- ¿Vos estás con alguien? - me preguntó Javier, aquél día.
- Sí - le dije, con un asentimiento de cabeza.
Me miró, sin ningún tipo de reacción en especial, pero sí con una curiosidad palpable.
- ¿Es grande? - preguntó.
Esa pregunta me resultó tan obvia viniendo de él que no me sorprendió en lo absoluto.
- Sí, es más grande que yo - le contesté y lo ayudé a acomodar la picada en la mesa.
- ¿Cuántos años se llevan? - quiso saber.
Lo miré, me reí y sacudí la cabeza.
- No, no querés saber eso, Javi - le dije.
- Dale, boluda... Decime por favor - insistió, sonriéndome.
- Veintiséis años - le dije y acomodé la picada de pura maña.
Levanté la vista para mirarlo y Javier me miraba con una mueca que rozaba la burla y la ironía.
- ¿Cuántos años tiene? Pará - me dijo, como si quisiera pensarlo mejor.
- Cincuenta y tres - espeté y lo miré encogiéndome de hombros.
Me miró, hizo una mueca junto a un asentimiento de cabeza, y se sentó a la mesa conmigo.
- ¿Vos estás bien con él?
- Sí. Si no, no estaría con él.
- ¿Y la pasas bien con él?
- Es una situación relajada, pero sí. Cuando podemos compartimos.
Javier me miró con los ojos bien abiertos, los abrió en grande. La imagen aniñada y tradicional que se había hecho de mí, por puras suposiciones a lo largo de los años y un poco por los cambios ocurridos en todo ese tiempo, comenzó a esfumarse dándole pie a la realidad de las verdades decisiones.
- Sí que sos hija de puta, eh... - se carcajeó.
- Nah - le dije y le hice un gesto de paz y amor con la cabeza.
Se quedó callado y lentamente comió algunos pedacitos más de salame y de queso.
- ¿A qué se dedica? - me preguntó.
- Es médico - dije - Sí, ya sé, no tiene nada que ver conmigo pero... tiene que ver...
Sonrió levemente.
- ¿Se conocieron por tu hermana? - me preguntó.
- Algo así. No quiero contar toda la historia - le dije, revoleando los ojos - En resumen, tiene esa edad, está separado hace años, y tiene una hija. Nos conocimos en 2019. Nos separamos un tiempo. Y ahora... nada, segunda temporada.
Asintió con la cabeza, mirándome serio.
- Una hija... - musitó.
- Si - le dije.
- ¿Te debe gustar, no?
- ¿Qué?
- Estar con una persona grande... Porque ya sabés cómo es todo y si no, no estarías...
Me llamó la atención esa observación.
- Me gusta él. No era mi plan en la vida estar con un tipo de 50 años, que era la edad que tenía cuando nos conocimos. Mi plan era vivir.
- Entiendo... Pero sabés lo que es, cómo es, digo...
- Sí, claro. Lo que pasa es que él es un hombre bueno, es buen tipo conmigo - admití - y... es brillante. Culto, inteligente... Ama lo que hace. Y todo eso es lo que más me gusta a mí...
- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Sí - le dije.
- ¿En lo sexual tampoco tenés problema? Viste que no es lo mismo.... que con un chico así de tu edad...
Me reí.
- Ya lo sé, sí.
- ¿Y no te molesta, no te jode eso?
- No, no, es parte de estar con una persona que te lleva algunos años... Es una condición que, a veces, puede darse. La verdad es que no es un problema para mí. Por ahora, al menos.
- ¿Cuántos años tenés, vieja? - me cargó.
- Vos, viejo, ¿cuántos años tenés? - lo burlé.
Se rió y se quedó callado.
- Yo no estoy tan bien como vos...
- ¿En qué sentido? ¿No la pasás bien?
- No la paso...
- ¿Eh? ¡Naaaah!
- Te juro - dijo.
- ¡Javier, vos justamente, no podés decirme eso! ¡Sos el tipo más sexual que yo conozco!
- Te lo digo, sí, te lo digo... - expresó.
Me lo quedé mirando en silencio.
- ¿Puedo ser curiosa y saber qué te pasa? ¿Vos no querés? ¿Ella no quiere? Porque, digo, entiendo que quizá a su edad no es lo mismo... Pero... es necesario en una relación ¿no?
- Sí. Claro que lo es, por supuesto... Pero... no se da.
- Pero... buscala, sonso, proponé - le dije, alentándolo - O sea, no sé... hacé algo boludo...
Javier se desarmó de risa.
- No es lo mismo... Me acompaña.... Es buena mina, pero... no.... No sé. No está el sexo.
Suspiré y lo miré sin saber qué decirle.
- Hay momentos en la vida donde uno no tiene tan presente el sexo. Tiene otros problemas. Y el deseo baja. Además, las mujeres, tenemos unido el deseo a la actividad hormonal y a veces sucede que incluso si tomás pastillas anticonceptivas el deseo baja y bueno - argumenté.
Me miró seriamente, con escucha atenta.
- Sí, ya sé todo eso... Pero esto es diferente...
- ¿Hace mucho que pasa? O sea, que la situación viene así, no quiero detalles... - lo atajé.
- Mucho. Un montón. La última discusión grande que hubo fue por eso. Nos íbamos a separar por eso - me dijo.
Lo miré y abrí grande los ojos:
- Nooo , Javier , ¿cómo te vas a separar porque no tenés buen sexo? ¡Estás loco!
- No sé, no sé, pero... Es algo muy humano todo lo sexual, sale para afuera... - exclamó, riéndose - Lo que pasa es que... para mí es muy importante...
Lo miré, con un gesto burlón, y le puse cara:
- Ya sé lo importante que es para vos... - le dije - pero nada, me parece que tiene solución.
- ¿Y cuál es la solución?
- Hablen. Ténganse paciencia. Nada, o sea, hace años que están juntos... Bueno, sabrás qué hacer mejor que yo... Remala, boludo.
Javier se rió levemente. Sacudió la cabeza. Me dió la sensación de que ya había intentado varios caminos. Pero también pensé que cuando uno se queda al lado de alguien , si no es por sexo o comodidad, sería por amor. Consideré que la quería. O al menos, quise pensar eso. Que la quería a ella y que a mí no.
- No, es que no se trata de remar... No sé.
- Hay gente que es re tranqui, que se vuelve tranqui con los años.... - le dije, a modo de consuelo - Yo soy tranqui, también
- ¡Nooo! ¡Callate! - me dijo - ¡Vos no sos tranqui, pendeja! ¿Sabes por dónde tenés las hormonas? Por allá arriba - dijo, señalando el techo de su casa.
Me reí, sintiéndome atrapada. Es cierto que soy muy reservada con ese aspecto en la vida cotidiana pero que para mí el sexo tiene una importancia muy fuerte en la pareja. Aunque no estaría con cualquiera por sexo, cuando alguien me gusta por quién es, mi interés sexual aumenta en toneladas. Y lo demuestro. Por eso, más de una vez, Galeno que es con más profundamente me he mostrado, se ha llevado una sorpresa.
- Son cosas diferentes - dije. Yo tengo una edad diferente, pero al lado, tengo una persona grande también... Y entiendo que no es lo mismo que si tuviera al lado a un chico de mi edad, por eso te digo que hay que hacer esas observaciones... Yo no cambio lo que elegí por un chico de mi edad. La calidad es superior y me gusta eso. Bueno, vos en tu caso, lo mismo... Tenés que ver lo que para vos es importante. Si pesa mucho el sexo. O no.
- Pero vos la pasás bien...
- Sí.
- Bueno, yo no. O sea, puedo vivir sin tener sexo... Pero ... Es necesario en una relación, que haya deseo...
- Y si... Yo pienso lo mismo...
- Pero bueno, también por eso hay muchísimos problemas. La última vez que dije yo me separo, fue por eso, ya te digo.
- No me meto - musite.
- Te cuento.
- Y bueno, querido.... No sé que querés que haya con todo ese escenario- ironicé - O sea, yo no me voy a acostar con vos para consolarte. Ni loca.
Javier se rió a carcajadas.
- Pero no, pelotuda, te hablo en serio, en confianza.... - me dijo, y nos morimos de risa.
Suspiré. Me había puesto a la defensiva porque el tema me molestaba. Porque sabía que de estar juntos esos no serían inconvenientes. Porque me dolía el cuerpo de no poder acercarme y porque siempre quería más. Y porque nada de eso que estaba sintiendo estaba bien.
- Bueno, estúpido, no sé... Me decís todo esto y pienso que quizá como sos tan idiota creíste que me podías tomar para eso...
- Noooo, por favor. ¿Estás loca? ¿Por qué siempre pensás mal?
- Porque vos sos un ser del mal - lo burlé - y porque, obvio, si estás estresado, insatisfecho, y te sentís como que no sabés qué hacer, bueno... Quizá pensaste que si teníamos sexo te podías sentir mejor...
- No, nena- me dijo - Soy una persona también... No todo lo que quiero es coger, aunque me importa, sí... No te voy a llamar para coger ¿estás loca?
- Bueno, está bien... Mala mía. Perdón - dije.
- Igual, sí, más vale... Me muero de ganas de estar con vos. Pero no es porque en lo otro todo va mal. Son dos cosas diferentes.
- Bueno, entendí, entendí. No más detalles, por favor - le dije.
- Siempre pensaste que lo único que quería era coger con vos, siempre... Seguís pensando eso.
- ¿Y qué es , si no, Javier? Daaale - lo burlé.
- La química, boluda. Todo esto. Esto que se genera, cómo sos vos, cómo soy yo cuando estás vos... ¿Si me quiero acostar con vos? Sí, me muero de ganas. Pero es un todo. Es tomarse este vino, es charlar y que no me perdones una, hija de puta - se rió - es que me mires como me mirás... Estás madura, relajada, hecha una mujer hermosa.
Se encogió de hombros. Lo miré. Suspiré.
- Entiendo. Son dos cosas diferentes, todo va por dos caminos distintos. Todo son dos cosas diferentes - le dije y suspiré: Javier, nosotros si nos acostaríamos sería de terror...
- ¿Cómo? ¿Por qué?
- No te sientas ofendido, dejame explicarlo - le advertí - ¿Vos viste lo que nos pasa, no? O sea, nosotros en este momento estamos hablando y vos me estás mirando, y tu cuerpo se acerca, y el mío igual... - explicité - esta cercanía, en otro ámbito, sería una explosión. ¿Nunca pensaste en eso? Para mí, es un punto de inflexión.
Javier se rió.
- Seh - dijo - Nosotros dos, sabés qué - dijo.
Me reí y se me enrojeció el rostro.
- Bueno, por eso, no sé si estaría tan bueno... muy fuerte todo... ¿Que haces después?
- ¿Queeee? - exclamó - ¡¿Sabés lo bueno que estaría?!
- ¿Cómo sabés eso, cómo estás tan seguro? Capaz que no...
- Porque todo lo que hice me gustó mucho más de lo que pensaba que me iba a gustar...
Se acercó a mi rostro
- Esta proximidad así - dijo, haciendo un gesto - ya me gusta.
Se me encogió el estómago. A mí también me gustaba y lo peor, me gustaba mucho. Volvió a alejar su cuerpo y me miró con un gesto de obviedad. Cuando se acercó y se alejó, quedé frustrada. Quería eso lo deseaba. Como una montaña de chocolates.
Tomé otro poco mas de vino y me lo quedé mirando.
Cuando devolví la copa a la mesa, me acarició la mano y me la tomó. Me sentó en su falda igual que como me había pedido hacía ocho años. Yo le había dicho que no, lo recuerdo, y ahora no pude negarme en lo absoluto.
- Estabas lejos, ahi - dijo.
- No puedo estar tan cerca - le dije, en un susurro.
-Te prometo, pero te prometo, que no te voy a meter mano - me dijo, y cumplió - es que me gusta que estés cerca. No es sexual, esto, no es sexual. Es mimo.
Y lo cierto es que los mimos que le siguieron no fueron con contenido sexual. Fueron con contenido mucho más humano que físico y eso fue la parte más difícil del asunto.
Olisqueando el perfume que me salía del cuerpo, sonrió y me dió un beso en el hombro. Le acaricié la cara y me acurruque un poco más en su cuerpo sin decirle nada. Pasados unos instantes, me reincorporé.
Apoyó todo su rostro en el interior del hueco de mi cuello. Me rozó , me dió algunos besos muy castos a decir verdad, mucho más de lo que yo esperaba, y me abrazó. Suspiró con un enorme alivio mientras nos quedábamos así, largo rato, en un silencio lleno de palabras. Ese contacto significó tantas cosas.
Deseé con todo mi corazón que, ojalá, la vida, en algún momento, nos encontrara en esa misma situación sin tantos problemas. Porque todo lo demás era lo que había estado soñando, esperando, necesitando y anhelando secretamente durante ocho años.
Todavía, y de hecho, por fuera de todo lo demás que he seguido abonando en este tiempo, no puedo borrarme la imagen de la mente. Es una imagen nada más, muy sutil, que tiene sin embargo la fuerza de una demolición.
Se trata de la habitación de Javier, de la misma casa en la que habíamos estado ocho años atrás, cuando sucedió la primera agachada. La imagen de ese cuarto me dió escalofríos. Me pareció mentira, casi de otra vida, casi magia, verme sentada en su cama mirándole la ropa que había dejado separada en una silla para ir al otro día a trabajar. Camisa blanca y pantalón de jean con cinturón. Esa es la imagen de algo que no puedo explicar nunca del todo con palabras.
Significa que pasaron ocho años. Significa que volvió a encontrarnos la vida. Que volví a ese lugar para intentar resolver algo que nuevamente quedaría pendiente. Que ya no aguanto más está deuda, que estoy harta de los pendientes. Que el tiempo no hizo una mierda. Y que a veces el destino te pone en situaciones que nadie más entendería. Donde se mezclan todos los porqués y los para qué que alguien pueda imaginarse.