martes, 31 de octubre de 2017

Hablar de amor I

Por otros menesteres, es necesario que vuelva a pensar en el amor, o al menos, en su representación. Buceo por mi historia, mi vida, mi pasado, e intento conmensurar en una imagen lo mas parecido que haya sentido al amor. De entre muchas que aparecen por mi mente, me encuentro con que hay imágenes de todo tipo y todas me conducen a un mismo concepto.

Sin embargo  casi sin mediaciones estilísticas, aparece la facultad para poner en palabras esta:

"El cuerpo tendido, liso y llano, me hacia las veces de colchón. Los brazos, fuertes, a mi alrededor, me hacían también las veces de alambrado contenedor ante la inminencia de un grito de gol, desbocado, por obra y gracia de la barra-brava.

Había levantado apenas un poco la cabeza, dejando que mis pelos divididos en dos, le cayeran como lluvia en cada uno de sus costados. Estaba en otro mundo, completamente fuera de mi y de todos mis preceptos y conjuntamente, su cuerpo tendido reflejaba el mismo sentido relativo de la realidad. No quería cambiar nada ni anhelaba ninguna otra cosa. Esa satisfacción me asustaba aunque al mismo tiempo me taladrase el corazón.

Estaba sola conmigo y lo que me pasaba, pero a la vez, más conectada a un otro, a un Momento, que nunca y empezaba a entender la profundidad de esa dinámica. Supongo que de eso me di cuenta cuatro o cinco los segundos, antes del primer beso, la fuerza inminente de los sentimientos.  La energía de ese serpenteo atroz me devoro por completo y anulo, por encima de todo, mi mas profunda entereza a la hora del pensar, mi manía por las gradaciones. Lo que sabía, lo que podía y lo que me aterraba, estaba a disposición para ser destruido gracias al deseo, acompañado de un elemento sublime; el amor.  Juntos formaban un conjunto, indescriptible, donde imperaba el aprender a dejarse ir sin pretender llamar las cosas por su nombre.  Cada vez, a cada progresivo movimiento, se me iban cayendo los miedos, las preguntas, las consideraciones. La conexión funcionaba mejor allí, era mas fuerte, mas apasionada, pero ademas, primitiva... Me asustaba pensar la facilidad que tenia consigo para considerar todo lo que, antes, habia desestimado sin siquiera objetarlo. 
De nuevo, tenia miedo y felicidad en partes iguales. Porque en medio de esas dificultades, lo de nosotros parecía venir de antes. Pese a los años, las vidas, las distancias y los diferentes momentos de nuestras vidas; la diferencia en ese caso hacia magia.  
 Contaba con mi mente, que aparecía, en ramalazos de lucidez aunque de a poco, se me iba escapando. Se me escurría del mismo modo en que yo me iba deshaciendo en manos suyas, en sus manos, las de ese otro tipo capaz de hacerme sentir cosas inimaginables para mi; capaz de hacerme perder la vergüenza sobre mi misma, capaz de hacerme sentir vulnerable, pero ademas, de abrazarme con la certeza cada vez mas notoria y envolvente: para mi el amor trascendía los problemas. Para mi el amor era mentirle a todo el mundo, enfrentarle a las criticas, soportar las estupideces; con tal de compartir esos momentos de silencio, de juntura y de encuentro con mi propia verdad. Porque cuando por fin, estábamos solos, tranquilos y con la capacidad de ser nosotros mismos, ninguna persona era capaz de ser tan importante. Hacíamos silencio, hablábamos, o nos quedábamos mirándonos esperando que el otro estallara en risas primero; cuando no nos dedicábamos a mirar una película abrazados.  El tiempo, el amor, y la vida; para mi, estaban en dentro de esas cuantas paredes prolijamente pintadas, donde resonaba su voz.  


Sera que me acuerdo de estas cosas, porque durante esa otra noche también resonó su voz. Hubo un momento donde pensé que estaba escuchando cosas equivocadas y me apreté mas a el, sumida en un sopor especial, que no era un sueño profundo pero mucho tenia de placer y facilidad, hasta que me pareció escuchar mi nombre,. Si, era mi nombre, extraño, griego, atípico, pero mi nombre al fin.
         Levante la cabeza.
- ¿Que pasa? - musite, en el volumen mas bajo usado durante toda mi vida.
- Es imposible... - espeto, basándome, despacio, mi cara.
- ¿Que es imposible, señor?
- La piel.

Me reí.

-  De verdad... - me freno la retirara abrazándome, paseando sus manos por mi cintura, mi columna, tomándose todo el tiempo del mundo, como si pretendiera captar aquella sensación y guardársela para siempre en una cajita. Me confortaron mucho sus caricias y no quise estropear nada con mis palabras. Nunca antes me habían hecho sentir así. Nunca antes me habían respetado de esa forma, donde también habia espacio para el placer, la risa y cierta complicidad elemental. No queria que mi burbuja se rompiera, no queria que nada malo arruinara aquello que para mi llegaba a términos sagrados.   
- ¿Cómo, qué le hacés?
- Chamuyero.. - le sonreí con la boca en su cuello. Solía hacerlo y eso era algo que jamas imagine lo atormentara en esa intensidad,  - Le pongo cosas, la cuido. Qué preguntas me hacés - empece a reírme.


Lo escuche hablar con su tono de desconcierto formal.


- ¿Siempre... es asi?
- ¿Que? ¿Mi piel?
- Si... - dijo, en un tono sufriente - ¿Como puede ser?
- Para mi es normal, no se. ¿Eso es muy bueno o muy malo?  - le pregunte, inexperta y asustada, de nuevo.
- Es una locura... - me saco todo el pelo de mi cara y me beso la frente - que vos tengas esa piel, es impresionante.

Levante la cabeza, para mirarlo. Me rei, porque era la primera vez que me decia algo asi y no se corregía, ni se preocupaba, ni se lo comia la cuestion moral. En deferencia, fui dejandole besos de agradecimiento por toda su cara mientras jugaba con su pelo.  El semblante de su rostro, igual que la forma en que me miro cuando volvió a abrir los ojos, resulto mas que todo lo anterior atesorado en mi memoria, para lo que - parecería- nunca voy a encontrar las palabras ni para explicar, ni tampoco, para olvidar. Ese día, tuve la sensación de que, sin importar lo que pasara en el futuro, ni con quien, aquellas estelas van a morirse conmigo, recién dentro de muchas décadas cuando fuera una abuelita llena de canas. Porque en ese momento, el amor también para mi era eso, pese al indecible miedo. Era su forma de mirarme, entregado, cuando menos de un año antes me miraba con la misma distancia que le imprimía a todos, era su forma de mirarme, placido, rendido; mio nada mas, por esos tiempos. 
- Me da vergüenza pero... - suspiré - Lo loco es que me lo digas - lo besé a la altura del hombro y me quedé abrazada a su cuerpo - ¿ Sabes una cosa...? - escondi la boca en su cuello, para corroborarlo - Me quiero quedar a vivir acá, porque tenés tu perfumito rico... ¡Qué tipo, me querés asesinar!

- ¿Ah, si? - espeto -  ¿Y vos, qué?
- Yo no. Me cuido la piel del sol y de los numerales - se rió mostrándome las dudas, los complejos pero también lo auténtico.
- ¿Y yo? - me pregunto, recogiendo el poncho que le cabía.
- Vos tenes coronita. Eso es porque no me lastimas con la barba, mi indio, todo prolijito. Con una espátula vas a tener que vivir, si seguís así, ¿como queres que haga?
- No. Yo ya lo decidí: te secuestro. No te devuelvo a tu casa nunca más. - me dijo, entusiasmado. 
De la emocion, yo me quede sin palabras, porque nunca antes me habia dicho algo asi. Algo que hablara de la misma necesidad irracional, inclusive, de recluirnos al margen de todo el mundo. De crear nuestra burbuja, lejos del paso del tiempo, la diferencia de edad, las negativas de las familias, las criticas, los prejuicios, y lo difícil de sostener, en cierto modo, cuando no se sabia que era mejor: si la exposición descarnada del otro o el ocultamiento preventivo.   
 - ¿Está como el culo, no? - me pregunto, asomandose al abismo, con una de sus dudas. Le conteste a su pregunta con una broma alusiva,  por lo cual, nos empezamos a reír, despacio. Aunque luego del chiste,  El, se quedo callado.
- No, en serio, sería lindo que me raptes. Dejame salir para ir a la facultad y vuelvo.
- ¿Y si no te devuelvo a tu casa nunca más? ¿Y si no quiero? Si me quiero quedar asi toda la vida ¿eh?
- Basta, no me des ideas...

Volví a abrazarlo, apoyándole solamente la cara a su lado, sin nada de espacio que nos separara.

- ¿Que... voy? - atino a decirme, aunque se freno.
Me reincorpore y busque su cara en la semi oscuridad.
- ¿Que vas a que, con que? - dije, a modo de chiste, pero su voz era mucho mas seria.
- Que voy a hacer después con la piel? - me susurro - ¿Como voy a hacer yo después? Decime, por favor, ¿como hago si tenes esta piel, como carajos voy a hacer ?
- Basta, bobo, no me digas pavadas... - musite, y le acaricie la frente mientras me cerraba los ojos - No pienses así. Pensa, no se, que voy a hacer yo cuando tenga que salir de acá y no quiera, por ejemplo. Es jodido eso, ¿como me vas a sacar de encima?
- Nah, no es jodido, ademas, no te quiero sacar de encima. Me das permiso y te rapto - sonrió - Si vos queres...
- Si, por favor.
- Pero mira que no te devuelvo nunca más, eh - me advirtió - Me quedo toda la vida aca, con vos, no hay afuera, no hay nada, no hay nadie, no me importa mas nada, ni lo que me digan, ni mi familia, ni la tuya... - enumero. Percibí que se habia puesto totalmente racional y en cierto modo, lo entendí. En nosotros solían pasar esas cosas: la felicidad mas sencilla, la dulzura, matizada con la culpa y el miedo de creerse la chatura social sobre el andar caminando en lo incorrecto.
- Bueno... mejor.
- Pero nada, eh... - insistió.
- Sos el primer secuestrador que avisa, ¿te diste cuenta de eso?
Se rio.
- Te aviso por las dudas.
- Si me liberas, volvería, seguramente. Soy muy terca, como me decís vos. Me dejas libre para la facultad, asi me formo, y listo. Es regreso voluntario.
- Vos sos terrible, cabezona, si... - lo medito unos segundos - Estas loca ¿no te habías dado cuenta?
- Si, supongo que si... - ironice - Por eso me secuestraste hoy, porque los locos contagian. " 


lunes, 30 de octubre de 2017

Dosificación

"... La culpa es de uno cuando no enamora, 
y no de los pretextos ni del tiempo..."
(Mario Benedetti)


Si en esto hay algo que pueda ser llamado particularidad, es la de nunca terminar de comprender que es lo que estuvo pasando. Suponiendo que no sea en vano mi pretensión de historizar respecto a las experiencias que me van sucediendo – quizá al fiel estilo de novela pastoril, casi con parábola incluida -;  diría que se me da mejor entender el pasado desde el presente que viceversa.   Yendo desde el presente al pasado, no solo es más fácil leer las estructuras con hechos medianamente consumados, sino también, menos doloroso. Si, claro, el mejor amigo en estos casos es el peine para el pelado y el diario del lunes, pero cuando la mecánica es la contraria, simplemente, mis aptitudes más vulgares se anulan por completo producto de las marcas que fueron dejando las experiencias, influyentes en el modo de interpretar los acontecimientos del presente. Y dato no menor, también producto del miedo a repetir siempre las mismas historias.

Parece que mis plegarias fueron finalmente escuchadas. Más de una vez pedí a Dios, al cielo, al Universo; que ciertas cuestiones se orientaran o, al menos, que ciertos sentidos se amoldaran un poco a determinadas acciones. Y lo cierto es que la actitud de Urtubey ha dado un giro radical, de ciento ochenta grados. La nueva postura es, formalmente, la de no-darme-pelota; es decir, casi la misma actitud que había tenido y por lo cual, las posteriores actitudes me habían resultado tan extrañas... Porque como desconfiada que soy, no entendía demasiado de donde o para que habia un súbito interés. 

Ante esto, me suceden dos cosas: por un lado estoy contenta y, por el otro lado, pase días sintiéndome un poco mas pensativa de lo habitual.  Desde el lado donde estoy contenta esta especie de sentimiento se parece más bien al alivio de poder entender, de algún modo, cual es el camino a tomar a partir de ahora; porque, desde ya – si algo comprendí – es que el silencio no solo es desinterés, sino también, una magistral forma de responder ante lo que no podemos ni pretendemos aprender a manejar. Desde el lado donde impera la introspección,  reconozco haberle sido útil, y ahora, ya no resultarlo tanto. Confundí el que me tuvieran en cuenta con el ser utilizada para las urgencias, para las soledades, para las tristezas. Y la picardia no es porque durante todos estos meses haya especulado con recibir algo de su parte ya que jamás lo pensé desde ese lugar; sino porque suponía – grave error que todos cometemos – que no tenía intereses capaces de aminorarme el ánimo, de hacerme sentir usada.   

Teniendo en cuenta el lugar que me dio en uno de los momentos más difíciles de su vida, creía que luego de haberme escrito a veces casi durante semanas enteras, ahora que ya está mejor y cuando se está abriendo al mundo; también iba a ser capaz de conectarse con las etapas de los demás, sentarse a tomar dos-tres mates sin sumar a la malaria. Porque, aunque suene muy tonto, a mi me alegra verlo feliz aunque sea dificil de digerir en otros sentidos y aunque prefiera no saber la procedencia, me alegro si lo veo bien luego de haberlo visto padecer tanto sin saber como ayudarlo. Sin embargo, el, como no me necesita mas, tampoco aparece por las dudas de que yo, oh casualidad, vaya a ser que lo necesite. 

 Erradamente claro, considere que me iba a preguntar qué tal, o al menos, de estar en mi casa, me iba a poder hacer una pregunta directa mirándome a la cara.  Pero Urtubey, todas esas preguntas, se las hace a mi padre, su amigo real, y no a mí. Eso me alienta a creer que, definitivamente, habré sido para él una extensión del primero, aunque con pelo largo y un poco mas de delicadeza en mis líneas; pero que jamas se intereso en conocerme un poco mas alla. De ahi que, de lo unico que me preguntara, fuera de mis salidas con amigos o mis parciales de la facultad, pero nunca, si algun hombre me interesaba, si alguna vez me habia enamorado, si me gustaban los chicos, las chicas, los perros o los gatos.  Ya que soy diferente según sus palabras, empiezo a pensar que este serlo justifica que sea incapaz de mandarme uno de sus tantos mensajes para preguntarme que tal estoy, y no solamente responderme cortante si yo le hago un comentario sobre una lectura de un libro - como antes -; y parece no interesarle ni un poco lo que le digo... Quizá, en comparación a todo lo que conoce, puede parecerle tonto lo que le digo del libro o puede no interesarle hoy en día, pero agradecería que no me lo haga sentir tan fuerte. 

Yo entiendo que quiza le parezco infantil, que quiza ve en mi a una "pendeja"... y por eso probablemente no le sirva mas, pero, no puedo mentir en algo: por momentos, cuando el viento juega a su favor, yo no soy una pendeja veintipico de años, sino, "la que siempre lo entiende", "la que razona bien", "la que tiene las cosas muy muy en claro", "la que es una bestia escribiéndole"... y, ademas, soy la misma pendeja a quien, durante algunos momentos, no le supo que contestar muchos de sus planteos.  Tampoco soy adivina, ni lo mio es palabra santa. Yo me cuestiono porque no entiendo lo que le pasa, aunque me parece raro que sea casi descortés, desinteresado;  porque entonces todo el interés y la humanidad que mostró antes no eran tan inocentes como aparentaban.   

Haciendo un recuento breve de mis gestos, yo no siento que haya hecho algo mal. Al contrario, con mucho esfuerzo, mantuve siempre los papeles. Guarde sus secretos, lo escuche siempre, lo ayude a reconciliarse con mi padre, le pase información suya pese a que después se me acuso de ponerme otra camiseta distinta a la de mi familia y, principalmente, le banque muchas actitudes raras, masculinas, que tuvo conmigo, confundiéndome mucho en el camino. ¿Por que lo hice? Porque pensé - tonta de mi - que nosotros dos podíamos ser amigos y prefería ser su amiga, poder tenerlo cerca de alguna manera, que no implicara tantas renuncias y cosas dolorosas, o, siendo mucho mas terrenal, tantos quilombos. 

Pero, evidentemente, a Urtubey no le interesa nada mas que el que la tonta este para escucharlo, para acompañarlo cuando esta mal, para apoyarlo, como un contenedor, no como un ser humano con sus propios problemas o cosas por decir.   Justamente, cuando esta bien, esta entero y en modo banal, el señor, se va a disfrutar de su virilidad al teatro o al mismísimo resto del mundo con otras mujeres que suscriben a aquellas ficciones. Y de nuevo, es ese otro tipo, tan pancho, tan de plástico y tan mecanizado es el que, a mi por lo menos, no me cierra por ninguno de sus lados... porque a Urtubey le conozco hasta las caras que pone, cada vez que infiere en sus dobles versiones, frente a mi papa. Es un tipo tan trasparente para algunas cosas, al menos desde mi punto de vista, que puedo distinguir cuando esta en persona y cuando en personaje. 

Claramente, no conviene tener cerca a una persona asi. En especial, cuando conmigo siempre pudo abrir su mente y su corazon de una manera incluso mas colorida que con el resto de mi familia y cuando, de su lado al menos, sostiene la creencia de que yo siempre entiendo como piensa, a donde va, que es lo que va a decir y como es que se relaciona con las personas. 

Cuando, precisamente, todavía no he podido darme cuenta como es que se esta relacionando conmigo... 

¿Como es que, conmigo, siempre fue capaz de decir otras cosas? ¿Como es que, incluso el día que se entero que lo hacían cornudo, y tenia que ir a buscar cosas a su casa, pensó en que lo podía acompañar yo y lo dijo enfrente de su familia y de la mía; y todos nos quedamos mudos? No en vano yo le dije que no me parecía del todo bien entrar a su casa y juntar consigo las cosas, estando su mujer allí desencajada, pero que si quería lo esperaba afuera mientras el juntaba todo y volvíamos los dos para mi casa. Si, claro, a todos les sonó mal, tan mal, como a mi me cae su versión de chico "superado". 

Entre nosotros hace semanas que no se da una charla consistente, como las que teníamos antes. Por momentos su actitud es coincidente con el que este efectivamente está en otra sintonía, y el saberlo me relaja por una temporada. Sin embargo, se que una mañana o en cualquier momento del día, cuando menos lo espere y cuando menos me interese, irrumpirá  y – gravemente confundido en este punto – pretenderá que se lo escuche. Pero… ¿desde qué lugar quiere que eso suceda? ¿Desde qué lugar pretende que yo – antes que nada mujer –  lo escuche? No sería necesaria esta pregunta, si pudiera ver que aun mismo saliendo con otras mujeres, nuestro vinculo persistiría. Pero lo cierto es que no, digamos que no se corta pero tampoco persiste. Es como si se congelara, como si yo permaneciera ausente de la realidad, más allá de alguna foto en redes donde me da un like, es decir, mas allá de unas cuantas migajas. ¿Y desde donde estoy ausente, en realidad? Probablemente, mi rol de “hija de mi amigo, casi una psicóloga “ es la matriz desde donde se empieza a tejer la distancia, pero en ese caso, no tendría por que cortarse tanto, a menos que no tenga en claro las cosas conmigo. 

La constante es una, sin embargo: lo buenas que cree que están las minas con las que pasa el rato vienen a suplantar esa figurita de escucha femenina que, es evidente, es tan pero tan necesaria para Urtubey, siempre jugando con la papeleta del buen tipo, del sensible, de perdido, del que quiere una mina capaz de arrancar algo en serio. Del que no sabe cómo hacer, del que busca una mina, más o menos, con los mismos valores. Y yo, ahora, mientras rememoro cuanta cosa dijo en mi casa, sentadito en mi mesa, oficiando de galancete de América, pienso: sí, claro... 

II 

Al cabo de un tiempo, me di cuenta de algo fundamental a esta cuestión: si algo le pasa o algo piensa, al parecer, yo nunca lo voy a saber. Puedo pasarme la vida pensando que esto es normal pese a que yo no lo comprenda asi, precisamente porque lo estoy midiendo con mi vara. Al caso, lo que para mí es un dislate para Urtubey puede ser normal, intrascendente e inclusive, también inofensivo; con lo cual quizá no encuentra razones para cuestionarse nada ni replantarse ninguna de sus actitudes. 

La actualidad es esto: sentarme, contemplar mi presente y no darle demasiada importancia a nada. 

Si de algo me valió es pasado es para saber que relaciones vale la pena sacrificar, cuando la pretensión es evitar - o al menos, dosificar - el sufrimiento reservándolo solo para cosas que sean realmente importantes o donde sienta que la inquietud, en cierto modo, vale la pena. 

Al brillante decir de Mario Benedetti, en una de sus novelas, no se puede andar siempre con el corazón en la mano

Por eso, si me tratan mas o menos, yo los tratare igual o directamente los ignorare como una manera simpatiquisima de devolver generosidades.  

Las personas que realmente me quieren, las personas para las que realmente importo, a la larga, quizá, se moverán como tantas veces me he movido. 

Me va a venir muy bien refrescar la memoria respecto a quienes son. 

viernes, 27 de octubre de 2017

Paradojas

Vas a ver realizado, exactamente, en la justa medida, todo lo que te hubiera gustado realizar consigo, de la mano de otra u otras, eso no importara, al caso.  No van a hacer cosas diferentes, no van a ir a lugares diferentes, ni tampoco, van a admirar desde la risa destinos diferentes a los que vos deseaste ir también y sobre a los que llegaste a pensar cualquier cosa, siempre y cuando, estuviera relacionada consigo. No, no, no...  Sera todo lo mismo, igual, puntiagudo y perfilado, precisamente, para que duela, para que te duela.   


Se expondrá, sistemáticamente, todo lo que te hubiera gustado hacer, todo lo que hubieras podido hacer, todo lo que hubieras deseado poder explicar o decir, en algún momento determinado. Y ese cumulo que para uno implica realmente tantas cosas, caerá en boca de la elegida en cuestión, sin penas ni glorias, casi como un tramite o una miga mas para el mendigo. Visitaran los lugares que sugeriste para comer, irán juntos al teatro a ver una obra que, de movida, a la elegida importa un carajo y aun mismo sea decepcionante para el, ella no se molestara en darle, siquiera, una mínima devolución a modo de deferencia, por la invitación. 

Compartirán todas las cosas, las mismas cosas - paradoja en medio - que hubieras deseado compartir consigo. Y cuando digo todas son, irremediablemente, todas. Música, libros, charlas hasta lo indecible, películas, desayunos, mañanas, tardes, noches (con todo lo que involucran). Y quiza para la elegida sea mas de lo mismo, y quizá para la elegida sea el segundo plato, y quizá para la elegida no sea ni un cuarto de mi que para uno es. 

Pero eso no le importa, a nadie.  Porque cuando a uno no lo eligen, no lo eligen y no hay absolutamente nada que se pueda interponer a eso. 

De hecho, la vida te ira a poner todo lo mismo que anhelaste hacer consigo frente a tus ojos, al punto de hacerte daño. No en vano se enfocara en aquello que - sabe - puede molestarte, te pinchara donde te joda y se le dara estupendamente bien encontrarte el punto débil y te lo encontrara, siempre, tan asertiva con sus dardos. La vida te mostrara, haciendo las veces de una vidriera donde vas a poder apoyar la ñata, todo aquello que te gustaría tener y que no vas a poder lograr al lado de esa persona, no de otras, de esa en particular, porque ahí esta la gracia.   La vida no se cansara de hacerte saber que tenes paladar de champange y bolsillo de Coca Cola, porque te gustan los tipos por la cabeza y ellos nunca dan dos mangos por vos, descreyendo de la tuya y del potencial que atañe. La vida te hará el inmenso favor - de nuevo, como siempre, hasta que aprendas y te convenzas - de que no estas hecha para la altura de ciertas circunstancias que te poblan el bocho.  

La vida te demostrara que nadie es capaz de verte como mujer, que nadie es capaz de permanecer al lado tuyo sin temerte, que nadie - que a vos también te guste, que fortuna - va a tomarte en serio. La vida te demostrara, de nuevo, que vivis hablando al pedo, ayudando a los otros a salir adelante, cuando a menudo sentis que no podes mas, que vivis de a ratos y a pedacitos.  La vida se cagara en vos muchas veces,  - Veinteava -, se cagara en vos muchas mas veces de las que hubieras soñado. 

La vida te va a desafiar, te va a tocar el culo, te va a poner el dedo bien enterrado en la herida; hasta que te vuelvas fría y pienses con la cabeza. Hasta que te vuelvas cínica y pretendas manipular a los demás, como hacen casi todos, para sentir que no perdes "el poder". Hasta que te vuelvas ante el sufrimiento ajeno, dándole la espalda, como hacen casi todos. Hasta que quieras basándote en las conveniencias, como no soles hacer, porque en el fondo, nada de eso te importa de verdad.  Hasta que termines con un tipo porque estas cómoda, porque no te jode, "porque te da los gustos" cuando no fue nunca eso lo que buscaste en una persona ni lo que te lleno; o porque "lo dormis enseguidita", haciendole creer que esas migas que le das son el amor que el otro se merece, siendo que podes dar y hacer las cosas mucho mejor. Te punzara y lastimara, hasta que te conformes, hasta que te resignes, hasta que te doblegues, hasta que no confíes ni de tu propia sombra. Hasta que seas incapaz de enamorarte de verdad, y llegues a pensar que sos un demonio, o quizá, ni siquiera eso, en caso de una conversión intensa porque ya no seras ni la mitad de concienzuda, considerando que aquello es para tontos.  

Si, la vida te va a desafiar, se va a reír de lo que esperas, va a poner ausencias y humillaciones donde hubieras ansiado palabras y reparos. La vida te va a engañar siempre. La vida te va a marear siempre. La vida - con las personas que te pone delante - te va a buscar y te va a torear. para hacerte confundir, buscando que te caigas. La vida se te va a proponer ambigua ante tus ojos, y también te va a hacer perder la objetividad. La vida te va a poner a prueba, no sobre cosas a las que puedas renunciar sin dolor, sino sobre menesteres que necesites padecer particularmente. 

Y quizá, llegaras a maldecir las vueltas de esta misma vida, y parecerás capaz de llenarte de rencor, odio y hastío para siempre...  Hasta que cuando estés absolutamente convencida de que la vida no es justa, de que en el amor todo te sale para la mierda y de que nunca vas a poder ser sensata del todo; otra vez la vida te va a apuñalar las verdades y te va a cambiar de lugar, por mas imprevisible que parezca, todas y cada una de las piezas. 

Porque las fuerzas que rigen las vidas de las personas son en extremo poderosas y se jactaran de su poder demostrándote algo  muy simple y claro, quizá, lo mas simple y mas claro de todo (que, a menudo, permanece oculto por diversas pomposidades): hay que aprender a esperar, a caminar en lo incierto, a romperse la cabeza en el absurdo, a sentirse derrotado, ingenuo, humillado y vulnerable... porque vivir también es eso.  Pero en especial porque hay otra cara de este circo, de este absurdo, de esta gran y estúpida paradoja que, muchas veces, reside en el estar vivos... y es que cuando  mas difíciles  son las cosas y menos salida parece que tienen; es también cuando la vida te esta diciendo (por todos esos medios dolorosos de por si): " espera, espera un poco, yo te estoy enseñando; espera". 

En este momento, siento, sobre algo muy pequeño que todavía yo puedo elegir: el creer no pego una y que el Universo me esta castigando, o por el contrario, que lo que me de calma y felicidad me va a encontrar y que, a través de todo esto, el destino, la vida, Dios o el Universo, solamente me están enseñando. 


jueves, 26 de octubre de 2017

Viajar al centro III

Urtubey me regalo mi edición de Don Quijote cuando todavía estaba casado. Le había comentado, sin ningún tipo de intención, que el año próximo lo iba a leer en la facultad y, por esa razón, quería aprovechar un lanzamiento editorial, en nuestras comunes charlas de libros. El me había preguntado, segundos antes si estaba enterada de dicho evento; porque lo había visto con la mujer, y enseguida se habían acordado de mí, con la intención de avisarme para que me lo comprara.  De hecho, mientras escribo, recuerdo que el mismo le mando un mensaje a mi padre avisándole del hecho; sabiendo que yo no le iba a pedir plata para ese libro porque nunca le pido plata para nada más que para fotocopias y no sabiendo, tampoco, en que estado estaban mis asuntos financieros personales.   Mi padre me comento del hecho en un tono muy diferente al que me comenta las cosas ahora, y me pregunto por que no le había dicho nada aludiendo a que, de no ser algo urgente, me lo iba a comprar en cualquier momento. Todavía me acuerdo que le dije que no importaba, que de alguna manera, mas tarde o más temprano, me lo iba a tener a poder comprar o bajar igual; que no se preocupara. Porque, en  realidad, yo consideraba/ro que tenia/ tengo vida -y sueldos- por delante para seguir haciéndome muy de a poco mi biblioteca; por lo cual - como me digo siempre -  lo que no tenga ahora, lo tendré mañana.  

¿Cuánto tiempo paso de esta charla? No recuerdo, quizá dos semanas o tres, hasta que todos volvimos a juntarnos a cenar en la casa que Urtubey hasta esos días compartía con su mujer y su niño pequeño.  

- ¡Uy! – dijo, mientras levantaba los platos - ¡Te quiero mostrar algo que me compre! Te va a gustar, a vos… - me anticipo, y se fue hacia el lugar donde tiene su biblioteca. 

Retorno con el primer tomo de El Ingenioso Hidalgo… entre sus manos y me lo tendió enseguida. 

- ¿Lo puedo abrir? – le pregunte, a modo de deferencia, porque tenia parte del envoltorio transparente puesto.  Asintió enérgicamente con la cabeza y se me quedo mirando, con su mujer como escolta del momento. Mis padres, que estaban dando vueltas por el mismo ambiente, también se quedaron mirando la situación. Yo abrí el libro, le di una ojeada al índice y elogie la edición, rescatando el que estuviera cosida y bien encuadernada, como también, que tuviera una letra grande, muy legible, teniendo en cuenta las dimensiones del texto y el tiempo que su lectura conlleva. 

- ¿Te gusta? – me pregunto, como si nada y asentí con la cabeza mientras le comentaba los beneficios que tenia a mi parecer dicha encuadernación. 

- Me mata que tengan encuadernación rustica, te juro – admití avergonzada. 

- ¡Para! – exclamo – eso no es nada. Ahora te traigo el otro tomo, para que lo veas – me dijo y se volvió a ir. 

A los pocos instantes, vino con dos libros más entre las manos. Lo mire, extrañada, aproximarse y darme solamente lo que yo consideraba que era el segundo tomo. No le dije nada porque creí que era otro texto que se había comprado y quizá quería mostrarme, cuando todavía tenía la naturalidad suficiente para hacer esa clase de cosas conmigo. Me llamo la atención que el segundo tomo todavía estuviera completamente cerrado con el envoltorio transparente, entonces, lo mire como pidiéndole una pauta de acción. 

- Este no lo abro porque esta cerrado – le explique y me miro con picardia, con una picardia mucho mas clara y mas feliz que el pasado mas reciente. 

Asintió con la cabeza. 

- Abrilo, Veinte, es tuyo – me dijo y sonrió. 

Levante la cabeza y lo mire, desconcertada. 

- ¿Eh? - exclame. 
- Si, acá tenes el otro, empaquetado - me dijo. 

Recién ahí entendí por que habia vuelto con dos libros.
 Uno era suyo, y los otros dos, eran "míos".

-No, no no – me ataje enseguida – Esto es de ustedes. 
- ¡No, son tuyos! ¡Son para vos, están comprados para vos, así que te los llevas a tu casa! – se rió. Intimidada por la situación, incomoda mejor dicho, lo mire sorprendida a el y a su mujer.  Curiosamente, en ese momento, con total tranquilidad y objetividad, me dije que la alegría sincera que le leí en los ojos a Urtubey no estuvo a la altura de la sonrisa protocolar que me dedico ella. 

Me quede con una sensación extraña, la misma que tengo siempre que me hacen un regalo. 

- Gracias – le dije a Urtubey, mirándolo y lo mismo hice con ella. 
- A mi no me digas nada… - me dijo la amable de su ex, con ese tono tan cochino y despreciable que tenia ante determinadas situaciones, o mejor dicho, ante casi todas las situaciones – El se ocupo de conseguírtelos, de hecho, los anduvo buscando por Capital y los anduvo buscando por acá también. Encontró un tomo solo y después pregunto en un montón de lugares para conseguirte el otro…  – me explico. 
- Bueno, de todos modos, se lo agradezco a ambos - rectifique, aunque mire a Urtubey, fugazmente y sonreí de nuevo, a modo de agradecimiento mejor orientado, luego de esa breve explicación siendo que a través de ella entendía el motivo de ese desinterés de la señorita y, al mismo tiempo, desde donde venía gestándose esa demostración de sensibilidad poco vista en nuestros días. 

Así y todo, pese a que no hubiera nada de malo en hacerme un regalo siendo la hija de su amigo, o mejor dicho, la hija de una amistad dada entre dos matrimonios; cada vez que veo a Don Quijote, no pienso en Sancho Panza, pese a que eso es lo que debería suceder. 

Yo pienso en el tiempo, en lo impredecible de las circunstancias, en los cambios y en la medida inconmensurable que tienen algunas cosas. Pienso en Urtubey, me acuerdo de ese tipo de cosas que suele hacer, tan propias en el, y sacudo la cabeza indignada. Porque, ante todo, pensar en Urtubey es una cuestión de principios, y los sobresaltos que vienen padeciendo, me llenan de bronca. 

II 

Hablar de este tema, aunque quizá no lo parezca, para mí es muy difícil, pero que muy difícil. En una persona se vinieron a conjugar muchas cosas que la exceden, otras que la nombran y, a la vez, muchísimas más que la trascienden. Yo misma me sorprendo diciendo que Urtubey me ayudo a conectarme con esa vieja sensibilidad anterior a los últimos tres años, porque justamente no es solo un decir algo poetizado; es más bien una constante que, aunque me cueste horrores - y dolores de panza - admitir, persiste en mis días.   No menor es la sorpresa cuando, por otro lado, soy plenamente racional y cautelosa respecto hasta el punto donde nosotros dos podemos llegar y eso me hace sentir, forzosamente, que nuestra mayor aspiración pueda consistir en esto del presente.  Supongo que en el intento de armonizar estas dos fuerzas, la razón y el desatino, se van muchas de mis fortalezas, de la templanza que necesito a la hora de sobrellevar las simples y complejas cosas de todos los días. 

 III 

Lo cierto es que consigo me sucede algo extraño. Por momentos me invade una especie de certeza que objetivamente informa acerca de la realidad; una realidad donde, pese a que me conmueva, demuestra que nada de lo que pueda hacer para estar cerca suyo – de alguna otra manera  - tiene un buen final. Por otros momentos, me invaden un centenar de sentimientos que son totalmente impropios al rol que viene a ocupar y no puedo medirlos, porque me sobrepasan. Sin embargo, yo en el fondo, muchas veces parezco saber hasta donde realmente va a llegar, y eso es lo que vuelve a esta causa algo entre infructuoso o predecible, al menos, desde el punto de vista de obtener como resultado solo hechos consumados. 

De modo intermedio, se sabe, hay un magma complejo de significación que no viene a cuento. Hay millones de cosas que puedo seguir poniendo en duda, hay hechos que nunca me van a cerrar, hay miradas, actitudes, chispazos de una especie de lucidez alternativa que nunca voy a poder acomodar del todo consigo. Porque tampoco tengo ahora el valor suficiente, ni lo que tengo que tener, para poder hacerme cargo de todo esto y seguir viajando mas al centro. 

Lo que puedo decir, en cierto modo, es también lo que puedo soportar.  Quizá por eso, también, me cuesta reconocer que algo mas allá del mero “gustar”, me sucede con este tipo bueno, que tan cerca y lejos puede estar de mis manos. Quizá porque no le veo futuro, porque no le encuentro un sentido, porque no lo imagino de ninguna forma civilizada poder encajar en mi cotidianidad y menos, en la suya; es que me resisto a ponerle un nombre clarito y confesable a esto que me pasa y que por momentos parece capaz de hacerme rebalsar.  

En este menester, las teorías presentes en mi carrera me ayudan a explicar la - mi - cobardía de una manera un poco mas elegante. Vamos a ver... Digamos que considerando al lenguaje como un productor de realidad donde a partir del ponerle un nombre a algún objeto o acontecimiento se le atribuye entidad y características; creo si yo no le pongo un nombre a esto que me pasa consigo, me es mas sencillo de sobrellevar. Asi, no se cumple del todo esa correspondencia esperable entre palabra y cosa, que tan común es, y tanto resuena en nuestras vidas, sin que nos demos cuenta.  

La pregunta que me hago, ahora, es diferente y menos cobarde quizá:  ¿cual es la diferencia entre no decirlo, respecto de no poder corroborarlo nunca? Lo mismo viene a ser no ponerle un nombre nunca que no poder darle una entidad clara a través de conformaciones, actitudes claras, señales precisas, interpretaciones univocas. De otra manera, ¿que sentido tiene asociar esto que me sucede a un concepto, a una etiqueta?  Para lo único que sirve - o podría servir - es para atribuirle condiciones, expectativas, caracteres que no hablan del vinculo que tengo consigo en si, sino, sobre como este debería ser.... Y, en la teoría mas firme ¿como debería ser entonces vinculo correcto con la hija menor de uno de tus amigos? ¿Y esto que pasa, por momentos, que se supone que es?

La falta de calificativos, en este punto, parece ser capaz de joderme la vida. 

miércoles, 25 de octubre de 2017

Viajar al centro II

De solo pensarlo, sacudo la cabeza, indignada, muy indignada.  Me doy cuenta: en este momento soy pura resistencia y no podría llegar a explicar cómo se me tensa el estomago, conforme necesito decir esto que estoy pensando y que me hace sacudir la cabeza indignada, muy indignada, porque creo que servirá para empezar a sentirme mejor. 

Durante este último tiempo, fui tocando los diferentes motivos en mi mente, para comprobar que nada fuera de lo normal hace ruido. Considerando que todos tenemos problemas, algunos muy molestos, esto me llevo a reconocer que solo algunas cuestiones en la vida son capaces de quitar el hambre, el sueño, la paciencia y la calma. A través de eso,  llegue a la conclusión de que la cosa no venía del todo por lo cotidiano, porque de haber sido así, a mi me hubiera estallado el estomago y la voluntad mucho antes. Entonces, aunque me costo cada vez más, seguí indagando hasta que, una tarde, sin esperarlo, reconocí lo que me parecía tan evidente y normal, para dejar de tomarlo como tal: tiendo a soportar muchas cosas en mi vida – buenas, malas, injustas, desconcertantes o ásperas; como las hay en todas -, pero hay una sola cosa que tiene el poder para sacarme de mis casillas. Y es, ni más ni menos, que el amor o en su equivalente mas normal, el sentir cosas genuinas, consistentes, perdurables, reales - por ende, que me importunen -, hacia alguien.  

Ahora, por el contrario, voy cercando al problema, caminando a su alrededor.  Caigo en la cuenta  de que durante estos últimos tres años me he vuelto alérgica a esa especie de estado, me he alejado demasiado de esa posibilidad, al punto de rechazar del todo la idea.  Al principio, pensé que era pasajero, después pensé que “se me iba a pasar” y, hasta hace un año atrás, me anime a pensar que conociendo otras personas, esta cuestión, se esfumaría con el paso del tiempo; es decir, abriendo un poco la cabeza. Lo que jamás atine a darme cuenta, hasta que me tope con un muro enorme, es decir hasta ahora, fue que antes de mantener abierta la cabeza, lo que en realidad tenía que poder volver a abrir, era el corazón.  Y mi corazón, pese a la apariencia de piedra, en el fondo - faltaba poco tiempo para que me tocara corroborarlo - seguía siendo una criatura asustadiza, que se escondía de todos para no estallar en pedazos. Que no sabia sentir de mentira. Que no media las consecuencias, que no escatimaba latidos. Que saltaba o, por el contrario, se quedaba en su lugar; es decir, sin puntos medios.




martes, 24 de octubre de 2017

Viaje el centro...

Escribir siempre me resulto, a modo de desenvoltura. Escribir siempre fue mi guía, mi fórmula para mantenerme en eje y el puente para expresar mis ideas, pareceres o sentimientos. A tal punto se afirmo sobre la superficie de mis días, que llego a ser también la equivalencia exacta ante lo que jamás mostraría a los otros; porque escribir ante todo, y por lo menos para mí, es escribir lo que no digo.  Asimismo, cuando la escritura desaparece, aunque parezca extraño, el cuerpo me duele; me duele la espalda, me duele la panza, y se me va el hambre. Escribir es, en este sentido, casi un medio para sobrevivir; una idea sana ante la necesidad de relevar "a nadie" una carga que ya no soporto ni puedo seguir llevando conmigo misma. Y justamente, en ese disponerlo hacia la nada, es donde mejor me siento, porque soy libre y no es preciso impartir explicaciones, porque escribo y punto; escribo y es afortunadamente, el único terreno donde me reencuentro con mi propio poder… para decir. 

Hace mucho tiempo que escribo, y sin embargo, creo que nunca expresarme me costó tanto como en esta etapa de mi vida. Si lo que me está molestando al punto de no dejarme transcurrir en paz mi vida actual; se suscribiera al ámbito privado de mi computadora o de alguna hoja oficio perdida por mi habitación, hoy se una cosa con certeza: no la terminaría de decir, no lo terminaría de escribir, como me viene pasando. Me iría a dormir, a tomar mate, saldría con mi amiga, me pondría a estudiar para la facultad; es decir, me escaparía como una ratoncita; exista o no el tirante en cuestión.  Por eso es que me dispongo frente a la pantalla y como si se me presentara en formato de espejo, el ver lo que escribo sera además entender mejor esto que me pasa. 

¿Cómo se explica el no poder decir? No se parece a nada que haya conocido antes y eso me inquieta. Por momentos siento como si yo no pudiera explicarle a nadie que es lo que me pasa, no porque sea algo ajeno, sino porque no tengo palabras para decirlo en toda su magnitud. Si alguien me encara y me pregunta, con seguridad le puedo decir que no me pasa nada, que yo estoy bien. Pero, por las noches, cuando ya se diluyeron mis ocupaciones y termino de cenar, me doy cuenta que me pasa algo con una breve introspección.  A las palabras que me ayuden a poder aclararme, las busco, incansablemente y obstinada como soy, porque no quiero encerrarme en lo que siento, no quiero amurallar mi vida. Conozco bien lo que me pasa cuando eso sucede; pero no aparecen las palabras, aun mismo, quiera y mucho lo desee. Considero que la palabra es el único y el último puente con los demás que me queda, y por si lo olvidaba, también es el  más importante de todos para mi, donde lo que no digo, para no reventar por dentro, lo escribo.

Ni siquiera tengo bien en claro que es lo que no puedo decir, pero si tengo perfectamente en claro, a quien se refiere y quizá, eso mismo, tampoco me ayuda a expresarme. La contra-cara es reventar, por dentro, sentir como si me estuviera reventando. La contra-cara es haber perdido el hambre, y el haber perdido también la buena voluntad para comer, por los semejantes dolores de panza que tengo, todo el tiempo. La contra-cara es no ser sincera, realmente sincera, con nadie. La contra-cara es que me digan que estoy muy flaca, que voy a desaparecer, que me van a  llevar al médico porque “nunca como” o porque “me estoy quedando sin culo”; y yo sepa, en parte, que mas allá de la exageración tienen razón, pero no quiera gastar el tiempo en contar lo que me está pasando. 

¿Qué digo a familiares y conocidos, si ni yo misma puedo entender del todo que es? ¿Qué me duele la panza todo el tiempo, y que nunca tengo hambre; por eso como poco? Esos no son argumentos, son síntomas de algo que no logro identificar, son reflejos de algo mas, que juega con el contraste de luces y sombras que todos tenemos.  

El asunto es que, si bien mi cuerpo ha reaccionado a los puntos de estrés, nunca tuve demasiado desarreglos con la comida. Siempre, por decirlo de alguna manera, me criticaron mi relación con la comida, pero jamas deje de comer.  Incluso, en los peores momentos hace tres años atrás, donde estaba pasando una época muy especial de mi vida, comía diez veces mejor que ahora y aunque me esfuerzo por decirme "tranquila, ya vas a tener hambre", el hambre no llega y el estomago se me cierra del mismo modo en que intento no cerrarme yo a través de las palabras.  

No entiendo, realmente, el motivo, la relación que puede haber entre este estar sin hambre y sin respuestas, en especial, si tengo en cuenta que una huelga de hambre no estoy encabezando, ni por asomo, pero tampoco, cumpliendo ninguna penitencia de todo religioso, medieval, etc.  Si fuera por motivos contextuales, quizá, pero en ese caso, tampoco puedo decir que como mal. Mi madre, incluso, trata de cocinarme lo que me gusta dentro de sus recetas, porque nota que las discusiones por el tema con mi padre son permanentes, pero a veces, ni eso ayuda. Desde mi misma, el hambre, no aparece y, lo que como para cumplir, a quienes lo ven de afuera, no les alcanza. 

Se, por otro lado, que si les explicaría que no siento deseos por la comida, me tirarían con algo en la cabeza. Pero, últimamente, eso es lo que me pasa; siento que se me agrupan las comidas y son una especie de peaje que me toca pasar, forzosamente, en la mayoría de los casos y últimamente, con dolor de estomago a cuestas y todo.  Considerando que en mi casa me persiguen bastante, porque supuestamente - desde una lógica que yo no entiendo ni apoyo - sostienen la tesis esa de que tengo desordenes con la comida, me debo el comer. Pero para comer, al menos a mi manera, yo bien se que necesito tener hambre y no lo estoy viendo aparecer desde hace varias semanas. 

El exceso, la inmediatez, en este caso sobre la comida, no es algo que yo pueda terminar de entender del todo, porque de hecho, no puedo comer todo a la vez.  En mi casa tienen la costumbre de comprarme galletitas para merendar, en cantidad; mi abuela me compra cuando voy a merendar a su casa o me compra para que me lleve a la facultad, pero yo en verdad, siempre como menos de lo que tengo (por suerte, claro). Así, me van quedando alfajores, chocolates que a veces me compro y luego me olvido, galletitas, o incluso, facturas... Porque, en este momento de mi vida al menos, no me alcanza el hambre del que dispongo para comer mejor. 

Ni siquiera tengo en claro que es lo que me angustia, que es lo que me pasa, que tengo las tripas trenzadas y no pruebo bocado desde el disfrute, pero considero que algo me pasa. Yo solamente se que intento indagar, que no logro dar con las respuestas, que algo me quita el hambre, pero al mismo tiempo, me pesa y llena incluso mas que la comida. 

Realmente, me gustaría saber el motivo por el cual desde hace un tiempo estoy así, siquiera ante mi misma. 

domingo, 22 de octubre de 2017

El beso de Judas

El escaparse. El estarse ciego. El no querer contar, ni una sola vez, las bondades. El decir una cosa y, mientras tanto, eligiendo espaldas selectivas, el hacer otras. El venir a mi fuente, a mi orilla, a mi lugar en este mundo, para contar versiones o al menos, pareceres que no entiendo. El escurrirse, el ser siempre lo que otros resolvieron, el no saber que hacer con tanto juego, el no entender que hacer con tanta libertad, y responsabilidad, sobre si mismo.

El tener un momento tenso con su ex, uno de los tantos, claro. El que, de casualidad, mi padre no este para escucharlo y  a cambio, los mensajes me lleguen a mi preguntándome por el; es decir, lo que no debería ser costumbre. El no decirle nada, ni malo ni bueno, dejando que los demás se ocupen de sus problemas. Pero por encima de todo, el que un rato después, aun no habiendo respondido ninguno de sus mensajes, y aun teniendo las respuestas que "necesitaba" sobre su amigo, vuelva a mandarme un mensaje... a mi.  El que esa misma noche, se me vayan cayendo las palabras del cerebro a la boca, de la boca a los dedos; y ya no quiera, ni pueda, pensar en lo que representa... El sentir que me voy cayendo en una cavidad de la que nadie, ni siquiera el, va a poder sacarme. Pero aun mismo, el decirle que se mire al espejo, solo, y vea si el tipo que es, lo conforma y que, si no, se haga las preguntas que necesita, sin miedo, porque peor es pasarse la vida mintiéndose a si mismo. Decirle que nada de lo que le digan los demás, lo condicione del todo; que no se asuste, que sea fuerte, y que tenga paciencia, que no puede tenerlo todo ya, que es necesario que lo entienda, porque de eso va también el crecer. Que no siempre ha sido el marido de la fulana, que no siempre ha sido hijo de sus padres, ni hermano de sus hermanos. Que se busque, ahí dentro suyo, dándose el tiempo. Que el momento, aunque nunca lo hubiera parecido, es ahora. Que elija, entonces, hacer y ser algo muy parecido a lo que el anhelo para su vida, pensando de a poco las cosas, acumulando confianza en si mismo.

El que me pregunte, a cuento, ¿que mierda escribe ante todo lo que le acabo de decir? El que esa sea la única pregunta que no quede en mi intentar responder. El que al dia siguiente mi mejor amiga lo cruce por la calle y me diga que lo ha visto pensativo, embutido en su mente; y el que, un rato antes nada mas, me haya citado por redes sociales, tan implícito, tan cobarde. El que yo intente, de mil amores intente, tomar todo ese conjunto de cosas como algo normal. El que intente no mirar con extrañeza a un tipo que jamas en años se habia comportado así y que me parece equivoco, extraño. El que yo intente no mirarme al espejo, con la misma extrañeza, admitiendo que no es, siendo como somos los dos, algo demasiado normal. El dejarlo pasar, porque no entiendo, ni quiero quizá, decirme ciertas razones.

El que, solo dos días después de esa charla, le diga en su propia cara  a mi padre (respecto de la misma situación, mientras la contaba medio a la marchanta), que luego de hablar con su ex mujer se habia "olvidado" del tema; por haberle dicho lo que tenia para decirle sin quedarse con la rabia. Que no era un problema capaz de ser solucionado, ni llamándolo a el, ni a ninguno de sus amigos, sino, llamándola a ella, reforzando el limite y siguiendo adelante habiendo puesto ese punto en claro. El que me mire, justo en ese punto, como si nuestra charla no hubiera sido por eso, cuando yo interprete que me habia escrito, porque la mano venia por ahí, o por lo menos, porque necesitaba hablar con lo mas parecido que pueda ser yo a una amiga.  El que me mire como "si yo entendiera" esa la complicidad suya. El verle en sus ojos acuosos esa tranquilidad por saber que conmigo puede decir cosas que, los demás, parece ser, no comprenden, mientras que por otros lados, mi rostro merece sostenidos silencios.  El que esa noche actúe como si fuera parte de un frente conjunto, de una manera tan suya, que después trae problemas, y me trae reproches y me trae preguntas. El que me deje ver, muy claramente, como puede estar contando siempre dos cuentos y como cree poder ser siempre el mas banana en pijama. 

El que me hable todo el tiempo, y el que no me hable. El que me haga preguntas al estilo - ¿donde estoy? - y que, después, no me responda un comentario de un libro, ya que ahora, anda tan Licenciadito en Letras, el. 

El que vaya, el que venga, el que nunca pueda terminar de convencerme, sobre nada. Y el tener como única certeza el hecho de que tanta oscilancia, conmigo al menos, no termina de ser algo normal. 

II

- Nunca voy a entender para que viene a mi casa, le dice todo que si al amigo, y se va - argumente, cuando mi abuela me pregunto si habia "alguna novedad" del tema; ya que ella es hincha de Jose Urtubey, mas allá de todo lo que le pueda decir o presentar como argumento - No entiendo por que se deja pegar así, ni para que sigue viniendo a contar las cosas, si sabe lo que le van a decir - espete - Nadie le esta pidiendo que venga a mentir, ni a contar, ni a explicar nada; a nadie le tiene que mentir, y menos, a mi viejo - le remarque a mi abuela - Dice que no llamo a los amigos, que no lo llamo a el para contarle porque no hubiera servido de nada, y sin embargo, me escribió antes de irse a dormir, me lo comento, me comento de su niño y terminamos hablando - como siempre - a corazón abierto... De todo, que se yo, del momento en el que esta. Pero después, viene a casa, y te lo juro abuela, yo no existo; últimamente, no es capaz de hacerme preguntas directas y, sin embargo, no puedo pensar que esta enojado, porque después esta todo lo mas bien, viste. La verdad, yo creo que estoy muy paranoica.   

- ¿Me vas a decir que no sabes por que sigue yendo a tu casa, Veinteava? Por favor - me reto.

Me la quede mirando.

- Si, se por que viene a casa... - hice una pausa y bebí mi café - Tengo dos opciones: porque es sumiso y quiere demasiado a mi viejo, o porque se siente solo y busca reparo en nosotros, como familia y bueno, distorsiona un poco las cosas para quedar bien...  - plantee.

Mi abuela negó con la cabeza.

- Sigue yendo por vos, a tu casa - musito mi abuela - Enojate por lo que te voy a decir, no importa, pero a mi como buena vieja que soy, nadie me saca de la cabeza que este pibe, a tu casa, pese a que tiene que bancarse a tu padre, va por vos.

Negué con la cabeza, escéptica.

- No es por llevarte la contra - le advertí - pero yo no creo que sea capaz de tanto.
- ¿Y por que, entonces, no cuenta de las otras minas en tu casa?

Suspire.

- A mi viejo, si le cuenta; a través de mensajes o a veces, lo llama. Pero, cuando esta en casa, nunca hablo de eso. Si no fuera porque yo me entero de todo, viviendo dentro de la misma casa, de Urtubey sabría solo lo que veo y escucho cada vez que viene a casa, o solo lo que el me dice cada vez que hablamos por teléfono.

Mi abuela sonrío, con algo de malicia. Su gesto fue una mueca entre la picardia y el saber que eso significaba según desde el punto de vista donde me estuviera enfocando.

- Es pelotudo, che... - musito - ¿No te das cuenta que por algo a vos no te habla de esas minas con las que se acuesta o sale ocasionalmente?

- ¿Pudor? Quizá, según su educación, el no cree conveniente decirme "no sabes como me calenté anoche con Sultana o lo bien que la pase con Fulana en el cine" - argumente, manteniendo los patos en la fila.

- ¡Nah, que pudor! Conveniencia, nena, conveniencia - me miro, queriendo hacer obvia esa cuestión - Sabe que si vos te enteras con detalles de esto, no va a poder escribirte cuando tiene ganas de hablar con vos, ni va a poder ponerte la excusa del pobrecito, cuando quiera hablar. Pero mientras tanto, va a pensar diez mil veces lo que tiene que hacer.

- Te juro que para mi es todo tan distinto, abuela - musite - Seguramente porque siempre hay un margen de error en todo esto, cada uno puede ver cosas tan diferentes. 

- Pero, Veinte... ¿vos tenes dudas de que a este tipo le gustas?

- ¡Si, claro! De hecho, yo sigo esperando que esta etapa se le acabe, porque es una etapa, nada mas. Esta confundido, esta descubriendo mujeres, cosas nuevas, libertades. Quizá una de esas libertades, también, es hablar conmigo un poco mas seguido, contarme cosas; no se, quizá se siente bien... y no se hace tantas preguntas.

- ¿Vos crees que no le gustas?

Asentí con la cabeza.

- Por momentos pienso que se confunde conmigo pero que después retorna a la realidad; que es algo parecido a lo que me pasa a mi, salvando que soy mucho mas mental que el - le aclare -  Por momentos pienso que no se va a confundir justo conmigo, que conoce los términos de nuestro trato, y que podrá estar mareado pero sabe con quien si y con quien no... - inspire - Y después hay momentos donde lo veo mirarme sin decirme nada, mientras juego con su hijo, o incluso sin que me de cuenta enseguida de que me esta observando; y no te podes imaginar la forma en que lo hace, abuela... - me quede callada, con una angustia creciente en mi - Es como si realmente yo pudiera saber que al tipo le pasa algo, aunque quizá no me lo reconozca nunca, solamente de mirar dos segundos como se le transforman los ojos - le dije, bajando la vista y tocándome la frente - ¿Sabes que no me mira con calentura, no? Al contrario, las veces donde lo enganche, me di cuenta que me miraba distinto.

Mi abuela sonrió.

- Este tipo esta enamorado, nena - vaticino.
- Si, seguramente... - ironice - de la ex mujer, esta enamorado.

Sacudí la cabeza.

- ¿Por que no podría enamorarse de vos?
- Porque soy la hija menor de uno de sus amigos...
- Que eso lo acobarda, no te voy a mentir - elucubro - Pero, a mi por lo menos, me parece que a este tipo le pasa algo con vos. Quizá no te lo diga, pero que le pasa, le pasa.

Me la quede mirando, pensativa.

- ¿Y por que, supongamos que le este pasando algo conmigo, viene a casa a dejarse pegar? ¿Por que no pone las pelotas sobre la mesa y deja de decirle a mi viejo todo que si, y deja, ademas, de contarme a mi solo lo que lo deja bien parado, como un tipo impecable, que la sigue remando o duelando? - le pregunte.

- Porque esta en una situación mucho mas difícil de la que vos te imaginas, con tu padre. ¿Te pensas que no lo pensó? ¿Te pensas que no lo conoce a tu papa? Sabe como es, sabe lo que te quiere a vos y sabe, especialmente, la clase de tipo que el quiere para vos - musito - Veinte, tu padre, es antes que nada, mi hijo. Yo conozco a mi hijo, y se que si bien a tus hermanas las quiere, con vos tiene algo especial que no lo tiene con nadie, ni siquiera, con tu madre. Muchas veces lo ha dicho, estando en mi casa: le importa tu madre, si, pero mas que nadie, le importa que vos estés bien; que no te falte de nada, que puedas estudiar lo que estas estudiando, que tengas para viajar a la facultad, que tengas desde tu marca de yerba preferida, hasta las galletitas; todo - argumento - Cree, lamentablemente, que el tipo que este especialmente al lado tuyo, a el, le va a tener que pedir permiso, porque se están llevando lo mas preciado que tiene. Vos, para tu madre, pero especialmente para tu padre, toda tu vida fuiste lo que mas cuido, la idea de que te pasara algo siempre lo atemorizo. Que te pasara algo malo de chica, es lo mismo que te pase ahora para el, pese a que creciste. Se siente en la obligación, mas allá de que te deja ser porque sabe que tenes tu carácter, pero tiene el mismo miedo. A partir de que naciste, toda su vida, vos no te acordas, giraba en torno a vos - se explayo.

Suspire, resignada, porque en el fondo, es cierto lo que mi abuela dice de mi padre.

- No solamente cuando estuviste jodida, sino también, después. Y ahora, que creciste, que tenes tu carácter y que se le están escapando las cosas de las manos, no reacciona bien, por eso te dice las cosas que te dice, pero al mismo tiempo, también sabe que con vos no puede joder.  El no tiene argumentos en contra de este muchacho, pero no es tonto, tu padre, nena. Y esta esperando, tranquilito, que el otro se anime a hacer o a decir "ay", para caerle encima y darle flor de sermón.

Me la quede mirando fijamente a mi abuela.

- Yo entiendo todo, pero en algún momento, sea con la persona que sea, se la va a bancar. Nadie, nadie, le va a pedir permiso para nada. A la vista quedo, en su momento, con El... - musite.

- Con El viejo, en ese sentido, era distinto aunque no demasiado. Lo dejaba hacer porque, en parte, no lo conocía y te dejaba hacer a vos porque siempre te tuvo confianza. El, no es que no tenga confianza en vos, al contrario. En vos pone todas las fichas que tiene, todas; me lo ha dicho muchas veces. El no tiene confianza en los demás, nadie, por mejor que sea, le parece digno de vos.

- Mucho menos le parecería digno de mi un tipo que es su amigo y que conoce mejor, también, como hombre... - pensé, casi en voz alta.

Mi abuela asintió, no sin cierta cuota de sorna.

- Urtubey, quizá, esta creyendo que con decirle todo que si, que con decirle que esta con otras minas, lo tranquiliza, lo complace, pero no creo que le dure mucho, porque por otro lado vos cada vez le das menos pelota. De ahí que te mande mensajes por cualquier cosa, el no debe querer que le cortes la cara...

- En ese caso, no puede tenerlo todo.
- Y lo sabe. Por eso, hace estas cosas. No debe ser nada, pero nada fácil, para el si le pasa lo que, para mi, es obvio que le pasa. 
- ¿Y como, en que punto recóndito de su mente, cree que con mentir va a solucionar las cosas? Que me tome de tonta a mi, bueno, vaya y pase... ¿Pero con su amigo, hasta donde cree - siguiendo la suposición - que puede llegar? - plantee, de nuevo, un eco de mis pensamientos.

Mi abuela sacudió la cabeza, pensativa.

 Yo creo que el piensa que, con eso que le cuenta, tu papa lo va a seguir aceptando en tu casa - dijo, aguzando su análisis - Decime... ¿que pasaría si, en este momento, este muchacho le dice a tu padre que le están pasando cosas con vos?

Sacudí la cabeza de nuevo, como rechazando la idea.

- El tiene que hablar conmigo antes. Yo voy a estar con el, no los demás.
- No, claro, eso es cierto... - me atajo - Pero ¿decime, Veinte, tu padre lo va a festejar?

Negué, con la cabeza, mas de una vez.

- No, claro. Pero debería tenerlo en cuenta al momento de hacer cosas sin explicación, porque al final, ni yo lo entiendo.

- ¿Vos tenes una balanza, no? - me pregunto - Por un lado, tenes la buena relación con tu madre y tu padre; tu estar con ellos, tu buena relación con tus hermanas, tus amigos... - enumero - y por otro lado, lo tenes a este muchacho. Hay momentos donde, de tener que elegir, debes pensar que vas a perder el apoyo de toda tu familia - remarco.

- Es un tema muy amplio ese, tiene muchos costados distintos - me limite a decirle.

- A mi me parece que Urtubey, aunque no te des cuenta, tiene la misma balanza. Y mientras mas se acerca a vos, mas difícil también, se le hace seguir haciéndose el pelotudo con tu padre. Pero cuando tu padre lo único que le dice es "anda y agarrate a esta, a la otra, lo único que esta haciendo es decirle al otro, muy entre lineas, que vos no estas a su alcance. Pero Urtubey, de boludo quizá, lo que le dice es que va al teatro con otras y que, a la salida, no le dieron una devolución de la obra; mientras que después te dice algo a vos, te habla a vos, y lo das vuelta como una media; al teatro, a los libros que te pide, a las muestras... - se explayo - ¿No te das cuenta nena, de todo esto?

Dude.

- Si me puedo llegar a imaginar quizá, algunas cosas, pero nunca voy a poder estar segura hasta que no se confiese,  o no nos sentemos juntos y podamos hablar.  Y puede que eso no pase nunca, o por lo menos por ahora; y por como estamos manejando las cosas. Nunca vamos a poder tener nada como la gente, en caso de correspondernos, si sigue así, diciendo todo que si, que si y que si; como nene bueno... - le dije, contestando a su pregunta - y yo sigo sintiendo que me estoy volviendo loca todo el tiempo, presionada por varios frentes, reventando por dentro. 

Se quedo callada unos largos instantes.

- Yo sin embargo creo que va a llegar un momento donde va a dejar de decirle todo que si a tu papa...  - mi abuela suspiro - Nena, no me creas si no queres, yo te digo lo que pienso. Si no te gusta que te diga que este pibe esta metido con vos, no hablamos mas del tema, pero que queres... Es lo que yo pienso. Algun dia, acordate de lo que esta vieja te dice ahora, me vas a dar la razon. 

- Yo esperare a verlo... - musite - pero te prometo que si algun dia tengo un poco mas claro todo, y vos terminas teniendo la razon, voy a sentarte aca y te voy a dar no solo la razon sino que tambien unas disculpas. 

- Pero no, nena, disculpas no... - sonrió - Tiempo al tiempo, Veinte. 

Antes de irnos de esa confitería, mi abuela me hizo otra marcacion curiosa:

- A mi me parece que, en este caso, aunque no te lo diga, incluso parece que el le pasan mas cosas de las que te pasan a vos. Vos estas muy insegura, no crees en nada.
- Es imposible de saber lo que le pasa si no lo dice - le explique -  Yo no creo en nada que no pueda ver, eso es lo que pasa. Aprendí a hacer eso, o al menos lo tome como escuela, porque si no, sufro como una condenada...  - le aclare - No esta bueno, por mi, al margen de lo buena o mala persona que sea el otro en cuestión. 

Asintió, solo una vez.

- Suponiendo que el este enamorado de vos... - dijo y a mi me hizo daño escuchar eso, no se por que, me genero una fuerte angustia de pronto, a la altura del pecho:  - ¿Vos, que?

Lo pensé dos segundos.

- No tengo la mas pálida idea - le dije, en voz muy baja - Yo creo que hasta que no lo vea, con mis ojos, soy incapaz de imaginarlo actuando o diciéndome cosas en base a esas palabras. No hay fundamentos logicos para esto, no veo que los hechos facticos se correspondan del todo ... - me rei, de mi propia racionalidad - y ya parezco una enciclopedia de ciencias hablando así... 




martes, 17 de octubre de 2017

Creer es reventar

Lunes: mi padre me encara y me increpa porque su amigo me escribe.  El no entiende sus motivos y yo tampoco, quisiera decirle, pero me lo callo. Mi madre, al mismo tiempo, sostiene la tesis de que no me meto, sino, que me meten. Yo se aunque no sea capaz de decírselo a nadie, que por cualquier estupidez, siempre termino hablando con Urtubey. 

Martes: mi padre me dice, que las decisiones que yo tome, no son las de una nena, ni siquiera, las de una adolescente; sino, las de una mujer y que el, a veces, olvida eso. Me lo dice como angustiado, y se lo nota pensante ante el hecho, como si estuviera usando esa formula, para abarcar demasiadas cosas. Yo le digo que si, que ya lo se, y que voy a ser objetiva. Me dice que soy una gran observadora, que aproveche, entonces, esa cualidad para hacer mi propio camino con inteligencia.  Mas tarde, me comenta que su buen amigo puso algo - visible para todos - sobre mi escritor favorito. Me parece que me esta midiendo, por lo cual, le digo que no lo vi, que me parece bien, como para salir del paso. A el, por su parte, le escribo una breve alusión al asunto, aunque me arrepiento enseguida. Parece que no le resulta demasiado atinada, porque no me responde el mensaje. 



Miércoles: cuando me despierto, a la mañana siguiente, padezco una limpieza de memoria. No me importa la falta de respuesta a ese comentario, porque a la larga, se que de alguna manera el y su inestabilidad volverán a surgir. En el fondo, lo que me altera - empiezo a entenderlo - es su capacidad de ser tan predecible. Suspiro y sigo adelante con mi día. Respiro en paz porque es el primer dia, desde el domingo, donde no hay comentarios, no hay murmuraciones ni presencias. Me siento tranquila, relajada, libre, cuando bajo del colectivo y entro a la facultad. Mientras espero el agua para hacerme el mate, miro mi teléfono: brillaban allí sus notificaciones, mencionandome en cosas para que vea, pese a estar todavía en horarios de oficina. 

Jueves: cuando me despierto y manoteo el celular, me doy cuenta que tengo mensajes de Urtubey en el. Son varios. Hace un comentario por una foto que subí, en privado, y me dice que se la pase. Se la paso y, después de un rato, me comenta que igualmente ya se la habia guardado luego de escribirme. Le digo que bueno, sin darle demasiada importancia, sintiendo que debería poder hablar consigo de cosas mucho mas inquietantes. Me cuenta que la imagen le recuerda a una persona, y eludo esa nocion, para no darle le gusto de demostrarle interés. Le digo que, espero, se la recuerde para bien, mas alla de tantos misterios. Me dice que yo conozco a esa persona, de hecho, y que no; que no se la recuerda para bien. Mofo, porque se exactamente de quien habla y le respondo un "ya imagino"; que si le cae bien o mal, francamente, no me importa. 

Viernes: por tercer día consecutivo, me despierto con mensajes de Urtubey. Se entero que la noche anterior fui a ver una muestra de arte con una conocida en común, y ademas de llenar de likes el álbum correspondiente, donde salimos en fotos; me lo explica en mensajes que hasta incluyen los cuadros que mas le gustaron. No entiendo su súbito interés la muestra de Fulana ni en mis autores favoritos de literatura. Se la dejo pasar, y le digo que son buenos los cuadros, que puede ir a ver la muestra cuando sale de la oficina, si le intereso o le gusto la técnica (con la otra, claro). Me da rabia, en el fondo, corroborar que nos gustaron exactamente los mismos, de entre todos, que no eran pocos. Eso ultimo también lo dejo pasar. 

Sábado: mi padre y Urtubey, se juntan por la tarde, por otro menester. Yo me junto con mi mejor amiga, por otros menesteres. No hay nada inusual o persistente, durante todo ese día. 

Domingo: despliegue de likes en las redes. Breve charla, demasiado breve. Le pregunto como esta, siendo directa, sin ocultar mis intenciones, siendo valiente. Me cuenta que esta en su casa, mirando una película, solo. Todos los axiomas, mágicamente, se han transformado por un inofensivo plural y pregunta, pese a que me estuvo "molestando toda la semana", como estamos nosotros, ergo, es incapaz de hacerme una pregunta directa, al igual que es incapaz de hablarme directamente, cuando viene a mi casa.

No entiendo, entonces, a quien cree que le habla cuando - ante cada pajarito que pasa - me hace diez comentarios. No entiendo, entonces, a quien le parece que se dirige, cuando le corto la cara y empiezo a reconocer que el adulto que parecía ser, en realidad, no existe. No encuentro logica cuando de la nada, cualquier cosa que ve me trae a colación (y eso que esta la otra, y la otra-otra, eh...), como si no pudiera comentarlo con sus chicas. A modo de paréntesis, por un lado, ese mismo dia le digo a mi padre que se junte con Urtubey - para que no se quede solo en la noche - y le digo a Urtubey que podría hacer algo con mi padre, ya que esta solo, si no tiene otros compromisos (las otras, claro, que ya se que existen aunque no me lo cuente como buen zorro que es). Se van a tomar algo. Mientras están juntos, el susodicho le cuenta de la otra y me chusmea las redes, dando cuenta del hecho con sus vistos a cada momento. Mi padre llega a casa y me dice, por su parte, otro relato. Yo ya no le doy pelota a nadie y lo unico que rescato es que salio y se despejo. Me dice que si, a todo que si, y nos vamos a dormir, cada uno por su caminito. 

Lunes: mi progenitor expone una foto mía en sus redes en un gesto de cariño, al decirme que le habia gustado mucho como salí, es de la noche anterior.  Lo cargo por el hecho y todo pasa sin mayores sobresaltos, hasta que esa foto es vista, dos segundos después de su colocación, por su amigo, mas conocido como Jose Urtubey. Mas tarde, sin saber nada del hecho y siendo que nuestro Josecito vio esa foto ya tres veces, y ya le puso sus likes predecibles; mi padre me dice que saltaron todos los buitres, que es increíble como se mandan solos en cana. Lo miro, ya con poca paciencia y para no enojarme por lo mismo de siempre, le pido que me muestre, que se anime, si es tan guapo, a modo de chiste. Me muestra la lista y hace otro comentario; le digo qque no se para que pone esas cosas, si después, medio que le molesta.  Me muestra la pequeña lista, de solo dos nombres, y quien la encabeza... es el mismo tipo que no se pone de acuerdo con nada de lo que quiere y juega a todo.  Entiendo que eso, en definitiva, es lo que en realidad le molesta a mi padre; que siempre, mucho mas de lo que se imagina, Urtubey sepa contar dos cuentos. 

II 

Cenábamos, mas tarde,  cuando me dijo: 

- Todos los buitres siguen cayendo en la volteada, eh - lo mire y me encogí de hombros. 

- Saca la foto, si te molesta. 

- No, no me molesta. 

- ¿Entonces? 

- Que yo veo a los buitres, los veo, dando vueltas, aunque se hagan los pelotudos. 

Sacudo la cabeza y no le digo nada. 

- Hacete a la idea de que los tipos existen en mi mundo, porque nunca me gustaron las mujeres. 

Sonrió. 

- A mi no me molestan los tipos, a mi me molestan los buitres que se hacen los boludos y se la pasan mirando fotos, mirando cosas... - me dice. 

Odio que sea tan pero tan observador, que pueda leer tan bien a su amigo, que de seguro la noche anterior dijo algo o en su cara - sin que pudiera controlarse - o dejo entrever algo que mi padre pudo haber "malinterpretado". 

Intento, para no hacer estallar la bomba, tomarme las cosas con humor. 

- ¿Cuando vas a reconocer que tenes una hija que es bellisima, querido? - me río, pero mi papa no afloja. 

Asiente socarronamente con la cabeza.

- Siempre y cuando los demás sepan reconocer los limites, va a estar todo muy bien. 
- ¿Quiere decir que los rompen por mirar una foto donde estoy con cara de boluda? - lo miro, con sorna, restandole importancia. 

Asiente, de nuevo, con ironía; es decir que no me cree ni media oración; que va a seguir pensando lo que cree, hasta que se demuestre lo contrario (y casualmente, nunca suele pasar esto, mal que me pese admitirlo). 

- Se nota quien la mira con ganas y quien no, pero encima, por detrás...  

Sonrío, levemente, porque se lo insoportable que puede ser mi padre, enojado, celoso, molesto porque un tipo me pueda llegar a hacer sufrir, pueda pensar barbaridades a mi costa (pobrecito, si supiera cuanto lo preservo ante sus "cóleras") 

- Uy, que miedo - mofo. 

- Los entiendo, de todos modos - dice, ya mucho mas explicito, aunque el plural es innecesario, porque se perfectamente de quien habla - Salen con cada mina y después te ven a vos...  
- ¿Y eso que tiene que ver? 
- Que a mi me dejes ser malpensado, porque conozco el paño. Se cargan a otras como si fueran galanes, pero después, les sale el buitre de adentro... - formula. 

Me lo quedo mirando. 
Ya me canse de hacerme la tonta. 

- Es una lastima, entonces... - admito - porque ¿se lo pierden, no? - bromeo, casi sin un rastro de comicidad - En el fondo, eligen como cualquier tipo, no te atormentes por tipos que son clientes tuyos, están casados... - le recalco  y salvo, deliberadamente, la condición esporádica de Urtubey. 

Mofa. 

- Ellos conocen los limites, hasta donde se pueden hacer los pij**** - musita, enfadado, haciendo alusión al miembro viril masculino. 

Me río, con algo de sorna oculta, pero no le digo nada mas para dar por terminada la charla. Se que después yo soy quien debe soportarlo en sus cavilaciones y no Urtubey, ese que se parece al político Jose Urtubey; duerme en su casa tranquilo, hace lo que se le da la gana y si, en parte, no se hasta que punto concibe eso de "los limites", pero tampoco, parece que sea un asunto que se tome muy en serio.

Algo que se capaz de traerle alguna limitación, alguna preocupación, algún tormento. 

III 

Para mis adentros reflexiono y con ironía admito que, por momentos, no parece que los amigos, de mi padre; sepan hasta donde se les puede estirar su varita mágica, aquella especie de ente viril. El, sin embargo, parece muy convencido de su instinto de preservación y yo lo dejo descansar en ese aparente convencimiento, confiando en algo que puede parecer obsoleto: la cobardía, la inconsistencia de los actos en Urtubey... Porque, finalmente, acabe por entender que es uno mas de tantos tibios y tampoco lo puedo juzgar por ello.

Al respecto hago una única salvedad:  se que no es normal que me despierte con "comentarios" - muy prescindibles, dicho sea de paso -  durante toda una semana, que salga con otras minas; y que luego, antes de decirme un "¿como estas?", apele a un "'¿ustedes bien?"; porque en otro caso, seria normal que me pregunte como estoy, a menos que tenga mucha cola de paja o a menos que no quiera saber. Lo que, en cualquier caso, es algo distinto a lo que me hubiera gustado poder compartir consigo, pese a las incontables dificultades que esto supone, y las que de antemano se sabe que existen.  Lo único que me dan a entender estos cambios, sin duda, es que sus comportamientos son cada vez me resultan mas bruscos y ante esto mi paciencia ha empezado a seleccionar los objetivos en los que alojarse.

 La causa Urtubey no es uno de ellos por el momento, y justificadamente.

Muchos de sus gestos son propios de una persona que no sabe lo que quiere, ni lo que busca, y que no tiene muchas convicciones respecto a lo que hace. Probablemente el problema lo tengo yo, que no puedo aislarlo respecto a lo importante, a que lo tiene cierta resonancia; porque algo en su forma de ser, y de ver el mundo, no me resulta del todo indiferente como desearía que pudiera pasarme. De suceder, todo decantaría mejor y terminaría siendo igual al resto, igual de manejable que todos los demás hombres para mi, es decir, haciéndome hermética de nuevo en un momento donde es todo lo que necesito.

En esos cambios repentinos, por debajo, veo la etiqueta de una persona y me vuelvo a ver, años atrás, con terrible desconcierto. Todavía recuerdo cuando me explicaron, meses despues que lisa y llanamente ese avance y retroceso era una lucha librada entre el deseo y el miedo, entre la culpa y el deseo de acercarse; entre el sentir y no poder. Por otro lado, no sin cierta dificultad, en este caso veo también el empeño para etiquetarme de algún modo y el discurrirse permanente, para volver a acomodarse y a discurrirse.  Si, un ciclo; perfecto, redondido y, naturalmente, insoportable.

Sin embargo, fuera de todo eso, y de todo lo que depare esto, por dentro tengo la innominable sensación de que la cabeza de Urtubey  corre peligro. Es como si fuera el único que no se da cuenta de la incongruencia de muchas de las cosas que hace y eso empieza a preocuparme un poco porque las preguntas sobre sus gestos me las vienen a hacer a mi, sin tener en cuenta, claro, un porcentaje de mis apreciaciones personales. Depositando, incluso, sus dudas como si yo fuera una roca personificada, impasible como con todos los mortales, incapaz de poder conmoverme justo con el tipo que no da.

Al respecto, no obstante esto, no sienta que haya algo que pueda hacer mas allá del dejar que las cosas pasen; no siento que haya otro camino, dadas las cosas como están... Y a decir verdad, por primera vez, ya no me preocupa lo que pueda pasar; ya no me interesa hacerme mas problemas por lo que pueda pasar, porque lo que he tratado de evitar durante todo este ultimo año, es imposible de esconder y, en el tratar de hacerlo, se fueron muchas de mis energías.

Lo único que deseo es que, si ha de suceder algo, sea lo mejor para todos, porque reconozco que pedirle otra cosa a la situación, es en vano. 

Considero que mientras que tenga lógica el descubrimiento, mientras que pueda entender las cosas sin ver dobles fondos, mientras que las personas muestren su verdadera cara; yo estaría satisfecha, mas allá de todo, eso seria para mi un final feliz. Entender, seria, en este caso, haber ganado algo; haber aprendido algo, ante lo estúpido de pretender aspirar estar al lado de una persona que, pese a su calidad humana gigante, no tiene apariencia de entender por que hace lo que hace, desde su experiencia, a su edad que no es poca, en base a sus objetivos.

Personalmente, la solidez en una sola postura y cara, es mi mayor deseo. Los años me han hecho mucho menos susceptible a la falta de coraje, a la imperancia de la moral, al elegir con el bocho y no con el corazón... No es eso lo que cuestiono, sino anhelo la consistencia, el haber tomado una determinación y no confundir a nadie. Hoy se, en definitiva, que el no es una posibilidad, que el no es una realidad. En Urtubey, siendo honesta, una parte de mi buscaba un si, un es posible, la existencia de otra clase de hombre - a la vista esta - mucho mas compatible conmigo en un montón de cosas, que sin embargo, sin decisión no sirven para nada, mas que para anhelar todo lo que hubiera podido ser y no fue por los siglos de los siglos.  Pero al parecer, en el, esa clase de tipo no existe. O si existe, esta demasiado asustada para salir a la luz, siendo quien soy y estando donde estoy.

Siendo que todo es asi, que de antemano aparece como un grandisimo absurdo, agradecería en buena parte que los imperios caigan de una buena vez... Porque no aguanto mas jugar al juego del boludo.

Hoy para mi, creer es reventar.