domingo, 28 de enero de 2024
La vida es buena conmigo
sábado, 27 de enero de 2024
La promesa de un mañana
jueves, 25 de enero de 2024
Hoy me acordé de vos...
1.
Hoy me acordé de vos, me decía Javier, como si hubiese estado la noche anterior conmigo. Me lo decía el viernes a la noche y yo lo leía el lunes a la mañana en la oficina. Esa expresión de pensé en vos, me acordé, te viniste a mí cabeza, me transporta a las épocas donde todo el día estaba pensando en él y me genera una pequeña turbulencia. ¿Qué hace Javier asociando las cosas más disímiles conmigo, un viernes a la noche, en un bar, un tanto ebrio con gente de Comercio Exterior?
En el mensaje del mismo viernes explica que está reunido y bastante borracho con empleados de sus clientes y con sus clientes más cercanos. Ellos tienen distinta ideología política a la que tiene él (y yo, porque es de lo poco que compartimos), y entonces añade: "por lo menos vos no pensas como tus jefes".
¿Qué decirle el lunes a la mañana? ¿Qué decirle sobre esa asociación que nada que ver? Uno hace cosas re estúpidas para justificarse cuando quiere acercarse a alguien y lo digo porque he sido la persona más obvia consigo en su momento... Pero prefiero no marcar más el terreno que viene tan ordenado y limpito.
II.
También, prefiero no hacerme muchas preguntas. Le contesto bien, cordial, y trato de bajarlo a tierra. Javier tiene una composición de humor y de futurología muy dañina en cuanto a nosotros: hace bromas bastante ácidas en relación a la historia en común que nos causan gracia pero que dan un poco de choque y, por otro ladox hace futurología sobre lo que puede pasar con nosotros si algún día volvemos a encontrarnos.
A mí del otro lado no me llama la atención esa oportunidad del futuro porque se que no es real. Tampoco le creo sus bromas. Tampoco quiero estar consigo sexualmente para que después se someta a la culpa y empiece con la rosca y con que yo y con que vos... No, no quiero. Me he cansado de eso y el melodrama es una licencia que ya no tiene. Se la gastó.
Solamente, y entonces, le cuento la verdad en mí vida. Es decir, que vuelvo a estar en pareja; que estoy trabajando, que Galeno es un hombre bueno conmigo. Y nada más. ¿Qué le voy a decir?
Cuando hace referencia a que con Galeno tuvimos varias idas y vueltas (habló el consolidado, ojo), yo le expliqué que mí pareja y yo habíamos ido cambiando. Y le dije algo muy claro: que una de las cosas a superar entre nosotros había sido el fantasma de la diferencia de edad, es decir, le toqué el tema con el que siempre me anda persiguiendo.
Le comenté que la diferencia de edad como un conflicto era algo que no se había hecho presente en etapas anteriores de la relación, pero que si se hacía presente hoy en día y que consideraba que Galeno había trabajado su confianza y la confianza en mí, porque de otra manera consideraba que no hubiera podido sobreponerse siendo que nos seguimos llevando los 26 años de siempre.
Javier me dijo que definitivamente me gustaban los viejos, burlón y me hizo reír. Si algo tiene todavía de positivo, es que el tipo será lo que será pero sabe escuchar e intervenir con justicia. Inclusive, cuando le cuento de Galeno, de la misma manera que yo supe escucharlo cuando él me habló de ella. Es decir, de un tema que no pensamos hablar entre nosotros jamás.
2.
En una parte de la charla, y en relación a la reconstrucción que hicimos con Galeno, le expliqué que para mí el discurso de "soy viejo para vos, no te convengo" no era un motivo válido para no tener una relación o para romper una relación como la que yo tenía con Galeno y que hablando del tema y asumiendo nuestras inseguridades, lo habíamos podido volver a intentar. No le dije a Javier que yo a Galeno lo quiero y que por eso le di otra oportunidad, pero consideré que no hacía falta demostrar lo obvio de la existencia.
Javier me preguntó, entonces, cuál hubiera sido un motivo válido, según mi pinto de vista, que no fuera la diferencia de edad, para aceptar lo que me había dicho Galeno en ese momento.
Y yo no le contesté esa pregunta.
3.
Cómo me dijo cuando nos reunimos en 2022, Javier consideró en su momento que me estaba protegiendo con esa decisión que tomo, que no me podía ofrecer nada, que no tenía el mejor amor para darme como yo me lo merecía y que por eso se corría. Seguramente, vio una sombra de esto en el argumento de Galeno tal como yo vi una sombra de aquello en la justificación de Galeno cuando me lo planteó.
En ese sentido, es curiosa la pregunta y no sé a qué duda responde en realidad. Si bien la charla siguió, nos reímos mucho, y todo se dio cordialmente, con esa pregunta sentí algo de incomodidad. Me pareció que no era una pregunta que estaba haciéndome como confidente o amigo o lo que sea, sino, una pregunta que tenía más que ver con lo que él hizo y con lo que yo le dije hace diez años. Con como lo había resuelto con una persona que no era él y como estaba viviendo este presente. Es decir, lo inverso a lo que pasó con él, que eligió otro camino.
En algo no he cambiado, eso es seguro, aunque no se lo diga a él.
Ni al Javier del pasado, ni a Galeno, en el presente, los dejaría o hubiese dejado por "viejos". La edad no me afectaba hace diez años y no me afectaría hoy al momento de querer a otro. En ninguno de los dos casos me pareció un motivo válido la diferencia de edad. Y tampoco me pareció un motivo válido el "lo hice para protegerte" de Javier en 2014.
La única diferencia con Galeno es que Galeno entendió, separación mediante, que yo no me estoy perdiendo nada del mundo por estar consigo. Y que quiero estar consigo. Y que si él no se banca estar conmigo, eso no tiene nada que ver con la edad pero si con su seguridad y su deseo.
Lo lindo de esta otra historia es que Galeno si se lo banca, que reflexionó y que confió en si mismo para dejarse querer y con eso permite que uno lo pueda querer más allá del tiempo que dure. Y eso es algo que Javier nunca pudo hacer y que ya no tiene sentido que intente. Principalmente, porque no le interesa de verdad.
Por eso, con Galeno estamos. Sin saber cuánto más va a durar, pero sí sabiendo que seguimos con el otro porque queremos, no porque nos ata.
Quizá si Javier hubiera entendido hace diez años este concepto, yo estaría con él, claro. O quizá no.
Por momentos pienso que jamás me aceptó del todo, ni a mí, ni a mí juventud como característica inevitable, ni a mí manera de ser. Él me dice ahora que soy hermosa, que soy buena con él, que por momentos me iría a buscar a mí casa y que por otros momentos sabe que se tiene que alejar de mi. Que lo desespero.
Y yo pienso ¿por qué acordarte de una persona que te desespera si vos elegiste construir tu vida con otra?
Es mejor vivir en paz. Apoyarse en lo que uno eligió. Seguir. No hay más que hacer cuando sos un cobarde y tampoco cuando ya lo hiciste todo, como hice yo.
Solo enfocarse en lo que sí es y dejar de sufrir gratis.
martes, 23 de enero de 2024
Diario de una Multi: Tirana
I.
Hoy fue un día muy intenso. Intenso en el trabajo. Intenso en el alrededor. Intenso en el aire. Lleno de ansiedad, molestia, enojo, incertidumbre. Son días así, a veces, donde no puedo gestionar bien qué onda la vida. Días donde el estrés del trabajo se combina con la frustración y me siento una idiota. Donde los comentarios me pegan. Donde las inseguridades me torturan. Donde me arrinconan los miedos y los juicios y no me perdono hacer las cosas mal.
Creo que la parte negativa que le encuentro a mi trabajo en la multinacional es que -como dicen ahora- alteró la química de mi cerebro en mil aspectos. Pasé y sigo pasando todos los días por una permanente transformación que nunca me deja asentar los pies en la tierra. Que siempre me sorprende con algo que me hace sentir una estúpida, o con un error que cometí porque soy humana y nueva y me deja sin palabras para poder demostrar que pese a ese error pelotudo laburo un montón y le pongo un montón.
Este, un ámbito laboral de mucha exigencia. Hay muy buenos beneficios, pero cada una de esas experiencias de privilegio, como yo las llamo en mí fuero interno, hacen que del otro lado todo el tiempo tengas que dar lo mejor. Y no siempre, en estos seis meses que llevo allí, pude hacerlo.
Al mes y medio, me cambiaron de jefe. Apenas estaba adaptándome a la mitad de los procesos que llegó mi actual jefa, una persona con un carácter podrido, que un día está bien y al otro más o menos. Que me demanda un nivel de excelencia que a mí me está costando meses conseguir.
Son tantas cosas por momentos que me abruma. Pero por otro lado, es tan desafiante que lo hace una causa para mi. Es todo lo que yo quería de la experiencia corporativa iniciar un proceso de profesionalización. Lo he escrito por aquí. Lo he deseado muy fuerte. Y aquí estoy, muy insegura por momentos, no pudiendo verme nada bueno y sintiéndome mal por no poder ver lo que sí hago bien.
II.
La exigencia de estos contextos se une directamente con dos puntos sensibles para mí: la autoexigencia históricamente manifiesta, que trabajé en el estudio pero que nunca me había atacado tan fuerte como ahora en el trabajo... Y, por otro lado, con la noción de los merecimientos.
Yo siento, básicamente, que si me equivoco no merezco mi trabajo. Que si hago las cosas mal, no lo merezco. Que si me olvido de algo por estar abrumada, no lo merezco. Que si me pongo nerviosa cuando tengo que resolver algo que me piden y no sé cómo hacer sola, y no le puedo pedir ayuda a mí jefa porque no tiene buena disposición, no merezco esto.
No pienso en todo lo que sí merezco y obviamente si yo no logro pensarlo no puedo esperar que el contexto de exigencia de la multinacional me lo recuerde. A nadie le va a importar lo que yo crea que merezco profesionalmente más que a mí. Soy yo la que tiene que tenerlo en claro, firme más allá de las dificultades, para poder perseguir ese objetivo y conquistarlo. Soy yo la que tiene que tener la mente en fría, y autorregularse, para poder trabajar en la multinacional y terminar de estudiar, por ejemplo. Para poder trabajar en la multinacional y no estar pensando todo el tiempo que me ven como a una goma que hace las cosas mal.
Más allá de que no me ha tocado una buena jefa, porque en relación al jefe que tenía, está piba ni idea, noto que me afectan mucho las críticas de su parte. Mucho. Que si me marca algo que hice mal en el laburo, porque es mí jefa y porque puede pasar, yo me pongo muy mal. Me martirizo pensando como pude haberme equivocado en eso, me quejo de mí misma, me repito que soy una tonta.
¿Y qué me pasa?
Me siento mal conmigo misma. Mis niveles de autoconfianza bajan en picada. El estrés me carcome. Me cuesta comunicarme asertivamente por momentos y claro, el error pasa a ser representativo de toda una vida y no algo del momento. No miro lo que hago bien, sino, solo lo que hago mal y desde ese lugar juzgo mis comportamientos a veces inexpertos como propios de toda una noción de la vida. No como algo transitorio, sino, como una noción general de la vida y de mí persona. Y eso, es lo que me cuesta mucho manejar por momentos. Justamente, eso.
Sé que errar es humano. Sé que en los trabajos te puede pasar porque a veces estás con muchas cosas, o frente a procesos nuevos, o con poco apoyo, y nadie es adivino. También se que es mi primera multinacional. Que es la primera vez que trabajo con tantos clientes. Con tantos sistemas diferentes. Con tantos portales. Que recibo tantos requerimientos raros. Que facturo en pesos, en dólares y euros, a la vez. Si, es la primera vez donde tengo que organizarme con tantas cosas diferentes. Que me tiran problemas complejos por la cabeza y tengo que contactar a dos o tres personas para resolverlo. Que me hablan de contratos, de reuniones con marcas grandes, de portales en japonés y donde siento que saber inglés es un deber ser urgente...
Pero también sé que soy muy tirana conmigo misma y que la crítica del otro es como una convalidación de lo que pienso de mí negativamente, y claro... ¡Cierra el cálculo, tiene razón, lo que me dice es verdad! O al menos, eso me dice mí mente, porque es lo que cree y va por la vida buscando evidencia.
III
¿Cómo hacer en este contexto para que no me devore el león de la autoexigencia? ¿Cómo sostenerme fuerte y pensar que si todo sale mal, conseguiré otro trabajo?
El nivel de laburo en el que ahora estoy, es diferente a todo lo que conocí. Donde más exigida me siento y dónde más me costó ingresar no solo por lo sociocultural sino, además, por la complejidad de mis funciones. Donde me cuesta aprender a disfrutar de las comodidades o de los beneficios. Donde me hizo sentirme insegura todavia no tener un título. Donde siento que todo el tiempo tengo que validar y demostrar que yo merezco trabajar en un lugar mejor o en un lugar donde quisieran estar seguramente muchas personas, porque "hago las cosas bien".
Pero está posición, es desgastante para sostener en el tiempo. No funciona. Y no se hasta que punto pueda ser real más allá de los fantasmas de mí mente.
Todo, lo bueno y lo malo de este trabajo, es muy nuevo para mí. Hasta a mí me sorprende todo lo que viví en pocos meses. Sigo necesitando tiempo para algunas cosas. O quizá mí jefa me pide otra manera de hacer las cosas, porque cambio de opinión, y una parte de un proceso se hace en un sentido y la otra se maneja con otro criterio. Sigo necesitando también paciencia porque saber todo lo que mueve una posición así, no se da de la noche a la mañana. "Esto lo tendríamos que saber ya" me dice mi jefa, tan cotorra ella, pero yo al mismo tiempo estoy viendo que antes las cobranzas se cargaban mal otras personas y que eso afectó muchísimo a las cuentas, por ejemplo, y que no puedo solucionar todo al mismo tiempo. Porque yo aprendí a cargar todo bien, pero hacer todo bien y que se note, en casos puntuales es un proceso lento que no se ve tan rápido.
¿Si soluciono todo lo que puedo y avanzo en todo lo que puedo? Obvio. Todo lo que pueda mejorar, prevenir, evitar o solucionar, lo hago. En todo lo que puedo colaborar para que mí trabajo y el del otro salga ok, lo mismo, lo hago. ¿Y entonces por qué me siento tan mal con lo que me dice mí jefa que es una cascarrabias, pero que en el fondo tiene más miedos que yo con su propia posición y me pregunta cosas a mí todo el tiempo? ¿Por qué me afecta tanto?
Sé que la facturación mejoró muchísimo, porque casi no tengo atrasos y porque trato de hacer todo lo mejor para que salga. Al menos PARA MI, mejoró mucho el tema. Se que eso me ayudó a tener una buena imagen y que otras personas empezaran a verme con buenos ojos. Pero mucha gente no te deja pasar una, no entiende que me puedo demorar en algo, que otros procesos no mejoran al cien por ciento tan rápido y que me puedo quedar pensando como resolver algo, antes de ejecutar. O que me puedo olvidar de UNA cosa entre ochocientas que SIGUEN SIENDO NUEVAS PARA MI. Y si una de esas personas que no ven lo bueno es mí jefa, a veces me da ganas de ser invisible y salirme de este circuito tan valioso para algunas cosas pero tan salvaje para otras.
Las cosas tienen sus procesos. Las personas también. Y yo no puedo ir en contra de mis procesos. Le pongo lo mejor, trato de prestar atención en todo, dejo constancia, trato y trato y trato... Pero a veces, me equivoco igual y no entiendo cómo pasó, pero me pasó. Y ahí la rueda comienza de nuevo, porque bajo de la abstracción de la excelencia para darle importancia a la mente y al cuerpo que hacen posible todo.
IV
Hoy pensé que hace seis meses, no me imaginaba nada de lo que la vida me deparaba.Estaba trabajando en un estrato profesional tan distinto, que ni imaginaba poder estar aqui. Hace seis meses yo solo quería un laburo mejor, más profesional, donde pudiera progresar, y con todos los beneficios que tengo ahora. Y ahora, ¿cómo puede ser que esté con todos los patitos fuera de la fila, no?
Debería estar contenta.
lunes, 22 de enero de 2024
Un animal capaz de oler la lluvia
domingo, 21 de enero de 2024
Fichitas de enero
Siempre pienso que la experiencia general con Javier me sirvió mucho para valorar, para crecer y para aprender de los errores. Creo que después de muchos años le encontré un final, un sentido cerrado, algo que puedo mirar y decir: "esto era, verdaderamente".
No considero que esa noche consigo haya sido un acierto, ni por asomo. Más bien, considero que fue una puerta a muchas pero muchas pero muchas cuestiones diferentes. Pero si considero que fue la manera, aunque parezca increíble, para dejar de idealizarlo. Y para que el, a su forma, deje de hacerlo conmigo.
Fue necesario un quiebre tan fuerte como la intensidad de esa idealización. Y ese día y la noche de ese día, me hizo saber bien quien era Javier, lo que quería, lo que era capaz de hacer por lo que quería, y lo que siempre sentí que tenía pendiente conmigo.
La verdad es que hasta antes de 2022, yo tenía la imagen de Javier y después de 2022, tengo otra. No tuvo que ver específicamente con haber tenido sexo, sino, con todas las circunstancias anteriores y siguientes. Con todo lo que charlamos. Con las cosas que me dijo. Con como se comportó antes y después.
Ahora, o en realidad desde hace varios meses, cuando pasó bastante tiempo del asunto, aunque esté todo bien, ambos sabemos que es una convivencia de lo más cuidada. Yo lo puedo saludar muy bien y él lo mismo, pero yo sé a lo que él viene y sé por qué voy.
Este saber me permite que, en el momento donde el estímulo parece poder conmigo, no pueda.
Después de un largo camino de errores, sin dudas, creo que jamás tuve tan claro como ahora el tipo de hombre que es Javier. Pero además, tampoco tuve tan claro por qué insistía tanto consigo. Por qué meterme o complicarla tanto, siendo él básicamente un tipo que no merecía ningún esfuerzo. ¿Para qué? Finalmente, terminé sabiendo el para qué.
II.
Cuando se mueven partes de vos que toda la vida creíste escritas en piedra, hay dos opciones: o te transformas en otra persona para siempre y esa persona es bastante peor o haces un trabajo interno terrible para volver a encontrarte en el medio de tus errores y darte la chance.
Yo traté de hacer siempre lo segundo en todo este tiempo. No sé trató del otro, o de lo que el otro hizo, sino que se trató de nunca más volver a repetir el mismo error, no sólo por el hecho en si, sino por las consecuencias. Consecuencias que no solo generan el impacto esperado, sino, que destiñen a la persona que comete esas faltas. Que te llenan de inseguridad, de malestar, que te hacen dudar de vos, de lo que haces, de lo que podes dar, de lo que querés. Son aquellas dudas que uno no debe dejar entrar principalmente por el grado de penetrancia en el alma.
A mí me llevó un año y medio recuperar el color y es un proceso que no termina, porque implicó hacer un mea culpa y también un trabajo de compasión muy duro siendo tan autocrítica.
No sé trató de perdonar todo, de decir "yo no hice nada, solo soy buena", sino, de entender que hice, que me equivoqué, que tiré muchos años de dignidad al tacho, que defraudé a esa Veinte del pasado pensando que podría darle algún tipo de consuelo al mismo tiempo que defraudaba a la Veinte del presente, con vínculos positivos, que nada tenían que ver con esa capacidad de destruir todo.
Javier fue en los últimos diez años alguien importante para mí. Cuando estuvo, y cuando no estuvo, siempre significó. Y cuando reapareció un día de la nada, a confesarse, movió fichas muy profundas en la vida de ese entonces. Yo no volví a ser la misma persona nunca más.
Y frente a esa persona que perdi, creo que elegí hacer algo que sí me representó en mis valores: entender el error que no me representó y resistir para no volver a cometerlo nunca más. Y vaya si resistí. Y por suerte, la negativa tuvo los resultados que esperaba ya desde hace meses.
Además, tantas promesas -repetidas- e incumplidas tienen su efecto. Que el otro siempre te diga lo mismo lo convierte en una fórmula que carece de valor y eso hace que la idealización también caiga.
Muchas de las acciones injustificables, las justifiqué diciendo: "ay, es que es él". ¿Y quién es él, finalmente, no? Un boludo más. Un tipo de lo más común y silvestre, que lo único que encontró en mí para hacer efectivos sus mecanismos fue a una persona joven, llena de conflictos internos, que no se dio cuenta lo que él realmente aportaba a su vida. Y que hoy, diez años después de haberlo conocido y con el tipo mirándole las historias y saludando para su cumple, lo entiende.
Y creo que si lo hubiera sabido como lo sé ahora, en ese momento donde me fui a la mierda, seguramente no lo hubiese hecho. Pero lo hice y curiosamente ese impacto tan fuerte, esa búsqueda, ese flotar en la parte oscura de quién soy, esa culpa, ese arrepentimiento, esa sensación de no merecer nada, me mostró el camino más honesto: el de asumir que me equivoqué y el de no hacerlo nunca más. No hay supuestos en esto. No sé si todas las personas que se equivocan en esto se sienten así, pero la verdad, para mí significó tanto o más que el acto. Y ese tanto o más se trató de mi, de lo que yo quería para mí vida, de mis códigos y de la persona con la que había decidido (más allá de los temas internos de la relación), compartir.
Creo que una de las cosas que quedaron en 2023, fue Javier como depósito o canal para las veces donde me quiero cagar la vida. Y creo que el desafío para el 2024 es trabajar el autoboicot.
No puedo sentir ganas de ir a buscarlo, de saber cómo está, de jugar con su fantasía, cuando siento al mismo tiempo que no estoy a gusto con algunas otras cosas. No puede ser esa especie de droga en la que uno cae cuando las cosas van mal. Y mucho menos puede ser el medio que yo encuentro para arruinarme a mí misma y para acallar todo el potencial.
¿Si no hubiera perdido tiempo dándole veinte vueltas al asunto consigo, dónde podría haber puesto la energía?
Creo que eso es una gran pista. ¿Si dejara de boicotearme con cosas del pasado y ramas y barro del tiempo, qué podría hacer ahora mismo? ¿Si dejara de pasar una y otra vez por ese lodo, qué otro camino encontraría?
Da miedo saber que detrás de algo que pesa, cuando uno lo suelta, hay tanto espacio. Bah, al menos a mí me da miedo. Y es obvio que uno se puede autoboicotear una vida entera por tener miedo a que las cosas le salgan mal.
Mentiría si dijera que en ese último párrafo no se condensan las soluciones o las dificultades de esta etapa de mí vida en un cien por ciento de mí vida.
¿Quien diría que para estar bien, tengo que dejar de hacer todo lo posible para estar mal?
Qué fichitas trajo enero, mamita...
viernes, 19 de enero de 2024
El precio de mi piel
El viernes pasado fui a la dermatóloga después de esperar bastante tiempo el turno. Hace un tiempo vengo atravesando un proceso de inflamación en el rostro que, creía yo, era un periodo más fuerte de rosácea. Como ya he comentado, la rosácea es una enfermedad de la piel que no tiene cura. Desde 2018 donde me la diagnosticaron, me cuido y llevo una rutina muy puntual, lo que me ayuda a tener una piel cómoda (sin picazón, sin ardor, sin dolor, etc)... y mentiría si dijera que eso no me ayudó.
Pero lo cierto es que paralelamente venía con secuencias de brotes repetidas, irritación en gran medida, pese a usar todos los productos específicos, y fue por eso que me decidí a consultar.
La dermatóloga que me atendió por Swiss Medical, la verdad es que fue divina. Atenta, comprensiva con el precio de los productos, ofreciendo descuentos y considerando el contexto país. Venció todos los mitos de los médicos de obra social que te despachan y me planteo un paso a paso de distintas formas para que no sea avasallante ese primer careo.
En consulta, finalmente, me confirmó algunas noticias que me dieron un panorama del funcionamiento general de mí piel: ahora, además de rosacea, en el rostro tengo acné papulo-pastuloso. En el cuero cabelludo, tengo reacciones asociadas a la piel seborreica que me indicó llevar de una manera y en pliegues de las axilas, venía con infecciones bacterianas, en forma de muy muy dolorosos forúnculos, para lo cual también me recetó un medicamento económico y efectivo.
¿Qué decir, no? Por un lado, es un bajón ir al médico y que me detecte tantas cosas en la piel. Mi barrera es muy sensible, evidentemente, y los procesos inflamatorios se hermanan. Pero por otro lado, agradezco tanto pero tanto poder tener la posibilidad y las repuestas. Principalmente, porque las manifestaciones de la piel son dolorosas. Y mí piel tiene grados de avance fuerte y rápido en sus procesos. Quizá un día estoy bien y al otro día me levanto con cinco granitos doliendo...
Al menos, si algo tendría que decir es que recibí una atención muy buena y una orientación muy didáctica para ir pudiendo resolver de a poco los tres frentes.
II.
La última vez que nos vimos con Galeno, me pasó algo muy curioso. El día que llegué al hotel a quedarme con él, mí piel lucía bien. Al otro día, sin embargo, me levanté toda enrojecida y en pleno brote. En el momento, recuerdo que le mostré.
- Mira - me señalé las mejillas - yo no estaba así ayer... Me puse re colorada acá y acá.
Se acercó y me examinó.
- No, no estabas así. Estás muy colorada, es cierto. ¿Te pusiste tus cremitas, mmmh? - me preguntó.
- Si. Me hice todo.
- Estrés no es... - sonrió - pero algo te puso así...
Me reí.
- Es imposible que sea estrés - musité en broma - Voy a consultar con el dermatólogo porque vengo con la piel súper reactiva.
- Si. Ponete protector solar - añadió - y déjame que te saco el estrés...
Nos reímos.
- Por favor, ¿nos sacamos la ropa mejor cuando volvamos de cenar?
- Por supuesto - contestó.
III.
Cuando salí de la consulta con la dermatóloga, el viernes pasado, justo estaba hablando con Galeno. Le conté todo lo que me recetó y él fue entiendiendo para qué tantas cosas según su función concreta en la piel.
Las incorporaciones son: un nuevo jabón para el rostro, dejando de lado el que usaba; una crema de La Roche Posay para la rosácea, un protector solar específico de La Roche Posay (parecido al que uso, de la misma marca); un antiparasitario facial importado y antibióticos para el acné papulo-pastuloso.
Hay cosas que, por suerte, ya tenía. Otras que tuve que comprar. La más cara, una crema que me salió (con el descuento de la prepaga, del 40%): $42.000. Es decir, mucho para un sueldo promedio en Argentina hoy en día.
Al margen de eso, quedamos en vernos con la dermatóloga dentro de dos meses. Si todo sale bien, me quitaría el antibiótico. Yo por mí lado quedé además en ir con una especialista en tricologia, estudio del cuero cabelludo, para que me ayude con la piel seborreica y pueda analizar si necesito algo más dado que todo lo que probé hasta ahora no me ha hecho frenar ese proceso. También, estoy tratando de encontrar espacios en la agenda para aislarme y frenar el estrés porque creo que eso puede ayudar.
Pese a que esté fue un gasto muy elevado, más de lo que esperaba, y me cayó un poco mal en el momento, ya más tranquila entiendo que es necesario invertir dinero en estas cosas porque en lo cotidiano me restan calidad de vida. El dolor, la picazón, la falta de elasticidad, los dolores por los forúnculos o la descamacion del cuero cabelludo no pueden ser situaciones normales para mi. No merezco pasar por esto, nadie lo merece, y es momento de redoblar esfuerzos, inclusive, desde el punto de vista de los recursos económicos.
Lo positivo es que, ya a esta altura, si fuera por estética no me importa nada y me gasto ese dinero en un paseo, ese es un logro que he adquirido con el tiempo y con la sabiduría sobre lo importante. Pero siendo que es por salud, debo tomar la responsabilidad. Y eso también es algo que hoy entiendo como algo necesario porque es una decisión que nadie más va a tomar por mí siendo adulta.
IV.
Así que, por lo pronto, aquí estoy. Llevando la situación con una mezcla de gratitud y otras yerbas. Hoy en día el precio de mí piel es bastante alto la verdad, pero al mismo tiempo confío en que todo es para estar mejor. Agradezco que puedo destinar los frutos de mí trabajo para lo que necesito, trato de abrazar esa circunstancia con amor y con fe de que siempre tendré todo lo que necesite para sanar.
Y mientras pienso eso, acepto que quizá la piel ahora se sienta mejor y yo pueda estar más cómoda con ella o en ella. Y me digo que haré todo lo posible para seguir cuidando de mí.
PD: el antibiótico viene en cápsulas que parecen las píldoras de juguete. Soy solo una chica escribiendo en un blog, sí.
jueves, 18 de enero de 2024
Cena romántica y despertar en las nubes
- ¿Vamos a comer una hamburguesa está noche? ¿Querés?
Estábamos en la cama, haciendo fiaca, después de haber salido a almorzar, de haber dormido la siesta y de haber hecho el amor.
- ¿A Mac? - lo miré, riéndome.
- Sí. ¿Qué te parece?
Galeno es un tipo juicioso con su alimentación. Come muy bien, balanceado, saludable y se da sus gustitos. Por lo general esos gustitos se reducen a: el asado con sus amigos del fútbol, un buen vino, una infinita cantidad de quesos y un fernetcito como su patria lo demanda. No es un hombre que consume porquerías todo el tiempo y las hamburguesas no son su menú preferido... Pero, a mí me encantan las hamburguesas de Mac (el Big Mac). Y él lo sabe.
-Siiii - contesté, riéndome - Claro que quiero. Pero te quiero invitar yo.
- Nah.
- Si. Dale. Dejame que te invite. ¿Te vas a pedir una hamburguesa? No lo puedo creer - lo burlé.
- Una ensalada.
- Y te podes pedir papitas...
- No sé. Allá vemos. ¿Vos vas a pedirte tu Big Mac, mhm? - me preguntó.
Sonreí.
- Re sí.
Lo miré de reojo. Galeno me hace sentir, a menudo, que ser como soy es muy fácil. Quiero decir con esto que no hace que me sienta difícil de querer, porque más de una vez lo encontré muy feliz de complacerme. En cosas simples. En cosas más concretas. Y también en cuestiones gastronómicas muy básicas como acercarse a un Mac.
Galeno entró conmigo al Mac un rato después. Ya era bastante tarde porque nos habíamos colgado charlando de la vida, en esas charlas profundas que no interrumpiria ni siquiera por un Big Mac, y no había demasiada gente.
Lo ayudé a elegir la hamburguesa porque no encontró ensalada. Me dejó invitarlo para ponerle la frutilla del postre a ese momento y pidió su menú con agua mineral, obvio, porque no toma Coca-Cola a menos que esté acompañada de Fernet (y si va con Fernet, tiene que ser Coca-Cola y en eso si que no hay que meterse porque...). Comimos casi solos, en la calma del local, y tuvimos una charla bastante más profunda de lo que esperábamos, en relación a otros tópicos, como nuestro vínculo, la relación que nos une, la sexualidad que construimos, etc.
Mientras comía, él sonrió al ver mí cara de feliz cumpleaños con el Big Mac. Yo le sonreí porque me gustó compartir ese momento consigo. Supe que más allá de la comida, todo eso, era también un gesto de cariño.
Galeno es el típico hombre de casi 55 años que prioriza la comida de calidad, los lugares lindos y que no mataría por un Big Mac. Pero su lenguaje de amor ganó esa noche y se tradujo en comernos juntos una hamburguesa solo porque me gusta.
Cuando llegamos al hotel de nuevo, nos acostamos, me hizo caricias hasta que me relajé y me dio un beso en el hombro antes de darse vuelta para dormir.
- Chau, aliencita. Me voy a dormir.
- Dale, descansa, hasta mañana- le dije y lo acaricié para alentarlo.
Rápidamente, me acomodé para dormir.
- Mañana te despierto... - musitó.
Me reí en la oscuridad.
II.
Lo primero que sentí cuando abrí los ojos algunas horas después fue la presencia de Galeno a mí lado. Sin tocarme. Me moví muy despacito para no despertarlo y me ubique en tiempo y espacio. Eran las siete y media de la mañana. Podíamos seguir durmiendo algún tiempo más. Eso hice. Lo siguiente que sentí, y que me sacó del medio sueño, fueron las caricias de Galeno y su "buenos días" con tonada, con besos en la espalda y abrazos.
¿Así quien no se querría despertar?
domingo, 14 de enero de 2024
La voluntad como motor de la vida
Siempre fui una persona que tuvo noción del poder de la voluntad. Primero, por los temas de salud que me acompañaron desde que nací y después, además, por las cuestiones que hacen a la vida de cualquier persona.
De chica, la voluntad radicó en cumplir con una agenda apretada de colegio y actividades extras que hacían parte de mí tratamiento de salud. Nadaba, jugaba al tenis, hacía sesiones de Kinesiología y llegué a tomar clases de danza clásica por casi dos años. Obviamente, esa voluntad se sostuvo con el apoyo de mí familia y con una clara noción de disciplina. Era buena estudiante, aunque me costaban algunas materias, y llevaba la escuela adelante lo mejor que podía.
No se trató nunca de ser la mejor en algo, sino, de hacer lo mejor por mí. Y eso es algo que hasta el día de hoy me acompaña, cada vez tomando más fuerza. Dar lo mejor de mí, no implica llegar primero o hacer las cosas como la sociedad me lo demandaría. No implica apurarme por los tiempos sociales. Dar lo mejor de mí es algo muy muy muy importante a nivel personal e íntimo: construir una vida que pensé nunca poder vivir.
Ya hablaré más sobre esto...
II.
Con los años, me fueron costando algunos aspectos. Empecé a entender que tanto para lo personal como para el desarrollo general de mí proceso físico para una buena salud, tuve mis propios tiempos. Unos tiempos que en nada tenían que ver con el ritmo normal de todos los demás. Mientras muchos de los chicos y chicas de mí generación pensaban que iban a ponerse para ir al boliche, a mí me preocupaba que el médico me diera el alta o me autorizara hacer cosas nuevas.
La vida me enseñó mucho de paciencia. De perseverancia. De voluntad y de lucha. Mucho pero mucho. Cosas como tomarme un colectivo, las esperé años. Cosas como poder usar unos zapatos que me gusten, también. Cosas como poder fijarme en alguien sin sentirme poco, también.
Y ahora, cuando estoy viviendo los primeros días con 29 años, pienso que la voluntad que hoy me pido a mí misma no se trata de seguir viviendo con la espasticidad, porque con ella vivo hasta el día en que me muera, sino, que tiene mucho más que ver con con instrumentar y construir una vida que me haga sentido desde lo propio y lo profundo.
La voluntad para mí no es ya hacer muchas actividades deportivas e ir al colegio y no tener tiempo nada nada. Es más bien, tomar decisiones complejas de sostener para vivir una vida mejor. Es tomar esa voluntad y esa disciplina para proyectarla en todos los aspectos de la vida donde la necesite realmente.
Nadie sabe cuánto me mueve esto. Con nadie lo hablé más que en terapia, porque es un tema que me atraviesa completamente. Pero es un tema que me conecta con mí propio sitio.
En esta etapa de voluntad sobre el futuro, hay un obstáculo siempre a vencer, en cada decisión que tomo: la increíble sensación de que también te pueden pasar cosas buenas en una vida que no proyectaron para vos.
Cuando un médico te dice alrededor de los ocho años que quizá con mucho esfuerzo algún día puedas caminar mejor, que quizá puedas hacer algún tipo de vida normal, pero al mismo tiempo no tenes buenos pronósticos... El futuro tiene más el color de los sueños. Y también, el costado de las pesadillas.
Una vida mejor o diferente se parece más a una cosa incierta que a un continuado de escenarios para vivir.
Y por momentos siento que recién ahora con 29 estoy empezando a descubrir matices de la vida que tienen que ver con la felicidad de decir: "tengo una vida, al final, si voy pudiendo".
III.
Más de una vez, en estos años y especialmente en 2023, me di cuenta que en los momentos de mí infancia o primera juventud donde debía haber estado haciendo algo, en realidad, tenía otros imperativos. Otras eran las urgencias. Y justamente eso hizo que me empiece a preguntar y a preocupar y a ocupar de trabajar muchos temas que no iban solamente en mejorar la salud física. Pero también me di cuenta que me veía y me sentía como un diagnóstico, no como una persona con una posibilidad.
Estos años tocó ir sanando y ordenando. Ir por fuera de una vida que tenías que vivir, como parecía ser lo único que te iba a tocar, da miedo. Pero son miedos que al final dan lugar a la libertad.
Está etapa de mí vida básicamente empieza a tratarse de eso. De construir, con muchas cosas ya sanadas del pasado, una vida que me guste. ¿Y si es fácil? Por momentos, no. Por momentos se me complica como a muchas personas. Pero por otros, siento que tengo mucha suerte y que siempre la voy a tener, que siempre va a estar todo bien, porque evidentemente después de luchar tanto, en algún momento todo este recorrido se va a ir adecuando.
Y veo eso, justamente. Yo lo vivo, la verdad, vivo y siento que por fin se va adecuando. Siempre que estoy angustiada por las exigencias sociales, o que me enojo por los comentarios de las boludas de mis hermanas (que cuestionan todo lo que hago y todo lo que me falta, cuando no se sabe en realidad a quien le falta algo), pienso: ¿qué pensaría de esto la chica del pasado?
Y me doy cuenta que para mí cada cosa que puedo hacer es un montón. Vale un montón por sentirlo como un progreso más, como un logro más. Es como si le sacara la lengua a la vida que me tenía que tocar y pudiera burlar por un rato a la incertidumbre. Es también el motor para agradecer. Es seguir sanando a través de otras conquistas.
Mi reacción cuando me pasan cosas lindas es sorprendente porque me acuerdo de la cantidad de cosas que yo pensé que no me iban a pasar jamás y pienso incluso que me pasó mucho más que a mucha gente que tenía todo servido para hacerlo... Y llego a una conclusión: pude hacer mucho más de mí vida que todo lo que pasé y eso es hermoso. Y además, tengo mucho más para hacer.
Uno de mis lemas favoritos de este último año, y que creo mantendré en mis 29, fue: ¿qué se puede hacer a pesar de mis circunstancias?" y me sorprende lo mucho que aprendí bajo esa clave.
Fue como encontrarle palabras a algo que toda mí vida había practicado sin saber cómo llamarlo. Si, hacer más allá de las circunstancias lo mejor que pueda.
Para mí, no es urgente mudarme sola, tener una pareja formal, formar una familia, tener hijos, tener una carrera terminada y tener otra. Para mí, lo más importante, está y es la posibilidad de vivir la vida que dijeron que quizá no vivías. Y seguramente a eso se le sumarán las cosas más mundanas, que se le piden a todo el mundo.
Quizá por eso siento que tengo tiempo para hacer todo o que todo llega. Porque no corro carreras con los demás. Porque siempre pienso qué diría la niña del pasado sobre la vida de ahora. Y sé que aunque falte mucho, estaría contenta.
Pero, hay algo más por admitir: creo que la niña del pasado tiene que darle permiso a la adulta del presente para que siga adelante con etapas nuevas de su vida. Tiene que finalmente descansar y dejar que la adulta de hoy haga nuevas búsquedas.
Quizá, ahora que puede ocuparse de lo que le corresponde ocuparse, y no tiene que estar buscando el logro dentro de un tratamiento, tenga energía para repartirle a otros sueños.
En una de esas, se cumplen todos, y ahí si que me saco la grande.
Habré vivido al máximo.
sábado, 13 de enero de 2024
Así me di cuenta
En 2019, cuando empezamos a hablar con Galeno, yo no tenía fe en el amor. Tampoco me interesaba el concepto de fe como tal porque había adoptado con los años una postura totalmente cerebral al respecto. No creia, sencillamente, porque para mí no había nada en qué creer.
A los 24 años, lo que hacía era hablar con algunas personas aleatoriamente. Ningún chico o grande me interesaba de verdad y lo cierto es que tenía tres o cuatro pretendientes que hubieran aceptado tener una cita conmigo, aunque yo no quería.
Cuando empecé a hablar con Galeno, una tarde de agosto de casualidad, no me imaginé nada de lo que iba a significar en mi vida. Nunca. Jamás. Y mucho menos, en esa situacion.
Galeno me había mandando la solicitud de amistad en instagram unos días antes de ese atardecer que lo cambiaría todo. Yo había tardado en aceptarlo porque estaba trabajando pero luego de ver su perfil, y de pensar que era una cuenta cultural, le había abierto la puerta al amor más sano que conocí hasta ahora y no me había enterado.
Galeno y yo hablamos la tarde del siete de agosto de 2019. Yo no creía en ningún hombre, pero eso no lo consideraba algo malo, más bien, no me interesan. No me interesaba tener una relación. Los tipos me hablaban siempre de lo mismo y sentía que con ninguno de ellos me podía abrir de verdad, porque lejos estaban de comprenderme. Y no sufría, claro, pero tampoco me mostraba.
Curiosamente, esa persona que yo era y que no se exponía jamás, con Galeno si se animó. Si, me animé a mandarle un mensaje privado para preguntarle por un libro de Cortázar que subió y que yo estaba buscando. Fue tan técnica mí pregunta, y destinada al dueño de una cuenta de literatura, arquitectura y fotografía, que creía imposible interesarme por el hombre detrás. Por eso, no me dio miedo atreverme. Total, pensé, lo recuerdo, yo no lo vería jamás.
II.
Galeno contestó el mensaje esa tarde de agosto de 2019. Intercambiamos algunas recomendaciones y eso derivo en una charla, la que recordamos hoy, como la charla que nos unió. Que nos conectó pese a la distancia, de una forma ineludible.
Un mes después, hablábamos todos los días. Horas. Nos contábamos nuestras cosas, la propia rutina y lo que nos inquietaba. Aunque tampoco ahí me daba cuenta de lo que estaba pasando.
Me di cuenta solamente cuando Galeno me ofreció viajar a Buenos Aires para conocernos y yo, en lo que fue un colapso emocional, le dije que no.
Por miedo.
Por primera vez en años después de la historia con Javier, alguien me interesaba lo suficiente para sentir miedo y no indiferencia. Y sin embargo, yo sentía que tenía que salir corriendo.
Pero... No podía.
III.
Luego de que le dije a Galeno en septiembre de 2019, un mes después del primer chat, que yo no estaba lista para conocerlo, el me dijo que si yo quería podíamos seguir hablando. Porque le hacía bien, porque le gustaba y porque no tenía obligación de conocernos pero la charla le parecía genial.
Yo en ese momento pensé que me estaba mintiendo. La verdad es que conocía muchas mentiras pero no conocía esa clase de mentiras, y preferí protegerme con la desconfianza. Pero Galeno, no falló. Siguió escribiéndome de cosas sencillas, contándome sus rutinas, sobre sus pacientes, y yo también seguí contándole mí vida, mí trabajo de entonces y los tiempos de la facultad.
Y eso hizo que pudiera.
IV
Pero ¿cómo me di cuenta que iba a tener que dar ese paso de cualquier forma? El día dónde no me pude ir.
El día dónde Galeno me dijo que el entendía que quizá él solo había sido un móvil de cosas que yo necesitaba ver en mí vida. El día dónde Galeno me dijo que todo se sostenía en la idea de que el estuviera lejos porque de otra manera no iba a dejar que se me acercara. Y yo le dije que no.
- Hay algo fundamental, pero realmente fundamental que no estás viendo... No es como lo decís.
- ¿Qué cosa? - me preguntó.
- Yo a todos le hago lo mismo y no me pasa nada con esa decisión. Pero yo no me quiero ir, con vos. No me sale irme.
- No te vayas. No salgas corriendo - me dijo.
Y eso fue lo que definió todo.
V.
Más de cuatro años después, como la última vez que lo vi, pensaba que si hubo algo que me hizo dar cuenta que me había enganchado con él, había sido ese detalle. El no ser como con el resto.
Hoy en día, con Galeno, recordamos a la joven de 24 años que no le creía y al hombre de 50 años que tomó como un loquito la decisión de tomarse un vuelo a ciegas a otra provincia para conocerla... Y nos reímos. Pero a la vez, agradecemos la osadía de esas cosas que hicimos en el pasado.
Yo cumplí esta semana 29 años. Él cumplirá en algunos meses 55 años. Y cuando pensamos en todo lo que vivimos en estos años, nos parece mentira que una chica que no creía en ningún hombre y un hombre que se aburría de las mujeres porque todas le decían lo mismo, sean hoy quienes somos nosotros para el otro.
miércoles, 10 de enero de 2024
29
martes, 2 de enero de 2024
El placer como búsqueda constante
- Vos me ayudas mucho a disfrutar sin que tenga que pensarlo, es un logro en lo personal. Seguramente te lo habré dicho. Yo no sé disfrutar automáticamente. Me cuesta hacerlo, y como quiero mejorar, tengo que pensar en disfrutar las cosas y es como si me tuviera que dar permisos. La verdad es que no he tenido la mejor educación en ese sentido de chica y ahora que soy grande voy siempre pensando que tengo el permiso para disfrutar como ejercicio diario- le expliqué a Galeno - pero... con vos no me pasa eso. Disfruto, nomás. Sos la única persona con la que no me siento diferente.
- ¿En serio? - me preguntó.
- Si. Sumado a que vos siempre me transmitis calma... Es otra cosa.
- Eso lo sé, sí. Me lo dijiste - me marcó.
Y era cierto: mil veces le dije a Galeno que cuando lo tengo cerca me transmite paz. Desde que lo vi por primera vez me pasa eso y aunque pasemos mucho tiempo sin vernos, lo vuelvo a ver, y esa calma vuelve a construirse.
En un acto de sinceridad, le expliqué:
- En el trabajo, con mí familia, en la facultad, no me siento cómoda del todo... Todo es darme el permiso de disfrutar y pensarlo, ponerle cabeza. Pero con vos... es diferente.
- Te salteas pasos conmigo - comentó.
- Si. Disfruto sin pensarlo. Me sale solo. Y vos además sos muy tranquilo, entonces evidentemente me relajo, no me siento diferente y creo que por eso disfruto de verdad.
- Es una gran cosa eso - me dijo - Es un logro.
- ¿Nunca te lo dije? Yo creía que lo sabías... Después de tantos años, ya...
- No, nunca con esas palabras... - anunció.
¿Será que Galeno se dio cuenta ahora de que yo, a mi manera, silenciosa quizá, lo quiero?
En años que nos conocemos creo que le dije que lo quería muy pocas veces. Básicamente porque tengo un defecto: no sé querer por la mitad a las personas. Si te quiero, te quiero y quiero estar ahí para vos y acompañarte y apoyarte. Y si no te quiero, aunque jamás te haría daño, se nota mucho la diferencia.
Espero que Galeno haya percibido el cariño detrás de mis palabras. Creo que en términos de como yo expreso los sentimientos, esto es una declaración enorme.
¿Cómo me doy cuenta que me quiere? Si bien me lo ha dicho más, todavía sigo viendo un revestimiento de ternura en sus ojos. Y entre más lo conozco, y entre más me conozco, me doy cuenta que la gente querida es la excepción a todas las formas en las que habitualmente pasamos por el mundo.