Las charlas con mi padre en particular, casi siempre, surgen a la hora del mate. De los cuatro miembros de mi familia, contándome, hay dos que toman mate y dos que no. Por lo cual, es un rito que invita a la conversación, que reúne lo que a veces no se puede conciliar de otra manera y que, parece, destapa ciertas concepciones.

Hoy no fue la excepción. Si bien me había tomado un termo de mate sola, mientras estudiaba, mi papá me preguntó para cuándo el mate, un ratito después. ¿Que si me iba a negar? Nunca; porque yo difícilmente rechazo un mate. Justamente por esa incapacidad me encaminé hacia la cocina a prepararlo, cuando me comentó que tenía media hora antes de irse a resolver cuestiones del trabajo, porque mi padre no reconoce feriados en su rubro. Antes, pasé por mi pequeña huerta y me llevé algunas hojas de menta, para darle un toque de simpatía a la infusión, cuestión que recomiendo, porque la menta natural le gana a cualquier yerba saborizada. Una vez que dispuse todo sobre la mesa, lo miré con cansancio, porque es muy cómodo con el mate y, además, exquisito. Los suyos, la verdad, no son del estrellato y sin embargo, como buen anciano ortodoxo en la materia me miró extrañado cuando me vió entrar en la cocina y lavar la menta. Que conste en actas que, antes, le había dado a probar uno calentito para que le encontraba el punto y se le pegara la idea, pero no hubo caso, claro.
Inmiscuida en mis asuntos estaba cuando me hizo un comentario de los trajines del día. Había hecho mucho y le quedaba bastante más por hacer.
- Ayer hice muchas cosas también. No me pareció domingo - me comentó.
- Además a la tarde te fuiste a dar la inyección - le comenté, porque ayer, como tiene una pierna a la miseria (veinticinco años en la construcción no son gratuitos), yo los acompañé a él y a mi abuela, a que ambos, y por distintas razones, se aplicaran sus respectivas inyecciones.
- Sí. Cuando llegué, estaba dolorido - reconoció - Encima, justo después, cayó *** - me dijo, mencionando a su amigo, con un gesto de molestia.
- Bueno, pero, no seas malo... - le puse cara.
- Ya no me está gustando que esté siempre con la misma cantinela, Veinteava... - me dijo.
Lo noté excesivamente molesto por el hecho que, de otra forma, podría desmarcar con más facilidad.
- De todos modos, no sé por qué te hacés tanto problema. Viene, te cuenta, lo aconsejás, pero me parece que no hay por qué tomar partido. Vos no sos su papá, no sos un pastor, escuchalo y hacé las cosas de corazón, pero después dejalo que decida solo - consideré.
- Es que además... - dudó - Se me puso algo en el medio de la cabeza y decime desconfiado, pero vos me conocés a mí, hija - me dijo, evidenciando el enojo que yo había atisbado.
- No te entiendo, la verdad - le dije, porque odio las cosas crípticas y los misterios innecesarios.
Que si se quería hacer el detectivesco, pensé, se abocara a consumir textos propios del género policial, no a las cuestiones más que cotidianas.
- Es que yo veo cosas que no me gustan de este pibe, con vos - explicitó.
- ¿Otra vez con eso?
- Sí, otra vez - dijo, disgustado - Noté que, ya lo hizo varias veces, está pendiente de vos.
- Ay, no, por favor... - me reí - ¿Me estás jodiendo, no? - sacudí la cabeza.
- No, no te estoy cargando...
- Pensá un poco coherentemente, papá. Este pibe no puede estar pendiente de nada más que no sea su situación.
- Pero yo veo que está demasiado pendiente. No me gusta.
- Es cosa tuya eso, yo no lo veo así... - lo miré - No me va a tirar los galgos, además - lo tranquilicé.
- Si te tira los galgos, lo cago a trompadas - sentenció.
- Ay, por favor, no seas carvenícola - le dije, ya molesta - ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?
- Si, Veinteava, me doy cuenta. Yo le abro las puertas de esta casa porque la está pasando mal, no para que se haga el galán con mis hijas - destapó, ahí, toda su indignación - Estoy enojado.
- Estás tomándote las cosas demasiado enserio... - afirmé - No es para tanto...
- Creo que, para decirte la verdad, estoy más enojado por esto que por las cosas que me cuenta que le está haciendo la ex- mujer - hiló.
- Pero... - mofé - ¿Te das cuenta lo que decís, no? Este tipo no hizo nada, vos mismo lo podés ver - le dije, para que no se afligiera.
- Veinte, está a cuatro años de los cuarenta años - explicitó - no se puede hacer acá el desentendido - me dijo, mirándome fijo.
- Por eso mismo te lo digo - repuse - Tiene demasiadas cosas en las que pensar para creer que si es amable conmigo un mal pensado lo puede distorsionar.
Me miró.
- Yo lo único que te digo es que, si viene acá, no sea para meterse con ninguna de mis hijas.
- Qué exagerado que sos, la verdad...
- No sé - puso cara de parca - Está constantemente pendiente de que vos sepas todo...
- ¿Eh? - lo miré, desconcertada.
- ¿No te das cuenta que tiene demasiado interés ya en tenerte al tanto de todo lo que le está pasando, de cómo está actuando?
- ¿Y?
- Ayer, de hecho, estaba hablando conmigo y vos estabas llegando y me dijo que ahora cuando llegabas, me iba a explicar con más detalle - argumentó - ¿Desde cuándo le interesa tanto que vos sepas?
- No sé, no creo que tenga nada de malo... - medité - Quizá quiere tener otra opinión, o contar las cosas una sola vez
- O asegurarse de que vos lo mires, como lo hace, cada vez que te habla - me dijo - Cada vez que está contando algo, te mira, te mira... - me dijo - Está pendiente todo el tiempo de eso, de que lo mires, de que lo escuches... - argumentó.
- Ay, papá, ni que yo fuera la justicia encarnada en una persona - me exasperé.
- No, pero no pienso permitir que se venga a hacer acá el candidato... - se quejó.
- Creo que es lo suficientemente adulto para entender que, en esta casa, no tiene cupo para hacerse el señor fatal - le dije - ¿No te parece que, en honor a su sentido común, al margen de sus intereses, se va a mantener ubicado? No te maquines.
- ¿Que si se va a mantener ubicado? Más le vale. Uno se dispone a escucharlo y, después, pasa que se quiere quedar con una de tus hijas, qué le pasa, está loco... - argumentó.
- No te calientes, dale - lo molesté y le pasé otro mate.
Se quedó callado.
<<¡Ay, señor, qué paciencia! >> me dije.
Es que, efectivamente tal como creí yo hace un tiempo, mi papá no se desentendió de esa duda, que le hace ruido en la cabeza, desde hace bastante tiempo. Yo, por lo pronto, ya abandoné la intranquilidad. No tengo nada de lo que ocultarme, ni tampoco tengo a nadie que preservar de los juicios de los demás. Este es un rumor instalado. Será cuestión de evadirlo y disolverlo para restarle corporeidad y creo que lo que más me importa de todo esto es que no se generen verdaderos problemas. Ademas, lo único que yo sé con certeza es que el amigo de mi padre nunca explicitó nada. No me sentó, a la manera de Divino, para decirme qué le pasaba o no, y eso, sigue queriendo decir algo bueno para mi. Por lo pronto, entonces, las habladurías no están fundamentadas. Todo lo que los otros ven, bien pueden ser imaginaciones de ellos. Mi actitud está notablemente más sosegada; hablo menos, opino menos, intervengo menos; no tengo interés en agudizar el cuadro en lo más mínimo.
Es que, efectivamente tal como creí yo hace un tiempo, mi papá no se desentendió de esa duda, que le hace ruido en la cabeza, desde hace bastante tiempo. Yo, por lo pronto, ya abandoné la intranquilidad. No tengo nada de lo que ocultarme, ni tampoco tengo a nadie que preservar de los juicios de los demás. Este es un rumor instalado. Será cuestión de evadirlo y disolverlo para restarle corporeidad y creo que lo que más me importa de todo esto es que no se generen verdaderos problemas. Ademas, lo único que yo sé con certeza es que el amigo de mi padre nunca explicitó nada. No me sentó, a la manera de Divino, para decirme qué le pasaba o no, y eso, sigue queriendo decir algo bueno para mi. Por lo pronto, entonces, las habladurías no están fundamentadas. Todo lo que los otros ven, bien pueden ser imaginaciones de ellos. Mi actitud está notablemente más sosegada; hablo menos, opino menos, intervengo menos; no tengo interés en agudizar el cuadro en lo más mínimo.
La charla de mate del día, como se puede ver, tuvo un condimento extra además de la menta.