domingo, 28 de enero de 2024

La vida es buena conmigo

Me da salud, y si algo anda flojo, me da medios para solucionarlo. 

Me da un techo que no es el lugar donde quisiera vivir para siempre, pero si es un lugar donde no tengo que huir. 

Comida. 

Un gatito y dos sobrinos. Dos sobrinos y un gatito. 

Un trabajo. 

A veces la vida me saca canas verdes, obvio, porque considero que debería ser mil veces mejor mí realidad y me pongo de mal humor. Pero también me acuerdo que tengo tiempo, que tengo lo básico para salir adelante y que salir adelante no significa estar atrás. 

Salir adelante es mejorar para mí. Porque si ya tenés salud, casa, trabajo, familia y comida, estás por delante. 

Hay un millón de cosas que quiero tener. Obvio. Y cada vez va siendo más grande la ansiedad. Pero creo que más allá de eso, como la vida me va a pasar igual, y como va a traer lo que tenga que traer (sepa o no sepa yo lo que es), también tengo que disfrutarla. 

El otro día hablaba en terapia que en esta etapa de mí vida no me quiero enganchar peor en la rosca del inconformismo porque aunque el día de mañana me llegue todo y más, tampoco voy a poder disfrutarlo. 

Empezaré por disfrutar de lo que tengo hoy. Trataré de encontrarle un sentido a lo que hago. Procuraré tener algún proceso que me dé motivos. No sé si me saldrá bien o mal, pero deseo mucho mucho volver a ese momento de mí mente donde no esperaba de absolutamente todo un resultado. 

Quiero hacer cosas que no necesariamente tengan un sentido productivo o superior. Y lo admito: cada vez me cuesta más destrabar la rosca de mí mente que se programó para buscar resultados. Pero hago el esfuerzo. Y cuando freno, pienso que la vida finalmente ha sido muy buena conmigo. Yo puse muchísimo, sí, pero me devolvió mucho también. Y aunque me hizo sentir mal mil veces, me dio revanchas hermosas. Cosas que me parecieron un flash. 

Yo tengo plena confianza en la vida, la verdad. Me lo ha demostrado. Y siempre que reflexiono conmigo misma sobre cómo vengo viviendo y pienso como voy a hacer para lograr todo lo que quiero, suspiro, agradezco e intuyo que se va a poner todavía mejor. 

Si agregara una parte importante para agradecer es el convencimiento absoluto sobre el proceso de las cosas como poder infinito. Si. El poder de los acontecimientos es el proceso. 

Y la vida en si mismo lo tiene. Quizá ahora, cuando vivo pensando por momentos en que me falta mucho, no me doy cuenta que estoy en proceso para todo. Y que ese proceso llegará. Y que si conservo puro mi corazón, podré ver los brillitos en todo.  Acabaré viviendo tal como lo deseo. No perderé de vista lo importante. Y se cumplirán las cosas que realmente necesite aprender de este paso por el mundo. 

Hay cosas que me ponen triste, sí. He escrito sobre ellas. Pero también se que intento hacer algo mejor todo lo que puedo y que eso ya es algo. 

Hay algo también que tengo que aprender en este momento de vida, en este año, en este hoy: a saber que lo merezco todo. A sentirme merecedora del placer, de las oportunidades, de una vida mejor, de una profesión que me dé lo que necesito, de vínculos que me hagan feliz y de deseos hechos realidad. 

No es ningún pecado querer vivir bien y estar lo mejor que se pueda, pero además, saber que nos lo merecemos. 

Y quién te diga que es un pecado o que estás pidiendo mucho, es en realidad alguien que no cree merecerlo. 

Yo fui ese alguien que creyó que por querer estar mejor estaba pidiendo mucho. Y no, no creía que me lo merecía. Pero con los años entendí que si, que me merezco todo lo que todos nos merecemos. Que más allá de como sea la vida, o lo que efectivamente nos de, nadie que sea portador de un buen corazón y tenga buenas intenciones , y no quiera cagarle la vida a nadie, merece estar mal. 



sábado, 27 de enero de 2024

La promesa de un mañana

Los últimos mensajes que me mandó Javier me hicieron dar cuenta de algo. Ya no me gusta de la misma forma y ya no le tengo la misma paciencia. ¿Y por qué? 

Por algo muy concreto: él me hace soñar con cosas que nunca van a pasar y esos sueños en vano, esos deseos que ya sabemos que no se van a cumplir, desgastan el corazón. Entonces, se vuelve menos atractivo y me va pareciendo cada vez un poquito más tonto

La promesa incumplida quitan el espacio para seguir soñando porque es lógico que si todo el tiempo te prometen cosas y no se cumplen, las ilusiones van pareciendo cosa inútil. Es el caso contrario de cuando la gente cumple con su palabra, para lo que sea, y refuerza el sentido positivo de las promesas. 

Las promesas no se juegan solamente desde la ilusión. Involucran los deseos más finos en la persona y ponen a la luz miles de expectativas, muchas veces, contrastando con la carencia de algo. Cuando se meten finito en las cosas que uno desea, y que por un sinfín de motivos quizá no tiene hoy en día en su vida, caes en un estado de vulnerabilidad muy fuerte.  Es como si toda la vida hubieras soñado con ir al Caribe y te prometen cada semana que la semana próxima ya sacan los pasajes. 

II. 

En la época donde era una chica de 19 años, deseé que cumpliera las más pequeñas promesas.  Nadie se imagina cuánto. Nadie se imaginaba cuánto yo deseaba que me cumpliera aquello que me prometía. Nadie sabe cuánto yo deseaba tener una relación linda con él, y la cantidad de ilusiones que, ante la sola propuesta, se me desplegaban.  Está bien, era más chica, tenía otra perspectiva del mundo y pensaba que el amor era lo más importante de todo. El amor era lo que para ese entonces movía mi vida. Y frente a las promesas de Javier, me ocurría lo obvio: me ilusionaba aunque lo negara y esa ilusión me detenía. Esperaba que quizá algún día... 

Todo aquello me trajo tantas decepciones que lo maté con el tiempo. Pasé muchísimos años sin creer en las promesas de ninguna persona, porque habían echado a perder tantas veces algunos anhelos que no quería volver a pasar por lo mismo.  También, llegué a convencerme de que estaba haciendo las cosas mal y por eso descarte bajo todo punto de vista la idea de tener una relación afectiva con alguien. 

Si eso cambió con los años, no solo fue por mi disposición para volver a tener ilusiones de cualquier índole, porque la vida es mucho mejor con ilusiones, sino también porque cuando empezamos a charlar con Galeno él empezó a cumplir promesas de todo pero de todo tiempo conmigo. Y aunque pasara mucho tiempo, a veces, todo lo que me había prometido por más pequeño que fuera lo cumplía. Y no había miedos, o excusas, o vueltas muy largas, es decir, que todo lo que había conocido con Javier con Galeno no existía. 

"Todo lo que hago con vos, es porque me nace desde adentro y no me la quiero perder. Por eso voy " me dijo Galeno. 

Con esta actitud Galeno se ganó mí confianza pero principalmente mi credibilidad. Él es un hombre al que tomo en serio. Al que respeto en ese sentido especialmente porque sé que si me lo dice, el simple hecho, constituye para él un compromiso que va a cumplir. Y lo mismo de mí lado: si yo le prometo algo, de la forma que sea, muevo todos los recursos de cualquier índole para cumplirselo.  Y esa confianza consigo y en sus palabras fue lo que me demostró que en Javier todo son excusas. Y lo que me ayuda a mantener una posición saludable para todos. 

3. 

Los deseos y los sueños son una materia tan pura y tan sensible que se debe tratar con cuidado. Javier además es una persona que hace muchas bromas. Conmigo tiene la particularidad de hacer muchos chistes, por lo que te reís un montón a su lado, pero también tiene la necesidad de contarme muchas cosas que yo HOY no quiero saber. Me es explicaciones de situaciones que no me pertenecen. Me promete que va a hacer cosas que yo no le pido. Me plantea situaciones de fantasía que nunca van a pasar y activa muchas veces todo lo que me hubiera gustado vivir y no viví consigo. Y eso duele. 

4. 

Sé, de todos modos, que el problema lo tiene conmigo. Con el resto de la gente es un tipo normal, que si bien no se destaca por nada, no es complicado. Al contrario: es bueno, solidario, gracioso, más peronista que Perón, justiciero, generoso, caradura, apasionado y terco. Pero conmigo parece que es toda una conjunción de problemas y que yo no me merezco ese lado lindo de su persona, vaya a saber por qué. 

Yo comprendo que las suyas, conmigo, son promesas de cosas que no vamos a concretar. Él me dice te llamo y no me llama. El me dice te voy a invitar a comer y no me invita. El me dice te voy a regalar este vino porque lo tenes que probar, y no lo hace.  

¿Yo le pido algo de todo eso, le demando algo? La verdad, no. Se lo pedía a los 19 años cuando estaba enamorada de él pero, hoy en día, si lo hace o no, me tiene sin cuidado en lo concreto. Lo que sí me roza es no entender qué razón de ser tiene que le plantees a personas posibilidades que no existen o cosas que jamás van a pasar?  Eso es lo que no entiendo. 

Por suerte no le creo, ya no me afecta, ya no me quedo colgada en eso que no va a pasar. Por suerte, también, logré comprender que yo tenía que seguir adelante con mi vida bajo cualquier circunstancia. Encontré personas en el camino que me prometen y cumplen y supe que jamás quiero estar con un hombre que hable demás. 

Yo soy independiente en las relaciones, me gusta hacer mí vida y ocuparme de lo que considero importante. No tengo las demandas típicas de atención o de tiempo porque entiendo que a la otra persona eso le pasa o no, y si lo hace lo acepto y lo valoro pero si no lo hace no me engancho nunca más a pedirle que lo haga. Simplemente, tomo mis decisiones al respecto y ya está. 

Es por eso que la posición de Javier me fastidia un poquito. La veo innecesaria. Infantil. Cómo una pérdida de tiempo y energía. Considero que nos podemos llevar bien sin promesas, teniendo un trato cordial y respetuoso. Yo sé que no quiero estar con él de nuevo. Voy teniendo cuidado de sus jugadas para no caer o para mí confundirme, porque es la persona que más me confunde de todas, por lo que tomo ciertas precauciones.  Es saber que él se comporta de esta manera y que al final del día eso no cambia nada para mí. 

Hoy, no cambia nada para mí. 

5. 

A veces, no voy a mentir, pienso que quizá esas promesas, esos ofrecimientos que nadie le pide, esos arranques de generosidad de querer siempre regalarme una pavada o recomendarme algo o ofrecerme aquello, no sean más que excusas y promesas para si mismo. Para la versión de él que probablemente prometiéndomelo de sienta más cerca. 
Pero eso tampoco cambia nada. Considero que ya no es excusa lo complicado que le parece todo conmigo para prometerme cosas y que tampoco es excusa que conmigo se desespera y hace cualquiera y se contiene y se esconde y vuelve y quiere darme vinos, y tiempo y favores. 

Más allá de todo eso, debería ser más consciente conmigo. Tratarme como a una persona que por mucho que lo atraiga, tiene corazón. Y derecho a seguir adelante con su vida. Y pareja. 

6. 

Yo se lo dije la última vez que hablamos: 

- Javi, no hace falta que me regales nada. 

- Por tu cumple. 

- En serio, gracias. No hace falta por ninguna razón. Además, a vos, yo nunca te regalé nada - le aclaro.

- Vos sos amarreta y yo regalo - se burló. 

- No, solo considero que no hace falta que me regales nada. No es justo para vos que siempre regales y que yo no te retribuya. 

- Te lo voy a hacer igual. Hoy no fui a trabajar y estoy mirando vinos, justo. 

- No voy a discutir esto. Estás avisado. Que bien que por hoy que no fuiste a trabajar, descansas tu mente- dije, solo para cambiar de tema. 

7. 

Diez años después, no voy a descubrir más bases o matices de Javier. Ya es como que nos conocemos mucho, en más de un sentido, para seguir perdiendo el tiempo. 

Yo no sé si las promesas son lo que nos mantiene cierta presencia de alguien, por la expectativa del futuro, pero...  Lo único que es real, es nuestro presente. La promesa del mañana que nunca acontece, llega un punto donde solo trae infelicidad. 

Hoy apuesto por todo aquello la gente hace y no tanto por lo que la gente dice. Es más fácil hacer así. 

jueves, 25 de enero de 2024

Hoy me acordé de vos...

1. 

Hoy me acordé de vos, me decía Javier, como si hubiese estado la noche anterior conmigo. Me lo decía el viernes a la noche y yo lo leía el lunes a la mañana en la oficina. Esa expresión de pensé en vos, me acordé, te viniste a mí cabeza, me transporta a las épocas donde todo el día estaba pensando en él y me genera una pequeña turbulencia. ¿Qué hace Javier asociando las cosas más disímiles conmigo, un viernes a la noche, en un bar, un tanto ebrio con gente de Comercio Exterior? 

En el mensaje del mismo viernes explica que está reunido y bastante borracho con empleados de sus clientes y con sus clientes más cercanos. Ellos tienen distinta ideología política a la que tiene él (y yo, porque es de lo poco que compartimos), y entonces añade: "por lo menos vos no pensas como tus jefes".

¿Qué decirle el lunes a la mañana? ¿Qué decirle sobre esa asociación que nada que ver? Uno hace cosas re estúpidas para justificarse cuando quiere acercarse a alguien y lo digo porque he sido la persona más obvia consigo en su momento... Pero prefiero no marcar más el terreno que viene tan ordenado y limpito. 

II. 

También, prefiero no hacerme muchas preguntas. Le contesto bien, cordial, y trato de bajarlo a tierra. Javier tiene una composición de humor y de futurología muy dañina en cuanto a nosotros: hace bromas bastante ácidas en relación a la historia en común que nos causan gracia pero que dan un poco de choque y, por otro ladox hace futurología sobre lo que puede pasar con nosotros si algún día volvemos a encontrarnos. 

A mí del otro lado no me llama la atención esa oportunidad del futuro porque se que no es real. Tampoco le creo sus bromas. Tampoco quiero estar consigo sexualmente para que después se someta a la culpa y empiece con la rosca y con que yo y con que vos... No, no quiero. Me he cansado de eso y el melodrama es una licencia que ya no tiene. Se la gastó. 

Solamente, y entonces, le cuento la verdad en mí vida. Es decir, que vuelvo a estar en pareja; que estoy trabajando, que Galeno es un hombre bueno conmigo. Y nada más. ¿Qué le voy a decir? 

Cuando hace referencia a que con Galeno tuvimos varias idas y vueltas (habló el consolidado, ojo), yo le expliqué que mí pareja y yo habíamos ido cambiando. Y le dije algo muy claro: que una de las cosas a superar entre nosotros había sido el fantasma de la diferencia de edad, es decir, le toqué el tema con el que siempre me anda persiguiendo. 

Le comenté que la diferencia de edad como un conflicto era algo que no se había hecho presente en etapas anteriores de la relación, pero que si se hacía presente hoy en día y que consideraba que Galeno había trabajado su confianza y la confianza en mí, porque de otra manera consideraba que no hubiera podido sobreponerse siendo que nos seguimos llevando los 26 años de siempre. 

Javier me dijo que definitivamente me gustaban los viejos, burlón y me hizo reír. Si algo tiene todavía de positivo, es que el tipo será lo que será pero sabe escuchar e intervenir con justicia. Inclusive, cuando le cuento de Galeno, de la misma manera que yo supe escucharlo cuando él me habló de ella. Es decir, de un tema que no pensamos hablar entre nosotros jamás. 

2.

En una parte de la charla, y en relación a la reconstrucción que hicimos con Galeno, le expliqué que para mí el discurso de "soy viejo para vos, no te convengo" no era un motivo válido para no tener una relación o para romper una relación como la que yo tenía con Galeno y que hablando del tema y asumiendo nuestras inseguridades, lo habíamos podido volver a intentar. No le dije a Javier que yo a Galeno lo quiero y que por eso le di otra oportunidad, pero consideré que no hacía falta demostrar lo obvio de la existencia. 

Javier me preguntó, entonces, cuál hubiera sido un motivo válido, según mi pinto de vista, que no fuera la diferencia de edad, para aceptar lo que me había dicho Galeno en ese momento.  

Y yo no  le contesté esa pregunta. 

3.

Cómo me dijo cuando nos reunimos en 2022, Javier consideró en su momento que me estaba protegiendo con esa decisión que tomo, que no me podía ofrecer nada, que no tenía el mejor amor para darme como yo me lo merecía y que por eso se corría.  Seguramente, vio una sombra de esto en el argumento de Galeno tal como yo vi una sombra de aquello en la justificación de Galeno cuando me lo planteó. 

En ese sentido, es curiosa la pregunta y no sé a qué duda responde en realidad.  Si bien la charla siguió, nos reímos mucho, y todo se dio cordialmente, con esa pregunta sentí algo de incomodidad. Me pareció que no era una pregunta que estaba haciéndome como confidente o amigo o lo que sea, sino, una pregunta que tenía más que ver con lo que él hizo y con lo que yo le dije hace diez años. Con como lo había resuelto con una persona que no era él y como estaba viviendo este presente. Es decir, lo inverso a lo que pasó con él, que eligió otro camino. 

En algo no he cambiado, eso es seguro, aunque no se lo diga a él. 

 Ni al Javier del pasado, ni a Galeno, en el presente, los dejaría o hubiese dejado por "viejos". La edad no me afectaba hace diez años y no me afectaría hoy al momento de querer a otro. En ninguno de los dos casos me pareció un motivo válido la diferencia de edad. Y tampoco me pareció un motivo válido el "lo hice para protegerte" de Javier en 2014. 

 La única diferencia con Galeno es que Galeno entendió, separación mediante, que yo no me estoy perdiendo nada del mundo por estar consigo. Y que quiero estar consigo. Y que si él no se banca estar conmigo, eso no tiene nada que ver con la edad pero si con su seguridad y su deseo. 

Lo lindo de esta otra historia es que Galeno si se lo banca, que reflexionó y que confió en si mismo para dejarse querer y con eso permite que uno lo pueda querer más allá del tiempo que dure. Y eso es algo que Javier nunca pudo hacer y que ya no tiene sentido que intente. Principalmente, porque no le interesa de verdad. 

Por eso, con Galeno estamos. Sin saber cuánto más va a durar, pero sí sabiendo que seguimos con el otro porque queremos, no porque nos ata. 

Quizá si Javier hubiera entendido hace diez años este concepto, yo estaría con él, claro. O quizá no. 

Por momentos pienso que jamás me aceptó del todo, ni a mí, ni a mí juventud como característica inevitable, ni a mí manera de ser. Él me dice ahora que soy hermosa, que soy buena con él, que por momentos me iría a buscar a mí casa y que por otros momentos sabe que se tiene que alejar de mi. Que lo desespero. 

Y yo pienso ¿por qué acordarte de una persona que te desespera si vos elegiste construir tu vida con otra? 

Es mejor vivir en paz. Apoyarse en lo que uno eligió. Seguir.  No hay más que hacer cuando sos un cobarde y tampoco cuando ya lo hiciste todo, como hice yo. 

Solo enfocarse en lo que sí es y dejar de sufrir gratis. 



martes, 23 de enero de 2024

Diario de una Multi: Tirana

I. 

Hoy fue un día muy intenso. Intenso en el trabajo. Intenso en el alrededor. Intenso en el aire. Lleno de ansiedad, molestia, enojo, incertidumbre. Son días así, a veces, donde no puedo gestionar bien qué onda la vida. Días donde el estrés del trabajo se combina con la frustración y me siento una idiota. Donde los comentarios me pegan. Donde las inseguridades me torturan. Donde me arrinconan los miedos y los juicios y no me perdono hacer las cosas mal. 

Creo que la parte negativa que le encuentro a mi trabajo en la multinacional es que -como dicen ahora- alteró la química de mi cerebro en mil aspectos. Pasé y sigo pasando todos los días por una permanente transformación que nunca me deja asentar los pies en la tierra. Que siempre me sorprende con algo que me hace sentir una estúpida, o con un error que cometí porque soy humana y nueva y me deja sin palabras para poder demostrar que pese a ese error pelotudo laburo un montón y le pongo un montón. 

Este, un ámbito laboral de mucha exigencia. Hay muy buenos beneficios, pero cada una de esas experiencias de privilegio, como yo las llamo en mí fuero interno, hacen que del otro lado todo el tiempo tengas que dar lo mejor. Y no siempre, en estos seis meses que llevo allí, pude hacerlo. 

Al mes y medio, me cambiaron de jefe. Apenas estaba adaptándome a la mitad de los procesos que llegó mi actual jefa, una persona con un carácter podrido, que un día está bien y al otro más o menos. Que me demanda un nivel de excelencia que a mí me está costando meses conseguir. 

Son tantas cosas por momentos que me abruma. Pero por otro lado, es tan desafiante que lo hace una causa para mi. Es todo lo que yo quería de la experiencia corporativa iniciar un proceso de profesionalización. Lo he escrito por aquí. Lo he deseado muy fuerte. Y aquí estoy, muy insegura por momentos, no pudiendo verme nada bueno y sintiéndome mal por no poder ver lo que sí hago bien. 

II. 

La exigencia de estos contextos se une directamente con dos puntos sensibles para mí: la autoexigencia históricamente manifiesta, que trabajé en el estudio pero que nunca me había atacado tan fuerte como ahora en el trabajo... Y, por otro lado, con la noción de los merecimientos. 

Yo siento, básicamente, que si me equivoco no merezco mi trabajo. Que si hago las cosas mal, no lo merezco. Que si me olvido de algo por estar abrumada, no lo merezco. Que si me pongo nerviosa cuando tengo que resolver algo que me piden y no sé cómo hacer sola, y no le puedo pedir ayuda a mí jefa porque no tiene buena disposición, no merezco esto. 

No pienso en todo lo que sí merezco y obviamente si yo no logro pensarlo no puedo esperar que el contexto de exigencia de la multinacional me lo recuerde. A nadie le va a importar lo que yo crea que merezco profesionalmente más que a mí. Soy yo la que tiene que tenerlo en claro, firme más allá de las dificultades, para poder perseguir ese objetivo y conquistarlo. Soy yo la que tiene que tener la mente en fría, y autorregularse, para poder trabajar en la multinacional y terminar de estudiar, por ejemplo. Para poder trabajar en la multinacional y no estar pensando todo el tiempo que me ven como a una goma que hace las cosas mal. 

Más allá de que no me ha tocado una buena jefa, porque en relación al jefe que tenía, está piba ni idea, noto que me afectan mucho las críticas de su parte. Mucho. Que si me marca algo que hice mal en el laburo, porque es mí jefa y porque puede pasar, yo me pongo muy mal. Me martirizo pensando como pude haberme equivocado en eso, me quejo de mí misma, me repito que soy una tonta. 

¿Y qué me pasa?

Me siento mal conmigo misma. Mis niveles de autoconfianza bajan en picada. El estrés me carcome. Me cuesta comunicarme asertivamente por momentos y claro, el error pasa a ser representativo de toda una vida y no algo del momento. No miro lo que hago bien, sino, solo lo que hago mal y desde ese lugar juzgo mis comportamientos a veces inexpertos como propios de toda una noción de la vida. No como algo transitorio, sino, como una noción general de la vida y de mí persona. Y eso, es lo que me cuesta mucho manejar por momentos. Justamente, eso. 

Sé que errar es humano. Sé que en los trabajos te puede pasar porque a veces estás con muchas cosas, o frente a procesos nuevos, o con poco apoyo, y nadie es adivino. También se que es mi primera multinacional. Que es la primera vez que trabajo con tantos clientes. Con tantos sistemas diferentes. Con tantos portales. Que recibo tantos requerimientos raros. Que facturo en pesos, en dólares y euros, a la vez. Si, es la primera vez donde tengo que organizarme con tantas cosas diferentes. Que me tiran problemas complejos por la cabeza y tengo que contactar a dos o tres personas para resolverlo. Que me hablan de contratos, de reuniones con marcas grandes, de portales en japonés y donde siento que saber inglés es un deber ser urgente... 

Pero también sé que soy muy tirana conmigo misma y que la crítica del otro es como una convalidación de lo que pienso de mí negativamente, y claro... ¡Cierra el cálculo, tiene razón, lo que me dice es verdad! O al menos, eso me dice mí mente, porque es lo que cree y va por la vida buscando evidencia. 

III 

¿Cómo hacer en este contexto para que no me devore el león de la autoexigencia? ¿Cómo sostenerme fuerte y pensar que si todo sale mal, conseguiré otro trabajo? 

El nivel de laburo en el que ahora estoy, es diferente a todo lo que conocí. Donde más exigida me siento y dónde más me costó ingresar no solo por lo sociocultural sino, además, por la complejidad de mis funciones. Donde me cuesta aprender a disfrutar de las comodidades o de los beneficios. Donde me hizo sentirme insegura todavia no tener un título. Donde siento que todo el tiempo tengo que validar y demostrar que yo merezco trabajar en un lugar mejor o en un lugar donde quisieran estar seguramente muchas personas, porque "hago las cosas bien". 

Pero está posición, es desgastante para sostener en el tiempo. No funciona. Y no se hasta que punto pueda ser real más allá de los fantasmas de mí mente. 

Todo, lo bueno y lo malo de este trabajo, es muy nuevo para mí. Hasta a mí me sorprende todo lo que viví en pocos meses. Sigo necesitando tiempo para algunas cosas. O quizá mí jefa me pide otra manera de hacer las cosas, porque cambio de opinión, y una parte de un proceso se hace en un sentido y la otra se maneja con otro criterio. Sigo necesitando también paciencia porque saber todo lo que mueve una posición así, no se da de la noche a la mañana. "Esto lo tendríamos que saber ya" me dice mi jefa, tan cotorra ella, pero yo al mismo tiempo estoy viendo que antes las cobranzas se cargaban mal otras personas y que eso afectó muchísimo a las cuentas, por ejemplo, y que no puedo solucionar todo al mismo tiempo. Porque yo aprendí a cargar todo bien, pero hacer todo bien y que se note, en casos puntuales es un proceso lento que no se ve tan rápido. 

¿Si soluciono todo lo que puedo y avanzo en todo lo que puedo? Obvio. Todo lo que pueda mejorar, prevenir, evitar o solucionar, lo hago. En todo lo que puedo colaborar para que mí trabajo y el del otro salga ok, lo mismo, lo hago. ¿Y entonces por qué me siento tan mal con lo que me dice mí jefa que es una cascarrabias, pero que en el fondo tiene más miedos que yo con su propia posición y me pregunta cosas a mí todo el tiempo? ¿Por qué me afecta tanto? 

Sé que la facturación mejoró muchísimo, porque casi no tengo atrasos y porque trato de hacer todo lo mejor para que salga. Al menos PARA MI, mejoró mucho el tema. Se que eso me ayudó a tener una buena imagen y que otras personas empezaran a verme con buenos ojos. Pero mucha gente no te deja pasar una, no entiende que me puedo demorar en algo, que otros procesos no mejoran al cien por ciento tan rápido y que me puedo quedar pensando como resolver algo, antes de ejecutar. O que me puedo olvidar de UNA cosa entre ochocientas que SIGUEN SIENDO NUEVAS PARA MI. Y si una de esas personas que no ven lo bueno es mí jefa, a veces me da ganas de ser invisible y salirme de este circuito tan valioso para algunas cosas pero tan salvaje para otras. 

Las cosas tienen sus procesos. Las personas también. Y yo no puedo ir en contra de mis procesos. Le pongo lo mejor, trato de prestar atención en todo, dejo constancia, trato y trato y trato... Pero a veces, me equivoco igual y no entiendo cómo pasó, pero me pasó. Y ahí la rueda comienza de nuevo, porque bajo de la abstracción de la excelencia para darle importancia a la mente y al cuerpo que hacen posible todo. 

IV 

Hoy pensé que hace seis meses, no me imaginaba nada de lo que la vida me deparaba.Estaba trabajando en un estrato profesional tan distinto, que ni imaginaba poder estar aqui. Hace seis meses yo solo quería un laburo mejor, más profesional, donde pudiera progresar, y con todos los beneficios que tengo ahora. Y ahora, ¿cómo puede ser que esté con todos los patitos fuera de la fila, no? 

Debería estar contenta. 

lunes, 22 de enero de 2024

Un animal capaz de oler la lluvia

El viernes por la noche soñé con Javier. Fue un sueño algo raro, especialmente, porque hacía mucho que él no aparecía en la parte incontrolable de mi mente. 

La escena que recuerdo consistía en una reunión a la que yo acababa de llegar. De fondo, se veían personas, y era Javier quien venía a abrirme la puerta para darme ingreso con la siguiente advertencia: "portémonos bien acá, por favor", con el rostro ruborizado. Me daba un abrazo muy fuerte, me besaba las mejillas con contundencia y me soltaba como si tratara de contenerse. Yo no sentía nada en especial más allá de ese gesto, tampoco le decía nada. Lo último que vi antes de despertar, bastante molesta por el hecho, fue que nunca llegaba a entrar a la reunión. Me quedaba en la puerta, con Javier y su advertencia.  

El sábado, con éste antecedente, me levanté y pensé en él. Convengamos que yo presiento a Javier de una manera totalmente ilógica,  pero también entiendo que eso puede fallar. Es algo totalmente contrafáctico, que yo no puedo justificar, pero que se parece a oler el rastro de alguien y saber que está cerca, que va a venir, que va a llegar pronto.  Me dije que ésta vez mi instinto había fallado, que por suerte todo estaba en calma, y que ni siquiera me lo había cruzado en el barrio.  

Me relajé y el resto del fin de semana lo pasé con una sensación difícil de explicar. Hice cosas, me tomé tiempo para mí, disfruté, y traté de poner la mente en los temas que trabajo a nivel personal para usar ese tiempo libre de manera más consciente.  Estuve poco con el celular, muy poco, lo usé para hablar con Galeno y pagar algunas cosas con la billetera virtual.  Y sin embargo, seguía con esa sensación extraña que me asalta pura y exclusivamente cuando Javier está a punto de llegar. Como si fuera un animal capaz de presentir la lluvia próxima, la nube negra que trae consigo el viento y la tormenta. 

Hoy a la mañana me levanté muy temprano, medité brevemente y me alisté para ir a la oficina. Llegué a la oficina temprano después de un viaje convulsionado (una persona se desmayó en el transporte y fue un momento feo) y encendí mi computadora, la cual no usaba desde el viernes a la tarde, cuando terminó mi horario laboral. A eso le sumé la sincronización de whatsapp y la apertura de la casilla corporativa. 

Una vez que inició el día, y mientras tomaba un café, encontré un mensaje que me habían enviado y yo no había leído. ¿Cuándo? El viernes a la noche, bastante tarde. ¿Y por qué no lo había visto el sábado o el domingo? Porque quien me envió ese mensaje era Javier y yo lo tengo silenciado en whatsapp. Así que sólo hoy lunes, cuando sincronicé los mensajes en mi whatsapp web, me aparecieron los chats pendientes. Y ahí estaban sus mensajes del viernes a la noche, borracho, en una reunión laboral. 

"Me acordé de vos porque estoy discutiendo con clientes libertarios... Por lo menos vos no pensás como ellos. Soy todo odio", decía el texto, que además contenía stickers. 

Mi cara hoy a la mañana, cuando leí ese mensaje discordante, como si nos hubiéramos visto antes de que se fuera para la reunión, fue de perplejidad total. Primero, porque ese mismo día a la noche soñé con él y no dejé de presentirlo todo el fin de semana, de sentir que algo iba a pasar... y tuve la respuesta conmigo en el celular TODO el tiempo. 
Y segundo, porque no entiendo QUÉ (mierda) hace escribiéndome borracho un viernes a la noche diciéndome: "por lo menos vos no pensás como ellos". ¿Cómo se explican estos arranques? Ya hasta me dan cierta desconfianza sobre su propia cordura. ¿Qué le importa lo que yo pienso políticamente, cómo es que aparezco en su mente en esos momentos o contextos que no tienen nada pero nada que ver con su realidad o el espacio donde está?  Creo que jamás podré saberlo. O quizá es que no haya nada para saber en una situación de borrachera donde se le aflojaron las tensiones internas e hizo algo de lo que pareció no arrepentirse, como es escribirme justo a mí, sólo para joder. 

II. 

Le contesté el mensaje con dos días de retraso. No le dije: "te presentía desde el viernes, pelotudo, por fin llegaste, esto es cosa de no creer". Le pedí disculpas por la demora, más por educación que por otra cosa y le pregunté cómo estaba. Hablamos cordialmente, de trabajo, vacaciones y afines. Aprovechó para preguntarme si me voy de vacaciones en pareja. Aproveché y le pregunté lo mismo.  Me dijo que está buscando tomarse una semana para irse con la novia, que no sabe dónde va a ir aún, que no se fijó nada. Le recomendé que se desconecte, lo alenté a que lo hiciera, y le sugerí que fuera a Mendoza en un recorrido por las bodegas. "Javi, vos vas a ser muy feliz ahí, andá". 

Un rato después, pensé: ¿qué le podés decir a una persona que no es feliz y no hace nada para cambiarlo? ¿A alguien que no disfruta de planificar ni siquiera unas vacaciones en pareja? ¿A alguien que me pregunta a mí dónde me gustaría viajar y me dice en broma si nos vamos juntos a Miami? 

Sé que todo es joda, que nada de nada va a pasar, pero también sé lo fuerte que es aquéllo que se esconde detrás de todas las bromas de Javier. 

Una lástima que no disfrute de lo que construyó. 

Yo estoy tratando y me apoyo mucho en el amor que siento por Galeno para sanar y seguir. Al menos, eso supone algo más que quedarme toda la vida deseando cosas que no van a pasar, con alguien que no me quiere, aunque me mande un mensaje un viernes borracho, y me quiera sacudir las entrañas el lunes. 

La sincronía y la falta de sincronía me quedaron clarísimas, hoy.   Mí intuición no falla. 

domingo, 21 de enero de 2024

Fichitas de enero

 Siempre pienso que la experiencia general con Javier me sirvió mucho para valorar, para crecer y para aprender de los errores. Creo que después de muchos años le encontré un final, un sentido cerrado, algo que puedo mirar y decir: "esto era, verdaderamente". 

No considero que esa noche consigo haya sido un acierto, ni por asomo. Más bien, considero que fue una puerta a muchas pero muchas pero muchas cuestiones diferentes. Pero si considero que fue la manera, aunque parezca increíble, para dejar de idealizarlo. Y para que el, a su forma, deje de hacerlo conmigo. 

Fue necesario un quiebre tan fuerte como la intensidad de esa idealización. Y ese día y la noche de ese día, me hizo saber bien quien era Javier, lo que quería, lo que era capaz de hacer por lo que quería, y lo que siempre sentí que tenía pendiente conmigo.  

La verdad es que hasta antes de 2022, yo tenía la imagen de Javier y después de 2022, tengo otra. No tuvo que ver específicamente con haber tenido sexo, sino, con todas las circunstancias anteriores y siguientes. Con todo lo que charlamos. Con las cosas que me dijo. Con como se comportó antes y después. 

Ahora, o en realidad desde hace varios meses, cuando pasó bastante tiempo del asunto, aunque esté todo bien, ambos sabemos que es una convivencia de lo más cuidada. Yo lo puedo saludar muy bien y él lo mismo, pero yo sé a lo que él viene y sé por qué voy. 

Este saber me permite que, en el momento donde el estímulo parece poder conmigo, no pueda. 

Después de un largo camino de errores, sin dudas, creo que jamás tuve tan claro como ahora el tipo de hombre que es Javier. Pero además, tampoco tuve tan claro por qué insistía tanto consigo. Por qué meterme o complicarla tanto, siendo él básicamente un tipo que no merecía ningún esfuerzo. ¿Para qué? Finalmente, terminé sabiendo el para qué. 

II. 

Cuando se mueven partes de vos que toda la vida creíste escritas en piedra, hay dos opciones: o te transformas en otra persona para siempre y esa persona es bastante peor o haces un trabajo interno terrible para volver a encontrarte en el medio de tus errores y darte la chance. 

Yo traté de hacer siempre lo segundo en todo este tiempo. No sé trató del otro, o de lo que el otro hizo, sino que se trató de nunca más volver a repetir el mismo error, no sólo por el hecho en si, sino por las consecuencias. Consecuencias que no solo generan el impacto esperado, sino, que destiñen a la persona que comete esas faltas. Que te llenan de inseguridad, de malestar, que te hacen dudar de vos, de lo que haces, de lo que podes dar, de lo que querés. Son aquellas dudas que uno no debe dejar entrar principalmente por el grado de penetrancia en el alma. 

A mí me llevó un año y medio recuperar el color y es un proceso que no termina, porque implicó hacer un mea culpa y también un trabajo de compasión muy duro siendo tan autocrítica. 

No sé trató de perdonar todo, de decir "yo no hice nada, solo soy buena", sino, de entender que hice, que me equivoqué, que tiré muchos años de dignidad al tacho, que defraudé a esa Veinte del pasado pensando que podría darle algún tipo de consuelo al mismo tiempo que defraudaba a la Veinte del presente, con vínculos positivos, que nada tenían que ver con esa capacidad de destruir todo. 

Javier fue en los últimos diez años alguien importante para mí. Cuando estuvo, y cuando no estuvo, siempre significó. Y cuando reapareció un día de la nada, a confesarse, movió fichas muy profundas en la vida de ese entonces. Yo no volví a ser la misma persona nunca más

Y frente a esa persona que perdi,  creo que elegí hacer algo que sí me representó en mis valores: entender el error que no me representó y resistir para no volver a cometerlo nunca más. Y vaya si resistí. Y por suerte, la negativa tuvo los resultados que esperaba ya desde hace meses. 

Además, tantas promesas -repetidas- e incumplidas tienen su efecto. Que el otro siempre te diga lo mismo lo convierte en una fórmula que carece de valor y eso hace que la idealización también caiga. 

Muchas de las acciones injustificables, las justifiqué diciendo: "ay, es que es él". ¿Y quién es él, finalmente, no? Un boludo más. Un tipo de lo más común y silvestre, que lo único que encontró en mí para hacer efectivos sus mecanismos fue a una persona joven, llena de conflictos internos, que no se dio cuenta lo que él realmente aportaba a su vida. Y que hoy, diez años después de haberlo conocido y con el tipo mirándole las historias y saludando para su cumple, lo entiende. 

Y creo que si lo hubiera sabido como lo sé ahora, en ese momento donde me fui a la mierda, seguramente no lo hubiese hecho. Pero lo hice y curiosamente ese impacto tan fuerte, esa búsqueda, ese flotar en la parte oscura de quién soy, esa culpa, ese arrepentimiento, esa sensación de no merecer nada, me mostró el camino más honesto: el de asumir que me equivoqué y el de no hacerlo nunca más. No hay supuestos en esto. No sé si todas las personas que se equivocan en esto se sienten así, pero la verdad, para mí significó tanto o más que el acto. Y ese tanto o más se trató de mi, de lo que yo quería para mí vida, de mis códigos y de la persona con la que había decidido (más allá de los temas internos de la relación), compartir. 

Creo que una de las cosas que quedaron en 2023, fue Javier como depósito o canal para las veces donde me quiero cagar la vida. Y creo que el desafío para el 2024 es trabajar el autoboicot. 

No puedo sentir ganas de ir a buscarlo, de saber cómo está, de jugar con su fantasía, cuando siento al mismo tiempo que no estoy a gusto con algunas otras cosas. No puede ser esa especie de droga en la que uno cae cuando las cosas van mal. Y mucho menos puede ser el medio que yo encuentro para arruinarme a mí misma y para acallar todo el potencial. 

¿Si no hubiera perdido tiempo dándole veinte vueltas al asunto consigo, dónde podría haber puesto la energía? 

Creo que eso es una gran pista. ¿Si dejara de boicotearme con cosas del pasado y ramas y barro del tiempo, qué podría hacer ahora mismo? ¿Si dejara de pasar una y otra vez por ese lodo, qué otro camino encontraría? 

Da miedo saber que detrás de algo que pesa, cuando uno lo suelta, hay tanto espacio. Bah, al menos a mí me da miedo. Y es obvio que uno se puede autoboicotear una vida entera por tener miedo a que las cosas le salgan mal. 

Mentiría si dijera que en ese último párrafo no se condensan las soluciones o las dificultades de esta etapa de mí vida en un cien por ciento de mí vida. 

¿Quien diría que para estar bien, tengo que dejar de hacer todo lo posible para estar mal? 

Qué fichitas trajo enero, mamita...


viernes, 19 de enero de 2024

El precio de mi piel

 El viernes pasado fui a la dermatóloga después de esperar bastante tiempo el turno. Hace un tiempo vengo atravesando un proceso de inflamación en el rostro que, creía yo, era un periodo más fuerte de rosácea. Como ya he comentado, la rosácea es una enfermedad de la piel que no tiene cura. Desde 2018 donde me la diagnosticaron, me cuido y llevo una rutina muy puntual, lo que me ayuda a tener una piel cómoda (sin picazón, sin ardor, sin dolor, etc)... y mentiría si dijera que eso no me ayudó. 

Pero lo cierto es que paralelamente venía con secuencias de brotes repetidas, irritación en gran medida, pese a usar todos los productos específicos, y fue por eso que me decidí a consultar. 

La dermatóloga que me atendió por Swiss Medical, la verdad es que fue divina. Atenta, comprensiva con el precio de los productos, ofreciendo descuentos y considerando el contexto país. Venció todos los mitos de los médicos de obra social que te despachan y me planteo un paso a paso de distintas formas para que no sea avasallante ese primer careo. 

 En consulta, finalmente, me confirmó algunas noticias que me dieron un panorama del funcionamiento general de mí piel: ahora, además de rosacea, en el rostro tengo acné papulo-pastuloso. En el cuero cabelludo, tengo reacciones asociadas a la piel seborreica que me indicó llevar de una manera y en pliegues de las axilas, venía con infecciones bacterianas, en forma de muy muy dolorosos forúnculos, para lo cual también me recetó un medicamento económico y efectivo. 

¿Qué decir, no? Por un lado, es un bajón ir al médico y que me detecte tantas cosas en la piel. Mi barrera es muy sensible, evidentemente, y los procesos inflamatorios se hermanan. Pero por otro lado, agradezco tanto pero tanto poder tener la posibilidad y las repuestas. Principalmente, porque las manifestaciones de la piel son dolorosas. Y mí piel tiene grados de avance fuerte y rápido en sus procesos. Quizá un día estoy bien y al otro día me levanto con cinco granitos doliendo... 

Al menos, si algo tendría que decir es que recibí una atención muy buena y una orientación muy didáctica para ir pudiendo resolver de a poco los tres frentes. 

II. 

La última vez que nos vimos con Galeno, me pasó algo muy curioso. El día que llegué al hotel a quedarme con él, mí piel lucía bien.  Al otro día, sin embargo, me levanté toda enrojecida y en pleno brote.  En el momento, recuerdo que le mostré. 

- Mira - me señalé las mejillas - yo no estaba así ayer... Me puse re colorada acá y acá. 

Se acercó y me examinó. 

- No, no estabas así. Estás muy colorada, es cierto. ¿Te pusiste tus cremitas, mmmh? - me preguntó. 

- Si. Me hice todo. 

- Estrés no es... - sonrió - pero algo te puso así... 

Me reí. 

- Es imposible que sea estrés - musité en broma - Voy a consultar con el dermatólogo porque vengo con la piel súper reactiva. 

- Si. Ponete protector solar - añadió - y déjame que te saco el estrés... 

Nos reímos. 

- Por favor, ¿nos sacamos la ropa mejor cuando volvamos de cenar? 

- Por supuesto - contestó. 

III. 

Cuando salí de la consulta con la dermatóloga, el viernes pasado, justo estaba hablando con Galeno. Le conté todo lo que me recetó y él fue entiendiendo para qué tantas cosas según su función concreta en la piel. 

 Las incorporaciones son: un nuevo jabón para el rostro, dejando de lado el que usaba; una crema de La Roche Posay para la rosácea, un protector solar específico de La Roche Posay (parecido al que uso, de la misma marca); un antiparasitario facial importado y antibióticos para el acné papulo-pastuloso. 

Hay cosas que, por suerte, ya tenía. Otras que tuve que comprar. La más cara, una crema que me salió (con el descuento de la prepaga, del 40%): $42.000.  Es decir, mucho para un sueldo promedio en Argentina hoy en día. 

Al margen de eso, quedamos en vernos con la dermatóloga dentro de dos meses. Si todo sale bien, me quitaría el antibiótico. Yo por mí lado quedé además en ir con una especialista en tricologia, estudio del cuero cabelludo, para que me ayude con la piel seborreica y pueda analizar si necesito algo más dado que todo lo que probé hasta ahora no me ha hecho frenar ese proceso.  También, estoy tratando de encontrar espacios en la agenda para aislarme y frenar el estrés porque creo que eso puede ayudar. 

 Pese a que esté fue un gasto muy elevado, más de lo que esperaba, y me cayó un poco mal en el momento, ya más tranquila entiendo que es necesario invertir dinero en estas cosas porque en lo cotidiano me restan calidad de vida. El dolor, la picazón, la falta de elasticidad, los dolores por los forúnculos o la descamacion del cuero cabelludo no pueden ser situaciones normales para mi. No merezco pasar por esto, nadie lo merece, y es momento de redoblar esfuerzos, inclusive, desde el punto de vista de los recursos económicos. 

Lo positivo es que, ya a esta altura, si fuera por estética no me importa nada y me gasto ese dinero en un paseo, ese es un logro que he adquirido con el tiempo y con la sabiduría sobre lo importante. Pero siendo que es por salud, debo tomar la responsabilidad. Y eso también es algo que hoy entiendo como algo necesario porque es una decisión que nadie más va a tomar por mí siendo adulta. 

IV. 

Así que, por lo pronto, aquí estoy. Llevando la situación con una mezcla de gratitud y otras yerbas. Hoy en día el precio de mí piel es bastante alto la verdad, pero al mismo tiempo confío en que todo es para estar mejor. Agradezco que puedo destinar los frutos de mí trabajo para lo que necesito, trato de abrazar esa circunstancia con amor y con fe de que siempre tendré todo lo que necesite para sanar. 

Y mientras pienso eso, acepto que quizá la piel ahora se sienta mejor y yo pueda estar más cómoda con ella o en ella. Y me digo que haré todo lo posible para seguir cuidando de mí. 

PD: el antibiótico viene en cápsulas que parecen las píldoras de juguete. Soy solo una chica escribiendo en un blog, sí. 




jueves, 18 de enero de 2024

Cena romántica y despertar en las nubes

 - ¿Vamos a comer una hamburguesa está noche? ¿Querés? 

Estábamos en la cama, haciendo fiaca, después de haber salido a almorzar, de haber dormido la siesta y de haber hecho el amor. 

- ¿A Mac? - lo miré, riéndome. 

- Sí. ¿Qué te parece? 

Galeno es un tipo juicioso con su alimentación. Come muy bien, balanceado, saludable y se da sus gustitos. Por lo general esos gustitos se reducen a: el asado con sus amigos del fútbol, un buen vino, una infinita cantidad de quesos y un fernetcito como su patria lo demanda. No es un hombre que consume porquerías todo el tiempo y las hamburguesas no son su menú preferido... Pero, a mí me encantan las hamburguesas de Mac (el Big Mac). Y él lo sabe. 

-Siiii - contesté, riéndome - Claro que quiero. Pero te quiero invitar yo. 

- Nah. 

- Si. Dale. Dejame que te invite. ¿Te vas a pedir una hamburguesa? No lo puedo creer - lo burlé. 

- Una ensalada. 

- Y te podes pedir papitas... 

- No sé. Allá vemos. ¿Vos vas a pedirte tu Big Mac, mhm? - me preguntó. 

Sonreí. 

- Re sí. 

Lo miré de reojo. Galeno me hace sentir, a menudo, que ser como soy es muy fácil. Quiero decir con esto que no hace que me sienta difícil de querer, porque más de una vez lo encontré muy feliz de complacerme.  En cosas simples. En cosas más concretas. Y también en cuestiones gastronómicas muy básicas como acercarse a un Mac. 

Galeno entró conmigo al Mac un rato después. Ya era bastante tarde porque nos habíamos colgado charlando de la vida, en esas charlas profundas que no interrumpiria ni siquiera por un Big Mac, y no había demasiada gente. 

Lo ayudé a elegir la hamburguesa porque no encontró ensalada. Me dejó invitarlo para ponerle la frutilla del postre a ese momento y pidió su menú con agua mineral, obvio, porque no toma Coca-Cola a menos que esté acompañada de Fernet (y si va con Fernet, tiene que ser Coca-Cola y en eso si que no hay que meterse porque...).  Comimos casi solos, en la calma del local, y tuvimos una charla bastante más profunda de lo que esperábamos, en relación a otros tópicos, como nuestro vínculo, la relación que nos une, la sexualidad que construimos, etc. 

Mientras comía, él sonrió al ver mí cara de feliz cumpleaños con el Big Mac. Yo le sonreí porque me gustó compartir ese momento consigo. Supe que más allá de la comida, todo eso, era también un gesto de cariño.  

Galeno es el típico hombre de casi 55 años que prioriza la comida de calidad, los lugares lindos y que no mataría por un Big Mac. Pero su lenguaje de amor ganó esa noche y se tradujo en comernos juntos una hamburguesa solo porque me gusta. 

Cuando llegamos al hotel de nuevo, nos acostamos, me hizo caricias hasta que me relajé y me dio un beso en el hombro antes de darse vuelta para dormir. 

- Chau, aliencita. Me voy a dormir. 

- Dale, descansa, hasta mañana- le dije y lo acaricié para alentarlo. 

Rápidamente, me acomodé para dormir. 

- Mañana te despierto... - musitó. 

Me reí en la oscuridad. 

II. 

Lo primero que sentí cuando abrí los ojos algunas horas después fue la presencia de Galeno a mí lado. Sin tocarme. Me moví muy despacito para no despertarlo y me ubique en tiempo y espacio. Eran las siete y media de la mañana. Podíamos seguir durmiendo algún tiempo más. Eso hice. Lo siguiente que sentí, y que me sacó del medio sueño, fueron las caricias de Galeno y su "buenos días" con tonada, con besos en la espalda y abrazos. 

¿Así quien no se querría despertar? 

domingo, 14 de enero de 2024

La voluntad como motor de la vida

 Siempre fui una persona que tuvo noción del poder de la voluntad. Primero, por los temas de salud que me acompañaron desde que nací y después, además, por las cuestiones que hacen a la vida de cualquier persona. 

De chica, la voluntad radicó en cumplir con una agenda apretada de colegio y actividades extras que hacían parte de mí tratamiento de salud. Nadaba, jugaba al tenis, hacía sesiones de Kinesiología y llegué a tomar clases de danza clásica por casi dos años. Obviamente, esa voluntad se sostuvo con el apoyo de mí familia y con una clara noción de disciplina. Era buena estudiante, aunque me costaban algunas materias, y llevaba la escuela adelante lo mejor que podía. 

No se trató nunca de ser la mejor en algo, sino, de hacer lo mejor por mí. Y eso es algo que hasta el día de hoy me acompaña, cada vez tomando más fuerza. Dar lo mejor de mí, no implica llegar primero o hacer las cosas como la sociedad me lo demandaría. No implica apurarme por los tiempos sociales. Dar lo mejor de mí es algo muy muy muy importante a nivel personal e íntimo: construir una vida que pensé nunca poder vivir. 

Ya hablaré más sobre esto... 

II. 

Con los años, me fueron costando algunos aspectos. Empecé a entender que tanto para lo personal como para el desarrollo general de mí proceso físico para una buena salud, tuve mis propios tiempos. Unos tiempos que en nada tenían que ver con el ritmo normal de todos los demás. Mientras muchos de los chicos y chicas de mí generación pensaban que iban a ponerse para ir al boliche, a mí me preocupaba que el médico me diera el alta o me autorizara hacer cosas nuevas. 

La vida me enseñó mucho de paciencia. De perseverancia. De voluntad y de lucha. Mucho pero mucho. Cosas como tomarme un colectivo, las esperé años. Cosas como poder usar unos zapatos que me gusten, también. Cosas como poder fijarme en alguien sin sentirme poco, también. 

Y ahora, cuando estoy viviendo los primeros días con 29 años, pienso que la voluntad que hoy me pido a mí misma no se trata de seguir viviendo con la espasticidad, porque con ella vivo hasta el día en que me muera, sino, que tiene mucho más que ver con con instrumentar y construir una vida que me haga sentido desde lo propio y lo profundo. 

La voluntad para mí no es ya hacer muchas actividades deportivas e ir al colegio y no tener tiempo nada nada. Es más bien, tomar decisiones complejas de sostener para vivir una vida mejor. Es tomar esa voluntad y esa disciplina para proyectarla en todos los aspectos de la vida donde la necesite realmente. 

Nadie sabe cuánto me mueve esto. Con nadie lo hablé más que en terapia, porque es un tema que me atraviesa completamente. Pero es un tema que me conecta con mí propio sitio. 

En esta etapa de voluntad sobre el futuro, hay un obstáculo siempre a vencer, en cada decisión que tomo: la increíble sensación de que también te pueden pasar cosas buenas en una vida que no proyectaron para vos. 

Cuando un médico te dice alrededor de los ocho años que quizá con mucho esfuerzo algún día puedas caminar mejor, que quizá puedas hacer algún tipo de vida normal, pero al mismo tiempo no tenes buenos pronósticos... El futuro tiene más el color de los sueños. Y también, el costado de las pesadillas.

Una vida mejor o diferente se parece más a una cosa incierta que a un continuado de escenarios para vivir. 

Y por momentos siento que recién ahora con 29 estoy empezando a descubrir matices de la vida que tienen que ver con la felicidad de decir: "tengo una vida, al final, si voy pudiendo". 

III. 

Más de una vez, en estos años y especialmente en 2023, me di cuenta que en los momentos de mí infancia o primera juventud donde debía haber estado haciendo algo, en realidad, tenía otros imperativos. Otras eran las urgencias.  Y justamente eso hizo que me empiece a preguntar y a preocupar y a ocupar de trabajar muchos temas que no iban solamente en mejorar la salud física. Pero también me di cuenta que me veía y me sentía como un diagnóstico, no como una persona con una posibilidad. 

Estos años tocó ir sanando y ordenando. Ir por fuera de una vida que tenías que vivir, como parecía ser lo único que te iba a tocar, da miedo. Pero son miedos que al final dan lugar a la libertad

Está etapa de mí vida básicamente empieza a tratarse de eso. De construir, con muchas cosas ya sanadas del pasado, una vida que me guste. ¿Y si es fácil? Por momentos, no. Por momentos se me complica como a muchas personas. Pero por otros, siento que tengo mucha suerte y que siempre la voy a tener, que siempre va a estar todo bien, porque evidentemente después de luchar tanto, en algún momento todo este recorrido se va a ir adecuando. 

Y veo eso, justamenteYo lo vivo, la verdad, vivo y siento que por fin se va adecuando. Siempre que estoy angustiada por las exigencias sociales, o que me enojo por los comentarios de las boludas de mis hermanas (que cuestionan todo lo que hago y todo lo que me falta, cuando no se sabe en realidad a quien le falta algo), pienso: ¿qué pensaría de esto la chica del pasado?

Y me doy cuenta que para mí cada cosa que puedo hacer es un montón. Vale un montón por sentirlo como un progreso más, como un logro más. Es como si le sacara la lengua a la vida que me tenía que tocar y pudiera burlar por un rato a la incertidumbre. Es también el motor para agradecer. Es seguir sanando a través de otras conquistas. 

Mi reacción cuando me pasan cosas lindas es sorprendente porque me acuerdo de la cantidad de cosas que yo pensé que no me iban a pasar jamás y pienso incluso que me pasó mucho más que a mucha gente que tenía todo servido para hacerlo... Y llego a una conclusión: pude hacer mucho más de mí vida que todo lo que pasé y eso es hermoso. Y además, tengo mucho más para hacer. 

Uno de mis lemas favoritos de este último año, y que creo mantendré en mis 29, fue: ¿qué se puede hacer a pesar de mis circunstancias?" y me sorprende lo mucho que aprendí bajo esa clave. 

Fue como encontrarle palabras a algo que toda mí vida había practicado sin saber cómo llamarlo. Si, hacer más allá de las circunstancias lo mejor que pueda. 

Para mí, no es urgente mudarme sola, tener una pareja formal, formar una familia, tener hijos, tener una carrera terminada y tener otra. Para mí, lo más importante, está y es la posibilidad de vivir la vida que dijeron que quizá no vivías. Y seguramente a eso se le sumarán las cosas más mundanas, que se le piden a todo el mundo. 

Quizá por eso siento que tengo tiempo para hacer todo o que todo llega. Porque no corro carreras con los demás. Porque siempre pienso qué diría la niña del pasado sobre la vida de ahora. Y sé que aunque falte mucho, estaría contenta. 

Pero, hay algo más por admitir: creo que la niña del pasado tiene que darle permiso a la adulta del presente para que siga adelante con etapas nuevas de su vida. Tiene que finalmente descansar y dejar que la adulta de hoy haga nuevas búsquedas. 

Quizá, ahora que puede ocuparse de lo que le corresponde ocuparse, y no tiene que estar buscando el logro dentro de un tratamiento, tenga energía para repartirle a otros sueños. 

En una de esas, se cumplen todos, y ahí si que me saco la grande

Habré vivido al máximo.



sábado, 13 de enero de 2024

Así me di cuenta

 En 2019, cuando empezamos a hablar con Galeno, yo no tenía fe en el amor. Tampoco me interesaba el concepto de fe como tal porque había adoptado con los años una postura totalmente cerebral al respecto. No creia, sencillamente, porque para mí no había nada en qué creer. 

A los 24 años, lo que hacía era hablar con algunas personas aleatoriamente. Ningún chico o grande me interesaba de verdad y lo cierto es que tenía tres o cuatro pretendientes que hubieran aceptado tener una cita conmigo, aunque yo no quería. 

Cuando empecé a hablar con Galeno, una tarde de agosto de casualidad, no me imaginé nada de lo que iba a significar en mi vida. Nunca. Jamás. Y mucho menos, en esa situacion. 

Galeno me había mandando la solicitud de amistad en instagram unos días antes de ese atardecer que lo cambiaría todo. Yo había tardado en aceptarlo porque estaba trabajando pero luego de ver su perfil, y de pensar que era una cuenta cultural, le había abierto la puerta al amor más sano que conocí hasta ahora y no me había enterado. 

Galeno y yo hablamos la tarde del siete de agosto de 2019. Yo no creía en ningún hombre, pero eso no lo consideraba algo malo, más bien, no me interesan. No me interesaba tener una relación. Los tipos me hablaban siempre de lo mismo y sentía que con ninguno de ellos me podía abrir de verdad, porque lejos estaban de comprenderme. Y no sufría, claro, pero tampoco me mostraba. 

Curiosamente, esa persona que yo era y que no se exponía jamás, con Galeno si se animó. Si, me animé a mandarle un mensaje privado para preguntarle por un libro de Cortázar que subió y que yo estaba buscando.  Fue tan técnica mí pregunta, y destinada al dueño de una cuenta de literatura, arquitectura y fotografía, que creía imposible interesarme por el hombre detrás. Por eso, no me dio miedo atreverme. Total, pensé, lo recuerdo, yo no lo vería jamás. 

II. 

Galeno contestó el mensaje esa tarde de agosto de 2019. Intercambiamos algunas recomendaciones y eso derivo en una charla, la que recordamos hoy, como la charla que nos unió. Que nos conectó pese a la distancia, de una forma ineludible. 

Un mes después, hablábamos todos los días. Horas. Nos contábamos nuestras cosas, la propia rutina y lo que nos inquietaba.  Aunque tampoco ahí me daba cuenta de lo que estaba pasando. 

Me di cuenta solamente cuando Galeno me ofreció viajar a Buenos Aires para conocernos y yo, en lo que fue un colapso emocional, le dije que no. 

Por miedo. 

Por primera vez en años después de la historia con Javier, alguien me interesaba lo suficiente para sentir miedo y no indiferencia. Y sin embargo, yo sentía que tenía que salir corriendo. 

Pero... No podía. 

III. 

Luego de que le dije a Galeno en septiembre de 2019, un mes después del primer chat, que yo no estaba lista para conocerlo, el me dijo que si yo quería podíamos seguir hablando. Porque le hacía bien, porque le gustaba y porque no tenía obligación de conocernos pero la charla le parecía genial. 

Yo en ese momento pensé que me estaba mintiendo. La verdad es que conocía muchas mentiras pero no conocía esa clase de mentiras, y preferí protegerme con la desconfianza. Pero Galeno, no falló. Siguió escribiéndome de cosas sencillas, contándome sus rutinas, sobre sus pacientes, y yo también seguí contándole mí vida, mí trabajo de entonces y los tiempos de la facultad. 

Y eso hizo que pudiera. 

IV 

Pero ¿cómo me di cuenta que iba a tener que dar ese paso de cualquier forma? El día dónde no me pude ir. 

El día dónde Galeno me dijo que el entendía que quizá él solo había sido un móvil de cosas que yo necesitaba ver en mí vida. El día dónde Galeno me dijo que todo se sostenía en la idea de que el estuviera lejos porque de otra manera no iba a dejar que se me acercara. Y yo le dije que no. 

- Hay algo fundamental, pero realmente fundamental que no estás viendo... No es como lo decís. 

- ¿Qué cosa? - me preguntó. 

- Yo a todos le hago lo mismo y no me pasa nada con esa decisión. Pero yo no me quiero ir, con vos. No me sale irme. 

- No te vayas. No salgas corriendo - me dijo. 

Y eso fue lo que definió todo. 

V. 

Más de cuatro años después, como la última vez que lo vi, pensaba que si hubo algo que me hizo dar cuenta que me había enganchado con él, había sido ese detalle. El no ser como con el resto. 

Hoy en día, con Galeno, recordamos a la joven de 24 años que no le creía y al hombre de 50 años que tomó como un loquito la decisión de tomarse un vuelo a ciegas a otra provincia para conocerla... Y nos reímos. Pero a la vez, agradecemos la osadía de esas cosas que hicimos en el pasado. 

Yo cumplí esta semana 29 años. Él cumplirá en algunos meses 55 años. Y cuando pensamos en todo lo que vivimos en estos años, nos parece mentira que una chica que no creía en ningún hombre y un hombre que se aburría de las mujeres porque todas le decían lo mismo, sean hoy quienes somos nosotros para el otro. 



miércoles, 10 de enero de 2024

29

El lunes cumplí 29 años. Lo festejé trabajando en la multinacional, cumpliendo a la vez un mes más allí dentro. 

Nunca antes había trabajado durante un cumpleaños pero debo decir que me gustó. Yo no disfruto ser el centro de atención en los cumpleaños, aunque agradezco los detalles y el amor, y el hecho de trabajar me ayudó a que sea un día sin la rutina de un cumpleaños al menos como lo festejaba hasta ahora. 

A la mañana temprano me saludaron mis padres y mi gatito. En la oficina mandan siempre un correo institucional con una placa, así que me saludaron mis compañeros de Finanzas y otras personas por el chat interno. Para todos ellos, pedí facturas en concepto de "comamos algo rico en ocasión de mi nacimiento o la excusa que sea", y la verdad es que el día transcurrió con calma. 

En concreto, durante la mayoría del día, trabajé bastante, mandé mails, me divertí todo lo que pude y trate de vivir una experiencia distinta de una fecha que no disfruto. Históricamente el hecho de cumplir años a cualquiera lo pone reflexivo pero en mí caso me toca fibras asociadas a la manera en que llegué al mundo, a la forma en que casi me muero, al modo de vida con tanto dolor solapado durante muchos muchos años. Y eso me pone bastante triste. 

Esto es algo que llevo muchos años trabajando en terapia y en lo que considero que avancé un montón. Yo antes quería llorar en todos mis cumpleaños y me ponía súper sensible a todo. Pero ahora, más allá de la angustia, le pongo mucha predisposición para intentar entender qué necesito hacer en ese día, cómo necesito manejar esa fecha, para sentirme mejor. Y para, en definitiva, poder celebrar. Este año pude agradecer tener salud, trabajo y cariño. 

El modo ideal de pasar ese día, no es algo que tengo súper claro hoy por hoy, porque a medida que pasa el tiempo voy explorando el tópico sin tanto resquemor, pero sí es algo que me debo descubrir para que los próximos años sean realmente festivos. O por lo menos, que yo los sienta como un día de celebración y no como un día de incomodidad. Estoy trabajando en eso, evaluando si me siento bien, y eligiendo con qué quedarme y me parece un trabajo que vale la pena. 

En el ámbito personal, Galeno fue la primera persona que me saludó cuando dieron las doce. Después le siguió mi papá. Después, una de mis hermanas y así.  La verdad es que me dan bastante pudor los saludos pero trato de agradecer de corazón ese minuto de tiempo tomado en saludar. 

 También, Javier me saludó. Pensé que no lo iba a hacer, pero lo hizo. Obviamente, me dijo lo mismo que me dice siempre y hago bien en desestimar: que cuando nos veamos me va a regalar otro vino o un champagne, lo que yo quiera, por mí cumpleaños.  ¿Cuando nos veamos, dice? Sí. Y yo pienso, con sorna y aburrimiento: ¿sabes las cosas que pueden pasar hasta que vos y yo nos crucemos y se sincronicen los planetas, boludo?"

Quitando esto del medio, la charla realmente fue muy conservadora y eso es lo importante. No me quiero poner a pensar por qué dice tantas cosas que no cumple, porque lo cierto es que la única que pierdo si le creo soy yo.  Considero que quiere estar presente, con prudencia, de una manera cobarde pero además penosa, y que las ocasiones como los cumpleaños se lo permiten sin tengo riesgo. También considero que no me miente a mí cuando me dice que va a hacer algo y no lo hace, ni tampoco me frustra a mí cuando deja todo en promesas; más bien parece como si las promesas fueran para un costado de si mismo que le tira señales.   De otra manera no tiene mucho sentido prometerle a una persona siempre lo mismo, porque la persona se da cuenta y sabe que le está mintiendo y no le da más importancia a sus palabras. Es más bien diría yo un tema de discusiones internas. 

Todos tenemos discusiones internas. Las mías son con la fecha. Durante muchos años dije que era un día horrible y que siempre lo iba a ser. Quizá la adultez, la independencia, la capacidad de hacer otra cosa mejor con mí vida y mí historia, terminen premiándome con un cambio de paradigma. 

Así las cosas que más allá del calendario, a partir de ahora, tengo 29. 

Veremos qué me traen los últimos veinti y algo. 




martes, 2 de enero de 2024

El placer como búsqueda constante

- Vos me ayudas mucho a disfrutar sin que tenga que pensarlo, es un logro en lo personal. Seguramente te lo habré dicho. Yo no sé disfrutar automáticamente. Me cuesta hacerlo, y como quiero mejorar, tengo que pensar en disfrutar las cosas y es como si me tuviera que dar permisos. La verdad es que no he tenido la mejor educación en ese sentido de chica y ahora que soy grande voy siempre pensando que tengo el permiso para disfrutar como ejercicio diario- le expliqué a Galeno - pero... con vos no me pasa eso. Disfruto, nomás. Sos la única persona con la que no me siento diferente. 

- ¿En serio? - me preguntó. 

- Si. Sumado a que vos siempre me transmitis calma... Es otra cosa.  

- Eso lo sé, sí. Me lo dijiste - me marcó. 

Y era cierto: mil veces le dije a Galeno que cuando lo tengo cerca me transmite paz. Desde que lo vi por primera vez me pasa eso y aunque pasemos mucho tiempo sin vernos, lo vuelvo a ver, y esa calma vuelve a construirse. 

En un acto de sinceridad, le expliqué: 

-  En el trabajo, con mí familia, en la facultad, no me siento cómoda del todo... Todo es darme el permiso de disfrutar y pensarlo, ponerle cabeza. Pero con vos... es diferente. 

- Te salteas pasos conmigo - comentó. 

- Si. Disfruto sin pensarlo. Me sale solo. Y vos además sos muy tranquilo, entonces evidentemente me relajo, no me siento diferente y creo que por eso disfruto de verdad. 

- Es una gran cosa eso - me dijo - Es un logro. 

- ¿Nunca te lo dije? Yo creía que lo sabías... Después de tantos años, ya... 

- No, nunca con esas palabras... - anunció. 

¿Será que Galeno se dio cuenta ahora de que yo, a mi manera, silenciosa quizá, lo quiero? 

En años que nos conocemos creo que le dije que lo quería muy pocas veces. Básicamente porque tengo un defecto: no sé querer por la mitad a las personas. Si te quiero, te quiero y quiero estar ahí para vos y acompañarte y apoyarte. Y si no te quiero, aunque jamás te haría daño, se nota mucho la diferencia. 

Espero que Galeno haya percibido el cariño detrás de mis palabras. Creo que en términos de como yo expreso los sentimientos, esto es una declaración enorme. 

¿Cómo me doy cuenta que me quiere? Si bien me lo ha dicho más, todavía sigo viendo un revestimiento de ternura en sus ojos. Y entre más lo conozco, y entre más me conozco, me doy cuenta que la gente querida es la excepción a todas las formas en las que habitualmente pasamos por el mundo.