martes, 29 de julio de 2025

El ritmo de la corpo

Hoy, tuve un día largo en la corpo.  Cansador. Hay una demostivación general muy grande y los problemas no cesan. Pero ¿para qué ahondar en ellos? Bastante con los propios, pensé. 

Y por eso, en base a esto, en cuanto apagué todo lo relacionado al laburo, y en cuanto dejé de torturarme mentalmente por dinero, porque sigo con un agobio y en una situación muy compleja, encendí mi computadora e hice lo único que me saca de la mierda: escribir. 

Escribir exactamente 2738 palabras, según me avisa el Word. 

Y pienso que aún en los peores momentos de mi vida escribí. En los más felices y en los más complejos. Y pienso que eso es evidentemente una pasión, algo que viene con vos, sin importar donde vos vayas. Lo que tengas. Lo que seas. Lo que puedas y lo que no o el ritmo irrefrenable de la corpo. 

lunes, 28 de julio de 2025

25 de mayo - 28 de julio

Sos un forro. Un pobre tipo. Un bastardo irrespetuoso. Pero también, en algún momento, pensé que quizá solo te habías ido de boca. La misma boca que me besó por todos lados. Con la que me mordías y me decías "me vuelve loco lo que sos". Con la misma boca que contabas chantadas.  Que me decías una cosa a mí y otra cosa a ella.  Con la que me besaste y me pediste perdón el dia donde me dijiste, en medio de un tornado de calentura, que había resultado muy puta. La boca con la que compusiste una sonrisa el jueves pasado, la primera vez que nos vimos después de dos meses, y yo te bajé la vista. 

 Por suerte, ahora, algo mejoró. Ya no nos tratamos. Con bajarte la mirada, en un gesto sutil pero certero, demostré lo suficiente: no tengo ganas de jugar ningún juego. 

No soy tu amante, tu puta, la mina que no podes controlar. Soy yo. La piba que nació mas de 20 años después en el mismo barrio. Que creció en familia, que hizo su vida, con quien te cruzaste saliendo de una chancha de tenis, un dia en 2008 sin saber lo que nos iba a deparar la vida. Que volviste a ver a los 18 años, en 2013 en un grupo de literatura, porque le gustaba leer, escriy aportar al barrio. Un piba que se enamoró de vos en 2014 y con la que después de pelearte a muerte, o a vida, reencontraste en 2021, te acostaste en 2022, mandándote la cagada, y otra vez silencio hasta que en 2023 de nuevo de tratando de ser amigos, para pasar las noches mas intensas de 2024, una atras de otra. La noches de este mismo año, hasta el 25 de mayo de 2025. 

 Eso mejoró. Sí que mejoró. Dejar de jugar un juego absurdo de encontrarse y perderse y hacerlo y hacerlo... ¿Hasta cuándo? La vida pasa.  Y por eso, creo que tiene que mejorar con la distancia.  

Te pegué un voleo porque te fuiste de boca, pero además, porque necesitaba terminar con esto. Desde febrero pasado te lo venia diciendo. Te decía <<te doy una oportunidad para que sigas adelante, para que estés tranquilo>>. También, te dije: <<yo siento que debería eliminarte de todos lados, cortar todo contacto y chau>> y vos me dijiste: <<es que no sé si sirva, pasa igual>>. 

Yo creo que sí sirve. Porque tenerte lejos, me permitió encontrarme conmigo misma. Alejarme de tu influencia me permitió reconocerme libre. Saber que yo puedo hacer lo que quiera, gozar como prefiera, vivir como se me antoje, porque no tengo una piedra en lugar de un corazón. 

Yo siento, viste. Qué se le va a hacer. Siento. Y como siento, soy intensa. Y me gusta dar. Y quizá a vos te cuesta ver una piba libre como yo, que no puedas manejar, que sea una piba común y silvestre, de barrio, clase me...  mas bien baja. Que te pinte la cara, sí. 

Pero yo no lo hago por loca. Yo sé, en el fondo, que lo hice por dos razones: 

La primera: porque me faltaste el respeto, me hiciste sentir mal, me trataste como a una cualquiera y yo no lo soy, con tus palabras.  Y la segunda, pero no menos importante: porque así, finalmente, esta historia se iba a terminar. Con un tajo, una convulsión violenta, algo así. Pero iba a terminarse como no la podíamos terminar nosotros, poniéndonos de acuerdo, racionalmente. Solamente, me tenía que poner firme y me puse. Como nunca antes. 

Tenía que terminar así. Sí. Y no me arrepiento. 
Lo que pasa, un poco sigue pasando. Me pareces un tipo malo, después quizá un poco pienso que pudiste cometer un error y después insisto con que la piedad debe ser íntima. 

Yo te perdono, Javier. Pudiste haberte equivocado. Me perdono a mi también, por exponerme.  Nos perdono a ambos por todo lo que hicimos mal o bien, pero incorrecto. 

Y así, sigo el camino de transformación que inicié el 25 de mayo.  Un camino donde no quiero romperme la boca con nadie mas. Un camino donde no permitiría que me vuelvas a lastimar.  Es mi vida, puedo hacer de ella lo qie quiera, y decido perdonarte y seguir adelante. 

Sí, quizá digas qué pendeja de mierda, pero no me jode. Yo ya sé que no me querés. Que no importo.  Por eso, no puedo esperar menos.  Es mas importante tratar de ir sanando. Lo que vos pienses de mi por suerte pesa menos cada segundo. Y yo sé que no quiero tu mal. 

Me conformo con que estemos cada uno en paralelo, tranquilos, haciendo cada uno su vida, sin saber qué onda el otro, donde esta. Vernos de lejos es lo mejor. Borrarnos de todos lados, lo mismo.   Es parte de construir una etapa mejor. 

Yo ya me di cuenta que no puedo hacer como si nada cuando te veo. Pero que sí puedo seguir haciendo mi vida cuando no sé de vos. Y eso es algo que nunca dejaré de intentar. Que te alejes tanto dentro mío, tanto mas afuera, hasta que no pueda encontrarte nunca más. 



sábado, 26 de julio de 2025

Tarde de chicas a fin de mes

 - No, pero viste que cuando estás con más de un tipo, es como que vas descubriendo- dije. 

Con mi hermana del medio, estábamos pasando una tarde de chicas a fin de mes. Es decir, sin salir, limpiando, con mates, algo para comer, limpiando armarios.  Planes en los que yo hice énfasis hace un tiempo, porque empecé a cuestionar como gastaba mi dinero y eso hizo un poco de resonancia en ella también. Y un poco se bajó esa exigencia invisible de tener que tener dinero si o si para planes que no se ajusten (en un momento de nuestras vidas determinado) a un nuevo modo de relacionarse con las mismas cosas. 

En medio de esa limpieza, charlamos de muchos temas. El trabajo, el dinero, el estudio, nuestra familia, nuestros sobrinos. Búsquedas. De alguna manera, nos aconsejamos. Ella me lleva seis años, pero no se nota tanto. Y nos cagamos un rato de risa, claro, porque somos distintas pero en el fondo, en algún fondo remoto, seguimos siendo un poco las mismas niñas que crecieron juntas.  Ella, haciéndome mis primeros delineados. Yo, tomándole ensayo para sus entrevistas de laburo. Y asi, hasta ayer mismo. 

- No, pero viste que cuando estás con mas de un tipo, es como que vas descubriendo- le dije, bastante sin pensar. 

- Pará. ¿Vos estuviste con muchos? - dijo, intrigada. 

- Naaah. ¿Vos? - le pregunté. 

 Mi hermana se empezó a reír. Negó. 

Me sonreí y tomé un mate. 

- Veinte, pará, ¿a Javier te lo garchaste? 

Me rei, pero con menos intensidad. Asentí. Era la primera vez que se lo contaba a mi hermana. A alguien que nos conoce a los dos. Que entendía parte de las tensiones de la historia. Que me vió sufrir por él durante años. Alguien que sabía que lo amaba. 

Mi hermana gritó. Nos reímos. 

- Amigaaaaa, contame todo por Dios. ¿Cómo fue? ¿Qué pasó? ¿Cuándo? No puedo creerlo. 

Nos volvimos a tentar. 

- Nada, boluda. Terminó mal. Pero bueno, creo que esa tensión sexual se tenía que resolver. Y se resolvió. Al menos, no nos quedamos con esa duda. 

- Mal. Si. En algún momento... - dijo - ¿Por qué terminó mal? ¿Qué, no te gustó al final? 

- No, no es eso... Él tuvo una actitud muy machista la última vez. Me cuestionó el disfrute. Me tildó de trola. Y yo me sentí juzgada por él. Y yo a él no lo juzgué jamás para que me cuestionara. 

- Naaaaah. 

- Te juro. 

- Ay no no no, qué retrógrado. ¿Por qué? 

- Y, porque se ve que si disfrutas sexualmente, sos una trola. Él era dominante y yo también. Pero claro, tenía una visión muy anticuada de mi. Pensó que porque yo soy una mina discreta, no le iba a hacer partido. Y me decía siempre que quería que disfrute, y bueno, a medida que fuimos teniendo encuentros, un poco mas me solté. Y cuando me solté, fue como <<ay, no, tanto no>>>. 

- No, claro, no te puede decir ay no grites. ¿Lo ponías nervioso? 

- No se trataba de gritar. Él era un salvaje, y yo no me quedaba atras. Se ve que esperaba una mujer dócil. Y nada, me sacó un lado que de dócil nada... 

- Claro, pero tenes 30 años. Además, qué machirulo. Qué chabon con mambos. Siempre tuvo muchos mambos con vos. Una vez que podían garchar... Ademas, reprimido, porque otro tipo dice yo estoy con la piba, mirá la pendeja que me estoy comiendo- espetó. 

- Bueno. Por eso. Pensé que era otra clase de hombre... 

- ¿Y mas alla de eso? ¿Bien? 

- Si, mas alla de eso, tuvimos encuentros tremendos. El tipo es un salvaje, un desesperado. Yo venía con otros discursos, este me dió vuelta. 

Con pesar, lo admití. 

- Encima con tantos años teniéndote ganas... - ni hermana se rió. 

- Parecía que lo bajaban de la popular de **** y me lo traían.  Y yo venía de otra experiencia, otra relación, todo distinto. Con Galeno, habia cariño, dulzura, eramos pareja. Había comunicación y el sexo que teníamos juntos, tenía mucho de construido. Era un acuerdo sexual, pero en general, era un acuerdo de amor. 

- Claro. ¿Te embolabas? 

- No, no. Fue lindo. Pero cuando yo tuve sexo con Javier, me di cuenta que no todo tiene palabras. La intensidad, te la regalo. Con Javier explotábamos, mal, pero muy conflictivo.  

- ¿Por qué explotaban? 

- Y, porque cogiendo me decía cosas del estilo <<¿con quien cogiste antes?>> o <<¿donde aprendiste eso>>? - expliqué - O me preguntaba si yo quería coger, estando ahí, en situación... 

- Claro, muy tóxico. Por mas que garchen bien... Un tipo muy inseguro. Después de todos los traumas que te contó, imagínate, tenerte a vos ahí. Hecha una perra. 

Me rei. 

- Nah, tampoco la pavada. Yo también necesitaba cerrar algo. Nosotros mas alla del sexo, cerramos el pendiente. Nos teníamos muchas ganas desde hace 11 años. Había que resolverlo. Lo que pasa es que ese encuentro tenía un precio muy alto. 

- Claro, por mas que sea para una noche. 

- O sea, son dos experiencias distintas. En algún momento quizá encuentre una persona mas compatible. Galeno era un divino, se copaba siempre, confianza total. Y Javier era un reo, me desafiaba, quería hacerme veinte cosas, no se... distinto. Fueron los dos extremos mas extremos, entre las experiencias. 

(...) 

- Pero de ellos, que eran tipos grandes... ¿cual te gustó más? 

Me rei. 

- Javier me habilitó un lado creo que de por vida. 

- Claro, el lado perra. 

Nos reímos a carcajadas. 

- Nah, creo yo que saber que esa intensidad sexual hay que vivirla. Aunque te llamen puta. 

- Es que todo eso, habla mas de sus mambos que de los tuyos. Él es el reprimido. ¿Nunca antes había estado con una pendeja? Otro tipo, sabes qué. Él se mamabeaba, noooo. 

- No tan joven. 

- Claaaro. Imagínate. Es un tipo antiguo él, además.  

Nos quedamos calladas. 

- ¿Y fuiste producida o qué? 

- ¿Cómo producida? 

- Claro, lencería y eso... Porque eso también... 

- Sí, obvio que me puse lencería. Pero que se yo, o sea, tener sexo para mi es algo que tiene que estar bueno. Y él, ahí juzgándome... De entrada, al menos, me puse lencería. 

- Asi se hace, amiga- dijo. 

- Nah, igual terminamos mal. Después de eso, lo borré de todos lados. 

- Para mi, no lo dijo mal. Pero muchos mambos. Muy traumado. Y pensa que tanto trauma y por algo que dijo en un monento de calentura, se le arruinó todo. 

- Siempre quise que él me vea, boluda. Y para que me trate de trola, mejor que esté afuera. Me conoce desde que era una piba de 18 años. Todos estos años nos quisimos dar bomba. Bueno, flaco, ahora con 30 me vas a venir a cuestionar...  Para eso, ni hagas nada. 

(...) 

- ¿Hablaron? 

- Le pedí disculpas por los insultos. Y al tiempo lo eliminé. El jueves pasado recién me lo crucé por primera vez después de todo eso. 

- Uyyyyy, nooo. ¿Y? 

- Nada. Atinó a saludarme, pero le bajé la vista y seguí caminando. Está mucho mas flaco. Estaba vestido con un jean, suéter, volvía de la oficina también... 

- ¿No será que la esta pasando mal por lo que paso? 

Negué. 

-No, yo no le importo. Un tipo que te respeta como mínimo, te busca para hablar. Él no hizo nada. Que se vaya a cagar. ¿Por extrañar a la trola, adelgazó? 

Irónicamente, la miré. 

- No, no seas boluda. Quizá se quiere matar. Además, vos sos distinta. Muy distinta. Siempre vas para adelante. Él choca con eso. Tan miedoso. Con tantos problemas. Nunca pudo decidir nada. Tan mambeado. Cuando por fin pueden concretar, dice eso y vuela todo. 

- Nosotros no servimos para construir nada. Él es un tipo que me lleva a estados que no son buenos, es una intensidad que me mata... Garchamos lindo, pero ya fue. Yo no estoy para esto, la verdad. 

- No, la verdad, no. Eso te iba a decir. Otro tipo, le decis todo eso que le dijiste, y quiza te saca a patadas en el culo de la casa, todo. ¿Él, que hizo? 

- Me pidió perdón. Me abrazaba y me pedía perdón. Pero igual, no estoy para esto. No le voy a sostener la vela, ni la velita ni... 

De nuevo, otra carcajada. 

- ¿Venía mal? - me miró, sorprendida. 

- Noooooo. Eso hay que reconocerselo. Pero un forro. 

- Mas que un forro, para mi no debe ser malo, es un pobre tipo. Fíjate que no puede cambiar nada de su vida. Y vos, le cambias siempre todo. Hasta la manera de culear... 

Nos quedamos calladas. 

- Igual, ya está. 

- ¿No te lo cogerias de nuevo? 

- No, no. Ya no. Tiene un discurso y acciones que jamás me cerraron. 

- Y no, también está bien, si no te cierra... 

- Que siga su camino. 


viernes, 25 de julio de 2025

Se fue la semana

 Al fin viernes. 

La semana fue una roca, así que lo único que me hace feliz es que haya pasado. 

Me acosté muy temprano cuando volví de terapia. Comí en la cama. Mi gatito se acostó encima de mí y disfruté de lo simple: que nadie me este exigiendo, ni tener que viajar en un bondi colapsado, ni tener que andar con la mochila pesada desde CABA. Ni la movida intensa del laburo, que fue demoledor. Ni las cinco reuniones en un dia, como me tocó el miércoles. Ni los quilombos que saltaron. Ni ocuparme de nada. 

Solo descansar. Al fin.  

Espero no verme obligada a salir ni a la esquina el finde. No tengo energía para ningún plan y tampoco dinero. Pero la verdad es que no tengo ganas de hacer planes, mas alla de eso. Aunque tuviera dinero, igual deseo meterme para adentro y pasar tiempo haciendo planes conmigo misma. 

En particular, me quiero tomar el finde para descansar. Descansar de verdad.  Es decir, descansar del resto.  Veremos qué onda. 

Por lo pronto, son poco mas de las 22.00 hs y se me cierran los ojos.  Agradezco mucho no tener que madrugar mañana. 

jueves, 24 de julio de 2025

Cara pintada

Hoy volvía de trabajar y de camino a la carnicería, y me lo crucé a Javier de frente.  

Desde el 25 de mayo que no lo veía. La última vez había sido la noche donde (cuando nos acostamos) me dijo: " al final, resultaste muy puta". Lo que siguió fue muy puntual: la discusión de ese momento, el insultarlo como defensa a su comentario desubicado y luego irme de su casa. Lo que siguó después fue un pedido de disculpas por los insultos y no hablarle nunca más. Mas adelante, pude eliminarlo de todos lados y hasta ahora , jamás lo había cruzado.   Y no pensaba si me lo podía o no cruzar. Tampoco qué haría. O qué pensaría yo. Simplemente, accioné para echarlo de mi vida y punto. 

 Hasta que hoy, pasó. Como podía suceder, claro, es lo mas lógico. Sigo siendo vecina de este hombre, mas allá de lo que haya dicho o hayamos hecho en el pasado. 

Cuando Javier me vió, curiosamente, aminoró su paso, me miró, calculo que para saludarme. Me puso cara de hola, inclusive, buscando el contacto visual. Claro, confiado de que la boluda en un capítulo mas de "te doy oportunidades hasta el dia en que muera", iba a frenar para hablar o saludarlo o alimentar esa fantasía donde "esta todo bien siempre" que solo benficiababa a su propia conciencia. 

 Pero no.  Yo también lo ví, claro. Estaba parado ahí, con suéter y jean, el tipo que mas amé. El tipo al que le perdoné o justifiqué ser mala gente. Con el que tuvimos muchísimos combates sexuales, intensos, profundos, pero el que también siempre fue un terreno para romperme en mil pedazos.  El que peor me trató, por el que siempre quise ser elegida. Claro que lo ví. 

Ambos, cruzamos una sola mirada. Fue un segundo donde hicimos contacto. Ese segundo antes activaba sonrisas en ambos, buena onda, un beso, un abrazo, un te llevo a tu casa, propuestas, y el acercamiento propio de la atracción...

 Pero hoy,  antes de que me dijera una sola palabra, yo le bajé la vista y seguí caminando. Él, entendió y entró al supermercado mirando para abajo. 

Después, salió un momento más tarde mientras yo estaba en frente, mirando de lejos, en la fila del comercio donde iba a comprar, se subió al auto y se fue.  Solo. Como creo que merece estar, por cómo es con los demás y por las barbaridades que dice. 

II. 

Por mi lado, hace dos meses que mas allá del puta que me dijo aun en un contexto sexual, supe que no había palabras. Que merecía verme de lejos. No saber nada de mi. Que no merecía estar en mi vida.  Y como pude, con dificultades, lo eché y cerré una puerta invisible pero sólida. 

No sabia que iba a hacer si lo veía, porque en estos meses pasaron muchas cosas. Lo de él, fue el gatillo. Un primer gesto que me dió envión para ingresar en una etapa donde estoy identificado lo que me duele y mejorando mi relación con algunos factores, entre ellos, el dinero, la comida y las relaciones que elijo. 

Esas palabras cobran mas sentido a partir de hoy. 

Quizá la persona que era yo hace dos meses, lo hubiera saludado, le hubiera perdonado el hecho, lo hubiera justificado para abrir de nuevo la partida. Pero la de hoy, no escondió sus emociones para ser aceptada. Ni lavó la culpa por las equivocaciones del pasado con un trato falso.  Sí, nos conocemos desnudos, sí, hemos tenido un sexo increíble, sí, hemos tenido momentos de placer total, pero ahora yo sé cómo vé todo y no me interesa contentarlo. 

Para su mirada, seré puta y encima me enojo y le corro la cara. Para la mía, él es un machista que se desubicó, me denigró con sus palabras y no solo no merece acostarse conmigo nunca mas en su vida, sino, ni siquiera un saludo. 

¿Me decis que resulté muy puta por cómo disfruto sexualmente y después de que te borré de tofos lados, aun asi me queres saludar? Lo siento. La cagaste al punto de no merecer nada, la verdad. 

De mi lado, el cambio que tengo que hacer tiene mucho que ver con recuperar la coherencia interna y dejar de tapar culpa y emociones.  Y esto fue una gran prueba, siendo sincera. 

Hoy mucho menos me interesa lo que piensa, porque sé que siempre voy a ser la puta, en el fondo.  Pero allá él. Nunca me va a saber mirar. Y yo ya no quiero verlo. No quiero sostener ninguna farsa. Ningún saludo estúpido. Ninguna venganza. Ninguna cara de disgusto disimulada, ni prestar energia o tiempo a ningún juego de hipocresía. ¿Para qué?

A él no le interesa como soy como persona y yo ya entendí que es un es un tipo al que le falta respeto por las mujeres. Aun, por las mujeres que apreciaba como amantes, y molestaba, y suplicaba, y todo lo sabido. 

No voy a hacer absolutamente nada mas por él. Ni saludarlo, ni enojarme, ni pensar en devolverle el daño. Nah. Nada. Ya está. Que todo termine asi, y punto. Quedar bien o mal, dá lo mismo viendo quien está del otro lado. 

Me interesa mas trabajar lo que me lleva a esos lugares oscuros para no tener que volver y eso es en lo que estoy hace dos meses. Porque si vuelvo, le doy la oportunidad a gente como él de que me destruya. O lavo culpas y sufro. Y me guardo cosas. Y hago cosas que me hacen mal, para castigarme.  Y no está bueno. 

Yo, hoy, actué como pienso ahora, en base añ cambio que estoy intentando hacer honestamente para poder tener un futuro mejor en varios aspectos. Dejándolo afuera una vez mas sin siquiera pensarlo un segundo... aun mismo, se me reflotara el dolor de esa noche.  La humillante manera de llamarme. Todo lo que perdí, a nivel seguridad y autoestima sexual, además.   Lo dejé de lado, ponderando no hacerme mas daño. No demostrarle nada s nadie mas que a mi. 

No le bajé la vista por vergüenza, le bajé la vista por hijo de puta. Por traidor. Por mal bicho. Porque ni me merece un segundo mas de atención.  Y quizá, como lo he ido notando, cada vez menos presencia en mis palabras. 


lunes, 21 de julio de 2025

Anticumbia

 Estoy en mi capsula últimamente. En mi vida, bah. Metida en la mía. En mis números, en mi familia, en mi trabajo (lo justo) y en lo que quiero construir. 

El futuro, es hoy en dia para mí la suma de decisiones sobre las cuales me quiero sentir orgullosa. Y ademas, es repetirme varias veces por día que estoy haciendo todo por una vida distinta. Por disfrutar de estas decisiones que deseo me alejen de distintos padecimientos.  Que me ayuden a salir de años de malas conductas. Como cuando una persona tiene un trastorno alimentario, y dicen que se tiene que educar antes de empezar de nuevo. Algo así. 

Cuando le digo esto a mi psicóloga, asiente. <<Eso es crecer. Decidir qué hacemos con las 3 cartas que tenemos (...) Quizá no sea necesario romperlas, o tirarlas. Podes cambiar las 3 cartas, jugar. Ser adulto tiene sus ventajas. Y lo bueno es cuando nos damos cuenta que podemos decidir>>. 

Y sí. Yo he decidido algo importante estos últimos tiempos. Muy en medio del dolor y de la angustia. Y de todo. Y es trabajar en mis decisiones de forma precisa, para poder tener en algún momento cercano, otra vida. 

Por eso, ni bola a alguien ajeno a mi entorno cercano en este momento. Y mucha bola a mis decisiones. 

Sin ir mas lejos, me empezó a hablar un tipo estos dias. Demasiado intelectual, demasiado profundo, demasiado denso...  Lo peor, para este momento de mi vida, sí, donde lo que mas elijo es mi paz, la paz posible en lo evidente de la vida diaria y no a un falso intelectual que se quiere hacer el langa hablándome en difícil. 

Por otro lado, Galeno me escribe de vez en cuando. Me pregunta cómo ando. Yo le cuento todo menos mis procesos profundos, porque no quiero introducirlo en mi presente.  Tengo un muy recuerdo, lo quiero y todo, pero no tengo nada para ofrecer a nadie en este momento.  

Y no, eso no es compatible con que no tenga nada para dar. Yo tengo para dar. Pero me necesito ahora y no tengo energía para nada más que para hacer cambios en mí. 

Así estoy, entonces, anticumbia

domingo, 20 de julio de 2025

Soy de ellos

 1. 

Mi sobrino mayor, en el cine, con mi hermana, su otra tía. En la escena, el niño protagonista de la película de Disney, se queda a cargo de su tía. Se abrazan. Es una escena conmovedora. De amor. 

- La chica se parece a la tía Veinte - dice, mi sobrino mayor. 

Más tarde, pregunta cuándo voy a sumarme a la función. Mi hermana le dice que yo estoy en su casa. Con su hermano, que es muy chico aun para ir al cine.  Que mas tarde nos vamos a encontrar todos. 

Un rato después, mientras vuelven, le pregunta de nuevo si la Tía Veinte está en casa. Mi hermana le dice que sí. 

Y si. Yo también lo estoy esperando. 

2. 

Lo abrazo, cuando viene del cine. 

- Tiaaaaa - dice, mientras corre hacia mi. 

- Hola, mi amor. ¿Cómo estás? ¿Bien? 

- Sí. Mirá lo que me regaló la tía. 

- A ver, mostrame. ¿Cómo la pasaste mi vida? Estás lindo. 

- ¿Me vas a hacer hoy la verificación de hermosura? - dice. 

Es un código nuestro.  Se trata de decirle que me mueste sus ojos, su pelo, sus dientes, el largo de sus pies y de sus manos. Él me muestra todo, contento. Y yo le digo que entonces verifiqué lo evidente: él está más hermoso que nunca.  Después nos abrazamos. 

La verificación ocurre cada vez que lo veo, prácticamente. Rara vez se le olvidó en estos seis años. Y la verdad, es que yo creo que a mi jamás se me va a olvidar verlo crecer y ver en sus ojos la felicidad de ser mirado con amor. 

3. 

Mientras mi sobrino mayor está en el cine, el menor y yo, tomamos mates en su casa. Él me mira, con sus ojos expresivos, una mirada mansa y dulce como nunca ví, y me hace señas para que arme el primero. 

- Bueno - le digo - acá metemos la yerba. 

Tiene el termo cerrado y pone la mano sobre la tapa. Me hace señas. ¿Saca la tapa, la deja? 

- Hay que sacarle el sombrero al termito. Asi le ponemos agüita ahora. 

Sonríe. Se lo saca. Estaba esperando ese momento. 

- Eso. Super bien. Bueno, ahora, con muuucho cuidado, vamos a poner agua aca. Despacito,  así, te ayudo. ¿Viste qué genial? 

Mi sobrino de casi tres años, habla poco. No lo presionamos. Cada dia, suma alguna palabra. Han consultado, y le dijeron que no hay nada a nivel desarrollo, asi que afortunadamente todo va mejorando cada dia con amor y paciencia. Mas amor y mas paciencia, desde la separación de mi hermana con el ahora exmarido. 

Sonríe. Vierte el agua caliente en el mate, muy cauteloso. Yo lo vigilo de cerca, con la mano a centímetros, para cuidarlo. Lo hace bien. Realmente bien. Es paciente, delicado, juicioso. 

- Ahi esta - indica. 

- Sí. Ahí está. Ahora, nos podemos tomar el primer matecito. 

Sonríe. Me contagia. Come una galletita de las que le llevé y le acerco un platito con un alfajor. Él, es un niño de muy buen comer. Igual que su hermano mayor. 

- Está rico- le digo. 

- ¿Queres un matecito, vosssss? 

- Ziiiiiisi - dice. 

Le paso uno. Lo miro y pienso lo enorme que están los dos. Cada uno en su etapa, con sus desafíos, siendo cada dia mas independientes y más dulces a la vez. Mi sobrino menor es hermoso. Tanto como el mayor. Y al mismo tiempo, entre ellos, son tan diferentes que asombra. 

- Che ¿y vos vas a tomar mate conmigo cuando yo sea una vieja, gordo? 

Se ríe. Parece entender. Quizá, pienso, le da gracia cuando digo la palabra vieja. Le pongo énfasis. 

- Zsiiii- dice y me mira sonriendo, mansamente, con tiempo y futuro por delante, y se come otra galletita.  

Me pregunta si hay mas, a su forma. 

- Si. Mirá. Son para vos. 

- Ah. Yo. 

- Si. Para vos. Que sos un gordo fan de las galles. 

Mi hermana, de fondo, se ríe. Se suma a merendar unos instantes después. 

3. 

Al rato, mientras nos sentamos en el sillón con él y mi hermana, esperando a que mi sobrino mayor volviera, seguimos tomando mate. 

Él, se acomoda, y me da una pierna. Sí. La estira al lado de mi mano. Yo lo veo y me río porque sé lo que quiere: que le haga masajes en los pies y otros juegos que son nuestros. Como un lenguaje. 

Agarro sus piecitos que se parecen a una empanada criolla aunque en tamaño mini y los masajeo con cariño. 

- ¿Estás bien? 

- Siiii. 

- Que consentido que es este bebé- lo burlo, con amor.  

4. 

No hay mucha mas ciencia. Quizá no sea ciencia lo que haya en esto: yo, soy de ellos. 

sábado, 19 de julio de 2025

Gestionando la falta

Decía Lacan que todo exceso esconde una falta. Y a eso podría agregarle que cuando uno empieza a desarmar sus propios excesos, se encuentra con la falta que estos enmascaraban.  Y eso, duele. Es incómodo, difícil, se siente eterno, te enoja, te frustra. Pero eso es lo que debe pasar. De otra manera, no sé si es posible gestionar los cambios.  Y yo, estoy intentando hacer uno muy complejo. Que tiene que ver con aprender a relacionarme mejor con los aspectos de mi vida donde siempre me relacioné desde la culpa, desde el castigo o desde la búsqueda insconciente de hacerme daño. 

El dinero, desde que empecé a administrar el propio, sin darme cuenta del todo, siempre fue un método de castigo, de disfrute culposo. Y fue hasta ahora además una herramienta que mal usada me dejó siempre en los mismos lugares, es decir, otra manera de lastimarme. 

Por eso, ser hiper consciente de todo esto, y de todos los conflictos que acomete, hoy es importante. Lejos está de ser masoquismo. Es una honesta voluntad de cambiar. Y es saber que yo para cambiar necesito entender. Necesito entender por qué me hago esto, necesito entender por qué tengo esa relación compensatoria de culpa con el dinero. Por qué sufro si no puedo comprarle algo a mis padres, por ejemplo. Por qué me pone ansiosa no saber cómo hacer con las cuentas. Por qué no sé decir no puedo. Por qué prefiero quedar bien con mi familia a costa de mi propio fracaso. 

Sí. Todo eso, es constante en mi cabeza. Entender eso, darle otra forma, transformar la manera de relacionarme con el dinero, es un largo proceso. Lo siento. Lo sé. Implica reeducarme a mi misma. Entender que no puedo seguir gastando lo que no debería, para que me acepten. Entender que no tengo que rescatar a nadie. Que no traigo ese peso de tener que lograr cuajar económicamente porque debo ayudar a mis padres.  ¿Cómo todo ese proceso tan profundo no llevaría tiempo? Pagar las cosas, también. Los compromisos se irán reduciendo a medida que pase el tiempo, que pueda seguir reduciendo todos los gastos, es decir, que llevará meses ver el impacto de esas decisiones mínimas. 

Sé de todos modos que la transformación no durará para siempre. En algún momento, adoptar estas nuevas ideas va a ser mas sencillo. En algún momento, pagar todas mis cuentas va a ser pan comido, sin darme nada de malasangre.  Pero todo eso, hoy, depende de mí. Y de bancar todo lo duro que está siendo para mi este proceso. Un proceso que quizá me regale lo que mas ansío: superar temas que pensé que eran imposibles y así volver a sentirme orgullosa de mis decisiones. 

II. 

Hoy, por ejemplo, fue un dia difícil. Me junté con mis sobrinos y yo siempre tuve la costumbre de llevarles algo. Y a su vez, en mi entorno, la presión por consumir es muy fuerte en las reuniones o encuentros.  Quizá hay gente que si se junta a merendar, prepara una torta. Y está perfecto eso. Pero mis hermanas, por ejemplo, piden merienda. Y si la reunión sigue, piden cena. Y si vamos a pasear, se contempla pasear y comer afuera y comprar alguna pavada.  Y tener que poner un freno a eso, y decir "no, chicas, yo no tengo plata para esto, puedo llevar algo mas para merendar , y podemos elegir entre pedir la merienda o la cena, es enfrentar una carga. 

Puede parecer tonto, sí. Pero no es poca cosa. Tal como lo hablé en terapia, y me compartió mi terapeuta, en mi familia, el lenguaje de amor aceptado, enseñado y entendido, siempre se dió a través del dinero. Y cuando insconciente vos sentis que te van a querer si podes poner dinero,  cuesta hacer las cosas diferentes. 

Pero justamente es lo que yo estoy haciendo. Poniendo cuerpo a una incomoda realidad para poder gozar de un mejor futuro. Y para alguien que venía usando el dinero como un medio para quedar bien frente a los demás, y lavar culpas, decir no puedo, por cuidarse a si misma, es hacer exactamente todo lo posible por ese futuro. Sí. Juro que cambiar esas cosas cuesta. Muchísimo. 

Hoy, me costó especialmente.  Pero no me voy a rendir. Siento que uno de los mas profundos aprendizajes que me va a dejar esta nueva relación con mis recursos (entre ellos el dinero), es el decir "no, no puedo, y no tengo obligación de poder con todo". 

Porque yo crecí con esa terrible idea de que todo tenia que poder. Y para mi es un alivio que hoy me digan que no, que no siempre, que está bien si puedo algunas cosas y otras no. Que nadie que realmente me quiera, dejaría de hacerlo por decir no puedo. O no puedo por ahora. O admitir sin vergüenza que en esta etapa mis prioridades son otras. 

Financieramente, además, la única manera de organizarse, poder pagar, no caer en otras deudas, es diciendo sistemáticamente que no, hasta tener un terreno saneado.  Porque cada no, es un sí para el mes próximo.  Es algo que vas a poder juntar para. Es algo que quiza te trae alivio y no miedo o culpa o arrepentimiento al decir "uy, yo no debía hacer eso pero bueno, como insistieron en...". 

Hoy, costó, pero dije "no, elijamos una de las dos, podemos comer lo que traje de casa para merendar y listo. A la noche pedimos". Y sí, se puso incomoda la cosa, porque no eran mis respuestas, pero se trata de tener resultados distintos.  De cuidarme en estas cosas con las que antes me mataba. 

¿Si alguien se murió.? No. Mis sobrinos estuvieron contentos. Nos divertimos. Y yo en lo personal, valoré poder vivir momentos donde con poco, sin embargo, existió la posibilidad de disfrutar. 

Porque eso es demostrarle a mi cabeza, que hay otros lenguajes posibles de amor y que no sos un idiota por no tener plata para gastos extra en una época de tu vida. 

Quizá, en el futuro, me sobre el dinero. Pueda tener muchísimo mas margen. Y eso esté genial. Pero si soy completamente sincera, tengo que educarme para poder realmente vivir sin tantas exigencias. Porque eso hará que para mi, quiza con mas o con menos, mi esfuerzo alcance. 

Gestionar la falta es difícil, pero no imposible.  Parte de escribir todo esto es saber que algún día voy a poder mirar para atras y decir "qué bueno que pude cambiar esto". 

lunes, 14 de julio de 2025

La moda del automático

Con esto de sentirme en un punto difícil de mi vida, quizá difícil de verdad, es que muchas cosas cayeron en una especie de desorden relativo. Es decir, me importan menos. Sólo me importa poder atravesar - o no - las situaciones que realmente me representan un apremio, por ejemplo, el dinero que no sé de dónde voy a sacar para pagar todo a fin de mes. O las llamadas del banco que empiezan a llegar diciéndome que me va a pasar esto, o aquéllo.  En mi casa, económicamente, también empiezan a sentirse los efectos de que alguien más no esté poniendo recursos. Nada sobra. No estoy pasando necesidades, la verdad, pero sí realmente me preocupa tener que pasarlas en el futuro, si no logro llegar a pagar mis cuentas. 

Eso, realmente, a mí me parece súper importante. Es lo que me preocupa, porque no hace a la plata de una compañía, que de algún lado la va a sacar, sino que hace a la plata de uno, a un tratamiento de salud dental, a unas tarjetas de crédito prendidas fuego, y a cosas que no sería nada no poder permitirse, siempre y cuando no estuvieras contando peso a peso.  A mí lo que me preocupa es no saber cómo hacer para salir, a pesar de estar recurriendo a todas las estrategias que se me ocurren.  Los préstamos para el tratamiento de salud, representan el 70% de mi sueldo. Trabajo para pagar, en este momento de mi vida, esos préstamos más las tarjetas de crédito, más todo lo que tengo que pagar que implica una vida y estoy pasando momentos muy complejos. Trabajo en la oficina, hago también trabajos los domingos cuando me llaman porque son eventuales, y pienso ponerme a dar clases los días de la semana.  Todo, para ver si así junto unos pesos más por mes. 

¿Si es un sacrificio? Sí. Pero yo sé que tengo que pasar por ésto para cambiar mi vida. No es un decir. Literalmente, tengo que cambiar mi vida y para eso, voy a cambiar mis conductas que es lo único en lo que tengo poder hoy. Si bien hace muchos meses que vengo con éstos problemas, y hace mucho vengo bajando más y más la calidad de vida, para poder pagar lo que corresponde, empiezo a sentir que me importa mucho más resolver lo que hace a mi vida personal que lo que hace a una empresa donde hoy estás y mañana puede que no. Que me importa más lo que puedo hacer para sostenerme económicamente pero además emocionalmente, sin que eso suponga dármela con algo que me haga daño. Como si rota, caminara mejor. 

No aguanto más vivir así, vivir en esa, sentir tanta culpa, ver cómo operan en mí esas fuerzas que me dicen desmesuradamente "sí, ya fue, rompete". Lo hablé con mi terapeuta y ella me contó que estoy en un momento donde mi pulsión de muerte, la que avala y potencia las conductas negativas, está reluciendo. Yo le expliqué que me angustia muchísimo porque es algo muchas veces que no tomo conciencia cuando lo hago, pero que esa fuerza invisible, el insconciente, siempre me deja en el mismo lugar. Es como si permanentemente me hiciera una opereta a mi misma.  Ella me explicó que la culpa no es algo que se me vaya a ir, pero sí, que puedo aprender a elaborarla y a convivir con ella de una manera donde no me destruya. Me explicó que todos los seres humanos tenemos un nivel normal de neurosis y que un paso importante para la salud mental, y para un vida adulta independiente y sana, es la de poder elaborar la culpa. Me explicó además que esto que me está costando tanto, no tiene que ver con la edad, porque hay gente que pasa toda su vida sin elaborar esa culpa, y que no es que  yo haya llegado tarde - como le dije - por hacerlo ahora.  Sí, me aclaró, que era importante que lo hiciera. Y sí, me doy cuenta, de que es correcto su planteo. 

Si yo sigo así, voy a hundirme. Económicamente y emocionalmente. Voy a seguir lavando culpas con lo que sea. Destruyéndome en cuotas. Cuotas con los bancos, cuotas con los vínculos, cuotas porque parece que si te vas hundiendo despacio nadie se va a dar cuenta.  Pero no quiero caer al vacío. Una parte mía, no quiere, y la otra, empuja hacia.  Y pese a la angustia en la que vivo hoy, donde a veces siento que  todo lo estoy haciendo por última vez, la parte más pesada HOY es la que desea tener una oportunidad de poder salir de toda la mierda para plantearse una vida distinta, sin culpa, que ya para mí sería una experiencia que nunca antes viví y capaz esa clase de vida que en el fondo siempre deseé.  Una vida donde no tenga que castigarme, de alguna u otra manera, para estar "en equilibrio". Porque la espasticidad, afecta al equilibrio físico, pero yo perdí en estos últimos meses el timón en general de mis cosas. 

 Mi compañera de ofi, con la que me llevo bien, está loquísima estos días por dinero que no ingresa, o distintos apremios de la compañía. Y todo bien, la entiendo, me ofrecí a ayudarla, pero también creo que es elección de cada uno cómo vive. Y hoy me doy cuenta que yo hice una elección, en un momento de incertidumbre muy serio: ocuparme de mi vida, de mi salud mental, y de las cosas que pasan fuera de la oficina. Porque si sigo tapando la vida personal con la oficina, un día, esa fantasma me va a tapar y todo lo que sí hice bien, va a ser en vano.   

Yo sé que llegué a ésta instancia donde estar mal financieramente también es signo de estar muy mal por dentro, llevando adelante prácticas destructivas, queriendo lavar una culpa que no tiene final, y fue por querer  tapar a toda costa mucho sufrimiento, y muchas deudas emocionales. Fue una manera de pedirle perdón a mis viejos, por no ser la hija deseada, dándoles cosas, haciéndome cargo de gastos, dando demás, para que me quisieran. Pero además, fue una manera de hundirme, de dejarme siempre en el mismo lugar, de impedirme avanzar, como un castigo por haber ganado un partido que era de otra liga, por pura suerte además, porque la salud es literalmente la lotería de la vida con mejores premios y nadie lo sabe hasta que lo entiende en su propia carne. 

Hoy, la estoy pasando mal, pero para mí vale mucho poder decir estas cosas porque sé que ya no las llevo más adentro. Vale mucho poder hablarlo en terapia, después de años donde yo sentía algo raro pero no sabía qué era y no se lo podía explicar a nadie. Hoy, puedo. Hoy, sé por qué hago lo que hago. Hoy, sé que si no lo hago, cuido algo. Y hoy, sé que si me surgen ganas de hacer algo que me haga mal, es por algo. 

Esto, intuyo, me va a llevar tiempo y no solamente por pagarle todo a los bancos. Esto me va a llevar tiempo porque se trata  de hacer algo que nunca hice antes y es dejar de intentar cagarme la vida desde adentro, eligiendo mal, abandonando lo que me hace bien, llevándome a lugares, relaciones o comportamientos que me hacen daño, como si me tuviera que hacer mal, para poder apenas vivir. Me cuesta hacerlo, es difícil y cansador.  Porque implica visualizar toda tu vida como las acciones que hacés para o por qué. Pero creo que vale la pena poner mi energía en esto ahora, en tratar de hacerlo bien, y no en una oficina.  Creo que es mejor ver esto, que pensar por qué Javier me dijo que era una puta o me vé como una puta. 

Hay cosas que ya no puedo cambiar del pasado. Lo tengo en claro. Cada paso de ese pozo hacia abajo, ahora es un paso que tengo que dar hacia arriba. Lo que hice, no lo puedo modificar pero si se que lo estoy enfrentando hoy. En todo aspecto. 

Este es el fondo al que le escapé los últimos seis años. Suena irónico que todo se haya dado así para que enfrente todos los vacíos a la vez, pero aca estamos. Esta es la formación. Este es el partido.  

Mientras, seguiré cumpliendo, trabajando y haciendo, pero no me pidan que me preocupe más de la cuenta por algo que no sea salvarme en este momento. La moda del automático, para mí, se terminó. La escuelita de pasarla mal, por plata ajena, cuando te estás destruyendo, no la adoptaré. El hacerse malasangre con el trabajo para tapar los temas personales que tenés que enfrentar, a nadie le trae más dividendos. La sensación de sentirme una puta, por lo que Javier crea de mi, no puede seguir.  

Y si bien yo trabajo en un entorno con presiones, y si bien uno puede tener un desacuerdo con otro, yo  estoy tratando de salir de un pozo que nadie más puede resolver.  Me necesito aca. Ahora. Todo el tiempo que pueda. Para poder cambiar.  Nada mas (ni nada menos). 

Mis viejos están tratando de ayudarme, sí, todos estamos buscando alternativas, pero por ahora nadie sabe lo que va a pasar. Ellos quieren ayudarme porque saben que llegar a este nivel de oscuridad es algo que no es propio de mi. 

Es algo que, en este punto, escapó por completo de mi control, no solo por el dinero, sino por las consecuencias de todo lo que uno puede hacer mal cuando se quiere destruir. Yo hasta hoy, quise hacerlo. Y eso no es gratis. Pero debe ser cambiado, no sé, al menos intentarlo.   Y eso es de lo que yo me hago cargo. De hacer toda la fuerza.  La que me queda. 

Ojalá, salgan bien las cosas que tienen que venir, para poder salir a flote. No puedo pedir mucho más en este momento. No hay mucho más que me importe por dentro, aunque de afuera crean que vivo en el país de las maravillas. Voy a hacer el mejor intento para eliminar lo que me hace mal, como ya he hecho con personas, como estoy moderando conductas o gastos, como estoy tratando de hablar mas y permitirme eso, para poder tener otros resultados mas adelante.  Está siendo RE difícil. Siento miedo, incertidumbre, tristeza y una sensación de bloqueo.  Pero... tengo que seguir intentando.  Especialmente ahora, que pude poner en palabras, a través de estos conflictos financieros, todos los conflictos emocionales. 

Es momento de tratar con toda la honestidad y sin importar el resto, de cambiar un patrón. Siento de una manera que no puedo explicar que esto que estoy moviendo hoy con tanto esfuerzo es el comienzo de otra etapa en mi vida. Y espero lograrlo. 

Yo no quiero verme a los 40 años con depresión, no quiero tener una vida de ajuste permanente, no quiero que me embarguen, no quiero deber nada a nadie, de ningún color, ni estilo. No quiero vivir con culpa por disfrutar. No quiero que mi vida sea una vida de mierda, con conductas que me la arruinen. Quiero que mi vida, quizá sencilla, quizá un poco más sofisticada, pueda ser una vida sana, tranquila y feliz, donde me levante y sienta ganas de vivirla, donde tenga salud mental para sostener la física, donde pueda pagar el tratamiento de salud, donde pueda ayudar sin culpa, donde pueda asumir a mi familia como mi origen pero no como mi carga. Donde pueda ayudar sin destruirme. 

Una vida, simplemente, por la que no tenga que pagar cada día desde hace 30 años el hecho de haber nacido. 

domingo, 13 de julio de 2025

Viernes y sábado y domingo

*Viernes 

El viernes trabajé muchísimo. Fue una semana de muchísimos cambios en la oficina. Se fue mi jefe, entró otro, y renunció la contable que habían tomado hace mas o menos un mes. 

Yo tenia que entregar cosas para que liquiden los impuestos.  Es el periodo mas movido del mes. Y eso hizo que el viernes no levantara el traste de la silla hasta no terminar contrarreloj a las seis de la tarde, todos los pendientes. 

Después de cortar, así acelerada como estaba, me fui a terapia. Y empezó sin esperarlo una sesión difícil, donde me sentí muy vulnerable y donde expuse una angustia real. Las 2 últimas sesiones vienen siendo así, difíciles. Las anteriores venían mas por otros lados, pero ahora se abrió esta puerta por lo que aparentemente fue algo insignificante y resulta que develó toda una línea donde hay cosas fundamentales para trabajar.  Cosas que sé con total certeza que de trabajarlas me lo agradeceré porque al menos voy a haberlo intentado seriamente. Y eso es importante. Valioso. 

Pero trabajar en uno, por otro lado, es arduo. Y decir todo lo que te duele, es traer a la superficie cosas que necesitas cambiar para vivir mejor. Aunque hablar de eso te duela. 

Por eso, dije: 

- Para mí es muy difícil porque ellos como padres han hecho muchas cosas, y siento que no podes decirles, como hijo: "yo no quiero vivir más". Pero a veces lo siento así. La vida, tal y como es hoy, se hace demasiado pesada. Y no puedo más. 

Lloré. No suelo hacerlo, en terapia, pero lloré. Tomé un pañuelito y me seque las lágrimas.  Mí psicóloga me miró. 

- No quería llorar, te juro. Pero es realmente tan difícil soportarlo. Es algo que opaca todo. Además, no puede ser que para estar bien yo tenga que destruirme. No puede ser que ese sea mí equilibrio. ¿Y si sigo así, que va a pasar? 

Asintió. 

- No puedo seguir así, viviendo está vida. 

- No. 

- Porque además hoy es el dinero con lo que lavo culpas. Mañana puede ser otro cosa. ¿Y si a los 40 se me da por tomar falopa? Destruirme no puede ser una buena idea. No puedo devolver todo haciéndome mierda. Llega un momento, que es ahora, donde el problema no es no tener plata para comprarse algo, porque los numeros en algún momento dan. De hecho, ya estoy pensando en trabajar mas. Yo no le tengo miedo al trabajo, yo lo que no soporto mas es vivir con el peso de sentir que tendria que estar en un centro de rehabilitación y que no estoy, y que los otros chicos que nacieron como yo, sí lo están.  Siento que está mal y te juro, no puedo vivir así. Porque no necesito gastar plata todo el tiempo para lavar culpa, quiero no sentirme así.  Necesito no tener unida la culpa al dinero como medio para sacarla. Pero tampoco a la falopa, al maltrato, a las malas decisiones.  No quiero vivir mas el en barro emocional. 

- Es que cuando sentimos culpa es una deuda que no se termina de pagar nunca. Porque no estás negociando con el banco. Estás negociando con el banco de tu mamá y de tu papá, por esa hija que deseaban tener, y vos no pediste eso (...) - me dijo mi terapeuta. 

- ¿Qué persona puede querer vivir sintiendo que todo lo que hace es demasiado para ella? ¿Cómo haces para agradecer la vida si todo el tiempo pensas por qué los otros estaban en silla de ruedas o con gran discapacidad y vos no? ¿Entendés? 

- Para vos es como que no lo merecieras... - acotó. 

- Claro. Yo siento que le estoy robando algo a alguien. Pero ese alguien no existe afuera. Uno cuando se siente culpable, lo ve por una acción afuera. Yo con Javier de hecho me sentía culpable y muchas veces viste que te lo comentaba. Pero esta culpa, es un bulto permanente.   Es como si le estuviera robando la vida a alguien normal, que no tiene esos dilemas, porque como voy a ocupar esos espacios... - suspiré- Cuando toda tu vida te dicen que vos no vas a poder hacer mil cosas porque tenés espasticidad, uno se acostumbra. No podes cuestionar nada. Naciste con eso. Te tocó. Toda la vida vas a vivir con eso y eso ya pesa. Te juro que pesa un montón. Y si encima  vas creciendo, y las podes hacer, y ves que otros pibes con espasticidad necesitan asistencia y vos tenés espasticidad y podes... y siempre tenes que fingir que sos feliz, que estas bien, que podes con todo...  es agotador.  Hacer la vida normal de cualquier persona sin limitaciones físicas, no era mí partido.  Y es como que desde chica me acostumbraron a que yo iba a poder hacer todo, pero nadie vive dentro mío, ni sabe lo que es esforzarse por hacer como si eso no te pesara. Pensa que mi forma de pensar es otra. Que yo siento que la normalidad es no estar bien, porque ni siquiera mi cuerpo está bien. Y llegué a un momento de mi vida donde no puedo soportarlo. Ya no me importa si tengo una discapacidad según un médico, si la supere mas alla de lo racional, si mi mama cree que fue Dios, si no, si se nota, si no se nota. Yo quiero vivir en paz. Sentirme bien por dentro. 

Suspiré. 

- Como si para vivir, tuvieras que negociar. Que pagar. 

Asentí. Me quedé pensando. Sintetizaba todo. 

- No en vano, hice semejante quilombo financiero. Es muy difícil para mí la falta. Yo por dentro tengo un agujero negro que se come todo y es la culpa. Y cuando veo que algo no sale, que algo no está, y esa falta se nota, me angustia muchísimo.  Tengo un terror desmedido a pasar hambre, por ejemplo. Sueño con cosas relacionadas a eso. Y jamás pasé hambre. Pero si es el miedo permanente a no tener para comer. A no devolver lo suficiente. A no poder pagar la culpa. 

- Y ademas, llenarle la heladera a tu mamá y a tu papá. Y angustiarte por no ser la hija perfecta que todos los fines de semana les compra facturas... Y vos tampoco tenés las facturas pero no parece que te afecte tanto. 

- Sí. En realidad, no me preocupa no comer la factura el domingo. Pero si me angustia mucho ver que no hay si ellos quieren. Para mí en este momento es muy duro porque estoy en una situación donde no puedo ayudar a nadie, más bien, necesito ayuda. Y tener que perforar el vacío, y bancar que no haya lo que según mis expectativas debería haber, es tremendo. 

- Pero es muy necesario habitar la falta. Porque fíjate si vos tenías plata, esto no te iba a incomodar. Lo mismo tu relación con Javier, donde si él no hubiera dicho esa palabra, vos no hubieras tomado esa decisión.  De ahí en más, hubo muchos cuestionamientos.  De nada valió callarte, durante tantos años, porque eso siempre salió por algún lado. Y porque los otros pueden ponernos la etiqueta que quieran más allá de lo que hagamos.  

(...) 

- Espero venir con menos lágrimas la próxima. Gracias. 
- Las que sean necesarias.  Buen finde. Nos vemos la próxima semana. 
- Dale. Gracias. 

Llego a casa. Faltan un montón de cosas, pienso, pero qué cosas. Trato de entender que no es mí responsabilidad salir corriendo. Que quizá soy yo la que se siente en falta. Que no cambia nada si hay o no una gaseosa en la mesa, por ejemplo. Que lo que me falta a mi es mucho más grande. 

II. 

El sol de sábado me pega en la cara. Mientras, en mí mente hago números. Patiné. La costurera me cobró más de lo previsto y gasté otra vez más de la cuenta. 

Me siento para el culo. Pero entiendo que no es una batalla fácil. Estoy apenas viendo un mecanismo muy complejo. Estoy luchando con la culpa que todavía no logro resolver. Estoy lidiando con la angustia que me produce ver la falta y quedarme de brazos cruzados y es tanto que una vez más, las configuraciones autodestructivas dicen hola.  Y las saludo. Igual que cuando estaba estresada, iba a la casa de Javier, y teníamos un sexo intenso, físico, enloquecido, y me iba a mí casa con la culpa en una mano y la momentánea anestesia en la otra. Ahora, es sentirse mal y hacer cosas por impulso desde otra herramienta para seguir sintiéndome mal. 

Suspiro. No hay días perfectos. Estoy lidiando con uno de mis más grandes temas, un tema que encima es general en mí familia, porque tanto mis hermanas como yo tenemos una mala administración del dinero dado que lo usamos para tapar o lavar o disfrazar problemas. Un puñado de conductas aprendidas donde parece que compensar, sentir culpa, es casi obligatorio.  Pero estoy comprometida con mejorar. Con no repetir más el mecanismo de lavar culpas. Con poder soñar con otra manera de vivir. 

Yo quiero salir de todo eso. Dejar atrás la deuda emocional, además de las materiales. Quiero hacerlo ahora, a mis 30 porque quiero que mí futuro sea mejor. Y porque cuando antes lo aprenda, y lo logre, mejor me voy a sentir a largo plazo. Más contenta con mis decisiones y con más entusiasmo por la vida. Y para eso, tengo que comprometerme y estar muy atenta a mis decisiones. No bajar la guardia en ningún momento. 

III. 

Hoy domingo, me levanté temprano. Conseguí para hacer un trabajo de algunas horas, con tema cultural.  Asi que me puse en marcha. 

No tengo idea como van a darse las cosas. Siento que estoy en un momento de mi vida donde no tengo opciones.  Y sin embargo, también siento que lo único que puedo modificar son mis conductas. Las formas de manejarme.  Que llevará tiempo revertir una situación donde durante años me manejé mal. Y que está bien. Hoy acepto la etapa que me toca. No estoy enojada por lo que me pasa. Solamente, quisiera encontrar una manera posible para salir. Y mientras, ir haciendo el otro proceso que tengo que hacer, a nivel interno. 

Porque las culpas, las vengo lavando desde hace demasiado tiempo. Y esa es una lógica que tiene que acabar. Y porque las deudas con el banco, son una tortura que literalmente está a la altura de lo que hace alguien que solo quiere destruirse a cualquier precio. 

Yo sé que en algún momento, de todo esto voy a salir. Pero justamente, tengo que hacer un proceso para que cuando vaya saliendo de dsfa situación, no elija castigarme con ninguna otra cosa, ni dinámica, ni conducta ni persona. Solamente, vivir en paz conmigo misma. Que ese sea el aprendizaje. 

Ahora, mientras tanto, me voy a preparar todo para irme a trabajar por suerte, dentro del Conurbano.

jueves, 10 de julio de 2025

Un jueves que fue lunes

 Hoy me levanté con los ojos bastante menos hinchados. Angustiada, pero dándome cuenta de que tenía que ir a trabajar mejor que el lunes. 

Llegué a la oficina y por suerte estaba mi compañera, con la que mejor me llevo. Ella hace parte financiera, compartimos muchas otras tareas, formas de laburar, signo del zodiaco y gusto por la gente mas grande. Es decir, que nos llevamos bien como personas.  Charlamos algo y enseguida arrancamos a laburar.  Faltaba la otra piba nueva, la contable que entró hace muy poquito y que a mi en lo personal me cayó pésimo por dos o tres actitudes que tuvo. La verdad, es que su ausencia no me importó. 

Hoy teníamos temprano la reunión de presentación del Director nuevo, reemplazo de El Turco. Yo tenia también mucho trabajo y estaba un poco mas lenta porque el dolor emocional de tantos descubrimientos, es pesado. Tuvimos almuerzo conjunto con otro grupo, volvimos a laburar con mi compañera y listo. 

 Por la tarde, nos enteramos que no solo El Turco se va mañana, sino, que la otra mina renunció también. Y me alegra no verle más la cara, la verdad. Yo la había ubicado hace unas semanas en la palmera por un comentario desubicado. Y eso es muy raro en mi, inclusive mis compañeras que me conocen hace casi dos años, no podían creer que hubiera reaccionado así. Pero... yo  sentía que escondía algo, que era rara y cuando me preguntaba cosas demasiado personales, la esquivaba. Hasta que un dia le pregunté cuál era el interés en sus preguntas, o en meterse en conversaciones, o en desubicarse tomando confianza o opinando de temas de otros. Todo eso, en un mes. Obvio que la iba a acomodar, al menos, para que no me fastidie. Y eso, mas el hecho de que no parecía atenta con su laburo, y las actitudes que tuvo con mi otra compañera, hacen que su ida sea algo que no reste tanto. Me alegra que no esté. Espero que haya conseguido en otro lado, porque acá era 

¿Cuánto duró? ¿Un mes? Creo que no llegó al mes. O que llegó por muy poquito.  Lo mismo que el Turco, que duró 3 meses. Ambos, síntomas de un ritmo de todo muy intenso, donde no te aburris un día. 

De mi nuevo jefe, ya dijeron que era... grasa. Me pareció algo tremendo eso, pero digno de gente que conoce bien la mirada de la CEO y el copetudo ex funcionario.  Yo no opino lo mismo, porque no soy quien y porque me importa que sea buena persona e idóneo. El Turco resultó buen tipo, si, pero no tuvo pulgas, tal como me dijo. Y se fue. La piba desubicada, evidentemente no logro adaptarse, y se fue. 

Yo, por mi lado, me tomé un colectivo repleto para volver a casa que iba a los santos pedos por CABA, la verdad, así que me puse los auriculares y pensé: qué dia hoy. 

Hoy fui buscando que el trabajo sea un poco un refugio. Pero me devolvió cambios. No hay mucho por hacer. Solo esperar a ver qué onda y seguir trabajando. Trabajando en muchos niveles de mi vida.   Teniendo en claro que resolver la vida personal es mucho mas importante.  Para eso, fui super juiciosa con el mango. Almorcé barato, y gasté lo menos posible. 

Es decir, que hoy hice todos los esfuerzos posibles. Espero poder descansar. Me hace demasiada falta. 

A veces, cuando escribo este cuasi diario, me siento identificada con Martin Santomé, el personaje de La tregua que contaba sus andanzas y los pormenores de la oficina. Sus jornadas con los números y el tedio... 

miércoles, 9 de julio de 2025

La culpa del sobreviviente

 - Yo lo que no entiendo es cómo no te das cuenta que te hace mal. Estás negada. 

La miré. Mi mamá me miró. Creo que esperaba respuestas.  Yo en esta mañana de feriado solo quería que me tragase la tierra. 

- Lo importante es que lo entienda yo. 

- ¿Pero qué es lo que te pasa? Yo noto que vos es como que te boicoteas. Todo te boicoteas.  

Bajé la vista. Tomé mate en silencio. Se me empezaron a caer muchas muchas lágrimas juntas. 

- Culpa, siento. 

Mi mama me miró. 

- Toda mi vida sentí culpa. Una culpa tremenda. Como un bulto. Se fue proyectando en distintos aspectos de mi vida. Desde que era chica, yo sentía algo raro. Que no sabía que era. Pero wie me hacía sentir mal, viste. Y... es como que yo me destruyo, ma. Siento tanta culpa, que no la puedo manejar últimamente.  

- De avanzar - dijo - Avanzar se parece mucho a caminar. Y cuando vos en tu vida tuviste que hacerle frente a las cosas, y le ganaste, te da culpa poder. ¿No? Porque sentis que avanzar es igual que lo que te pasaba con caminar. 

Asentí. Realmente, me asombró mi mama. La manera de sintetizar algo tan complicado. Su perceptividad para poder intuir. 

- Es lo mismo, si. Siento lo mismo. Y es muy angustiante. Yo usé durante seis años la plata para lavar culpas. Ustedes hicieron muchas cosas por mi y yo siempre me sentí en falta. Uno como hijo no te puede decir que la culpa no lo deja vivir. Pero por algún lado sale. Y ustedes hicieron demasiado por mi para que yo me quiera morir. Y si sigo así, mami, yo siento que me voy a pegar un tiro a los 40 años. Y no quiero vivir mas así. Con ese bulto adentro que me arruina. Porque hoy es plata, mañana pueden ser drogas, pasado puede ser un tipo qie me maltrate.  No se trata de lo que hay afuera. Es lo que yo tengo adentro, que realmente me hace sentir muy infeliz. 

Lloré. Lloré sin aguantar. Nos quedamos en silencio. Mi mamá me miró. 

- ¿Culpa, de qué? - preguntó. 

- Porque yo gané un partido que me correspondía perder, mami. Yo siento que tendría que haber quedado mal, que ese era mi destino. Y no entiendo para qué estoy viva. 

- Y por eso, crees que está bien castigarte y no avanzar ¿no? Como si por caminar, o por avanzar, estuvieras haciendo algo malo. 

Me sonreí. Me sonrío. Me soné los mocos. 

- Supongo que sí. Yo me di cuenta que hago cosas que me hacen muy mal. Y que si no cambia algo, voy a seguir metiéndome inconscientemente en líos. Con lo que sea. Y no se puede vivir mas así. 

- Lo sé, sí. Yo lo sospechaba. No tengo un pelo de boluda. Siempre pensé que mucho de lo que pasaba, era porque parece que no quisieras avanzar y que no quisieras hacerle frente a una vida que tenés. 

- Yo quiero avanzar. Pero... cuando avanzo, me da mucha culpa. Porque siento que tengo mucho que devolver por cada paso que dé. Siento que le debo algo a ustedes, a la vida, algo que nunca voy a poder devolver. Y eso me da una culpa que me es muy difícil de manejar. Y yo, no se, creo que hasta ahora pensé que si podía devolver, compensar, como justificar el hecho de estar viva, siendo funcional ... Ustedes hicieron muchas cosas por mi. Pero yo siento una culpa que no me deja disfrutar y elijo mal entonces se volvió todo insoportable. 

- Pero por nosotros no tenes nada que hacer. No todo es tan complicado. Viviste, gorda, ya está. Disfrutá ahora. No hace falta que le demuestres nada a nadie, en ningún lado. Vos tenes que ser quien sos.  Que no te importe nada, vos tenes que vivir tu vida sin pedir perdón a nadie.  Ni siquiera a nosotros. A mi me preocupa los líos en los que estas metida. Digo ¿como llegó a este punto? 

- Yo pensé que iba a poder compensar. Por eso, hice todo. Inclusive lo malo. Así, es como que sentía que era lo que me merecía. Se que vas a pensar que estoy loca, pero me atormenta no saber por qué yo zafé, y no quedé cuadriplejica, y otros sí. Por qué yo sí. Si me pasó lo mismo, entendes. 

- Porque sí. Porque asi como viven otros, vivis vos. Y porque fue hasta milagroso para tu propio médico, hija. Yo sé que vos no crees en nada, pero... no todo lo vas a entender. Vos agradecé. Y listo. Estas viva y ya está. 

Asentí y me limpié las lágrimas. 

- Si. Pero viste cuando íbamos al traumatologo y veíamos a todos esos pibes que no podian caminar. Estaban hechos mierda y yo me preguntaba por que yo no, si yo tenia que estar igual. Y eso es algo que no puedo entender. Y siempre me dio culpa. 

- Claro, vos crees que por eso te mereces estar mal. Y te arruinas todo, pensando en el pasado. Pero vos tenes que agradecer. No quedaste limitada a alguien de por vida. Tampoco tenes dificultades para estudiar. Podes ir a donde quieras. Trabajas en un buen lugar. Podes viajar. Podes hacer deporte, podes tener una vida normal. Quizá, no podes correr una maratón pero ¿a vos te importa eso? 

Negué con la cabeza. 

-Yo en el fondo lo único que quiero, es ser feliz. Sentirme bien por dentro. No vivir así, como fingiendo. 

- Pero vos no tenes que justificar nada. A nadie. Cada uno vive su vida como puede. Hace lo que puede, gorda. Yo hice mi vida como pude. Y aprendí a mirar a esa joven de 20 años que fui con compasión.  Por eso vos tenes que salir de este quilombo enorme de guita, y disfrutar.  Yo noto que no tenes esperanza, que es normal para vos que todo este mal. Pero la culpa no sirve de nada. Todo está en tu cabeza, chiquita. A nosotros no nos debes nada. Yo te juro que si tuviera la plata, te pago todo y te pago un viaje para que te acomodes las pulgas - dijo. 

(...) 

- En algún momento, vas a salir. Tene un poco de fe. 

- Si, pero tengo que trabajar mucho para salir. Porque si no mas adelante me voy a sentir culpable y voy a hacer lo mismo de nuevo tratando de devolver, de devolver, de compensar, de arreglar, vacíos que no voy a poder llenar nunca. 

Me soné los mocos de nuevo. 

- Si. Esto va a llevarte mucho tiempo. Es un quilombo. Pero tenes que hacerlo. No te podes querer matar. Las deudas, de todo tipo, traen mucha oscuridad. Hay que salir de ese lugar, gorda. Tenés que poder salir de esa culpa, liberarte de eso, y vivir agradeciendo. Eso va a hacer que te pasen muchas cosas buenas. 

- Lo sé. 

- A veces, en la vida, tenemos que descansar un poco en el destino. Descansa en tu destino. Lo que sea para vos, es para vos. Y yo siento que tenes un futuro por delante mejor del que te imaginas. Lo que pasa es que estás negada. No estés negada. Confiá en que todo se va a solucionar. 

martes, 8 de julio de 2025

Aprender a no poder

Estos últimos días, mi vida es un caos y se me nota, no puedo mantener la imagen de siempre. Es un caos y voy a la oficina sin maquillarme y mucha gente me pregunta cómo estoy, si me siento bien, porque acostumbran a verme siempre impecable, empujando, radiante.  Pero claro, no siempre se puede sostener esa imagen y no tengo tanto resto para hacerlo en este momento por los menos. Es un caos y estoy menos conversadora, charlatana, porque no me queda resto para sostener, además, tampoco descanso bien porque entre la ansiedad del trabajo y la ansiedad personal por todo lo que acontece, no diría que apoyo tranquila la cabeza en la almohada. 

 Sigo tratando bien a la gente, haciendo mi trabajo, siendo yo... pero también trato de aceptar que yo en este momento soy esta.  Y, la verdad, bienvenido sea. Bienvenida sea esa poca disposición para la superficialidad circundante, para el sostener cosas que ya no puedo, ni quiero, y para fingir.   Es imposible cuando cosas en vos se están rompiendo que sigas teniendo la misma disposición para los demás.  Hay una energía psíquica, física, que yo necesito usar pero que voy a usar para mí en esta etapa. Y no para estar radiante, de trajecito, en la oficina, con el pelo lacio, la carita revocada, dejando estela de perfume, con las orejas tapadas, yendo de evento en evento, como si nada pasara.  Ya lo hice, durante todo el año pasado, y lo único que logré sin saberlo es meterme más y más en la mierda. Cosa que no quiero seguir haciendo. 

Parte de hacerme hecho la boluda a nivel emocional con tantas cosas, me anestesió la cabeza, el cuerpo, el corazón. Y salir de esto, hoy, está siendo muy doloroso pero al mismo tiempo, absolutamente necesario.  Llevaba años con temas para cerrar, para cambiar, con actitudes para corregir, me la pasaba juzgándome, pensando qué iba a decir el resto, pensando que todo estaba mal, y que era lo que me había tocado, porque no podía volver para atrás, o cambiar el rumbo, o no sé qué.  Y ahora, cuando la mampostería se me viene encima, y cuando tengo que poner límites muy intensos en mis vínculos más cercanos, esos límites son contundentes, porque me di cuenta que se acabó la joda. Se acabó esta vida de mierda, tal y como la conocía, y la sostenía a cualquier precio. 

 Los cortes de las situaciones, son bruscos. Hachazos vuelan para todos lados. La paciencia, es un capital imprescindible pero escaso hoy en día para mí y no me banco que me saquen del loop de cambio donde me metí.  Porque lo que hace a este cambio necesario, es el hartazgo.  Los cortes son por ejemplo cansarme y pegarle una patada en el culo a Javier, y decir "si se siente mal, y bueno es su problema, que se joda, y si piensa de mí mal, que soy una puta, bueno, se hará su película".  Los cortes fueron decir: "o me pagan más o cambio de laburo, porque no me alcanza el sueldo". Los cortes fueron decir: "quiero retomar mi carrera de grado y al carajo si me recibo más tarde en Económicas". Los cortes también empiezan a sonar como: "no, mirá, en este momento no puedo gastar dinero en ese plan". 

Siento que después de lo que hable en terapia el viernes, algo se rompió para mí. Es extraño porque no pensé que esa deuda emocional con mí familia me pesara tanto. Juro que no me lo imaginaba. Solamente sabía que había un problema financiero, un atraso financiero, pero no que traía aparejado tanta angustia y peso. Hasta que, colapsé la semana pasada y me animé a decir algo a mí terapeuta y fue no puedo. Realmente, no puedo salvar a nadie más que a mí. No puedo y me duele no poder, pero en este momento, no puedo. No puedo hacer más por mis viejos. No puedo cambiar la vida en la que viven, a costa de la mía al menos, en este instante de mí vida, por lo menos. 

Desde ese día, mí vida está en un constante rebusque. Decir no puedo salvar a nadie es darme cuenta que soy humana. Pero también, es sentirme más liviana. ¿Cuánto necesitaba que alguien me dijera lo que me dijo mí terapeuta el otro día? ¿Cuánto necesitaba que alguien me dijera que no es mí culpa? Juro que muchísimo más de lo que me imaginaba. 

Mientras escribo, se me caen las lágrimas. Me duele el tema. No sé trata del dinero atrasado. Tengo miedo por eso, claro que si, y estoy haciendo números y cuidando el dinero más que nunca para cambiar esa situación para siempre. Corté todo tipo de gasto, di de baja suscripciones, baje el abono del teléfono, corté comidas fuera, salidas, gustos, ejercico pago. Anule por el momento la compra de ropa, y cualquier tipo de extra.  Me armé un presupuesto. Y estoy haciendo un gran esfuerzo para no correrme de esa vía. Y aunque todo sea tema de dinero, insisto, no se trata solo de él. 

La culpa nunca entra en los presupuestos. El sentimiento de que le tenés que devolver con sacrificio y sudor, lo que hicieron por vos, tampoco es cuantificable. La sensación de que ellos se dejaron de permitir cosas por pagarte los tratamientos a vos, no es una categoría. ¿Cómo devolves eso? ¿Cuanta plata es eso, cuántas cuotas son? Definitivamente, no todo es dinero. Aunque el dinero sea importante, a veces, es una manera de reflejar tu mundo interior. Y cuando tenés fisuras, nunca te dan los números. 

Durante estos días, pensé en lo que hacía hecho los últimos seis años. Desde el primer sueldo al que recibí a principios de mes. Y me di cuenta que yo siempre quise compensar. Y que esté no fue un comportamiento de los últimos seis años, cuando formalmente inicié mí actividad laboral. Antes, cuando no trabaja formalmente, no permitía que me compren nada. Sufría cada cosa nueva que tenía. Odiaba los regalos. Me dolía la panza cuando me querían comprar ropa. Sentía, literalmente, que todo era demasiado. No salía a ningún lado si no me lo podía pagar. Trabajaba informalmente y ahorraba hasta el último centavo.  Y la verdad, siempre tenía la bendición de que alguien me daba una mano y podía tener un poco de dinero que no sentía culposo. 

Pero eso no solucionaba todo...  Era tanta la culpa que yo sentía por sentir que les había traído gastos siempre, tanto el remordimiento de ser una hija con problemas de salud, tanta carga, esa idea de la culpa del sobreviviente, que no lograba disfrutar de nada. Y conseguir un trabajo, en mí cabeza, me iba a permitir poder ayudar. Y además, poder tener para mis cosas. 

Lo que empezó pareciendo algo bueno, terminó en este caos, en este momento tan complicado en mí vida. Fueron años de malas prácticas. De dar demas, de tener una compulsión por dar, que no venía por nada bueno, claro. Yo hoy veo que en el fondo, necesitaba devolver algo a través de lo material y por eso hacia lo que hacía. Y por eso estoy con semejante quilombo ahora. Y curiosamente, en medio de todo este quilombo, me doy cuenta de dos cosas: no puedo salvar a nadie, y no puedo salir de un día al otro, sola, como si nada. 

Esto, lo tengo que vivir. Si no, nunca voy a aprender y nunca voy a poder elaborar esa deuda emocional. Y si no hago eso, no va a faltar oportunidad de pagar y volver a caer en dificultades financieras. Porque no es el dinero, en mí caso, es el manejo emocional, culposo, autodestructivo, del dinero.  Es usarlo como una manera de pagar una culpa que creció demasiado en la adultez y que aunque hiciera lo que hiciera, nunca se fue. ¿Se fue mí salud financiera? Si. Pero la culpa, nunca se fue.  

Y creo que la única forma que tengo para poder salir adelante y sanar esto, además de vivirlo, es aceptando que no puedo. Que literalmente no puedo devolver el tiempo, esos recursos ni cambiar el pasado. Y me muero de dolor, pero es así. No puedo.  Aunque quiera comprarles una casa, un auto, llevarlos de viaje, llenar la heladera a tope, pagar cosas que jamás hubieran podido permitirse; no puedo. Porque lo que yo quisiera devolver es algo que no puede medirse, y es el amor o la responsabilidad sobre un hijo. Y no, ahí si que estamos hablando en dos idiomas distintos.  Hoy, lo sé. 

Aunque siempre haya pensado que la carencia más grande en mí familia fue el dinero, lentamente voy entendiendo que no todo se puede compensar. Admiro que durante muchos años tuve la fantasía de que si devolvía, y era buena con ellos, me iban a querer o quizá a perdonar los años que designaron a mí recuperación.  Pero eso tampoco es cuantificable. 

Lo único que le puedo devolver hoy a mis padres, es una hija que vive. Una hija que está en pie, literal y metafóricamente.  Y basta, por ahora, no tengo más. No soy más que una hija que quiere vivir bien, que quiere vivir sin culpa por cada cosa que hace, que quiere vivir feliz, aprovechando que "para algo está acá", cómo me digo siempre.  ¿Y eso es poco o es mucho?  Lo único que tengo hoy, cuando no me queda resto económico para demostrar nada, cuando ando con lo justo, cuando cualquier gasto extra es un poco picante, es estar acá tratando de salir adelante.  Y es hacer un trabajo interno muy muy intenso y claro para no volver a destruirme así. 

II. 

Nunca voy a poder devolver el sacrificio de mis viejos por mí. Nunca voy a vivir las experiencias de mí papá para pagarme al mejor medico traumatólogo, y llevarme en remis desde el conurbano ida y vuelta. Tampoco voy a poder devolver los años de Kinesiología, natación, tenis, danza clásica que hice, a costa de mucho esfuerzo ajeno.  Un esfuerzo que yo en ese momento no podía hacer y que hice en silencio demasiado tiempo. Hasta que todo vuela por los aires, hoy.  Nunca voy a poder compensar el tiempo destinado de mí mamá, o todas las cosas que yo se que hicieron por mí durante los primeros 15 años de vida sobre todo.  Hoy, con 15 más, me doy cuenta de eso. Que no puedo hacerlo. Que quizá la vida el día de mañana me permita hacer otra cosa, o darles un gusto, sin que sea a costa de mí propia destrucción. Y sin dudas lo haré. Pero no desde la culpa. No desde la búsqueda de llenar vacíos, o deudas, con cosas o experiencias o dinero. 

¿Alguien sabrá el alivio que siento por permitirme decir no puedo devolver esto? Nunca le había dicho esto a nadie. No lo había hablado con nadie. Y para mí ponerlo en palabras por primera vez en toda mí vida, el viernes pasado, fue... Tremendo. Literalmente, es como si mi cabeza hubiese hecho un click. Porque si bien siento que tengo mucho que ordenar, la vida que venga después de eso, va a ser mía. Realmente, mía. Y eso me hace sentir que nunca, en el fondo, me permití hasta ahora sentir mí vida como algo mío. Más bien, siempre fue un poco la vida que parecía tener que devolverle a los otros.  Y aunque suene espantoso, juro que no es algo que uno elija consciente de eso. No es algo que pensas. Es algo que te pasa. Que significa como es la vida para vos. Que tiene que ver con quién sos. 

Hace 15 años que vivo con un peso de devolver. De compensa, cómo si tuviera que pedir perdón por vivir. Y recién ahora identifiqué CUÁNTO PESO es eso. Y lo único que me hizo verlo, fue que se me acabara el medio por el cual yo sentía que pagaba la deuda emocional, es decir, el aporte y la entrega de dinero, y a su vez, la compra de cosas a ellos, y de cosas para hacer y cumplir con las expectativas que ellos depositaban en mí y para ser una hija del estilo que ellos esperaban. 

Si. Solo  cuando me di cuenta que financieramente tengo inconvenientes muy serios, fue que mi química cerebral se perjudicó. Porque dije: ¿y si no tengo plata para darles, qué hago? ¿Y si no puedo comprarme la ropa que mí mamá me dice que es la que mejor me queda en los eventos de la corpo, qué hago? ¿Y si no estudio la carrera que me de oportunidades y retomo las siete materias de la que me hace feliz, qué voy a hacer?  Y esas preguntas, lo derrumbaron todo.  Porque la falta de dinero empezó a ser la falta que yo sentía en todos lados. La falta de dinero empezó a mostrarme la culpa, el vacío, el cansancio por sentir que nada alcanzaba, lo inconsciente que hacía mí mente para ocultar el vacío, las compulsiones y las repetición del patrón y del patrón...  La falta de dinero, me mostró un infierno. 

Pero ¿qué más serio que esto para mí? El dinero que me falta hoy, puede aparecer mañana. Pero la paz que yo no tenía hasta ahora, no hay plata que la compre. Porque el alivio de decir "no tiene que ser mí vida así", es inmenso, proporcionalmente al dolor, que espero pase en algún momento. 

 Trato de entender a fondo que lo que hicieron por mí, es lo que cualquier padre debe hacer por un hijo, más allá de que el hijo después se atormente. Y me está es contra costando, porque hay un mecanismo emocional que sigue conmigo y que tengo que desactivar con mucha conducta y mesura. Pero también se que seis años de prácticas financieras irresponsables, producto de la culpa, me van a dar tiempo para enseñarme lo que necesite. Y especialmente, escuela para que pueda liberar bloqueos emocionales. 

Hoy sé que no puedo. Que no es mí culpa además no poder. Que no tengo que vivirlo como un sacrificio. Que si algún día soy mamá, haría lo mismo. Que lo hago con amor con mis sobrinos, y que no siento que tengan que darme nada a cambio.  Mis viejos jamás me echaron nada en cara, al menos no directamente, la verdad. Pero si, pusieron muchísimas expectativas en mí. Y eso es un peso extra.  No solo tenés que devolver lo que hicieron por vos, sino que además, tenés que cumplir las expectativas.  Y no, eso tampoco puedo. 

Lo único que puedo, hoy, es poner toda mí energía en solucionar mis temas. Y si alguien me quiere ayudar, permitirlo, para aprender a recibir sin culpa, de a poco, evaluando cómo me siento.  ¿Si todo va a cambiar y me voy a convertir en otra persona peor? No, ni loca, espero  me ayude a vivir mejor y ser mejor persona, alguien más feliz. 

Hoy tengo que hacerme cargo de mis decisiones, sí, pero también, tengo que empezar a vivir y a hacer realmente mi vida. Sin pensar tanto en los otros, sin pensar en salvar a alguien más, o de sostener, o de aparentar, algo que no me interesa ser, en el  fondo.  La gente que me quiere, o que me vaya a querer, o que quizá algún día se dé cuenta que me quiere, tendrá que hacerlo así. Y yo, lo aceptaré, siempre y cuando resguarde mi dignidad y cuando no me deje en desventaja.  

IV. 

 Es complejo porque más de una vez en estos últimos meses pensé en que sería mejor estar muerta. Fantasee mucho con la idea.  Pensé que ojalá pasara algo conmigo, así se terminaba de ir todo a la mierda y chau. Me repetia mucho internamente eso: "para qué más, ya está, que explote todo de una puta vez".  Pensé qué haría con mi gato, pensé que seguramente se lo quedarían mis papás y pensé en mis sobrinos, en cómo iba a hacerle eso a mis sobrinos, me sentí peor, pero también me dije que tenían más tíos, que tenían al resto de mi familia, que yo no quería seguir más así.  Empecé a olvidarme de mis deseos de viajar, de aprender cosas, de ver algún día una callecita de Europa, de disfrutar de bodegas en Mendoza, de pasar el día caminando por Colonia, de verlos crecer a mis sobrinos, de recibirme, de que mis ojos vean crecer a Julio, y a sus bigotes, y que vivamos en una casa con jardín para disfrutarlo siempre... 

Sí, lo admito, en estos últimos meses, todo eso empezó a reducirse a un bollo de papel que uno tira en un cesto de basura cuando siente que no tiene más posibilidades. Que la vida es demasiado complicada para seguirla viviendo.  Los últimos dos meses, fueron realmente muy difíciles. Sentí que no quería luchar más por jugar un partido donde se me rompía la camiseta, se me desataban los cordones de los botines, se me pinchaba la pelota y yo sin embargo seguía corriendo, y arreglaba; que estaba podrida de arreglar. Me empecé a cansar de cosas simples. Dejé de mirar el cielo, dejé de apreciar el sol, me desconecté del cuerpo, y empecé a sentir emociones nuevas: enojo y odio. Empecé a rendirme en las disciplinas cotidianas, dejé la facultad, empecé a esperar que una bomba me cayera encima, sin reacción... Y todo lo que me esforzaba en sostener, como si nada pasara, comenzó a traslucir. Y yo ahora (recién) lo estoy dejando traslucir con una impunidad donde me chupa un huevo lo que piense la gente, porque solucionar mis problemas para mí es mucho más importante, urgente y necesario. 

 Después de hablar en terapia, hoy me doy cuenta que yo quiero vivir, sí, pero que no quiero seguir viviendo ésta vida llena de culpa, dolor y mecanismos destructivos. 

Quiero vivir una vida plena, donde pueda ser libre y feliz; porque realmente, no quiero llegar a los 40 años queriéndome meter un corchazo porque no soporto más. Yo sinceramente quiero vivir, de acá en adelante, dejándome de joder con los mambos, y haciendo lo que tengo que hacer para estar bien.  Sea lo que sea, aunque sea horrible de comienzo. Y disfrutando sin sentir que tendría que estar muerta. 

  Y está bien, es muy duro darse cuenta porque por lo general esa conciencia llega cuando estás destruido. Y sí, hola qué tal, estoy en uno de los momentos más mierda de mi vida, pero me siento aliviada. Me siento aliviada porque dejé de sostener la mampostería para afuera y empecé a ocuparme de los cimientos.  Y duele, sí, duele una barbaridad, pero llevar adelante esos cambios me dá al menos la esperanza de que voy a sentirme mejor aunque hoy me sienta en el fondo. Desconectada realmente de lo cotidiano, al punto de que parece que la vida estuviera transcurriendo en otro idioma. 

Llevar adelante los cambios hoy es mi única esperanza real, y yo apuesto para hacerlos.  Supongo que querer vivir es eso: no darse por vencido aún cuando sentís que todo es un caos. Que querer vivir es aceptar que hay cosas que no podes, y que aún así, la vida sigue siendo digna de ser vivida.