miércoles, 26 de junio de 2024

Orientar la mente

 Ayer, como comenté, salí del parcial de Lógica con la sensación de que me había ido - hablando mal y pronto - para el culo.  Ejercicios de Lógica, enunciados, teoría... Me daba la sensación de que la había cagado en demasiadas cosas. Sentía angustia por el esfuerzo realizado y sentía que capaz no había sido suficiente. Y eso que no tenía la nota. 

La nota me la dieron hoy y me avisaron que aprobé.

 Aprobar este examen significó tachar una materia más del plan de estudios para recibirme de Licenciada en Administración en el tiempo que la vida disponga. 

Pero también significa que traté internamente de revertir el estado mental de malestar. Cómo luché contra eso para poner primero el esfuerzo y después el resultado.  Porque al menos la facultad no siempre refleja en sus notas el tiempo de estudiar y estudiar. Y porque para mí es importante hacer ese cambio de querer disfrutar más de lo que hago. 

En este caso, por ejemplo, para aprobar el examen con 4 (cuatro) necesitabas más del 60%. Un 5 (cinco) equivalía a un 70% y así.  Yo, antes de saber eso, pensé: "qué bajón, me saqué una nota bajita" y en realidad no es eso tan cierto. El profesor nos explicó la proporción para que entendiéramos bien las circunstancias. Y de nuevo, pensé primero en el esfuerzo y después del resultado. 

II. 

Ahora, tengo que estudiar para dos parciales más de la otra materia. No es una materia que me guste, ni me interesa aprender de eso, pero bueno... Que yo no le encuentre ningún valor no significa que pueda saltarla. No me gusta cómo la dan, y aunque tengo más opciones, por el trabajo tengo que elegir las cátedras que puedo y fumarmelas "como vengan". 

¿Qué hago entonces con la mente? Sigo intentando. 

Veo a estos dos parciales como la antesala a mis vacaciones de invierno y en eso trato de apoyarme. 

Me esperan más desafíos sobre la dinámica de mi mente. Veremos cómo la voy moldeando estos días. 

martes, 25 de junio de 2024

El que me esperaba

Hace un rato salí de dar mi parcial de Lógica.

 Honestamente, creo que no me fue bien y no puedo evitar sentirme frustrada.  Estudié para este parcial, y en el medio, además, traté de no volverme loca. Fue algo nuevo para mí, porque hace muchos meses vengo sintiendo mucho estrés y porque creo que para sostener el trabajo en la multi+ la facultad, necesito no volverme loca. La salud mental ya no es un deber sino una obligación en términos de poder seguir adelante. Con una vida y dentro de ella con una carrera universitaria o un trabajo demandante. 

Pero pese a eso, no dejo de pensar que no di lo suficiente, que quizá si me hubiera esforzado más, me hubiera ido mejor. Que quizá si hubiera hecho más, hubiera podido aprobar.  Y eso que lo digo y lo siento sin saber la nota. Es más que nada por la sensación y porque uno sabe cuándo se siente cómodo o no en los exámenes. Y yo me sentí agotada mentalmente en una instancia donde tenía que tener toda la mente despejada para cursar. 

Así como llegué a mi casa, agotada, rendida, descubrí que mi gatito estaba sentado al lado de la puerta esperándome. Y que iba y venía por la cocina buscando el motivo por el cual no estaba. Cómo si me estuviera buscando. 

Obviamente, morí de amor. Acto seguido, y luego de todos los pasos de toda la noche, le dije: 

- ¿Vamos a dormir, Julito? - y lo miré. 

Julito movió su cola parada, cariñosamente y enfiló delante de mí rumbo a la habitación. Me miró y enfiló, lo cual lo hizo más tierno. Efectivamente me estaba esperando. Y si, sabe que a la hora de dormir se puede quedar todo lo que quiera en mi cama. O en el almohadón gigante que le compré para que estuviera más cómodo aún arriba de la cama. 

- Eso estábamos esperando los dos, mi vida - le dije. 

Así fue que vinimos, y luego de jugar un poquito, nos metimos los dos en la cama. Ahora lo veo dormir y me relajo progresivamente. 

No puedo dejar de agradecer su vida porque salí del exámen un poco bajón, agotada y casi sin voz del cansancio y esto fue un aliciente enorme. 

Casi las doce

Son casi las doce de la noche y me estoy relajando de a poco para poder dormir.  Hoy me tocó trabajar en la oficina, es decir, viajar hasta Puerto Madero. 
Suena raro decirlo pero aprendí con los meses a querer a este lugar de la CABA. Hace casi un año atrás se concretó un cambio laboral que sin dudas fue un salto más en mi carrera profesional y hay días donde no me doy cuenta que ya casi llevo un año en la multinacional. Un año trabajando en Puerto Madero, con su viento, la vista al Río de la Plata, ese sol hermoso y suave que aparece entre las nubes a lo lejos y todavía me sigue emocionando. Un año donde me sigue pareciendo hermoso y donde lo agradezco de forma íntima pero sincera. 

Sin ir más lejos, recordé cómo hace un año atrás renegaba con la estufa de mi trabajo anterior. Andaba súper mal hasta que mi papá fue a arreglarla porque yo me iba cada vez más abrigada. Es que la oficina estaba al lado de un depósito y en un primer tiempo estuve al lado de una puerta que se abría permanentemente. Y no, no me podría cambiar de lugar hasta unos meses largos después donde finalmente tenía una estufa detrás, que andaba mal y que mi padre arreglaría. 

Los últimos días en mí antiguo trabajo, los pasé disfrutando de la estufa. Del calorcito cuando venía muerta de frío. Pero también, trabajando, estudiando y esforzándome por sostener y creer que merecía más. 

Un año después de esos momentos y casi con un año dentro de la multinacional, hoy llegué y agradecí poder prender la calefacción central apretando un botón. Y agradecí internamente haber ignorado todo lo que ignoré para poder lograr un cambio que tuvo mucho más que ver con el sentirme merecedora de las cosas que con las cosas en si. Este trabajo es especial para mí, por ese motivo: fue una oportunidad donde creí en mí contra todo, inclusive contra esa otra parte mía que me decía que no me iban a elegir. Y una oportunidad donde pese a todas mis inseguridades me animé a tomar.

¿Por qué pensar en esto ahora? 

Porque hoy estoy muy cansada  después de trabajar y de las reuniones, los pendientes y el lunes en si. Y cuando llegué más cansada aún, mi casa tenía todo listo para seguir estudiando. Si. El Finde largo no fue solo disfrutar sino también estudiar para un parcial más. 

El día se me hizo muy largo. A veces me pregunto para qué hago todo. Para qué recorro todos los días la milla extra. Para qué sigo. Por qué. Qué es lo que quiero lograr que me hace seguir y seguir y seguir... 

Antes, pensaba que seguía estudiando para poder conseguir un trabajo en el rubro. Pero ahora ya estoy en el rubro y ¿entonces? ¿Para qué? 

Para construir la épica de una vida que ame. Para decir "yo volví a empezar y lo logré". Para superar los límites de mi mente. Para demostrarme a mi misma que puedo. Para desterrar creencias limitantes que me acompañaron de por vida. Para sentirme orgullosa de todo lo que recorrí y de la vida que tengo la suerte de poder formar. Si, formar.  Y eso no es poca cosa... 

A veces, incluso, es más que la cosa en si. 

domingo, 23 de junio de 2024

Otros discursos

 Lo miraba frente a mí. Con su ropa de siempre, esa ropa que no tiene una marca ni de casualidad, que no le implica ningún ejercicio económico. Esa ropa que para mí le quedó linda siempre. Esa ropa suya, con su olor, sus colores, su gusto, su textura. ¿Por qué no podía dejar de pensar en sacársela? 

Javier me miró y dejó las dos bolsas con regalos en la mesa. Un champagne seco de Mendoza y un vino tinto de Mendoza también. Es decir, mis gustos reducidos en dos botellas que me definían a la perfección. 

- Esto es para vos - musitó. 

- Te la jugaste, hasra le pusiste una bolsa decorativa... Me gusta la bolsa - añadí, con un leve dejo de sorna.  

- Así lo llevas. Esa bolsa era mía, la puse yo así no se te cae - me aclaró. 

Claro ¿cómo se me iba a ocurrir que Javier el evasor iba a pensar en algo con anticipación si tenía que ver conmigo? Yo, al menos, interprete así ese comentario. Por eso, espeté: 

- Ya se, Javier. No esperaba que le pusieras moñito- musité. 

Agarré ambas botellas y desarmé el paquete que él había armado con cada una. Con un dejo de desprecio por ese último comentario. 

- No, pero espera, te llevo... No te vayas así. Tenés muchas cosas. 

- No, está bien, me voy sola. Puedo. No pesa. 

- No, pero... Si que pesa. Dale. Te acerco donde vos me digas. 

- Puedo, Javi. Tengo piernas. 

- Ya se, cabeza dura que sos... Dale. Te llevo. Así no vas cargada. 

- No soy cabeza dura. Vos lo sos. 

Se rió. Javier fue a apagar la luz del living para agarrar las llaves del auto y llevarme a casa. Lo miré y anticipando ese movimiento, lo ignoré. Traté de marcar el terreno poco remarcado ya. 

Me puse a leer la etiqueta de una de las botellas. 

Él se acercó en silencio. Olió mi contorno y el contorno de mi cuello desde atrás. Dejé la botella sobre la mesa, como advertencia, porque tenía miedo de que me hiciera cosquillas y eso terminara mal. 

Me miró. Me hizo un gesto como si quisiera comerme. Me abrazo y me apretó con suavecitos modos pero muy firmes a la vez. 

- ¿No te vas a acostar conmigo? ¿De verdad? No me digas más que no. Daaale.

Nos reímos. 

- Si te digo que si me voy a arrepentir... Así que te digo que no por las dudas. Siempre por las dudas. 

- No, no te vas a arrepentir. Voy a hacer que no te arrepientas. Dejame. 

Siguió abrazándome desde atrás. Sabía que estaba sonriendo. Se le notaba en la voz. 

- Javi, en este momento estoy con la cabeza en otro lado y no me estoy pudiendo controlar bien. No voy a estar acá aunque te diga que si. Necesito tu ayuda para contenerme hoy. 

Javier suspiró. Me acaricio despacito. 

- Yo no te puedo ayudar con eso. No puedo manejarlo ni yo - me susurró - pero si seguís queriendo ...  

- Para estar con vos necesito tener la cabeza acá y... Hoy estoy dispersa- ¿Me dejas salir? Dale, Javi. No seas sonso. 

La realidad es que yo no quería que me soltara pero si notaba que estando cuerpo a cuerpo consigo no podía manejar del todo los impulsos. Y que si a eso le sumaba el mar de disgusto previo a la separación con Galeno, iba a tener un resultado peor. 

- No. No te dejo - dijo, muy suave - ¿Nunca más te vas a acostar conmigo, en serio? 

Nos reímos. 

- Ya sabes lo que pienso yo, Javi. 

Me olió el nacimiento del pelo. 

- Hermosa sos, hija de puta. 

- Qué delicado. Cómo se dirige a mí, el señor... 

Javier se rió y me soltó de mala gana pero siendo desmedidamente dulce. Esa dulzura me pareció inesperada en él. 

Lo miré por un segundo donde hubiera dejado el blazer que intentaba ponerme a un lado, y me hubiera lanzado a sus brazos. Para besarlo. Para tocarlo. Para recibir más abrazos, mimos, caricias, aproximadamente todo lo que me hace falta para una nueva repetición. 

Pero no, no se repite. Lucho contra lo que los dos deseamos y me niego a pensar lo de siempre: "algún día se va a morir y quizá lamente no haber disfrutado hacer el amor consigo de nuevo", pero me sostengo en ese deber. Además, siempre es lo mismo: yo mantengo el límite, el lo mantiene, pero cuando nos volvemos a cruzar se corrobora que la atracción existe. Que no podríamos pasar más de dos horas a solas en el mismo espacio porque un minuto de debilidad incurriria en una noche más juntos. 

II. 

Ese día me voy a mi casa caminando, porque así lo dictamino. Lo despido. Se que lo dejo descolocado pero se que es lo mejor para todos. Lo despido bien, pero me voy finalmente. Es coincidente con lo que le dije: le puedo ofrecer una relación cordial, pero no puedo acostarme con él de nuevo. 

Este o no este en pareja, mientras él lo esté, prometi no hacerlo. Y llevo dos años sosteniendo esa promesa y el lleva dos años siempre ofreciéndome algo que deseo pero que no es bueno para mí. 

Estoy segura, a esta altura, mientras vuelvo de la casa de Javier, que mí relación con Galeno no va más. Lo hemos hablando pero ahora es la primera vez donde siento que hice bien en correrme. Porque una persona que se está muriendo por acostarse con otro hombre, es incapaz de ser honesta si no se dice a si misma en principio que tiene que salir de ahí. Galeno, finalmente, tampoco resultó estar ahí, aunque eso me di cuenta en paralelo. Y Javier estuvo a punto de atraparme y lo único que podía desear desde el fondo de mí era que lo hiciera. Sí, que me diera la vuelta, me besara agarrándome de la cintura, etc. 

Aquélla tarde, sin dudas, hubiera hecho el amor con Javier nuevamente. ¿Para qué mentir? Es difícil contener lo inexplicable. Es difícil mentirse y negarse que una persona no te convoca hasta cuándo respira. Pero es las importante reconocerlo para poder así manejarlo y no dejar que ese fuego te conduzca. 

Yo lo veo y solo quiero ir donde esté. Y lo quiero tener para mí, encima, cerca, dentro, hablándome, diciendo cosas pelotudas, lo que sea. Yo lo veo y se me seca la garganta. Se me corta la voz. Y ese día de febrero, cuando lo miré por un segundo en su casa, yo supe.

Fue una revelación. 

Tenía que terminar de fingir. Cortaría la relación con Galeno, si. Definitivamente. Dejaría de jugar a la inconsistente. Me iría de la casa de Javier sin cometer dos veces el mismo desbarajuste y guardaría las dos botellas para otro momento. 

Hoy, cuatro meses después de ese momento, puedo decir que dejé a Galeno definitivamente y que un poquito cada día lo dejo de lado en mi interior. Que dejé de jugar a la indecisión y que cuando la madre de Javier estaba muriendo, hice algo humanamente propio por él y me dio paz sentirme real. Que no volví más a la casa de Javier y no hice nada en absoluto para seducirlo de la misma manera en que lo encuadre todo en un ánimo empático, cordial y respetuoso. Y que además, las botellas siguen guardadas para otro momento. 

Quizá, el momento donde haya podido reconocer que me importa. Porque ese es el primer paso para desmarcarlo. Para que ya no sea el amor. Para que ya no sea el tipo que más ame. Para que algún día haya otro, que lo merezca más, y me ame mejor. Reconocer que me importa y pensar que el hecho de volver a amar a alguien y que alguien me importe no depende de él, ni de nadie. Solo depende de mí. Solo depende de mí ver si sigo postergando mi capacidad por algo que nunca pasará o si sigo adelante con mi vida más allá del miedo. 

Tengo esa decisión disponible. De eso depende cómo quiero vivir. 

¿Qué tiene que pasar entonces? Tiempo. Más tiempo para seguir trabajando en mí y poder hacer realidad otras personas, otras maneras, otros discursos.

sábado, 22 de junio de 2024

Tratar de cumplir las promesas

 Como anticipé hace unos días, el desafío para este finde tan largo es repartir el tiempo entre deberes y tiempo libre.  Y hoy pude conseguir el balance, lo que no es poca cosa. 

Una parte del día me desconecté del estudio y me puse a evaluar mis gatos del mes.  Tengo un Excel donde voy anotando los gastos mayormente con las tarjetas de crédito y que me da fiaca rellenar pero que al mismo tiempo me ordena.  Organizo por banco, por consumo, si es un consumo en cuotas, de cuánto son las cuotas y cómo impacta el total de ese consumo en el límite general de la tarjeta.  La verdad es que es yo uso mucho billeteras virtuales para pagar en combinación con aplicaciones como Modo (que te da beneficios de cuotas sin interés, descuentos con reintegros inmediatos y promos interesantes), pero eso lleva a dos cosas: a veces gasto demás y otras veces compro algo que voy a usar más adelante para aprovechar una promo y eso me hace tener una anticipación de los gatos fijos del futuro.  Por lo general, de todos modos, siempre saco muy buenas diferencias con las promociones, especialmente, de los productos de tratamiento que uso todos los días. Principalmente, porque tengo que tener en cuenta mis gastos y todo lo aledaño . Y admito que me estresa un poco y que no me divierte ponerme un feriado con lo financiero pero que es necesario... El tiempo y el dinero son dos grandes núcleos que, cada día lo confirmo, estructuran el goce de vivir. Es decir, que todo el tiempo elegis en relación al tiempo y al dinero. Y eso hay que analizarlo. 

Quedan seis meses para que termine el año y (esto hace poco lo modifiqué en mí mente) veo cada año como una inversión de tiempo y de dinero en proyectos distintos.  Entiendo que quizá no puedo hacer todas las movidas en simultáneo pero si que puedo ir de a poco. Y me cuesta mucho eso, porque soy muy ansiosa, la verdad; pero hacerlo con calma es parte de trabajar para combatir esa ansiedad de una manera mejor.  Hay días donde me sale todo mal y hay otros días donde lo hago bien. Días donde hago lo que puedo, como hoy. Días donde estoy triste, donde estoy más contenta, donde tengo más disponibilidad mental para afrontarlo todo. Más entusiasmo con la vida.Pero hay otros días, que sencillamente no me entusiasma el presente y me inquieta demasiado el futuro. 

Justamente, la otra parte del día, estuve estudiando para el parcial del martes y no todo fue financiero. Se trató de asimilar un futuro más tangible. 

Hice ejercicios de Lógica para el segundo parcial. Este es uno de los temas más complejos que me toman y por eso lo agarré primero. Lo que noté sobre esto es que  cuando terminé de hacer unos diez ejercicios después de estudiar un tema teórico, no tenía nada de energía mental para seguir. 

Y no seguí. No me obligué a seguir, a pasar el límite cuando no es una situacion de apremio real. Porque el parcial es el martes, yo ya empecé a estudiar, encaré algo que consideraba difícil y eso tiene que dar cuenta del esfuerzo per sé. 

En otras noticias, ahora estoy descansando la mente. Hay días donde me siento tan agobiada que me da ganas de rendirme. De dejar de tensionarme. Pero sé que eso es normal. Por eso, busco maneras. 

Fue mucho deber por hoy. Ahora, cerraré los ojos y trataré de dormir sabiendo que he hecho todo lo posible. Y que está bárbaro. Si, que está perfecto. 

Hacer todo lo que uno pueda, lo mejor que pueda, es lo que debe estar perfecto para mí a partir de ahora. Lo otro, lo perfecto real, no existe. 


jueves, 20 de junio de 2024

Con ánimo de desconectar

Tengo un pequeño desafío en estos días que vienen y se trata de equilibrar el descanso con el estudio. Porque, si, me toca un finde hiper largo y rindo la semana que viene. Es decir, sería una pena que le la pase durmiendo y una pena que me quede cuatro días seguidos encerrada estudiando. Así que indudablemente voy a necesitar tomar este tiempo libre como una invitación al equilibrio. 

No reniego de estudiar, a mí me gusta. Estoy feliz por tener tiempo para hacerlo tranquila porque no siempre sucede; pero como sé que soy autoexigente y estoy tratando de cambiar eso, quiero que este finde sea distinto. Es decir, que no tenga la bajada mental que tengo que quedarme encerrada todos los días. 

A propósito de eso, el sábado y domingo pasado, me los tomé. El sábado fui a comprar con mí mamá algunas cosas para la casa (artículos de limpieza y de tocador) y de paso la invité a merendar a un lugar al cual ella quería ir desde hacia bastante tiempo. Ademas, me compré un libro sobre Administración de Empresas que me interesó, por lo que luego de ducharme me quedé leyendo algunas páginas. 

El domingo fue el día del padre, así que lo pasé con mí papá y mi familia. Hice compras en el supermercado mientras mi madre cocinaba algo para el mediodía y para la noche, donde vino mi hermana. Con ella y su marido y mis padres nos quedamos hasta las 03 de la madrugada despiertos, mirando fotos, por lo que el lunes me levanté fiera del horario habitual. Fue muy divertido mirar fotos viejas porque con mi hermana empezamos a hacer chistes y nos divertimos mucho todos.  Si bien el domingo no fue un día color de rosa, admito que lo terminé bien. 

El lunes finalmente se lo dediqué a mis gordos. Nos juntamos a comer con mis dos hermanas, sus maridos y mis sobrinos. Estuvimos mucho rato con los nenes y cuando me quise acordar el día se había ido. Así que solo me di otro baño relajante, puse una meditación para finalizar la actividad y ayudarme a descansar y lo último que recuerdo fue haber dormido hiper profundo. 

Hoy miércoles me dediqué a limpiar profundo cuando terminé de trabajar. Ahora, cuando casi terminaba, me empecé a sentir un poco mal así que me tomé un ibuprofeno y me metí en la cama dejando algunos pendientes para mañana.  No quiero ignorar a mi cuerpo teniendo en cuenta que le puedo dar tiempo y atención extra estos días así que frente al primer malestar leve ya me medique y di reposo. 

En cuanto al estudio, ya tengo todos los textos impresos y todo preparado para comenzar a estudiar. Solo es cuestión de enfoque y daré lo mejor de mí para tratar de que salga bien. Ahora, lo que deseo que salga bien, es el descanso. 

Mañana será otro día. Hoy agradezco doblemente el calor de mi cama porque me pesan más de la cuenta los ojos. 

martes, 18 de junio de 2024

La justicia y la injusticia II

 Estaba cerca. Yo sabía que estaba cerca, que estaba muy cerca.  Estaba cerca de suceder, casi podía tocar timbre y esperar la llegada del estadillo. Podía sentirlo, toda una cosquilla que empezaba en las plantas de los pies descalzos y se anclaba un poquito en cada reborde de mi cuerpo que sobresalía. 

Javier también sabía. Y colaboraba para ello de una manera inesperada. Me acariciaba para que me acercara todavía más. Se movía lentamente conmigo y cumplía al pie de la letra no establecida el ritmo que son quererlo estaba yo llevando. 

El placer que podía sentir no tenía nada que ver con el dolor emocional que alguna vez él me había ocasionado. Si, era la misma persona, con sus defectos y virtudes y era el hombre que en ese momento estaba haciendo de todo para que tuviera un orgasmo. 

- Sos espectacular - musitó. 

Yo me concentré, me concentré, me concentré en sentir. Como si estuviera dentro de un bucle, viajando, transcurriendo, hasta llegar a otro estadio. Es decir, la expansión de la cosquillas a todo el cuerpo. Javier también sabía que estaba cerca, más cerca que antes, así que modifico sus movimientos, se volvió más intenso, como lo necesitaba, y respondió con palabras positivas. 

- Si, eso, disfrutá - me alentó - Sos muy hermosa, disfruta - murmuró, antes de que se le hiciera más difícil hablar. 

Toqué timbre. Fuerte, con un sonido largo, que no pude educar. Me tomé un momento para recuperarme, entonces llegó algo sin dudas más fuerte, que fue dejarlo a él tomar el mando. 

En cinco segundos habíamos acordado una posición. Él me miraba y realmente llegué a sentir que tenía una especie de paso a paso deseado. Sin embargo, qué remedio, se lo modifiqué. 

- No te quiero lastimar , así capaz que... ¿Segura? 

- Tranquilo. Conozco a mí cuerpo más que vos. 

Sin paso a paso, pero con experiencia, Javier solo pudo visitarme con algunos movimientos. Fue súper intenso recibirlo, aunque nunca se lo reconocí. No quise que se la creyera demasiado con sus antecedentes. 

- No podes. 

- ¿Qué no puedo? 

- Hacerlo así. 

Javier tomó eso como el elogio que fue y me dijo:

- Si que puedo - antes de duplicar la intensidad. 

Me tomó con fuerza y no eduqué ninguna parte del vocabulario que usé para afirmar que lo que estaba haciendo me gustaba. Esa comunicación fue tremenda: yo solo respondía con la afirmativa y él me devoraba mientras me tomaba del pelo. ¿Cómo lo sabía, como sabía que así era como lo quería? Ni yo sé. Algo impensado para nosotros dos, siempre con tantas dificultades para comunicar lo correcto. Pero así resultaba para los dos.

Creo que es imposible fingir en ese aspecto. Al menos, lo es para mí. Para bien o para mal. Y fue la única vez donde no me importo demasiado que el deseo, el erotismo y la falta de control se me notaran. 

Me dejé ser, supe ser humana, y coincidentemente sentí su cuerpo temblar después de aquel otro estallido. Cuando se retiró de mí, todavia nos costaba respirar.

- La puta madre - dijo. 

Si, ni qué decirlo, había sido una locura. Y no hacía falta un segundo separados físicamente para darse cuenta. 

Luego de ese día, cuando me fui de su casa, tomé el envión del impacto sexual como un aviso de advertencia. Javier me ofreció ayuda con el trabajo de entonces, me lo dijo antes de que me fuera, como una manera implícita de mantener la esperanza de un seguido encuentro.  Pero yo nunca más volví a contactarlo. 

Siete meses después, volvía de viaje de la casa de Galeno cuando subí una foto a mis redes sociales de unas estancias en aquella provincia. En esa foto no ponía nada especial, no estaba explícitamente con Galeno, pero evidentemente para él que hubiera desaparecido después de tener sexo no era una buena idea y que me fuera de viaje, acariciaba zonas sensibles. Entonces, comentó la foto con un "compra muchos", en referencia a los vinos que aparecían como meta tema en la fotografía.  

Ese comentario público en apariencia inocente era en realidad un reclamo de atención. Con cierto venenito, si, pero un pataleo al fin. 

Luego de eso, nos escribimos por privado y me preguntó si me había ido de vacaciones con mí novio de entonces. Le dije la verdad, que si, porque así eran las cosas y porque yo no quería hacer lo que hace él con su relación, es decir, que el frente mío es incapaz de decir: "mi novia" cuando indirectamente habla de ella o cuando me está contando algo y de repente me dice que él estuvo ocupado porque se enfermo "la madre de ella", como si no fuera la suegra. Si, la suegra, porque aunque no sea capaz de decirmelo a la cara después de lo que vivimos, esa gente existe y comparte consigo muchísimo más tiempo que yo. 

En su momento, Javier me preguntó si ya estaba en Buenos Aires. Me preguntó si había ido con mi novio.Le dije que si. Me preguntó si la había pasado lindo en el viaje y me dijo que él también había ido hacia años allá, y conocido algunos sitios, como si no pudiera ser una asociación exclusivamente mía.

A todo dije que si, que bueno, que bien. Para mí que me escribiera luego de tantos meses y de haber yo desaparecido de un plumazo, era realmente fuerte. 

Javier había estado esperando una respuesta a esa noche y yo no lo había notado. Ni tampoco había querido hacerlo, enfocada en seguir adelante con la relación que tenía, metiendo dudas desbordada debajo de la alfombra y cumpliendo con el deber de no perder un minuto más por él. Pero esa negación no cambió nada. 

Y Javier, finalmente, me dijo varias cosas. 

La primera: que pensaba que iba a llamarlo o a escribirle después de lo que había pasado y que creía que yo estaba enojada porque él no había hecho eso. Que había esperado un llamado o un mensaje. Pero que había pasado el tiempo y creía que yo estaba enojada porque él no había aparecido hasta entonces. La segunda: que lo aliviaba mucho saber que no estaba enojada. La tercera: que lo había disfrutado mucho y que le parecía que yo quería tener el control, que la próxima se lo dejara si quería, para que todo lo hiciera en función mía. La cuarta: que había pasado meses lleno de culpa, un largo periodo, y que no había dejado de pensar en lo sucedido. 

"¿Y a vos, entonces, te pareció?", recuerdo que le pregunté cuando él acababa de hacerme la misma pregunta. 

- Fue un momento de enorme placer y después me agarró mucha culpa. Tenía miedo de que estuvieras enojada conmigo, de haberte lastimado por no llamar. De que te hubieras quedado esperando algo, no sé. No entendía por qué no me escribías. 

- Porque lo correcto era desaparecer, darle la posibilidad al otro para que siguiera adelante. Si yo te escribía a la semana, no sé si hubiera podido atajar las cosas. Ahora pasaron algunos meses y creo que ya aprendimos. Ya trascendió esto y lo podemos usar para aprender. 

- Yo quiero repetirlo. 

"Yo también", pensé. 

Pero nunca se lo dije. Y no sé si alguna vez tendré el valor de hacelo. O la voluntad anulada. O la posibilidad. O todas esas cosas que me llevaron a desenterrarlo todo. A buscar justicia de esas formas en que obra la injusticia. Pero sé que así estoy bien también y frente a este bien no estoy dispuesta a renunciar. 

viernes, 14 de junio de 2024

Justicia en la injusticia

Estábamos juntos, en el sillón, uno al lado del otro. Nos mirábamos entre sí, con intermitencia, a medida que transcurría la charla. Aquélla charla parecía darle un final a ese hecho continuo. El me decía que todo era muy complicado. Que esa situación para él era muy difícil. Y no entendía por qué. Yo tenía miedo pero también era mucho menos consciente de mil cuestiones asociadas al qué dirán y desconocía su historia personal. Había cosas que no se había permitido contarme. Y si lo miraba, aquello que opinara la gente no me importaba. Solamente, había cuadrado todo para tener una charla consigo y mi corazón me pedía tenerla. 

Pero después de esa charla, mi corazón me pedía quedarme. Ahí, en lo desconocido. Javier acababa de decirme "vení conmigo" y se había acercado al cuerpo de la persona que era yo a los diecinueve años, para abrazarme con ferocidad. Después, un rato después, nos habíamos besado. Por primera vez en tantos meses de conocernos, de ser parte de ese grupo de vecinos abocados a la literatura, a que yo lo conociera en su simpleza y sus aires campechanos, había podido besarlo.  Tenía cuarenta y dos años y yo tenía diecinueve. Había diferencia de edad y sin embargo en ese momento nada parecía poder interponerse. 

Cuánto lo había deseado. Honestamente, cuánto. ¿Se puede medir la cantidad de fantasías con alguien? Si se pudiera, difícil sería no admitir que había roto todos los parámetros. Fantaseaba con besarlo, me daba pánico mi propio deseo y al mismo tiempo no podía dejar de sentirlo. Iba, ya por entonces, mucho más allá de mí. Lo deseaba a el, y al momento consigo en la misma intensidad. 

Por eso cuando lo había besado por primera vez, no podía estar más feliz. Además, había podido colocarme encima, de acuerdo a sus inclinaciones y había podido besarlo de nuevo, mientras él iba perdiendo por primera vez las manos en mi espalda y me acariciaba. Me besaba también y no podía evitar sentir que "era ahí". Se sentía lindo que me tocara. Sus manos eran muy suaves y hacia que me estremeciera sin poder evitarlo. Quizá no estaba bien ser tan sincera pero era incapaz de dosificarlo. Me salía.  Y cuándo sos extremadamente estructurada, que algo te salga porque si, de adentro, es desesperante pero al mismo tiempo revelador. 

No podía dejar de besarlo, no quería separarme, quería mirarlo y tenerlo acostado para mí.  Únicamente eso, y luego todo el resto del mundo. Quería que fuera él. Necesitaba que fuera él, porque lo amaba y quería darle todo de mí. Quería brindarme y que lo recibiera. Quería ser suya. Únicamente. Suya. Estaba profundamente enamorada y necesitaba entender porque todo se me escapaba de las manos. 

- ¿Qué estás haciendo, vos querés que...? - le pregunté, porque todo estaba pasando muy rápido. No porque le fuera a decir que no, sino, porque quería entender lo que iba a aceptar. 

- No está bien esto - dijo. Lo miré, todavía encima suyo y me alejé. Cerró los ojos y me dijo que no podía una vez más. Javier no quería tener sexo conmigo. Eso pensé. 

- Espera - dije - ¿Qué pasa? 

En silencio, me acomodé la ropa. Lo respeté obvio aunque el rechazo me calo profundamente. Me hizo sentir solo una cosa, algo que consigo me costó años abandonar. Yo realmente pensaba que Javier quería hacer el amor conmigo. Y yo pensaba, sentía y sabía que quería hacerlo con él. Aunque asustada, de hecho, porque no sabía cómo era tener sexo con alguien que me llevaba tantos años, es decir, si íbamos a poder entendernos... Yo quería hacerlo con él. Pero él, no se animaba a acompañarme en el descubrimiento. 

- ¿Te enojaste conmigo? - preguntó 

- No. Me voy a ir a casa , mejor - dije. 

- Dame unos minutos y yo te llevo. 

Javier se tapó el rostro con una mano y me pidió que le diera un momento para recuperarse. Me dijo que me podía quedar consigo si quería, pero más lejos, porque tenerme cerca no le permitía pensar. Y él, necesitaba pensar mucho en ese momento. Y yo no lo dejaba y que no quería equivocarse, hacerme daño. ¿Y lo que a él le pasaba? ¿También eso era mi culpa? 

No estaba enojada, me sentía rechazada. Yo me sentí un perro, un perro abandonado que rechazaba por tener sarna. Y luego de eso, siempre pensé si quizá no había hecho algo mal, inexplicablemente mal, para arruinar un momento que parecíamos desear los dos. Los rechazos en situaciones de vulnerabilidad son realmente filosos en ese aspecto. Y más, cuando tomas valor para superar arduos temores el cuanto al contacto físico, en cuanto a los complejos con el cuerpo y el cuanto a las inseguridades posibles por la materia. 

Cuando Javier freno, y yo frene, y el no retomo, y yo lo retome, fue para mí un punto de no retorno. No quería tener que convencerlo, quería que él me lo pidiera también, que se mostrara deseoso, que propusiera, que expresara eso como un genuino deseo; pero eso no fue. Asi, viví años con la duda y llego un punto donde me había resignado. No esperaba entender. Solamente me enfoqué en seguir adelante e intentar entender que existirían personas que si iban a querer estar conmigo. Pero que no eran ni iban a ser Javier. 

 Y de hecho, existieron. 

II. 

Paradójicamente, ocho años después de esos tiempos, una noche en su casa luego de un encuentro fortuito, Javier no dejaba de preguntarme sobre el tema. De pedírmelo. De explicarme que lo necesitaba. Que deseaba vivir esa experiencia. Que había pasado años preguntándose cómo sería. Que me iba a tratar bien. Que le prometía que me iba a hacer disfrutar. 

La justicia a veces se representa en un hecho consumado. Por complejo que parezca, la traición es una de las formas, las cobardes quizá, de traer algo del pasado y darle un final justo. No correcto, sí justo. 

III. 

A tiro de eso, una noche de mayo hace dos años, el quiebre se produjo. Javier me lo había pedido y un mes después yo ya no podía esconderme más. Pensaba en él día y noche. Me lo encontraba por el barrio y nos quedábamos mirándonos en silencio sin saber qué decir. Javier ya me había dicho todo y me estaba esperando. Yo le había dicho que no podía y que lo mejor iba a ser contenerse. 

Pero al final, ninguno de los días había podido sostenerse en su decisión. Así, una noche de mayo, Javier me había escrito. Y yo no me había negado como venía haciendo desde hacía más de un mes. 

- ¿Te vas a acostar conmigo hoy? Dale, por favor, decime que sí - me susurró al oído. Me rozo el cuello con su barba y escondió su rostro en mí. 

Cerré los ojos. Dentro de la burbuja. Sentirlo tan cerca por esas semanas me drogaba. Era muy difícil pedirle a mi mente que controlase todo lo que el cuerpo estaba sintiendo y que pudiera atajarse ante las actitudes del otro... Abrazaba a Javier con total desparpajo. Lo sentía necesario. Lo deseaba. Y más allá de todo entendimiento, él ahora hasta lo demandaba. Si, así estaba: abrazada a él, en la misma cocina donde me había despedido ocho años antes. Aquel fue finalmente el lugar donde sin esperarlo, lo decidí. 

- Sí - le dije. 

Ese sí jamás había pesado tanto. Era un si y un no al mismo tiempo. Algo inexplicable. Algo malo y bueno. Algo imperdonable y completamente inexorable. Algo terrible y necesario para mí. 

- ¿Si? - me preguntó, sorprendido. 

- Si, Javier, sí. 

Se rió levemente y me preguntó: 

- ¿Ahora? 

- ¿Ahora ahora ya ya? - lo burle. 

- Ya mismo, sí, vení - dijo, sonriente. 

Me envolvió el rostro con sus manos y me besó apasionadamente. Me atrajo hacia su cuerpo y me apoyó contra una pared anterior a la habitación. Me desabrochó el pantalón y me quedé perpleja. Lo miraba inexplicablemente atraída por todo lo que hacía conmigo. Por ver inclusive el modo en el yo misma me involucraba. Era otra. Mucho más intensa, feroz, casi no podía entender cómo era capaz de hacer eso consigo. No sé parecía en nada a lo que yo hacía con otras personas, porque pese a que estaba muy bien, todo con aquél otro era superior. 

- Vení conmigo, por favor, voy a tratarte muy bien, quiero que disfrutes conmigo, quiero tenerte para mí - me pidió, mientras me tocaba suavemente y se daba cuenta de todo lo que me estaba pasando físicamente. 

- Javi, estás loco - llegué a decirle. Él no dejaba de tocarme. Había perdido su mano en mi y estaba empezando a acariciarme lo suficientemente bien para que me costara cada segundo más y mucho más resistirme. 

- Si. Estoy loco. 

- En serio - dije. 

- Vos me volves loco a mí. Me volves loco, te lo juro. Te quiero ver - dijo al oido. 

No podía creer cómo podía darme tanto placer que una persona como él me tocara. Tampoco podía ni hablar, pero pese a todo extendí una sola mano para tocarlo. Para hacerle exactamente lo mismo. Javier me las tomo, las apartó de su cuerpo y me siguió tocando. Era para mí. Únicamente, era algo para que lo disfrutara sin pensar en devolverselo. 

- No, no, no - murmuró - déjame a mí. 

Empecé a no ver nada alrededor. Solamente, le cedi parcialmente el mando. Era bueno en eso, pero principalmente, estaba alterado por la reacción de mí cuerpo frente a la convocatoria. ¿Todavía lo dudaba? 

- No me podes tocar así, estás loco vos...  - le suplique, porque me estaba desbordando. Él siguió. 

- Si que puedo - me susurró - ¿Ves? - enfatizó y me corrió la ropa interior sin quitar para nada su mano. 

- Sos un hijo de puta - le dije y se rió, divertido - Yo quiero tocarte. 

-Es para vos, esto. Quiero que disfrutes conmigo. 

- No puedo más. 

Seguí humedeciendo su mano sin quererlo. Sin que me dejara tocarlo, solamente, tocándome. Rápidamente, me quito la dirección del sendero. También con sus manos se fue deshaciendo de la ropa que me quedaba puesta. 

- Yo quiero estar con vos. ¿Me dejas? - me preguntó - Necesito verte, acariciarte, te quiero tener toda para mí ¿sabes? 

Mofé. 

- Si. 

- Sos muy hermosa, vos. Me muero, yo, con vos. 

Me besó y enseguida lo correspondí, agarrándolo con fuerza. Empecé a mover mis manos por su cuerpo, buscándolo.  Me besó el rostro, despacio y me agarró de la mano. Yo lo besé más intensamente. 

- Vení. Vení conmigo - me pidió. 

Después de varios pormenores dónde se llevó el premio a las escenas sexuales más inexplicables de lo que llevo aprendido, lo esperé. Me sentó en su cama, como si fuera un abismo en el cuerpo de una persona y se me quedó mirando. Sé que lo pensó. Sé que ese fue el momento donde todo volvió a disputarse. Sé que se dio cuenta ahí, cuando nos miramos, lo que significaba. Que yo era yo, básicamente. 

Encendió la calefacción para que estuviera cómoda. Se sacó la remera. Nos miramos. Lo miré y lo esperé sin decirle nada. Estaba desnuda, sin vergüenza, y lo miraba desnudarse lleno de pudor, rápido.   No le dije "vení" con las palabras. Solamente, lo miré. De arriba a abajo, llamándolo. Se quitó el boxer. Y finalmente, cruzo y canceló toda la distancia entre su cuerpo y el mío. 

- Que se vaya todo a la mierda - musitó, en voz muy baja - Por favor, haceme el amor. Por favor te lo pido - me susurró, a modo de rendición.  Agradecí que estuviera la luz prendida para verlo todo. 

Ocho años después, volví a ver a Javier acostado debajo de mí. Rendido. Desnudo. Sonriéndome. Diciéndome que se iba a guardar todo eso en su cabeza para siempre. Pidiéndome que no lo hiciera desear más. Por favor, hacerme el amor, por favor, no me hagas desearte más. 

- Te lo voy a hacer , sí - le dije mientras el me arropaba bajo su cuerpo y sábanas que pronto bajarían por mi cintura. 

- ¿Si? 

- Si - le dije acariciándole el pelo - Relajate. Respira conmigo - le pedí, mientras le acariciaba el pecho y me movía lentamente sobre él. 

Lo acaricié. 

- ¿Cómo haces eso? - alcanzó a preguntar. 

- Quiero que sientas todo. Relajate, todo lo que hagamos va a estar bien, respira conmigo, no vamos a jugar ninguna carrera- le pedí. 

Sonrió maravillado. Acaricié su pecho, su cuello, sus brazos, y su cabello. 

- No puedo creer cómo sos así. Me voy a morir. 

- Tranquilo. Shhh. Disfruta - le susurré, acercándome a su rostro. 

- Sos muy hermosa, pendeja, qué pendeja de mierda, tanto quería estar con vos - se quejó - Tu pelo, tu piel, es hermosa. 

Me acarició suavemente el pelo. Lo miré sonriendo. 

- Yo no puedo creer - dije - Míranos. 

- Si, te miro. Sos muy suave, tu pelo - dijo y me lo toco - y tus tetas son perfectas. En serio. ¿Cómo puede ser que me gusta todo de vos?

Nos reímos. Le pedí que no me mintiera, y le dije que no hacía falta elogiarme. 

- Pero me encantan. Te lo juro. Yo te lo juro. 

- No mientas. 

- No miento. 

Le acaricié la frente, con cariño. 

- No hace falta que me mientas. 

- No miento, me voy a acordar de esto para siempre. Voy a cerrar los ojos y va a estar todo acá - me soltó, tocándose la frente. 

Sonrió. 

- Me encanta cómo haces todo. ¿Donde aprendiste a hacer todo así, por Dios? 

- No importa eso. Estoy acá, ahora. Disfruta y deja de pensar. 

Nos reímos. 

- No te imaginas lo que yo estoy viendo en este momento. 

- Yo no puedo creer lo que veo. Ni lo que escucho 

Sonrió con toda la boca. 

- Me voy a acordar de esto. 

- Yo también. No voy a salir corriendo. Disfruta ¿si? 

- No. Quedate acá. 

Me dio las manos y entrelazo sus dedos con los míos. 

- No me puedo ir. Estoy un poco desnuda, me parece. 

Nos reímos. Lo besé despacio en el rostro. 

(...) 

- Sos suave, vos - le dije, y me extendí por todo su cuerpo apoyando el mío muy despacito. Moviéndome lentamente, lo miré directo a los ojos. 

Sin dudas, estábamos viviendo un momento épico. Javier estaba por fin dejándose atrapar y yo estaba totalmente entregada a las circunstancias y los sentimientos. 

- Pedime lo que quieras - dijo - Todo lo que quieras. Hago lo que me pidas. Solo decime. 

- ***, quiero - le susurré, muy cerca de la boca - Despacito. 

Javier me miró sorprendido gratamente. Un segundo le llevó asumir lo que le pedía. 

- Si vos querés - añadí.  
- Pendeja, vení para acá - me dijo, con humor. 

Y enseguida me dio el gusto más allá de la sorpresa. 
Javier me demostró que quería de inmediato. 

Y así, entre gemidos, palabras, expresiones, pedidos y aceptación de un hecho inevitable, tuvimos el ratito. El que más había deseado en todo el mundo. El que pensé que nunca iba a tener. El que me parecía imposible.  El que había parecido quedar en nada para siempre. 

Del que nos seguimos acordando hoy. Y el que se ha convertido en un lugar de referencia para nosotros. 

Al que volvimos mil veces, y sin embargo, no volvimos nunca. ¿Por falta de deseo? Considero que no. ¿Por cabeza de sobra? Sin dudas. 

No he podido relajarme nunca mas con ese asunto. Yo siento que la tensión es permanente y que al menor descuido, aquello, puede volver a repetirse. Y cómo no se repite, reina la calma.  Y en esa tensa calma, cada cual, se anima a renunciar al atropello del otro y sigue con su linda vida. 

Hasta que realmente se ponga linda. Todas las renuncias tienen un precio. 

jueves, 13 de junio de 2024

Miércoles a 1.5

 Hoy fue un día acelerado si, pero no por el trabajo.

 Me tocó ocuparme de mi salud física y eso implicó desconectarme un poco antes del trabajo en casa para seguir con uno de los tratamientos que estoy haciendo y a la salida pasar por la farmacia para reponer las pastillas del tratamiento que sigo específicamente por el rostro y el cuero cabelludo. 

La verdad es que dentro de todo considero que tuve mucha suerte. Y paso a explicar: 

Hace unos días me di cuenta que se me venció la receta que me hizo la dermatóloga para comprar nuevamente los remedios. La que tomo es una medicación súper fuerte y me mandan a controlarme cada dos meses con laboratorios.  Así las cosas que cuando me quise acordar me quedaban pocas pastillas y caí en cuentas de que la receta estaba más vencida que mi primer amor. 

¡Me quería matar! En especial, porque eso fue una enorme llamada de atención. ¿Cómo fue que en 30 días no me di cuenta, no tuve un momento, para cuidarme? ¿Cómo no pude dejar de correr y darme cuenta que bastaba con encargarlas y pasar a retirar? En cuanto noté que la receta estaba vencida, realmente, me enojé mucho conmigo misma. Me sentí culpable. 

Sin embargo, respiré hondo y le escribí a la secretaria de mi dermatóloga para explicarle la verdad y pedirle que por favor me adelante el turno. Me dijo que lamentablemente no podía hacerlo porque la doctora está en un Congreso en México pero que, a cambio, podía autorizarla de forma digital.  

Muy contenta, acepté y le pasé todo lo necesario. Cabe decir que necesito una receta para comprarlo porque así se vende, pero además, para obtener el descuento de la prepaga. De lo contrario, si no tuviese el descuento de mí obra social, una caja de 30 comprimidos me saldría (a la fecha) $100.000. Es decir, algo muy costoso para sostener durante un año de tratamiento.  

Finalmente, la secretaria me ayudó a resolver todo y enseguida me mandó la receta autorizada. Así como me la mandó, la reenvié a la farmacia y encargué los comprimidos que pasé a buscar hoy.  Cuando abro la bolsa de la farmacia, noto que en vez de una caja de 30 comprimidos me dieron dos. No por lo que decía la receta sino por una promoción del laboratorio. Así que, entre descuentos y un toque de suerte, pude comprarme las pastillas de dos meses por aproximadamente $54.000.  

Si, qué se yo, si me lo preguntan para mí es un privilegio poder acceder a este tratamiento porque las pastillas no son lo único que tomo. De igual manera, es un privilegio poder acceder al otro tratamiento que, en algún momento contaré, y que viene a enderezar y a hacer justicia por cuestiones que recién ahora, con 29 años, puedo resolver.  Antes, la espasticidad me tomó tanto tiempo de vida, fue tan absorbente y prioritaria aquella manera de sobrevivir en el mundo y aprender a vivir en él, que poder resolver otras cuestiones es positivo para mí. No importa si es a los 29 años lo que tendría que haber sido antes, porque hubo muchas cosas que tuvieron que pasar primero para que hoy pueda hacer cada cosita que hago. 

Con la espasticidad convivimos. Lo haré de por vida. Pero también es justo poder conocer, mejorar y sanar todas las partes de mi cuerpo que han pasado muchos años postergadas a veces por falta de dinero para todo, pero esencialmente, por no querer lidiar con más dolor. Ni físico, ni mental. Ni físico ni mental tampoco asociado al costo de esas cosas. 

No sé si ahora esté súper fuerte para lidiar con dos tratamientos a la vez porque demandan una energía y una actitud. Es mirarse, ocuparse de uno, encargarse de ir a médicos, especialistas, hacerse estudios. Controlar la ansiedad, disponer del dinero, etc. Pero entiendo que es el momento de la vida para hacerlo y hacer la inversión económica. Que es el momento que a futuro quiero recordar como el instante donde empecé a dejar de conformarme con verme "no tan mal" o "al menos no es tan grave como la espasticidad, en algún momento me voy a ocupar de esto" y puse toda mi energía y coraje en dejar de postergar. 

No sé trata solo del dinero. Se trata de poder ser la mujer que necesito ser para mí. Aquella que se cuida, que se protege y que es la propia certeza para su propia vida. Aquella que se cumple. Que le cumple a esa niña de rulitos color bronce que supe ser un día. Que le cumple a la niña simpática, charlatana, ocurrente y alegre que era yo, antes de tomar noción sobre las circunstancias que iba a tener que enfrentar. 

Acá estoy, sí. Habiendo enfrentando mil cosas y vivido miles más. Y es momento de ir cumpliendo en otros aspectos. Por mi. Para mi versión chiquita. Para mi versión actual y para la versión futura que, espero, vea estos pasos con amor. 

¿Si tengo gente que me cuida? Si. Mis padres, por ejemplo, me acompañan en ambos tratamientos de una manera más externa. Sé que si necesitara algo de ellos, estarían para mí. Pero también sé que se trata de algo mío. Y quiero llevarlo todo a mí manera. 

Al final, parece que necesitaba recordar muchas más cosas que comprar la caja de 30 comprimidos. 

Queda por acá la constancia. 

miércoles, 12 de junio de 2024

Antes que den las doce

 Hace unos días no aparecía por aquí. Los motivos son bastante obvios: estoy cansada, y los momentos libres trato de aprovecharlos para salir, limpiar o estudiar. 

Ahora son cerca de las doce de la noche. Acabo de volver de la universidad después de una clase cargada de Lógica/ Metodología aplicada a las Ciencias Económicas.  A modo de cena, mientras escribo, como unas talitas. 

Hoy ha sido uno de esos días donde no tuve demasiado tiempo para comer, ni demasiada fuerza para hacerlo. Desayuné mate con un alfajor, almorcé un sándwich rápido y merendé a eso de las cuatro de la tarde un alfajor. O sea, comí todas porquerías. 

A nivel laboral estuve mandando mucha energía a la preparación de los datos para pasar a la chica de la oficina que líquida los impuestos y cierra los balances. Eso tiene una fecha específica, lo mismo que la facturación mensual que emito , y la semana anterior se juntó absolutamente todo.  Por eso, como remanente, a veces me cuesta frenar. Y no porque no pueda, sino, porque aprovecho los periodos de afluencia de información. 

Yo trabajo y estudio como vivo, básicamente, es decir, de una manera ordenada a través de distintas estructuras. Y en mi caso, ordeno el mes de acuerdo a distintos bloques o secuencias de procesos. Para mí es muy importante acordar con las personas los plazos porque me da una pauta clara y les puedo dar plazos para que avancen en sus cosas. A menudo, verbalizo esto de una manera muy clara sea con mi jefa o con gente de otros sectores porque poner límites es la base de poder cumplir con mi trabajo. Lo hago de forma muy amable, argumentando y comprendiendo el límite del otro, pero lo hago de forma clara, expresando las necesidades que tengo sobre tiempos a considerar. Digo: "ok, ahora estoy ocupando mi tiempo en esto pero en cuanto termine, te doy una devolución". Y si, hay algo fundamental: literalmente en cuanto termino de revisar ese pendiente le mando un mail a la persona del sector el cuestión para avisarle que le estoy dando tratamiento. Es decir, trato de ser honesta en todo sentido y eso me ayuda a seguir mí propio ritmo de demanda de energía. 

Muchas veces por fechas de vencimiento de los impuestos y de la información a entregar un día X y muchas más por las otras funciones que cumplo, son días intensos. Yo antes no era así de estructurada pero este trabajo me lo exige y de a poco voy aprendiendo más sobre la gestión del tiempo. 

Si yo se que la misma semana, como en este caso, tengo que facturar todos los servicios y además tengo que terminar algunas cosas relativas a pagos de clientes, me enfoco en que salga lo más rápidamente toda la facturación para que no me corran demasiados días perdidos a nivel cobranza y mientras tanto voy cargando pagos de clientes que me llegan a veces deorsdos. Hay facturas que no puedo emitir al mismo tiempo y pagos que no puedo cargar el momento, por lo que voy jugando con esas dos tareas en función de su urgencia diaria y el tiempo que tengo como límite. Eso hace que una mitad del día se la dedique a una actividad y la otra mitad se la asigne a otro bloque.  Esa, de hecho, es mi manera más ordenada y disfrutable para trabajar. Además, los viernes, dentro del horario de trabajo, tengo las clases de Inglés de la empresa que trato de aprovechar y que valoro muchísimo. 

Pero como todo, el trabajo cansa y en épocas de pre parcial, no me asombra tener ojeras con color violeta. Por eso, trato de descansar. Aunque no siempre puedo todo lo que me gustaria, estoy tratando de hacerme pequeños espacios de placer. Junto a mí terapeuta de hecho lo estamos viendo detenidamente porque no quiero que el estrés por estar con mayor actividad me quite el deseo por las cosas que hago. 

Obvio, hay momentos donde siento ganas de no hacer nada. Y no, no es porque sea perezosa sino porque estoy muy cansada mentalmente y lo único que quiero es distraerme. Creo que ya no puedo seguir esperando al finde para hacerlo, porque noto que llego sin nada de energía. Y considero además que hay que construir una vida personal que de lugar al placer, al disfrute y al bienestar. Y cuándo digo hay no hablo de deber, en realidad, sino que hablo de que para mí es importante construir una vida personal mucho más pura y real. Un lugar donde sea yo misma, y no una trabajadora o estudiante universitaria. 

Se, de todos modos, y a esto me refiero con valorar, que todo esto que hago hoy, va a traerme muchas satisfacciones el día de mañana. Y no solo por el título universitario o por un puesto de trabajo, sino, por la épica de una vida. 

Esto es mi vida. Día a día con cada pasito me la voy construyendo. Quizá el día de mañana este en una situación económica, académica y vital muchísimo pero muchísimo mejor. Pero habrá sido por esto en buena parte, por eso valoro lo que tengo hoy más allá de que nada es perfecto y más allá de la queja lógica y necesaria por ello. También se que tengo la tranquilidad de haber dado lo mejor que pude en cada ámbito y de haber regado la plantita de los deseos de una vida mejor. 

En el fondo, uno hace como es además de como vive y siempre habrá en mi una versión apasionada. Con el trabajo, con el estudio, con la escritura, con la vida. 

La pasión. Sí. Eso me mueve. Detrás de las ojeras violetas hay pasión por crear una vida mejor y cumplir todas mis metas, sueños, proyectos y deseos. 

¿Para qué vivimos, si no? 

sábado, 8 de junio de 2024

Sábado de calma

 Hoy me tomé el día para mí. Creo que por eso amo los sábados, porque es el día de la semana que acostumbro a hacer muchas cosas distintas a las que hago habitualmente. 

Me desperté temprano pero me quedé en la cama disfrutando de ese momento. Después, me levanté y me preparé un café de las cápsulas de Starbucks at home que son una maravilla y que conseguí con un 50% de descuento en su momento. Fue un mimo que me di. Lo necesitaba. Y hoy fue otro mimo poder sentarme a tomar ese café tranquila.  

Terminé de desayunar y me di un baño para empezar el día al cien. Veinte minutos minutos después, estaba en el segundo o tercer paso de la rutina post ducha. 

Cuando terminé de bañarme me maquillé y salí a hacerme los pies. Una vez por mes aproximadamente me toca hacerme un servicio en los pies que aliviana algunas pequeñas consecuencias de mí manera de apoyar los pies por la espasticidad.  El servicio de pedicuría no es algo agradable para mí en lo personal, porque no me gusta que me toquen los pies, pero sé que es necesario y que es por mi propio bien hacerlo. Entonces, lo transito pese a que es algo que realmente me cuesta. El color que elegí para llevar en mis uñas fue un tono champagne muy delicado y pensar en eso mientras mi podóloga trabajaba y conversábamos de la vida, me ayudó a sentirme mejor. 

Cuando salí del servicio de pies, aproveché para ir a buscar unas cremas para el cuidado de la piel que encargué. Para eso no tenía apuro, pero preferí ir a buscarlas hoy para no dejar pasar la oportunidad de resolverlo. 

Finalmente, en cuanto terminé con esa secuencia, me fui hasta lo de mi hermana para ver a mis dos pollitos, es decir, a mis sobrinos. ¡Cuánto los extrañaba! Antes, pasé a comprarles un cubanito Havanna para cada uno porque les encantan. 

Mi sobrino mayor me espero en la puerta y me dio un abrazo de esos que son demoledores. Lo llené de besos a él y a mi sobrino más pequeño que aunque diga poquitas palabras aún sabe afortunadamente que soy su tía y me regala gritos de felicidad y risas.  Durante toda la tarde jugamos. Miramos parte de un musical de Matilda, dibujamos, y nos sacamos fotos de recuerdo. Me sorprende verlos a ambos tan grandes, mimosos, lieros y cariñosos, pero aprovecho todo con ellos. Aunque se trate de juntarnos a merendar en su casa un sábado húmedo a la tarde. 

 Realmente, si bien fue un día largo, porque llegué a casa cerca de las 21.30, fui feliz estando con los nenes. Mis sobrinos me despidieron hasta la próxima con un abrazo. Yo con un los amo, portense bien, nos vemos pronto. Volví renovada emocionalmente y con anécdotas graciosas que me guardo en el corazón (aunque suene cursi). 

Creo que lo mejor de ser tía es este balance entre poder hacer cosas para uno, y tener ese ratito para dedicarle a la calma y al descanso y al mismo tiempo tener la posibilidad de recibir un amor tan sincero y especial como para mí es el que me dan ellos. 

Ahora mientras escribo, me relajo un poco más. Fue una semana movida. La semana que viene si bien no tengo parciales dentro de ella, sí debería ponerme a estudiar para los segundos. Pero es eso: la semana que viene. 

Si vuelvo a este momento todo es más simple: existe la calma. 

jueves, 6 de junio de 2024

Maria Ansiedad

Estoy MUY ansiosa últimamente. El mes pasado fue un gran disparador para mí y este mes, de no parar,  va tomando el mismo cauce. 

Cambios en el trabajo, parciales, jornadas largas de estudio, presentaciones con fecha, mucha tensión y muchas maneras distintas de canalizar esa emoción: comiendo mucho o nada, comprando, apretando los dientes, siendo incapaz de conectar con mis emociones. Corriendo. Siempre. A algún lugar. 

Lo siento en el cuerpo: estoy inquieta, acelerada, pensando en el futuro todo el tiempo. Pensando en lo que no tengo, en cómo hacer más de lo que hago, cuando en realidad debo pensar cómo bajar la autoexigencia. 

Y principalmente, naturalicé este estado. Me acostumbré a estar así, todo el tiempo corriendo de un lado a otro. 

¿Pero por qué digo esto? No por nada superior o legendario. Sino, porque es un recordatorio de las cosas que tengo que trabajar en mí. 

Cómo primera medida, me voy a meditar un ratito antes de dormir. Quizá me da algún resultado positivo a la hora de gestionar estos estados y se vuelve una herramienta que me hace sentir mejor. 


lunes, 3 de junio de 2024

Mi bebé gatuno 🐱

Hoy llegué a casa después de facturar en pesos, dólares y euros. Con la cabeza explotada, el cuerpo cansado y la espalda dura. Facturé servicios de todo tipo con códigos, claves, detalles... Es de las jornadas más movidas en el mes, por el nivel de exigencia y concentración. De ahí que sea menester manejar bien la ansiedad y la idea de las multi monedas. Dólar oficial billete, dólar oficial divisa, dólar MEP, pesos, euros... 

Todavía no logro salir descansada de ese proceso. Quizá porque es lógico aunque el día de mañana lo sepa hacer con los ojos cerrados. Quizá sea imposible no cansarse. Lo que sé es lo que siento. Y me cuesta reconocer en días así como me siento. Caigo en conductas destructivas. Me pongo ansiosa. Quiero comer de todo. Quiero comprarme una vaca floreada. Quiero terminar todo ya. Es decir, quiero todo para no caer en la nada del tiempo ansioso que muestra una nada como si fuera un abismo. 
 
Cuando entré a casa, luego de un día de sostener mucha ansiedad, mí gatito me recibió con los ojitos chinos de sueño. Estaba durmiendo en mi cama como suele hacer. Lo besé todo. Lo acaricié. Agradecí que no pasara frío. Me alegré de verlo. Le dije veinte veces hola mi amor, como si me pudiera comprender. 

Después de escuchar un ratito de una clase de la facultad, me acosté a su lado. Él apoyó su cabeza en mi frente, justo donde me dolía. Sonreí muerta de amor. Me quedé un ratito más a su lado pero acariciándolo. Y cuando lo pidió, mimándolo también. 

Esto es lo mejor del día, si, este momento de reencuentro con él. De hecho, ha sido lo mejor de este día dónde me levanté muy temprano, viajé una hora y quince en colectivo hasta el trabajo y morí de frío porque el colectivo no tenía calefacción. Por suerte me había abrigado pero lo que tiene la ropa de oficina que uso ahora es que no se caracteriza por abrigar. Más bien, es bella pero no siempre gruesa. Así que, por eso, me puse capas y capas. 

Luego de pasar por todo este día, claramente, pensar qué linda es la vida con un gato parece inevitable. En la cima de mi gratitud con la vida, está este bigotudo de cuatro patas con olor a príncipe. 

sábado, 1 de junio de 2024

La fortuna

 Hoy fuimos con mi mamá al shopping nuevamente. Es así: o no vamos juntas en ocho meses o vamos dos veces en el mismo mes. 

El motivo de nuestra visita fue simple: la semana pasada le compré de sorpresa un cinturón de cuero porque le hacía falta y porque jamás en su vida había tenido uno de ese material; pero, lamentablemente, no acerté en el talle del cinturón. Yo sabía que esto me podía pasar, entonces, al momento de elegir el envío seleccioné el retiro en un local de la marca que está en el shopping. Y así, terminamos paseando otro sábado juntas. 

Lo malo fue que mi mamá consiguió que el cinturón más grande que había le quede muy muy justo y no pudo ser de esa marca que le gusta mucho. Lo bueno es que pudo conseguir de su talla y preferencia en otro local también muy coqueto. Eso implicó que yo me cambiara el regalo por algo para mí, como había sido pedido de mi mamá en caso de que no le fuera y que buscáramos uno nuevo. 

Antes de volver a casa, pasamos por Chango Mas que está dentro del shopping a llevar algo de comer para la cena. En eso estábamos cuando de pronto, encontré mí ganga. La ganga del año, diría yo. Vendían calzas deportivas de una marca que conozco con 60% de descuento. Una en mi talle estaba 23K con ese descuento y otra estaba 10K en un súper descuento porque qudaban las últimas. 

Si, en el supermercado. Calzas lindas, de pierna entera Una negra y otra gris, dos modelos diferentes. Lo que venía necesitando y en lo que no quería gastar tanto en este momento. Es decir, la ganga del año.

 Creo sinceramente que hice un buen negocio. No fue algo asociado a la ansiedad sino que pasó por un análisis previo porque estaba conectada al disfrute y al merecimiento. Entre las dos, gasté la módica suma de: 33K. Así que duren lo que duren, me parece que se justifica frente a los 90 o 100K de una calza Nike que las amo. Las elegí a ojo, eso sí, porque conocía la marca y porque conocía medianamente los talles. De todos modos, me dijeron que tenía chance de cambiarla, aunque no hizo falta, porque me fueron bien. Y me gustó como me quedaron, también. 

Mi madre se reía cuando me vio que andaba como una loca con las calzas en la mano recorriendo el supermercado, pero confié y las llevé. Nunca antes me había comprado ropa ahí, es cierto, pero esto fue un análisis de mercado en si mismo. Y resultó positivo. 

Al margen de la anécdota, es bueno pasar tiempo con mi mamá. Para mí es muy importante poder sacar un espacio de calma. De distinción, de claridad mental. También, le compré un regalito a mi papá por el Día del Padre y se puso contento con eso porque le regalé cosas que le vinieron bien. 

No sé si sean los mejores regalos, los más caros o grandes. Pero son regalos con mucho cariño, y una forma de hacerlos sentir tenidos en cuenta. Escucho sus necesidades y trato de hacer un regalo con sentido para aflojar un gasto. 

Quizá el día de mañana pueda hacerles a ellos regalos muchísimo mejores pero soy consciente de que los tengo presentes hoy, de que puedo hacer esto ahora, de que esto es un gesto de amor para el presente y que eso alcanza. 

La fortuna no siempre es tener mucho dinero. Yo hoy tuve un montonazo. La suerte de tener padres que reciban estos regalos y la suerte de, entre otras cosas, poder comprarme mis calzas en súper descuento. 

Así que, me duermo agradecida.