jueves, 29 de abril de 2021

La nueva etapa X

 Galeno me mira todas las historias en redes. Me quedo pensando cómo no le choca observar mi vida, o al menos, como todavía le reporta algún interés. Yo no volví a mirar sus redes, prácticamente, desde que nos separamos hace cuatro meses. Ni siquiera, estaba segura de sacarlo o dejarlo ahí, aunque en el medio, me pasaron otras cosas y se borró de mi mente su existencia remota. 

Desde la última vez que hablamos y me dijo que me extrañaba me quedé pensando qué es lo que una persona que no cumplió con su promesa pueda extrañar de mi. Supongo que es el hecho de no haber dicho las cosas en su momento y que eso haya tenido como resultado que yo me haya hartado y me haya salido del circuito lo que pudo repensar en estos meses. Yo, por mi parte, pienso que Galeno extrañaba cosas mías que no supo valorar en su momento por estar sobrepasado. Y no lo culpo. Fueron respuestas sobre nuestro vinculo que ya no era lo que yo, luego de esperar y esperar, quería escuchar. Yo quería escuchar que se iba a tomar el primer avión hacia Buenos Aires para venir a verme ni bien abrieran las fronteras. Y él me decía que obvio que nos íbamos a ver, pero no cuando. Y bueno... Eso me pareció respuesta suficiente, y muy egoísta por cierto, porque escondía la incapacidad de definirse a soltarme o a poner lo que ya había puesto varias veces antes. 

Todavía recuerdo cuando le pedí si podíamos hablar por teléfono el día donde nos separamos y me dijo que no, que no tenía ganas en ese momento. Me dolió ese gesto. Fue de un egoísmo atroz, que con el tiempo, entendí que era mucho malestar encubierto de su parte. Mucho cansancio. Y, también, mucha incapacidad para seguir sosteniendo ese vínculo, o mejor dicho, cualquier otro. 

Pienso que la vida es paradójica. 

Después de que nos separamos Galeno se la pasó subiendo lecturas de Cortázar a Insta, e incluso se fue unos días solo a una estancia de su provincia de la que hablamos en su viaje, que yo quería ir desde hace años y que nos quedó pendiente. A Cortázar lo amábamos y, una de las cosas que yo más adoraba de él, era precisamente que me leyera en voz alta. Por eso, cada vez que subía una lectura a sus redes me avisaba y me decía "mirá, fijate si te gusta" y yo iba y lo escuchaba. De la misma manera  en que cuando estábamos acostados en la cama o en el sillón él también me leía, o le leía yo, poemas de Cortázar y otros autores, y era una manera de compartir algo que ambos disfrutábamos muchísimo estando juntos.  Cuando le leía, Galeno me miraba maravillado, porque me decía que leía hermoso, sabiendo que yo no le leo a nadie porque me da un poco-mucho de pudor, más allá de que leo de corrido todo lo que me pongas en frente. Incluso, llegó a sacarme fotos mientras yo no me daba cuenta, porque le gustaba mucho ese rito. El último día del 2020, tan difícil año para todos, eligió el poema de Cortázar happy new year para despedirlo. Y sí, obvio, se me hizo un nudo marinero en la garganta. Pero todo eso pasó. 

Realmente no ha pasado tanto tanto tiempo lejos el uno del otro, pero a mí me parece que ha sido muchisimo. Todo lo veo tan lejos... Como si hubiera pasado en otra vida. Quizá porque lo venía masticando desde antes, porque seguí haciendo mi vida, o porque ese dulce anticipo de normalidad momentánea me ayudó a distraerme. No sé, la verdad. Sólo seguí adelante, igual que ahora, aunque incluso en este presente, con más frentes abiertos. 

Galeno fue el mismo que cuatro meses después, cuando lo saludé por su cumpleaños, me explico que extrañaba hablar conmigo, el hecho de que estuviera presente a mi modo. Que recordaba mi cuerpo. Que ya no mordía a nadie antes de dormir, que conmigo lo hacía porque yo le gustaba. Y fue quien que dijo que le costaba mucho, meses atrás, estar presente. Y yo también se lo reconocí. Que tampoco tenía fuerza suficiente para estar presente en ese momento, porque eso también es cierto. 

En la última charla comentábamos que en que era imposible sostener eternamente la ilusión de un postpandemia, en especial, porque la pandemia nunca terminó, tal me dijo Galeno,y porque teníamos muchos deseos contenidos que no se estaban realizando, tal como le dije yo. Habíamos estado diez meses hablando sobre lo fuerte, lo lindo y lo bueno que iba a estar vernos, pero en el medio, casi sin verlo del todo, habíamos incorporado eso como parte de una utopía. ¿A quién encontraríamos una pandemia después?   Pusimos blanco y negro en pie durante esa ultima charla por chat. Más de dos horas donde, paradójicamente, yo era la que no quería ahondar y él era el que se despidió diciéndome "gracias por aparecer y por este mensaje". 

La verdad es que, si todavía seguiría con Galeno, yo no aguantaría otra ola más. Entiendo que hice bien en abrirme en diciembre de esto porque no quedaba remedio. Aunque, a veces, en especial en estos momentos, sé que extraño hablar consigo... Pero después pienso que el mismo tipo que me llamaba todos los martes siempre que le avisaba que salía del trabajo, la única vez que realmente necesitaba escuchar su voz, para despedirme de algún modo, me dijo que no tenía ganas, que en ese momento no, sólo porque no tuvo el valor necesario para decirme que ya no quería verme, que prefería dejar todo allí.  

Por mi parte, la realidad es que elijo quedarme con lo bueno y seguir adelante. Me están pasando demasiadas cosas duras en estos momentos para darme el lujo de pensar desde el rechazo en Galeno. A veces me acuerdo de él, obvio, pero es poco lo que dura en mi cabeza con tantos otros asuntos importantísimos que me apremian.  Cuando pienso en él, prefiero pensar en lo lindo que me enseñó y seguir en el tren de aceptación sobre otras pérdidas que fueron igual de dolorosas y que son más recientes. 

Quizá la vida, en estos dos aspectos donde perdí tantas cosas que agradecía tener, me de revancha en el futuro. 

¿Quién sabe? 

Ojalá me ponga en el lugar exacto donde me tenga que poner y éste sea mucho mejor. 


miércoles, 28 de abril de 2021

La nueva etapa IX

 Parte de la búsqueda que estoy llevando adelante a nivel laboral implica enviar muchas veces correos electrónicos que no tienen respuesta alguna. Creo que es la generalidad en nuestro país eso de que te responden el correo cuando les interesa la propuesta o solicitan una entrevista. Pero si no, no. 

Hoy en cambio me respondieron un correo diciéndome que, si bien se habían orientado hacía otros perfiles, me recomendaban no rendirme en la búsqueda, continuar, y me recordaban un montón de personalidades famosas que, primero, antes del triunfo, comieron tierra a lo pavote. 

No fue un mensaje escrito por nadie en exclusiva. Sin embargo, me gustó la idea. Es una palabra de aliento en medio de un huracán que, algunos días, sacude más fuerte que otros. 

Mientras, estoy terminando cosas de la oficina, las últimas. Por otro lado, estoy tratando de poner mi mejor voluntad para afrontar los parciales de teoría literaria. Y mientras, también estoy aprendiendo Contabilidad. 

Es extraño decirlo, porque pensé que nunca iba a pasar, pero he descubierto en la contabilidad algo que me gusta. 

Y si. Los momentos en la vida que son difíciles tienen eso. Uno se descubre, descubre destrezas, capacidades nuevas, cosas que valora doblemente y todos son motivos para considerarse salvado. Para seguir poniendo fe a lo que parece casi imposible... Pero que no es imposible. 

Me llevará un día más, un mes más, dos meses más, o todo el tiempo que haga falta. Quizá unas semanas más. Quizá se de un milagro. ¿Quien sabe? Yo lo único que sé es que no me voy a rendir hasta no encontrar un trabajo nuevo. 

No, no me voy a rendir a los veintiséis años. Tengo mucho por dar, muchísimo por vivir y muchísimo por progresar. Todavía tienen vigencia mis sueños, hay mil cosas que quiero lograr. Por todo eso, no me voy a rendir. 

Va a llevar un día donde me reciba. Donde vea todo esto como un bendición disfrazada que, realmente, en el fondo, siento que es. 

Si. Aunque la situación vista en simples pasos sea espantosa, les juro que algo me dice internamente que va a ser para mejor, que todo va a estar bien pronto, que esto es un tropezón que me vino a enseñar, pero que no es la perdida definitiva de mi ocupación. 

Y yo, me creo. 

Básicamente, porque cuando he sentido esto en lo más profundo de mi, jamás me he equivocado. Porque cuando lo he sentido en cada aspecto de mi vida, he confiado en mi hasta el final. 

Y eso es lo que estoy dispuesta a hacer. Sé que es un momento difícil en el mundo, en nuestro país, y que a veces parece que pido un imposible al cielo. Pero yo voy a confiar en mí hasta el final. 

Y tarde o temprano, eso dará sus frutos. 


lunes, 26 de abril de 2021

Recuerdo favorito

 - Galeno - le susurré, mientras deslizaba las manos por mi cuerpo - ¿puedo probar algo con vos? - le pregunté, con total amabilidad, sin condicionamientos. 

- Por supuesto - me dijo, sonriéndome - Mostrame.

Me reí por lo bajo, dando cuenta de la confianza.  Apliqué mis movimientos a la causa y me dí a entender, por suerte, parece que bastante bien lo que se me había ocurrido.  Me senté encima suyo, con un gesto de risa reprimida, y esperé a que se relajara. No era nada sexual, era más bien algo tierno, y me alegré en el fondo de que lo recibiera bien. Para mí, entender cómo construía su deseo, hacía al conocernos. 

- ¿Puedo hacerte masajes? - musité. 

- Claro que podés - me dijo. 

- ¿No te peso? 

- No, no pesás nada - me calmó y me sonrió - Creo que ya entendí... - me dijo, con una mirada pícara - Hacé todo lo que quieras conmigo. 

Hizo un ajuste crucial con su cuerpo para que estuviera más cómoda. Y sonriente, como complacido con la perspectiva de ser apachurrado con cariño, cerró los ojos. 

- Sí, sí, entendiste perfectamente - le explique, en tono de burla. 

Durante unos largos minutos me dediqué a hacerle masajes en el rostro, acariciarlo con ternura. No tenía otro propósito que consistiera en ocuparme de eso durante un buen rato, así que atendí a la respiración, a los latidos de su corazón, a la forma en que iba tensando o relajando sus músculos y articulaciones.  Galeno, del otro lado, ya con los ojitos abiertos, me miraba fijamente sin perderse detalle de mí. Tocaba las puntas de mi pelo, mis clavículas y sonreía complacido. 

- ¿Todo va bien? - le pregunté, haciendo contacto visual. 

- Todo excelente - dijo, y me siguió mirando con potencia - Es inmejorable lo que yo estoy viendo en este momento y con estos mimos... 

Me reí con agradecimiento implícito y orienté mis movimientos hacia sus costados para acariciarlo también allí. Me comprendió y tomó con su sonrisa y sus ojos otra clase de dirección. Seguía montada sobre él, cuando corrió todo mi cabello para un lado, se acercó y me estampó un beso de película. 

- Me encanta este lado tuyo - me dijo e inmediatamente empezó a hacer toda una serie de atenciones a cada superficie disponible. Tiernas, más tiernas de lo que me imaginaba que podía hacer.  Mi cuerpo, inmediatamente, reaccionó de una forma casi exagerada. Galeno se rió. Estaba distrayéndome y tratando de convencerme al mismo tiempo para ser complacida. 

- Se supone que esto era para agasajarte a vos - le dije. 

Galeno me sonrió, hizo apreciaciones muy personales acerca de ese cuadro de felicidad corporal, y dispuso el suyo como una ofrenda al placer indiscriminado y al disfrute.

- Eso está pasando - me avisó, en cuanto seguí adelante con mi estrategia. 

Pasamos unos minutos entre charla y mimos, hasta que todo pasó al otro lenguaje que manejábamos con total placer.  La vista que tenía de mí cambio por completo a una que termino siendo uno de sus recuerdos más perturbadoramente actractivos. 

 En el mejor momento de mi carburación personal, cuando realmente estaba de viaje por nuestras galaxias, haciendo uso de todas nuestras superficies en común, Galeno tuvo un gesto muy puntual y positivo que fue el de presentir mi derrumbe y hacer todo bien para que se dé.  Mi corazón parecía que se iba a salir por la boca, por lo que me abrazó, condujo sus manos perfectamente, y acompañó hasta el final esa ola.  

El resultado fue magistral de ambos lados. Esa iniciativa tierna terminó teniendo dividendos explosivos pero igualmente humanos. 

II

A la mañana siguiente, muy suelto de cuerpo, me dijo: 

- Me gustó muchísimo lo que hiciste ayer. Y me gustaría repetirlo todas las veces que vos quieras. 

Me reí, revoleé los ojos, y le dije: 

- Si a vos te gustó, no te imaginás a mí - le confesé - ¿Cómo supiste exactamente lo que necesitaba? - le pregunté. 

- Porque hay química entre nosotros. De la misma manera que vos sabés lo que me gusta, yo sé. ¿Te gustó cuando (...), no? 

Me reí. 

- Sí , eso fue tremendo- admití avergonzada - Qué descarada.  

- ¿Por qué descarada ***? - dijo, usando el apodo que creó para mí - Que no te dé vergüenza nada conmigo. Fue hermoso todo ayer, por favor, que no te de vergüenza.  Lo disfrutaste mucho... Es tan lindo verte disfrutar, no te das una idea de lo que yo veo. 

Lo miré sin comprender su fascinación por mi persona en esos contextos. 

- Lo que hiciste ayer me hizo ver estrellitas, Galeno - le dije - fue espectacular.  

Se rió con ternura. 

- ¿Qué te hizo ver qué? 

- Estrellitas - le dije, con lo que él decía que era mi tonada porteña 

- Estreshitas viste - me dijo, con dulzura - No puede ser que me tengas todo el día en este estado - me burló. 

- Sí que puede ser... - me reí - Es mutuo. Doy fe. 

- Soy un señor grande, ya... Tené más respeto conmigo, no puedo vivir en este estado - dijo, entre risas. 

- ¿En qué estado? - le pregunté, en broma - ¿Pensando en sexo conmigo todo el día? ¿Eso es? 

- Sí. Y siempre con ganas de poder acariciarte en cualquier lado -dijo. 

- Picarón - lo calmé - por suerte estoy cerca y me podés decir y yo te hago la segunda... - contesté. 

- Disfruto tanto cuando me decís que sí. Siempre estás dispuesta. No ponés horarios ni condiciones, ni hay que planearlo demasiado, es una libertad... Es de lo mejor que tenemos - admitió - Me gusta saber que te puedo preguntar en cualquier momento del día y que no es un problema. Que si hay ganas, hay ganas y punto. 

Lo miré, enarqué una ceja y me reí con sorna. 

- Es que yo te digo que sí porque realmente tengo ganas. Es un privilegio tener ganas, no un problema. Disfruto muchísimo la intimidad con vos y... si pinta, pinta. No sé si hay que ponerle fecha de conferencia a eso, pero yo aprovecho cada vez que nos vemos para disfrutar nuestras cosas. ¿Por qué, si yo también quiero, no hacerlo? 

- Pero por supuesto... Estoy a entera disposición - me burló y  rió. 

- Si te tengo loco es culpa de mis hormonas - le dije, en broma - a mis años mis hormonas cuando te ven dicen "chicos, ahí vino el que nos hace bailar" , entonces, pobrecito el señor ***... - me reí.  

- Y encima el beboteo para mí que es letal. Francamente. De lejos o estando cerca el beboteo es letal. 

Me reí. 

- Ay, eso no sé... Ahí ya no te puedo decir que sea algo que te haga con intención. Realmente, no noto eso que vos llamás beboteo. 

- Yo sí... - musitó. 

-  O sea, reconozco que a veces hago cosas con intención de seducirte, supongamos, pero siempre te lo demuestro explícitamente... - le recordé - El noventa por ciento de las veces que vos decís que te beboteo, no lo hago apropósito. 

- Ya lo sé. Me he dado cuenta. Te sale solo, es natural.  La forma en que me mirás, cómo me contás cositas, y después sos tan suave y delicada. Cómo olés. Tu pelo de un millón de dólares a la mañana todo paradito y la carita de dormida. Los ojitos que me ponés. Es un todooo.  

- Qué elogioso él... 

- ¿Por qué creés que te miro cuando nos vamos a dormir? - me preguntó. 

- Porque sos visual... Siempre lo fuiste. Por eso, amás la fotografía. Me sacás fotos sin que yo me de cuenta siempre. Y acá me sacas fotos mentales. 

- Sí, y también porque yo me guardo esos momentos con las fotos mentales, Veinteava - me dijo - Uno de mis recuerdos preferidos de vos es ver tu cuerpito bajo las sábanas antes de irnos a dormir. 

Lo miré, sorprendida. 

- ¿En serio? Wow. Pensé que te acordabas otras cosas... otras superficies... Es una linda manera.  

- Me acuerdo de todo, sí. Pero mi recuerdo favorito es tu espalda desnuda con todo el pelo desparramado, antes de dormirte.  

- Chicos, esto es muy fuerte. Me da ternura mal. Otro día te voy a contar lo más lindo que me acuerdo de vos - le prometí. 

Y aunque nunca se lo conté, cada vez que me acuerdo de lo que fue mi recuerdo preferido consigo, sonrío. No con tristeza ni enojo, al contrario, lo conservo con ternura. 

Nuestra relación termino pero me alegro que hayan quedado más cosas buenas que malas como enseñanza. 










domingo, 25 de abril de 2021

La nueva etapa VIII

 Hoy me pasó algo bueno. Puede parecer un detalle pero lo quiero asentar. 

Hacía dos semanas que no iba a comprar al supermercado. La noticia de perder el trabajo alteró mis deseos a tal punto que me tomo un momento recalcular por dónde podía seguir. 

En el super compré lo justo y lo necesario hasta que llegue al momento de las galletitas que era, básicamente, lo que tenía que ajustar. 

 Cabe decir que los supermercados de mi barrio, al ser paqueto, son más caros y le dan pimienta al precio  TODAS las cosas que hay ahí son de marca. No hay una alternativa, y en general, no hay segundas marcas en casi ningún rubro. 

Yo no tengo otros cerca. Acá hasta el chinito es caro, por eso, fui con cautela a ver cuánto salían ahora las cosas. En especial, las galletitas, que son todas pero absolutamente todas de marca. 

Tomé nota de los precios. Casi $100 un paquete insignificante de Oreos. Me quedé sorprendida y me puse a mirar otras opciones posibles, porque de todos modos no quería comer esas galletas. 

Hasta que ocurrió el milagro. Un cartel de oferta en todas las galletitas que como. Sí. Increíble pero real. 

En este súper, desde que voy a hacer las compras yo, jamás víunartel que diga "oferta" en galletas.  Es pecado mas o menos para mis remilgados vecinitos. Pero para mí fue como un guiño de la suerte. 

Así que no solo me traje más galletas de las que pensaba, sino que me ahorré dinero.  Por casi 250 pesos compré seis paquetes. Y para mí , que a veces un paquete de ocho galletas me dura dos días abierto, son víveres de sobra. 

Mi mamá se reía cuando se lo conté. Ella también me dijo que nunca había ofertas y que estaba ahí como un guiño. Me miró contenta y me dijo : "Nada te va a faltar jamás a vos, hija, confia". 

En estos momentos dónde estoy tan sensible por todo, una cosa tan simple como esta, me alegro el día. 


viernes, 23 de abril de 2021

La nueva etapa VII

 Día de sol en el Gran Buenos Aires. De fondo suena música que me recuerda a la adolescencia mientras termino cosas de la oficina como parte de esta recta final, también conocida como la nueva etapa, lo cual le aporta un poco más de esperanza a la cuestión. 

Dicen que cuando uno está pasando por momentos difíciles tiene que conectarse con cosas que lo hagan sentir bien, y eso es lo que estoy haciendo a través de la música y de la escritura en estos momentos. 

Podría seguir hablando de todo lo que está mal, sí, obvio, porque los problemas están ahí y no los estoy negando. Solo que, mientras me hago cargo de ellos, no siento que me tenga que castigar las veinticuatro horas del día.  Pasó y punto. ¿Qué voy a hacer más allá de mirar para adelante en un momento así? 

Hay días donde me he levantado pensando dónde trabajaré. De dónde saldrá el trabajo que necesito para poder acomodar tantos aspectos de mi vida que, al haberlo perdido, se me fueron a la mierda. Pienso ¿donde tengo que buscar, dónde más puedo fijarme, dónde? Y sí, claro, es la pregunta del millón. ¿Dónde finalmente está el lugar en que acabaré por encontrar trabajo otra vez, qué tengo que hacer para llegar a el? 

Una de las circunstancias mas complejas de esto es, aunque parezca mentira, haber perdido el control de la situación. Soy una persona organizada, y algo estructurada para muchas cosas. Si bien sé que el decir que uno es capaz de controlar las situaciones suena cierto cuando en realidad es una falacia, mi pequeño control consistía en hacer todo lo mejor de mí a nivel laboral, académico, etc. Llevar adelante todo con responsabilidad, como considero que debe ser, a mis veintiséis años. 

Cuando pienso en todas las cosas que pude mejorar a través del trabajo, entiendo mis miedos. Pienso ¿cuándo podré hacerlo de nuevo? ¿Cómo lo haré? ¿En cuanto tiempo? ¿De qué forma? Y es esa necesidad de controlar y saber todo lo que más me desgasta por dentro y me hace retorcerme por la incertidumbre. Porque es, básicamente, todo lo que yo no quería para mi vida personal pero lo que estoy viviendo. 

¿Qué aprenderé? Puf, sospecho que miles de cosas. No pasó tanto tiempo desde que me enteré de la noticia y ya siento que la vida me está enseñando tanto que, de esto, saldré mucho más madura en aspectos que todavía no había trabajado. Tal como me tocó aprender cuando empecé a trabajar ahí, tal como me tocó aprender a cómo estudiar y trabajar a la vez, tal como me tocó aprender a jugarme en lo afectivo, tal como me tocó aprender a disfrutar de las cosas buenas de entonces... Sí, de la misma manera, seguiré aprendiendo. Y de esto, sospecho que aprenderé a darle importancia a las cosas que realmente la merecen, y a administrarme con un presupuesto en excel o en un sistemita contable  en el mejor de los casos, y no en papel, cual año 1810 (porque eso también lo puedo mejorar, claro...) 

Mis padres, que toda la vida se han acostumbrado a vivir con esta incertidumbre porque son cuentapropistas, ya hace rato se sentaron a tomar un té con todo esto que yo siento ahora y estoy viviendo. Mi papá pagó con estrés y desgaste mental esto que yo estoy viviendo aún teniendo otra edad y estudios universitarios en la recta final. Ellos me dicen que tenga calma y que, por este momento, no ponga en duda todo lo demás. Que no abandone mis sueños, que no deje de estudiar. Me dicen que tenga paciencia y que no intente controlar todo. 

Veremos cuál será el modo en que se ordenarán las cosas. Porque se ordenarán. Eso seguro. Casi como si fuera todo cosa del debe y el haber. Entra una cosa y sale otra. 

 



jueves, 22 de abril de 2021

La nueva etapa VI

 Día gris en la Provincia de Buenos Aires, bien de otoño, como me gusta. Si bien esta estación es una de mis preferidas en el año, porque puedo palpar lo dinámica que es la vida a partir del cambio en los árboles, en la temperatura, por ese mix entre sol y lluvia; una de las cuestiones que más me gusta del otoño es cuando el día se pone así como esta hoy: nublado, gris, y los colores de las hojas y de las casas hacen el contraste y resaltan. Parece un dibujo pintado con lápices de colores.      

No sé si alguna vez lo dije, pero mi barrio, el barrio donde nací, es particularmente hermoso. Todas las casas son similares en su arquitectura y diseño porque, antiguamente, supo ser un barrio donde los camioneros podían comprar su primera vivienda. De hecho, mi abuelo materno se vino a vivir aquí, cuando era mucho más humilde de lo que hoy en día es,  con esa intención. A lo largo de treinta años pagó el crédito y obtuvo su vivencia, justo antes de morir de un ataque al corazón.  Algunas de las viviendas tienen estilo inglés, acompañados de tejados color rojizo, todos en tejas coloniales, aunque algunos tejados también tienen las de estilo francés.  Mi padre, en sus casi treinta años de trabajo en el barrio, ha visto muchísimas casas por dentro, las ha reformado y ha reemplazado muchas de esas tejas coloniales por las francesas, aunque además, ha modernizado buena parte de las fachadas e interiores. 

Mi casa, como dice el dicho de que en la de herrero el cuchillo es de palo, no tiene ni un céntimo de lujo ni de paquetería porque mi padre no pudo arreglarla del todo como quiso, pero para mi es el lugar donde crecí, esté como esté, y eso siempre de alguna forma me hace sentirme como los pies en la tierra.  Mi casa, sea como sea, es mi origen, desde donde parto, y creo que el día donde me mude la recordaré como la base que he tenido y tengo para elegir mis sueños y administrar mis voluntades. 

Hoy en día estoy pasando una situación muy difícil. Haber perdido el trabajo y que me deban dinero no es sólo deudas y ansiedad. Creo que también es un cachetazo enorme para que tome conciencia del lugar donde estoy y que revalide, pese a las dificultades, el lugar donde quiero llegar.  Pero también para que baje unos cambios, redefina, piense cómo quiero manejarme a partir de ahora cuando mis recursos se empiecen a mover y cuando el camino se vaya abriendo nuevamente. Porque eso, tarde o temprano, sucederá. 

Hasta hace un tiempo, por el hecho del trabajo, de la Universidad, de esta formación alternativa que empecé, estaba bastante perdida. Tenía en claro mis objetivos pero, al mismo tiempo, había certezas que decaían; estudiaba como una burra pero no sabía bien dónde quería estar, a qué me quería dedicar. La presión del trabajo, y la responsabilidad asignada, poco espacio dejaban para los estudios y durante el verano aproveché a cursar durante un mes y medio todas las noches de lunes a viernes cuatro horas - además de mi rutina habitual - porque quería tener algo mío mas allá de la labor formal. Y porque quería conectarme conmigo, además, desde el valor que yo siempre le dí a la formación académica para complementarla con la experiencia que estaba adquiriendo. 

Hay días que son terriblemente difíciles. Mientras termino cosas de la oficina, aún sabiendo que estoy afuera en cierta medida, busco empleo y analizo ofertas que aparecen. Me tomo el tiempo de leer bien cada aviso porque no quiero repartir mi CV cual volante. Por otro lado, tengo clases virtuales de cuatro horas dos veces por semana y, de la otra materia, tengo que presentar dos trabajos prácticos por semana que parten de lecturas sobre teoría y crítica literaria. 

Hay otros días que son más livianos, por suerte, para mi cabeza.  Trato de enfocarme en los pasos a seguir, frenar y capitalizar cómo viene el proceso porque el haber perdido el trabajo no sólo impacta en lo concreto, sino, también en lo interior. Además de pensar si terminé ese pendiente de la oficina, si me quedó algún lugar pendiente para enviar un CV, si hice ese trabajo práctico y si ya tengo leído el texto para las actividades del miércoles; también trato de apuntalarme a mi misma, despejar los pensamientos negativos que a veces me asaltan y trabajar para vencer los miedos. Porque eso, también lo necesito y muchisimo más de lo que se cree. 

Si algo estoy aprendiendo como todo esto que me está tocando vivir, al igual que a muchas otras personas, es que perder el trabajo es muy difícil para los aspectos que responden a la empatía y a la autovaloración. La gente ignora ese tipo de acontecimientos cuando los ve en los demás, no quizá por maldad, sino, por falta de empatía o inclusive por temor a ver ese lado de la moneda. Creen que porque estás sin laburo todo contacto va a reflejar esa carencia y, la verdad, no tiene por qué ser así. Si uno socializa la búsqueda, es para alertar a los demás a que le den difusión, pero no les está exigiendo trabajo ni mucho menos.  Por suerte, la mayoría de mis conocidos, reaccionaron bárbaro y estoy de corazón agradecida incluso por las palabras de apoyo, que cuentan un montón, y me ayudan a sentirme mejor. Pero también hubo gente, por ejemplo una amiga de mi madre que tiene una consultoría, que en cuanto le dije que precisaba de sus servicios - y le aclaré que se los iba a abonar, obvio- se hizo olímpicamente la tonta y no tuvo la decencia de responder el mensaje.   Respecto de la autovaloración esto se centra más en la cuestión de haberse acostumbrado a tener independencia económica, a haber desempeñado una tarea, de haber formado parte de un sitio, y de haberse dignificado a través de levantarse todos los días para trabajar, y que eso, falte. 

Sin embargo ¿qué voy a hacer más allá de lo que hago? 

Creo que la propuesta de este presente, por difícil que sea, es aprender lo que me deje esta experiencia. Es tratar de sobrevivir a lo que me está tocando y es saber que ya habrá tiempo para poner en orden mi mundo otra vez. Y volver a hacer todo lo que venía haciendo hasta ahora. 


miércoles, 21 de abril de 2021

Caramelos

 Ese mediodía llegábamos a San Telmo en taxi. El plan estipulado consistía en recorrer ferias y las diversas ofertas gastronómicas que ese lugar ofrecía, mucho antes de la pandemia.  Vestida con minifalda y crocs, bajé del auto con Galeno a mi lado, vestido más formalito que yo, y emprendimos la marcha. 

En eso, escuchamos unos gritos, a pocos metros, de una barra de tipos: 

- ¡Naaaah, boludo! ¡Mirá la mina que se levantó ese viejo! ¡Nada boludo!- exclamó uno de ellos. 

Yo los miré de reojo, me hice la estúpida, y Galeno me miró como si hubiera pasado una mosca porque, por suerte, desacreditaba esos comentarios ofensivos. Suspiré y seguí caminando porque, de pasada, buscábamos una farmacia. 

- ¿Me acompañás ? - me preguntó Galeno, observando restaurantes y locales. 

- Sí - le dije, sorprendida - ¿Qué te duele, mi ***? - lo miré, seria. 

- Nada, nada - hizo un gesto restándole importancia - Es un dolor articular, en esta zona - me explicó, y arrojó una sarta de términos médicos que yo entendí sólo porque me los explicó con didáctica incorporada. 

- Vamos, entonces - lo animé - Lástima que yo no traje ibuprofeno... 

- No importa, lo compramos acá. 

- Sí, dale. 

Entramos, hicimos la fila en la farmacia, y miramos algunos artículos al azar, mientras esperábamos ser atendidos. Con calma Galeno pidió la droga sin dudar un momento y yo lo observé en su seriedad y simpleza una vez más.  

Minutos después, nos pusimos en la fila para que nos pudieran cobrar.  Yo, mientras, me entretuve mirando unas mermeladas ya que me llamó la atención que estuvieran en la parte de dulces que tienen las farmacias. 

- ¿Qué te llama la atención ? - me preguntó Galeno. 

- Estas mermeladas - le dije, y le mostré una - ¿Raro que estén acá, viste? Estaba mirando que son artesanales, todas pitucas... - medité - Deben estar buenas. 

Asintió con la cabeza, meditabundo. 

- No compramos una porque tenemos desayuno, pero si no... Tienen pinta. 

- No, es que es al pedo - le expliqué - Después si querés buscamos alguna para que te lleves a tu casa. 

- Sí. Igual no como. Lo decía por vos, que te gustan. 

- No, por mí, no hay problema - le sonreí. 

Seguimos cuchicheando y en cuanto volví a la realidad, una persona de la fila nos estaba mirando con gran interés. Creo que no entendía bien qué éramos, entonces, lo confundía esa cercanía. De todos modos, no era una mirada prejuiciosa, solamente curiosa.  Galeno pagó sus remedios y nos fuimos. 

- Yo ayer me porté mal - le dije, cuando salimos - quizá por eso te dió un tirón... La otra una desubicada... El tipo acababa de llegar de Ezeiza, habiendo tenido guardia en el Hospi, tomado un avión y la otra... "hola, vení, examiname toda" - añadi, en broma. 

Galeno se carcajeó. 

- Te portaste muy bien, anoche. No te preocupes - dijo, con dulzura - Yo encantado de examinar...  

- ¿Si te duele algo me vas a contar la próxima? Puedo portarme mal pero bien - le dije, en broma. 

- No es nada, pendeja, tranquila - me sonrió - Me tomo uno de estos caramelos y ya está. 

Casi un mes más tarde, la siguiente vez que nos vimos, viajé hasta su provincia. Se había ocupado personalmente de comprarme entre otras cosas una mermelada artesanal propia de sus lados para que pudiera desayunar, merendar, o llevármela, como recuerdito. 





lunes, 19 de abril de 2021

En su día

 Hoy, 19 de abril, se celebra el día de San Expedito.  Para quienes no lo saben, soy una fiel seguidora de este santo por varias razones y es con quien me conecto siempre por todo lo que representa para mí.  Me une hacia él una fe muy fuerte, que me sorprende hasta a mí, porque al mismo tiempo es hermosa. 

San Expedito es una figura del cristianismo muy divulgada, incluso a mi me pasaba que pensaba que era un santo producto del marketing. Venía que estaba por todos lados, que la gente le dejaba pasacalles y pensaba: "¿qué onda, tanta fama tiene este santo? ¿Por qué la gente lo divulga tanto?", sin rasgo de malicia, sólo porque me daba curiosidad esa movida. 

Un día, después de mucho buscar empleo, me encontré en apuros. Ya había tocado todos los recursos que podía tocar y no aparecía nada. Así que, mi mamá me recordó a San Expedito y me dió una estatuilla que ella tenía en su habitación. Yo hablé consigo, sé que va a parecer lavado de cerebro, pero lo puedo asegurar. Hablé consigo y le conté de arriba a abajo todo lo que me estaba pasando y lo que necesitaba. Al otro día, cuando me levanté, me llegó un mensaje de una convocatoria laboral, me anote, y 24 hs después tenía trabajo. Es decir que, palabras más o menos, salí adelante como un avión de una manera que, no le cabe otro adjetivo, fue milagrosa en un momento donde lo re contra necesitaba. 

Desde ahí, mi fe hacia él es irrompible. Como lo llamo yo, es mi santito estrella, mi eje de fortaleza y de fe y, además, algo muy profundo que compartimos especialmente con mi papá, porque desde la primera vez, lo hemos ido a ver juntos y quedó como una tradición nuestra. Vamos a agradecerle, compartimos algo que no compartimos con otras personas, comemos en algún lugar cercano, y nos prometemos volver lo más pronto que nos sea posible. Le agradecemos mucho, le dejamos una velita, le charlamos, nos divetimos y creo que es algo que, el día donde no esté mi papá, haría en nombre de los dos. 

Sí, realmente tengo para agradecerle un montón de cosas. Por eso, este homenaje por escrito, le va en un espacio donde yo cuento todo lo que forma parte de mi vida. Y esto, realmente, es una dimensión que mantengo con discreción pero que es fundamental para mí. 

Más allá de sus creencias, e incluso lo digo por mi propia experiencia donde ha habido veces que no sabía cúan efectivo podía ser, San Expedito es muy especial. Realmente, muy especial. Me ha ayudado tantas veces, y ha ayudado a mi familia tantas veces, que parecía una locura.   Hoy puedo asegurar que, entre creer o reventar, yo elijo creer, por eso, siempre le charlo, estén bien o estén mal las cosas. Eso es la fe para mí. Charlar como con un amigo, en las picantes y en las felices. 

Feliz día, mi santito estrella.  Sos lo más. 

domingo, 18 de abril de 2021

Cuatro meses después.

  - Te extrañé estos meses - dijo Galeno, hace poco - Vos sabés que soy sincero hasta la médula. No me parece que tenga que esconderlo. 

- Sí, está bien... No me molesta, y es lógico en cierto modo. No quiere decir nada malo, eso - lo calme - Hubo momentos donde también te extrañé. 

- Ya sé, no lo veo como algo malo... - añadió. 

- Yo tampoco - le dije - La pasábamos muy bien juntos. Hubo momentos divertidos. 

- Síii. Hubo momentos muy nuestros - dijo - Hicieron nuestra historia - me explicó. 

- Sí, es cierto. Hitos. 

- Para mí, por lo menos, fue hermoso lo que vivimos - admitió - Recordé varias veces en este tiempo. 

- ¿Qué te acordaste? 

- Me acordé de vos (...) - me explicó. 

Y yo supe, precisamente, de lo que se acordaba. Porque aunque ambos nos extrañamos por momentos, creo que lo vivimos con esa sensación de resignación propia del contexto en el que estamos viviendo y de lo que pasó en estos meses que llevamos separados. Pero yo por lo menos jamás cuestioné los buenos tiempos. Guardé recuerdos hermosos y algunos tristes, pero sin dudas, fueron más, muchas más, las cosas buenas nuestras que las tristezas. Aunque, por cómo se portó conmigo al final, yo no me arrepiento ni un poco de la decisión que tomé porque considero que no me merece y, porque además, en el tiempo que me merecía, yo me brindé, y pudimos vivir algo lindo. 

Mientras charlábamos, y me hizo el chiste de las mordidas, recuperé un recuerdo archivado por completo en el baúl de mi mente. 

II

Estábamos en un hotel lindísimo de CABA. Había reservado para ese viaje una habitación muy bonita, moderna, en donde dispusimos nuestras cosas ni bien llegamos.  Cuando entré al cuarto de baño, dispuse mi neceser en la pequeña mesada de granito. 

- Mirá - observó - estuve mirando que acá tenemos toallas limpias. 

Lo miré a través del espejo. 

- Genial. Dejo esto por acá - observé. 

- ¿Qué trajiste ahi? 

- Todos mis productos de aseo, esas cosas - le expliqué. 

-¿Me los vas a mostrar? - preguntó. 

Me reí, dandome la vuelta. 

- ¿Querés? 

- Sí. 

- Bueno, vení - le dije. 

Él se recostó en la cama, y yo me senté como indiecita a su lado.  Empecé a sacar los productos de belleza mientras me miraba asombrado y yo me reía. 

- Bueno, este es el bifer - le expliqué - ¿te acordás que te conté? El bálsamo, el shampoo. 

- Sí. Ese lo venden también en *** - dijo - Tranquila. 

Lo miré y me sonreí. 

- Acá tengo un baño de crema versión chiquita para viaje. 

- ¿Y esto, qué es? - dijo, levantando un pomo color fucsia. 

- Un exfoliante suave - admití, avergonzada - por las dudas. 

Nos reímos. 

- Le mostré mis remedios para la cara, una crema y un aceite corporal. 

- ¿Éste jabón es francés, no? - me preguntó, leyendo las indicaciones. 

- Sí. Es para la cara... Me lavo con eso. 

- Perfecto. ¿Qué más hay? 

Me reí. 

- Nada más, esto es el perfume. 

- Oh, quiero ver eso - me dijo, y le dí la caja. 

Me miró sonriendo. Le gustaba. 

- Mira el perfumito que usa la pendeja, eh... - me burló. 

- ¿Te gusta? 

- Muy bueno. ¿Es el nuevo que me contaste? 

- Síii. Este es. Lo estoy estrenando ahora. 

Sonrió. 

Seguí rebuscando entre mi neceser, guardando mis cosas, y tomé mi cartera. Saqué una bolsa de caramelos. 

- ¿Querés uno? - le pregunté. 

- No, te agradezco. No como  - me recordó. 

- Yo por las dudas... 

- ¿No vas a comer? 

- No. Recién comí uno - le confesé. 

Me acerqué a su lado, habiendo despejado el área, y me acosté encima suyo. 

- Qué lindo el color de tu remera - le dije, tocándosela - Rojo. 

- Nuestro color preferido - recordó - La calidad del algodón de esta marca es fantástica. Para una ocasión, está muy bien. 

- Es suavecita... - dijo, acariciándome el pelo - Un viejo cheto, diría El Mati - me recordó. 

Me empecé a reír con ganas. El Mati era un antiguo compañero de oficina, mi amigo, a quien yo le conté que iba a conocer a Galeno y siguió toda nuestra historia con cariño. Por eso, cuando nos conocimos, le mostré una de las tantas fotos que nos sacamos juntos con Galeno, y lo primero que me dijo fue: "ah, ¡es un viejo cheto, boluda", cosa que quedó para la historia cuando se lo conté a Galeno porque le causó muchísima gracia. 

- Es tremendo - le dije, entre risas - Le voy a contar al Mati que olés como los ángeles... Qué lindo. 

- ¿Me das permiso para algo? - me preguntó, luego de un instante en silencio. 

- Sí, obvio - le dije, todavía encima suyo. 

Galeno se acercó a mi cuerpo y me dió un beso. Me reí y lo correspondí. 

- ¿Me estás pidiendo permiso para darme un beso? 

- Por supuesto

- Hola, mi *** - le dije, y lo besé otra vez - Bienvenido a Buenos Aires Ciudad. 

Me abrazó. 

- Qué lindo. Realmente estás acá - le dije  - Te puedo tocar. 

- Siiiiiii. Claro que estoy acá... Estamos acá, por suerte. ¿Que vamos a hacer hoy? ¿Querés salir a cenar? 

Asentí .

- Sí, dale. Más tarde podemos ir. 

- Dale.  Hay un restaurante que me gustaría que conozcas. Fui hace años, cuando vine a un Congreso. 

- Vayamos, dale - le dije - Me voy a cambiar. 

- ¿Te vas a cambiar? 

- Sí ¿por? Para ir a cenar más linda... 

- Me encanta lo que tenés puesto... - observó - Ese shorcito de jean te queda re lindo. 

Me reí, con picardía. 

- ¿Te gusta que use shorts, no? - le pregunté - Me di cuenta. 

- Sí, mucho - admitió. 

Sonreímos. 

- Bueno, contribuiré a tu fetiche  - le dije, a modo de burla. 

Un rato después, al salir del restaurante, con Galeno cruzamos a una chica con un short bastante llamativo, quizá no el más adecuado. 

- Mira - me dijo  - uno así te voy a regalar. 

- No seas malo... - le dije, con picardía - No me gustan esos colores. 

- Es horrible, por favor - admitió - Este que tenés puesto te queda hermoso. 

- Por suerte me conociste sobria para vestirme. ¿Qué pasaba si era muy cachivache para vestirme? 

- No serías capaz... - dijo - Toda la ropita que usás es muy bonita - me explicó, mientras caminábamos por la calle. 

- En especial, la interior ¿no? 

- Puf. Eso ni hablar - sonrió - ¿Hay sorpresas para mí? 

- Creo que algo hay, sí... El futuro me muestra encaje, esas cosas - lo burlé. 

- Estoy ansioso - musitó. 

- ¿Más que por ver las cremas que uso?  

- Muchísimo mas. 

- Qué emoción - le dije, riéndome - ¿Querés pistas? 

- Quiero verlo  - dijo, sonriéndome, como tanto me gustaba. 

- Piiiiiiiiiiiiiisssssssssta numero uuuunooo - lo burlé - Estamos en la calle, cierto. 

- Cuando lleguemos. 

- Cuando lleguemossss - prometí. 

Y nos entretuvimos en el camino por las calles de CABA. 

viernes, 16 de abril de 2021

La nueva etapa V

 ¿Qué sería sin el apoyo de mi familia en este momento, no? Siempre he dicho que mi familia es lo más valioso que tengo, pero en estos tiempos, lo revalido y lo agradezco tanto... Me hice esta pregunta casi todos los días desde el jueves anterior donde llegué a mi casa llorando y me sentí afortunada por tener a alguien que me abrace. 

Agradezco tanto tener a mis papás conmigo, que me apoyan, que todos los días se levantan deseando que esta situación se revierta, que todos los días donde me ven que estoy triste me ayudan con lo que sea para que siga en pie. Agradezco tener a mis hermanas. Una, que me defiende si la cuñada habla estupideces de mí, sin pensarlo dos veces. La otra, que me escribe siempre, aunque esté a mil ocupada. 

Realmente es algo que valoro muchísimo. Porque me demuestra la incondicionalidad de las personas, la lealtad y el cariño que tienen y eso es algo que no habrá dinero - con trabajo o sin - que sea capaz de manifestarlo jamás. Eso es un regalo que me hizo la vida para acompañarme en el camino frente a las cosas lindas y a las no tanto. 

  Si, aunque esté pasando un mal momento, lo considero eso. Un momento. Pero mi familia, mis viejos y mis hermanas, y hasta mi sobrinito, están demostrando ser leales frente a cualquier circunstancia y eso me llena de gratitud y de amor. Realmente, sí, pese a todo, es hermoso sentirse tan acompañada. 

Mi mamá, me está ayudando a hacer una estrategia financiera, pero además, todos los días me ofrece su ayuda en lo que sea. A veces me prepara cosas ricas de comer, porque realmente no estoy comiendo bien, ni mucho. Me alienta. Hace todo lo que puede y antes de irme a dormir, todas las noches, me da un abrazo y me deja un mensaje desde su dormitorio. 

Mi papá me habla, me pregunta cómo estoy, me trae cosas que me gustan del supermercado para que coma, e incluso, el día que me quedé sin trabajo, ese mismo día que llegué llorando de la impotencia, me pidieron mi pizza preferida en el lugar que mas me gusta, pese a que ellos no son fanáticos, para levantarme el ánimo. Yo les dije que no pidieran nada, que no tenía hambre, y mi papá me dijo que la habia pedido porque no iba a comer pizza llorando y porque había que festejar todo lo que sí tenía en mi vida. 

Y sí, a veces puede parecer que a los veintipico ya no te pueden tratar así porque sos grande. Yo me siento como una boluda cuando me tratan así, aunque realmente, esta vez, me estoy permitiendo ser vulnerable porque estos últimos meses han sido difíciles, le puse una onda descomunal a todo, y este golpe fue algo que deseé mucho que no sucediera por el contexto social.  Aunque pasó, y eso no se puede cambiar, también sostengo que hay veces en la vida donde, tengas la edad que tengas, en las peores circunstancias, uno tiene que permitirse que lo protejan, que lo abracen y que le den fuerza. 

En los momentos más complejos de mi vida, incluso desde que no tengo memoria, desde el mismísimo día en que nací, siempre me han acompañado mis padres y mis hermanas. Me han cuidado y consolado. Me han acompañado y llenado de fe.   Y de esas cosas, creo que jamás me voy a olvidar. 

Precisamente es por esta clase de cosas que yo considero a mi familia tan importante. Por eso los tengo presentes en todos mis sueños, en todos mis proyectos, por eso trato de disfrutar tanto a mis padres, por eso sueño con ayudarlos, con facilitarles la vida, por eso siempre pienso en mis hermanas y trato de demostrárselo a las dos. Porque mis viejos y mis hermanas siempre estuvieron ahí y yo les regalaría el mundo entero a modo de retribución. 

A cada momento que he vivido, bonito o feo, ellos estuvieron ahí. Ellos son, pura y exclusivamente, mi familia. Mis viejos, mis hermanas y mi sobrinito, que me grita tía y me mira con sus ojitos llenos de chispitas de amor. 

Ellos me recuerdan que lo más importante es disfrutarlos, que es muy lindo y emocionante poder tener a alguien con quien contar. Porque si está disponible todo esto, eso quiere decir que todavía hay vida, y si hay vida, hay oportunidades, hay esperanza, hay en algún lado una solución para este problema. 


jueves, 15 de abril de 2021

La nueva etapa IV

 No es mi intención hacer de esto una bitácora del desempleo ni mucho menos, pero, por extraño que parezca, me hace bien poder ir poniendo en palabras esta búsqueda, esta etapa que me toca vivir. Considero que lo hago, en el fondo, porque quiero recordarlo bien. Especialmente, recordar las cosas buenas que me puedo llevar de una situación tan negativa, recordar a las personas que estuvieron conmigo, a las personas que me tendieron una mano y a las personas que me consolaron cuando mi presente, hace una semana, reventó en mil pedacitos. 

Por momentos todo es muy difícil. Quizá estoy estudiando, tratando de concentrarme en las lecturas obligatorias o los cálculos de clase y de pronto me asalta el pensamiento "me quedé sin trabajo" como si una parte de mi lo estuviera procesando en las sombras. Y sí, lamentablemente, me quedé sin trabajo. 

Según lo que se fue comentando esta semana, el sector donde yo trabajo, tiene un tiempo más con labores, pero la decisión a nivel general está tomada. El motivo por el cual existe este plazo extra en algunos sectores, pero particularmente en el mío, es porque movemos toda la documentación general de la empresa, así que hay que dejarla en orden.  Esto de estar y no estar en un lugar que terminé apreciando es lo más difícil de esta etapa. Por momentos, a cada cosa que hago, la voy despidiendo un poco con la incertidumbre de no saber qué me tocará de acá en adelante, pero además, con la nostalgia porque en ese trabajo crecí mucho, maduré un montón y ví desarrollarse a una nueva Veinteava que venció con valor y coraje las cosas duras y las cosas hermosas que le deparó.  También, aunque parezca extraño, este trabajo es el lugar donde tuve el primer contacto con Galeno, del cual salía todos los martes y lo llamaba por teléfono antes de que entrase a la guardia, y en el cual, cuando las cosas se ponían densas, recibía un mensajito travieso de mi Galeno, en otra provincia, diciéndome cosas bonitas por debajo del escritorio y llenándome de imágenes placenteras el cerebro para que pusiera flojita la espalda y el día se me pasara entre algodones. 

Creo, en general, que yo no estoy despidiendo un trabajo, sino, que estoy despidiendo una etapa de mi vida en los últimos meses. En diciembre del año anterior lo ví con una relación, ahora la vida me enfrenta a esta prueba que implica haber perdido mi trabajo - aquél con el que me mantenía para todas mis cosas y me pagaba los estudios universitarios, el mismo con el que ayudaba en casa y con el que había podido irme de vacaciones - e incluso hice modificaciones a nivel interés académico.  Es decir que todos los aspectos que para mí conformaban mi vida cotidiana, por alguna u otra razón, se rompieron. 

No sé bien cómo sentirme en esta situación. Obviamente, sí, estoy triste... Pero al mismo tiempo, pienso que quizá también puede ser para mejor. ¿Qué haré con todo lo que aprendí en este tiempo? ¿Frente a qué posibilidades me deja esta situación que me está tocando vivir?  Desde que me enteré de la noticia no he dejado de repetirme que, cuando una persona pierde muchas cosas en la vida, casi al mismo tiempo, también pierde el miedo. Y es cierto: yo tuve miedo cuando me separé de Galeno, vivía con miedo a perder el trabajo por ciertas cuestiones de mala gestión de mi lugar de laburo - que no eran de mi sector, igual - y vivía con miedo a no saber cómo sobrellevar una situación así en medio de una pandemia.... 

Y, sin embargo, acá estoy. Con tres miedos menos, que pese a las pérdidas que trajeron aparejadas - algunas muy dolorosas y otras muy preocupantes -, me hacen una mujer más fuerte. 

Probablemente, tarde o temprano, como suele suceder, las cosas se ordenen otra vez. De seguro va a ser un nuevo orden, otra figura diferente, pero va a resultar bien.  Lo extraño es que, pese a que en el fondo estoy muy triste, yo siento que esto va a tener solución. Sí. Parece re loco, pero en el fondo de mí, en el rincón más profundo, realmente siento eso; que esto, de alguna manera, va a tener solución. 

Ojalá mi intuición no me falle. 

miércoles, 14 de abril de 2021

La nueva etapa III

 Mientras intento conciliar el sueño recuerdo la charla mantenida con el dueño de la empresa para la que trabajaba hasta el jueves pasado.  Parece de otra vida. 

Me habían pedido que armara treinta y cuatro cheques con pago diferido. Yo, pese a admitir que no tenía demasiada experiencia en ello, porque otra de las chicas se encargaba de los bancos, le pedí al gerente que me explique cómo hacerlo, él me explicó, y los rellené.  

A los pocos días, el gerente me dijo que el dueño de la empresa le había preguntado qué empleada de la Administración lo había hecho. Él respondió que había sido yo. El dueño, por consiguiente, cuando me vio, vino a visitarme : 


- Veinteava ¿cómo estás? 

- Buen día, ¿cómo está? Yo bien. 

- Ayer firmé los cheques - dijo- y te felicito por ellos. Son los más lindos que he tenido en mi vida. Muy prolijos y excelente caligrafía. 

Sonreí muy avergonzada. 

- Bueno, me alegro que sea así. 

- Si, por encima de todo, estaban muy bien. 

- Excelente, entonces - le dije, asintiendo con la cabeza. 

Se fue. Al rato, volvió: 

- Veinteava - dijo - ¿qué estás haciendo actualmente? ¿En qué te mantiene ocupada la Contadora?

- Actualmente estoy con la carga de facturación y más tarde empiezo con el control de gastos - le detalle, por las dudas. 

- Perfecto. Muy muy bien - dijo y me miró valorativamente - Vamos a trabajar mucho, Veinteava. 

- Ojalá sea así, claro. Trabajaremos - dije y sonreí. 

II 

La charla pasó. En el momento algo me quedo resonando. No sé por qué. Lo sentí. 

Ayer, hablando con el gerente por teléfono, para conocer qué pasos seguíamos, me comentó que la empresa multinacional había ofrecido indemnización para la mitad de los empleados de la planta y ellos lo iban a aceptar con tal de no quebrar; aunque, luego, la multinacional retiro esa oferta y rescindió el contrato.  

Comento que ellos pensaban despedir a más de la mitad del personal. Y comentó que yo me iba a quedar trabajando para ellos en mi área si la empresa no quebraba. 

Entendí, entonces, la charla entre el Gerente y el dueño. Entendí esa pregunta de aquel viejo comerciante con perfume francés. Y entendí también que cuando las cosas tienen que pasar, pasan. Para bien o para mal. 

Por lo general, cuando se pasa por una piña de estás, muy muy grande, uno se da cuenta de mil cosas. Yo estoy ahora casi en otro plano, por la cantidad de cosas que entendí. 

Quien sabe. Quizá todo esto que me está pasando, aunque parezca una de las cosas más duras laboralmente que me tocó vivir (por el contexto social, también), termina siendo una bendición disfrazada. Con creer, y trabajar para eso, no pierdo nada. Más bien, todo lo contrario. 


martes, 13 de abril de 2021

La nueva etapa II

 Creo que una de las cuestiones que más estoy profundizando, por la situación que me está tocando vivir, es lo difícil e importante que es moverse cuando estás paralizado por el miedo, por la angustia, la tristeza o la impotencia de no poder hacer más de lo que estás haciendo para cambiar lo que te está pasando.  Sí, es eso, básicamente. Moverse, sobreponerse, seguir adelante, pese a todos los obstáculos. He hecho esto siempre en mi vida, así que no me siento fuera de mi terreno, pero si pesan esos sentimientos de desaliento tan propios de esta situación que tengo que aprender a combatir. 

Lo que sé, efectivamente, es que me estoy moviendo. Para las cosas que antes hacía en automático ahora tengo que juntar fuerza interior, porque mi cabeza no deja de carburar desde el jueves pasado, y eso me supone esfuerzos extra, pero me estoy moviendo. Porque quedarme quieta, al mismo tiempo, no puedo. Ahora tengo un trabajo que es, claro, el de buscar trabajo. 

Mientras tanto, sigo estudiando mi carrera de base y algo nuevo que había empezado. 

Ambas cosas me gustan, de diferente modo, porque reúnen dos aspectos de mí: por un lado soy muy sensible con el arte, la literatura, la música y el cine, por ejemplo, por eso elegí Letras. Pero por otro, también soy muy curiosa, me gusta entender cómo funcionan las cosas, y la labor administrativa supuso encontrarme con un mundo que me re gusta y se enfoca en el funcionamiento de las empresas, la contabilidad, y este tipo de aspectos.  Aunque parezca una locura, amo estudiar. Y en este momento donde me siento muy triste, bueno, es una de las pocas cosas que me dá una linda vibra. 

Por otro lado, mi hermana, personal de salud, hoy volvió a hisoparse por síntomas compatibles con el COVID-19. Aguardamos resultados. Ella recibió las dos dósis pero, tal como sabemos, está mucho más expuesta que otras personas vacunadas. Lo bueno es que al tener vacuna están las esperanzas puestas en que no sea un cuadro severo.  Por suerte, nosotros desde Pascua no nos vemos, donde hicimos una reunión muy pequeña al aire libre, así que no somos un contacto estrecho. 

Hoy, hasta acá las novedades. 



lunes, 12 de abril de 2021

La nueva etapa

Esto de haber perdido el trabajo trajo consigo arduas consecuencias, pero también, cosas inesperadas. La empresa venía en negociaciones con la multinacional para la cual trabajábamos. Yo me desempeñaba en un sector donde, a veces, te podés llegar a dar cuenta de ciertas cosas y, otras, simplemente no.  Un sector que lleva los números de la empresa pero que, claramente, en una época de total home office, no va a socializar todos los temas de una forma que sí pasaría siendo presencial por un trato cotidiano y por compartir el mismo espacio. 

A la persona que me hizo entrar a ese trabajo, hace casi dos años, cuando me otorgaron ese espacio pretendido por muchos otros, luego de un año haciendo otra tarea, no le gustó ni un poco. Le saltaron unas chispas de envidia, igual que a muchos más, y tomó una posición más distante de mí. Sentía que yo sabía cosas, que se las ocultaba, y que lo hacía por una posición superior a la suya, al igual que le pasó a muchas otras personas. 

La verdad es que todo esto nunca estuvo más lejos de ser así.  Yo jamás oculté nada, pero sí, siempre cuidé mi trabajo y seguí las instrucciones de confidencialidad de mi sector porque, expresamente, mi jefa me pidió que por favor me evitara hacer comentarios, y como yo siempre fui muy poco chusma en un lugar donde casi todos lo eran, me mantuve en la sombra sin inconvenientes.  Iba a la empresa, hacía mi trabajo, saludaba a todos, y me iba a casa. En casa, me desconectaba de la oficina y me ocupaba del resto de mis actividades estudiantiles, por ejemplo, o trataba de decirle tiempo al esparcimiento. De hecho, si hay algo que me parece totalmente estéril es el chusmerío, así que... Menos que menos. 

Ahora, cuando todos nos quedamos en pelotas, tengo que soportar que la misma persona que me hizo entrar, y que luego pensó que conspiraba, que sabía cosas del quiebre que no conté, que escondíamos cosas en el sector, hable pelotudeces.  La semana anterior, precisamente, antes de que pase todo esto, quiso someterme a un cuestionario con tonito admonitorio y la ubiqué bastante. Por eso, a mí personalmente, no me dice nada. Pero eso sí, mantiene esa idea y se llena de odio, en una situación donde lo que más deseo es poder conseguir trabajo pronto, poder re-ubicarme en un lugar que me guste, donde pueda continuar con mis estudios, y tener salud. 

¿Qué más se puede pretender en estos momentos? La imbecilidad de la gente realmente me deja sin palabras y, su resentimiento, también. 

A mí también, como a ella, me duele haber perdido el trabajo. Yo también me siento mal. Yo también estoy muy enojada con la multinacional que me dejó en esta encrucijada. Yo también lamento profundamente que setenta personas pierdan su trabajo. Para mí también es una sensación de pérdida, de miedo, de decepción, de rabia... Pero no por eso me voy a creer con el derecho de ensuciar a nadie, ni de inventar cosas sobre nadie, ni de enojarme con nadie porque yo creo que alguien me ocultó cosas. 

A esta altura del partido demás está decir que me importa re poco lo que piense. En este momento tengo otras preocupaciones y, si me queda tiempo, lo ocupo en algo que me haga olvidarme de este mal trago por un rato, que me ayude a sentirme mejor por un ratito, que me dé una pequeña dosis de esperanza para no sentir que está todo perdido. 

Y sí, también esto me trae un montón de problemas, pero sólo le pido a Dios tener la oportunidad de salir adelante pronto, de encontrar un trabajo que me permita tener continuidad, ayudar en casa, pagar lo que se han convertido ahora en deudas y sobreponerme a este tropezón. 

He cuidado mi trabajo desde el primer día donde me emplearon. No considero que haya sido mala compañera con nadie porque jamás, en dos años y pico, tuve problemas serios con nadie. Jamás me metí en ningún chismoseo de comedor o en ningún lío. Siempre, realmente, hice la mía, es decir, trabajé en silencio, cobré mi sueldo y me fui a mi casa. 

Por eso, lo único que le pido a la vida ahora, es que me de otra oportunidad que sea, incluso, mejor.  Eso es lo que necesito. Porque no quiero detenerme a buscar culpables. Ansío seguir dando, poco a poco, todos los pasos hasta cumplir mis sueños. 

Ni yo sé con qué me voy a encontrar mañana. Ni yo sé dónde voy a trabajar. Ni yo sé cómo y de qué forma se van a dar las cosas. Pero nadie tiene la culpa de esto que nos está tocando vivir a setenta empleados. Aunque a todos nos duela, y nos harte, y nos aterre, lo que más nos temíamos sucedió y sólo Dios sabe la fuerza interna que estoy haciendo para no paralizarme por el miedo que siento. 

Yo no sé cómo hay gente que busca culpables entre sus propios pares en casos así, si el problema es obvio que pasa por otros lados. Pero bueno... Ya está. No puedo perder el tiempo averiguándolo ni enganchándome en nada. 

Enfoco en el futuro. Ansío sea mejor. Deseo de todo corazón que las cosas me salgan bien en donde sea que me toque volver a bailar. 

Les iré contando a ver qué me depara la vida. 

Si alguien está ahí del otro lado, le agradecería si me desea suerte, linda vibra y cosas bonitas. 

domingo, 11 de abril de 2021

Saludos de cumpleaños II

Ayer volví a hablar con Galeno por su cumple. Desde el mío que no hablábamos (en realidad, no hablamos, yo fui muy corta en la respuesta que le dí, para tratar de marcar los límites). Para ser sincera, yo no revisaba sus redes ni nada por el estilo. Por eso, mi mensaje fue sencillo y bastante cerrado, sin embargo, nos quedamos hablando como dos horas. 

Me preguntó si estaba bien, le dije que sí, dentro de lo posible y le conté que me había quedado sin trabajo. Él me contó novedades en el suyo y así recorrimos algunos tópicos. 

Hasta que me confesó que me había extrañado en estos meses. Eso me sorprendió un poco, pero lo tomé con calidez y afecto. Le dije que yo también lo había extrañado.   Me explicó que había extrañado que estuviera presente, precisamente, y yo le dije que lo había extrañado todas las veces donde ocurría algo bueno, se lo quería contar y me daba cuenta que "no daba".  También, que me había acordado de cosas que decíamos o de momentos divertidos ,y me había reído sola como una boluda. Él me comentó que había momentos donde extrañaba que yo estuviera presente, para las cosas buenas o las cosas malas, y que también me extrañaba físicamente. 

Eso nos llevó a charlar sobre el efecto que tuvo la pandemia en nosotros y en nuestra relación. Cómo nos cansó, nos desgastó y nos fue matando las ilusiones. Le confesé que había veces donde me acordaba de sus expresiones y me reía sola y que recordaba los momentos de mayor intensidad física con cariño. 

Desde ahí se dió el siguiente diálogo: 

- Creo que nosotros pensábamos que podíamos estar esperando un post-pandemia... y no.  Dejamos muchas cosas pendientes en ese mientras tanto. Deseos, también. 

- Y la pandemia nunca terminó - dijo. 

- Exactamente, todavía estamos inmersos en ella - le dije - Era muy difícil, creo, para los dos, seguir estando presentes. Fue muy cansador lo que pasó para todos - argumenté. 

- Ufff - dijo - Fue muy difícil. 

- Si, era muy difícil estar presente así. Teníamos mucha carga los dos. Pero bueno. Pasó así - le dije. 

(...) 

-  Quiero que sepas que cuando vuelva a ir a Buenos Aires te voy a invitar a *** - me dijo. 

Estaba haciendo referencia al barcito notable donde nos conocimos. 

- ¿Me puedo pedir una coquita? - le pregunté, haciendo un chiste interno. 

- Te podés pedir lo que quieras... - contestó. 

- Bueno, entonces sí - le dije, rematando el chiste - No, hablando en serio, yo no muerdo.  No cambio el sentir que, pese a todo, fue una experiencia positiva la de nosotros. 

- Yo sí muerdo - me contestó. 

Me reí 

- Ya sé que mordes... Bien que lo sé - le dije, teniendo presente el recuerdo de nuestras noches juntos - Morderás a otras pero sé que no vas a perder las manías... 

- No muerdo a nadie - dijo - Con vos lo hacía porque me gustabas. 

- Sí, entiendo. A mí también me gustaba - le dije - ¿Esto que estamos haciendo es una terapia de grupo por lo que nos extrañamos? 

- Claro - aseguró - También, si alguna vez volvés a ***,  te invito a comer y a ver iguanas. De mi parte, por lo menos, no cambió la idea sobre lo que vivimos. 

Me reí. 

- Sí. Fue lindo lo que nos tocó vivir. Si algún día vuelvo a tu provincia podemos ir a comer a *** - observé. 

En ese plan de camaradería, de complicidad indolora, seguimos recordado gratos momentos juntos. Lugares donde fuimos a comer. Cosas que compartimos. Incluso, algunos momentos más románticos. 

- Bueno, mi **** - le dije - no te quito mas tiempo. Espero que pases un buen día. Me alegro, de corazón, que estés bien. 

- Muchas gracias por aparecer y por este mensaje. Me gustó saber de vos,  *** - me dijo, con el apodo que creó para mi. 

Le pedí que no agradeciera nada, nos mandamos saludos y ahí quedó todo. 

Inevitablemente, no pude menos que comparar la charla mantenida con Galeno hoy a la charla mantenida hace un mes con Javier. La primera, me dejó un sabor bueno, no una añoranza triste. La segunda, implica tratar con una persona que, de estar cerca, me lleva a lugares oscuros.   Me asombra el contraste en algún sentido.  Es increíble cómo cuando tuviste un vínculo sano con una persona hasta en los más mínimos detalles se nota. Porque incluso, cuando un vínculo fue recíproco y lindo, podés entender el motivo del recuerdo y los sentimientos lindos con los que te asocia y lo agradecés. Eso no quiere decir, afortunadamente, nada más de lo que quiere decir. Y es también una virtud de la sanidad en los vínculos ser claros, lo más transparentes que sea posible. 

Nunca pensé que llegaría a esta conclusión pero es lindo saber que la persona que vos extrañaste también lo hizo. Que ambos pudimos recordarnos con cariño, como algo bueno que habíamos vivido. E incluso que pudimos hablarlo, ponerlo en palabras, para compartirlo de alguna forma, por todo lo que cuando nos dió por extrañar, no pudimos decir y también por todo lo que no pudimos compartir. 

No sé, desconozco realmente si algún día nos volveremos a ver, pero en un rinconcito de mi corazón siempre habrá lugar para estar historia que me sanó e hizo crecer para mejor en tantos sentidos, aún mismo, con sus errores y aciertos. 

sábado, 10 de abril de 2021

Saludos de cumpleaños

Un rato después de despertar caí en cuentas de que hoy es el cumpleaños de Galeno. Pensé brevemente qué iba a hacer, si lo iba a saludar o no, más allá de lo que pensara él de eso, partiendo desde mi. ¿Me iba a hacer bien hablar consigo, con quien no  hablaba desde mi cumpleaños, hace tres meses atrás? ¿Me iba a sumar, si nos separamos el 19 de diciembre? Me dije que sí, que no iba a haber problemas con eso, y efectivamente no los hubo. Tampoco es que un mensaje vaya a suponer una historia, así que... Me arrimé.  

Le escribí un mensaje por Insta aunque todavía tengamos nuestros números. Fue sencillo. Es curioso pero no pensé que de ese saludo formal y escueto - pero no malicioso - se iba a desprender una charla. Sin embargo, Galeno me respondió, agradeciéndome los saludos, con el apodo que antiguamente usaba para mí y había inventado con ese fin. A partir de ahí, me preguntó cómo estaba, por lo que iniciamos una conversación que duró prácticamente dos horas.

Hablamos, nos pusimos al día con la vida de cada uno, todo resultó amigable y con esa confianza y ese cariño propio de haberse querido en el pasado y de haber pasado cosas bonitas juntos. Si bien hoy por hoy, a la luz de otras circunstancias que me está tocando vivir, esa historia me quedó lejos, no considero que sea negativa por ello

Mi vida desde entonces se fue acomodando y desacomodando. 

jueves, 8 de abril de 2021

Me tocó a mí

 Hoy fui a la oficina presencial. Me quedé y mientras apagaba las luces y cerraba la puerta de la Administración, pensé que era una ciudad fantasma. 

Casi nadie en la empresa. Todo muy silencioso. 

Miré a mi alrededor. Observé detenidamente la oficina. Entre ahí hace un poco más de un año por un movimiento general. Me dieron una oportunidad muy muy buena, porque me cambiaron de sector y me enseñaron de cero todo lo que no sabía.  Finalmente, las cosas buenas ocurrieron. Dejé de trabajar los fines de semana y atendiendo al público y, a cambio, todo ese mundo nuevo se abrió paso. 

Empecé a trabajar en una Administración y hoy la miraba mientras cerraba la puerta en plena pandemia y pensaba que agradecía mi trabajo. Que ojalá la siguiente vez que volviera todo estuviera mejor. Pero, en el camino a mi casa, me llega un correo electrónico al e-mail de la empresa. Nos informan que la multinacional para la cual trabajamos nos ha comunicado la ruptura del contacto de trabajo. Esto, significa que me quedé sin trabajo en plena pandemia; que setenta personas y yo nos quedamos sin trabajo en pandemia. Desde representantes del interior del país hasta el Gerente. 

Si. Esta vez me tocó a mí.  No tengo palabras para describir la desesperación y la amargura que siento.  De verdad, no le deseo a nadie esto que me está pasando.  Esa sensación de no saber por dónde empezar. De tener mil cosas para pagar. De tachar proyectos. De sentir que todo lo que venías haciendo tiene que quedar en pausa. 

Hoy realmente no sé por dónde empezar. Solo espero tener alguna bendición disfrazada, algún brillito, que me ayude a pasar esto. Porque es curioso.... Pero nada me apena más que no poder estudiar en este momento. De no poder pagarme la facultad, ayudar en mi casa, ese tipo de cosas tan básicas pero fundamentales para mí. Dios mío, tantas cosas se me pasan por la cabeza en este momento... 

Solo pido que si alguien está leyendo del otro lado, me mande buenas energías para que todo salga bien. Se lo agradeceré de todo corazón. 






miércoles, 7 de abril de 2021

Cabecita de novia

 Ayer me ocurrió algo que nunca me había pasado: perdí una tarjeta de crédito. ¿Y lo más loco? Me di cuenta de casualidad.  Cuando terminé de trabajar, tenía que ir a buscar un pedido a una emprendedora así que fui a buscar dinero en efectivo para pagarle. Ahí me di cuenta que no la tenía y, como hacía mucho tiempo que no la usaba, pensé que la iba a tener donde están "las cosas importantes"... Pero no.  La busqué por todos lados, dí vuelta toda la casa, y nada. 

Hoy supongo que la perdí, sí, porque no hubo movimientos ni consumos recientes que fueran de alguien más... pero lo que más loco me resulta es saber que no soy de perder cosas... ¡menos una tarjeta de crédito! 

No obstante eso, ya la denuncié a la entidad emisora, ya gestioné el congelamiento de todo lo que corresponde y ahora, nada, a esperar que me manden un plástico nuevo. Me cobran, dicho sea de paso, alrededor de $600,00... Aunque peor hubiera sido perderla, que alguien la use, y haga compras indiscriminadamente. 

En fin... fue un día estresante ayer. 

Lo terminé tomando una copa de vino tinto, haciendo algunas cosas de la Universidad, como para darle una vuelta de rosca. 

martes, 6 de abril de 2021

Apreciar el presente

Ayer tuve un día re largo. Me costó dormir a la noche porque estaba re re acelerada. En medio de las vueltas del día, hablando con mi papá en la cena, me dijo: 

- Vos querés todo, todo, todo.... Tranqui, sos joven todavía. 

- Para mí estoy en una edad donde tengo que aprovechar que soy joven, papá. Porque más adelante, voy a querer hacer otras cosas y va a ser lógico también. 

- Ya lo sé. Pero... ¿qué es lo que tanto te preocupa, te desvela a tu edad? Tenés tanto por delante, hija... Te lo digo yo, que ya viví muchas cosas, y pasé tantas y tantas... y aprendí... 

- Vos sabés lo que yo quiero...  Poder pagar un alquiler, tener para comer, poder irme de vacaciones... no sé, esas cosas... Para todo eso, me estoy rompiendo el traste. No es que no me conforme con nada. Quiero una buena vida. 

- Y la vas a tener, hija, estoy seguro. La vas a tener. Tenés un futuro brillante por delante. No te quemes la cabeza con el consumo, con el capitalismo, con la plata... No te consumas vos, porque todo eso, lo pagás con tu conocimiento, con tu desgaste y con tu cuerpo. 

- Pero, papá... yo no creo que haya otra forma que no sea trabajar para tener mis cosas... 

- Y eso está perfecto. Todo lo que podés hacer, lo hacés. Eso y mucho más. Pero también tenés que dejarte sorprender por la vida... Te esperan un montón de cosas lindas, no las rechaces. Quizá tu vida sea muchísimo más sencilla y hermosa de lo que te podés llegar a imaginar ahora... No te desesperes. Administrá bien tus recursos, no compres nada que no necesites, y el resto... disfrutá hija. Para eso tenés edad, además de para pagar y correr y estudiar y trabajar... 

Estas charlas de sobremesa con mi papá me ayudan a sopesar el presente, a detenerme y valorar donde estoy ahora. Me hacen sentir agradecida. 

Por eso, las comparto con quien sea que esté del otro lado, para que quizá lo ayude en su recorrido. 



 

viernes, 2 de abril de 2021

Empezando abril...

 Lo mejor que se puede hacer, cuando venís teniendo días emocionalmente turbios, es juntarte en un bar con tu mejor amiga a tomar unos tragos y escuchar música "punchi-punchi". 

 Realmente, reinicié mi sistema operativo después de la nochechita del jueves.   Y aunque tocamos temas re profundos, creo que no hay nada que sane y haga tanto eco - del positivo - que poder conectar de ser humano a ser humano. 

Además, moría por un gin-tonic con pepino :)