domingo, 30 de abril de 2023

Las móviles desconocidos

- ¿No te gusto? ¿Por eso no querés estar conmigo? - me preguntó. 

- No se trata de eso... No pasa por ahí - le respondí. 

Estábamos abrazados, tirados en la cama de Javier, como algo impensado. Mirábamos al techo como quien se confiesa en una parroquia barrial, hablando al aire, que ocupaba el otro.  El espacio que tantas veces había ocupado el silencio. 

- ¿Y qué pasa, entonces? ¿Te doy asco o no te gusto tanto

- Javier, ¿vos en serio pensas que me das asco? 

- No, creo que no, pero no sé.... Te puede dar asco. Hace mucho que no nos vemos. Y paso todo esto, te dije muchas cosas. 

- ¿Yo a vos te doy asco? - le pregunté

- No, ni en pedo . Al contrario. 

- Bueno, es lo mismo de éste lado. Asco no es. Es... no saber lo que me puede pasar. 

- ¿En qué sentido? 

- A dónde iría haciendo algo así. O sea, el afuera existe y pienso que no quiero lastimar a nadie y a la vez vos viniste a decirme todo esto... Yo te juro que tenía una vida hoy antes de venir acá ¿sabes? No es todo tan fácil. No sé trata de escupir todo, que nos acostemos, que se borre todo... 

- ¿Y entonces? 

- Eso. Nada cambia: ni el afuera, ni ésto. No puedo dibujar esto ni el afuera - le contesté - Venís así, después de ocho años a decirme todo esto... ¿Cómo querés que reaccione? 

- Ya sé. Y perdoname , pero exploté. Ya no puedo callarme más

- Yo te entiendo, Javi. Te lo juro que entiendo eso. Pero tiene que haber una manera mejor de hacer esto. No sé. Quizá no es el momento. Habrá que esperar más. 

- ¿Qué estás esperando?  ¿Qué más vas a esperar que cambie? Hace diez años que estamos esperando el momento. ¿No te parece demasiado tiempo? 

Suspiré. ¿Justo él me iba a decir eso? 

- No sé - le mentí - Pero se ve que es por eso que no puedo. Porque veo que no hay un buen momento para nosotros. Que no está. 

- Esperamos casi diez años para esto y vamos a seguir esperando el momento perfecto - dijo - y capaz que el momento perfecto no existe. 

- Si, porque vos no quisiste en el momento donde lo podíamos hacer sin todo este presente armado - le reproche.

- ¿Podemos no hablar del pasado? Ya pasó, ya se que estás enojada conmigo por eso, pero... No sé puede cambiar lo que pasó, lo que hice. Este es el momento. No fue hace ocho años, no sé qué pasará en ocho años más... No puedo esperar ocho años. Ya no puedo más. No me puedo callar más, bolu. 

- Bueno, por eso. Dejemos que circulen las cosas. Con lo que sabemos ahora del otro... Quizá lo vivimos de otra forma. Sea más fácil de llevar. Creo que el silencio hizo mal , nos hizo dudar mucho... Es mejor hablarlo. Pero... Podemos manejar esto. 

- No creo. El deseo que yo siento y el que vos sentís , va a estar igual. No importa si te acostas conmigo o no. Te pasa.  Te guste o no. 

- ¿Y a vos? ¿Te pasa te guste o no, entonces? 

- También. 

- Pero ¿yo no era la peste para vos, Javier? Me tratabas como si fuera la peste... 

- Noooo. Al contrario. Quería hacerlo por tu bien. Era una mala influencia para vos... 

- No eras, lo sos... 

- Puf, si... Pero no te quiero hacer sufrir. Ni a vos ni a nadie. Te lo prometo. 

- Qué locura, por Dios - resople - No estoy segura de nada. Creo que quizá en el futuro nos podemos encontrar en una situación mejor, hoy no puedo creerme todo esto que hablamos. Tiene que haber una manera de hacer las cosas bien. Sin herir. No estoy segura de que así tenga que ser todo... 

- ¿No estás segura de mí? 

- No, de vos sí.  Pero pienso que quizá si vos y yo nos acostamos podemos ir a lugares de mierda. Javi, vos a mi me llevas a lugares donde me cuesta protegerme a mi misma. No sé si quiero ver qué me espera. Y vos me decís que esto es fuerte para vos... Yo no sé qué pasaría... 

- No, pero veni... - dijo, y me abrazo - si vos no querés, te lo prometo, no hacemos nada más que éstos mimos, hablar así... Te respeto. 

- Ya sé, por eso te digo ésto. 

Mientras me abrazaba de costado, le acaricié el brazo. Despacio. 

- Me hizo bien decirte todo esto - dijo - mi vida es un quilombo ahora pero, por lo menos en este aspecto, me siento bien. Me hace sentir bien decirte esto. 

- Me di cuenta, sí. Y está bien, dentro de lo mal ... No te preocupes por eso. Esto va a quedar entre nosotros siempre. Nadie más lo va a saber. 

- Obvio. Quiero estar con vos, no me importa más nada. Yo no voy a contarle esto a nadie. Con vos, nada más. 

- Ya me lo dijiste unas seis o siete veces, te juro que me quedó re presente...

Javier se rió y gruñó, divertido con la respuesta. 

 - Más lo digo y mejor me siento. Lo guardé tanto que ahora no puedo dejar de decirlo. 

Cerré los ojos. 

- Quiero estar con vos - dijo, riéndose. 

- Shhh - lo callé - estás loco, Javi. Muy loco, estás. Venir así, ahora, a decirme esto.... Me agarras así.... 

- Sí, estoy loco. Vos me volvés loco a mí. Vos hacés que yo me ponga  pelotudo. 

- ¿Y vos? ¿Vos te das una idea de lo que me estás diciendo y de cómo estoy reaccionando? Me dejaste sin palabras. 

Javier se rió. 

- ¿Todo esto te guardaste tanto tiempo, Javi? 

- Sí. Yo soy el peor y... con vos... Puf. 

- Si ¿no? Siento como que no te conocía del todo, hasta hoy. Sos infernal. 

- Sí. 

- ¿De qué te reís? No quiero estar en tu mente, te juro. Ese nivel de intensidad, te lo regalo. 

- Estás - musitó - Yo ya me imaginé mil veces todo con vos. Tengo todo guardado acá - dijo, tocándose la frente. 

- Sí, ya te estarás imaginando a ver cómo me vas a abordar... No quiero saber nada. 

Mofó. 

Me abrazó mejor, poniéndome encima suyo, cubriéndome con sus brazos pesados. 

- Te tengo acá, así... Me duele el cuerpo, te lo juro por Dios cuando me decís esas cosas - suspiró - Por favor, por favor, acostate conmigo. 

Levanté la cabeza y lo miré. 

- No puedo, sonso. 

- Sí que podés... 

- No, no puedo. 

- ¿No querés? 

- Sí, quiero, claro que quiero. Si no, no te hubiera dejado que me tengas así... Pero no puedo. 

Javier sonrió. 

- ¿Te puedo pedir una sola cosa? Por favor. 

- Si es tener sexo, no. Si es otra cosa... también es un no - le dije, en broma. 

Nos sonreímos. Suspiré. 

- ¿Me das un beso? Uno. Por favor. Vos. 

- No. 

- ¿Por qué, por qué no querés?  - me preguntó. 

- ¿Un beso, para qué? Yo entiendo que me querés coger, pero no te sirve de nada que te bese, que te mime... Te vas a frustrar más. 

Javier se rió y puso cara de "dios, ésta mujer no cambia más".

- Que fría... Por dios. Me sirve para acordarme, huevona.  Siempre tuvr el recuerdo de besarte, pero no de vos dándome un beso. Me quiero quedar con eso. Nada más. 

Suspiré. 

- No seas masoquista, Javi. O sea, no es un recuerdo grato. ¿Por qué querés acordarte de eso en particular? Es al pedo. 

- Dale, por favor, no me hagas rogarte.... 

Suspiré 

- No te hace falta eso a vos... - musité - Somos los dos iguales. No me tenés que rogar nada, ¿si? Pero quiero entender todo. 

- ¿Te lo puedo pedir? 

- No, no me pidas - le dije, sonriendo levemente - Yo solamente te digo que me cuesta entender para qué querés besitos míos. 

- Porque me encantan. Y quiero tener esa imagen para cuando cierre los ojos, sabes. Sentir todo. Que me quedé ese recuerdo para siempre. Vos no te das una idea de lo que yo estoy viendo en este momento. Que estés acá, en mí cama, que me mires así, con ese pelo hermoso que tenés, oliendo así... Quiero que me beses, pendeja de mierda.

Se rió. 

- No te entiendo. Nunca te entiendo. Pero por fin me reconoces por lo que soy. Una pendeja. De mierda. 

Javier se rió. Me reí. 

- Por favor, no juegues así conmigo. Por favor. ¿Que querés que haga con vos? Me volves loco. ¿Te divierte eso? ¿Te gusta que te suplique? 

Negué con la cabeza. Me puse seria. 

- No, hubiese estado bueno - le dije, acercándome despacio - que te dieras cuenta antes. 

Me acerqué a su rostro, apenas los centímetros que faltaban, y lo besé. Empecé siendo delicada y luego me desbordé . Lo besé desaforadamente, a decir verdad. Aguardé unos instantes y le mordí los labios mientras lo besaba, en una pausa no estudiada, pero atroz.  

Javier suspiró, se rió brevemente y me miró por un momento. Su mirada fue histórica para mí. Estemecedora. Me aferró contra él desesperado, bajando las manos por cualquier parte. Sosteniendo la cintura baja. No dejando que me retire tan pronto. 

Volví con una embestida larga, donde me agarró del pelo y me apretó contra si mismo con más fuerza y rudeza. Me puse firme en mi empresa, le devolví la fuerza quedándome casi sin aire.  Continúe el beso y cerré con una embestida pequeña. Suave. Delicada. A conciencia con las deudas del pasado. Despegue mis manos de su pelo, porque lo había agarrando mientras me las cobraba, y despegue el cuerpo del suyo un momento. 

Solo lo miré. 

Javier estaba sonriendo, con los ojos cerrados, como si estuviera en otro planeta. Abrió los ojos. Me miró. Esa mirada me afectó mucho, porque era el placer y la vida y la cobardía de muchos años repleta de contradicciones en un momento que era solamente nuestro. 

 Se me revolvieron muchas cosas en ese instante. Me separé de su cuerpo y me di cuenta que me tenía que ir porque me estaba derritiendo. 

- No, por favor, no te vayas - me dijo. 

- Ese fue tu beso para que te acuerdes, masoquista de mierda...  - le dije, con sorna. 

Javier me retuvo, impidiendo que me mueva. Se rió sonoramente. Se inclinó, me encajó sobre él con una fuerza inusual y me besó lo mismo. 

- Por favor, no te podes ir así. 

- Me tengo que ir. Ya no puedo manejar las cosas. Necesito irme.

- No las manejes más. No hagas eso. Manda todo a la mierda, por favor. Yo ya lo hice hoy. Hacelo vos, ahora. 

- No puedo - le dije, antes de levantarme de sus brazos. 

Lo miré. La frustración me recorría entera. 

- Esto se terminó acá - le dije. 

Javier me miró, suspiro y se tapó la cara con un brazo. Sobrevendria mucha espera, hasta la noche donde me mandaría un mensaje. 

"Hola, Veinte. ¿Cómo estás? Perdón, no pude escribirte antes. Estuve con muchos problemas. ¿Querés hablar?¿Me contas de tu trabajo nuevo?". 








martes, 25 de abril de 2023

Entender todo lo importante


"...and when he calls, he calls for me and not for you/
he lives for love, he loves his drugs, he loves his baby too"



Romper a los palazos. Romper con cuidado. Romper con coraje y rudeza sin perder el modo.  Aceptar la impotencia que convoca como si fuera cosa inevitable.  Renunciar y saber que, pese a todo, no hay chance en esta vida para resolver el propósito que nos une y nos conecta desde hace diez años. Pensar que quizá viene de otras como consuelo. O decidirse, al menos, a ya no pensar en estas cosas.

 

Yo creo que tengo todo lo importante en claro desde el vamos y sin embargo, tenerlo en claro, no ha hecho éste recorrido menos difícil: él no me quiere y nunca lo hizo. Y con esto cabe decir algo: me pudo haber tenido un cariño modesto, pero jamás equiparable con la cantidad de energía que mueve el amor, el deseo, y la pasión.  Jamás eso. Ni hace diez años, ni ahora.   Teniendo este primer punto en claro acuerdo, se pueden desprender varias hipótesis. La que más me convence es que Javier volvió a mi vida  después de diez años solamente para sacarse el clavo; y sobre eso no soy capaz de juzgarlo porque mientras sacaba el suyo, desenterraba el mío. Tengo también muy en claro algo que he considerado importante en el afán de proteger mi alma: lo nuestro fue sexual, y frente a esa etiqueta, no queda espacio para el afecto. Es sin dudas más fácil asumir que lo máximo a lo que pude aspirar con el hombre del que me enamoré fue a tener una noche de sexo con diez años de demora, que por el contrario, confundir esa noche de sexo con una noche de amor.   Porque una noche de sexo es eso. Una sola. Nada más. Una experiencia donde ponemos el cuerpo, sentimos placer y nos olvidamos. En cambio, una noche de amor, y en las circunstancias nuestras, es difícil de imaginar. Principalmente, porque Javier amor por mí no ha sentido nunca. 

 

 Tuvimos sexo, sí. No fue el mejor sexo que tuve, a decir verdad, pero sí fue el más simbólico, movilizante y cargado que viví hasta ahora. Fue una experiencia intensa, perturbadora, convocante. Que me enfrentó a muchas cosas internas y que me hizo desconocerme por primera vez en veintiocho años. 


Para mí, que siempre me hice cargo de lo que siento, ésta vez es muy difícil. Yo sé que lo que siento está reprobado, que no se puede y por eso no insisto. No molesto. Pero nada de eso garantiza que algún día deje de sentirlo.  Aquí no estamos hablando de lo prohibido. A Javier lo he deseado los últimos diez años. Cuando estaba soltero, cuando estaba enamorada de él y él andaba que sí y que no conmigo, e inclusive, cuando se puso a salir con la susodicha.  No se trata de desear al tipo no disponible, sino, de desear al mismo tipo idiota inevitablemente.  Y de ese deseo, para romperlo a palazos, es de lo que me tengo que hacer cargo.  


Ya no importa demasiado lo que él haga. Es todo lo que me hace sentir el problema mayor. Yo me debo el ser fuerte siempre, aunque  me haya deslizado y pedido, todas las veces que nos encontramos en este último año luego de esa noche, que la  repitamos. Aunque me haya dicho que se acuerda todo el tiempo. Que él sabe que hace todo mal, que no tiene nada para darme, pero que quiere… Que quiere llamar, y se guarda. Que quiere escribir para saber cómo ando, y se guarda. Que quiere que lo visite y se guarda de no pedírmelo. El mismo que me pidió permiso para hacerme el amor y me prometió sexo prodigioso en diciembre. El que me dijo que me va a escribir, que yo ya lo sé, y que le puedo decir que no. Que yo le puedo decir que no, que se lo diga, porque él no puede decírmelo a mí. Que nunca se puede guardar todo, que siempre algo se le escapa y que no lo maneja. Que no le chupo un huevo, que no quiere que sufra, que soy linda, pero férrea. Que hago todo bien. . Que se siente un pelotudo conmigo. Que lo hago sentir un pelotudo con lo que le pasa, que no es solamente estar caliente, que tenemos una química inexplicable, que "esto" sigue estando ahí.  Que no sabe por qué, pero no puede evitar nada de lo que hace. Que no me va a tratar como una vecina normal, porque él a sus vecinas ni las mira, no le quiere tocar todo el cuerpo, como me lo quiere tocar a mí. No le quiere tocar las tetas debajo del uniforme laboral diario, como empezó a hacer conmigo la última vez que me vio en diciembre y por lo que casi pierdo al cien por ciento la compostura, y por lo que yo pensé que me iba a morir y le pedí por favor que no, sacándole las manos con una fuerza de voluntad superior a lo que conocía en mí.

 

Que no, eso me digo yo, que no, que aunque me desee de la misma manera atormentada en que yo lo deseo, es un no. Nunca más. Un no sin chance a nada.  Y que si hay una sola chance de algo, eso es tener un sexo que fácilmente se desliza en preguntas, en frases irrefrenables, en mensajitos de la nada, en recomendaciones de vino y que ese es un no superior a todo. Es el no al vínculo. El no al lugar de mierda. El no al no lugar. El no futuro. La no importancia. El no más grande que todo lo que viví hasta ahora. 


" Vayámonos juntos los dos a algún lado – me dijo él, la última vez que lo ví – ¿Nos vamos, querés? Vamos a estar solos y tranquilos, los dos…" Le contesté: "No, Javi. Estás en pedo ¿a dónde nos vamos a ir vos y yo? ¿Estás loco? Pensa por favor lo que me decís" mientras mi cuerpo y todo mi interior se moría de ganas de decirle que sí. "Sí, vayámonos juntos, solos, el tiempo que vos quieras, a donde más nos guste, porque soy tuya ahora y ya me cansé de hacerme la boluda". 


Pero acá estoy: entendiendo todo lo importante, haciéndome cargo de todos mis deseos para después juntarlos en un paquetito y tirarlos a la mierda.  Como un abono de tierras más fértiles, con pisadas nuevas, que ojalá contenga el futuro. 


El detox de Javier, cada vez que algo sucede consigo, es grande. Me cuesta acomodar porque es como si viniera alguien y por dentro se llevara mi corazón y mi fuerza por un rato.  Pero no dejo de pensar que ese es todo mi poder. Y es mío. Y es lo que me hace una mujer fuerte, valiente, con proyectos, con ganas, con fuerza de corazón. Y no puedo dejar ese poder, esa fuerza de corazón capaz de hacerme lograr todo lo que sea, en manos de un tipo que acabará por destrozarlo como hizo hace casi diez años. 

   

Lo único que le pido en éste momento a la vida es no cruzármelo. Creo que ya hemos aprendido muchísimo, que ya es momento de dejar atrás éste bloque. De entenderlo para siempre.  Sea sexo, o sea química o sea lo que sea, en ésta vida, por mucho que me duela admitirlo, es un no.   De otra manera, si hubiéramos tenido que estar juntos y bien sin que eso sea un infierno para ninguna persona, la vida hubiera hecho lo suyo hace rato.  Y no lo hizo. Lo único que hizo la vida con nosotros es unirnos y después separarnos de todos los modos posibles. 


Entender eso otro también es muy importante 


domingo, 23 de abril de 2023

Estrategias de desaparición

Hacía rato, pero rato largo, que no pasaba un fin de semana tan sumida y drenada por las vivencias con mi vecino tóxico.  Creo que me tocó pensar en lo charlado durante la semana, en la manera de manejarlo, en aquello que resultó bien, en la sabiduría que aparece pero en el miedo que da. 

Claro, es que no fue menor lo que sucedió el martes, ni tampoco el miércoles, ni el jueves: fue poder hablar bien, pero desde otro lugar, más distante y menos empático consigo. Sin preocuparme, por una vez, de las consecuencias que le pueden traer las cosas que me dice.  Y pensando que, la manera de detonar a Javier, aunque parezca mentira, es apurándolo. 

Decirle que no y pedirle con amor las cosas, no ha ayudado en nada. Lo ha hecho peor. Ha desbordado más el deseo en Javier, que es como si disfrutara esto con un placer increíble. Como si le divirtiera la idea de que que yo lo quiera, como si le pareciera normal hacer las cosas que hace, y como si no tuviera la opción de vivir tranquilo sin romperle la paciencia a nadie. Como si le alcanzara ser el hombre que mira mi vida por la vidriera. 

En fin... Ésta etapa del cuidado hacia su persona, ha terminado. Y ha empezado la etapa donde estoy probando estrategias para desactivar los mecanismos. 

Por eso estoy en paz: con ayuda de terapia he entendido que yo ya no tengo que tener miedo a que venga porque está poniendo en juego su relación, su vida, su tranquilidad ;  más bien, que le tengo que decir que bueno, que dale, que genial.  Principalmente, porque si llega a venir con una propuesta que no cumplirá jamás, la única manera de desactivarla es volviéndosela concreta. Es apurándolo y diciéndole, en el hipotético caso que suceda: "bueno, sí", más allá de que después nada suceda. 

Porque eso será, sin duda alguna, el botón correcto para que desaparezca.  Como hizo siempre: huir cuando yo daba un paso al frente o huir cuando él estaba juntando fuerzas para echarse a andar.

jueves, 20 de abril de 2023

Atento a la felicidad

El colmo:  anoche intercambié comentarios con mi hermana en redes sobre mi sobrino (el mayor). Hoy a la mañana, veo la notificación de Javier, dándole like a las 07.30 am al chiste que le hice a mi hermana sobre mi sobrino.

Mientras viajaba a la oficina en el colectivo, me quedé pensando en eso un poco. ¿Cómo será que una persona puede desquiciarse?  O sea, ni a mí, que lo amé con todo el corazón, se me ocurriría hacer una cosa así. Y eso que he hecho un racimo de estupideces que no me enorgullecen en relación a él... pero... 

Las personas, definitivamente, somos complicadas. Vivir supone desafíos, planteos, problemas a resolver y muchas cosas muy lindas. Pero siempre, cada día, nos propone algo. De eso estoy segura.  Sé además que nos intervienen fuerzas inexplicables, que somos animales con un freno pero llenos de complicaciones y virtudes capaces de explicar el mundo entero.  Nos masacran dudas, sueños, frustraciones, miedos, deseos, y necesidades. Tenemos un lado luminoso pero también un lado oscuro, lleno de sombra.  

Todo eso está claro, todos lo hemos vivido, a todos nos ha pasado alguna vez que sentimos ser un corazón que late como única lucha en el planeta... Lo único que no entiendo es para qué y por qué una persona como Javier, que no sabe amar a nadie, puede perder toda la razón y hacer las idioteces más grandes. 

 Lo único que me alienta a pensar en algo que lo atrae para seguir arrodillado en el maiz de ésta historia, es el ego. Hacerse el goma con alguien más joven, y todo eso. Pero ¿hasta cuándo, para qué, para cagarse la vida gratuitamente? ¿Y si un día tiene un fallido, si un día se emborracha y habla demás? Puede perderlo todo.  Y lo sabe. Y no le importa. 

¿Cómo alguien pierde la cordura? Así, como hace Javier, un día cualquiera, a las siete y media de la mañana, donde likea de lo lindo, cuando ni siquiera había terminado de abrir los ojos. ¿Y la oficina, y su agenda llena de quilombos, y su trabajo y llegar a horario?  Muy atento a la felicidad en éstos lados.  Como si me quisiera y todo.  

Casi casi que dudo, le diría, pero no. 


miércoles, 19 de abril de 2023

Charlita a su salú

 Ayer me pasó algo inesperado. Estaba trabajando totalmente sobrepasada y necesitaba contactar con un representante externo para pedirle data sobre una cuenta corriente y la aplicación de un pago. Desde que echaron a Cachabá estoy hasta la coronilla y la situación está lejos de simpatizarme; de hecho, ya expresé mis ideas sobre el tema con Gerencia.  El representante con quien yo necesitaba hablar se llama Javier B.  Y yo, sin querer, le escribí a Javier. Sí, sin la b, es decir, que no le escribí al representante externo sino a Javier, el histórico.  Obviamente, le mandé la documentación, le dejé la consulta sobre la cuenta y seguí haciendo mis cosas sin mirar el celular. 


Pocos instantes después me llegó un mensaje donde Javier me respondía usando stickers, riéndose por mi confusión y avisándome para que - más allá del chiste - pudiera resolver el tema en el momento.   

Queriéndome cortar las pestañas con una tijera china, le pedí disculpas, le expliqué que estaba con mucho trabajo y me dijo que no pasaba nada. Además, me insistió con que quería saber en qué estaba mi situación con el asunto de las denuncias de la PSA ( hecho que data de principios de marzo). Frente a ésto le dije que en ese momento no le podía contar pero que, cuando saliera, le dejaba un audio. ¿Por qué? Porque alejarme de esa situación de atracción impulsiva me iba a ayudar a no hablar de más y porque, por otro lado, si hablaba de más en un mensaje de voz, ese mensaje lo podía borrar. 

Cuando salí de la oficina, le resumí la situación y todos los movimientos que viví este mes en la oficina. Me dió su parecer técnico, me aconsejó que me quedara tranquila y me explicó por vez número cien que éste rubro es así, pero ambos convinimos en que es mejor quedar alertas.  Le dije que sí y que mi decisión había sido no vivirlo desde el padecimiento, sino, pensar opciones. Le dije que había elegido despegarme de esa incertidumbre sobre las políticas en materia divisas, etc. 

Me dijo que si llegaba a saber, en algún momento de mi vida, qué iba a pasar con Comercio Exterior le avisara. Claro, estaba bromeando para que me relaje. Hace más de veinte años que trabaja en un rubro que yo, con mis escaso año de experiencia laboral en la materia, ya odio. Por eso , lo debe llevar con humor o lo intentará. 

"Si llegás a saber qué pasa, y como soy buen tipo y me tenés cariño, avisame por favor así me quedo tranquilo", fue la frase exacta de la bromita que me hizo aludiendo a la incertidumbre. Obviamente, usando esa recursividad que parte de  todo el pasado y todo el presente que compartimos. El pasado de hace diez años pero también el pasado de éste último año con chispas de contención, códigos y un muro que se ha levantado.  Es decir, compartir desde el silencio y compartir desde la distancia como única salida viable para todos. 

Pero... UF. Cuando me dijo que era un buen tipo, me causó hasta gracia. Le iba a decir algo  pero me lo guardé. No me quise gastar en decirle nada sobre eso porque supe que era lo que estaba buscando.  Lo mismo que ese "me tenes cariño"...  Es hasta gracioso que lo diga.  De hecho, me causó gracia y todo. 

Él está tan seguro de que yo lo voy a querer toda mí vida, y que se lo voy a perdonar todo, que hasta se da el lujo de decírmelo. Pero para mí es distinto. Saber que lo amé con todo mí corazón no habilita a que en el presente tenga algún poder sobre mí. Y aunque sé que disfruta de que yo le tenga cariño, porque se nota, yo disfruto de que él esté tan seguro de algo que no es del todo así. 

Es decir: yo le tengo cariño pero no tengo ninguna obligación ni ningún deseo en alimentar ese afecto. Ni esa relación. Ni nada. Y eso, me da la libertad que necesito para seguir adelante con mí vida. Más allá de todo.  Principalmente, porque yo no sé si algún día deje de querer a Javier, pero sí sé que aún queriendolo para siempre, tengo derecho a formar una linda vida. 

Y él, la verdad, es que no tiene ninguna condición para estar allí.  ¿Con qué cara un hombre le dice a la mujer que más lo amó, y que él fue a buscar diez años después, que le tiene cariño? Sé que fue una broma pero... puf. Qué valentía para hacerla. Qué necesidad de meterse en semejante tensión. 

Me reí de lo que consideré una broma, aunque admito que eso fue una chispita de lo morboso y retorcido que es. Habla de ese morbo que en el fondo termina sacando el deseo en uno. 

Cuando me dijo eso, le contesté sobre el trabajo no sin hacerle el vacío por eso del cariño y la bondad. Hay tanta confianza en tantos aspectos que muchos hechos son obvios, pero, al mismo tiempo, es necesario tomar tanta distancia que a veces pasan éstas cosas: tratás de hablar de un tema inofensivo y siempre lo hablás desde la historia que viviste y desde aquéllo que nunca vas a poder decirle al otro; desde lo que cada uno decidió no dejar, no problematizar o poner en jaque inclusive pese al encuentro luego de casi una década. 

Por eso me reí. Porque decirnos eso, con todo lo que pasó en una década, es un chiste. Pasa como uno. Un lujito que se da Javier sabiendo que hemos compartido vivencias de todo tipo y muchas de ellas displacenteras. 

Después de darse el lujito de mandar esa frase, dijo que me podía recomendar vinos , que eso sí constituía buena información.  Claro, pensé, es lo único que nosotros disfrutamos pese a las dificultades frente a las preguntas sin responder del futuro.  Y ahí si que mandé yo.  Charlamos largo rato sobre vinos, nos recomendamos un par, nos pasamos datos de dónde comprar en el barrio, en la provincia y en la vida.

Se tranquilizó la pelota. Aunque Javier se quejó de que tomo todos vinos caros o marqueros. Le dije que cada uno había hecho un recorrido, que me dejara en paz con ese tema y se rió, porque lo único que quería era cuestionarme como excusa para recomendarme más de los que toma y compra él. Yo guardé mi criterio y le recomendé con seguridad mis elecciones, principalmente, porque digo la verdad. 

Ante eso, me recomendó otros menos conocidos pero igual de ricos. Me comentó que le hubiera gustado poder hacerme una lista bárbara con todo, pero que había tomado demasiados. Le costaba acordarse, se excusó, porque los tomaba y después no se acordaba de nada, dijo.  Yo ahí hubiera querido responderle: " qué raro, nosotros nos tomamos un vino juntos y de todo lo que pasó después te acordaste unos cuantos meses...", pero no. Eso no era cargamento aplicable para una bromita. Ante eso, dije que entendía, que había vinos infinitos y que la idea era disfrutar la actividad. Conocer y descubrir.  Respetar el camino. 

Javier me respondió eso con un audio lleno de recomendaciones. Se sigue trabando cuando habla conmigo. Es como si se pudiera nervioso y la oralidad se le dificultara. Se equivoca los nombres de las cosas, a veces. Otras se traba cuando dice una palabra. Otras se queda callado unos segundos.  Pero todo me hace pensar que hay algo que todavía le cuesta y que por eso se hace el chistoso. De la misma forma, a mí me cuesta algo y no tengo esa gestión del estrés asociada al humor, más bien, al silencio. 

Por eso, corté la charla de casi 40 minutos. Ya estaba por entrar al dentista. Me deseó suerte, acordó en mi tesis etílica con gusto a Malbec y me quedó pendiente pasarle un dato.   Le dije, para sacarme de encima la situación, que se lo pasaba a la noche y nunca lo hice. La verdad fue que quise estar tranquila, descansar y tomar distancia.  Mientras dormía, Javier miró mis estados dejando constancia de que había andado por Whatsapp hasta tarde. Yo descansé. 

II. 

 Ésta fue la primera charla normal desde que me decidí a que me importe una mierda tener una relación normal consigo. A si está o no está. Si se mete en problemas o no.  Desde que decidí, en una palabra, que quien se tenga que hacer preguntas sea él y no yo sobre su comportamiento.   

Lo bueno es que no me angustia éste punto. Yo no espero nada de él. Absolutamente nada. Y eso me hace libre.  Me permite sortear las cosas. 

Desde esta posición, si tengo que tener una charla consigo, la tendré así, desinteresadamente. Cordial, pero no profunda, porque si de profundidad hablamos...  El pasado sigue estando ahí. Y aunque veces siento que vive conmigo en cada paso que doy sé que me da la fuerza para tratarlo así, como un tipo al que quizá, en una de esas, solo le tuve cariño ignorando el hecho capital de que fue el amor más absoluto que viví hasta hoy.  Un tipo a quien no le pongo una ficha más allá de que lo aprecie. Con quien no tengo obligación de vincularme. 

Ojalá, lo que nos tuvimos, hubiera sido solo cariño pienso y me río. Fue una catástrofe y ambos lo sabemos. Quizá por eso la broma. Parece que acá estamos, casi diez años después recomendándonos vino sin querer meternos en un problema profundo. Viviendo cada uno su vida por separado.  Y eso está bien. 

¿Fue el mismo tipo que hace un año atrás volvía desbordado a vomitarme todo lo que se calló durante una década? Sí. ¿El mismo con el que me acosté? Sí. ¿El mismo que me mandaba reels, perdido, desorientado, que atajaba todo pero que no podía atajarlo del todo? Sí. ¿Fue el que me hizo no querer sentir nunca más amor? Sí.  Javier, el que me recomienda vinitos. 

Le agradezco haberme avisado sobre la metida de pata y haberme tirado algún vino para comprar el finde en el supermercado del barrio careta en el que los dos vivimos. 

Es lo único que se puede hacer, que no nos lastima y que no lastima a nadie... Aprender de los errores. Salir adelante. Tratar de convivir con lo que no podes matar en el corazón y seguir. 

Siempre seguir ❤️‍🩹



jueves, 13 de abril de 2023

Cuando te cae la ficha...

Hoy, de camino al trabajo, noté que estaba muy distraída. O sea, que en cinco minutos mí mente había creado casi media historia y eran solamente las siete y media de la mañana.  Me dije que eso estaba bueno porque me desconectaba un poco y me había olvidar del estrés. 

Cuando llegué a la oficina, a las 08.00 am., me hice un café, arranqué y me hice una con el trabajo porque desde temprano tuve que resolver un conflicto de aplicación de pagos en las cuentas corrientes y suministrar la información al cliente, puesto que debe dinero y tiene que abonar. Cuando terminé con eso, y quise pasar a la otra tarea, se me rompió el sistema. Pasé al teléfono una hora con el soporte, y mientras, aproveché para descansar. No podía hacer otra cosa que seguir pensando en mí historia. Me importó un ovario que el teléfono sonara. Yo estaba con sistemas y todo podía esperar. 

Cuando terminó el operador, ahí si, volví a mis cosas. Adelante un poco del trabajo. Pare para comer, continué haciendo y pude finalizar el proceso. 

Mientras tanto, entre proceso, proceso y proceso se dieron algunas revelaciones muy importantes (para mí): 

1. Pensé en Literatura todo el santo día. Mientras almorzaba, me hice tiempo para corregir un texto propio. 
2. Me dediqué a trabajar con números y cuentas, sin que eso me supusiera extrañeza. Le puse ganas. 
3. En la facu, disfruté una clase de Organización y Estructuras correspondiente a la Lic. en Administración. 

Y todo esto, desembocó en una conclusión: empiezo, muy de a poquito, a sentirme mucho más feliz con esto de que mi pasión no sea mí trabajo. Que estén por separado. Que la pasión siga siendo pasión y el trabajo, trabajo. Y no empiece a odiar mí pasión por el hecho de que no deja de ser un trabajo. 

Voy entendiendo de a poco que mientras me gano mi sueldo, todavía puedo refugiarme en mi pasión sin condicionarla, para que siga siendo libre. Y así, lo que pense que perdí, cuando cambié definitivamente el rumbo, termina siendo ganancia. 

Yo tengo un mundo a dónde ir cuando el afuera es una mierda, tengo esa capacidad. Una pasión. Algo que amo de forma incondicional. Que nada ni nadie me va a quitar. Que me alivia, me alegra, y que disfruto de corazón.  Que me conecta directamente con el deseo y la felicidad.  Y eso va a ser así, me dé o no dinero para vivir.  Eso es lo que me hace escribir todos los días acá, lo que me hace leer, lo que me hace seguir soñando aunque tenga casi 30 años. 

Y después, tengo un mundo igual que cualquier empleada de oficina, agotada por el tedio, y el calendario visto desde el mismo escritorio, de la misma forma, día tras día. Tengo la responsabilidad. Las tareas.  Mi carrera en Económicas, las clases, las materias, etc. 

Este es el centro de la cuestión: a la carrera le pido lo que la carrera puede dar; al trabajo le pido lo que el trabajo da, y a mi pasión, le pido nada más que siga existiendo y que nada me haga odiarla. 

Porque todos estos ejes son, a fin de cuentas, los que mantienen una parte de mi vida en pie. 

martes, 11 de abril de 2023

Cosas de mujeres

Hoy me tomé el día en la oficina para hacerme un control ginecológico. Qué experiencia tan femenina y vulnerable... Y a la vez, qué experiencia necesaria y crucial para la salud femenina. 

Mientras viajaba a CABA, pensé en varias cosas al respecto. Mucha gente suele opinar sobre el control ginecológico. Te dicen "¿y por qué querés ir?" cuando se supone que no encontrás nada fuera de lo normal. También muchas mujeres tienen miedo de ir. Y muchas otras, no puede pagar una consulta. E incluso hay otras que por motivos que de afuera se desconocen, no invierte, aún pudiendo, en salud de forma particular. 

Hay una realidad en relación a esto: el presupuesto que implica ir a consultar con un médico de forma particular, es elevado. Y los controles involucran consulta , más estudios , más recetas llegada la situación. 

En mí caso, por mí historia personal, recuerdo que a mis padres les costaba mucho sacrificio pagar cada consulta con el traumatólogo porque es muy prestigioso (de hecho, la otra vez, lo vi en la televisión), pero aún así, me llevaban. Él les terminaba cobrando menos del valor normal de la consulta porque sabía todo ese esfuerzo detrás, pero el caso, es que desde esa vez entendí que lo importante con el médico es sentirse cómodo. Y el concepto de inversión que eso representa. 

Hay especialidades que, por eso, elijo vivir de forma particular.  La salud mental, la salud bucal y la salud sexual.  Hago terapia de forma particular, porque mí obra social laboral hace cualquier cosa. Voy a una dentista que es compatible con mis horarios de trabajo y facultad, que si bien cobra lo suyo, es muy delicada en su forma de trabajo. Y hoy fui a ésta gineco. 

¿Si me sobra el dinero? No. Pero sí entiendo que para mí es una situación de mucha vulnerabilidad ir al médico en esos rubros y necesito hacerlo con quién me sienta cómoda.  Hace unos meses, estábamos hablando con mis hermanas, y salió el tema del control anual. Mí hermana mayor (quien es médica) me preguntó si me lo había hecho ya. Le contesté que no, y que era porque estaba esperando para tener turno en este centro. ¿Qué me dijo? "Pero te va a matar con el precio para qué te vas a hacer atender allá". Demás está decir que le indique que se metiera en sus cosas, y en sus planes, pero ya ven... Siempre la lengua del otro está. 

A eso me refiero con que no hay que juzgar. ¿Si me sentía más cómoda yendo con esa chica? Sí. Por eso, justamente, fui hasta CABA hoy a atenderme en el único lugar que ella está. No por el centro, sino, por el profesional. 

Y realmente en cuanto a la atención, me sentí muy bien. Fue lo que necesitaba.  Me mandó estudios y cosas de rutina, pero es parte de la revisión.  Me trató con mucho cuidado, y principalmente, con respeto.  Respondió lo que necesitaba y me explicó todo súper bien. 

Otra de las cosas por las que yo consulté fue por una modificación en mí método anticonceptivo y también fue muy abierta con el tema. Muchos ginecólogos te recetan, siempre que sea apto, el uso de anticonceptivos orales. Es decir que te mandan las pastillas y no siempre se hace una evaluación más profunda en relación a la vida de la paciente. 
Durante años, siempre que necesité cuidarme más allá del preservativo, he tomado pastillas y la verdad es que no me sentía cómoda con eso...  Así que me decidí a hablar con ella sobre el tema y pedirle toda la información. 

Pero el punto es uno: ¿cuánto dinero conllevó, no? ¿Todas las mujeres podrían destinarlo? La consulta, los viáticos, el cafecito extra, el método anticonceptivo, la depilación que quizá no sea la misma que la mujer usa todo el tiempo, el permiso que tiene que ver si le dan en el trabajo, el cuidado de hijos o de familiares si tiene a cargo, la coordinación con la fecha del ciclo, la información recibida, etc. 

 Son un montón de aristas.  Por eso, pensaba hoy, que no hay que juzgar. Ni con quién, ni dónde, ni cuando. Menos en un contexto económico como el del presente, con los ritmos de vida de la actualidad. Menos con las necesidades que no siempre alcanzan para la salud, por muy crudo que eso resulte y porque el peso recae sobre salitas, hospitales públicos o unidades móviles.  En un contexto donde la salud pública no siempre, y lamentablemente, resuelve la gran demanda de pacientes (aunque valoro mucho los Hospitales porque se que se hace mucho por la gente) y los turnos se dan lejos en el tiempo. A veces, siendo incompatible eso con la urgencia. 

Qué se yo... Hay tanto para analizar.  Mientras viajaba en el colectivo de vuelta a casa, pensé que poder acceder a la salud de la manera en que lo necesitamos, es un gran gran privilegio.  Y hoy, me siento agradecida y afortunada por haberlo podido hacer donde lo necesitaba. 



lunes, 10 de abril de 2023

Cumpleaños 🎂

Todavía hoy, es el cumpleaños de Galeno. Cumple 54 años. Y, conforme a su gesto de saludo para mí cumpleaños, le mandé un mensaje para hacerle llegar buenos deseos en el suyo al mediodía. 

La última vez que hablamos fue el ocho de enero e hice de esa respuesta la más breve del mundo. Hoy fue la segunda vez que hablamos desde que nos separamos en noviembre, únicamente, porque es su cumpleaños.  Si bien el me mira toooodas las historias en las redes sociales, yo he decidido desde el momento en que nos separamos no mirar ninguna actividad en sus redes. Primero, para tomar distancia de una vida a la que ya no pertenezco y, segundo, para no estar con la cabeza en una vida que no me corresponde.  

Hoy de todos modos no fue la excepción: él me miró las historias como siempre. Yo no le miré nada. Pero sí le mandé un mensaje con sinceros y buenos augurios. 

Enseguida me respondió y me agradeció el saludo. Preguntó cómo había estado todo este tiempo y me dijo que estás últimas semanas había pensado bastante en mí. Le pregunté si estaba bien, si necesitaba algo, y me dijo que no. Que se preguntaba cómo estaría, si estaba bien, etc.  Le dije que si, que yo estaba bien, sin entrar en detalles. Me dijo que él también.  Me despedí con un "me alegra que estés bien. Cuídate. Te mando un beso". 

II. 

Otro que cumplió los años hoy, fue El Ingeniero. 50 y pico, me dijo, sin querer precisar cuántos. Nos reímos. Dejé que se hiciera el boludo ante mí para blanquear la cifra. Le deseé un buen día a este amigo no hegemónico. 

Y pensé que hay algo inesperado pero cierto en esta coincidencia cumpleañera: la gente que nació los 10 abril evidentemente me cae muy en gracia.   De las infinitas posibilidades, ese día, nació una ex pareja y un amigo. 

Veremos quién más se presenta en mí vida y termina cumpliendo años ese día. 

jueves, 6 de abril de 2023

El inge es no hegemónico

I. 

- Llámame, va a ser mejor - me dijo El Ingeniero. 

- Dame dos y te llamo. Si no, son veinte minutos de audios - bromeé, en referencia a lo que me había comentado sobre uno de sus amigos. 

Me mandó unas carcajadas y me dijo que se iba a hacer un tecito. Yo le dije que lo acompañaba con un mate. 

El objetivo era una charla literaria sobre dos piezas que le mandé. Me quería dar su devolución. Algo ya me había comentado en tres audios largos y me sentía en la necesidad de agregarle algunas contextualizaciones. De charlar un poco más sobre el material.  

Lo llamé. Hablamos largamente, de literatura, de vinos, de todo un poco, hasta que me dijo: 

- ¿A qué hora vas a abrir el vino? 

- Y... hoy tipo nueve... Estamos de feriado. ¿Vos? 

- No, yo estoy mal de la panza hace días. ¿Qué tomaste anoche? 

- Tomé uno que es espectacular (....) , me cociné algo... Un pollito a la crema, lo acompañé con un malbec... Lo tenés que probar. 

- Ahhhh, pará, pará, pará, bien... - me frenó - ¿Cocinas pollito a la crema? Qué bueno. Me dijiste del guiso, ahora del pollito, tenemos que armar algo. 

- Cuando quieras, obvio. Con un malbec. 

-  Re. Ahora desde el miércoles que estoy mal de la panza .... Me mató, hice lío con la comida. 

(...) 

- Imagínate si nos hubiésemos mandado audios... Hace una hora que estamos hablando. 

Me quedé callada. 

- ¿En serio? Ni sentí que pasó una hora. Che, nos re colgamos.  Te dejo escribir. Qué volados - anuncié, disculpándome por haberle robado tanto tiempo. 

-No pasa nada. Hagamos una cosa: mándame más. Me mandás más, lo vemos. Yo te mando y lo vemos también - dijo. 

- Bueno. Vos también mándame, yo sé que el trabajo más grueso lo hacés con Luis pero... Quiero leerte - le expliqué. 

- Bueno, mujer. Dale. Hace lo tuyo también. Tenés mucha capacidad. Falta que te tires y que uses las palabras que querés usar, sin vergüenza. Vas a ver que hay un colchón cuando te tires. Te entiendo, porque me pasó, pero ya con cincuenta y pico de años... Vos tirate. 

- Mal. Pero me da cosita... No sé. Te tengo que mostrar otras cosas, una serie de regalos literarios que hice y que son de otro cabal. 

- Cuando quieras. Me gustaría. 

- Gracias por hacer catarsis literaria. Siento que te debo honorarios por la sesión. 

El Ingeniero se rió. 

- Mándame un texto escribiendo esto que hablamos y me doy por cobrado. 

Me reí. 

- Ay ay ay, lo intentaré. Te prometo. Gracias por todo. Te mando un besito. 

II. 

Cuando corté, mi mamá me preguntó con quién hablaba. Me había escuchado invertir una hora de mi tiempo en una charla a puertas cerradas. Y creo que se había dado cuenta que la conversación me satisfacía porque soy una persona transparente. No me gustó su pregunta, porque conozco a mi madre igual que ella me conoce a mí, así que opté por omitirlo todo. 

- Con Fran. Me llamó para que hablemos un rato, que no nos cruzamos en la facu esta semana - le dije, mintiéndole. 

¿Por qué le mentí? Porque estaba preguntando algo que no le correspondía, de chusma, y yo no tengo obligaciones de contárselo. Y porque se va a poner en modo señora moralina y eso me tiene cansada.   Detallo mejor:  si yo le digo a mi madre el grado de amistad que tengo con El Inge, le dá un ACV. Y si le digo que hasta llegamos a abordar, por ejemplo, el tratamiento de las temáticas sexuales en la literatura, el ACV sería aún mayor. ¿Todo eso quiere decir algo más? Nooo. Pero ella sí lo tomaría como algo más y se escandalizaría, diciéndome que no tengo paz, que elijo lo que no me conviene, que cómo soy capaz....  Y no tengo edad para eso. 

Sé que mi madre si bien respetó mi relación con Galeno, no comprende demasiado mis intereses. No entiende, porque no lo vivió, que una mujer pueda ser amiga de un hombre, pueda relacionarse bien o pueda tener vínculos privados. Para ella, los hombres no se acercan por amistad, sólo se acercan por deseo sexual o por amor. En cambio, para mí, los hombres pueden ser amigos. Y muy buenos, a decir verdad. 

Aunque debo admitir que oculto buena parte de mi amistad con el Ingeniero, yo me siento en confianza con él. Es una buena persona y siempre se ha comportado muy bien conmigo. ¿Por qué entonces no hablar?   Porque no es una relación que quiera compartir con mi familia; porque los conozco y porque van a empezar las habladurías dignas del siglo dieciocho que me ponen incómoda. 

III. 

Me van a decir, ya lo sé: ¿qué pasa con él? ¿Y qué pasa?  Mi amistad con el Inge es simple: nos conocemos hace muchos años, siempre nos gustó escribir, y apoyé su afán en cuanto empezó a publicar. Ahora nos sigue convocando la literatura, me conoció de otra manera más profunda porque pasamos de estar en un grupo a estar solo nosotros dos, y es mi primer lector.  

¿Qué va a entender de todo eso mi familia? Que me quiere levantar. ¿Y por qué? Porque hace diez años cuando lo conocí, él estaba casado y ahora está separado y se acercó de una manera individual y continuó un vínculo que consideró propio y no se cosecha matrimonial. ¿Y uno puede ser amigo de alguien soltero que conoció previamente? Yo creo que sí. Pero la mentalidad de mi familia dice "noooo".  

Eso me enoja. Principalmente, porque parece que yo no puedo tener amigos que no tengan fines sexuales, ni por ejemplo, un interés humano.  Por eso miento.  Porque mintiendo, me ahorro escuchar comentarios terriblemente fantasiosos de parte de mi madre, con el aval de mi padre. O de mis hermanas. 

III. 

 Aquí el problema no es la actividad. Es decir, no es que comparta. El tema que a ellos los convoca es con quién y para qué porque se limitan a lo obvio: pensar que porque nos llevamos años no podemos ser amigos, no nos podemos cagar de risa, o no podemos tener una juntada de vez en cuando. ¿Qué tiene de malo todo eso si lo hago con alguien de veintiocho? Nada. ¿Y si mi amigo antes de tener veintiocho tiene cincuenta y pico? ¿Eso es malo? ¿Es una hora menos valiosa para mí o es una hora pervertida? 

La verdad es que con Fran, mi amigo hegemónico, me aburro mucho. Es como si fuera una amistad que construyo tratando de ver hasta dónde puedo encajar con un contemporáneo. En cambio, mi amistad con el Inge es natural. Comparto gustos, humor, pasión por la escritura, temas de charla, puntos de vista, ideología; más allá de que no comparta edad. 

¿Hacerle entender esto a mi familia? No, ya no. No quiero gastar energía. Ni justificar las fantasías de otros.  Estuve años en una relación con Galeno y mis hermanas nunca lo aceptaron. Años estuve y mi mamá se alegró cuando me separé. Años estuve y el único que me apoyó pensando en mi felicidad, fue mi papá, que aplaudía mi relación.  Sin embargo, bastó que le mencione una vez al Inge - a quien conoce de toda la vida - para que con el correr de los días me diga que "de casualidad encontró su perfil de Instagram y se dió cuenta que me likeaba todo". ¿Qué tiene de malo?  De ahí en más, comprobé que luchar contra el sistema es inevitable. Que para mis hermanas, que hacían siempre lo correcto, siempre fue mas fácil.  Y que el respeto es una pieza difícil en mi familia. 

¿Por qué será que en mi familia creen que soy como ellos imaginan que soy, no? ¿Qué amigos esperaban que tuviera, si en todas las personas busco algo profundo y real? ¿Qué sería lo malo, lo terrible, en esto? 

E inclusive suponiendo que él tuviera otras intenciones ¿no podría resolverse bien, no podría confiármelo y yo manejarlo? Claro que sí.  Aunque los demás se horroricen, para mí sería más normal eso que tener que estar ocultando lo que uno es porque se cansó de que siempre pongan tantos peros. 

Seguramente, cuando viva sola, que es lo que barajo, me van a preguntar si no me aburro sola, si no me visita alguien, si no invito a nadie a casa... Si  tengo novio. Si no tengo novio. Como si no pudieran entender del todo, tanto mis hermanas como mis padres, que la vida no necesariamente tiene que transcurrir al lado de un hombre. 

Los hombres también pueden ser amigos. Y El Ingeniero, es mi amigo no hegemónico. 








De causas y azares

 Subo al colectivo minutos después de salir de la oficina rumbo a la Facultad. Ni bien me acomodo veo a Juan, mi amigo de Letras, en el mismo colectivo.  Me acerco a saludarlo y me da un abrazo fuerte, que recibo agradecida, y con alegría de verlo. 

- Ay, hola - le digo - ¿Cómo estás, Juan, tanto tiempo? 

- Bien ¿y vos? - me preguntó, observando mi semblante. 

Claro, estaba vestida con un palazzo negro, un piloto y una camisa por debajo del piloto. 

- Bien, estoy trabajando acá cerca. Estoy yendo a cursar. 

- Sí, me dijo XXX que estás estudiando Ciencias Económicas - me comentó. 

- Sí, tal cual. Me mudé de país. 

- ¿Qué estás haciendo en particular? 

- Por ahora, la parte en común de las dos. Ya dentro de poco tengo que definir si sigo para Contadora o para Licenciada en Administración. Es otro planeta - le dije, en broma - Estoy trabajando en eso, ya.  Salió por ahí. 

- Sí, obvio. Te re sirve entonces. Es justo - observó. 

- Sí, aunque es otro mundo. Los extraño. Me cuesta mucho hacerme amigos allá, pero bueno... - le confié - ¿Vos, cómo estás? 

Me hizo un gesto dudoso, como si me dijera con la cara que no estaba contento del todo. 

- Acá ando. Vine a fotear un rato al campus - me comentó. 

- ¿Qué tal todo? ¿Estás dando clases, cómo ésta eso? 

- Y... sí. No hay otra, están por lo menos - me dijo. 

Juan fue mi compañero en Letras desde que la empecé. Él se recibió en 2020 y poco había sabido de él a excepción de que estaba probando con el ejercicio tradicional de Letras, es decir, la docencia como casi exclusiva salida laboral. 

- Sí, claro. Entiendo - le dije, observando el descontento con su profesión. 

- Bueno - dijo, te saludo que me bajo y me dió otro fuerte abrazo - me alegra verte. 

- A mí también . Cuidate mucho, Juan - le dije. 

- Suerte hoy - me deseó. 

- Gracias, mandale besos a xxx. 

Él se bajó en la primera parte del acceso N4 , rumbo a las facultades de Sociales y Derecho. Yo, en cambio, seguí un tramo más  y me bajé en la segunda parte del acceso N4, rumbo a la Facultad de Ciencias Económicas. 

Cuando me quise dar cuenta, tenía un nudo en la garganta. La bifurcación del camino no sólo había sido literal, sino, también metafórica. Pensé que quizá si hubiera seguido estudiando Letras, y si hubiera seguido ese único camino, hoy estaría lidiando con el desencanto de estudiar muchos años - como hemos estudiado con Juan quemándonos las pestañas desnudando a Federico García Lorca - para no conseguir un trabajo estable o mejor que la docencia.  Porque eso es lo que le ocurre a Juan, y lo sé desde el momento donde publicó por redes sociales un largo descargo.  Pensé en la desolación que yo había sentido al tomar esa decisión de dejar una carrera que amé y me dije que pese a todo había hecho lo correcto, porque al final del camino me iba a encontrar con un título universitario que no me respondería como necesitaba.

Caminé por la Facultad de Económicas, bordó y blanca en sus decoraciones, en su identidad y su modo.  Le pedí a quien fuera que estuviera escuchando que, por favor, éste camino me regalara la docencia universitaria algún día como complemento a mis trabajos en la oficina o en cualquier empresa. 

Sería un consuelo muy grande. Haber dejado atrás todo lo que dejé no fue fácil. No lo es. Principalmente porque en cuanto avanzás más en una decisión, más lejos va quedando todo lo que un día soñaste. Pero nadie me obligó a hacerlo.  Pese al dolor que me genera éste asunto de haberme alejado de Letras a nivel académico, tengo que ser honesta: lo que estudio ahora es lo que quiero hoy; es lo que considero que me dará más oportunidades laborales, lo que me permitirá sentirme realizada, es lo que siento que me conviene más desde lo profesional, es lo que he decidido y de lo que trabajo. ¿Qué puedo objetarle a un proyecto que sin que se lo pidiera me regaló tantas puertas? Creo que tengo mucho para agradecer, pese a ese regusto agridulce de que la realidad sea la realidad.  

Principalmente porque sé que si estaría como Juan, con ese desánimo frente a lo que le entregué tantos años de esfuerzo en mi vida, tampoco sería feliz. Me sentiría mal. Odiaría lo que elegí producto de la frustración.  Le hubiese tomado hasta rabia a una actividad que amé tanto. 

Y la idea es crear una vida de la que pueda sentirme agradecida y orgullosa. Una vida que me haga feliz. ¿Quién dijo que la realización profesional no califica dentro de los estándares de felicidad?  Para mí, sí. Por eso, salté a tiempo.  

Es curioso pero entre más lejos estoy de la carrera de Letras, más cerca me siento. Hoy, sigo amando la Literatura. Sigo leyendo. Estoy escribiendo una nouvelle.  No reniego del tiempo invertido en ella.  Agradezco haber podido tener ese placer. Y me conecto con esa pasión desde un lugar saludable, sin ahogarla. Sin ahogarme. 

Mientras tanto, las Ciencias Económicas me desafían a diario. Aprendo mucho, francamente, mucho más de lo que alguna vez imaginé. Siento que hay mucho para hacer, diverso, y eso me da esperanza sobre el futuro.  

Comprendo que para lograr la felicidad asociada a lo profesional, la mayoría de las veces, hay tomar decisiones.  Éstas son las mías.  Y después de casi dos años de empezar a masticar ésta idea, y de todo lo que pasó en el medio, que fue un montón, empiezo a sentirme feliz con ellas. 



martes, 4 de abril de 2023

Un martes en mi vida

La alarma suena 6.30 am. Me doy vuelta asimilando la situación. Me levanto. Voy al baño y hago lo básico. Me pongo la camisa que dejé preparada. Me pongo el pantalón. Me pongo las botas. Me peino. Me pongo perfume. Me aplico tónico descongestivo en el rostro y me pongo mi abrigo.  Voy a la cocina y junto mí vianda, que también quedó preparada. Meto todo adentro de mí mochila, saco las llaves, y me voy. 

Son las siete y media de la mañana. Estoy en mí segundo medio de transporte del día. Camino a la parada, con los auriculares tatuados, y me siento en un asiento lo más alejando posible de la gente. Cuarenta y cuatro pesos el boleto. 

Bajo del colectivo. Llego a la oficina después de caminar algunas cuadras. Saco mi vianda y la guardo en la heladera. Voy al baño y me pongo protector solar, pues rosácea.  Prendo la computadora y saludo al resto. Contesto algunos mensajes rápidos. Me levanto y preparo mi taza de café. Me enfoco, luego de eso, en el cierre mensual contable. 

Trabajo arduamente. Me ocupo de facturar lo que falta para poder cerrar ventas. Escucho la radio de fondo. Eso me da alegría. El día todavía está nublado y me fascina el otoño aún desde la oficina. 
Atiendo algún requerimiento específico como emitir el pago anticipado de IIBB. Una nota de crédito pendiente. Un pago del que me están avisando. 

Paro cerca de las 13.00 hs para almorzar. Justo cuando termina el programa de radio que escuchamos.  Almuerzo. Salgo a comprar un dulce porque me quedé con hambre. Vuelvo. Sigo facturando.  Cuando lo logro, cerca de las 14.00 hs me acerco más al cierre. 

Acomodo cobranzas. Sigo con el cierre. Me suena el teléfono, sigo con el cierre. Me habla un compañero y sigo con el cierre.  Miro por la ventana: salió un poco el sol pero todavía hay nubes. 

A eso de las 16.40 entrego el primero de los sobres papel madera al Gerente con lo necesario para que liquiden IVA. Le pido que lo mire y que me avise. Me guardo algo pendiente para seguir mañana. 

Salgo de la oficina. Me despido del resto. Voy caminando a la parada del colectivo. Lo espero. Llega. Le pido que me lleve hasta la facultad. Cuarenta pesos el boleto.  

El colectivo llega a la intersección entre la avenida y la ruta donde está mí facultad. Me bajo en una parada repleta de vendedores y de gente que espera otras líneas. Ingreso a la universidad por el acceso N4.  Pronto veo el cartel rojo y bordó: "Facultad de Ciencias Económicas". 

Entro a la facultad. Paro en un dispenser. Cargo agua caliente en el vaso termico que llevo en la ms l desde que salí de la oficina. Me preparo mí café mientras camino hacia el aula. Subo las escaleras. Entro a la clase (tarde) y me siento a copiar sin siquiera quitarme el abrigo. 

Receso en la clase. Me desabrigo. Tomo mí café. Anoto todo.  Participo en la clase y la sigo.  La clase termina. Salgo, caminando por el campus hasta la parada del colectivo, en la primera parte del acceso N4. 

Espero el colectivo mirando el atardecer. Es hermoso. Viene un colectivo que tarda bastante pero lo tomo igual. Cuarenta pesos el boleto. 

En el camino hasta la estación, escucho música. Estoy muy cansada ya. Quiero estar en casa. Me bajo del colectivo 35 minutos después de subir. Camino a la estación de trenes y me lo tomo. 

Me bajo en mi ciudad. Me dan felicidad o lo más cercano a esa hora. Compro una Coca Cola para tomar con mis padres en la cena. Me vuelvo a casa. 

Llego. Dejo todas mis cosas en su debido sitio. Inclusive, la gaseosa. Saludo. Me voy a mi dormitorio. Me saco la camisa. Me saco el pantalón. Me saco las botas. Y recién ahí, pero recién, me doy cuenta que tuve un día re largo. Y que es normal estar cansada. Ceno y la lista sigue. Hasta que frena. 

Ahora son las 23.00 hs. He hecho más cosas desde que llegué de la facultad, pero quería que escribir fuera la última.  

lunes, 3 de abril de 2023

Un mes después en una vida mejor

*un mes atrás 

- Pasé casi diez años de mí vida intentando dejar de quererlo. Ya hace diez años que lo intento - le dije, desbordaba - ¿Vos sabés lo que es eso? Hice todo , pero todo lo que te imagines, para ver si así desaparecía el amor...  Y nunca se fue - le confesé, en in crescendo de angustia -  Yo necesito terminar para siempre esto. Necesito verlo y no sentir las cosas que siento. Quiero que me chupe un huevo lo que le pasa; si se enoja; si sufre; si se muere.  No puede ser que él me lastime siempre, y que vuelva ocho años después a mi vida, para seguir lastimándome.  No puedo dejar que me siga lastimando. 

Me aguanté las lágrimas. 

- Pero... soy una tonta - le dije, con el ardor anclado en los ojos - Yo lo veo y me salen cosas buenas de adentro, no lo puedo manejar, no puedo sentir la rabia que debería ni el rechazo que tendría que sentir, con tantas razones. Tengo buenos sentimientos. Siento amor y a la vez rabia por él porque no me gusta que sea así conmigo, pero no quiero que sufra. Por eso, quise durante tantos años que tuviéramos una relación normal... Pensaba que así nadie sufría. Por eso  pude perdonarle tantas pelotudeces y darle tantas chances... Yo no quiero que sufra más. Sé que sufrió mucho y se va a enojar y se va a atormentar como un estúpido  - le dije, al borde - pero el amor y la compasión que siento por él, me destruyen... Porque no es justo. 

- Entiendo - dijo - ¿Pero por qué pensas que se podría enojar con vos? 

Agaché la cabeza. Trate de tomar aire pero no pude contener las lágrimas.  Me puse a llorar. 

- No se - musite, en cuanto pude emitir palabra y negué con la cabeza. 

- La que  podría enojarse, sos vos. Él no tiene ningún motivo para estar enojado con vos ni para tratarte como lo hizo. Pero vos, en cambio, sí podrías enojarte. Y sin embargo lo cuidas. Te mantenes en tu postura, cuidas tus palabras, te comunicas de una forma responsable... Y eso no es gratis para vos.  

No le dije nada. Suspiré. 

- Es muy difícil - dije - Yo sé que debería importarme poco como se siente, porque él no me cuidó nunca, pero... No lo puedo lastimar. Yo lo amé durante muchos años y una parte mía todavía lo ama hoy. Pero me cansé. No puedo más. No aguanto más. 

Me limpie las lágrimas. 

- Aunque  lo quieras cuidar, por cuidarlo, te estás dejando de lado. Es como si hubieras cambiado todos tus valores por los suyos. Cómo si por ajustarte a su forma poco normal de relacionarse, vos también estuvieras ingresando en esa dinámica. Y todo eso te hace sentir muy mal a vos, que toda tu vida actuaste de otra forma. Digamos, que por cuidarlo y por tratar de que no sufra, estás pagando las consecuencias que debería pagar el. Por dentro, como me dijiste hace un rato, te pasan un montón de cosas y... Las disimulas para que Javier no se atormente. Pero vos te atormentas, también. 

Asentí con la cabeza. Yo sabía que tenía razón. 

- Es que si yo no le pongo límites, Javier va a destruir todo lo que construyó y me va a lastimar. Me va a destruir otra vez, porque no sabe querer a nadie. Y yo... tengo que alejar de cualquier forma a una persona que me muero por atraer y por convocar. 

Me sequé algunas lágrimas con la mano. Me costaba mucho llorar, pero, a la vez, mi lado más sensible lo necesitaba.  Era haber llegado al fondo. Era reventar y revelarse, pero además, rebelarse. 

- ¿Por eso preferís que se enoje con vos? ¿Para que se aleje? 

- Sí.  Yo no lo puedo echar ni tratar como a un perro. Nunca pude. Y él lo sabe. Pero, además, sabe que no lo odio como le dije. Lo quiero. Yo sé que lo quiero. 

- Y él también - añadió. 

Me limpie más lágrimas. 

- Por eso hice mucho esfuerzo para tener una relación normal con él. Para contenerme, para que todo esté en orden. Pensé que así todo lo pendiente entre nosotros se iba a arreglar. No quería que sufra mas y yo no quería más dolor - anuncié - creí que así nos íbamos a llevar mejor. Busqué que esto no sea algo horrible y complicado para nosotros... Pero... No sirvió. 

Inspiré hondo.

- ¿Por qué tanto esfuerzo? - me preguntó - ¿Por qué darle tantas oportunidades? 

Sacudí la cabeza, indignada de mí misma. Se me caían las lágrimas otra vez porque ahí tenía la respuesta. A todo. 

- Porque pensé que capaz si yo... - le dije, llorando todavía - Si yo hacía todo para modificar el final de esta historia, él capaz me iba a querer...  Más allá de que le guste, pensé que quizá asi me iba a querer. Que se iba a  dar cuenta de quién soy - mofe-  Y no. 

Suspiré y dejé caer algunas lágrimas. 

- Yo sé que Javier nunca me quiso.  Y ahora sé que nunca me va a querer tampoco. Lo bueno sería dejarlo de querer. Y no quiero hablar más porque no voy a dejar de llorar, perdón, pero... No sé cómo voy a hacer sino para ir al cumpleaños de mí mamá. 

Mí psicóloga asintió. 

- Está bien, está bien. Tranquila. No te preocupes. Tenés que saber que no es necesario dejarlo de querer para poder alejarte. Quizá, no dejes de quererlo nunca, pero, al mismo tiempo, sí puedas saber que no tenes ninguna obligación en tener una relación normal con alguien que no se preocupa por cómo te sentís con las cosas que hace. No merece la pena hacer tanto esfuerzo para él, si vos, vas a sufrir en el camino. 

Salí de esa sesión muy angustiada. Si. Hecha mierda. Pero recién ahí entendí que no tenía ninguna obligación con Javier. Ni por tener una relación normal con alguien que todo lo que hacía era lastimarme.  Y renuncie . Después de mucho tiempo, renuncie a todo esto.