Galeno me mira todas las historias en redes. Me quedo pensando cómo no le choca observar mi vida, o al menos, como todavía le reporta algún interés. Yo no volví a mirar sus redes, prácticamente, desde que nos separamos hace cuatro meses. Ni siquiera, estaba segura de sacarlo o dejarlo ahí, aunque en el medio, me pasaron otras cosas y se borró de mi mente su existencia remota.
Desde la última vez que hablamos y me dijo que me extrañaba me quedé pensando qué es lo que una persona que no cumplió con su promesa pueda extrañar de mi. Supongo que es el hecho de no haber dicho las cosas en su momento y que eso haya tenido como resultado que yo me haya hartado y me haya salido del circuito lo que pudo repensar en estos meses. Yo, por mi parte, pienso que Galeno extrañaba cosas mías que no supo valorar en su momento por estar sobrepasado. Y no lo culpo. Fueron respuestas sobre nuestro vinculo que ya no era lo que yo, luego de esperar y esperar, quería escuchar. Yo quería escuchar que se iba a tomar el primer avión hacia Buenos Aires para venir a verme ni bien abrieran las fronteras. Y él me decía que obvio que nos íbamos a ver, pero no cuando. Y bueno... Eso me pareció respuesta suficiente, y muy egoísta por cierto, porque escondía la incapacidad de definirse a soltarme o a poner lo que ya había puesto varias veces antes.
Todavía recuerdo cuando le pedí si podíamos hablar por teléfono el día donde nos separamos y me dijo que no, que no tenía ganas en ese momento. Me dolió ese gesto. Fue de un egoísmo atroz, que con el tiempo, entendí que era mucho malestar encubierto de su parte. Mucho cansancio. Y, también, mucha incapacidad para seguir sosteniendo ese vínculo, o mejor dicho, cualquier otro.
Pienso que la vida es paradójica.
Después de que nos separamos Galeno se la pasó subiendo lecturas de Cortázar a Insta, e incluso se fue unos días solo a una estancia de su provincia de la que hablamos en su viaje, que yo quería ir desde hace años y que nos quedó pendiente. A Cortázar lo amábamos y, una de las cosas que yo más adoraba de él, era precisamente que me leyera en voz alta. Por eso, cada vez que subía una lectura a sus redes me avisaba y me decía "mirá, fijate si te gusta" y yo iba y lo escuchaba. De la misma manera en que cuando estábamos acostados en la cama o en el sillón él también me leía, o le leía yo, poemas de Cortázar y otros autores, y era una manera de compartir algo que ambos disfrutábamos muchísimo estando juntos. Cuando le leía, Galeno me miraba maravillado, porque me decía que leía hermoso, sabiendo que yo no le leo a nadie porque me da un poco-mucho de pudor, más allá de que leo de corrido todo lo que me pongas en frente. Incluso, llegó a sacarme fotos mientras yo no me daba cuenta, porque le gustaba mucho ese rito. El último día del 2020, tan difícil año para todos, eligió el poema de Cortázar happy new year para despedirlo. Y sí, obvio, se me hizo un nudo marinero en la garganta. Pero todo eso pasó.
Realmente no ha pasado tanto tanto tiempo lejos el uno del otro, pero a mí me parece que ha sido muchisimo. Todo lo veo tan lejos... Como si hubiera pasado en otra vida. Quizá porque lo venía masticando desde antes, porque seguí haciendo mi vida, o porque ese dulce anticipo de normalidad momentánea me ayudó a distraerme. No sé, la verdad. Sólo seguí adelante, igual que ahora, aunque incluso en este presente, con más frentes abiertos.
Galeno fue el mismo que cuatro meses después, cuando lo saludé por su cumpleaños, me explico que extrañaba hablar conmigo, el hecho de que estuviera presente a mi modo. Que recordaba mi cuerpo. Que ya no mordía a nadie antes de dormir, que conmigo lo hacía porque yo le gustaba. Y fue quien que dijo que le costaba mucho, meses atrás, estar presente. Y yo también se lo reconocí. Que tampoco tenía fuerza suficiente para estar presente en ese momento, porque eso también es cierto.
En la última charla comentábamos que en que era imposible sostener eternamente la ilusión de un postpandemia, en especial, porque la pandemia nunca terminó, tal me dijo Galeno,y porque teníamos muchos deseos contenidos que no se estaban realizando, tal como le dije yo. Habíamos estado diez meses hablando sobre lo fuerte, lo lindo y lo bueno que iba a estar vernos, pero en el medio, casi sin verlo del todo, habíamos incorporado eso como parte de una utopía. ¿A quién encontraríamos una pandemia después? Pusimos blanco y negro en pie durante esa ultima charla por chat. Más de dos horas donde, paradójicamente, yo era la que no quería ahondar y él era el que se despidió diciéndome "gracias por aparecer y por este mensaje".
La verdad es que, si todavía seguiría con Galeno, yo no aguantaría otra ola más. Entiendo que hice bien en abrirme en diciembre de esto porque no quedaba remedio. Aunque, a veces, en especial en estos momentos, sé que extraño hablar consigo... Pero después pienso que el mismo tipo que me llamaba todos los martes siempre que le avisaba que salía del trabajo, la única vez que realmente necesitaba escuchar su voz, para despedirme de algún modo, me dijo que no tenía ganas, que en ese momento no, sólo porque no tuvo el valor necesario para decirme que ya no quería verme, que prefería dejar todo allí.
Por mi parte, la realidad es que elijo quedarme con lo bueno y seguir adelante. Me están pasando demasiadas cosas duras en estos momentos para darme el lujo de pensar desde el rechazo en Galeno. A veces me acuerdo de él, obvio, pero es poco lo que dura en mi cabeza con tantos otros asuntos importantísimos que me apremian. Cuando pienso en él, prefiero pensar en lo lindo que me enseñó y seguir en el tren de aceptación sobre otras pérdidas que fueron igual de dolorosas y que son más recientes.
Quizá la vida, en estos dos aspectos donde perdí tantas cosas que agradecía tener, me de revancha en el futuro.
¿Quién sabe?
Ojalá me ponga en el lugar exacto donde me tenga que poner y éste sea mucho mejor.
