viernes, 27 de febrero de 2015

Puente con la vida

Ayer, a modo de herramienta, en terapia leímos un caso clínico de un libro. Creo que fue un buen método porque, personalmente, la literatura me ha abierto muchas puertas en mi vida. De hecho, es lo que contra viento y marea considero mi profesión, mi vocación y a lo que me quiero dedicar el resto de mis días. En ese contexto, libro en mano de Gabriel Rolón, el episodio resultó movilizante. 

Movilizante porque incluía la historia de mi vida - en el sentido más fiel del término- y además porque se marcó una distinción muy interesante. 

- Cuando este caso llegó a mis manos, te me viniste a la mente vos - admitió mi terapeuta. Sonreí, porque después de darme una breve introducción de la temática, entendía el porqué - Ahora, no - concluyó, y eso me hizo sentirme aliviada, por lo que volví a sonreír. 

Por cuestiones personales, digamos, prefiero resguardar el caso, pero alcanza si digo que la temática versa sobre la discapacidad, la discriminación y la aceptación. Temas que, a lo largo de mi vida, me tocan y me han tocado hondamente. A diferencia del cuadro clínico y psicológico que se incluía ahí, y a pesar de haber sido tratada muchas veces como quien porta una discapacidad; puedo afirmar que lo que yo tengo no lo es. No está ni cerca de serlo, pero tampoco lejos. Otra vez, estoy en la mitad. 

Hay muchos temas que me ha remontado volver a este tema, aún arriesgándome a ser redundante al expresarme así. La noción de que afecte con tal alcance, en mis bases, mis sueños y aún mis anhelos prevalecentes me impactó.  Pensé en cuánto más afectó, donde todavía no busqué. Donde por ende no me dí cuenta. Pensé en cuánto, en cómo y otra vez, en por qué. Pensé, pensé y pensé. 

Y sonreí, porque también pensé en que mi terapeuta me está ayudando en cosas que van más allá de lo que queda dentro de las cuatro paredes de su consultorio. Porque se preocupa porque vaya con la frecuencia que sea - realmente lo digo - dejando de lado lo económico. Porque me pasó el libro de Gabriel en cuestión, para lo que disfrute el finde y pueda releer un caso que en tanto se parece a mí. Para que pueda ver, a través de la literatura - mi puente con la vida - cómo transité otro de los puentes por donde hoy siento que pasó tanta agua. Y junto con el agua, también pasé yo, hacia el bendito y grácil otro lado. Sonreí, porque si evocó mi imagen con eso no fue sólo por las similitudes, sino también por la relación terapeuta - paciente entre nosotras; la cual, me hace sentir agradecida. La descripción es muy generosa. 

Salí del consultorio con un nudo en la garganta porque todavía sigue siendo una zona sensible para mí.  Pero me sentí feliz. Me siento llena de gratitud por la posibilidad. 
Y eso, no es poca cosa. Al menos, no para mí. 

domingo, 22 de febrero de 2015

La mitad

El primer parcial de mi año me tomó por los brazos y me sentó directamente en la silla del aula en la mañana del viernes. Ni siquiera recuerdo, estando a domingo, cuál era la temperatura. Lo único que recuerdo es mi gran cuota de sueño, los enunciados que me sirvieron de práctica y la chica con la que hablé en el colectivo, de regreso a casa. Lo único que quiero, asimismo, es que me haya ido bien. Esto refuerza, en el sentido literal, mis posibilidades de permanencia. 

Al margen de eso no tengo mucho más que contar de mi vida académica. La vida social que la acompaña está bien en su tercera semana, e incluso, llegando al final de este periodo inicial. En este aspecto que tantos momentos de descontento me ha dado me siento mucho mejor que... Nunca, supongo. Nunca me había sentido así, con chicos más chicos que yo. E incluso yo tampoco había sido nunca antes quien soy ahora. 

Mi edad es bastante particular, supongo. Hay chicos de veinte que están asentados en lo que son y en lo que creen sin llevarse por delante el mundo y hay jóvenes repudiables que ven a las dos décadas como el punto cumbre. También está el punto medio; hay jóvenes de veinte años que valen la pena y hablar con ellos da gusto.  A mí, personalmente, no me pasa ninguna de las dos cosas que expliqué más arriba. Creo que me siento en la mitad: ni tan asentada, sino más bien sujeta a cambios; ni tan despistada, ni tan sin proyectos.  Me siento en la mitad, considero, porque me veo lejos de los dieciocho - y especialmente de la forma de vivir la vida y de ver la vida en esa época - edad que tenía justamente cuándo empecé la facultad. Me veo muy lejos, como si hubiera pasado una distancia enorme. Aunque también me veo lejos de los veintidós, por ejemplo. No sé, con toda la sinceridad del mundo en qué andaré. Y aunque  el lapso temporal que estoy tomando es el mismo, siempre es más fácil mirar en retrospectiva que a futuro, a tientas y con tantísimas probabilidades. 

Lo que sí veo con claridad es que esta etapa es sumamente formativa. Los veinte a mí me han agarrado con esa intención. Tengo más claridad que hace dos años a la hora de tomar algunas decisiones, y además, tengo más experiencia que cuando recién me inmiscuí en un ámbito académico universitario. Pero además también para la vida me siento de esta forma. Siento que aunque tengo más, no lo tengo todo; y me doy la pauta para seguir aprendiendo con los valores de siempre y  esa misma noción de " voy a tener un cupo limitado de experiencia, y eso es todo".  Tengo más comprobaciones, más experiencias empíricas, más "hágalo/ vívalo usted mismo" en mi espalda.  Y tengo, lo siento día a día, más cautela en muchas cosas. Más prudencia, más noción de los riesgos y de quienes suelen valer la pena y quienes no, respecto a nuestros esfuerzos. 

Me siento más adulta ya en muchas cosas. Me siento capacitada, por decirlo así. Sin embargo, me ubico celosamente en la mitad  dado que algunos compañeras o conocidas siguen bajo el influyo de la adolescencia eterna, y otras, son madres e incluso esposas de alguien más. Aquí radica el meollo de la cuestión: ubicar un punto medio, organizar mi vida y mi actualidad conforme a eso. 
Veo todo con la esperanza de poder seguir así, tranquilita, en mi orilla... Mirando. En esta etapa formativa de mi vida, me alegro de poder nutrirme, de mirar, porque en un punto lo es todo. Se mira lo que queremos y especialmente se ve también lo que no se quiere ser.  

Sé,especialmente, que no voy a comerme el mundo entero, sino que confío en que simplemente iré tomando lo que necesite en la medida que me sea posible. Y eso me gusta, y eso es lo que hoy en día considero como "lo correcto". 

Esto es estar en la mitad. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

Somos

<<¡¡Es que todos somos el sueño y también la pesadilla de alguien más >>  pensé, mientras volvía a casa en el colectivo desde la Universidad, como la llaman, o facultad, como la llamé siempre yo. Sí, somos el sueño pero también somos la pesadilla. <<Somos el todo, algunas veces, y la nada también, otras veces. Siempre a los ojos del otro, ese que no tiene ni cara ni cuerpo delimitado, somos constituyentes de un extremo u otro... ¿Será que eso es la totalidad? >> no me dejé de cuestionar. 

En el medio del tumulto de una peatonal, mientras miraba todo cómodamente desde mi asiento que estaba muy cerca de la ventanilla de aquél colectivo, no podía reconocer puntualmente a nadie. Miré detenidamente a un hombre y, de repente, el pensamiento se me instaló en la nuca incesante.  <<Somos el sueño... >> repetí, abriendo así el abanico de sentidos.  Somos el sueño de alguien a las tres de la madrugada, somos el deseo de vernos, el deseo de encontrarnos, el deseo de estar a nuestro lado. Somos todos los besos que nos quieren dar, todos los abrazos, todos los consuelos y también, somos todas las explicaciones.   Somos el café caliente que nos regalan, las mariposas que pasan a nuestro alrededor a la mañana temprano; somos la plegaria de alguien más por nuestra llegada a salvo.  Somos a los ojos del otro, el hombre o la mujer con la que un tercero sueña. Somos las palabras no dichas, un gracias por el que moriría cualquiera sea y la complejidad de una mirada que terminaría por encandilar, sólo si pudiera verla el destinatario, el que emite ese deseo mientras se baña, come, o toma un tecito. 

<<Somos además la pesadilla >> me dije, sin poder eludir el otro lado de la moneda, presente en todo. Somos el no quiero verte, el rostro que ignoramos, los sentimientos que no nos place escuchar, somos el reproche, la locura, la mentira y la hipocresía. Somos la desilusión, el desencanto y la tristeza. Somos la persona a la que no querrán ver, como los otros son quienes queremos perder por siempre en los caminos de la vida. Somos dueños de los desencantos como también los que han desencantado. 

<<Somos...muy polares >> concluí, sonriendo maliciosamente mientras avanzaba el viaje. 

Y contrariamente a lo que creía en un comienzo, perdida en el hormigueo de la peatonal, entendía que quizá, algunos privilegiados, sean tanto el suelo como el cielo de alguien más. Sean además la discusión seguida del abrazo, el reproche consecuente al encuentro, la desnudez pero también la vestimenta. Sean el sentimiento de saberse en tierra firme y la gratitud de aquellos eventuales terremotos.  Sean el balance. Porque, en definitiva, somos todo

Y especialmente somos todo entre todos, todo el tiempo. 

domingo, 15 de febrero de 2015

Sólo un momento

 Hay momentos en donde creer que las cosas van a ponerse mejor, cuesta. Y cuesta mucho.  Hay momentos en donde vemos que la repartija es injusta y quisiéramos que nuestras propias bases en algún momento fueran más allá de tan poca justicia, de tantas pocas respuestas.  Hay momentos donde sentimos de todo, y principalmente, momentos donde sentimos rabia por ese " de todo" que nos araña, nos pone a prueba y nos saca las ganas.  ¿Qué hicimos mal? ¿A quién defraudamos, a quién cagamos? ¿De dónde parece venir toda esta incertidumbre? Ésas son las preguntas que nos hacemos, a falta de respuestas. 

Ante todas estas situaciones, y ante todas estas emociones, no me queda más que la salida del progreso. La salida del progreso, implica, para mí, el estudiar. Así, cuando siento tanta frustración por no encontrar los modos de ayudar, por no encontrar los modos de abrirles los ojos a los demás para que ayuden, ni siquiera por encontrar algo de sosiego en cada cosa... Estudio.  Cierro los ojos, planto el traste en la silla, y estudio. Estudio Letras, para mi fortuna, que hace las cosas mucho más felices, que me da esperanza, que me da un poco más de fuerza de voluntad a la hora de operar todos los cambios que hagan falta. ¿Si podría haberla abandonado, pensando en todo lo que pasé desde que la elegí? Sí, de hecho, me sorprendo de mi misma por la flexibilidad que demostré sacar de adentro, cambiando todo lo admisible, antes que dejándola ir. 

Por eso cuando me siento rara, frustrada, desanimada, indignada y preocupada; junto toda esa sed de más, de progreso y le añado también esa urgencia que por momentos me invade... Y estudio. Y trato de no quejarme porque tarda el colectivo, sabiendo que se puede estar peor. Y trato de no pensar en si podré seguir o no haciendo mi carrera, sino de disfrutar el hacerla. Y trato de no renegar de las lecturas, porque después de haberme visto lejos de ellas, hoy entiendo que son lo que deseo. Y hoy, precisamente, con el trabajo que implica esta posibilidad, la tomo como un privilegio y siempre, siempre, siempre, se lo recalco a mi papá cuando él advierte que ya me comprará la cartera tal o el par de botas cual.  

De verdad, tal como le digo, creo que las botas, las carteras y todas estas cosas, van a seguir estando cuando me reciba. Que el recibirme, y el estudiar como lo estoy haciendo ahora, es propio de este hoy. Que por lo material jamás lo dejaría de querer, si a la vez, veo su sacrificio todo el tiempo para que sea la princesa de mi casa. Para que tenga mi té preferido, el café que me gusta, mis galletitas preferidas a la mañana o todos esos detalles que para mí le dan forma a todo. Y me indican que sí, que esta es la buena manera de hacer las cosas. "¿Te cuesta levantarte tan temprano? " me pregunta mi mamá. Yo lo pienso y antes del religiosísimo sí, le digo que no. Hay cosas que a ellos dos, hoy en día, le cuestan mucho más que a mí ponerme el despertador y levantarme un poco más temprano para agarrar a horario los colectivos y poder llegar con tiempo.  Cosas que se reflejan en el esfuerzo, en el sacrificio y casi todas las veces en el priorizar mi progreso antes que todo. Realmente, que todo. 

 "Yo no te puedo dejar plata, ni una casa, ni siquiera el habernos ido los dos de vacaciones - me dijo mi papá el otro día - pero te quiero dejar estudio ¿me entendés?". ¿Y cómo no entenderlo, no? ¿Y cómo no querer cambiar la historia? ¿Y cómo no querer progresar?  Cómo, tampoco, que alguien me diga cómo, no soñar con que todo esto es un momento; con que este momento va a pasar, con que vendrán momentos muchos mejores, con que finalmente el horizonte se mostrará un poco más laxo para nosotros. 

Y ahí sí lloverán carteras... Carteras para ser usadas con contenido en la cabeza, con conciencia, con paz.

viernes, 13 de febrero de 2015

Semana dos

Una semana después, a nivel académico, el panorama es otro. Más lecturas, los primeros e inevitables atrasos y además la primera instancia de "evaluación" ya rendida. Es otro, principalmente, porque sigue la predisposición para salvar las distancias con mi generación. Distancias que por momentos me parecen inabarcables y que, en los momentos que más me gratifican, se hacen aunque sea un poquito más pequeñas. 

La semana pasada mi compañero había agarrado todas sus cosas y se había cambiado de lugar. Realmente al comienzo me sentí muy desanimada, justamente, por todo lo que estoy poniendo de mí para que se me abra el abanico en materia social. No voy a intentar pertenecer a donde no pertenezco, siendo redundante, pero sí quería y quiero cambiar de mecanismo social; por el simple hecho de no quedarme con lo mismo con lo que toda mi vida me he quedado: las relaciones más fluidas con gente más grande que yo. 
Si bien mi generación no es fuente amplia de satisfacciones para todo lo que sea mi comodidad, me decidí a intentarlo. No todos tienen que ser tan malos, tan superficiales y tan inmaduros. "Debe haber alguien que me comprenda" pensé, y respiré hondo desde hace ya dos semanas, cuando empecé a cursar con gente más chica que yo, incluso. Si bien, también, desde pequeña tuve experiencias desagradables con mis contemporáneos, esta vez, dije ¿por qué no? Así, cuando este muchacho juntó sus cosas y me miró como quien estuviera mirando a una persona que no tiene humanidad, ni sentimientos, ni miedos propios, me generó impotencia. Me enojé un rato, otro rato, y para la noche había decidido que si había alguna razón, el problema era suyo y no mío. 

La semana transcurrió sin mayores sobresaltos. Me hice más cercana a un chico que me cae bien y al que le llevo los dos años que me llevan casi todos. Me pareció amable, educado y atento, por lo cual, las conversaciones académicas en principio y personales después - siempre en un tono súper inocente - se dieron con facilidad. Facilidad incluso para mí, lo cual rescato. Ahí fue cuando descubrí que "Don Mudanza" - así lo llamaremos - era amigo de este joven sociable. En una actitud sumamente defensiva no lo traté ni mal ni bien, sino que lo ignoré, más allá de que en la semana se sentó a mis alrededores. 

Hoy, en el intervalo, habiéndose sentando detrás mío el chico sociable me acerqué a saludarlo. Intenté entrar con un chiste que por suerte, no me abandonó y me propició una integración más amena. Don Mudanza también se rió y ahí entendí que si me miraba así en clase, en los recreos o cuando estaba con otros; incluso si se cambiaba de lugar, era por timidez. Don Mudanza es tímido, muy tímido, y parece, lo asusté un poco.  Esta reacción, no puedo evitarlo, me llenó de preguntas . Conforme a esto, y para dejar a un lado la molestia inicial y el mal pie, lo miré, le hice otro chiste y volvió a reírse. 

- Vos estás en el sector de los inteligentes - lo cargué 
- Estaba muy desconcentrado - me miró, y enseguida bajó la vista 
- El salón está dividido - acotó el joven simpático - En tu lugar participan todos, están re despiertos - le dijo a él - Nosotros estamos más dormidos - me miró a mí, buscando asentimiento. Lo acompañé, porque no le faltaba razón. 
- Parece que también hay internas acá - sonreí - Ustedes son como las dos facciones paralelas de los peronistas dentro del mismo gobierno, eh - murmuré, relacionándolo con el tema del día. Así, cuando Don Mudanza parecía irse en dos segundos más, se rió más francamente y se terminó de instalar en la charla.  Le pregunté su nombre. Confirmé que estudia Letras como yo. Creo, me lleva dos años. Por lo menos, incluso, me miró directamente un par de veces a lo cual intenté con toda mi benevolencia no ser hostil. Le sonreí y, digamos, se inició un período de empatía. Enderezamos el pie.  <<Bien >> me dije, y sonreí, satisfecha. 

 Durante la clase, mientras el docente me atiborraba la cabeza con ideas sobre historia nacional y demás cosas, el ángulo de ubicación que tenía me daba como resultado una paradoja impecable: podía ver a un compañero de treinta y tantos con el que conversé sin dificultades y a Don Mudanza, con quien las tuve todas, a la misma vez. Podía, hilando un poco más fino, comparar. Podía pensar, al menos por fuera, qué era lo que me hacía sentir atraída de los de treinta y tantos - aunque no es el caso actual - respecto al canon de Don Mudanza. <<¿Qué es lo magnético? >> me pregunté, y acto seguido me detuve a comprarlos estratégicamente, como si fuera un estudio de mercado; el peronismo me aburría después de tres horas. 

Si bien pienso que no todo es superficial, que hay cuestiones más básicas, más humanas y más hondas - tan hondas como personales de mi vida -, las cuales me llevan a tener una mentalidad quizá para muchos más madura que para la generalidad de las dos décadas, estaba vez apelé a lo más banal que hay en mí.  Mientras que por un lado había una cabellera tupida, casi del mismo color que yo, por el otro había una cabellera un poco más relegada. Cuando por un lado había tatuajes, camisa, pantalón color marrón claro y zapatos, por el otro, había una remera negra con el logotipo de una banda y unas bermudas de jean. Mientras que por un lado había barba candado, por la otra parte había una barba de tres o cuatro días, con chiva estratégicamente cortada. Mientras por un lado imperaba la timidez, por el otro, la timidez iba acompañada de ojos oscuros y el apodar criaturas a chicas de diecisiete años. Cuando por un lado se podía ver la intención de parecer un hombre joven, por el otro se sabía la naturaleza del ser joven, sin ninguna otra intención, seguida con ojos verdes y sonrisa Colgate.  

No llegué a ninguna conclusión específica más allá de las indecibles ganas de irme a casa, siendo viernes y habiendo madrugado tanto. 

Cuando por fin pude salir, ya más relajada, Don Mudanza se me acercó con lo que percibí fue una creciente dificultad a hablarme, mientras yo esperaba a otro compañero para bajar juntos. Le respondí, y sonrió, mientras agachaba la cabeza un segundo después.  Sólo me hizo una pregunta con ánimo de réplica, a la cual contesté sociable. Me dió ternura, esa es la verdad, pero esa ternura que no habla de subestimar al otro, sino de intentar entenderlo y ponerme en sus zapatillas, en este caso.  Ni bien terminé y sin darme tiempo siquiera de asentir con la cabeza, me saludó dándome un beso y desapareció, cuasi espantado.  

Valoré su esfuerzo, la verdad. Me hubiese gustado decírselo. <<Nos vemos el lunes >> alcancé a decir. Será para la próxima. 

martes, 10 de febrero de 2015

Jardines

Los niños dan una felicidad especial, siempre lo he sentido así. Pero su pequeña hija es de esos pimpollos que siquiera sin haber dado la flor esencial, ya embellecen los jardines de todos. Incluso el mío, que sólo aparece de vez en cuando en vista pero que tieñe todas sus parcelas a disposición suya. 

La ternura se desplaza en una platea. Nosotras dos tomamos el té en su mesita rosa. Ella lo servía, por supuesto, y yo me moría de amor en vivo y en directo. El mientras nos observa,a la vez, la mira con tanto amor que es en sí mismo uno homenaje de por vida. Un amor puro, una ternura infinita que no veo tan a flor de piel en todos los padres que conozco y que me da un simbronazo especial. Pensé que los hombres más allá de amar a sus hijos no encantaban a los otros con ese amor, que salía por los poros. Yo pensé que jamás iba a poder percibir con sólo mirarlo unos segundos ( sin establecer contacto visual, porque por razones que no conozco me da exceso de pudor), cùan a la vista están algunos sentimientos en los otros. Y cuan profundos son, aún cuando se los percibe en superficie. 

Es mágico como la ternura le toma la cara, le ilumina los ojos, le descansa las facciones y le da fuerza. Fuerza para sostenerse y fuerza para amarla más cada día a su pequeña. Una ternura que lo vuelve pendiente, que lo vuelve otro, que lo hace feliz. 

Una ternura que también a mi, hoy, mientras ella me bautizó como su tía, entre balbuceos ó que se mantuvo tan en paz sobre mi jugando con mi medallita redonda y pasando los dedos por mi pelo; o bien que me dedico esas sonrisas únicas mientras la llenaba de besotes... Me hizo un poco más felíz. Me dio tanto o más energía espiritual que la que andaba buscando. 

Qué lindo es, en estos casos, el género humano. Capaz de las aberraciones más ilogicas pero además, capaz de emanar el más sincero amor. 


domingo, 8 de febrero de 2015

Continuando

Me siento en paz con esa complejidad que implica no necesitar de nadie. Con esto quiero decir, no tener la intención incansable de buscar y rebuscar - incluso abajo de las baldosas - alguien que me haga sentir querida, respetada o valorada, a la manera de un compañero, un programa o una pareja en concreto. 
Creo, sin ir más lejos, que por primera vez en mi vida estoy disfrutando de la circunstancia. Entendí, durante todo este tiempo, que sentirse solo es otra cosa, y además, entendí que muchas veces me sentí sola por la falta de compañía más elemental de todas: la mía. Cuando todo el mundo dice, más allá de lo que pueda o no aplicarlo, que para querer a un otro hay que quererse a si mismo, no creo que esté mintiendo. Mi experiencia, al menos, habla un poco de esto mismo. 

Es satisfactorio y para mi analista sorprendente, esa especie de instinto y de equilibrio que consigo estando más bien aislada, si se compara con la media de la gente de mi edad. Yo asisto a su conmoción y adhiero que estoy mucho más acostumbrada a estar sola que a estar con gente; y que además, no me sirve hacerme de personas que cumplan la función de rellenar. No me gusta jugar con la disposición o la amabilidad de la gente. Nunca he estado con la gente por estar, tampoco pensé que sería bueno tener pareja para no estar sola más allá de que esa sensación de soledad en el pasado era realmente dura.  

En base a estos puntos, por ejemplo, no me veo en la necesidad de buscar una pareja. No veo tampoco que buscar, explícitamente, sea la forma para encontrar lo que yo quiero encontrar, al menos, en el futuro. No veo, ciertamente, que la actualidad sea el tiempo propicio. Veo, sí, que irreductiblemente yo me siento atraída por una porción de gente en particular y que a la vez soy realmente honesta conmigo misma a la hora de afirmar si quiero o si no quiero; porque sé que luego tendré que actuar en consecuencia. No me miento a la hora de sentir, aunque después duela, porque creo que es una de las cosas más importantes de todas. No quiero, y espero que la vida no me lleve a hacerlo nunca, estar con una persona por estar. Yo quisiera, con todo lo que eso implica, querer estar con otro y que ese mismo otro quiera estar conmigo. Y aunque suene fácil, realmente, es una de las cosas más complejas de lograr en la vida, considero. 

Si me dan a elegir, hoy, sin enojo, sin tapujos, sin resentimientos, y sin miedos, digo que no.  Si me dan a elegir, en este momento, siendo parte y también protagonista de tantos cambios en mi vida, yo no creo que sea tiempo, yo no creo que tenga la capacidad de articularme al punto de darle entrada a mi vida a una persona que, excepcionalmente, no haga menos que partirme la cabeza. 

Hace tiempo una conocida de mi familia, amiga de mi viejo y pegada a mí - me pintó un cuadro muy especial - me dijo que sería difícil establecer una relación con una mujer como yo. La miré, sin decir nada, porque creí saber a lo que se refería. "Una mujer que, aún siendo joven, tiene los huevos para enfrentarse al compromiso, y no le importa lo que diga nadie más, siempre y cuando esa persona que te guste te mate". La miré, tímida de pronto, y le dije " Ya tuve oportunidad de corroborar que, cuando quiero, tengo el valor suficiente a pesar de que no me es nada pero nada fácil, para jugarme por la persona que elijo. No cualquiera merece ese valor. No cualquiera lo entiende, tampoco. Tengo que saber cuidarlo. Por eso no me interesa tener novio ahora. No creo que sea este el momento, no hay nadie que lo valga >>.  No rebatió esta formulación. La charla se dió el día de mi cumpleaños y el chiste me salió del alma " No es hora de contradecirme, mujer, que hoy es mi cumpleaños". Se rieron todos y yo me sentí mejor. El humor es una arma que nunca había sabido usar y de la que carecía. Ahora, quizá, en momentos particulares, intento tomar las cosas con humor, o hacer uso de él, según corresponda. El en cumpleaños de mi papá - unos días después -  hablando respecto a cúan diferentes somos mis dos hermanas y yo, aludió: " Ella es una mujer de ovarios, eh, sin dudas. Tiene unos ovarios así de grandes y aun tranquila, una personalidad muy marcada. Já", le dijo, mirándolo a mi papá con esa cara que versa " lo que te espera, querido". Sin saber que lo que quizá espere a mi papá, no es más que para lo que él se está preparando. Secretamente, sin decírmelo, despacito. Y que, por último, esto sea justamente en base a lo que sabe que realmente, en el fondo de todos los fondos, a mí me puede. 

Mientras tanto yo, la única persona que tiene la verdad en temas de mi propio corazón, no siento que sea el tiempo, ni el momento, ni el lugar. No quiero que nada venga a irrumpir en mi neutralidad. No quiero tener cabeza más que para ordenarme en los estudios, no busco ni me interesa nada. Veo improbable el hecho de que algo me movilice al punto de quitarme el sueño. Y acepto que así sea, y todos los días aprendo a vivir con lo que está. Aprendo a ser feliz, o al menos intento serlo, sólo con lo que tengo. 

Está buenísimo no depender de nadie, está buenísimo no ser un lío emocional, no enojarnos por lo que el otro no hace, no sufrir por lo que el otro hace, no darle todo a un tercero. Y está buenísimo saber que podamos dar el corazón sin tapujos, pero aprender a reservarlo cuando lo consideremos. Hay quien dice que el amor está a la vuelta de todas las esquinas, y a mi ver, más allá del idealismo que lo vuelve bello, uno no dobla a la vez por todas las esquinas. 
Uno camina y va viendo. 

viernes, 6 de febrero de 2015

Semana uno

Pasó, sin más y de manera oficial, mi primera semana de clases. Realmente ahora, en la comodidad de casa, un ventilador de techo y la calma después de mis matecitos de viernes, logré relajarme.   

Todavía es pronto para hacer balances generales, pero al menos haré el balance de la semana. Una semana es, en la mayoría de los casos, muy poco tiempo para todo o al menos, muy poco tiempo para mí en algunos aspectos. Las clases del curso previo que estoy haciendo me caen bien. Tenía ganas de estudiar, esa es la verdad. Sentía que me faltaba algo y ansiaba recuperarlo, porque el vacío no se llenó durante todos estos meses fuera del mundo de Letras. Ahora, habiendo vuelto a elegirla, el panorama es otro y aunque sea otra vez un período de inserción - otra vez todo lo que para mí implica -, por ahora, no quiero quejarme. Me enfoco en lo que me gusta, que realmente, es mucho.  
Me gustan las aulas, la limpieza, los cuadros de Cortázar, las pinturas de Xul Solar en los pasillos hasta el aula que me toca. Me gusta que la política esté centralizada sólo en un sector y que sean un gran porcentaje menos invasivos que lo que era antes, en mi anterior experiencia. Me gusta que me quede muchísimo más cerca de casa - y me deja mejor parada a la hora de organizar todo mi día - me gusta, tal como me queda cerca, poder leer con más tranquilidad. Me gusta que a pesar de madrugar mucho - porque me tardan bastante los dos colectivos que tomo - sólo sean dos colectivos y en una de esas, me quede tiempo para un cortadito en el bar. Me gustó esta primera semana, y por encima de todo, traté de poner la mejor predisposición posible. Aún sabiendo que, en otros aspectos de mi vida, las cosas están hechas una madeja de complicaciones y ramificaciones de más problemas. 

Lo que no me encontró del todo satisfecha, es la gente. Otra vez, la gente. La disparidad que propone, lo impredecible de ellos y esa sensación recurrente que me asalta siempre que constato empíricamente - es decir por medio de la experiencia - que tratar con gente más grande que yo me es realmente natural y encontrarme con chicos de mi edad es lo más acortonado del mundo, por momentos. No se dan una idea de lo incómoda que me siento, de lo... "raro" que me parece. De lo que me cuesta congeniar, congeniar de verdad. En el afán de balancear el asunto, intento superarme cada día. Juro, estuve haciendo muchos esfuerzos por ser sociable, inicié conversaciones, me mostré dispuesta y conté algunos trozos de mi vida.  Solo que... No sé siquiera como explicarlo. 

Particularmente, esos momentos de la película, a pesar de todo,
me siento como si yo estuviera siendo retratada.
Y no solo por la similitud del pelo y de los ojos. 

Hoy particularmente hubo algo que detonó mi mal humor y me desvió del camino de la buena predisposición. Todo empezó porque adelante mío se sentó un muchacho, de aspecto joven. Un pibe, por decirlo así. Por esas cosas de la vida quedé sentada al lado suyo y ni bien me aproximé a su zona, se puso particularmente incómodo. La cuestión aquí radica en que algunas de las actividades tienen formato grupal, y por ello, intento poner la mejor voluntad a la hora de no sumarme obstáculos.  

- ¿Había que hacerlo todo el trabajo? - le pregunté, a pesar de saber que no, sólo para sacarle charla y demostrarle que no, efectivamente, no muerdo; y que tampoco hacía falta que me mirara de reojo como si fuera un fantasma. 
- No - murmuró, mirándome apenas. Le sostuve la mirada fugazmente para no intimidarlo - Había que hacer estos dos puntos - me señaló. 
- Ahh... - sonreí - Entonces no me equivoqué - lo miré, intentando ser amable - Muchas gracias - le dije y me concentré en lo mío. Otra vez, miradas de reojo que yo intentaba evadir. Me concentré, asimismo, en mirarlo mejor... Con sorpresa me dí cuenta que era un chico lindo, asistiendo a mi propia conmoción. Tenía la sombra de la barba oscura, el pelo a juego y unos ojos claros que mezquina muchísimo, pero que valen la pena, o eso creía. 

Esa fue, como la transcribo, toda la conversación. Pasó un momento más y llegó la hora del trabajo grupal, pero antes, hubo una lectura comprensiva donde miró intensamente todo lo que yo estaba subrayando de los textos. Supongo, se sentiría algo acomplejado por no haber leído. Cuando llegó la hora de hacer el trabajo, efectivamente, junté mis módicas fuerzas y después de asegurarme que no me iba a morder, accioné. 

- ¿Vos querés hacerlo solo el trabajo? - lo miré - Porque si querés podemos hacerlo en grupo - sugerí. 
- Es que - se quedó callado - No terminé de leerlo - intermitente me miró 
- Ahhh, está bien, no hay drama - sonreí - Yo te decía por las dudas... 
- ¿Vos lo leíste? 
- Sí, lo leí - respondí - Igualmente, no es un texto complicado. Vas a ver que lo lees y lo vas a entender - insistí. No me respondió nada - En fin, no pasa nada - añadí en todo casi inaudible. Tampoco rebatió mi comentario con nada. Me callé y junté toda mi tolerancia para soportar la falencia tan grande que tengo con mis contemporáneos, concentrándome en el trabajo. 

Llegó el momento del intervalo y nos levantamos de nuestras sillas. Él salió y yo hice lo mismo. Me quedé mirando obras de arte que hay expuestas en el pasillo, disfrutando porque son de uno de mis artistas favoritos. En ese momento, se me acercó otro muchacho a hablar a lo cual respondí y con el cual, de hecho, inicié una laaaarga conversación. Conversación donde se sumó otro chico que simpáticamente me tendió la mano y reconoció ciertos orígenes de mi nombre. Ese chico me pareció el más sencillo y a su vez, el más transparente de todos, por lo cual, enseguida me dispuse a comentarle más o menos a qué venía el cuento, como para que se integre, cosa que no le costó. Más compenetrada y menos tensa, por esas cosas que tienen los intervalos universitarios, miré para mi costado; otra vez, cerca de las obras de arte y encontré otra vez, mirándome ahora sin tantos tapujos, a mi compañero de al lado.  Correspondí a su mirada con un chispazo discreto, pero persistente y segundos después retomé la conversación. 

Cuando volví del intervalo, dispuesta a seguir con mi trabajo, caí en la cuenta que ya no tenía más compañero de asiento. Que se había mudado, específicamente, y que se había sentado en el fondo de la fila donde estábamos, aprovechando el espacio que se había liberado conforme se habían traslado fuera todos los demás. Cuando instintivamente miré para poder determinar cuál era mi asiento, lo veo conversando tan ameno, suelto y entretenido. Reparó en mí un segundo y siguió conversando. Era, realmente, otro pendejo distinto. Mucho más abierto, receptivo y, hay que reconocerlo, usualmente simpático... Al menos, con todos los demás. 

Así, mientras lo escuchaba participar en clase con precisión, pletórico de aciertos, lo miré con desprecio y me ubiqué en mi silla. <<Estúpido >> pensé, indignada, porque tampoco hacía falta cambiarse de fila para seguir ignorándome.  No es, aunque él no lo sepa ni lo vaya a saber nunca, la primera vez que me siento despreciada así, como si mordiera, como si intimidara, como si fuera un bicho raro; cuando realmente no tengo ni por lejos un aspecto amenazante. Su actitud me recordó bastantes otras cosas que hicieron la última parte de la clase bastante larga. Cuando salí, y me encontré con algunos chicos más en la parada del colectivo, e incluso me tomé un colectivo con uno, y charlé todo el viaje, intenté dejar pasar el suceso. Pero aquí estoy, contándolo, y volviendo a afirmar - aún después del extenso recorrido del maldito colectivo "opción dos", que soy realmente torpe para incurrir en las relaciones sociales. Y que, además, no creo encontrar nunca a nadie que me comprenda bien, en ningún sentido. Ni siquiera, para hacer un trabajo práctico. 
 El chico con quien compartí el bondi, para mi desagracia, tuvo la preciosa idea de querer levantarme, por decirlo así. La primera cosa que hizo mal, además de la arrogancia y el uso de un vocabulario que le sonaba inadecuado si se notaba que era forzado, fue regalarme algo. 
Lo cual rechacé, sin perder la buena educación, eludiendo una vez más esa maldita fijación que tienen muchos tipos de intentar entrarme nada más que por las cosas materiales; desde grandes propuestas hasta insignificancias. 

¿Será que es irreivindicable mi falencia en términos de socialización? ¿Será que toda la gente a la que intento acercarme, que no ronde la frontera de diez años de diferencia por delante, me mire como si mordiera? ¿Qué es, carajo, lo que resulta tan amedrentador? ¿Qué es en lo que estoy tan errada? ¿Qué tengo que, parece, no me sé expresar bien, al punto de que nadie entiende especialmente lo que digo? ¿Por qué tantos extremos? 

Incluso, una vez que el primer pibe se fue, busqué estéticamente una posición para ver el reflejo de mi cara y de mis ropas. En ninguno de los dos casos tenía nada, visible al menos para mí, que espantara a la gente de mi alrededor. 

A casa llegué desanimada. 

miércoles, 4 de febrero de 2015

Pasión

 Me hago un tiempo corto, ante la inminencia de mi presente estudiantil. Decir que está transcurriendo mi primer semana en una universidad nueva, sería tener que profundizar sobre el tema. Y, a decir verdad, estoy siendo más partidaria del vivir para contarla. 

Sin embargo, en medio de esa sensación de barajar y dar de nuevo, me encontré con Lorca en la tranquilidad de casa. Federico García Lorca y Bodas de sangre, una de sus obras teatrales escrita en 1933.  Hay, siendo concreta, dos fragmentos que me parecieron muy intensos. Intensos desde lo que yo podría decir impecable, porque da esa sensación de que te lo estuvieran contando y de que uno también podría vivirlo, de que alguna vez, todos iremos a sentir así.  Intenso desde lo perfectamente aplicable, desde el desborde que implica la pasión, en consonancia al amor. Intenso desde lo que realmente es, básicamente, más allá de cuantas adjudicaciones puedan hacérsele en nuestros tiempos.   Intensidad, sí. 

A veces viene bien una cucharadita, aunque sea con procedencia literaria. Espero que la disfruten tanto como yo... Comparto ambos fragmentos para que además, Lorca nos llegue un poquito más, nos acompañe un centímetro más de cerca. 

"Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y el dejarte despierta noches y noches? ¡De nada! Sirvió para echarme fuego encima. Porque tu crees que el tiempo cura y las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque! (...)"
(acto primero, cuadro segundo)

"NOVIA. ¡Porque yo me fui con el otro, me fui! (Con angustia.) Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera,y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío, y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!, yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, aun que hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos.”
(cuadro ùltimo)

¿Qué les parecen? ¿Les dió esa sensación de exceso, de pasión y de desboque? Es interesantísimo hacerla propia más allá del tiempo y de nuestro presente. Eso, a mi ver, constituye una de las tantas aristas mágicas que tiene la literatura. 

domingo, 1 de febrero de 2015

Premio Parabatais

El señorísimo Demiurgo de Hurlingham, lector histórico - sin exagerar - de éste blog y otros tantos blogs que he tenido a lo largo de este último año, me ha premiado por segunda vez. Creo que una buena pauta para empezar el segundo mes de éste año, es hacerlo con un premio bajo el brazo. Me he premiado, digo, de una manera mucho más específica, que no es ya su lectura diaria, sus comentarios de siempre ó sus acotaciones elocuentes; siendo esos los verdaderos premios.

 La consigna que propone, tal como él mismo la cumplió, es una que ya conocerán quienes estén habituados a este mecanismo de los premios bloggers. De lo contrario, explico: se trata de responder diez preguntar y pasar el premio a otros diez blogs. Dentro de mis posibilidades, haré lo que esté a mi alcance para pasar los premios. Espero que todo llegue a su destino en ese aspecto que detallaré más abajo... ¡Ahora, a responder! 

1) Libro que más te ha gustado
 Mi novela favorita es Rayuela, de Julio Cortázar. El libro de poemas que más me he gustado, por comprimir a mi ver los poemas que yo más siento, se llama " El amor, las mujeres y la vida" de Mario Benedetti. Hay, sin embargo, muchas otras novelas y muchos otros poetas que me pierden... Pero al elegir estos dos, no me salgo de lo que realmente me mueve por dentro. Y me mueve todo, a decir verdad. 

2) Autor que te guste 
Julio Cortázar, me encanta. Debo decir que, a pesar de ser mi favorito en todo el mundo, lo leo con la mayor humildad posible, siempre añadiendo que me encanta dentro de lo que conozco y lo que he experimentado. Porque no leí todo lo que hay publicado de él - aunque ya quisiera -  y porque hay cosas que tuve que volver a leer, porque hay cosas que no he entendido, y porque hay cosas que me han enamorado. También elijo a menudo, muy a menudo, autores como Benedetti, Quiroga, Vilariño, con raíces uruguayas.  Y tengo que reconocer que estoy recortando lo mejor posible el radio... Todos tienen lo suyo... 

3) Libros que hayas leído más de una vez 
Bueno, bien... Por lo general, cuando estoy leyendo, no soy de leer rápidamente. ¿Qué quiero decir? Que cuando leo muchas veces una misma historia - un mismo libro - o cuando miro más de dos veces una misma película, es por algo. Algo tiene para mí, inexplicable, que me hace volver a repetir esos pasajes que después de la segunda lectura, me sé un poco de memoria. Dicho esto, el libro que más leí fue La tregua, de Benedetti y Rayuela, de Cortázar. Son, por decirlo así, dos libros fundacionales en mi vida. 

4) ¿Preferís libros electrónicos o los de siempre? 
No, sin dudas, prefiero el papel. Más allá de que, prácticamente, todo lo que vengo leyendo últimamente lo estoy haciendo desde mi libro electrónico, yo soy partidaria del papel. Para mí el libro como objeto es algo precioso y con mucha mística. En mi habitación, más allá de todo lo que se pueda esperar, tengo todos mis libros distribuidos en una biblioteca y otra más pequeña, a su lado. Siempre todo quien entra advierte que hay muchos libros, sorprendiéndose, y que me ocupan mucho espacio. A mí  me dan una sensación de calidez y de armonía  y creo que esa es una de las cosas que nunca va a poder equiparar la tecnología. 

5) ¿Qué géneros literarios preferís? 
Por lo general, no discrimino. A excepción de algunas modas eventuales o de algunas sagas específicas - como 50 sombras de Grey, donde no pasé del la primera parte del primer libro, porque me pareció una porquería a nivel literario - no tengo géneros preferidos. Me gustan las novelas que hablen de la vida cotidiana, que profundicen en la psicología de los personajes, que incurran en temas políticos donde los efectos se vean en el día a día de los más comunes. Me estoy haciendo la pregunta del millón... ¿Qué género sería, no? Lo que nunca he leído, y prefiero evitarlo, son esas novelas de terror y en especial, terror psicológico. Se cuán persuasivos pueden ser algunos autores y cuán imaginativa puedo ser yo... :P 

6) Libros que me gustaría leer. 
 Ummm... Bueno, a ver...  Digo algunos... ¡Es que hay tantos libros lindos por leer! 
  1. El último libro de Lorca que me cayó del cielo, de Gregorio Pietro, llamado Lorca en color.  Es más una experiencia integral de lo visual y lo literario y me parece bien como para introducirme más en el mundo de Federico. El romancero gitano, definitivamente, entra en el combo "leamos a Lorca, por favor". 
  2. Cien años de soledad, y El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez.  He leído cosas suyas, algunas me han gustado muchísimo. Creo que merece la pena vérmelas con sus clásicos. 
  3. La divina comedia es una cuenta pendiente para mí. El PDF me mira desde mi libro electrónico y yo lo miro, no sintiéndome preparada para entender un libro tan complejo. Necesito un gurú, un guía... Según lo que sospecho, lo trataré en la carrera... Pero además, según lo sospecho, querré leerlo antes y tendré que hacerlo a pesar de no entender nada, o creer que no entenderé nada, para ser más precisa. No pido nada yo, lo sé. 
  4. La correspondencia completa de Julio Cortázar. Juro que cuando me la pueda comprar, no le saco los ojos de encima. Todo lo que estuve leyendo - un día me acomodé en El Ateneo y perdí - me pareció genial. 
  5. Y, para finalizar, algo del señor Sartre. De verdad, La náusea para empezar creo que sería algo bueno. 
7) Ciudad que más te gustó visitar. 
 Recientemente, no visité ninguna ciudad. El último viaje que hice, fue para pasar un día en una quinta, con el suegro de mi hermana, y toda la familia. Sin embargo, casi me caigo de nuca cuando en mis vacaciones del año anterior, conocí Río de Janeiro. Fue un gran regalo de mi hermana. Yo no conocía el mar. 

8) Ciudad que me gustaría visitar.  
Ummm, más allá de que hay ciudades que quiero visitar, en realidad, abundan países que quiero visitar, en los cuales querría vivir, de hecho. Uno de ellos es Francia, París, en específico. El otro lugar es España, Madrid, en específico. ¿Algo más cerquita? Montevideo, Uruguay. Uno de los mayores deseos que tengo es que Dios y la vida me permitan viajar muchísimo. 

9) Lo que más me gusta de tener un blog
 Escribir, sencillamente. Poder decir lo que quiero decir, poder expresarme.  El agregado de que alguna persona, aún en el punto más remoto del mapa, se tome un tiempo para leerme... Es increíble. Eso va más allá de gustar. 

10) Lo que menos me gusta de tener un blog 
Que dejen de escribirlos, abruptamente, porque a veces hay gente que lo hace tan bien que después extraño. Que se creen blogs en favor de conductas destructivas, que se juzguen negativamente - si no gusta el contenido, se puede no leer sin herir al otro - que se copien los blogs y los textos que hay en ellos. Y, aunque esto suene un poco elitista, que se escriban con muchas pero muchas faltas de ortografía o errores de gramaticalidad, de sentido o de sintaxis. 

Algunos de los elegidos para seguir el premio, si es que gustan, son. Como sabrán, hay muchos a quienes por mis constantes mudanzas les he ido perdiendo el rastro. A medida que nos vayamos reencontrando, no me alcanzarán los dedos. (El orden de los factores no altera el producto...)
  1.  La pluma bastarda 
  2. Estrellita Pequeña 
  3. Hiperbólica 
  4. Amapola 
  5. Utopía en días rojos 
  6. JLO 
  7. Nanna 

Muchas muchas gracias de nuevo, al señorísimo Demi.