Javier sale de la cama puteando. Atiende, un poco agitado y tose para disimular. Yo me quedo en cama, expectante. Son segundos nada más donde espero a ver que dice para entender quién es. Él todavía no vuelve. Yo pienso en que quizá es momento de irme. O quizá, no. Espero y escucho de lejos:
- Hola. ¿Qué haces chabón? ¿Qué pasó? - dice Javier, a modo de saludo.
De pronto, me acomodo en su cama. Una hendija de luz me trae también su voz. Cuando estoy mirando el techo, pensando en absolutamente nada mas que el presente, y esperando a ver qué pasará, Javier abre la puerta y entra a su dormitorio con sigilo. Mientras habla, sonríe con picardía y me pide que haga silencio. Veo que sigue hablando por teléfono y me alegra ser silenciosa a cuenta en algunas oportunidades. Una palabra demás, nos hubiera condenado. Pero Javier creo que me conoce lo suficiente para saber que yo no voy a decir nada que lo margine.
Sin embargo, cuando lo veo con su caminar sigiloso, y noto que se va acercando, me dan ganas de reírme. No puede creer que este haciendo esto. No puedo creer la situación. No puedo creer que se anime a tanto. Me asombra como nada lo intimida conmigo pero también me asusta un poco. Es una mezcla de emociones difícil de explicar especialmente si son inesperadas.
Me corro y le hago lugar en la cama para que se siente pero el me dice que no con una mímica divertida. Yo lo miro desconcertada y me hace señas para que me acueste. Tapándome la boca para no reírme, le digo que no. Él me mira y me burla con gestos, por lo que los dos nos aguantamos la risa. Seguimos como peleando mientras nos queremos reír. Javier apoya el teléfono entre su oreja y su hombro y dice que si, al interlocutor, como si estuviera muy atento. A mi, me tironea entre risas y me dejo llevar pensando que esta loco. Muy loco. Un lado mío, se excita. Otro, se sorprende. El otro se quiere reír. El otro, no puede creer cómo está ahí, en esa situación. Y la suma de todos, confirma todas las variables de mi lado oscuro.
Cuando Javier me tironea, para jugarme el partido con más adrenalina de mi vida, decido que le voy a jugar el mío propio. Me acaricia y nos sonreímos, mientras sacudo la cabeza y el me hace gestos con los ojos. A una parte mía, le encanta que sea tan morboso y no quiere más que participar. A la otra, le dá culpa verlo, experimentarlo, vivirlo.
Javier me toca y me acaricia, mientras habla. Le pido que me dé un segundo con un gesto mudo mientras escucho que le hablan y hablan y hablan del otro lado. Se escucha toda la charla. Parece ser algo de la obra social, de un reclamo, un problema familiar con unos parientes de otro lado. Una lista de reclamos y de etc le llueven sobre los familiares y el conflicto, pero Javier se aguanta la risa. Yo también. Y me decido. Hay que hacer realidad ese juego, sí. Ya está planteado. Ya ambos tenemos ganas. Es cuestión de dejarse llevar. Y con Javier, eso, es tan fácil que me aterra.
La voz del teléfono no cesa. Pienso en no emitir ni siquiera un suspiro qué nos delate. No se quien es, pero a lo lejos, algo familiar se que tiene esa voz masculina para mi. Lo toco, pero Javier sube la apuesta y me acaricia donde más me gusta.
Lo miro, alerta y le digo que no con la cabeza.
- Si, entiendo, vamos a ver qué hacemos, sí... - dice Javier. Más palabras nos llegan, mientras lo acaricio y lo miro concentrada en cómo lo estoy tocando. Midiendo el hilo fino de sus reacciones.
- Si, si - tose - entiendo, claro. Eso lo tenemos que... - me mira y le hago señas de que haga silencio- Si, eso lo podemos ver mañana.
La voz habla sola. Javier dice "aha" cuando puede y ahí, cuando lo veo así, me doy cuenta de lo que quiero hacerle. Entonces, casi como un llamado de otro tipo, empiezo a torturarlo.
Le pido que haga silencio. Lo acaricio, le doy besos por algunos costados del cuerpo no por cariño sino como un resorte y lo investigo mientras termino de desnudarlo. Javier empieza a tener mas dificultades de la misma manera en que yo doy cuenta que no puedo guardar silencio para que me toque. Le hago señas para que me deje y me dejo ir concentrada en los distintos mecanismos que hacen a esa tortura.
Él se rinde enseguida. Le cuesta hablar. Casi no responde.
- Si si, te escucho boludo - dice. La voz se alarga en argumentos. " Hay que hacer el reclamo en la obra social y que se muevan y si no ponemos un abogado", dicen. Javier dice sólo sí.
Yo sigo explorando los límites y las posibilidades del juego. Javier me mira con varias caras; la de placer, predominante, y además la de diversión. Compruebo con esto que tiene un lado pícaro interminable, es decir, que siempre saca de la caja de Pandora una jugada más. Y que eso me gusta en él, mal que me pese, porque si algo admite conmigo en ese contexto es su lado más jodón, pero también, más picante.
El cree que es el único morboso en el planeta y yo le advertí varias veces que tengo un lado muy oscuro que desconoce, es decir, un lado que es más morboso, más insolente, más salvaje. Javier siempre me dice que quiere conocerlo pero yo le digo la verdad: siento miedo en mostrárselo, creo francamente que no puedo mostrárselo y que me vea de la misma forma, entonces, me lo guardo. Pero con esto, es difícil que no salga a la cancha mi propia mente aportando condimentos. Dentro de ese juego inesperado, ambos lo estamos disfrutando.
La tensión del momento es innegable. El deseo, también, por extraño que parezca.
- Si. Lo vemos mañana, si queres y nos fijamos qué... - se aguanta y yo me freno para que pueda hablar - que... estem... qué le decimos.... - hace un esfuerzo.
- Si, porque hay que hacer el reclamo y... me dijo que (...) - dice la voz. Quien sea que lo haya llamado a Javier, se encuentra acalorado en su demanda, pero en realidad yo pienso en ese momento que los acalorados somos nosotros. Si aquella voz tuviera ojos, no podría creer lo que está pasando.
Siento a Javier en la cama. Lo miro y le pido que haga silencio de nuevo ,que se mueva despacio. El sonríe y me dice que sí, entonces, muy despacio le beso el cuerpo. Javier ni siquiera puede hablar. La voz solamente se extiende pero no recibe respuesta de él. Le acaricio las piernas, mientras lo miro y me sonríe como si me estuviera prometiendo un regalo.
Lo miro y le hago señas para que se ría, pero se aguanta como un campeón.
- Bueno - dice con dificultades - Mañana te llamo y lo hablamos bien en todo caso- dice.
Yo asiento con la cabeza y festejo, burlonamente, mientras le hago una mueca. Javier me hace señas con la mano y se ríe mostrándome los dientes.
¿Dale? Te mando un abrazo.
La voz tarda más en despedirse. Yo empiezo a subir cada vez más la apuesta.
- Bueno. Después hablamos - pide - Abrazo. Sí, después mañana lo vemos bien. Chau.
Sonríe cuando se separa del celular para poder cortar el llamado. Sin moverme, lo miro y trato de aguantar la tentación para no reírme. La adrenalina es increíble pero también una locura. Me quedo mirándolo hasta que corta y luego de eso, nos empezamos a reír.
- ¡Javieeeeer! - me quejo, sorprendida - ¿Cómo se te ocurre?
- No entendí nada de lo que me dijo - admite, muerto de risa.
- ¿Quién era? Tenía unas ganas de hablar justo...
- Mi hermano- me explica, muy liviano.
Cuando me dice que el interlocutor del otro lado era su hermano, me quedo tiesa. Su hermano Pedro le estaba hablando, como siempre bajándole línea sobre el mundo. Javier, estaba en otro mundo. Tan sencillo como eso.
¿Lo hubiera hecho si sabía que era Pedro? Pedro me representa algo muy pesado, doloroso, pero al mismo tiempo, propio de otro tiempo. Él era el tipo que le decía a Javier que no se tenía que meter conmigo hace diez años porque yo era más o menos el pecado en persona. El tipo que nos miraba mal cuando estábamos juntos. El que metía palos en la rueda. El tipo al que nunca le caí bien y el principal opositor a que tuviéramos una relación cuando ambos estábamos solteros y cuando los dos no teníamos nada que esconderle a nadie.
Una vez más entiendo que quiso intervenir sin saberlo en el desarrollo de los hechos, pero que los hechos lo sobrepasaron. Igual que nos sobrepasaron a nosotros, en la dinámica de ese juego divertido para excitarnos.
Yo me quedo callada. Nos miramos. Ni hace falta ponerle palabras a nada de lo que se nos pasa por la mente.
- Estas loco, Javier - digo y lo acaricio, para retomar lo empezado - Es un montón.
Javier gime. Sonríe. Gime mas. Este juego lo llevo al límite. Fue como si lo hubiera acelerado, por las mismas razones que a mi, y en cuanto puede expresarme me doy cuenta lo comprometido del panorama.
- Acostate, ahora si - dice y lo miro, mientras humedece sus dedos. Me mira como si me quisiera devolver la apuesta y me abre las piernas con una rudeza fina que me gusta. Mientras me toca, muy suave, me mira como si fuera un camión lleno de helado.
《Que bastardo》 pienso, porque siento que me estoy volviendo loca. Pensar en él como un bastardo es un elogio porque es un recordatorio de la locura que me contagia.
Resulta que yo también estoy acelerada. La adrenalina se convirtió en deseo al instante. Verme muy excitada como el me dice que más allá de todo pudor el juego cumplió su cometido y eso es un hallazgo muy poderoso. ¿Estoy loca? ¿Qué me pasa? Es la primera vez que me pasa algo así. Que la adrenalina se convierte en otra cosa para ambos, que nos divertimos de esa forma, que encuentro alguien con quien jugar ciertos juegos que con otros jamás hubiera propuesto o jugado.
Javier continúa acariciándome despacio. Me besa el cuerpo. Se detiene en ellas y yo me estremezco con mayor intensidad.
- Tengo miedo de marcarte - le digo - Anda despacio.
- Cuidado con esas uñas - me burla y me acomoda las manos para que me agarre de lugares seguros.
¿Tenias ganas hoy? - me torea.
Yo casi no puedo hablar. Podría llamar a eso rendirme por placer, sin duda alguna.
- Te lo advertí - digo.
Javier se ríe. Y me toca, mientras se deja acariciar lentamente. Recorro con mis manos su brazo, con su mano, que sé dónde termina. Siento bajo mis dedos cada una de las venas de las manos de Javier, que me erizan, me acarician y me buscan el punto del orgasmo. Primero suavemente. Después, muy intensamente. Y muy suave. Y cuando me enloquezco muy fuerte.
Nunca le había permitido a nadie semejante disponibilidad del cuerpo, no por la actividad, sino por la forma. En ese momento, no me importa si queda mal, si queda bien o si no es apropiado comunicar tus deseos. Yo estoy cayendo en un abismo de azúcar y de veneno.
- Me desespera- digo, sin pensar.
- ¿Qué? - dice suave - ¿Qué te desespera?
- No poder agarrarte. Necesito eso. Pero no te quiero marcar.
Javier se acerca mas y me deja agarrarlo. Se acomoda para que me agarre más de el en lugares menos visibles. Mientras, me toca y me acapara con su cuerpo. Ahora, me tiene acostada en su cama, desnuda, con las piernas abiertas, diciendo lo que en mi vida dije: "necesito tocarte", solo esperando más, mientras sus manos me tocan buscando que llegue a la cima.
Me agarra del pelo con la mano que le queda libre y me pregunta:
- ¿Ésto es lo que vos querías?
- Si - digo - yo te lo dije... - le digo, como puedo.
- Yo te lo voy a dar. ¿Sabes?
- Sí - digo y lo agarro del pelo, y lo aprieto contra mí, porque ya estoy llegando.
Ya casi, ya casi, ya casi.
- ¿Queres que sigamos?
Gimo. Me toca más y más. Hasta que llego, finalmente, a un orgasmo increíble. De los mejores que he tenido en esa modalidad. Que ni siquiera yo entiendo.
II.
Después de mi liberación, subimos la apuesta. Javier me mira, me pregunta qué mas quiero y me río antes de responder. En cuanto tomamos más ritmo, y vuelvo con la efervescencia del deseo, disparo munición pesada.
- Me encanta cogerte - dice como molesto con eso y se ríe- ¿A vos te gusta también, no, que yo te agarre y te haga cosas?
- No, ni me gusta. Solo se me escapan orgasmos. Salen solos y yo no los dejo - lo burlo.
Javier se ríe. Me da las manos para movernos más. Se mueve intensamente y yo doy, por lejos, el sarandeo más intenso que puedo. Al menos, que puedo por ahora.
- Va tomando ritmo... - comenta, complacido.
Y la venganza es terrible sí.
- Nos vamos a morir los dos - digo, mientras me dice mil cosas.
Sigo dándole su merecido y él sigue tocando la punta de su propio placer. En ese momento, un pensamiento fugaz me dice "sigo asombrada de lo que hacemos" y sí, es así.
Me asombra lo que hacemos. Siento como si no me hubiera conocido nunca a mi misma.
- Ay , no... no - dice.
- ¿Qué pasa, estas bien?
Lo acaricio para que abra los ojos.
- No creo durar muchísimo hoy. ¿No hay problema?
Le sonrío.
- No, tranquilo. No tiene nada de malo.
Sonríe.
- Ya se, pero hoy me llevaste allá arriba muy rápido. No doy más.
Me muevo más, y le sonrío.
- Habló el que me estaba tocando hace un rato ' lo burle - Dejate llevar - le dije y lo acaricié.
Javier sonrió, se río y llego al orgasmo muy pronto, como si lo hubiera aniquilado. Fue un orgasmo muy muy intenso. De los más intensos que le vi. Quedó literalmente con espasmos.
Le acaricié el pecho, conteniendo el movimiento involuntario de su cuerpo, como réplicas de un terremoto. Me salí del lugar muy delicadamente y me miró sonriéndome como si hubiera ganado Perón las elecciones.
- Qué manera extraña de acabar - dijo - Fue muy extraño. No se... Tarde poco tiempo en llegar a algo así, re contra intenso.
- Lo importante ¿te gustó?
- Siiii. Me encantó. Pero no pensé que podía hacer esto.
- ¿Vos no dijiste que mañana temprano, que no se qué? Bueno, ahí tenes - dije.
Me levante de la cama y Javier lo mismo. Nos ocupamos cada uno de lo suyo. Cuando el volvió, me encontró casi completamente vestida. Se descolocó. Lo note porque enseguida me dijo: "espérame, voy a mandarle un audio a mi hermano porque no escuche una mierda de lo que me dijo". Me quede quieta cuando le mando el audio a su hermano.
III.
Salí del baño, el se metió para devolver unas toallas y enseguida se puso a hablar, hablar, hablar y hasta se sentó en la mesa. Yo me quedé parada, tomando agua y me puse muy cautelosa. Queria irme porque no le iba a dar el gusto de quedarme para que después se crea con derecho al reclamo. Pero Javier no me está dejando.
En cuanto termine el vaso de agua, empecé a buscar el uber. Tardo bastante. El se ofreció a llevarme varias veces y le dije que no. Entonces, empezó a buscar una película para ver mientras yo buscaba el Uber y le demostraba con eso que compartir no era tan necesario.
Antes de irme, Javier me miró y me dijo que a veces tenía demasiadas películas para mirar y que no podía elegir, mientras hablábamos de series. Yo lo mire y asentí, creyendo honestamente que estábamos hablando del cine. Pero no. Me miró con cara. Yo lo mire en silencio.
- Es que a veces el creer que hay de sobra hace que elijamos mal la peli. No elegis lo que realmente te gusta y después decis no me gusta esta peli y busco otra y otra - digo.
Javier se sonríe débilmente. Yo lo miro sería, me pongo la campera y el no me deja de mirar. ¿Estamos hablando de cine, de elecciones o de posibilidades?
- Lo tiraste nomas - dice.
- En cinco viene el uber, Javi - digo - Si, las plataformas son así.
- Este año, tengo que elegir - dice y enseguida se corrigió- que cambiar. Tiene que cambiar el año. Fue un año terrible el año pasado. Quiero que este sea mejor para mi.
- Fue un año muy duro para vos, si. Ojalá que pueda ser más fácil.
- Tengo que cuidarme más. Con la comida, estoy muy gordo y yo nunca estuve así. Y con la bebida. Tomo mucho seguido y la acidez. Además de ponerme en forma, espero poder solucionar los quilombos. Así, arranco de nuevo- dice.
- Sí, Javi. Tenes que cambiar el mazo. Y los hábitos.
Javier me mira, parada frente a el, mientras sigue sentado. Me mira con una simpática manera.
- ¿No me cambias tu riñón? El tuyo esta nuevito.
Sonrío. Me río.
- No. Mio. Vos me ves así, pero este riñoncito tiene mucha Coca en su haber.
- ¿En serio sos tan adicta?
- Si. Muy. Bueno, viene el uber.
- Te abro, ya que no me dejaste llevarte.
- No pasa nada. Mejor así. Chau.
- Chau. Hablamos esta semana ¿dale? - dice.
- Capaz que si. ¿O no soles saludar a la gente por su cumpleaños?
Javier se ríe.
- Es verdad. Es esta semana.
Me mira.
- El verdadero memorioso - lo saludo .
Sonríe y me da un beso en la mejilla de nuevo.