- ¿Qué te pasó hoy? ¿Te caíste de la cama? - le escribí.
Casi a las ocho de la mañana y El Reo dele dele comentarios de algo que yo le había comentado el día anterior.
- No, me levanté a abrirle al colombiano - me explicó.
"¿Dormimos juntos que no saludamos?", pensé, con ironía.
- Buenos díaaas, mi amoooor - leí, dos segundos después.
Me quedé petrificada. De no ser porque estaba arriba del colectivo yendo para el trabajo hubiera revoleado el celular arriba de mi cama y me hubiese ido corriendo.
- Buenos días, atorrante... - contesté sonriéndome sin que me viera, sacudiendo la cabeza - ¿Ya estás despierto tan temprano?
Miles de veces le dije que a su amigo, El Colombiano, me lo presente por el nombre.
(...)
- Bueno, acabo de bajar del colectivo y una vieja quedó horrorizada. Creo que no entendió el homenaje ni el chiste, tampoco... - le conté, riéndome, mediante un mensaje de voz .
Se rió, siguiendo el chiste.
- Te dejo. Voy a entrar a la Empresa ... - musité, mientras cruzaba las dos avenidas entre las que queda mi trabajo.
- Lindo día... - me contestó - Portate bien.
- ¡Besos!
- Los quiero...
- Ay, Diosssss - me reí, en un mensaje de voz - Chau, atrevido, disfrutá tu día libre, portate bien como me decís vos... y todas esas cosas -lo burlé.
Entré rápidamente, ya que no me dejan usar el celular, obvio siempre que esté dentro de mi sector y me senté en mi box.
Pasaban las horas y me acordaba de El Reo y su capacidad de decir boludeces a la mañana temprano.
- Bueno, pasala lindo con tus amigos hoy... Y portate bien... - añadió.
El sábado a la tardecita me escribió luego de que habláramos un poco de mañana. Me preguntó qué iba a hacer, qué planes tenía. Le conté que había salido de trabajar, me había ido a ver a mi sobrino y, desde ahí mismo, estaba viajando a la casa de un compañero de la Facultad. Desde las siete de la mañana, dicho sea de paso, almacenaba un vino blanco en la mochila para la fiesta de la noche. El Reo, entonces, ante los acontecimientos que se vislumbraban, hizo ese comentario. Un comentario y un pedido implícito que me hace siempre, acompañado de un cuidate.
- Portate bien, me dice - ironicé, con sentido del humor - Gracias. Vos también portate bien. Ojalá mañana sea un buen día en tu trabajo. Aprovecha para descansar y mirá un compilado de goles - ironicé, entre risas, de nuevo.
- *comentario no reproducible públicamente* - dijo.
- Chau, atorrante, ¡te vas a la mierda! - me reí - ¡Sos un atorrante! - exclamé, entre risas.
- ¡Y qué linda que sos vos! - deslizó.
"Sí, obvio, éste tipo es un atorrante. Está confirmado", pensé.
Después, me fui a disfrutar un poco con mis amigos de la Facultad a quienes sólo veía últimamente entre los libros. Bebí, sin mentir, casi dos litros de cerveza y otro poco más. Lo más gracioso de todo fue que cuando llegó la hora de volver a casa a eso de las cuatro de la mañana, y tuve que pedir un remis que me pasara a buscar, se lo pedí como si estuviera trabajando. Sí, sí, le dije: "Hola, buenas noches, hablo con remisería ****. ¿Qué tal? Mi nombre es Veinteava...", cuando la modalidad de encargue es otra, claro está.
Aunque indudablemente el lado bueno es que me relajé. Pude cortar, finalmente, pude lograr cortar durante algunas horas luego de semanas donde vine muy angustiada y cansada. Hacía casi un mes que no me reía como sucedió el fin de semana, junto con mis amigos de la Facultad, en especial.
En ese aspecto, me extrañaba mucho. En ese aspecto, me hacía mucha falta encontrarme nuevamente con este lado de mi misma.
Hace unos días salí de terapia vapuleada. Había tenido un buen día en el trabajo, o más bien, un día tranquilo en el trabajo y fui a contárselo a mi terapeuta querida bastante contenta. Es que, a mi criterio actual, los buenos días son aquéllos donde puedo estar tranquila ya que, por lo común, vivo nerviosa. Del mismo modo, la forma de sentirme contenta es decir "hoy estoy bastante contenta, por lo menos, nadie me dijo nada, pude terminar todo lo del trabajo, qué bien", como si fuera lo único importante y, en especial, como si fuera normal que estén todo el tiempo pisándote.
Luego de una larga charla, entendí lo fundamental por lo que sigo trabajando allí más allá de lo económico. Y eso, francamente, me tocó partes muy profundas de mi y de mi historia que, supuse, las tenía re en vereda. Veo, quizá ahora en otros ámbitos de mi vida, el mismo fantasma de siempre avisándome el modo en que eso todavía incide. Cómo todavía hace afecto y coordina mis decisiones, aunque muchas veces, me hagan daño. Y me hace ver, además, la cantidad de oportunidades lindas que me presentó la vida y, yo, no por tonta sino por terca, me perdí. Por poner el afán de avanzar creyendo que dejando a los demás que me den una mano iba a ser retroceder.
Toda la vida me ayudaron. Mis padres y mis hermanas desde pequeña, me ayudaron con mi historia de salud y sus afines. Me ayudaron, en ese momento, porque realmente no podía sola. Pero el punto, para mí, que lo vivo desde adentro, es que siento que ya me han ayudado tanto que, frente a eso, lo único que no quiero hoy en día es que me ayuden. Porque realmente, ahora, me debo el poder sola. No importa lo difícil que sea, yo siento que me debo el poder hacerlo sola y eso, progresivamente, me está haciendo sentir mal físicamente y mentalmente.
Entender que, aunque lo necesito, ahora en otro ámbito, no puedo permitirme a mi misma darles el lugar a que me ayuden, es angustiante. Pero, por otro lado, es tan inmensa mi necesidad de hacer las cosas por mi misma sin pedir ayuda que, la tensión sobre ese tironeo, me está consumiendo.
Porque hoy, siendo honesta, necesito ayuda para poder ordenarmente financieramente y dejar de trabajar en ese sitio cuanto antes. Pero éste ejercicio que parece tan simple de reconocerlo me cuesta horrores, realmente, es terrible para mí reconocer que "ahí no puedo", que "ese no es mi lugar", que "no tolero el maltrato" que "me pesa muchísimo que me humillen y que me expongan si estoy aprendiendo", porque me deja en inferioridad de condiciones dentro de mi propio esquema de representaciones. Porque me pone fuera de avance, porque me debilita, porque yo, a mi misma, me pongo la presión, la fiereza y la gran responsabilidad de hacer todo y poder con todo. ¿Por qué? Porque yo sé, realmente, lo que es no poder. Y tantas veces no pude que, cuando encuentro algo factible, tengo que poder, no puedo andar con chiquitas. ¿O sí, o sí puedo?
Ésa es la razón , verdadera, real, más allá de lo financiero, más allá de lo tácito de todos los días, por la cual sigo así. Me banco seguir allí aún con dolores en el estómago por el estrés, aún llorando cada dos por tres, aún me exploten, aún me hagan ir a trabajar los domingos, aún me tenga que tomar seis colectivos por día y, aún mismo, llegue allí y sea un lugar tan de mierda. Me pesa más pedir ayuda que hacer todo lo otro que hago para no pedirla, para no tener que someterme a lo que yo considero una humillación más profunda que la que hacen conmigo, y con mis compañeros, cotidianamente en el trabajo.
Porque lo cierto es que, todos me lo dicen y yo también lo sé: tengo otras posibilidades, tengo otras herramientas, tengo otras oportunidades, no es ésto lo único que voy a hacer de mi vida... Realmente lo creo. Pero eso me lleva a hacerme la otra pregunta: realmente ¿tengo necesidad tácita de pasar por todo esto?
Y ahí es cuando una parte de mí te dice que no, pero la otra, que es la que ha imperado hasta ahora, te dice que sí. Que la necesidad de dejar que me pase todo lo que está pasando es poder hacerlo sola, aún a un precio muy caro. Porque ahora lo sé, realmente necesito la ayuda, pero por otro lado no puedo permitirla. Va más allá de quererlo o no quererlo; yo en el fondo no puedo permitírmelo. Todo radica en un tironeo constante que siempre me dice: "no, es mejor que lo hagas sola, lo tenés que hacer sola".
Así, el dejarme ayudar, dejarme organizar un poco hasta estar en una mejor situación, me reporta un peso más grande que el del trabajo actual en el que estoy y ahora entiendo por qué estoy soportando todo esto. Siento que si me ayudan, retrocedo, aunque estando y haciendo todo sola, esté dejando mi salud física y mental en ello.
No espero que nadie lo entienda, pero sí estoy convencida de que entenderlo yo ha sido un golpe, al mismo tiempo que una oportunidad de decir "no en vano me está pasando todo esto".
Realmente, no puedo permitirme a mi misma que me ayuden a terminar de estudiar mientras consigo otra cosa; ni a mantenerme mientras consigo otra cosa; ni a soportarme y a aguantarme mismas consigo otra cosa. Prefiero, ahora lo sé, y eso es lo más pesado de todo, que me maltraten en otro lugar, pasarla muy mal en otro lugar, en deferencia a que las personas que yo más quiero, y más me quieren, y a quienes realmente les importo, puedan ayudarme a salir de un lugar donde me estoy rompiendo.
Tiene que haber un lugar, me digo, donde no tenga que pasarla como la estoy pasando. Tiene que haber una vuelta para encontrarle a ésta cuestión una solución, me digo. Ojalá sea así.
PD: mientras tanto, en el Universo de El Reo,me dice: "qué viento de mierda, loco, casi me hace decir: ¿puedo ir a dormir con vos?".
Si algo tuvimos en común, durante ese día, es que ninguno de los dos tenía ganas de hablar de lo que le pasaba. Ninguno quería ahondar en el asunto. Sólo bastaba, quizá para no cargar con las piedras del otro, en pasar el tiempo y esperar al día siguiente.
Puso una foto en redes alusiva al tema. No era un palo, no era una indirecta, no era una bomba de olor detonadora de lástima. Era un pedido de espacio. Un algo como "la persona que entienda que necesito mi espacio cuando estoy para el traste es la persona que más aprecio cuando estoy realmente para el traste".
En cuanto lo leí me dije que, quizá, todavía a los cuarenta, no entendía demasiado bien el concepto de las redes. Que en las redes uno no pedía espacio, sólo se desconectaba. Pero también pensé que en ése detalle éramos realmente parecidos... Porque yo hago lo mismo cuando estoy para atrás, aunque no lo grite en redes y desde ese lugar, lo comprendí.
Le escribí dos palabras.
- Date el tiempo.
- Gracias - dijo.
- Cuando vos sientas que es el momento, sólo ahí, arrancás de nuevo. Nada que agradecer. Beso - enfaticé y me despedí, sin vueltas.
Después, seguí metida en mi propio quilombo. No quería seguir charlando ni ver dónde había ido a parar ese mensaje. Tampoco quería contarle nada, suponiendo que a su edad lo mío iba a parecerle una estupidez y yo, a la vez, una burguesa malcriada. Necesitaba espacio y sabía que ese otro estaba con sus mambos. Pero al rato, me encontré con que El Reo había copiado parte de lo que le dije y lo había publicado en sus redes. Abajo, decía: "lo mejor que me dijeron"...
Y sí, me descolocó. Porque, siendo honesta, no esperaba ver parte de mis mensajes publicados del mismo modo en que otros tuvieron cartas y cartas y mensajes y correos de mi parte y los supieron esconder como el más fétido demonio. El Reo no me citó, por suerte, la remachó con ese lo mejor que me dijeron y me dejó apedreada.
Después de eso, pasados unos días más, me levanté con un mensaje suyo.
"Que tengas un lindo día", decía y pensé que El Reo tiene eso. Un día te cae con un mensaje a la noche donde dice que duermas lindo o una mañana te entona con un buenos días, que tengas lindo día. Tiene eso que porque sí. Porque le sale así y chau. Y yo tengo de mi parte cosas que me salen y chau.
Sin rebuscársela. Sin complicársela. Sin matarse a preguntar. Cada uno con sus batallas, cruzando un poco de esperanza , a modo de velita en la oscuridad del otro. Sin juzgar, sin criticar, sin hacer preguntas.
No le dije nada de su cita en redes y le agradecí éste último saludo. Aunque ayer lo saludé para el día del padre, claro, y le deseé un lindo día con sus pollitos.
- Gracias, mi vida - dijo.
Y me mandó una foto de los regalos que le hicieron los hijos.
Cada uno con sus batallas, cruzando un poco de esperanza.
- ¿POR QUÉ HICISTE ÉSTO VEINTEAVA? - me dijo, el otro día, con los mismos malditos modos de siempre, Mengana 1.
De inmediato, miré hacia la pantalla de la computadora para ver qué me estaba mostrando y le expliqué que, según lo que hacía siempre con esos "casos", consideraba correcto el procedimiento, que me disculpe, pero que no me había percatado de otro detalle especial de las vísperas al Día del Padre. Acto seguido, como cada vez que esta gorda analfabeta me se dirige así hacia mí, deseé poder irme de ese nido de ratas inmundas cuanto antes. Y desee que se le prendiera fuego ese pelo inmundo, aceitoso y mal teñido que tiene no porque yo fuera mala, sino, porque goza con la humillación del otro y, ésto, no soy capaz de perdonarlo (aunque me tenga que quedar callada, por el momento). Una vez que volví a mi asiento, seguí haciendo mi trabajo en un silencio de muerte, mientras la gorda analfabeta hablaba - siempre entre la superioridad y la falsa amabilidad - con los otros chicos, entre chistes irónicos y tensiones de poder solapadas. Una vez que se cumplió mi horario, dejé de hacer mi trabajo en el mismo silencio y mandé los reportes del día deseando que ojalá pueda irme de ese lugar cuando antes.
La gorda inmunda ésta se piensa que todos somos chicos. Que estamos en el colegio, y que por tener tres años más que yo, puede ser mi mamá. Lo que la gorda no sabe es que, no gracias a su esfuerzo precisamente, yo estoy a pocas materias de recibirme y de mandarme a mudar de ese lugar. Pero, ella, por su parte ¿qué más puede sacarle a ese lugar, si acabó vendiéndose por un poco más de guita? ¿A dónde más puede llegar en ese lugar? Estructuralmente, allí, no tiene más posibilidad.
Si algo he aprendido en este espantoso trabajo es que hay lugares donde es un valor ser ignorante. Donde es un valor no haber tenido ni buscado otras oportunidades. Donde es un valor que todo te haya costado mucho en la vida. Que es un valor, siempre en términos de explotación malograda, la carencia de recursos. Que es un gran valor, un enorme derecho por sobre uno, la necesidad de empleo que hay por todas partes. Y es un valor, precisamente, porque como caballo viejo, sos más fácil de oprimir, tenés menos criterio, menos pretensiones y menos herramientas para batallar en el campo áspero y puntiagudo que a veces es el mundo.
Y por eso, de una forma terriblemente errada, a través de ascensos pedorros que en el fondo no son tales, gracias a esos jerarcas con olorcito a perfume importado, gente como Mengana 1 se cree que se ganó la lotería y maltrata a todos los que puede. Aunque uno, de afuera, lo ve todo con más objetividad y entiende que, de tranzar con ésta gentuza, te convertís en una persona como la gorda de mierda y de sólo pensarlo te dan ganas de vomitar.
Para que una tipa a quien todo le costó tanto, éste momento con un poco más de calce es su momento en la vida y siente que es la oportunidad que no tuvo antes. Por eso, maltrata, humilla, presiona y trata mal a la gente que, está ahí, simplemente, por una circunstancia y de modo temporal; pero que pese a eso, labura, le pone para aprender y se rompe la cabeza como si fuera la única oportunidad de su vida, el único trabajo en el mundo, lo único que va a hacer y ser de acá a dos años.
Quizá, empiezo a comprender, en el caso de esta gorda forra; sea lo único a lo que pueda aspirar. Su vida sea, en efecto, la supervisión del trabajo de unos simples tontos en una pyme mediocre. Y para ella, sea ése su gran logro, a costa de hacérsela parir a diario a los demás. ¿Pero el mío? ¿Mi gran logro? Nada tiene que ver con eso. Mi gran logro es estudiar, es poder terminar de estudiar lo que me gusta, y tener el privilegio de hacer lo que me gusta, lo que me haga sentir bien, lo que me reporte alegría más allá de ser un trabajo. Porque, yo no planteo ir a un empleo y no esforzarme, sino, ir a un lugar y que no me maltrate una ignorante que no sabe hablar.
A veces, ni yo puedo creer lo que me está pasando.
¿Cómo se cree en el derecho de hablarme así una persona que no usa "s" al final de las palabras en plural, que no concuerda bien los pronombres con los sustantivos en tanto género o que no tiene vocabulario para hablar en medio de una capacitación? No lo digo de modo peyorativo, no... Lo digo por la enoooorme soberbia y superioridad que quiere aparentar y que, en realidad, esconde un enorme nivel de precariedad. Tan ignorante, me parece, tan... mediocre, que me cuesta terminar de entender cómo una pobre desesperada les reporta tanta utilidad a dos viejitos llenos de plata que llegan a la empresa en Mercedes Benz a las cuatro y pico de la tarde, para pasar a ver "qué tal está todo por acá". ¿No se dará cuenta que todos somos desechables? Que, a la primera oportunidad mejor, más de uno se va. ¿A quién forreará la gorda, en ese caso?
Yo entiendo que sabe de eso, y por esa razón está allí, pero si la sacás de ese nefasto lugar, no sabe nada. Y uno, por el contrario, puesto en ese lugar no sabe nada de cables, de tecnología, de números; pero, eso sí, lo está aprendiendo y le está poniendo la mejor voluntad. Pero además, fuera de ese lugar, se está rompiendo el traste para construir una vida.
Ojalá, pronto, prontísimo, pueda estar contando el día donde renuncié a este trabajo de mierda porque encontré otra cosa mejor. Ojalá pronto, prontísimo, pueda estar anunciando que dejé ese trabajo de mierda porque encontré un trabajo digno, pero además, sano mentalmente, para seguir rompiéndome el traste con honestidad y formándome una vida.
A mí también, como a muchos, las cosas a veces me han costado bastante, yo también lucho por tener mis propias oportunidades... Pero eso, jamás, me llevó a ser una mala persona, que goza tratando mal a los demás. Porque, cualquiera sea tu puesto o tu labor, no consiento que se debe humillar al otro, ni maltratar, ni subestimar.
Precisamente, por eso, cuando el otro día la Mengana 1 y 2 me dieron un papel que detallaba todo lo que hago bien y lo que hago mal de mi trabajo, decía, entre las cosas que tengo de buenas, dos palabras que hablan de quien soy y no de lo que sustancialmente hago: calidez, y gran grado de empatía en el trato con los clientes.
Yo me quedo con eso. Porque eso, habla, más allá de éste presente, sobre un montón de cosas que me costaron y contra las que batallé siempre para no convertirme en alguien que no quiero ser.
Ya tendré mejores oportunidades para mí, lugares donde pueda estar más cómoda cotidianamente, donde conozca a gente brillante, donde me pueda codear con gente instruida, humilde, que no sea por dentro y por fuera tan mediocre. Ya podré estar en un lugar donde me capacite para aprender, y crezca, y tenga posibilidades mejores de las que hoy hay acá. Ya estaré un feriado tranquila, esperanzada, porque tengo trabajo y ese trabajo es mejor y no me hace mal, sino que hasta me da alegría tener salud y la oportunidad de laburar. Y estaré contenta porque sé que la mañana de cada día no voy a ir a un lugar donde me traten mal, sino, simplemente, a cumplir una tarea por la que me pagan y con eso esté todo bien.
Yo sé que éste es uno de los momentos más ásperos en mi vida, en éste aspecto, donde todo había sido mejor antes, donde había habido siempre una línea de respeto. Yo sé también que me va a ayudar a crecer, que me voy a ir de ahí con una mochila de aprendizajes sobre mi propio valor, sobre lo que tolero, sobre lo que construí y sobre lo que nadie me debe quitar diga lo que diga o haga lo que haga. Yo sé que me voy a ir de ahí por algo mejor, con una lección sobre el bien manejo de los recursos, que son sólo solo el dinero, sino también el tiempo y la energía.
Yo sé que todo, absolutamente todo, hoy más que nunca, me está pasando por una razón, que estar en este lugar siendo como soy yo, no tiene otra finalidad que la de ser un aprendizaje. Y acepto todo lo que me quede por aprender, y afirmo mi postura de estudiante, aunque al mismo tiempo, no puedo evitar pensar que quizá no estaría demás un poco de suavidad en el método. Si las pruebas son fuertes, también ojalá pueda ser intensa mi templanza y mi paz para soportar las tormentas.
Un día, lo sé bien, me voy a levantar para ir a trabajar a un lugar donde finalmente no me estén maltratando y donde tenga el espacio para crecer, proyectar, y progresar como es mi deseo; pero, eso sí, sin maltratar, sin forrear, porque a la larga esos actos, vuelven.
Todos los días, antes de dormir, cierro cinco minutos los ojos y me imagino mejor.
Hace casi dos meses, me avisaron que iba a trabajar de lunes a viernes pero, además, que iba a empezar a ir los sábados. Dije que sí, y me quedé; me redujeron mi jornada laboral una hora por día y añadieron otro día. Pensé: "bueno, mejor, llego más temprano a la Universidad, vale la pena ir un día más a cambio de eso".
Hoy me avisaron que dentro de un mes voy a trabajar de lunes a lunes.
Sí, los sábados y también ahora también los domingos.
Sí, con un franco a la semana a convenir con RRHH.
Sí, por la misma plata.
No, no cobro bien de por sí, como para que me hagan viajar y gastar un día más en comida del cual no voy a ver diferencia.
No, tampoco me pagan doble el sábado después del mediodía.
No, ni soñar con que me paguen doble el domingo "sólo" porque es ley (ellos se cagan en las leyes y me encantaría hacérselos pagar).
Sí, yo tampoco sé cuándo voy a poder estudiar.
Sí, ni hablar, a mí también me parece que son unos hijos de puta.
Salvando todo esto, no tengo más palabras para explicar cómo me siento.
No, no es bronca.
No, no es tristeza.
No, no es "que no me quede otra".
Desconozco qué es, cómo se llama lo que estoy viviendo ahora, pero es una mierda.
Lo único que sé es que nunca lo sentí y, por eso, no le puedo poner nombre.
Sólo sé que cuando hoy bajé del último colectivo del día, me agarré la cara con las manos y mientras caminaba a ciegas, me dije: "¿de dónde voy a sacar más fuerzas?".
Últimamente, es la única pregunta que me hago.
De dónde sacar más fuerzas.
Lo dijo hoy, una de mis compañeras: "no tengo vida, me levanto y vengo acá y al otro día lo mismo, lo mismo, lo mismo". Ella, por ahora, sólo hace este trabajo aunque todos le insisten y con razón en que comience a estudiar. Yo, por mi parte, pensaba, mientras la escuchaba, que así es nuestra vida ahora. La tenemos, claro, pero hemos dejado de disfrutarla; es casi lo mismo a haberla perdido.
No es este junio que aparentemente parece ser octubre.
Es que, por momentos, veo en gris. Y aunque siempre adoré los días nublados, y aunque pinto mil soles por dentro, a veces, no es suficiente. Veo en gris. Y ya no sé de dónde más sacar fibras, marcadores, resaltadores en tonos pasteles y hojas, y microfibras para dibujar un porvenir más venturoso, más... ¿feliz, quizá, sea la palabra?
Es todo o en realidad, es lo de siempre lo que me pasa. Estoy poniendo mucho para soportar las cosas que pasan en el trabajo; la presión, el cansancio, el tono forrito de mis superiores pero... me insume todas mis fuerzas. Hacer el esfuerzo enorme y cotidiano de protegerme, y proteger mi energía, me agota. El trabajo que hago, en sí, me agota. No hacer lo que deseo, me agota. Moverme por el beneficio únicamente económico me agota. Las responsabilidades que no puedo deshacer, me agotan.
Es...
¿Para qué esforzarme en explicar algo, ya?
Ésto es, precisamente...
Haber tenido un parcial hoy y no haber ido... Porque las anginas no me dejaron terminar de estudiar y, honestamente, no quería ir a fallar. No quería ir a romper lo único lindo que con tanto esfuerzo construyo, simplemente, porque es lo único que me salva y quiero ir habiendo estudiando bien, habiendo dado lo mejor, habiéndome dado el espacio para disfrutar el aprendizaje. No, asimismo, habiéndome leído medio apunte entre fiebre, dolor muscular y mocos.
Pero también es acostarme cada noche pensando que ojalá me levante con una noticia que lo cambie todo, con una posibilidad de empezar de nuevo, con una chance. Y que sólo pensar eso, desearlo, represente todo un logro ya que, en éste momento de mi vida, me es más difícil que nunca soñar. Eso es, nada más. Poco a poco, por la presión, el cansancio, el estrés, la apatía, el maltrato, las preocupaciones, las responsabilidades, las cuentas, los problemas cotidianos y las injusticias; soñar me cuesta. Mucho.
Y mis sueños, de a poco, se van desdibujando en el centro de una apatía que a veces hace más fuerza que yo, y la buena voluntad no alcanza a cubrir.
Porque, a veces, yo misma pienso: "mirá que le ponés onda, eh, bien, tenés que seguir así, dale, va a estar todo bien, dale, vamos bien", y hay otras veces donde pienso " ¿será posible, che?".
II
Aunque sé que éste trabajo es pasajero, porque el día de mañana, si Dios quiere, voy a haberme recibido, o voy a estar trabajando en lugar mejor hasta recibirme; la amargura que instaló la llevo conmigo a donde vaya. Haga lo que haga. Use el dinero para lo que sea que lo use. Lo gaste, lo invierta o lo tire por la ventana.
Y eso, es lo más horrible.
Estoy triste allí, aunque no lo demuestre a nadie. Sé que no me puedo ir, a menos que consiga otra cosa, por eso, permanezco. Pongo la mejor cara, de hecho, si le diría a alguien que estoy sufriendo allí todos los días no lo entendería. Atiendo bien a la gente, agacho la cabeza cuando Mengana 1 o Mengana 2 me tratan como si fuera un sorete y hasta pido perdón o digo gracias. Me expongo a la frustración, a la humillación y a comer vidrio, como no me he expuesto en mi vida; como no pensé que me iba a tocar aceptar. Me expongo a que nada me salga como quiero, me expongo a fallar, a hacer las cosas mal, a pasar papelones, a hacer el rídiculo, a que me caguen a pedos por eso. Me expongo a que me hagan pasar como pelotuda por estar aprendiendo, a mí, que si le tengo que enseñar a alguien algo lo hago con toda la paciencia porque lo comprendo y ¡me parece tan mierda que me larguen así, teniendo que aprender todo a los golpes, mandándome cagadas por las que las pago después, padeciéndolo!
Pero por dentro, aunque no se lo diga a nadie más que a algún lector que no me conozca del otro lado, la estoy pasando como el culo.
Acá está, todo, dado así, y acá estoy yo, también así, frente a todos mis miedos y mis mayores disgustos hechos realidad y con todo el valor, lo único que puedo hacer, es atravesarlo. Y aprender del residuo que me deje, sabiendo que el que se equivocó, justamente, hizo. El otro, el inmutable, la inmutable que era yo misma hace un año atrás, se queda metida dentro de su casa o de su zona cómoda.
¿Si sirve, entonces, pasarla así? Por un lado no, no lo vale, pero por el otro, es inevitable. Claro que sirve, en el fondo... Pensándolo mejor, en ésta situación tan de mierda, me expongo tanto a todo lo que le temo, a todo lo que odio, a todo lo que no quiero para mí; y aunque parezca mentira, llega un punto donde no queda más remedio que aceptarlo. Y decir... "sí, ésta es mi situación actual, ¿qué puedo hacer con ella, cómo puedo mejorar y salir adelante?" y, a continuación, exclamar: ¡voy a hacerme un plan de lucha, no me puedo quedar de brazos cruzados, no señor, por la dignidad siquiera ,voy a trazar mi plan, un plan para que esto no me coma, que no me quite lo único que tengo ahora que es la chance de soñar y hacer para estar mejor".
Por eso, sé que de ésto voy a salir el triple de fuerte, el triple de madura, el triple de segura de quien soy, independientemente de lo que digan los demás; en especial, porque de ésto tengo que salir adelante sola. Tengo que pagar sola mis gastos, mi carrera universitaria, y lo que aparezca ... Tengo que enfrentar sola lo cotidiano del estrés en el trabajo, las pelotudeces que me dicen y lo forras que son algunas personas. Tengo que moverme para ir hacia adelante, como he hecho siempre, pero ahora, sola, o conmigo misma, haciendo fuerza por mi propia vida, por lo que yo quiero hacer de mi vida. Tengo que buscar el modo de hacer otra cosa de mi vida para poner peso sobre peso y terminar la Facultad, bien de la cabeza, claro, un poco más feliz ¿no?
Sé que estar en un lugar así como en el que estoy trabajando me va a ayudar, me va a hacer crecer y me va a dar toda la fuerza que necesitaré más adelante para nuevos desafíos. Trabajar en lugares tóxicos tiene la ventaja de que te hace fuerte, te genera una barrera de protección gigantesca, una burbuja donde preservás tu energía. Venía acostumbrada a otra vida, hostil en otros aspectos, pero no en éste. Todo lo último, es lo que estos últimos cinco meses me han venido enseñando. A crear mi propio puerto seguro, interior, íntimo, que me sostenga. Porque lo cierto es que yo estaba acostumbrada a moverme en otros ámbitos, conocer otra gente, vivir otras experiencias y hacer otra clase de sacrificios. Mi grupo de amigos, mi grupo de amigos de la Facultad e incluso los tipos con los que me rodeaba para salir o yendo un poco más lejos, también las personas por las que alguna vez me había sentido atraída; en nada se parecen a ésto.
Aquí es otra clase de gente, con otra clase de modos, frente a otra clase de fines, a la cual si te morís mañana no le importa nada de vos; y si te pueden joder, forrear o hacerte sentir una mierda, lo harán. ¡Claro que lo harán! ¡Y si te pueden joder porque les da bronca algo de vos, más allá del laburo, también lo harán! ¿Total, qué les cambia que a vos te haga mal, no?
Sé que me va a hacer más tolerante a la frustración, que voy a estar bien. Que de alguna manera, todo va a estar bien a la larga. Sé que cuando descubra la finalidad de ésta graaaan lección en mi vida voy a entender el padecimiento del hoy, completamente, de otra manera. Y de hecho, sé que cuando lo comprenda, me voy a poder ir de allí de otra manera, sin dolor, sin estrés, sin dolor de panza, sin pesar, sin bronca... Me voy a ir fuerte y feliz. A un mejor lugar.
Pero ahora, entre nosotros, de la forma en que me rompí los cuernos durante estos cinco meses allí dentro, no tengo recuerdos de haberlo hecho en veinticuatro años de vida. La experiencia duele, dicen, y hoy sé que tienen razón. Ojalá sea el abono para un mañana mucho mejor, donde pueda tirar para adelante sin sentir que me estoy ahorcando.
Ojalá salga pronto el sol.
Lo necesito... y no es un decir.
Hace unas semanas, en el trabajo, me habían advertido sobre el hecho de que me tomara días de estudio. Desde ese momento hasta hoy, había estado angustiada un poco por eso, un poco por ésto y poco por aquéllo, pero sabía que no podía hacer nada. Me los iban a dar, claro, porque es por ley, pero la actitud no era dárselos de buena gana al empleado... Me quedaba sólo estudiar en mis ratos libres, muy escasos, siendo que ahora trabajo de lunes a sábados en CABA, y rogar que me fuera bien. Sólo pedir el día del examen, el único que iría a justificar, y anhelar que con eso alcanzara.
Ayer domingo fue mi único día libre en la semana. Se lo dediqué al estudio, al sol, ni bien me levanté, porque rindo un parcial muy jodido el miércoles. Me sentía cansada pero pensé que era porque actualmente vivo cansada y lo dejé pasar.
Sin embargo, por la noche, me subió fiebre, empecé con "chuchos de frío" y chau...
Hace un ratito, vino el médico laboral. Estoy con anginas, según dijo, y me recetó medicamentos. El virus, es contagioso, por ello me recetó reposo de 48hs, es decir, lo mismo que yo hubiese necesitado para quedarme estudiando en mi casa y conservar un poco de salud mental.
Sé que a veces la vida se desenvuelve de modos sospechosos, porque yo sabía que ésta semana no era la indicada para enfermarme; pero al mismo tiempo lo siento como un ápice de justicia divina.
Ahora, pese a que tengo dolor muscular bastante fuerte, y me siento muy agotada físicamente, me voy a poner a estudiar.
¿Yo deseaba y andaba de bajón porque precisaba dos días libres para estudiar?
Lo único que tengo en éste momento es sueño... Y necesidad de escribir. De otra manera, me encontraría durmiendo, con un pie afuera de la cama, luego de una semana demoledora. Hoy sábado cumplí con la meta semanal de: treinta y seis horas de trabajo, ocho horas de cursada en la Universidad, treinta colectivos y una salida con mi mejor amiga - que equivalió a atrasarme en cuatro temas de estudio, porque seguí acumulando - y una gran dosis de voluntad.
En el trabajo, todo siguió igual... de áspero... y de complejo y de cansador. Yo seguí trabajando como todos los días, dándolo todo, y seguí sin hacer lo suficiente para los demás. Pero, además, me decidí a hacer lo que sea que haga por mí, por apoyar la cabeza tranquila en la almohada, sin importar lo que digan los demás. Si es que siempre están vapuleando la estima y el valor personal del otro, con malos tratos, la principal estrategia es impedirlo; no darles la importancia, no dejar de vivir por ellos ni de hacer por ellos.
En la facultad, por suerte, todo fue siempre más feliz. Me entregaron el resultado de un parcial, el segundo de la primera ronda, es decir de los "primeros parciales", y lo aprobé. Sólo Dios sabe cómo hice, porque lo cierto es que ni siquiera yo misma soy capaz de ponerme a pensar en qué momento pasó que estudié, leí, me presenté y la emboqué. Eso quiere decir que aunque me corran en El Matadero - léase trabajo - porque me tomo días de estudio, aunque me correspondan por ley, obvio, es una cagada a pedos válida, totalmente más redituable que a atenderle el teléfono a dos o tres inmundos (dos o tres es un modo de decir, en realidad, a razón de más de doscientos pelotudos por semana, es exactamente la cantidad; sí, la conté según las estadísticas que nos pasaron)... Y eso me hace sentir que todo el sacrificio no es en vano.
II
Si hubo algo que entendí esta semana fue lo que más me molesta de este trabajo: es mediocre, pero además, es contra natura. . Una actividad que se centra en recibir quejas, que es mecánica, pero que centralmente tiene como prioridad convertirte en una máquina y despersonalizar tu labor al máximo. No sos una personal, sólo sos una voz que repleta de tecnicismos y speachs que la gente no entiende, empezás a parecerte a un robot.
Así, entendí por qué estoy cada vez más callada. Por qué aprecio tanto el silencio, por qué lo necesito. Por qué , a veces, no quiero escuchar música. Por qué me molesta la gente, ahora, cuando antes me daba igual. Por qué odio a la gente que te forrea y te maltrata. Lisa y llanamente porque, en la resistencia de convertirme en un robot, si yo doy el brazo a torcer, pierdo lo que más me respalda como persona: mi esencia, mi condición de humana que se equivoca, una humana que entró en este trabajo hace cinco meses y, de a poco, va haciendo lo que puede, con dificultades y aprendizajes, pero sin hacerse la estúpida sino, en todo caso, siendo cuadrada para una actividad y ya.
Creo que lo que más me perjudica anímicamente, y a nivel mental, de éste trabajo no es que me puteen un par de veces por semana una estúpida o un tilingo que no conozco. Lo que más me altera es el maltrato, los malos modos, el estar ahí, todos los días de Dios mirando la misma vulgaridad, la misma presión y la misma mierda de gente. Ya no pasa por si se dirijan a mí o no, ya no pasa por el ataque a mí o no, sino por lo que se respira allí. Sin ir más lejos, durante esta semana, de casualidad ví que una de las jefecitas llamó a uno de mis compañeros. El pibe, cuando volví al puesto, inmediatamente se puso a llorar. Cuando me di cuenta lo miré por dos o tres segundos sin poder creerlo. No porque llorara, al contrario, lo comprendí; sino por el nivel de mierda concentrada que hay en ese lugar. Mierda que nos afecta a todos, que nos derruye, que nos agobia y que te lleva a lugares dífíciles a nivel personal, no solamente laboral. El pibe lloraba como yo me fui llorando en el colectivo o llegué llorando a casa. Llorando de bronca , llorando de rabia, llorando de impotencia. Llorando porque lucran con la necesidad de la gente. Llorando y pensando: ¿por qué no se morirán?
Lo único que yo sé es que de ésto tengo que salir entera. Porque, si me rompo, se van a repartir los pedazos para ver quién los emboca primero en el canasto de basura. Como si estas dos tilingas estuvieran libres, como si uno estuviese atrapado allí, como si fuera el único laburo del mundo... Como si fuera el único modo de ganar un sueldo bajo. Como si fuera la única posibilidad que fuera a tener en mi vida, ¡y a los veinticuatro años!
Cuando, en realidad, sólo hay una cuestión que es única e irrepetible: la vida. Y últimamente, mi vida... pasa.
III
Tal como le dije a una chica del laburo el otro día, cuando el lector de las huellas digitales donde ficho me decía "acceso incorrecto", como casi todas las veces donde apoyo mi dedo pulgar, y ya nos reíamos porque parece joda: " me va a seguir diciendo acceso incorrecto hasta el día donde me reciba y me vaya a la miércolesssssssss, qué lo parió". Y quizá sí, fuera del chiste, sea así. Por algo, ese lector, siempre me lo recuerda: *acceso incorrecto, intente de nuevo".
Lo cierto es que pocas veces en mi vida puse tanta voluntad para tolerar algo como lo estoy haciendo ahora. En éste momento. Lo único que me trajo felicidad, hoy sábado, luego de cumplir con toda mi apretada agenda, fue salir de trabajar a las 15.00, llegar a las 16.00 a la zona céntrica, antes de irme a mi casa a estudiar, y pasar por el supermercado para comprarme un poco de comida, fue pasar a comprarle el regalo a mi papá por adelantado para el Día del Padre.
Le regalé una chomba Mistral que le encantaba desde cuando fue a retirar el regalo de cumpleaños que le hice en enero al local y la vió. También le regalé un buzo de esa marca para que se abrigue. Cuando vió las bolsas se agarró la cabeza, exclamando: "¡cómo vas a gastar tanta plata, Veinte, que encima que ganás un sueldo chiquito, nooo, es mucho, no tenés que gastar así, estás loca vos, no me tenés que regalar tanto".
Y yo, cayendo en la cuenta de cómo se ha transformado mi vida - para bien y para mal-, le contesté: "lo único que me hizo feliz en la semana es comprar éste regalo, imaginate, peor que me lo gaste en Rivotril. Tanta mierda tiene que valer la pena, papá, dale, ahora te tocó, abrilo, dale... Fijate si te gusta, lo podés cambiar todo... ".
IV
Sí, no es por mandarme la parte, pero hago un enorme esfuerzo cada día para que algo de todo este malestar valga la pena. Aunque , al mismo tiempo, lucho porque no se me haga carne. Cuando uno se acostumbra a que lo maltraten y va apocándose por dentro, también va perdiendo la esencia, la humanidad, la condición necesaria para seguir viviendo y, en especial, para seguir soñando. Y hay días donde todo esto me gana, y no sueño, y me entristece el lugar donde estoy, lo que estoy viviendo. Otros días, en cambio, le pongo lo mejor que tengo y me digo que lo único que necesito, a mi edad, y en mi situación, es eso: seguir soñando porque de ahí me voy a ir a un lugar mejor, porque me queda poco de carrera, porque mi vida puede cambiar y alejarse también puede todo este padecimiento. Y puedo terminar laburando en otro lugar donde sienta que puedo crecer, mejorar, aprender y formarme sin que me maltraten. Porque, persona tranquila, persona dos veces más eficiente que persona nerviosa, sufriente y maltratada.
De otra manera, no sé cómo podría seguir viviendo así, sumida en una rutina interminable, trabajando en algo que odio, con gente que aborrezco y otra que me cae bien, corriendo detrás de quien sabe qué, pero corriendo, siempre corriendo... Yendo para el trabajo, yendo para la Facultad, yendo a bañarme rápido, a cenar rápido, a dormir rápido, a trabajar rápido, a vivir... rápido. A morir rápido.
Todo tan rápido que un día, cuando te avivaste, no disfrutaste de nada.
Definitivamente, quiero para mí otras cosas; no esperar a que sea demasiado tarde.
Hay momentos donde pienso en las cosas que aprendí, en las cuestiones sobre las que aprendo cada día donde tolero todo lo que tolero.
Si tuviera que empezar por la primera, sería admitir que el dinero puede ser tranquilizador en miles de aspectos pero que jamás hará a la felicidad ni será capaz de dar paz. Antes, cuando no tenía trabajo de este tipo, me intranquilizaba la idea del futuro. Me enfocaba en ahorrar y aspiraba a encontrar algo fijo pronto que, según mis propias palabras, me permitiera relajarme. Pensaba que estaba mal todo para mí, que estudiar no era suficiente, que me faltaba algo, que no tenía las herramientas a las que había aspirado llegar con veinticuatro años. Es decir, mirándolo en perspectiva, ser independiente (estudiar y trabajar) y no estar dependiendo de los demás, sino, ayudándolos.
Cuando empecé a trabajar en la empresa, eso fue lo que me atrajo. Poder tener dos pesos con cincuenta en el bolsillo, hacer un plan de mis gastos académicos, comprarme mis cosas y ayudar en mi casa, aún mismo, mis padres se negaran. En el medio de ese afán cambié, aunque no fui capaz de notarlo en el momento, toda mi felicidad a cambio de unos pocos pesos - muy pocos, de hecho - que me "aseguraran" que iba a poder estudiar, pese a que mi viejo me insistía en que jamás me iba a dejar en banda, que hiciera algo vinculado al estudio, que no me lance por desesperada, que me quedara tranquila, que de comer jamás me iba a faltar. Pensé, equivocadamente, que el hecho de cobrar un sueldo susceptible de alcanzar para el viaje, las fotocopias y mis necesidades básicas, junto con alguna ayuda en mi casa, iba a hacerme capaz de aguantar todo. No sólo para poder devolverle la deferencia a mi papá, que lo hace todo por mí, sino para poder ayudarlo. Para que no haga todo solo, como siempre, y tenga alguien con quien contar.
¿Si era un trabajo de mierda, al que todo el mundo le huye, algo que no me gustaba? Sí, como le pasa a todo el mundo. ¿Si era algo que me quedaba a casi dos horas de viaje entre ida y vuelta? Sí, como le pasa a todo el mundo. ¿Si era algo mal pago? Sí, como le pasa a todo el mundo. ¿Si era un lugar donde te re forreaban? Sí, como le pasa a todo el mundo. Eso, simplemente, fue lo que me dije desde el siete de febrero hasta ahora. Que lo que me estaba pasando a mí, le pasaba a todo el mundo en el trabajo y, más, si tenías que tener tu sueldo para estudiar. Que el camino era difícil. Que ser uno con uno mismo, es arduo. Que a veces duele. Que por lo menos tengo una familia que me quiere y tengo que luchar por ellos, para no ser una carga, sino, una ayuda. Que es la que me tocó y hay gente que la pasa peor. Que hay que ponerle jeta a las cosas, y punto. Que nadie , en mi situación, tenía la posibilidad de darse el tremendo lujo de poner por delante de su racionalidad, su felicidad, o mejor dicho, su paz.
Pero, al cabo de un tiempo (y ésta fue la segunda cuestión que comprendí), caí en la cuenta que no hay nada más importante que la salud, que el bienestar. Porque, en realidad, en la vida, no se tiene certezas de nada y no sirve, por lo demás, planificar todo en el intento de recrearlas.
Las pocas veces en mi vida donde me di cuenta que no había tomado las decisiones indicadas fue cuando, frente a las cosas más hermosas, me quedé inmutable, me volví una persona incapaz de disfrutar. Y, honestamente, me siento frente a una de esas veces aunque todos los días haga el esfuerzo de disfrutar, de salir adelante, de agradecer que tengo trabajo y puedo estudiar... Porque, en el fondo, no estoy contenta. Realmente, estoy siendo muy infeliz en el trabajo, en lo cotidiano del maltrato, en cómo me siento allí, tan lejos de mis sueños, de las cosas que quiero para mí.
Y no es que sea infeliz, justamente, porque tenga que esforzarme. Esforzarme forma parte de quien soy. Y, cotidianamente, en el trabajo, me esfuerzo muchísimo por aprender, por no errar, por entender lo que me piden, por dar lo máximo. Pero eso no alcanza para que dejen de hincharme. Todo el tiempo, no me está pareciendo humano trabajar con alguien que me esté diciendo: "¿por qué no estás llamando? ¿qué estás haciendo? ¿no ves que está sonando el teléfono?", cuando me la paso haciendo todo, cuando me esfuerzo y me auto-presiono para hacerlo todo. Y cuando, especialmente, por dentro, tengo un caudal tan profundo de odio que está siempre a dos centímetros de hacerme reventar.
Casi en cinco meses me he convertido en una autómata que vive cansada. Una de esas personas que compra cosas porque le parece que están buenas y que, en cuanto las tiene, entiende que no era eso lo que quería, que la felicidad no es un libro que no tenés ganas de leer ni tampoco un tratamiento de belleza que jamás te devuelve la sonrisa. Una persona que en el único momento donde es feliz es cuando ve a su sobrino y a sus hermanas o cuando duerme. ¿Qué tan triste tiene que ser tu vida para pensar que la felicidad se encuentra durmiendo, no? Quizá antes no tenía trabajo, no podía acceder con tanta facilidad a esos libros, pero el libro que tenía lo leía llena de placer. Y la vez que me daba un gusto, lo disfrutaba por semanas y semanas enteras, contentísima, porque podía.
Ahora, en cambio, teniendo acceso a cuatro o cinco veces más de dinero, no hay un ápice de alegría en todos mis días. Lo único que tengo, lisa y llanamente, son obligaciones y dinero y más obligaciones. Puede sonar exagerada pero, progresivamente, fui perdiendo la alegría y pensé, me dije, como con lo demás, que eso también le pasaba a todo el mundo. Que en todos los trabajos te maltrataban, te humillaban y la pasabas mal pero que, después, te pagaban... Y bueno, como te pagaban... ¿Qué iba uno a hacerle?
Pero ¿es más importante un sueldo bajo? ¿Vale tanto al punto de que me haya convertido en una persona que está en su tiempo libre y piensa en lo mal que la tratan durante las treinta y seis horas restantes de esa semana y se amarga? Me convertí en una persona que odia a otras. Que todo el día piensa que tiene que estar donde odia, por la plata. Que todo el día piensa en aguantar, en soportar, en comer vidrio, como si la estuvieran matando, no como si tuviera que ir a trabajar a un lugar seis horas y volverse a casa a leer para la Universidad, algo que ama, dedicándose así a lo que le gusta.
II
Hace meses, yo pensé que era fuerte, que iba a poder hacerle frente a todo. Que si yo le ponía voluntad, como le pongo a todo, iba a sacar cualquier cosa adelante; que nada me iba a derrotar.
Ahora, lo único que pienso, es en que ojalá la vida me de otra oportunidad. Porque yo, honestamente, adonde sea que vaya a trabajar no voy a ir a joder, ni a faltar, ni a no laburar. Al contrario. Iré a ser responsable, a hacer, a dar lo mejor. Como estoy haciéndolo acá aunque sea un martirio para mí.
Pero, como mínimo, esperaré que no me maltraten... porque, honestamente, no sé hasta cuándo seré capaz de aguantar. Aguantar que una mina que tiene denuncias por maltrato en la parte sindical, de otros empleados, caiga en la cuenta de que nunca va a llegar a tener nada siendo así. Que la otra mina, quien ve en ese nido de mierda la oportunidad de salvarse, deje de pensar que humillando a los demás va a ser la empleada del mes.
Yo puedo aguantar, porque necesito el dinero, me digo.
Yo puedo aguantar, porque no me queda remedio, me digo.
El problema, será ver hasta cuándo.
Porque, en el fondo, casi a doce materias de terminar una carrera que consta de cuarenta, lo único que deseo es levantarme un día y tener que ir a un colegio a enseñar no a un lugar donde tratan mal a la gente, donde la explotan, donde la asedian y donde la persiguen por dos mangos con cincuenta. Donde te dicen "haces las cosas mal", donde te dicen "no podés demorarte en esto", donde todo el tiempo te dicen "tenés que mejorar", cuando uno sabe que está dando todo lo que puede.
Pero además donde sabe que en otras cosas es capaz, que esas dos imberbes jamás lo entenderán y que, mucho antes que ellas, uno pensó en hacer algo distinto para no tener que quedarse donde ellas están, haciendo lo que hacen.
Mi padre, hace unos días, me dijo algo y esa es la tercera cosa que aprendí en este tiempo:
- Yo me la pasé toda la vida haciendo un enorme sacrificio para que ni vos ni tus hermanas tengan que pasar por ésto que vos estás pasando ahora. Yo no quiero que vos pases por esto, que vengan dos perras y te maltraten, que te jodan porque te tomás días para estudiar aún mismo les llevás el certificado ese. Porque, encima de que vas ahí y cumplís con todo, te cuestionan si estudias... ¡son unos usureros! No quiero que te forreen como me han forreado a mi. Para eso, y por eso, yo me rompí el culo toda la vida para darles estudio, para que tengan algo. Tus hermanas ya lo tienen y vos estás a casi nada de recibirte. ¿Cuántas materias te quedan a fin de año? ¿Diez de casi cuarenta? Bueno, si te quedan diez no te amargues por estas dos hijas de puta que te cagan la existencia. Ese trabajo de mierda no te va a dejar nada, pero vos tenés que estar bien para poder estudiar y hacer lo que te gusta, que sí te va a dejar algo en tu vida. Te vas a recibir, yo te aseguro que te voy a ayudar. Acá un plato de comida y libros jamás te van a faltar. Pero no aguantes... No aguantes esto, porque te va a hacer mal. ¿Y sabés lo que es mejor para un padre? Ayudar a su hijo a que estudie y no darle plata para que vaya a un médico si se enferma de la mala sangre que se hace. A mí no me importa si vos queres pagarte la Facultad, a mí me importa que estés contenta, que no vuelvas todos los días con cara de culo porque tenés que estar ahí metida, que no viajes en seis colectivos por día, que tengas que bancarte todo eso por un poco de plata de mierda. Porque, después, cuando te canses, no va a haber plata que te alcance para levantarte, eh. Y eso te lo digo por viejo, no por tirarte mala onda.
III
- Yo creo que tenés que buscar la manera de irte cuanto antes - me dijo mi mejor amiga una tarde donde le conté todo lo que me pasa en el trabajo.
- No puedo. Tengo que pagar cosas, pagarme la Facultad, no me puedo ir.
- Pero ¿dando clases no te alcanza igual?
- Sí, pero necesito ahorrar para poder irme bien. No quiero pedirle a nadie. No quiero que me ayude mi familia. Quiero ayudarlos yo. Es cuestión de aguantar, aguantar un poco más. No me puedo morir por trabajar ahí, tengo que sobrevivir a eso... Aguanto un tiempo más, hago un plan, trazo un plan, no me puedo ir sin planes.
- No - musitó - Hay niveles de hostilidad y niveles de hostilidad. Uno sabe hasta donde es capaz de aguantar y lo que es capaz de aguantar. No todas las personas resisten lo mismo, en especial, cuando están en un lugar donde las tratan mal. Yo no sé lo que debe ser estar ahí, porque en mi trabajo pasan otras cosas, pero no sé, no me quiero meter, no quiero que te enojes... - dudó - Yo cada vez que veo un aviso de Profesora de Lengua no entiendo cómo no estás ahí. Pienso que vos tendrías que estar ahí, que estarías contenta. Uno tiene que orientarse a hacer las cosas que lo hagan feliz, no puede aguantar toda la vida - me dijo, aconsejándome desde el amor - Yo entiendo que tengas cosas que pagar, pero de alguna forma lo vas a poder pagar... El tema es estar ahí.
Suspiré, la miré y me quedé callada.
- Sí, yo entiendo lo que me decís... Pero, no puedo irme por ahora. No sé qué voy a hacer más adelante. Tengo que poder aguantar. No me puedo quedar sin nada, con una mano atrás y otra adelante.
- No, ya lo sé. Pero ¿cómo no te vas a poner así con las cosas que pasan ahí? No vas a poder aguantar mucho más, no te lo digo de mala, pero eso no se puede aguantar por mucho tiempo. Un día, no vas a poder soportar más y vas a caer en un pozo del que cuesta años salir, después. No esperes hasta estar ahí. Cuidá tu salud, evitá llegar a ese punto, orientate hacia donde querés ir, aunque no te paguen tanto, aunque no tengas tanta plata para pagar todo lo que pagás, aunque no puedas hacer todo lo que querés hacer ya...
"¿Por qué nadie me entiende?", pensé.
Pero ¿qué es lo que habrá que entender y qué es, en realidad, todo lo que acabé entendiendo yo?
IV
Lo único que le ruego a la vida es que, de alguna manera, me conceda un solo regalo referido a éste tema: la oportunidad de estar mejor en otro lugar y de poder seguir estudiando. Porque yo lo que más quiero es laburar, pero no sé hasta dónde me dará el cuero para ir a laburar padeciendo.
Hoy sé, porque lo aprendí, que aguantar tiene una única consecuencia - y es eso lo que estoy experimentando en carne viva -: uno hace fuerza, fuerza, fuerza, hasta donde más puede, pero llega un momento donde le aprietan los órganos vitales y es como si no pudiera respirar. Se siente muerto. Como si la felicidad fuera igual que ese sol que ve todas las mañanas pasando por el puente y siente que se está perdiendo.
Porque, en realidad, lo que se está perdiendo, de quien se está olvidando, es de si mismo.
Quizá mi papá, mi mejor amiga, una de mis hermanas, están intentando recordarme esto y yo no lo entiendo todavía, terca, empeñada en hacer todo por encima incluso de mi misma. Quizá, de afuera, lo que ellos quieren es que no me olvide de mí.
Yo, por lo pronto, quiero poder ser fuerte y soportar lo que sea que venga hasta que la vida me regale la oportunidad que necesito. Desde mi lugar, no me rindo. Sigo buscándola. Ojalá llegue pronto.
No es que me guste sufrir.
Yo también estoy aprendiendo.