<< Esto te lo digo, al margen de mi; cuando vos elegís una persona como pareja y podés explicar todos los motivos con la cabeza; no funciona. Hay una parte inexplicable que te hace estar ahí, donde querés estar realmente, y casi nunca se sabe muy bien qué o por qué sucede, pero sabés qué está. Esa persona tiene algo, indefinible, que te atrae muchísimo y sin saber por qué, te sentís desordenado, exaltado, feliz, dudoso, extraño. Yo me sentí así, cuando te ví. Sé que lo irracional no se explica; así que si vos me decís qué es lo que me llevó a decirte todo lo que te estoy diciendo, te diría que no tengo justificación lógica pero sí estoy seguro de que vos tenés algo, aunque no sepa lo que es, que me hace hacer esto. Entiendo que te genere desconfianza lo que te estoy diciendo, pero tené en cuenta que el haber pasado muchos años con una persona, y que esto haya sido una elección racional, de argumentos racionales y de explicaciones racionales, no es lo mismo a que una persona te conmueva. Vos a mí me conmoviste, te voy a decir la verdad. Me conmoviste vos, me conmovió ***, me conmovió ver que viniste a acompañar, fue algo muy loco, muy intenso, todo lo que me pasó desde que te ví, hasta ahora. Dos años hace que yo venía con muchos problemas con quien era mi pareja anterior; era una crisis detrás de otra. Tratamos de salvar las cosas, nos distanciamos un montón de veces antes de llegar a ésto, pero llega un momento donde sabés que no >>, gesticuló, cruzado de piernas, en una posición demoledora, hablándome con tranquilidad. <<Hace mucho tiempo que ustedes vienen así, yo creo que eso es un indicador de algo más >> <<Sí, claro que indica algo más... Que por mucho tiempo que hayas estado con alguien no quiere decir que haya funcionado, sino, a veces, es el haber argumentado siempre con la cabeza los motivos para quedarte al lado suyo. Hasta que un día llega alguien más; te conmueve y ya no querés pensar con la cabeza un argumento, porque tampoco tendría explicación. Lo sentís, sabés que algo distinto sentís, y eso alcanza. Desde allí es donde querés jugarte, animarte y donde sentís que llegó la hora de seguir lo que te pasa... ¿Si está bien, si está mal? No lo sé. Hacía muchísimo tiempo que a mí no me pasaba esto, porque uno puede estar con mujeres, puede salir con ellas, todo lo que vos me digas; pero en tu caso es diferente >> me dijo. <<Diferente porque te estoy preguntando qué sentís con lo que te pasa de una forma muy indiscreta, y tampoco es que nos conozcamos tanto para tanta confidencia >> le sonreí. <<No, yo también te estoy contando. Lo que me pasa es que por fuera sos muy muy joven, y por dentro, tenés la mente de una persona adulta y no de una chica de tu edad. Si bien percibí que eras inteligente, es increíble lo madura que sos por la edad que tenés; ahora veo que no se te escapa nada, que sos una adulta pero en un cuerpo joven y razonás como tal. Eso me desorienta todo el tiempo. Por eso, para mí, decirte esto es tirarme a la pileta, saltar. No sabía con lo que me iba a encontrar >>
(Palabras de Divino)
<<¿Qué es, realmente, lo que me está pasando con vos? ¿Dónde es que estaba todo este mar de emociones metido, callado y quieto; que no lo había descubierto, hasta que llegaras? Divino, no sos solo el mar sino que también sos el monstruo de ese mar. ¿Cómo es que me generás esta movilización? ¿Cómo es que me veo pensando en vos? ¿Por qué, precisamente, alguien como vos? ¿No podía ser más adecuado, quizá? ¿No podías ser un señor en punto medio, desde tantas ópticas? ¿No podía ser una edad más cerquita, como para quedarte conmigo, y un nivel de vida más normal, para que no me sintiera tan lejana? ¿No podías llegar, conmoverme, hacer que se despertara esta muerta que fui durante dos años, y permanecer para verlo? ¿No podía ser que esta vez, por una vez, el hombre que me hablara y me dijera esas cosas, realmente las pensara?
¿Qué puedo saber yo, respecto a lo que se elige con la cabeza? Por mucho que lo he intentado, no lo conseguí. Tuve siempre en claro de que era preferible estar por lo que es el otro a su lado y no por lo que representa. Por eso me afecta tanto todo lo que representás, todo lo que forjaste, todo lo lejos que te siento. La verdad es una: me gustás. Después de esa verdad, de todos modos, sobrevienen tantos argumentos... ¡tantos! ¿Ya pensé más de cien veces contadas que quisiera tenerte al lado mío, disfrutando del sol en la cara, tomando mate en cualquier parte, no? ¿Ya pensé que me gustaría que fuéramos al cine o me acompañes a un evento de cultura de los que me interesan, no? Sí, todo eso ha sido dicho y pensando.
¿Qué es lo que deseo, con vos?
Conocerte, compartir, vernos. Esas cosas quiero con vos. No hay ningún interés vacuo o mundano de por medio, que bien se podría entender o presentir en otros casos. Al contrario, todo tu mundo me asusta, me intranquiliza, me angustia. Veo mi vida tan distinta que quisiera traerte a mi frontera, para que - como me dijiste el otro día - me digas siempre que soy linda y no divina. Que, en un caso máximo - según tus estimaciones - puedo aparecerme linda y cansada, nunca impresentable, como te digo que estoy en medio de un teórico en la facultad.
¿Qué es lo que me pasa?
No entiendo qué querés de una persona como yo, al margen de lo que todos ya sabemos. Yo siempre me he sentido el patito feo. Y ante tus palabras, un patito no tan feo pero sí muy sorprendido. En especial porque tengo miedo.
Tengo miedo, porque yo no soy de esas mujeres felinas que abstienen el corazón a la hora de prender el fuego y tirarlo a la parrilla. Yo no sé desvincular el deseo del afecto y lo que puede empezar siendo camaradería, atracción y deseo, no quiero que se transforme en amor... al menos, no de manera unilateral. Y de tu lado, no puedo esperar que seas novio. ¿Entonces, qué? ¿Qué quiero de vos? A vos, a Divino ser humano. A Divino y no al Doctor en Derecho. ¿Qué me importa eso? No me importa eso si lo único que me desvela, es la forma de mirarme, de conducción y la intensidad. Vos sos muy intenso; y yo no tengo garantías ni claves respecto del poder serlo. O en realidad, si. Pero... necesito saber otras cosas primero. Y una de ellas no la voy a saber si no lo intento: qué pasaría con vos. Nadie hasta ahora me había corrido tanto los ejes, y llegaste a moverme las placas tectónicas de mi vida... Y está situación me cuestiona si me pasa esto, si me puede pasar, si realmente me esta pasando. Si lo irracional venció o no a mi propia conciencia,y además, a mi conciencia de clase.
¿Qué pasa, además?
No entiendo qué me viste y siento que, como sucedió, puede desaparecer. No entiendo qué me ves de atractivo, cuando en realidad, podrías haber encarado a cualquier chica y sería más linda que yo. No entiendo "eso" que decís que tengo, que tampoco sabés que es, pero que tengo. ¿Qué tengo yo, Divino? Sé que, ante tu apariencia, no vale el trabajo de mi autoestima, porque va más allá de eso. ¿Cómo te explico? Pasé siempre por bambalinas, no sirvo para tomar las iniciativas y muchas cosas me dan vergüenza. Lo único que hago más o menos decentemente es leer novelas. Escribo todo el tiempo cosas que no me animo a mostrar. No salgo a bailar, no me entiendo con los jóvenes, no me gustan los lugares abarrotados de gente, donde no se puede hablar ni escuchar nada. Los viernes o los sábados a la noche no tengo planes, como todo joven. Los viernes a la noche curso en la universidad y los sábados a la noche duermo, plancho o limpio, porque estoy muy cansada y además, porque no siento que pueda compartir con alguien lo que verdaderamente quiero hacer un sábado a la noche, aún teniendo veintiuno y no cuarenta años. Paso mucho de mi tiempo sintiendo que no puedo hablar con nadie de una manera placentera. Necesitaba este tipo de charlas, este manejar un universo lingüístico y referencial similar. ¿Sabés lo que fue encontrarme con vos y hablar durante tres horas? Un placer. Me diste, sí, aunque no te lo voy a decir nunca, una especie de placer muy recóndito. Es que - esto nadie lo sabe - mi punto de entrada y desbarranco es la palabra. Si la palabra viene acompañada de belleza y esa belleza además es también física...
¿Cómo hago? ¿Cómo recuperar el control?
No es que nosotros hablamos del clima; sino que hablamos de la vida, de Literatura, de Arte, de Decoración, de deportes, de proyectos, de ideales. Hablamos de museos, de arquitectura, de deseos... Hablamos de todo, sabiendo mas o menos, pero sin prejuicios, sin que me sintiera rara o inadecuada. ¿Sabés dónde me sentí fuera de combate? En aquellos recovecos donde se evidenciaba una amplia diferencia social entre nosotros. Sobre el resto, para mí se desplegó el valor real y no quizá el precio. Porque, si te diste cuenta no lo sé, pero en todo lo que sucedió ahí no permití que nada tuviera un precio. Me centré en el valor: de las palabras, de los gestos, de la iniciativa, e incluso, de la manera meticulosa de prepararme un té, porque a la señorita se le antojó té a las ocho de la noche, rechazando una cena.
¿Te habrás dado cuenta, dónde recaía todo aquéllo?
Si supieras cuánto vale poder hablar con vos con tanta naturalidad, de tanta variedad de cosas, incluso, te parecería un poco exagerado. Quizá me preguntarías si nunca hablé con nadie y te explicaría que sí, que hablar se puede con todo el mundo, pero que el asunto radica en entenderse, en escucharse, en disfrutar. En sentir que uno no está perdiendo el tiempo sino que está llevándose algo. En sentir que no es una persona que habla sobre cosas importantes desconociéndolas, sino todo lo contrario. En sentir que no es un simple pichón que se pretende importante, sino, un tipo - a su manera y en sus ejes - absolutamente normal. Pero... decime... ¿nunca en tu vida te cruzaste con la persona que acuerda con tu tipo de hombre, de mujer? ¿Nunca pensaste que había imposibles para vos? Yo sí lo pensé; sos vos. Y fue ahí que deseé con todas mis fuerzas que nos hubiéramos encontrado en otro momento, donde quizá, pudiéramos. Y fue ahí donde me repetí que odiaba la alegoría de El Principe y La Cenicienta.
Si lo irracional no se explica, quizá por eso nunca termino de entender en qué se basa este huracán de vos.
Me cuesta mucho, un montón.
¿Qué puedo saber yo, respecto a lo que se elige con la cabeza? Por mucho que lo he intentado, no lo conseguí. Tuve siempre en claro de que era preferible estar por lo que es el otro a su lado y no por lo que representa. Por eso me afecta tanto todo lo que representás, todo lo que forjaste, todo lo lejos que te siento. La verdad es una: me gustás. Después de esa verdad, de todos modos, sobrevienen tantos argumentos... ¡tantos! ¿Ya pensé más de cien veces contadas que quisiera tenerte al lado mío, disfrutando del sol en la cara, tomando mate en cualquier parte, no? ¿Ya pensé que me gustaría que fuéramos al cine o me acompañes a un evento de cultura de los que me interesan, no? Sí, todo eso ha sido dicho y pensando.
¿Qué es lo que deseo, con vos?
Conocerte, compartir, vernos. Esas cosas quiero con vos. No hay ningún interés vacuo o mundano de por medio, que bien se podría entender o presentir en otros casos. Al contrario, todo tu mundo me asusta, me intranquiliza, me angustia. Veo mi vida tan distinta que quisiera traerte a mi frontera, para que - como me dijiste el otro día - me digas siempre que soy linda y no divina. Que, en un caso máximo - según tus estimaciones - puedo aparecerme linda y cansada, nunca impresentable, como te digo que estoy en medio de un teórico en la facultad.
¿Qué es lo que me pasa?
No entiendo qué querés de una persona como yo, al margen de lo que todos ya sabemos. Yo siempre me he sentido el patito feo. Y ante tus palabras, un patito no tan feo pero sí muy sorprendido. En especial porque tengo miedo.
Tengo miedo, porque yo no soy de esas mujeres felinas que abstienen el corazón a la hora de prender el fuego y tirarlo a la parrilla. Yo no sé desvincular el deseo del afecto y lo que puede empezar siendo camaradería, atracción y deseo, no quiero que se transforme en amor... al menos, no de manera unilateral. Y de tu lado, no puedo esperar que seas novio. ¿Entonces, qué? ¿Qué quiero de vos? A vos, a Divino ser humano. A Divino y no al Doctor en Derecho. ¿Qué me importa eso? No me importa eso si lo único que me desvela, es la forma de mirarme, de conducción y la intensidad. Vos sos muy intenso; y yo no tengo garantías ni claves respecto del poder serlo. O en realidad, si. Pero... necesito saber otras cosas primero. Y una de ellas no la voy a saber si no lo intento: qué pasaría con vos. Nadie hasta ahora me había corrido tanto los ejes, y llegaste a moverme las placas tectónicas de mi vida... Y está situación me cuestiona si me pasa esto, si me puede pasar, si realmente me esta pasando. Si lo irracional venció o no a mi propia conciencia,y además, a mi conciencia de clase.
¿Qué pasa, además?
No entiendo qué me viste y siento que, como sucedió, puede desaparecer. No entiendo qué me ves de atractivo, cuando en realidad, podrías haber encarado a cualquier chica y sería más linda que yo. No entiendo "eso" que decís que tengo, que tampoco sabés que es, pero que tengo. ¿Qué tengo yo, Divino? Sé que, ante tu apariencia, no vale el trabajo de mi autoestima, porque va más allá de eso. ¿Cómo te explico? Pasé siempre por bambalinas, no sirvo para tomar las iniciativas y muchas cosas me dan vergüenza. Lo único que hago más o menos decentemente es leer novelas. Escribo todo el tiempo cosas que no me animo a mostrar. No salgo a bailar, no me entiendo con los jóvenes, no me gustan los lugares abarrotados de gente, donde no se puede hablar ni escuchar nada. Los viernes o los sábados a la noche no tengo planes, como todo joven. Los viernes a la noche curso en la universidad y los sábados a la noche duermo, plancho o limpio, porque estoy muy cansada y además, porque no siento que pueda compartir con alguien lo que verdaderamente quiero hacer un sábado a la noche, aún teniendo veintiuno y no cuarenta años. Paso mucho de mi tiempo sintiendo que no puedo hablar con nadie de una manera placentera. Necesitaba este tipo de charlas, este manejar un universo lingüístico y referencial similar. ¿Sabés lo que fue encontrarme con vos y hablar durante tres horas? Un placer. Me diste, sí, aunque no te lo voy a decir nunca, una especie de placer muy recóndito. Es que - esto nadie lo sabe - mi punto de entrada y desbarranco es la palabra. Si la palabra viene acompañada de belleza y esa belleza además es también física...
¿Cómo hago? ¿Cómo recuperar el control?
No es que nosotros hablamos del clima; sino que hablamos de la vida, de Literatura, de Arte, de Decoración, de deportes, de proyectos, de ideales. Hablamos de museos, de arquitectura, de deseos... Hablamos de todo, sabiendo mas o menos, pero sin prejuicios, sin que me sintiera rara o inadecuada. ¿Sabés dónde me sentí fuera de combate? En aquellos recovecos donde se evidenciaba una amplia diferencia social entre nosotros. Sobre el resto, para mí se desplegó el valor real y no quizá el precio. Porque, si te diste cuenta no lo sé, pero en todo lo que sucedió ahí no permití que nada tuviera un precio. Me centré en el valor: de las palabras, de los gestos, de la iniciativa, e incluso, de la manera meticulosa de prepararme un té, porque a la señorita se le antojó té a las ocho de la noche, rechazando una cena.
¿Te habrás dado cuenta, dónde recaía todo aquéllo?
Si supieras cuánto vale poder hablar con vos con tanta naturalidad, de tanta variedad de cosas, incluso, te parecería un poco exagerado. Quizá me preguntarías si nunca hablé con nadie y te explicaría que sí, que hablar se puede con todo el mundo, pero que el asunto radica en entenderse, en escucharse, en disfrutar. En sentir que uno no está perdiendo el tiempo sino que está llevándose algo. En sentir que no es una persona que habla sobre cosas importantes desconociéndolas, sino todo lo contrario. En sentir que no es un simple pichón que se pretende importante, sino, un tipo - a su manera y en sus ejes - absolutamente normal. Pero... decime... ¿nunca en tu vida te cruzaste con la persona que acuerda con tu tipo de hombre, de mujer? ¿Nunca pensaste que había imposibles para vos? Yo sí lo pensé; sos vos. Y fue ahí que deseé con todas mis fuerzas que nos hubiéramos encontrado en otro momento, donde quizá, pudiéramos. Y fue ahí donde me repetí que odiaba la alegoría de El Principe y La Cenicienta.
Si lo irracional no se explica, quizá por eso nunca termino de entender en qué se basa este huracán de vos.
Me cuesta mucho, un montón.
