Hace días vengo gestando una entrada que no sale. Y cuando la escritura no sale, a la vez, no sale una partecita de mí. Me asusta un poco, tengo que reconocerlo. Es una presión enorme, como la pava a punto de hervir, burbujas van y vienen, por dentro, pero no sale. Y cuando algo no sale a través de la escritura, es porque lo cerca la angustia, el dolor, la evasión. Al menos para mí, evadir es un grave error. Va más allá del no servir para, sino del servir lo bastante como para que lleve a sitios donde si las cosas no salen por un lado, salen por el otro y siempre esa segunda opción es la más dolorosa.
Soy una persona profundamente transparente. Una persona absurdamente concienzuda al punto de que si no dice la verdad, la verdad se la come. Soy una persona a la que en la cara se le ve el alma, que no puede - no sirve, no le sale, no lo controla - con la falsedad. Soy una persona que no podría fingir en el dolor, en el amor o en el compromiso. Soy una persona permeable, que se preocupa por los que quiere, paciente. Soy una persona que se enoja, que es sensible al extremo con ciertas cosas, que pensaba poder ser muy fría y se equivocó en eso. Soy una persona con miedos. Soy una persona orgullosa. Soy una persona que es muy lúcida y muy débil otras veces. Soy una persona que ama hasta cuando no debe. Soy una persona que está dispuesta a correrse del medio si ve que no le hace bien a la persona que ama. Soy una persona a la que le cuesta muchísimo tomar confianza, decir adiós, desprenderse de sus afectos. Soy una persona que en el único momento en que se siente libre es cuando escribe. Soy una persona que tiene unas enormes ganas de tener una vida feliz, de poder viajar, de poder recibirse, de mantener sus afectos, de tener miles de libros, de conocer París, de tener sobrinos, de ver felices a sus padres, de ver felices a sus hermanas, de encontrar bien y ver y hacer feliz también a sus amigos. Soy una persona, a la vez, cargada de defectos. Soy una persona muy dura con muchas cosas. Soy una persona que cuando está herida no insulta pero rebate y sabe lastimar. Soy una persona que odia usar esas armas. Soy una persona cerrada, con mucha gente. Soy una persona tímida, por momentos. Soy una persona charlatana por otros. Soy una persona que puede resolver las cosas de otros o aconsejar a otros o empatizar con otros...
Pero hoy no quiero pensar en lo que soy ni en lo que debería ser ni en lo que quisiera ser. No quiero pensar en lo que hago, en lo que haría ni en lo que debería haber hecho. No quiero pensar en lo que debería necesitar, en lo que no necesito, en lo que puedo sola o en lo que tendría que necesitar dado que pasó determinada cantidad de tiempo desde...
Todo lo que intento no transitar en el momento en que lo estoy pasando me tuerce las rodillas y tiene la potestad absoluta para hacerme caer. Todo lo que no sale, lo que me trago, lo que no digo, por dentro mío revienta. Revienta, así, tal cuál. Piensen por un momento lo que queda después de que algo revienta, piensen en una cosa, en un objeto que está reventando... Piensen ahora en una persona, reventando. Yo reviento si intento no ser fiel a lo que me está pasando. Así todo el mundo diga que es absurdo, que no, que no, que mil veces no. No puedo seguir negando que me pasa, que lo vivo, que me duele, que necesito hablar de esto hasta que se me seque la lengua, que necesito enfrentarme con toda la mierda para poder quitármela de encima. Que no quiero ser como esas personas que se quedaron con un clavo de hace 25 años y no hicieron "el duelo" o no se tomaron el trabajo de cuestionarse respecto a lo que realmente pasaba. No quiero dejar de ser temerosamente franca conmigo misma. No quiero mentirme y creérmela. No quiero convertirme una persona que se obligó a convencerse de lo que desconoce para seguir viviendo. No quiero obligarme a amar a otros. No quiero forzarme a sentir lo que no puedo, porque siento, pero en otro sentido y hacia otro lado. No quiero no equivocarme, como posiblemente lo esté haciendo ahora, para años más tarde creer que me las sé todas. No quiero tener todo bajo control, no quiero, ya no quiero. No quiero no sentir amor, aunque sea en este momento un dolor tan punzante bajo la rutina y las apariencias. No quiero aprender a conformarme. No quiero resignarme al instante, no quiero dejar pasar por alto las cosas. No quiero dejar de romperme por lo que creo valedero, no quiero aprender a abstenerme de lo que me mueve sin que pueda evitarlo. No quiero ser una construcción, una estatua, una vidriera.
Y vuelve el axioma fundamental de mi vida: tengo que poder hablar o decir las cosas que me pasan. Tengo que asumir que no siempre puede salirme todo bien, no siempre puedo ser fuerte e inerte a todo, no siempre se puede bancarse todo. No todo el mundo tiene esa fuerza, no todo el mundo entiende las cosas de una vez. Tengo que asumir que accesoriamente habré de romperme la cabeza, pero que entenderé por mi misma o no entenderé.
¿Qué es lo que quiero decir? ¿Qué de nuevo es lo que quiero decir? ¿Qué es toda esta mezcla que intento disuadir con toda mi voluntad? ¿Cómo voy a hacer para seguir postergando, aplazando, viviendo de esta forma? Juro que quien me ve desde afuera puede ver una chica feliz. Juro que me río con los míos, que salgo, que quiero hacerme buenos amigos, que pretendo rehacer esa parte de mi vida desde que se volvió hilachas. Intento con todas mis fuerzas, insumo una gran cantidad de energía, tomo esto como un gran acto de voluntad... Y funciona.
Funciona hasta que llega la noche. Funciona hasta que me veo metiendo en este corso tan mío a personas que nada tienen que ver, en ambos sentidos de la frase. Primero, porque no merecen que intente con ellos; segundo, porque jamás van a conocerme como verdaderamente soy, si me estoy absteniendo en un porcentaje muy alto, a sentir. Juro que funciona hasta donde más puedo... Pero hay momentos en donde no puedo más. Funciona a veces todo el día y vienen las pesadillas. Funciona estando lejos, hasta que veo su auto partirme la avenida, la calle en dos, la vida en dos y pienso qué podría hacer para que no me afecte de semejante manera. Y entiendo que los sentimientos a veces, conducen la voluntad de la gente y que a veces, son mucho más fuertes que la voluntad. Porque podés hacer lo que se te ocurra, pero no podés dejar de sentir. Podés intentar con lo que sea, pero no podés evitar recordar. Porque querer irte, alejarte, no ver al otro, pero el otro está con vos y no ya tanto consigo mismo. Vos sos un poco el otro, desde que lo viste la primera vez y descubriste un lado b de la vida al lado suyo.
Pero claro, el circo funciona casi todo el tiempo porque tengo un rendimiento bueno en la facultad, porque disfruto de muchas cosas, porque leo... Pero deja de funcionarme toda esta pancarta en el momento donde me acuerdo, simplemente, de una maldita oración a la una de la mañana. Oración que me perfora, claro está. Oración que me hace llorar, que me absorbe, que me hace querer ir a tocarle el timbre para saber cómo carajo está.
Eso es lo que quiero decir y no puedo: necesito saber... Yo necesito.
Necesito saber cómo está. Necesito saber si duerme. Necesito saber, verlo, mirarlo, porque esa es la única forma de saber lo que no me dice. Necesito saber si está bien, necesito saber que está bien. Necesito hablar con él, de cualquier cosa aunque lo deteste, porque no es verdad. Necesito tener aunque sea una oportunidad para decirle... algo. Necesito despedirme. Necesito que nuestros diálogos no sean un tema tabú. Necesito poder dormir sin soñarlo. Necesito que empiece a gustarme lo que debería, y no él... Necesito ser una chica normal y no una chica enamorada de alguien que nunca va a saber qué le pasó cuando la vió, que muy muy muy probablemente nunca se juegue por ella. Necesito entender y razonar lo que acabo de decir para creérmelo. Para seguir adelante con mi vida, porque se me está escapando un mes más, fingiendo que estoy bien, cuando por dentro me sigo poniendo a llorar con las mismas canciones y sigo haciéndome las mismas preguntas y sigo pensando que es un momento, que esto no me puede doler de semejante manera, mientras me quema y me arde.
Recuerdo, ahora, mientras pienso en cómo necesito ciertas cosas, cuando me dijo que era incapaz de estar peleado con la gente que quería, que lo lastimaba. Yo en ese momento no medí el alcance de mis palabras y argumenté con que, a veces, alejarse era la única solución. "A mí también me duele... Es obvio que va a doler. Siempre duele. De hecho, me duele todo el tiempo... Pero es lo mejor según lo que me estás diciendo" y sin embargo ahora esas mismas palabras parecen dichas por una persona que no necesitaba de quien hoy sí necesita. Que a esa altura no le dolía tanto como le duele hoy, porque en el medio pasaron cosas que, pensó, ella iba a pasar con otras personas.
Yo no necesito de él como pareja. Sé que no podría serlo aunque en lo más hondo de mi, sí ansío tenerlo sentado al lado mío para mirarlo. Necesito verlo para constatar que está bien. Necesito escuchar su voz. Reirme por dentro de sus idioteces. Entender su humor, odiarlo un poco. Necesito verlo y no desde la oscuridad de su auto, sino desde la claridad que dan las posibilidades. Yo no necesito de él como amigo. Para tener un amigo me busco un amigo con quien pueda hablar de otros hombres sin que me ponga cara seria y se le endurezca el maxilar. Para tener un amigo busco a alguien por quien no siga sintiendo este deseo abrazador, esta locura horrible. Me busco a alguien que sé, no me desea todavía, aún mismo, pese a todo. Yo no necesito de él como persona negada a vivir la vida. Porque para negarme a vivir la vida todavía me faltan aquellos años cercanos a la muerte, donde quizá sea vieja y sea cascarrabias y sea insoportable. Y no quiera hacer nada, y esté bien, porque ya habré vivido muchas cosas y las cuestiones de voluntad radiquen en hacer hoy las compras o mañana.
Yo de él necesito palabras, necesito el poder decir... Necesito una conversación, una sola, una nada más. Necesito abrazarlo una última vez y recibir su beso en la frente, una caricia en la cara, poder cerrar los ojos sabiendo que está ahí, al lado. Necesito que me diga otra vez que no puede dormir. Necesito adormecerme entre sus brazos mientras me acaricia el pelo, despacito y me musicaliza la vida, hablándome de nada. Necesito su cara de estúpido, rascarle la barba de dos colores y mirarle las manos mientras habla gesticulando. Necesito volver a sentir el maldito Fahrenheit en su cuello o bien, desperdigado por mi pelo. Necesito volver a entrar en su baño con azulejos raros. Necesito que me diga "guacha" una vez más. Necesito que me cuente películas. Necesito sus mates. Necesito su manía de arremangarse los pantalones de vestir mientras maneja. Necesito sus ofrecimientos. Necesito sus estupideces. Necesito sus mimos. Necesito que me pida los pies para calentármelos como hacía cuando nos acostábamos abrazados y yo sufría del frío en mis extremidades. Necesito no necesitar de medias térmicas porque él era mi termostato. Necesito no tenerle rechazo al contacto físico, como lograba con él. Necesito dejarle que me toque los pies mientras estaba tocando mi historia, mis dolores más profundos, mis recuerdos más terribles. Necesito verle esa sonrisa por poder entender lo difícil que era para mí permitirle hacer lo que estaba haciendo, necesito su manera de llevar incluso esas situaciones con entereza. Necesito sus "yo no" que después eran un "yo claro que sí". Necesito que me acaricie la cintura y la panza mientras le cuento más de esos años que me hicieron la persona que él conoció. Necesito que me entienda como sabía entenderme. Necesito que complete mis oraciones, que haga deducciones para mí impensadas y que me diga que todo va a estar bien.
Necesito que me abrece cuando lloro, como ahora, por sentirme tan boluda pensando que alguna vez va a tocarme el timbre de casa o a esperarme con camisa azul marino a medias desabrochada en el hall de su oficina que yo llegue de la facultad. Necesito que me huela el cuello para poder sentir que sonríe contra él. Necesito nuestros juegos. Nuestros apodos. Necesito explicarle cosas de mi tiempo. Necesito que me cuente cosas del suyo, necesito saber más de su infancia, necesito incluso saber más de su dolor, para curarlo.
Necesito que me diga que no. Que no necesito de él, que nada de eso va a ser posible, que nunca me quiso, que soy una pelotuda. Pero necesito, esencialmente, que me diga algo. Necesito que se acuerde al menos un día que yo existo. No sé para qué, no sé con qué fin, pero necesito de todas esas cosas que no entran en ninguna etiqueta posible, que son nosotros. Necesito su música, nuestra música, de noche. Necesito un café con leche como los que me hacía con esa máquina pretenciosa que yo miraba y él miraba mientras me preguntaba si estaba rico. Necesito que le guste cómo me queda la ropa y que ambos lo sepamos. Necesito que me diga sonsa, necesito que me agarre de la cintura, necesito que me abra las puertas de los lugares y que me deje pasar primero, necesito que intente siquiera ayudarme a estudiar aranceles a importaciones, cuando ambos sabemos que no hace falta, porque terminaríamos haciendo cualquier otra cosa lejana a uno de los temas de su trabajo y a una de las posibles preguntas de mi parcial; ese parcial que dí y aprobé tan bien, hace ya tiempo. Necesito que me sirva bebida cuando se me acaba, que elogie muchas de las cosas que elogiaba de mí.
Necesito que me diga mi apodo. Necesito sentir la suavidad de su pelo entre mis manos, necesito escuchar cómo respira, necesito hincharle para que pida los turnos, para que se opere las rodillas, para que consulte con su obra social, para que almuerce o para que cene bien. Necesito que me enseñe a cocinar, como hizo alguna vez, demostrando que lo más banal puede ser lo más sensual del mundo. Necesito que se me ría a carcajadas, se me corra el maquillaje, le diga basta por favor y se vuelva a tentar y se me vuelva a correr el rimmel. Necesito que le gusten todavía mis manos, la forma en que lo miro, la forma en que le hablo, la temperatura y textura de mi piel. Necesito que me toque como un ciego lee en braile cada uno de mis tatuajes. Necesito que me abrigue si tengo frío, que me preste sus buzos o que me haga burla por algo. Necesito que me recite poemas y me saque sonrisas y cejas enarcadas y piense "sos un atorrante" "vulnerás mi fuerza" "no podés saber tan bien quién soy".
Necesito que me saque las palabras que no digo a nadie con tirabuzón. Necesito reírme de barbaridades, necesito nuestros chistes con contenido erótico, necesito cantar como una tonta una canción de hace mil años. Necesito no recordar nunca más tan perfectamente los cuadros de su habitación ni tampoco su lado de la cama, ni mucho menos su manía de rascarse el pecho o de decir "chau chau" muy rápidamente, antes de cortar las llamadas. Necesito que cante en portugués, que coma como un nene, que lave para que yo seque y que juguemos juegos de mesa en equipo. Necesito que corramos de nuevo contra el tiempo, que no nos acordemos en todos esos momentos que nos separan tantos años. Necesito que me diga que soy una vieja, una abuela, que soy terrible, que lo vuelvo loco. Necesito que no me cambie como me cambió.
Necesito ver películas y no verlas, al lado suyo. Necesito decirle que es un viejo arruinado, mientras lo apretujo y me aferro a su espalda como si fuera mi mejor lugar. Necesito que me bese, varias veces. Necesito sentirlo cerca, conectarme con la parte horrible que sé que a ella no le cuenta. Necesito seguir siendo la persona que no puede controlar, necesito seguir siendo su desencadenante. Necesito seguir teniendo incidencia sobre él, de manera ajena a ser joven, a sus ojos tan linda. Necesito revalidar que yo no era solamente un buen culo para una persona que me tocaba siempre como si me fuera a romper, como si fuera un cristal, como si en cualquier momento pudiera desaparecer por estar siguiendo a alguien más joven que él.
Necesito explicarle el origen de mis miedos con un "mhmm" que desemboca en abrazo, imitación, suspiro, mirada intensa o tantas cosas. Necesito sus miedos, esos que se les palpan en los ojos, necesito adivinar o no lo que piensa.
También necesito que me diga que no, que no me quiere, que soy una pelotuda, que vamos a tener que aprender a vivir con lo que nos pasa. Que no se puede, que no, que no, y que no. Que él no quiere que esté al lado suyo. Que quiere hacer la vida como cualquier hombre de su edad, que yo me enamoré de lo que él no puede ser, en el presente.
Necesito que no se acostumbre a no verme más. Necesito que no se quede relajado y cómodo, no viéndome más. Necesito que no le de lo mismo, necesito que gire el volante de todo como lo hacía siempre, necesito poder responder más que un sí o un no las veces que se acercó, aunque sea tarde ahora. Necesito, vamos, quiero ser franca, su piel sin importar las apariencias. Necesito que me cuente del puerto, de sus quilombos, de sus amigos, de los vinos y de libros. Necesito que no esté saliendo con lo que será una colega mía, con una mina que no veo que pegue con él, con quien no le veo esa parte que le ví conmigo.
Necesito que podamos hablar... No sé qué necesito decir ni decirle, pero estoy absolutamente segura que toda esta armadura que forjé me funciona perfectamente hasta que me paro a pensar qué es lo que realmente necesito, qué o cuál es el móvil de todas mis acciones, dónde radica lo que realmente quiero.
Necesito no sentir que los ataques de pánico van a volver si hay días donde se me hace casi imposible evadir todas mis necesidades de forma sana, constructiva, racional. Necesito apoyarme en su hombro y llorar y reírme a la vez y estar mejor, porque si antes prefería pasarlos sola sé ahora lo que es haberlos pasado con alguien que amás mucho. Necesito saber que tenía a su favor, que no me daba vergüenza llorar al lado suyo. Necesito decirle que fue y es muy muy importante para mí, que lo amé muchísimo. Que nada va a volver a ser como era antes de haberlo conocido. Necesito decirle que me duele hasta hoy no haber podido hacer o que él haga lo suficiente para seguir adelante. Necesito decirle que es tripolar, pero que me enamoré como nunca de su manera de ser tan estúpida y tierna y maldita. Necesito decirle tonto, una vez más, no tengas miedo, yo te quiero por lo que sos. Necesito decirle que estoy poniendo toda mi voluntad en evadirlo, pero que me abrace. Necesito que venga un día y me diga el tan tan tan tan necesario: "hablemos, por favor". Porque necesito que sea de nuevo, mi negro. Mi tan amado Negro, besándome las muñecas perfumadas y enseñándome a desbloquear la alarma de su auto, mientras yo le enseño a actualizar el teléfono, manejar sus mails desde el móvil o le limpio la casilla con asuntos laborales. Mientras le enseño lo que significa "visto" en Facebook, mientras le cuento de compañeros o de experiencias cotidianas.
Necesito que me deje de mirar como si me quisiera. Necesito que me deje de mirar como no la mira a ella, la puta madre, vamos a ser claros. Pero es obvio que necesito que me mire como cuando me peinaba y le ví la cara más linda y más sincera desde que lo conocí... Necesito que me mire como cuando me arreglaba frente a su espejo enorme y él se quedaba parado en el marco, con cara de estar desorientado y admirado, mientras yo me sonreía y le hacía chistes tontos, dado que descubrí tener mucho humor cuando estoy con la persona que amo, cosa de la que carezco a excepción de muy pocas personas. Necesito que me mire comer, como si quisiera que deje de hacerlo y me acerque para besarlo y poder seguir comiendo en paz. Necesito que nos tomemos una cerveza, que me ofrezca té o chocolates, que proponga un rato en el jacuzzi para mi contractura y yo lo cargue con que tiene un bulo para seducir mujeres mientras me niego, claro, porque prefiero sus masajes; algo más humano, más sencillo, más natural, más de mi mundo.
Necesito decirle que me cambió muchísimo. Necesito decirle que antes de conocerlo tan de cerca yo era una nena diferente a la chica que soy hoy. Necesito decirle que no, que a mí tampoco me pasó enamorarme de una persona como él, tan distinta a todo lo que hoy estoy tratando.
Necesito decirle que no debería pasar nada de ésto, pero me pasa. Necesito decirle que me importa un cuerno lo que diga la sociedad de nosotros: una parte de mí se quedó al lado suyo.
La otra sabe que la vida sigue.
Y entonces, sigue.
Como debe ser.