viernes, 29 de abril de 2016

Decantacion

Con Fulanito empezamos a hablar, hoy, hace exactamente... ¿dos? ... si, dos meses. A estas alturas me gustaría poder decir sin remilgos que la estoy pasando muy bien al lado de una persona que, con sus 24 años, da muestras de ser gente a cada paso. Y me gustaría decir que me encanta pasar tiempo con el, hablar de idioteces cuando los dos podemos, compartir los nervios previos a un parcial, charlas sobre lo odioso de su jefe o sobre cuanto me tardan a mi los medios de trasporte publico. O, no lo se, me gustaría poder describir lo lindo que se siente cuando es afectuoso, lo cómoda que me siento con su afecto... Pero no, con Fulanito, las cosas son de otra manera y, que novedad, me cuesta entender cual es ese modo de ser. Se me aparece como un tipo muy desconcertante o al menos, cuando no sabia que pensar al respecto, era un motivo para sentirme asi.  

Al principio yo tenia mis prejuicios, claro, porque conocer un masculino por redes sociales con este tipo de intenciones - al menos para mi - fue animarme a hacer algo que considero bastante suicida. No me pasa en otros rubros, porque por la facultad o actividades culturales hay personas a las que solo vi una vez, pero, pese a todo, tengo en mis redes y eso no me genera inquietud como en el caso de este joven contemporáneo. 


A pesar de que me de vergüenza decirlo yo no les entiendo la dinámica de las relaciones a los jovenes, a pesar de serlo y de ser inclusive mas joven que Fulani por algunos años.  Y esto, aunque se lea gracioso, no es un detalle menor. En el terreno donde toda persona de mi generación se siente como pez en el agua, a mi me da la sensación de estar metiéndome en un terreno que, si bien me corresponde etariamente, no me hace sentir cómoda del todo. Sin embargo, aun con prejuicios, o mejor dicho, con miedos, me dispuse primero a hablar y bueno... El resto, es sabido. Cuando lo vi no puedo decir que me deslumbro pero si me que me interese, me sentí mas cómoda de lo que esperaba; etc. Esto, entre todo lo que cabia esperar para una salida, me parecia lo mas justo y lo que me hacia sentir mejor.  En la salida, la pase bien con el.  A partir de ahí pensé que, quizá, en una de esas, en algún remoto punto del universo, la suerte y en especial el interés ajeno irían a estar de mi lado.  Fulanito calmo su ansiedad en querer saber 21 años de vida en un tiron y eso me hizo sentir tranquila para contarle ciertas cosas. Tanto como el puso, puse yo, e incluso, un poco mas, para que se sienta tranquilo. 


Parecia que todo iba bien... Hasta que, dirian mis conocidos, se asusto. Y toda buena referencia que podría haber acumulado en mes y medio, se diluyo. Se diluyo habiendo incluso acordado, como acordamos en todo, que lo que no se mantiene, se diluye, a la larga. 


¿Cuales son los fundamentos para esta postura de susto, contra la que yo rebato la hipotesis de que no le importa nada? Segun sus dichos luego de vernos, se sorprendió para bien; insistio en esto varias veces y resalto que lo dejo pasmado mi coherencia para hablar tanto, de cosas tan variadas, de una forma tan certera. Su prejuicio por la gente mas chica estuvo bastante alerta hasta reconocer que, en poco tiempo, le habia abierto los ojos respecto a muchas cosas, entre otros dichos. No se aburrió, eso también me lo dijo. Le resulte mucho mas linda de lo que se esperaba, me confeso.  Y cuando yo pensaba que iba todo por una buena senda y cuando pensaba que el haber encontrado a una persona joven como el, quiza no era una simple casualidad... Macanas. 

Porque Fulanito, despues de charlas, despues de vernos, despues de que me hable todos los santos dias desde hace dos meses, no tiene la clase de iniciativa que hace falta, en términos de este tipo de relaciones humanas, para darse. A Fulanito, voy a confesarlo, no se que le pasa. No se si esta asustado, en otra cosa, desinterasado o con problemas de autoestima... No se, y en este no saber, me colmo la paciencia. 

He hablado con el, y le he dicho que las cosas salían mejor si se hablaban. El me dice que si no nos vemos, es porque no me quiere molestar. Yo le advierto que no le estoy haciendo ningún favor en verlo, que es cuestión de predisposición mutua y que no me molesta. El me dice que entonces quiere verme, pero... Macanas, por vez numero dos. Es evidente que esta esperando que yo le diga, señoras y señores, cuando salir y cuando no, cuando lo unico que me encargue de resaltar desde que nos conocemos, es que me gustan la doble participación en los vínculos. Es decir, no vivir siendo la persona que quiere y que el otro viva siendo aquel que solo se deja querer, como si le cayera una lluvia finita en la cara. Si todo lo tengo que hacer yo, ¿de que clase de gestos, momentos, intereses, hablamos? 

Y esto, es en general. A mi mejor amiga, hace seis años que salimos todas las semanas a merendar, al cine, a comer, lo que podamos; y nos ponemos de acuerdo como si fuera el primer día donde lo hicimos por fuera del grupo y consolidamos nuestro dúo. Me importa que el otro participe, no soy lider nata en ningún vinculo y no me sale, ni aun pudiendo, subordinar al otro. Me interesa saber lo que le gusta, lo que quiere o lo que no le interesa; no reparar siempre en lo que quiero yo.  Como también quisiera que el otro se interese por mi. Nada exagerado, claro, sino algo que me demuestre que no estoy sola en el medio de la nada. El sentir la presencia, el compartir un café, el detalle tonto, esas cosas, no pido mas. 


¿Como se construyen las relaciones humanas, si no es de esta forma? 


Y sin embargo, parece ser que hoy en día es siempre mas fácil dejarse querer mansamente que querer, que estar expuesto al querer - al sufrir, al arriesgar, al perder, al ganar mucho - y cuesta mucho correrse un poco de ese tópico egolatra como es pensar solo en ser querido. 


Codicioso de sus espacios y sus tiempos, yo canjeaba el mio si del otro lado veía interés genuino y no una mera ronda de preguntas, a la manera policial. Lo único que nunca perdió Fulanito es esa pericia para hablarme todos los días, haciéndome sentir una plantita regada, pero nada mas.  En general, el es esto. Es la persona con la que puedo hablar si estoy aburrida, si me siento sola o estoy agobiada con la rutina, pero nada mas. Nada mas, simplemente, porque yo no quiero ser una plantita y porque, a partir de ahora, si no ponen por mi, tampoco voy a poner por nadie que no merezca la pena. 


Palabras como miedo, entramadas a un hombre, no las puedo volver a escuchar, no las puedo volver a vivir, ni por asomo. Por ello, lo único que me queda hacer es todo cuanto no considere a tiempo - por haberme enamorado - la vez anterior.  Quizá el miedo de El estaba mas "justificado", pero con Fulanito hemos hablando de estas cosas y, le he dicho que estábamos los dos bajo el mismo desconcierto, que era cuestión de ir viendo con calma y de no hacer demasiadas demandas a futuro, que podia estar tranquilo, que no lo iba a moder.  


Mis palabras, para variar, no han servido de nada en ninguna de las dos oportunidades. Parece ser que el hecho de sacarle el miedo a los otros es algo que no pasa solo una vez. Pero tambien parece que nadie piensa en mi miedo. ¿Y si no pienso yo misma, respecto a como cuidarme, quien? 


A su forma, Fulani tambien me enseño cosas, tambien me abrio los ojos con su pasividad.  Quizá no las que yo imaginaba ni las que parecia querer aplicar conmigo. Pero, al final, parece que la vida de eso se trata. 


PD: pido disculpas por no usar los acentos que corresponden, pero no cuento con ellos en este nuevo teclado desde el que les escribo y recien cuando pueda editar la entrada desde otro soporte, los arreglare. 

jueves, 28 de abril de 2016

Observaciones mundanas III

- Bonita, decime - me interpelo. 
- Hola. Quería un café con leche grande, por favor - le pedí el muchacho del bar. 
- Dale, bonita - me dijo de nuevo y yo senti como me iba poniendo colorada porque alrededor mio había al menos tres hombres, mayores que yo por amplio margen, que pusieron los ojos en mi metro sesenta como buitres en cuanto se reiteró el bonita. Mire para mi izquierda en busca de desenfocar hasta que me diera mi pedido, cuando uno de los que esperaban también su café, me hizo una sonrisita picara y asintió con la cabeza.  Definitivamente acordaba o eso me pareció, así que no me quedo otra que mirarme las botas y mirar, allá lejos, las noticias de la televisión. 

- ¿Puede ser para llevar, por favor? - me avispe, porque el bar estaba repleto y no iba a conseguir asiento. Además, lo meior, era irme.  
- Dale, no hay problema - me extendió la tapita. 
- Gracias - musite. 
- Gracias a vos bonita, que te vaya bien - me despidió y de la vergüenza, apoye el cafe en una superficie cercana, para ponerle la tapita sin ser vista por ese grupo de amables señores entre treintañeros, cuarentones y cincuentones, todos mezclados. 

- Puta que lo pario - susurre, a medida que empujaba la tapita de plástico que a esa altura, no tenia mejor idea que no encastrar. Mis dedos, duros de frío, no ayudaban.  Finalmente pude, aunque pagando el precio de que la espuma se me fuera un poco por los costados. 
- Qué lastima, lo aprestaste demasiado - me dijo, otra voz masculina de otro señor, que miraba atentamente mi accionar. 
- Parece... - lo mire, y seguí trajinando para poder llevarme el cafe cuanto antes y recluirme entre los yuyos, a ser posible, para poder tomármelo en paz. 
- Si fuera por mi te lo cambio - advirtió. 
- No hace falta, este se puede tomar - lo corte en seco y sonrió.
 - Hasta luego - dijo y yo empujé la puerta del bar, notablemente incomoda. 

<<Espero poder sentarme >> me dije, mientras iba caminando hacia la biblioteca, por el campo universitario, con el café en una mano y el morral colgado en la otra esquina de mi cuerpo, lleno de fotocopias y libros para leer en tiempo récord. Estaba muerta de frío y lo único que quería era conseguir cupo en la biblioteca para adelantar lecturas en la infinita lista, antes de entrar a mis clases y despedirme de la luz del dia, para después llegar a casa cerca de las once de la noche y saberme con el deber cumplido. 

Mi esperanza se concreto en una mesa larga en el salón central y en cuanto apoye el cafecito sobre la madera sintética, los ojos del otro ocupante de aquel espacio con cuatro patas, me examinaron. <<Que tal >> dije, por mera formalidad, sin simpatía, y me senté en silencio mientras iba sacando los apuntes de mi bolso y azucarando el café, rogando no hacer un enchastre, porque soy especialmente torpe cuando me siento especialmente observada y la situación anterior acababa de exponérmelo, por si me había creído otra cosa.  

Creo que iba por la tercera o cuarta hoja de mi lectura compleja y pesada, cuando el otro ocupante de la mesa me interrumpió con una pregunta que, obviamente, no tenia interés genuino.

- ¿Rendís Derecho ñmsms? - me dijo y yo me lo quedé mirando confundida, porque estaba segura de que había visto el nombre que titulaban a las fotocopias. 
- ¿Cómo? - lo miré. 
- Si vas a rendir Derecho... 
- No, no estudio Derecho. Soy de la otra facultad - le dije y bajé la cabeza, mientras tomaba un poco de café, para evidenciarle mediante el lenguaje corporal que no tenía ganas de hablar. 
- ¿Qué estudias? - preguntó. 
- Letras - le respondí, austera, apropósito. 
- ¿Y eso, que es? - me dijo.

 Otra vez, respondi con lo justo y se adentro en una conversación casi suya, sin que se lo pidiera. <<Este pesado, lo único que me falta es que me quieran levantar en la biblioteca, dale >> me dije, en un rapto de fastidio, porque es como si tuviera un cartel de "vieja joven " en el medio de la frente y eso no fuera excepcional en los terrenos de las bibliotecas universitarias, de los bares universitarios, entre otros rubros.  <<Necesito terminar con esto >> pensé, tan fríamente mirando mis fotocopias y empece a ser austera en la conversación, cada vez de forma más descarada.  No tenia ganas de conversar después de lo del bar, no porque sea una asquerosa de primera o porque me crea la piba de veinte años mejor dotada del mundo; sino porque  simplemente, hay días donde lo único que quiero es que nadie me mire, me hable o me diga nada dado que eso me dispara ciertas asociaciones y como preciso tener la cabeza enfocada, a veces no conviene tener siquiera espacio para la vergüenza o los recuerdos.  Y menos, si ellos volvían por culpa de un interlocutor a medias canoso, que me hablaba de política y no sabia en que se podía aplicar mi carrera, dado que como futuro abogado penalista, al parecer, eso lo eximia del hacerlo. 

No es que tenga nada en contra de cierta generación, al contrario, pero este ultimo martes estaba muy atareada y no quería recordar la frase de Él: <<no te puedo dejar solo un minuto, porque te comen los lobos >> referida a este tipo de cosas, de parte de los hombres que eran contemporáneos a él, más chicos, más grandes, etc. No quise seguir pensando que no, que nunca fue tan fácil todo, y que de su boca hubiera resistido gustosa todas las mordeduras. 

En ese instante, manoteo mi celular y, pese a que me agotó, le escribo una idiotez a Fulanito. El hueco parece próximo a abrirse para emanar recuerdos felices, que son al a vez dolorosos, referentes al pasado y no quiero... Me siento una escapista, pero no me importa. Me entran ganas de hablar con alguien para quien no soy Caperucita Roja, acosada por un lobo feroz. Fulani responde con su habitual manera y sonrió, levemente, como si fuera otra persona. 

Cuando entro a clase y me encuentro con mis compañeros, apenas me siento un poco mejor. Eso tampoco importa; estamos a minutos de empezar un teórico así que acomodo mi cuaderno y comento con los chicos el corazón del texto indicado para la clase, minutos antes de que la docente entre al salón. 

jueves, 21 de abril de 2016

Observaciones mundanas II

Esta toda la suerte tirada de los pelos, cuando son las 3:30 de la madrugada y te descubrís analizando oraciones bajo los preceptos de la gramática española como si no hubiera mañana.  Lo raro que es sentir, por un instante,  que volves a tener ocho años, tu mama te levanta de la cama y te pone a hacer oraciones solo con sujeto y predicado, para que te vaya bien en la prueba. Aunque cuando caes en la cuenta eso quedo atrás y con veintiún pirulines estas procurando aprender todo cuanto no te enseñaron en el primario y secundario, para poder respaldar tu educación universitaria. 

La nena al parecer salio disciplinada, pensas con un poco de gracia, frente a tan dulce néctar de la juventud; placer de los placeres, como son las oraciones de siete niveles de análisis que te mandaron para "practicar" desde la facu. Muy entrenados ellos, toda tenacidad y aptitudes para los desafíos, vio. 

La buena noticia es que creo que ya encontré la forma de dejar de sentirme tan sola los sábados por la noche como también encontré el modo de hacer valer las oraciones carentes de alma - pero no de núcleo - de Fulani. Este ultimo  para otra entrada, definitivamente, pero si algo tengo que reconocer es que,  pese a que sus dichos se me han aparecido como signos de estupidez humana, también son  buenos ejemplos no solo de análisis sintáctico. 

"El chico, Fulanito de Tal, agoto la paciencia ", seria la oración que se me viene a la mente. 

Juguemos un ratito, entonces: 

El chico, Fulanito de tal, constituyen el sujeto. 
Agoto la paciencia, como un bodoque, forma el predicado verbal simple.
El, es el modificador directo. 
Chico, es el núcleo sustantivo del sujeto. 
Fulanito de tal, al estar en el sujeto y asemejarse a una aclaración que puede ser reemplazada por el núcleo sustantivo de este sujeto; es una aposición, y tengame paciencia, que todavia no aprendi si eso se analiza por dentro. 
Agoto, es el núcleo verbal. 
La paciencia es el objeto directo. Puede ser reemplazado por la, las - lo, los. 
A su vez, paciencia es en núcleo verbal de dicho objeto directo y, por ultimo, la, viene a ser su modificador directo.

¿Lindisimo, eh? 

martes, 12 de abril de 2016

Observaciones mundanas

Después de dos semanas de haber iniciado un nuevo ciclo universitario, de haber pasado a segundo año de mi carrera, de estar entre futuros colegas y profesores apasionados por lo que dan, llegue a poder formular ciertas observaciones mundanas respecto a un mundillo particular, o no tanto, como es el de quienes estudian lo que yo. 

Hay mas desesperación por los libros en papel que por el agua como recurso natural agotable y no renovable. Hay reticencia a los PDF por el riesgo que implica saber que, al cabo del cuarto año leyendo demasiados libros por materia por fuera del material teórico, nos vamos a quedar mas ciegos que Borges. Hay sed de conocimientos de antaño, pero complicaciones para conseguir ediciones, casi casi, anteriores al Big Bang. Hay necesidad de tiempo para leer, pero carencia del mismo por saber que se esta leyendo el ultimo texto que nos mandaron para la clase anterior.  Hay un fuerte deseo de días que ocupen 34 horas, porque esas diez servirían para intentar estar al día. 

Hay profesores pedantes que, inevitablemente, pretenden que sepas mas de lo que podes. Hay profesores amables que te hacen sentir y querer cursar su materia por siempre. Hay quienes te leen en voz alta dejándote volver al colegio, con esa maraña de sensaciones tan particular que atañe, esta vez devolviéndote la magia que te producía el que tus maestras te leyeran tus primeros cuentos así, también en voz alta. Hay quienes, leyéndote así, te hacen entender por que estas ahí, haciendo lo que haces, mas de diez años después. Y sonreís mucho, porque por un momento, recordas una de las sensaciones mas plenas de tu niñez: la posibilidad de abstraerse de todo y amar la literatura sobre todas las cosas. 

Hay docentes que explican como si les doliera la panza y otros como si les doliera no hacerlo. Hay gente que se cree mejor que García Márquez y, otros, por el contrario, se sienten tan rata de biblioteca como yo. Hay docentes que parecen salidos de uno de los tantos cuentos que analizamos y les falta una pipa y un te ingles a las cinco de la tarde mientras que existen otros, que asocian la literatura con el movimiento hippie y asocian también esta modalidad "let it be" a la organización de sus clases.  

Hay alumnos mas humildes que otros, quienes no buscar competir sobre lo mucho que han leído -uy, si, obras completas de autores rusos complejos - sino mas bien disfrutar y enamorarse de todo cuanto pueda esperarles para leer. 

Hay, sin embargo, algunos comunes denominadores, que se erigen como consecuencia de la falta de tiempo, la cantidad de dinero que se destina en fotocopias o copias de libros, y el exceso en la demanda de las mismas: ni alumnos ni profesores, siquiera ayudantes de cátedra, se salvan de ser atrapados por esta carrera. 

Paulatinamente, se van olvidando como se siente el sabor de una cerveza con amigos y la confunden con el conjunto de palabras que forma dicha sensación; ir a tomar una birra con los muchachos no es un fin, sino una oración analizable bajo las reglas de la gramática española. Progresivamente, van olvidándose también a que se refiere la gente con salir un sábado por la noche, un viernes a la noche, un lunes por la noche. Progresivamente van cambiando sus afectos por la media docena de cuentos y artículos de y sobre Gogol que tienen que llevar leídos para el DIA siguiente.  Ya no especulan con una noche romántica, una noche de pasión alevosa o simplemente, una noche haciendo "cucharita" con un muñeco de peluche, tan siquiera. Se especula, en momentos como esos, como hacer para que nazcan en el lado trasero de la cabeza otro par de ojos o se trajina respecto a como se podría suministrar energia via pen drive, además de todo el programa, si es que hay espacio.

Sin embargo, puedo asegurarlo, se vive. Haciendo malabares, claro, y leyendo hasta cuando te estas durmiendo, pero se vive. Se vive haciendo lo mejor que se puede, usando como nafta esa sensación de disfrute que conviene alimentar. Se deja de lado los pedidos de los profes, se asume el axioma fundamental de que cada uno hace lo mejor que puede, y se mira siempre para adelante. 

No hay nada tan terrible ni tan falto de soluciones, me dije mucho durante estas dos semanas. El resto, es aprovechar el privilegio de estudiar como si no hubiera mañana, lo cual, en cierto modo, es un poco verdadero, cuando te mandan novelas de cuatrocientas hojas, así, como para pasar el finde, vio, y no aburrirse. 

Les dejo lo que, seguramente, será solo la primera entrega de "Observaciones mundanas". Y aclaro, todo lo anterior ha sido escrito con humor y amor. 

¡Nos leemos prontito!

domingo, 10 de abril de 2016

Ahora

<Mirá qué fenómeno, eh, justo ayer estaba pensando en vos y hoy me escribiste... >> me dijo... El mejor amigo de Él.  Sí, ese con el que se conocen desde hace exactamente veinte años y  con el que yo empecé a tratar, al ser del mismo grupo social, sólo hace tres.  Ante su dicho, apelé a la normalidad y le escribí disculpándome, a medida que le explicaba el motivo de mi contacto a las once y pico de la noche cuando él dormía, para dejar en claro las pautas del trato. 

<<No quiero quilombos ni averiguaciones >> pensé, mientras lo hacía, porque en su caso es importante que entienda los límites de un trato que cambió una noche donde le puse los puntos, sobrepasada, y toda esa fortaleza de carácter quedó reducida a ignorarnos un par de meses, antes que se fue abriendo camino nuevamente, aunque de mi parte, con la desconfianza latente.  La misma desconfianza que vuelve cada vez que siento que lo mandan a modo de corresponsal a mi vida. 

En el pasado, pensó que la calentura nos nublaba las ideas a su amigo de toda la vida y a mí y actuó celosamente como si todo aquello que pasaba, que le pasaba a Él, le molestara. Yo solamente lo entiendo ahora, una vez que pasó tanto tiempo porque mientras estaba en el ojo de la tormenta, pensé que era una mera cuestión de prejuicio. Hasta que mi recelo se afirmó una noche, yendo para un evento, donde me dió un chocolate que me había comprado y me contó una historia. 

En esta historia, esta especie de mensajero casi invisible entre los dos, alguna vez fue tan joven como yo era cuando lo conocí a Él y alguna vez también amó de la misma manera arrebatada en que yo lo amaba y alguna vez tuvo que separarse de esa persona pese a tener muchísima piel.

- ¿Alguna vez te enamoraste, vos? - recuerdo que me preguntó. 
- Alguna vez, sí ... - le dije. 
- Yo también me enamoré mucho una vez... - empezó, y lo relató como viajando en el tiempo aunque, haciendo las cuentas, pasaron más de 35 años de esa historia.   Para hacerlo más florido,  dijo, que no sólo que nunca había vuelto a sentir una cosa semejante sino que jamás había habido, tampoco, un momento de intimidad tan pleno como los que recordaba tener con Ella. Su Ella; su Ella inalterable, treinta y cinco años después, incluso con la magnitud que representan treinta y cinco años en la vida de una persona. 

De ahí que viniera a esgrimir una postura moralista fue una de las tantas cosas que no pude perdonarle. Y pese a que me diga, incluso hasta el día de hoy, que me apoyaría si yo tengo una relación con notoria diferencia de edad, que sería el primero en no cuestionarme, yo no puedo creerle. Y pese a que no es importante que le crea, me asombra la necesidad absurda de ir allí, donde duele, si jamás me encargué de manifestarle el dolor en estos casi dos años por las cosas perdidas y jamás fuí a pedirle opinión alguna sobre cuestiones de las que, en todo caso, refieren a la suerte y al azar, no a una búsqueda deliberada.  
En este estado de las cosas llegamos al presente donde mi falsedad es tan autónoma y su necesidad de saber de mi vida tan idiota, que todavía conserva la decencia de decirme que estaba pensando en mí. Y el hecho que lo haga, siempre tuvo un sentido claro de mi parte, que recientemente, se está volviendo brumoso. ¿Por qué? Porque no aplica, y porque además, con el tiempo de personalidad que tiene, es extraño que parezca estar dispuesto a tolerar los desaires de una tipa joven, que bien podría ser su hija, pero que no lo es. Y no solo porque no aplica dado el tipo de relación que tenemos, o porque sea extraño dado su carácter, sino porque pregunta cosas demasiado específicas, como si respondiera a un fin particular. Y para mí no existe tal fin particular. 

<<¿Nunca pensaste que este tipo podría estar interesado en vos, y por eso se encargó de llenarle la cabeza a Él en su momento? >> me preguntó mi amiga, hasta hace poco, cuando volvió a reaparecer después de mucho tiempo - incluso viéndome - con preguntas puntuales, muy puntuales. <<¿Envidia? >> me digo, y no puede ser, es totalmente... improbable, extraño, cínico, además. Pero si me corro del foco y pienso que los celos pudieron haber estado orientados siempre a la oportunidad y no a quien la daba, es decir yo, eso cobra un poco más de cuerpo. 

Hasta hace un tiempo, me habló en plena madrugada para saber si estaba saliendo con alguien y cuando yo le expliqué muy desamorada que estaba hablando con alguien - que no era Fulani, en ese momento - lo único que atinó a preguntar fue cuántos años tenía.  Más adelante, semanas después, volvió con ganas a resaltar el hecho de que suelen gustarme los tipos más grandes, como si eso fuera un rasgo eliminatorio.  Y lo que terminó por convencerme de que su espina rara no tiene ni pies ni cabeza, ocurrió durante la semana, el mismo día después de ese dicho, donde tuvimos ocasión de vernos por compromisos en común. En cuanto llegó me avisó que me dejaba con un ancianito amigable que acababa de presentarme y corrió a estacionar su auto. En eso estaba cuando se acercó un treintañero, que primero empezó a hablar con el abuelito y después se quedó al lado mío, sentado, mientras conversábamos un poco e intercambiábamos datos de contacto por otras gestiones e intereses culturales en común. 

- Ya estacioné - me dijo, mientras lo miraba al treintañero y se presentaba, acaparando el espacio - ¡Hola! Yo soy... - empezó a decirle y la charla se tornó extensa, con lo cual, yo me fuí a hablar con otra compañera con la que necesitaba definir cosas. 

Salí del lugar cuando el evento terminó, a las corridas. Estaba llegando tarde a otro lado, y de casualidad, El amigo en cuestión me alcanzó de camino a la salida. 

- Vamos, que yo también salgo - me dijo - ¿Estás llegando muy tarde? 
- No, pero si pierdo el colectivo, estoy jugada... 
- ¿Dónde lo tomás?  - siguió, hasta que una voz resonó desde atrás - Yo tengo que llevar a ... - empezaba a explicarme. 
- Chau, *** - me dijo el treintañero - Ya te envié la solicitud, así que después hablamos y te muestro un par de cosas. Avisame sobre lo que me dijiste vos, me encantaría participar - agregó, y yo me frené por un segundo. 
- Dale, no hay problema - lo corté un poco en seco, por la incomodidad de la situación y el apuro - Después hablamos mejor. Igual gracias por todo. Nos vemos, me voy que estoy un poco apurada... - dije y seguí caminando a paso firme junto a este tipo, el amigo, el hermano postizo, de Él. 

- Sos terrible, eh - dijo. 
- ¿Por? ¿Qué pasó? - no lo miré, concentrada en no llevarme nada puesto. 
- ¡Porque te lo levantaste a este también, otro más! A cada lugar que vamos te levantás a uno distinto, no se te puede dejar sola, no te puedo dejar sola, que ya... - esgrimió, mientras yo dudaba.  
- ¿Qué decís, ***? - murmuré, sacudiendo la cabeza, restándole importancia. 
- Sí,  sos terrible, los volvés locos a todos - añadió. 
- No seas sonso, por favor - seguí caminando sin mirarlo a la cara, porque pese a que me espero cualquier cosa de este señor, a mí todavía me sigue asqueando la hipocresía. 

Y a colación de una conversación que tuve con Fulani, y en relación a esto también que me gotea como una canilla rota en la cabeza, llegué a la conclusión de que lo único que quiero al lado mío es una persona que sea buena y que entienda. Gente que no me deje todo por entender a mí, sino que se juegue del mismo modo. Deseo una persona al lado mío de esas que que se dan cuenta que siento, que yo también siento, que a mí también me duelen las cosas y que pese a todo ese conglomerado de maquillaje, ropa y pericia para hacerme las manos; lo mejor que puedo dar está lejos de la superficie cotidiana. Deseo no tener que denotar valor, sino más bien, sentirme valorada, sin importar otra cosa. Quisiera no tener que abrir más ojos, sino que de por si la gente con la que la vida me cruza, si es que se interesa por mí, pueda demostrármelo y en todo caso yo me dedique a corresponder como también a demostrar, cuando sea necesario; pero jamás a abrir ojos. Llegué a la conclusión de que, incluso con todo lo que esto implica, aprendí a vivir en el presente, intentando no sufrir por el largo plazo y tampoco por el pasado, siendo ésta la parte que más me cuesta.  Llegué también al primer punto firme: Fulani  está intriado por mi pasado y desconcertado por el futuro, mientras que yo lo miro desde acá con la misma intriga y el mismo desconcierto, ajustado solo al presente, que es hasta donde lo puedo soportar.Llegué a la conclusión de que Fulani siquiera sabe el acto de voluntad que es, que me implica, mirar para adelante; cuando hay estelas del pasado por todas partes que, aunque no justifican el retroceso, sí entorpecen y empinan el camino. 

Es evidente que Fulani pensará que quizá para mí es fácil tener a cualquiera que quiera a mis pies. Y es claro que el mejor amigo de Él, esta especie de buchón, me diga lo mismo y ya no me sorprende si padre de Él también repite eso casi cada vez que me ve. Y es incluso algo inevitable no recordar cuando precisamente Él, siempre me preguntaba <¿por qué yo, por qué me elegiste a mí, habiendo tantos? con todo lo que eso me implicaba. 

Pero hay algo, más allá de lo evidente, que todos al parecer están olvidando, y es que yo no los vuelvo locos a todos. Para mí no es "... soplar y hacer botella...", más bien, todo lo contrario... Nadie parece advertir que si enfoco para adelante es por la mera voluntad de querer otra cosa para mi vida y de buscarla, y de querer hacer y de sufrir antes que renunciar a mis valores. Es por la sola certeza y el profundo deseo de no querer ser yo también la que se quede treinta y cinco años recordando lo que fue amputado, lo que no se puede tener.  

Hoy es siempre todavía, decía Antonio Machado, toda la vida es ahora. 




jueves, 7 de abril de 2016

Literatura, cuanto menos, ficción: "Lunes por la noche"

Al ser intermediaria entre mi padre y quien llamaremos Pedro (familiar de Él) el lunes por la noche necesitaba ubicarlo. Y necesitar, siempre, es distinto al querer pero al mismo tiempo tiene otra relevancia. Por eso, cuando mi papá preguntó si había hablado con el hombre en cuestión y le dije que no, me informó que le resultaba urgente hacerlo, que por favor le diera una mano, sabiendo que en todo cuanto le vaya bien a él, también es que me vaya bien a mí. 

El asunto, literalmente, no podía pasar de ese lunes por la noche así que respiré hondo y le aseguré a mi viejo, pese a que eso iba contra todas mis previsiones, que lo iba a ubicar o que al menos iba a ubicar a alguien que le pasara el mensaje, porque le único teléfono fijo con el que contábamos, no daba respuesta. <<¿Por qué odia tanto la tecnología? >> pensé, molesta, porque Pedro y sus ideales llegaron al punto de atentar contra mi tranquilidad mental; que supone saber lo menos posible de toda su gente. Puse la mejor cara de hipócrita y empecé por lo menos indoloro: llamar al padre de Él que, muy factible, sabría de Pedro. El padre de Él no respondió, más tarde me dijo el motivo, así que en ese momento consideré la opción de escribirle al mejor amigo de Él (sí, el que oficia de corresponsal a mi vida) dado que, no en vano, era muy factible que supiera donde estaba Pedro porque todos están como metidos en la misma cajita de vínculos.  Sin embargo, tampoco me respondió, dada la hora que era.  Hubo un momento donde me lo quedé mirando a mi papá con la incomodidad que implicaba saber qué teléfono debería marcar desde el comienzo, dado que no iba a fallar ni por asomo. 

- ¿No responde nadie? - me preguntó. 
- No, nadie - suspiré y lo miré - Una mierda - le dije
- ¿Quién puede saber, no tenés idea? 
- No... - suspiré, porque era  obvio que sí, tenía mucho más que una idea...  - Ya intenté con los que consideraba viables - le dije, usando claramente la palabra con un fin determinado. 
- No sé que voy a hacer... - se le amargó la cara. 
- Ay, papi... - lo animé, dentro de lo que pude - vos tranquilo, que de alguna forma lo vamos a ubicar. Quizá si esperamos un rato más, alguno de éstos dos me responde - me ilusioné, pero no me la creí ni yo. 
- ¿Las hijas? 
- No tengo el número de las nenas - le expliqué. 
- ¿Y algún otro? - me dijo. Me lo quedé mirando y busqué entre mi lista de contactos el número de Él, con su nombre, claro, que me miraba y pedía por favor no ser seleccionado. 
- Ahora veo... - le dije y me alejé un poco porque necesitaba tomar un último empujón. 

Miré la hora de su última conexión y era cercana. <<Lo llamo >> pensé y cuando estaba a punto de hacerlo, de pedirle esa ayuda, de saber que Él me ayudaría probablemente de pura congoja, la idea de estar interrumpiéndolo me dejó paralizada. Porque aunque para todos sea "la hija de.." La idea de llamarlo a las once y media de la noche, un día cualquiera, y que ella me atendiera me dejó varada en la indecisión de saber que no, no podía hacerlo. No viven juntos... pero podrían estarlo y eso me llevó a repensar todo. Si Él finalmente me atendía, sabría que en caso de interrumpirlo, no iba a estar buena la situación como si la que me atendía era ella. ¿De qué forma se iba a creer que yo, justamente yo, lo iba a llamar un día como ese a una hora como esa, por tales motivos? 

Sí, mi razón era válida, pero mi cuerpo estaba totalmente rígido en negativa a lo que tenía que hacer. Él sí sabría donde estaba Pedro o, mejor aún, no sería más que mover dos dedos para ubicarlo; porque su cercanía es directamente proporcional a la capacidad de tener idea sobre su paradero. 

<<No, no puedo, no puedo... >> me dije, con un angustia creciente. Volví a la cocina y le dije a mi papá que habría que probar de otra manera, que tenía que haber otra manera, de ubicarlo. 

- Dejá, vos andá que yo lo llamo y te aviso - le dije. 
- ¿A dónde lo vas a llamar? 
- Al teléfono fijo, voy a intentar por última vez y esperaré otro rato - le expliqué - ¿Qué necesitás que le diga? - me puse firme. 
- Necesito que le avises que mañana a primera hora... - me explicó mi papá. 
- A ver... - recé, en mi interior, unos minutos después, mientras lo llamaba. 

El teléfono, con su tono que parecía cada vez más largo entre segundo y segundo, me hizo esperar bastante. Pero la hija mayor de Pedro me atendió, me reconoció, claramente, y pasé el mensaje. 

- Mil gracias, hija - me dijo papá. 
- Todo bien - sonreí a medias - Me voy a dormir, que estoy cansada... - lo despedí. 

Y suspiré, alegre en cierto modo de haberme evitado la situación, como también sombría respecto al saber que, si otras cosas se hubieran evitado, llamar a un número de teléfono de esa clase un lunes a la noche, sería tan fácil como al comienzo.

Cosas que pasan, me dije, como equivalente a decirme también que había que seguir haciéndose cargo incluso tanto tiempo después, de las decisiones tomadas, de los caminos andados, de la gente que llegó y se fue de nuestras vidas. 

sábado, 2 de abril de 2016

Platos rotos

- Y... después de evaluar toda la situación, me senté a hacer un ejercicio: pensar por qué me había molestado tanto lo que me dijo, si después de todo, racionalmente sabía que no ameritaba ese desagrado - le expliqué a mi amiga mientras tomábamos un café, después de una semana particularmente ajetreada para ambas. Era mi turno de contarle mientras ella comía sus facturas como si fuera una película pochoclera, práctica muy habitual en nosotras, dado que no podemos hablar ambas al mismo tiempo ni con la boca llena. 

 - Es decir... -continúe-  en ese momento tuve plena noción de que si le dije que me iba a dormir fue porque no tenía ganas de seguir hablando con él y, al mismo tiempo, no sabía por qué, pero estaba ofendida. 
- ¿Y te diste cuenta, al final, por qué? - consultó mi amiga. 
- Sí, después caí... - me reí, revoleando los ojos - Me acordé de una noche con el viejo, donde me dijo lo mismo... - suspiré - ¿Podés creer que me dijo lo mismo, usando las mismas palabras? En el momento no me dí cuenta, claro, pero de ahí vino esa molestia. 
- Claro, te fue imposible disociar... - asintió mi amiga, comprendiendo perfectamente mi punto, porque me conoce mejor que la mayoría de gente. 
- Y no solo disociar, que en definitiva, es algo humano, que le puede pasar a cualquiera. Me impactó cuando me dí cuenta que tiene ciertas salidas que son iguales (...) - terminé de redondear la idea. 
- Mmhmm - dudó mi amiga, irónicamente - Qué casualidad - sonrió. 
- Tengo la esperanza de que la similitud se explique por el hecho en común de que ambos son hombres, numerales, cumplen los años el mismo mes, son del mismo signo, ambos más grandes... - me reí - No, hablando enserio, cuando veo que tiene actitudes tan familiares en este sentido, me niego de par en par a repetir la misma historia. Por eso me enojé, porque la familiaridad habla de los mismos errores y de los mismos ciclos. Ya a ésta altura no sé si la vida me está queriendo decir algo, explicar algo, o me cruza con esta clase gente porque sí. No sé tampoco si el problema es algo que tengo que resolver yo, o el otro. La cosa es que de mi lado, esta vez, estoy poniendo la mejor voluntad para no repetir el ciclo y siento que Fulanito tiene una hoja donde está tildando condiciones. 
- Y vos lo estás conociendo... - añadió mi amiga. 
- Exactamente - asentí enérgica, agradeciendo que alguien me entienda - Yo lo estoy conociendo y él me está midiendo. Mientras que, a pesar de ser tan joven piensa en todas las posiblidades, yo seré muy mental pero entiendo que cuando querés a otro, pensás dentro de las posibilidades de ser, junto a ese otro. 
- Sí, claro, es seguro... Ya creo que pasó el tiempo de medirte, ahora tiene que conocerte... - buscó las palabras - Además que tiene que dejar de interesarse por el pasado, si quiere apostar a estar con vos tiene que construir, no tirar mierda a lo anterior o intentar entenderlo... - dudó mi amiga, cuando yo le puse palabras a mi desagrado. 
- ¡Tal cuál! - me exasperé - Me encantaría que me crea, pero ya es un problema suyo si, sabiendo las cosas que le cuento, él se guarda, se guarda y lo único que yo siento es que está tildando condiciones en una planilla - me encogí de hombros - Realmente, si espera que le dé detalles, nunca va a tenerlos. Tiene que confiar, como yo también estoy haciendo un esfuerzo padre por confiar. Lo lamento por él, pero tampoco puedo permitir que se repita otra vez la misma historia.  
- Y no, claro... - asintió - Pero no puede ser así, boluda. No puede ser que vos le cuentes todo, te brindes, lo dejes contar con esa especie de ventaja, y él no confíe. La posibilidad de sufrir, cuando te involucras con otro, está siempre contemplada. 
- Yo te aseguro que pensé que era una cuestión particular, una especie de desconexión, de negación que tenía El viejo conmigo; y que no era más que una complicación quizá propia de la diferencia de edad, qué se yo...  - suspiré - Pero me doy cuenta que no fue algo del viejo en particular, sino que este pibe también lo tiene y me enfrento al mismo escollo... - analicé. 
- No podés permitir que te pase lo mismo otra vez - me advirtió, con la dulzura intacta - Hermano, si quiere fojar algo, que lo demuestre entonces. Más allá de que esté hablándote todo el día, que te cuente cosas con contenido, que se predisponga, que deje de cuidarse el culo - explicitó. 
- Sí, estoy de acuerdo con eso... - asentí - Yo lo entiendo, me pongo en su lugar y lo re entiendo: no es fácil que tus dos novias, las únicas personas que llevaron ese rol en tu vida, te hayan engañado. Entiendo lo doloroso que debe haber sido y lo desconfiando que es él; justamente por esto es que preferí decirle la verdad cuando me preguntó sobre "Él otro" y, también, decidí contarle cosas mías. Si necesitaba esa garantía ficticia, porque nadie las da a nadie en realidad a lo largo de la vida, eso está claro; yo se la dí... - me fastidié - ¿Y él no piensa en la dificultad que me implica, pese a que yo parezca tan "psicoanalizada"? - me reí, por la expresión. 

Mi mejor amiga también se rió. Nuestras expresiones en esos momentos de fervor están para hacer un libro. 

- Claro, el hecho es que si te cuenta lo que le contaría al vecino... 
- Claro... Siento que estamos en diferentes momentos, la verdad, y no puedo evitar pensar cómo va a terminar esto si no me da apenas un voto de confianza inicial, a modo de suerte de principiante, o lo que sea...- la miré. 

La mirada que me devolvió fue muy significativa. 

- Ya me imagino... Pero no tiene por qué ser así, quizá después de todo lo que le dijiste le hace un click, ve que sos buena gente. Además, qué te puedo decir yo, si te conozco, y sé que sos buena...  - me dijo - Y esto, más allá de que cada persona tiene sus tiempos, me parece que no debería demorarlo. Vos dale tiempo pero no le des toda tu vida. Que te conozca, que se exponga un poco, ¿cuál es el problema? - añadió. 
- El problema va a venir si, cuando él haya dejado de tildar casilleros en su planilla de requisitos imaginaria, yo todavía vaya a estar disponible - murmuré, con ironía. 
- Justamente.... - me dijo, con otra mirada significativa. 
- La verdad es que quiero que demuestre interés, que se moje los pies... - esgrimí - Yo le doy hasta acá, pese a que no quisiera tener que negociar tan racionalmente estas cosas, le doy hasta acá. Si quiere más, necesito ver algo a cambio, un algo recíproco... - explicité, pese a que no me gusta ser tan fría en estos casos. 

Nos tomamos un momento de silencio, y, mientras yo comía y ella me contaba su semana, no sé bien cómo pasó, que me dijo: 

- Qué casualidad que El viejo - entrecomilló con sus manos el peculiar apodo mientras lo decía - haya elegido una Licenciada en Letras para estar y, a su vez, este pibe Fulanito tenga ciertos puntos en común que te generen todo esto... - resaltó. 
- Sí, qué se yo... - pensé - Desde *** no me pareció demasiado raro; es decir, no me creo importante en su vida al punto de que se fuera a buscar una Licenciadita en Letras... - mofé -  ¡Mirá si justo se va a poner a pensar cómo canalizar todo lo que no se animó a hacer conmigo, todo lo que le quedó pendiente, todo lo que no afrontó; agarrándose de la profesión! - me reí, a carcajadas. 

 Ella se rió, con cierta ironía.  La miré, y me puse seria, suspirando. 

- Yo siempre pensé que, por lo menos para él, hubiera dado lo mismo si esta mujer fuera Costurera o Licenciada en Letras.  Digo, los chistes con libros o las alusiones a la carrera se las hacía yo, como de hecho también se las hace ella, pero eso supongo que es una cosa del rubro... - hice una mueca mientras mi amiga esperó que yo masticara la idea - Lo que siempre me chocó un poco fue que Él me decía con esa vocecita demoledora que yo era una "Señora de Letras" y ahora esté propiamente con lo que se dice una "Señora de Letras". 

Mi amiga hizo un gesto alusivo a esa circunstancia que, desde afuera, le hacía ruido. Yo me sacudí levemente y me invadió una sensación que preferí desprender de mi a tiempo. 

- Igual, no creo... ¿sabés? - mi escudo protector llegó a salvarme - Puede que haya sido algo divertido de la época pero no es el sustento a una relación, ni por asomo - me puse firme - El ponerme ese apodo, como respuesta de una expresión que siempre recordó con interés, considero que fue propio del caso. Quizá lo erotizaba y eso también es lógico. Yo jugaba con el doble sentido, el uso de las palabras... - argumenté, haciéndome cargo, y  me reí recordando el contexto de ese dichoso concepto que me pedía que le explicara una y otra vez, o que él mismo repetía a conciencia. Ya sea porque nos desarmábamos de risa y servía a la causa o porque, según sus estimaciones, aquélla era una de "mis frases ilustres" como las llamaba, junto con dos o tres más que ya por suerte perdieron toda vigencia. Si, es cierto, siempre que me quería relajar o que quería lograr que dejara de pensar en que era "un viejo" para estar al lado de "una pendeja letrada" ; la frase se nos "escapaba" un montón y si no se me escapaba el mismo la citaba diciéndome que como pensadora ejemplar de mi tiempo, tenía motivos para hacerlo. 

Meditación de todo esto zanjada en mi mente,segundos después, le dije: 

  - Lo que me causa gracia es que yo no busqué que este muchachito intenso me lo recuerde pese a que haya nacido bajo los influjos escorpianos. De hecho, es curioso porque no es una persona de su edad, sino que es contemporánea a mi. La similitud, la casualidad, se equivocó de generación, che.

Mi chiste no me causó tanta gracia cuando mi querídisima mejor amiga fue sincera. 

- No te digo que lo hayas buscado, yo te digo que me parece curioso que los dos estén con personas, que de una forma u otra, son parecidas a ustedes mismos. 
- ' ma que se yo... - suspire - yo lo único que te digo es que me esfuerzo mucho para no hacerle pagar los platos rotos a Fulanito y me gustaría no andar renegando con sus platos, porque si son hondos, Dios me ayude, pese a que estén rotos... - sonreí. 

Y si... ahora la cuestión son los platos rotos, frente a la linda vajilla que yo quisiera poder compartir tomando un té verde con Fulani mientras él todavía está pensando en todas las posibilidades...