domingo, 30 de octubre de 2016

Literatura, cuanto menos, ficción: Toda pantalla se apaga





Siempre supe que llegaría este día. De una manera u otra, a lo largo de estos casi dos años y medio, desde la primera vez que asistí al cuadro, supe que en algún momento aquello tendría fin.  Supe, no puedo explicar como, con el carácter de una certeza, que alguna vez las vueltas de la vida serian diferentes a lo que yo estaba mirando y aquello siempre estuvo lejos de ser un acto de fe.  Supe también que, principalmente a nosotros dos, la vida nos encontraría diferentes, porque el tiempo, ademas de cambios, trae consecuencias.  Contrariamente, lo que seria lógico suponer es que el tono de este "yo sabia" esta cubierto de un regocijo interno casi imposible de narrar, sin embargo, nada tiene que ver con eso y es mas bien todo lo contrario. 

Todo empezó el jueves. En la mañana del jueves me llego por mensaje el aviso, no puedo entender por que, pero sentí la especial necesidad de asistir a esa reunión, con una finalidad determinada: mirarlo, asentir con la cabeza, y confirmar el cierre de una etapa con un alguien completamente fundacional en mi vida. Que novedad, pensaran, quienes nos conocen y especialmente, quienes me conocen a mi. Sin embargo, para mi si era lo que se dice una novedad porque en relación a la ultima vez que lo vi, hasta ahora, me pasaron cosas desde el punto de vista mental respecto a lo afectivo, que representaron el reconocerme ciertas cosas necesarias, que hicieron valedero lo bueno y lo malo de este estado de conciencia,ahora, ineludible.  Gracias a ciertos acontecimientos hoy se que desperte de una larguisima epoca de adormecimiento de la que pense no podria salirme ni desmarcarme nunca.  Ocurrieron, en estos dos meses y monedas, hechos que me hicieron pensar y que, finalmente, me sacaron del automatismo donde estaba sumida, hace ya tiempo. La necesidad de verlo, insisto, no era siquiera para hablar de nada en especial sino, mas bien, para resolver algo interno en mi, como si quisiera reunir dos partes diferentes, que se mantuvieron muy lejanas, y que necesite volver a juntar durante muchísimo tiempo, sin poder hacerlo del todo. 

El viernes, pese al saber que si me acostaba tarde no podría levantarme temprano, no cambie mi conducta ni trate de conciliar el sueño, acostándome a la hora de siempre. Hubo una contradicción que me transito siempre en torno a mi grupo social y específicamente, en torno a el: una vez que nosotros rompimos contacto, estar allí adquirió un doble significado; seguir manteniendo mi lugar y aprender, asimismo, a vivir con lo que nos había pasado

Por mas doloroso que fuera, desde el minuto cero me propuse saltar el dolor, sin esquivarlo. El hacerlo, siendo como soy, me llevo mucho tiempo. Todo mi cuerpo y mi mente hicieron esfuerzos impensados por eludir, negociar y tapar, lo que yo sentía - desde otro punto de vista - que tenia que pasar, transitar, asumir y capitalizar para mi vida. No se puede vivir sin sufrimiento y taparlo no me iba a ayudar. No me iba a hacer crecer ni vivir una vida llena de sentido. Habiendo pasado tantos años guardándome las cosas, en general, con este dolor que fue un punto de inflexión para mí, supe que lo tenia que utilizar para mejorar y para aprender, no para condenarme.  Fue muy difícil, porque me condene mas de una vez, también llegue al punto donde deje de hacerlo, acepte el curso de los acontecimientos y me abandone a lo que pasara, a los dividendos que me habían quedado, después de todo lo que había tenido que aprender. Además, recientemente, cuando lo afectivo volvió a ponerse en discusión interna para mi, acabé por entender otro montón de cosas que había dejado inconexas dentro, con la llegada de una persona nueva, que, al margen de como se dieron las cosas, me conmovió como hacia muchísimo tiempo no me ocurría. Este despertar afectivo, este corte en una época de adormecimiento que parecía interminable, me lleno de alivio, de miedo y de desconcierto. Todo aquello se conjugo en un licuado de vivencias que empezaban a adquirir sentido solo en correlato con otras y empezaban a encontrar su lugar definitivo en mi memoria.   Dos años de ceguera emocional se interrumpieron con Divino y eso no fue un acontecimiento menor para mi. El verlo a Él luego de eso dejo de ser una habitualidad. No obstante supe que no desencadenaría una corriente virulenta de sentimientos y emociones desbordadas; me calmo mucho entender que, definitivamente, todo lo que yo sospechaba como macerado había terminado de asentarse en tierra, para no levantarse mas. Como si esto fuera poco, finalmente, las consecuencias de esa otra reunion que parecía tener solo fines jurídicos, me hizo tomar contacto con un universo de otras cosas que excedían al pasado y al mismo tiempo, lo pormenorizaban de manera total. 

II 

 Este proceso interno tuvo su propia manera de reflejarse sobre la superficie y la estructura interna  del grupo que una vez habíamos sabido compartir de manera plena. Tambien fueron los acontecimientos mas recientes los cuales  me hicieron notar mi actitud oscilante, durante dos años y su motivo. Es decir el hecho de que siempre oscile entre desparecer y quedarme y lo que fui haciendo, entre negarme a ir y el asumir que me asustaba enfrentarme a su trato, fue decidir llegado el momento, un rato antes de irme, que quería hacer, pero nunca me dispuse a resolver el problema de fondo. Cuando no tenía energías para decidir, "me quedaba dormida" eludiendo lo que para mi representaba esto, y así el mecanismo de "no me da miedo ir, simplemente sucede me quede dormida", funcionaba, aunque parezca muy tonto. Varias cosas funcionaban, cabe decir, hasta ayer.  Ayer donde apenas me desperté me dije que no había mas espacio para el miedo, guiada por una especie de intuición sobre la que no encuentro palabras para explicar. Me dijo que el miedo era solo eso, que las cosas seguirían iguales, que no me iba a sorprender nada y que yo estaba en orden interno como para resistir el afuera. Me dije, especialmente, que esto era  un asumir para modificar, y no para regodearme. Hoy mas que nunca tengo la sensación de que todo esto estuvo en conexión con una corriente interna, que me dio especiales intenciones de ir. Ir, insisto, no implicaba tratarlo en lo mas mínimo, simplemente, se centró en cerrar una etapa, ahora, habiendo incorporado a mi misma nuevamente el componente que implica la posibilidad de saber que puedo sentir deseo en torno a otras personas. Nunca fue lo mismo para mi verlo estando con el deseo elidido, y nunca lo había visto con el deseo puesto en otra persona distinta a el, o en realidad, en todas las demás personas que no fueran El. Eludir mi deseo de hablar, incluso, lo único que me hacía sentir era un escollo en el pecho incapaz de negociar ni disfrazar la realidad. Me acompañaba todo el tiempo la sensación de cosa amputada, de la que solo miraba las hilachas y me debatí durante mucho tiempo respecto al hacer y al cómo. Por su parte, el haber pasado dos años queriendo hablar con una persona sin poder hacerlo es una experiencia que no le deseo a nadie tener que atravesar, especialmente, cuando esta a pocos metros y en pareja con otra mujer; y sin embargo nunca deja de depositar la misma mirada tormentosa, con sentimientos conjugados, en cuanto se encuentra con el rostro de uno. 

Uno, sin embargo, pervive y aprende incluso a seguir adelante con la certeza de que sera lo que siempre va a mirar de costado pero lo que nunca tendrá el coraje de elegir. Y uno, ademas, se resigna, sigue adelante con su vida, conoce personas nuevas, sale, conoce mas gente, no se conmueve, hasta que realmente se conmueve y se da cuenta que, en el camino, pasaron dos años y medio entre una cosa y otra y que pensó en esquivar el dolor mas de una vez, pero que habiendo pasado por la experiencia, se alegra de todo lo que aprendió, al final. Que valió la pena todo lo sucedido al encontrarse sola, pero que a veces se le hace referencia a una época oscura de su vida, si se habla de esos tiempos. Uno intenta  ademas buscar en su interior todo el sedimento productivo para sembrar la tierra del presente, de una mejor manera, poniendo en juego todas las competencias adquiridas, prestando especial atención en no cometer los mismos errores, ni desde sus acciones ni desde el consentimiento del accionar de los otros. Así, finalmente, aprende. Y desde el aprendizaje, decide someterse a la ultima prueba, para darse por satisfecha en su búsqueda introspectiva, para rellenar la grieta, para no sentir que todo había sido un eterno antes y después de El. 

Es por eso que un sábado se levanta, como tantos sábados desde hace dos años, y se encamina al mismo lugar esperando encontrar lo mismo. Esta vez, incluso, toma noción del miedo a verlo, ese miedo estúpido pero real, y decide enfrentarlo. Por eso, aunque se haya retrasado mucho, se ducha y se cambia igual, decidida a hacer lo imposible por cumplir con la promesa que se había hecho a si misma: no seguir perdiendo el tiempo ni las oportunidades para reconciliarse del todo con lo emocional que represento en su vida y corroborar que se le dio la vuelta entera a la cuestión. De eso se trataba la ultima prueba, efectivamente, de juntar el pasado con el presente, de corroborar ese renacimiento afectivo y de sonreír por el saber que, finalmente, todo se organizo.   Y por eso uno va, o en realidad yo fui; decidida a terminar de cerrar una historia, sabiendo que tanto como el esta en pareja, yo me siento mas parecida a la persona que era antes de conocerlo; y esos dos acontecimientos parecen obedecer a un orden mas positivo: el que estemos bien, ambos, así no sea con el otro, tal como le recalque cada vez que pude, dentro del periodo donde se desarrollo nuestro romance. 

III

"Por nuestro bien, porque estemos bien mas allá de todo, así no sea con el otro" recuerdo que le dije, esa noche, cuando me pregunto por que brindar, antes de seguir comiendo y hablando de otras cosas, porque en el fondo, siempre fuimos pese a todo gente que tuvo cosas en común, es decir, una manera de entenderse que fluía con extrañeza cuando estaba a la vista de que nos distanciaran tantos años.  Si bien me estaba explicando los motivos de su negativa,  quedo desconcertado al escucharme decir el por que de mi brindis. Recuerdo haberle explicado que me importaba mucho el que ambos fuéramos felices, a nuestra manera, sabiendo que probablemente - por la diferencia de edad, por la clase de vida, por las nociones dispares, por la falta de voluntad, por el miedo, por los prejuicios, entre tantas otras cosas - lo nuestro no tenia planes de prosperar como quiza si lo hubieran tenido otras relaciones mas convencionales.  Yo lo había intentado, y sabia que podía perder, pero este hecho, no me hacia dejar de quererlo y en función a eso, había llegado a ese punto de sinceridad tan particular.  Le dije que aceptaba lo que me decía, que me importaba que estuviera bien y que el tiempo se iba a encargar de organizar todo, inclusive, lo que a el le parecía tan terrible, es decir, que lo quisiera.   Me dijo - hoy lo recuerdo y me da un poco de gracia - que la vida era muy puta y que, sin que pudiera entender la razón, lo había cruzado conmigo en un estado de imposibilidad afectiva tal, que lo hacia incapaz de negociar con mis sentimientos y menos con los suyos. ¿De que se sorprendía, al cruzarse conmigo? Eso siempre me lo pregunte y nunca me anime a decirle nada. De mi lado, yo no me consideraba nada demasiado lejano a el, como tampoco,  en su momento  considere que fuera demasiado tarde para nosotros.  Simplemente, lo veía un poco mas complejo de lo común, pero no de naturaleza insalvable, y eso que no pedía casarme y tener hijos consigo, para considerar que aquello funcionaba o no.  El merito había estado en poder tratarnos con tanta soltura, cuando en otros casos, esas cosas no pasaban; ese era mi punto de vista.  El merito, como se lo dije, para mi había sido siempre el habernos encontrado contra toda posibilidad etaria, contra la disparidad manifiesta de vidas, contra 23 años, lo que no es poco y aun mismo todo, poder mirarnos y entendernos como si nos conociéramos de hace años. "Quisiera que no me pase lo que me pasa con vos, quisiera no tener tanta afinidad. Es muy complicado, porque podría sentirme bien con cualquier otra mujer de mi edad y sin embargo, no me pasa lo que me pasa con vos con ellas; no me llevo de esa manera, no fluye de la misma forma. Con vos me siento bien, me río, y al mismo tiempo, para mi cambia algo cuando te veo entrar a una lugar, no se como decirlo, pero se que estas ahí, es como si lo percibiera en el cuerpo " argumento. Yo me lo quede mirando, callada, esperando que se diera cuenta de todo lo que me acababa de decir y de la decisión que estaba tomando, a su vez.  "Te juro que no puedo, de verdad, no puedo; con vos no puedo hacer lo de siempre y al mismo tiempo, tampoco puedo lo otro, porque soy un cobarde... " me aseguro. "No estoy en condiciones de tener una relación, y con vos, al mismo tiempo, me pasan cosas que no pueden ser, con la edad que yo tengo, no me puede pasar esto. Sos tan joven, vos, tenes que tener en cuenta eso, vas a conocer muchas personas, muchas cosas. Yo voy a parecerte un tonto " me decía. "Sabes que no, no digas eso" contraatacaba.   "Quizá en un tiempo las cosas cambien, y sea yo el que te diga todo esto, y sin embargo, vos ya no sientas nada por mi, te parezca un viejo estúpido y estés al lado de una persona, de otra persona" argumento. Yo asumí sus palabras como un consuelo de tontos, nada mas y lo suyo fue un argumento que no hizo ni un poco de mella en mis sentimientos. 

Durante esa noche de febrero, que parecía ser la ultima charla tan abierta entre nosotros, tenía misteriosamente la misma sensación que me invadió unos meses después, en la cocina de su casa, donde después de haber dado vuelta el tablero (pero, ahora, de la forma inversa, es decir dejando que nos gane aquello que no podíamos explicar, en mas de un sentido) otra vez nos sentábamos a hablar. Y no es que yo estuviera arrepentida de algo de todo lo que estaba pasando, sino, mas bien, todo lo contrario. Quería que las cosas fueran así y aun mejores, me sentía dispuesta a abandonar mi habitual pasividad; y empiezo a sospechar que en esos dias yo no quería vivir la vida de brazos cruzados, pese al miedo que me generaba dar pasos tan agigantados, sin tener casi nada de experiencia frente a una persona que había vivido mucho mas que yo, en todos los sentidos posibles. Sin embargo, no iba a poder ser para nosotros.   Por su parte,  decía que sentía, pero que no podía; que no estaba seguro de como era volver a sentir amor por alguien como yo, a su edad, y que no quería correr el riesgo de lastimarme, si las cosas salían mal, porque de solo pensarlo, eso le generaba un malestar muy grande.   

<<Lo que menos quiero es lastimarte y que vos sufras, te lo juro. Puede parecer todo lo contrario, entiendo que sientas eso, pero yo no se que hacer si te hago mal a vos. No te puedo lastimar a vos, Veinte, no puedo correr ese riesgo.  No quiero siquiera pensarlo, y al mismo tiempo, veo todo lo que haces por mi y pienso y pienso y tampoco puede ser. ¿Que pasa si yo te lastimo? >> me pregunto. Yo me lo quede mirando, callada, porque no sabia que contestar. También mi miedo era el mismo, porque tampoco quería salir lastimada; simplemente, mi humilde pretensión era que, en una de esas, a el también le pasara lo mismo en un sentido tan fundamental como el mio. Y si es que le pasaba lo mismo, el riesgo iría a ser el mismo que en cualquier otro tipo de relación. Siempre me preocuparon sus intenciones - como hoy en dia me preocupan las intenciones de otras personas, en general - y no los riesgos que implicaban las apariencias, la presencia remota de la muerte, la posibilidad de formar un hogar o una familia. Desde ese día, hasta ahora, yo no sentí un amor tan grande y , al mismo tiempo, tan independiente de todas esas nociones. Si el arte fue por  el arte, alguna vez, yo creía que el amor también tenia que ser por el amor en ese entonces. 

<<Si vos no me queres lastimar, vamos a encontrar la forma de que eso no pase. Yo tengo voluntad también >> le dije. <<Yo no quiero que sufras, no quiero que sufras, vos. Se que no lo entendes, se que te puede parecer mentira, pero te aseguro que lo ultimo que yo quiero es que vos sufras, estés mal, hacerte daño de alguna forma.  No tengo nada para ofrecerte >> dijo. Me molesto mucho eso ultimo, porque todo lo que había hecho por mi durante esos meses, era valioso; yo estaba siendo mas feliz de que llegue a serlo alguna vez, con esos pequeños momentos juntos y no podía creer como para el no significaban nada. <<De solo pensar que te puedo hacer daño, me dan ganas de cortarme las pelotas. No te puedo ver sufrir a vos, por nada, me vuelvo loco de solo pensarlo. No puedo exponerte, no se lo que puede pasar con vos, no se lo que puede pasar conmigo, no se tampoco todo lo que puede pasar entre nosotros... Es una locura >> me dijo, mientras caminaba por la cocina, de una punta para la otra, gesticulando, como lo hace cuando algo lo tiene sobrepasado. <<Esta bien, no hace falta que te eches toda la culpa. No tenes obligación de corresponderme ni de sentir por mi, ni de quererme como te quiero yo; esta todo bien... No digas todas esas cosas. El problema acá es otro y los dos sabemos eso >> argumente de la forma en que lo hago cuando me resigno y quiero terminar las cosas, para que no sea todavía peor la situación.  <<Es que no es que yo no siento nada por vos, que no me moves ni un pelo. Al contrario, Veinte, es absolutamente todo lo contrario. ¿Vos te viste? Y no es como me decis siempre, porque yo te vea como un pedazo de carne; no. Vos tenes todo, ya te lo dije hace unos meses >> argumento, pacientemente. <<No, esta a la vista que no lo tengo todo >> le dije, con sorna. <<No me digas eso, Veinte... No es tu culpa >> se acerco. <<No es una cuestión de culpa, no se, no importa.Ya entiendo lo que te pasa y creo que lo central es eso... >> le explique, intentando aclararme. <<Pero seguis pensando que no me importa, te vas a quedar con eso, con que nunca me importo, pensando que esto lo hago de hijo de puta, nada mas... >> murmuro. << Lo que yo crea de vos, no te modifica en nada; esta a la vista eso. Puedo creer cosas buenas o malas de vos, que no te parece importante. Jamas me dijiste nada respecto a lo que te pasaba, como te lo estas diciendo hoy. Miles de veces te pregunte si tenias miedo, porque yo tambien lo tenia, un monton de miedo tenia, y sin embargo, segui apostando por vos. Te pregunte sobre el miedo, para ayudar, no se, para intentar hacer algo mas. Que yo no te haya demostrado el miedo, es otra cosa.  Muchas veces, cuando todo el mundo me dijo que estaba totalmente loca porque nos llevamos tantos años, a mi me importo un carajo lo que dijeran los demás, porque valias el cambio. La cosa es que yo no valgo el cambio para vos, y eso esta bien, supongo. No me gusta, me duele, pero no puedo hacer nada para cambiarlo. Me molesta, si, que no me hayas dicho nada de todo esto antes, para que supiera a lo que atenerme. Ya te lo dije hace unos meses que si yo no entiendo los motivos de tus acciones, sufro >> sentencie. <<No se que decir, Veinteava; tenes razón en todo lo que me estas diciendo, en todo. Lo único que puedo decirte es que siempre me di cuenta de todo lo que hacías por mi; yo me di cuenta de todo. Desde que me hayas sentado a hablar, de como me pones los puntos siempre, de las caras que me pones,  hasta cuando te divertís conmigo.  ¡Las cosas que haces por mi, yo me doy cuenta de todo, y te juro que me vuelvo loco y que me quiero matar, todo al mismo tiempo! Si se lo hicieras a otro hombre, Veinte, no se preguntaria nada de todo lo que me estoy preguntando yo >> me explico. <<Perdon si hice cosas que... no estuvieron bien del todo. Yo no soy asi con todo el mundo, de hecho, nunca habia querido a nadie de esta forma. Lo que yo hice con vos no fue una provocación malintencionada, al contrario, era mi forma de... quererte, no se, soy asi con vos >> dude, porque me sentía avergonzada de lo que fuera que haya hecho de malo.   <<No, es que, yo estoy completamente seguro que no lo haces apropósito; yo se que vos sos asi. Lo que pasa aca es que yo  no se si yo voy a poder sentir tan profundamente otra vez, a mi edad. No se si pueda recuperar mi capacidad alguna vez, no te puedo dar garantias de darte lo que te mereces, y vos mereces otras cosas mucho mejores que yo >> insistio. <<Me enoja tanto que digas esas cosas. Para vos lo que yo merezco es una persona joven, que no elijo, que no sos vos. Te estas lavando las manos como siempre... >> le dije, rabiosa. <<Es que... ¡Veinte, mirame, por favor, yo soy viejo! >> me dijo, elevando la voz, como si fuera algo obvio. <<No me podes ver lindo a mi, no podes...>> sonrió, casi riéndose, porque le parecía una broma.  <<Vos sabes que estas bueno para mi, dale, no me jodas" le dije, sin pensar. Cuando me di cuenta del hecho, nos empezamos a reír, porque había sido una acotación completamente fuera de lugar, sabiendo que hasta hacia cinco segundos, estaba totalmente enojada.  <<Perdoname, se me escapo >> le dije. Se me quedo mirando, por un momento. <<De verdad, perdon. Se que no te suma >> le aclare. "No entiendo, de verdad, como me podes querer asi" - murmuro, sonriendo, sin mostrarme los dientes.  

 Otra vez, ganaba el miedo, por encima del deseo.  Otra vez, sin embargo, yo insistía en lo mismo, la felicidad mutua,  pese al infinito dolor que me causaban sus palabras, porque después de haberme aceptado, volvía a alejarme de su lado, entonces, todo iba decantando de a poquito. 

<<Aunque hoy no puedas, yo se que va a llegar un  día donde encuentres una persona que realmente te conmueva lo suficiente como para que todo vuelva a pasarte >> empece. El me miro y atino a decirme que no, que no y que no, que no un problema de que yo no alcanzara, sino, todo lo contrario. <<Deja que te diga esto, por favor, escucha. Cuando la encuentres, porque estoy convencida de que te va a pasar, no la dejes escapar, por nada del mundo. Se, yo se de verdad, que vas a poder volver a sentir amor, aunque me estés negando con la cabeza en este momento con esa cara de traste que me pones.  Vos no sabes lo que te puede pasar, nadie lo sabe, asi que no seas cabezadura, sonso. La vida no la tenes comprada, pueden pasar cosas diferentes, y se que quiza llegue la persona que esperas, la que pueda acompañarte.  Cuando encuentres a esa mujer, no la dejes ir, estoy segura que vas a poder... >> insistí. Nego con la cabeza. <<Eso no va a pasar, no hay otra mujer, no va a haber otra mujer>> repuso. <<Es que, no podes estar tan seguro de eso. Escuchame, quizá yo soy el problema, quizá conmigo las cosas no funcionan, pero eso no quiere decir que nunca puedas recuperar las emociones. Es evidente, por mucho que me duela, que soy la persona para vos. Pero no quiere decir que nadie sea para vos, bobo >> le dije, en un rapto de desesperación porque verlo mal, me mataba. <<No me digas eso, Veinte>> me dijo. <<No te lo digo de mala, de verdad, yo tampoco quiero que estes mal. Entiendo que conmigo las cosas son muy complicadas, porque soy mucho mas joven y es evidente que no tengo la experiencia para acompañarte, que no alcanzo o que vos estas buscando algo distinto y esta bien, en el fondo, siempre supe que podia pasar. Asi que por eso mismo, cuando encuentres a esa mujer que te vuelva loco, arriesgate por ella, amala mucho y cuidala. No pierdas la oportunidad, no importa todo el resto, intentalo >> yo insistía otra vez, siempre otra vez, mientras el me miraba fijamente, como si lo que yo le estuviera diciendo, lo obligara a endurecer el cuerpo y la expresión. 

 Agacho la cabeza.  <<Te lo voy a repetir, aunque me pongas cara de enojado >> le dije. <<No, no estoy enojado >> dijo, pero no me miro.  <<Aunque creas que te lo digo porque estoy completamente loca de atar, entende que... yo descubrí lo lindo que es amar a alguien, cuando te conocí a vos. ¿Como desearte algo distinto a que sientas aunque sea un poco de esto que siento por vos? ¿Como no voy a querer que tengas al lado una mujer que te quiera siquiera la mitad de lo que te quiero yo?  Me encantaria que te quieran y que vos la quieras, sea quien sea, porque es sentir algo maravilloso >> argumente. <<Viente, por favor, Veinte... >> murmuro. <<Yo me enamore de vos, no fue una gripe y eso creo que explica todo, que resume todo" fue casi lo ultimo que agregue, murmurando.  Me miraba como si... no se, como si yo lo estuviera partiendo por la mitad, como si lo estuviera desvistiendo, como si se sintiera desnudo y atravesado por mis palabras. Me miraba pero no me decia nada.  <<Y lo ultimo: todo esto no te lo digo para reprocharte algo sino, para que entiendas la profundidad de lo que me pasa y para que te des cuenta que de verdad yo quiero que estemos bien asi no sea con el otro. Quiero que seas feliz, que estes bien, nada mas.  De hecho, mientras te explico todo esto, entiendo que si fuera otra cosa diferente al amor no creo que estuviera en condiciones de estar diciendote todo esto. Estoy enojada, triste, porque pese a todo yo se que me estas rechazando y eso me duele pero  lo que siento por vos va por encima de que me este doliendo, no lo se... >> intente explicarle, con dificultad porque era muy extraño sentir eso. 

El me miraba, me miraba y me miraba, de una forma lacerante. Como si estuviera apunto de explotar, como si se le estuviera prendiendo fuego un riñón o como si se estuviera conteniendo. El me miraba, puedo decirlo hoy, como siempre, desde aquel veinte de julio. Nunca, hasta el dia de hoy incluso,  supe como una persona puede resistir un caudal emocional tan intenso, lo corresponda o no, por el simple hecho de asistir a el. 

Unos minutos después yo le pregunte que pasaría si me el futuro me encontraba con otra persona, si le molestaría, ya que se mostraba tan poco expresivo. Volvio a endurecer su cara y me dijo que no, tapandose la boca con una mano, solo negando con la cabeza. Me hizo la misma pregunta, pero a la inversa. "Si, claro, pero no me voy a meter nunca en tu vida. Te prometo que a partir de ahora, te voy a dejar vivir tranquilo, no te voy a molestar mas con mis sentimientos. Esta va a ser nuestra ultima charla; no me mires asi, yo no pienso volver a tocar el tema, por eso insisto tanto en que me digas lo que sea" le asegure. Me miro, largamente, esperando que adivinara algo, no lo se, o que me levantara y me fuera a mi casa. Estaba petrificado y a veces me parece verlo de nuevo sentado en esa silla, irradiado dolor. Le pedi permiso para hacerle un ultima pregunta, es decir, si la conclusion final era que nosotros dos no nos queriamos de la misma manera. El no me respondio nada. Yo me frustré mucho y decidi que ya era suficiente, porque me interesaba especialmente saber eso, al margen de su decision. Un momento después me miró, dijimos ciertas cosas más, y le expliqué que me iba a ir alejando de él, ya que las cosas ahora estaban mas claras. Me dijo que no podia. Le dije que  era mi decisión y que no le estaba pidiendo opinión sino que le estaba avisando, para que no le quedaran dudas de la naturaleza de mis respuestas. Me dijo que era imposible verme e ignorarme. Le dije que hiciera como si, que buscara el modo, porque pese a que lo amaba no podía soportar tenerlo en mi vida de una forma cercana si al mismo tiempo no "me podía querer". Intercambiamos otras palabras. Me pidió que lo abrazara; que por favor todo eso no fuera tan triste. Me abrazo muy fuerte. Nosotros dos nos confundimos le dije yo. Me quiero quedar con esto, me dijo, entonces enterró la cabeza donde siempre, alcanzo a acariciarme la cintura, hundio parte de su cara entre mi hombro y mi cuello, y se quedo unos minutos asi. Yo me encargue de apretarlo y agarrarme fuerte de su espalda; muy fuerte, porque ya desde ese momento sabia que nunca mas tendría ocasión de volver a abrazarlo así

<<Basta >> le dije, porque la certeza anterior me estaba haciendo mucho daño y el eternizar un solo abrazo no me iba a servir de nada. <<Perdon, tenes... razon, perdon >> dijo, y se dio vuelta, alejandose un poco. <<Esta bien... >> <<Dios, Veinteava,  ¡¡¡ concha de la lora; la puta que lo re mil pario!!! >> dijo.  Sobre el resto no me supo decir nada, ni para bien ni para mal. Yo tampoco, cabe decir, volvi a sacar el tema nunca mas. Ni siquiera cuando al poco tiempo, apareció con Ella, que para mi beneplácito, también estudió para ser Licenciada en Letras y eso implicaba un montón de referencialidades en común. No toqué el tema nunca mas, incluso, cuando senti que hace dos meses atras, es decir dos años después, el me habia hecho llegar el meta mensaje mas claro del mundo, respecto al recuerdo de una noche tan nuestra. No toque el tema nunca mas, no interferí, no hice nada, no lo llamé ni moleste nunca mas. 

Como si no hubiera existido, ese era mi lema.
 Y lo cumplí hasta las últimas consecuencias. 

IV

Cuando llegue, esta ultima semana, tanto tiempo y cosas después, todo esto estaba donde siempre. Una vez en el punto de encuentro, lo vi venir caminando, con un manojo de llaves en la mano, en dirección hacia mi, mientras cruzaba la calle.  Vi que estaba despidiendo  a otro masculino y me estremecí, porque era demasiado tarde para darme vuelta y volver a mi casa, si es que no había otra persona en camino que no fuera el.  Al cabo de unos segundos me di cuenta que acababa de llegar, al igual que yo, y que por esa razón me miraba con cara seria, fijamente, mientras me acercaba. Me acerque a saludar a todos quienes descubrí, momentos mas tarde, y finalmente, ultimo, lo salude a el. "Pense que ya se iban" le dije a uno de mis compañeros. "Yo estaba en la disyuntiva" me explico. "Yo recien acabo de llegar" me dijo El. "Que tal todo" le pregunte a un compañero, eludiendo el comentario anterior, pese a que me había propuesto hacer otra cosa. En honor a eso volví  a respirar hondo, muy hondo, y aproveche un comentario, para desmarcarme de la sensación extraña. Uno de los suyos, me hablo, con motivo de otra cosa y El se quedo estacionado a su lado, de brazos cruzados, observándome como si hubiera venido de la guerra cansado y derrotado, entonces, manso, se apoyara para mirarme ser y crecer como si recién cayera en la cuenta de que casi tengo 22 años y no 19, de que paso tanto tiempo y ahora, claramente, todo lo que puede ver de afuera no es lo mismo que supo tener tan de cerca en su momento

- No me acuerdo lo que te estaba por decir, Veinte - me dijo quien es su gente - estaba hablando de un ... - me explico, mientras mencionaba un objeto. 

- No hay problema - conteste, esperando que se acuerde, unos instantes. Lo mire. A El, no, porque me miraba con una expresión amigable y mansa, estudiando cada acción o gesto; el corte de pelo nuevo o el hecho de verme de cerca, empiezo a sospechar, sin que nadie lo este vigilando.
- Dale, boludo - El sonrio - Ella no es - menciona el objeto -, es Veinte... - me miro buscando eco para su comentario inofensivo.  Levemente, sonrei y tambien sonrio, pese a dos años de caras serias. " Si supieras que te cedo el punto solo porque hoy en dia es mas importante para mi que para vos " pense, mientras lo miraba de lejos.   En ese mismo momento, un hombre se acerco, yo me di vuelta para hacerle espacio y se me quedo mirando, con intensidad; razon por la cual le devolvi la mirada. El le contesto la pregunta que habia hecho. El hombre, contemporáneo, siguio mirándome  hasta que se distancio y yo lo mire, de reojo, descubriendo que era muy agraciado. Bajo la mirada y yo me di vuelta, casi a la misma vez, sin sentirme incomoda, por primera vez en dos años, porque El estuviera ahí. Estando a pocos centímetros de mí, podía sentir el modo en que estudiaba todo lo que sucedía como si fuera una representación humana y no la vida misma.

V

Unos minutos después, escuché la siguiente conversación: 


- Que cara que tenes, boludo - le decian. 

- Hace varios dias que no duermo, por eso - dijo. 

- ¿Pero estas preocupado por algo, paso algo?

- No, no, no paso nada, no estoy intranquilo ni nada; solo me tiene mal el no poder dormir, me siento estupido del sueño que tengo. Hace una semana y pico que estoy asi, le explico - Hoy me desperte a las cuatro, me quede sentado en la cama, y no me volvi a dormir mas. Quiero pero no puedo descansar, es insoportable - se descargo, con alguien de extrema confianza para el. 

- ¿Seguis con ... ? - le pregunto.

- No - dijo.  

-  ¿Estan peleados? 

- No, no nos peleamos, es que ya esta. 

- ¿Como que ya esta, boludo? 

- Si, ya esta... - insistió, como si le comunicara que tiene pelo morocho y ojos negros y no que se acababa de separar de una mujer con la que estuvo, exactamente, desde un mes después de que nosotros dos nos pelearemos, hasta ahora.  Una mujer con la que parecía o aparentaba al menos, estar feliz, pese a que me miraba a mi de esa manera tan particular. Una mujer con la que esperaba que durara a largo plazo, muy a largo plazo. Una mujer con la que yo ya imaginaba que era feliz, porque no hubiera habido manera de aguantar tanto tiempo algo contrario a sus deseos. Una mujer que, a esta altura del partido, me daba la tranquilidad de que mi axioma primero se estuviera haciendo realidad, al menos, en un sentido. 

Y hoy que habia ido específicamente, a completar ese otro sentido, a cerrar el circulo, a archivar... Se había modificado todo lo que hasta el momento nunca parecía poder cambiar.

- ¡Nah, boludo, es una discusión  mas, nada mas, se van a volver a arreglar! - le dijeron. 

-  Ya esta.  

- ¿Como que ya esta? 

- Si, ya esta, mejor... es mejor, la verdad - dijo, con un alivio que me genero dolor, después de todo.  

- No, vas a ver que te va a llamar, o vos la vas a llamar... 

- No - dijo, tajante - Ya hablamos, y la verdad es que nos terminamos cagando a puteadas. ¿Para que quiero volver a hablar? - murmuro - Necesito dormir, y tomarme un café con vos también estaría bien- le dijo, en otro tono de voz que usa para la gente que quiere. Le dijeron que no podían, lastimosamente.  Pensé que era feo necesitar compartir un momento con otro para aliviarse y encontrarse solo. En ese momento, comprendí que no debe de ser feliz encontrarse así. Lo mire de reojo y anhele que se fuera a almorzar con algún amigo, si es que no podía dormir. 

Me di vuelta en materia de pensamientos y le comente sobre un autor literario a la persona con la que estaba hablando. "Estoy tapada de cosas" añadí, con una sonrisa de saber que la sarna con gusto no pica. El se acercó a la ronda y escucho con atención el relato corto de horarios y dias de facultad. En cuanto lo vi que se quedaba, me calle y cambié de tema.

Mis compañeros, empezaban a rumbear cada uno para su lado. En silencio, sus ojos miraban todo, inclusive a mi. Su mejor amigo, el mismo que siempre metió tanta ficha pesada entre nosotros, lo miro y en cuanto lo hizo, no dude sobre el significado de esa mirada. Era una advertencia. Eso era un manera de decirle que ni se lo ocurra. El se quedo callado y quieto mientras todos se acomodaban para irse y yo, silenciosamente, también me preparaba. 

- ¿Vamos a tomar un cafe? - le preguntó a su amigo. 

- No puedo, boludo. Acompañame de todos modos a llevar estas cosas al auto y despues te dejo en tu casa, si querés - le aconsejó. 

- No, estoy con el auto 
- Bueno, pero veni, acompañame un minuto - le dijo 

Se quedo especulando unos segundos. 

- ¿Vos te vas? - le pregunto a una compañera. 


La siguiente por preguntar, lo supe, era yo. No habia nadie mas, no se lo que estaba esperando o buscando con eso, si siempre fue tan independiente. 

- ¡Dale, vamos! - insistió el mejor amigo. 

- Si, yo me voy... - le dijo mi compañera y siguió hablando conmigo. 

- ¡Tengo el auto cerca, dale, vamos, deja de dar vueltas! - apuro el amigo. 

- Voy - se limito a decir y se quedo callado, mirando para mi lado, y yo me limite a seguir hablando.

No lo mire, porque tuve una intuición... fea. Es decir, me dio la sensación de que no quería saludar sino que quería preguntarme que iba a hacer y si yo me quedaba allí se iba a quedar también. 

Es que después de dos años esta es la primera vez donde nos volvemos a encontrar estando solos. Donde todo lo que se haga va a ser una cuestión de voluntad, de limites propios, de haber aprendido la lección.  Ya no tiene nada ni nadie que lo ataje. Ya no tiene que rendir explicaciones. Ya puede mirarme con esa cara sin que nadie pueda llegar a decirle nada. Ya incluso yo no estoy enojada. Ya puede hacerme un chiste y le sonrio y se le relaja la cara. Ya todo, claro, menos empezar a tirar de las hilachas.  Porque de lo que no se si se ha dado cuenta es el motivo de toda mi transformación: haberme vuelto a sentir más al tantos de mis actos y de mi afecto.

- Quedo bueno, es verdad - sintetice ante mi compañera porque empezaba a vislumbrar para donde iba la mano - ¿Vas para alla? Te acompaño - le dije, a ella.

El que había estado amagando y haciendo tiempo, junto todas sus cosas casi al mismo momento, un segundo antes, un segundo despues. Imaginen que no era capaz de quedarme sola consigo y tuve la mala sensacion de que se iba a extender la invitacion hacia mi. No me pregunten por que, se le notaba en la cara, en los ojos, no podria decirlo bien; lo unico que senti en ese instante fue que si yo le  decia que me quedaba, la chance de un cafe, de ese cafe que hace dos años y medio nos debemos,  era practicamente inequivoca. 

- Bueno... te acompaño.... - le dijo a su amigo. 

Y para no perder detalle de este universo de resucitadores, es importante saber que el siempre fue una especie de escollo entre su vida y la mía. El lo aconsejo, lo sabe todo y a el es a quien siempre se le hace caso, al parecer. Tanto como le hizo caso cuando le paso el teléfono de Ella, expresamente, solo quince dias después de que nos encontrábamos en medio de una situación difícil para mi en la que me acompaño, de casualidad. Le pedi que se la callara, claro, y sin embargo, se la conto a este mismo amigo, diciéndole que como el no se podía acercar mas, porque las cosas eran complicadas - porque ya era 16 de agosto y no 20 de julio - el se ocupara de todo lo que pudiera precisar yo, de todo. Le pidió que  no me perdiera pisada y que estuviera atento a todo lo que necesitara, sin que yo me enterara.  Nunca se dio cuenta que lo que necesitaba, entre otras cosas, era que se comportara como una persona normal y corriente. Nunca pareció entender que realmente yo necesitaba espacio y que no podía ser amiga porque yo no tenía ganas de besar todo el tiempo a mis amigos. Y que si estaba sufriendo, lo único que podía hacer como se lo había pedido era distanciarse y alejarse del todo, no decirme que no entendía por que nos habiamos encontrado siendo gente tan terca, tan guerrillera, y además siendo yo tan... (para siquiera poder verbalizar UN adjetivo). Nunca entendió que yo le dije "tonta" cariñosamente para completar la frase y no dejarlo otra vez de cara a una realidad: El no poder expresar sus sentimientos. El sentir pero no poder acercarse, abrazar, besar, como una persona que sentía y actuaba en consecuencia. Hizo caso cuando hicieron fuerza para que se alejara de mi hace dos años, tanto como le hizo caso con la perspectiva funesta que le represento, de seguro, cuando le hablo de mi , de lo que pasa cuando una persona le lleva a otra tantos años , como se que lo hizo en su momento. Le hizo caso, otra vez, dos años y medio después a su advertencia, aunque esta vez yo tambien lo agradecí pese a no entender por qué todos parecían estar constantemente evitando vaya a saber qué cosa como si yo no tuviera voluntad o como si el tampoco la tuviera. Qué pensaran qué es tan poderoso en nosotros, me digo llena de ironía. Qué pensaran que puede suceder si nos quedamos solos después de dos años de mirarnos de lejos. De mi lado, ya ni siquiera pensaba en el asunto. Ya no era una posibilidad. Ya pensaba yo que ella se iba a quedar a su lado toda la vida. Ya pensaba yo que la forma de mirarme era pura estupidez.

VI 

A continuación, todos definimos el rumbo. 


- Chau - le dijo a mi compañera y la saludo. 

- Chau, Veinte - me dijo a mi, mientras apoyaba una mano debajo de la linea del corpiño y me acercaba hacia el. Apoye levemente mi mano en su hombro, para compensar la altura. 

- Chau; que estés bien - le dije, sin pensar y sin mirarlo. 

Al rato caí en la cuenta de que esa ultima frase, no había sido mera formalidad.

 Y pensar que, dos años y pico después, nosotros nos volvemos a encontrar en esta situación donde quien habia estado estable acaba de dejar esa condición, como para donarmela, porque ahora la que esta estable, lejos suyo, finalmente, soy yo. 



viernes, 28 de octubre de 2016

Amor se llama el juego: Desconcierto

Hasta hace poco no había descubierto una parte de mi misma, que se despertó, en consecuencia de los acontecimientos sentimentales del amigo de mi padre y su reciente separación.  

Por un lado, esa parte consiste en la indignación que me produce ver sufrir a un hombre como él por amor, en lo mucho que me sensibiliza, en la intensidad con la que me conmueve, en el irrefrenable deseo porque la suerte le cambie, para que el día de mañana se cruce con una tipa que realmente lo merezca y reconstruya su vida, y no sólo su vida, sino también su deseo, todos sus anhelos. Por otro lado, y desde mi perspectiva de mujer, además, habiéndome cruzando con tantas personas ambiguas en este último año, y en el pasado, no concibo cómo una persona de su clase - con la que comparto concepciones y valores- puede estar pasando algo como esto. 

Sé que la vida no es una cuestión de merecimientos personales, pero no puedo evitar pensar dónde está esa especie de coherencia que uno anhela hallar, de vez en vez, en algún aspecto de su vida. Quiero decir con esto que tampoco entiendo cómo existen personas que hieren, porque sí, sin reparar en el corazón del otro, sin pensar en el modo de decir, pese a que el mensaje sea siempre el mismo. 

¿Dónde está aquélla especie de aliciente, para quien intenta hacer las cosas bien, para quien no va por la vida desechando las cosas, para quien quiere a fondo? Cada vez que lo miro a él, sabiendo que acuerdo consigo en tantas cosas, no puedo evitar el desconcierto que me asalta. 

Considero que si él encuentra la respuesta, a través de sus acciones y lo que le depare el futuro, probablemente conserve intactas mis esperanzas, hasta que también llegue el momento para mí. 




miércoles, 26 de octubre de 2016

Un placer conocerte IV

Durante muchas noches dí vueltas, incansables, sobre mi propio eje. Me indagué, fuertemente, respecto a lo que quiero y con quién y estaba convencida como nunca antes sobre lo que podía pretender y sobre lo que estaba dispuesta a dar. Esto me parecía claro y estimable, obviamente, porque todo parece aprehensible cuando no se lo tiene que sopesar en torno a una imagen concreta, a una persona con nombre y apellido y un universo de significaciones dispares a su alrededor. Cuando lo conocí, efectivamente, todo dejó de parecerme claro, coherente y comprensible. 

Desde el minuto cero empezó a cambiar el rumbo de las viejas historias, dando el paso que implica declarar con pelos y señales sus aparentes intenciones en torno a mi persona. Por ese motivo hoy, si pienso en él, "sé que le gusto; sé que "lo conmoví" y sé que - sí, quizá sea cierto - se encontró sintiendo cosas que hacía mucho tiempo no sentía".  ¿Quién soy yo, después de todo, para poner en duda extrema la veracidad de sus sentimientos? Nadie. Soy alguien, sí, para elegir creer o no en las palabras que, intentan o no, representar esos sentimientos a modo de aproximación. Y eso, precisamente, es lo que está en juego para mí: el escepticismo o la fe sobre lo que dice en relación a lo que hace.  Puedo hablar de lo que yo creo, insisto, pero no de lo que él siente, ya que desconozco lo que es, más allá de todo este decorado de palabras lindas. 

Es muy pronto para sentir, podrá pensar él, desde su imaginario. Para una persona de su clase, de su edad y con sus códigos, las relaciones se construyen de una forma, al menos en este momento de mi vida, diferentes a cómo las construyo yo. Por eso, las palabras, me parecen mera inducción, simple y llano decorado. Con esto no digo que sea algo negativo de él como persona, pero sí admito que no es lo que yo necesito para sentir que estoy haciendo bien las cosas. ¿Y qué es hacer bien las cosas? No es casarme y tener hijos, no es tal grado de formalidad, y menos tal grado de permanencia en mi vida; pero sí, es la sensación de saber que puedo contar consigo, cuando lo necesite. 

Cuando pienso qué implicaría contar con alguien como él, entiendo todo lo que el deseo hacia su persona no me había dejado comprender hasta ahora. En él, claramente, se congregaron muchas cosas diversas, que andaban esperando agazapadas, dentro mío. En él se acentúo mi despertar afectivo, las sensaciones que yo había sentido desaparecer por el dolor y un sinfín de estados que, a menos de haberlos experimentado por segunda vez, los tenía olvidados. Por otro lado, donde nada tiene que ver el deseo, hay muchas cosas que sopesar y, una de ellas, inevitablemente, es si condice con lo que yo quiero - realmente, en un plano concreto - para mi vida. 

<<¿Qué es lo que querés? >> fue una de las cosas que me preguntó. Nadie que me interesara notoriamente, durante casi veintidós años, me había pedido respuesta a esta pregunta. Fue allí, en el medio del desconcierto, donde me escuché decir lo que quería con mucho convencimiento y donde lo encontré lleno de verdad, al menos, desde mis puntos de vista, desde mis valores. La pregunta me conmovió, pero a la vez, mi respuesta me tranquilizó, porque yo no lo estaba mintiendo sobre lo que quería, pese a que me gustara mucho y pese a que - muy muy probablemente - él no quisiera ni quiera, ahora, un tiempito después, lo mismo de mí. Supuse que era mejor posponer la satisfacción de mi deseo, y dibujarlo en torno a una persona que me quisiera, además de para su diversión, para que lo acompañe. Es decir una persona con la que yo pudiera proyectar (no respecto a los próximos quince años, no), alguien que quisiera acompañarme y alguien que se dejara acompañar, por el tiempo que nos fuera posible, aunque de la mejor manera, con el mismo sentido, con la misma pretensión. 

Ante la sola aparición de estas ideas en mi mente, que nada tienen que ver con tal o cual tipo de persona, me genera un cierto desencanto el no reconocer a Divino en ninguna de ellas. Sé que dije que era pronto para sentir, pero en mi caso, hizo suficiente mella dentro para que llegara preguntarme con profundidad y hondura, qué es lo que quiero para mi vida, casi en la puerta de los veintidós años, con ideales en juego, con una carrera universitaria en curso, con ilusiones que se manifiestan todos los días, con complicaciones que aparecen y con destellos que reproducen e intentan fortalecer la voluntad, para seguir adelante con mis sueños.  En pocas palabras me hizo pensar, seriamente, qué es lo que quiero en un momento donde mi vida está en plena construcción, donde cada cosa que aproveche - o desaproveche - ahora, más adelante, puede incidir en mi día a día, donde tengo que saber entender lo importante más allá de la urgencia de los mandatos, donde me debo el no apurarme a nada, el hacer mi propio camino, el no agotar las cartas para acompasarme a nadie más, a menos que eso no se dé bajo una situación natural, que me haga feliz, que realmente me haga feliz.  

Y lo que quiero, lo que quiero de verdad, es ser amada, no solamente deseada por alguien. 

Divino - sin penalizarlo por ello - me demostró que siente deseos por mí, pero no ha demostrado la consistencia suficiente como para hacerme saber, además, que siente un interés ajeno hacia mi persona - valores, concepciones, modos de vida - independientemente a la mañana siguiente o a la noche previa. Tengo que admitir que, cuando empecé a entender este mecanismo, me pasaron dos cosas: corroboré mi hipótesis original y, además, me sentí un poquito sorprendida, desde el plano superficial, porque yo no me considero lo que se dice una belleza y, en mi diccionario, él sí es lo que hubiera adjuntado como nuestra en mi definición personal de "tipo lindo". Pero, salvando eso, me quedé con la primera parte de la situación y me centré en lo que viene a significar haber corroborado mi hipótesis, tal como le dije a él, durante ese encuentro posterior al vernos por primera vez, en el que surgieron otras reglas. Necesitaba pensarlo, necesitaba pensar lo que quería, y por eso, hoy puedo decir que lo pensé, poniendo en una mano sus palabras y poniendo en otra mano mis deseos, sin poner mis anhelos para rellenar lo que no conozco de su persona, sin idealizar lo que todavía no he vivido y sin pensar que todo lo que tendré que afrontar, se hará y resolverá por arte de magia.  No; esta vez, sabiendo lo que implica el tener que hacerme cargo de mis propios actos -porque así es la vida- me puse a pensar en frío, realmente, en frío, cada pequeño detalle de todo lo que yo considero desafíos a saltar en contraposición a la excursión vital que vino a proponer este señor, a partir de su llegada, su declaración y todo lo posterior que, entre ambos, fuimos tejiendo. Me puse a pensar en frío, y entendí que, al menos en estos términos actuales, yo no puedo seguir adelante, a menos que quiera causarme sufrimiento en el futuro inmediato, por no haber sabido parar a tiempo. 

En relación a esto último, hace pocos días, creía que lo que me había acorralado durante dos años era el tenerle miedo al amor, pero he llegado a la conclusión de que al amor es a lo último a lo que le temo, siempre y cuando, sea tal. Realmente, pensándolo mejor, me encantaría tener al lado mío una persona que me ame, me acepte y me permita compartir conjuntamente esta etapa de mi vida, la juventud, al lado suyo. Me encantaría  ayudarlo a resolver cosas, buscar lo mejor para su persona, cuidarlo, cocinarle, hacerlo sentir bien si tuvo un mal día o escucharlo cuando me cuente sus cosas, siempre y cuando, lo corresponda y lo desee en todos los sentidos. Sé, también, que si llegaría a mi vida la persona que capaz de hacerme sentir algo tan sublime, como de sentirlo también por mí, este miedo sería algo pasajero, falto de sentido, que no tardaría en morirse y no dejaría de ser, simplemente, esa especie de inquietud común y esperable que se siente, de cara a un mundo y una experiencia nueva.  Todavía sigo creyendo, pese a todo, y pese a un pasado lleno de pesimismo- del que me rehabilito cada día - que el amor es compartir por encima de todo, y es dar tanto como recibir, también por encima de todo. Será por eso que, muy en el fondo, yo sigo esperándolo... yo sigo esperando que llegue, aunque vea que todos a mi alrededor parecen haber podido compartir ya - al menos una vez- el transcurrir de su vida, y yo no haya seguido ese sendero, como se esperaba a mi edad. 

Si esto que parecía querer comenzar con Divino hubiera sido - considerando incluso su instancia prematura - un interés real,  sé que por su inteligencia, su agudeza y siendo persona de su edad, que tiene experiencias varias en la materia, me habría dado indicios equivalentes a los míos. Sé que a pesar del miedo yo hubiera podido comprenderlo y eso me hubiera ido calmando intuiciones interiores, esa manía de hacerme ruido que tienen algunas cosas. Creo también que hubiera podido empezar a sentirme más segura con el correr de los días,  mismo con el correlato de acontecimientos, incluso, pese al pasado, aunque me torturó desde el 20 de julio, donde lo vi por primera vez. Sé que, a través de todo esto lo entiendo, no estoy tan desconectada de mi misma como pensé, no soy tan distinta, no todo está perdido para mí. Porque, en el intento de entender mejor qué es lo que este muchacho quería, empecé a salir de mi zona de confort pese a que no pensé que me podía costar tanto despegar e inicié charlas y pregunté por sus días y recibí elogios como también los repartí para sí. En el intento de darme una nueva oportunidad con alguien que deseaba, con el doble de miedos que la primera vez, volví a intentar algo por más mínimo que fuera.  

Y, a decir verdad, el intento me sirvió para entender que no, que esta vez, no es, que Divino pese a gustarme mucho - sí, porque ya hasta asumí ese hecho -  no es la persona correcta. 

Si lo que me dijo en su momento hubiera sido tal cosa, lo sé, su accionar excedería, por descontado, estrategias de histeria, como también, la comodidad que implica en dejar todas las decisiones en mis manos o en manos de la casualidad, cuando estamos hablando de una persona perfectamente competente para acercarse a mí, una vez más, como cualquier hijo de vecino, como cualquier tipo que realmente valora a la mujer no solo como tal, sino, además como ser humano, independientemente de todo lo que la desee o no, en otros ámbitos. Sé, también, que si lo que me dijo esa noche hubiera sido veraz, mi presente no sería este pánico atroz ni tampoco sería sentir que los fantasmas del pasado, parece, intentan venir a buscarme otra vez, sometiéndome a la misma prueba; para ver qué es lo que hago esta vez con todo esto que me transita y desenvuelve a los pies de una realidad que me empeñé dos años y medio en negar. Porque lo que me aterra no es lo que me dice, en caso de ser cierto, sino todo lo que no hace, siendo esto lo único con lo que me puedo quedar, para establecer un vinculo de confianza. 

Con toda esta indagación, finalmente, entiendo que el motivo de mi temor y del mi paralizarme ante las situaciones de las que no tengo una certidumbre interna, no es el volver a sentir amor, sino el creer que el amor es todo un cúmulo de cosas que no coinciden con mis valores, a las que debo adecuarme, porque todos lo hacen o porque así sucede con todo el mundo en la realidad. Mi temor no es el amor, sino, el dolor por llamar y pensar como tal cosa a algo que no lo es; que no tiene esas características, que no parece poder mutar para ese otro costado. Mi miedo radica en creer que el amor es esta o aquélla cosa, mientras que en realidad, es algo distinto, mucho mejor, que no implica renunciamientos, que no es un para qué, sino todo un camino compartido al lado de una persona que, tanto como lo haría yo, sea capaz de comprender todo lo que hay en mí, incluso, lo doloroso, lo no tan bueno y lo artero de mi persona. Tal como me dijo el amigo de mi padre hace unas semanas, alguien que me acepte como soy, y que si no lo hace, se vaya a la ****. 

Todo lo demás, respecto al sentirme amada y respetada, respecto al deseo de saber hacer mejor las cosas, respecto al reconocer que no tengo la experiencia que quisiera de acuerdo a mi edad, son dudas y situaciones que, siendo honesta, no podrían competir con el buen amor, en caso de que este llegara. Pienso que si un tipo como Divino, por ejemplo, me diera la pauta, esa clase de pauta que te da una persona cuando te considera más allá de lo sexual y lo esporádico, para hacerme saber que no va pedirme un remis en cuanto me termine de vestir, yo ya estaría tocándole la puerta de la casa para decirle que me la juego.  Sí, si hiciera eso que no ha hecho nadie nunca por mí, aseguro que me la juego otra vez, porque no estoy esperando otra cosa que no sea una persona valiosa, realmente, para dar el salto en mi vida. Sé que quizá un chico o una chica de mi edad, no busca esto, se cansa de esperar, se deja llevar por el pertenecer y termina haciendo muchas cosas que no quiere o, simplemente, ni se pregunta estas cosas, quizá también haya alguien que se confunde. Hay muchas posibilidades, lo sé, porque muchas, muchas veces, estuve tentada de hacer lo que los demás hacen y lo único que me frenó y me asentó en tierra, fue el saber que yo esperaba otra cosa ajena a lo efímero e impersonal, porque también algo comprometido era lo que estaba dispuesta a dar, sabiendo que cuando yo quiero a alguien o me apasiono con algo, lo hago enserio y a fondo, de una manera muy profunda, que a veces me da un poco de miedo y que me empeño tanto en preservar y esconder, de cara a los demás mortales.  

Casi todo lo demás, a la luz de la reciprocidad que implica el buen amor, se me aparece negociable, pese a que no sea sencillo, claro, porque son todos procesos llenos de buena voluntad, incluso, dentro los malos momentos. Por eso sé con tanta certeza, después de haberlo pensando en frío, que si Divino fuera el hombre para mí, pese a todo lo que representa, pese a que sea un remilgado de aquéllos, pese a que me irían a criticarme mucho si lo elijo e incluso, pese a que me ponga a parte de mi propia familia en contra con mi decisión; yo lo seguiría eligiendo. Y apostaría por él, volvería a poner mi corazón y mi cuerpo a la parrilla, desocuparía mi agenda universitaria, resignaría horas de sueño, resignaría tiempo personal, para verlo, para pasar un fin de semana, para escucharlo, para confortarlo, para hacerlo sentir especial. Si creería que es lo que me corresponde, si él demostrara buscar lo mismo que yo, si sintiera que es bueno para mi, si realmente sintiera que, al margen de lo que pueda durar, lo nuestro vale la pena, no me avergüenza para nada asegurar que pagaría inmediatamente el precio. Ser cursi, incluso, estaría permitido y no me importaría que me critiquen, que me dejen de lado o que me tilden de torpe o tonta, o peor aún de interesada quienes pudieran juzgarme sin saber, porque mi preferencia se hubiera orientado hacia a una persona que me lleva diecisiete años que vive un tipo de vida en particular. Al contrario, si  sus gestos me permitieran estar segura de que, al hacer lo que estoy haciendo, no me estoy engañando a mi misma pese a que las cosas resulten bien o resulten mal, lo haría, sin dudarlo, sé que lo haría.  Es que, en el fondo, pese a que mi autoestima a veces me juega en contra, sé que ese deber ser quedará - el día que sea amor - muy chiquito en comparación al despliegue de un sentimiento tan majestuoso como vigoroso. Sé que nada de lo que me pueda paralizar en otros casos, si yo veo veracidad en los dichos, pero principalmente en los actos de un otro, va a ser capaz de derrotarme. Sé que por mucho que me cueste disponerme a un otro, voy a ser capaz de vencer lo que se me ponga en frente, siendo partícipe de una etapa diferente en mi vida y actuando como quien se asume y se responsabiliza, frente a su familia, a sus amigos y a su grupo de pertenencia, pero también frente a la sociedad toda, respecto a lo que elige y a lo que le gusta, sea lo que sea. 




En conclusión, lo único que estimo hoy por hoy es que probablemente exista la persona que, además de desearme físicamente, también me quiera. Existirá esa persona en relación a la cual yo no tenga que preguntarme con verdadero temor respecto a si permanecerá o se quedará, a la mañana siguiente. Existirá esa persona que yo pueda querer mucho y que pueda quererme también. Al mismo tiempo, hoy más que nunca creo, con desencanto y fe al mismo tiempo, que el ser querido no admite estas dudas; que uno por ser querido no tiene que camuflar sus miedos en busca de la aceptación, sino, todo lo contrario. Creo que cuando uno es querido para todo, se da cuenta, a veces, con las primeras impresiones y otras veces, eso demora un par de charlas más, un poco más de tiempo, antes de las conclusiones, pero la constante es que el amor, aún en sus primeras instancias, esas que nadie llega a atisbar del todo, siempre se trasluce, siempre se deja ver.  

En efecto, entonces, después de haber encontrado tantas cosas sobre las que reflexionar con su llegada, puedo decir que realmente fue un placer conocer a Divino. No el placer que pude imaginarme, que parecía más a mano, que seguramente él esperaba, pero placer de todos modos.