Por otros menesteres, es necesario que vuelva a pensar en el amor, o al menos, en su representación. Buceo por mi historia, mi vida, mi pasado, e intento conmensurar en una imagen lo mas parecido que haya sentido al amor. De entre muchas que aparecen por mi mente, me encuentro con que hay imágenes de todo tipo y todas me conducen a un mismo concepto.
Sin embargo casi sin mediaciones estilísticas, aparece la facultad para poner en palabras esta:
"El cuerpo tendido, liso y llano, me hacia las veces de colchón. Los brazos, fuertes, a mi alrededor, me hacían también las veces de alambrado contenedor ante la inminencia de un grito de gol, desbocado, por obra y gracia de la barra-brava.
Había levantado apenas un poco la cabeza, dejando que mis pelos divididos en dos, le cayeran como lluvia en cada uno de sus costados. Estaba en otro mundo, completamente fuera de mi y de todos mis preceptos y conjuntamente, su cuerpo tendido reflejaba el mismo sentido relativo de la realidad. No quería cambiar nada ni anhelaba ninguna otra cosa. Esa satisfacción me asustaba aunque al mismo tiempo me taladrase el corazón.
Estaba sola conmigo y lo que me pasaba, pero a la vez, más conectada a un otro, a un Momento, que nunca y empezaba a entender la profundidad de esa dinámica. Supongo que de eso me di cuenta cuatro o cinco los segundos, antes del primer beso, la fuerza inminente de los sentimientos. La energía de ese serpenteo atroz me devoro por completo y anulo, por encima de todo, mi mas profunda entereza a la hora del pensar, mi manía por las gradaciones. Lo que sabía, lo que podía y lo que me aterraba, estaba a disposición para ser destruido gracias al deseo, acompañado de un elemento sublime; el amor. Juntos formaban un conjunto, indescriptible, donde imperaba el aprender a dejarse ir sin pretender llamar las cosas por su nombre. Cada vez, a cada progresivo movimiento, se me iban cayendo los miedos, las preguntas, las consideraciones. La conexión funcionaba mejor allí, era mas fuerte, mas apasionada, pero ademas, primitiva... Me asustaba pensar la facilidad que tenia consigo para considerar todo lo que, antes, habia desestimado sin siquiera objetarlo.
De nuevo, tenia miedo y felicidad en partes iguales. Porque en medio de esas dificultades, lo de nosotros parecía venir de antes. Pese a los años, las vidas, las distancias y los diferentes momentos de nuestras vidas; la diferencia en ese caso hacia magia.
Contaba con mi mente, que aparecía, en ramalazos de lucidez aunque de a poco, se me iba escapando. Se me escurría del mismo modo en que yo me iba deshaciendo en manos suyas, en sus manos, las de ese otro tipo capaz de hacerme sentir cosas inimaginables para mi; capaz de hacerme perder la vergüenza sobre mi misma, capaz de hacerme sentir vulnerable, pero ademas, de abrazarme con la certeza cada vez mas notoria y envolvente: para mi el amor trascendía los problemas. Para mi el amor era mentirle a todo el mundo, enfrentarle a las criticas, soportar las estupideces; con tal de compartir esos momentos de silencio, de juntura y de encuentro con mi propia verdad. Porque cuando por fin, estábamos solos, tranquilos y con la capacidad de ser nosotros mismos, ninguna persona era capaz de ser tan importante. Hacíamos silencio, hablábamos, o nos quedábamos mirándonos esperando que el otro estallara en risas primero; cuando no nos dedicábamos a mirar una película abrazados. El tiempo, el amor, y la vida; para mi, estaban en dentro de esas cuantas paredes prolijamente pintadas, donde resonaba su voz.
Sera que me acuerdo de estas cosas, porque durante esa otra noche también resonó su voz. Hubo un momento donde pensé que estaba escuchando cosas equivocadas y me apreté mas a el, sumida en un sopor especial, que no era un sueño profundo pero mucho tenia de placer y facilidad, hasta que me pareció escuchar mi nombre,. Si, era mi nombre, extraño, griego, atípico, pero mi nombre al fin.Levante la cabeza.
- ¿Que pasa? - musite, en el volumen mas bajo usado durante toda mi vida.
- Es imposible... - espeto, basándome, despacio, mi cara.
- ¿Que es imposible, señor?
- La piel.
Me reí.
- De verdad... - me freno la retirara abrazándome, paseando sus manos por mi cintura, mi columna, tomándose todo el tiempo del mundo, como si pretendiera captar aquella sensación y guardársela para siempre en una cajita. Me confortaron mucho sus caricias y no quise estropear nada con mis palabras. Nunca antes me habían hecho sentir así. Nunca antes me habían respetado de esa forma, donde también habia espacio para el placer, la risa y cierta complicidad elemental. No queria que mi burbuja se rompiera, no queria que nada malo arruinara aquello que para mi llegaba a términos sagrados.
- ¿Cómo, qué le hacés?
- Chamuyero.. - le sonreí con la boca en su cuello. Solía hacerlo y eso era algo que jamas imagine lo atormentara en esa intensidad, - Le pongo cosas, la cuido. Qué preguntas me hacés - empece a reírme.
Lo escuche hablar con su tono de desconcierto formal.
- ¿Siempre... es asi?
- ¿Que? ¿Mi piel?
- Si... - dijo, en un tono sufriente - ¿Como puede ser?
- Para mi es normal, no se. ¿Eso es muy bueno o muy malo? - le pregunte, inexperta y asustada, de nuevo.
- Es una locura... - me saco todo el pelo de mi cara y me beso la frente - que vos tengas esa piel, es impresionante.
Levante la cabeza, para mirarlo. Me rei, porque era la primera vez que me decia algo asi y no se corregía, ni se preocupaba, ni se lo comia la cuestion moral. En deferencia, fui dejandole besos de agradecimiento por toda su cara mientras jugaba con su pelo. El semblante de su rostro, igual que la forma en que me miro cuando volvió a abrir los ojos, resulto mas que todo lo anterior atesorado en mi memoria, para lo que - parecería- nunca voy a encontrar las palabras ni para explicar, ni tampoco, para olvidar. Ese día, tuve la sensación de que, sin importar lo que pasara en el futuro, ni con quien, aquellas estelas van a morirse conmigo, recién dentro de muchas décadas cuando fuera una abuelita llena de canas. Porque en ese momento, el amor también para mi era eso, pese al indecible miedo. Era su forma de mirarme, entregado, cuando menos de un año antes me miraba con la misma distancia que le imprimía a todos, era su forma de mirarme, placido, rendido; mio nada mas, por esos tiempos.
- Me da vergüenza pero... - suspiré - Lo loco es que me lo digas - lo besé a la altura del hombro y me quedé abrazada a su cuerpo - ¿ Sabes una cosa...? - escondi la boca en su cuello, para corroborarlo - Me quiero quedar a vivir acá, porque tenés tu perfumito rico... ¡Qué tipo, me querés asesinar!
- ¿Ah, si? - espeto - ¿Y vos, qué?
- Yo no. Me cuido la piel del sol y de los numerales - se rió mostrándome las dudas, los complejos pero también lo auténtico.
- ¿Y yo? - me pregunto, recogiendo el poncho que le cabía.
- Vos tenes coronita. Eso es porque no me lastimas con la barba, mi indio, todo prolijito. Con una espátula vas a tener que vivir, si seguís así, ¿como queres que haga?
- No. Yo ya lo decidí: te secuestro. No te devuelvo a tu casa nunca más. - me dijo, entusiasmado.
De la emocion, yo me quede sin palabras, porque nunca antes me habia dicho algo asi. Algo que hablara de la misma necesidad irracional, inclusive, de recluirnos al margen de todo el mundo. De crear nuestra burbuja, lejos del paso del tiempo, la diferencia de edad, las negativas de las familias, las criticas, los prejuicios, y lo difícil de sostener, en cierto modo, cuando no se sabia que era mejor: si la exposición descarnada del otro o el ocultamiento preventivo.
- ¿Está como el culo, no? - me pregunto, asomandose al abismo, con una de sus dudas. Le conteste a su pregunta con una broma alusiva, por lo cual, nos empezamos a reír, despacio. Aunque luego del chiste, El, se quedo callado.
- No, en serio, sería lindo que me raptes. Dejame salir para ir a la facultad y vuelvo.
- ¿Y si no te devuelvo a tu casa nunca más? ¿Y si no quiero? Si me quiero quedar asi toda la vida ¿eh?
- Basta, no me des ideas...
Volví a abrazarlo, apoyándole solamente la cara a su lado, sin nada de espacio que nos separara.
- ¿Que... voy? - atino a decirme, aunque se freno.
Me reincorpore y busque su cara en la semi oscuridad.
- ¿Que vas a que, con que? - dije, a modo de chiste, pero su voz era mucho mas seria.
- Que voy a hacer después con la piel? - me susurro - ¿Como voy a hacer yo después? Decime, por favor, ¿como hago si tenes esta piel, como carajos voy a hacer ?
- Basta, bobo, no me digas pavadas... - musite, y le acaricie la frente mientras me cerraba los ojos - No pienses así. Pensa, no se, que voy a hacer yo cuando tenga que salir de acá y no quiera, por ejemplo. Es jodido eso, ¿como me vas a sacar de encima?
- Nah, no es jodido, ademas, no te quiero sacar de encima. Me das permiso y te rapto - sonrió - Si vos queres...
- Si, por favor.
- Pero mira que no te devuelvo nunca más, eh - me advirtió - Me quedo toda la vida aca, con vos, no hay afuera, no hay nada, no hay nadie, no me importa mas nada, ni lo que me digan, ni mi familia, ni la tuya... - enumero. Percibí que se habia puesto totalmente racional y en cierto modo, lo entendí. En nosotros solían pasar esas cosas: la felicidad mas sencilla, la dulzura, matizada con la culpa y el miedo de creerse la chatura social sobre el andar caminando en lo incorrecto.
- Bueno... mejor.
- Pero nada, eh... - insistió.
- Sos el primer secuestrador que avisa, ¿te diste cuenta de eso?
Se rio.
- Te aviso por las dudas.
- Si me liberas, volvería, seguramente. Soy muy terca, como me decís vos. Me dejas libre para la facultad, asi me formo, y listo. Es regreso voluntario.
- Vos sos terrible, cabezona, si... - lo medito unos segundos - Estas loca ¿no te habías dado cuenta?
- Si, supongo que si... - ironice - Por eso me secuestraste hoy, porque los locos contagian. "


