Anoche, cuando llego del teatro, lloro. Se me caen lagrimas pesadas. Adoloridas. Lo cierto es que no suelo llorar seguido, pero el tema Javier casi me arranca las lágrimas a la fuerza.
Sigo llorando bastante rato. Lo necesito. Es un llanto que me ayuda a procesar lo que veo, lo que tuve que hacer. La simpatía fingida. La hipocresía. En general, todo.
Hoy amanezco con la cara hinchada. Siento que puedo llorar en cualquier momento. Me duele lo que pasó. Ver lo que no me interesa. Intentar ser feliz por otro lado y que cueste tanto. Cruzarme consigo y que me mire así. Qué tipo odioso. Qué desgracia haberlo conocido.
Paso la tarde en familia. Salgo a dar una vuelta. Mi humor mejora de a ratos. Hablo con mi Programa, lo saludo por su dia y trato de tragarme el peso pesado de un amor que no tiene ningún sentido. Que nunca se realizará. Un amor vano. Para tirar a la basura, igual que el tiempo que perdí y que me hace perder.
Me baño, me calzo los auriculares y me pongo a leer a Idea Vilariño. Creo que es por la única autora muerta que me podria sentir entendida. Ella tuvo al perro de Onetti. Yo, al perro de Javier.
De pronto, él nombre de Javier corta la música de mis auriculares. <<El barrio es chico>> me dice. <<Si. Al parecer si>> le digo yo.
Un rato después, estoy en su casa. Me saluda como ayer no pudo y me agarra de la mano.
- Hola, hola, hola - dice - Vení acá, por favor.
Me besa, me acaricia y me toca. Todo en cinco segundos.
- Hola - suspiro y le acaricio el pelo - ¿Como estas?
- Bien. ¿Vos?
- Con muchas ganas
Javier y yo damos vueltas por su casa. Nos vamoa sacando la ropa, hasta que suena el teléfono. Lo obligo a atender. Es su hermano. Mientras habla consigo, me hace señas para que vaya consigo. Niego con la cabeza.
Lo miro y le hago señas para que haga silencio. Me saco la remera, mientras lo miro. Me deshago de la calza y me ato el pelo. Javier me mira y me pide que vaya, sonriendo y haciéndome señas. Yo, no voy. Agarro mi remera y se la pongo en la cabeza. Se muere de risa. Con esfuerzo, se contiene.
Después, cuando corta, todo parece encaminarse hacia un encuentro mas. Vamos hacia una locación especifica. La misma donde por primera vez quise tener sexo consigo y él me protegió de si mismo, hace mas de diez años. Le pido que se acueste. Quiero que me haga enloquecer ahi. Ese lugar es donde no pudimos estar, el único donde no hemos estado y el que quiero exorcizar.
Lo que se empieza a construir es místico. El me huele, me recorre, me muerde las mejillas, me sonrie y yo lo beso. Suave. Completamente desnudos, uno encima del otro, parece que va a ser un encuentro explosivo pero intimo.
Lo beso. Me mira, me agarra del pelo y me besa como si interviniera una obra. Ademas, me mira, sonrie y cierra los ojos.
- Te da miedo hacerlo suavecito? - le pregunto.
- No. ¿Vos me ves asustado?
Me acerco, le acaricio la frente y le beso el rostro. Estoy esperando que... pero me parece que necesita mas tiempo. Entonces, se lo doy.
- No. Pero te esroy preguntando. Asi te trato con un poco mas de tacto - le digo. Beso a Javier con delicadeza. Yo no dudo de mi para excitarlo, pero me doy cuenta que su desempeño no es el mismo. Esta desconcentrado. Su propia reacción corporal lo dispersa.
Pero no puede. Lo intenta, yo lo intento, pero no puede. Me besa, despacio, yo lo correspondo, y no puede.
- ¿Qué me pasa con vos, hoy? - me dice.
No sé qué responder. Tener sexo conmigo le esta costando como nunca. Y yo, junto con lo de ayer, siento que esto es demasiado. ¿Qué quiere de mi? ¿Qué actue bajo el deseo o que nos juntemos a tomar el te, porque ayer no pudo hablarme?
Me escribió para decirme que el barrio es chico y para tener toda la charla que ayer no pudo tener. Y cuando estamos caminando hacia el sexo de siempre, se apaga. Siento que me deja sin herramientas.
Me remuevo para mirarlo, pero me besa y respira.
- Estoy desconcentrado. No te vayas. Tranquila- me dice.
- Javi... - suspiro.
- No te vayas. Tranquila. Tranquila - me dice y me da besos en el cuerpo. Si otra fuera la situacion, yo, seria un amor. Pero Javier es por momentos tan cerrado, tan poco receptivo a sus verdaderos sentimientos que desgasta.
Me ha dicho que tomo antes de verme. Y antes de siquiera dejarme mirar, le pregunto qué pasó que se está llenando de bebida. Porque Javier cuando se sienta a tomar de esa forma, es porque es mambeado. Me dice que esta herido, que si me gusto o no la obra. Que tengo que dejar de fijarme en tipos grandes, que la corte con eso.
Un rato después, vuelvo al juego. Lo acaricio. Lo miro. Parece que sí. Me pide varias cuestiones asociadas a sus debilidades. Atiendo a ese pedido.
- Sentate asi, chiquito, muy bien.
Sonrie.
Yo, una vez que lo acomodo, avanzo. Le doy placer, todos los gustos. Le doy tiempo, y de pronto, Javier reactiva. Nos involucramos en un placer profundo donde me pide que le diga todo lo que quiero y yo se lo digo. No suelo hacerlo, pero entiendo que necesita tomar energía de mis palabras.
- ¿Y que mas queres? - me pregunta.
Parece ser que todo va camino al sol, pero de pronto, Javier acaba. Como si fuera una trampa para si mismo, me mira e insulta al aire.
- Ay, no, no, no. Lo hiciste demasiado bien, se me fue de control. La puta madre, no te puedo creer.
Yo soy la que no lo puede creer. Ni siquiera estoy empezando. Para mi, encontrar el orgasmo, está lejos. Me ha tocado, si, pero me falta. Me falta mucho de todo. Mucho partido para construir la jugada de gol. Mucho calor del sol.
<<¿Qué? Ay, no, me quiero ir a la mierda>>, pienso.
Y de pronto, una furia me posee. La furia de la frustración, la furia de sentir que me dejó pagando, con las ganas, el alma en pedazos y todo tirado a la basura en un mismo fin de semana. La furia porque es un tipo inestable que me emputece la existencia para nada. Que teme. Que me mira con un deseo enorme y con un espanto enorme. Como si fuera la peor persona que puede elegir para la intimidad y al mismo tiempo, la mejor. Como si yo fuera el espanto hecho persona, que ni siquiera puede gozar. Así me siento. Porque ganó el espanto.
Algo me pasa, si, porque salgo del sillón frustrada. Sin decirle una palabra. Como un demonio. Busco mis cosas. Mi ropa. Siento que ahí se terminó todo. Que me dejó sola por segunda vez en ese mismo lugar de mierda. Que fue un error llevarlo ahi. Que me escribe sin sentido, porque es un idiota que se quedo angustiado de ayer. Y antes de decirme che, que feo lo de ayer, discúlpame; toma un poco de alcohol para tomar coraje y me escribe sin contexto. Como si no soportara la decisión que tomó.
¿Quien lo entiende? Ni siquiera el mismo. Pero en el camino, no respeta el dolor que puede generar a nadie. Piensa que es el único que tiene batallas. Y nunca estuvo mas equivocado. A mi me duele verlo, porque no lo veo feliz el sábado, por eso lloro. Pero también, me fastidia que me deje sola el domingo como si se llevara todos los caramelos.
Y yo, mientras junto mi ropa, enojada, siento que no entiende nada de la vida. Que no entiende lo que puedo sentir. Que no se pone en mi lugar.
- ¿Qué pasa? Perdón. Qué hice. Qué. Para. Por qué te vas. ¿Estas enojada?
- No, no.
- Pero siiiii. ¿Por que te fuiste asi?
- Porque ya está. Ya resolviste.
Destilo veneno. Me siento un moustro, una bestia. Pero en realidad, soy una persona que se siente odiada por el tipo que ama. Que la quiere. Que no la quiere. Que la desea, que no la desea. Que lo perturba, que no lo perturba.
- Perdon. Discúlpame. No lo hice apropósito.
- Todo bien, Javi, todo bien. No hay drama.
- Pero no, ni esta todo bien, ni nada. Estas enojadisima. Perdón, te digo. No lo hice adrede. Vos sabes que yo siempre quiero darte todos los gustos. ¿Estas enojada?
Javier insiste. Yo tengo un nivel de frustración generalizado. Lo soluciono con espacio, habitualmente, y Javier no se queda callado. Quiere que me muestre feliz y yo no estoy feliz.
- No.
- Pero si, tenes una cara. Si que estás enojada. Que va a ser, me pasó. Perdón. Discúlpame en serio.
- Javi, por favor, no te justifiques porque me haces sentir una desesperada que solo mira a la gente por el sexo. Listo. Ya está.Te entiendo.
- No, pero estas enojada. Se te nota.
- No estoy enojada.
- Si, que no... Estas furiosa. Re enojada, si. Mira que cara. Saliste corriendo. Tenes esas reacciones.
Continuo pinchando. Yo, necesito un momento pero no me lo da.
- Hasta acá, estoy, Javier. Eso es lo que pasa. Yo no resolví, vos resolviste. No se que cara queres que ponga. Perdón, pero necesito bajar todo lo que generaste. Me acorralas con todos los peros y eso y ahora necesito dos segundos para bajar. Dos segundos, nada mas.
- Te entiendo. Te juro. Y te pido disculpas. Perdóname.
Javier se quiere matar. Se le nota. Yo, mas. Es un gran fiasco. Un gran chasco. Una perdida de tiempo. Todo un recorrido hecho al pedo. Un algo que se esfumó. Y también, su incapacidad de ir, buscar, retomar y preocuparse por mi placer como siempre ha hecho.
Pero hoy, no. Hoy, me escribió. Me pidió verme. Me charlo. Me recibió con calidez y millones de palabras a diferencia de anoche, pero no me hizo el amor. Y para mi, lo único que nosotros podemos hacer, es tener sexo. Si no, Javier, no tiene ningún otro pretexto para escribirme y para decirme que el barrio es chico como quien sabe que fue una situación horrible. Ese era el acuerdo, no verse más y una vez mas, lo desborda.
Esta, la de ahora, la de Javier resolviendo solo y mirándome avergonzado, es otra escena horrible. De pronto, todo pierde el sentido. No me quiero quedar ahi, a su lado. Quiero salir corriendo. Por eso me levanto y me voy. Huyo. Porque toda esta experiencia es un fracaso. El encuentro casual del sábado, el encuentro de hoy mismo. Realmente, todo es un fracaso.
Javier me dice de todo para justificarse, me pide perdón. Para mi no tiene que peforme perdon, no le nace. Solo deberia dejarme en paz para siempre. No insistir. No interrumpir. Yo lo entiendo, pero necesito calmarme porque que pudran la cabeza para dejarte pagando, no es gracioso. Porque si quiere tener una vida con otra, otra vida en definitiva, yo jamás se la complicaría.
Pero el, a mi, si. Todo el puto tiempo.
- En días asi, creo que es mejor ni llamarte ¿no?
Suspiro.
- ¿Por?
- Porque si, porque quedaste enojada. Perdón. Discúlpame. Sentí que no podía sostener y me concentré demasiado en eso y cuando todo empezó a fluir, me dejé llevar y... me pasó. Pero te pido disculpas. En serio. Es una mierda, para vos, te entiendo.
- Ya está. Percances tenemos todos. No es la primera vez que me pasa. Y a vos, seguro que tampoco. Lo que pasa es que vos me tenes allá arriba y me demandas una intensidad tremenda y ahora me cuesta bajar. Hay confianza. Cuando ves que no te sentis como siempre, me decis. Aca, se fue todo a la mierda.
- Si. Lo sé. Te entiendo. Te juro.
Me senté en un sillón. Javier me sirvió una copa de vino. Empecé a pensar con mayor claridad. El no sexo, no era el tema. El tema era la no mirada. El no querer tener siquiera un gesto de disfrute para mi, si no incluia el propio disfrute. El dejarme sola con mi deseo, en el teatro, en la forma falsa de construir el escenario del sábado en el teatro. Y en dejarme sola ahora, cuando quizq pretendía que yo hiciera magia.
Javier arranca el monólogo de todas sus penas. Lo amo, en serio, pero estoy muy cansada. Cansada de escucharlo, cansada de que haga todo mal, cansada de que sea un cobarde. Cansada de mi misma. De su forma de vivir. De su manera de morirse en cuotas.
El me dice que esta cansado. Que esra muy estresado. Que no quiere saber mas nada con nadie de su gente. Que quiere dejarlo todo. Que quiere vender sus bienes e irse a un lugar bien lejos, solo. Que esta haciendo terapia porque se siente mal, y no tiene ganas de tener sexo para nada y que de pronto conmigo, pero que le cuesta y no le gusta.
- Yo no me acuesto con nadie. No tengo ganas. No tengo acción.
Lo miro.
- En serio. Estar en pareja sin tener sexo es difícil, pero puedo estar meses sin necesidad de nada.
- Bueno, pero en pareja, a veces surge. Nosotros somos dos bestias. Quizá, necesitas otro entorno.
- No. Yo soy una bestia. A mi me tenes que pedir que pare. Pero estoy viejo. No sé. Ya me parece muy dificil tener sexo y más lo pienso y menos ganas me da. Y me cuesta mas, y es todo peor, porque no me pasa naaada. Y termino no haciendo nada, molesto. Prefiero comer un asado, te juro.
- Es complejo, Javi.
- Es una mierda. Todo. Si.
- ¿Qué te gustaría hacer realmente con tu vida? Porque el sexo no es sexo. Es disfrute. ¿Qué te haría conectar con un mínimo placer?
- Dejar todo. Irme. Pero son etapas.
- Desde que te conozco, siento que cargas demasiado con todos. En algun momento te tenes que ocupar de vos.
- Estoy yendo mucho a la psicóloga, si. Porque tengo muchos temas... no se como decirte.
- Mambos.
- Si.
- No podes desligarte de vos mismo, siempre atento a la felicidad o el tema del otro. Tu cuerpo es un cuerpo para todo. Tu cabeza, también. El sexo tiene que ver con abrirse a la vida. Capaz vos no te podes conectar con eso. O estas angustiado.
- Si. Lo es. Es todo muy dificil. Realmente. No te das una idea. Siento culpa.
Lo miro. No me sale decirle nada. Solamente hacerlo sentir el silencio. La culpa es un fantasma con el que lidio. Me hace sentir que la vida es dura, pero, de mi lado, reconozco que aún trato de poner fuerzas para pelearla.
- Vos te la das. Como si quisieras hacerte... daño, Javi. ¿Qué es lo que te hace doler así?
- Todo. Son muchos temas a la vez. Y estoy cansado. Estoy realmente cansado. Extraño a mi mama. Me destruyó que se haya muerto - dice.
Los ojos se le ponen llorosos.
- Y toda esta historia con vos - dice y se queda sin voz, comiéndose las palabras- me da una culpa. Yo hago cosas para poder sentirme culpable.
Suspiro. Lo miro. Me da pena escucharlo hablar así porque me doy cuenta que él nunca será feliz. Y de pronto, él por qué que preguntaba a Dios, cobra sentido. No buscaba esa intimidad con el. Quería la otra.
<<A el la culpa lo detiene. Siempre en su cansancio. En sus excusas. ¿Como se puede temrr tanto miedo a vivir?>>, pienso. No le digo nada. No lo quiero lastimar.
Javier se me aparece en carne viva. Yo no siento compasión por el, o en realidad, me he puesto una armadura para no sentir nada. Simplemente, me doy cuenta que esta perdido. Se retira al baño, toma agua y se queda callado. En silencio. A mi lado.
Desearía poder decirle que lo amo, que lo que mas deseo es que encuentre su paz. Que no sufra. Pero al mismo tiempo, pienso que a él no le importa si yo soy feliz. Que me puedo morir mañana y el va a seguir igual.
- Y en esto hay que tener todo re claro, además. Con esta historia con vos- dice.
Lo miro. Asiento.
- Yo no soy mandona. ¿Sabes? Pero sos un tipo intenso y siento que en lo sexual me desesperas. Por eso me pongo asi. Porque me sacas el control y queres todo vos.
- Yo soy muy intenso, si.
- Y sacas lo mismo del otro, si.
Hablamos de cualquier estupidez. Me aburre escucharlo, pero prefiero pasar el tiempo así. Cuando bajo, me paro al lado suyo. Nos miramos.
- Javi, me frustré antes. Perdón. No soy una ninfomana.
- No. Te entiendo. Discúlpame. Vos sabes que yo siempre te espero, pero hoy... no pude.
- Me debes dos - le digo, en chiste. Obviamente le estoy tratando de poner onda a este imprevisto porque nos vamos a poner a llorar los dos.
Nos reímos a carcajadas. Le acaricio el brazo.
- Mentira, te jodo. Es un chiste. No me debes nada. No hay ninguna cuenta pendiente. Tranquilo.
(...)
- Perdon. Me distraje contestando este mensaje. Perdóname. ¿Ya te vas, ya ya?
- Si . Me abris, por fi.
Chau. Nos vemos - digo.
Me abraza un poco. Me da un beso lleno. Y se queda mirando quién es el tipo del uber.
- Dale, despues nos vemos.
Cuando nos despedimos, Javier me mira irme en el uber, además de la puerta. Lo miro. Suspiro.
Todo ha fracasado.