miércoles, 29 de enero de 2025

Ayer, hoy, mañana

 Esta semana no fui a nadar aún. Sucede que el viernes pasado fui, y el domingo pasado estuve en una pileta con mis sobrinos, por lo que no tuve muchas ganas de nadar. 

Sin embargo, mañana o a más tardar el viernes creo que me va a tocar ir. Lo siento en la espalda, en las rodillas y principalmente en la calidad de sueño. He tenido malos sueños, aunque no en calidad de pesadillas con cosas raras. 

El día de ayer, cuando terminé de trabajar, traté de desconectar. Fue un día muy pesado. Tuve reunion, temas, quilombos. Fue de esos días donde no soportas más a la gente, ni a los problemas de la diaria.  Obviamente, ni me obligué a ir al club y me dije que si me quería quedar en casa me podía quedar.  Así que me quedé y escribí para sentirme mejor. 

Hoy me desperté después de tener una pesadilla que me sobresaltó. Por suerte pude volver a dormir. Un rato después me vino a despertar mi gatito y para mi sorpresa quería morderme los muslos para despabilarme. ¡Un atrevido! 

Estuve trabajando con cosas relacionadas al cierre de impuestos, facturé algunas cosas, mandé bastantes emails y me tomé unos diez o quince minutos en generar unos volantes electrónicos de pago en AFIP (ahora ARCA), para mi mamá y pagárselas, cosa que me llevo un ratito. Después, le analicé la cuenta corriente. Me fijé si podía acomodar saldos y chequeé qué todo se correspondiera.   Mis viejos son monotributistas y si bien le pagan a un contador, hay otras cosas que yo les resuelvo como la facturación, las cuentas corrientes de ellos dos y el control de los topes para la recategorizacion. El resto, lo hace un contador muy amoroso, que sabe que yo estudio esto y siempre me explica todo y siento que un poco aprendo en cada contacto. 

Terminar de ayudar a mi mamá fue un alivio.  Entiendo que quizá lo que para mi se resuelve en dos minutos para mi mamá es difícil pero me cuesta ayudarla porque me contradice y quiere hacerlo ella, y se queja que no anda, pero quizá esta poniendo un dato mal... Así que me junto paciencia y paciencia y me enfoco en hacer las cosas bien y en poner el conocimiento en función de la calma. 

Ahora, ya es de noche. Mi gatito descansa a los pies. Ya le di sus besos de buenas noches y sigo contorsionada porque se ha puesto como quiere. 

Espero dormir bien. En algún momento escribiré sobre estos sueños... 

Para ir cerrando

 (2015) 

Sabé que, incluso estés haciendo lo que sea que estés haciendo en este momento, yo te perdono. Incluso te perdono si algún día volvés, incluso me perdono a mi misma por la forma tan torpe en la que te aceptaría y te rechazaría, porque seguís siendo un hombre al que quiero ver feliz y yo sigo siendo una persona tendiente a la felicidad en mi camino, pero no desembocamos en la misma coordenada uno y el otro.  Y veo que las dos cosas juntas son imposibles.  Y yo y vos para mí, somos el otro nombre del problema. Somos el seudónimo de la falta de estabilidad.  Entiendo que la inercia te ayude a vivir, porque hoy es también mi alimento. Entiendo que quieras rehacer tu vida como la sociedad manda, que quieras tapar todo con lo que tendría que ser y no con lo que sin importar, se cuela por los rincones. No me gusta ser el resbalón en tu vida pero a la vez entiendo que no tenés la cara para plantarte ante vos mismo, no ya ante los otros, sino ante tu propia interioridad, para reconocerte. 

¿Sabés lo complicado que es para mí, siempre ver otra cosa en vos, y luchar por creerme la apariencia? ¿Sabés lo difícil que es haber aprendido a vivir con esa infinita cosa no dicha entre nosotros? ¿Sabés lo que significa para mí haberme tenido que bancar todo lo que soporté, porque era lo correcto? ¿Sabés cuantas veces quise cagarme en lo correcto?  ¿Sabés lo que me gustaría hablar con vos? 


(2025) 

Hace diez años le escribía ésta carta, que nunca le dí, a Javier. Estábamos distanciados, él ya salía con ella, yo había elegido no hablarle, y esquivarlo en todos los sentidos posibles porque consideraba que con eso lo estaba ayudando. Sin embargo, en secreto, éstos eran mis sentimientos durante el primer año de unos ocho que pasamos sin hablar. Estas eran las reacciones mientras Javier insistía en hablar, aún llegando a mandarme mensajes que dejé sin contestar porque no podía vivir con ese dolor. 

Una de las primeras cosas que me reprochó ocho años después, cuando nos reencontramos para charlar, fue que yo lo había ignorado. Me preguntó cómo había sido capaz de hacer algo así, cómo lo había ignorado de una forma en que le parecía no existir para mí. Me dijo que no podía creer cómo hacía eso. "No me hablabas, ni siquiera me mirabas, era una indiferencia total, me costaba mucho eso", argumentó, indignado. "A mi me costaba más hacerlo, Javi, pero en su momento te aseguro que era necesario. Yo no podía hablar con vos". "¿Por qué?". "Porque no, estaba todo ahí, había un gran desacuerdo, habían pasado muchas cosas", le expliqué. "¿Y ahora?" "Ahora ya está. Ya pasó todo", le dije. " ¿Me vas a hablar? ", me preguntó. "Sí, podemos hablar, obvio, no te voy a gruñir", dije. "Me gusta que hablemos así, que me cuentes. Hace mucho que no hablabas así conmigo", comentó, un rato después, mientras le contaba una anécdota con confianza. 

Ahora, que planeo sentarme a hablar con él para decirle que ésto se terminó, siento que otra vez me quedo sin palabras. No voy a ignorarlo, no me voy a enojar, ni nada de eso. No va por ahí. Yo no quiero que todo termine mal, en drama de nuevo. Sólo quiero evitar un dolor mayor, la costumbre de nadar en un mar turbio de mentiras, engaños, y todo ese tipo de cosas. 

Hace un tiempo, Javier siempre me dijo que si yo tenía dudas sobre ésto, siempre me iba a escuchar y que le parecía perfecto que yo le dijera lo que me parecía, porque su intención no era hacerme sentir mal, sino, más bien, todo lo contrario.  Quería que disfrutara, que la pasara bien, dijo. 

Y si, la hemos pasado bien físicamente. ¿Quién sería capaz de negarlo? Ninguno. Pero... Creo que he llegado a un punto donde no quiero sostener más esto, que si bien no sostengo, al mismo tiempo, sí sostengo desde la energía mental, y ocasionalmente, desde el disfrute del cuerpo y el sexo como un medio de contacto, intercambio y desahogo de cosas que nunca vamos a resolver bien.

Dudo, hoy en día, acerca de volver a acostarme consigo. No estoy segura si pueda hacerlo. Siento mi cuerpo apagado, un poco aburrida del mundo. Todavía dudo si decírselo, si no, pero me resulta muy necesario ponerlo en palabras. Darle un corte. Poder elaborar un final concreto, charlado, para mi propio recorrido. No tanto por él, sino, realmente, por mi. Porque creo que realmente necesito poner con palabras un límite, escucharme poner ese límite, sanar a través de ese límite.

 Tal como le dije: " mudate bien de oficina, pasá bien tus vacaciones, y el resto en otro momento lo revisamos". 

Veremos. 

martes, 28 de enero de 2025

"Los mismos giles de siempre, a los que nos han abandonado un montón de veces, y nos hacemos los tontos"

Primero me agarra bronca contra él. Pienso qué hijo de puta, para qué me cuenta si no es necesario, si yo en un 90% de las veces no inicio la conversación, si no le voy a tocar el timbre un día cualquiera, si sabe cómo soy, si sabe con quién está y sabe a quién le está haciendo ese comentario.  Me dedico a odiarlo, además, por la forma en que me lo cuenta, por la truchada que representa tanto para ella como para mí.  Mastico despacio la rabia durante ese rato, siento la bola en el pecho y pienso qué hijo de puta, para qué, para qué quiere que lo sepa, si yo solamente garcho con él de vez en cuando y si ese es mi trato. ¿De verdad sigue empecinado en meterme dentro de ese agujero que es ser la amante? ¡Dale, para qué, por qué esa necesidad de tenerme ahí, como si fuera suya, y no bancarse que yo no soy de él por unas vueltas! ¿Para salvarse de qué, para excusarse de qué, para avisarme qué? Especialmente, porque después de decirme que se va de vacaciones con ella, me dice de encontrarnos, ya sea antes o después de ese viaje.  Y con eso sí que se la rifa. Ahí sí que, de verdad, se consagra como el...  Ni sé qué término ponerle. 

Por cómo me lo dice, noto que concibe el viaje como una cosa que debe cumplir. Un acontecimiento que ni siquiera ocurrió y para el que está haciendo otros planes luego. Planes que además propone dando a entender que unas vacaciones con ella, con la posibilidad de conectar y construir, no modifican nada respecto a los encuentros conmigo. Y eso me deja helada. Es como una faceta de cinismo superador, o de sinceridad innecesaria, que yo no conocía en él. 

 Me dice que esta semana está complicado con la mudanza porque tiene que mover toda su oficina a otro edificio y que quizá no nos dan los tiempos para vernos pero que a la vuelta (¿a la vuelta de qué? eso tampoco lo repone en la conversación) nos veamos.  Habla de la vuelta como quien habla de un compromiso en agenda. No bajo un registro de compartir un momento de esparcimiento con quien después de todo es su pareja.  No me dice con palabras claras: "me voy de vacaciones a XXX con XXX, mi novia hace diez años, y tengo que dejar la oficina la semana que viene". Me dice que la semana que viene no va a estar porque viaja y si no fuera porque yo me resisto a jugar a la boluda y le digo "espero que la pasen lindo" (haciendo alusión a los dos, porque aunque él no me la nombre ella existe), él jamás tendría el valor de reconocer la realidad como es. 

¿Si le gusta esa realidad? No lo sé, ni me importa. Es su realidad, su cotidiano, sus problemas, y yo no quiero participar de eso. Como tampoco participo de las vacaciones, como tampoco participo de las fotos, o de los cumpleaños de su hermano, que tiene casi mi misma edad.  Y especialmente, como yo elijo, a través del no averiguar, no saber, no opinar y no preguntar ni participar de nada en su vida más allá de encuentros sexuales esporádicos. 

Cuando le digo que la pasen lindo, y de hecho le comento que estaba buscando ir al mismo lugar (porque es cierto, una casualidad que podía darse), escribe y borra. Claro, obvio, yo le estoy dando el lugar a ella en una charla que ni siquiera él le da, mis deseos son genuinos, y no estoy jugando el papel de la amante. Yo estoy jugando el papel de una persona que no es suya, y haciéndole ver quién es sí realmente parte de su vida.  Cuando finalmente escribe, me dice "gracias Veinte".

¿Por qué le dí espacio a ella, cuando una persona en mi situación, pese a que le duele hacerlo, quizá no lo haría? Porque más allá de lo que él haga, e incluso en contra de lo que yo misma hago,  creo que lo mínimo que él puede hacer con Ella es reconocerla como parte de su vida. Inclusive, ante mí, y precisamente ante mí, teniendo en cuenta lo que cada una representa. Javier no me ha dado nunca ningún lugar preciso. Sé a ésta altura que siempre he sido un fastasmita, inclasificable, que anduvo merodeando en su vida los últimos once años. Pero ni siquiera ahora, que me quiere dar el lugar de amante, yo lo acepto.  No lo quiero porque es asumir un compromiso con una persona que para lo único que sirve es para el placer sexual, porque es un lugar injusto, y porque es un lugar que implica un compromiso clandestino.  Un compromiso que, una vez asumido, te hace perder el lugar de novia de alguien más, que seguramente se lo merezca realmente.  Por eso no lo quiero, porque para mí ésto no es ningún partido, y no acepto que me cambien el juego. 

Nuevamente, cuando me dice que a la vuelta nos vemos, le pregunto si está seguro de lo que me dice, si no sabe que para él soy un problema. Mi pregunta además refleja un sesgo de negativa, de una negativa que ya le he explicado todas las veces de todas las formas, y que creo que sólo se puede afirmar con violencia, con la violencia de un portazo sin aviso, con la palabra seca y cancelada.  Y él como respuesta me dice: "a la vuelta" y me manda un sticker de un patito que tira besos en forma de corazón y gira, queriendo pasar por tierno.  

Cuando pasan unas horas de esa charla, sobreviene el manto de la mente, el análisis y el desglose, empiezo a desarmar. Y esa bronca inicial, esa rabia, esa puteada, decanta en la idea de una tristeza que nunca entenderé. Y decanta también en el hecho de darme cuenta, una vez más, que él no vive la vida que quiere, porque una persona feliz no hace ésto. Que yo no vivo la vida que quiero, porque sigo sin poder mandarlo bien a la mierda y enojarme para siempre.  Que nada es lo que nos hubiese gustado con el otro. Pero que hay que seguir viviendo con esa frustración.  La frustración de la vida que eligió, de su parte, y la frustración de que no me elija, de la mía. La frustración mutua de no habernos animado en ese momento. La frustración sobre el tiempo que pasó, sobre lo hecho, lo que no se puede modificar y recuperar. La frustración de no habernos encontrado en otro momento más fácil, o mejor.  La frustración de que el tipo del que vos te enamoraste, lo único que se le ocurra decirte sean estas pelotudeces.  

¿Qué hacés con eso? ¿Qué hacés con la mierda que te trajo hasta acá? 

A la frustración, la nado y sonrío. 
A la frustración, la disfruto con mis sobrinos. 
A la frustración, la charlo con mi mamá. 
A la frustración, la escribo. 
A la frustración, la trabajo, la estudio en la facu, la leo. 
A la frustración, la batallo todos los viernes en terapia. 
A la frustración, le doy pelea. 

No sé si será una pelea que gane alguna vez. Esta es una batalla vincular que encuadra mi vida y  que luego de éste reencuentro hace años se ha vuelto muy difícil.  Es una batalla que yo pensé que había ganado, pero no, porque lo único que hice fue salir corriendo del terreno, hasta que la batalla me vino a buscar para que finalmente ponga los ovarios arriba de la mesa y me decida de una puta vez a ver lo que hago con mis frustraciones. 

Quizá Javier siga sin hacer nada con sus frustraciones, pero a mí la vida se escapa. A mí la vida se me va. Y yo, por lo menos, no quiero que la vida se me escape, se me vaya, o se me acabe, sin intentar que se acerque un poco, al menos, a lo que siempre quise de ella.  

Por eso no quiero ser su amante. Porque la vida que yo quiero no tiene nada que ver con eso. Nunca. Jamás. Y mucho menos, la amante de Javier. 

lunes, 27 de enero de 2025

Clavar la daga hasta el fondo

 (Septiembre, 2014) 
No entiendo, francamente, qué sintió una persona por la que yo sentí tanto amor. Y me lo pregunto a la noche, de día, a la madrugada, en sueños, en el subte, mientras me baño, mientras como, mientras me esfuerzo por estudiar... Y no encuentro la respuesta. Y pasan los días, los días, y los días, y nunca llegan las respuestas (...)  ¿Qué es, o qué fue entonces? Eso me mortifica, no saber. Porque cuando siento que nada de esto es suficiente para que deje de doler, o yo lo deje de querer, no se bien qué mierda hago esperando. <<¿Qué tiene que hacer para que lo odie? >> me pregunto. <<¿Qué tiene que hacer para que yo pueda mirarlo como un hombre más? >> me digo, de nuevo porque sé que odiando no gano nada. 

(Enero, 2025)  

Calentura. Eso fue. Eso es. Esto mismo le respondería a la chica que era yo a los 19 años cuando escribí estas palabras. ¿Pero qué le diría hoy, a la de 30 años, que se queda tiesa en un lugar donde no pertenece? 

Hoy hablé con Javier. Al principio, la charla cordial y bien, digna de dos vecinos. Me preguntó cómo andaba, le conté que un poco bajón pero que al mismo tiempo trataba de estar tranquila. Me preguntó por qué y le profundicé poco. Muy poco. Le expliqué que tenía algunos temas cotidianos, nada especial. Me respondió, o me consoló, con chistes, comentarios y se atrevió a contarme sin que le pregunte nada que se muda de oficina esta semana. 

Hasta ahí, la verdad, parecía una persona congruente. Y ni siquiera generaba un nerviosismo. Al contrario. 

Todo se cayó cuando, me estaba contando de la mudanza y me dijo: "tengo que dejar la oficina la semana que viene", y yo ahí le pregunté donde se iba, si se mudaba lejos, cuestiones básicas. Me dijo que no, que es muy cerca, pero que le preocupaba todo lo que había que mover. Le dije que se quede tranquilo y le desee suerte. 

Misteriosamente, luego de esa charla de la mudanza, me contó sin que le preguntara que la semana que viene se va de vacaciones con ella. Claro, faltaba más. ¿Cuando no Javier dándome data que nadie le pidió? Creo que a esta altura, tiene que ser un estúpido o un cínico para no darse cuenta que yo no quiero saber. ¿Y por que no quiero? Porque saber me duele y me angustia. 

Saber me hace parte. Me introduce en la vida de él como la amante. ¿Por que cree que tengo que saber? ¿Para que? A mi saber de su vida con ella, me parece una doble infelicidad. Y una doble infidelidad.  ¿Por qué? Porque él no me lo cuenta en un plan casual. Ese comentario es intencionado. Intencionado en el marco de la relación clandestina que él siente que tiene conmigo. 

Por un lado, creo que me lo cuenta porque siente que tengo que saber. ¿Pero que verdad? Yo tengo claro que es un mentiroso. Miente en ambas direcciones, y obviamente que va a organizar vacaciones con quien es su pareja. Y obviamente que quiere ir aunque a mi siempre me tire las pálidas. Y obviamente que la va a pasar bien y se van a pasear como dos adolescentes. 

No soy tarada. Aunque a veces me siento una flor de estúpida, sé lo que es separar las cosas. Y Javier está en una faceta que no conocía hasta ahora: la informativa.  La informativa sobre sus planes vacacionales con su novia, a la que engaña conmigo sistemáticamente desde la acción y que engañó en los últimos dos años sin dejar de ponerse en contacto conmigo, a veces, solo para saber cómo estaba, aunque ni tuviéramos sexo alguno. 

Y en esa faceta cínica, informativa, me cuenta que vacaciona como si yo quisiera saberlo. Y lo cierto es que no. Yo no quiero saber nada de ella, ni de que hace con ella, ni de lo que arma con ella, porque no me interesa ver como elige amar a alguien que no soy yo. No me interesa como comparte la vida con alguien que no soy yo. No quiero verlo, ni enterarme, ni saberlo, porque me duele. Eso si, sinceramente, a mi me duele. Es mi límite, porque me toca lo que el sexo no, es decir, sentimientos. 

Yo con él puedo tener el mejor sexo, nos podemos encender y divertir, pero nada de su vida fuera de la cama quiero saber. Asimismo, nada de mi vida que tenga que ver con otros hombres le comparto, aun cuando me pregunta o me pone cara de culo si menciono a otros hombres, aun en una anécdota casual. No le digo que hablo con un pibe distinto, que quiero tener una vida normal donde ningún viejo me esconda. Yo tengo sexo con él. Nada más. Y cuando no tenemos sexo, no tengo interés en su vida oficial. 

Lo peor es que me dice "me voy a XXXX una semana" y ni siquiera la menciona. No tiene el valor de contar la historia completa. De ponerla a ella en su historia. De asumir frente a mi que si, que se va de vacaciones con ella, porque ella es su novia, y porque ahí esta, eso es lo que eligió y esa es su realidad y ella es la mina que quiere. 

Porque esa es la verdad. Él me dice que se va como si se fuera solo, pero yo con un "que la pasen lindo", enseguida lo pongo en orden. 

¿Para que me lo dice si no tiene el valor de ser honesto, de asumir el farsante que es? ¿Se piensa que soy boluda, que no me doy cuenta que la quiere y que yo soy solamenre una distracción? 

El tema es que yo no boluda. Que no demande nada jamás y que no pedí esa información. ¿Por que me la da? ¿Para que sufra? Lo logra. Eso me duele. Y aun así el deseo de que la pase bien con ella, es real. Ahí es donde debe estar. Ese es su lugar. 

Y mi lugar, es fuera de todo esto. 

Pero Javier parece ni registrar esta dinámica. Me dice que si logramos organizarnos nos podemos ver antes de que se vaya de vacaciones (con ella) y que si no, nos vemos a la vuelta.  Yo le pregunto si esta seguro. Escribe, borra.  Le digo que yo soy un problema para él. Que en otro momento lo revisamos. Que se mude bien, que se vaya de vacaciones bien. 

Nada más. 

Javier me dice que nos vemos a la vuelta de sus vacaciones con ella. Me manda un patito qué tira besos en forma de corazón. Me aconseja para levantar el ánimo. Y se ríe del patito que me manda y yo solamente quisiera tirarme al Río de La Plata. 

Lo que hizo hoy, es decir, enterrar el cuchillo y dar vueltas, escarbando bien, para mi fue un montón. 

A la vuelta de sus vacaciones, qué increíble. Qué locura. 

¿Cómo una persona podría ser feliz si mientras esta a días de irse de viaje con una, le propone encuentros a otra? 

A mi versión adolorida de los 19 años, le diría que dentro de unos largos años, odiarlo no va a ser tan importante como escapar. 

domingo, 26 de enero de 2025

Más pileta, por favor

Hoy fui a pasar el día a la pileta del Club de Fútbol de mi ciudad, con mis hermanas y mis sobrinos. 

La pasamos lindo. Y disfruté con los niños un montón, algo que necesitaba. 

Mi sobrino mayor, me trajo regalitos de las vacaciones que sacó como premio en un juego. Es un perro de la película de Hello Kitty, que me mató de ternura, en miniatura. 

Cuando vi ese gesto, conecté enseguida con el amor. Porque el amor es que sepan que algo te importa o interesa y reparen ahí. Y me scorde del día donde, a la pasada, le conté a mi sobrino mayor que yo cuando era chica amaba a Hello Kitty. 

Y desde entonces, siempre le dice a mi hermana que a mi me gusta Kitty, y me habla de Kitty y todo cuanto ve del tema, me lo quiere regalar. 

- Hola, mi morenito hermoso. Que hermoso estas, todo bronceado. 

- Tiaaaaa - dijo y me abrazo - Mira, tía, te traje algo. 

- Me encantó, mi amor. Mi tostadito hermoso de jamón y queso- lo besuqueé. 

- No soy un tostado... 

- Yo creo que vendrías a ser tan hermoso como un tostado de jamón y queso con una Cocucha fría. 

Mi sobrino se río. Le gustan esas cosas. 

- Vos sos un tostado de jamón y roquefort. 

- Me gusta, dale. Pero vos estas hermoso. 

Me miro y sonrió.  

- Con licuado de naranja... 

- Con un juguito de naranja, dale. Pegamos unos lindos combos, eh. 

Le hice un guiño. 

Me sonrió de nuevo y me contó que me había llevado el perrito de Hello Kitty porque el sabía que a mi me gustaba. 

¿Cómo no amarlo con locura e intensidad? 

 Así lo amo, si. Él y su hermanito hermoso son para mi lo mejor que tengo en la vida. 

La pileta es siempre un placer.  


sábado, 25 de enero de 2025

Miauuuu

 Todas las noches, o casi casi todas, mi gato duerme conmigo. Puede que algún día se vaya a su cunita pero por lo general duerme conmigo y a la madrugada se va.  Claro, él se va a jugar, a comer, etc. 

Ya es todo un ritual para ambos. Él sabe que cuando termino de cenar voy al baño y ahí demoro unos instantes porque me lavo los dientes y me saco el maquillaje.  Por eso, se acuesta en el piso y me espera.  Cuando salimos del baño, yo voy al dormitorio y le digo: "Juli, voy a dormir. ¿Vos venis?" y Julio viene. A veces, ni falta me hace invitarlo porque me sigue directamente. 

Cuando nos acostamos, me pide mimos muy seguido. Pero una vez que se cansa, se hace un rollito a los pies y se queda ahí. Mayormente duerme a los pies. Otras veces, duerme al costado, panza arriba, mientras yo lo acaricio hasta quedarme dormida.  Es algo especial ese momento para mi. 

Pero lo más tierno de todo es que este bebito viene a despertarme. Si, quizá él no se queda toda la noche en la cama , pero a la mañana siguiente lucha para abrir la puerta de mi habitación y se sube a mi cama. 

Hoy, se subió rápidamente. Paró su colita larga, y la movió suave en señal de cariño. 

- Hola, mi amor. Buen día, buen día. ¿Cómo estás, mi vida? 

Lo acaricié y siguió moviendo la cola. Parecía estar muy a gusto. Se acercó, me olió, pero no se acomodó del todo. Sabe que es hora de levantarnos. 

- Miaaauuu- dijo. 

Y morí de amor. 

Es que mi gato hace ruidos, ronronea aun, amasa, y se manifiesta como felino en todo su esplendor; pero no maúlla seguido. Para mí, es muy lindo escucharlo. Siento que asciende a la categoría más representativa de estos dioses con bigotes. 

viernes, 24 de enero de 2025

Flores

 Cuando me rindo, sonrío un poco más. Aun en estas circunstancias donde no se bien por qué el año empezó pesado, molesto, fastidioso. 

Cuando me rindo, me da más ganas de sacarme fotos, apreciar el sol, y logro sentirme linda y humana de nuevo. Hay temporadas de inseguridad, no siempre es fácil. En especial, cuando lo único que ven de vos es un culo. ¿Y el otro tiene la culpa? Nah. Es simplemente darme cuenta que cuando ves a los otros como cosas también vos empezas a verte como una cosa y tu cuerpo como tal comienza a funcionar como una carta en una guerra y no como un medio de vivir la experiencia humana. 

Cuando me rindo, me cultivo, me escucho, estoy presente. Pero asumo con esta aventura me ha cambiado. Ha abierto una puerta distinta. Creo que me ha vuelto mas desconfiada. Quizá menos inocente. Al decir de Javier, ya no tengo nada de inocente, no soy una chica inocente. Pero ¿qué puede decir un hombre como él? Yo solamente le digo que no me conoce, y sé que eso le da rabia. La misma que a mi me da su manual de echarme la culpa como si yo fuera su sentencia de muerte, una mina difícil de querer, una perra.  Prefiero no pensar. Renuncio. Que lindo suena en mi mente esa palabra. 

Cuando me rindo, nado. Soy feliz nadando. No pido mucho más a la vida que sostener ese hilo con el bienestar. No es fácil. Pero me hace bien y es una elección de las que mas me cuestan esas que hablan de cuidarme. Me siento vulnerable de una manera donde no estoy cómoda. Me siento insegura, más bien y siento que frente a eso tengo que estar muy atenta. 

Pero cuando estoy a solas, me rindo, reflexiono. Capitalizar me es más fácil, y pienso que aunque estoy en un momento difícil, sanar es urgente. Seguir es urgente. No condenarme a mi misma como ni siquiera a él lo estoy condenando. 

Cuando me rindo, crecen flores y es ese el momento donde me puedo recostar sobre ellas y finalmente... descansar. 

Cuando me rindo, comienzo a sospechar que ya no hay nada más pendiente con Javier. Que este silencio es milagroso pero que tiene una  transformación de fondo. Y eso creo que puede estar bueno. 

Durante todo el tiempo que se desarrolló esta historia clandestina, siempre pensé como terminarla sin dolor. Lo intenté varias veces, de hecho. Sin dolor, discutiendo, diciéndolo de buena manera... y nada. 

Sin embargo, en este momento siento a Javier como el tipo más inaccesible y lejano del universo. ¿Será porque no hablamos en los últimos diez días y no nos vimos en casi todo el mes y esa es TODA la distancia que necesito para que se me borre del mapa? 

Quizá. Y me parece bien. Rendirme tiene que ver con renunciar. Con saber que yo no le voy a escribir para descomponer la calma. Al contrario, lo voy a acompañar con ausencia, con silencio, y con cordialidad si nos llegamos a cruzar en el supermercado, pero trataré de no hacer alusión a repetir los encuentros sexuales. 

Javier me comentaba la última vez que lo vi que en 2025 tenia que cambiar. Se confundió y me dijo elegir y después me dijo "yo tengo que cambiar muchas cosas". 

Hoy creo que ha revisado su conducta. Y está bien. Porque yo también revisé la mía y estoy cansada de esto. Quiero tener una vida normal. Una salida normal. Un encuentro normal. Una charla normal. Hasta preferiría que me chamuye un X pero que el chamuyo sea más normal.  

Ya no sueño con el. Eso es muy bueno porque descanso y porque mi mente se va limpiando.  

Por fin llegó el día donde dejó de desafiarme, parece. 

Por fin llegó el día donde voy soltando la lanza despacio y lo único que pido es que no se acerque más. Que se quede así, no quince o veinte días, sino, quince o veinte encarnaciones.  

No estoy pidiendo mucho. Me rendí para soltar peso y seguir caminando a ver que pasa. Espero que Javier ni pase cerca. 

La vida me lo debe, creo. 

miércoles, 22 de enero de 2025

La victoria del dia

 La victoria de hoy fue que logré salir del loop paralizante en el que venía más o menos hace un mes. 

En este último mes, pasé por una cirugía odontologica, una intoxicación, un encuentro con Javier, un cumpleaños, una catarata de molestias físicas y emocionales qué me habían dejado hasta hoy metida en un circuito de tristeza, desánimo, semejante a una ameba. 

Me venía costando mucho cumplir con cosas simples y ayer cuando había juntado fuerzas tuve nuevamente un percance con el provisorio y eso me terminó de sacar las ganas. 

Hoy pude ir al odontologo a solucionarlo (es normal que pase, no fue nada grave por suerte, solo ajustar y cementar mientas esperamos a ver que dice mi cuerpo) y cuando terminé de trabajar NO tenía ganas de ir a nadar. 

Pero pude juntar fuerza, la fuerza que me faltaba, y me fui a nadar. Sin ganas. Sin motivación. Sin perspectiva. Sin un clima ameno. Sin hacerlo en un horario cómodo. 

 Solamente, me fui a nadar y salí de la pileta casi a las nueve y pico de la noche.  Con una victoria. 

La de haber podido ponerle un freno a la mente y al no quiero, para ver si podía cambiar algo. Y sí. La verdad es que me sentí bien. Mejor de lo que me venía sintiendo desde que empezó el año. 

¿Será una señal de que ni tengo que largar natación aunque tenga que estudiar y trabajar y eso? Creo que empezaré a ponerla primero pero de verdad. Al menos, intentarlo. A ver qué pasa. 

Por lo pronto, después de todo este día de trabajo, reuniones, odontologo y deporte, ya el sueño es matador. Mañana suena la alarma a las 06.00 am. 

Me duermo aliviada. 

martes, 21 de enero de 2025

Acciones, bonos, Bioy, y el rumbo de la vida

El otro día, volvía caminando de terapia, cuando me encontré a un antiguo profesor de la facultad, es decir, un profesor de Letras.  Él se encargó de darme clases de Literatura Latinoamericana I y II, las cuales aprobé con buenas notas en su momento, y además, ambos participamos un poco de la movida cultural del barrio en alguna época donde la iniciativa iba para esos lados. 

Nos saludamos, obviamente, y me comentó que me veía muy bien. Me dijo además que siempre se acordaba de "mi caso" es decir que hubiera abandonado la carrera de Letras sólo a siete materias de recibirme y que siempre pensaba cómo estaría. Yo me reí, como una manera de agradecer la deferencia, y le conté cómo estaba, cómo era mi vida ahora, cómo me iba en Ciencias Económicas y cómo funcionaba la dinámica del trabajo. 

Me preguntó cómo estaba yo con el laburo, si había cantidad de trabajo, si me sentía bien, si mi sueldo era bueno y me alentó con que en algún momento seguramente iba a poder terminar Letras porque era muy joven. Yo le dije que esperaba primero poder recibirme de Licenciada en Administración, como para cerrar ese bloque, y que luego sí me gustaría poder tomarme todo el tiempo que necesite para terminar Letras (es que la carrera de económicas no tiene finales obligatorios y en lo operativo eso la hace menos burocrática; y en cambio Letras tiene una investigación previa como condición a cada final, y luego el final, y si te va bien recién metiste una materia).  Él me dijo que le parecía bien, sí, porque con 30 años lo que había hecho a nivel académico era un montón. Que tenía tiempo de sobra, especialmente, si ya estaba trabajando dentro del mundo de los números y poniéndole energía a la otra carrera.  Además, me contó que las ayudantes de las cátedras de Literatura Griega y Latina estaban más allá de los 30 y que no me tenía que preocupar por la edad en que la fuera a terminar. 

Esa charla derivó también en la diferencia de oportunidades de las dos carreras. Él estaba muy curioso con eso, porque fue lo que me inclinó la balanza, y yo le conté con detalle. Me dijo que, a modo de confesión, él invertía en acciones y bonos de nuestro país desde la época de la pandemia y le recomendé páginas y cursos confiables que le explicaban el origen de cada instrumento y sus diferencias.   

Fue una charla curiosa, porque obviamente uno no se espera terminar hablando de bonos y acciones de YPF con tu profesor de la facultad de Letras pero fue sin dudas una enseñanza.  Para despedirse, me dijo: 

- Veinteava, cuánto me alegra verte. ¡Hablando de acciones, se ha elevado tu figura para mí más que si me hablaras de Bioy Casares! 
- ¡Gracias! Espero que algún día puedas verme con el diploma en Sociales. 
- ¡Pero claro que sí, y además, seguramente, viviendo una muy buena vida! 
-  Hay que meterle, sí. Siempre para mejor. 
- Sí, tenés un capital que es el tiempo. ¿Te acordás de Bourdieu? - me preguntó, haciendo referencia al sociólogo francés. 
- Sí, capital social, capital económico, simbólico... - dije. 

Asintió, enérgicamente. 

- El tuyo es el capital del tiempo y obviamente la inteligencia para haber visto el desarrollo de tus posibilidades siendo tan joven... 
- Gracias. Sí, siempre se trata de ir donde uno mejor esté. Es simplemente eso. La literatura me sigue encantando. 
- Y hacés muy bien. Yo lo ví tarde, pero me alegra muchísimo que vos lo hayas visto pronto. Yo no cuento a nadie de las inversiones, allá, porque me miran como si estuviera loco. 
- Nah, no está loco. Simplemente, es una inquietud distinta pero válida. Ya nos veremos analizando las acciones de YPF. Suerte con sus inversiones. 
- ¡Igualmente! 

Nos reímos y nos despedimos con un saludo.  El rumbo de la vida es muy paradójico, definitivamente. Pero a veces se me ocurre pensar que todos tenemos un destino y que lo vamos siguiendo aún en las curvas más oscuras, raras y desconocidas. 

lunes, 20 de enero de 2025

Ya no mas lunes por hoy

Una vez más, la cápsula de Puerto Madero parece protegerme del mundo, pero no de mi mente. La oficina está silenciosa en el margen que existe entre las 16.30 y las 18.00. ¿Por qué estoy triste? ¿Tengo motivos? No creo que, aunque tenga motivos, estar triste solucione algo. Pero lo estoy. ¿Por qué me cuesta tanto reconocerlo, si hace dos días vengo con una antipatía universal?  La mía es tristeza silenciosa. Una tristeza funcional, con la que convivo, pero con la que también hago todo. 

El trabajo me tiene desmotivada. Ya dije que hubiera necesitado tomarme vacaciones pero que no llegué. A su vez, me anoté en el curso de verano de la facultad y un poco me arrepiento del hecho. Había imaginado comenzar este 2025 con mayor voluntad, e iniciativa, y en ese plan consideré que meter una materia intensiva en verano iba a ser una buena motivación.  Pero no: lo siento como una carga, al igual que al trabajo, y a todo, en realidad. 

Hace unos días que me pagué la pileta y por distintos motivos, no comencé aún. Pienso que no encuentro motivación para ir a nadar, que es como si estuviera paralizada en un loop de no quiero hacer nada porque no tengo ganas de hacer nada. No tengo fuerza para poner cara de nada y obligarme a ir, como suelo hacer con las cosas cuando no tengo ganas.  Al menos, no con natación, si ya lo hago con el trabajo y próximamente con el estudio. 

En paralelo, no hablé más con Javier desde que me saludó para mi cumple, y después hablamos dos cositas más ubicados y yastá. Básicamente hace quince días que nos vimos, y aquí la primera fisura: antes, no hablábamos ni por asomo, ahora, en dos semanas, ya tiramos alguna que otra caña. Y eso no me cierra del todo. 

Sin embargo, éste silencio de ahora, éste silencio de éste instante en la oficina, en éste espacio de casi las cinco y las seis de la tarde, me trae calma. Una calma que necesito para diluir la tristeza funcional y aspirar a una paz, una paz sencilla, aspiración simple, para ver si con ella viene el buen ánimo, la expectativa y la recuperación de la ilusión ppr ir a nadar, o hacer algo que no sea languidecer y dormir y pensar en el otoño que vendrá. 

La ausencia de Javier me deja tranquila, pero también, me da un espacio donde la reflexión reluce, y con eso, la tristeza.  Es como si saliera de una avalancha cada semana donde se calma un poco la ola, él se aleja y yo no lo busco. ¿Lo busco seguido? Ahora que lo pienso, todas las últimas veces, él me buscó, yo resistí como pude - o no - el pelotazo y cuando no me busca y yo tampoco lo busco, surge entonces una calma, un decaimiento, que es como el reposo de la lanza. La lanza con la que me pongo un poco a la defensiva y la lanza con la que me lastimo a mi misma, en el afán de detenerme.  

 Es como digo siempre: yo descanso de él cuando no está pero, a la vez, cada vez tengo más deseos de que no esté. Principalmente porque la última vez que nos vimos me dejó gusto a poco y porque me imagino que si viene vendrá a proponer lo mismo y pienso: ¿para qué me voy a enredar si últimamente viene así el desempeño?  No, no juzgo su desempeño. Pero siento que nos estamos repitiendo por vicio, por costumbre, y lo único que deseo es que Javier una vez más se quede quieto. Lejos. 

Termino esta breve confesión ya fuera de la oficina. Llego al barrio, recojo unos paquetes de un punto de retiro y me voy a casa.

II. 

A las cuatro de la tarde me sentí de pronto insoportablemente vacío (...) Lo que no soportaba más era la pared frente a mi escritorio, la horrible pared absorbida por ese tremendi almanaque con un febrero consagrado a Goya (...) No se que habría pasado si me hubiera quedado mirando el almanaque como un imbécil. Quiza hubiera gritado (...) o me hubiese sumergido en las páginas pulcras del Mayor》. 

(La tregua- Mario Benedetti) 


sábado, 18 de enero de 2025

Minita que reflexiona mientras se pone pituca

 Anduve desaparecida estos días. Razones obvias: el calor fue infernal y las ganas de escribir sobre mi vida asándome bajo el sol de enero, que desaparecieron. 

El miércoles fue un día largo. Caluroso. Quise ir a nadar a la noche pero mi esencia femenina no lo permitió. Obviamente, de mal humor es poco. Hormonas enloquecidas y un periodo muy doloroso, la verdad. 

El jueves el día fue sofocante. Tanto así que fui en vestido a la oficina, con un look formal, pero distinto al resto de las semanas. Fue elogiado, observado, mirado con recelo, pero para mi fue un alivio porque el viaje de ida y de vuelta en vestido es mucho más confortable que ir en pantalón, blusa, bleazer... 

El viernes me levanté con la esperanza tacita de decir 'por lo menos mañana es sábado' y me dediqué a trabajar lo mejor que pude. Lo cierto es que no estoy muy motivada con el trabajo y no pensé que iba a necesitar vacaciones como si me doy cuenta que las necesito. Sin embargo, ya no las puedo pedir. Las vacaciones las tengo que elevar a través de una solicitud con un cierto tiempo de anticipación y, además, en mi caso particular como yo facturo todos los servicios de la empresa, no puedo ausentarme en la primera semana del mes. Nadie, en el nivel de especificidad que requiere, conoce mi tarea para reemplazarme. Y no facturamos, no hay movimiento financiero. Así que... a elegir otras semanitas del mes y ya esta.  

Cuando corté de trabajar un poco pasada del horario porque me llamó por teléfono un contacto de otra empresa por un tema a resolver, que era importante, le mandé un mensajito a mi peluquero para avisarle que ya ya ya iba. 

Así, fuimos con mi mamá. Le regalé a ella un corte de pelo y yo me corté también el pelo que lo tenía un poco florecido. Además, la novedad es que me hice una iluminación en el cabello, es decir, que aclaré pequeñas mechitas de pelo a un tono más rubio que ahora coincide con el tono de mis puntas, que siempre fueron más claras y parece desde que nací que tengo "tintura natural". 

El resultado me encantó, mucho. Es la primera vez que usé tintura y fue una experiencia bárbara. Mi peluquero entendió perfecto que yo quería algo sutil, fino y que no quería que me queden líneas muy pesadas en el pelo, porque no estoy acostumbrada.  Lo que hizo fue aclarar tan justo que parece que me acabo de hacer un tratamiento para darle brillo, no uso químicos en toda la cabeza y me dejó hermoso. 

Hoy sábado, por lo pronto, tocó el otro segmento de arreglos del mes: hacerme los pies y las manos.  Lo bueno de enero es que coordiné para hacerme el mismo día primero las manos, después los pies y liquidé el mantenimiento en un solo día. 

Son cuestiones que yo disfruto un montón.  Ir a la peluquería me encanta, hacerme las manos me encanta, hacerme los pies es una necesidad asociada a la forma de caminar por la espasticidad; pero todo lleva su tiempo y su dinero. Y me alegra saber que ya me saqué ese compromiso de encima. 

Como parte de estos días, mi mamá se va a la playa la semana que viene. Yo me quedo en casa con mi gato y derivados, trabajando,  pero se me ocurrió regalarle dos buzos para que disfrute en su viaje por la Costa. La verdad, dio muchas vueltas para elegir porque había mucha liquidación peeeero mientras pensaba, yo también le eché el ojo a un pantaloncito de la marca Ver (linda calidad) por 24 mil pesos. Es blanco, muy hermoso. Y barato, sobre todo, porque habitualmente esa marca tiene otros valores. Así que quedamos las dos contentas. 

II. 

Aunque yo siempre reflexiono... y mientras miraba vidrieras y locales hoy pensé cuál es el precio real de la ropa en nuestro país. Digo, si pueden rebajar las cosas en un cincuenta por ciento, también significa que están demasiado elevados porque aun en ese escenario siguen generando ganancias. Y me dije que obviamente iban a tener que liquidar cada año más temprano, porque ya el costo de vida sugiere que la indumentaria no es un rubro de extrema necesidad.  

  En mi caso, hago análisis como consumidora.  La ropa es necesaria pero se puede elegir qué. Si bien tengo bastante ropa de marca medianamente buena, no todo en mi armario lo es.  Tengo de marca lo que batallo, es decir, lo que uso mucho o la sastrería para ir a trabajar que la uso semanalmente.  Es decir, ahí invierto un pesito más pero me encargo de amortizarlo a full. 

Para todos los días, es distinto. Creo que debe serlo, además, porque mi objetivo es sentirme cómoda y más descontracturada fuera de las obligaciones. Ahi si, compro en tiendas por Instagram de Buenos Aires y a veces de otras provincias como Entre Ríos, donde la ropa es clásica, linda y mucho más barata que acá. Algunas cosas que compro las uso como básicos para ir a trabajar y me he armado conjuntos qué son hermosos con ropa no tan costosa, o bien, con cosas más caras y otras no tanto. 

Es ahí que como consumidora, y mujer, minita además, el análisis es otro. Resulta obvio que en páginas de Instagram de tiendas online los precios son otros porque también lo son los costos... Pero aun asi, no me parece pagar precios excesivos y por eso selecciono cuidadosamente los escenarios donde vale la pena la marca y donde no. 

Esta semana, asociado al mismo tópico, otro pensamiento surgió. También fue el turno de cambiar regalos de cumple, que fueron prendas de ropa, en una casa medianamente de marca. Fue regalo de mi hermana, su marido y mis sobrinos.  

Cuando llegué al local, me dijeron el monto que tenía a favor. Una locura que se gasto mi hermana. Así que ahí aproveché y me cambié todo por dos remeras básicas para andar o ir a trabajar y un shorcito beige.  La chica vio mi cara cuando me dijo el saldo a favor y se rió. Claro, pensé, yo ni en pedo me gasto 122 pesos en un short y una remera...  Pero... A la salida del local, la llamé a mi hermana y le dije que si, estaba loca, loca, loca de remate. Le agradecí y le explique que no hacía falta tanto. 

Este pais y sus precios para indumentaria es un video bizarro en continuado.  

¿Moraleja? Aprovechar las liquidaciones. Comprar estrategicamente y recordar que lo más importante es no andar en bolas si no lo estamos deseando. 

martes, 14 de enero de 2025

La maldicion del barrio

 Miro historias. Es mi horario de almuerzo en casa y no tengo nadie con quien hablar. Mi mamá está acostada porque sigue mal del estómago y yo estoy comiendo una promoción de hamburguesa. Con semejante calor, no quise cocinar. La luz se cortó seis veces por pequeños períodos y me llevó al límite del agotamiento. 

Por eso, scrolleo sin control. En eso, me engancho a mirar las historias de un comercio del barrio que literal AMO. Es una rotiseria encantadora, que ahora también se volvió barcito, y vende fiambres, tragos, sándwiches, comida casera lista, etc. Es algo que suelo hacer, porque me divierte ver lo que venden y es lo que estaba haciendo para despejarme. Del malhumor y también de los acontecimientos de ayer, por la foto falluta. 

En eso, veo que el dueño del comercio graba otra historia diciendo que había encontrado una tarjeta bancaria de un tal ×××× . ¿Y quién era, quien entre todos los habitantes del barrio y su zona centro, era? 

El papá de Javier. ¿Por que lo supe? Porque tienen un apellido muy particular ellos y, básicamente, era él o era ( no lo sé) Peter Parker con su doble vida. 

¿Qué hice? Le mandé un mensaje a Javier que decía, textual: 

" Hola, Javi. ¿Cómo estás? De casualidad ¿tu papá perdió una tarjeta del banco? Recién veo una historia que la encontraron en la vereda de ****. Para que se sepan. Besos". 

Fue un buen mensaje. Informativo, limitarte y ubicado.  En ese sentido, quedé conforme. 

¿Qué hizo Javier? Me mandó un audio. Me comentó que ya la habían encontrado, que muchas gracias, que le había llegado la historia también y que el papá se había preocupado y que le había dicho y que bla bla. 

Le mande otro mensaje que decía, textual: 

"Ah, listo, bárbaro. Me alegra por él. ¡Zafó! Besos"

¿Qué hizo Javier? Me mandó un audio en tono distinto. Que no puedo calificar. ¿Cariñoso sería la palabra? Algo asi, sí. Me habló con una voz edulcorada y me chocó ese tono porque es su voz de la ternura. Y yo lo trato sin ternura. Es decir, como un cuerpo llano. Suspiro. Mi psicóloga tenía razón. Este tipo es el mismo pelotudo y el mismo cobarde en cuanto al afuera pero con la particularidad que se permite tratarme con ciertos reflejos de una vieja ternura que usaba conmigo cuando yo era una joven que lo amaba. 

Decía algo: "siiii, gracias Veinte, menos mal que zafó.Te dejo porque estoy entrando al Banco a hacer unas cosas acá. Espero que estés bien vos ¿mm-hh?. Despues te escribo ¿si? Te mando un besito". 

Mi respuesta fue breve: si, menos mal, bien por el. Besos. 

II. 

Me da un toque de cosa este tono en Javier. Como un poco de rechazo, de 'no seas pajin", como se dice por ahí.

 ¿O será que sigo intoxicada y el asco es por todo? 

Hoy no pude ir a la pileta. Mi malla bomba llegó a destino y es, literalmente, un fuegazo. De una marca que quería hacía meses, Arena, y con aberturas laterales en la cintura y en la espalda. De color celeste con tiras rosas. 

¿Será mucho pedir que me quede bien? El resto, al agua pato. Así, a ver si me saco la mufa barrial y existencial con la que comencé este año. 

lunes, 13 de enero de 2025

Ni corrección ni remate

 Hoy vi una foto familiar del cumpleaños del hermano de Javier. Fue casualidad porque la subió el papá de ellos, celebrando a su hijo que es un año más chico que yo.  Si, Javier tiene un hermano (hermanastro, pero que el considera su hermano) de 29 años recien cumplidos. Igual que están recién cumplidos mis 30 años. 

Yo veo esa foto familiar donde Javier aparece con la novia, jugando al novio feliz y siento asco. ¿Voy a vomitar? No. Ya vomité lo suficiente el fin fe semana, me digo, aunque la náusea es casi un viento. 

El hermano de Javier esta con su novia, de su edad claro, y cuando los veo pienso que yo me equivoqué en todo. Hasta de hermano. Porque Pedro está con su esposa y Javier está con ella y todo desprende una prolijidad y rectitud qué estremece. 

¿Será que a mi me estremece porque se que esa foto es una prueba de todo lo que Javier nunca va a superar? Yo siempre estaré escondida. Y lo que es peor: jamas hubiera aparecido en esa foto en ninguna vida posible porque para la felicidad se necesita mucho coraje. 

Un coraje que Javier jamás tuvo y un coraje que yo estoy perdiendo, si tengo que ser completamente sincera. ¿Y por qué? Porque a mi el coraje me lo da sentir, y yo ya diría que siento un poco menos cada día. 

¿Qué es este periodo insensible? La consecuencia de haber rebajado todo al sexo, al cuerpo, a la nada. ¿Qué trae de bueno? Todo te lo podes esperar. Ya nada te sorprende. 

Y efectivamente,  esa foto suya componiendo el papel de infeliz fotografiado, no me sorprende. Tampoco me duele. Solo me enoja un poco. Me enoja porque Javier tiene la vida de mierda pero nadie sabe la vida que me cuenta, que me confiesa, que me dice. Nadie sabe los rumores de esa propia familia. Nadie sabe si su tía, su sobrina, su abuela. 

Solamente, lo sé yo. El fantasma con el que se confiesa y con quien garcha como si fuera un adolescente desbocado; que jamas aparecerá en la foto.  Porque eso también hay que decirlo: no todo pude perdonarle a Javier y muy en el fondo sé que por eso no me muestro más. Se que parte de esta frialdad es una forma muy retorcida de venganza. ¿Si lo odio? No. Pero admito que no todo he podido perdonarselo. En especial, viendo estas cosas. El territorio de una doble vida. 

¿Podre algún día hacerlo? Espero. Es una deuda conmigo. Algo que quizá me ayude a volver a ser la persona noble y sencilla que yo era. El horizonte se nubla. Yo se como es todo. Se que Javier pone la sonrisa en la foto, como conmigo pone el cuerpo, y que nunca cambiaría nada. 

Pero además pienso en dos o tres cuestiones muy básicas que hacen a su deseo abrasador conmigo: 

1. Con la novia de Javier, somos dos personas MUY diferentes visualmente. Lo único que compartimos es el gusto por los libros y por los negros fieros.  Entiendo que cada una puede ser llamativa por sus cosas buenas, pero también creo que él jamas se hubiese bancado el que dirán si en la foto no aparecía una mujer de 50 años y aparecía una mujer de 30. Porque esa es la diferencia que el maneja y que nadie sabe: jugar al maduro y fiel con una mujer de su generación que pueda mostrar en la foto familiar y jugar al osado, atrevido, melancólico y pseudo celoso qué reclama, con la mujer de 30, por izquierda. 

2. Hace unos días venia pensando que quizá para él está bueno esto de sentirse el más "pija" del barrio, pero yo cada vez voy sintiendo que el sexo más la combinación de su personalidad fuera de ese momento intenso, es un embole. ¿Si quizá para su etapa de la vida es normal? Bárbaro. Pero entonces que lo comparta con la mujer de 50 y que no venga a querer sumar espesura emocional con la mujer de 30. 

3. Ambos sabemos que él no puede darme nada. Yo pensé que quizá el sexo iba a devolver algo a su sitio, que iba a explicar, y lo cierto es que sí lo hizo en un sentido: lo ubicó a él como el tipo de 53 años que es y a mi como una chica de 30 años que si bien no quiere ni a palos una relación consigo, tampoco busca sostener una vela qué le corresponde a otra. Es decir, a su compañera de 50 años, con la que dice que ha pasado momentos buenos y muchos malos. No tanto con la pendeja porfiada que soy yo, con quien no comparte nada más que sexo. 

4. No se de su lado, pero del mio, no tengo piedad por sus sentimientos. Me pasa que he perdido la compasión por él y por su vida y cuando me da la lata del que tiene que cambiar su vida, y lo sigo viendo igual de gordo que hace una semana atrás, pero con otra mujer en la foto, siento asco no compasión. 

5. ¿Cómo puedo desearlo pese a tanta mierda? Porque que él me desee, vaya y pase.... pero que yo lo desee, que me juegue, que me mueva todos los dados, qué me enloquezca... ¿Cómo? ¿Quien corno le dio ese poder? ¿Los sentimientos, el pasado, la rosca? Creo que cualquier cosa puede desaparecer de esas 3 hoy si a cambio dejo de desearlo para siempre. 

6. ¿Qué es lo que deseo? Hasta ahora, venía dejándome con ganas de más. Mal que me pese, eso ocurría. Pero esta última vez me quedé con gusto a poco. Y eso es un gran valor porque me hace dar cuenta que no, que no vale la pena ni siquiera en ese sentido, quemarse como me estoy quemando por ver una foto donde todo es una flor de mentira. 

7. ¿Si lo supe siempre, que eso era cartón pintado? Si. Pero la diferencia residia en que por entonces yo con Jsvier no tenía ningún contacto. Ahora, es como si fue cómplice de su secreto pero también de hacerle la vida más cómoda.  Él tiene la formalidad y el descontrol. Tiene la imagen sería y el atrevimiento. Tiene lo blanco y lo negro. Lo visible y lo clandestino. Y eso es hacerle la vida demasiado fácil a un cobarde. 

Hoy no hay corrección ni remate. Que salga como salga. 

domingo, 12 de enero de 2025

El rodeo

 - Hola - le puse la cara, para un beso en la mejilla. 

Javier me saludó y quiso agarrarme con las manos para tocarme los hombros. 

- ¿Cómo estás? - preguntó. 

- Bien. ¿Vos? 

Su perro me rasguño insistente para que le de bola. Me hace fiesta ahora cada vez que me ve pero esta vez se paso. 

- Ay, no no. Por favor. No me saltes, gordo. ¡Hola gordo, no, no saltes! 

- Bueno, gordo, bueno- intervino Javier - Déjala, déjala en paz... 

El perro me salto de nuevo. 

- Bueno, por fi, no me arañes que me duele, no no. 

Javier lo espanto con cuidado para separarlo de mi. 

- Todo bien. ¿Segura? - me preguntó. 

- Si. Todo bien - dije, avanzando hasta la cocina para sacarme la campera de jean y la cartera. 

(...) 

- ¿Me pensas mirar así toda la noche? 

Sonrió. Le sonrío y mofo. 

- Sí no estuviera bien, me quedo en casa. 

- Ahí esta ella, ahí salió. 

- Esas son mis contestaciones para estos casos. 

Nos reímos. Javier me miró de arriba a abajo. Claramente, no acostumbra a verme en shortcito, Converse y un look de 30 años. Pero esto soy también, una mujer de 30 años que combina ese short deflecado y con roturas junto a una remera negra. Él me mira como si desde ahí, y sólo desde que entro por la puerta, empezara a desearme. 

 Yo dejo mi campera en la silla, junto a la míni cartera, y lo miro. Nos cruzamos levemente la mirada. Se que me rebajó toda y aprovecho a mirarlo cuando va a buscarme agua. Tiene el pelo más corto, un poco de barba, remera azul y pantalón corto azul. Esta campechano, pero huele a limpio, a perfume y el peligro de su pelo mojado se me compone enseguida. Pienso en Javier, lo miro y una ansiedad cierta se apodera de mi. 

Nos miramos. 

- ¿Por que no queres tomar vino? - me pregunta. 

Su tono es un desafío total. Me quiere torear. Yo lo espero. Voy a cambiar el juego pero no digo nada. 

- Porque no... No siempre quiero tomar vino. Un día podía pasar... - le respondo. 

Tomo agua con calma, mientras lo miro. Dejo el vaso sobre la mesa de la cocina. Me ato el pelo en una colita sin dejar de mirarlo y le digo: 

- Dale, dejá de dar vueltas con pelotudeces y vamos. 

Javier me agarra de la mano y se ríe. Me hace cosquillas mientras me lleva, apoyando su cuerpo contra el mio, por el pasillo a oscuras hasta su dormitorio. 

Siempre pienso que entré por primera vez al dormitorio de Javier cuando tenía 18 años para probarme una remera del grupo al que ambos pertenecíamos y que me pasó algo extraño: me imaginé si alguna vez volvería a entrar consigo. 

Jamás consideré (especialmente por todo lo que paso en tantos años) no obstante eso, este presente donde en los últimos días antes de cumplir 30 años, Javier me pasea por su casa para llevarme al mismo dormitorio, mientras voy sintiendo todo lo que va a pasar y mientras me da las órdenes que deseo y yo lo fastidio con mi ironía, mi burla, mi rencor y mi corazón escondido. 

- Sacate las zapatillas - dice. 

- Ahí empezó con las órdenes, el apurado - irónicamente, le respondí. 

Apagó la luz. 

- Yo tengo tiempo.... - dijo. 

- No apagues nada porque... - me saqué las zapatillas - Listo, veni - lo invito. 

- Acostate en la cama- me dice, con voz firme. 

- ¿Cómo quiere que me aaacueste, su majestad? - lo toreo. 

Javier mofa, se ríe y me avanza. Me tira a la cama y nos empezamos a reír. 

- Acostaste, déjame a mi- dice y me acomoda con fuerza. 

Me río. 

- Javi, me haces cosquillas. 

Se ríe y me susurra: 

- ¿Así que hoy me vas a apurar? 

Me besa el cuello. 

- Vos estas apurado - me quejo. 

- Nah - dice y me muerde mientras me va besando despacio - Yo te voy a coger. Vos quédate tranquila. 

- Vos te vas a quedar tranquilo, superado - lo toreo. 

Baja los breteles de mi remera a tiras y las busca a ellas. Sabe que con eso me enloquece siempre. Siento su boca húmeda, su lengua y su buena dosis de barba jugando sobre mi piel suave. Lo agarro del pelo y gimo sin poder evitarlo. 

Podría estar así horas enteras. Y él lo sabe. 

- Te voy a coger como a vos te gusta... 

- ¿Estas muy apurado? Porque quiero que hagamos cosas nuevas... Si quiere su señoría. 

Javier mofa. Se ríe. Y otra vez sucede lo orgánico. Lo que el cuerpo pide. Lo más lejano al amor que experimenté en mi vida con aquella persona que experimenté también lo más profundo. 

Cuando lo pienso en perspectiva, cuando recuerdo nuestras escenas a la distancia, cuando veo esto en el tamiz de lo cotidiano, no  puedo dejar de sorprenderme. A veces ni siquiera uno mismo sabe de lo que es capaz. Y eso, es francamente aterrador. 

sábado, 11 de enero de 2025

Intoxicadas

 La semana transcurrió movida. El finde pasado celebró su cumpleaños mi hermana, el miércoles yo celebré mi cumpleaños y el jueves mi sobrino mayor cumplió los años y lo celebró en un salón.  Además, ese mismo jueves, yo festejé mi cumpleaños en la oficina. Llevé torta, nos coordinamos para comer con las chicas, comida de afuera y fue todo un siga siga... 

Pero eso si: yo me sentía bárbara de la panza. Comer, comimos todos mucho más de lo normal, pero la particularidad fue que terminamos entre el viernes y hoy terminamos intoxicados con el catering contratado para el cumpleaños de mi sobri. Cayó mi hermana, mi cuñado, mi otra hermana, mi sobrinito el más bebé, y hoy sábado caímos mi mamá y yo. 

Ayer yo estaba bien. Comí. Trabajé. Fui al dentista. A la psicóloga. Como un día normal. Pero hoy ya me levante muy temprano por las molestias. Pensé que iba a ser un cuadro de diarrea pero a eso se le sumó un episodio de vómitos, muchísimo dormir corporal, fiebre y malestar general. 

Me dejó destruida. Es increíble como en pocas horas me desbarató. Obviamente, me pasé el día en casa. En la cama, sobreviviendo al calor y al malestar. Mi mamá igual. Mi papá nos cuido pero en realidad después de la depuración lo único que hicimos fue dormir, dormir y dormir. 

Aun no tengo fuerzas para levantarme. Solo me levante al baño. Me duelen mucho las piernas, las articulaciones de todo el cuerpo y me pienso quedar en reposo hasta sentirme mejor. Mi mamá está igual, ya durmiendo de nuevo, de hecho. 

Espero mañana sentirme mejor. Tuve que suspender el masajista y abortar mi plan de ir a nadar así que fue un sábado perdido. 

Ahora me voy a seguir durmiendo... 

Van diez días del año y viene bastante más demandante físicamente de lo que desearía. 

La casita del árbol

 - Fueron dos semanas intensas. Banque en Año Nuevo, banqué con mi cumpleaños, pero no pude bancar verlo el finde pasado. 

- Recibiste tres cachetadas y bancaste dos. Estuvo bastante bien. 

- No me alcanza. Siento que debería haber podido bancar las tres. Pero el domingo admito que lo intenté y lo que me ganó fue el desafío de jugarle el partido. Soñé con el toda la semana y el domingo me levante y dije voy a configurar esto de las redes sociales porque como viene la mano... Buscaba que los mensajes nuestros sean temporales, pero ni sabia que le avisaba. Lo vió al segundo, literal. No me dio tiempo de nada. 

- Y no salio como esperabas. 

- Nah. Me sentí una tarada porque la tecnología es mi terreno y me jugo una mala pasada. Tuve que dar la cara. Lo maneje bien, dije " no estoy hablando con el diablo", pero... cuando empezamos a joder y empezó a hacer preguntas, etc, listo, perdí.  Y el encuentro sexual en sí, estuvo bien pero pasaron cosas... que yo dije esto es un montón. Cosas que después necesité pensar. 

- ¿Cómo cuales? 

- Yo entre en plan 'ok, si estas apurado, vamos a hacerlo rapidísimo' y fue por eso que le dije basta del relleno con pelotudeces. Y Javier no se, al principio se sumo, después me empezó a preguntar qué quería, que le cuente, etc. A él todo ese trato de "dale, solicitado," siempre lo intimido de mi. Siempre el me decía "me siento apurado por vos" y se alejaba. Acá lo apuré, apropósito, para que baje el nivel, y no retrocedió. Al contrario, me agarró de la mano sin dudarlo dos segundos y vamos... 

- El sentirse apurado para Javier no funciona igual en todos los momentos. Pero hay que reconocer que en los últimos encuentros viene mostrando ciertas diferencias. 

- Algo que para mi fue simbólico fue cuando sonó el teléfono. Estábamos ahí, ya en situación, y le suena el teléfono. Bueno, cuando suena el teléfono se levantó puteando y fue a atender donde lo tenía, saliendo de la habitación. Entonces yo me quedé ahí en su pieza y dije ' bueno, quizá sea una buena opción para irme" y de pronto vino y hizo el gesto de que hiciera silencio, viste. Yo le hice señas para que se siente y me decía que no... y empezó a darse toda una dinámica de silencio, contacto, adrenalina... 

- ¿Y para que fue ahí, Javier? 

- Ni idea. Pero vino, y una atmósfera que era para huir, terminó siendo un juego muy arriesgado. Él quería tocarme, esas cosas... Y a mi me pasaron dos cosas: me dio culpa participar del juego y al mismo tiempo mi cuerpo reaccionó espectacular a ese juego. Se que me dio culpa arriesgarnos así, tipo, estar en esa situación y no poder dejar de reírnos y tocarnos y todo eso. Pero después cuando corto le dije que era un montón. Se llegaba a escapar una risa, un ruido, y era un papelón. Y me asombra como Javier ni acepto quedarse sentado al lado mio. Le dije: un límite te pido, y ves que se los está comiendo a todos. 

- Fue con ese propósito. Javier está dejando entrever cada vez más cosas en los encuentros. Ya no son los mismos encuentros del principio. Te cuenta cosas, te pregunta, y vos estas formando parte de un secreto. Ese secreto, se sostiene. Esto que me decías que te parecía que te mandaba el mensaje desde el baño, un poco más; la invitación de Año Nuevo, el encuentro donde te cuenta del árbol que se le cae en la casa, la otra vez se le había bajado un poco el árbol. 

Me reí. Asentí. 

- Ya no es todo como al principio, donde vos ponías el cuerpo. Javier no pone el cuerpo, solamente y eso te lleva a que aunque vos vayas a intentar tener sexo con el, solo por el cuerpo, tengas que poner más que el cuerpo. 

- Por eso me dio culpa el juego. Igual no me obligó. Jugamos ambos. Pero sentí como que era demasiado. 

- Te estaba pidiendo mucho más que el cuerpo. Por eso. Te pedía complicidad. Silencio. Vos crees que entras al cuerpo de Javier, pero en realidad estas dando más. Expones tu cuerpo, pero también, das muchas más cosas. Es el mensaje, es la palabra amante, es la complicidad para jugar un juego juntos, asumir un riesgo. 

- Yo no quiero dar nada. Solo el cuerpo. No es tan difícil. No me tiene que hablar después de nada, ni ofrecerme este relleno qué te digo. E intenté eso el otro día, despersonalizarlo. 

- Pero eso ya no es posible... Porque cuando vos estas con Javier, estas con su cuerpo, y con todo lo demás. Y es importante esto porque vos quizá estas buscando en ese encuentro que todo sea cuerpo pero también te encontraste con que tenés un vínculo con éste hombre. 

- Es un ser humano terrible. Para mi es imposible tener un vínculo con el. 

- Quizá, no tanto. Vos le pediste ir a los bifes y te cambio la jugada. 

- Fui ácida. Lo admito. Te juro que pensé que lo iba a hacer sentir distancia de mi. Porque no quiero escucharlo. Y el me cuenta y viste cuando decis Javi, esto es mear afuera. 

- Y fue todo lo contrario... Porque es todo lo contrario. 

- Me preguntó cosas. Tipo, de mi vida personal. Si había salido el finde, como me estaba yendo en el trabajo, la carrera. Le conté que me llamaron de otra multinacional y me dijo que lo pensara, que un año y medio era poco tiempo, y para mi... viste, es otra cosa la vida. Y cuando le dije que lo había hablado con un amigo, que me daba dudas porque yo era una loca yendo al frente, me miraba con cara de "ay, ella" y me sonreía. 

- ¿Qué hiciste? 

Mofe. 

- Me puse incomoda y empece a mirar el celular. Me decía del gato, besaba al gato en frente mio y me mostraba el tema de los párpados. Un montonazo de cosas que no quiero saber. Yo quiero garchar y no sentirme incomoda si me quiero ir de la casa a los cinco minutos. Quedarme media hora, una hora ahí hablando, es medio un embole porque me cuenta cosas de su vida, yo ni se que decirle, no se... 

- Tener un vínculo implica otras cosas. Aunque sea un vínculo de amantes. 

- Que yo no quiero. 

Asentí. 

- Espero poder atajar la piña si existe otra. 

- ¿y que vas a hacer para eso? 

- Me pague natación y un masajista. Para poder poner el foco en otro lado, relajar, que me agarre con el cuerpo descargado. 

- Para poner el cuerpo en otro lado, si. Habrá que hacer el intento. Es una buena alternativa. 

- Lo voy a intentar. No tengo ganas de ir pero tengo que ir. A ver si me ayuda. Así que me compre una malla nueva qué es una bomba y bueno... a intentar que no se caiga el árbol. 

- Si. Vamos a ver si darle al cuerpo otra función te ayuda. Veremos como sigue este árbol. 

martes, 7 de enero de 2025

El contexto

 - Ahí le mandé un audio a Pedro – dijo Javier.

- Está bien – le respondí.

- Estamos viendo porque tenemos a mi tía muy mal.

- ¿Dónde está ella ahora? – le pregunto.

- En el Sur. La tenemos que traer acá, pero la tenemos que traer bien, con todo organizado, porque nadie se está ocupando de ella. La obra social la dejó tirada. Mi tía tiene una discapacidad y hay una ley. La tienen que ayudar.

Asentí. Sentí pena por la tía de Javier. Por la época donde la conocí siempre fue súper amable conmigo. Siempre tuvo palabras afectivas. Siempre me saludaba con un abrazo, me decía que era hermosa, que era una alegría verme y yo, de mi lado, siempre me tomaba un rato para estar con ella. Pensé, mientras Javier me contaba de su tía, por qué la vida me ponía en la situación aleatoria de ver la muerte, o al menos las últimas luces, de todos aquéllos a los que Javier había querido. Pensé que podía hacer yo, útil, con lo que me contaba. Pensé que quizá me lo contaba porque quería hablar con alguien de eso, pero advertí en ese mismo instante que nuestra relación no implica esa vulnerabilidad. Aunque Javier se confunde bastante en esto.

- Sí, es una ley de alcance nacional, contra un privado, que no se está haciendo cargo de sus obligaciones en términos del servicio que presta. Lisa y llanamente, es eso – comenté – Más allá de que después ustedes decidan si se la traen acá, o no, el privado le tiene que dar, en el marco de esa ley, sostén y cobertura.

Javier me miró seriamente. Asintió.

- Bueno, eso es lo que yo le digo a Pedro. Pero hace semanas que esta discutiendo, que estamos discutiendo con mis primos de allá, porque no podemos hacer nada nosotros desde acá si no tenemos algo armado. Así que decidimos poner un abogado allá, que nos ayude presentando lo que haya que presentar.

- Sí, y tendrían que ir. Aunque… no sin nada.

- No, por eso. Yo voy a ir si hace falta. No tengo problema. Pero quiero ir con algo claro, que alguien me diga lo que tengo que hacer, porque ya me explicaron que si hago el reclamo en la obra social me van a decir que no…. Y sí, a todos nos dijeron que no. Mi papá también está viendo si tiene algún contacto en una localidad cercana, para que nos pueda ayudar.

- Sí, es que tenés que ir con información y con recursos porque seguramente te encuentres con un panorama de cierta hostilidad. Por el lado de tus primos y por el lado de la obra social.

- Sí – dijo, y se rascó la cara – Estoy muy cansado. Lo de mi mamá, ahora todo esto… Necesito que se acabe.

Suspiré. Me dio ganas de abrazarlo. Me contuve. A cambio, musité:

- Sí, es una situación de mierda, Javi. Pero… pensá que lo valioso es estar. Las cosas, después, pasan como deben pasar. Lo importante es que vos, cuando todo haya pasado, te sientas bien con lo que hiciste y que no te reproches nada. Va a ser más fácil para vos vivir habiendo estado, aunque ahora todo te parezca negro.

Me miró, pensativo.

- Lo que pasa es que, como todo, hay un proceso que sostener. Vos venís de otro, además, con lo de tu mamá. Tenés que tener mucha paciencia para ir desarmando esos nudos. Lleva tiempo. Pero vas a salir.

- Sí, no sé, es que… Hay tantas cosas que tengo que cambiar…

- Lo imagino – dije.

- Pero no te vuelvas loco con todo. Te ocupás, vos Javi, y tenés que manejar esas tensiones con sabiduría ¿me entendés? Porque si no un día vas a reventar.

- Sí, estoy muy gordo, y como mal. Yo jamás estuve así de gordo. Mirame – dice y lo miro sonriendo.

- Ay, Javi, no es importante la estética. Pero sí es importante el orden. Y para estar ordenado, necesitás paz. Y a veces, la paz, lleva tiempo. Tenés que cambiar el mazo.

Asintió.

- El año pasado fue un año terrible para mí.

- Sí, lo sé.

- Necesito que pase todo esto… Que éste año sea mucho mejor. Pero tengo que hacer muchas cosas…

- Ojalá, sí, que sea mejor para todos. Un poco más amigable no nos vendría mal ¿no?

Sonrió.

 (…)

- Tengo que elegir – dijo, y chasqueó la lengua, porque aparentemente eso no era lo que quería decir – tengo que cambiar éste año. Yo llego de la oficina, y como no almuerzo, abro la heladera y como de todo. Después me voy a dormir llenísimo. Al otro día me levanto, y lo mismo. Si me junto con amigos, tomo y después me da una acidez… Y sí, juego a la pelota, pero igual… Estoy re gordo.

- Eso es cuestión de ordenarse. Después bajás de peso. Vas a ver. Pero tenés que hacer todas las comidas del día, tomar agua, dormir un poco mejor, es un conjunto de cosas. La ansiedad nos come un poco a todos, Javi.

- ¿Y a vos? – me preguntó.

- Yo tengo un mecanismo compensatorio con la comida. Vos no te das cuenta, porque quizá me veas flaquita, pero el mecanismo está. Estoy ansiosa y como mucho, o a veces, no como nada.

- Si, pero tenés que comer…

- Sí, ya lo sé, pero como mal. Me cuesta comer comida real. Así que bueno, ya ves que estamos todos un poco en ésa. Vos tratá de bajar dos cambios. Sé lo mucho que te implica, pero bajá dos cambios. Al menos, dos.

Me miró y miró para abajo, sonriendo. Su perro me estaba escuchando atentamente, sentadito, moviendo la cola.

- Decile a tu papá que se cuide y mordelo en el culo si te hace caso, gordi – le digo al perro.

Javier sonríe, de nuevo, y se queda mirando. Yo lo miro, un poco seria, porque no sé qué decirle. Creo que ya está, ya hasta ahí estamos bien con la charla sobre nuestras vidas. Yo también le conté algunas cosas de la mía, laborales, que me han pasado en los últimos días, pero… no quiero decirle nada más. 

A veces, cuando hablamos, noto que yo le cuento las cosas con una superficialidad inmerecida, simplemente, porque no quiero que me vea débil… pero además de no verme débil, también impido que me vea como soy. Que encuentre de nuevo mi corazón debajo de cada fibra de un cuerpo que ahora conoce casi perfectamente; pero, al que aún así, no parece encontrarle un fondo...

Un filamento humano, que sepa latir.

lunes, 6 de enero de 2025

¿Celos? ¿Eh?

 Anoche, charlábamos con Javier antes de irme a casa. Él estaba sentando en una silla y yo mirándolo desde mi estatura. Los pelos de su pierna se frotaban contra mi pierna, por la forma en la que el estaba sentado y yo parada; igual que un pequeño hilo, nos daba una familiaridad al contacto. 

(...) 

-  Yo estoy fuera de forma - insistía Javier-  Tengo que hacer actividad física, ya tengo 50 y pico. El Negro - me dijo, haciendo alusión a su empleado,  a quien conozco de la primera época - bajó diez kilos. Esta bueno hacer algo así. 

- Si, mientras te sientas bien - dije. 

- Si. El hizo eso, y gimnasia. Tendría que hacer lo mismo, la verdad. 

- Hace mil años que no lo veo al Negro. Justo el otro día hablé con el, bah, me respondió una historia por Instagram y ahí estuvimos hablando de Milei. No sabia que era tan peronista... 

- No le interesa mucho la politica a él.

- Ni idea. Solamente nosotros hablábamos que si sigue dormido el peronismo, Milei tiene altas chances de un segundo mandato. Yo le dije eso, viste que nosotros hablamos de esto... 

- Si. No se lo banca a Milei. Pero no le da tanta bola a la política. Escucha porque hablamos nosotros con mi viejo cuando viene a mi oficina - dice. 

《Ay, hablo él, primer peronista... 》pienso, con sorna. 

- A veces escucha la radio que ponemos nosotros... Pero no se, no le da tanta pelota. 

Ese nosotros y ese él, denoto a mi parecer cierta antipatía. 

- Mhm - digo, nada más-  Ni idea. Nos respondimos eso y me pareció que andaba por ese lado. Nos reímos ese rato y fue... - le dije, sin mentir. 

Es obvio que yo no buscaría justo al empleado de Javier para levantarmelo, así que no tenía motivo alguno para omitir nada ni tampoco obligación en explicárselo. 

- Nah - dice, con un dejo despectivo. Es como si me dijera "mira que es un burro y lo que sabe lo sabe por mi y por mi papá". 

Lo miro y ni le respondo. No se por que se pone tan despectivo de pronto. ¿No se da cuenta que merezco algo mejor de lo que ofrece y que no voy a esperar que nada más que sexo ocurra para nosotros? 

- Bueno, esta afuera el uber... Me voy, chau Javi. 

Le doy un beso en la mejilla, mientras salimos a la puerta. Nunca se sabe. Siempre es mejor disimular. 

- Hablamos en la semana ¿dale? - dice mientras me acompaña a la puerta para ver que me subo al Uber. 

(...) 

II. 

Un rato antes,  charlando sobre su árbol, también me da la sensación de que esta haciendo algo demás. Yo le digo: 

- fíjate porque quizá no va Defensa Civil. Esta todo lo de Reyes. Anoche pasé tipo dos y estaba todo cortado, se ve que aprovecharon la noche. Quizá no estén disponibles - le expliqué. 

- ¿Te fuiste de gira el sábado? 

- Definí gira... 

- Si saliste... tomaste, todo eso... - dice. 

《Qué te importa》pienso. Yo no le pregunto nada. Él es en cambio el que me cuenta que el otro día fue a una fiesta y para no recibir multas se pidió un Uber. Dice todo asombrado que lo llevo una chica y yo le explico que si, que las mujeres también hacen a veces esos viajes porque necesitan la plata. Que es peligroso, pero que tuvo suerte. 

-Tuve un cumpleaños - digo, corta de palabras y le cambio de tema. 

No le pregunto con quien fue a la fiesta. Para que. Si se acostó con alguna. Nada. Y la verdad es que no me desvela si ve o no ve a otras. Obviamente, nos cuidamos y eso es lo único que me importa. Un doble método anticonceptivo y la discreción del que no pertenece al mundo del otro. 

III. 

Sin embargo, a veces pienso que Javier está muy seguro de una fidelidad que para mi no existe. 

¿Si en este momento solo tengo sexo con el? Si. Pero en lo profundo mi intención es otra. Es decir, que el sexo consigo para mi no tiene carácter de compromiso ni constituye nada con futuro. Por eso yo no renuncio a la posibilidades que pueden venir y pienso que quizá en algún momento conozco a alguien piola y que obvio, ni me lo pierdo. Así como un día conocí a Galeno, y deje a los otros detrás, lo mismo haría con Javier. Especialmente, porque se que el no tiene más para dar. Y porque se que yo merezco mucho más si a cambio te doy una relación. Porque una relación, es cosa seria en mi diccionario e implica un compromiso perdurable. Cosas imposibles para mi y para Javier, juntos. 

Por eso, anulo las preguntas que quizá haría en otros contextos. Por eso, las de Javier me incomodan. ¿Qué pasaría si un dia le digo que si, que salí, que me acosté con otros, o que no nos podemos seguir viendo porque me estoy viendo con alguien más?  

Yo estoy tan segura que jamás cambiará su situación, que ni me interesa conocerla. Él seguirá en la misma y yo seguiré haciendo lo que pueda. Pero eso si, sin perder de vista que un buen día puede venir un tipo como la gente y mostrar otra intención. ¿Si me cuesta creerlo? Si. ¿Si es imposible? No. Quedará en mi. Al igual que la información sobre la vida privada. 

Lo que faltaba: que el que me quiere tener de amante, se ponga a hacer preguntas. 

El llamado

 Javier sale de la cama puteando. Atiende, un poco agitado y tose para disimular. Yo me quedo en cama, expectante. Son segundos nada más donde espero a ver que dice para entender quién es. Él todavía no vuelve. Yo pienso en que quizá es momento de irme. O quizá, no.  Espero y escucho de lejos: 

- Hola.  ¿Qué haces chabón? ¿Qué pasó? - dice Javier, a modo de saludo.  

De pronto, me acomodo en su cama. Una hendija de luz me trae también su voz. Cuando estoy mirando el techo, pensando en absolutamente nada mas que el presente, y esperando a ver qué pasará,  Javier abre la puerta y entra a su dormitorio con sigilo.   Mientras habla, sonríe con picardía y me pide que haga silencio. Veo que sigue hablando por teléfono y me alegra ser silenciosa a cuenta en algunas oportunidades. Una palabra demás, nos hubiera condenado. Pero Javier creo que me conoce lo suficiente para saber que yo no voy a decir nada que lo margine. 

Sin embargo, cuando lo veo con su caminar sigiloso, y noto que se va acercando, me dan ganas de reírme. No puede creer que este haciendo esto. No puedo creer la situación. No puedo creer que se anime a tanto. Me asombra como nada lo intimida conmigo pero también me asusta un poco. Es una mezcla de emociones difícil de explicar especialmente si son inesperadas. 

Me corro y le hago lugar en la cama para que se siente pero el me dice que  no con una mímica divertida. Yo lo miro desconcertada y me hace señas para que me acueste. Tapándome la boca para no reírme, le digo que no. Él me mira y me burla con gestos, por lo que los dos nos aguantamos la risa.  Seguimos como peleando mientras nos queremos reír.  Javier apoya el teléfono entre su oreja y su hombro y dice que si, al interlocutor, como si estuviera muy atento. A mi, me tironea entre risas y me dejo llevar pensando que esta loco. Muy loco. Un lado mío, se excita. Otro, se sorprende. El otro se quiere reír. El otro, no puede creer cómo está ahí, en esa situación. Y la suma de todos, confirma todas las variables de mi lado oscuro. 

Cuando Javier me tironea, para jugarme el partido con más adrenalina de mi vida, decido que le voy a jugar el mío propio.  Me acaricia y nos sonreímos, mientras sacudo la cabeza y el me hace gestos con los ojos. A una parte mía, le encanta que sea tan morboso y no quiere más que participar. A la otra, le dá culpa verlo, experimentarlo, vivirlo. 

Javier me toca y me acaricia, mientras habla. Le pido que me dé un segundo con un gesto mudo mientras escucho que le hablan y hablan y hablan del otro lado. Se escucha toda la charla. Parece ser algo de la obra social, de un reclamo, un problema familiar con unos parientes de otro lado. Una lista de reclamos y de etc le llueven sobre los familiares y el conflicto, pero Javier se aguanta la risa. Yo también.  Y me decido. Hay que hacer realidad ese juego, sí. Ya está planteado. Ya ambos tenemos ganas. Es cuestión de dejarse llevar. Y con Javier, eso, es tan fácil que me aterra. 

La voz del teléfono no cesa. Pienso en no emitir ni siquiera un suspiro qué nos delate.  No se quien es, pero a lo lejos, algo familiar se que tiene esa voz masculina para mi.  Lo toco, pero Javier sube la apuesta y me acaricia donde más me gusta. 

Lo miro, alerta y le digo que no con la cabeza. 

- Si, entiendo, vamos a ver qué hacemos, sí...  - dice Javier.  Más palabras nos llegan, mientras lo acaricio y lo miro concentrada en cómo lo estoy tocando. Midiendo el hilo fino de sus reacciones. 

- Si, si - tose - entiendo, claro. Eso lo tenemos que... - me mira y le hago señas de que haga silencio- Si, eso lo podemos ver mañana. 

La voz habla sola. Javier dice "aha" cuando puede y ahí, cuando lo veo así, me doy cuenta de lo que quiero hacerle. Entonces, casi como un llamado de otro tipo, empiezo a torturarlo.

Le pido que haga silencio. Lo acaricio, le doy besos por algunos costados del cuerpo no por cariño sino como un resorte y lo investigo mientras termino de desnudarlo. Javier empieza a tener mas dificultades de la misma manera en que yo doy cuenta que no puedo guardar silencio para que me toque. Le hago señas para que me deje y me dejo ir concentrada en los distintos mecanismos que hacen a esa tortura. 

 Él se rinde enseguida.  Le cuesta hablar. Casi no responde. 

- Si si, te escucho boludo - dice. La voz se alarga en argumentos. " Hay que hacer el reclamo en la obra social y que se muevan y si no ponemos un abogado", dicen. Javier dice sólo sí. 

Yo sigo explorando los límites y las posibilidades del juego. Javier me mira con varias caras; la de placer, predominante, y además la de diversión. Compruebo con esto que tiene un lado pícaro interminable, es decir, que siempre saca de la caja de Pandora una jugada más. Y que eso me gusta en él, mal que me pese, porque si algo admite conmigo en ese contexto es su lado más jodón, pero también, más picante. 

 El cree que es el único morboso en el planeta y yo le advertí varias veces que tengo un lado muy oscuro que desconoce, es decir, un lado que es más morboso, más insolente, más salvaje. Javier siempre me dice que quiere conocerlo pero yo le digo la verdad: siento miedo en mostrárselo, creo francamente que no puedo mostrárselo y que me vea de la misma forma, entonces, me lo guardo. Pero con esto, es difícil que no salga a la cancha mi propia mente aportando condimentos.  Dentro de ese juego inesperado, ambos lo estamos disfrutando. 

La tensión del momento es innegable. El deseo, también, por extraño que parezca. 

- Si. Lo vemos mañana, si queres y nos fijamos qué... - se aguanta y yo me freno para que pueda hablar - que... estem... qué le decimos.... - hace un esfuerzo. 

- Si, porque hay que hacer el reclamo y... me dijo que (...)  - dice la voz. Quien sea que lo haya llamado a Javier, se encuentra acalorado en su demanda, pero en realidad yo pienso en ese momento que los acalorados somos nosotros. Si aquella voz tuviera ojos, no podría creer lo que está pasando. 

Siento a Javier en la cama. Lo miro y le pido que haga silencio de nuevo ,que se mueva despacio. El sonríe y me dice que sí, entonces, muy despacio le beso el cuerpo. Javier ni siquiera puede hablar. La voz solamente se extiende pero no recibe respuesta de él. Le acaricio las piernas, mientras lo miro y me sonríe como si me estuviera prometiendo un regalo. 

Lo miro y le hago señas para que se ría, pero se aguanta como un campeón. 

- Bueno - dice con dificultades - Mañana te llamo y lo hablamos bien en todo caso- dice. 

Yo asiento con la cabeza y festejo, burlonamente, mientras le hago una mueca. Javier me hace señas con la mano y se ríe mostrándome los dientes. 

 ¿Dale? Te mando un abrazo. 

La voz tarda más en despedirse. Yo empiezo a subir cada vez más la apuesta. 

- Bueno. Después hablamos - pide - Abrazo. Sí, después mañana lo vemos bien. Chau. 

Sonríe cuando se separa del celular para poder cortar el llamado. Sin moverme, lo miro y trato de aguantar la tentación para no reírme. La adrenalina es increíble pero también una locura.  Me quedo mirándolo hasta que corta y luego de eso, nos empezamos a reír. 

- ¡Javieeeeer! - me quejo, sorprendida - ¿Cómo se te ocurre? 

- No entendí nada de lo que me dijo - admite, muerto de risa. 

- ¿Quién era? Tenía unas ganas de hablar justo... 

- Mi hermano- me explica, muy liviano. 

Cuando me dice que el interlocutor del otro lado era su hermano, me quedo tiesa. Su hermano Pedro le estaba hablando, como siempre bajándole línea sobre el mundo. Javier, estaba en otro mundo. Tan sencillo como eso. 

¿Lo hubiera hecho si sabía que era Pedro? Pedro me representa algo muy pesado, doloroso, pero al mismo tiempo, propio de otro tiempo. Él era el tipo que le decía a Javier que no se tenía que meter conmigo hace diez años porque yo era más o menos el pecado en persona. El tipo que nos miraba mal cuando estábamos juntos. El que metía palos en la rueda. El tipo al que nunca le caí bien y el principal opositor a que tuviéramos una relación cuando ambos estábamos solteros y cuando los dos no teníamos nada que esconderle a nadie.  

Una vez más entiendo que quiso intervenir sin saberlo en el desarrollo de los hechos, pero que los hechos lo sobrepasaron. Igual que nos sobrepasaron a nosotros, en la dinámica de ese juego divertido para excitarnos. 

Yo me quedo callada. Nos miramos. Ni hace falta ponerle palabras a nada de lo que se nos pasa por la mente. 

- Estas loco, Javier - digo y lo acaricio, para retomar lo empezado - Es un montón. 

Javier gime. Sonríe. Gime mas. Este juego lo llevo al límite. Fue como si lo hubiera acelerado, por las mismas razones que a mi, y en cuanto puede expresarme me doy cuenta lo comprometido del panorama.  

- Acostate, ahora si - dice y lo miro, mientras humedece sus dedos. Me mira como si me quisiera devolver la apuesta y me abre las piernas con una rudeza fina que me gusta. Mientras me toca, muy suave, me mira como si fuera un camión lleno de helado. 

《Que bastardo》 pienso, porque siento que me estoy volviendo loca. Pensar en él como un bastardo es un elogio porque es un recordatorio de la locura que me contagia. 

Resulta que yo también estoy acelerada. La adrenalina se convirtió en deseo al instante.  Verme muy excitada como el me dice que más allá de todo pudor el juego cumplió su cometido y eso es un hallazgo muy poderoso. ¿Estoy loca? ¿Qué me pasa? Es la primera vez que me pasa algo así. Que la adrenalina se convierte en otra cosa para ambos, que nos divertimos de esa forma, que encuentro alguien con quien jugar ciertos juegos que con otros jamás hubiera propuesto o jugado. 

Javier continúa acariciándome despacio. Me besa el cuerpo. Se detiene en ellas y yo me estremezco con mayor intensidad. 

- Tengo miedo de marcarte - le digo -  Anda despacio. 

- Cuidado con esas uñas - me burla y me acomoda las manos para que me agarre de lugares seguros.  

¿Tenias ganas hoy? - me torea. 

Yo casi no puedo hablar. Podría llamar a eso rendirme por placer, sin duda alguna. 

-  Te lo advertí - digo. 

Javier se ríe. Y me toca, mientras se deja acariciar lentamente. Recorro con mis manos su brazo, con su mano, que sé dónde termina. Siento bajo mis dedos cada una de las venas de las manos de Javier, que me erizan, me acarician y me buscan el punto del orgasmo.  Primero suavemente. Después, muy intensamente. Y muy suave. Y cuando me enloquezco muy fuerte. 

Nunca le había permitido a nadie semejante disponibilidad del cuerpo, no por la actividad, sino por la forma. En ese momento, no me importa si queda mal, si queda bien o si no es apropiado comunicar tus deseos. Yo estoy cayendo en un abismo de azúcar y de veneno. 

- Me desespera- digo, sin pensar. 

- ¿Qué? - dice suave - ¿Qué te desespera? 

- No poder agarrarte. Necesito eso. Pero no te quiero marcar. 

Javier se acerca mas y me deja agarrarlo. Se acomoda para que me agarre más de el en lugares menos visibles. Mientras, me toca y me acapara con su cuerpo.  Ahora, me tiene acostada en su cama, desnuda, con las piernas abiertas, diciendo lo que en mi vida dije: "necesito tocarte", solo esperando más, mientras sus manos me tocan buscando que llegue a la cima. 

 Me agarra del pelo con la mano que le queda libre y me pregunta: 

- ¿Ésto es lo que vos querías? 

- Si - digo - yo te lo dije... - le digo, como puedo. 

- Yo te lo voy a dar. ¿Sabes? 

- Sí - digo y lo agarro del pelo, y lo aprieto contra mí, porque ya estoy llegando. 

Ya casi, ya casi, ya casi.  

- ¿Queres que sigamos? 

Gimo. Me toca más y más. Hasta que llego, finalmente, a un orgasmo increíble. De los mejores que he tenido en esa modalidad. Que ni siquiera yo entiendo. 

II. 

Después de mi liberación, subimos la apuesta. Javier me mira, me pregunta qué mas quiero y me río antes de responder.  En cuanto tomamos más ritmo, y vuelvo con la efervescencia del deseo, disparo munición pesada. 

- Me encanta cogerte - dice como molesto con eso y se ríe-  ¿A vos te gusta también, no, que yo te agarre y te haga cosas? 

- No, ni me gusta. Solo se me escapan orgasmos. Salen solos y yo no los dejo - lo burlo. 

Javier se ríe. Me da las manos para movernos más. Se mueve intensamente y yo doy, por lejos, el sarandeo más intenso que puedo. Al menos, que puedo por ahora. 

- Va tomando ritmo... - comenta, complacido. 

Y la venganza es terrible sí. 

- Nos vamos a morir los dos - digo, mientras me dice mil cosas.  

Sigo dándole su merecido y él sigue tocando la punta de su propio placer. En ese momento, un pensamiento fugaz me dice "sigo asombrada de lo que hacemos" y sí, es así.  

Me asombra lo que hacemos. Siento como si no me hubiera conocido nunca a mi misma. 

- Ay , no... no - dice. 

- ¿Qué pasa, estas bien? 

Lo acaricio para que abra los ojos. 

- No creo durar muchísimo hoy. ¿No hay problema? 

Le sonrío. 

- No, tranquilo. No tiene nada de malo. 

Sonríe. 

- Ya se, pero hoy me llevaste allá arriba muy rápido. No doy más. 

Me muevo más, y le sonrío. 

- Habló el que me estaba tocando hace un rato ' lo burle - Dejate llevar - le dije y lo acaricié. 

Javier sonrió,  se río y llego al orgasmo muy pronto, como si lo hubiera aniquilado. Fue un orgasmo muy muy intenso. De los más intensos que le vi. Quedó literalmente con espasmos. 

 Le acaricié el pecho, conteniendo el movimiento involuntario de su cuerpo, como réplicas de un terremoto.  Me salí del lugar muy delicadamente y me miró sonriéndome como si hubiera ganado Perón las elecciones. 

- Qué manera extraña de acabar - dijo - Fue muy extraño. No se... Tarde poco tiempo en llegar a algo así, re contra intenso. 

- Lo importante ¿te gustó? 

- Siiii. Me encantó. Pero no pensé que podía hacer esto. 

- ¿Vos no dijiste que mañana temprano, que no se qué? Bueno, ahí tenes - dije. 

Me levante de la cama y Javier lo mismo. Nos ocupamos cada uno de lo suyo. Cuando el volvió, me encontró casi completamente vestida. Se descolocó. Lo note porque enseguida me dijo: "espérame, voy a mandarle un audio a mi hermano porque no escuche una mierda de lo que me dijo".  Me quede quieta cuando le mando el audio a su hermano. 

III. 

Salí del baño, el se metió para devolver unas toallas y enseguida se puso a hablar, hablar, hablar y hasta se sentó en la mesa. Yo me quedé parada, tomando agua y me puse muy cautelosa. Queria irme porque no le iba a dar el gusto de quedarme para que después se crea con derecho al reclamo.  Pero Javier no me está dejando. 

En cuanto termine el vaso de agua, empecé a buscar el uber. Tardo bastante. El se ofreció a llevarme varias veces y le dije que no. Entonces, empezó a buscar una película para ver mientras yo buscaba el Uber y le demostraba con eso que compartir no era tan necesario. 

Antes de irme, Javier me miró y me dijo que a veces tenía demasiadas películas para mirar y que no podía elegir, mientras hablábamos de series. Yo lo mire y asentí, creyendo honestamente que estábamos hablando del cine.  Pero no.  Me miró con cara. Yo lo mire en silencio. 

- Es que a veces el creer que hay de sobra hace que elijamos mal la peli. No elegis lo que realmente te gusta y después decis no me gusta esta peli y busco otra y otra  - digo. 

Javier se sonríe débilmente. Yo lo miro sería, me pongo la campera y el no me deja de mirar. ¿Estamos hablando de cine, de elecciones o de posibilidades? 

- Lo tiraste nomas - dice. 

- En cinco viene el uber, Javi - digo - Si, las plataformas son así. 

- Este año, tengo que elegir - dice y enseguida se corrigió- que cambiar. Tiene que cambiar el año. Fue un año terrible el año pasado. Quiero que este sea mejor para mi. 

- Fue un año muy duro para vos, si. Ojalá que pueda ser más fácil. 

- Tengo que cuidarme más. Con la comida, estoy muy gordo y yo nunca estuve así. Y con la bebida. Tomo mucho seguido y la acidez. Además de ponerme en forma, espero poder solucionar los quilombos. Así, arranco de nuevo- dice. 

- Sí, Javi. Tenes que cambiar el mazo. Y los hábitos. 

Javier me mira, parada frente a el, mientras sigue sentado. Me mira con una simpática manera. 

- ¿No me cambias tu riñón? El tuyo esta nuevito. 

Sonrío. Me río. 

- No. Mio. Vos me ves así, pero este riñoncito tiene mucha Coca en su haber. 

- ¿En serio sos tan adicta? 

- Si. Muy. Bueno, viene el uber. 

- Te abro, ya que no me dejaste llevarte. 

- No pasa nada. Mejor así. Chau. 

-  Chau. Hablamos esta semana ¿dale? - dice. 

- Capaz que si. ¿O no soles saludar a la gente por su cumpleaños? 

Javier se ríe. 

- Es verdad. Es esta semana. 

Me mira. 

- El verdadero memorioso - lo saludo . 

Sonríe  y me da un beso en la mejilla de nuevo.