lunes, 30 de diciembre de 2024

La escritura del 30

Definiría mi año como una dualidad permanente: la luz y la oscuridad. ¿Eso hace a un año bueno o malo? Creo que lo hace real y eso es innegable. 

Éste 2024 tuvo muchas cosas por las cuales estoy agradecida y muchos momentos por los cuales no quisiera volver a pasar. Creo que conocí destellos de luz que no imaginaba, pero que también navegué por una oscuridad muy profunda.  Una oscuridad de la que estoy tratando de salir, no sólo por el final de un año, o un cambio de década, sino por el deseo de querer otra vida. Una vida mejor. 

Tomé coraje para algunas cosas que me costaron toda la vida, hasta 2024: tomar clases de inglés y entender a mi profe hablándome en otro idioma por una hora todos los viernes; pasar por dos cirugías odontológicas; vestirme con la ropa que me gusta sin que me importe o reste la mirada de los demás y retomar natación después de año creyendo que no tenía tiempo, cuando en realidad, el tiempo era una excusa para no conectar con el cuerpo y la felicidad de una etapa que tenía asociada a la mejor parte de la infancia, casi como un idilio, que tenía miedo que se rompiera. Y no, no se rompió.

Me equivoqué varias veces: reaccioné mal cuando no era, la pifié en el laburo alguna vez, la arreglé, y acepté muchas más veces de las que hubiera deseado elegir el camino de una suerte pequeña. Elegí una cátedra de mierda para el primer cuatrimestre y dejé la materia. Elegí escuchar la malaonda de personas antes que cuidar por siempre y frente a lo que sea mi burbujita. Tomé decisiones por impulso, que no colaboraron. Tomé más y más decisiones por impulso y me vi envuelta en situaciones que no me gustaron por no saber pensar a tiempo. 

Cambié algunas cosas: me aplico autobronceante casi todo el año, uso labiales de tonos más fortachones y me acostumbré al protector solar líquido con color que no sé cómo no sucedió antes. Uso las uñas en forma de almendra y abandoné el diseño cuadrado que usé casi seis años. Cambié cosas más profundas: se afianzó el gusto por lo que estudio, me empecé a ver a largo plazo con esto, y se fue diluyendo en gran medida la tristeza, las dudas, y todos los resabios que había dejado el cambio de carrera y de vida. Apareció un sentimiento de gratitud, de comodidad y un atractivo distinto al que pensaba, pero genuino (y eso es lo más importante, que me nace). 

Me di cuenta de una cuestión clave en 2024: me quiero mudar. Sí, ya no quiero vivir más con mis viejos, aunque aprecio su compañía, la compañía de mi mamá, que es amorosa conmigo, la merienda chusmeando, compartir almuerzos cuando trabajo en casa, hacer comprar juntas, etc. Creo que es un proyecto que planificaré con cuidado, amor y tiempo, porque quiero que sea un cambio que me haga feliz. Es un desafío para mí, pero también es un nuevo norte hacia donde viajar del que seguramente cuando lo logre estaré re orgullosa.  Si bien es un proyecto que no tiene un tiempo límite, porque depende de muchos procesos, y de desarmar una estructura económica grupal de la cual formo parte, para construir otra única, confío en que lo iré pudiendo hacer si tengo foco y fe en el tiempo que la vida decida como adecuado. 

Aprecié muchas cosas en 2024: el otoño hermoso, el cafecito caliente de la oficina, cada momento con mis sobrinos, con mi gato o cada momento feliz con otras personas.  Aprecié poder reír, poder hacer cosas que me alegraron un día, una semana o que me demostraron que no hay nada más lindo que hacer posible lo imposible.  Creo que esa es una gran frase que me llevo de éste año: gracias por haber podido hacer posible una parte de las cosas que yo pensé eran imposibles para mí. Y sí, sé que aprecié más cosas pero seguramente me olvido de muchas. 

Me angustié por otras: las peleas, las discusiones, la incertidumbre, los adioses que dolieron, los inicios que perduraron. Las contradicciones. Los arrepentimientos. La culpa intensa. El miedo. La tristeza y la ansiedad. Las malas pasadas de mi cabeza. El dejarse llevar por el deseo y chocar, chocar a toda velocidad, y darse bien dado el bombazo. Sobrevivir con los chichones. Las marcas. La conciencia. Y la angustia. 

Celebré por algunas más, que por suerte fueron más que las angustiosas: ver crecer a mis sobrinos, disfrutar de mi gato, sorprenderme en cada viaje, sentir las cosas buenas de la vida como el privilegio que son, las vistas del Río de la Plata y los árboles de otoño en donde sea que esté. Ver a mi sobrino mayor correr por las playas de Pinamar, loco de felicidad. Un atardecer en Traslasierra. Las estrellas fugaces que el cielo me regaló, en Córdoba y Buenos Aires.  El cafecito caliente en casa una mañana de home office. La sensación de felicidad cuando me metí adentro del agua de la pile. La gratitud indiscutible cuando toqué la cama después de un día de trabajo y facultad.  La alegría por el parcial aprobado. El día donde mi sobrinito mayor egresó del jardín. El día donde el menor me miró con sus ojos de amor, me dió un beso y me tapó antes de irme a dormir mientras estábamos de vacaciones. 

Compré algunas cosas que había querido siempre: unas Converse, que hicieron muy feliz a mi niña interior que no podía usarlas cuando más lo deseaba porque no le entraban las plantillas que le había mandado el traumatólogo. Son divinas. También, algunas cosas más que agradezco pero que ahora no se me vienen a la mente en concreto. 

Y así, fui navegando éste año, un 2024 que agradezco, claro. Una año donde tuve salud, y donde tuve la posibilidad de mejorarla a través de tratamientos y cosas que considero como una suerte poder hacer. Un año donde tuve trabajo, que ya de por sí en estos tiempos hay que agradecer al cien.  Un año donde pude seguir estudiando en la universidad, donde metí algunas materias más, con mucho esfuerzo detrás pero con toda la intención de estar mejor. 

Si me preguntarían qué espero de 2025, no sé bien qué responder más allá de que espero que sea un año bueno. Quiero decir que para mí tener salud, trabajo y el afecto de quienes amo, es tener mucho, pero también, es la nafta para seguir haciendo más. Entonces, si pudiera pedir algo para todos, un deseo que sabría que se va a cumplir de la manera más hermosa, sé que pediría que 2025 sea un año de muchas oportunidades. Para mí, para todos, para todos, para mí. Es decir, donde todo lo que pidamos, necesitamos, buscamos, o soñemos, sea respondido con un "sí, concedido, es tuyo". Un año donde tengamos oportunidades que estamos buscando para vivir de la manera en que lo deseamos, un año donde podamos vivir en paz, un año donde se arme el mazo con salud, laburo para todos, comida en la mesa y amor.   Un año donde lo que deseamos, se nos dé, sin tanta vuelta, o tanta cosa. Que se pueda volver al lado más genuino y amoroso de la vida, una sencillez que extraño. 

Sé que la vida es sabia y trae lo que tiene que traer en cada momento. Ojalá que para el 2025 estén preparadas cosas muy lindas en la mía. La idea es seguir contando, como desde los veinte, pero ahora, con treinta. 

Salú. 

Nos leemos en 2025.  Gracias por todos los minutos de lectura, a quien esté del otro lado, de ésto que no es más que mi vida, contada con algunos puntos y un par de comas. 

sábado, 28 de diciembre de 2024

Sueño, realidad, mandados

 Me levanté muy temprano hoy. Tenía turno a las 09.00 am para hacerme la manicuria y como ya mencioné muchas veces llevar las uñas arregladas para mi es super importante en cuanto a la presencia más allá de si me las hago en el salón o en casa. No en vano, entonces, me levanté el último sábado del año para llegar al turno puntualmente. 

Salí del salón a eso de las 10.30 am con una plantita de regalo de Y. la dueña, que además es quien me esmalta hace 6 años. Me pareció un gesto muy tierno de su parte, más allá de fidelizar al público, porque es un mimo que viene bien. 

Mientras caminaba bajo el sol de diciembre llame a mi mamá y nos encontramos para hacer las compras previas al Año Nuevo. Como vienen mis sobrinos a pasarla a casa, decidimos hacer un menú un poco diferente al de todos los años donde compramos algo hecho. Fuimos al supermercado, compré confituras (es tradición que yo las llevo siempre), y fuimos a la carnicería para comprar algunas cosas más. 

II. 

Le propuse a mi mamá el siguiente menú, obviamente, pagado por ambas, que aceptó contenta: 

Entrada: mini picadita de queso, salame y papitas + sándwiches de miga + un arrolladito casero. 

Plato principal: mamtambre + pieza de carne amiga, para hacer desmechada con vegetales a la cerveza con opción de ensalada rusa de compañía o bien, en pan para hacer un sándwich. 

Postre: confituras (en casa amamos) bañadas en chocolate. Le compre a mis sobrinos rocklets navideños qué los aman, en especial el mayor, y arándanos bañados en chocolate que también le gustan mucho. A las confituras, se le sumaria un potencial helado o ensalada de frutas.

Mi madre estaba un poco en crisis con el tema menú. Quería hacer además un lengua, no sabia que hacer de entrada y así más o menos organizamos.  Económicamente, también es bueno para mi poder darle el apoyo para que compre lo que quiera, para que cocine lo que le guste y reciba a sus nietos como desea. Sé que para ella todo eso es muy importante y la hace feliz, así que la acompaño. 

III. 

Cuando llegué a casa, almorcé y me dormí una siesta totalmente placentera. El sol, el calor y el cansancio de andar con bolsas, peso, de aquí para allá, me dejaron la siesta como único destino. Y lo cumplí con agradecimiento. 

Ahora, estoy en una de las partes más lindas del día: acostada, escribiendo, con mi gato durmiendo a los pies.  

Es muy valioso para mi sentirme bien físicamente de nuevo. Ya casi no tengo dolor. Solo una ampolla por la posición distinta de los labios, durante todos estos días. El resto, por suerte ya no pincha y recuperé bastante capacidad para comer. 

Si, como era de esperarse, me la pasé toooodo el día comiendo. Hace una semana era de lo que más deseaba hacer y aun continuaba esperándolo. 

viernes, 27 de diciembre de 2024

El lugar equivocado

 - Con todo esto de la cirugía, estoy aguantando. Día a día. Esperando que cicatrice y sabiendo que tengo que confiar. Que esperar y que confiar, es un montón para mi eso. 

Sonreí. 

- Es una cuestión de bancarse el proceso, claro. Como con tu vecino, que también tenes que esperar que cicatrice. 

(...) 

- Si, con la diferencia que Javier no me trae beneficios. Al menos, la operación es dolor con propósito. Él, no. 

- ¿No se contactaron? 

- No. Por suerte, no. Hace bastante que no aparece. Diez días hace creo que hablamos y listo. De ahí en más, nada.

- Tres semanas, casi desde que se vieron... Si. Es bastante más de lo que venía siendo cotidiano últimamente. 

- Si. Es una calma necesaria. Yo no tengo más paciencia. Estoy bastante ida con todo esto de la operación en cuanto a él. Quizá algo cambió y por eso modificó. 

- ¿Te preocupa eso? 

- No. No mucho. No espero que el día que desaparezca me lo diga. Para mi, si es que este no es ese día, se va a borrar. Como hizo siempre. 

- ¿Es mejor para vos pensar por qué se calmo?  Digo, algo que no tuvo inicio tampoco tiene final para vos. Pero es un Javier que se controló estas semanas. 

- No, yo solamente desearía que no se acerque. Para mi si desaparece hoy en día, es distinto que cuando me dejó tirada hace diez años. Yo hace diez años no entendía por qué. Ahora si lo entiendo si un dia se borra. Y ni lo extraño, ni me preocupa, ni me da bronca. Es como que yo descanso en su ausencia. Ya no importa por qué es. Solo descanso. 

- Pero no sabemos si es un ausencia para siempre. No podemos depender de él. El punto es que hacer si el contacto reinicia y si ves que sigue poniéndote en el lugar de la amante. 

- Creo que volvería a huir. La última charla que tuvimos... fue cualquiera. 

- ¿Por que uso el código de amantes?

-Creo que ... toco algo en mi con eso. Algo diferente. Yo la semana pasada te dije que no sabia cual era mi suerte con Javier y pensé que te lo decía como "qué saco de bueno en este vínculo", pero no. Creo que lo que hizo ruido fue mi suerte en términos de destino. 

Asintió. 

- Pensé mucho en qué clase de suerte creo que me puede esperar siendo amante de este tipo. Y es un suerte muy pequeña. Y no cuestiono el tamaño de la suerte, cuestiono las circunstancias de esa suerte. Creo que mi suerte tiene que ser mucho mejor que renegar por alguien que no me quiere, porque esa es la verdad,  él no me quiere pero tampoco le preocupa mi suerte. Y la suerte que me espera tiene que ser mejor que dejarme arrastrar por él a un lugar de mierda en el que me quiere poner y un lugar que abona para que ocupe. Mil veces le dije que no quería eso. 

- ¿Al lugar de la amante? 

- Si. Siento como si me agarrara de las patas y me llevara arrastrándome a un lugar que no le pido ni me interesa solo para sentir que tiene poder sobre mi. Y no es así. Cuando vos le queres asignar un rol a alguien en tu vida, es como si te agarras una parte de esa persona para vos y sentis que es algo que un poco te pertenece... Con los hijos, los hermanos, los amigos pasa un poco eso. Son tus vínculos. Y con los amantes, también. Y ser amante suya como el mejor destino en mi vida, es un espanto. Es el fondo. 

- Si. Creo que después de haberlo esperado tantos años, es un lugar donde te da muy poco. 

- Hay algo que yo no supero respecto al rol. Y no tiene que ver con la moral, ni nada. Tiene que ver con su elección. ¿Por qué elegirme a mi para ser su amante justamente? Tener sexo algunas veces no es lo mismo a insistir en alimentarme cada vez que me ve, por ejemplo. Me parece una jugada muy poco feliz. 

Asintió. 

- Si, es un poco esta idea del macho protector, del yo te cuido donde asegura no solo el disfrute sino también la comida... Pero no te cuida. 

- Nah. Si me cuidaría, no buscaría envolverme para llevarme donde sabe que no quiero estar, solo porque a él le conviene que yo esté ahi. Esperando.  

- Si, esperando que se acomode. Descansando en esto que te dice de "yo tengo cuidado, todo esfa bien "... 

- Claro. Y especialmente si mi intención es tener sexo de vez en cuando y la suya es hacerme el verso. El sabe que yo estuve muy enamorada. Sabe que eran reales mis sentimientos. Él mismo me lo dijo, que creía en mi, en mis sentimientos, que sabia que mi visión del amor era hermosa, pura... ¿Y  queres que sea tu amante, queres convencerme de ocupar un rol que ni siquiera yo exijo y que no merezco? 

Suspiré. 

- Es una indignidad lo que hace. No lo merezco, porque no estamos hablando de sexo ocasional, que es lo que yo plantee, sino, de toda una organización hacia donde me quiere llevar. Y yo lo veo que me quiere llevar con el circo que agrega al sexo y ahora digo ¿como este hombre cree que yo, siendo como soy, encajo como su amante? En el fondo, los dos sabemos que no tengo este perfil. Y lo que es peor: ¿como no ve que esta queriendo meter en esa casilla a una piba de 30 años, como soy yo, cuando el tiene 53 años y lo unico que puede ofrecer es un encuentro de vez en cuando? La movida de la apropiación, no la hace como algo inocente para mi. Y quiza estoy equivocada, si, pero siento eso. Por eso prefiero que desaparezca. No quiero que nadie me esté tirando de las patas. Ya suficiente me cuesta a mi resistirme. Prefiero que todo este en paz.  Es lo mejor para todos. 

jueves, 26 de diciembre de 2024

Las mieles de fin de año

 Hoy fui a trabajar de forma presencial y me costó tanto como si se tratara de ingenieria nuclear. Tuve un almuerzo en la multinacional, un brindis muy breve, para cerrar 2024.  Después, me pase el día cargando datos en el sistema contable. Algo que hoy con el sueño que tenía me resultó monótono como no me suele pasar. 

De la cirugía, ya estoy muchísimo mejor. No me duelen los puntos, ni me duele para comer, ni cuando me levanto ni cuando me acuesto. Sin embargo, estoy un poco bajón por eso, porque no tengo el provisorio colocado y eso hace que mis complejos aparezcan. 

Yo ya sé que es el mismo espacio de siempre, que estoy en tratamiento de salud, que me hice una cirugía en una zona super sensible... pero bueno, me da vergüenza el espacio vacío. Trato de que ni se note, aunque es bastante difícil porque me había desacostumbrado al complejo. Pero ademas lo escondo porque no quiero explicar.  Prefiero ocultarlo y no estar contando cada dos minutos que me hice una cirugía y por qué. Con el proceso que yo estoy viviendo, y todo lo que se, todo lo que representa, prefiero llevarlo con un perfil muy bajo. 

Con el tema del faltante, estoy bastante amargada. Sin embargo, mi odontologo ya me lo había avisado. Tenía que colocar muy flojo ese provisorio para poder sacarme los puntos y ver la cirugía, así que traté de dejar el complejo en segundo plano y apelar a que la zona este lo menos exigida posible. No quiero manosearme la encía tratando de pegar un proviosrio justamente en el lugar donde me acaban de colocar un cuerpo extraño y esta cicatrizando. Por eso, prefiero esperar a que él me vea y decida si me lo puede volver a pegar después de que me saque los puntos. 

A partir de esta cirguia, tengo que esperar 3 meses. Por eso mi interés en hacerlo ahora, siendo que es parte parte un proceso mayor. Quizá para mediados de marzo o principios de abril, pueda evaluar si el hueso de la mandíbula absorbió el cuerpo extraño y podemos colocar el implante qué me acompañará los próximos años de vida. Quizá después. Quizá antes. 

Francamente, eso depende de mi pero no depende de mi parte activa. Es esperar a ver como sigue con los meses. 

Más allá de eso, pensé que cuando me hagan la implantación propiamente dicha y los ajustes finales, podría tomarme vacaciones. Es decir, usar parte de mis vacaciones de 2025 para eso y para poder vivirlo más trsnqui, sin la presión de la estética, del trabajo, de exponerse tanto. Todavía no estoy segura pero se me ocurrió como una idea teniendo en cuenta lo bien que vinieron estos días posteriores a la operación por temas de dolor, malestar, etc, que coincidieron con días que nos dio libres la empresa, más home office e hicieron posible la pausa. 

Hablando de pausa, luego de cepillarme los dientes y el habitual buche con agua oxigenada, ya es hora de hacer una y dormir. 

Las mieles de fin de año me agotan. 

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Feliz Navidad

 Paso por acá, ya acostada, para dejar constancia de la Navidad. 

Compartí la Nochebuena con mi familia y sobrinos. Comí todo lo que pude y banqué los temas asociados a la cirugía. Me acosté a las 5 de la mañana.

Mi mama me regaló un peine (cepillo, buena calidad) qué me viene super. Y también, mi amigo invisible me regaló una pulsera de plata muy linda. Justo una muy similar se me había roto hace poco y era mi favorita. Ahora, esta viene a reemplazarla. Es prácticamente igual a la que tenía.  Obviamente, ella tuvo intervención en la elección que hizo el amigo invisible porque sabe que todo lo que no sea plata u oro en la bijouterie me da alergia y no la puedo usar. También, aconsejó perfecto en cuanto al color. Así que la cargué bastante por eso. 

Hoy me fui a pasar la tarde de nuevo con mis sobrinos y la familia de mi hermana. Comí con mis padres para no dejarlos solos, pero decidí disfrutar la fecha con los niños.  El más chiquito se durmió una siesta de horas, así que no lo pude aprovechar tantas horas. Con el mayor, jugamos un montón, dibujamos y me hizo dos dibujos para que me lleve a casa. 

Después, cuando me quise dar cuenta, tuve que buscar ropa para volver mañana a la la oficina. De pura casualidad, todavía me acuerdo de mi nombre. Me dio fiaca pensar un look así que me incliné por lo que tenia lavado: pantalón azul que me combina con el tono de uñas, remera negra y camperita de jean para ir y venir en un celestito claro. Todo pega más o menos con todo así que quedará eso. 

Ahora, para cerrar el día, estoy acostada con mi gato hermoso. Lo extrañé tanto en Nochebuena pero preferi dejarlo en su lugar conocido para no estresarlo.  No lo llevé fuera de casa y quedó acompañado por música. Antes de irme, le di un regalito qué le compré. Lo mimé y todo. 

Ahora, estamos juntos y tranquilos. Este es el mejor cierre a la Navidad. 

domingo, 22 de diciembre de 2024

De a poquito, lo grande

 Ando mejor. Hoy me levanté con la boca inflamada pero cumplí con la rutina de analgésico, buches, desayuno.  Después, muy despacio y con toda la paciencia del mundo, ordené mi cuarto.  Me costó mucho porque estoy recuperando muy de a poco la energía. Es como si me faltaran dos o tres vueltas de intensidad, no sé si por el dolor, la incomodidad, o el hecho de que pasé - entre antes de la cirugía y después - comiendo muy poco. 

Mi terapeuta me explicó que ésto que siento es un estrés del que ni siquiera yo me di cuenta en el momento. Que se juntó con todo lo que venía viviendo y que me dejó en este resultado.  Y así estoy de hecho, sin la capacidad de pensar, de darle mucha importancia a nada, sin ganas de hablar.  Es como si me sintiera ajena a todo el desarrollo de las cosas, no sé si por el dolor, o por poner la atención en el cuerpo físico o por la necesidad de hacer un balance silencioso.  Pero hay algo concreto: me estoy bancando. 

Hoy tenía intención de cocinar, pero me noté embotada y me dije "bueno, no cocines, ya está".  Así que al mediodía comí algo blando, con una palta y para la noche me hice un guiso trucho, o más bien, de esos que vienen en bolsita.  Para mí, que cocino guisos con amor, y que son una de mis comidas preferidas,  hacerlo de esa manera cuasi instantánea fue un sacrilegio... Pero uno de esos que apuntaban sólo a la noble misión de recuperar energía. La verdad es que estaba bueno, aunque nunca como el casero; y lo bueno es que me dió saciedad. 

A la tarde, como para ir recuperando la normalidad, me hice una mascarilla para tener linda la carita. Es una mascarilla que desinflama, ideal para la rosácea que se activa más cuando uso barbijo. Y sí, estos días, para no cementarme el provisorio, y porque me da vergüenza, me estoy poniendo barbijo para salir. Mientras limpiaba el cuarto me la coloqué y me quedé encerrada todo el día. 

Apropósito de fin de año, el celular me trajo recuerdos del 2023. Me mostró un video con mi gato, donde hablaba y se veía mi vieja dentadura. Me sorprendió el cambio. No recordaba que estuviera así, pero sí entiendo que es normal porque uno ve las diferencias con el diario del presente. Volví a entender y a agradecer haber podido hacerlo, y sentí un regusto paradójico con la aparición de éste recuerdito. 

 Sé que justo ahora mismo la estoy pasando bastante mal con éste tema, que parece que me sacaron el alma porque soy una ameba y todo eso,  que tengo miedos en juego, que me encuentro con pudor, incertidumbre, desánimo porque no puedo sentirme del todo cómoda en éste estado.... Sin embargo, agradezco mi salud, aunque no sea perfecta. 

Un año después, acá estoy con mi gatito, sanando, cicatrizando día a día. Él está durmiendo a los pies de mi cama, tan cómodo, que sólo logro verle la puntita de un de sus hermosas orejas grises. 

II. 

Mientras, trato de enfocarme en mi centro, dejando de lado a todos los demás. En mi casa, el clima es un embole. Mi mamá se entusiasma demasiado con la época. Con mi papá ya no nos llevamos ni la mitad de bien que antes, aunque yo sigo cumpliendo con mis deberes de hija, así que si no fuera por mi mamá y mi gato, sería en embole al cuadrado. 

Esto no viene de ahora, de diciembre. Esto es parte de un largo proceso que se inició allá en agosto 2023, cuando yo entré a trabajar en la multinacional y dejé de ser - drama total, el tipo - "la hija que él conocía". ¿Qué significa ésto? Y, que no le gustan demasiado las decisiones que tomé, la gente con la que me rodeo, dice que cambié, que me volví muy materialista, que ya no soy sencilla, y bla.. Y para mí no es así. Entonces, cuando arranca con el sermón de "no toda la gente vive en esa burbuja de Puerto Madero que viven ustedes", yo siempre le respondo si lo pondría más contento que no tuviera trabajo, o que me fuera mal, ya que critica tanto todo.  Y peor. Yo me siento atacada con algo que no le hace mal a nadie, y él se siente atacado porque piensa que le robaron a la hija que tenía alma de hippie. 

 He trabajado ésto en terapia y lo sobrellevo. Mi padre se siente incapaz de acompañar la etapa de la vida o la modalidad que yo llevo desde lo que vivió y por eso, lo ataca. ¿Si me gustaría que me apoye como hace mi mamá? Claro. Yo siempre tuve en claro mi norte, siempre agradecí , siempre fui consciente y lo único por lo que trabajé, estudié y me esforcé fue para estar mejor. 

¿Y ahora que estoy un poco mejor después de pasar por tantas cosas? Puf, es el primero en criticarlo, en criticarme en juzgar, en minimizar el sacrificio que hago. ¿Y todo por qué? Porque no es un sacrificio válido, parece, porque mi trabajo es con esos conchetos, porque no viajo todos los días, porque tengo una vida cómoda, porque no tengo hijos.... ¿Y qué, tendría que tener una vida incómoda, porque él se sentiría mejor con eso? ¿O qué, tendría que tomar decisiones apresuradas porque él no supo tomar las correctas? Su postura egoísta de no poder pensar en un bien mayor para mí lo ha llevado a éste punto de que dudo seriamente si algún día lo incluiré nuevamente en las cosas reales de mi vida. 

Yo lamento mucho si no tuvo oportunidades, siempre lo lamenté, pero sé con certeza que no me merezco esto. La gente con la que me rodeo, o las situaciones que vivo, se le escapan y aunque yo tengo respeto por lo que vivió, no creo que él tenga la verdad para todo. Para el, lo único válido es su sacrificio y sus recursos, y en esa postura cerrada, todo lo que salga de su esquema de vida, de trabajo, de sacrificio desmedido y de arrodillarse en maíz, le parece una mierda.  De ahí, y entonces, que la relación se tensó a un estadio irreversible porque yo no acepto amores condicionantes.

Este 2024 dejé, por definición, de romantizar la familia. Y por eso, estas épocas donde nos cruzamos más de la cuenta con gente que estás soportando muy poco, me encuentra bastante apática. Lo que si anhelo es que este 2025 que se aproxima me encuentre brindando realmente con la gente que sí me quiere, me acepta y me acompaña sin condiciones.  Y cuando pienso en ésto, de pronto, me doy cuenta que tengo dos personas con las que anhelo brindar más que nada en el mundo. Y son ellos, mis niños. Mis sobrinos. La razón para seguir adelante, y querer tener un linaje un poco más sano, más sincero y mejor. 

¿Por qué estoy hablando de ésto, no? Ni idea. Pero sigo resucitando. Éste es el cuarto día. 

sábado, 21 de diciembre de 2024

Al tercer día, resucitó...

 Hoy me levanté después del desvelo de anoche. Me dolía bastante la boca, así que me preparé un desayuno potente: un sándwich de miga, un mate cocido muy tibio - porque no puedo tomar mate ni comer nada duro - y una fruta blandita. Me tomé el antibiótico y el analgésico y me hice los buches con agua oxigenada para ayudar a la mejoría. 

Me acosté después de eso, el dolor me dió tregua y después de almorzar me preparé para ir a hacerme los pies.  Finalmente, me quedaron geniales después de dos o tres semanas con los turnos pospuestos, suspendidos o dilatados por las Fiestas. Lo único que hice después de ir al salón a hacerme los pies, fue pasar a buscar por un punto de retiro el regalo de Papá Noel para mi sobrino menor, L y el skincare que me compré hace unos días por Internet. Después de eso, esperé el colectivo con calma y volví a casa. 

 Con este último gesto de voluntad, dí por finalizado el segmento de regalos y ya tengo todo en casa. Eso me puso contenta. 

A mi sobrino mayor, le compré una cajita con superhéroes en miniatura, estilo Funko, que no creo que sean los originales - por el precio - pero que igual están re lindos. Los superhéroes para mi son un poco un mareo, pero éstos se los pidió a Papa Noel en su cartita. 

A mi sobrino menor, le compré una cajita con dos dinosaurios articulados, de colores. A él no le gustan muchas más cosas que no sean los autos, los animales y la comida de su mamá. Entonces, es el más complicado para regalarle pero lo hago con gusto y con amor. 

A mi papá, dado que me tocó como amigo invisible, le compré un Gin.  Es un tipo de Gin que él quería hace un montón, y que me preguntaba cómo era, y qué esto, y decía siempre que es caro ese gin y bueno, aproveché la ocasión para regalárselo así se saca el gusto. 

Y a mi mamá, porque ella se lo merece, le compré un camisón que le venía haciendo falta. No me correspondía regalarle a mi mamá, pero la verdad, no me importó. Yo quise darle un detalle porque ella siempre está en los detalles para mí, y lo aprecio. 

II. 

Mientras volví a casa, me enteré de dos buenas noticias para levantar los ánimos: gané un sorteo de un tratamiento de belleza que me quería hacer y cuando desenvolví el pedido de skincare que había hecho, me di cuenta que me lo mandaron duplicado y sí, me cobraron solo lo que pedí. 

Es decir: yo compré un aceite desmaquillante en 2x1 y pagué por esas dos unidades el precio correspondiente a una. Cuando salí del correo sentí que era un paquetote pero supuse que le habían puesto mucha protección. En casa, noté que había una cajita con esas dos unidades de desmaquillante, cosa que estaba ok, pero que además había otros dos paquetes con otras dos unidades y dos pads de regalo. ¡Con razón yo sentía que me pesaba!  Antes de mandarme dos, me mandaron cuatro. 

Así que acá ando, muy contenta, con desmaquillante hasta 2027 aunque físicamente muy cansada y con muchas ojeras. Con ganas de dormir, pero no sé si sea por sueño o por poca energía o por el estrés que está decantando. 

Recién hace 24 horas estoy con una mejor ingesta de comida. Comí papas, verduras, pollo, helado, un alfajor blandito, Coca Cola, agua, jugo, pero es como si todavía necesitara más y más comida para volver a un nivel normal. 

Seguiré en este modo avión, más silencioso, paciente, interno, sin demandarme el mundo ni enloquecerme. Espero mañana sentirme mejor que hoy y así sucesivamente. 




viernes, 20 de diciembre de 2024

El cuerpo es un límite

 Estos días el cuerpo me puso muchos límites. Que comé así, que no te toques con la lengua los dientes. Que buches. Que come triturado. Que dormí para la derecha y no para la izquierda como toda tu vida. Que come despacito, más de lo normal, aunque comes despacio. Que hay que hablar poco, que hay que reírse con cuidado por los puntos. Que hay que encima ser productivo, y trabajar. 

Y no. El cuerpo me dijo:《mujer, hay que bancarsela, se muy paciente y amable》.

Hoy estaba trabajando y se me cayó el diente provisorio qué me fabricó el dentista para tapar el hueco qué me quedo por la intervención. El me avisó qué era muy provisorio porque me tiene que sacar los puntos en el corto plazo. También, me avisó con ello que se me podía caer. Y pasó. 

Anticipando eso, hace pocos días me compré un cemento provisorio en una casa de insumos odontologicos y lo mantuve guardado. Pensé que si se me caía iba a poder pegarlo mejor y traté de relajar.  Dicho y hecho: se me cayó y lo pegué, y se me aflojo al ratito. 

Obviamente, no está bien pegado. Me doy cuenta. Pero se que aguanta. Y bueno, mientras aguante los ratos que salgo de casa, me decidí a pasar estos días así. Es decir, priorizando la operación y no la estética, los días donde no tengo obligación de salir. Mientras este en casa, sin preocuparme. Y mientras tenga que salir a trabajar y afines, metiendole cemento para que no me quede el agujero. 

Trabajar en lugares donde prima la estética, como donde yo laburo, hace que quizá lo que no sea impactante en una situación si lo sea en otra. Entonces, trato de buscar un equilibrio entre la intimidad y la incomodidad qué me genera ir a trabajar (por ejemplo) en esta situación. ¿Si yo lo veo y necesito taparlo? Si. Es un mambo con el que estoy lidiando. Tiene que ver con la costumbre y la falta de costumbre. Con el saber que es algo temporal pero el querer que el tiempo pase más rápido. La ansiedad, en una palabra, y la dificultad que trae esa lucha con el ritmo de los procesos. 

Pero, no puedo luchar contra mi propio cuerpo. Mi cuerpo es el límite y tengo que acompañar. Sin escuchar otra cosa o persona. A nadie. Sin que me importe más nada que estar para mi en este momento... 

Hoy en terapia mientras hablaba de esto, me di cuenta que más allá de todos los cuidados externos que le pueda poner a la cirugía, mi cuerpo tiene que hacer un trabajo que yo no puedo controlar: cicatrizar. Si, puedo ayudar con agua oxigenada, puedo ayudar con lo que como, puedo tener un antibiótico para que no se infecte, pero no puedo apurar el proceso. No puedo acelerarlo. No puedo afectar su rumbo. No puedo controlar un proceso que necesito y que depende de partes mías internas. 

Así que trato de mantenerme tranquila, sin exponerme tanto en ningún sentido y tratando de pensar que tiene que suceder todo de esta forma para mi mayor bien. Porque el objetivo de esto es estar mejor. Pasar por estos meses duros, desafiantes, para que después mi calidad de salud dental sea mejor. Para saber que se dieron todos los pasos que debían darse. 

Ahora decidí no renegar para ponerme el provisorio. Decidí, como me dolía la boca, comer algo blandito, tomar algo que me guste y pedirme un cuarto de helado. Además, tomé analgésicos. Y ya está. Que me quede el espacio ahí, y volveré a llenarlo cuando quiera salir a la calle con un pegamento más sólido. 

 De otra manera, no puedo llevar el tema. Porque es algo provisorio. Si. Que en este momento de mi vida me pide paciencia y me excede. Y yo lo dejo, si. Que me exceda. Que círcule. Que siga el curso. 

Acá seguiré esperando y procurando dormir aunque el sueño se complica. Ni idea que pasara. Pero habrá que esperar. ¿Será por eso que tengo insomnio y escribo? Quizá. 

Lo bueno de esto es que al no tener que ir el lunes a trabajar, puedo tomarme unos días para arreglar despacio (si tengo energía) mi habitación. Tengo mucho desorden que entre la fiesta de fin de año del lunes, la cirugía del miércoles y la rutina habitual, quedo patas arriba.  Desorden de zapatos, de carteras, de pensar looks, de ropa de acá, de lío de acá.  

Hoy cuando termine de trabajar y antes de ir a terapia, pude poner a lavar algunas cosas. Pero me queda el resto: ordenar todo el placard, doblar, guardar, limpiar el escritorio, y tratar de derribar el germen de la mugre futura como le suelo llamar. 

Fin de año me encuentra así. Como puedo. Desordenada. Fuera de mi zona de confort. Pero por sobre todo, tratando de que todo me importe un carajo estas semanas. El foco estará en el cuerpo y en recuperar estabilidad emocional y calma en el día a día. 

Veo mucha gente muy encendida con el tema Navidad y no entiendo por qué. Las aplicaciones colapsan. Uber, Mercado Libre, Mercado Pago... No se bien qué les pasa. Pero después lo veo en mi familia. Mi familia se torna agotadora en estas épocas. El consumismo se vuelve comportamiento. Están todos peleando a ver que se come, quien cocina, quien lleva, a donde, etc. Para mi, el nuestro además es un caso agotador, porque el 5, el 8 y el 9 de enero además tenemos cumpleaños. 

Y digo tenemos porque entra el mio en juego y ya me están corriendo si lo voy a festejar o no.  A la fecha, la respuesta es no. Para mi, falta que pasen otros eventos. Después, ver como llego ahí con paciencia para fumarme a mi familia con tanta juntada. Y después, ver cómo llego con el dinero para invitar a comer o organizar algo digno para diez... Lo que me fastidia de mi familia es que te obligan a festejar. Te "caen a saludar", y te ponen en el compromiso. Y a mi los compromisos de este estilo me pesan. 

Si me dieran a elegir, yo creo que no haría nada. Trabajaría normal en casa. Estaría con mi gato, como siempre. Haría lo mismo. Elegiría la parte de mi vida de todos los días que me gusta. Y también que haría un plan sola.  Si. Sola. 

Pensé en buscar un autoregslo como por ejemplo un spa. Un día de spa para estar conmigo misma. Recibir el cambio de década. Plantearme objetivos. Pensar, frenar, agradecer. Aislarme para poder barajar y dar de nuevo con el nuevo mazo de los 30 sin esas presiones pedorras que impone mi familia respecto al "tenes que festejar, son tus 30". Pero yo para los 30 no quiero festejar. Quiero definir lineamientos para que mi vida se parezca en otros niveles a la vida que deseo. Y para eso, necesito estar en silencio. Y pensé por eso en un spa o en una sesión de masajes, por ejemplo, que sería espectacular y es más barata. 

Todos los años me cansa la previa, el mes de diciembre y enero, pero este año estoy más agotada de lo normal. ¿Será que fue un año mortal y recién ahora me doy cuenta? ¿Puede ser que uno cambie un número al final de una cifra y se dé cuenta de todo lo que vivió? 

Me esta pasando eso. Y el cuerpo, también pide calma. Sin dudas, tendré que meterme en mi capsula interior y no salir de ahí hasta que me sienta mejor. En todo sentido. Físico y mental.


jueves, 19 de diciembre de 2024

Sosteniendo el impacto

 Anoche dormí mal. La cirugía me molestó, especialmente los puntos, porque me dieron muchos más que la otra vez. Eso hace que tenga puntos en la encía y que ne hayan pinchado en el paladar para coserme. 

Hoy me levanté a las seis y poco para ir a la oficina. Se que si me hubiera pedido el día me lo hubiesen dado pero también necesitaba distraerme. Distraer la cabeza. Y por eso fui a trabajar. 

La verdad es que me levante incomoda. Me dolía más de lo que imaginé. Me costó cepillarme los dientes, pero eso era normal. Me costó darme buches y eso era normal. Pero me di cuenta que tendria que haberme quedado en  casa porque fue AGOTADOR hacerlo toda la jornada. 

Comer y hacer enguages. Hablar poco porque me molestaban los puntos. Reírme con cuidado.  Tratar de hacer lo indispensable. Comer una sopa de calabaza, un yogurt natural y un postre crema de tres chocolates. Ni comer en el brindis por Navidad. Me hablaba medio mundo justo cuando yo no podía responder bien.  Me dieron una caja navideña hermosa y pesadisima pero como yo no podía hacer fuerza, me la traje en la combi desde Puerto Madero y después me pedí un uber hasta mi casa. El uber no andaba bien. Colapsado. Me fui a tomar un remis. 

《Estas rendida, hoy, me lo dice tu cara. Ya te lleva el chófer, no te preocupes. Descansa nena, cuídate》me dijo el telefonista, un señor amable,  que siempre cruzo y con quien charlo, sin que le dijera una palabra. Fue cansador , si. Tal como le dije a el, dos días muy intensos.  Pero ya estoy en casa. 

Me pedí comida. La hice puré con una de esas maquinistas para hacer papilla (¿mixer?) y este fue el momento más feliz del día. Me duelen los puntos. Si. Pero comer para mi es una bendición. Quedó super blando y me fue fácil. 

Especialmente, ahora, todo lo que sea facil me soluciona la vida. 

Ya compré los regalos de mis sobrinos con envio y punto de retiro para que sea más fácil. Mi sobfino mayor me pidio que me disfrace para Nochebuena y le daré el gusto. Solo me falta ver bien que hago con eso y comprar los papeles para envolver los paquetes con sus regalos que llegaron ayer y mañana.  Tengo que comprar la comida, pero para eso tengo tiempo. El lunes la empresa nos otorgó el día, así que tengo un finde largo muy valioso para cocinar y comprar los alimentos frescos. 

Ademas de comprar regalos y comida con el aguinaldo, tocó seguir pagando cosas. Lo bueno es que gasté lo que tenia pensado en los regalos de los nenes. Y en el amigo invisible (me toco mi papa) gaste un poco mas, pero dentro de lo esperado.. 

Lo que si: tocó reponer skincare que me hacía falta y tengo que reponer una crema muy cara, que note lo poco que me queda, pero me lo tomo con calma. Aun tengo mucho que ordenar con ese tema. Muchísimas cosas que afilar. Mi idea para 2025 es ponerme un tope presupuestario por categoría y ajustarlo con inflación. Pero eso si: que todo gasto sea ordenado, registrado y adherido a un tope, es un hábito a sumar. 

Mañana por suerte trabajo en casa. El sábado por lo pronto, tengo que ir a hacerme la pedicuria porque mis pies están pidiendo una sesión del tratamiento qué me hago todos los meses y que no me había podido hacer para la fiesta de fin de año que tuve el lunes.  Si bien lo que hice yo no estuvo mal, el esmalte se me corrió varias veces y necesito los cuidados específicos más allá del color. Así que eso me pone contenta.  

En estos últimos días, gaste dinero en comida, antibióticos, transporte a la fiesta. Todos extras. Mas de cien mil pesos en extras. Pero con esos extras espero sentirme mejor a largo plazo. Casi como un canje entre la incomodidad de hoy y la mejora de mañana. Trato de quedarme tranquila. De pensar en positivo. De agradecer. 

Poder gastar en estos extras, porque me hice una operación, y poder sostenerlo física y emocionalmente, no es poco. Aunque me este costando.  También compré un sellador para los provisorios para tener guardado dado que el cemento que me puso el odontologo sobre el futuro lugar del implante, es provisorio. Y así, espero estar un poco más calmada con el miedo a los desprendimientos normales de provisorios pero en zonas centrales. 

Con esta premisa, espero llevar estos días mucho mejor. Ir sosteniendo el impacto. Trate de hacer todo lo posible, de estar en todo, de atender las demandas. 

Javier apareció pero no quiero hablar de eso. 

Cirugía (2)

 Hoy fue la segunda cirugía odontológica del 2024. Y espero, con mucha fe, que sea la última. 

La primera cirugía que me hice allá por julio no salió bien. Eso me implicó un retroceso grande en el tratamiento y una espera de meses. Hoy finalmente pude concretar el segundo intento. 

La cirugía me la estoy haciendo para ponerme un implante. Genéricamente en mi familia vinimos con un tema que a dos de las tres que somos les falta un diente. Es decir, que salió el diente de leche pero no salió el definitivo. Mi hermana mayor, tuvo el mismo caso y también se puso un implante. Mi hermana del medio, zafó de los implantes pero salió con la mandíbula hiper adelantada y retracción de encías; y yo, arrastré el faltante del mismo lado de la boca, de un diente muy similar al caso de mi hermana mayor. 

Así que acá estoy, en el segundo intento para solucionar esta cuestión estética e histórica, además de la cuestión de fondo que me es particular por el consumo enorme de betametasona.  A veces pienso que si no fuera por la betametasora, lo mio hubiera sido cosa de ponerse un implante, pero no.  

Creo que se me asigna un privilegio muy grande al poder pasar por profesionales que me hagan el tratamiento. Es decir, me siento super agradecida, afortunada, y estoy muy juiciosa con el tema. Se que si antes no lo hice fue porque no tenía los medios ni las creencias bien encaradas. 

Para mi, este 2024, fue muy importante en cuanto a este tratamiento. En todos los sentidos. Económicamente me la jugué como nunca por mi salud, a largo plazo. Físicamente, le puse el cuerpo a un sinfín de procesos. Paso a paso. Pasé momentos de dolor, miedo, alegría e incertidumbre. Y ecomocionalmente, cuando también pasé momentos de mucha alegría cuando vi mejoría y de desesperación cusndo paso algo. Vi lentas pero acentuadas transformaciones. 

《Pareces otra persona》 me dice el odontologo a menudo. Y sí. Lo soy. La chica que llegó en marzo a su consulta y recibió un veredicto muy duro, más duro del que le habían dado siempre los dentistas, pero también mas realista, salió del consultorio, se sentó en una cafetería y se puso a lagrimear. 

Yo en ese momento sabía dos cosas: que lo tenia que hacer y que no tenia la plata en el momento. Por eso lloraba. ¿De donde iba a sacar casi 6 millones de pesos? ¿Cómo se los iba a pagar? ¿Cuantos meses de sueldo significaban? Al principio, fue un proceso caótico. Difícil. 

Pero unos días después, me calme. Me mentalice duramente y dije que yo iba a conseguir la manera de hacer esto porque me merecia estar bien, tener una sorisa sana, prolija y porque mi cuerpo ya me demostraba no resistir los arreglos que iba pagando particular desde febrero de 2023. Y me lo dije tanto, y me convencí tanto de eso, de que yo no quería vivir haciéndome arreglos qué se me caían, hasta que lo pude creer.  

Y cuando lo creí, ejecute y empezó a aparecer gente (mi familia, pero no solo ellos) que me dieron una gran mano. Con recomendaciones, con permisos, con ofrecimientos de sacarme prestamos, con información para tramitar cosas en la prepaga. Todo ayudó. Y eso me quedara como una épica hermosa de este cambio. 

De mi lado, sabía que que si tenia que trabajar findes haciendo otra cosa extra a la oficina y la facultad, lo iba a hacer; que si tenia que pedir permisos, trabajar fuera de hora, llegar más temprano a la oficina para recuperar o no irme de vacaciones por un tiempo, lo iba a hacer. No podía resignar el estudio, la comida o algunas cosas que hacían a mantener lo cotidiano.

 Pero si podía moverme. Averiguar. Dejarme ayudar y aceptar eso como parte del aprendizaje. Para mi, que soy doña te resuelvo, fue muy difícil sentirme física y emocionalmente vulnerable. Tuve que pedir ayuda con permisos en el trabajo, a mis viejos, contar como me sentía. Y eso fue demoledor para mi, porque me di cuenta que no, que no siempre siempre ser la que ayuda. A veces, hay que dejar que nos ayuden.

Y si. Yo hasta estuve dispuesta a cambiar eso. Y empecé a averiguar que me cubría la prepaga y me llevé muy buenas sorpresas.  Empecé a averiguar cómo se lo podía pagar al dentista y me dio un sinfín de posibilidades para hacerlo. Desde plata por mes, sin monto mínimo, hasta tarjeta de crédito, débito, mercado pago o efectivo en cada consulta. Lo que pudiera. Total, como me decía el, esto iba a llevar tiempo y yo en ese tiempo le podía ir llevando dinero. Además, me ofreció empezar por todo lo que cubriera la obra social así también tenía más margen. 

Y todo lo acepté. Internamente, empecé a evaluar todo después del llanto y la tristeza del dia cero.  No era lo mismo pagarle en partes que pagar 5 millones de una si me cubría un poco la prepaga. Además, no era lo mismo si me daba muchas cuotas para lo que no me cubria la prepaga. Y no era lo mismo si podía ademas juntarlo a la medida.

 Y no, no fue lo mismo, porque no podía ser la misma. Porque si era la misma, lo iba a seguir posponiendo. Porque iba a seguir pensando por dentro que lograr eso era demasiado para mi. 

Y no. Hoy se que no es demasiado. Que es un privilegio porque no siempre se tienen recursos o herramientas, si. Que es una suerte poder acudir, que hay muchas historias detrás de muchas bocas y que si tuve la posibilidad, la tengo que aprovechar, y honrar. 

Y sí, aunque todavía sigo pagando con calma, ya no lloro pensando que en mi mundo 5 millones son difíciles de conseguir. Y ese es el mejor aprendizaje. Por eso, cuando mi odontologo me dice que no parezco la misma persona (porque fue un cambio estético ENORME), yo le doy la razón al cien. 

Claro que no soy la misma. Tuve que madurar, trabajar, pedir ayuda, tener fe, y confiar en poder escribir una historia distinta. En mi familia siempre fue muy valioso ir al dentista porque costaba mucho pagarlo. Ellos hacían todo lo posible y creo que ver como poco a poco tus hijos pueden hacer más, debe ser lindo. Yo siempre que puedo le digo a mi mamá que si algún día la vida me da la chance, le voy a pagar una restauración compleja que tiene que hacerse. Y ella se ríe. Pero yo hablo en serio. Desearía que todos, pero todos, tuvieran esta oportunidad. 

El tratamiento no solo esta sanando a la nena que era yo, hace aproximadamente 20 años y se miraba al espejo y le daba vergüenza sonreír porque tenia un colmillo. También, ayudó a la mujer de casi 30 a tener mas seguridad en lo cotidiano. A sonreír más. A poder comunicarme sin complejos en las reuniones de trabajo, a hablar en público, a no ocultarme de la manera en que me ocultaba antes. 

Hoy termino el día con dolor, si. Dieta liquida por algunos dias. Me dieron puntos en el paladar. En la encía. Y me tuve que dar inyecciones antes de la intervención. Pero sé que hice todo, todo, para estar un poquito mejor. Ahora toca tratar de descansar y encarar el día de mañana con muchas pilas. 

Sé que si me viera la Veinte del pasado, estaría muy feliz por eso. Por hacer algo que creíamos imposible hace no tantos años. Volver posible cosas es increíble. De lo más lindo de la vida. Aunque se trate de algo chiquito, se siente enorme. Y ayuda a seguir en marcha. 

Aquí estoy: cirugía mediante, sanando. 

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Para entender un cambio de rumbo, dos cosas

Venía con esta atmósfera interior de etapa terminada y cuando le cerré la puerta a Javier hoy me di cuenta de dos cosas: 

1. Esta aventura tenía que pasar. La teníamos que vivir, había que destrabar ese cajón y sacar la basura acumulada.  De otra manera, íbamos a seguir arrastrando los deseos como dos infelices.  Teníamos que vivirla aún fuera en la clandestinidad, aún fuera con forma de secreto o de encuentros cada vez más prohibidos. 

2. Esta aventura está tomando un curso que no me gusta y, sencillamente por eso, se tiene que terminar. Hay, en estos encuentros sexuales cuando pinta, ciertas formalidades que siempre hacen al desacuerdo en el fondo. Javier que aparece y se hace el boludo cuando le pregunto si está bien, si tuvo problemas porque lo dejé todo marcado el otro día y obvio, si, chabón, pensé en eso y no quise hacértelo, entonces claro que te voy a preguntar si tuviste problemas porque no me recibí de hija de puta premium todavía. Y Javier va a decir que sí, que no me preocupe, que tuvo cuidado, y le va  agregar: "no te doy mucha bolilla porque estoy dejando el auto en el taller y estoy acá dando vueltas. Te mando un beso".  Y eso es precisamente lo que me incomoda, el escaparse de las cosas. Algo que hizo siempre pero que no esperaba que hiciera en el contexto de una aventura. Porque yo no le estoy pidiendo que me dé atención, yo le estoy preguntando si tuvo problemas porque cuando estábamos en otra galaxia sexual sin querer le dejé marcas y me siento una forra por eso, aunque haya sido sin querer. Y no quiero bolilla, simplemente, quiero ver si no corrió sangre.  Quiero constatar que no se haya dado un cabezazo contra la pared básicamente. 

Pero el boludo éste siempre con sus traumas, ejecuta mal. Y cuando yo me di cuenta que estaba escuchando argumentaciones de un tipo con quien tuve sexo a lo largo de éste último medio año, lo entendí. Entendí que había llegado la hora de dar un aplauso, poner la medalla del adiós y dar el beso. 

 Quiero decir con esto que yo no quiero ser amante de nadie. Y no, no es porque como me dijo él "los roles alternativos pueden resultar difíciles", sino porque no quiero ocupar ese rol. El único rol que ocuparía - con otra persona - sería el de pareja y quizá algún día esposa. En cuanto a Javier, o sos un poste o tenes que pasar a ser la amante fija... y... 

Elegí ser poste. 

Espero que la vida colabore conmigo para no volver a verlo jamás. 

martes, 17 de diciembre de 2024

Pegar el portazo

Hoy, después de que Javier se hiciera el interesante, el machito ganador de te tengo donde quiero, yo hice algo que no hice en diez años: lo salude normalmente, le dije dale besos y... lo bloqueé de mis redes sociales. 

Es decir que ya no tiene manera de ponerse en contacto conmigo a menos que me llame por teléfono o que me venga a buscar a mi casa. Hechos que no pasaron ni pasarán. 

Ojalá vuelva esa época donde vivíamos en el mismo barrio y no nos veíamos nunca. Es, un bloqueo para que no termine todo mal, de todo lo que podría haber pasado, lo más barato. Lo más inofensivo. Lo que mejor parado lo va a dejar. Y lo que es mejor para todos. 

No me voy a quedar a ver lo mismo dos veces. No me voy a quedar mirando ese dolor repetirse. 

Tengamos la fiesta en paz, como dice el dicho. 


Dimensiones alteradas

Cuatro sangrías tomé. Langostinos, sushi, sangría. Santiago. Sandro. Sarmiento. Bailé Canté a los gritos con un ex funcionario público en un karaoke y nos ganamos cada uno una botella de buen vino. Cartitas entre compañeros. Escribir una nota para cada una de las chicas de finanzas. Seguir tomando. Sentir calor. Qué lindo todo. También, con lo que salio, si no es lindo trabajamos al pedo. Comer más cosas ricas. Planificar el jueves un almuerzo con las chicas. Saludar a todos. Recibir elogios y mil miradas por el vestido. Sentirme bien con mi look. Saber que me iban a mirar porque así son, pero saber cómo soy yo, por dentro, y usar el rojo porque es mi color preferido. Sentirme feliz de animarme a disfrutar. A disfrutar la fiesta para despedir un año de taaaaaaaanto trabajo, cambios, y vaivenes. 

Escribirle al pelotudo este porque vi un muestrario de Chivas de la puta madre y dije: ay, que copado si lo ve este borracho de mierda. Que el borracho de mierda me clave el visto. ¿Sensaciones? Le borre el mensaje para protegerme de su mala onda. Nada me sorprende porque yo se que es un anticuado y se que no le interesa nada más que este cuerpo qué tengo bajo el vestido rojo. Pero todo es culpa mía porque me tomé cuatro tragos y comí sushi pero ya para esa altura el costo y el beneficio están invertidos. Escribirle parecía buena idea pero pago el costo de la boluda. 

Un vestido rojo qué todos van a mirar, menos el, por idiota y maleducado. Un vestido rojo qué me encanta. Un vestido rojo que tendría que recordarme lo buena que estoy para andar recibiendo vistos. Debería ser todo muy muy diferente.  Lo se. Mera justicia. 

La fiesta sigue. La vista es preciosa. Puerto Madero en altura nunca defrauda. La música suena bien y el DJ mezcla buenos temas. Hasta suena cumbia, aunque moderna y no villera. ¿Cómo les habrán dicho sin sonar mal, eso de que por lo exclusivo del bar no se admitia cumbia villera así fiera un evento cerrado? 
Ni me interesa.  Yo bailo con economistas, con mis compañeras, con mi jefa. Deseo genuinamente disfrutar. 

El balance, quedará para después. Esta noche, termina con el punto final a esta oración: son mas de las dos de la madrugada y mañana por suerte trabajo desde casa. 

domingo, 15 de diciembre de 2024

Andando como se anda II

 ¿Sigo apichonada? Y, qué se yo. Realmente, ésta fue una semana de muchas emociones. Primero, por cuestión cronológica, el encuentro con Javier. Después, la entrega de medallas de mi sobrino, y después correr-correr-correr el resto de la semana para cumplir con cosas del laburo, de la vida personal - a saber, organizar regalos, dividirnos los gastos familiares de las fiestas, pensar qué corno le regalo a los niños - y tratar de no morir en el intento. 

Mañana lunes es la fiesta de fin de año del trabajo. Es la segunda allí. Ya tengo el vestido y ayer por la mañana pasé a retirar un par de aros que me mandé a hacer con una emprendedora para terminar de resolver el tema porque mi madre - siempre tan lúcida y ávida de detalles - me hizo dar cuenta el jueves a la noche que no tenía accesorios.   Para coronar, ayer sábado mi pedicura me dejó plantada, por lo que no pude hacerme los pies para el evento. Opté por pedirme un kit para remover el esmaltado semipermanente y ahora, mientras escribo, ya ya tengo los pies hechitos. ¿Si me quedaron bien? Y... no, la verdad, no me quedaron bien. Pero se hizo lo que se pudo. Recién conseguí lugar para la semana que viene en el salón donde me hago los pies, así que iré a la fiesta con las uñas pintadas como en los viejos tiempos (me hacía los pies y las manos yo misma, con la mejor de las ondas). 

Por otro lado, el martes tengo una despedida de año a la que no sé si voy a ir. Y el miércoles, tengo turno con el odontólogo, que pasará a ser una de las personas que más ví en 2024, si seguimos así. Todo eso, siempre después del trabajo en la oficina. 

Hay, en este panorama, pocos momentos para apichonarse. Ahora, mientras escribo en el sillón y siento el olor a los ravioles desde la cocina, es uno de ellos. No tengo hambre. No tengo ganas de comer pastas. No tengo demasiada iniciativa hoy. Mi único objetivo del día es languidecer y mirar alguna serie en Netflix. 

El finde pasado me pasó un poco lo mismo: en cuanto llegó el domingo, el único día donde pude descansar la mente, y sentir, y darme el espacio de sentir, me relajé tanto con mi gatito que si había algo que no esperaba era el mensaje de Javier. ¿Qué raro, no? Yo nunca espero nada de él, todo me toma realmente por sorpresa, es como si una parte mía no pudiera anticiparle - como con el resto de los mortales - la jugada. 

Esta semana por suerte desapareció, aunque obviamente nadie sabe si estamos hablando o no de algo definitivo. Él se despide siempre preguntándome si hablamos. ¿Hablamos, no? ¿Hablamos pronto? ¿Te escribo, sí? ¿Te llamo, dale? Cuidate, te llamo. ¿Hablamos en estos días, te parece, y nos vemos?  A veces yo no le digo nada, a veces lo tomo como una mera formalidad, pero nunca como una promesa.  

Por eso, descanso cuando el no está. Se que su presencia viene con dos condimentos muy fuertes: un placer casi insoportable y una culpa casi insoportable. En el medio, en cambio, hay deseo pero hay calma. Una calma que me hace pensar solamente en des-can-sar.

En este sentido, yo no voy a escribirle, ni buscarlo, ni llamarlo. Yo hago mi vida. Tengo que hacerlo. No puedo pausarlo todo - de nuevo - por él.  ¿Si se pierde para siempre? Y bueno, se irá. Eso es lo único que sé. Que en algún momento todo entre nosotros se va a terminar y cualquier momento puede ser ése momento. 

Tal como le expliqué a mi terapeuta, hay actitudes en Javier que empiezan a demostrarme dificultades con la situación. Es como si el supiera más de lo que yo sé. O como si viera una panorámica distinta a la mía. Como si por dentro le estuvieran pasando un millón de cosas y a mi solo me mostrara tres o cuatro. Y otras cinco se le escaparan por accidente. 

Como le explique a mi terapeuta, yo siento que cada vez son menos las cosas que podemos compartir sin brindarnos y al mismo tiempo siento que Javier me trata cada vez más como su amante. 

- Es horrible lo que voy a decir, pero mientras volvía en el uber la otra noche, me di cuenta que me trata como si fuera la amante. Es todo muy raro... yo no me considero su amante pero a veces siento que me trata como si lo fuera.

- Si, Javier te trata como su amante. 

Me quedé callada. 

- Está picante la cosa - dije, para zafar. 

Por suerte hoy es domingo. Un domingo donde espero poder descansar y mirar alguna serie como si la vida fuera un lugar predecible, fácil, estructurado y simple. 

sábado, 14 de diciembre de 2024

Cosas del cuerpo

 - Se me bajó un poco - dijo Javier. 

Me acomodé y lo miré, en silencio, un poco bloqueada. Era la primera que me lo decía, tan abiertamente, y aunque no era la primera vez que a mí me pasaba, su confesión me sorprendió.  A Javier no le pasó esto nunca antes y no sabía cómo él manejaba las cosas del cuerpo. 

- Quedate quieta un toque - me pidió y me limpió delicadamente un dejo suyo. 

Me incomodó un poco la delicadeza que estaba operando en eso. Una delicadeza que no tenía y que ahora, por razones que desconozco, empezó a poner en pequeñas cantidades. 

- Gracias, Javi - dije, para dar por terminado el asunto. 

- Ya estás - musitó - Vamos a poner un poco de música, voy a tomar agua y a buscar más de éstos - me señaló. 

- Entendido - dije, y me quedé acostada, buscando en mi caja de herramientas mental una palabra para decirle. 

Cuando volvió, lo noté concentrado. Pensé que sabía lidiar bien con su propio cuerpo y que no se frustraba con él mismo, como sí hago yo, cuando mi cuerpo sexualmente no cubre lo que yo quiero que cubra. Me dije que si algo podía aprender de Javier en la cama, era eso, su capacidad para bancarse en cualquier situación. 

- Voy a poner música y quiero que sepas que te voy volver a buscar - dijo y me miró, como estaba acostada, sosteniendo con una mano mi cabeza, y con el otro brazo apoyado en la panza. 

Le sonreí. 

- Ni te preocupes, vos. 

- Ya lo sé.  Pero vos no vas a zafar, no te pongas tan cómoda, eh - se burló. 

- ¿Qué música vas a poner? 

- Algo que te va a gustar, un extendido... 

(...) 

Miré a Javier calibrar la música y estiré un pie, solo un pie, para acariciarle una pierna, darle una leve patada. 

- ¿Vos te das cuenta que me pusiste música para comerme entre dos panes, Javi? 

- ¿Sabés cuál es el problema con vos? - dijo, acercándose - Que no te se puede coger de vez en cuando. 

Me acarició despacio, derribándome sobre el colchón, y las besó a ellas. Yo lo acaricié, lentamente y dejé que fluyera, que hiciera lo que quisiera, para que llegase donde deseaba, aún mismo, si ese deseo era simplemente parar.  Javier no paró. Entonces, cuando fue avanzando en su escala personal de excitación y compromiso con lo que sentía que tenía que darme, lo frené: 

- Vení, Javi, acercate 

Javier dudó y se acercó en el mismo segundo. 

- ¿Me dejás? Te voy a hacer algo lindo. 

- Te dejo, sí - dijo. 

Muy lentamente, lo toqué. Me acarició como si le estuviera leyendo un cuento. Después avancé algunos casilleros en esa muestra de intención sexual y le prometí ir muy despacio. Javier me acarició el pelo con una sutileza que no esperaba, como cariñosamente. En cuanto noté este cambio, me alejé un poco, porque me di cuenta que ya se sentía cómodo y le despejé la cancha para que siguiera para donde fuera éste partido. 

Lo escuché murmurar algo, mientras me besaba el cuerpo. 

- ¿Qué? 

- Que vos no te das una idea las ganas que tengo de cogerte toda. Toda te quiero coger ¿entendés? Que no sabe me dice, hija de puta. 

Me reí. 

- Es que no sé cada cuántos días es seguido  - lo burlo. 

Javier me abraza, me besa el rostro y va metiéndose despacio. 

- ¿Cómo que no sabés si querés o no querés, pendeja? - me pregunta y se ríe.

- Estoy en otro planeta, Javi, no puedo responder - le explico. 

Javier se luce. Hace todo tal y como siempre se lo pido, sin dejar detalles al azar. 

- ¿Te gusta así? Voy bien despacito - me susurra y me dá besos en el rostro. 

- Si - musito, y lo agarro fuerte de las manos - despacito. 

Juega conmigo y con la música, en una combinación perfecta. Cada embestida está sincronizada y yo, si algo me faltaba, estoy bordeando la parte más placentera de la experiencia. 

- ¿Segura despacito? 

Me río. Cómo me conoce el condenado, pienso.  Los gemidos y pequeños gritos quedan emparchados en medio  de la música. No puedo evitarlo, consigo, es una reacción que no controlo. Intento taparme la boca, como una disculpa y Javier me lo impide. Me pone sus dedos en la boca, y disfruta cuando me deshago en su mano, entre gemidos, gritos, o lo que sea que mi cuerpo expulsa. 

- Hijo de tu madre  - digo, tratando de recuperar el aliento - Después vos me decís a mí que yo te dejo sin piernas. 

Javier se retira con toda la delicadeza que acumuló en sus 53 años. Se lo agradezco porque mi cuerpo está más sensible que nunca. Se lo ve contento, y victorioso cuando se reincorpora y baila, chasqueando los dedos, dando cuenta que sus expectativas se cumplieron.  Yo apoyo la cabeza en la almohada y me concentro para que mi cuerpo deje de temblar como si fueran las patitas de Bambi, mientras lo miro. 

Un vacío me inunda de pronto, creo que porque sé que esto quedará para siempre en una celebración culposa. Cada orgasmo conquistado, cada gemido, y cada logro desbloqueado en nosotros es una sepultura más para la honestidad de lo que hacemos. Yo puedo entender que disfrute en el cuerpo a cuerpo, pero no, que baile. ¿Es doble moral? No. Una cosa es sucumbir, como yo lo hago y me hago cargo, y otra cosa es sucumbir bailando, como si acabaras de salir de un partido de tenis y chocaras los cinco con tu compañero de dobles, radiante después de lo que hiciste. 

- Ah, bueno, lo que fue... - asegura - Esta canción está buenísima.

jueves, 12 de diciembre de 2024

Jueves de nuevo

 Hoy me levanté diez minutos más tarde cuando sonó la alarma. Diciembre y madrugar no son las palabras que más combinan en el mundo. Es un hecho. 

Fui a la oficina con la mejor onda que pude. Agradecí el clima más templado, me compré un café y algo blandito para desayunar. Desayuné el café y una medialuna, y la otra se la regalé a una compañera. Al rato, ella me regaló un poste delicioso pero muy delicioso, que le agradecí doble porque el antojo después del almuerzo es matador. 

El día pasó. En general están ultimando detalles que preparan el regalo de fin de año y la fiesta. La fiesta es este lunes. El regalo no se aún cuándo lo entregarán. De todos modos, ambas cosas están cerca. 

El cierre de año la multi lo celebra en un bar ubicado en un edificio. Cierran el lugar para nosotros, pondrán servicio de comida de primera y no servirán fernet ni campari por considerarlas 'bebidas de poco nivel'. Habrá solo cocteleria de autor, no se permitirá el ingreso con zapatillas o mochila y un par de boludeces "tap" más. 

Yo vi fotos del lugar y es un lugar muy cheto así que decidi ponerme un vestido. Desde antes de saber el lugar venia enamorada de un vestido rojo divino, corto, con un pequeño tajo, un cintito para marcar la cintura, que habia visto en una marca. Asi que como la ocasión hace al marinero, no lo dudé: me animé y me lo compré. 

Para el evento pasado, donde se tira la casa por la ventana, elegí un traje azul oscuro de bleazer y pantalón. Fue bastante incomodo porque a una compañera casi le da algo cuando le comenté (inocentemente, claro, porque yo no soy así de envidiosa) que me había comprado un conjunto de Markova. Y cuando lo llevé ese día, ni que decir. Ni me podía mirar a la cara que se le iban los ojos al trajecito... 

Esas situaciones me incomodan. Desde siempre. Y aquí si bien entiendo que la imagen suma, que ponen el acento en eso, no deja de molestarme la envidia. Porque que me elogien algo es una cosa, pero que les moleste que yo use ropa de marca (las marcas que creen solo de ellas, y que me digan "a mi me va a quedar mejor"), es otra cosa.  Sin mentir, yo me sentí muy conforme ese día con mi ropa, sentía que me quedaba espectacular lo que me puse y no desee competir con nadie.  Simplemente, disfrute de esa experiencia de sentirme cómoda, bien y linda.  

Pero no toda la gente piensa eso... por esta razón no quería, ahora, para la fiesta de fin de año, que me vinieran a tirar mala onda o a hacerme sentir mal con la vestimenta. Así que cuando me preguntaron que me iba a poner dije que todavía no sabía y  guarde silencio sobre la elección.

Yo desde hace dos semanas sé lo que voy a usar. Se que voy a jugármela con un vestido que me gusta, que me gusta como me queda y que es de mi color favorito. Pero no pienso spoilearme a mi misma si dos de las cuatro con las que comparto oficina son competitivas e inseguras. 

Es como si yo no pudiera usar marcas buenas porque parece que las opaco peor. ¿Pero quien es dueño de una marca? Para mi, si podes pagarlo, podes usarlo. Y sí yo considero que quiero invertir en imagen profesional ese dinero, muy bien ganado por cierto, lo puedo hacer.  Sin embargo, algunas mujeres tienen cierto recelo con eso y no aceptan que una sea más libre porque ellas no son libres. 

¿Qué hacer? Tomárselo con soda. Yo me encerré en mi cuerpo muchos años porque todo me daba vergüenza. Trabaje y sigo trabajando inseguridades físicas, normales, como las de todos, pero cuando me di cuenta que la vida es una y que no voy a volver a tener dos veces la misma oportunidad, me dispuse a vestirme como si todo fuera una ocasión especial.  Y no estoy dispuesta a dar el brazo a torcer en esto, por NADIE. Porque la vida, con o sin ropa de marca, es una ocasión. Y si, si me puedo vestir siempre linda, lo haré. Jamás volveré a dejar de usar cosas porque son "demasiado lindas para mi" como hacia antes. ¿Quien, que no sea yo, se va a ocupar de sacarme provecho, de usar lo que me guste, de agradecer a este cuerpo? Nadie. Así que me tocó elegir un vestido rojo, muy lindo, y celebrar que estoy viva para usarlo, desoyendo los comentarios que hablan más de quienes los dicen que de quienes los reciben. 

Con el resto de las chicas de la oficina, si me dicen algo lindo, siempre comparto data. No hablo de precios, pero siempre les dejo la información para que decidan. Me elogian las remeras, las sandalias, o la manicuria y todo recomiendo. A veces, también el perfume y también recomiendo y paso el dato. Yo no lo veo mal, es un ejercicio de sacarme la incomodidad, un aprendizaje sobre saber recibir elogios. Algo que me costó toda la vida, sin exagerar. 

Pero eso si: yo puedo recibir elogios, recomendar, ser libre y disfrutar de mi cuerpo, pero nada doy y nada perdono cuando se trata de gente envidiosa o celosa. 

En un jueves normal, agradecí, trabajé, tomé café y traté de salir de la olla a presión mental. 

Mañana será otro día. Uno menos para jugar a ser Caperucita Roja en la multinacional con su vestido rojo. 

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Frecuencias

- Esperá - le dije a Javier, y me desaté el pelo. 

Cuando quise dejar apoyado el brochecito de leopardo con el que tenía el pelo atado, se me cayó entre su cuerpo. 

Me reí y lo acaricié mientras buscaba. Metí una mano por su cuello y rescate el accesorio. 

- Esperá que lo saco, te va a pinchar - le advertí. 

- No me importa. 

- ¿Cómo que no te importa, sonso? 

Recupero el broche mientras nos reímos. Me poso sobre él y busco la manera de unirnos más placentera. 

- Ésto tiene que volver conmigo - le advierto. Javier me mira y me sonríe. 

Tiro el accesorio sobre la mesa de luz y me desentiendo de todo en ese instante. Al rato, me acuerdo cuando en la mejor época de nuestro vínculo, cuando por estar juntos no teníamos sombras culpabilizándonos detrás, Javier me robaba los broches del pelo cuando estaba distraída y me dejaba el pelo suelto.  Eso me molestaba, pero me daba ternura al mismo tiempo. "¡Javi noooooo, dámelo, es mío!", solía decirle.  Javier negaba con la cabeza y me decía que no, que no me lo iba a devolver, que eran suyos a partir de entonces. 

Con el pelo suelto sobre mi cuerpo, lo miro y me balanceo en ese ritual conocido. Lo agarro de las piernas, para acentuar. Javier me toma del pelo y tira de él para acercarme. Adhiere al juego, yo me río y cuando me suelta, me lo tiro para un costado, sonriéndole.   Sé que le encanta mi pelo, desde siempre, pero que lo toque acá es muy distinto. 

Tengo rechazo a la idea de vincular cosas de la relación de antes con la de ahora. Principalmente porque antes yo hacia todo por amor y ahora amor es lo último que hay. Sí, hay aprecio, un cariño especial, pero no creo que pueda permitirme sentir nada más por él. 

Sin dudas, pienso que el sexo puede darse porque no hay sentimientos en el medio. Para mi, por lo menos, sería extremadamente complicado acostarme con Javier si tuviera los sentimientos que tenía hace diez años. Lo hubiese hecho, probablemente, porque lo deseaba, pero principalmente porque lo amaba. 

Ahora, hoy en día, todo es distinto. Yo sé que él no siente nada por mi. Que no siente amor, ni mucho menos. Eso me permite acostarme consigo y se que eso le permite a él acostarse conmigo.   Cuando esto sucede, se que en nosotros nada va a cambiar para ganar más profundidad. Nada va a gastarse, ningún sentimiento se crea simplemente por sexo y aquí no habrá excepciones. Estamos, desde mi perspectiva, más cerca de distanciarnos para siempre que de unirnos. Por eso, siento que en el sentido físico miramos una misma película pero que en en sentido no sexual del vínculo estamos un poco desordenados. 

Javier tiene una mentalidad anticuada en eso. Ya se lo he dicho pero no hay caso. Él cree que porque tuvimos sexo, por ejemplo, tenemos que comer juntos después o que al menos, me lo tiene que ofrecer porque si no lo hace siente que me destrata. Y yo creo, por mi lado, que no es necesario, que el destrato es un parámetro vincular y que compartir cosas conmigo no hace menos malo o despectivo su accionar en caso de que así lo sea. 

Cuando me ofrece comer juntos, por lo general es después de nuestros encuentros. Eso coincide con mis ganas de irme, pero al mismo tiempo, me pone en el compromiso de tener que aceptarlo.  ¿Cómo no voy a poder comer unas empandas con el tipo que acabo de compartir semejante experiencia sexual? 

No se. Pero yo considero que esta demás aunque pueda soportarlo. No obstante eso, el despreciarselo me hace sentir una tirana. Javier dice que no tiene nada de malo compartir una comida, una charla, unos mensajes, más allá de si tenemos sexo o no, porque esta todo bien entre nosotros y siempre va a ser así de su lado, conmigo... 

Peeeero, yo no creo lo mismo. Y tal como le dije, siento que entre más compartamos, más difícil va a ser salir después.  El argumento suyo hace unos meses era que si tenemos todo en claro, nadie se va a confundir por comer o compartir. Decia que esto no se podía convertir en algo cotidiano porque si sucedía, corríamos muchos riesgos. Decía además que el no sabía nunca que le podía pasar conmigo, en el fondo. Que todo eso era muy complicado pero que, entre todas las cosas que pensaba sobre el asunto, la idea de acostarse conmigo siempre aparecía como una recurrencia. 
Ahora, cuando han pasado unos meses y frecuentamos al otro de tanto en tanto, reconoce que después de compartir necesita tomar distancia para poder hacer un proceso y mentir, para poder separar (separar,  si, uso esa palabra) y poder volver a convivir con la culpa y volver a estar conmigo. 

Sin embargo,  una pregunta se aparece cuando planteo esto. ¿Las personas no se aburren de tener una aventura cuando hacen todo este proceso? Porque ya no se trata de un impulso, sino, de una decisión. De elegir sostener un vínculo paralelo con una persona como yo, es decir, evitativa. Que ni quiere tener compromisos ni quiere que nadie deje nada ahí tirado por una cosa que no existe. Pero existe. Y para mi, la gente se cansa. Digo, llega un momento donde siempre es lo mismo inclusive en la dinámica de una aventura. Y eso cansa. Es hasta lógico. 

¿Cómo el ni lo ve? 

No puedo dejar de pensar que mis virtudes acá no encuentran valor extra. De nada sirve, cuando se tiene solo sexo con alguien, si tenes el pelo lindo. Simplemente, sirve si hay química, buena onda y nada de ganas de saber cosas. Por eso, para mi tampoco sirve compartir extras. 

Mientras me mira moverme y se mueve suavecito, como le pido, me molesta mi propio largo. Me lo ato, sin broche, sólo con un mechón que traba, y Javier se ríe, despacio y me mira maniobrar.  Me toca, para distraerme, pero logro el propósito. Aprovecho sus manos y pongo las mías encima, para guiarlo. 

Cuando estoy por morir, Javier me dice que lo quiere ver. Que me quiere ver. Ya se lo que me pide y sabe que, si me pinta, se enterará. Pero trato de seguir concentrada en mi tarea hasta terminarla. 

Javier me mira, se toma un respiro y se queda en silencio. Se para, va a descartar lo que ya no sirve y reinicia la gestión para lo que me promete como una maniobra épica. Me explica que su cuerpo por un leve momento decayó un poco. Noto que se pone incómodo aunque ni lo quiere demostrar. 

- Ni te preocupes  - musito con calma - ¿Qué música vas a poner? 

Javier me mira, parado poniendo la música, gestionando el tiempo de su propio cuerpo. Esta como dudoso. Yo lo miro y le sonrío para darle calma. Alcanzo su costado con un pie y lo acaricio. 

- Javi, esa música es terrriiiiible- lo burlo - ¿Sos picaro siempre vos, o te turnas? Ya con la música, uno se predispone. 

Le hablo acostada, de costado, sosteniendo mi cabeza con un brazo. Javier me sonríe y acaricia la curva de la cintura profunda. 

- No vas a zafar, vos. 

-  ¿Debería correr? ¿Qué decis? - le pregunto. 

- Te vas a ir contenta de acá. Te lo prometo.

- Que fino, el señor...  

Javier se ríe. Se acerca y va directo a hacerme algo que amo. Lo miro y disfruto. 

- Vení - le digo. 

- ¿Qué? 

- Cuando te digo veni, no es para pegarte. Es algo lindo , te lo prometo. 

Se acerca. Lo toco muy delicadamente y lo exploro con la mayor suavidad que me es posible. Por extraño que parezca, Javier relaja y reduce toda su velocidad a algunas caricias. Me choca un poco qué me acaricie y que no todo sea un trámite feroz e impersonal, pero los dos somos humanos. Se además que necesita sacarse de encima la presión. La presión de no defraudarme. Y por eso, le permito el gesto sutil, la caricia, el mimo. 

- Voy a ir con cuidado. 

- Sí, con cuidado. 

Unos instantes después, Javier se aleja. Fui con cuidado pero no hay dudas: se relajó, yo también me relajé, volvemos a ser humanos. 

- Así, mira- me pide. 

- Señor- digo. 

Mofa. 

- Ni te das una idea de cómo te quiero ****. 

Javier entra en mi despacio. Como se lo pido. Cómo lo necesito para poder sentir bien y acompáñarlo mejor. 

- ¿Despacito? - me pregunta en el tono de voz más sexual que le conozco. 

Me besa los hombros, el cuello y el rostro. Me sostiene todo el cuerpo con sus brazos y ni me puedo sentir más colapsada. Mi deseo esta en su cumbre, cumpliendose. 

- Mhm- digo, suavemente. 

- Despacito, vamos despacito- dice y juega. 

Me gusta eso de el. Su humor. Para ser solo sexo, es divertido. Con más humor del que esperaba para un trámite. 

Lo que le sigue es una buena convocatoria a todos mis sentidos. 

- ¿Te gusta así? 

- Muy bien vas. Me vas a llevar a Narnia de nuevo -  lo felicito. 

- ¿Sabes que pasa, pendeja, con vos? - dice, dando su mejor esfuerzo. 

-  ¿Qué pasa, Javi? - musito, con mi último aliento. 

- No se te puede coger de vez en cuando, a vos. Toda te voy a coger, sabes. Toda. No te vas a ir de acá así nomas. 

No le contesto. Solamente, dejo que vuele. La gente cuando esta llegando al orgasmo dice cada cosa. ¿Qué bicho le pica a este hombre, que ahora cada vez pretende o desea más?  ¿Lo más irónico? Yo siento que le doy siempre lo mismo, porque básicamente no porfío, y que no le aporto tanta novedad.  Eso no me preocupa pero lo admito de entrada. Y del otro lado, Javier reacciona como si todos los días mirase una película distinta. ¿Será que me ve más humana, más suelta, qué descubre los filamentos más sutiles del sexo conmigo? 

Es raro. Para mi, mi manera de tener sexo no es wow. Es simplemente una manera. Pero parece ser una manera que a Javier lo pone nervioso, lo remueve, lo descontrola, lo relaja, lo incita a hacer todo lo que hace. 

Eso no me enorgullece para nada. Yo quisiera entenderlo, solamente, para saber cómo actuar. Pero siento, en especial hoy por hoy, que hay nucho más en juego de lo que me demuestra, cada una de las veces donde me recibe en su casa. 

En cuanto volvemos a la normalidad, y nos veo charlando en el baño, algo en mi se alarma. Me alejo, desnuda, mientras sigo hablando con Javier que me mira como si no pudiera creer que yo soy yo, y le hablo sin nada de ropa. 

Después, creo, por todo esto nos cuesta mirarnos a los ojos. Mientras como, lo veo mirarme en silencio. No se si esta triste, si tiene un estornudo alérgico atravesado como me dice o si esta elocubrando algo que me pierdo. 

Yo mientras como una empanda qué cocino con sus manos. Pienso que lo hace bien. Pienso en ya es momento de irme, porque se me acabó la batería social y empiezo a sentir que todo este cotidiano no sexual está totalmente demás. 

¿Y me dice que quiere más seguido? ¿Más? Ojalá haya sido un resorte sexual. En ese estado, se dicen muuuuchas estupideces. 

Ahora, mientras escribo, Javier desapareció. Yo hago un poco lo mismo. Él dice que se distancia porque necesita hacer un proceso conmigo, separar y así poder mentir. ¿A quien, sobre qué, separar qué cosa?  Yo me pierdo un poco porque paso por periodos de enorme culpa. De sentirme una estúpida, una mala mina. Una cualquiera.  Pero no todo es tan blanco y negro. Tan puta o no tan puta. Tan fiel o infiel. Con todo lo que sabemos de esta historia, no todo así puede paramerizar en un solo costado. Y yo lo se, pero también se que esa compasión no soluciona nada. 

¿Quedarse, irse, quedarse, irse? 

Cada uno maneja la culpa, las conclusiones y separa las cosas como puede...