martes, 29 de junio de 2021

Flexibilidad

 A medida que pasan los meses me convenzo más respecto a que las cosas pasan cuándo, cómo y del modo en que deben pasar. Sí. Es fuerte entender eso, principalmente, porque resulta un poco imperativo. Hace sentir que no tenemos injerencia sobre nuestra propia vida o que nuestras decisiones no valen dos centavos. Pero creo que soltar el control sobre las situaciones no es un revoleo de chancleta, sino, una verdad, casi una necesidad cuando todo se salió de su sitio. Porque... ¿cuándo, en qué términos, en qué momentos, sentimos control sobre lo que nos rodea y eso se da realmente?  Creo que eso del control es, lisa y llanamente, una ficción. Y me recuerda a una frase que dice muy a menudo la gente mayor: "la vida son tres días y ya pasaron dos", por notar lo tremendamente cierta que es. 

Hoy por hoy ya no me interesa controlar el ochenta por ciento de las cosas que creía controlar, al menos, hasta marzo 2021. ¿Si me importa recuperar el orden? Obvio. Pero entiendo que no puedo controlar todo, estructurar todo y sobrepensar tanto. Que un orden nuevo implica paciencia y tolerancia por los ritmos que no dependen de mí y que si bien no es lo que me gustaría que me pasara es lo que me está pasando. ¿Si lo voy a poder solucionar o algo así? Claro que sí. Que no me esté pasando lo que deseo no siempre debe ser un drama aunque resulte incómodo o inconveniente en otros sentidos. 

Pensar en todo esto es una cosa muy grande a nivel personal, ya que si bien no dejo de ser estructurada, plantea otro tipo de flexibilidad. 

Al fin y al cabo, por mucha resistencia que pongamos, por muchos sí o por muchos no, las cosas, las cosas que realmente deben pasar, van a pasar. Sean buenas o malas, hay lecciones que por encima de esa catalogación resultan inevitables. 

Pasen segundos, horas, días, semanas, meses, años o décadas... Si tiene que pasar, va a pasar. 

lunes, 28 de junio de 2021

Lo que debía ser

 Una de las cosas que conversamos con Galeno respecto al final de nuestra relación fue esa sensación compartida que conservamos respecto a que pasó lo que tenía que pasar. Sin buscarle explicaciones anexas al asunto o cosas de ese estilo, convinimos en que en diciembre 2020 las cosas para nosotros eran insostenibles. Y que si bien ambos teníamos una lista de deseos, aquéllos, se habían ido convirtiendo progresivamente en cosas pendientes.  Mientras lo charlábamos, pensé: "y las cosas pendientes, duelen". 

- Lo bueno fue que hicimos lo correcto, lo que debía ser - le dije, siguiendo con el tema.  

- Si. Realmente - me contestó - Eso sigue siendo así. 

- Si no, nos hubiéramos quedado con las ganas de conocernos. Mira si nos agarraba la pandemia. Quedaba todo trunco. 

- No, yo hubiera ido a verte... No hubiera dejado que quede todo trunco... - me dijo. 

"¿Y ahora me lo venís a decir?", pensé. 

- En realidad, no sabes, Galeno - lo frené - Mira todo lo que pasó después con nosotros... y ya nos conocíamos...  Creo que nadie sabe lo que hubiera pasado; sabemos lo que pasó efectivamente - le dije , devolviéndolo al presente - Yo tampoco se que hubiera hecho. 

- Quizá eso también lo teníamos que vivir - observó - y tenemos que vivir esto.  

- Sin dudas - sentencié - como vivimos el conocemos también nos tocó tratar de soportar la pandemia. No se pudo. 

- Fue y es un tiempo difícil. 

- Si. Y por eso, jamás me espere que me hablaras. Así que no contaba con vivir esto - le dije, relajadamente. 

- La vida da muchas vueltas, Veinteava - me dijo. 

- Lo sé, Galeno - contesté con sorna - Hoy más que nunca sé que la vida cambia en un segundo. Aprendí la lección. 

- Hay momentos en la vida donde se nos cruzan cosas. Nadie lo espera, pero se cruzan. Y uno tiene que adaptarse. Aprender a atravesar lo que pasó y no lo que le gustaría que suceda. 

- Sin dudas - le dije - Y creo que por eso estuvo bien no hacer del hecho de separarnos un show. 

- Sí. Eso es cierto. No hicimos eso. 

- Yo lo viví bien. Vos creo que incluso mejor...  

- No era justo vivirlo mal - dijo - Si fue hermoso... ¿Por qué vivirlo mal? 

- Obvio. ¿Mirá si íbamos a sufrir cuando pasamos momentos tan graciosos juntos? - le dije, porque me había recordado algo muy chistoso hacía un momento. 

- Nooo. Hay que confiar en lo que nos sucede - admitió. 

- Sí. Siempre. Más allá de todo - le dije. 

Cuando acabó la charla entendí que haber vivido esta historia con Galeno me aportó madurez en gran medida, pero además, aportó paz. Despedirse con paz de una persona es uno de los mejores y más preciados regalos que podemos dar y recibir. Aunque no sea lo mismo, aunque la vida haya cambiado, aunque ya no se esté en la misma sincronía... Creo que la paz de aceptar lo que sucedió y seguir adelante es lo más hermoso que experimenté alguna vez. 

Y eso que lo estoy experimentando muchísimo últimamente. 

domingo, 27 de junio de 2021

El Gobernador

 Anoche salí de copas con mi mejor amiga. Fue una idea mía para cerrar esta etapa y darle la bienvenida a una nueva que, indudablemente, será así más allá de lo que traiga. 

Tomamos lo suficiente como para que yo estuviera risueña y relajada cuando regresé, bastante ebria a decir verdad.  Mis padres, que me escucharon, me preguntaron qué tal la había pasado, si había tomado mucho, porque parecía.  Yo sólo me acuerdo que me reía, de todo, y los miraba y me reía. 

- Volví porque Axel dijo eso - le dije a mi madre - Y si lo dice el Gobernador... Axel lo dijo, mami, y si lo dice Axel es para la provincia de Buenos Aires. Es el Gobernador y dijo que a las once. Y son las once. 

- Ohh, sí. Ya me dijiste, Veinte, sí, ya sé que lo dijo... - dice haberme contestado - ¿Por qué no vas a descansar? Estás un poco borracha... 

Yo me acuerdo de casi todo, pero de estos desopilantes diálogos con mi mamá tengo flashes. 

Lo más maravilloso de todo esto es que hoy me desperté y corroboré aliviada que no había tenido la mala idea de mandar ningún mensaje a nadie. 

sábado, 26 de junio de 2021

Honrar el camino

El jueves fui hasta la oficina a arreglar mi desvinculación. Me reencontré con mis compañeras después de un año y medio. Fue una jornada de sensaciones encontradas que estoy tratando de acomodar en mi cuerpo y en mi mente poniendo blanco sobre negro. Oficialmente, trabajo en la administración hasta el treinta de junio y ya ayer fue el último viernes que he pasado allí. El haber finalizado esta etapa empieza a ser, ahora sí, no sólo una idea sino parte de lo cotidiano. Y creo que lo mejor que pude llevar es el día de trabajo que pasamos el jueves las tres juntas, riéndonos, contándonos cosas, hablando de lo que nos toca vivir a partir de ahora, recordando anécdotas y entendiéndonos en esa sensación tan rara de tener que abandonar un lugar por fuerza mayor.  Todas estuvimos al borde de las lágrimas, pero también nos agradecimos, alentamos y enviamos cariño. Yo, personalmente, que fuí la última persona que se incorporó al sector contable, encontré en las chicas compañeras maravillosas de trabajo que, aunque me llevaban décadas, depositaron su confianza y su conocimiento en mí para ayudarme a aprender y hacerme pasar una linda pandemia en términos laborales. Me encariñé un montón con mi jefa, que es una divina y me adoptó como si fuera su hija pero que además me enseñó mil cosas nuevas y útiles a nivel laboral.  También con mi compañera que me explicó todo con amor, paciencia y que me permitió ayudarla con mis estrategias a facilitar el trabajo en todo lo que pude aportar.  

Sí, es un momento realmente triste desde la calidad humana que encontré en esa oficina el haber perdido el trabajo, el que toda la empresa haya cerrado. Pero estoy agradecida por haber estado  este último año y medio en ese sector del que todos hablaban re bien y que yo desconocía cuando entré a la empresa, pero en el que terminé contra todo pronóstico, teniendo en cuenta lo codiciado que era ese puesto por la linda vibra que se respiraba. Hoy sé que todo eso era real. Y que tuve el privilegio de vivirlo. Por eso, aunque me tenga que despedir de este trabajo - que empezó siendo muy feo en otro sector, con otra gente, y terminó siendo hermoso en éste - lo hago llena de gratitud a la vida por haberme regalado ese lugar, por haberme permitido convivir y formarme con esa gente y por haberme dado la oportunidad de incorporar todo lo aprendido. 

El jueves cuando llegué  a la oficina creo que una de las cosas que le pedí a Dios fue que me diera fortaleza. Y sé que me la dió. Tuve que hablar con el dueño de la empresa sobre el aspecto económico de la cuestión, cosa que es compleja de por sí, me dijo que me agradecía por la calidad de trabajo que había tenido, por lo seria y responsable, y aseguró que me iba a acoplar laboralmente en poco tiempo porque tenía muchas condiciones.  Yo le agradecí, sin creérmela demasiado, coordiné las últimas cuestiones, y seguí trabajando con mis compañeras que pasaron por lo mismo una vez que me saqué eso de encima. 

 Un rato después nos trajeron comida a modo de despedida, cosa extraña, claro, porque no tuvieron esa deferencia con ningún otro sector, pero fue bien recibido y creo que cada una a nuestra manera lo disfrutamos. Tratamos de vivir esto con esperanza pese al enorme duelo que estamos trasitando hace dos meses y pico, porque esa es la otra clara de esta realidad, dado que fuimos el último sector que funcionó antes del cierre y vimos pasar a todos nuestros compañeros en el desfile hasta que nos llegó el turno de modo inevitable.   Cuando salimos de la oficina, nos quedamos las tres a full, así todas nos íbamos más temprano, nos invadió un alivio y una pena que fue real y lógica por encima de todo. Conversamos un poco. Consideramos que el contacto merece seguir y que fue un grupo de trabajo hermoso.  Nos despedimos, cada una, yendo hacia su colectivo. Dándole fin a la historia. 

II

Por suerte, en mi caso, volví a casa haciendo el mismo viaje de siempre sabiendo que me esperaba mi familia.  El mismo viaje que hace dos años y medio tomó otro sabor pero lo transité con gratitud.  Otra vez, una montaña rusa de sensaciones.  Especialmente cuando mi hermana, la mamá de mi sobrino, que desconocía que ese era el día que yo llevé dos meses esperando, de casualidad me mandó una foto de mi niño amado y me mandó una foto de nosotras dos juntas. Porque sí. Casi como una señal de que no estoy sola en esto. Casi como todo lo lindo con lo que me pude quedar de ese jueves, que me dió la fortaleza que necesitaba; la capacidad de honrar mi propio camino.  Llegué a casa sana y salva, por suerte, sana y salva. En cuanto dejé las llaves, el tapado y mi cartera sobre la mesa, mi mamá me preguntó como me sentía. "Aliviada, mami. Pese a todo", le dije.  Una media hora después de hablar con ella, finalmente, me dí un baño largo, muy relajante, y me abrí nuevamente un Malbec de bodegas Trapiche 2018 que estaba espectacular. Cené con mis papás. Hablé con mi hermana. Aprecié a mi sobrino. Agradecí a la vida por todo lo que sí tengo y me fui a dormir. 

Y es que sí, también terminar bien una etapa me da la paz de saber que hice lo correcto, que actué con integridad, y que ahora es una nueva etapa de acopio de energía para planear, soñar y trabajar por un nuevo tiempo. Es apoyar la cabeza en la almohada y dormir en paz. 

Los que vienen son esos momentos en donde hay que dejar que, con mucha constancia y un poquito de suerte, la vida comience a operar con sus fuerzas, con sus marchas y contramarchas, para ponerme en el lugar donde tengo que estar.  Pero eso sí: yo me voy de ese lugar sabiendo honrar el camino con agradecimiento y esperanza. Pase lo que pase a partir de ahora, mi capacidad de soñar y la experiencia vivida es sagrada, algo que jamás me arrebatarán. 



miércoles, 23 de junio de 2021

La vida cambia

Sí, las cosas han cambiado en mi vida desde los últimos seis meses. Creo que por eso, la frase que le dije a mi terapeuta en diciembre 2020, cuando le comenté que Galeno y yo nos habíamos desvinculado, no fue menor. "Él acaba de perder un lugar, no perdió la posibilidad de verse, perdió un lugar en mi vida que no le voy a volver a brindar". 

II

Dicen que ningún proceso de duelo es tal si no aparece la persona en cuestión y te pone a prueba. Bueno, el otro día apareció mi prueba. Y realmente juro por quien sea que yo ni me lo esperaba. Sí, capaz que quien me ve de afuera dice: "pero ¿cómo? ¡Esta piba nunca se espera nada!" y sí, es un poco así.  Yo jamás me iba a imaginar a Galeno diciéndome las cosas que me dijo el otro día. Quien me lea los últimos seis meses puede constatar fácilmente en qué estuve, qué me pasó, qué no me pasó, etc. Para mí su sondeo después de tantos meses fue rarísimo, porque lo hacía en su altillo de lujos, básicamente, y no me paré a preguntarme más que contadas veces qué estaría haciendo.  

Pero sí sonrío con cierta ajenidad de mi misma porque pienso que por cada cosa que me dijo, yo contesté frases como: "sí, entiendo"; "sí, en su momento me pasaba lo mismo", "sí, con el tiempo pude procesar cosas y tomé mi posición", "si, de haber podido verte en su momento creo que habría estado bien, pero pasaron cosas... ", "sí, al principio te extrañé pero no es algo que por lo que quiera volver a pasar", "no, yo me quedé con el buen recuerdo de una historia linda, no pensé más en eso durante todo este tiempo". 

Y la más irónica de todas, teniendo en cuenta los argumentos esgrimidos con anterioridad: 

- Me dió ganas de verte cuando recordé todo esto - me dijo. 

- Sí, en su momento a mí también me hubiera gustado - contesté. 

Y no, no es que me esté vengando, ni que lo odie, ni que no haya elegido quedarme con lo bueno. De hecho, todo eso es así y fue así desde el comienzo.  Pero también, hoy en día, hay otro montón de cosas que son de ésta otra manera. Eso no quiere decir que sea malo, o que me esté tomando el pelo, sólo quiere decir que yo no le doy la misma importancia.  Que a mí no me pueden tratar como si mis sentimientos no contaran. Que yo no soy una persona que dejás y volvés a buscar. Que tenía deseos, expectativas y mil ganas de verlo, las cuales no supo apreciar ni tomar en cuenta en su momento.  ¿Y qué más le puedo decir yo frente a esto que expresó, no? Creo que es lo que siento, ni más ni menos, y que es re contra válido. 

En su momento, y ese es el momento al cual hago referencia en mis respuestas, sí que le había dado un lugar muy cálido en mi vida. Con aciertos y errores, era un lugar donde lo respetaba, le era fiel, lo apreciaba mucho, lo acompañaba en todo lo que podía, y trataba de hacer lo mejor desde mi misma para que se viera reflejado en ambos. Pero mi vida cambió, y él perdió ese lugar cuando se retiró del juego y de la lucha que veníamos sosteniendo por muchos meses, con el único objetivo de reencontrarnos después de la pandemia. 

¿Alguien se da una idea del gasto de energía, ilusión y lo desgastante que fue? Tanto que me cansé y mandé a la mierda todo desde mi lugar.  

Curiosamente, cuando Galeno se salió de todo esto, me dijo que necesitaba estar solo, que no se sentía bien, que no podía sostener el contacto, que quería meterse para adentro. Me explicó que no era por mí, y yo le creí, porque uno de sus argumentos fundamentales era que yo no me merecía ese silencio y esa ausencia y la verdad es que en eso estuvimos de acuerdo desde el vamos: yo no me la merecía, así que nos dijimos adiós.  Tiempo después, lo ví - la única vez que revisé sus redes en siete meses - haciendo excursiones en el interior de su provincia que consistían en estar solo, pero más que solo, buscándose a si mismo. Y me di cuenta que era su proceso.  Pero ahora hay otro proceso. Y es el mío. Hoy soy yo quien necesita encontrarse a si misma. Quien necesita adentrarse por los caminos de su interior, re-acomodar su vida, crear un nuevo trabajo, seguir luchando por mis sueños y apreciando todas las cosas bonitas que me pasan y me van a pasar. 

La vida cambia. 

Ojalá siempre sea para mejor. 

martes, 22 de junio de 2021

Sobre el lenguaje y el habla

 - Galeno - exclamé , en pleno San Telmo - ¿Nos sacamos una foto? Es lindo este lugar 

Galeno me observó, asintió con la cabeza y se frenó. 

-Dale. Vení. La saco yo, que soy más alto - me indicó, manoteando su celular. 

Me acerqué a su cuerpo, y él activó la cámara selfie. Le pasé una mano por el cuerpo mientras apoyaba parte de la cabeza en un gesto de afecto y familiaridad y sonreí. Él puso cara de contento y se pegó a mi cuerpo con un resto de afecto palpable. 

- Está muy linda - dijo, observándola - Después te la voy a pasar. 

- Por favor, dale - musité, y seguimos paseando. 

Al rato, cuando me la pasó, le hice un comentario: 

- Ah, pero qué linda foto, fuera de joda - musité - Cara de contentos, ellos. 

- Cara de feliz cumpleaños... - aludió. 

- Cara de dormimos bien anoche, mi *** - musité, con el apodo cariñoso que había creado para él. 

- ¡Uf! - dijo, mientras continuábamos paseando - Y sí... Si estás activando mis sentidos a todas horas... 

- Es como un don, casi un regalo de los Dioses- le dije, en broma y nos sonreímos - Encima que sos así...  - advertí, mientras miraba una vidriera. 

- Encima que te hablo así ¿eh? Como esa gente del interior del interior - me contestó, en broma, deteniéndose a mirar algunos objetos. 

- Uy, sí - se la seguí - encima que me hablás así... 

- Lo mismo digo - evidenció - Para mí, la que tiene tonada sos vos - insistió, imitándome, en cada una de las frases donde, según él, más relucía mi tonada: - "Me llevé la shave", "vamos para ashá", "me hacés ver estreshitas", "ya shegué", "ay, estoy shorando".  

Me reí con enorme ternura. 

- ¡Ah, bueno, por favor! Discúlpeme, señor... ¡Cierrrrto que usted no tiene esa tonadita que tanto pero tanto me gusta! - lo toreé. 

-  No tengo la tonada oficial de *** - me explicó - Cuando vengas, te vas a dar cuenta, vas a ver que no te miento... - deslizó. 

Me di cuenta que Galeno estaba expresando ese deseo de una forma muy natural. 

- Igual, yo confío en vos, aunque es cierto que no me imagino las otras variantes... Seguro que allá me doy cuenta cuando vaya... - le dije, tímidamente, porque él me había dicho hacía mucho que deseaba que fuera algún día a su casa pero hasta el momento yo no había reflotado el tema pensando que era, naturalmente, sólo un decir. 

- Cuando vengas, las vas a escuchar. Son muy claras. Yo no tengo tanta tonada, aunque para vos parezca que sí. 

- Mirá, mi *** - le dije , despreocupada y libre - a mí me encanta cómo hablás. Me da ternura, me pone blandiiita... Así que, aunque no sea la oficial, me puede igual. 

Galeno me sonrió. 

- ¿****, vos? - dijo, sabiendo que era mi frase favorita, dicha con su tonada. 

- Sí, mi hombre de la provincia de ***, sí - le dije, edulcorada - La tonada, tu tonada, me tiene así. 

II 

Febrero 2020 (pocos días antes de la pandemia)

- Mirá - me dijo, cuando estábamos haciendo la recorrida de la ciudad capital de su provincia por primera vez y me estaba mostrando todos los lugares que consideraba lindos  - ¿Escuchás algo?

Asistíamos a una conversación en la vía pública, algo casual. Se notaba la diferencia de la cual Galeno me había comentado paseando por Buenos Aires. En cuanto me frenó, yendo yo entretenida por las atracciones del centro, lo miré y se me escapó una sonrisa. 

- A ver - observé - ay, sí, se re nota... - le dije, con franca sorpresa . 

- ¿Viste, eh?  - me sonrió, atento a ese descubrimiento tan inocente. 

- Igual mi preferida es la tuya  - le aclaré, revoléandole los ojos, en señal de ironía y continuamos paseando bajo el rayo del sol, que nos regalaba un día soleado, como en los cuentos, de esos donde no hay ni una sola nube y todo se puede apreciar muchísimo mejor. 

- La tusha - me dijo, con ternura, repitiendo las palabras como las digo yo - A mí la túia me gusta más - reconoció. 

Nos reímos y mientras me contaba la historia de la ciudad, y la historia de su vida en relación a los lugares que visitábamos, seguía sintiéndome muy afortunada por poder estar ahí. De hecho, Galeno me mostró el departamento donde vivió de estudiante, la zona donde se compró su primera casa junto a la madre de su hija, y el café donde se sentó a desayunar en los momentos lindos o más inciertos de su vida.  En ese café mantuvimos las primeras charlas y recordamos con ternura cuando me mandaba fotos del café o las delicias dulces para contarme que estaba comiendo. 

- Tenemos que venir acá, ojalá mañana esté abierto, creo que te va a encantar - me dijo, sabiendo que yo amo tomar la merienda fuera de casa. 

III

Cuando volvíamos del paseo, al ingresar al barrio privado donde vive Galeno, saludamos a la gente de seguridad. 

- Buenas noches - le dijeron a Galeno y a mí. 

- Buenas noches - contestó él, con un gesto serio, como si impusiera cierta distancia con su semblante protocolar.  

- Hola, qué tal - lo saludé yo, con un gesto discreto pero indudablemente más fresco.  

El tipo se me quedó mirando por unos instantes y siguió haciendo sus cosas dentro de aquélla garita ubicada en la entrada principal, antes de las barreras de seguridad que le daban paso a los autos. De camino, por las calles internas hasta la torre donde nos esperaba el octavo piso, nos cruzamos con algunas vecinas una vez que descartamos el auto en la playa de estacionamiento. 

Nosotros veníamos conversando, muy en la nuestra, riéndonos y susurrando, cuando noté que las señoras se detenían a mirarme con especial interés, y me sentí un poco ajena. Las miré, sin decir nada, y aguardé a que nos acercáramos más a ellas como parte del recorrido inevitable. Galeno me abrazó de costado, mientras caminábamos, como si pudiera protegerme de las miradas y yo lo abracé agradeciendo secretamente esa deferencia tan crucial.  Realmente la necesitaba aunque no por incomodidad estética de lo que vieran, sino, por una cuestión de pertenencia. Yo sabía que no vivía ahí y ellos sabían lo mismo. 

- Buenas nochesssss ¿cómo están? - le dijeron, incluyéndome - ¿Qué taal? - me dijeron a mí, mirándome a arriba a abajo. 

- Hola, buenas noches - les dije, con una sonrisa y seguí hablando con Galeno en voz baja. 

Se notó en los ojos que no les resultó ninguna sorpresa que no fuera de allí. Evidentemente, algo más allá de mi forma de hablar me delataba. Y eso que no estaba mal vestida, ni desentonaba con el lugar. Al contrario. Me había puesto un pantalón de jean oscuro muy lindo, junto con una camisa de verano, una campera de cuero negra, que hacía juego con los zapatos y una de mis carteras preferidas, que encajaba perfecta con la camisa.  

Por suerte, una vez que Galeno pasó las verificaciones de seguridad, y yo pasé detrás suyo, la vecindad fue historia. 

IV

Un ratito después, Galeno me desprendía la misma camisa antes mencionada, y se deshacía de esa remera negra que tan linda le quedaba. En esos contextos tan diferentes y esperados las viejas chusmas no me importaban en lo más mínimo. 

- ¡Mi ****, no seas así que me muero! - lo cargaba, de buen humor - ¡Van a escuchar tus vecinossssssss! 

Galeno se reía, divertido. 

- Me chupan un huevo los vecinos - respondía y me besaba a la vez - Vos podés hacer lo que quieras conmigo - me repetía, entre beso y beso, desconectándonos del contexto, y conectándonos entre nosotros, mientras nos reíamos y revoleábamos la ropa 

- En serio - lo llamé, desbordada de deseo - perdón si tenés a alguien arriba o abajo... Pero... si supieran las cosas que podés hacer para hacerme olvidar de cómo me llamo... 

Él se rió, nuevamente: 

- ¿De qué? ¿De cómo te shamas? - me susurró, con dulzura, mientras me besaba, y procedía a hacerlo en todo el cuerpo, para motivarme. 

- Ya está.  Me cago en las viejas - musité, y me entregué, entre risas, sin importarme un comino el qué dirán en ninguna de sus formas.

Fue tan real mi entrega, y la suya, tan ajena a los condicionamientos esperables, que, un rato después, Galeno también estaba en otro planeta. 

V

Al día siguiente, la conclusión quedaría flotando en el aire. 

-  Estoy sorprendido  - dijo, visiblemente en ese estado. 

Yo lo miré.  

-  ¿Por lo que puedan decirte los vecinos sobre ruidos molestos? Soy un angelito, yo - lo burlé y parpadeé con velocidad, apropósito, para hacerlo reír.  

Se rió, levemente, y me miró con deseo. 

- Esos no son ruidos molestos para mí - me contestó, con una sorna deliciosa y le sonreí con descarado deseo - Estoy sorprendido por lo que hiciste ayer (...)

- Sí , bien que lo recuerdo... ¿Entendí mal el concepto, lo modificamos?  - le pregunté, enarcando una ceja. 

- Noooo - se apuró a decir, temiendo que entendiera todo al revés - A mí me encantó. Fue un flash. 

Asentí con la cabeza y le pregunté algo que me intrigaba en serio. 

- Fue algo... particular para vos ¿no? - esperé su contestación con una sonrisa . 

- Bueno, sí, es que es muy difícil de lograr tanta comodidad y placer de esta forma...  - me dijo, pensativo. 

- Sí, me pareció. 

-  Vos fuiste suavecita, y estabas muy atenta a cómo me sentía... generosamente... comprendiste lo que hacía falta para que saliera bien - me miró, y sonrió - Por eso fue tan intenso. 

- Galeno, yo siempre voy a ser suavecita con vos. No sos una bolsa de papas, sos mi **** - le dije, utilizando el gentilicio de su provincia. 

Me sonrió con ternura. 

- ¿Está aprobada esta actividad? - me preguntó. 

- Obvio que sí - le dije - Tengo la sensación de que le encontramos el punto, de hecho ¿o no? 

- Sí. Vos estabas tan cómoda y feliz, me relajó muchísimo eso...  

- Ahora cuando salgamos las viejas van a percibir que tuvimos actividades nocturnas muy placenteras y se van a abanicar. Un incendio intencional va a ser eso, chiiiicooos - seguí con el chiste. 

- Por favor, qué querés, con los estímulos presentes... - me contestó. 

Nos reímos. 

Galeno se fue a bañar. Cuando salió, me observó chateando envuelta en sus sábanas  

- ¿Vamos a empezar el día, pendeja, o te querés quedar así? - me preguntó, con un gesto divertidísimo - ¿Querés salir a comer más tarde o querés que te cocine? 

- ¡Quiero que me cociiiiineeees! - admití, haciendo fiaca en la cama y festejando - Qué emoción ¡voy a probar tus platos finalmente!   

- Bah, que tampoco es para tanto...  Te cocino, entonces. Ahora voy a preparar nuestro desayuno que hay que juntar energía... 

- Graciasssss, mi *** - le dije, tratando de ser compradora -  Me voy a ir a bañar y a juntar fuerzas. 

Sonrió y se fue a hacer de las suyas culinariamente. 

Me gritó desde la cocina una frase en inglés. 

Me reí, sonoramente, entendiéndola. 

- Ay, cierto que él es un Galeno que habla en dos lenguas... ¡cierto! - lo burlé.




lunes, 21 de junio de 2021

Las oportunidades perdidas

Es curioso pero, a lo largo de mi relación con Galeno, siempre tuve esa idea de que el día donde se terminara lo íbamos a hacer bien. Pero también que, más allá de hacerlo bien o hacerlo mal, íbamos a terminar. 

Cuando me escribió el viernes me di cuenta que el tiempo es muy relativo en las personas. Pasaron siete meses desde que nos separamos, algunos más sin vernos, y sobre su figura cayó un manto de olvido muy grueso siendo franca.  No, no lo odio, no lo desprecio, no lo juzgo. Solamente, no me acordé demasiado de el en todos estos meses.  Y las veces donde lo hice, no dolió. 

Cuando el me dijo que solía tenerme presente , o que se había querido matar cuando perdió nuestras fotos porque se le rompió el celular, yo me sentí un poco descolocada la verdad. A mí no me pasó lo mismo y de hecho que hayan pasado siete meses me parece un montón de tiempo. ¿Qué extraño, no? Hay otra gente que vuelve después de siete años y me llena de preguntas, mientras que otra gente vuelve y me llena de paz, pero además, de cierta sensación de lejanía. 

No, me lo he preguntado estos días, pero no es rencor. Creo que fue haber dado todo lo que pude y pensar "bueno, yo hice las cosas bien, así que me merezco olvidar las cosas que pidieron haberme herido".  Lo curioso fue haberlo logrado e incluso estar en una posición tan lejana a esos días. 

La charla con Galeno dejo entrever todavía más cosas que la que mantuvimos por su último cumpleaños. Creo que se dió cuenta de lo que perdió. Que se dió cuenta de la oportunidad que le estaba dando, y que le retiré cuando, abrumado por la pandemia y su vida en si, no se comportó bien conmigo. 

- Después de lo de hoy en la guardia y ese vino fue imposible no escribirte - me dijo. 
- Si, todo bien igual. No es grave. A veces yo también tenía ganas pero bueno... 
- ¿Y por qué no lo hiciste? 
- Porque no. Me pareció que no tenía sentido. 
- ¿Por qué? 
- Porque no... Además, vos podías haber hecho tu vida y era innecesario aparecer. Capaz que te casaste otra vez... 
- Vos sabes que siempre podés hacerlo. Me podés escribir cuando tengas ganas. ¿Casarme? No. Estoy tranquilo. 
- Bueno. Es lindo ¿no? Creo que eso es lo que querías el último tiempo. 
- Jajaja - me contestó y uso mi apodo. Yo no me olvidé de vos. Espero no estar interrumpiendo ni molestando si es que vos... 

" Pero me abandonaste, abandonaste lo que construimos, no pensaste en mi, fuiste egoísta", pensé. 

-  No, tampoco me casé - le dije en broma - Cada vez que pensé en vos durante todos estos meses fue diferente, de todos modos. 

- ¿Por qué?- dijo. 

- Porque yo quería verte en diciembre 2020. Deseaba verte. Mucho. Y bueno, los dos sabemos qué pasó. Así que cada vez que pensé en vos en los meses siguientes lo hice con otra perspectiva. 

- Yo en cambio me acordé muchísimas veces de vos. 

- Bueno, son los últimos recuerdos normales que tenemos antes de la pandemia  - le dije. 

-  Hace un tiempo había abierto un vino, y me senté en el sillón a escuchar música. Se me vino a la cabeza ese día donde también te habías tomado un vino conmigo, y te habías acostado ahí.  Me acordé de vos y te extrañé. Extrañé todo - dijo. 

- A mí me pasó el otro día - le dije - Vi que mostraban un lugar a donde fuimos, ****, y pensé que ojalá estuvieras bien con todo lo que está pasando alla. Parece que eso llegó jaja.  En la tele dicen que está todo muuy jodido. 

- Si, llegó. Gracias por eso. Me pasa lo mismo cuando veo algo de Buenos Aires. O cuando veo las cuentas de Instagram de los lugares a donde íbamos a comer. 

 - Vivimos una linda historia, Galeno - concluí. 

- Una muy hermosa - admitió. 

" Vivimos" , enfatice. "Vivimos". 

sábado, 19 de junio de 2021

El mismo vino

 Volver de la oficina en colectivo. Pensar si me bajo o no en el supermercado porque tengo que enviar algo urgente por e-mail. Decidir bajar en el supermercado y repetirme que la ansiedad ajena no debe ser mi ansiedad.  Quedarme pensativamente frente a la góndola, evaluando qué vino me llevo. Dudar entre uno y otro un largo rato y concluir con un "sí, ya fue, tengo que probar de ésta bodega".  Llevarme un Malbec de Bodegas Trapiche. Pasar por la caja, pagar, e irme a casa con la cartera en una mano y el vino en una bolsa un viernes a las cinco y media de la tarde. 

Mi viejo se pone contento cuando me ve llegar y al rato encuentra la botella sobre la mesa envuelta. Le explico es el mejor regalo que le puedo hacer, por el momento,  porque no puedo permitirme gastar tanto dinero como me gustaría, y  él me dice que yo le regalo cosas mucho más importantes todos los días. Que tomemos ese vino los dos, que para él el regalo es otro, como mi afecto, nuestras charlas y el tiempo que le doy desinteresadamente.  

- ¿Cómo te fue hoy en la oficina? - me pregunta, mientras ve que desinfecto todo y me cambio de ropa. 

- Día larguísimo, pero bien... Qué se yo, la verdad... - le comenté - Ahora mientras me tomo unos matecitos voy a darle una última mirada a un avance del ensayo que tengo que entregarle a *** . 

- Sí, hija, te va a salir espectacular. ¿Hoy le damos al vinito, querés? ¿Lo partimos? 

Me reí. 

- Síiii , dale.  

II 

Cenamos con el vino. Es realmente algo delicioso así que lo comparto en redes sociales. Definitivamente, es la mejor parte de un día muy muy largo y cargado de trabajo, viaje, y diferentes emociones. 

Al rato, recibo un mensaje privado. Es Galeno. 

- Mirá lo que estoy tomando - me dice. 

La foto mostraba una copa, un vino abierto y ya previamente empezado. El mismo vino. Admito que me sorprende un poco. Su gesto, un viernes a la noche, y la coincidencia. Pero además me sorprende porque hace mucho que no hablamos, o al menos, porque desde la última vez que hablamos a mí me pasaron muchas cosas; entonces, siento que fue hace mucho.  Definitivamente la evidencia es veraz.  Galeno y yo elegimos comprar el mismo vino, abrirlo el mismo día, en el mismo momento a una provincia de distancia. Coincidencia número 3453, como me dijo, justo después de sacar esa foto y enviármela. 

Esto llevó, claramente, a una charla muy larga de los dos. Fue una charla bastante más profunda de la que mantuvimos en abril por su último cumpleaños. Muy larga y, sin embargo, muy natural. Como si estos siete meses separados no hubiera significado nada. Y al mismo tiempo, al menos de mi lado, como si hubiesen significado un montón de cosas. 

Galeno me dijo que justo en la guardia que había hecho hasta hacía un rato con sus compañeros conversaron sobre comidas típicas de la provincia. Sus residentes le preguntaron a él cuánto hacía que no comía un choripán y él dijo que no comía un choripan desde febrero del 2020. 

- ¿Nunca más volviste a ir a ***? ¿En serio? - le pregunté. 

- No. Fuí con vos la última vez. Me acordé de eso, hoy. Que la última vez que fui a ese lugar estaba con vos.  Me acordé de cómo te reías con la iguana. 

- Ohhh. Sí, ese día fue genial, un recuerdo re gracioso - le dije, y me reí de acordarme - ¿Por qué no querés ir? ¡Volvé! 

- Nos reímos muchísimo ese día ¿te acordás? - me recordó, como si lo hubiese olvidado - Me gustaría volver con vos ahí - añadió. 

- La verdad es que yo no sé cuándo volveré a **** - le dije en relación a su provincia - Estamos en pandemia - acoté. 

Sí. Parecía que teníamos los discursos cambiados. Aunque en realidad no lo hice apropósito. En este momento de mi vida me cuesta pensar en vacaciones si tengo otros frentes que solucionar en primer lugar, a saber, conseguir un trabajo nuevo, cosa no menor, teniendo en cuenta una cuestión de prioridades que nada tiene que ver con el rencor. Se lo expliqué brevemente de hecho, para cambiar un poco de tema. 

En efecto, la charla continuó.  Hablamos mucho de cosas relacionadas a nuestros recuerdos. Me confesó que había días en donde me extrañaba mucho y miraba nuestras fotos juntos. Yo le dije, sin maldad, que realmente había deseado mucho verlo en diciembre 2020, antes de separarnos, y que consideraba que habíamos tenido una relación muy bonita hasta antes de la pandemia; pero que luego habían pasado tantas cosas en nuestras vidas - igual que en las de todo el mundo- que me había llevado un tiempo procesarlas. Le expliqué que la pandemia todavía continuaba. Y que yo había asumido que las cosas para nosotros habían terminado así. 

Volvimos a cambiar de tema. Nos dijimos mil cosas que no pudimos decirnos hace siete meses atrás como si el tiempo hubiera hecho un buen efecto. Él volvió a repetirme que me iba a querer siempre. Yo admití que lo había querido mucho.  Hablamos más, y más.  Contándonos cosas como siempre, poniéndonos al día, preguntando por nuestras familias y amigos. Hasta que nos despedimos. 

Lo que tienen las personas que expresan es que vuelven posible lo imposible con otras. Con Galeno, incluso estando separados y a otra provincia, no me parece imposible tener una charla así. La tuvimos, estuvo bien, fue sana, nos reímos y le hicimos honor a lo que tuvimos un día desde lo esencial: el recordamos con afecto, el no arrepentirnos de la historia vivida, el poder agradecer habernos conocido en ese momento, más allá de todo, y el desearnos lo mejor. 

Creo que nadie sabe exactamente cuáles son las vueltas o las propuestas que esconde la vida. Nadie. Pero me parece lindo, y sano, que pasen estas cosas y me dejen un buen sabor. Porque no hay nada más natural y sanador que ponerle palabras a las cosas. Así sean recuerdos de lo que parece otra vida, o comentarios, o un "che, sabés que me acordé de vos"... Porque ¿qué tiene de malo, no? A todos les pasa. El tema es ver si hacemos algo con eso o no. El tema es irrumpir en la vida de la persona para hacerla descontrolarse o bien para saber como está, sin prometer imposibles, sólo deseándole cosas lindas. 

Se lo dije a Galeno el viernes: "yo siempre voy a estar agradecida de haberte conocido porque, sino, quizá, hubiera seguido pensando lo que pensaba antes de lo que vivimos".  Y lo sostengo. Me dejó una buena enseñanza pese a todo. Y creo que aún mismo conozca el desenlace de esta historia, de estar en ese contexto inicial, volvería a jugarme por esa historia. Él, me dijo que por supuesto volvería a hacer lo mismo así que parece que por suerte le quedó un buen recuerdo. 

Creo que, a fin de cuentas, no es malo esta especie de balance final. 

 Yo, mientras tanto, sigo disfrutando muchísimo el vino y evaluando qué nuevos rumbos van tomando, al mismo tiempo, todas las cosas. 


Siete meses después

 Anoche me escribió Galeno. 


- Yo te dije hace mucho que te iba a querer siempre. Y eso sigue siendo así - me dijo. 

- Si, me acuerdo que me decías eso. Y si te sirve de algo siempre te desee lo mejor en estos meses... - admiti. 

- Gracias, Veinte. 

- ¿Por? 

- Por responderme , y con buena onda. 

- Pero ¿cómo no te iba a responder, Galeno? Obvio que si. Yo te quise mucho, de verdad. De no haberte conocido no hubiera vivido todo lo lindo que vivimos. 

- Y yo - añadió - Tengo recuerdos hermosos tuyos - me dijo. 

- Es lindo eso - aprecié. 


II 

Luego de cuatro horas de charla, confirme que cuando la gente es sana, es sana. No hay caso. 



viernes, 18 de junio de 2021

Un mes después ...

 Viajo desde Microcentro hacia mi casa. Voy en el colectivo cansadísima y muerta de frío después de una jornada ardua de trabajo, un corto descanso a la noche y un agotamiento mental que vengo cargando por cuestiones laborales hace más de dos meses.  Consulto mis redes sociales para despejarme. Veo su nombre en ellas, de alguna forma, observando. Asisto a su silencio de hace un mes. Me repito cosas que vengo integrando hace un tiempo, desde que me propuso que cuando podamos nos tomamos un vino, donde yo le bajé el precio a eso dando cuenta que no le creía y donde me dijo que me iba a sorprender.  ¿Si me sorprendió? Al principio, su silencio, sí. Pero después fue algo que corrió como todo bajo el puente, o sobre el puente, igual que el colectivo donde estoy llegando a casa. 

Sé que ese silencio no es contra mí. Eso me ayuda a seguir adelante, en realidad, porque lo he comprobado. Siempre había tenido la duda de por qué le costaba tanto hablar conmigo como gente normal, pero tuve que esperar siete años para darme cuenta el motivo. Esto que pasó, esta tentativa, siempre estuvo ahí. Sólo que ahora, de alguna manera, se hizo tan evidente al punto de que yo - escéptica total - pudiera convencerme de que existió siempre. Y también de que quizá siempre exista y tampoco sea algo que vaya a tener que ser aniquilado. ¿Cuántas cosas en la vida de la gente quedan, finalmente, y por doloroso que sea, sin su solución?  Ésta parece ser una de las tantas. Y está bien así, no voy a objetar más nada.  

Viajo desde Microcentro hasta mi casa. En ese silencio suyo ya sé que no hay desagrado como pensé a mis diecinueve años. Sé que no hay bronca, como pensé a los veinte. No fue desinterés, como creí hasta hace un mes atrás. Ahora finalmente, a mis veintiséis, entiendo que en este silencio hay imposibilidad de sostener lo que podría conllevar este contacto, hay incapacidad, y lo acepto. 

Ya no le daré más oportunidades.  Para mí esta es una historia terminada. Así, sí. Con éste final tan de la vida real. Con este final que a veces da uno porque es un límite, de algún modo, que el otro jamás nos podrá poner.  Sé que no depende de mi obtener sus palabras, un trato normal, ni tampoco, hacer más por el encuentro que desea y que yo también deseo desde otro lugar. Sé que no soy la adolescente de diecinueve años ni él el hombre de cuarenta y dos. Ahora yo tengo veintiséis, él está rumbo a los cincuenta, y creo que realmente esto excedió mi imaginación de todas las maneras posibles. 

Jamás pensé que esta historia trunca iba a llegar tan lejos de su parte... Pero, de la mía, lo perdono una vez más por volver a lastimarme siete años después con sus intentos. Lo comprendo. Lo acepto. Y lo dejo ir. 

Ojalá que en alguna otra vida las cosas para nosotros sean más fáciles y efectivamente nos podamos tomar los vinos que queremos, nos podamos permitir una charla, nos podamos reír mientras comemos algo rico y nos contamos anécdotas. Nos podamos recomendar vinos, cine y arte sin problemas.  Ojalá que en alguna otra vida nos volvamos a cruzar y no haya imposibilidad de su lado ni dolor y hartazgo del mío. 

Porque en lo que a ésta respecta, yo me rindo. 

jueves, 17 de junio de 2021

Predisposición

Hay días donde no tengo palabras disponibles, aunque no lo parezca. Hoy es uno de ellos, porque estoy escribiendo para otras cuestiones laborales. Así que el mood del día lo sintetizo con una imagen que me gustó. 





martes, 15 de junio de 2021

Esclavitud moderna

 Escribo desde el cansancio pese a que me dije que no iba a hacerlo. Pase doce horas en la compu y me alejé de ella pero manoteé el celular para venir a charlar por acá. 

¿Qué decir? Desde las nueve laburando para la Empresa, es decir, el trabajo que se termina quien sabe cuándo en definitiva. Cuando corté me puse con mi nuevo trabajo. De Licenciada en Letras, si. 

Todo eso de estar trabajando en dos lugares me ocasiona gratitud y estrés de igual modo. Pero eso no sería nada sabiendo que algo está por terminarse y que me quedaría con el laburo como Lic. en Letras. 

El tema es en si mismo el laburo como chica de Letras. Que nada tiene que ver con Letras, en realidad, porque se trata de hacerle el laburo a la gente que no lo quiere hacer por muy poco dinero. Hacer trabajos de las Universidades de los demás... Pero no solo de Letras, sino, de cualquier asignatura. Es decir que lo único que conozco es el tipo textual, el tono, las normas de coherencia y cohesión... Pero de todo lo demás, es investigar y leer por horas (y eso no es remunerado).  

Nunca pensé decirlo pero con el correr de los días entendí que este trabajo es una trampa porque la persona para la que yo trabajo le pone el doble de precio y se lleva todo el rédito. Es realmente insoportable, además, porque te escribe a cualquier hora. Fines de semana . En cualquier momento. Y si, sabe que tengo otro trabajo. Pero no le interesa. Sigue metiendo presión y presión por unos pocos pesos que me paga y unos muchos que cobra.  El trabajo no está registrado y si bien la paga es por hora, siempre es más lo que te mandan extra sin remuneración que lo que te pagan. Es decir que indica que el profesor en cuestión tiene un margen de ganancia que no es real. 

Y yo, que encima ando con ganas de ponerme a dar clases virtuales por mi cuenta, corrección por mi cuenta y orientar en el armado de ensayos de Literatura por mi cuenta... Veo esto y me pongo verde de rabia. Porque esto no tiene que ver con la Literatura. Y porque yo no estudie tantos años para hacerle las tareas de la Universidad a los demás, que ni siquiera son de Letras. 

Es una trampa, si. 

Pienso que está tipa le debe volar la gorra a la gente que no quiere apoyar el culi para hacer una monografía o ensayo como corresponde a la formación universitaria... Total, lo pagan y otro se quema los ojos escribiendo y estudiando para alguien más por el módico precio de $600 por trabajo entregado. 

En cuanto pueda, me voy a ir a la mierda. Porque todas estas muestras me están llevando a tomar decisiones muy diferentes a las que pensaba en un comienzo respecto a la rentabilidad de mi carrera. 

Seguiré trabajando en la Empresa hasta que cierre. Desde ahí, construiré otros caminos. Quizá como Licenciada, sí. Pero de otra manera. 

¿Si no lo hago ahora a los veintiséis años, cuándo? ¿Si no me la juego por lo que deseo, cuándo? 

Es ahora. Empezando con lo que tengo. Pero empezando ni bien pueda. 

lunes, 14 de junio de 2021

Seguir adelante siempre

 - Si bien hay muchos momentos en la vida donde debemos hacer lo que sentimos, éste es uno en donde es necesario hacerlo al revés. Orientar el esfuerzo, ya que sabemos que es un esfuerzo, hacia esa dirección. 

- Lo sé - dije - y admito que es realmente un gran esfuerzo. Pero bueno, mi intención es sobreponerme a esto. Trabajar esta crisis, pero para ordenar, y seguir. Es lo único que puedo hacer. Esto sí depende de mí, esto sí lo puedo controlar, no me puedo anclar acá, porque está todo muerto. Saber eso es chiquito, quizás, pero para mí, importa mucho. 

- Claro que sí , que importa- asintió - y también es importante no quedarse esperando nada. No congelarse en esto. Y eso depende mucho de vos  - consideró. 

- Sí, sí, estoy de acuerdo, tal cual.  No hay más oportunidades. Se las dí hace siete años, se las dí hoy, siete años después, y lo único que encontré fue... silencio. Es muy duro que la persona que más quisiste, que más profundamente quisiste, lo único que haga es huir de vos - musité - pero no... no se puede hacer nada. 

- Pero... ¿vos tenés presente que no es algo que sea tu culpa, no? Digo, porque estamos frente a una persona que huye y a otra que le dió una oportunidad. El problema es del otro. 

- Sí, yo sé que no es un tema conmigo ni nada que pueda resolver.  Es un tema consigo mismo, frente a mí, que no puede resolver. Es un cobarde. Simplemente, un cagón. Lo que nadie te dice es que la gente cobarde hace sufrir mucho a los demás. Pero bueno, se aprende eso - le dije, con cierta mordacidad. 

- Claro que es doloroso, Veinte - musitó - porque nuevamente él inicia una vía de conversación,  vos respondes, y te demuestra que no la puede sostener. Lamentablemente. No puede.  

- En ese silencio hay incapacidad. Nada más. 

-  Eso es muy importante que puedas comprenderlo - insistió. 

- Lo sé. No es enojo, no es indiferencia, no es rechazo. Es incapacidad.  Así vuelva mil veces, se va a ir otras mil más  - le dije, con profundo pesar - En conclusión: no va a hacer nada. 

- No. No va a hacer nada - me dijo

- No, ni ahí  - concluí - Así que eso. Eso te puedo contar del proceso. 

- Y no es poco, Veinte. 

- Seguiremos adelante. Como siempre - le dije, y le sonreí. 

Sí, esto fue una crisis. Obvio. Me puso en duda mil cosas, más que nada, porque me llevé una re sorpresa. Pero nada... Ya pasó. Como pasan todas las crisis. Todas, todas, todas. 

domingo, 13 de junio de 2021

Los cobardes de mierda

 A esta altura estoy convencida de que la única persona que me puede salvar de mi misma, también soy yo. La persona que más sabe cuidarme, quien me conoce y sabe cómo gestionarme. Sí. Soy la persona que sabe lo que más duele y lo que más fortalece de lo que me pueda llegar a decir. Lo que detona y lo que enaltece.  Y por eso, por todas estas razones, creo que es momento de aceptar las cosas como son aunque, por otro lado, sean inexplicables. 

¿Por qué me pone tan mal repasar esa historia, siete años después, si yo sé dónde me meto? Quizá es la ingenuidad de no convencerse de cómo es la gente, o quizás, sea la necesidad de pensar que la gente piensa antes de actuar y que no es egoísta, que repara sobre el daño que puede hacer en los demás, que se hace cargo y asume las consecuencias de sus acciones...  Sí, claro que suena bonito... pero ¿a quién carajo se lo estoy pidiendo? ¿A quién le estoy pidiendo que se anime, que pueda, que haga realidad la interminable fantasía? ¿A quién le demando ser mirada, valer el esfuerzo, ser la clase mujer por la cual un tipo cobarde puede jugarse todo y tirar la vida de mierda que lleva a la basura?   Eso sí es un error mío. Totalmente mío. Una cuestión de mala puntería. Porque ninguna de esas cosas jamás las va a entender un tipo que está muerto. Que hace muchos años se dejó morir y que es de esos muertos que vuelven en épocas donde se da la retrogradación de mercurio. 

Creo, sinceramente, que por más duro que me resulte repasar esta historia siete años después, cada vez que lo hago, entiendo que, más allá de lo que haga Javier, nada cambiará. ¿Que si no me duele? Duele demasiado. Por eso escribo tanto. Porque duele muchísimo corroborar algo que fue muy doloroso también hace siete años. Porque es volver a repasar los mismos argumentos, hacerse las mismas preguntas, y sentir que jamás tendrán una respuesta coherente ni afable, mi mucho menos, precisa. 

No sé si es decepción lo que siento, creo que por un lado sí. Es decepción y esa sensación tan patente de no entender nada. Esa carencia de certezas, esa situación tan desagradable de tener los puntos de una herida saltados y estar volviendo a coser sobre lo ya zurcido. ¿Por qué? Esa es la pregunta, aunque a partir de ahora, seguramente, la cambie por un para qué. 

Sí, estoy decepcionada de la actitud de Javier.  Pero no por el vino que se quiere tomar conmigo y nunca se animará a concretar. Más bien es decepción por ver que nada cambió. Que siete años con otra persona al lado no sirvieron para evitar, mínimamente por respeto, que me dijera las cosas que me dijo. Por ver que todo fue una gran mentira, una gran conveniencia, y sentir que eso es un asco, porque después uno tiene su nombre en una bandeja de entrada y no se lo puede creer. Sí, es decepción porque pensé que él estaba feliz y ahora me doy cuenta que una persona cobarde, evasiva y poco luchadora no puede ser feliz. ¿Si puede tener una pareja? Sí. ¿Si puede estar lleno de bienes materiales? Sí, también. ¿Si puede tener una vida muy cómoda? Absolutamente. ¿Si todo eso lo puede hacer feliz siendo un cobarde de mierda? Claro que no. Porque nada de lo que tenga, ni siquiera, una persona que hace siete años lo acompaña - y a mí me pone cara de culo por la calle - parece que puede evitar que haga las cosas que hace. 

Y eso, me parece muy fuerte. Mucho más de lo que puedo explicar, conforme pasan los años; porque cuando creo que todo está cancelado y cerrado... 

II 

Todavía recuerdo la primera charla que tuvimos hace siete años. Él me dijo algo que no entendí, porque era chica todavía, pero que me dejó pensando. Algo que ahora entiendo sin dudarlo, que entendí hace mucho, y en varias oportunidades determinó mis actitudes. Le estaba pidiendo disculpas por haberle dicho lo que sentía, bien que lo recuerdo, pensando que eso lo ponía incómodo. Y Javier me dijo que jamás dejara de ser valiente como había sido ese día, porque siendo así, iba a vivir una vida feliz.  Lo miré extrañada. Para mi ser valiente, en ese preciso momento, estaba siendo patético. No sólo me estaba exponiendo sino que esa exposición no había sacado ningún resultado positivo, lo cual me hacía plantearme que mi coraza y mi timidez nunca deberían haberse ido de mi cuerpo ante su mirada; sino que además me estaba rechazando, me estaba diciendo que no.  De qué felicidad me estás hablando, Javi,recuerdo que pensé. 

- Pero... - dudé - vos me estás diciendo que te escapas de todo el mundo, que toda tu vida hiciste eso, y que conmigo no ¿o no? 

- Sí - dijo, con grandes dificultades. 

-  ¿Vos tenías intención de hacerlo? ¿O yo entendí mal? - le pregunté, con cautela. 

- Sí , quise negar todo esto... - dijo y bajó la vista, con enorme esfuerzo - yo toda la vida me la pasé escapándome de las cosas. Haciéndome el boludo. Pero... con vos no me puedo escapar. Eso es lo que pasa. 

- ¿Y eso es algo malo? - le pregunté, con sincera empatía - Digo, ¿para vos es algo malo estar hoy acá? 

- No, no - sacudió la cabeza. 

- ¿Por qué conmigo no podés hacer lo que hiciste siempre con todas las otras mujeres? - le pregunté, con voz calma y tratando de entender más allá de mis propias razones - ¿Te da lástima? 

Yo lo estaba mirando pero él miraba para abajo, como perdido en algún objeto desconocido de los que estaban sobre la mesa.  Levantó la vista. Vi dolor en sus ojos, tristeza, mucha, pero al mismo tiempo, sentí una profunda compasión y un profundo amor por su persona. Algo que era más fuerte que todos mis argumentos, que ni yo misma alcanzaba a comprender. 

- No, no se trata de eso. Yo a vos no puedo hacerte lo mismo.  Sé la clase de persona que sos. Te conozco. No sé... con vos no puedo. No sé por qué, pero no puedo. 

- ¿Qué las otras eran malas? ¿O eran diferentes a mí? 

- Eran diferentes - dijo - A mí jamás me importó lo que pasaba, yo me iba, huía sin dar explicaciones. Tengo que admitir que nunca me molesté en dar explicaciones. Yo solo me iba. 

- ¿Desaparecías? 

- Sí. 

- Oh... - le dije, reveladora - claro, ¿te hacías el boludo, no? Como conmigo... - admití, riéndome. 

- Con ellas, sí. Con vos, no - me dijo, sintiéndose culpable. Muy poco orgulloso de esas actitudes. 

- Bueno, más o menos... - le dije, con calidez, y nos reímos levemente - pero mientras vos huías yo mandaba mails - lo burlé y me sonrió. 

- Yo no quiero lastimarte - dijo - realmente no quiero hacer las cosas mal con vos. Por eso no es posible para mí dejar a un lado tantos prejuicios, tener una relación... 

- Claro, está bien - admití, sin rechistar - lo entiendo. Podía pasar. 

- ¿Por qué lo decís así? - me preguntó. 

- Porque no siempre la gente gusta de uno - le expliqué avergonzada - Yo pensé que te gustaba, por eso me animé a hacer todo esto, pero bueno... No te gusto. Igual, en serio, todo bien. 

- Nooo - dijo, y apoyó sus manos sobre las mías, tomándomelas - ¿Cómo vas a decir algo así? 

- Es que así, Javi... - le dije, como si fuera algo obvio. 

Lo miré y me miró, sacudiendo la cabeza 

- Te juro - dijo, enfáticamente - que no es por eso. 

- ¿No? ¿Seguro? 

- Segurísimo - dijo. 

- Entonces, no entiendo...  -admití, desorientada. 

- Yo no tengo el valor que se necesita para vivir una relación con tanta diferencia... - dijo - Hay que ser muy valiente, como sos vos, para hacer lo que hiciste hoy. Pero yo no tengo ese valor... Soy un tipo muy prejuicioso con este tema. Siempre lo fuí. Toda mi vida... y... 

Me bajó la vista. 

- Y mirá justo lo que vino a pasar ¿no? - le dije, sonriéndole - Tenés que meterte todos los prejuicios en el culo... 

Me miró, me sonrió y bajó la cabeza. 

- Capaz que vivís mejor ¿no? - consideré, luego de unos minutos de silencio. 

Me miró extrañado

- Digo, porque no sufrís tanto... El que se arriesga siempre es el que más sufre - añadí - en cambio el cobarde... no sé, por lo menos, no sufre como la persona que se jugó todo y salió perdiendo... - reflexioné en voz alta. 

Negó con la cabeza y sonrió con algo parecido a la ternura. 

- Todo lo contrario - me dijo - Vos vas a tener una vida muy linda siendo valiente como sos. De verdad te lo digo, no dejes de ser así como sos, nunca en tu vida, por favor Veinte. Se vive una vida mucho mejor. 

- No sé... puede ser... - le dije, solamente - veré más adelante - acordé, mientras lo miraba sencillamente desconociendo el futuro. 

- Te aseguro que sí. Se vive mejor siendo valiente que siendo cobarde. Vos no te imaginás lo que es vivir escapándose de todo. 

- Pero, podés vivir de otra forma - observé - y no te lo digo por obligarte a estar conmigo. Pero bueno, para que lo pienses...  

Me miró, bajó la vista llena de tristeza, y no me dijo nada. 

- Ahora entiendo por qué me responde así lo que te dije - lo burlé, con ternura - yo te mandé un testamento y vos un "cuando salgo de la oficina te escribo, arreglamos, y nos vemos", como si te hubiera puteado. 

Me reí, tratando de transformar ese dolor. Me miró como pudoroso y sacudió la cabeza, sonriéndose. 

- Claro, te reís porque vos a mí me cantaste las cuarenta y quedé descolocado. Hace dos días que no duermo, pero ella me cantó todo en su mensaje. Qué viva. Así cualquiera, total, vos sabés escribir re bien y no te cuesta nada decirme esas cosas... En cambio yo, lo leía y pensaba " esta piba, no me puede decir esto, con la edad que tiene, no puede ser, qué lo parió". 

III 

El dolor es casi el mismo. Pero ya no viene de su rechazo, o de su incapacidad de hacerse cargo, o bien, de esa situación donde se escapó de todas durante toda su vida y de mí no pudo (hasta que pudo, claro, añadiría yo). Sino que el dolor, el mío, el que me produce ahora después de siete años,  es por su venida, por reaparecer en mi vida con las mismas promesas incumplidas de antes. 

 Porque pasan los días y no me deja de doler que haya aparecido y que se haya ido como una rata de alcantarilla. Y no me deja de doler porque me parece una enorme y clara demostración que este pobre hombre no ha sido feliz, no se ha permitido aprender nada de lo que nos pasó, y pienso ¿cómo puede vivir así, y encima, tener el tupé de aparecer cual renacido? Me parece re loco, siendo franca. Muy muy loco. 

Me pregunto ¿tanto dolor, cómo pudo haber sido en vano? ¿Cómo no le alcanzó la gran enseñanza que la vida nos dió cuando nos cruzó? ¿Qué viene a buscar aquí? 

La verdad es que si me dijera que sólo quiere tener sexo conmigo sería todo mucho más fácil de resolver. Si me dijera que siente deseo sexual por mí, claro, eso sería muy sencillo de resolver. Pero todo lo peor, como siempre, es lo que Javier no dice, no cumple, no cambia, no concreta, no sostiene, no puede. 

Una vez más, sí, ahora siete años después, siente pero no puede. Aunque, realmente, para mí, eso no es más que una excusa para no pasar por el dolor que implica remover la mierda y salir de esa posición.  Porque poder salir, se puede, el tema es que duele.  Y a veces es preferible hacer sufrir a los demás, para algunas personas, antes que sufrir el dolor en carne propia. 

Pero para mi nada justifica que alguien pueda ser cobarde toda la vida. Se puede sentir un enorme miedo, sí, se puede sentir temor, todos lo hemos sentido. Se puede tener miedo, un miedo enorme, muy grande, que te quite el goce de vivir... ¿Pero hasta cuándo? ¿Cómo no vas a hacer nada contra eso, cómo le vas a regalar tu vida, cómo vas a regalarle la única vida que tenés, la única, de la cual ya viviste más de la mitad? Es inexplicable qué clase de vida que valga la pena se puede vivir así. No sé, es como que no me entra en la cabeza que soporte vivir así y no haga nada para cambiarlo. O al menos, que no haga nada realmente profundo para cambiarlo, más allá de mandar un mensaje haciéndose el lindo. 

Para mí esas cuestiones de dejar en manos del azar algo que querés que pase, son muy fuertes. Es no luchar por la vida que estamos viviendo, es pasar por la vida como si fuera una oficina municipal, es no ser conscientes de la oportunidad que implica la vida. Sí, la oportunidad que implica la vida a pesar del dolor que a veces pueda involucrar, obvio, existir en este mundo que no es todo rosita. 

Pero... ¡por favor! ¿Cómo le podés regalar tu vida al miedo, al puto miedo? ¿Cómo se puede vivir así de resignado, así de rendido, conformándose con mandar un mensajito y desapareciendo? Qué vida tan de mierda, francamente, pienso mientras escribo estas palabras. 

Quizá por sentir todo lo que sentí con esta experiencia hoy en día soy como soy y para mí la vida es animarse siempre.  Plata o mierda, salga bien o salga mal, pero animarse siempre. Porque los cobardes sufren mucho pero, además, hacen sufrir mucho lo quieran o no con sus actitudes. 

Y sí... uno de los motivos por los que me duele su reaparición es porque tenía razón en lo que me dijo.  He vivido, pese a los sinsabores, una vida mucho más feliz. Muchas veces me arrepentí por hacer demás, pero jamás, de menos. Y si nada de esto tiene arreglo, lo único que deseo, es olvidar todo esto para siempre. 

IV

¿Quién sabe? Capaz la enseñanza de esta historia para mí es seguir siendo valiente. Porque, por lo menos de mi lado, pese a que tengo mis miedos, no se lo sacó cagando a la primera aunque volvió siete años después cual renacido.  Y eso formó parte de enfrentarme a mis propios miedos, y a mis propios fantasmas, como estoy haciendo ahora... aunque sea difícil. 


sábado, 12 de junio de 2021

Desubicada

Hoy iba caminando por la calle con mi mejor amiga y me la cruzo a la novia, o vaya a saber qué, de Javier. Me hice la boluda, la verdad, porque ni ganas tenía de fingimientos, ni del hola qué tal de cortesía.  La vieja me pasó por al lado y me miró con una cara de culo que fue tremenda, cual si mi existencia fuera lo único que no le cierra en la relación que tiene con el otro mequetrefe .  Yo seguí caminando sin más, pensando que ojalá la vida algún día sea convierta en un lugar más justo. 

 ¿Será que ahora soy formalmente merecedora de su desagrado? ¿O será que me sigue culpando por algo que desconozco?

A veces, juro que cuando me mira con esas caras de culo fruncido, le diría que saque esa cara de traste, que no sea idiota, y que se enoje con quien se tiene que enojar si algo le molesta.  ¡Porque realmente eso es lo que debería hacer! 

Desde hace muchos años yo manejo y manejé mis acciones y mis sentimientos respecto de mi situación con Javier. Pero eso sí, no puedo manejar el efecto causado en los demás. Yo no manejo si Javier se pone nervioso o se pone raro, al punto de no saber si está incómodo o si está ocultando algo, como los chicos.  Yo no manejo si él estando con ella, cuando yo pasaba a un metro de distancia, me ofrecía cerveza siendo que ni lo miraba ni le hablaba para nada. Yo no manejé que se confundiera en público y le dijera mi nombre a mis compañeros, más de una vez. Tampoco manejé que me mirase como siempre me miró. Mucho menos que se hiciera el novio del año con ella, pero que cuando me mirase a mí, se le cayeran las medias y me saludara para mi cumpleaños cuando yo durante dos años había evitado hacerlo para el suyo. 

Sí, durante muchos años me hice la boluda, pero ahora estoy cansada de eso también.  No puedo manejar que Javier actúe normal conmigo. No puedo manejar lo que a ella no le cierra de mí, o mejor dicho, de él en relación a mí y de mí en relación a él. Hace tres semanas hizo lo que hizo y ni siquiera sé bien por qué. ¡¿Qué podría manejar en esta posición?! 

Yo sólo puedo manejar lo que hago y aunque parezca loco, respeto a esta mina que me mira con cara de culo aunque sea una grasa total. Y la respeto, no por ella, sino, porque es una decisión de Javier, la forma en que eligió seguir adelante con su vida.  ¿Y quién soy yo para decir que con esta mina se puso a salir porque era una manera de volver a hacer lo que le correspondía a su edad?  Obvio que tengo mi tesis sobre esa relación, pero no me corresponde opinar si él la eligió a ella. Sea o no sea una relación careta, a esta altura no importa.  Para mí, desde el punto de vista donde él pudo elegir a otra persona, y no fui yo, se acaba la discusión...  

A mí no me eligió frente a la sociedad, frente a su familia, a sus empleados y amigos. Se quedó con ella. No sé en qué términos pero eso es lo que yo veo en la realidad, eso es lo concreto, lo que se sostiene en el tiempo, evidentemente, y lo que él debe pretender. Creo que incluso al día de hoy debe seguir con ella, aunque la verdad que no lo confirmo ni descarto, porque nunca pone nada en relación a ese aspecto de su vida.  ¿Y qué del resto de sus acciones conmigo, en especial, las más recientes?  Tampoco sé. 

Lo que sí parece es que ésta otra cachivache ya me tiene idea por el solo hecho de respirar.   Porque claro... Siempre es más fácil enojarse con la pendeja que reconocer otras cosas un poco más complicadas.  

Que se vaya a cagar. 

viernes, 11 de junio de 2021

Montaña rusa

 Bajé del colectivo hoy , después de volver de la oficina, y compré en el supermercado más milipili del barrio milipili dónde vivo un buen vino. Riéndome de que en las godolas solo haya vinos buenos me dirigí hacía la caja. 

Ahora por suerte estoy lo suficientemente relajada como para decir que tuve un día difícil en la oficina. Sentí ganas de estar en casa con los pendientes todo el día. Pero al mismo tiempo, sentí ganas de estar ahí y despedirme.

Vino mi compañera justo a buscar unos libros contables. Hacía un año y medio que no la veía. Me re encariñé con ella. Nos ayudamos mucho en pandemia hablando todos los días por teléfono.  Nos enseñamos cosas que cada una sabía del trabajo. Ella con lo formal y yo con las facilidades tecnológicas para hacer las cosas más sencillas cuando era oportuno.  Es decir una de cal y otra de arena. 

 Hoy hubo momentos donde nos daba ganas de llorar encontrarnos en esa situación. Charlar. Despedirnos. Mirar facturas juntas. Y mirarnos a nosotras sin entender bien que onda todo pero sabiendo que es lo que tocó. 

Al rato el gerente vino. Hablamos. Se fue. Me fui a comprar comida solo para salir un rato y cuando llegue me había dejado golosinas de regalo sobre los papeles en los que trabaje toda la mañana. 

Cuando salí llegué re demorada por los cortes en el puente Pueyrredón. Tenía pendientes del trabajo nuevo, porque no había podido tocar más ante la falta de tiempo. Así que después del súper me senté a hacer esas cosas tratando de hacer rendir el tiempo. 

Creo que necesito el finde entero para entender como me siento. Porque soy una oleada de sensaciones. Sube y baja. 

Menos mal que bebi ese vino estelar y me relajo la espalda luego de amanecer hoy a las 06.30 AM. 

Santa mierda, me digo. La pelota empezó a rodar. Yo estoy atrás, corriendo, siempre tratando de ponerle ovarios a las distintas situaciones que se me presentan. 

¿Lo paradojico? Encontré trabajo como Licenciada en Letras cuando lo último que pretendía en este momento era trabajo como Licenciada en Letras. 

Por momentos, la vida es o parece una joda. Pero creo firme como rulo de estatua que las cosas pasan cuando estamos preparados para que se den. Cuando estamos listos. Y por una razón determinada. 

Así que acá estoy, con mucho miedo pero con mucho coraje para empezar esta nueva etapa de la nueva etapa. Y re contra agradecida, obvio, a Dios y a todos los santos. 


Lic. en Letras

Sí. 

Creo que cuando empecé a buscar trabajo no imaginé que iba a llegar tan pronto. Pero llegó y bien recibido será.  Como Licenciada en Letras. Para un instituto privado de clases de todos los niveles y materias que se me podrían ocurrir. Dando clases entre muchas otras cosas, porque eso tiene de bueno ser de Letras, podés hacer muchas más cosas con los conocimientos adquiridos sobre el lenguaje, y los modos formales de emplearlo, en disciplinas variadas. 

La cosa es que yo todavía no me desvinculé de la Administración. Y esto llegó arriba de un cohete, siendo sincera, porque estaban re contra necesitados de una Licenciada o un Licenciado en Letras y me doy cuenta por qué ni bien empiezo a ver los correos que me llegan.  

No hace dos horas que me enteré de la noticia y ya tengo propuestas para la elaboración de diferentes cosas que son laboriosas. Obvio que dije que sí porque como mucho en tres semanas yo me desvinculo de la empresa donde estoy...  Pero no sé, no lo puedo creer, tengo que diagramar de cero una agenda nueva y unos tiempos nuevos. 

 Sé que debería estar contenta  - lo estoy - pero, en realidad, siento muchas más ganas de salir corriendo a procesar. Realmente necesito eso, tiempo para procesar. Tiempo para mí y los procesos que tengo que hacer con tantos cambios. 

Hola, sí, la vida cambia en dos segundos. Un día estás armando planillas de IVA y al otro día estás ejerciendo lo que estudiaste. 


jueves, 10 de junio de 2021

Asombro

 Hoy me pasó algo muy loco. Tiene que ver con el jefe de sector, con quien yo me llevo bien desde que entré a trabajar. Él ya se fue hace algunas semanas y se despidió vía correo electrónico de mi sector y otros pocos más. Al mismo tiempo intercambiamos mensajes, últimamente, porque nos tenemos en redes sociales y siempre fuimos muy buenos compañeros dentro del trabajo.  Sin embargo hoy, pese a que está casado y con dos niños, me confesó abiertamente que siempre me quiso de la otra manera. 

Bueno, ¿qué decir? Me resultó muy loco. Cuando yo recién entré a trabajar a la oficina algo me comentó, me dijo más bien, pero yo lo tomé como una tirada de perros más chistosa que real. Modestia aparte, me pasó con varios hombres del trabajo lo mismo, de distintos sectores, que se me tiraron en estos dos años, pero ninguno jugó en otras ligas porque a mí no me interesaba mezclar las situaciones. De hecho, durante bastante tiempo trabajando en ese lugar, yo estaba conociendo y posteriormente saliendo con Galeno, sólo que todo el resto no lo sabía y yo no lo exponía por ninguna red social, entonces, todos creían que estaba soltera (aunque en realidad, porque estaba siendo muy feliz de otra forma y me lo respetaba). 


Esto me hizo pensar en cómo pasan las cosas en la vida de la gente. Cómo detalles que aparentemente son insignificantes cobran, por medios extraños, sentidos cruciales. Uno termina preguntándose: ¿cuándo se gestó todo esto que no me dí ni cuenta? Pero lo cierto es que sucede, sí, y a veces sucede aún mismo tenga que llevarse todo lo que conocemos por delante. 

En lo personal, siento que cuando es el momento para algo no importa lo que pase alrededor. Si nos toca, sucede. De la forma más impensada, de la forma más extraña, eso queda en un segundo plano. Lo importante es que de un momento para el otro, si es que tiene que ser así, es. Caiga lo que caiga, es. 

No deja de asombrarme esta perspectiva. Cómo una persona un día te cae con una confesión de estas, cómo otro día me enteré que me quedaba sin trabajo, cómo otro día me cambió la economía, cómo de un día al otro vino una pandemia... y así podría seguir. Siempre que pienso esto me da un poco de vértigo, de miedo, pero al mismo tiempo, si lo pienso un poco mejor, dejando a un lado el miedo, entiendo que la vida es esto. 

Que un día estés en tu casa lavando los platos y te llamen para un laburo bueno, que te sirve, que te cierra, ese que estuviste pidiendo a los ochenta santos. 

Que un día estás en el colectivo y te enterás que la empresa donde trabajas cierra, vía correo electrónico, como de hecho me pasó, porque así me enteré de la noticia. 

Que un día estás enterrada entre papeles en otro mambo absolutamente y te llega un mensaje de Él, que termina haciéndote cimbrar la tierra y que al final era solo ruido. 

Que un día vacunan a tus viejos por Coronavirus después de esperarlo un año y pico. 

Que un día tu sobrino te dice: "tía Veinte, abrazo", y te abraza por primera vez y te morís de amor al instante y no lo podés creer y te embarga una emoción y un amor inexplicable. 

Que un día estás hecho mierda, que parece que te pegan patadas en el piso, y al otro estás mejor, con un poco más de calma, con un poco más de fuerza, haciéndole frente a cosas que te daba y te da terror estar atravesando. 

Pasan tantas cosas inesperadas que, de sólo contabilizar un par, ya no lo podés creer. 

II 

Sí. Sé que hace tiempo voy siempre sobre la misma idea, sobre el mismo tema, pero realmente esta etapa me está enseñando mucho y quiero ir dejando todo reflejado. Hoy, siento eso, asombro por cómo se tejen los entramados de la vida en todos los aspectos. Siento asombro, sí, pero también, siento paz, siento una fe inexplicable realmente, una sensación de que esto no es malo, ni se dá para mi mal, aunque realmente por momentos sea muy duro de atravesar. 

 Es difícil explicarlo, ponerle palabras a lo que siento, a tooodo lo que siento en este momento. Pero si alguien está ahí del otro lado, yo le juro que siento en el fondo de mí que todo esto que me está pasando es por mi bien, que es para mejor, que voy a estar bien.  Y no lo digo solamente porque perdí el laburo y busco un nuevo rumbo en ese aspecto, lo pienso en general, por todo lo que vengo viviendo últimamente. 

Algo me dice internamente que todo va a ordenarse, quizá de una manera que hoy no entiendo, pero va a acomodarse. Que más adelante voy a entender por dónde venía la mano y a decirme: "¿viste? tenía que pasar para que estuvieras mejor" y ahí sí, no sólo voy a sentir asombro, sino también, un enorme agradecimiento.


miércoles, 9 de junio de 2021

Continuando

 Bueno, acá ando. A mitad de semana, pero ansiando que sea viernes a la tarde. Hoy no es de esos días donde me levanté como un avión a chorro en términos de energía, pero estoy como puedo. Miro intermitentemente cosas del trabajo mientras me preparo para hacer una guía de estudio de la Universidad ni bien pueda.  

Por un lado, terminando las últimas cosas del trabajo, ya que somos el único sector de la empresa que está funcionando hoy por hoy; todo lo demás lo han vaciado. Por otro lado, viendo si puedo poner en orden algunas cosas de la facultad, aunque implique abandonar materias al menos este cuatrimestre, porque realmente no tengo cabeza para lidiar con todo el estrés que me cargué sobre mi espalda, obviamente, estando en una mejor situación. 

Pienso que quizá necesito eso, empezar de a poco a poner en orden ciertas cosas y darme el tiempo para escucharme.  Por momentos, no sé qué voy a hacer con tanto tiempo libre además de procurarme un nuevo trabajo, pero por otros, pienso que quizá la vida me sorprenda para bien y todo este capítulo final que hoy me da miedo y tristeza sea el comienzo de algo nuevo y mejor. ¿Yo me hubiese ido del trabajo que tenía si no pasaba esto? Probablemente, no. ¿Me hubiese atrevido a pensar fuera de la caja, si no pasaba esto? Sin dudas que no, porque estaba bien así en este momento. ¿Me hubiera preguntado si no era momento de ir por lo que estudié? Sin dudas que no, porque creía que "faltaba todavía". 

Así que, quizá, todo esto, esté pasando para que se mueva lo que se tenía que mover. Lo cierto es que realmente yo no tengo dudas de que esto está pasando para algo más que un simple desempleo. No en vano, por un montón de aspectos más que no viene al caso señalar, siento que realmente esto tenía que pasar así.  Y este sentimiento tan fuerte que me acompaña desde el primer día, hace dos meses, cuando supe la noticia, me ayuda a vivirlo como un enorme aprendizaje y no como un castigo. 

Nada de lo que siento tiene que ver con una comodidad económica, más bien, todo lo contrario. Esto que me está pasando me puso en una situación complejísima en ese aspecto pero, al mismo tiempo, también me expuso a situaciones que yo no sabía lo que eran, que nunca había vivido, y que creo que me van a dejar una gran lección. 

En lo interpersonal, me he acostumbrado a un ritmo de vida que no tenía interés en abandonar. Yo disfruto el trabajo, aunque suene tonto, y me gusta la dinámica de estudiar mientras tanto. Siempre estoy queriendo hacer algo, aprender algo, porque para mí no es una cosa o la otra, sino, que son las dos cosas. Lo que no te enseña la universidad lo vivís en los trabajos y lo que no te enseñan los trabajos, a veces, tenés suerte, y lo aprendés en la facultad.  Pero también entiendo que quizá este aparente "tiempo libre", en realidad, me sirva para enfocar en lo académico y rendir finales, avanzar con esas cosas que iba resolviendo en la medida de lo posible compartiendo mi tiempo con el trabajo. 

En fin... Creo que todo apunta a expresar que, me guste o no, es momento de  reconocer que es el momento que me está tocando vivir. Eso no quiere decir que sea así el resto de mi vida, que nada cambie, ni mucho menos. La búsqueda de trabajo es así. Uno manda su cv, se contacta con los lugares, le pone lo mejor, socializa la búsqueda, investiga en qué podría mejorar o capacitarse, y el resto es esperar. Esperar y confiar, diría yo. Y parte de este proceso está en bancar los momentos de incertidumbre, de apatía, de miedo, de incertidumbre. Y además, de cultivar la esperanza, el amor, los vínculos, las redes que nos sostienen, las cosas que nos gustan hacer y que no siempre involucran dinero, las pequeñas cosas, las recompensas sencillas por las grandes victorias cotidianas.

martes, 8 de junio de 2021

Hasta la raíz

 - ¿Y del deseo, qué? 

- Sí, es una opción, claro... - le dije, seria. 

- ¿Pero está presente, no? Esto también juega acá... 

- Sí, te diría que sí.  Expuso mucho más de lo que pensé que me iba a decir jamás en la última charla, así que te diría que sí...  Hace años era más disimulado al punto de hacerme dudar  - reconocí, con una mueca irónica entre la risa y la antipatía - en cambio, ahora, ya está todo más expuesto; es como si en esa charla no hubiese importado nada para él.  Pero no lo culpo. A los dos nos pasa un poco eso, creo... 

- ¿Y qué sería eso? 

-  El otro representa todo lo que nos hubiera gustado tener y hacer y no pudimos. Él, porque no pudo enfrentarse con sus propios mambos, o miedos, en su momento... Y yo, porque me decía que lo tenía que entender, que era para que yo tuviera una vida normal, y bueno... Sí, obvio que yo puedo tener una vida normal, claro que sí. De hecho, la tuve y la tengo... 

- Por supuesto. No vamos a esperar a que te dé autorización por un derecho adquirido... 

- No, ni hablar. Pero, eso sí: cuando la persona a la que vos le dijiste que merecía una vida normal, que merecía todo lo mejor, está viviendo en paz, no le rompas las pelotas. Es una regla universal. Realmente yo no esperaba que tire piedras en mi ventana.  No me siento dueña de mis emociones cuando hace esas cosas, me siento una bolsa a la que le pega trompadas un boxeador por verlo venir, decidido, a hacer lo que nunca en su vida tuvo el valor, y después arrepentirse... - suspiré - No se juega con esas cosas.   Nosotros nos encontramos por la calle y todo se da bien. Hablamos, nos hacemos algún chiste, se me pone a hablar en pleno supermercado como si nada... ¿Y por qué frente a esto, huye? ¿Qué, qué cambia?  - suspiré - No quiero engancharme en esto tantos años después... Pero, es más fuerte que yo... - me quejé - no lo puedo evitar.  

- ¿Por qué? 

- Porque después soy yo la que entiende todo mal ,después soy yo la loca, y él es el que jamás dice nada de nada para que se interprete mal... Y eso me lo podía creer a los diecinueve años. Ahora, con veintiséis años, no me lo hace creer nadie. No soy estúpida y no estoy para sus estupideces. ¿Por qué no vamos a comer, a ver si se la banca? - ironicé.  Desearía tenerlo en ese contexto solamente para mirarlo y decirle : ¿viste que tenía razón, que no podés disimular toda tu vida los deseos? - musité, con un tono oscuro y ácido. 

Me reí, ensombrecida. 

- Es sólo una fantasía, no te asustes - musité y me reí, aliviada - Pero admito que imprimiría copias a color de ese chat para todos los que decían que nosotros dos no podíamos estar juntos, que me acusaban de cosas que no eran, que nos juzgaban... lo leyeran tomándose un tecito con masitas secas - espeté. 

Mi psico se rió, viendo que yo también me estaba despachando con un humor negro. 

- Las cosas que me tuve que aguantar de todos esos forros de mierda para que siete años después Javier me diga todo esto y, lo peor, que no se haga cargo. ¿Sabés cómo me siento? ¡Es una joda, una tomada de pelo, parece! - argumenté - Me aguanté cuando nuestros compañeros en común le llenaban la cabeza diciendo que yo era una pendeja, que estaba todo mal, que no podía pasar nada entre nosotros; mientras que del otro lado estaba luchando para liberarnos de todos los prejuicios como una pelotuda. Me aguanté los comentarios forros, de mala leche, que tenían hacia él o hacia mí, como parte de un caretaje innecesario... Lo veía a él pasarla mal cuando tenía esas situaciones en su cara, yo la pasaba mal, porque era siempre todo imposible... Esto para nadie fue gratis... Para él fue una mierda, lo sé, para mí también lo fue y peor, porque ni siquiera se quedó conmigo... ¿Y justo ahora viene a proponerme cosas que no puede hacer? ¿Para qué, si no va a poder? 

- Pero esa era otra posición. Hoy por hoy, sos mucho más fuerte. Podrías pararte desde otra posición. 

- Yo sí, yo no tengo problema, yo puedo hacerme cargo e ir a donde sea, sabiendo lo que hago, sabiendo lo que quiero. Pero Javier no - le dije -  Y digo yo... ¿el único que se tenía que jugar por lo que pasaba viene con las mismas pelotudeces de siempre? Comprendí la decisión que tomó. Listo, no quiso estar conmigo, yo lo entendí. Te juro que lo había entendido... No pretendo cambiarlo. Él eligió cómo vivir. Yo también. Pero que no tire piedritas... Porque es difícil si no. 

- No, no, no, claro - dijo, mi psico, dando cuenta de que comprendía mi punto - El punto es pensar por qué te pone así. Porque aquí no se trata de que sean malas personas. Nadie dice que sean malos y hagan esto con intención de lastimarse. Al contrario. Yo creo que a él y también a vos se le va de la mano esta situación... - dijo. 

Asentí. 

- Sí. Yo, lo admito, me pasa. 

- ¿Y por qué? 

- No sé... Creo que porque no hay cosa peor que desear lo que no se puede tener...  - suspiré - Y sé que soy eso para él. Y para mí, él es lo mismo. 

Me quedé callada. 

- Hoy en día entiendo, ya no tengo dudas como tenía a los diecinueve años, de cómo funciona el deseo en las personas. Y lo peor es cuando algo que deseamos muchisimo queda trunco. Él, porque no podía permitirse lo que le pasaba conmigo, y yo, porque me decían que sentir lo que sentía estaba mal - le expliqué - Vos no te das una idea lo que para mí representa que, después de haber pasado por todo eso, hoy en día me diga para juntarnos a tomar un vino y... haga lo que hizo. 

- Teniendo en cuenta, además, que el vino se relaciona con un rito adulto... - consideró. 

La miré, con algo de extrañeza. 

- ¿En qué sentido? 

- Cuando vos tenías diecinueve años, podía invitarte a tomar una cerveza, en un grupo general - observó - pero para vos era más habitual otro tipo de cosas. 

- Sí, ir a comer, lo hacíamos en general. Siempre. Era algo re normal en todo el grupo, salir a comer o ir al teatro... - contesté. 

- Bien... Y justamente en relación al vino hay un campo de representaciones diferentes. Es un disfrute más adulto, un hábito que uno no tiene en la adolescencia, pero sí, cuando ya creció... 

Lo pensé brevemente y sonreí.  

- Sí, ahora que lo pienso, es cierto. El lo primero que me dijo es que ahora tomaba vino como si fuera algo wow... pero igual hace mucho que tomo... Aunque lo que decís vos es cierto, no lo había pensado. Creo que la imagen que tiene de mí ahora no es la imagen de esa chica de diecinueve años. 

- Ahora está frente a una mujer de veintiséis. Alguien con quien sí se puede tomar un vino, compartir ese ritual - me dijo, con un gesto sonriente, como si fuera muy obvio. 

- Sí... eso no tendría nada de malo, la verdad... Si todo fuera más coherente, obvio. 

De nuevo, volví a quedarme callada. 

Pero bueno... - le dije - para mí, igual, no va a hacer nada. Desapareció.  Y lo acepto, la verdad. Nadie va a salir corriendo a buscarlo, jamás lo hice y menos ahora que viene así la mano... Tengo otros temas en realidad, para solucionar - añadí, sonriendo, con aires de esperanzas y nuevas luchas. 

- Sí, eso es cierto - aludió - pero no te dejes de preguntar por qué pasa esto que pasa. Por qué te pone así. Si te hace bien o mal, más allá de sus intenciones. Cuál es el origen de esta situación de inestabilidad en la que te pone esto. Pensalo, Veinte, creo que te puede ayudar. 

- Sí. Prometo que sí. Muchas gracias por todo - musité.