

- Yo creo que entendiste todo muy bien... - respondió - Diste un parcial muy bueno, está más que aprobado... Pero si querés, podemos hacerlo, claro... 

Me reí, aunque luego de un instante, seriamente, aguantando la risa, le pregunté: 

- Yo más que nada porque busco promocionar la materia... ¿viste? ¿Habría posibilidad de abrir una mesa de final para rendir la promoción?  

Galeno me miró, seriamente, aunque haciendo gala de toda su picardía, bebiendo su cafe negro. 

- Por supuesto que sí... Podemos hacer una mesa especial para vos. 

- Agradezco enormemente esa generosidad - musité. 

- Sos la única que viene a rendir... 

- Sabés que me encanta la Universidad... 

- Sí, sos muy aplicada. Aprendés rápido. Te vas a recibir muy pronto, así. 

- Sí... Me quiero recibir para hacer un posgrado... - le dije - No serás docente en tu gremio pero yo quiero seguir cursando algunas materias... 

- Una especialización, ¿no cierto? - me preguntó. 

- Exacto, sí... 

- Muy bien - dijo - Será así, entonces. 

La dueña se acercó para ir trayéndonos las distintas opciones de comestibles en ese momento.  Con Galeno nos miramos, callados, disimulando por segunda vez la sonrisa, y empezamos a masticar para reponer energías. 

sábado, 9 de mayo de 2020

Imágenes congeladas

Hace unos días, con Galeno, empezamos a mostrarnos fotos. Todo empezó porque, en nuestra conversación del sábado a la noche, yo le conté que antes de hablar consigo me había puesto a mirar algunas de ellas, tan sólo de meses atrás, para conectarme con acontecimientos positivos en medio de la pandemia.   De hecho, en medio de muchas, había encontrado una que le tomé a las instalaciones del hotel donde fuimos en diciembre, a pasar unos días juntos, y se la pasé. "¿Te acordás de éste sillón?", le pregunté, sabiendo lo habíamos convertido en algo nuestro, quedándonos allí un buen rato cuando volvíamos de pasear antes de ir a la habitación.  Incluso, una tarde que llovía y nos habíamos mojado lo suficiente después de pasear de aquí para allá, tomamos la merienda allí mientras cada uno leía una novela y yo le explicaba, desde el aspecto formal, por qué me gustaba tanto leer diarios íntimos, o por qué, en el caso de La tregua, ése formato narrativo funcionaba tan pero tan bien (esto, de todos modos, es un criterio de análisis personal).  Galeno por su parte leía para mí a un autor de su provincia - aquél lugar que yo por entonces no conocía - y entre medio del mate y la lectura, también sobrevinieron los mimos y las caricias propias de ese tipo de vínculo. Ambos, con el paso del tiempo, conservamos el recuerdo grato de ese sillón. No en vano, tomé aquella fotografía que le mostré y él deslizó un comentario alusivo a las ganas de volver a ese hotel, a ése momento y a esas actividades.

Luego de éste episodio, me mostró una foto de uno de sus cumpleaños número seis o siete – según comentó-. La imagen se  exhibía en blanco y negro, y él estaba rubio como no es, totalmente diferente.  Más adelante, me fue mostrando otras. Fotos de cuando era adolescente, cuando estudiaba en la Universidad, fotos de sus veintitantos e incluso fotos de cuando tenía algunos años encima ejerciendo como Médico, con ambo verde agua y cara de jovenzuelo, en una guardia de hace casi quince años.  Sí, cuando todavía estaba casado y esas cosas... Hasta que me mostró las más recientes, aquéllas que hablaban de los últimos seis años, y me di cuenta que no había envejecido demasiado en comparación a esos días. Entre 2015 y 2018, incluso, época que a mí me parece reciente, cuando me mostró las fotos de sus dos viajes a Europa noté que Galeno estaba igual. Lo único diferente era que tenía una campera más abrigada, menos canas y lentes de sol (algo que él no suele usar "para hacer facha" ya que usa lentes de forma permanente). "Si te conocía en ése momento, me hubieras gustado como me gustás ahora, a decir verdad, no cambiaste casi nada…", le dije, a medida que me fue mostrando otras, porque me di cuenta que desde hace muchos años antes existía siendo "mi tipo de tipo" (tal cual le dije a mi amiga, cuando recién empezaba esta historia, y yo pensaba que iba a quedar todo en una red social)

Con ese comentario, comenzó un juego que consistió en compararnos físicamente y en apariencia, dónde y cómo estábamos antes de conocernos. Le envié a Galeno fotos de cuando tenía dos años, de mi cumpleaños de quince y hasta de hace cinco años atrás en mis veinte; e incluso de cuando sólo tenía dieciocho años para que se diera una idea de lo diferente que estaba respecto a aquéllos años.  Él deslizó comentarios muy graciosos pero, en lo general, coincidimos en algo: nos hubiéramos gustado mucho entonces – se alegró mucho de mi aspecto en las fotos cuando ya era mayor de edad, aunque reconoció que no se hubiera permitido ese acercamiento por el tipo de diferencia etaria de entonces… –. Aunque eso sí, estamos de acuerdo que de habernos encontrados dos o tres años atrás, a mí me gustaría de la misma forma que me gusta cuando lo veo hoy y en la que él - dice - yo le gusto.  Y no es que Galeno sea un símbolo sexual, ni tampoco que yo lo sea, sino que la atracción se gesta en una afinidad que se abrió camino por un montón de intereses en común y que, en muchos momentos, se concreta gracias a lo físico. Así, mientras Galeno estaba buscando la tumba de Cortázar en París, hace unos años, yo estaba haciendo eventos culturales propagando la literatura de Cortázar, leyendo sus fragmentos y observando la vida a través de su literatura. Incluso, mientras Galeno estaba ahí, fanático desbordante, escuchando al "cantante X" y yéndolo a ver a cuanto recital había en su provincia, yo lo estaba escuchando de atrás para adelante y de adelante para atrás, en todos mis viajes hasta la Facultad. Eso. Esa simultaneidad sin saberlo. Esa especie de destino prefijado que, indudablemente, parecíamos poder tener nosotros no por la eternidad de un compromiso a largo plazo, sino, por la oportunidad de compartir una etapa variable de nuestras vidas coincidiendo así.



No obstante, el vernos en esas foto, en lo personal, me hizo pensar en varias cosas más allá de éste planteo básico.

 La primera de ellas, quizá sea la más obvia: cómo es la vida de extraña que tenés a dos personas viviendo vidas completamente diferentes en dos provincias diferentes sin conocerse, viajando, estudiando, trabajando, proyectando con lo que los rodea; y ahora están tan vinculadas con las peculiaridades del caso.  La segunda, y quizá la más paradójica: la forma tan tajante en la que siempre renegué de las personas de distinta clase social por haber pasado experiencias insultantes al respecto (literalmente, me llegaron a ofrecer plata o viajes a cambio de sexo), en comparación a cómo se formó un vínculo con Galeno donde, realmente, lo último que importó fue que él tuviera un estándar de vida cinco o seis veces mejor que el mío.

Al respecto, cuando me preguntaban por qué repelía a los candidatos de clases superiores a la mía que se me acercaban, yo siempre explicaba lo mismo: “porque, por lo general, no comparten mi misma visión del sacrificio y para tener una persona al lado que no entienda por qué uno lucha todos los días, para qué se levanta todos los días, cuáles son los motivos; no sirve, necesitás compartir valores para formar algo, si no, no llegás muy lejos”. Sin embargo, con Galeno, se cumplió una condición que en otras ocasiones no había tenido lugar. Él sí sabe lo que es luchar, trabajar, tener sueños, tener ganas de salir adelante, formarse, esforzarse para lograr los objetivos y hacer algo mejor con lo que le tocó. Él es la clase de persona que no tiene problema en comer con los más pitucos pero, después, sentarse al lado de una persona en situación de calle para evaluarle una herida, mantener una charla y darle un poco de su atención (real)… Y eso, para mí, con el paso del tiempo, a medida que lo fui conociendo, resultó conmovedor porque jamás de los jamases puso el dinero por delante de todo lo que él, como persona, podía hacer por mí. Y creo que, principalmente, a través de eso,  sentí que había encontrado a ésa persona de la que tantas veces había hablado, sin saberlo, hacerlo referencia a lo que no quería de las demás. Como si en base a todo lo que rechazara de otros, la imagen de Galeno se fuera torneando del pasado a éste presente.  

La tercera y última cosa fue todavía más simple y más significativa al mismo tiempo. Y radicó en el hecho fundamental de que los dos sentimos algo que se podría explicar como la exacta sensación de estar juntos en el living del departamento, acurrucados en el sillón, intercambiado rectángulos en blanco y negro o a color. “Siento como que estamos mirando fotos juntos, sentados en el sillón”, dijo Galeno y yo sonreí. El momento para mí tenía la misma aura aunque no lo hubiese puesto en palabras concretas.

Tanta relevancia tuvo además, ese momento, que las mismas fotos desconocidas para aquél que no fuera de mi familia (mis hermanas y mis padres), es decir, las fotos que me tomaron mientras estaba internada después de haber nacido prematura, que no conoce nadie, más que mi familia directa, ahora también las conoce Galeno. Porque me dijo que le gustaría verlas, cuando le mencioné que eran las que faltaban de mi infancia, dado que él me había mostrado y yo no, y… yo se las mostré.


Y eso, significó el gesto más lindo. No por él, si no, por mi misma. Por la capacidad de poder contar esa parte de la historia con alegría, poder compartirla y en el compartirlo, poder saber que sané.  Porque lo cierto es que si quiero tener una relación sana con Galeno o con quien sea, lo importante es que esté bien. Pero además, lo importarte que es poder permitirle al otro que nos conozca, que sepa lo que nos pasa, que sepa quiénes hemos sido, para que se dé cuenta de nuestros desafíos y nuestras importancias. Ni más, ni menos. 

viernes, 8 de mayo de 2020

Día 52

Ayer, en nuestra charla de la noche, con Galeno nos acordábamos de lo bien que se siente cuando estamos así: 


O nos quedamos charlando, así:


O nos dormimos una siestita así:


Y, a modo de conclusión, acordamos en lo placentero que resulta quedarnos abrazados, desnudos un largo rato, haciendo cucharita. Sin hablar. Sin preguntar. Sin extrañar. Juntos, abrazados. Piel con piel, me dice él, con su tonadita de la zona central del país... y yo, acepto formalmente. 

jueves, 7 de mayo de 2020

Diez meses

Diez meses atrás, le escribí a Galeno por Instagram consultándole por un libro que estaba mostrando y yo me quería volver a comprar; Rayuela. El tipo que era por entonces, no me contestó en el momento y, cuando lo hizo, fue el protocolo en persona a pesar de que estábamos cada uno en una provincia diferente de nuestra Argentina.  Él me había mandado la solicitud hacía varias semanas atrás pero, a decir verdad, no nos dábamos importancia más allá de lo cultural.  Si alguno subía una foto de un escritor, con un texto, o algo de eso, quizá y sólo quizá, nos cabía algún like. Aunque lo cierto es que, teniendo tantas cosas en común, empezaron a llover esos símbolos. 

La verdad es que jamás me hubiera imaginado estar, diez meses después, con Galeno. Particularmente a mí, con mi visión del mundo, esa cantidad de tiempo, me parece una enormidad. De hecho , nunca mantuve un contacto tan fluido y permanente con alguien, durante tanto tiempo, a menos que fuera parte de mi familia o de mis amigos más cercanos. Nunca establecí, con todas las letras, durante cada semana, el compromiso de perdurar aún a la distancia y con tanta diferencia de edad. 

Pero aquí estoy, diez meses después, habiendo compartido tantas cosas con ese tipo que por entonces parecía ser el protocolo en persona. ¿Qué me iba a imaginar yo que escondía ternura detrás de su carácter serio y podrido? ¿Quién me iba a decir que, conmigo, iría a ser el creador de varios apodos? ¿Quién me iba a imaginar que terminaría en ésta aventura con éste hombre que bien me dobla en edad? 

Yo, la verdad, hace diez meses, jamás me lo hubiera propuesto. Mi vida era, básicamente, otra muy distinta a todo lo que vino después. Me había acostumbrado a estar sola, estaba enamorada de ése estado de bienestar al que había arribado y no me preocupaba por nadie más que no fuera familiar, amigo o un conocido con lazo empático. Vivía para trabajar, estudiar en la Universidad, ver a mi sobrino y dormir... Pero, como siempre mencioné, yo no estaba triste ni anhelante, ni deseaba nada más que lo que tenía hace diez meses.  

Sin ir más lejos, creo que porque estaba bien, al comienzo de ésta relación, con Galeno fue todo muy difícil. Llegó a mi vida, se instaló de un día para el otro, y propuso viajar a Buenos Aires sin intermediaciones. Entre todo ese revoleo de hechos sólo había pasado un mes y para mí era demasiado extraño pero además demasiado pronto. ¿Cuantos años hacía que nadie me despertaba nada, y de pronto llegaba Galeno, y proponía emprender una pedazo de aventura? Para mí, pasar de un estado al otro, no era tan fácil. Por eso, hoy, agradezco que me haya esperado en ése momento donde yo realmente lo necesitaba y no sabía cómo procesar lo que me estaba pasando consigo y con el contexto de ésta historia. 

Hace unos días, antes de caer en la cuenta exacta de que diez meses es un montón de tiempo, encontré unas viejas capturas de pantalla en mi celular. Por entonces, llevábamos tres meses hablando todos los días. Galeno me decía que "ojalá pudiéramos seguir dedicándole tiempo a esos charlas sobre todo" y yo le decía que "ojalá fuera así,  que no tenía por qué cambiar". Más adelante en la charla, Galeno argumentaba que había algo más fuerte que lo físico, aunque eso estuviera porque yo le parecía linda. Y yo pensaba que algo de razón quizá tenía, porque no cualquiera estaba dispuesto a llevar tres meses hablando todos los días de cosas que, francamente, no tenían nada que ver con lo físico y lo sexual. 

Cuando nos vimos por primera vez, ocurrió algo inesperado para ambos. Algo de lo que hemos hablado algunas veces estando juntos y otras veces luego de esos días compartidos, a modo de reflexión. Nos resultamos conocidos, de antes, también en lo físico. El pasaje de la virtualidad a la realidad con Galeno, más allá de la charla que manteníamos, fue positivo por aquélla sensación de conocernos de antes, de una naturalidad y una espontaneidad que inundó todo desde el primer día frente a frente. 

 ¿Y qué decir cuando el encuentro físico se concretó a través del sexo? Yo me quedé pasmada. Había sido una experiencia extraña esa confianza, esa entrega, esa sensación de familiaridad permanente. Y aunque pensaba guardármelo para mí, pensando que era algo muy raro, Galeno se animó a decírmelo instantes después de que me estuviera dando vueltas en la cabeza: 

- Ésto... quiero decir, ésto... - nos señaló - es muy raro...  Yo no creo en la reencarnación, ya te lo dije, pero... Es como si te recordara de otra parte. Por eso, yo estaba decidido a venir. Lo hablé con Pablo, que él cree en esas cosas, y no sé... Yo no creo, la verdad, pero... no sé - dijo. 

Me lo quedé mirando, acostada encima suyo, los dos desnudos, en un ámbito de intimidad profunda. Le sonreí, acariciándole el pecho. 

- Yo siento como si hubiera estado en ésta situación siempre... Como si ésta no fuera la primera vez que te veo en la vida - musité, riéndome levemente - Es rarísimo (...) - le dije, entre tantas otras cosas en su momento. 

Y en esa extrañeza, estamos ya, hace diez meses. Con lo bueno, lo malo, lo difícil y lo fácil. Como si nos conociéramos de antes y tratáramos de reconocernos en éste segmento de nuestras vidas que nos tocó compartir.

 Porque, a decir verdad, yo no creo que el habernos conocido sea, solamente, una casualidad torpe de las redes y la modernidad. Que dos personas que, en lo cotidiano, no comparten ni siquiera la provincia se hayan cruzado, para después vincularse de éste modo tan particular, no creo que pueda ser casualidad. 

No en vano, desde el primer día, hace ya bastante tiempo atrás, Galeno me dijo que yo había reflotado en él algo muy lindo, que en otros casos, sólo su hija y su hermano podían aspirar a conseguir efectuar por dentro suyo. El amor, dijo, y enseguida me pidió que no me asustara, lo ayudaba a ser mejor persona, le daba un baño de humildad, apaciguaba el dolor y el disgusto por las dificultades vividas y las pérdidas fuertes a través de los años. Éso era lo que le pasaba con su hija, cuando estaba cerca suyo, con su hermano, cuando estaba cerca suyo... Y ahora estaba yo,  que había despertado algo muy lindo, que lograba dispersar la ira interior que a veces le daba que el mundo fuera como es. 

Cuando Galeno me escribió todo eso, yo lo único que pude decirle, fue que le agradecía que hubiera venido a despertarme, porque eso, a fin de cuentas, un día como hoy pero diez meses atrás había empezado a ocurrir sin que ninguno de los dos lo esperase. Le expliqué, además, que había querido huir, que había querido proteger, pero que no había podido. "¿Qué me diferenció?", preguntó, cuando yo le conté lo que me pasaba con todo el resto de las personas. " Que cuando yo quise alejarme de vos, me di cuenta que no podía, que no iba a ser feliz con la decisión que había tomado. Por eso, cuando entendí eso, me desperté". 

miércoles, 6 de mayo de 2020

Día 50



- Bueno... Contame algo de vos - me dijo Galeno, hace unos días, en nuestra charla habitual de la noche. 

- Te voy a contar algo lindo... - le prometí - El domingo, ***, me dijo algo que sonó como "hola tía" - empecé a relatar la secuencia con amor desbordante. 

Galeno lo celebró con comentarios alusivos al hecho, aunque... 

- Ahora - enfatizó - ¿por qué siempre que te pregunto o te pido que me cuentes algo de vos, me hablás de ***? - me preguntó, mencionando a mi sobrino. 

- Porque es parte de mi vida - le dije. 

- Pero ¿nunca te pasa nada que tenga que ver con vos? - aludió. 

Enarqué una ceja. Galeno tiene esa capacidad de ir al punto cuando quiere sacarme datos y no me deja escaparme o rehuirlo, incluso, no deja que lo haga cuando ni siquiera yo misma me doy cuenta que lo estoy haciendo.  Poniendo en evidencia ésta marca, lo sé, también estaba poniendo de manifiesto una cuestión más importante: que yo no le decía, últimamente, cómo me sentía, ni lo que hacía, ni lo que me estaba pasando por dentro. 

- Sí, obvio que me pasan cosas que tienen que ver conmigo... Tengo una vida que transcurre , sin dudas... - le avisé. 

- Bueno, eso me gustaría que me cuentes... O de tus viejos también me podés hablar. Pero, siempre que te pregunto por vos, me hablás de ***. 

- Yo te cuento sobre *** porque me hace bien, es algo lindo para compartir... 

- Sí, por supuesto que sí... Pero ¿y de vos, cuándo hablamos? 

- No sé hablar de lo que siento. No estoy acostumbrada. Nadie me suele preguntar cómo me siento tan abiertamente... - le expliqué - Y a veces no tengo nada bueno para decirte de cómo me siento, entonces, prefiero evitar el tema. 

- Yo sí. Yo sí te pregunto... - evidenció - Y tampoco te estoy pidiendo que me cuentes nada bueno. No tenemos que hablar siempre de lo bueno. Algo que sea tuyo. 

- Entiendo. Éste encierro me está afectando mucho. No la estoy pasando tan bien por momentos... 

- Últimamente, además, estás escribiendo mucho... No creo que sea solamente **** - dijo, en referencia a mi sobrino - el que te está revolviendo tantas cosas... 

Me tomé un momento, unos segundos, para interpretar sus palabras. No era un reproche. O sí. Pero no guardaba intenciones malas de su parte.  Entonces, luego de dimes y diretes de ambos lados, finalmente, hablé de cómo me sentía con Galeno. 

- Tengo miedo de perder mis vínculos. Estoy angustiada por eso. No sé, sé que un virus no es el motivo por el cual la gente pierde vínculos, pero es un obstáculo. Y me da miedo pensar que cuando recupere parte de mi vida... no estén en ella los vínculos que son importantes para mí. 

- Entiendo, claro. Te asusta - me dijo. 

- Sí... 

- ¿Qué vínculos tenés miedo de perder? Yo creo que se están poniendo a prueba todos, pero que van a quedar los fundamentales. Los vínculos que tengan una base, y que sean recíprocos, no tienen por qué perderse. Pero eso siempre ha sido así... 

- El vínculo con mis hermanas, con mi sobrino... - enumeré - Con mis amigos, aunque tratamos de continuar con la comunicación... 

- Pero ésos vínculos estate segura que no los vas a perder... No tenés que dudar. A tus hermanas y a tus amigos y a *** lo vas a volver a ver cuando todo esto pase

- Sí, lo sé. Aunque la angustia está... 

- Sí, eso es inevitable en ésta situación - admitió - ¿Qué otros vínculos tenés miedo de perder? 

Aunque sentí que me estaba exponiendo mucho, se lo dije: 

- El nuestro. Me da miedo también perder nuestro vínculo... y no carnal, precisamente... - agregué, con un dejo de humor. 

Tardé cincuenta días en decirle a Galeno que tenía miedo de perderlo. Cincuenta días. Y creo que me di cuenta que se lo había ocultado porque me asustaba, además, que no le pasara algo similar, de que me rechazara al escucharlo. 

- Pero, nosotros estamos igual que siempre... - me dijo, tranquilizándome - Nuestro vínculo no cambió (...) Hablamos todos los días, como antes de la pandemia... 

- Ya sé. Pero no es tan racional mi angustia... Me genera incertidumbre. Estamos frente a un obstáculo más concentro. 

- Sí, sí... Lo sé. Pero no es más que un obstáculo mental, ésto. Las cosas van a pasar, a la larga, en el mientras tanto, tenemos que relajarnos y esperar; sin incertidumbres... 

- ¿Cómo hacemos para no tener incertidumbre? 

- Las cosas siempre terminan pasando como tienen que pasar. En el mientras tanto, lo único que podés elegir, es no tener incertidumbre. ¿Te acordás cuando yo quería viajar a Buenos Aires y vos no querías que fuera? 

- Sí, me acuerdo. 

- Bueno, durante todos esos meses, no nos vimos... Esto es igual, sólo que ahora está la pandemia y nos da ganas de hacer algo que no podemos hacer... - me explicó. 

Suspire. 

- Igual, la pandemia, no maneja eso. Yo te quería ver sin COVID-19 o con el. 

- Pero sí maneja la incertidumbre, y los miedos... - me dijo - No tenés que dudar... Tenés que estar tranquila. Los vínculos importantes, los recíprocos, van a sobrevivir a ésto. Los vínculos que cuidamos en éste momento, van más allá de un virus. Uno elige todo el tiempo los vínculos que quiere alimentar... Sólo que, ahora, con la pandemia, eso se nota más...

¿Por qué será que Galeno es tan Galeno y yo soy tan Veinte?

- Sí, yo creo que a la vista quedó y queda lo verdaderamente importante... Porque ahora, no tenemos energía para andar sosteniendo los vínculos que no son importantes.

- Claro que no... Y lo que cuidamos tiene que ser reciproco. La pandemia, nos lo mostró. Los vínculos importantes, los que son reales, no los vas a perder. 

martes, 5 de mayo de 2020

"Ojitos"

- Me voy a ir a bañar - me avisó Galeno.

Lo mire, sonreí y asentí con la cabeza. 

- Dale. 

- Te espero para desayunar - musitó y se levantó para buscar una toalla limpia. 

Rodé sobre el colchón y volví a taparme mientras me ponía en posición fetal. Lo observé calladamente hasta que se fue al baño y, una vez que estuve a solas, ocupé su lado de la cama. Aproveché para apoyar mi cabeza en su almohada y aspirar el olor a perfume impregnado allí. Manoteé el celular, abrí los mensajes pendientes, y le respondí a mi mejor amiga. Me preguntaba si estaba todo bien, después de que le hubiera avisado que había llegado a destino. 

"¡Hola amigaaa! Sí todo bien. Ahora se fue a bañar ***. La estoy pasando lindo, la verdad. ¿Vos, cómo estás?",  contesté, y comencé a prepararme la ropa para ponerme aquél día. 

Mientras me duchaba, Galeno preparó la mesa y puso a Jorge Drexler a todo volumen. Escuché como silbaba, y me alegré de que se sintiera animado, porque yo, también estaba feliz. 

Un rato después, nos arrastramos mutuamente hasta la misma cama. Galeno me abrazó por detrás un buen rato antes de hacerme el amor muy despacito. Tan bien como despacio y tan intenso como lento en la consecución de nuestro placer.  No pude evitar preguntarme cómo hacía para que disfrute así. Cómo. Cómo sabía tan bien lo que quería, lo que estaba deseando justo en ese instante. Y cómo me orientaba, al mismo tiempo, es una concepto del sexo rodeado de libertad, de desprejuicio. 

- ¿Estás bien, querés que siga? - me susurró.

Estábamos frente a nuevas fronteras mutuas y eso, entusiasmaba más de lo habitual. 

- Sí, seguí - le indiqué, y añadí un poco más de pimienta al asunto mostrándole el consentimiento también con el cuerpo, compartiéndoselo. 

Galeno suspiró, recibiendo las modificaciones con agradecimiento, y se contuvo tensando su cuerpo. Yo también cerré los ojos , asimilando el placer por oleadas, acordándome de respirar, deshaciéndome progresivamente bajo el contacto de su piel. Fue tan delicado en su contacto y en sus maneras, que hizo posible mi total anonadación frente a lo que era capaz de provocarme. 

- Por Dios - musité, desconectándome del entorno . Inspiré hondo y llevé todo el aire hacia el estómago, para poder concentrarme en lo que estábamos construyendo - Está perfecto así, voy a morirme... - inspiré. 
- Me encanta... - suspiró, complaciéndose  - ¿Puedo ***? ¿Me das permiso?
- Sí, hacelo, sí... - manifesté. 

Galeno se pegó a mi por completo y me acarició. Yo seguí mirando estreshas - como me dice él cuando pronuncio esa palabra, por mi tonada porteña- y musité una verdadera declaración de placer y de agradecimiento por cómo me estaba sintiendo.

Hasta que me derribé, por completo, y me dí.  Galeno decayó un instante después, agradeciendo las deferencias de mi parte, después de haberle dado toda mi confianza.

Lo abracé de costado y me quedé pegada a su cuerpo un buen rato, en silencio. Me gusta ese momento.

- Esto es un camino de ida, mi **** - musité.
- Ahá - musitó, riéndose - Me gustó mucho.
- Todo se dió fácilmente...
- Sí, es que tu cuerpo sigue cada vez más receptivo... 
- Vos sos bueno. Mi cuerpo se dá así porque lo tratás bien  - admití - Gracias por ser siempre tan cuidadoso conmigo...  - musité.

Lo abracé.

-  Es fácil todo si te responden bien... - me susurró - ¿Viste estrellas?- dijo, con su tonadita.

Lo acaricié en silencio, unos segundos.

- Todas las constelaciones - le dije, riéndome - ¿No se notó?

- Sí, claro que se notó. Me encanta que lo disfrutes.

- Un placer, siempre un placer - me reí y le puse cara.

Galeno bautizó esa mirada que le dedico, como "ojitos". Así que, algunas noches, cuando nos despedimos, esboza un "chau ojitos" con su tonada, ésa tonada del interior del país que tanta gente adora, y me enternece a mil revoluciones por segundo.


lunes, 4 de mayo de 2020

"Hola, tía"

Ayer, por primera vez, mi sobrino me dijo: "hola, tía", (olatea) cuando estábamos en nuestra videollamada y me puse a llorar como una tonta de la emoción. Porque se ve que mi hermana le repitió tanto el "ahí está tu tía, decile hola a la tía", que funcionó.  Lo más gracioso es que sonreía y me pegaba sus cachetes a la pantalla, mientras me lo decía. Y cuando yo le decía "hola, mi amor", le agarraba vergüenza y se reía.  

Que en éste contexto tan difícil haya aprendido a decirme eso, es una bendición. 
Y me ayuda a estar mucho menos triste... 

Te amo, mi chiquito... 

domingo, 3 de mayo de 2020

Modo avión II

Doy un par de likes, hablo con mi sobrino y un poco con Galeno. Finalmente volvió como si nada de aquel visto a la mañana siguiente y yo le aclare que me había dejado hablando sola. Y se lo aclare porque si bien yo soy respetuosa de su espacio , hay cosas que no voy a tolerar. Y mucho menos, llevando nuestra relación completamente a distancia , lo cual está siendo muy difícil en lo personal. 

Hay momentos dónde, siendo totalmente honesta, siento que jamás volveré a verlo. Que una pandemia mundial es un desafío demasiado grande para nosotros que, pese a tener una relación relajada, tenemos sentimientos de por medio.  Es que, nosotros no hablamos todo el día en lo habitual. Hablamos a la mañana antes de entrar a trabajar y a la noche, después de la cena, para contarnos nuestras cosas del día y para compartir lo que nos pasó en el. A mí ese ritmo, me pareció siempre muy bueno porque tenía tiempo para todo y además para Galeno. Lo mismo de su parte, que tenía tiempo para todo y además, me escribía. 

Pero ahora, nuestra relación, es meramente virtual y nadie sabe bien por cuánto tiempo. Yo, personalmente, necesito más contacto que antes dónde en la revolución de los días, cuando nos queríamos dar cuenta, uno o el otro viajaba para vernos. 

Sé que ninguno de los dos tiene la culpa pero me apena pensar que por una vez dónde me siento bien al lado de alguien, nos azota un virus mundial que una vez más me deja sin posibilidades de vivir la experiencia... No puedo evitar pensar que quizá no estoy hecha para las relaciones humanas. Pero eso no es algo donde Galeno tenga injerencia, a decir verdad . 

No me atreví a decirselo pero yo realmente tengo miedo de que lo nuestro no funcione en este momento. Tengo miedo de que no volvamos a encontrar ese punto de acuerdo en nuestras palabras y de que el contacto se disperse y de que no volvamos a vernos . Aunque tengo que reconocer además que no me gustaría perderlo, más allá de que yo se que esto va a terminarse, por causa de un virus. De que no pudimos aguantar cinco meses sin vernos. Porque si bien yo estoy orgullosa de él por su profesión, este mismo hecho, trae ventajas como que pudiera escaparse en cualquier momento , como también, está trayendo más incertidumbre de lo normal en un contexto así. 

Tampoco me atrevo a decirle que sueño que está con otras mujeres, con que vuelven a volar los aviones y con que nos volvemos a ver , al menos dos o tres veces por semana, desde que empezó todo ésto. 

Reconozco que hay gente que se está muriendo por ésto. Pero también reconozco mi miedo. Y lo único que desearía es poder escribir en un futuro lo más cercano posible que hemos podido superarlo. 

Sé que para llevar adelante una relación como la nuestra, además de valor, se necesita paciencia , voluntad de los dos lados, y en especial, que desde donde más pueda el otro nos ayude a seguir trabajando para que valga la pena. Porque si aún en cuarentena no se encuentra la reciprocidad, es en vano tener miedo por lo que finalmente pasará. 

II

Siempre que me asalta ese miedo, yo me acuerdo lo que sentí cuando toco alejarme de El. Y creo que fue uno de los dolores más difíciles de poner en palabras, por el modo. Luego de que pasaron muchos años, yo crecí con la certeza de que había perdido a alguien que realmente no quería por nada del mundo que se fuera de mi vida y que, esa experiencia, me había marcado tan a fuego que difícilmente iba a volver a tener miedo del dolor causado por la perdida de otra persona. "Yo ya perdí a la única persona que me hubiera encantado que se quedará conmigo, así que puedo perder a cualquier otro hombre en mi vida; ya está". 

Y sin embargo, si bien se lo que es la experiencia dolorosa de perder a alguien que queremos, y de tener roto en mil pedazos el corazón, desconozco cómo es el dolor de perder a alguien que te ayudo a ser feliz, que te contuvo, te hizo reír, se jugó con vos y te enseñó sobre el coraje de vivir una relación sin prejuicios con veintiséis años de diferencia. Porque yo con Él perdí a alguien que no me quería, que más allá de mi dolor, no se la jugó por mi. Pero si perdería a Galeno, estaría perdiendo algo mucho más simbólico. 

Y sin embargo, de la primera perdida hay algo que no olvido. Al principio, me va a parecer que nunca más me voy a levantar. Va a parecerme que siempre voy a estar triste. Y voy a dudar de mi ser fuerte. Voy a llorar un montón. Voy a escribir un montón y voy a pensar que jamás tendré otra oportunidad. Pero también voy a salir de eso. 

Pierda o no. Sea ahora o no.

sábado, 2 de mayo de 2020

Modo avión

Muy recientemente tuve problemas con el celu. Muy recientemente, me quedé sin línea de teléfono porque me enviaron un chip de otra persona, yo suplanté su identidad sin saberlo, ya que figuraba en un sobre con mi nombre y mi DNI, y alguien más, al mismo tiempo, tomó mi línea.  Después de estar horas al teléfono para solucionar ésto y de escuchar a los chicos del centro de ayuda pedirme disculpas porque fue un error enorme -y muy serio, de hecho - de la logística de la empresa Movistar, terminé recordando mis épocas donde hacía el mismo laburo y a veces me gritaban, e hice toda la gestión con la mejor. Al caso, ellos, de éstas inutilidades, no tienen la más mínima culpa. Es más, son gente como yo, que seguramente sale de ese laburo igual de abombada que salía yo, cuando solo me tocaba hacer eso en particular, y hasta a veces lloraba por la noche si me habían tocado muchos locos en el día. 

Como consecuencia, la comunicación éstos días está siendo dificilísima. Por suerte, para poder llevarla adelante con alguien del otro lado, tengo éste lugar. Con Galeno he hablado escasamente. Para avisarle lo que me pasó y para decirle que toda nuestra historia está a salvo en un lugar recóndito. Para evitar que le dé un ACV, le ofrecí hablar por Instagram hasta nuevo aviso. No entiendo muy bien por qué está en ese plan de que me escribe y me dice que menos mal que le avisé, que se iba a preocupar por mí, que se iba a asustar, y después me clava el visto... Pero bueno. 

Yo tomé la decisión de aprovechar este revés de las empresas de telecomunicaciones y desconectarme la mayor cantidad de tiempo de las redes, porque precisamente siendo el único medio de contacto con otros, me están intoxicando.  Quiero usar éste gran tiempo de vacío para conectarme conmigo misma. Unas horas, unos días, unas semanas. Lo que necesite. Considero que me va a hacer bien. 

Últimamente, en terapia, vengo trabajando fuertemente cuestiones como el miedo, los celos, la inseguridad, mi autoestima que se esconde para el lado que menos me ayuda y la sensación de montaña rusa. Vengo trabajando el hecho de que mi terapeuta está tratando de ayudarme a lidiar con los fantasmas y los traumas del pasado, de todas las relaciones que no fueron posibles para mí y con todo ese impulso destructivo con el que quiero prender fuego mi relación con Galeno. 

Y no, ésto no se trata de lo que haga o no haga él. Ésto se trata de que yo no soy, ni seré, ni quiero ser, sólo su espectadora. Quiero poder participar de lo que está pasando en mi vida y que si ésto se rompe sea, explícitamente, por los dos. Pero antes, y para eso, tengo que conectarme conmigo. Y con toda mi lucidez, mi capacidad, mi fuerza, mi belleza interior, mi bondad, mi lealtad  y mis virtudes.  Recordarlas, en éste momento, me está haciendo mucha falta. Y poder controlar el impulso a arruinarlo todo, también. 

Porque, a decir verdad, es como si ya la nafta estuviera derramada, yo tuviera una caja de fósforos en la mano... Y cada vez que prendo uno, lo termino soplando después de que se me caigan algunas lágrimas. Y pienso: "no puedo cortar una relación por ésto, no me está lastimando, son sólo mis fantasmas, sólo es el miedo a sufrir, sólo es esa sensación permanente y dolorosa de que me va a terminar cagando... Como si lo supiera realmente, como si tuviera n papel firmado... Como si no pudiera pasar algo diferente". 

Sí. Estoy rodeada de fantasmas, de todos mis fantasmas, de aquéllos que pensé no poder sacar a la luz.  Pero éso somos, finalmente, después de tantos años: todos mis peores miedos, todos mis peores fantasmas, y yo. 

Y es maravilloso aunque por momentos siento que no voy a poder enfrentarme a ellos. Que me superan, que ganan, que me rindo. Que sí, que me va a cagar de arriba de un puente como hicieron todos, que no se la va a jugar más por mí, que no me elige, que mira a otras minas, que está con otras minas y que me miente. Que solamente conmigo tiene sexo y con las otras es un hombre interesado realmente por su inteligencia y no por su culo. 

Pero sé que son eso. Fantasmas. Lo sé. Ahora, lo sé. 

Y no tengo idea de cómo voy a hacer para luchar contra ellos, porque realmente me están afectando mucho. Y aunque mi psico me diga durante una hora cosas que puedo hacer, y yo le haga caso, y razone, y piense, y recuerde lo que hablamos, nunca nada de lo que traté en mi misma para mejorar mi calidad de vida me costó tanto. Nada. En especial, porque nunca intenté curar tantos miedos y dificultades gracias al cariño de otro. No, no por otro, sino, gracias a que otro me despertó.  

Quizá, no sale bien. Es muy difícil explicarle a alguien la fuerza que tienen mis impulsos, cómo mi mente me juega malas pasadas y lo mucho que estoy luchando para cambiar ese pesimismo afectivo que yo tenía hacia los hombres, antes de conocer a Galeno. Y, siendo honesta, no lo hago por él. Lo hago por mí, porque el día donde no esté más junto a Galeno, quiero poder tener otra relación sana sin que me implique ésta desolación. 

Es curioso pero... yo siempre supe que a Él, hace seis años, lo había despertado. Me lo hizo sentir, me di cuenta, me lo dió a entender muchas veces. Estaba bloqueado, como me dijo, y yo le planteé que quizá nos habíamos cruzado en la vida para que pudiera resolver eso. Para ayudarlo a abrir su corazón a la idea de que podía existir un amor hermoso, que aunque no fuera conmigo, se tenía que animar a vivir.  Y se animó, supongo, porque está en pareja hace años ya, justo después de mí, cuando hacía mucho tiempo que venía de relaciones ocasionales sin compromiso afectivo. 

Pero lo que es más curioso es que cuando yo empecé a hablar con Galeno, descubrí una porción del mundo, y de las relaciones humanas, enorme. Entendí por qué la gente es capaz de tomarse un avión hasta otra provincia, si hay una historia sana detrás. Entendí que yo misma era capaz, contra todo lo que pensé en mi vida, de tomarme un avión hasta su provincia... por afecto.  Sí, por afecto... Por amor.  Quizá no es el amor de los cuentos, porque yo no amo a Galeno, pero lo quiero muchísimo más de lo que imagino, de una manera real, con sus altos y bajos.  No creo que mi amor sea el mejor, por la distancia, por la diferencia de edad, porque hay muchas cosas que mi experiencia no me alcanza a comprender, pero es sincero.  Y lo que sí creo, es que Galeno llegó a mi vida para despertarme y lo logró. 

Sí, desperté.  Y ahora necesito alejarme un poco de todo lo que me está impidiendo hacer ese trabajo, es decir, de mis conductas tóxicas, de los celos, de chequear en redes, de hacerme películas. No por Galeno, la verdad, porque ésta historia terminará como deba aunque me empeñe en evitarlo.  Si no, por mí. Para que pueda vencer a mis propios fantasmas, para que pueda disfrutar de todo lo que yo sé que pude disfrutar consigo... y sin él.  Lo que no es poco. 

Por eso, aprovechando el desbarajuste de los papanatas de mi compañía de línea de celular, entré en modo avión.