jueves, 29 de septiembre de 2016

Un placer conocerte III

<< Esto te lo digo, al margen de mi; cuando vos elegís una persona como pareja y podés explicar todos los motivos con la cabeza; no funciona. Hay una parte inexplicable que te hace estar ahí, donde querés estar realmente, y casi nunca se sabe muy bien qué o por qué sucede, pero sabés qué está. Esa persona tiene algo, indefinible, que te atrae muchísimo y sin saber por qué, te sentís desordenado, exaltado, feliz, dudoso, extraño. Yo me sentí así, cuando te ví. Sé que lo irracional no se explica; así que si vos me decís qué es lo que me llevó a decirte todo lo que te estoy diciendo, te diría que no tengo justificación lógica pero sí estoy seguro de que vos tenés algo, aunque no sepa lo que es, que me hace hacer esto. Entiendo que te genere desconfianza lo que te estoy diciendo, pero tené en cuenta que el haber pasado muchos años con una persona, y que esto haya sido una elección racional, de argumentos racionales y de explicaciones racionales, no es lo mismo a que una persona te conmueva. Vos a mí me conmoviste, te voy a decir la verdad. Me conmoviste vos, me conmovió ***, me conmovió ver que viniste a acompañar, fue algo muy loco, muy intenso, todo lo que me pasó desde que te ví, hasta ahora. Dos años hace que yo venía con muchos problemas con quien era mi pareja anterior; era una crisis detrás de otra. Tratamos de salvar las cosas, nos distanciamos un montón de veces antes de llegar a ésto, pero llega un momento donde sabés que no >>, gesticuló, cruzado de piernas, en una posición demoledora, hablándome con tranquilidad. <<Hace mucho tiempo que ustedes vienen así, yo creo que eso es un indicador de algo más >> <<Sí, claro que indica algo más... Que por mucho tiempo que hayas estado con alguien no quiere decir que haya funcionado, sino, a veces, es el haber argumentado siempre con la cabeza los motivos para quedarte al lado suyo. Hasta que un día llega alguien más; te conmueve y ya no querés pensar con la cabeza un argumento, porque tampoco tendría explicación. Lo sentís, sabés que algo distinto sentís, y eso alcanza. Desde allí es donde querés jugarte, animarte y donde sentís que llegó la hora de seguir lo que te pasa... ¿Si está bien, si está mal? No lo sé. Hacía muchísimo tiempo que a mí no me pasaba esto, porque uno puede estar con mujeres, puede salir con ellas, todo lo que vos me digas; pero en tu caso es diferente >> me dijo. <<Diferente porque te estoy preguntando qué sentís con lo que te pasa de una forma muy indiscreta, y tampoco es que nos conozcamos tanto para tanta confidencia >> le sonreí. <<No, yo también te estoy contando. Lo que me pasa es que por fuera sos muy muy joven, y por dentro, tenés la mente de una persona adulta y no de una chica de tu edad. Si bien percibí que eras inteligente, es increíble lo madura que sos por la edad que tenés; ahora veo que no se te escapa nada, que sos una adulta pero en un cuerpo joven y  razonás como tal. Eso me desorienta todo el tiempo. Por eso, para mí, decirte esto es tirarme a la pileta, saltar.  No sabía con lo que me iba a encontrar >> 

(Palabras de Divino) 

<<¿Qué es, realmente, lo que me está pasando con vos? ¿Dónde es que estaba todo este mar de emociones metido, callado y quieto; que no lo había descubierto, hasta que llegaras? Divino, no sos solo el mar sino que también sos el monstruo de ese mar. ¿Cómo es que me generás esta movilización? ¿Cómo es que me veo pensando en vos? ¿Por qué, precisamente, alguien como vos? ¿No podía ser más adecuado, quizá? ¿No podías ser un señor en punto medio, desde tantas ópticas? ¿No podía ser una edad más cerquita, como para quedarte conmigo, y un nivel de vida más normal, para que no me sintiera tan lejana? ¿No podías llegar, conmoverme, hacer que se despertara esta muerta que fui durante dos años, y permanecer para verlo? ¿No podía ser que esta vez, por una vez, el hombre que me hablara y me dijera esas cosas, realmente las pensara? 

¿Qué puedo saber yo, respecto a lo que se elige con la cabeza? Por mucho que lo he intentado, no lo conseguí. Tuve siempre en claro de que era preferible estar por lo que es el otro a su lado y no por lo que representa. Por eso me afecta tanto todo lo que representás, todo lo que forjaste, todo lo lejos que te siento. La verdad es una: me gustás. Después de esa verdad, de todos modos, sobrevienen tantos argumentos... ¡tantos! ¿Ya pensé más de cien veces contadas que quisiera tenerte al lado mío, disfrutando del sol en la cara, tomando mate en cualquier parte, no? ¿Ya pensé que me gustaría que fuéramos al cine o me acompañes a un evento de cultura de los que me interesan, no? Sí, todo eso ha sido dicho y pensando. 

¿Qué es lo que deseo, con vos? 

Conocerte, compartir, vernos.  Esas cosas quiero con vos. No hay ningún interés vacuo o mundano de por medio, que bien se podría entender o presentir en otros casos. Al contrario, todo tu mundo me asusta, me intranquiliza, me angustia. Veo mi vida tan distinta que quisiera traerte a mi frontera, para que - como me dijiste el otro día -  me digas siempre que soy linda y no divina. Que, en un caso máximo - según tus estimaciones - puedo aparecerme linda y cansada, nunca impresentable, como te digo que estoy en medio de un teórico en la facultad. 

¿Qué es lo que me pasa? 

No entiendo qué querés de una persona como yo, al margen de lo que todos ya sabemos. Yo siempre me he sentido el patito feo. Y ante tus palabras, un patito no tan feo pero sí muy sorprendido. En especial porque tengo miedo.
Tengo miedo, porque yo no soy de esas mujeres felinas que abstienen el corazón a la hora de prender el fuego y tirarlo a la parrilla.  Yo no sé desvincular el deseo del afecto y lo que puede empezar siendo camaradería, atracción y deseo, no quiero que se transforme en amor... al menos, no de manera unilateral. Y de tu lado, no puedo esperar que seas novio. ¿Entonces, qué? ¿Qué quiero de vos? A vos, a Divino ser humano. A Divino y no al Doctor en Derecho. ¿Qué me importa eso? No me importa eso si lo único que me desvela, es la forma de mirarme, de conducción y la intensidad. Vos sos muy intenso; y yo no tengo garantías ni claves respecto del poder serlo. O en realidad, si. Pero... necesito saber otras cosas primero. Y una de ellas no la voy a saber si no lo intento: qué pasaría con vos. Nadie hasta ahora me había corrido tanto los ejes, y llegaste a moverme las placas tectónicas de mi vida... Y está situación me cuestiona si me pasa esto, si me puede pasar, si realmente me esta pasando. Si lo irracional venció o no a mi propia conciencia,y además, a mi conciencia de clase.

¿Qué pasa, además? 

No entiendo qué me viste y siento que, como sucedió, puede desaparecer. No entiendo qué me ves de atractivo, cuando en realidad, podrías haber encarado a cualquier chica y sería más linda que yo. No entiendo "eso" que decís que tengo, que tampoco sabés que es, pero que tengo.  ¿Qué tengo yo, Divino?  Sé que, ante tu apariencia, no vale el trabajo de mi autoestima, porque va más allá de eso. ¿Cómo te explico? Pasé siempre por bambalinas, no sirvo para tomar las iniciativas y muchas cosas me dan vergüenza. Lo único que hago más o menos decentemente es leer novelas. Escribo todo el tiempo cosas que no me animo a mostrar. No salgo a bailar, no me entiendo con los jóvenes, no me gustan los lugares abarrotados de gente, donde no se puede hablar ni escuchar nada. Los viernes o los sábados a la noche no tengo planes, como todo joven. Los viernes a la noche curso en la universidad y los sábados a la noche duermo, plancho o limpio, porque estoy muy cansada y además, porque no siento que pueda compartir con alguien lo que verdaderamente quiero hacer un sábado a la noche, aún teniendo veintiuno y no cuarenta años.  Paso mucho de mi tiempo sintiendo que no puedo hablar con nadie de una manera placentera. Necesitaba este tipo de charlas, este manejar un universo lingüístico y referencial similar.  ¿Sabés lo que fue encontrarme con vos y hablar durante tres horas? Un placer. Me diste, sí, aunque no te lo voy a decir nunca, una especie de placer muy recóndito. Es que - esto nadie lo sabe - mi punto de entrada y desbarranco es la palabra. Si la palabra viene acompañada de belleza y esa belleza además es también física... 

¿Cómo hago? ¿Cómo recuperar el control?

No es que nosotros hablamos del clima; sino que hablamos de la vida, de Literatura, de Arte, de Decoración, de deportes, de proyectos, de ideales. Hablamos de museos, de arquitectura, de deseos... Hablamos de todo, sabiendo mas o menos, pero sin prejuicios, sin que me sintiera rara o inadecuada. ¿Sabés dónde me sentí fuera de combate? En aquellos recovecos donde se evidenciaba una amplia diferencia social entre nosotros. Sobre el resto, para mí se desplegó el valor real y no quizá el precio. Porque, si te diste cuenta no lo sé, pero en todo lo que sucedió ahí no permití que nada tuviera un precio. Me centré en el valor: de las palabras, de los gestos, de la iniciativa, e incluso, de la manera meticulosa de prepararme un té, porque a la señorita se le antojó té a las ocho de la noche, rechazando una cena. 

¿Te habrás dado cuenta, dónde recaía todo aquéllo? 

Si supieras cuánto vale poder hablar con vos con tanta naturalidad, de tanta variedad de cosas, incluso, te parecería un poco exagerado. Quizá me preguntarías si nunca hablé con nadie y te explicaría que sí, que hablar se puede con todo el mundo, pero que el asunto radica en entenderse, en escucharse, en disfrutar. En sentir que uno no está perdiendo el tiempo sino que está llevándose algo. En sentir que no es una persona que habla sobre cosas importantes desconociéndolas, sino todo lo contrario. En sentir que no es un simple pichón que se pretende importante, sino, un tipo - a su manera y en sus ejes - absolutamente normal.  Pero... decime... ¿nunca en tu vida te cruzaste con la persona que acuerda con tu tipo de hombre, de mujer? ¿Nunca pensaste que había imposibles para vos? Yo sí lo pensé; sos vos. Y fue ahí que deseé con todas mis fuerzas que nos hubiéramos encontrado en otro momento, donde quizá, pudiéramos. Y fue ahí donde me repetí que odiaba la alegoría de El Principe y La Cenicienta.  

Si lo irracional no se explica, quizá por eso nunca termino de entender en qué se basa este huracán de vos.

Me cuesta mucho, un montón.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Vigilia y resolución

De fondo, una música tranquila. 

<<Ya pasó todo lo que tenía que pasar >> pienso. 

Mi cuatro patas hermoso está donde tiene que estar, en el Cielo de los perros, donde se ganó su plaza después de diecisiete años de amor incondicional. 

Murió en la madrugada de hoy, cerca de las tres. Se quería quedar, evidentemente, mucho más de lo que todos nosotros llegamos a comprender, así que lo esperamos, esperamos que todo se desenvolviera según su voluntad. Se fue, nomás, sólo cuando sintió que era el momento. 

Estoy triste, pero al mismo tiempo, también estoy feliz por él. 

Sé que está en un lugar mejor. 
Sé que lo vamos a querer siempre, cada uno, a nuestra manera. 
Sé que va a acompañarnos, a cada una de nosotras, como desde hace tantos años. 
Sé que estará corriendo detrás de los juguetitos. 

Mi única pretensión de hoy es llegar a la facultad, dar ese examen parcial para que el no sé casi nada y volverme.  

De otra cosa, no tengo ganas. 

martes, 27 de septiembre de 2016

Vigilia

Estiro la cabeza y lo miro; una vez más, como durante todo el día, me aseguro que esté bien. Él duerme, silenciosamente, después de un nuevo ataque de esos que lo dejan agotado. Suspiro. Intento retomar el enunciado que viene desde mis libros, pero se complica mantener una idea, comprender lo argumental del asunto, retener las frases, o afirmarse en la concentración. 

<<No se puede, así, la puta madre >> pienso. <<¿Por qué un animalito tiene que sufrir tanto? >> me pregunto, indignada, angustiada, torpe, ansiando que lo que sea que tenga que suceder, finalmente, decante. Porque, realmente, no se puede más así. Ni verlo así, ni irse tranquilo a la calle, ni afrontar las responsabilidades; no se puede así, mientras uno va y viene durante el día y él permanece en su cuchita. Esa cuchita donde le escribí, a mis ocho añitos, su apodo, cariñosamente y con letra de nena. Ese apodo que está casi invisible, pero que es indeleble, conectado al afecto, que perdura hasta hoy. 

<<Vas a estar bien, de alguna forma, vas a estar bien. Podés irte tranquilo, vas a estar bien, no vas a sufrir, ya nos diste demasiado amor, ya tenés todos los galardones, mi vida. Merecés descansar, ya hiciste y diste suficiente...>> le digo, mentalmente, mientras lo acaricio como si pudiera escucharme de verdad. 

Casi no puedo tocarlo, porque le da otro de sus ataques. Casi no se mueve, por la misma razón. Ya no ve, no come, apenas toma agua. Quiero que se acabe esto y sin embargo no tengo el coraje para sacrificarlo, porque la decisión no depende sólo de mí.  Queda, junto con mi hermana - que lo ama mucho más que yo - el esperar que de su suspiro, ese pasaje hacia el otro mundo, el Cielo de los perros.  La espera se hace larga, todo es un constante sobresalto. Es una emocionalidad contenida, es el no saber, es el querer que se termine todo y es el empezar a extrañarlo de un modo anticipado. 

Mientras tanto, las horas del parcial me asechan, se reducen, me aspiran. No sé, francamente, cómo voy a ir a rendir mañana. Siquiera terminé de estudiar y pese a que soy muy responsable, no puedo concentrarme con nada.  Lo veo apagarse, lentamente, y analizo cuántos días más puede sobrevivir así. Me entristece, mucho. Quisiera hacer cualquier cosa para que no sufra más, para que se entregue, para que sepa que aunque lo vamos a extrañar un montón, son las reglas del juego. Quien tiene un perro y lo ama mucho, debe saber que el mayor acto de amor hacia él es dejar que se vaya cuando sea su momento, por muchísimo que nos duela. Y podrá sonar exagerado pero para mí los perros son mejor que las personas; mi perros, especialmente, me han dado una felicidad indescriptible. Especialmente él, durante 17 años; fue parte de mis primeros recuerdos, parte de mis juegos, parte de mis sustos y del origen de mi amor por los animales. Él está en casa desde que yo tenía cuatro años y si bien nunca creí que fuera a durar tanto, tampoco entiendo por qué le está pasando esto... por qué tanta demora. Por qué, de este modo. 

  <<La puta madre, tengo que estudiar; dale Veinte, pilas, arriba, vamos...  >> me digo, indignada, porque me atraviesa el ser persona, el ver cómo mi perro de diecisiete años se está muriendo - literalmente, se está muriendo -  y yo... me tengo que intentar concentrar.  ¿Qué me importa el examen? Hace un ruido y miro para la cucha, respira raro y miro para la cucha. Sé, lo sé y lo tengo claro; él se va a morir. Sin embargo, aunque lo sepa, eso no quiere decir que no me afecte. 

Como si fuera poco mañana rindo el examen parcial que intento preparar. No me queda tiempo, sé que esta vez no zafo.  En el transcurso de este breve post le agarraron dos ataques más - llora, grita y se sacude, cuando le dan -  y cómo quedarme toda la noche estudiando a su lado, si cada cinco minutos estoy llamando a mi madre o a mi hermana, por si no sale de ese episodio, por si se muere ahí mismo.  Me asusto cada vez que le pasa, esperando que no se quede sin aire, esperando que no sufra más, que sea pasar de un sueño al otro. 

Intento ser fría y seguir leyendo resúmenes; pero... no puedo siquiera con treinta, cuarenta hojas.  Pienso en no presentarme, pero si llego a desistir sin antes haberlo intentado, sé que el calendario académico se me va a complicar todavía más a fin de año. 

Vuelvo a mirar para la cucha... Vuelvo a fijar la vista en los resúmenes. 

Esa será, aparentemente, la dualidad durante toda esta noche. Que sea lo mejor posible, me digo.

Otra cosa, ya no puedo desear. 


domingo, 25 de septiembre de 2016

Un placer conocerte II

Desde el minuto cero el universo Divino me aterró, por completo. En todos los sentidos posibles, ya sea desde él mismo o desde mi propia realidad, supe que éramos y somos dos personas diferentes. 

Me tomé alrededor de dos semanas para pensarlo bien; para dejar que se asiente en mi cabeza la charla sorpresa y para empezar a entender qué era lo que me estaba queriendo proponer con sus palabras. Demás está decir la sutil diferencia que puede haber en una noche de sexo ocasional o una noche de amor; por lo cual, yo necesitaba separar un poco los términos, como si desplegara el sujeto y el predicado en una oración, para comprender qué estaba buscando yo en todo este asunto, si podía responder o no a su deseo, con la misma - ¿facilidad? - gracilidad, por decirlo de algún modo. Y no es que yo buscara amor, magia, generación espontánea, sino que lo que me importaba era no ser una víctima ocasional de los abrumadores - eso sí tengo que reconocerlo - encantos de Divino, para que después me desechara sin siquiera un llamado. 

Lo barajé por todos los perfiles y le dije que necesitaba hablar con él, ya que le había asegurado que malo o bueno, yo le diría lo que pensaba sin pelos en la lengua, si es que realmente le interesaba entender cómo pensaba, al margen de lo "divina" que él me encontrara, a sus ojos. La idea le gustó y  lo intrigó mucho, según me dijo, a lo que yo le respondí que no tenía que asustarse, que no le había prometido sus órganos a ningún malechor y que se lo tomara con calma. <<Sí, por favor... algo tranquilo  >> me dijo en un modo muy suyo que me revolvió el estómago.   << No tenés de qué, pero por las dudas, tampoco te asustes >> le marqué. 

<<Parece ser como si yo lo hubiera sentado a él, cuando fue al revés >> mofé, desorientada. Si bien se estableció la posibilidad de vernos una vez más, a partir de allí, desde el vamos se me apareció imprecisa, sabiendo que este hombre tiene una agenda excesivamente ocupada y, además, un ritmo de vida muy ajeno al mío. Pero además, haciendo especial énfasis, en aquella marcación respecto a  un ritmo. 

¿Qué pensaba decirle en esa charla? Que no podía; que no estoy lista para afrontar quien es y lo que representa, que le pido mil disculpas porque es un tipo encantador,pero que no tengo ganas de sufrir, y por eso, le mando un beso enorme. Que mientras que a él yo no le veía cabida para algo con un poco más de forma, en mi sí sentía que podía hacer mella la necesidad de que existiera, y por ende, era mejor alejarse. Que mientras que a mí me sensibilizan un montón de cosas yo lo sentía como un frívolo lleno de ganas de masticarse a una pendeja. Que mientras él estaba acostumbrado a tenerlo todo, yo no. Que mientras él tenía mujeres a sus pies con una de esas sonrisas carismáticas, a mí los hombres me miraban siempre como si fuera un buen pedazo de carne aunque nadie se animaba a conocerme de verdad y yo estaba muy cansada de eso, no quería incorporarlo a esa lista.  Que él me atraía demasiado y yo no podía dejar que me pasara una cosa así. Que se iba a cansar enseguida, se iba a aburrir enseguida, y en cambio de mi parte corría riesgo de vincularme de otra forma. Que siendo de mundos diferentes él seguramente me vea como una sosa estudiante universitaria y yo lo veo, al mismo tiempo, como un "frívolo", por ello lo único que puede fundamentar el mero encuentro, la sutíl coincidencia, es un efímero encuentro sexual y... nada más. Ni lento ni rápido, mi decisión directamente consistía en no ir.

Dado que salía a cenar con su grupo social, le dije que lo dejaba. Me dijo que seguíamos hablando después. Contesté con austeridad, quizá con demasiada austeridad, movida por el miedo, por el querer asegurar mi propia decisión, por muchos argumentos que prefiero mantener en mi fuero interno.  

Volvimos a hablar, una semana después. Todo comenzó inocentemente cuando encontré algo en un diario algo que creí que era un buen motivo para hacerle una broma, ya que él me había confesado que unos días después de conocernos, había dejado de leer las reformas del Código con sus consabidas actualizaciones para rastrear mis datos personales, la etimología de mi nombre, los mitos en torno a éste y demás cosas, porque no se podía concentrar del todo, cuando le había generado tanta intriga.  Y si bien esto no me gustó demasiado porque me sentí extraña - ¿a quién le importan mis datos, desde cuándo a alguien le importa la etimología de mi primer nombre? -  intenté no tomármelo demasiado a mal. Quizá me lo había confesado porque necesitaba exorcizar la vergüenza que le representaba haberse sentado a su edad, como si fuera un joven exaltado, a buscar datos sobre una chica que acababa de conocer y era oriunda de otra generación.  Para amenizar un poco el trato, ya que en esa época me interesaba verlo de verdad,  le mandé un mensaje mencionándole lo ocurrido con el diario que me llegó a mi casa de casualidad; pese a que le había dado de baja a la suscripción  y pese a que cuando lo volví a buscar por todos lados, por todos, no lo encontré más. Me respondió aquél mensaje que para mí era una forma de cargarlo, explicándome mejor lo que yo había visto, dando cuenta así que lo pensando como una broma - por una cuestión que nunca hubiera podido corroborar de manera ajena a que me lo dijera él -, no lo era ni por asomo. Más bien todo lo contrario, aquéllo era verdad y qué casualidad que todo hubiera empezado por un rastreo acádemico, me dije yo, otra vez, desorientada y, claro, mucho más asustada y reticente que antes.  <<¿Vos, cómo estás ? >> recuerdo que le pregunté, después de superar el punto pudoroso del asunto. <<Bien, estoy bien, con muchísimo trabajo y también pensando en todo lo que hablamos y en lo que me escribiste >> me dijo. Yo, obviamente, no le creí porque lo suyo me pareció "de manual".  <<No sé si eso es bueno o malo, pero ya viste que no soy la única pensante >> aseveré, arrepentida de lo anterior.  <<Parece que sí, que tenemos cosas en común, al final >> subió la apuesta. <<Al menos en lo que se refiere a llevarnos sorpresas leyendo cosas por Internet, claro que sí... >> volví a ironizar yo. 

Después de aquélla charla breve, demasiado a mi gusto, pasaron varios días más durante los cuales no hubo ningún llamado. Yo estaba convencida de que eso pasaría, por lo cual, dentro de mi misma, era una profecía que se cumplía por si sola a cada minuto y pensé que era lo mejor que podía pasar, porque francamente era demasiado en todos los sentidos poder convivir con algo y alguien así. Quizá lo mejor consistía en que eligiera otras cosas para mi vida, pese a que no me atrajeran tanto, y la vida estuviera intentando demostrármelo posicionando a un imán enorme frente a mi cara, a ver si era lo suficientemente fuerte para resistirme.  ¿Si me disgustaba, pese a todo, su postura? Sí, en cierto modo sí, me molestaba un poco hacer valer tan seguido mi desconfianza general y mi incredulidad nata, respecto a personas como él, porque en esta oportunidad hubiera preferido no tener razón. Hubiera querido llevarme una sorpresa buena de su parte, que me mostrara una cara diferente de entre las tantísimas figuritas repetidas que me crucé, como mínimo, durante todo lo que va del año. 

Habiendo sostenido a rajatabla mi iniciativa de la abstención, pasó otra semana completa hasta que me contactó, mandándome un mensaje lleno de flores y el saludo esperable por el día donde se inició la primavera. <<Muchas gracias, ***. Igualmente para vos también >> le escribí y no me esmeré en ser nada más que cordial. Después, haciendo una especie de trabajo interior, me pregunté qué estaba tratando de hacer, por qué insistía inmaduramente en todo esto, qué era lo que buscaba.  Me arrepentí un poco de ser dura conmigo misma y dejé pasar más días.  Lo cierto es que - tal como lo pensé -  para que yo le escribiera, porque de otro modo no movería un dedo más por la causa, debería tener lugar un suceso fuera de lo común. 

Justamente... 

El   haberme cruzado a la persona que hizo de nexo primero entre su trinchera y mi vida, me desestabilizó, porque mientras que hubiera podido encontrarla en cualquier momento y no nos  hubiéramos reconocido ni asociado, justo fuí a encontrarla en compañía de mi madre, que me la presentó y que, por encima de todo, me presentó ante ésta.  La persona me conocía, sabía de mí y se mostró muy amorosa, pero precisamente por eso yo sentí miedo del que la encargada de contactarnos por alguna razón se hubiera enterado de la conversación mantenida entre él y yo - a través de él, claro - aquél día y de ahí que me dijera que yo era hermosa, que tenía una expresión hermosa en la cara, que se alegraba de conocerme por fin, etc. Me pareció que tenía que avisarle que me había encontrado, por si ella llegaba a preguntar algo inocente y Divino terminaba violando ese acuerdo mutuo y de palabra respecto a la confidencialidad, pensando que se había enterado de mi parte. 

- Me encontré a *** por la calle - le escribí, sin pormenores, unos días después.  
- Hola, Veinte - respondió - ¿Cómo estás? ¿Sí, la encontraste? ¡Es divina, viste!  
- Sí, hace unos días. Te aviso por si te menciona algo... 
- Yo no le dije nada... - me avisó - ¿Habrá hablado con ***? - hizo referencia a mi pariente. 
- No, no; tranquilo, de eso puedo darte garantías que no. Te aviso nada más por si te menciona algo, para que sepas que tampoco le dije y te lo tomes a bien. 
- Ah, ah... - percibí que se tranquilizaba - Me asusté.
- De mi parte es silencio absoluto. No sufras... - ironicé, recordando aquélla frase que le dije, casi en el comienzo de la charla <<yo no voy a decir nada si tu prestigio es lo que te preocupa >>.  
- No, por favor, no estoy sufriendo...   - me dijo, de buenos modos. 

Cuando le respondí como estaba y le devolví la cortesía, me aseguró: 

 - Yo bien, muy bien... - tecleó,rápido - muchas veces tentado de llamarte... - pinchó. 

Tragué saliva y le respondí mientras iba enarcando una ceja. Sé que si me hubiera visto en persona, quizá mi ironía hubiera terminado teniendo un efecto real, pero apelé a su inteligencia y le dije: 

 - De la misma forma en que vos dudás, yo soy de esas personas que detesta molestar... 
- Por favor, Veinteava, no es molestia para mí... 
- Ahora lo sé - le dije, desmotivada del todo con su postura, porque todo este tipo de cosas yo ya las pasé una vez y ese tipo de respuestas yo ya las conozco. 

<<La adivinación y las ciencias ocultas no son mi fuerte, todavía, qué casualidad...  >> pensé, recordándome a mi misma, un mes antes, sentada frente a él, mientras le decía <<yo no quiero ser el perro faldero de un tipo como vos >>. 

Hoy sé que no me equivoqué tampoco cuando vislumbré que, con la facilidad de tener todo al alcance de sus dos atractivas y pulcras manos, no sabría luchar por nadie de verdad, no querría correrse de su comodidad y su gracilidad, no estaría conmovido por cómo pensaba o por lo que me gustaba, sino por lo que representaba en su vida. 

¿Meter las manos en la tierra, disponer un espacio en su atiborrada agenda para escuchar lo que sea que tenga para comentarle, cuando yo escuche su fervor durante tres horas? No, demasiado complejo para su disposición, para su cosmovisión, para sus fines. ¿Tenerle tanta paciencia a una persona con la que simplemente se quiere acostar algunas veces? No, demasiado trabajo para una combustión pasajera.    

Es en este tipo de actitudes donde queda claro - más allá de la visión del mundo que cada uno tiene - qué es todo lo que realmente nos distancia a Divino y a mí.  En este sentido, después de todo, lo último que está en juego es el dinero o la diferencia de clase social. La cuestión pasa por otro lado. 

jueves, 22 de septiembre de 2016

Amor se llama el juego: Separación

Nos enteramos todos hace nada más que una semana: un matrimonio amigo de mis padres y un poco de mi (porque son chicos con los que no nos llevamos demasiados años), se van a separar.  De primera mano, no pensé en el "fracaso" de un matrimonio, sino, en un hijo hermoso que asistiría al distanciamiento de sus propios padres. Pensé en que era muy chico, que ahora no se daría cuenta de nada, pero que el asunto radicaría en lo que le explicaran el uno del otro en el futuro.  En segunda instancia, si pensé en ellos como pareja y sentí enojo con ella y mucha tristeza por él. Y, en tercer lugar, intenté pensar que - por mucho que la esté pifiando - para ella tampoco debe ser fácil la situación por la que está pasando y haciendo pasar a toda pero toda su familia, producto de decisiones de lo más desacertadas, producto del alejar a todo el mundo, del que no querer dejarse ayudar por ningún medio; realmente, ninguno. 

Siempre, desde el vamos, con ella me sucedió algo particular, que se resume en intentar aceptarla como es, pero no haber podido lograrlo nunca, ya sea por sus formas, por sus actitudes, por la mirada soberbia y al mismo tiempo internamente insegura, de querer comerse al mundo; y a diferencia con él siempre me sucedió lo contrario. De hecho, producto de nuestras charlas de libros, de cine y de música, la mujer tuvo ciertas contestaciones que me dieron ganas de matarla e hicieron que estuviera a dos céntimos de perder todos los estribos, siendo la educación y los modales los únicos que me hicieron frenar, porque no estaba "jugando de local", como quien dice, en varias oportunidades. Aunque, salvando esta cuestión de índole un poco más personal, cuando me enteré de que ella había decidido tirar todo por la borda, me dió mucha tristeza, por los tres, incluyéndola. Pensé que no iba a ser definitivo, que se iban a poder arreglar y que quizá era una crisis, sin embargo, en el transcurso de esta semana, la marea fue subiendo y las cosas saliendo a la luz. Todo empezó  por cuestiones que no vienen al caso, en la noche del domingo, cuando él vino a mi casa a contar la novedad. Así también lo hizo durante estos días estuvo pasando a tomar mate, a conversar con mis padres, a intentar entender qué hace ahora, cuando le dicen que nunca han sido feliz al lado suyo, si a cambio, lo dió todo, lo proyectó todo, lo soñó todo. 

Al principio, yo no quise escuchar demasiado del asunto porque me generaba incomodidad y no sentía que debía tomar partido en un tema donde, francamente, no puedo dar demasiados consejos, porque a mí el amor o lo que se le parezca, me tiene recursando hace rato. No obstante eso, él dijo que esté, que cómo no me iba a enterar, que estaba en condiciones de decirle todo lo que quisiera.  

Entonces primero me quedé un día y después otro y otro más. 

Así, recortadamente, escuché, por lejos, uno de los relatos de desamor masculino más conmovedores y tristes de mi vida al mismo tiempo. Me dió muchísima rabia ver sufrir a una persona buena, realmente buena, por culpa de otra persona que es, lamentablemente, incapaz de ver la dicha que supone tener a alguien así al lado, porque no lo cuida, no lo valora y siquiera parece querer cuidarlo con la forma en que se lo comunica, en que lo anoticia, de cómo son las cosas en realidad. <<¿Vos no entendés que me importa un carajo lo que hagas? Yo no te quiero más, no te quiero más, ¿cómo te lo explico? >> escuché que le dijo. Me quedé helada y sentí ganas de ir a decirle que cómo podía ser tan cruel, che, que no valía pegar así de duro. Que tenía que ver, que no fuera tonta, la revancha que le daba la vida; que era fácil resentirse; que era fácil justificarse, y que la vida no era aquéllo, que tenía que darle vuelta el tablero para cambiar su historia. 

Me banqué varios días así, con el cuadro repitiéndose. En la cocina el pibe, que no es ningún pibe, sino un muchacho de 35 años, angustiadísimo, pensando en tantas cosas, lógicas y pertinentes a la causa, en esas cosas que se deben pensar. Mis ganas de decirle que se calmara y de darle un abrazo, en aumento. El silencio, una constante, porque fui la primera que les dije a mis padres que no tomaran partido, que quizá, que en una de esas, que esperaran. Pero lo mismo le dije a esa otra cara de Veinteava que ni se le ocurriera... Y pese a todo, hoy, cuando lo ví con los ojos llenos de lágrimas, por tercera vez, le dije lo que había pensado desde siempre. 

- Mirá, ***, yo sé que no soy quien para meterme en esto porque es muy de ustedes pero dejame que te diga una cosa... - empecé, mientras él me miraba y hacía un gesto de permiso - No sé cómo decirtelo... - dudé, porque estaba buscando las palabras exactas. 
- Como puedas, Veinte. 
- No quiero que sufras, de verdad - le dije, de movida - ¿Vos no ves la clase de persona que sos? ¿No te das cuenta todo lo que estás haciendo? ¿Qué, eso no vale? - le pregunté y me miró, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas - No te lo digo para que te pongas peor, te lo digo para que empieces a mirarte con cariño, porque no te das idea lo que vale todo lo que estás haciendo para reconsiderar en un momento donde, de la otra parte, están siendo muy personales, muy su propia felicidad caiga quien caiga. 

- Ves, vos lo ves, yo lo veo, también. Es eso lo que intento entender, lo que quiero explicar, no sé, yo no puedo creerlo, te lo juro, nuestro hijo... - me dijo. 
- ¿Sabés lo que siempre ví en vos? Que sos una persona buena, que siempre buscó estar bien con ella, que siempre se bancó las cosas. ¿Si tenés tus defectos? Seguramente. Pero si vamos a contemplar sólo que ella haya tenido una vida problemática, nos olvidamos que todos tenemos algo en la vida. ¿Cómo se hace, si nos escudamos en eso, todo el tiempo? ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados? ¿ No te  das cuenta lo cómodo que es evadir lo que no queremos asumir y echarle la culpa a los demás de todas las cagadas? 
- No, claro.. 
- Eso veo, precisamente, que es lo que vos no estás haciendo. Vos no estás pensando en qué es más fácil, sino que te estás haciendo cargo, con mucho coraje de todo lo que pueda estar sujeto a reforma, aún así te ponga en cualquier estado, porque para vos importa más lo que, yo considero, también debe importar - lo miré - ¿Te das cuenta de lo importante que es eso? Sé que quizá no vale ahora que te lo diga, pero no me aguanté, qué querés que te diga... 
- No, Veinte, por favor, está bien, al contrario... 
- Vos, tenés voluntad de ir para adelante, y eso, aunque ahora te parezca que no, sea cual sea el final de esto, te va a hacer salir de esta angustia y también te va a enseñar a sobrellevar el dolor.  Porque lo primero es salir de la angustia enorme que sentís para ir de a poco tomando decisiones, trabajando y pensando. Pero de a poco, ***, despacio. Date un poco de tregua, y ahora, contá con toda la ayuda que necesites para salir de la angustia. Después, vas a poder pensar... no te atormentes más ahora, porque te estás haciendo mucho daño... - murmuré. 
- Tiene mucha razón, Veinteava - aseveraron mis papás. 
- Sí, ya sé... - suspiró - Pensamos lo mismo, Veinte. Razonás muy bien, de verdad, gracias. 
- De verdad, *** - le busqué los ojos - Vos merecés ser feliz, grabate eso en el bocho. Si el otro no quiere ser tu compañero de aventuras, y si el otro no tiene voluntad de cambio, entonces es mejor tomar distancia. Vos no te podés hacer cargo de lo que el otro en la pareja no resolvió, porque a la larga duele un montón tomar ese papel. Sé que, con el corazón que tenés, quisieras hacerlo... ¿Qué persona que no ama con honestidad no lo intenta, pensando que es un bien? No sos el boludo, acá. Lo que estás haciendo significa que sabés amar a la gente que tenés al lado de una forma noble, pero... no podés hacer las cosas que ella no quiso hacer por si misma, por mucho que lo desees. Sé que querés lo mejor, pero... angustiado, así, no se puede. Y si ella ahora no se está fijando en el daño, no te expongas más de la cuenta, por vos y por tu bienestar para sostener a ***, también  - le dije el nombre de su hijo. 
- Sí, ves, tenés razón... - sacudió la cabeza, al borde del llanto. 
- No te llenes de culpa, pese a todo. No las merecés. Son sus cuentas personales, su historia, la que debe resolver. ¿Si es fácil? No, es una mierda. Uno no se sienta en la cama a la mañana y dice "¿hoy saco todos los muertos del ropero, no? ¡y dale!" , porque le genera placer... - sonrió, levemente - Lo hace, precisamente, en los momentos donde necesita ayuda y tiene la humildad de reconocerlo, porque no quiere perder lo que ama... Que vos tengas esa humildad es central, e incluso al margen de ella, te va a dar muchas oportunidades la vida. Tenés la capacidad de querer a otra gente y la idea de forjar cosas, de ir para adelante; eso no existe plata que pueda comprarlo. Y en ese caso, tampoco significará que dejes de lado a tu hijo, aunque sé que como sos vos, no lo harías, sino que te preserves, que te cuides y que nunca te pongas a la altura - lo miré, fijamente - En fin, eso era lo que tenía atragantado, *** - le dije. 
- Muchas muchas gracias, Veinte - me dijo. 
- Me voy así los dejo que hablen solos - les dije a él y a mi papá. 

Unos segundos después, me acerqué a saludarlo. Me dió un abrazo leve y de corazón me puso triste verlo tan desmejorado. 

<<Que encuentre toda la felicidad con su hijo y todo lo que realmente es para él >> pensé, bastante indignada. 

Salimos con mi madre a caminar y, mientras lo hacíamos, me acordé, no por casualidad, de esta canción... 


El amor es un juego, Un juego del que, paradójicamente, nunca entenderemos las reglas. Un juego en el que, aunque nunca nos las vayan a explicar, todos nosotros nos vamos a seguir implicando así no sea lo que nos convenga. 

<<¿Será que tarde o temprano cada uno tiene lo que merece, será que existe un afecto desinteresado y verdadero? >> me dije, esta vez, no en referencia a los otros. 


miércoles, 21 de septiembre de 2016

Un placer conocerte

¿Cómo uno se despide de algo que siquiera comprende del todo? Digamos que la forma en que siempre me dispuse a aceptar estas cosas fue usando a la escritura como escudo y como puente, según corresponda. Ésta vez lejos está de ser excepcional por eso el escribirte se vuelve una alternativa y más si existen razones, que aunque para otros quizá resultan muy tontas o infantiles, para mi son más que suficientes. Por eso voy a sincerarme de una buena vez respecto a todo eso que no pude decirte en la cara, porque uno es, y al mismo tiempo, es siempre y al mismo tiempo,  uno y sus circunstancias. 

No recuerdo con exactitud la primera vez que cierto miembro de mi familia me habló de vos. Sólo sé que me dijeron que necesitaban un abogado y de recomendación en recomendación, apareciste vos. Te hiciste desear bastante, cabe decir, porque mi madre estuvo buscando a la persona que te recomendó durante semanas, para pasar el dato correspondiente, y sin embargo,  no daba por ningún medio en esa época con tu contacto. Finalmente, un día la encontró por el barrio y le pasó el teléfono. Este a su vez pasó de mi madre a mi, después de la búsqueda y la insistencia, y de mí a mi pariente cercano, el eslabón final de la cadena. Cuando pasé ese teléfono, tu teléfono laboral, lo hice con un gesto de desinterés absoluto. Pensando con esfuerzo, recuerdo el primer pensamiento que te adjudiqué: fue la desconfianza.  Es que... la persona que solicitó tus servicios al mismo tiempo es alguien a quien yo intento proteger de todo y a quien siempre trato de ayudar, por eso, el hecho de imaginar, siquiera, que siquiera intentaras hacer uso de tus tácticas, me hacía sentir recelo, mucho recelo. <<Es una persona que me la han recomendado como muy buena >> me dijeron, en casa. Yo, sin embargo, no creía en la recomendación y secretamente esperaba que resultaras ser buena madera, que finalmente actuaras bien, que no buscaras sacar rédito donde no lo había como muchos colegas tuyos, como vos mismo quizá en otras causas (no seamos ingenuos). La desconfianza se alternó con la rutina, lo insólito de mi escepticismo, sin siquiera conocerte, y finalmente pasó de largo.  En cuanto el mismo miembro de mi familia te mencionó otra vez, recordé el asunto. Me dijo que "El Doctor..." le había sugerido pensar sobre ciertas cosas y, aunque no lo reconocí en voz alta, me pareció bien lo que hiciste.  <<Quizá trabaja bien, después de todo >> pensé en torno a vos,  aunque sin dar el brazo a torcer. Por lo que estabas haciendo, a nivel humano, no parecías mal tipo.  ¿Cuánto tiempo duró esa etapa inicial? Quizá un mes y medio, no mucho más.

Al corto lapso de tiempo mi pariente me comentó dos veces que tenía una entrevista en tu oficina y al poco tiempo otra más, con lo cual mi desconfianza iba oscilando a medida que recibía la información. En una de ellas, preventivamente, me ofrecí a acompañar a quien es mi gente, aunque finalmente no nos pudimos poner de acuerdo por un tema de horarios y pese a eso, un rato más tarde la crucé en la puerta de lo que, más tarde comprendí, era el estudio. No entré, porque iba para otro lado, pero le deseé suerte. Unos días después me enteré que en cierta semana ella tenía que ir a verte para alcanzarte unos papeles y no podía, nuevamente, se complicaba el panorama. Mi pariente me preguntó si podía hacerlo yo y con dije que sí por compromiso ya que de por medio había una cuestión de salud y le sugerí que metiera todo en un sobre beige con el nombre y el teléfono, porque siquiera te lo iba a dejar en mano, se lo iba a dejar a alguno de tus empleados, personalmente, para asegurarme de que todo llegara bien.  No me preguntes por qué, no tengo manera de justificarme porque no yo no soy así, pero no quería verte, no sé el motivo tampoco el motivo casi de origen por el que te esquivé lo más que pude. Mi gente, en un comienzo, habló muy bien de vos, aunque yo escuchaba los juicios y desconfiaba, pensando que podrías ser joven y con cara de buen tipo - como te definían - pero también podías ser joven, con apariencia de buen tipo pero con coyuntura de hijo de puta. Quizá por ese recelo los papeles no los llevé yo, y quedaron pendientes para el día siguiente donde coincidía tu horario con un turno médico. Así fue que según la organización, con ***, ella pasaría por tu oficina y yo esperaría, un momentito, afuera. Sin embargo esa vez iría a ser el momento después de amagues diversos; dos días después, es decir el 20 de Julio, yo estaba tocando el timbre de tu Estudio. No sé, hasta el día de hoy la razón pero no quería conocerte, cruzarte, ni que me hablaran del asunto. Desconozco el motivo, pero todo lo referido a vos me molestaba, y eso es muy extraño, porque jamás me pasó de impacientarme tanto con una persona que no conozco y con la que no había motivos para tener un trato informal, que quizá justificara esa aversión inusitada.  

La fecha donde finalmente coincidimos, no creo que haya sido casual. Desde hacía dos años para mí estaba cargada con un recuerdo muy feo: la separación de una persona a quien amaba; y además, el recuerdo de la sensación extrema de tristeza y del jurarme  a mi misma que "nunca más iba a permitirme sentir tan a fondo por otra persona". Porque sí, te hablo enserio, ese mismo día pero dos años atrás yo me lo juré en el medio de la desesperación y del dolor porque me habían lastimado y nunca había experimentando algo así. No pensé, de todos modos, que dos años después seguiría cumpliendo de forma inconsciente esta promesa, pero lo cierto es que me alegraba de estar ocupada esa tarde, estar alguien algo bueno por alguien más.  Así entré a tu Estudio; sin esperar nada, sin pensar en nada y sin buscar nada, solamente, llevando un día más en mi vida adelante. Me senté, observé unas placas de quien ya sabemos y respondí algunos mensajes. 

Y ahí viene la parte que me parece una pasada de previsiones terrible. Ahí fue que te ví a vos por primera vez salir de esa oficina, con esos papeles en la mano y esa expresión en la cara... y sentí que - sí, voy a permitirme ser cursi - hacía silencio el mundo. Me impactaste, de lleno, con tu presencia como nunca me había pasado antes con cualquier otra persona. No fue la belleza física, sino fue el contacto visual, ese primer contacto humano, el que marcó la diferencia. Hasta antes de que nos miráramos por primera vez, hubiera conjeturado que eras un muñeco frívolo, aunque fui incapaz de hacerlo después de ver lo que nunca había visto en un hombre mientras le sostenía la mirada: el mismo impacto, el mismísimo desconcierto, los ojos fijos, la inmanencia. Y aunque te parezca una tontería, te juro que con ese gesto de estupefacción, de sorpresa, yo no contaba. No me alcanzan las palabras para explicar lo que me generó, durante unos segundos que recuerdo tan bien, el que nos miremos, porque yo nunca creí en el amor a primera vista y es una acepción que siempre desestimé. Con vos, no digamos que fue amor a primera vista, pero sí vendaval a primera vista, huracán a primera vista, cimbronazo. Lo que sentí fue un cimbronazo que me superó con creces, que se rió del contexto, que se rió de mis remilgos, que se rió de mi estructura y que se rió, también, de aquélla promesa de la que nunca le hablé a nadie.  ¿Si sentí miedo de lo que me pasó en ese instante? No fue miedo sino que fue terror, incomodidad, rechazo; lo que se perfiló hacia a vos después de ese primer contacto que me dejó las manos transpiradas y el corazón desbocado. Sí, no exagero, y aunque nunca te lo vaya a decir, hiciste que me traspiraran las manos y tuviera otra vez, luego de dos años, el corazón desbocado por la vivencia de un sentimiento intenso. Cómo no iba a querer irme, si se me estaba cayendo a pedazos todo lo que yo creía tan firme, todo lo que me hacía sentir tan estable, todo lo que yo me había creído en base a miles de mecanismos silenciosos, durante los últimos 730 días. 

Cuando entré a ese reducto elegantísimo que, pensé, no volvería a ver nunca, tampoco tengo palabras para explicarte las ganas terribles de huir que tenía. No podía creer cómo en un momento así me pasaba algo como eso; era totalmente desubicado y falto de lugar. Me puse firme y te miré, por segunda o tercera vez, y al rato lo que menos podía entender era el rumbo que estaba tomando la conversación, ahora nuestra, y lo bastante más personal de lo que me agradaba reconocer porque de una forma que antes de vos desconocía,  yo me alejaba y me acercaba a tu bruma por medio de los ojos y de las palabras, como si fueras una pieza mineral, un imán.  

¿Cómo te iba a explicar, de golpe y porrazo, esa noche donde te despachaste diciéndome tu punto de vista, todo este mar de cosas que me sucedieron cuando te ví? Independientemente de todo lo que sobrevino luego, sé que en un sentido, fue un placer conocerte. 

Ojalá la vida nos vuelva a encontrar, ojalá. 

martes, 20 de septiembre de 2016

"Un mutis por el foro y el aplauso final..."

- Me parece extraño... 
- ¿Qué es lo que te resulta extraño? - pregunté - Se tiró, no buscamos lo mismo y se fue a buscar para otro lado... - enumeré. 
- No sé, yo... pensé que iba a ser todo de otra manera... - me dijo mi abuela. 
- Quizá, sí, podría haber sido otra manera podía ser, claro... pero no, no es el caso éste - bajé a tierra. 
- No sé, cuando me contaste, pensé que quizá... - meditó - ¿Cuánto estuvieron hablando? 
- Mucho... - medité - Hacía muchísimo tiempo que... - tragué saliva - que yo no encontraba a alguien con quien hablar... así - confesé. 
- Es que, naturalmente nena, es un hombre preparado... 
- Al margen de eso, y al margen de todo, no puedo negar que es algo así como mi interlocutor ideal - sacudí levemente la cabeza - Hablé durante prácticamente tres horas seguidas y no me aburrió en ningún momento; e incluso más allá de que fue mucha información, me hubiera gustado seguir hablando con él, poder seguir... viendo quién es - murmuré. 
- ¿Y por qué no dejaste que te trajera a tu casa o por qué no aceptaste la cena...? Es extraño lo tuyo, nena, cualquier chica, cualquier mujer, lo hubiera hecho... 
- Porque yo no confío en que se haya separado, abuela - explicité - Yo siento que él no se va a separar, nunca. 
- ¿Por qué pensás eso? 
- Abuela, es el típico cuento del tipo que se está separando... eternamente. Esto es simple: estás con una persona o no estás, acá no juega el principio de incertidumbre de la Mecánica cuántica ¿entendés? - hice un gesto -  En el período de transición entre un estado y otro, me parece que tiene que respirar aire puro, no sé, lo que él considere pero no me va a tomar enserio en este contexto... - argumenté - Cuando él me explicó que era ella la que se había ido llevando sus cosas, porque la casa que habitaban era de él, y que estaba en la casa de sus padres y que él no sentía que hubiera deseo de estar con ella, que todo lo podía explicar con la razón y que eso era "otra cosa". Mismo cuando me dijo que hacía años que no sentía una cosa así, que yo lo había conmovido, que no lo esperaba, que tenía muchos sentimientos mezclados, que yo lo dejaba deslumbrado... - suspiré, hastiada - No sé, yo lo único que pensé fue que ese proceso seguramente era difícil para una mujer, sea mala o sea buena, se haya mandado macanas o no. Puede sonar tonto, porque nunca me separé de alguien con quien haya vivido y eso, pero  me dió tristeza por ella, te lo juro - mi abuela, puso cara de desconcierto. 
- ¿Tristeza? 
- Sí, tristeza. Él parece una buena persona al margen de lo anterior, no es un ogro incapaz de dejarse querer, es alguien que parece receptivo ante eso; expresa sus puntos de vista, reconoce que le pasan cosas por dentro, al parecer hasta toma decisiones lo cual es un rasgo interesante de carácter... - murmuré - No sería extraño que ella lo quisiera, pese a todas sus diferencias ¿sabés? - la miré significativamente - y pensé lo que sentiría al dejar lo que consideró seguramente durante mucho tiempo, un hogar; pensé lo que sintió cuando habrá tomado conciencia de que su proyecto de familia, aparentemente, falló... - le dije, con calma - No sé, son cosas importantes en la vida de cualquier persona; yo las sentiría como muy importantes. Él, francamente, no sé cómo las siente. Pero, pensándolo con la cabeza, me da la sensación de que todo esto es un daño colateral. Podría haber sido yo su cimbronazo o quizá, otra mujer. El punto es el cimbronazo, no el objeto, a mi entender. Lo que él necesitaba era ese sacudón, el volverse a encontrar como deseante de alguien, como deseo también, pero especialmente como deseante de alguien nuevo, novedoso en el sentido del término... - analicé y se lo fui contando a mi abuela que escuchaba seriamente. 

Mientras le iba planteando los puntos, en numerosas ocasiones asintió con la cabeza 

- Sentí algo como la tristeza, también, porque no pude evitar ponerme en el lugar de ella y, mirá que loco todo, que no me puse en el lugar de él ni de sus argumentos; pese a que me encantó como hombre... - pensé, en voz alta. 
- Si, che, eso es cierto... 
- No sé, fue automático, pero yo atiné a pensar cómo reaccionaría en un supuesto caso si me enterara que al corto o mediano plazo de separarme de mi pareja, algo así como mi marido, la persona que llegué a pensar como padre de mis hijos... ahora, supongamos, va y viene con una piba más joven; con todo lo que eso, por si solo, podría a llegar a implicar. Si esa noche nos hubiera visto juntos... - me quedé callada - un lío... 
- Pero, para él no es un lío nena, a él no le importa si alguien los cruzaba, no le importó nada. Es complicado para vos, no para él. Y, en ese sentido, hubiera sido más sospechoso que no te dijera de exponerse, cuando en realidad, al parecer, no le importaba si se cruzaba con alguien cuando el mundo es tan chico, ni siquiera dentro de ese restorán, en pleno centro... - observó - Él hizo lo que quiso hacer y punto. Eso es lo que me parece extraño, porque al parecer... 
- Sí, quizá pensé demasiado a fondo, demasiado seriamente, la cuestión de la cena... porque en todo caso era comer, hablar, y punto; por cómo se dieron las cosas, sé que no íbamos a ir más allá ese día. Pero, apenas me dijo todo eso de ella, no pude desconectarme de lo que sentí, fue raro eso, quizá no es lo que se espera, pero resultó más fuerte que yo.  Al margen queda el consejo de sus amigos respecto a que no me lo dijera y que él lo haya hecho, porque eso es una cuestión de franqueza, pero hasta ahí nomás... - hice caras -  Así que ya ves, tu nieta es una boluda sensible - me reí y se rió, intentando ponerle humor a la conversación que, de un momento a otro, se había vuelto muy profunda y casi solemne. 
- No, claro.... - musitó - Y un poco complicada, algo moralista, me parece - sonrió, pícara... 
- No sé, no creo que esto signifique ser moralista o mojigata, más bien es sentir que no puedo siquiera convivir con la idea de estar contribuyendo a lastimar así a alguien, pese a que no la conozca, no sé. Está todo en carne viva para que yo tire la lena al fuego que represento, mejor dejar las cosas como están y que todo se ordene por si mismo, con el tiempo. Si me pasara a mi me sentiría mal, y especialmente, no creería que él y la pendeja se conocieron justísimo después... - mofé -  Aunque sé que es así, de hecho, porque de casualidad nos conocimos después, justo después, si la mina se encuentra con algo, es una patada en la cara - le expliqué. 



Sara Herranz 

- ¿Vos tenés miedo de que reconcilie con ella? - me preguntó mi abuela, de la nada. 
- Eso no sería nada, abuela - suspiré - ¿Qué le ves de extraño a la posibilidad de volver con una persona con la que viviste cosas buenas y malas, después de pensar que ésta vez te separabas de forma definitiva? Yo lo veo casi lógico, te diría. Seguramente eso pase también en las parejas, no sé si uno se lleva las cosas de su casa todos los días, pero quizá es una forma de extorsionar al otro un poco, de hacer más concreta esa situación a ver qué pasa en el otro, si tiene o no vuelta atrás... - me encogí de hombros - Es un tema, abuela... 
- Bueno, hay que ver si se quieren... 
- Uno no reniega durante dos años por una pareja que no le interesa salvar, por alguien a quien, de alguna u otra forma, no quiere conservar en su vida. Vienen hace dos años en crisis, pero uno a veces soporta cosas porque conserva esperanzas. ¡Las cosas que pueden pasar en dos años, son un montón! Seguir remando, remando...  Si eso no es querer, no sé, lo sabrá él con el tiempo pero lo que yo sí sé es que en esta ecuación no entro, ni por la ventana. 
- No, claro... Te entiendo nena, entiendo que pienses de esa forma... - asintió - Él no ha venido acá a buscar una esposa... 
- Ni tampoco una novia, alguien con quien ponerle un poco de onda... 
- Yo pensé que... no sé, no te digo tuuu nooovio, pero algo más iban a ser, ustedes. 
- Si otra fuera la situación, y dejando incluso toda la diferencia de clase social al margen, me gustaría estar con este tipo porque, mal que me pese, me gustó; y te diría que le perdono ese divina que se le piantó por ahí... - bromeé.  
- ¿Pero vos no le creíste, respecto a su separación? 
- Lo que yo no creo es que sea algo definitivo, más allá de que ahora esté separado en los hechos. Para mí, ya estarán de nuevo durmiendo colita con colita - me reí - Hablando enserio, quizá creyó que yo era una joven irracional, que no iba a preguntarle o plantearle nada, que me le iba a tirar encima sin meditaciones - enumeré - Ganas no me faltaron, claro, pero... - sonreí. 
- Sí, posiblemente haya creído que eras otra clase de persona... 
- No sé si otra clase de persona, sino más bien, una persona con deseo de otras cosas.
- Y se encontró con una chica que habrá visto casi anormal, porque le decía todo eso y además, hacía todo lo que hiciste... - se rió, levemente. 

<<Anormal >> repetí en mi mente y le sonreí. Si fuera otra persona y no mi querídisma abuela, ya hace rato le hubiera dado una linda zamarreada verbal. 

- Sí, re anormal la pendeja, pensando con la cabeza y resistiéndose a sus encantos letales...  - bromeé - Él se encontró con un extraterrestre que hubiese estado dispuesta a darle el espacio que necesita, siempre y cuando sea éso lo que necesite y no a alguien más, claro - ironicé - Yo lo veo como un ser humano, que siente, que piensa y que necesariamente tiene que tomarse su tiempo,  aunque quizá para él haya sido un bicho raro que le dijo que no a ésto, a aquéllo, una nena caprichosa o una pendeja histérica - argumenté. 
- De todos modos, nena, el mundo es tan chico, tan chico... 
- Sí, lo sé - suspiré - Pero tanto como él me dijo que estaba pensando en mí, en lo que habíamos hablado, yo hoy entiendo que no volvería a esperar a nadie. 
- Quizá vuelvan a encontrarse, se saluden, esté todo bien, sean un poco amigos... 
- ¡Y qué amigos! - la cargué, ya hablando en chiste. 
- Ya te digo, nena, el mundo es chico, chico... - me dijo, misteriosamente. 

<<Demasiado chico para meterse en grandes quilombos >> pensé. 

 Y aunque así haya sido la charla con mi abuela, no puedo dejar de reconocer que me siento en un estado de lo más indefinible, una especie de gris.  Como si se tratara de una mezcla entre la certeza de haber hecho las cosas de acuerdo a mis valores y la observación de que los deseos y los deberes, rara vez coinciden en la vida. Miles de veces lo he dicho pero, si tengo que elegir entre Divino y mis valores, me sigo quedando con mis valores mientras la situación hable de algo que yo no esté dispuesta a efectuar, aunque eso no quiere decir ni por asomo que esté del todo conforme con mi decisión; simplemente lo he considerado, después de pensarlo, y de observar algunas actitudes más suyas pero también mías. Lo he considerado, además, como lo que es considero correcto para él y para mí, desde mi cosmovisión, y por ende, no me queda más remedio que seguir este sendero. Crecer, elegir e ir construyéndonos la vida que deseamos para nosotros, aunque nadie parezca poder explicarnos la razón, tiene mucho de éstas cosas. Será por eso que, a veces, cuesta y mucho elegir. 

Si nos volvemos a encontrar, más adelante, nadie es capaz de saberlo. El futuro es el mismo misterio que el pasado. Por ahora conviene pensar con la cabeza, hacer del corazón un reducto independiente de los actos y volver a mirar para adelante como si no hubiera pasado nada... O al menos, como si hubiera pasado el Huracán Divino y uno tuviera que analizar cómo dejó las estanterías del living del hogar, cuántos jarrones rompió, qué sabanas arrugó, cuántas ventanas abrió, cuántas preguntas viejas o insólitas sacó de cajones ocultos; cuántas emociones totalmente olvidadas vino a contabilizar y a sopesar, con sus dos manos, cuando ni yo misma tenía plena noción de que todavía existieran. 

¿Qué enseñanza me deja esto? Sumida en el centro de la situación, poco puedo atisbar respecto a ése aspecto, algo en mí no termina de decantar del todo. Seguramente - me digo - lo entenderé con el tiempo. 

Seguramente también pueda entender con el tiempo qué hacer con este estado gris, este sentir de cosa inacabada, de trago amargo; y especialmente de que todo cuanto hubiera podido ser -después de tanto tiempo sin sentir nada por nadie - otra vez, de nuevo otra vez, no fue.   Otra vez... será.  

Divino, fue un placer conocerte. 

lunes, 19 de septiembre de 2016

Cosmovisiones

- Para mi, nena, esto es algo que con el tiempo vas a tener que trabajar ¿sabes? - me decía mi abuela, mientras tomábamos un café, en una confitería - No tenes que sentir que estas en deuda con alguien que te regala algo, y mucho menos, si lo esta haciendo para agasajarte. 
- Es que... no quiero, abuela... - insistí. 
- ¿Como que no queres? - me pregunto. 
- Claro; yo me siento en deuda, y no me gusta que los demás gasten en mi. De esas cosas, tengo que hacerme cargo yo... 
- Pero estamos hablando de un regalo, Veinte, de una cena... - argumento. 
- Ay, ya se que puede parecerte inentendible, pero para mi es mejor, te lo juro. Me siento en igualdad de condiciones con el otro, en una corriente reciproca, eso me gusta, me relaja. 
- ¿Y que, si alguien te hace una invitación, vos te sentís menos? 
- No - dude - Bueno... en su caso, si. 
- Ay, nena, por favor, me muero, yo me muero acá - me cargo, agarrándose la cara - ¿Me lo decís enserio? 
- Si, abuela, no te estoy jodiendo. 
- Pero nena, sabes la cantidad de hombres que te van a invitar a salir a vos en tu vida... - revoleo los ojos - ¡A todos los vas a hacer sentir mal si te queres pagar tu parte, es una forma de desprecio esa, Veinte...! - expuso. 
- Es que, justamente, desprecio para mi seria rechazar la invitación. Yo no tengo problema en ir, siempre y cuando, pueda pagar mis gastos - repuse - Si yo tengo sed o hambre, por ejemplo, y en una situación hipotética estoy con alguien estilo cita, barajo la posibilidad de comprar algo siempre y cuando tenga para mi y para el otro; en todo caso, lo comparto y ya, pero no me gusta pedir, me enfurece, lo re sufro, abuela. 
- Pero... nena, vos no le estas pidiendo que te inviten a cenar, a tomar un café, o al cine. La otra persona lo esta haciendo por su interés, no se lo estas pidiendo. 
- Si, es que... igual - le dije, porque cuando quiero soy re cabezona. 
- Imaginate, nena, que en un tipo como este muchacho - me dijo, en referencia a Divino - si vos le rechazas las propuestas o intentas todo el tiempo pagarte lo tuyo, lo vas a poner en una situación muy fea, porque no lo dejas que te agasaje... y eso, considero, para una persona como el debe ser muy importante. Sumale la crianza que tuvo, las mujeres que ha tenido al lado, esta acostumbrado a eso. 
- Bueno, va a tener que entender que yo no soy como las tipas con las que habrá estado, a mi me da vergüenza, no se, me pongo re incomoda. Ademas, no va a hacerlo porque estoy segura de que no me llama mas.  Abuela, ese tipo es de otra galaxia donde una cena es un vuelto para el, y yo se que todo cuesta... Mira si, teniendo a todas las minas que debe tener detrás, justo se va a fijar en mi de una forma coherente. No, e incluso, me parece lógico que lo haga, porque tiene que resolver otras cosas, tiene la cabeza en otro lado. Que haga, nomas, y que de algún lado yo saque toda la concentración que necesito para la facultad... - hice un chiste. 
- Nena yo ya se que vos sos asi, que sabes el sacrificio, que te das cuenta de que cuesta todo... pero... no tiene nada de malo, si te ofrece, que aceptes su propuesta. Parece que lo estas despreciando; es su manera de demostrarte que es un caballero, y ademas, es a lo que el acostumbra... 
- Bueno, pero puede hacer cosas sin gastar de una manera exagerada... 
- Pero para el no es exagerado, querida... 
- Es que... ¡como no me va a parecer exagerado que gaste de esa forma! Me da como la sensación de querer... cuidarlo..  - me avergonce. 
- ¡¿Cuidarrrrrrrrrrrlo, Veinteva? 
- Si, cuidarlo.
- Ese pibe, bah, pibe no... - se corrigio - Ese hombre se sabe cuidar muy bien solo. 38 años, tiene. 
- Ya lo se, pero hablo de preservarlo de otra forma... - intente que me entendiera - En el super hipotetico caso de que vuelva a salir con el, en alguna de mis siete encarnaciones, obvio; me gustaria que no dijera que estuvo con una pendeja que hizo uso y abuso de su billetera... - sacudi la cabeza, asqueada -  De afuera, por todo lo que ya sabemos,  la tentación de pensarlo, puede llegar a ser muy grande... No quisiera que crea, ademas, que yo pasaría mi tiempo con el porque "puede darme todos los gustos" - le dije, parafraseando los dichos suyos, respecto a su ex- mujer y el supuestisimo motivo de permanencia a su lado. Es decir que, si se quedaba con el, era solamente por eso cuando yo pense que, del otro lado, habia alguien que le daba "todos los gustos" y esa generosidad estaba cimentada sobre algo ,de seguro, mucho mas fuerte que mero capricho. 
- Bueno, pero considera que si gasta es porque puede, eso lo contempla mucho mejor que vos. No hace falta que "lo cuides" - se rio - Te juro que me muero... 
- Es cuidarnos a ambos... - musite - Ademas,  acostumbro a quedarme  tranquila con que no me hidrata o alimenta un tipo como el - bromee. 
- Sos terrible, terrible, mira - me dijo. 
- Igual, abuela, no va a existir la hipotética chance de poner en juego mis estrategias, ni ni ser terrible, ni nada...  - la mire y le hice un gesto - No va a llamarme mas, estoy segura.   
- ¿De verdad pensas eso? 
- Si, pienso eso. 
- ¿Por que? 
- Porque es todo demasiado complicado en su vida; y mi vida es compleja pero en otro sentido... - argumente. 
- Mmh - me dijo y tomo un poco de café - ¿Vos decís que ni un café te tomas con el? 
- No, no creo que tengamos ocasión. Lo suyo fue un arranque de calentura, fue tirarse a la pileta, jugarse por cosas que quiza no sentia hace mucho, inmerso en la rutina, los quilombos con la esposa o ex- esposa, no se, porque ya ni eso le creo. A todo ese cuadro abstracto, sumale el estrés, y, como si algo le faltara, sumame a mi que un dia voy, sin que nadie lo esperara, y me le siento en su propia oficina con cara de boluda y tantos años de menos... - suspire, algo desanimada - La tonta que era candidata a caer, literalmente en la volteada era yo; en su momento habré representado una especie de drenaje donde, incluso, le resulto atractivo que yo fuera todo lo contrario a la persona con la que habia estado tanto tiempo...   - argumente, friamente - La mina debe ser de su nivel y yo, nada que ver; ella se dejaba dar todos los gustos y yo no dejo ni que me invite a comer; la mina queria hijos, yo casi vomito cuando me menciono el tema y lo primero que le hice fue poner cara de espanto; ademas, la mujer con la que estuvo, era de su edad y le marcaba la pauta de un proyecto de vida a largo plazo, mientras que yo, en ese sentido, por la diferencia que tenemos y por la vida que llevo, seria incapaz de hacerlo - enumere - Son demasiadas cosas a considerar... 
- No, eso es cierto, Veinteava - reconocio - Pero, yo te digo ahora, una sola cosa: si te llama ¿que vas a hacer? - insistio. 
- No va a pasar tal cosa - le dije y se me quedo mirando -  Abuela, se que es una respuesta tonta la que te doy, pero el pensarlo de esta forma es lo unico que me evita pasarla realmente mal. Si me mantengo en esta postura, evito pensar en que haria si me llama, que le diria, que me diria el... todo eso es mucho quilombo. Tu nieta tiene la esperanza doblegada, nena - la cargue, a medias. 
- No se, nena, yo no se...  - me dijo. 

Yo no me gaste ni en responderle. 

II

A la salida del cine, por otras cuestiones anexas, volvió a salir el tema de Divino. 

- Imaginatelo a ***, aca - me cargo. Estábamos comiendo en un sector del patio de comidas completamente abarrotado de gente.  
- Es casi imposible de imaginar... - mire a mi alrededor, evaluando - Creo que si lo traigo a comer una hamburguesa seria algo milagroso... - mofe. 
- Dudo que venga acá, eso es cierto. 
- Ademas... - sacudí la cabeza - no va a jugar a tener veinte años otra vez, eso esta mas que claro... 
- ¿Que tiene que ver con venir a comer acá, uno de estos sanguchitos de paty? - me pregunto, con su forma de denominar a las hamburguesas de McDonald´s. Mira que yo no debo, eh, pero esta bastante, bastante buena... - nos reímos. 
- Este tipo tiene otras costumbres, otros gustos; no se conformaría con venir acá. 
- Y si te dice de ir a algún lado de los que el frecuenta, vos te sentirías muy incomoda... - medito. 
- Sip - le dije, pegandole un mordisco feliz a mi paty. 
- Que cosa, nena, que cosa... 
- Estamos yendonos demasiado lejos, igual... - suspire - Yo tengo bien claro una sola cosa y, si esa unica cosa sucederia, todo lo demas tomaria otro peso. Mientras que eso no suceda, todo lo demas pesa el doble, en terminos de negatividad. 
- ¿Que es esa cosa? 
- El que quiera estar conmigo, al margen de donde estemos - no la mire, pudorosa - Se que si me dice de ir a correr, porque el tipo sale a correr para ponerse todavía mas lindo, yo no puedo correr... largas distancias, ni ahora, ni nunca... - dude - ¿Y sabes lo que pienso? Bueno, puedo acompañarlo y me llevo un libro, un apunte, cualquier cosa, aunque no pueda correr o pienso que podemos caminar. No me interesa donde corramos o donde comamos o donde estemos,  pese a toooodo, porque pondría el foco en verlo contento y en estar contenta, no por el contexto, sino por el. Lo mismo me sucede con todo el resto, y la verdad, no veo a este tipo jugando a ser mi novio o algo de eso... - inspire - No siento que estemos buscando lo mismo, no "lo veo" sintiéndose feliz conmigo sino que, por el contrario; me da la sensación de que es un tipo que quiere joda ahora, abuela, quiere joda. No esta para ponerse a salir, o para distribuir su atención en torno a una pendeja como yo, seamos claros. 
- ¿Por que decís eso nena? No sabes... 
- Todo lo que hizo y lo que no hizo, es mas que suficiente - dije, mas para mi que para ella - Con este... monigote, me paso lo que nunca. Me siento una estúpida, pero te lo voy a reconocer, me gusto desde el grado cero. Lo vi y dije "mierda"; todo lo que me entere después fue como decir "mierda" pero en otro sentido. Imaginate, por todo esto que te digo, que a mi se me pase por la cabeza decirle algo así... - me estremecí de solo pensarlo - es de carácter suicida. Tengo que seguir haciendo mi vida, como si no hubiera pasado nada, otra no queda... - concluimos. 

Un rato después cuando volvíamos calladas viajando en el colectivo, me acorde de la sensación tan extraña que sentí cuando lo vi por primera vez, después de la primera charla donde percibí que habia ocurrido - como un mes mas tarde confirme de su propia boca - algo fuera de lo común. Recorde que, posterior al cimbronazo, se me presento algo parecido a la tristeza mezclada con el anhelo tenue y dispar. Esto se asemejo al pensar " puta madre, para que tratar con este tipo tan lucido, tan atractivo y tan magnético si afuera sigue el mundo real y yo tengo que volver a el necesariamente... Lo feo es que... no se si a partir de ahora va a ser tan facil como con todos los demas..."