miércoles, 31 de marzo de 2021

Descontrol

Todavía me siento movilizada y eso que ya pasaron más de dos días. Pero nada... eso está bien. Cuando te mueven la pelota es cuando podés empezar a sanar, cuando podés recuperarte una vez más y levantarte al otro día conectada al presente y agradeciendo tu vida con sus pequeñas y grandes cosas. 

Javier apareció en el horizonte desde mi cumpleaños hasta ahora con diferentes señales. Yo realmente, si bien tomé a bien sus gestos, no lo ubicaba en ese lugar de muerto-vivo. Especialmente, porque es un lugar en el que jamás se hará cargo de nada, un lugar objetable y un lugar donde yo solo quedo como la loquita delirante que no superó la historia y, él, como el buen tipo que hace todo sin querer. 

Admito que me relajé, que relajé mis límites, que rompí mis reglas internas de salud mental y el hacerlo me puso frente a una situación que estaba archivada. Me acercó a un dolor que me marcó aunque hayan pasado muchos años y me llevó a lugares muy oscuros de mi interior. Todo eso me dejó de cara al hecho de saber que, aún hayan pasado siete años de esta historia, él carece de límites conmigo. Y que yo me tengo que cuidar doble de su persona, porque de otra manera, acabaré por perderme. 

Hace unos días le expliqué por primera vez a mi terapeuta este punto nuevo de que Javier esté ausente y presente en el presente. Le expliqué que estábamos frente al dilema de siempre: lo que para él había sido un comentario a la ligera, para mí, había sido un mensaje. Lo que para él había sido un mensaje de mi lado, para mí, había sido un comentario a la ligera. Cuando yo esbozaba un comentario a  la ligera, enseguida tiraba algún que otro palito y, al revés, cuando le tiraba un comentario a la ligera, yo misma me relajaba, sentía que por fin se estaba ubicando, y eso hacía que salieran palabras y apreciaciones que se volvían más cálidas o confianzudas. 

Es, de hecho, lo que nos pasó siempre. Preferible hacerme pasar como "la que se confunde" a mí pero jamás hacerse cargo de las cosas. O primero negarme mil veces las cosas para después decirme que no quiso hacerlo, que perdón, que se equivocó cuando yo le iba con el planteo universal y lógico: si sabés lo que siento por vos ¿por qué estás haciendo esto, no podés alejarte como yo lo hago? Y ahí mismo, Javier claudicaba porque esgrimía que no lo hacía con maldad, que realmente no podía manejarlo, que le salía de adentro, que él se sentía bien al lado mío y por eso se me acercaba, que no le iba a ser nunca indiferente; etc. 

Sin embargo, de mi lado, a medida que fueron pasando los años yo empecé a entender ciertas cosas. Hoy en día entiendo que no lo haga apropósito, al hablar, al saludarme, al ser simpático y todo eso, pero la situación en sí, no trae buenos efectos en mí.  Que ya no importa por qué, sino, qué me pasa con eso. Y eso que me pasa, me incomoda. 

A mi me incomoda porque fue muy complicado superarlo y en un momento donde sentía que había podido rehacer mi vida afectiva con otra persona, e incluso había podido compartir muchísimo más, y que encima estaba dejando atrás por razones de esa historia en particular, él volvió a aparecer con asiduidad después de siete años.  Y eso fue muy movilizante en algún aspecto porque, sinceramente, estaba cerrando ese bloque de mi vida. 

Nosotros hacía años que no teníamos contacto más cordial. Las veces donde me lo crucé estando con Galeno, siempre respeté su lugar en mi vida, aún estuviera lejos en ese instante donde Javi me atravesaba con los ojos y yo sentía que me temblaba el planeta. Fueron para mí dos hombres diferentes, que fueron elegidos por una versión diferente de mi misma y cada uno estaba en el lugar que correspondía.  Pero una cosa fue respetar aquél presente elegido y a una persona que si se la jugó por mí, a negar que este otro cobarde me desvestía y me vestía con la mirada mientras yo trataba de evadirlo en pleno supermercado. 

Cabe decir también que nadie lo llamó a mi vida desde mi cumpleaños a esta parte, que muchos de sus comentarios estuvieron demás y que, por ese mismo indicio,  yo no tendría que haberme relajado. Pero me relajé.  Porque ese es el motivo de mi enojo profundo y real: él no puede controlarse en ciertas cosas, y su descontrol, resulta que también es el mío.  

¿Cómo explicarlo? 

Cuando él está en mi vida de algún modo, yo empiezo a perder el control de mis emociones. Es una persona que, como se suele decir, "me puede" y eso trae interferencias con mi deseos. Cuando él se aproxima de alguna forma, yo dejo de pensar o enfrento serias dificultades para hacerlo; y es como si un caudal de sentimientos se adueñara de mi cuerpo y de mi mente, que fluye como caballo desbocado. 

Me resulta desesperante. Realmente, desesperante. Porque siento que soy capaz de hacer cualquier cosa y, al mismo tiempo, siento que es una locura lo que pienso.  No pretendo nada en concreto, sólo quiero estar donde su cuerpo esté si es que los límites se corren un poco, porque es como si me aflojaran algo que guardé en algún lugar a la fuerza. Consigo, no tengo puntos medios. Necesito que se oculte por completo y que no intente nada para poder seguir adelante como si no existiera, o bien, me pasan mil cosas por la cabeza, pienso en mil cosas, se me revuelven muchas cuestiones. Empiezo a preguntarme. Dudo. Lo miro y me siento igual de tonta, igual de confundida, como si siempre entendiera todo mal consigo.  Y no, yo sé que en el fondo eso si la vida volvería a cruzarnos nada sería igual de malo, por mucho que me parezca, ya que no soy igual de inocente y tonta. Sólo que la prueba es difícil de sobrellevar en el momento donde aparece, porque pone en jaque mi presente de una manera descomunal.  Lo curioso es que tampoco siento que tenga nada urgente para hablar, sólo que cuando aparece quiero estar cerca, porque su presencia genera en mi una atracción que jamás me sucedió con nadie. Que no es afectiva, que no es sexual, pero que sin embargo, tiene una fuerza que incluyo yo misma no soy capaz de conocer a fondo. 

lunes, 29 de marzo de 2021

Aviso parroquial III

 Ayer a la tardecita estaba esperando a mi mejor amiga en la puerta de un bar. Veo que pasa Javi con el auto y me hago la estúpida, obvio, porque venía con Ella. La misma mina que, cinco años después, me sigue viendo y me sigue poniendo cara de pocos amigos... y ya no tengo ganas de la misma mierda. 

La verdad es que después de la última secuencia yo no sabía si estaba con alguien o no, porque jamás pone nada públicamente de su situación sentimental. Pero tampoco me había lanzado a investigar. No quería meterme de nuevo en esta historia, aunque parece que la vida se empeña en ponerme de cara a ella. 

Recuerdo el último chat con Javier de hace algunas semanas y nuestros encuentros a solas, de casualidad, en la vía publica. Últimamente nos estamos cruzando demasiado, como no nos había pasado nunca en todos estos años, y eso no tiene ninguna explicación lógica, pues ni siquiera en pandemia había ocurrido. 

Recuerdo mientras pienso en estas casualidades desagradables su más tarde la seguimos del último mensaje, sus likes, la visualización de mis estados. La propuesta de organizar un reencuentro para comer un asado. El ofrecimiento a guardarme vinos de su bodega siete años después. La capciosidad, moneda corriente. Esa incapacidad de poner límites. Aquél ida y vuelta que, más allá de todo lo que cada uno tiene en su vida, siempre vence. 

No sé por qué pasa esto, por qué sigue pasando.  Pero bueno, cada uno hizo su vida.  

De hecho, yo reconstruí parte de mi aspecto afectivo con Galeno, a quien el otro día "se le escapó un like en un video que subí con mi sobrino" y lo volvió a sacar.  ¿Querer llamar la atención? ¿Dónde? 

II

 Yo puedo entender todo. Pero lo único que deseo es que, la próxima vez, me toque una persona coherente entre lo que dice, piensa y hace.  Hasta Galeno, que parecía un tipo diferente, que parecía valiente, que se había jugado, que hasta le había contado a su hija de mi existencia, que venía cambiando todos los parámetros, al final, terminó lleno de actitudes inmaduras. ¿Lo bueno? Ni así consigue Galeno que me ataquen las ganas de ver en qué anda. Y está bien.

Respecto de Javi, con él siempre más cuidado, porque las reacciones que genera en mí me llevan a lugares de los cuales me cuesta salir. No es fácil resignarse a algo, no es fácil en lo más mínimo, y menos fácil es que cuando vos ya te resignaste a que nada cambie, y rehiciste tu vida, y estás haciendo todo el esfuerzo de elegir relaciones posibles, sanas, que te hagan bien,  se instale con su presencia, con sus likes, con todo, inclusive, hasta con la mina que tiene de adorno ahí hace tantos años. Porque son temas que yo, sinceramente, cerré porque debía cerrar, no porque hubiera encontrado alguna respuesta reveladora. 

Realmente, yo no creo que él sea un mal tipo, capaz de hacer las cosas apropósito siete años después, porque jamás le hice ningún daño capaz de justificarlo; lo que sí creo es que ni siquiera es capaz de moderarse a si mismo en ciertas cosas, que se le siguen escapando de las manos,  que le sigo representando el mismo problema. Y es re triste, la verdad, principalmente porque es una persona que nunca me fue indiferente y que, según sus palabras, era imposible que yo lo fuera para él. 

Yo creo, siendo honesta, que por ser como soy teniendo la edad que tengo, siempre Javier se comportará así, es decir, que por un lado se contendrá toda la vida y que, por el otro, se le complicará ser coherente entre lo que eligió y lo que yo represento. 

Esto no es una cuestión de azar o egocentrismo. Una relación con diferencia de edad, destruyó su familia de origen (su papá se separó de su mamá para rehacer su vida con una chica que, entonces, le llevaba veinte años y se quedó con ella para siempre).  No en vano, el tema de la diferencia de edad siempre le mereció comentarios negativos, y según sus palabras, nunca le pareció correcto. 

Después, claro, la vida hizo lo suyo y nos cruzó. Javier y yo nos conocimos por un grupo social y resultó que pegamos una onda impensada; teníamos 42 y 18 años. Durante la primera etapa siempre me cuestionaba cómo podía estar ahí, si era tan joven, creo que como un manera de invalidarme porque nadie más que él lo hacía de esa manera, si todos estaban contentos de lo que una persona joven podía aportar.  Más adelante, todo cambió para nosotros, y de ahí tuvo origen la frase "vos a mí me estás volviendo loco", entre otros de sus grandes éxitos -sin éxito, obvio - que esbozó. Ocurrió la historia que ya se sabe.  Y aunque hoy en día ocurran otras cosas, hay una estructura general de la que nunca se podrá sacar lo de nosotros, y es, precisamente, la de la diferencia de edad. 

Yo aunque ahora sea más grande tengo veintiséis años. Sigo siendo más joven que él, más allá de que haya crecido. Siempre lo seré. Vivo, amo, siento y me manejo de esta forma, precisamente, porque tengo la edad que tengo y porque viví las experiencias que viví.  Y eso nunca en la vida va a cambiar. Es lo realmente imposible. Y es justamente lo que, siendo sincera, para él siempre fue el verdadero límite, lo que jamás lograba perdonarse, por lo que siempre se castigaba. 

Lo curioso es que los dos coincidimos en algo: una cosa es la vida que debemos tener, y otra cosa es lo que hubiéramos deseado hacer con el otro. 

Supongo que a eso, a fin de cuentas, nos teníamos que acostumbrar. Que con eso debíamos aprender a vivir. 


martes, 23 de marzo de 2021

Gula

I

Era la primera vez que me quedaba en su casa. Lo recuerdo, con el paso de los años, como mi primera señal de desmesura. De adolescente había sido tan prolija, tan obediente y tan correcta siempre que no había tenido ocasión de mentir, no me había hecho falta. Pero en aquél caso, esa primera vez, había surgido todo de casualidad y no me había quedado más remedio que mentir. Porque al otro día, habiendo vuelto de una cena a las cinco menos cuarto de la madrugada, iba a tener que dar la cara, o eso pensaba yo. Sin embargo, mis padres, no me preguntaron nada más que con quien había vuelto, y yo, les dije que Javier, el dueño de la casa en cuestión, me había traído para asegurarse de que llegara bien... Aunque me hubiera ido a cenar a su casa a las 20.00 hs del día anterior.  Mi madre puso cara de pocos amigos cuando lo mencioné y mi padre lo tomó como algo natural. Ninguno de los dos preguntó nada del horario inusual de llegada. Unas horas después, bien temprano, nos habíamos vuelto a encontrar junto con todos los demás. 

- Che, Javi - le preguntó uno de los nuestros - ¿a qué hora te acostaste ayer? Te dejamos todo para limpiar... 
- Seh, me dejaron todo patas arriba - dijo, riéndose - Me acosté cuando se fueron los pibes.  
- ¿Quién se quedó? 
- A. - respondió, secamente - Estaba borracho... No se acuerda de nada de ayer - se burló - Lo alcancé a la casa. M. estaba como loca. 

Yo miré para otro lado y me sonreí con sorna. "Gracias al cielo", pensé.  

- ¿Veinte, vos te fuiste tarde también no? - me preguntó este mismo compañero porque nos habíamos despedido siendo casi los últimos. 
- Si, justo después de *** - mentí, a cara de perro - Menos mal que no nos acostamos más tarde todavía, porque hoy no venia nadie - me burlé. 

Javi se rió. 

II 

la noche anterior, antes de acostarnos todos tan tarde
- ¿Querés tomar algo? - me preguntó. 

Despatarrada en su sillón lo miré, y dudé unos instantes. 

- Tengo un licor riquísimo, dulce, que me parece que te puede gustar ¿querés probarlo? - insistió.

Me sonreí y le dije que sí con la cabeza. Sus modos me dejaban estúpida de deseo. 

- No tengas vergüenza. Te lo estoy ofreciendo.  ¿Por qué todo lo que te ofrezco es un no? 
 
- Acepté, no dije que no... - lo corregí,  saliendo de mi turbación. 

Sonrió, con cara de buen tipo.  

- Esta vez, por fin... ¡Por fin! - lo agradeció con sus gestos - Una vez que no me dice que no ella, una vez, Dios mío... 

Javi fue a buscar Amarula. 

Me sirvió en un vaso pequeño y lo probé con confianza. Jamás hubiera controlado si me ponía algo en el vaso o mucho menos, porque creía ciegamente en él. Me gustó mucho a decir verdad, por lo que sonreí y volví a asentir aprobando la eleccion. 

- ¿Yyyyyy? 
- Es riquisimo - admití. 
- Es Sudafricano. Muy bueno. Dicen que es afrodisíaco - añadió, burlándose de esa leyenda del marketing. 

Asentí con cabeza y revoleé los ojos con un dejo de sorna. 

- Nunca lo había visto ni probado... ¿Lo robaste de Aduana? - quise saber, a modo de chiste. 

Sonrió y negó con la cabeza. 

- No, no hago negocios con esto... - dijo, con dulzura. 

- Es rico, de verdad - afirmé - tenga o no tenga esos otros efectos, vale la pena.  

Y seguimos bebiendo y disfrutando. 

- ¿No tomás mucho, no? - me preguntó - ¿No te gusta o interesa? ¿Puede ser?

Negué con la cabeza porque en ese momento, a mis diecinueve años, no lo hacía. Solo una cerveza, un licorcito, o un Campari. Pero siempre muy medida, en pocas o nulas cantidades. 

- Igual, esto me gustó - le repetí, porque era cierto. 

Todavía sentía una ligera quemazón en la garganta. 

- Vas a aprender sobre bebidas espirituosas - dijo, con su propia cuota de ironía - No comés demás, no tomás, no fumás... ¿qué hacés mal, vos? - me preguntó, a modo de burla, como tantas otras veces. 

Me avergoncé y me reí. 

- No empecemos, porque después pasan las cosas que pasan - le dije. 

Se lo estaba advirtiendo. Era una comunicación oficial y sin dobles fondos.  

- Bueno, sí, tenés razón - observó, mientras se aflojaba - ¿Vamos a hablar? Quería hablar con vos - dijo. 

- Dale. Hablemos. Te escucho... - lo invité, con más actitud y confianza. 

- Qué directa que es esta piba, qué me parió - dijo, sacudiendo la cabeza, complacido. 

- Me preguntaste y te contesté. Así es la idea. Hablemos - le dije, en voz suavecita - Dale, Javi, no te voy a morder - insistí, tratando de ser especialmente compradora. 

- ¿Estás segura? - me miró, con una chispita en los ojos. 

- Sí... no muerdo, en serio, te lo prometo... - insistí. 

- Mmmm - dudó, en broma - a mí me parece que sos muy cabrona. 

- A menos que me lo pidas, no te muerdo - le aclaré. 

Me miró, descolocado, y se empezó a reír. 

- ¡Nooooo, Veinte, noooo, por favor te lo pido, así noooo! - se rió y se tapó el rostro -  ¡No me digas esas cosas por el amor de Dios, vos! 

Me reí, de nuevo. 

- Bueno, perdón. Si no tengo la libertad de expresarme... es perder el tiempo. ¿Por qué me tengo que comer las cosas? ¿No querés que me exprese libremente con vos como tanto me decís? 

- No, ya sé. Expresame todo, decirme todo lo que quieras - se ablandó - pero qué terrible... Sos terrible para mi. 

- Bueno, vos no te quedás atrás. Seremos terribles, entonces. 

- Es una locura - dijo, como queriendo comerme y protegerme al mismo tiempo - Esto no está bien. 

- ¿Qué tiene de malo? - volví a preguntar por vez número veinte millones. 

- Que yo... y que vos. Sos muy joven, vos. 

- ¿Y eso es malo, Javi? - lo miré, con sorna. 

Sonrió. 

- No. Lo malo es que yo sea viejo para vos. Eso sí es una cagada, realmente, una real cagada. Porque no se puede hacer nada. No se puede cambiar. 

Se puso un poco más serio. 

- Pero vos no sos viejo para mí - le aclaré - te lo he dicho ya...  ¿Por qué sos tan cabeza dura? ¿Querés queres que haga para demostrarte que no sos viejo para mi? Yo no te veo así... No me parecés para nada un viejo... En serio... ¡No tenés ochenta, dale! 

Mofó y suspiró. 

- Basssssssta, por Dios, bassssssta, ¿me querés matar?  - dijo, riéndose. 

- No. Quiero que estés contento... Que sepas cómo son las cosas. La posta. 

- Porque si no me querés matar, te lo juro, me voy a morir... Me voy a morir. Me matás - dijo, divertido, a modo de pedido al cielo. 


III 

Siete años después cada uno siguió su camino. Tuvimos otras parejas. Yo por suerte pude volver a querer a alguien, pese a que no estuvo ni cerca de la anterior profundidad, tuve momentos de felicidad y deseo intenso con Galeno. 

Y pese a todo ese, ahí lo tenés a Javier, que me hace un chiste y sale del sótano la personita que escribía cosas como las que detallé en Cementerio Gmail.  ¿Cómo puede ser que hago eso consigo? ¿Por qué en cinco minutos empezamos a joder de nuevo, como si jamás en la vida hubiera pasado nada feo? 

Es la única persona con la que me pasa en la vida. La única. Y es curioso. Desearía entender por qué la afinidad se compone pese a la distancia, al tiempo, a los años, a las decisiones, a todo... ¡Qué extraño!  Pensé que esa cosas se morían pasado el tiempo, pero no. ¿Por qué será, y más, cuando es de las dos partes? Eso es lo único que puedo agregar después de que me lo encontré  por la calle e hizo un despliegue de toda su forma de ser y yo de la mía.

Hasta ahora, durante todos estos años, yo era la persona que ponía un freno y mantenía los papeles.  La última vez, realmente, me di el gusto de ser libre y de relajarme consigo. Me aflojé y charlé. 

 ¿Cuál es la diferencia con el anterior Cementerio Gmail? Que acá estamos más grandes ambos y las cosas se transitan de otra manera, porque ya sabemos que esperar del otro... pero eso no cambia que, enseguida, terminamos hablando de cosas re personales, o haciendo chistes que no aplican, o que en realidad, no aplican a nadie que no seamos nosotros dos. 

IV

Tres semanas atrás 

- (...) sí, igual, me estoy preparando... - me dice. 
- ¿Para qué? - respondo, porque cambió de tema totalmente. 
- Para todos los asados que quiero comer y para los vinos que me quiero tomar... 
- Ah , sí... - le digo, entendiendo - eso es muy propio de vos. Te re imagino.   
- Por supuesto.  Tenemos que hacer un asado reencuentro con el grupo... - dice - así nos juntamos...   

"A la mierda", pienso.  

- Yo quiero - le digo. 
- Dale, entonces lo hacemos - me dice. 
- Sí. La excusa para tomar y comer- le comento, tratando de mantener los papeles - Te relaja tomar, en especial.   
- Seeeeh - responde- bienvenida... 
- Venden algunos muy copados en *** ¿sabías? - le aclaro, pasando el dato.  
-  Yo te guardo bebidas - tira - vos prepará la panza. 

" Sabe más por zorro que por viejo", pienso. 

- Te tomo la palabra - tiro. 
- Comprometido - tira, otra vez  
- Bueno, preparo la panza. 
- Listo. Te guardo para cuando se haga. Poné la panza en la heladera - me dice. 

Yo que él podría la moral en el frezzer. 

- La dejo macerando - le indico. 

Me responde con un dibujo de un tipo agarrándose la cabeza. 
Sonrío, sacudiendo la cabeza, enarcando una ceja. 
Nos despedimos muy cordialmente. 

Ojalá en alguna vida nos encontremos a tomar todos los vinos que tenemos pendientes. 

lunes, 22 de marzo de 2021

La misión

Ayer se mudó mi hermana mayor, es decir, la mamá de mi sobrino. Contrató un servicio de mudanzas pero, además, la ayudamos mi mamá, mi papá y yo, junto con su cuñado, el padrino del nene y su marido, obvio.   

Fue un día extremadamente largo y cansador pero valió la pena.  Tenía mil millones de cosas para embalar, juntar y cargar.  Realmente todos hicimos algo pero creo que todo ayudó por poquito o mucho que fuera. 

No se dan una idea de lo feliz que me siento por ellos. Si bien estaba muy cansada porque salí hasta la madrugada el día anterior, dormir poco también tuvo sentido. 

En especial por mi sobrino, que ahora tiene su pieza propia, y ya te lleva de la manito hasta allá. 

Para mi hermana, después de tanto sacrificio en sus estudios y en su trabajo todos los días, después de atravesar una pandemia siendo médica y madre, y después de batallar todos los días, es una misión cumplida. 

Cuánto hay que agradecer y valorar estas cosas. 

miércoles, 17 de marzo de 2021

Capaz de todo

Hoy estoy un poco bajoneada, por cosas que no viene al caso aclarar, y mi papá se dió cuenta de eso.  Estaba laburando en casa cuando me levanté a buscar algo para tomar. 

- ¿Querés tomar Coca Cola, no? - preguntó. 

- Jajaja  - me reí - Sí. ¿Cómo te diste cuenta? 

- Porque abriste la heladera buscando algo, no buscando agua... - observó. 

- Ah, sí... Es cierto - admití. 

Pasó un rato.  Se fue para el supermercado mientras yo estaba trabajando después de hora, porque era algo importante. 

Me trajo de regalo una Coca Cola y un paquete de galletitas que me gustan.

- Graciassss, papá - le dije.    

Esos pequeños detalles me hacen sentir tenida en cuenta y querida. Aunque esté bajón, agradezco mil cosas de mi vida actual; entre ellas, mi familia. Mis padres, que me apoyan en todo, que siempre me acompañan, que me alientan cuando me siento triste o cuando las cosas no salen como espero. ¿Lo que más valoro de ellos? Que a veces cuando no creo en mí misma, cuando me flaquean las fuerzas, ellos están ahí creyendo que soy capaz de todo. 


domingo, 14 de marzo de 2021

Las hilachas peligrosas

 Cuando me encontré con Javier la semana pasada, tardé días y noches en acomodar mentalmente ese hecho. Después de la conversación que tuvimos fue algo extraño actualizar la nube donde guardo nuestra historia con los datos más recientes, porque ponerlo en cuestión es un poco tedioso en algún punto. Pero también, fue inevitable no poner este suceso junto al archivo de todo el resto de hilachas que tiene esta historia y el hecho de relevar las novedades resultó imposible de negar. A veces pienso que esta historia es un constante juego de hilachas; y que alguno de los dos, de hecho, tira de ellas para que suelten un poco de polvo.  

Eso es, sin ir más lejos, lo que creo que pasó cuando me lo crucé hace poquito. Agarró una hilacha cuando me vió y me saludó desde el auto y después en la charla posterior ocurrió lo mismo. La sacudimos un rato, pasamos una linda charla pegados al celular respondiendo al instante y la cortamos. 

Admito que charlar con él en el presente no tiene nada que ver a nuestras conversaciones antiguas en algunos aspectos. Hablamos de trabajo, de la familia, del COVID-19, todos temas seguros. En el trabajo compartimos algunas plataformas, por lo que, misteriosamente, me comentó cosas que hacían a su laburo y que ahora tienen remota relación con el mío.  Cuando le conté, específicamente, cuáles eran mis actividades, Javi me dijo que salga de allí, incrédulo por las vueltas de mi vida. Hay un campo de nuevos gustos y temas en común que ya no resultan monótonos o conocidos en el otro. La verdad es que hasta ahí, más allá de algunos chistecitos, estaba todo muy bien. Yo estaba cómoda, él estaba cómodo, conversaba y se lo notaba con ganas de hablar y, realmente, a mí me parecía aceptable hablar consigo así, creo que hasta lógico o deseable... 

Hasta que, de pronto, en medio de toda esa cordialidad y complicidad,  la charla se salió un poco de la hoja de ruta pactada. Arrancamos a hablar de vinos, a hacernos bromas, a risita de acá y de allá y cuando me quise dar cuenta comprendí lo delicados que siguen siendo los límites. Es decir que agarramos una pequeña hilacha, tiramos con fuerza de ella, y se empezó a armar quilombo. 

 Hay una falta de límites muy grave en nosotros, justamente, porque cuando hablamos parece que jamás pasó el tiempo, pero además, que no alcanzó todo este tiempo alejados para borrar la química, esa cosa de "nos conocemos todas las manías, vecino, dale, a mí no me mientas". Y eso, siendo totalmente pero totalmente sincera, me parece algo terrible.  

sábado, 13 de marzo de 2021

Casi tres meses después...

Ya casi serán tres meses que las cosas terminaron con Galeno y, la verdad, me siento bien. Sigo masticando algunas cosas pero, no por eso, me he convertido en una persona triste y estoy muy orgullosa por haberlo logrado.  Creo que, si en estos meses caí en cuentas sobre algo, tuvo que ver con el saber apreciar lo que tengo y quien soy. Pero, además, sobre el entender que la vida es una sola y no puede ser desperdiciada. 

Probablemente mis preocupaciones o responsabilidades sean mayores que hace unos años atrás, pero también, mi gratitud lo es. Supongo que aprendí eso en estos años; a darme cuenta que la vida no es tan fácil ni tan difícil como parece y que, independientemente de eso, hay que agradecer mucho nuestras circunstancias.   Sí. Creo que ser agradecido con la vida hace que incluso la tristeza se viva de otra forma. Eso, precisamente, es lo que por primera vez en veintiséis años me está pasando a mi.  Uno cuando va creciendo aprende a valorar otras cosas, se da cuenta de lo que tiene real valor en la vida, y todo lo demás, de allí para abajo, se encuadra bajo otros puntos de vista. 

Por eso, quizá, hasta los desencuentros inevitables se viven de otra manera. ¿O es que quizá a mí esto me pegó de otra manera?  Hoy por hoy, realmente, sé que tengo mucho por avanzar. Pero descubro cosas todos los días, puedo dar fe de ello y me parece que está bueno.

 Creo que con Galeno pasé una buena temporada, pero también considero que fue una experiencia cumplida y cerrada la que tuve consigo. Con la misma intensidad que nos unimos y conectamos, además, nos separamos. Galeno fue alguien que me enseñó un montón de cosas sobre compartir, disfrutar, explorar y gozar, de eso no tengo dudas. Yo, me doy cuenta reflexionando, le aporté una mirada más fresca de las cosas, sin prejuicios, con ganas de experimentar y de conocer otras cosas.  El punto fue que después vino en mood "ok, estoy desalentado de la vida, por eso me alejo, no tengo voluntad hoy en día para nada" (capítulo II) y pasó todo lo que ya sabemos.  A mí también esa postura de rebelde way me hartó. 

Hoy en día entiendo que no me cabe el tipo que se empeña en ir en contra la corriente sólo por deporte,  me cansa esa actitud de rebelde sin causa. Podés detestar algunas cosas pero ¿todo, todo puede ser mirado con esa forma cuasi rey del drama, todo te va a molestar, todo?  No. Por lo menos para mí, así ya no funcionan las cosas.  Ahora, prefiero vivir agradecida y no buscándole el pelo al huevo a todo lo que me rodea... porque la vida es realmente corta, efímera, fugaz, cambiante... Y la quiero pasar bomba sin perder mi capacidad crítica razonable. 

El mood del "estoy desesperanzado", no es para nada sexy. 


viernes, 12 de marzo de 2021

Incertidumbres II

 Lo más difícil de estar en un lugar donde se cuecen habas es que a veces no querés saber, ni ver, ni saber más de lo que podés tolerar. Ahora, cuando las cosas en el trabajo están prendidas fuego, a mí me angustia mucho más de la cuenta saber. Básicamente, porque no puedo hacer nada por ése problema y porque es escalofriante cómo en las grandes ligas se habla de nuestro trabajo como una carga.  

¿Y para mí, qué es el trabajo? Básicamente, la posibilidad de haber hecho mil cosas para vivir mejor. Por eso, no me pondría nada contenta si la empresa donde trabajo se funde, ni por mí, ni por mis compañeros.  Y es algo que me tiene hace varias semanas muy angustiada, porque estoy haciendo un enorme esfuerzo para matizar la incertidumbre por algo que, parádojicamente, no me corresponde saber ni controlar. 

Pero bueno, en la oficina, están todos desencajados. Hay compañeros de diferentes sectores que han empezado a emigrar. Otros, que se quieren sacar el puesto entre sí. Otros, que no saben que hacer, y otros que llevan y traen. Pero después, estamos otros como yo, que tienen en la cabeza un frezzer.  

  Sé cómo es la mano en la Jungla y hoy por hoy sólo digo "es plata o mierda".  

Lo único que espero es que, sea lo que sea que pase, sea lo mejor para mi. En todo aspecto. Que sea realmente lo mejor que me pueda pasar, lo que necesite, lo que me convenga, y lo que me ayude a seguir adelante como todos los días. 

Si sigo maquinando tanto, de éste frezzer, voy a sacar cubitos un día de estos. 

Respiro hondo y sigo. 


miércoles, 10 de marzo de 2021

Incertidumbres

Hoy llegué a casa de la oficina devastada mentalmente. Fue un día durísimo. Hubo una reunión de las altas esferas al lado de mi oficina y se escuchaban los gritos durante dos horas. Salí de mi oficina, la cerré con llave, y la apoye en una superficie segura, al lado de la mano del dueño de la empresa. 

- Sírvase - le dije - dejo cerrado con llave. 

Y bajé las escaleras.  

Un rato antes de irme había venido el Jefe de otro sector de la empresa, con el que me llevo lindo y es muy bueno conmigo. Siempre lo fue, desde hace dos años y con el tiempo nos hicimos confidentes, nos agregamos a redes sociales y desarrollé lo más cercano a una amistad que tengo ahí dentro. Él me dice siempre que se toma un ratito para escabullirse y visitarme, y es cierto. Siempre hablamos, aunque sea cinco minutos, y cuando nos reencontramos después de la pandemia nos alegró vernos porque hablábamos por mensajito pero nos faltaba el trato cotidiano. 

Ayer a la tarde, tocan la puerta. Levanto la vista porque sé que alguien está dudando en entrar, así que digo:  

- Pase, pase -  porque todavía no sé quién - Estoy acá... 

- Hooola, holaaa - me dice, con barbijo, a gran distancia. 

- Holiiii - le digo, a modo de burla, contenta porque sea un rostro amigable y suspiro. Le sonrío y me pongo el barbijo. 

- ¿Estás bien ? - me preguntó. 
- No, en realidad no - admito y me sonrío porque me conoce a la legua.

Le hago cara de agotamiento y asiente con la cabeza, porque hemos hablado del tema antes.  
 
- No me acerco más porque están los viejos allí - me dice - Te abrazaría. 
- No te preocupes. Entiendo. Tranqui - le dije y lo saludé con la mano. 

Me tiró un beso de lejos  por encima del barbijo y se fue. Sonreímos. Se nos pusieron los ojos chinos y nos reímos un poquito para ayudar a la descompresión.  

Justo después, él entró a la reunión con los de alto rango. Fue un lío total. Yo escuché los gritos y todo el tema por el que pelean.  Hasta que después de eso y con un gran peso encima, me fui a casa. Es como cuando vas a la casa de un amigo y se pelean los padres y uno queda en el medio, y se siente incómodo, pero mil veces peor y más violento. 

Cuando salí, traté de pensar en otra cosa, obvio. Al rato, le mandé un mensaje para preguntarle si estaba bien porque él siempre me manda mensajes cuando sabe que estoy en la empresa y no puede pasar a saludarme, o se ofrece a subir cosas, para que por lo menos nos podamos saludar y desear buenas vibras. Así que sentí que me tocaba devolverle el favor. Fue muy duro de escuchar y no me imagino de vivir, por lo que realmente le pregunté si necesitaba algo y si había sobrevivido bien a todo eso.  Hablamos largamente por chat. 

- Te fui a buscar cuando la reunión termino pero ya no estabas, me quedé pensando en tí - me dijo, porque el estaba ausente en el momento dónde dejé la llave. 
- Si, yo también me quedé pensando en vos. Por eso te escribí. ¿Estás bien? - le pregunté. 
- Si, creo que sí. Por ahora, si - dijo, y nos escuchamos mutuamente. 
- Defendiste a tu sector, tu trabajo... - lo alenté - hiciste bien. Tenés caracter aunque seas todo cordial y buenazo. Conmigo sos re dulce, nada que ver. Te pusiste duro. 
- Es mi gente. Yo puedo dar fé que mi gente trabaja correctamente. Tengo que defender a esos chicos. Son quienes realmente trabajan aquí. 
- Lo sé. Eso te das cuenta. Y sé que vos sos cordial con todos pero que te gustan las cosas prolijas. No hagas caso de nada de lo que digan. Ni personal ni profesional. Sos un buen chico - le digo, en broma. 
- Al final, me conoces bien... - dice, siguiendo el chiste, porque no es ningún chico - Me describiste perfectamente, y eso que contigo no me puse bravo y nunca lo haría. 
- Ya sé... Nosotros tenemos más confianza. Es otra cosa. 
- Claro que sí, es distinto. Valoro mucho que te hayas preocupado por mí - me dijo. 
-  No, no me agradezcas. Ojalá nos terminemos riendo de esto pronto... Que sólo sea un recuerdo - le dije. 

A veces en dónde menos esperas encontras un poco de empatía. Yo la encontré de su parte mil veces antes y ayer mismos cuando me pasó a saludar.  Después, la devolví al ratito. Creo que cuando todo es incertidumbre, eso ayuda. El capital humano, eso que nunca podrán arrebatarnos, es lo que parece inquebrantable. 

martes, 9 de marzo de 2021

Confesión

 Hace unos días hablé con Javi por chat. No explicaré la génesis de esa charla ni mucho menos. Fue después de que nos cruzamos por casualidad en la calle, básicamente. Yo cambié mucho, sí, porque antes no me hubiera permitido hablar así consigo. Siempre tuve miedo de equivocar la interpretación de nuevo, así que preferí no abrirme a conversaciones, casuales, hasta que después me fui aflojando y el miedo fue aplacándose. 

Él sigue siendo el mismo de siempre, en todos los sentidos. Mis límites mentales, internos, son los únicos que me ayudan como siempre a seguir adelante, que me protegen.  Mientras lo cruzo y lo observo tan contento saludarme con la manito, cogoteando ahí, me repito: "tranquila, ya no va a hacer nada hiriente, sólo quiere saludarte si te ve por el barrio, y eso está bien. No va a lastimarte ni tampoco va a decirte nada sobre el pasado ", así que sigo caminando. 

Cuando hablamos, inesperadamente, me cuenta de sus padres, del Coronavirus, me explica que se siente mejor, que le agarró muy fuerte y yo le digo que es una buena noticia, que ojalá pronto llegue su vacuna. Es un deseo re genuino porque la pasó mal, tal y como me dice. ¿Qué me responde? No estoy tan viejo, todavía me falta para la edad de riesgo. Me río sin demostrárselo y pienso que no está viejo o está viejo para lo que le conviene. Antes me decía que era viejo para estar conmigo y, ahora, cuando yo le estoy hablando de otra cosa, se ataja diciéndome que no lo es tanto. 

Creo con toda mi fe que no lo hace apropósito, que no va a ser tan idiota. Que es casualidad como todo, simplemente. Pero, a veces, me cuesta más verlo porque pasan estas boludeces que sacan unas ganas que sepulté con mucho esfuerzo. Algo a lo que me resigné sin quererlo porque no me quedó remedio.  ¿Y qué, cuando pasan muchos años, ahora se da el lujo de implementar su humor capcioso? Después, si yo le sigo la corriente, sé que se arma una catástrofe y hago un enorme esfuerzo para no hacerlo porque sé que esta vez no me podría detener nada ni nadie.  Y saber eso me da miedo, en especial, ahora que lo veo mirarme con deseo y ya no me escondo. 

 A veces tengo miedo, de hecho, de un día seguirle la corriente muy fuerte, como en los tiempos de nuestras charlas picantes por Gmail y Whatsapp.  Por suerte, o por desgracia, ya no sé, sigo sabiendo manejar bien todos los papeles. 


lunes, 8 de marzo de 2021

El tópico del buen vecino

 La sensación de triunfo, de victoria, cuando los ojos se le escapan del horizonte para verme. Cuando se distrae y se bloquea al estar frente a frente. Cuando no cierra, porque estamos demasiado abiertos, y el vernos después de tantos meses es como habernos visto ayer. ¿Qué se rompe cuando se rompe el lazo del afecto? ¿La juntura o el verdadero cariño? ¿Cómo podemos guardarle afecto a las personas que equivocaron sus acciones tantas veces, aunque no haya sido por maldad? ¿Y qué del deseo? ¿Cómo se explica? 

La sensación de que el tiempo siempre es sabio y da revancha. Aparecer como un rayo en medio de la calle y pasar, desfilándole, con el pelo largo y lacio hasta la cintura y los lentes de sol. Que estire el cogote y me vea, me salude, y doble después de dejarme pasar. La sensación de triunfo y de victoria que nos implica vernos, pese a todas las cosas. El triunfo de tratarnos cordialmente.  La sensación inexplicable de sus ojos posados en mi cuerpo de ahora. Que me los clave como dagas y yo pueda sobrevivir a eso y a mucho más. 

Hemos ganado. Sí. Cada uno aprendió lo que tenía que aprender, se combatió y aprendió a vivir con lo que sintió. De hecho, nosotros tuvimos otras parejas, rehicimos nuestras vidas, y creo que fue lindo también vivir otras experiencias.  Y eso es triunfo, es victoria. Una victoria que nos transformó y se demuestra cada vez que nos cruzamos y charlamos y resulta sorprendente esa familiaridad y esa ajenidad, todo a la vez. 

Sí, lo se, pasó el tiempo. Él está por los 49 años y yo por los 26. Somos diferentes. Yo, principalmente, veo las cosas de modo diferente. Y eso me ayuda a entender, si miro para atrás, miles de sus actitudes y sus contradicciones... Básicamente, porque las vivo y las estoy atravesando en carne propia cuando avivo.   

Hoy me lo crucé, todo estuvo bien, ya naturalicé hasta cruzármelo por la calle en el barrio y eso es también otra victoria.  Recuerdo que en una época lo que más deseaba era tener dinero para mudarme de barrio con tal de no verlo jamás. Y sí, obvio, me salió más barato naturalizarlo, jaja. Al fin y al cabo, por el momento, todavía somos vecinos. 

domingo, 7 de marzo de 2021

Búsqueda interior I

 Hay veces donde las cosas se ponen especialmente raras en nuestras vidas. Nos sentimos fuera de lo que creíamos ser hasta ese mismo instante, aunque creo que la sensación se define como estar transitando una carrera de obstáculos. Un día esquivas esto, otro día acomodás aquéllo, al tercer día manejás aquéllo otro, al cuarto día tratás de no perder los nervios y así hasta llegar al séptimo. 

¿Qué será esto? A veces me pregunto por qué dicen que esta es la mejor etapa de mi vida cuando nadie te cuenta sobre el estrés, la presión y las responsabilidades que vas asumiendo y que te van quemando algunas ilusiones.  Ojo al piojo: creo que mi lucha más inocente es la de que el tiempo, a medida que voy viviendo, me llene de experiencia sin quemarme las ilusiones... Pero, por otro lado, hay algo innegable: en la misma medida que aumentan mis responsabilidades, también decrecen las ilusiones; porque entiendo que las cosas no son tan fáciles como parecen, pero además, que no tienen por qué ser tan complicadas. 

Hay momentos donde siento como si estuviera en mil cosas pero en ninguna pudiera estar realmente. Tengo un anhelo de pertenencia no sé con qué ni con quienes, por momentos es como si necesitara llegar a algún lado, o alguna cosa, que francamente desconozco.  ¿Dónde es que estoy realmente, donde soy yo, donde me siento inquebrantable? Esa es la pregunta que me hago. ¿Dónde es ese lugar al que me voy cuando no estoy del todo en ningún lado? ¿En qué pienso? A veces, ni yo misma sé donde es que estoy hoy en día. 

Cuando más o menos encuentro un camino por el cual adentrarme, el otro camino, se desvía y me demanda atención. Cuando ordeno algo, y más o menos encuentro una dirección conveniente para darle curso a mis acciones, pasa una nube. Y no, con esto no digo que sea todo malo. Al contrario. Solo digo que mi vida, a los veintiséis, es realmente un juego de cálculo y probabilidades donde tengo casi siempre la cabeza muy fría y los deberes se acumulan cada vez con mayor frecuencia. "Sos muy seria", de hecho, es la frase que más suelen pronunciar hombres y mujeres cuando me conocen. Y sospecho que quizá tengan razón.  

Sé que, de todos modos, la vida sorprende. Me ha pasado en más de un aspecto y he aprendido dos millones de cosas a las que, quizá, no me hubiera expuesto de haber seguido todo la hoja de ruta que había trazado. Y recuerdo con mucha gratitud aquéllas sorpresas buenas, lindas, que me ayudaron a crecer por fuera de mi caja. Pero por otro lado, es muy estresante calcular factores laborales-económicos-académicos-vinculares-profesionales, todo el tiempo. Aunque creo que la vida es eso, un juego de equilibrio inestable constante que se va reciclando y construyendo a cada momento. 

Hay muchas cosas que valoro actualmente, aunque no son las que valoraba ni siquiera hace un año atrás. He cambiado mucho, a decir verdad, y estoy cayendo en cuentas de eso. He cambiado mucho más de lo que yo pensaba por dentro y, ciertamente, a veces me miro como si no supiera del todo quién soy, hasta dónde puede llegar esta nueva versión post-pandémica de mi misma. 

Para mi también, esta que soy, es una sorpresa. Desde diciembre que estoy sintiéndome la sorpresa de mi misma, porque en realidad, es como si estuviera yendo hacia un lugar con toda certeza pero ni yo misma sé dónde es. Bah, creo que mi lado racional no lo sabe, pero mi corazón, mi lado más espiritual, mi lado más interior, sí. 

Creo que lo que realmente necesito es conectar con las cosas simples de la vida, con las más sencillas, que son las que llenan los vacíos verdaderos. Cosas bien bien simples, de esas que no necesitamos dinero para obtener, que dependen de nosotros y de nuestra capacidad.  Porque, es paradójico... Me la paso buscando modalidades para disfrutar, me la paso tratando de darme placer a través de distintos métodos, y me doy cuenta que lo que estoy necesitando es recuperar la capacidad de disfrutar de las cosas simples porque estoy un poco asqueada del materialismo, de la superficialidad, de los deberes, de la ropa interior con encaje y las pestañas arqueadas para ir a la oficina. 

A veces extraño esa parte mía que se pasaba un fin de semana leyendo a Cortázar maravillada porque en 17 años no había leído nada igual, con los pelos locos, y el mate, un domingo al sol. Había menos miedos. Menos preocupaciones. Menos incertidumbres y también menos herramientas,menos posibilidades, menos argumentos y menos experiencias. Sé que soñaba con mil cosas y, a veces, ahora me cuesta pensar que el ser humano sea tan ambicioso. Todas las cosas pequeñas que soñaba, las cumplí. ¿Por qué ahora me torturo persiguiendo nuevas como perro fatigado, no? ¿Qué sentido tiene? 

Ug. Esto pasa porque mis vecinos, conchetos y malcriados, están haciendo una clande y no me dejan dormir. Qué gusto desagradable tienen estos fieles oyentes de esos temas que oscilan entre reguetón moderno y cumbia de la más villera con temáticas que siempre están hablando del mete-saca. ¿Será tan falo-céntrica la próxima generación como se puede sospechar? 

sábado, 6 de marzo de 2021

Los terribles dos

 Hoy pasé el día con mi sobrinito porque le festejamos el cumpleaños a mi mamá, que fue el miércoles.  ¡Jesús, María y José! ¡Qué liero está este pibito hermoso! ¡Nos sacó canas a su madre, a las dos tías, y a su abuelita!  Se escapaba de nuestro sector seguro y corría, corría y corría de aquí para allá por todos lados. Y ahí detrás nosotras, persiguiéndolo, y cuidándolo. ¡Qué agotador y estresante es correr y estar detrás de un cachetón con piecitos rápidos todo el día! 

No había nada con qué conformarlo porque, del mismo amor, se entusiasma demasiado cuando nos ve y más si vamos a pasear consigo. De esta manera, se pasa de la raya y llega un momento donde no sabe ni él mismo lo que quiere y se porta muy muy mal. De todos modos, todos tratamos de entenderlo ponerle límites, y mantener los nervios en su lugar...  porque todas lo adoramos. 

Esto, de hecho, conocer a un niño de primera mano, cambiarle pañales, alimentarlo, dormir consigo, consolarlo o sentir un montón de miedos respecto de un montón de cosas (que yo jamás había vivido hasta que él nació), me hizo preguntarme si alguna vez me gustaría tener un hijo. Con mi sobrino comparto un amor profundo y enorme, pero también, siento una responsabilidad sobre él que jamás sentí por nadie. Él confía en mí para que lo cuide, se deja cambiar los pañales por mí, se queda dormido a mi lado, jugamos, lo baño; porque mi hermana también confía en nosotras. Pero, con todo eso, entiendo lo difícil que debe ser tener hijos... y cada vez me convence menos la posibilidad de ser mamá.  Creo que es algo que no deseaba, que no deseo ni loca, y que tengo mis serias dudas si alguna vez desearé. 

De hecho, si algo compartimos con mi otra hermana, es la sensación de que no nos vemos ni locas siendo madres. A menudo lo conversamos y nos damos cuenta que vemos igual un montón de situaciones y que el hecho de ser tías nos hizo conocer aún más lo que implica tener un niñito muy cerca. 

Hoy, de hecho, cuando terminamos el sábado agotadas, nos miramos y dijimos: "siempre tías, nunca intías", mientras nos reíamos, porque no podíamos creer que esté tan travieso. 

Igual, al chiquitín, lo amamos, en sus terribles dos, seis o mil. Es nuestro sol. Pero dejame siendo tía. 


viernes, 5 de marzo de 2021

En un mal día...

 Hoy tuve un día pésimo en el trabajo. Vino el Gerente General a mi oficina, como es habitual desde hace un año para mí, y me pidió algunas cosas. Hasta ahí todo bien. Luego, se puso a hablar por teléfono con un representante del interior del país y le comentó que las cosas en la empresa no están para nada bien. Yo ahí escuchando todo, en la silla a más de un metro de distancia, ocultando media cara detrás del barbijo. 

 Si bien yo ya sabía, de otra fuente de confianza, que no todo eran rositas, una cosa es que me lo diga un Jefe de Sector X o que sea un rumor, pero otra distinta es que salga todo eso - y más - de boca del Gerente. Y sí, la cosa no es de color rosa. Es una situación muy seria.  

Cuando me lo dijo, y me dió detalles en exclusiva de la situación, a mí se me vino una estantería encima. La verdad es que no la pude dibujar esta vez, me excedió el lado humano, y si bien siempre me muestro dispuesta, entera y como una mujer fuerte, hoy creo que no pude atajar tanto las preocupaciones que todo eso trae relacionado. 

Al rato, dado que tuvimos una conversación difícil y angustiosa, porque es una encrucijada toda la actualidad, me regaló golosinas. Perdón, te hice pasar un muy mal rato, me dijo cuando me las dió, y yo pensé que había veces en la vida donde todo era plata o mierda. Ojalá sea plata y no mierda, a decir verdad, porque este hombre no se imagina todas las cosas que yo tengo en mi espalda en estos momentos y tampoco toda las cosas que me están pasando por dentro y a la que les estoy dando batalla con valor. 

A veces las cosas malas que nos pasan, resultan bendiciones disfrazadas. También pienso en eso. 

Que sea lo que Dios quiera.


jueves, 4 de marzo de 2021

Hoy

 Hoy mi sobrino aprendió a decir "tía Veinte" (léase por Veinte mi sobrenombre real). Ya hace rato me decía tía, bien claro, pero como tiene dos tías mi hermana le enseño a diferenciarnos. Por otra parte, también le enseño el nombre de su tío. Y evidentemente aprendió. Aunque para mí fue toda una novedad porque no sabía que le estaban enseñando en su casa.... Sin ir más lejos, hasta hace una semana no decía nada... 

 Un rato después, como para confirmar el aprendizaje, me llamó a los gritos: "tiaaaaa veiiiiiiinteeeeeeeeee, mano", porque quería que fuera con él a mirar los dibujitos.

Obvio que cuando grito eso le contesté, para seguirle la corriente, con su sobrenombre y una sonrisa de aprobación. 

Los dos por distintos motivos quedamos maravillados con ese día y vuelta. 

Está muy grande, mi sobri. Hace rato ya dejó de ser un bebito. Creería que ahora es un niño chiquito, pero niño al fin y al cabo. ¿Será que una parte mía siempre lo verá como mi chiquito aunque tenga cuarentena años? 

lunes, 1 de marzo de 2021

Integración

 Lo compruebo cuando me lo encuentro por la calle y me saluda con una simpatía que nada fue capaz de borrar. O cuando me ve en el súper y me mira el cuerpo y me cuenta cosas como si nos hubiésemos visto ayer. Y yo pienso ¿por qué no nos vamos al fin del mundo, nos encerramos en una cabaña sin wi-fi, nos ponemos al día con todo y después desaparecemos de la vida del otro? De verdad. Lo he pensado.  Admito que está es una fantasía hermosa. Sería capaz de escribir todo un libro a partir de esa idea deliciosa de un reencuentro luego de siete años para ir directamente al papelerío de una historia. 

Hoy por hoy estoy en una sintonía re diferente. Crecí, cambié y aprendí. Pero, no sé por qué razón, creo que porque estoy integrando experiencias amargas y bellas a la vez, recordé una frase que me dijo Javi en la que nunca pensé en todos estos años. Me cayó como una bomba y me acordé de ella cuando la leí el otro día en ese hallazgo del que hablé en Cementerio Gmail 

 "Yo voy a tener que aprender a vivir con lo que siento, y vos, vas a tener que aprender a vivir con lo que sentís", me dijo. 

Wow. No me acordaba eso, lo juro, y recordarlo trajo consigo mil memorias más. Caí en la cuenta de algo más:  cuando me alejé de él sentía que no iba a poder querer a nadie más porque era tan profundo lo que me pasaba consigo que nadie lo superaría; en cambio ahora, ya hace rato lejos de Galeno, no siento eso ni loca. Digo, fue una historia linda pero pueden darse otras mil veces mejores y las quiero vivir, dicho sea de paso.   Pero, además, esa frase vino a cuento porque me di cuenta de otra cosa: Javier no deja sin ver una publicación desde hace varios meses,  Y pienso cómo es de loco el tiempo que una persona que amé, que después odiaba - o creía odiar -, ahora, esté ahí, mirándome la vida por redes, como si fuéramos amigos de toda la vida. Y pienso que sufrí mucho por él y ahora entiendo que nada de ese sufrimiento tenía sentido, que perdí el tiempo llorando, maldiciendo, preguntándome y padeciendo. ¿Para qué? Para naaaada.  Por eso, no lo quiero perder ahora, para que haber pasado por eso antes no sea al divino botón. 

Hoy creería que él aprendió a vivir con lo que sentía - si es que sentía, vaya a saber Dios - y yo, definitivamente, aprendí.  El concepto de aprender a vivir sin no era mi idea para esta historia, pero es lo que tocó, y capitalicé mucho. 

 Mi idea era otra, claro, y creo que por eso me divertía cuando Javi me decía que no podía ser así, que no podía quedarme en su casa ni un segundo más porque me iba a quedar toda la vida, porque no me iba a dejar ir, porque ya no iba a importar que yo tuviera casa y familia, porque nos íbamos a quedar ahí toda la vida...  Pienso ahora en sus palabras y todavía las siento intensas siete años después, qué locura era mi vida entonces pero cuanto me divertía y me enamoraba escuchárselas decir.  ¿Y por qué? Porque en el fondo lo deseaba. A él le daba mucha culpa sentir eso pero a mí me encantaba generarlo.

Pasada tanta agua bajo el puente, el presente está bien. No traería a ningún muerto de vuelta más que para reflexionar e integrar. 

Me alivia ver cómo con todo crecemos y avanzamos. Ver que todo sirve. Me hace bien. Todo este presente también servirá.