Diciembre de 2019. Charlábamos acostados en el sillón de la fortuna que habíamos tenido para que, pese a las agendas de ambos, hubieran salido de la galera esas vacaciones. Cabe decir que, para encontrarnos, tuvimos que hacer una movida importante. Nuestra idea inicial era irnos de vacaciones juntos en enero a algún lugar o al interior de la provincia de Galeno, a algún sitio más retirado. Pero, por otras cuestiones que no vienen al caso mencionar, que nada tuvieron que ver con la voluntad de Galeno, quedamos en que nos veríamos antes de nuestros planes.
Así estábamos que, luego de sentarme a hablar con el director de RRHH, y teniendo en cuenta yo le había pedido especialmente las vacaciones en una fecha que no se podía y que Galeno había dejado a alguien cubriéndolo en el consultorio, yacíamos cómodamente en el sillón.
- Que suerte que pudimos organizar éstos días - me dijo Galeno, meditabundo.
- Sí, salio todo bien por suerte... Yo también estoy contenta, como perro con dos colas - admití - Menos mal que el viejo me dió las vacaciones...
- Sí, se sacó la gorra - bromeó Galeno - Después tenemos un finde largo, el de Carnavales...
Miré a Galeno con alegría, en ese instante, pensando cuánto habíamos hecho cada uno desde su lugar para estar juntos. Me dio ternura que se pusiera contento.
- Síii. ¿Sigue en pie lo de tus pagos? - bromeé.
- Por supuesto. Me encantaría. Te va a gustar ****. Va a estar buenísimo que conozcas, además.
- Sí, me voy a poner las pilas con eso - le dije, y lo agarré de la mano - Ya me gusta esa provincia, tengo un habitante de muestra - musité.
Galeno me miró, se sonrió con ternura y nos quedamos callados.
- Bueno, no nos veremos en enero, pero en febrero venís allá - me dijo - Ojalá se de. Estos días fueron improvisados, pero la estamos pasando muy bien. ¿Está lindo el hotel, no?
- Todo fue un trabajo en equipo. Además, sí, todo está re lindo... Este lugar es hermoso, mirá todos los cuadros y esos objetos... - le dije, con entusiasmo -
- Seeeh - dijo, relajado - Mirá lo que que es éste sillón... - expresó su agrado con un gesto facial.
- Me puedo quedar todo el día acá, te juro - manifesté.
- ¿Y por qué no? - sonrió.
- Porque la gente no se atreve a entrar - me reí.
Y era cierto. La gente pasaba, mirada discretamente, y se retiraba. Nosotros, con Galeno, nos reíamos. No estábamos haciendo nada, podían pasar, ponerse en otro de los sillones, tomar un libro, leer un poco...
- Piensan " estos dos se van a poner en bolas en cualquier momento" - me dijo, y nos reímos.
- Cuuuualquiiiiiiiiiera - exclamé - No acá, por lo menos, no acá.
- Todos pasan, miran, y bajan la vista como si estuviéramos en pelotas - me dijo, ya que tenía la vista dirigida hacia un pasillo.
- La gente es chusma... Nadie está haciendo nada de modo manifiesto, sólo me estás abrazando y yo te estoy abrazando... - reconocí- ¿Acaso a alguno de los dos le falta ropa]? - le pregunté, en broma.
- No, al contrario. Estás muy vestida, yo también estoy muy vestido... Pero se que se sienten inhibidos, no lo sé - observó.
- Bueno, un tema de ellos - argumenté.
- Pero por supuesto... Eso desde ya - le sonreí al escucharlo tan firme, tan convencido de lo que estaba haciendo, sin que le preocupara nada más que ese momento compartido. Me alegré en silencio.
¿Vamos a festejar los Carnavales en febrero allá? - le pregunté.
Me miro con cara de pícaro. Me sonreí. Supo que lo estaba cargando.
- Absolutamente.
- Qué bueno... - le dije y me puse seria - ¿Conocés cual era el sentido de los Carnavales en la Edad Media? - le pregunte.
- No. Contame - me dijo, mirándome con curiosidad, detrás de sus lentes.
- Era algo vinculado a la desmesura, al placer. No había jerarquías, todos eran iguales, y era un período donde primaba la libertad... Básicamente, podrían sacarse las ganas de hacer todo lo que quisieran que no iba a tener penalidad. Pero, eso sí, luego de ese período, se restablecía el orden del mundo medieval. Aunque digamos que era una especie de liberación, para que no se arme la podrida...
- Ohhh - me dijo, mirándome con linda cara - entonces, si querés, ya adelantamos los Carnavales a diciembre, pendeja - musito.
Mi gesto serio, natural, mientras le comentaba todo eso, se convirtió en una risa descarada.
- Dios - le dije, tapándome la cara, en broma - No me digas así, por Dios. Estoy tratando de hablar en serio con vos y me decís eso y yo me desconcentro... No se puede, así, mi ****, es un esfuerzo cognitivo para mí pensar si vos me decís esos apodos... - argumenté.
Galeno se rió.
- Vos me beboteas ... Me decís así las cosas , con tus ojitos...
- No, no te beboteo... - me reí - Yo solo te cuento cositas, datos...
- Yo ya te dije que, antes de conocernos, nosotros teníamos sexo con el cerebro. Ahora, además, me beboteas, es mucho...
Me reí.
- Bueno ¿me dejás hacer mi especialidad en paz, por favor? - le dije, riéndome.
- ¿Sabés que sí, que es tu especialidad? Bebotear sin darte cuenta.
- Es que, realmente, ahora hablando en serio, yo no me doy cuenta. No sé ¿qué es para vos lo que tanto hago? - me reí - Pero bueno, mejor, obvio... - admití.
- Hablarme sobre Edad Media, mientras estás acostada conmigo en éste sillón, con tu pelo de un millón de dólares, poniéndome esos ojitos.
- Chau, chicos - le dije, tapándome los ojos y escondiéndome en su cuerpo - Dejá de hablarme con tonada o atenete a las consecuencias...
- Me importan un choto las consecuencias - me dijo, sin dudarlo - Me hago cargo.
Me levanté del sillón y lo miré con cara de pocker. Me reí.
- Acepto formalmente - le digo, y sabe lo que estoy aceptando.
- ¿Nos vamos, mejor?
- Huyamos - le digo, y juntamos nuestras cosas con movimientos ágiles para irnos de esa preciosa sala común a la habitación.
- Ay, éste Galeno chicos... - murmuro, mientras caminamos por el pasillo hasta nuestro cuarto.
- Éste hombre del interior del interior que te habla así... - me burló, mientras ya casi llegábamos.
Entramos a la habitación. Me llenó la cara de besos mientras nos desvestíamos, y me beso con intensidad en los labios. Tomé posición y lo correspondí una vez que quedamos sin nada de ropa.
- Menos mal que estamos en el ámbito privado, eh - le dije, riéndome, teniendo en cuenta el estado de apasionamiento contenido, vaya a saber uno por qué, en ambos - ¿Te estabas comportando allá o me parece?
- Me estaba super comportando - se rió - y vos también...
Me trepé sobre él, con cariño.
- Pero más vale... - le dije, y lo abracé hasta que nuestras panzas se juntaron - ¿Puede ser que tengas ese olor a perfumito? Me estaba perturbando...
Galeno se rió y me dió un beso, acariciándome la cara y el resto del cuerpo, con sus brazos largos, sus manos suaves y todo su cuerpo pegado al mío. Lo miré, acariciándole el pelo con mis dedos, y le di un beso suavecito.
Al decir de Galeno, cuando me ve tan suavecita, sin apuro, reparando en cada detalle, en cada etapa, en cada reacción suya, meditando que se sienta cómodo y lo disfrute, no puede más que enloquecerse. Yo siempre le pregunto, como si fuera obvio, cómo se haría para disfrutar de la sexualidad si no es captándola en todos sus matices y me dice que eso es un privilegio en mí, porque él, a diferencia lo aprendió con los años. Yo lo tengo muy claro, y, cuando le prodigo caricias o acciones concretas en lo afectivo, siempre lo hago despacio, sin apuro, sin nada que me corra, reparando en lo que va sintiendo, como si fuera subiendo una escalera.
A él los años le hicieron descubrir que al amor no se lo hace corriendo.
A mí acostarme consigo, que digamos potenció mi forma de ser en el mejor de los sentidos.