- ¿No te gusto? ¿Por eso no querés estar conmigo? - me preguntó.
- No se trata de eso... No pasa por ahí - le respondí.
Estábamos abrazados, tirados en la cama de Javier, como algo impensado. Mirábamos al techo como quien se confiesa en una parroquia barrial, hablando al aire, que ocupaba el otro. El espacio que tantas veces había ocupado el silencio.
- ¿Y qué pasa, entonces? ¿Te doy asco o no te gusto tanto?
- Javier, ¿vos en serio pensas que me das asco?
- No, creo que no, pero no sé.... Te puede dar asco. Hace mucho que no nos vemos. Y paso todo esto, te dije muchas cosas.
- ¿Yo a vos te doy asco? - le pregunté
- No, ni en pedo . Al contrario.
- Bueno, es lo mismo de éste lado. Asco no es. Es... no saber lo que me puede pasar.
- ¿En qué sentido?
- A dónde iría haciendo algo así. O sea, el afuera existe y pienso que no quiero lastimar a nadie y a la vez vos viniste a decirme todo esto... Yo te juro que tenía una vida hoy antes de venir acá ¿sabes? No es todo tan fácil. No sé trata de escupir todo, que nos acostemos, que se borre todo...
- ¿Y entonces?
- Eso. Nada cambia: ni el afuera, ni ésto. No puedo dibujar esto ni el afuera - le contesté - Venís así, después de ocho años a decirme todo esto... ¿Cómo querés que reaccione?
- Ya sé. Y perdoname , pero exploté. Ya no puedo callarme más.
- Yo te entiendo, Javi. Te lo juro que entiendo eso. Pero tiene que haber una manera mejor de hacer esto. No sé. Quizá no es el momento. Habrá que esperar más.
- ¿Qué estás esperando? ¿Qué más vas a esperar que cambie? Hace diez años que estamos esperando el momento. ¿No te parece demasiado tiempo?
Suspiré. ¿Justo él me iba a decir eso?
- No sé - le mentí - Pero se ve que es por eso que no puedo. Porque veo que no hay un buen momento para nosotros. Que no está.
- Esperamos casi diez años para esto y vamos a seguir esperando el momento perfecto - dijo - y capaz que el momento perfecto no existe.
- Si, porque vos no quisiste en el momento donde lo podíamos hacer sin todo este presente armado - le reproche.
- ¿Podemos no hablar del pasado? Ya pasó, ya se que estás enojada conmigo por eso, pero... No sé puede cambiar lo que pasó, lo que hice. Este es el momento. No fue hace ocho años, no sé qué pasará en ocho años más... No puedo esperar ocho años. Ya no puedo más. No me puedo callar más, bolu.
- Bueno, por eso. Dejemos que circulen las cosas. Con lo que sabemos ahora del otro... Quizá lo vivimos de otra forma. Sea más fácil de llevar. Creo que el silencio hizo mal , nos hizo dudar mucho... Es mejor hablarlo. Pero... Podemos manejar esto.
- No creo. El deseo que yo siento y el que vos sentís , va a estar igual. No importa si te acostas conmigo o no. Te pasa. Te guste o no.
- ¿Y a vos? ¿Te pasa te guste o no, entonces?
- También.
- Pero ¿yo no era la peste para vos, Javier? Me tratabas como si fuera la peste...
- Noooo. Al contrario. Quería hacerlo por tu bien. Era una mala influencia para vos...
- No eras, lo sos...
- Puf, si... Pero no te quiero hacer sufrir. Ni a vos ni a nadie. Te lo prometo.
- Qué locura, por Dios - resople - No estoy segura de nada. Creo que quizá en el futuro nos podemos encontrar en una situación mejor, hoy no puedo creerme todo esto que hablamos. Tiene que haber una manera de hacer las cosas bien. Sin herir. No estoy segura de que así tenga que ser todo...
- ¿No estás segura de mí?
- No, de vos sí. Pero pienso que quizá si vos y yo nos acostamos podemos ir a lugares de mierda. Javi, vos a mi me llevas a lugares donde me cuesta protegerme a mi misma. No sé si quiero ver qué me espera. Y vos me decís que esto es fuerte para vos... Yo no sé qué pasaría...
- No, pero veni... - dijo, y me abrazo - si vos no querés, te lo prometo, no hacemos nada más que éstos mimos, hablar así... Te respeto.
- Ya sé, por eso te digo ésto.
Mientras me abrazaba de costado, le acaricié el brazo. Despacio.
- Me hizo bien decirte todo esto - dijo - mi vida es un quilombo ahora pero, por lo menos en este aspecto, me siento bien. Me hace sentir bien decirte esto.
- Me di cuenta, sí. Y está bien, dentro de lo mal ... No te preocupes por eso. Esto va a quedar entre nosotros siempre. Nadie más lo va a saber.
- Obvio. Quiero estar con vos, no me importa más nada. Yo no voy a contarle esto a nadie. Con vos, nada más.
- Ya me lo dijiste unas seis o siete veces, te juro que me quedó re presente...
Javier se rió y gruñó, divertido con la respuesta.
- Más lo digo y mejor me siento. Lo guardé tanto que ahora no puedo dejar de decirlo.
Cerré los ojos.
- Quiero estar con vos - dijo, riéndose.
- Shhh - lo callé - estás loco, Javi. Muy loco, estás. Venir así, ahora, a decirme esto.... Me agarras así....
- Sí, estoy loco. Vos me volvés loco a mí. Vos hacés que yo me ponga pelotudo.
- ¿Y vos? ¿Vos te das una idea de lo que me estás diciendo y de cómo estoy reaccionando? Me dejaste sin palabras.
Javier se rió.
- ¿Todo esto te guardaste tanto tiempo, Javi?
- Sí. Yo soy el peor y... con vos... Puf.
- Si ¿no? Siento como que no te conocía del todo, hasta hoy. Sos infernal.
- Sí.
- ¿De qué te reís? No quiero estar en tu mente, te juro. Ese nivel de intensidad, te lo regalo.
- Estás - musitó - Yo ya me imaginé mil veces todo con vos. Tengo todo guardado acá - dijo, tocándose la frente.
- Sí, ya te estarás imaginando a ver cómo me vas a abordar... No quiero saber nada.
Mofó.
Me abrazó mejor, poniéndome encima suyo, cubriéndome con sus brazos pesados.
- Te tengo acá, así... Me duele el cuerpo, te lo juro por Dios cuando me decís esas cosas - suspiró - Por favor, por favor, acostate conmigo.
Levanté la cabeza y lo miré.
- No puedo, sonso.
- Sí que podés...
- No, no puedo.
- ¿No querés?
- Sí, quiero, claro que quiero. Si no, no te hubiera dejado que me tengas así... Pero no puedo.
Javier sonrió.
- ¿Te puedo pedir una sola cosa? Por favor.
- Si es tener sexo, no. Si es otra cosa... también es un no - le dije, en broma.
Nos sonreímos. Suspiré.
- ¿Me das un beso? Uno. Por favor. Vos.
- No.
- ¿Por qué, por qué no querés? - me preguntó.
- ¿Un beso, para qué? Yo entiendo que me querés coger, pero no te sirve de nada que te bese, que te mime... Te vas a frustrar más.
Javier se rió y puso cara de "dios, ésta mujer no cambia más".
- Que fría... Por dios. Me sirve para acordarme, huevona. Siempre tuvr el recuerdo de besarte, pero no de vos dándome un beso. Me quiero quedar con eso. Nada más.
Suspiré.
- No seas masoquista, Javi. O sea, no es un recuerdo grato. ¿Por qué querés acordarte de eso en particular? Es al pedo.
- Dale, por favor, no me hagas rogarte....
Suspiré
- No te hace falta eso a vos... - musité - Somos los dos iguales. No me tenés que rogar nada, ¿si? Pero quiero entender todo.
- ¿Te lo puedo pedir?
- No, no me pidas - le dije, sonriendo levemente - Yo solamente te digo que me cuesta entender para qué querés besitos míos.
- Porque me encantan. Y quiero tener esa imagen para cuando cierre los ojos, sabes. Sentir todo. Que me quedé ese recuerdo para siempre. Vos no te das una idea de lo que yo estoy viendo en este momento. Que estés acá, en mí cama, que me mires así, con ese pelo hermoso que tenés, oliendo así... Quiero que me beses, pendeja de mierda.
Se rió.
- No te entiendo. Nunca te entiendo. Pero por fin me reconoces por lo que soy. Una pendeja. De mierda.
Javier se rió. Me reí.
- Por favor, no juegues así conmigo. Por favor. ¿Que querés que haga con vos? Me volves loco. ¿Te divierte eso? ¿Te gusta que te suplique?
Negué con la cabeza. Me puse seria.
- No, hubiese estado bueno - le dije, acercándome despacio - que te dieras cuenta antes.
Me acerqué a su rostro, apenas los centímetros que faltaban, y lo besé. Empecé siendo delicada y luego me desbordé . Lo besé desaforadamente, a decir verdad. Aguardé unos instantes y le mordí los labios mientras lo besaba, en una pausa no estudiada, pero atroz.
Javier suspiró, se rió brevemente y me miró por un momento. Su mirada fue histórica para mí. Estemecedora. Me aferró contra él desesperado, bajando las manos por cualquier parte. Sosteniendo la cintura baja. No dejando que me retire tan pronto.
Volví con una embestida larga, donde me agarró del pelo y me apretó contra si mismo con más fuerza y rudeza. Me puse firme en mi empresa, le devolví la fuerza quedándome casi sin aire. Continúe el beso y cerré con una embestida pequeña. Suave. Delicada. A conciencia con las deudas del pasado. Despegue mis manos de su pelo, porque lo había agarrando mientras me las cobraba, y despegue el cuerpo del suyo un momento.
Solo lo miré.
Javier estaba sonriendo, con los ojos cerrados, como si estuviera en otro planeta. Abrió los ojos. Me miró. Esa mirada me afectó mucho, porque era el placer y la vida y la cobardía de muchos años repleta de contradicciones en un momento que era solamente nuestro.
Se me revolvieron muchas cosas en ese instante. Me separé de su cuerpo y me di cuenta que me tenía que ir porque me estaba derritiendo.
- No, por favor, no te vayas - me dijo.
- Ese fue tu beso para que te acuerdes, masoquista de mierda... - le dije, con sorna.
Javier me retuvo, impidiendo que me mueva. Se rió sonoramente. Se inclinó, me encajó sobre él con una fuerza inusual y me besó lo mismo.
- Por favor, no te podes ir así.
- Me tengo que ir. Ya no puedo manejar las cosas. Necesito irme.
- No las manejes más. No hagas eso. Manda todo a la mierda, por favor. Yo ya lo hice hoy. Hacelo vos, ahora.
- No puedo - le dije, antes de levantarme de sus brazos.
Lo miré. La frustración me recorría entera.
- Esto se terminó acá - le dije.
Javier me miró, suspiro y se tapó la cara con un brazo. Sobrevendria mucha espera, hasta la noche donde me mandaría un mensaje.
"Hola, Veinte. ¿Cómo estás? Perdón, no pude escribirte antes. Estuve con muchos problemas. ¿Querés hablar?¿Me contas de tu trabajo nuevo?".