martes, 30 de junio de 2026

Insomnio II

 Madrugada. Insomnio. Gatito que me ha despertado, una llaga en la boca y las placas de bruxismo que molestan. A veces, se hace fácil dormir y otras veces no lo es tanto. 

Cierro los ojos. Ahora mismo mi gatito vuelve a dormir conmigo. Lo acaricio. Eso siempre me relaja y me ayuda. Pero, de pronto, mientras mi cabeza se va entre cuentas, números, cosas de la oficina, todo aquello en lo que no debería pensar para poder conciliar el sueño; la imagen de Javier aparece limpia. 

Es del sábado anterior. La noche donde lo vi con ella de casualidad en el teatro y se puso nervioso y al mismo tiempo fue tan poco exacto el domingo. Pasó una semana de eso. Nada mas. Y yo siento que hubiera pasado mucho tiempo. 

Si tengo que ser franca, llevo varios días pensando que Javier no es feliz y esa certeza me afecta poco.  El no es feliz porque no tomo las decisiones indicadas, en parte, y eso que oportunidades de hscer las cosas bien no le han faltado. Con la última charla del domingo, me di cuenta: él disfruta estar como está, se retuerce de placer en la culpa, la bardea con transgresión, me insiste cuando le digo que no. Por eso, define nuestra historia como una gran culpa en su vida. 

Yo, en cambio, hace ya casi un año estoy haciendo un trabajo para darle a la vida una segunda oportunidad.  Si ya le di 30 años viviendola desde la culpa, también le di 1 viviendola desde la descarga de esa culpa. Y ahi esta toda la diferencia. Al momento de descansar de la culpa, Javier me llama, se da un cocazo, es como si quisiera hacerse daño. Yo, hoy, hace un año es siempre hoy, trato de elegir no darme el cabezazo.  

Como le dije el domingo, despues de su episodio, mientras estábamos sentados en un sillón, y yo tomaba una copa de vino: 

- Es como si quisieras dártela, Javi, conmigo. Eso es lo que pasa - dije. 

Javier me miró. Callado. Miro la tele. La luz de la pantalla me devolvía el semblante de un tipo triste. Deprimido, a decir verdad. 

- Y al final, nosotros, queríamos lo mismo. Siempre se trató de lo mismo. Mas alla de todo lo previo. 

- ¿Qué queríamos? 

- Darnosla con el otro. Tanto problema por algo que se resolvía con sexo. Años dando vueltas. ¿Para qué? Si al final, iba a pasar lo que tenia que pasar. 

<<Este fracaso >>, pensé, pero no se lo dije. 

Lo mire. Suspiré y me quede callada. 

- Era otro momento - dijo. 

- Uno donde era chica, si, ya lo se... 

- Otro momento- dijo - Yo era mas joven, también. Ahora, ya estoy viejo. 

- Si. Los dos éramos más jóvenes. En esa época yo estaba encarando todo desde el lado suavecito, pero vos me tenias un respeto... Rozaba el celibato. 

Sonreí, con tristeza. 

- Si. Eso es cierto. Te respetaba. Muchísimo - diji Javier, muy serio. 

- ¿Y para qué tanto respeto y vuelta, no? Pienso eso. Si al final, iba a pasar lo mismo que pasó desde el dia uno- dije y guardé silencio. 

<<Este fracaso, perder años de vida por este fracaso, donde yo te amé y vos no>>, volví a pensar. 

Tomé aire. Deje la copa de vino en la mesita de al lado del sillón y me puse a buscar el auto para irme a mi casa.  Esa noche Javier se quedo mirándome con la puerta entreabierta hasta que me fui en el uber.  Yo también lo miré. Despedi con eso al concepto de pensarlo como el tipo mas sexual que conozco. 

<<Seguramente está pensando por fin se va esta pesada.Y mejor que me voy. Este tipo lo unico que logra es hacerme perder tiempo>>, me dije. 


domingo, 28 de junio de 2026

Anocheciendo

 Acá estoy. Es domingo, otra vez. Hace una semana a esta misma hora estaba en la casa de Javier asistiendo a su episodio de impotencia, juntando mí ropa, como también mis pedazos. 

A lo largo del resto de la semana, pensé bastante. Creo que necesite unos días sin escribir para acomodar en mí mente el peso de un rechazo que siempre estuvo ahí y que siempre fue para mí demasiado difícil de mirar. 

Sin embargo, está vez, me pasó algo distinto. Me vi hablando con Javier en la penumbra, el con sus ojos llorosos, con su incalculable incapacidad de decirme (esto), con sus mecanismos que terapia no sana, con su manera de usarme dentro de su dinámica de culpa; y me dije: ¿qué estoy haciendo acá, con este tipo viejo, oscuro, deprimido, que me trata como a una cosa y que está a la vista que no tiene nada para dar? Fue la primera vez en todos estos años, en estos 12 años, que me salí de mí y nos vi. Y pensé: "qué manera de hacerme perder el tiempo, este chabon, con todos sus mambos". 

Porque claramente, el tema la semana pasada no fue el cuerpo. El tema a él le pasó por el cuerpo. Y eso es distinto. Por eso, mí reacción: sentí que no tenía nada más para el, a cambio de este trato.  Sentí que no podía ni quería sostenerle la vela. Sentí que no era mí deber estar ahí, escuchandole las penas, y viéndole las huellas en el cuerpo, si el día anterior nos cruzamos todos en el teatro, con ella. Ella debía estar ahí, no yo. Ella tenía que estar ahí, escuchándolo decirme que está harto de todos, que quiere irse lejos. No yo.  

A mí Javier me escribió hace una semana queriendo tener la charla que no tuvo el valor de tener el sábado porque estaba con ella. Me dijo que había tomado vino, whisky, vino.  Me escribió sin propósito. Sin objeto. Diciendome que deje de fijarme en tipos grandes, que me convienen los flacos de mí edad.  Yo trate de manejar la situación. Lo ubique en el espacio de objeto y lo apure. Si. Lo apure, porque el me apuro primero.  Un rato después, termine juntando mí ropa habiéndome llevado un chasco de aquellos.  Y además, recibiendo las palabras de Javier.  Particularmente, las únicas que me involucraban: "y encima está historia con vos, que es una culpa. Porque yo hago cosas para sentirme culpable. Tengo un tema con la culpa y vos". 

¿Que hace Javier además de usarme para triangular su culpa? Soy una medallita más en su chaqueta que habla del sufrimiento, de lo mucho que se sacrifica, del enorme cargo de conciencia que tiene.  No soy una persona para el. Soy un vehículo con el que se castiga. Y hacerlo piel y huesos, me duele desde filamentos muy profundos. 

 Pero la única promesa que yo me hice hace un año, pesa más que Javier. Más que cualquiera, en realidad. Más que mí familia, mi economía, mi trabajo, mí estudio en la facultad, mí salud, mí mundo tal y como lo conozco. Y fue la promesa de volver a darle una oportunidad a la vida. Y salir a vivir. A gozar de poder vivir y no a padecer haber sobrevivido.  Sin cargar con los mambos de mí familia, con las frustraciones ni las cargas de nadie y haciéndome cargo al 100% de mí.  Y entre todos esos nadie, donde entran mis padres con el lastre que son, donde han entrado muchas veces mis hermanas, también entro Javier. 

Con el, fue y es atroz. Durante 12 años, esperando que al menos el fuera feliz, si no lograba serlo yo. Doce años pensando que no iba a poder amar a nadie así. Doce largos años pensando que yo había sido la que se había imaginado todo.  Doce años es demasiado tiempo. Más, si tenés 31, como yo. 

II. 

  Desde hace una semana, solté este lastre con su cara y sus ojos. El sigue existiendo en el mundo. Lo hará hasta que se muera. Pero yo decidí que si tengo que elegir entre pasarme la vida deseando que alguien sea feliz, o tratando de serlo yo, voy a elegir hacer mí propio intento.  Mí intento más genuino. Tratando de meter la pata muchísimo menos. 

Está decisión ya viene desde hace largos meses tomando forma. Tiene momentos muy complejos. Otros dónde todo parece venirse encima. Principalmente, porque desde que lo vi a los 18 años en la pizzería del barrio, hasta que lo vi hace una semana en su casa, desnudo, tratando de tener sexo conmigo y no pudiendo; me perdí el resto del mundo. 

Desde entonces, Javier desapareció. Y yo, abrí las manos y dejé caer, siendo sincera. Soltar es otra cosa, yo dejé caer. Afloje desde el hartazgo. Por algo muy sencillo: en todo esto, además de los mambos de Javier, se me juega la vida.  Mi vida.  La única que tengo. 

Para él, llevarse puesta la vida de cualquiera, es anecdótico.  No va a pensar en nada ni en nadie más que en su propio dolor.  Pero yo no soy, ni quisiera ser, una anécdota en la vida de Javier. Alguien más a quien arrastró, una medallita más de honor (o de horror). 

 El resto de estos días, con periodo mensual y hormonas haciendo su trabajo, hablaron de una depuración absoluta.  Cada vez que me metí en la ducha durante todos estos días, sentí como el agua caliente se llevaba todo.  Perder lagrimas y sangre a veces puede representar lo mismo. Eso lo tengo claro. Así que solté todas las lágrimas y dejé fluir todo lo que el cuerpo necesitara. 

Y aún en el dolor, seguí cumpliendo mí promesa, le di una segunda oportunidad a la vida. Más allá del rechazo de quién sea. Confiando que esté rechazo en particular aunque me duela hoy, es elemental para estar mejor. Para dejar de sufrir de una buena vez por un tipo que no me quiere y simplemente, respirar y vivir. 

Una semana después, estoy acostada temprano. El finde salí a bailar. Me quisieron levantar algunos tipos, pero solo dije no gracias y me reí sonoramente cuando a uno le escuché decirme: "te amo, mami, sos hermosa, una fantasía". Pero no levanté el guante. Solo me rei. Dejé fluir. Disfruté sin oscuridad.  

Esa parte no se la conte a Mi Programa. Si le conté la parte en que me iba. Si le conté con quién. A dónde. Si lo hice sabiendo que estamos en dos etapas de la vida muy distintas, porque el me lleva muchos años. Si le mandé fotos del bar, mientras el estaba en su depto, llevando a su hija adolescente a juntarse con los amigos y me chusmeaba lo suyo. 

Y durante esos momentos, no me sentí vehículo de la culpa de nadie. Simplemente, me sentí una persona viviendo. Eligiendo seguir 

 Y eso me hace pensar que mientras haya vida, deseo de estar viva, hay oportunidades. Hay mejores cosas que experimentar.  

Seguiré andando. 


miércoles, 24 de junio de 2026

No lo pasaste bien, pero lo pasaste

 Creo que el título de este día, en esta especie de diario, podría ser un buen resumen. No la estoy pasando bien desde el sábado, pero, lo estoy pasando. Eso quiere decir que se puede afrontar y que salida hay.  Una buena. 

Lo de Javier, en general durante el finde, me pegó en una zona débil. Me agarró de sorpresa, sin andar a la defensiva. Muy en carne viva. Venía muy en paz con el tema. El no estaba en mí mente, yo andaba enfocada. Pensaba en el a veces, claro, pero le mandaba afecto y solo le pedía a Dios que (de mí lado) matara todo deseo, toda compasión hacia su persona, toda cosa buena que me metiera en la dinámica de nuevo.  Y así, transcurría. Metida en mis cosas. Enfocada en sostener mi relación con Mi Programa. Viendo como me siento dia a dia. Tratando, realmente, tratando de ser feliz. 

Pero después de lo que pasó el sábado, y sobre todo, el domingo, quedé desarmada. Por completo. Fue como si hubiera pasado de largas semanas de estabilidad y orden mental sobre el tema, al infierno inmanejable directamente. 

Después del domingo, Javier desapareció, yo desaparecí. Tengo un mal presentimiento sobre el tema. Dudo que alguna vez volvamos a vernos. Pero por encima de todo eso, el dolor que dejó la experiencia de su rechazo (ahora también en lo físico) fue extendiendose con el paso de los dias. Me hizo sentir cosas que yo nunca antes había sentido. 

Me hizo sentir insuficiente, mala persona, mezquina, cruel, irónica. Me hizo sentir fea. Poco deseable. Una cualquiera. Una estúpida, también. Una tóxica. Explosiva. Tirana. 

II. 

Por otro lado, está Mí Programa. El es bueno, tiene sus cosas, pero es superior a Javier en bondad. Por mucho. Me tiene más en cuenta, frente a muchas cosas. Me pregunta cómo me siento. Y principalmente, me hace sentir cosas buenas. Es decir, no lleva al barro de ser una persona desubicada y cruel, como fui con Javier, el domingo pasado, cuando no pudo concretar del todo una relación sexual conmigo y reaccione con un desprecio total. 

Hoy justo me mandó un mensaje, mientras estaba trabajando. Empezamos a hablar. Salió el tema de nuestros encuentros y en un momento, me dijo: "¿cómo no disfrutarlo con vos, si sos un amor?". 

Y sí. Ese mensaje me recordó un poco quien soy cuando me cuidan. Cuando me tratan bien. Cuando no me usan y descartan como un papel pintado, sea para alimento sexual o suministro emocional. O sucedaneo de todo lo que Javier desea vivir, pero con lo que se bloquea por culpa. <<Esta historia con vos, es toda una culpa>>, me dice. Yo podría responderle: <<Esta historia con vos, es un dolor>>, pero me quedo callada.  Un rato antes, charlamos. Le pregunto por qué me tiene miedo, por qué me teme. No me responde nada. Me cambia de tema. Me dice que nos veamos. Aunque yo lo haya visto con ella, el dia anterior, al dia siguiente, no deja de escribir. No desiste de su intención. Una intención que no puede sostener. El punto de todo es para qué. 

¿Por qué llegue a ese punto, por mi lado, de responder así? Javier me hizo daño en el pasado. Cometió errores que no se cómo perdone, durante los años de clandestinidad. Dejé pasar muchas cosas, y cuando el más seguro está de que yo soy capaz de fumarme todo, cuando pretende exigirme que sea su amiga, su amante, su vecina, su confidente, suya, toda suya, complaciendo inclusive su necesidad de ocultarse en sociedad; algo en mi colapsa. 

Finalmente, dentro mío,  aparece un desprecio tan intenso como el amor. Un odio que me hace mirarlo desde arriba, como si fuera la mosca mas insuficiente.  Un pobre viejo triste incapaz de concretar.   ¿Esa soy yo, realmente, o es lo que uso para defenderme en el medio de la tormenta? 

Ataco, me alejo y me armo a mi misma, para sentirme a salvo. ¿Como podría reaccionar, de qué ptra manera espera que reaccione? Imposible mirarlo con amor, porque ahora también se juega un odio profundo, un desprecio que yo pensé no sentir por él, y que finalmente sí. 

No, no lo amo. Ademas de amarlo, lo odio. Y dejo salir la peor de las miradas hacia alguien. La mirada de <<que pobre persona es>>, que para mi, es inutilizable con alguien. 

Pero ¿alguien me trata asi, como Javier? Sin duda, no. Nadie me trata asi. Nadie me hace sentir en tanta intensidad una persona de mierda, desechable, sin virtudes mas alla del cuerpo, fácilmente descartable en términos de olvido.  Con nadie tengo una relación tan polarizada como consigo, y eso, la verdad, es que hace mucho mal.  Es un veneno silencioso como una perdida de gas que te termina matando. 

Aunque no me lo dijo, a la luz del presente, siento que me desprecia y no puede sostener una erección. En ese momento, me pide que me quede tranquila. Trata de concentrarse pero no lo logra. Yo pretendo correrme, darle espacio, pero me besa y me pide que por favor no me vaya, que no me mueva, que me quede tranquila, que no trate de escaparme.  Pero yo no quiero obligarlo. Y ver que no funciona, me hace sentir rara. 

 Como ultimo voto, me quedo. Le doy placer. Lo relajo. Es algo que suelo hacer consigo y le gusta. Y creo que va a servir, como ya servido mas de una vez.  Pero esta vez, no pasa. Porque cuando Javier retoma y se empieza a relajar y vuelvo a verlo disfrutar profundamente, de pronto llega al orgasmo rápido, accidentado, como nunca suele llegar. Putea. Se frustra. Me pide perdón. Y me doy cuenta que me dejó sola.

Eso para mí marca una ruptura del único acuerdo posible: el sexual. Si el ya no me desea, como parece demostrar con su cuerpo, para mi, nada mas queda.  Y a partir de caer en cuenta de esa certeza, no pierdo un segundo.  

 Enojada, me levanto, ante su rechazo visible, y me pongo a buscar la ropa para irme.  Así, sin mediaciones. Sin palabras. Desprecio total de ambos lados. Y en Javier una vergüenza enorme. Y en mí, una angustia intensa porque el rechazo sexual me afecta y porque que Javier me rechace me afecta doblemente. 

Aunque Javier me dice que viene mal, eso no explica por que me contacta y después se bloquea. Todo lo que no me dice, finalmente, lo delata. La quiere a ella, bueno. No quiere verme más, bueno. No le gusto mas,  bueno.  Pero no me hagas darme cuenta de que soy una persona no grata, cuando estoy desnuda frente a vos, vulnerable, sola, y vos no tenes más que esto. 

Eso también influye en mí reacción. Me siento una cosa que corre a un costado y yo lo hago sentir de esa forma. Cómo una cosa que no me da placer.  Pero en el fondo, no es que me haya convertido en un demonio. Acaba de herirme. Necesito tomar distancia para defenderme. Entonces, lo ataco. 

Como me dijo durante toda la sesión mí terapeuta, Javier pretendió demasiado de mí y poco pudo sostener.  Pero además, también yo reaccione muy en función al desprecio recibido.  A cuentagotas, creo que eso se fue almacenando en mí como un veneno. Y que el domingo, vio la luz. De la misma manera, eso explica por que con las personas que me tratan bien puedo ser tan cálida. Y eso explica por que, aunque me gustaría, no puedo tratar de la misma manera a quien me trata bien que al que me trata mal. 

Yo, ni siquiera me siento deseada por el. Quedé llena de dudas, de preguntas innecesarias, de culpa, de remordimiento; por todo. Pero también, quedé convencida: Javier no es feliz. Y su pena, es contagiosa si te acercas demasiado. 

Alejarme en este contexto es el único camino. No quiero volver a hablar consigo. No creo que el se acerque a mí. Si bien no terminamos mal, ni discutiendo, para mí está historia no tiene sentido. No le veo vuelta. Posibilidades. Revisiones. 

Lo único que había entre nosotros (a mí ver) era sexo. Ahora, eso se convirtió en una rueda de excusas. Y si Javier decidió con su cuerpo poner el límite,  no tengo mas remedio que aceptar el rechazo.  Definitivamente.  

Se que si otro hubiera sido el caso, yo lo habría cuidado. Lo he hecho con otros, desde el corazón. Pero si hubo algo coherente en mí, durante ese domingo helado, fue no sostener el lugar de protección. Fue no contenerlo. Fue no hacerme eco de su tristeza. Más bien, fue ayudarme a mí misma a salir de una situación donde Javier me había dejado tirada. 

Si Javier necesita alguien que lo consuele, ya sabe. Puede ir con su novia y charlarle de lo deprimido que está, de lo poco que desea tener sexo con ella, de lo mucho que le está costando. De lo mucho que tiene adentro sin resolver, de que va a la psicóloga, de que siente, de que no siente. De que se quiere ir, desaparecer, que son etapas.  Puede decirle que sufre, que tiene muchos problemas, que esta cansado. 

Conmigo, lo único que podía aportar (según su discurso) era sexo y no habia que confundirse y que tomaba distancia de mi porque era muy dificil confundirse y...  Y parece que ya no le interesa. Incluso, aunque el mismo me convoca. Porque después cuando tiene que sostener lo que propone, algo le pasa. Algo le pasa conmigo, que ya ni puede tocarme. Pero por qué puede contarme sus mambos. Decirme. Si nadie lo pide. 

<<¿Qué me pasa con vos, hoy? No sé qué me pasa con vos, hoy>> me dice y me besa la espalda, mi espalda llena de pequeños lunares sin relieve, blanca, tatuada, huesuda Pero después de un momento, entiendo. Todo se le fue de las manos.  Y a mi, me terminó hiriendo. 

Que equivocado está si cree que yo puedo quedarme a ver eso. Esas indecibles maneras del rechazo. Esa mirada de temor que me regala y de placer inmenso; y de pronto, la nada. 

No. Esta equivocado.  A mí ya no me da el cuero para más. Francamente. 

Quiza por eso reacciono asi. Porque he colapsado. 

III. 

"Qué estás haciendo vos 

gastado y destrozado 

por todas las materias desgarrantes 

el pelo encanecido 

miope el ojo

repitiendo mi nombre siete veces 

abrazado a mi espalda 

cómo un náufrago" 

(Sueño - Idea Vilariño). 


martes, 23 de junio de 2026

No te quiero, te repelo

Ayer lunes me levanto con la duda. ¿Fue real lo que pasó durante todo este fin de semana del infierno? ¿Pudo haber salido todo mal como salió? Parece que sí. Ambas son correctas.

Ahora, si pienso en esto que no termino de masticar del todo, siento un poco de culpa. Pero, también, sé que todo se dio dentro de un contexto. Por eso, cuando resolvió y se quiso matar, sí, yo me levanté y me fui a buscar mi ropa.  Como si fuera él una cosa que se apagó y que no sirviera para nada más.  ¿No es que acaso yo soy, solamente, una mujer con quien él tiene sexo? ¿No dijo Javier hace un tiempo que se obligaba a verme así, solamente, porque podía ser terrible el dolor a generar, y no quería hacerla sufrir, ni que sufriera yo, ni sufrir él?  

Bueno, si no puede sostener su erección, quizá es la última manera que le quedaba a la mano para decirme que no quiere nada de mí. Que me rechaza de todas y cada una de las formas en que alguien puede rechazar al otro.

Cuando resolvió, por accidente o no, su cuerpo me dio un mensaje claro. No te elige, ni siquiera, para llegar al orgasmo. Entonces, vi todo con rabia. Y sí, me levanté y me fui, y no le  dejé ni un segundo de margen para que me dijera nada. Y no porque no lo pudiera hacer, sino, porque consideré que Javier ya no me servía para nada más.  Porque me estaba haciendo sentir poco deseable. Porque me estaba poniendo en la imagen del problema, de la tipa que todo lo hace mal, que es una tortura para él, que inclusive debe entender todo.

Y nada de eso es feliz. Ver a Javier con impotencia, frente a mí, me hizo sentir rechazada. ¿Para qué me llamó, si en el fondo, me detesta y me rechaza? ¿Para qué fui, yo, si en el fondo, yo sé que no me quiere, me detesta, me rechaza, pretende que sea su eterna amante, jamás me da un lugar, una palabra justa?

No pude ponerle palabras a ese gesto. Simplemente, hice, por instinto, por dignidad.  Salí de ese sillón, me separé de él, me alejé, lo dejé solo, indignada y me fui a buscar mis cosas. Andate a la mierda, pensé.    ¿Por qué? Porque yo a Javier lo amo, pero él no, y estoy harta de que me vea como todo lo malo en su vida.  Por eso, en el fondo, también lo desprecio enormemente.  No me lo explico de otra forma.  Pero si él esperaba contención, si esperaba que la remara, si esperaba que lo contuviera, se equivocó de mujer.  Para eso, la tiene a ella.

Todo lo que Javier conceptúa de mí, es malo. Que lo vuelvo loco, que soy una hija de puta con las cosas que hago para seducirlo. Que no me le doy. Que lo quiero mandar. Que no le mando mensajes. “Yo soy mía”, le digo, esa noche, y lo beso despacio.  Porque sí, yo soy mía. No soy su novia, porque ya tiene; no soy su amante, porque jamás le daré ese gusto, no soy su cómplice, cuando nos encontramos por la calle con mi amiga, y con ellos, y yo me pongo a hablar con su novia y no consigo, porque no voy a jugar para su lado.

¿Y si fue por culpa? ¿Por culpa del día anterior, por culpa de mentir, por culpa de todo; para qué escribirme e invitarme y decirme que va a hacer cosas que no hizo? ¿Si la culpa lo desactivó?  Lo entiendo. Pero, de su lado, solo siento que día a día me desprecia más, me rechaza con su mente, con sus palabras, y ahora, con su cuerpo.

¿Cuánto más dolor puede generarte una persona a lo largo de los años? Para mí, su impotencia, fue el no deseo. Fue como si me dijera que soy fea en todas las formas, que no le despierto nada, que no le pasa nada. Ni siquiera, una vana calenturita.

Durante estos 13 años desde que nos conocemos él fue para mi una mancha en mi vida – con su silencio, con su incapacidad de nombrarme, con sus confesiones desfasadas temporales, con su necesidad de tenerme como su amante y de encapricharse cuando le pongo límites -. Una mancha principalmente porque nadie en la vida me rechazó como él.  Porque nadie me hizo tanto daño.

Pero he llegado a un límite. Ver a Javier, pidiéndome perdón, infinidad de veces. Mirándome con vergüenza, diciéndome que está viejo, que no puede tener sexo, que se pone ansioso, que en pareja le resulta muy difícil tener sexo, porque está harto de intentar, que no puede hacer nada, que no le interesa lo sexual y se frustra. ¿Y entonces, para qué me escribe? ¿Para qué me pide vernos, para qué me pregunta si me gustó el teatro que fue a ver con ella, y donde me encontró de casualidad? ¿Para qué mierda me contacta, borracho, y me dice que el barrio es muy chico, como queriendo tener la charla que no tuvo el día anterior por estar haciendo la vida que eligió, lo que corresponde, sosteniéndole el trapo a su novia?

No, es demasiado. Si hubiera pretendido que yo reaccionara comprensivamente, se equivocó demasiado.  Si quiso darme lástima diciéndome “mejor en estos días ni te llamo ¿no”, no sé qué clase de trato pretendía.

Por dentro, una parte mía, estaba pensando: “no, para dejarme puesta, no me llamés más”, y la otra amordazada pensando: “no pasa nada, chabón, querer sostener esta  doble vida te  está pasando factura”.  Una cara de “qué mierda, qué decepción todo esto”, indisimulable.  Un gesto de “¿para qué me rompés las pelotas si…?”, que nadie merece. Pero que Javier, sí.  Porque lo que recibo de él, es lo que yo tampoco merezco.  Un nivel de rechazo general, inclusive, hacia mi cuerpo. Un cuerpo que corrí a tapar, porque lo único que me faltaba ver es cómo el tipo que amo y odio, además, me considerase incapaz de ser deseada por sus ojos.

Mientras esa noche Javier está herido, roto, y  ni siquiera puede mantener su erección, me dá la sensación de que necesita del encuentro otras cosas que no sean el cuerpo. De que estoy ahí por muchos más motivos que sexo, contrariamente a lo que yo hubiera pensado. Y eso me indigna de una forma descontrolada.  Por eso, también, reacciono con tanta hostilidad.  Porque me parece que lo quiere todo, y es muy injusto.

Lo del sábado fue terrible. Ambos lo sabemos. Toda esa secuencia casual con mi amiga, su novia, ellas charlando como si nada en la puerta del teatro a donde todos habíamos ido a ver la obra; y nosotros dos ahí, en silencio, hablando con los demás, como si nunca nos hubiéramos visto, como si no fuéramos lo que somos, fue muy dolorosa.

Y la noche siguiente, la del domingo, mientras está sentado en el sillón, lo miro desde arriba y lo beso todavía llevando ese dolor, esa bronca, explicándole que yo no soy simpática con ella porque sea una maldita, sino, porque no tengo otra opción, porque en ese encuentro, tengo que fingirlo todo.  

-            ¿Qué me pasa con vos, hoy? – me dice, al día siguiente, y me dá besos.  Sé que no está pudiendo, y lo sostengo, priorizo, pero me revienta que se corte solo en un segundo, aunque haya sido un accidente y me mire con vergüenza. Me hace sentir, doblemente ahora, el problema.  Sí. Me revienta porque me deja con ganas y ambos nos llenamos de inseguridades, y lo que estaba mal, ahora, está peor. Parece que he dejado de ser deseable, para ser aquélla con la que no puede concretar.

No sé si es lo que le pasa conmigo, o lo que no le pasa, pero no puedo evitar frustrarme.  Una oleada de dolor me invade y me arrepiento de haber ido. Me arrepiento profundamente de haber ido a verlo, cabeza de chorlito yo, estúpida, estúpida, mil veces estúpida.  Y el cuerpo de Javier, no sólo él mismo, también me rechaza.  Me dice: “no sos bienvenida, no puedo sostener estar con vos”.

Contrariamente a lo adecuado, cuando él llega a un orgasmo precoz y poco deseado, como si hubiera habido una filtración, y yo me levanto de inmediato para abandonarlo; Javier me agobia con sus preguntas. Pregunta qué me pasa, si me enojé, que no me ponga así, que perdón, que no lo hizo adrede. Se siente el tipo más inseguro del mundo, me mira con su caída de ojos y lo único que siento es que encima pretende que lo entienda, cuando él no me entiende a mí, cuando él no se calienta conmigo, cuando a él no le importa si rompe una vida.  Claro que no lo hizo adrede, pero me siento mal igual, porque ahora revertir la situación no es posible, porque me prendió la luz en el medio de la fiesta, porque no sé cómo hacer, cómo volver de eso, y porque no lo puedo tratar con delicadeza y amor, si recibo rechazo.

-            Bueno, perdón, son cosas que pasan – me dice en un momento .

Suspiro.

-            Lo sé, Javi, lo sé – le digo.

-            Ah, estás chinchudísima.

Se ríe.

-            No, no es eso.

-            Sí que es eso. Te fuiste.

-            Me dejaste a medio camino, no sé cómo reaccionar.

-            Bueno, perdón. No lo hice apropósito.

-            No, Javier, no es eso. Necesito bajar. Tengo la adrenalina, allá, en la otra cuadra.  ¿Cómo te lo digo? No sé qué cara querés que ponga, estoy así, toda trabada.

-            No, está bien. Te entiendo. Es horrible. Pero vos sabés que yo en condiciones normales te espero. Aguanto. Lo manejo de otra forma. Hoy no me salió.

Suspiré.

-            Ay, Javi, no – dije, sintiéndome una tirana – No, por favor, no me expliques nada. Es tu cuerpo. No te tenés que justificar. Dejá. Ya está.

Pienso que debería ser más dulce, más amable, más cariñosa. Y no. Soy todo lo contrario: fría, distante y despectiva.  Una mierda de persona, la verdad. ¿Pero quién es él, conmigo? ¿Qué hizo él, el día anterior, además de jugar al novio y el domingo no poder jugar al amante feroz?  Lo mejor, pienso mientras escribo, es que deje de hacerse el héroe y se dedique a sanar su vida.

-            Dame un rato – le digo – necesito bajar.

Nos relajamos. Nos sentamos en el sillón. Lo miro y le digo que me voy a quedar un ratito. Él asiente, me dice que no tiene problema.  Me sirve una copa de vino, su gato se acuesta en mi regazo y me ronronea con amor.  Es un motorcito. Creo que, siguiendo la lógica de los gatos, tiene mucho que laburar en cuanto a energía, porque con Javier, es todo un palo. Todo. En absoluto.

Después, cuando estoy tranquila, lo miro, porque hasta entonces hasta me costaba mirarlo, respiro hondo y le doy tiempo hasta que me mira de nuevo.

-            Javi – le digo – ya estoy bien. Está todo ok. En serio – digo.

Pronunciar esa oración me cuesta una barbaridad.  A partir de eso, él empezó a abrirse. A abrirse en su monólogo. A ponerle contexto a esa performance distinta. Me explicó que viene muy agotado. Cansado de su familia, de su trabajo que con Milei se le complica más; cansado porque tiene a su tía internada y la está yendo a ver, y la clínica y esa rutina, le recuerdan a su mamá.  Se le ponen llorosos los ojos. El tema todavía lo desarma, me cuenta un montón de cosas que no le pedí, y yo me siento sentada al lado de un hombre que, si tuviera que definir de algún modo, es un depresivo funcional.

“Además, esta  historia con vos, es una culpa. Yo hago cosas para sentirme culpable, es todo un mambo el que tengo con eso”, me dice. Yo lo miro, asiento y pienso que no se puede pretender nada más de mí. Ni siquiera, que me haga cargo de la culpa que siente.

domingo, 21 de junio de 2026

El chasco y el demonio

Anoche, cuando llego del teatro, lloro. Se me caen lagrimas pesadas. Adoloridas. Lo cierto es que no suelo llorar seguido, pero el tema Javier casi me arranca las lágrimas a la fuerza. 

Sigo llorando bastante rato. Lo necesito. Es un llanto que me ayuda a procesar lo que veo, lo que tuve que hacer. La simpatía fingida. La hipocresía. En general, todo. 

Hoy amanezco con la cara hinchada. Siento que puedo llorar en cualquier momento. Me duele lo que pasó. Ver lo que no me interesa. Intentar ser feliz por otro lado y que cueste tanto. Cruzarme consigo y que me mire así. Qué tipo odioso. Qué desgracia haberlo conocido. 

Paso la tarde en familia. Salgo a dar una vuelta. Mi humor mejora de a ratos. Hablo con mi Programa, lo saludo por su dia y trato de tragarme el peso pesado de un amor que no tiene ningún sentido. Que nunca se realizará. Un amor vano. Para tirar a la basura, igual que el tiempo que perdí y que me hace perder. 

Me baño, me calzo los auriculares y me pongo a leer a Idea Vilariño. Creo que es por la única autora muerta que me podria sentir entendida. Ella tuvo al perro de Onetti. Yo, al perro de Javier.  

De pronto, él nombre de Javier corta la música de mis auriculares. <<El barrio es chico>> me dice.  <<Si. Al parecer si>> le digo yo. 

Un rato después, estoy en su casa. Me saluda como ayer no pudo y me agarra de la mano. 

- Hola, hola, hola - dice - Vení acá, por favor. 

Me besa, me acaricia y me toca. Todo en cinco segundos. 

- Hola - suspiro y le acaricio el pelo - ¿Como estas? 

- Bien. ¿Vos? 

- Con muchas ganas 

Javier y yo damos vueltas por su casa. Nos vamoa sacando la ropa, hasta que suena el teléfono. Lo obligo a atender. Es su hermano. Mientras habla consigo, me hace señas para que vaya consigo.  Niego con la cabeza. 

Lo miro y le hago señas para que haga silencio. Me saco la remera, mientras lo miro. Me deshago de la calza y me ato el pelo. Javier me mira y me pide que vaya, sonriendo y haciéndome señas.  Yo, no voy. Agarro mi remera y se la pongo en la cabeza.  Se muere de risa. Con esfuerzo, se contiene. 

Después, cuando corta, todo parece encaminarse hacia un encuentro mas. Vamos hacia una locación especifica. La misma donde por primera vez quise tener sexo consigo y él me protegió de si mismo, hace mas de diez años.  Le pido que se acueste. Quiero que me haga enloquecer ahi.  Ese lugar es donde no pudimos estar, el único donde no hemos estado y el que quiero exorcizar. 

Lo que se empieza a construir es místico. El me huele, me recorre, me muerde las mejillas, me sonrie y yo lo beso. Suave. Completamente desnudos, uno encima del otro, parece que va a ser un encuentro explosivo pero intimo. 

Lo beso. Me mira, me agarra del pelo y me besa como si interviniera una obra. Ademas, me mira, sonrie y cierra los ojos. 

- Te da miedo hacerlo suavecito? - le pregunto. 

- No. ¿Vos me ves asustado? 

Me acerco, le acaricio la frente y le beso el rostro. Estoy esperando que... pero me parece que necesita mas tiempo.  Entonces, se lo doy. 

- No. Pero te esroy preguntando. Asi te trato con un poco mas de tacto - le digo. Beso a Javier con delicadeza. Yo no dudo de mi para excitarlo, pero me doy cuenta que su desempeño no es el mismo.  Esta desconcentrado. Su propia reacción corporal lo dispersa. 

Pero no puede. Lo intenta, yo lo intento, pero no puede. Me besa, despacio, yo lo correspondo, y no puede. 

- ¿Qué me pasa con vos, hoy? - me dice. 

No sé qué responder. Tener sexo conmigo le esta costando como nunca. Y yo, junto con lo de ayer, siento que esto es demasiado. ¿Qué quiere de mi? ¿Qué actue bajo el deseo o que nos juntemos a tomar el te, porque ayer no pudo hablarme? 

 Me escribió para decirme que el barrio es chico y para tener toda la charla que ayer no pudo tener.  Y cuando estamos caminando hacia el sexo de siempre, se apaga.  Siento que me deja sin herramientas. 

Me remuevo para mirarlo, pero me besa y respira. 

- Estoy desconcentrado. No te vayas. Tranquila- me dice.  

- Javi... - suspiro. 

- No te vayas. Tranquila. Tranquila - me dice y me da besos en el cuerpo. Si otra fuera la situacion, yo, seria un amor. Pero Javier es por momentos tan cerrado, tan poco receptivo a sus verdaderos sentimientos que desgasta. 

Me ha dicho que tomo antes de verme. Y antes de siquiera dejarme mirar, le pregunto qué pasó que se está llenando de bebida. Porque Javier cuando se sienta a tomar de esa forma, es porque es mambeado.  Me dice que esta herido, que si me gusto o no la obra. Que tengo que dejar de fijarme en tipos grandes, que la corte con eso.  

Un rato después, vuelvo al juego.  Lo acaricio. Lo miro. Parece que sí. Me pide varias cuestiones asociadas a sus debilidades. Atiendo a ese pedido. 

- Sentate asi, chiquito, muy bien.

Sonrie. 

Yo, una vez que lo acomodo, avanzo.  Le doy placer, todos los gustos.  Le doy tiempo, y de pronto, Javier reactiva.  Nos involucramos en un placer profundo donde me pide que le diga todo lo que quiero y yo se lo digo. No suelo hacerlo, pero entiendo que necesita tomar energía de mis palabras. 

- ¿Y que mas queres? - me pregunta.  

  Parece ser que todo va camino al sol, pero de pronto, Javier acaba. Como si fuera una trampa para si mismo, me mira e insulta al aire. 

- Ay, no, no, no. Lo hiciste demasiado bien, se me fue de control. La puta madre, no te puedo creer. 

Yo soy la que no lo puede creer. Ni siquiera estoy empezando. Para mi, encontrar el orgasmo, está lejos. Me ha tocado, si, pero me falta. Me falta mucho de todo. Mucho partido para construir la jugada de gol. Mucho calor del sol. 

<<¿Qué? Ay, no, me quiero ir a la mierda>>, pienso. 

Y de pronto, una furia me posee. La furia de la frustración, la furia de sentir que me dejó pagando, con las ganas, el alma en pedazos y todo tirado a la basura en un mismo fin de semana. La furia porque es un tipo inestable que me emputece la existencia para nada. Que teme. Que me mira con un deseo enorme y con un espanto enorme. Como si fuera la peor persona que puede elegir para la intimidad y al mismo tiempo, la mejor. Como si yo fuera el espanto hecho persona, que ni siquiera puede gozar. Así me siento. Porque ganó el espanto. 

Algo me pasa, si, porque salgo del sillón frustrada. Sin decirle una palabra. Como un demonio. Busco mis cosas. Mi ropa. Siento que ahí se terminó todo. Que me dejó sola por segunda vez en ese mismo lugar de mierda. Que fue un error llevarlo ahi. Que me escribe sin sentido, porque es un idiota que se quedo angustiado de ayer.  Y antes de decirme che, que feo lo de ayer, discúlpame; toma un poco de alcohol para tomar coraje y me escribe sin contexto. Como si no soportara la decisión que tomó. 

¿Quien lo entiende? Ni siquiera el mismo. Pero en el camino, no respeta el dolor que puede generar a nadie. Piensa que es el único que tiene batallas. Y nunca estuvo mas equivocado. A mi me duele verlo, porque no lo veo feliz el sábado, por eso lloro. Pero también, me fastidia que me deje sola el domingo como si se llevara todos los caramelos. 

Y yo, mientras junto mi ropa, enojada, siento que no entiende nada de la vida. Que no entiende lo que puedo sentir. Que no se pone en mi lugar.

- ¿Qué pasa? Perdón. Qué hice. Qué. Para. Por qué te vas. ¿Estas enojada? 

- No, no. 

- Pero siiiii. ¿Por que te fuiste asi? 

 - Porque ya está. Ya resolviste. 

Destilo veneno. Me siento un moustro, una bestia. Pero en realidad, soy una persona que se siente odiada por el tipo que ama. Que la quiere. Que no la quiere. Que la desea, que no la desea. Que lo perturba, que no lo perturba. 

- Perdon. Discúlpame. No lo hice apropósito. 

- Todo bien, Javi, todo bien. No hay drama. 

- Pero no, ni esta todo bien, ni nada. Estas enojadisima. Perdón, te digo. No lo hice adrede. Vos sabes que yo siempre quiero darte todos los gustos.  ¿Estas enojada? 

Javier insiste. Yo tengo un nivel de frustración generalizado. Lo soluciono con espacio, habitualmente, y Javier no se queda callado. Quiere que me muestre feliz y yo no estoy feliz. 

- No. 

- Pero si, tenes una cara. Si que estás enojada. Que va a ser, me pasó. Perdón. Discúlpame en serio. 

- Javi, por favor, no te justifiques porque me haces sentir una desesperada que solo mira a la gente por el sexo.  Listo. Ya está.Te entiendo. 

- No, pero estas enojada. Se te nota. 

- No estoy enojada. 

- Si, que no... Estas furiosa. Re enojada, si. Mira que cara. Saliste corriendo. Tenes esas reacciones. 

Continuo pinchando. Yo, necesito un momento pero no me lo da. 

- Hasta acá, estoy, Javier. Eso es lo que pasa. Yo no resolví, vos resolviste. No se que cara queres que ponga. Perdón, pero necesito bajar todo lo que generaste.  Me acorralas con todos los peros y eso y ahora necesito dos segundos para bajar. Dos segundos, nada mas. 

- Te entiendo. Te juro. Y te pido disculpas. Perdóname. 

Javier se quiere matar. Se le nota. Yo, mas. Es un gran fiasco. Un gran chasco. Una perdida de tiempo. Todo un recorrido hecho al pedo. Un algo que se esfumó.  Y también, su incapacidad de ir, buscar, retomar y preocuparse por mi placer como siempre ha hecho. 

Pero hoy, no. Hoy, me escribió. Me pidió verme. Me charlo. Me recibió con calidez y millones de palabras a diferencia de anoche, pero no me hizo el amor.  Y para mi, lo único que nosotros podemos hacer, es tener sexo. Si no, Javier, no tiene ningún otro pretexto para escribirme y para decirme que el barrio es chico como quien sabe que fue una situación horrible.  Ese era el acuerdo, no verse más y una vez mas, lo desborda. 

Esta, la de ahora, la de Javier resolviendo solo y mirándome avergonzado, es otra escena horrible.  De pronto, todo pierde el sentido. No me quiero quedar ahi, a su lado. Quiero salir corriendo. Por eso me levanto y me voy. Huyo. Porque toda esta experiencia es un fracaso. El encuentro casual del sábado, el encuentro de hoy mismo.  Realmente, todo es un fracaso. 

Javier me dice de todo para justificarse, me pide perdón. Para mi no tiene que peforme perdon, no le nace. Solo deberia dejarme en paz para siempre. No insistir. No interrumpir. Yo lo entiendo, pero necesito calmarme porque que pudran la cabeza para dejarte pagando, no es gracioso. Porque si quiere tener una vida con otra, otra vida en definitiva, yo jamás se la complicaría. 

Pero el, a mi, si. Todo el puto tiempo. 

- En días asi, creo que es mejor ni llamarte ¿no? 

Suspiro. 

- ¿Por? 

- Porque si, porque quedaste enojada. Perdón. Discúlpame. Sentí que no podía sostener y me concentré demasiado en eso y cuando todo empezó a fluir, me dejé llevar y... me pasó.  Pero te pido disculpas. En serio. Es una mierda, para vos, te entiendo. 

- Ya está. Percances tenemos todos. No es la primera vez que me pasa. Y a vos, seguro que tampoco. Lo que pasa es que vos me tenes allá arriba y me demandas una intensidad tremenda y ahora me cuesta bajar. Hay confianza. Cuando ves que no te sentis como siempre, me decis. Aca, se fue todo a la mierda. 

- Si. Lo sé. Te entiendo. Te juro. 

Me senté en un sillón.  Javier me sirvió una copa de vino. Empecé a pensar con mayor claridad. El no sexo, no era el tema. El tema era la no mirada. El no querer tener siquiera un gesto de disfrute para mi, si no incluia el propio disfrute. El dejarme sola con mi deseo, en el teatro, en la forma falsa de construir el escenario del sábado en el teatro. Y en dejarme sola ahora, cuando quizq pretendía que yo hiciera magia. 

Javier arranca el monólogo de todas sus penas. Lo amo, en serio, pero estoy muy cansada. Cansada de escucharlo, cansada de que haga todo mal, cansada de que sea un cobarde. Cansada de mi misma. De su forma de vivir. De su manera de morirse en cuotas. 

El me dice que esta cansado. Que esra muy estresado. Que no quiere saber mas nada con nadie de su gente. Que quiere dejarlo todo. Que quiere vender sus bienes e irse a un lugar bien lejos, solo.  Que esta haciendo terapia porque se siente mal, y no tiene ganas de tener sexo para nada y que de pronto conmigo, pero que le cuesta y no le gusta. 

- Yo no me acuesto con nadie. No tengo ganas. No tengo acción. 

Lo miro. 

- En serio. Estar en pareja sin tener sexo es difícil, pero puedo estar meses sin necesidad de nada. 

- Bueno, pero en pareja, a veces surge. Nosotros somos dos bestias. Quizá, necesitas otro entorno. 

- No. Yo soy una bestia. A mi me tenes que pedir que pare. Pero estoy viejo. No sé. Ya me parece muy dificil tener sexo y  más lo pienso y menos ganas me da. Y me cuesta mas, y es todo peor, porque no me pasa naaada. Y termino no haciendo nada, molesto.  Prefiero comer un asado, te juro. 

- Es complejo, Javi. 

- Es una mierda. Todo. Si. 

- ¿Qué te gustaría hacer realmente con tu vida? Porque el sexo no es sexo. Es disfrute. ¿Qué te haría conectar con un mínimo placer? 

- Dejar todo. Irme. Pero son etapas. 

- Desde que te conozco, siento que cargas demasiado con todos. En algun momento te tenes que ocupar de vos. 

- Estoy yendo mucho a la psicóloga, si. Porque tengo muchos temas... no se como decirte. 

 - Mambos. 

- Si. 

No podes desligarte de vos mismo, siempre atento a la felicidad o el tema del otro. Tu cuerpo es un cuerpo para todo. Tu cabeza, también.  El sexo tiene que ver con abrirse a la vida. Capaz vos no te podes conectar con eso. O estas angustiado. 

- Si. Lo es. Es todo muy dificil. Realmente. No te das una idea.  Siento culpa. 

Lo miro. No me sale decirle nada. Solamente hacerlo sentir el silencio. La culpa es un fantasma con el que lidio. Me hace sentir que la vida es dura, pero, de mi lado, reconozco que aún trato de poner fuerzas para pelearla. 

- Vos te la das. Como si quisieras hacerte... daño, Javi. ¿Qué es lo que te hace doler así?  

- Todo. Son muchos temas a la vez. Y estoy cansado. Estoy realmente cansado. Extraño a mi mama. Me destruyó que se haya muerto - dice. 

Los ojos se le ponen llorosos. 

- Y toda esta historia con vos - dice y se queda sin voz, comiéndose las palabras- me da una culpa. Yo hago cosas para poder sentirme culpable. 

Suspiro. Lo miro. Me da pena escucharlo hablar así porque me doy cuenta que él nunca será feliz.  Y de pronto, él por qué que preguntaba a Dios, cobra sentido.  No buscaba esa intimidad con el. Quería la otra. 

<<A el la culpa lo detiene. Siempre en su cansancio. En sus excusas. ¿Como se puede temrr tanto miedo a vivir?>>, pienso. No le digo nada. No lo quiero lastimar. 

Javier se me aparece en carne viva. Yo no siento compasión por el, o en realidad, me he puesto una armadura para no sentir nada. Simplemente, me doy cuenta que esta perdido.  Se retira al baño, toma agua y se queda callado. En silencio. A mi lado. 

Desearía poder decirle que lo amo, que lo que mas deseo es que encuentre su paz. Que no sufra. Pero al mismo tiempo, pienso que a él no le importa si yo soy feliz.  Que me puedo morir mañana y el va a seguir igual. 

- Y en esto hay que tener todo re claro, además. Con esta historia con vos- dice. 

Lo miro. Asiento. 

- Yo no soy mandona. ¿Sabes? Pero sos un tipo intenso y siento que en lo sexual me desesperas. Por eso me pongo asi. Porque me sacas el control y queres todo vos. 

- Yo soy muy intenso, si. 

- Y sacas lo mismo del otro, si. 

Hablamos de cualquier estupidez. Me aburre escucharlo, pero prefiero pasar el tiempo así. Cuando bajo, me paro al lado suyo.  Nos miramos. 

- Javi, me frustré antes. Perdón. No soy una ninfomana. 

- No. Te entiendo. Discúlpame. Vos sabes que yo siempre te espero, pero hoy... no pude. 

- Me debes dos - le digo, en chiste. Obviamente le estoy tratando de poner onda a este imprevisto porque nos vamos a poner a llorar los dos. 

Nos reímos a carcajadas. Le acaricio el brazo. 

- Mentira, te jodo. Es un chiste. No me debes nada. No hay ninguna cuenta pendiente. Tranquilo. 

(...)

- Perdon. Me distraje contestando este mensaje. Perdóname. ¿Ya te vas, ya ya?

- Si . Me abris, por fi. 

Chau. Nos vemos - digo. 

Me abraza un poco.  Me da un beso lleno.  Y se queda mirando quién es el tipo del uber. 

- Dale, despues nos vemos. 

Cuando nos despedimos, Javier me mira irme en el uber, además de la puerta. Lo miro.  Suspiro. 

Todo ha fracasado. 

sábado, 20 de junio de 2026

Otro teatro más

 Cuando la obra de teatro a la que me invitó mi amiga terminó, y mientras esperábamos que el teatro de nuestra ciudad se vaciara un poco, una mano se extiende hacia ella y la toca por la espalda. 

- Hooola. ¿Como estas? - dice. 

Esta dos filas mas atrás de nosotros. Y la reconozco: es la novia de Javier. Ella. Ella. Ella. Dos filas más atrás de nosotros, mirando la misma obra de teatro, con Javier, claro. 

Me saluda enseguida. 

- Hola. ¿Cómo estás? - extiende una mano. 

- Hola. ¿Todo bien? - Le digo y mi amiga saluda a Javier,  a quien conoce y aprecia. Yo le extiendo la mano a ella. Y después paso a él, que aparece como de atrás.  Javier me mira y yo lo miro. 

- Hola, Minita - me dice - ¿Como estas? 

- Hola. Bien, todo bien - le digo yo. 

No nos tocamos. El no extiende la mano y yo, mucho menos. Imagino la situación previa a encontrarnos. Su novia reconoció a mi amiga de lejos y de entre todas las posibilidades eligió acercarse a saludar y resulta que la compañía soy yo.  Qué espanto todo, realmente, qué espanto. 

El mio es un hola sin alma pero con mucho disimulo. Como si no me estuviera muriendo. Como si no supiera que el también seguro se está muriendo por la incomodidad. La cara de Javier denota incomodidad que intenta disimular y la verdad, le sale bien. La mia es la comodidad en persona. Fingida, claro. Pero por una buena causa: no morir de dolor. 

- Esperá - dice, al ver que no me estiro y sale de la fila para saludarnos.  Mientras ella avanza por un lado, Javier encara por el otro. Yo le quedo para saludar primera. No sé si lo hizo apropósito pero tampoco es tan grave. Lo mas grave es lo que elige. La actitud que toma de capricho y necesidad de llamar la atención cuando yo le digo, meses atrás, que no quiero que nos sigamos viendo asi, porque me pesa. Porque yo soy la última persona con la que se debería acostar. 

Ella saluda a mi amiga primero y algo mas le dice. En el mismo segundo, en ese mismo momento, Javier me saluda a mi acercando su boca a la comisura de mis labios. Me da un beso ahí. Al filo. Demasiado cerca. Ambos.  Disimulo esto y lo ignoro. Los míos son unos labios que ya reconoce, y por esa razón es que saluda llevándose de lleno el aura de todo mi perfume sobre su nariz. Es una cercanía que no puede continuar. Son solo dos segundos en los que vamos a coincidir. 

Salgo de la fila y camino por el pasillo, hasta la salida. Ellas van adelantandose. Hablan. Javier se empieza a quedar atrás. A mi lado. Yo ni siquiera lo puedo mirar.  Mientras ellas hablan adelante, nosotros dos, atrás, cortamos el aire con tijera. 

 Así, callados, salimos caminando del teatro, lentamente, entre el gentío. No puedo creer que me esté pasando esto, realmente. No puedo crerlo. La última imagen de Javier que yo tengo es de nosotros teniendo sexo. Yo arriba suyo, dándolo todo. El mirándome sonriendo y sosteniéndome del cuerpo. Yo agarrandolo del pelo. Nuestros ojos bien abiertos viendo a ver quién gana esa batalla. 

Pero está batalla, es otra.  La última vez que lo olí tan de cerca, fue desnudo. Las últimas palabras que le escuché decir fue: fue una revolución, una revolución.  El último beso que le di antes de este, mal que me pese, fue en la boca, desnudos ambos, en su casa, mientras lo sentía llegar al orgasmo.   Y ahora, estamos fingiendo que casi no nos conocemos mientras su novia y mi amiga (que se conocen entre si, porque las tres somos [o casi] Licenciadas en Letras), caminan delante nuestro. 

El mejor gesto que puedo tener con él y con ella, es ignorarlo. No quiero exponerme ni exponerlo. No quiero dar un solo indicio. Por eso, me pongo la máscara de minita encantadora y miss simpatía. 

Pero no es fácil hacerlo, mientras estamos caminando uno al lado del otro, en silencio. Atrás. Como los únicos que realmente saben lo que significa ese encuentro casual. Javier debería haberse ido adelante. Le dejé espacio para eso, pero lo ignoró. Siguió caminando casi por detrás, hasta igualarse a mi lado.  No me esperaba esto. Bajo ningún concepto. Mucho menos, porque lo que mas deseo es alejarme y lo tengo al lado, saliendo conmigo del teatro, al que fue con ella.   

No tengo el valor de mirarlo. De hablar. De decir nada. Solamente, pienso en que no me puede estar pasando lo que me está pasando. Sé que Javier no me elige. No se trata de eso. Acepto que no me quiere. Se trata de que me duele y no quiero pararme frente a ese dolor un sábado a la noche, donde estoy haciendo la mía. 

Ademas, sus ojos que parecen decir todo lo contrario a lo que deberían decir. Y su lenguaje corporal que lo traiciona, que lo hace acomodarse en si mismo, me da la pauta. 

- ¿Todo bien? - me dice en voz baja. Sé que quiere que lo mire.  Me está midiendo. Lo conozco. Quiere establecer un contacto alguno con la persona que realmente conoce.  Lo miro brevemente. Parece morir y yo siento que me muero debajo de la mascara distante. Yo no tengo ni un ápice de inteligencia para un comentario elocuente.  Javier tampoco. 

- Sí - le digo y vuelvo la vista hacia adelante.  Mientras, la novia de el y mi amiga se estacionan a hablar en el hall. El se para frente a mi, en una ronda. Yo guardo un poco de silencio hasta que me meto definitivamente en la charla con ellas.  

Sí. Charlo con ella como si nada. Hablamos de lo fuerte que está el actor. Le digo que la actriz es divina. Y que la obra me pareció genial. Javier mete algunos bocados, haciendo su parte.  No me mira. Yo hago como si el no estuviera ahi, como si el no fuera él y sigo hablando ay qué simpáticos. 

No me quiero detener a ver como le habla sin especialidad a ella. No me quiero quedar viendo que no la mira con el brillo que espere que la mirase. Ni quiero darme cuenta que parecen mas hermanos que pareja, dos tipos aburridos, que no tienen el lenguaje corporal de una pareja.  Pero son pareja. Claro que lo son. De hecho, esta mujer no sabe ni podría saber jamás que yo amé y desde otra optica amo a Javier.  Y que Javier... ni me amo, ni me amara, ni me quiere. Que su Javier se pone tartamudo de los nervios cuando me ve. Que jamás pudo explicarme por qué hace todo lo que hace, porqué vuelve siempre, si ya esta claro que el sexo lo puede tener en otro lado. Un sitio donde lo mandé y lo seguiré mandando. La vida que eligió formar con ella. 

Me doy cuenta que Javier es completamente distinto con ella. Como si fuera el que socialmente debe ser. Pero que también, la trata con una actitud que no envuelve ternura. Es como si fuera una pariente, algo raro, cuando la mira, o cuando le habla. Y eso me parece dificil de asimilar porque el Javier que yo conozco no se parece en nada a ese tipo cansino y aburrido.  Porque no le veo una risa cómplice, esa chispa tan de él, con la que te hace reír. Ese humor. Esa ironía.  Esa mirada viva.  Pareciera que todo lo que yo conozco de él, no encaja en ese hombre apagado. Social, si, hablando, pero sin vida. Y esto me deja decepcionada.  Quisiera verlo mas feliz de lo que parece. Quisiera ver una tensión sexual, una complicidad en su trato.  Y simplemente, veo a un tipo acostumbrado, vencido. Sin ninguna gracia para el mundo. 

¿Quien es Javier, no? Quizá ya no importe. Solo resta esperar que no sea tan atrevido para volver a escribirme después de esta mala coincidencia.  Que este percance que estamos pasando, se resuelva con todos los rulos de la cortesía y cada uno a su casa. 

Cuando salimos a la vereda, ella y yo charlamos de otro actor. Un tipo viejo. Me dice que le encanta. Es mi actor preferido, asi que charlo un poco con ella de la belleza de este tipo. 

Le menciono a ella una película. Se la recomiendo de buena onda. Javier se para inconscientemente a mi lado, esperando que la charla corte, aunque mi amiga participa. Y me mira, lo siento. Quiere la complicidad pero no la hay. 

- No, es que yo pienso que... - me dice ella y argumenta. 

- Si. Pero él es divino, viste. El tipo en esa película que actuó, es espectacular. Ademas, envejeció super bien - le digo. 

Javier me mira cuando hablo con ella. Inclina su cuerpo, su cabeza, hacia mi lado cuando menciono una pelicula y le digo que la pareja con otra actriz es bestial, que mi actor favorito ahi la rompe toda.  Pero yo no quiero caer en cinismos innecesarios, así que lo hago participe de mi comentario. 

Supuestamente, nosotros somos viejos conocidos qué hace mucho no se ven.  Gente que en algún momento hizo una actividad en conjunto. Nada de gente que se vio hace 20 días. Ni gente que hace lo que hacemos nosotros, que tanto me pesa. No somos gente que tiene las charlas odiosas que tenemos nosotros. Ni que se besa desesperadamente como nos hemos besado nosotros hace 20 días en uno de los encuentros mas intensos que alguna vez hayamos tenido. 

Después de algunas palabras con ella, hago silencio. Tampoco quiero pegar tanta buena onda, porque lo unico que me falta es...  Ellos se distraen en algunos comentarios en los que no participo, con su amiga. Javier mete algunos bocados, pero se queda callado. Tose. Se mueve. Yo lo estoy midiendo de reojo todo el tiempo porque no voy a dejar que me arruine el plan con alguna inconsistencia grande en su conducta. 

Es como si tuviera un sacacorchos en las tripas, y me las estuvieran revolviendo, pero sin poder expresar ni siquiera el mas mínimo dolor. Siento su cuerpo a mi lado, irradiando una energía intensa. Sé que está casi pegado. Sé que debe estar muy incómodo. Sé que debe estar viendo como su pareja y su no amante parlotean y desearía saber qué piensa.  

Sé que nunca, en todos estos años donde no corto el vínculo, pudo ver lo que ve ahora: la pareja en la que se queda y la persona con la que no puede estar. Mucho menos, a mi, haciendo uso de toda mi falsedad, como jamás había hecho, y charlando con ella como si tuviera la mejor.  

 Si alguien nos ve de afuera, podría decir que somos 4 vecinos que se encontraron en un teatro. Dos de ellos, pareja. Otras dos, Licenciadas en Letras que disfrutan del teatro argentino.  Pero todo es en realidad, otra cosa. 

De hecho, ella podría ser cualquier persona. Mi trato es como si estuviera hablando con cualquiera. Ella también me habla cordialmente, porque es incapaz, realmente, incapaz de imaginarse que Javier la engañó. Conmigo. Durante los últimos años. Y mucho menos, que cuando le digo que no nos veamos mas, nunca se ubica en esa posición. Y empieza a hacer cosas para llamar la atención, como acaba de hacer con el saludo inicial.  Ella no sabe y esta bien. Jamás se lo diré. No quisiera lastimarla. No siento nada malo por ella. La verdad, tal y como le dije a él, mas de una vez, no pondría en el camino de el y de ella por consiguiente, una palabra o una piedra.  Sé perfectamente que acá el errado es Javier y soy yo, aunque sin ser cómplices. Ella no tiene la culpa de nada.  Al contrario.  Por eso, no merece mas que el trato que podría recibir cualquier conocida cuando me la cruzo.  Si habitualmente soy simpática, cálida y agradable, mi intención es serlo también consigo. 

Parece que funciona todo, la verdad. Ni mi amiga ni ella notan nada extraño. Nos saludamos para despedirnos. Javier y yo somos francamente dos personas que si han cruzado un beso en la comisura y dos palabras, es demasiado.  El está a mi lado asi que la saludo primero a ella y después a el.   

De nuevo, no lo miro. La mejor manera de neutralizar esa situación de dolor, es afrontarla como si no se me fuera a salir el estómago por la boca. Hablar, actuar como si nada. 

Ademas, Javier desapareció las últimas semanas. Huyó de mi como si hubiese perdido total control de si mismo. Y eso, instalo en mi mucha mas distancia. ¿A quién le importa conversar consigo? Lo que más deseo es no volver a verlo en toda mi vida. Pero tenemos la mala suerte de coincidir y hay que hacerse cargo de las cosas que uno hace. De los errores que comete. De las miserias. De las contradicciones. Del amor que no debe sentir y siente.  De los vínculos ajenos que forma porque tiene que seguir viviendo y porque no quiere llevar dolor a la vida de nadie. De la gente que intenta amar así, y no puede. De la persona que ama, pero que no la ama. O que si algún dia la amó, no se nota ni un poquito. 

Me enojo mucho con Dios, en este momento, porque me la paso pidiéndole que mate el deseo en mi corazón y que el sea feliz y que yo sea feliz y listo. Cada vez que pienso en el, no guardo rencor, ni hago nada. Solamente, pido alejarme de alguien que por mucho que me duela no me elige. Aunque me mira y es francamente como si fuera otra persona, esa persona yo la veo a solas. El que me dice Camila haceme el amor, por favor.  

De ese, nada. Aunque lo último que yo recuerde es el desnudo, abrumado por la experiencia sexual que acabamos de vivir. Mirándome desnuda también.  Pasándome una toalla para que me dé una ducha. Llevándome a mi casa. Pasándome a buscar.  Y después, huyendo. Huyendo porque me dice que necesita tomar distancia de mi para no confundirse. Pero huyendo a fondo, desbordado, como pocas veces lo vi. Con un pánico en la mirada post sexo que nunca le vi.  <<¿Qué hice mal?>> me pregunto ese día. 

¿En qué estará pensando él, mientras sabe que estoy ahí, al lado? ¿Se debe acordar de algo o quizá resulte insignificante la experiencia? Eso me pregunto ahora. Nada cambia saberlo. Yo ya se lo dije veinte veces en estos cuatro años: <<yo tengo códigos. Jamás te perjudicaría. Pero ponete de acuerdo con lo me decis, y siempre sé prolijo, tené todo claro>>.  Y se lo estoy demostrando en vivo y en directo. 

<<No me puede estar pasando esto, pero me pasa >>, me digo. Y me dedico a lidiar con la situación con la frialdad necesaria. Finjo. Finjo cordialidad, simpatía, ay si, re divertido. Finjo que no lo amo. Que no es el perro que es por clavarme el beso en la comisura haciéndose el boludo, cuando me ha comido la boca, y besado cada parte de todo mi cuerpo, de maneras tremendas.   Finjo que no me parece familiar su olor.  ¿Qué no sabe darme un beso en la mejilla, ahora? 

Todo lo de esta noche es un teatro mas. Una obra incluso mas falsa que la obra que los cuatro, cada uno en su esfera, acaba de ver. 

Yo cruzo la calle con mi amiga. El se va por la vereda de enfrente con ella, con las manos en los bolsillos. Ni siquiera la agarra de la mano, como esperaría.  Camina unos pasos detras. Y nosotras, con mi amiga, doblamos por la esquina hasta perderlos de vista. 

<<Dios, ¿por qué?. Por qué hacés esto>>, pienso, un rato después cuando vuelvo en el uber hasta mi casa.  Y literalmente, eso me pregunto ahora. 

Por qué. Si venía re bien. 20 dias sin vernos. 20 días sin hablar que bien podrían haber sido 20 años. Javier corrido de mi mente. Yo muy enfocada. Tranquila. Abonando el vínculo con mi programa, con quien hablé antes de salir, para mostrarle mi look y me dice que elegí lindo. Que su noche cerrara leyendo algo del trabajo. 

¿Por qué? ¿Para qué? 

Por que, Dios, es tan dificil seguir adelante. Porque 20 días de conducta y honestidad emocional, en 20 minutos, se vuelven un tirabuzón en las tripas.  

viernes, 19 de junio de 2026

Realidark vs realidad

En ese momento, mi profesor de la facultad me mandó un email con la nota del parcial. 

Mi día habia empezado movido. Cuadras de cola para el colectivo que me lleva a la oficina. Mensaje a mi jefe: <<*** discúlpame pero voy a llegar tarde hoy, algo paso, que esta colapsado>>, una hora antes del horario de ingreso, claro, porque ya uno huele estas cosas. Le escribo en ese momento a mi hermana para avisarle, porque nos tomamos la misma línea, cada una a su oficina. Me dice que la lleva el marido y que me lleva a mi. 

Aprieto paso hasta su departamento, a algunas cuadras, mientras miro el amanecer. Qué lindo cielo, me digo, pese a que estoy llegando tarde desde ya.  Finalmente, bajo del auto de mi cuñado que amablemente me dejó en Puerto Madero agradeciéndole mucho.  Veinte minutos mas tarde, que frente a ese escenario, no fueron nada. 

Llego a la oficina, con la mochila, el tapado, la bufanda nube. Miro el teléfono. Me escribe mi work bestie y un contacto de Chile, que me pide tener una call. <<Dame un toque>>, pienso y le mando un audio. Le explico que estoy recién pisando a la oficina por temas de transporte, que me de una media hora y le devuelvo el llamado o bien, agendamos una reunión para la tarde.  Me dice que me acomode y que hablamos cuando le avise, asi que le agradezco desde este lado de la Cordillera.  

Las chicas, justo, se preguntaban si estaría bien. Pensaban que no lograría llegar bien asi que les cuento el periplo.  Me armo un mate, hablo con mi jefe para ver los temas mas urgentes y me tomo unos 3 o 4 antes de llamar al muchacho administrativo de Chile, con quien ya somos casi íntimos, desde que estamos hace meses detras de un proyecto con otra empresa mas, desde Perú.  Mi work bestie me jode, porque me despido de él con un <<besitos>>, y yo me rio. El muchacho es muy amable y siempre me ayudo con todo y creo que mí gratitud se expresa en ese detalle genuino. Sin calculo. 

A lo largo del dia, trabajo bastante. En el almuerzo, trato de poner la mente en modo avión con las chicas y los muchachos que miran el partido. Almuerzo rico, con mi Coca Cola zero y un dulce que trajo alguien de un viaje. Después, vuelvo al trabajo.  Una taza de café. La lluvia de fondo. Yo que no lleve paraguas. El no querer mojarme. 

Salgo del edifico e improviso una capa con mi bufanda nube. Mi work bestie me comparte su paraguas y por suerte me mojo menos. 

Espero unos 10 minutos el colectivo, quizá más. Me subo. Pienso en sentarme atrás de todo pero algo me dice no. Me siento mas adelante. Viajo sin saber por que con el celular bastante guardado.  Pienso que es porque necesito desconectar. Finalmente, al rato entiendo que fue una perfección divina, porque atrás mio le robaron el celu a otra chica, pobre. En silencio, le desee lo mejor. Que se pudiera comprar uno pronto. Intente ayudarla pero no cruce miradas entonces me quedé pensando que gracias a Dios no le hicieron nada peor. No la tiraron del colectivo por sacárselo. No la lastimaron. 

Cuando me bajo en la zona céntrica, voy a la parada de mi último colectivo. Son las ocho de la noche y ya llueve con mas ganas. Me escondo bajo el techito de la parada y por suerte viene a los 5 minutos. 

Bajo a pocas cuadras de casa. Apuro el paso. No me cruzo a una sola persona. Soy yo y mi mochila contra el mundo, aunque hoy me siento acompañada por la lluvia. 

Cuando llego a casa, me saco la ropa, cuelgo el bleazer, saludo energicamente a mi gatito y medianamente me acomodo para empezar a relajarme; sucede. 

Es en ese momento cuando veo en la barra de notificaciones el email con el asunto: <<tu nota del parcial de...>>, que me acaba de llegar. 

Inspiro hondo. Me preparo para leer mi desaprobado porque lo que sufri este parcial no tiene nombre (y lo que me rompi estudiando tampoco, pero fue re difícil...), y luego de un dia demasiado intenso, leo: 

<<Hola Minita. Te cuento que tu nota de parcial es un ***. Nos vemos mañana. Un abrazo.>>. 

Mi parcial está aprobado. 

MI PARCIAL ESTÁ APROBADO, me digo. Y pego un grito de alegría que, definitivamente, esconde un nivel de sacrificio muy alto detras, desde hace un mes y medio estudiando en cada momento libre.  

El que daba por perdido, está aprobado. El recuperatorio que me imaginaba dar, no existe. Y aunque tengo mucho por lo que seguir estudiando, siento que me sacaron un peso de encima.  Porque el desaprobar me implicaba estudiar, malabarear, alinearlo con la oficina y los niveles de estrés de allá.  Seguir sosteniendo un quilombazo mental, con tantas actividades juntas. Pero no. No. Nada de eso pasa. Esa realidad bastante negra del desaprobado, no es.  

Hoy, vuelvo a la facultad. Cansadísima. Bastante corta de dinero porque pasaron cositas, por suerte, consigo un uber barato. Y sigo agradeciendo. 

Mi gatito, duerme sobre mi mientras escribo esto.  Estoy acostada, habiendolo dato todo. Por suerte mañana no tengo obligación de madrugar. Si sucede, será por gusto. 

Una bendición. 

domingo, 14 de junio de 2026

Finde XL con partido de fondo

 De fondo, suena Costa de Marfil vs Ecuador. Por suerte mañana es feriado. Realmente estoy muy agradecida por eso.

 Desde ayer estoy con dolor de cuerpo y hoy se le sumó dolor de cabeza, mucho dolor de espalda y un frío exagerado. Asi que me vine a la cama como única actividad ejecutable del día, después de hacerme los pies con esmalte semipermanente; darme una ducha larguísima, que incluyó pasos de exfoliación, limpieza con un jabón corporal soñado de Dove y este tipo de cosas. Y principalmente, después de limpiar y barrer mi dormitorio, dejando un relativo orden en espacio y cuerpo. 

Por momentos me pareció que iba a repuntar sin tomar nada.  Sin embargo, hasta hace un rato, estaba durmiendo drogada con QuraPlus. Fue cosa de acostarme, tomar eso y esperar un ratito, que me dormí unos minutos y me desperté sintiéndome mucho mejor, pero no recuperada del todo. Asi que el mensaje es claro: hay que seguir descansando. 

Mi gato esta haciendo guardia a mi lado, como un soldado. El viernes no dormi en casa y desde que volví ayer sábado al mediodía, no se despega. Coincidentemente, ahí empecé a sentirme mal.  Es una ternura total verlo pegado o encima como si supiera que estoy con estos síntomas. Solo sale a sus piedras, a comer y a tomar agua, pero después, vuelve sin dudarlo a mí cuarto y se me acuesta encima.  Siento como si me dijera: "acá estoy", cuando hace esas cosas. 

Si bien me parece una pena enfermarse en un finde largo, sé tiene un poco de sentido. Mi cuerpo aflojó después de rendir mi parcial y aflojó a tal punto que me dejó en cama. A veces, pasan esas cosas y más cuando andamos a lo loco. 

Yo anduve así, a lo loco, hasta el viernes a la noche que salí de dar un parcial, duro, muy difícil. Ahora, espero la nota con un sabor incierto porque deje la vida estudiando y se me hizo cuesta arriba, pero... traté de regularme y ahora trato de permitirme parar la pelota sin pensar en el resultado. 

Rendir el examen y llegar al viernes, fue soltar un poco todo lo que venía sosteniendo en la semana y moviendo a nivel energía mental, entre un parcial re difícil y la oficina re tensa.  Además de las cuentas del mes y la cantidad de cosas para pagar. 

II.  

Esta última semana antes de rendir, el nivel de estrés fue tremendo en la corpo. Saltó un tema problemático para mi área. Un quilombo en serio. Justo ahora, justo una semana donde necesitaba poca potencia. Por una parte, fue por una equivocación de mi work bestie.  Por otra, fue porque a mi Director se le pasó. Pero el caso es que todo decantó en una escalada de consecuencias que no sé si no incluirán el despido de mi amiga de la oficina.  

Ahora, el sector está en llamas. Mi jefe abocado al tema. Ella, re angustiada y yo tratando de calmarla porque tampoco sé que decirle bien, pero no por eso la voy a dejar sola. 

Además de eso, por mi lado, estoy tratando de ser oportuna para comunicar mis pendientes, ver temas, procurando que no se atrasen cosas porque no quiero que haya mas problemas. En general, hay tantos temas, tantas cosas, que la corpo siempre me deja con esa sensación de no tener dos días iguales. 

 Por si fuera poco este nivel movidito, estoy lidiando con la mala relación con una de las Gerentes que es una estúpida y le envío a mi jefe un correo (a mis espaldas) quejándose de mi trabajo. Y mi jefe me lo mostró, porque no se come una y la tiene entre ceja y ceja. Y eso también cansa. Más si, como yo, no tenes ni ganas de pelear con gente que está insatisfecha con su vida y descarga en otros. 

Claro, esto viene hace unos meses ya. La mina tiene comentarios prepotentes y yo, un buen dia, le paré su carro. Si bien me conoce hace 3 años que llevo en la compañía, eso no le gustó. Y se quedó expectante para hacerme cagar a la primera de cambio.  Eso incluye tirarme tierra escribiendo a mi jefe.  Una amorosa. 

Lo bueno es que la venganza nunca da resultado. Cuando yo me enteré, mantuve la calma. Hable con mi jefe, el único al que reporto, y revise la queja de esta tipa. Me dijo que me quede tranquila, que el sabía que ella era una pelotuda. Yo le explique que si existiera alguna corrección estaba dispuesta a hacerme cargo, que soy humana y me puedo equivocar pero que no me avergüenza reconocerlo. Él me dijo que ya sabía, que no me haga drama. Que el hablaría con ella, porque hace rato se viene pasando. 

A los pocos días, oh casualidad, me llegaron dos reclamos de distintos temas que ella había dicho que gestiono y no gestiono. Correos de clientes donde quedaba en evidencia que no había hecho bien su trabajo en los últimos seis meses. 

¿Qué hice yo? Contesté formalmente lo necesario. No la expuse frente al cliente externo. Hablé con mí Director sobre cual era el mejor tratamiento del tema y actúe sin más demoras.  Mí objetivo fue sacarme el tema de encima y así lo hice. Cómo siempre hice, bah. Jamas descolgué sus pedidos que hacen al trabajo normal; pero a partir de ciertas costumbres feas de su parte, empecé a hacer todo con una diferencia: sin callarme las cosas. Poniendo los límites que corresponden y a carucha de perro cuando es necesario, sea con una esta mujer o con cualquiera de los Directores. ¿Si me ganare enemigos por eso? Bueno. Pero no me dejaré arrastrar al barro. 

Yo, soy distinta en lo personal. En la corpo, solo soy Analista, con experiencia si, pero no estoy dispuesta a dejarme mojar la oreja. No tengo rollos con ellos, no me interesa medirmela con nadie. Y no uso los fallos de los demás para sacar provecho. Ellos, sí. Y después, atrás, sin hacer absolutamente nada, yo veo como fallan como si retrocedieran en una carrera en el afán de haber querido hacer una maldad. Y me repito: "no hace falta que ponga la energía en esto, Dios sabrá para qué. Yo hice las cosas con buena intención y eso me deja en paz". 

Y sigo con mis cosas. 

Hoy día, tengo problemas "reales", una vida fuera de la oficina, otros retos, ganas de progresar y foco en eso; estoy destinando todo mi tiempo, energía y dinero en distintas cosas que hacen al salir adelante. No tengo tiempo para pelear.  Principalmente, porque en algún momento yo sé que me voy a ir de la corpo a un trabajo mejor, y que esté no será el trabajo final, a mi edad. Por eso, a mi manera, me voy preparando para hacer coincidir la preparación con la oportunidad.  

Lo que estoy haciendo hoy es invertir todo para obtener mejores oportunidades. Creo sinceramente que es la mejor manera de ocupar el tiempo fuera de la oficina. Y la que me hace sentir cerca de lo que quiero.  Incluso, cuando las cosas se ponen picantes o cuando por pagar cursos para estar mejor en el futuro, el día a día me cuesta más. 

Frente a este panorama donde cada peso que ganó trabajando tiene un propósito, no tengo ganas de pelear. Con nadie, francamente. Solo tengo ganas de vivir lo más en paz que pueda. Y con la culpa interior que siempre me acompaña y la batalla de elegir otra vida posible, mí trabajo espiritual siempre está puesto ahí. 

Para mí, la felicidad que quiero, es una felicidad que no esté basada en el sacrificio extremo ni en la culpa. De ahí que no me estoy poniendo a buscar el defecto en el trabajo del otro. Tampoco estoy para competir con nadie, ni perder energía estando pendiente de lo que el otro no hace. Presto atención solo a mi trabajo. Luego del trabajo, trabajo para el día de mañana poder estar un poco mejor o poder elegir con mayor libertad . 

III.  

Mi cuerpo, mucho sostiene. Y yo se lo agradezco mucho. Sé bien que hay días donde esta cansado, y sigue. Donde no quiere estudiar mas, y sigue. Donde no le dan los números o la plata no le alcanza todo lo que quisiera, y sigue. 

Por eso, hoy, le doy el finde de descanso. Espero el mes que viene poder encontrar el momento y el dinero para hacer deporte, aunque sea un rato el finde. Sé que llego muy cansada, que me cuesta gastar en eso; pero insisto que posiblemente eso me ayude a descargar tensiones y que no todo puede ser estar sentada estudiando o trabajando.  Porque ya la mayoría de mis días son así. 

Algo que me repito, es que descansando en Dios, en la vida, en lo que hay mas alla de uno, no voy a cosechar menos. No es que tenga que estar todo el tiempo al límite para que se me den las cosas que anhelo. Y para mí, ver eso, y repetirmelo, es un gran paso. 

Si hago mi parte, si me esfuerzo, si valoro las cosas como yo sé que lo hago; y si la vida es buena conmigo, todo me sucederá de una forma donde no tenga que quedarme vacía para lograr los objetivos.  Justamente a eso aspiro. Eso me habita por dentro. De eso trata mi discurso interior.  De una felicidad sin culpa. De un descanso sin síntomas.

Ojalá que mi work bestie conserve su trabajo. Ojalá que me pueda sentir mejor mañana, así salgo un ratito a caminar.  Ojalá esa fuerza superior siga estando en todos pero todos los detalles.