jueves, 29 de septiembre de 2022

El estigma contable (o cómo te juzgan por ser estudiante de Económicas):

 - Dale, ¿Lo decís vos o lo digo yo? - me toreo. 

El pelotudito de la oficina tiene un tema personal con la gente contable. Loqui odia a Mito y Mito es Contadora y dos más dos son cuatro. 

- Decime, dale. Si total... - ironice. 

Es la primera vez en todos estos meses que me mandó un moco que me deja expuesta. Por suerte no fue nada grave. Solo fue porque estaba con mucho trabajo, un mal día y porque soy humana. Cosas que pasan para mí. Pero no para los tontos. Y en esa bolsa entra Loqui. 

- Que te equivocaste porque sos Contadora. Y todas las contadoras son tontas. 

- Buah - mofe, riéndome - Primero, soy estudiante y eso no me hace Contadora. Segundo, vos te las mandas y eso que Contador no sos.  Todos cometemos errores,querido - ironice. 

- Uhhggg. Te la aplicó - dijo un compañero y estalló en risas. 

Me reí también. Loqui es digno de eso, de reírse, porque entendí que no merece más energía. 

- Yo no tengo prejuicios con los contadores. Con las contadoras es el problema. Son todas unas boludas. 

- No. El prejuicio es pensar que la identidad de la persona es su profesión. Uno es mucho más que a lo que se dedica - le dije, con suficientes ovarios. 

Obvio, cuando empezas con el pensamiento en nivel dos a este tipo se le apaga la tele. Loqui cambio de tema. Es indudable que busca lo que sea para llamar la atención. Pero también es indudable que le hubiese encantado terminar una carrera universitaria en economía (cómo la empezó y la dejó) y no solo que no pudo, sino que además tuvo una relación súper conflictiva con Mito que lo único que sabe decir es que es Contadora. 

Yo por suerte estoy fuera de todo eso. Pero si me buscan, siempre diré lo que pienso. De calladita ahí es imposible jugar. Y sin agredir ni dejarme bastardear, muevo lentamente mis fichas.  

Si supieran que encontré mí vocación y es difícil vivir de ella, entenderían que a veces uno hace lo que mejor puede para vivir una vida linda. Y eso es precisamente lo que hago yo. Estudio otra cosa porque me gusta estudiar y porque puedo trabajar de ella. Los fines de semana leo novelas y escribo casi todas las noches.  Cuando puedo, voy a eventos culturales. Me interesa la corrección y quiero aprender sobre escritura de guiones para televisión.  Sueño con publicar algún día una novela.  Y además, si, claro, estudio Ciencias Económicas.  Hay mucha variedad después de todo... Y eso escapa a los asientos. 

Hoy fue un largo día de oficina y facultad. Estuve fuera de casa desde las 07.00 am hasta las 22.30 pm. Y si, la verdad que las personas que hacen este sacrificio enorme son re idiotas.... ¿O en realidad el pelotudo es...? 



miércoles, 28 de septiembre de 2022

Pasar página

Ayer pasé cerca de la casa de Javier. Volviendo de la oficina, yendo a mi casa, caminé bastante cerca de la suya.  Dejando a mí mente viajar por sus libres pensamientos , fue que recordé la noche en la que todo ocurrió.  Cómo flashes. 

Golpee las manos para no usar el timbre. Javier me estaba esperando casi atrás de la puerta porque me abrió enseguida. Recuerdo que cuando lo vi salir y acercarse a mí, no pude evitar estremecerme. Para mí aquello jamás iba a hacerse realidad. Y verme en esa situación ocho años después tuvo lo mismo de sueño que de irrealidad. 

Pasé y porque sabía que estaba muy movilizada, elegí no saludarlo con un beso. Solamente, decirle hola y adentrarme en el comedor diario. Javier, al ver mí actitud, sonrió. 

- ¿No me vas a saludar? - dijo. 

- Si. Hola - le dije yo, conteniendo todo, y le di un beso en la mejilla. 

Me abrazó cubriéndome con todo su cuerpo. 

- Vení - me susurró - abrazame, dale. Te dije que vengas vestida sencilla y... 

Lo abracé y me reí. 

- Esto es sencillo. 

- Te pintaste - observó. 

- Y si. No soy el cinco de Chicago - le dije. 

Se rió. Me acompañó hasta la cocina. Me sirvió el vino que tomamos y preparo la mesa mientras yo me desabrigaba. 

¿Cuántas veces había imaginado un encuentro en esa cocina? ¿A él y a sus palabras? ¿Cuánto había deseado que ese reencuentro existiera? Contra todo pronóstico, parecía haberlo atraído. Aunque con eso convocara al infierno. 

En la actualidad me preguntó cómo habrá vivido estos meses. Es inevitable. Para hacer lo que hicimos nosotros, es decir, abandonarse para siempre después de esa noche, hace falta mucho tiempo e inercia. Pero con Javier es mejor. Aunque me mire de arriba a abajo las redes sociales, sé que es mejor.  La idea es seguir la vida aunque haya pasado esto como si no no hubiera pasado nada. Pero lo que pasó fue algo. Y muy intenso. Y muy simbólico. Que implica no poder hacer la vista gorda nunca más frente a algunas cosas. 

Cuando pase por su casa no pude evitar recordar todo lo vivido.  Contener el nudo en el estómago y respirar hondo. Todos cometemos errores. Todos. Esa es mí lección.  El aprendizaje es además dejar de amar a alguien a quien amamos mucho. Inclusive, ocho años en un profundo silencio. Dejarlo atrás para siempre. 

¿Y eso que significa, que no quiero a Galeno? Claro que lo quiero. Los humanos no podemos sentir un solo sentimiento. Lo quiero y si no está en mí vida lo extraño.  Pero eso si... Cuando paso por la esquina de la casa de Javier, todavía se me estruja el corazón. 





Viajar

Por un lado, si Galeno no está en mí vida me hace falta. Lo extraño. Me pongo triste. Pienso en él todo el día. Quiero saber cómo está. 

Por el otro, cuando me escribe y nos arreglamos, pienso que quizá él quiere irse. Y no sabe cómo. Entonces, le planteo opciones. Le digo que sobre algunas cosas estoy resolviendo no puedo prometerle nada. Y que si tiene otras necesidades, llegado el caso, puede elegir a otra persona. 

No es que eso me cause menos dolor. Pero me parece que es correcto decírselo. Aclararle que no tiene obligación de estar conmigo. Ninguna. De ningún tipo. Entonces, se lo digo. Me pregunta por qué le digo eso. Entonces le explico que no quiero hacerle perder su tiempo en relación a esto. Que pensé, en el tiempo que pasamos distanciados, si quizá no estaría cansado de soportar a una persona que en ciertos sentidos no avanza como esperaba. 

Hay procesos en los que Galeno me acompaño mucho. El proceso que nos involucra es algo en lo que él me acompañó desde el primer día. Me escucho, sostuvo, alentó y dio su visto bueno. Pero yo no dejo de pensar que es un proceso individual. Que quizá veremos los resultados los dos, pero que no deja de ser para mí. Y que los tiempos de cada uno son los tiempos de cada uno. 

A Galeno lo quiero si y no quiero que se vaya de mí vida. Pero estoy en transformación. Y no quiero arrastrar a nadie en el proceso. Correspondía decírselo.  Aunque sea un poco triste admitirlo para mí, no sé trata de buscar solo el propio bien.  Esto sería como una forma elegante de decirle: "si no sos feliz acá, podes irte. Buen viaje". 

lunes, 26 de septiembre de 2022

Recuento de lunes

Hoy tuve el día libre. Bah, sin oficina. Pero me tuve que encargar de solucionar temas con el Banco por lo que aproveché para pasear un poco. 

Hubo algo que me llamo la atención en este recorrido:¡qué caro está todo! Ya sea en el rubro de la gastronomía, o en el rubro indumentaria, todo está por las nubes. 

Hay dos cosas que actualmente me preocupan sobre esos temas. La primera es que la cuenta del supermercado cada vez me dá más. La inflación en los alimentos es compleja. Y por mí zona, cómo es una zona paqueta, me cuesta conseguir precios cuidados. A veces es penoso pagar por la misma cosa doscientos pesos más. Literalmente, doscientos pesos más. 

La segunda cosa que me preocupa relacionada a la inflación es el precio de la ropa. Si bien no me compro casi nunca ropa (porque tengo otros gastos fijos muy grandes), actualmente tengo la necesidad de comprarme ropa porque para ir a trabajar no uso uniforme y vestirme es un tema. Me hace falta ropa para ir a trabajar porque ya estoy usando la misma que antes reservaba para salir. Especialmente, camisas y pantalones. 

Hoy que estuve paseando, me senté a comer en un restaurante al que amo ir y cuando vi el precio de los platos, me espanté. Comí, obvio, pero me quedé en shock. Una porción de papas fritas con cheddar estaba 1400 pesos. Me pareció un exceso. ¿O estoy loca? 

Lo mismo me pasó con la ropa. Estuve mirando precios de remeritas más formales para la oficina y pantalones y me quedé decepcionada. ¿Cuánto tengo que invertir si necesito comprarme dos pantalones y tres remeras? Los pantalones de marca están más de doce mil pesos y los que no son de marca los he visto ocho mil hoy. La calidad tampoco es muy buena que digamos y eso me hace dudar entre comprar uno bueno que me dure o dos más o menos que a los meses de usarlos semanalmente pierdan el color o se rompan. Ambos precios me parecen un montón para un pantalón de todos modos.  Quizá si estuvieran un promedio de cinco o seis mil pesos, todo sería más fácil. Lo mismo con las remeritas: las que son realmente buenas y no se achican cuando las lavas, salen como cinco mil. 

Probablemente algún fin de semana de estos, cuando junte algo de dinero, me anime a ir a comprar ropa a Flores o a Avellaneda. O compre en alguna página. Veré.  Hace un tiempo fui a comprar cosas para la fiesta de mí sobrino menor y también me compré lencería. No es una cosa hermosa porque es para uso diario, pero... Quizá tenga que hacer lo mismo con la ropa. Aunque me dan miedo que los pantalones no me vayan bien, porque tengo el cuerpo diferente. Lo siento diferente. Y ya no se qué talle soy. 

Veremos. Por lo pronto, día y noche pienso que ojalá la vida me de muchas oportunidades para progresar y que además los alimentos o la ropa no sean preocupaciones para nadie. 

viernes, 23 de septiembre de 2022

Extrañar

 Diálogo con mí psicóloga: 

- ... y me di cuenta que tenía que direccionar bien ocho millones de pesos, que tenía mí escritorio lleno de cheques, y que los miraba y lo único que podía pensar era: "lo extraño".  Y eso para mí fue muy fuerte. Me sentía vulnerable frente a todo el trabajo por hacer y estar ahí, mirando todo, extrañando. Los seres humanos somos frágiles. Muy frágiles. Eso pensé. Que somos frágiles. 

- Si. Los seres humanos tenemos sentimientos. El trabajo de direccionar los ocho millones puede hacerlo cualquiera. Pero nadie va a extrañar a Galeno de la forma en que vos lo estás haciendo. Tu puesto lo puede ocupar otra persona y hacerlo bien. Pero a Galeno lo vas a extrañar vos. Esos sentimientos te pertenecen. Son lo propio. Lo pueden extrañar otras personas... Pero vos, lo extrañas desde lo que es tuyo. Tus sentimientos. 

- Sin dudas. Lo extraño. Me hace falta. Y me parece increíble todo eso. 



jueves, 22 de septiembre de 2022

Recuento de jueves

Escribo desde el bar de Ciencias Económicas. Mi nueva vida, pienso, mientras miro al resto de los futuros Contadores y Licenciados. No puedo evitar pensar si yo algún día seré Contadora o Licenciada. Especialmente, desde el punto en que me imaginé toda la vida recibida de algo que todavía no sucedió. ¿Y ahora? Y ahora acá estoy: trabajo como Responsable de Administración. Soy "la de cuentas corrientes, la de administración" para muchos. Pero por dentro jamás deje de sentirme La casi Licenciada en Letras. Y creo que eso no morirá jamás. Por eso, mi mayor deseo es encontrar la manera de poder terminar la carrera que más amo en el mundo, en algún momento de mí vida, porque entiendo que en este necesito estudiar Económicas para conservar mí puesto de trabajo. Pero también necesito estudiar Literatura. Porque lo amo. Porque 
vida hay una sola. Y porque no quiero tener está deuda después de estudiar seis años día y noche y estar a siete materias.  Siete materias de un título universitario y acá estoy, dudando, pensando demasiado, en una facultad de Economía. ¿Si me gusta? Si. Claro. Pero no se compara una cosa con otra. Amo la Literatura. Los números me dan trabajo, y me darán oportunidades.  Esa es la diferencia. Me permitieron trabajar nuevamente. Me permitieron cambiar de trabajo cuando lo necesite. Y me permitieron acceder a un sueldo mejor que el que iría a ganar como profesora.  Cosas que hoy en dia, necesito. 

¿Qué de la felicidad? Eso pienso. Hoy fue un día dónde me comí las lágrimas. En galletitas. En chocolate. En chicles. En lo que fuera. Comí tanto porque era una manera de ocupar el vacío mientras trabajaba. Para no pensar en Galeno. Para no pensar cómo puede ser que ya no esté más. Galeno, mí Galeno, se fue. No puedo contar más consigo para soñar cosas lindas. 

Respiro hondo después de escribir esta oración. Me aclaro la garganta. No me puedo poner a llorar acá.  Sentir lo que siento, es decir, extrañar tanto a alguien, hacía muchos años no me lo permitía. Es intenso e importante sentirlo así. Solo digo que también duele. Pero es normal que duela. Si no, me pasaría lo que me pasó con Javier y eso sería un desastre. Acabaría cometiendo errores graves como los que ya cometí por haberme puesto en una postura de "no, yo soy fría, yo no siento y jamás me va a pasar a mí". 

¿Que no me va a pasar? ¿Que? Si ya me pasó todo... ¿Qué? 

Sigo esperando para entrar a cursar Contabilidad. 
El profesor es un Contador que dice que vamos a ser excelentes profesionales y que nos conviene equivocarnos en el camino a aprender. ¿Valdrá eso para la vida? 

Ojalá, después de todo esto y de Galeno, venga un buen amor.  Pero mientras, ojalá tenga la fuerza mental y física para seguir en carrera y ver mejorar el camino. 


miércoles, 21 de septiembre de 2022

Recuento de miércoles

 El lunes hablamos con Galeno. Quedamos en tomar distancia. Y desde ese momento me doy cuenta que, pese a que me sienta incómoda sin saber mucho de él, a la vez me siento mucho más presente con mis asuntos. 

Después de ese episodio que tuvimos una semana atrás, yo creo que salio a la luz un tema mucho más grande: Galeno ya no está con el empuje suficiente para cumplir con mis expectativas. Y para no dejarme insatisfecha, me mintió. 

Hay varios factores: la edad, uno de ellos. El ritmo de vida es otro. Las responsabilidades de cada uno. Y la decisión sobre el tiempo libre. Yo entiendo de mí lado que nuestra relación es particular. Que se basa en una fuerte estructura de voluntad. Y que todo se saca adelante por puro deseo.  Pero también note con esto que Galeno me mintió por no poder responder a una demanda. 

Y no está mal mí demanda. Pero tampoco está mal que él no pueda responder. Si está cansado, si se duerme temprano, si trabaja en un puesto jerárquico muy sobrado, si todo el tiempo está tironeado... ¿Qué puede hacer uno más que renunciar? 

No lo juzgo. Yo soy una persona intensa que si bien no pide atención todo el día, quiere que la charla sea de calidad, que exista profundidad y que no sea todo rutina. Que lo que haya, sea cierto. Y creo que no está pudiendo acomodar eso.  En otros aspectos de la relación soy igual. Tengo deseo todo el tiempo. Y busco la manera , a veces de formas muy puntuales, de hacérselo saber. Y me das la sensación de que un poco acorralado con eso se ha sentido. No por no querer, si no, por sentirse viejo. 

Días antes de que eso suceda, Galeno me dijo que tenía un corazón viejo. Yo le pregunté si eso era algo malo. Y me dijo que entendía que no. Le dije que mí corazón había respirado con alivio porque el suyo era de sus favoritos aunque fuera viejo. Todo siguió con un chiste pero creo que parte de lo que pasó todo una fibra íntima.  Y frente a eso, no hay mucho más que hacer. 

Cada uno de nosotros tiene la edad que tiene. Vive la vida que vive. Eso no es pecado. El asunto es ver si en este momento nos podemos seguir encontrando o no. Porque de nada me sirve tener a un hombre que me mienta para satisfacerme. 

En esta separación que estoy pasando, mientras trabajo, trabajo. Mientras estudio, estudio. Si estoy en clases, estoy realmente en clases. Cuando hago las compras, hago las compras. Y todas esas pequeñas acciones me hacen dueña de mí tiempo.  Ya ni se hasta qué punto me siento duena. Pero la idea del futuro no tiene miedo a perder a nadie. No tiene apuro. Se ha vuelto un río tranquilo que llegara tarde o temprano. Y eso, me gusta.  Realmente me gusta mucho. Tal vez, demasiado. 

Esto creo que tiene relación con algo que venía atesorando mentalmente: nadie más que yo tiene la enorme responsabilidad de vivir conmigo y de dar todo lo mejor para tener una linda vida. Y se que tenerme es un gran gran valor porque necesite de mí durante muchos años y no pude hacerlo hasta que supere mil cosas. Y cuando por fin me tuve, empecé una etapa hermosa pero muy importante de mí vida. 

 A raíz de tenerme hace años, hoy entiendo que es una gran responsabilidad mantenerme en pie.  Sé que en este momento de mí vida me tengo que hacer cargo de mí de una manera muy honesta.  Y estos días sola, sin conversar profundamente con nadie, me hicieron darme cuenta que a diario me toca ocuparme de mí y sacarme adelante y que si bien me ocupo, todavía falta.  Y que la energía tiene que estar ahí. Sin dudarlo. 

Me tengo que conseguir una casa. Me tengo que dar un título universitario. Me tengo que ganar el sueldo todos los días. Me tengo que cuidar con lo que como. Me tengo que regular emocionalmente. Me tengo que poner al hombro otra carrera universitaria durante cinco años más o menos , salvando la que ya hice caso entera. Me tengo que ordenar ante mis miedos y trabajar duro para ocuparme de ellos. Me tengo que poner firme a diario con gente que no me cae en gracia. Me tengo que ocupar de buscar un método extra de rédito económico. Y me tengo que cuidar en el camino a conseguir todo eso, para poder disfrutarlo. 

Mirándolo así, vaya si tengo responsabilidad. 

III 

Desconozco realmente si algo más pasará con Galeno o si la historia terminó acá. Pero ya no pasa por él. Pasa por haberme dado cuenta que su presencia me distraía. Y que en cuento me quedo un tiempo para mí, recupere la fortaleza interior, la autonomía, la capacidad de gestionar mis emociones y la virtud de saber estar sola.  O mejor dicho, de volver a encontrarme conmigo y ver qué antes de que él o quien sea me de una respuesta, hay miles que me tengo que dar yo.  Seguramente en el camino cambien las preguntas. 

Poco a poco, después de meses muy muy movidos, volví a saber que me tengo. Que no necesito a ningin hombre para vivir y que tampoco nadie se muere de por romper una relación. Que puedo prescindir de Galeno y de quién sea así como él prescinde de mí alejándose. Que me seguiré ocupando de mí y que con valor atravesare sola o acompañada lo que sea que depare el futuro.  Porque mí futuro sigue ahí. Con o sin un tipo al lado. 

IV

Eso no significa que no quiera a Galeno. Que lo quite de mí cabeza como a un bicho. Significa que tengo una gran responsabilidad y es estar bien, aún dándole lugar al malestar. Tengo la responsabilidad de responder por mí. Nadie más puede cuidarme. Proteger mi paz. Atender mis miedos. Buscarle la vuelta a lo que necesito solucionar y seguir dando todo lo mejor con lo que tengo.  Nadie más. Para eso, estoy yo. 

Ni siquiera Galeno, en todos estos días, creo que haya pensado en mí. Tampoco creo que algo de todo lo sucedido le haya importado. Pero en mí caso sé que mendigar las cosas jamás resulta y que por mí lado está libre.  Es libre. Pero yo también lo soy. Y permitirlo es más hermoso que una persona. 

Y la libertad es un gran valor y una gran responsabilidad. 

A cuidarnos. A cuidarla. 

martes, 20 de septiembre de 2022

Recuento de martes

 Hoy me levanté cansada. Anoche me tocó cursar hasta tarde Contabilidad. Salí con dolor de cabeza porque fue una clase muy intensa. Vimos sistema de conteo de inventario. Esto es algo que se usa en las empresas, especialmente, cuando hay auditores externos (contadores) que se presentan a hacer dichos controles de inventario y cotejan la contabilidad con la mercadería en depósito. 

Viaje hasta el trabajo escuchando música. Llegué a la oficina. Mí compañera hoy estaba pesada y se puso a hablar y hablar. Yo mientras terminé de maquillarme e hice como que la escuchaba. En realidad, estaba pensando qué tenía pendiente y rogando que haga silencio mientras tomaba mi café Mocca.  Es de esas personas que no para de hablar y te abruma cuando todavía es temprano. Y no es algo personal. La mina es pesada, aunque cuando le conviene, se la pasa boludeando con su novio, en tinder o en las redes. 

Trabajo hubo a montones. Estuve con consultas, pagos, y recibiendo algunas llamadas de clientes por consultas sobre facturación, descuentos, y pagos. Prepare cobranzas pendientes. Envié estados de cuentas que me pidieron y de paso hice algunos recibos de dinero que había entrado.  Cuando termine todo eso, que me llevo prácticamente el total de mis horas en la oficina, me quedo media horita. Aproveche para repasar algo de la clase de anoche. Mirarlo cuando estoy un poco más despierta me hace darme cuenta si entendí algo, si estoy pérdida o si tengo dudas.  

Cuando salí de la oficina decidí que mí tiempo de ocupaciones había terminado. Hice compras en el supermercado. Merende con mis padres y hablé con ellos un rato.  Me duché, tomé tiempo para mí y me hice un tratamiento para el pelo porque lo tenía desatendido está semana.  Me ocupé de la dimensión humana, ya que me había ocupado de la dimensión económica, laboral y académica. 

Pensé en Galeno, sí. Pero lo hice con algo más de objetividad y sin llorar. La catarata de emociones que tenía ayer, hoy cai en cuentas, se correspondieron en si mismas cuando me encontré con mí período. Y dije "ay, con razón no me sentía yo, eran las hormonas". Lo de él es algo que no podré evitar. Así que lo dejo atravesarme. Ir y venir. Salir y estar fuera. Circular. Cómo a todo el resto de los temas del día. Pienso que cada uno sabe. Que a nadie podemos obligar. Y que sea cual sea la idea que lo ronde, no es algo que esté en mis manos cambiar. Además ¿de que me sirve algo obligado? 

Prendo un sahumerio. Apago las luces. Me acuesto. 

Lo logré un día más. 



lunes, 19 de septiembre de 2022

Recuento de lunes

 Hoy fue un día dónde me costó levantarme. Anoche estuve triste y me desperté en la madrugada para colmo. 

Lo primero que me pregunté fue como me podía sentir tan sensible porque alguien se hubiera alejado. Cómo podía hacerme tanta falta. Cómo la idea de no verlo más me podía angustiar tanto.  Después, luego de dar muchas vueltas, me dormí sin ninguna respuesta.  A la mañana igualmente entendí que no tiene que ver con él en si, si no, con las posibilidades que yo me estoy dando. Y son, milagrosamente después de muchos años, las de sentir. Inclusive, el dolor de una pérdida y la desorientación que eso pudiera suponer. 

Cuando llegue a la oficina fue como si me metiera en una cápsula apta para comerme las lágrimas. Que horrible es ser humano y querer ponerte a llorar cuando te están pidiendo imputaciones contables, cobranzas, pagos y todo lo que compone tu trabajo cotidiano. Realmente disfruto mí laburo, me desafía, me enseña y me interesa aprender más, pero hoy... necesitaba un día solo de rutina. Por si fuera poco, tocó reunión con mí compañera de Administración y con el Gerente.  Así que doblemente me tocó tragarme las lágrimas y estar atenta para una nueva división de funciones. El resto por suerte se me concedió tranquilo y junte fuerzas porque a la salida sabía que me tocaba ir a la universidad a cursar Contabilidad. El tema de hoy era bienes de cambio. Distintos tipos de conteo de inventario. Y ahora, mientras hago el recuento, me alegro de no haber faltado. 

En la mañana, no comí nada. Solo un café por el mal sueño y unos chicles de menta que me regaló mí papá. Estuve escuchando mientras trabajaba en actividades más pasivas algunos audios de Spotify sobre los procesos emocionales en las parejas. 

El resto del día transcurrió con mil cosas más. Ha sido intenso. Cargado. Lunes. 

Iré viviendo poco a poco los días de la semana. Uno por uno. Con su risa. Con su llanto. Como tengan que venir. ¿Se puede, en definitiva, pretender otra cosa?

Me voy a cerrar los ojos y a descansar. 

domingo, 18 de septiembre de 2022

Abandonar

Yo se que no lo va a poner en palabras. Que va a preferir primero poner pretextos. Que preferirá que el tiempo tenga la delicadeza de hacerme ver lo que él debería haberme dicho. Que se va a hacer el pelotudo hasta desaparecer. Y que si algún día aparece yo espero no darle otra oportunidad. 

Y también se que, aunque no me lo diga, porque le faltan muchos huevos, hoy Galeno me dejó. 

Lo hizo cuando reconoció que está lejano. Cuando después de lo que pasó todavía sigue sintiendo vergüenza por lo que hizo. Cuando yo le propuse que en otro momento quizá esté bueno hablarlo mejor... Y me respondió: "si, seguro". 

Galeno me dejó. 

Ni uso las palabras que debería haber usado. Pero me dejó desde el momento donde más allá de disculparse y siendo que acepte sus disculpas, no hizo nada más para acercarse. 

La verdad es que me siento muy triste. 

viernes, 16 de septiembre de 2022

Recuento de viernes

Día especial. Después de nueve meses, hoy ha nacido mi segundo sobrino. Un varón más y hermano del primero.  Si hasta ahora venía enamorada, a partir de hoy, el corazón se me ensanchó.  Bienvenido, solcito. Bienvenido mi amor. 

Día reflexivo también. Creo que lo nuestro con Galeno llegó a un punto del que no se si tengamos capacidad para volver. Él se disculpó por lo ocurrido el martes a última hora. Pero desde el miércoles yo no dejo de pensar en separarnos. Principalmente, porque en el afán de complacerme me mintió. Y yo me di cuenta. Y le dije. Y se reconoció un pelotudo. 

Pero pienso en algunas cosas. Pienso que yo se que me quiere complacer porque se siente interpelado por mí deseo. Porque lo convoca. Pero no quiero que en el afán de dejarme calma y satisfecha me diga cosas que no son así. ¿Por qué será que para los hombres sentirse macho está tan asociado a lo sexual? ¿Por qué prefiere mentir antes que reconocer que viene cansado y que nos llevamos veintiséis años y que un día x no tiene ganas de prenderse en lo que le propongo? ¿Será miedo a no estar a la altura? ¿Inseguridad? ¿O será que no le importa en lo absoluto y quiere solucionar el tema con un parche? 

La verdad, no lo sé. Hablamos poco y nada estos últimos días. Entiendo que me pidió perdón y me correspondía acercarme un poco para demostrarle que estaba receptiva... Pero no se si lo estoy. No sé qué hacer después de esto. Quedé en una posición donde algo que nosotros disfrutamos siempre, lo arruinó. Y me dejó con un gusto amargo en la garganta que no logro todavía disculparle. 

Entre tanto, mi trabajo, su trabajo demandante, y todo lo que nos rodea. 

Día muy feliz, si. Me quedo con eso en el recuento. No quiero que un día que recordaré para siempre tenga la sombra de Galeno. La verdad, no. Todo bien, pero no. 

Mí sobrino es precioso. Gracias a la vida por su vida. 



jueves, 15 de septiembre de 2022

Recuento de miércoles

El miércoles fue un día mixto. El martes por la noche tuvimos una situación desagradable con Galeno por lo que me acosté bastante desanimada. O en realidad, más bien, enojada. 

El miércoles cuando sonó el despertador yo ya había tenido una intervención del sueño pues me tocaba tomar un medicamento a la madrugada. Y si a eso le sumaba la estupidez que hizo Galeno, digna de tener 18 años,  lo cierto es que me costó levantarme. 

Pero cuando me levanté, agradecí tener trabajo y tener que ir a la oficina. Así que fui, puse la mejor cara, y me aguanté el dolor de garganta intenso y el malestar emocional.  En el trabajo, creo que por toda la buena voluntad que le puse, terminó siendo un día bueno. Me mantuve ocupada y aproveché una horita donde estuve tranquila para estudiar Contabilidad. 

Antes de irme de la oficina me llegó un mensaje de Galeno pidiendo disculpas por lo que había ocurrido la noche anterior. Si bien me había reconocido que la cagó en el momento donde le puse el límite y entendió la dimensión de lo que hizo, yo no le di crédito. Respete mí propio enojo y le dije que me iba a dormir, sin hablarle mal, pero si poniéndole un freno. Le dije que lo había arruinado y que lo que había hecho no tenía ningún sentido positivo. Que ya estaba. Que dejara todo así porque no era el momento de discutirlo. 

 Cuando volví del trabajo, al día siguiente, tuvimos una conversación breve pero aclaratoria. Le aconseje que se replanteara si quería seguir conmigo. Así nomas. Y me pareció lo mejor. Lo más honesto. Y lo más práctico. 

Termine esta charla y me conecte a dos videollamadas que tenía pautadas. Acabé con eso casi a las 21.00. Cené, me bañé y me acosté. 

Me dormí en cinco minutos. Literal. 

A veces los recuentos sirven para interpretar y entender todo aquello que sostenemos. Y lo que no sirve, volarlo.  

lunes, 12 de septiembre de 2022

Reconstruyendo el pasado

 - Pasé la pandemia solo - dijo Javier - y encontré mucha música buena. 

- El tiempo de pandemia tuvo su lado introspectivo... Aunque fue fuerte - comenté. 

- Sí. Casi me muero. 

- Lo sé, sí. Me contaste. 

- ¿Sabés lo que hacía a la noche, en la pandemia? - me preguntó. 

- ¿Qué? 

- Me servía un whisky, me fumaba un cigarrillo y me quedaba escuchando música hasta la madrugada. 

- ¿No podías dormir? 

- No. Viste que yo tengo alergias - dijo, y de pronto, notó que hacía ocho años que nos nos veíamos - Bah, cierto... Hace mucho que no hablamos. 

Lo miré y me sonreí.  

- Años, Javi. 

- En 2015 - dijo, y noté que era el año siguiente a que nosotros nos dejamos de hablar definitivamente - empezaron a aparecerme alergias en todo el cuerpo. No podía trabajar, no podía dormir y si iba al cine, por ejemplo, no aguantaba la película. Me tenía que levantar e irme. Me iba del cine... 

Escuché atentamente su relato. 

- Me hicieron millones de estudios... Por todos lados buscaron a ver qué podía ser.... 

- ¿Y qué era? 

- Nada. 

- ¿Nada? 

- La locura... El estrés. 

- Entonces era algo - le dije, sonriéndole. 

- Si, por supuesto - admitió - y en ese contexto, muy ocasionalmente, empecé a fumar. 

- ¿Tabaco o marihuana? - musité. 

- Marihuana - admitió - un cigarrillo de vez en cuando, con una botella de un buen whisky... y música... 

- Tenías un viaje asegurado - le dije, sonriéndole. 

- Si... La verdad es que esa fue la única manera donde pude relajarme para dormir... Y así, con ésta clase de música, podía estar horas. Solo, acá sentado, tomando y mirando videos de cosas que no tienen nada que ver... - me explicó Javier.

- Claro. La droga te permitía el viaje - acote. 

Miré su relato desde afuera. Era una pintura sobre la soledad y la melancolía, aunque él no se diera cuenta, lo que estaba narrándome. Una pintura que contenía millones de trazos finos pero considerablemente oscuros aunque todo estuviera enmarcado en un contexto artístico. La pintura de una persona desolada y atormentada. Alguien que en un tiempo yo había amado inclusive tratando de entender los trazos y matices de su composición. 

- Fue un tiempo muy difícil. De mucha incertidumbre. Cada uno hizo lo que pudo - dijo. 

- ¿Qué hiciste vos? - me preguntó. 

- Empecé a tomar vino todas las semanas  y eso fue lo mejor que pude haber hecho - musité - Mandé a la mierda una relación. Leí. Y aprendí a extrañar. Y me anoté para estudiar Ciencias Económicas. La pandemia me modificó. 

Me sonrió. 

- ¿Por qué será que habrás mandado a la mierda una relación, eh? - dijo, pícaro. 

- Porque en ese momento se me había acabado del todo la paciencia, porque quería tomar decisiones sobre mi vida y no quería esperar más nada. Y porque Galeno y yo estábamos pasando una época dura. Él como personal de salud no tenía cabeza para estar conmigo. Y yo llego un punto donde no tenía más cupo para la incertidumbre. 

- Oh, sí, muy vos todo eso - dijo Javier - Ella no quiere esperar, no tiene tiempo, no tiene paciencia, quiere todo ya - me burló. 

- Bueno, vos ya conocés cómo soy, no sé por qué la agitación - le dije, burlándome - Fue una época difícil para todos. Creo que hicimos lo que pudimos. Aunque haya sido mandar a la mierda una relación. 

- Porque te conozco, justamente, cabezona, te jodo. Y sé que te gusta apurar a la gente... 

- No se trata de apurar, sino, de definir. Tomar decisiones. La vida, es eso. Decidir. Para eso tenemos libertad, para decidir, no para andar dudando toda la eternidad, porque imagínate que dudando no usas esa libertad... 

Sacudió la cabeza contundente.  Yo supe que me estaba mirando pero no quise prestarle atención y a los pocos instantes corrí la vista. Me enfoqué en no generar tanto o mas intimidad de la que habíamos procurado compartir para dejar los saldos en cero. 

- ¿Qué música escuchás ahora? - me preguntó. 

Lo miré, me sonreí como de lejos, y le dije: 

- De todo. En pandemia, empecé a escuchar radio. Cositas de vieja - añadí, a modo de burla. 

- Callate, tonta - dijo, sonriéndome - Si hasta mandaste a la mierda a alguien en pandemia... ¿Es la misma persona con la que salís ahora, no? 

Asentí. 

- Pero volví... Bah, él volvió y lo acepté. Hay excepciones que valen la pena y ésta fue una de ellas donde me sirvió tener paciencia...  - añadí - Es bueno. Y cuando volvió me pareció bien darle otra oportunidad. La pandemia no fue un contexto normal. Y el en los contextos normales nunca me había fallado. Y me costó tener paciencia pero... Aprendí eso. 

- ¿Paciencia, vos? ¿En serio naciste con paciencia? ¿Dónde la tenés metida? - me burló. 

- Con vos no tuve paciencia ¿no? ¿Me vas a decir ahora que con vos no tuve paciencia caradura? 

- Nooo. ¡Me apurás a lo loco! Me decís de todo. No me dejas pensar. 

- No. Te pongo las cosas claras. Eso no es ser impaciente, eso es ser directa. Vos... Sos vueltero Javi. 

- Si. En realidad no, con vos nada más. Porque no podía dar el paso. Hasta ahora. Pero pude. Lo que pasa es que vos no tenías paciencia y eras muy chica y cabezona sos... 

- ¿Y vos qué? ¿Esperaste a que creciera? - le dije, en broma. 

Él no se rió. 

- Javi, ¿vos en serio esperaste que creciera para decirme todo esto? ¿Que te daba? ¿Impresión? 

- No. Pero eras chica. Quería que conozcas otras cosas. Pero ahora estás grande. Y hermosa. 

- Y vos no tuviste que hacerte cargo de mostrarme cosas del mundo que yo, en ese momento, no conocía - le dije. 

- Exactamente. 

- ¿Por eso nunca me quisiste? -le pregunté. 

- Nooo, no digas eso. 

- Pero es real, Javi. 

Se me acercó y me sonrió. 

- A ver, vení, acércate y decime lo que es real pero más cerca... 

Me acerqué a su cuerpo. Lo miré fijamente. 

- Esa es la diferencia entre la historia que tuviste con ella y la historia entre vos y yo. Jamás me quisiste. Porque si me hubieses querido, jamás te habría preocupado eso. Hubieses sentido ganas de vivir cosas conmigo.  Naturalmente. 

- No digas eso. 

- No tiene nada de malo. 

- ¿Qué? 

- No quererme. Por eso dabas vueltas. Porque no me querías. Solamente querías tener sexo conmigo. Y está ok. Pero está bueno también llamar a las cosas por su nombre. 

- Es que no es todo tan así... - dijo. 

- ¿La querés a ella? 

- Si. 

- ¿Ves? No dudaste. 

Se me quedó mirando muy fijo. Disimulé internamente el dolor por decirle todo lo que le estaba diciendo. 

- En la época dónde vos y yo nos conocimos -me dijo - yo salía de una depresión. Nunca lo conte en el grupo pero hacía un año que estaba encerrado en un departamento sin querer ver a casi nadie. Salía para trabajar. Nada más. 

Me lo quedé mirando muy sería. Jamás me había confesado eso. 

- Y cuando se armó esto del grupo, mí hermano, para sacarme, me dijo que fuera. Empecé a participar. Me gustó mucho eso. Y ahí nosotros nos cruzamos. 

- Si. 

- Cuando vos me decías que me querías, y hacías todo lo que hacías, yo por dentro no sabía si ir a buscarte a tu casa y besarte o si alejarme. Pero lo único que no quería era que me odiaras. No quería que nadie más me odiara. Y no soportaba la idea de que vos me odiaras... 

- ¿Quien te odiaba? ¿Nadie más además de quién? 

- Estuve once años en pareja con alguien. Nos compramos una casa. Convivimos. Y todo eso terminó muy mal. Pero muy mal. La lastimé. Me terminó odiando ella y toda su familia. Vendimos la casa. Nos separamos. Quedó todo muy mal. Ella termino muy mal. 

- Y a vos también te lastimaron ¿no?

- Si. Fue una época muy tremenda -suspiro - y justo después empezamos con el grupo. Y te conocí a vos. 

- ¿Qué pasó con ella? 

- Tenía celos. Tenía problemas con los celos. Y pensaba que yo la engañaba. 

- ¿La engañabas? 

- No. Fueron años en esa situación. Ella pensaba que la engañaba. Y me hacía la vida imposible. Pero yo no hacía nada.  Hasta que la engañe. 

- ¿Por? 

- Porque me acusaba todo el tiempo de algo que no hacía. Me perseguía. Entonces una noche, fui a un casamiento al que había sido invitado con ella, solo. Nos habíamos peleado, yo ya estaba solo en mí casa. Y del casamiento me volví con una mina. 

- Entiendo. ¿Y ahí se puso feo todo? - le pregunté. 

- Muy feo. Llegué a la casa y estaba ahí. Había entrado con las llaves. Y rompió todo. Toda la casa. Quería golpear a la mina con la que yo llegue. Por suerte ella cuando vio todo eso se fue. 

- Oh, que situación tan horrible Javi... 

- Fue tremendo. Ella me pegó a mí. Rompió todo. Toda la casa. 

- Entiendo. ¿Y después, que paso? 

- Me llamaba diciendo que se quería matar. Y que era por mí culpa. 

Lo miré. 

- Y me llamaba la familia diciendo que era un hijo de puta. Yo la lastime. Pero... No quise hacerlo. Era una situación muy difícil y todo el tiempo me perseguía. 

- Javier... - dije - vos estabas en una relación tóxica. Fue muy tóxico lo que viviste. 

- No sé... Pero después de todo eso yo no quise saber más nada. Con formar una familia. Con convivir. No quiero al día de hoy. 

- Te dolió y te marco para siempre - dije. 

No necesite confirmación. 

- Cuando vendimos la casa, alquile un departamento y me quedé ahí. Ese año. Después en 2014 me compré esta casa. 

- Hubiera sido muy bueno que esto que estamos hablando ahora me lo hubieras dicho en su momento... Nos hubiéramos ahorrando tanto dolor... - le dije - Pero bueno. Me alegra poder entender un poco más. No sé... Que hables. 

Los ojos se me llenaron de lágrimas. Me frote la cara para disimular y fingi atarme el pelo para distraerlo. Javier me miró. 

- Vos eras muy inocente. Y yo me sentía muy atraído por ese amor. Por la generosidad. Por la forma en que me querías, me parecía hermosa. Por la forma en que veias el mundo, tan fácil. Por la forma en que vivías el amor, sin todos estos quilombos. Y no quería cagarte la vida, dándote algo que no estaba a la altura.  No quería que me odiaras si llegaba a lastimarte, y me preocupaba mucho hacerlo. No iba a soportar que ninguna persona más me odiara y cuando vos me dijiste todo eso yo pensaba que lo único que me importaba era que no sintieras odio por mí. Vos eras pura, inocente, buena. Eras chica pero tenías una mirada hermosa del amor. Por eso nunca hice nada. Hasta ahora. No quería interferir. 

Lo miré y baje los ojos. Nunca más había tenido esa mirada. Y los recuerdos de Javier me llenaban de dolor. Porque sabía a lo que se refería de mí y porque sabía que eso se había muerto en el camino. Al menos, hasta esa conversación, esa noche, el primer encuentro antes del segundo y último. 

- Era bastante tonta. O idealista capaz. Pero estaba enamorada de vos. Eso es cierto. Muuuuy cierto. Con todos los recursos y las equivocaciones de mí edad, obvio. Pero si, estaba hasta las re manos. 

- Lo sé. Y ese amor me encantaba. Me atraía la forma que tenías de quererme, todo lo que hacías por mí, lo mandada... Pero yo estaba roto. Te podía llegar a hacer mierda. Y vos era chica. No conocías nada. Y era lo peor que te podía pasar a esa edad. 

- ¿Y ahora? ¿Qué cambio? ¿Qué crecí? ¿O que alguien más me rompió el corazón y tuve sexo con otras personas? - le dije, con sorna. 

- Si. 

- Wow. ¿Eso me vuelve más accesible para vos? Es raro... 

- Igual sigo siendo lo peor que te puede pasar a vos. Soy una mala influencia para vos. Pero me podes. Y te convertiste en una mujer hermosa. Que no se quiere acostar conmigo... - dijo, en broma. 

- Javi - le dije, con mucha dificultad - yo estuve muy enamorada de vos. Y vos jamás me elegiste. Jamás. Todo lo que aprendí del amor, lo sé por vos y por todo lo que no paso pero me hubiese gustado que pasara. Pero después apareció Galeno. Y... No le importó y pude vivir experiencias muy lindas con el. Y vos ahora me decís todo esto... Te juro que es tan indignante que todo tenga que ser así. 

Me miró fijo y me saco el pelo de la cara. 

- No te pongas triste, mi amor - me dijo. 

- No, estoy movilizada. Pero déjame que te explique algo. Es importante. 

- Te escucho. Vení. Te abrazo si querés. Y te escucho. 

- No. Oime nada más - le dije - Galeno me enseñó a que todo esto que ves salga. Me costó mucho, después de vos, volver a querer a alguien. A sentir algo. Y cuando apareció Galeno, al principio, fue muy difícil. Pero después él me sanó en mil sentidos. Y me demostró cosas re lindas. No le importo la edad. Ni lo que decía la gente. Realmente quería estar conmigo. Y pudimos. Y está conmigo. Al día de hoy sigue estando conmigo. 

Me miró. 

- Entonces vos hace un rato me preguntabas por qué no podía. Y es por esto. No sos realmente la persona que elegiría hoy en día. Pese a que me moves muchas cosas. Más de las que vos pensas, Javi. Pero no quiero poner todo peor... 

- Ya me doy cuenta. Ya lo sé. Se nota que no te pasa más nada conmigo. Incluso, no sé si me deseas del todo...  Siento que te doy un poco de asco... 

Lo miré. 

- No. No me das asco. Pero ya no tengo sentimientos por vos. Antes, todo lo que vos admirabas, eran sentimientos. Y deseo. Pero especialmente sentimientos. Hoy los siento por otro hombre. 

- Entiendo. Pero te pasa algo... 

- Si. Deseo, supongo. Algo. Lo mismo que a vos. Querés a otra persona. Conmigo es calentura. 

- No digas eso. A ella la quiero. Tengo un recorrido. Es diferente. Me enseñó algunas cosas. Y hace mucho que estamos. Vemos algunas cosas de la misma forma. Por ejemplo, esto de vivir cada uno en su casa, de tener espacio... 

- Entiendo. 

- Y después estás vos. Que todo estaba muy pendiente con vos. Viene de mucho antes. Mucha tensión acumulada. Son dos cosas diferentes. 

- Si. Sin dudas. No vas a comparar. 

- ¿Puedo decirte algo? - me dijo. 

- Si. 

- ¿Me dejas que te dé un beso? 

- No. 

- Uno. Por favor. 

- ¿Para qué? 

- Porque estás hermosa. Y porque sos tremenda. 

- ¿Y recién ahora te das cuenta? 

Se rió. 

- No me muerdas. Por favor. No seas cruel conmigo. 

Se acercó a mí cuerpo, sentado en indio sobre el colchón, y me beso. Me quedé quieta. 

- ¿Me das un beso? Dale. Dámelo. 

- Vos me lo estás dando. Te dije que no. 

Me miró y se separó de mí. 

- Siempre te beso yo. Siempre. Y quiero que por una vez sola aunque sea me beses vos. Así me quedo con ese recuerdo. 

- ¿Para que? 

- Porque me quiero quedar con ese recuerdo. Cerrar los ojos y que esté todo acá. Para siempre. 

Suspiré. 

Me acerqué a su boca. Lo atraje con mis dos manos en sus mejillas y hundí mí rostro profundamente en el suyo. Lo bese apasionadamente. Muy. Me tomé un breve respiro y volví a besarlo con desesperación mientras correspondía en la misma intensidad y me tomaba del pelo.  Hice lo mismo con mis manos y las enredé en su pelo, agarrándolo, con intensidad. 

- Listo - le dije - Ya está. Ahí tenés tu beso. 

Javier tardo unos minutos en recuperarse. Me miró. Sacudió la cabeza. Volvió a mirarme. 

- Qué hija de puta - dijo y se tapo la cara con las manos. 

- ¿Qué?  ¿Qué te pasa? 

- ¿Me podes dar más? Me gustaron mucho. Qué hija de puta. ¡Como besas hija de puta! ¿Como me vas a besar así? 

- Así soy. Y siempre fui así. El tema era que había que darme la oportunidad. Cómo a todos...  - le dije a Javier. 

- No seas mala...  No podía lastimarte. 

- Soy honesta. Galeno me dio la oportunidad sin prejuicios. Y hoy todo lo que soy, y todo lo que se, lo logré porque no me subestimó. Vos pensaste y elegiste por mí. Malísimo eso. 

- Hice lo que considere mejor. Y no me arrepiento. En el momento te iba a hacer mal. Pero ahora... Ya sabes cómo es. Ya puedo hablarte así. ¿Por qué no querés estar conmigo? 

- Porque Galeno se merece que todo lo que aprendí hasta ahora en la vida, sea o no sea sexual, se lo brinde sin guardarme nada.  A el. Se lo ganó. Y por eso no quiero. No es contra vos. Es intentar ser leal. Es elegir. 

- Ya se. Se que no querés lastimar a nadie. Yo tampoco quiero. Pero tenemos que pensar en nosotros. Por una vez. En lo que queremos. 

- No me digas eso, por favor. O sea, Dios, sos maligno. 

Se rió. 

- No... Solo quiero que te des cuenta que esto ya cambio para siempre. Aunque no te acuestes conmigo hoy, queda la duda. La duda de todo lo que podría haber pasado.










































jueves, 8 de septiembre de 2022

El día después del incendio

Ese día, algo en mí todavía podía resistir. Porque lo cierto es que luego de eso, se desmoronó todo. Pero hasta entonces podía pensar con claridad y negarme a hacer algo que si bien deseaba mucho me daba una enorme culpa. Principalmente, porque sentía que nada tenía que ver con mí vida del presente pero sí tenía demasiado que ver con una vida e historias que había dejado en el pasado como pude. Y desde ahí, desde el pasado como historia inconclusa, es de dónde golpeaba. Golpeaba. Y golpeaba otra vez. 

Javier me miraba reflejada en el espejo de su habitación mientras yo me arreglaba el pelo que dicho sea de paso había jugado entre sus manos durante largo rato. Me había dicho que era hermoso y lo había tocado consumido mientras me miraba e intentaba calcinarne con eso.  Estaba acostado en la cama donde no había dejado que me hiciera el amor y me había liberado de su bruma sin saber bien cómo. Decir que estaba confundida en ese momento era ser mezquina. Estaba desolada. Descolocada. No me sentía en mí. Y había perdido contacto por completo con mí voz interior.  Resistía por inercia. Porque estaba en stock. Porque siempre había dicho que no. Y no quería pensar en lo que él me había dicho. Porque si pensaba... Si pensaba... ¿Qué mierda haría? 

- ¿Qué pasa? - pregunté, con un gesto que admito fue un poco soberbio. Me miraba con una fuerza que sólo había visto hacía ocho años atrás, de su parte. Una forma de mirar intensa, profunda, evidente y un tanto... tóxica, si se mide en relación a los términos de una relación sana.  Una mirada que si bien no me lastimaba , me traspasaba a fondo. 

- Quiero traerte para acá  - me dijo.

Lo miré y me puse seria. Su sinceridad me movilizó mucho pero no se lo quise demostrar. Cada palabra, cada oración, era como una piña. Cómo mover una pieza fósil que hacía casi una década estaba en un lugar y ahora cambiaba. Cómo pensar en cuántas cosas pasaba a entender, y cuántas a no entender jamás, a partir de su confesión. 

- Ay, Dios pero por qué tan seria... - dijo. 

Evidentemente, lo había mirado mal. Era mí táctica para defenderme. 

- Porque estoy viendo cómo mierda me voy de acá - le dije - entera. Sin que me agarres y me dejes en pedazos. 

- No me deseas, hija de su madre. Se te nota. No me deseas- dijo y se rió. 

Fue una risa triste. Suspiré. Me di vuelta, ya indignada. 

- Basta, te lo pido por favor. ¿O no me explico bien? Te estoy diciendo que no puedo. Además no me entra en la cabeza lo que me decís, te juro... Como si vos... - añadí. 

- Perdón. Discúlpame. En serio. Tenés razón. Si te explicas bien, lo que pasa es que me gustas mucho. Y me podes. Me cuesta pensar. Te veo y quiero estar cerca tuyo.  Me dan ganas de tocarte y darte besos por todos lados -admitio. 

- Esto tendría que haber sido así pero hace ocho años. Capaz que ahí no era un proceso culposo todo esto. No sé. No quiero que me cuentes. No lo podemos vivir. No vale la pena. 

- No se puede cambiar el pasado. Volver atrás. Hoy es así. Hoy.  Y no pienses en la culpa. La vas a sentir. ¿Cómo que no lo podemos vivir? Si que podemos. 

- No, no se puede.  Vamos a tener que vernos con la realidad mañana - le dije, siendo irónica pero empezando a tomar dimensión de lo que estaba sucediendo. 

- Mañana te vas a sentir mal de cualquier forma. Por haberte frenado a estar conmigo o por lo que pasó. ¿No te das cuenta? Esto cambió. 

Lo miré fijo. Javier tenía razón. 

- ¿Sabes que es lo peor? - dijo - Que yo te miro ahora y pienso "nunca vas a estar con ella. Nunca. Ella es todo lo que nunca vas a poder disfrutar. Ese pelo, no lo vas a poder tocar, no te quiere besar más y como besa la hija de puta... ". 

Me di vuelta del todo y lo miré: 

- No digas esas cosas. No nos vamos a andar preguntando más. Ya está. En algún momento se tiene que terminar todo esto. ¿Cuanto tiempo más vamos a seguir así? Que sea ahora y así. Un final así - insistí hasta con enojo, incluso. 

Javier se rió. 

- Es la verdad, es toda la verdad. Toooda la verdad. No me callo más ahora.  Vení, dale. Me haces sentís el tipo más horrible y desagradable...  Me veo suplicando, teniéndote a vos en mi cama... A vos, encima.

Suspiré

- No estás suplicando, tonto. Yo me desbordaba así con vos también hace ocho años. Ahora no me quiero desbordar así con nadie. Es mi decisión.  Entende eso. 

- Y me dejas que me desborde yo - me dijo, recriminatoriamente - Que te diga todo, que me muera por vos y a vos... No te gusto ahora. 

- No, es que no pasa por eso. Yo estoy tratando de buscar el eje desde que hablamos. Pero me tocas, me besas, me desconcentras. ¿Tengo que dibujarte mi posición?  No puedo. No se puede. No quiero mortificarme más. Creo que ya está bien así. 

- ¿Venías a acostarte conmigo, no? Decime, dale. 

- Venía a verte. No sabía que iba a pasar. Era una posibilidad como no. No tenía seguridades con vos, pero pensé que está oportunidad no la íbamos a tener nunca más.  Quería verte y tomarme ese puto vino. Por última vez. 

- Es cierto. Termina acá. Después no se si nos vamos a volver a encontrar. Si pasa esto. 

Lo miré rápidamente y me dije que estaba bien. Que así era la vida. Que había historias que no con gente muy intensa y cambiante y llena de problemas. Que mejor salir de ahí, rajando. ¿Pero qué hacía ahí? 

- Será así - musité - Los finales no son siempre cerrados del todo. Quedará todo así. Además pasaron mil años y quedó todo así. 

- Acostate un rato. Vení. Te juro que no te voy a tratar de seducir. Quiero abrazarte. 

La imagen de Javier abriéndome las manos mientras me esperaba acostado en su cama fue inexplicable. Peor y mejor que en todos mis sueños. Por eso me acerqué. Agotada, nublada por completo por el pasado que no vivimos, yo me acosté en la cama y dejé que me abrazara.  Javier apoyó la cabeza en mi panza. Le acaricié el pelo, la frente,  como una manera de controlar mis emociones. Volví a sentir esa diferencia entre los abrazos con el y con a Galeno. Cuando abrazo a Javier, siento que la única que tiene algo en el alma soy yo. Cuando abrazo a Galeno o el lo hace, siento que me abraza con cariño. Que nos abrazamos los dos. Que es mutuo. Todo. Hasta el afecto. O el afecto antes que nada. 

Mientras Javier me abrazaba, pense. Pensé en todo lo que me había contado. Pensé en su sobrina, la que yo creía que era una nena, pasando momentos graves tan solo un día antes. Ese mismo día inclusive...Y él ahí, conmigo... ¿Cómo se explica la urgencia y la confesión encima en este contexto? ¿Porque eligió estar conmigo en una noche así, y no con las personas que eligió para compartir la vida? Cosas que jamás entenderé. 

-¿Querés hablar de algo? Podés confiar en mí. Va a ser parte de este paréntesis. Te lo prometo - dije. 

- No. Voy para el frente. Siempre. Para adelante. 

- Habla con alguien. Quizá no soy la persona indicada y está bien. Pero... Es mucho para vos. No tenes espacios de contención. Y es bueno que tengas espacios de contención. Se que sos cerrado pero... Me parece mucha carga. 

Me dió un beso en la panza. 

- No quiero hablar. No me sale. Siempre viví así. Miro para adelante. Me cuesta hablar de mí. 

- Bueno. Pero no estalles solo.  Eso nada más te digo. Busca una red de apoyo. Nadie se merece pasar por esto solo... 

- Todos tendríamos que tener lo que merecemos. 

- La vida no es una cuestión de merecimientos personales, Javi. Pero cuando se puede elegir, hay que aprovechar... 

- Para mi, debería. Tener lo que cada uno merece. 

- A veces no se puede - dije. 

- No quiero hablar. Me quiero quedar así. Acostado acá. 

Me quedé callada. No le dije nada por ese comentario. No lo podía creer. Simplemente por eso me quedé callada. 

- Tenés el pelo re largo. Pero mal. Y mucha cantidad, eh. 

- Fui a la peluquería de acá la vuelta el otro día - me comentó. 

- ¿Y qué te sacaron? ¿Plata y aire nada más? - lo burle. 

- Noo. Sos maaala. Me sacaron volumen. Le dije si me podía sacar eso - me dijo, riéndose. 

- Hizo bien. Tenés muchísimo pelo... 

Lo peiné. Me quedé en silencio un largo rato. Eso no tenía nada que ver con el sexo, me dije. Y aquello construía la peor parte del asunto. Si no tenía nada que ver con el sexo, entonces, ¿con qué? 

domingo, 4 de septiembre de 2022

Otros puntos de vista

algún día pasado de 2022

- Estoy tomando vino... Acabo de abrirlo - me dijo Javi. 

- Me alegro - musité, y dejé la cartera sobre la silla de la cocina de su casa. 

- ¿Qué te sirvo? 

- Y... me gustaría una copa de vino... 

Se carcajeó 

- Tenés razón... 

- Si querés, si no, tomamos otra cosa... 

- Es una falta de respeto no convidarte vino - me dijo, y alistó mi copa enseguida. Cubrió de vino cabernet la mitad de mi copa y me mostró la etiqueta para que lo viera y lo degustara también con la vista y el ojo crítico. 

Asentí con la cabeza, dando la autorización a degustar ese ejemplar, de esa cosecha, con esa persona en particular.  Desde el primer encuentro después de ocho años nos tomamos largas semanas de meditaciones, vueltas, dudas, miedos, sufrimientos silenciosos, hasta llegar a éste encuentro. Lo veo frente a mi y siento que estoy adentro de una película, que no es real, pero lo cierto es que está sucediendo. Lo que se jugó en mi durante el último mes y medio antes de saltar al abismo, a esas alturas (o a esas profundidades, en realidad) no tiene palabras.  Por eso, estoy esa noche adentro de su casa. Porque ya no tengo palabras que me ayuden a detener lo que desde el primer día en que me estremeció su presencia sentí como inevitable. 

¿Hubiéramos imaginado, aquél día donde nos cruzamos por primera vez en una reunión literaria, adentro de una pizzería del barrio, que casi diez años después terminaríamos tomando un vino tardío y haciendo lo que no debíamos? ¿Hubiera imaginado yo que ese mismo hombre que me había mirado con tanta indiferencia en el medio de una tormenta más en su vida, casi diez años después, acabaría suplicándome que le hiciera el amor?  Ni en los más recónditos sueños lo hubiera imaginado, siendo franca. 

Por eso, el tratar de escapar a esa deuda significó intentar atajar algo que desde adentro pedía salir día y noche hace casi diez años. Y yo no lo supe entender hasta que no acabé sucumbiendo en ese infierno precario de recuerdos y dolor siempre al contado.  La historia suya representaba una fuerza que me mataba por dentro y que me dejaba vulnerable e insegura de tanto había significado para mí en otro momento de la vida... Pero además, un abismo al que nunca me había podido resistir. Del que nunca había podido liberarme del todo.  Tratar de acallar un deseo que me manejó como no me había manejado nada antes en mi vida fue una de las cosas que nunca me imaginé tener que hacer en relación a Javier. Ni éste año, siendo que había pasado mucho tiempo y muchos amagues. 

Y, sin embargo, una a una empezaron a ocurrir. Y no pensé, hasta ahora, que ya lo sé, en lo que me estaba introduciendo. En lo que a nivel interior me iba a producir. En la persona que sería luego de esa noche. En lo que acabaría convirtiéndome. En cómo miraría el mundo. Y cómo sentiría que el mundo me mira a mí. 

II

-¿Cómo estás? - le pregunté, en voz muy baja - ¿Todo bien? ¿Mejor? 

- Sí, bien - me dijo y después de una charla simpática sobre temas laborales que ahora tenemos en común, lanzó: -  ¿Te puedo contar una cosa?  (...) - Quería que hiciéramos el amor el otro día - dijo - y vos te fuiste enojada a tu casa diciéndome que no, que no, que no... 

- Estaba enojada con vos, sí. Y me conviene estar enojada cuando me quiero ir de un lugar donde no tengo que estar. ¿Entendés? - le expliqué -  Javier, vos no tuviste ningún reparo en decirme todo lo que me dijiste. Abriste la boca e hiciste un desastre. ¿Vos tenés una idea de lo que me dijiste el otro día? ¿Pensaste antes de hablarme así? 

- Sí.  Te dije la verdad. Lo que pensé siempre. 

- Y bueno... Justamente por eso yo me fui así.  Porque me tiraste todo lo que no me habías dicho en casi diez años, en un ratito... Con esa boca de jarro que tenés. 

Se rió. 

- No seas víbora... Porque no fue sólo mi boca de jarro, también fuiste vos. Vos no te quedás quieta. 

Lo miré y mofé con una mano.  Lo único que me faltaba es que quisiera echar la culpa a mí por aparecerse en mi vida con una declaración suprema pero tardía. 

-Basta con eso de que soy víbora... Jamás te haría ningún daño y  lo sabés. Hace casi diez años que me conoces, Javier, así que si hubiera querido ser mala...  Tuve mucho tiempo para eso y no lo hice.  Siempre pensás mal de mí - me quejé. 

Lo miré con mala cara. Sonrió. 

- Vos sos brava, no mala- se apuró a decirme, con suavidad - No sos mala en absoluto, pero tenés esa carita de hija de puta que me puede...  Y me las tiras todas con esa cara de guacha... Y cuando vos ponés esa carita me da unas ganas de agarrarte y decirte: "vení, vení, vení, no te vas de acá". 

- ¿Vos te das cuenta de lo que me estás diciendo? Estás loco - le contesté. Mis ojos no salían de la sorpresa. Sentía por la forma en que se estiraba mi rostro que los tenía abiertos, en grande, con las cejas levantadas por causa de la sorpresa. Se rió. Lo mire y bebí vino para aflojar el desconcierto.  

- ¿Tanto hago con mi cara? ¿O es lo que a vos te hace sentir ? - le pregunté, con ironía. 

Sosteniendo su papel de superado, me hizo un gesto de fascinación. Aunque no me contestó lo que le pregunté, como es su costumbre.  

-  Al margen de querer echarme siempre la culpa a mí de lo que a vos te pasa conmigo, ¿qué es lo que sentiste después de que nos encontramos y me dijiste todo eso? ¿Por qué creés que te sentías mal? - le cuestioné. 

Quería que, juntos, entre los dos, conversáramos y pudiéramos pensar. Quizá ahora me doy cuenta, tarde, que mi empresa era una real pelotudez. Una ilusión de no mandarse una cagada que había empezado a suceder desde el 03 de abril en adelante, cuando nos habíamos encontrado de casualidad, mientras hacía las compras por el barrio y él venía de entrenar. 

- Tenía culpa. Mucha - me confesó, por fin. 

- Bien. ¿Y qué más? 

- Y me sentí muy mal al otro día. Sentía que había engañado a alguien y que al mismo tiempo pensaba que vos capaz podías enojarte conmigo y que me ibas a odiar por todo lo que te dije, o no sé... - suspiró - Y también pensaba que no quiero lastimarte, que no quiero hacerte sufrir, que no debería haberte escrito hoy, pero que me podés hija de puta... ¿Sabés cómo se me pasaban por la cabeza, en cualquier momento, las cosas que pasaron el otro día? - preguntó. 

Mi estomago tomó forma de nudo. Se me revolvió por completo por sentir las mismas cosas. Culpa, tristeza, angustia, pero además, deseo, ganas de hablar, de buscar respuestas, de preguntarle tantas cosas que había sentido o pensado durante esos diez años respecto a nuestra historia. 

- Javi... - lo miré, inspirando hondo, lista para confesarlo todo - vos no te das una idea lo que fue todo este tiempo para mí. Dificilísimo. 

- ¿Vos no sentís eso? ¿Qué sentís? - preguntó.  Noté que lo estaba oprimiendo todo tan fuerte en mi interior que, ni siquiera con él, podía hablar. 

- Yo desde que nos encontramos ese domingo hasta este mismo momento estoy luchando conmigo misma. No creas que para mí es menos complejo por ninguna razón que puedas llegar a pensar, ni por ningún motivo. Cada uno de nosotros tiene sus razones y sus objeciones. 

- Es cierto - musitó - pero vos... ¿no te vas a confundir, no? 

- ¿Confundirme con qué? 

- Me refiero a que... - suspiró, con dificultad para encontrar las palabras - quizá yo puede ser que no te llame más o puede ser que sí, no sé... Esto... Es una atracción... Y química, si, y... No sé qué va a pasar. 

- Decilo, sin miedo. Lo que vos querés es tener sexo conmigo y nada más. Decilo como corresponde. Estamos hablando a calzón quitado - argumenté. 

Se rió. 

- Ok, sí, no fue la mejor metáfora del mundo - le dije, sonriéndome y ruborizándome un poco. 

Volvió a repetir una carcajada por mi comentario y suspiró. Esa metida de pata, sin querer, había reflotado la atracción. 

- No es todo tan así, no es que sólo quiero tener sexo con vos y listo - dijo - Pero no sé, si pasa, cómo reaccionaré. Yo no puedo prometerte nada. Quiero que sepas eso, que no puedo prometerte hacer algo que capaz no me sale después... - me advirtió. 

Yo lo miré, incrédula. Me estaba diciendo algo tan profundamente obvio para mí, que ya había meditado durante todas las noches desde el día donde me había vomitado aquéllo en la cara, que hasta me parecía volver sobre un punto tonto del asunto. Pero, al mismo tiempo, en cuanto se lo escuché decir de la forma en que lo hizo, eso me dió algo en lo que pensar.   Tenía en claro que Javier sólo quería acostarse conmigo y eso era lo único posible, pero ¿cómo él había creído que yo podía quererlo si le dejé bien claro que no sentía amor por él? ¿Quién era, al fin de cuentas, la persona que corría riesgos de confundirse? 

- ¿Por qué la complicás tanto, Javier? - le consulté sin ánimo de pelear -  Decime: " te busqué después de todos estos años para tener sexo. Solo quiero eso con vos", y listo. 

Me miró sorprendido. Esperaba mis respuestas de hace ocho años atrás, pero yo le dí la respuesta de ocho años después... Es que para mí estaba tan claro, pero tan claro, que no dudé un segundo en que quisiera otra cosa de mí. 

- Bueno, pero no es tan así... - volvió a decirme. 

Me molestó que quisiera decorarlo. Me molestó mucho porque los años me enseñaron que las personas que te quieren se la juegan y él no se estaba jugando nada por mí. Solamente, se había quedado con ganas atragantadas y estaba despuntado un pendiente lleno de confusión y ansiedad. Pero ¿algo más que sexo? ¿Quién se arriesgaría a pensarlo? La gente que te quiere bien, estoy convencida que no deja pasar diez años sin venir a buscarte. 

- Javier - le dije, exasperada por el decorado que le ponía a su calentura - ¿Vos creés que yo voy a querer que me garantices algo en la situación que estamos los dos? 

Me miró, muy serio, entonces, seguí: 

 - No voy a querer que me llames, Javi. No voy a esperar que me llames.  Yo salgo con alguien, vos salís con alguien ¿me entendés?  Esto es lo que es y punto. No tenés por qué disfrazar nada, yo entiendo que lo único que querés es tener sexo conmigo y sacarte las ganas. Sentís deseo por mí y punto. Ponele el nombre que quieras, sexo, deseo, calentura, pero es eso solo , no hay otra cosa, es obvio - le dije - Nadie va a dejar nada acá, ni cambiar nada, ni preguntarse nada, ni mucho menos sufrir más. Olvidate - añadí, siendo tajante.

La energía masculina que yo desprendía en ese momento pobló toda la cocina. Y la confusión de Javier, también. Él no se daba cuenta de que estaba tratando de saldar una deuda muy dolorosa de la chica de diecinueve años usando la mentalidad y la frialdad de los veintisiete.  No entendía ése detalle capital que, en cambio para mí, lo explicaba absolutamente to-do.  La chica a la que había dejado tirada como un perro estaba parada, un poco diferente en su aspecto, frente a él nuevamente y estaba saldando las cuentas.  La misma chica a la que había dejado tirada, le estaba hablando. Estaba, cegada por la necesidad de tomar partido y ganar la apuesta, cambiando el final de una historia que debería haber quedado como estaba. Estaba usando el cuerpo que le permitía acceder a su vida nuevamente para cerrar una etapa del pasado que todavía quemaba.  La chica de 27 se estaba mandando una gran cagada alentada por aquélla del pasado, que con 19, le decía "esto no puede quedar pendiente otra vez, no puede pasar todo de nuevo".  

- Sí, tenés razón - dijo, frotándose el rostro Me siento un pelotudo.  Pero... no quiero lastimarte y no sé, yo no sé cómo voy a reaccionar... ¿entendés? 

- Sí, te entiendo. Igual esto es algo que se cae de maduro... Yo te lo dije la vez pasada como una situación hipotética ¿te acordás? Los dos estamos con alguien más y no se plantea cambiar eso. Nosotros el otro día decíamos que vos y yo tenemos un recorrido con otras personas y que con el otro tenemos solo sexo pendiente ¿no?  - le aclaré y le pregunte, muy fría. 

- Sí - musitó. 

Me miró fijo. Muy fijo y recibiendo mis palabras un tanto cauteloso. 

- ¿Y entonces? - dije, como pidiéndole solapadamente que no me dijera estupideces. 

- Necesitaba decirlo... - me dijo.

Lo mire, con sorna, pero al mismo tiempo, bajé la defensa.  Era movilizante decirle todo lo que le estaba diciendo al mismo hombre por el que ocho años atrás hubiera dejado absolutamente todo. Con el que quise todo. Con el que llegué a imaginar casa, perro, una familia, convivencia, o lo que fuera.  Cosas que, de hecho, jamás me atreví a volver a soñar con nadie más hasta ahora. Cosas que no sé si volveré a sentir en alguna otra ocasión. 

 - Está todo bien... Lo podés decir... pero a lo que voy es a lo siguiente: ¿por qué antes de decírmelo a mí no te lo decís a vos? - le ofrecí - Yo no me adelanté ni dije nada... Pero sí creo que estás tratando de dejarte en claro a vos mismo las cosas y... me parece que quizá te estás arrepintiendo de lo que me dijiste el otro día. Y está bien, lo pensaste mejor... 

- No, arrepentirme no. No me arrepiento para nada de todo lo que te dije. Es la verdad. Es toda la verdad todo lo que no te había dicho antes...  Pero... - suspiró - sí, tenés razón, lo digo para convencerme. Si. Yo necesito convencerme. No quiero que sufras, vos. 

"Vos no querés sufrir, Javier, qué novedad, como siempre cuidándote el culo", pensé. 

 - Me doy cuenta... Es como si quisieras convencerte. Pero esto es físico. No hay otra cosa. Vos me dijiste eso. Es eso de mi parte también. 

- No, es que... Bueno, sí, te lo digo a vos y me lo estoy diciendo a mí también. Necesito marcar eso muy bien. Yo necesito marcarlo. Saber que esto es esto y lo demás, es lo demás. Y que esto es así y punto ¿si? 

"Más vale", pensé. 

   ¿Te sentís en la necesidad de aclarármelo? - le dije, mirándolo con sorna -  Para mí es obvio, pero está bien... Aclarado. Explicitado. Por las dudas. Super blanqueado - enfaticé. 

Javier se me quedó mirando. Fijamente. Admito que pronuncié cada palabra fría y limpia de sentimiento para dejarle en claro que esto era algo despojado de amor. 

Hoy entiendo que en ese momento yo gozaba estúpidamente con la idea de que me viera fría. Me daba placer no darle el gusto de verme desarmarme bajo sus ojos, como realmente me sucedía por dentro. Me estaba deshaciendo, rompiendo entera, y sólo podía pedir a Dios que fuera incapaz de verlo como siempre.  La mascara con la que protegía todo el dolor anterior, resultó suficiente para ponerlo contra las cuerdas. ¿Una pequeña venganza? Quizá. El dolor lleva a hacer cosas de mierda. Y yo no pensé, hasta ese momento, que mostrarme fuerte por todo lo débil que había sido consigo en el pasado pudiera darme placer.  Pero algo parecido me daba. Aunque tiempo después haya descubierto que terminaría escupiendo veneno por ese placer mal habido de la venganza. 

-   Dios, no me mires así - me dijo, quejándose, porque seguro lo estaría mirando con la parte lastimada, que moría por salir de mis ojos y yo acallaba con mis neuronas - yo necesito tenerlo en claro. Porque vos conoces mi situación. 

- Es la misma que la mía, si - enfaticé.

"No me vas a confundir otra vez", pensé.  Me miró con ironía. 

- Bueno. Por eso - dijo, nervioso. 

- Sí, por eso.  Vos conoces la mía... Es exactamente lo mismo - insistí.  

Se rió y suspiró. 

- Si, víbora.  

- ¿Qué más me querés contar, estúpido? - le pregunté. 

Me miró. Sonrío con calidez y me preguntó qué quería comer. Después de eso, hablamos un buen tiempo más de cómo nos habíamos sentido en los momentos previos al camino de ser dos personas completamente distintas a las que éramos antes del 03 de abril. El día que implicó habernos reencontrado casi diez años después de aquél 2013 donde nos conocimos y haber saldado una deuda que, pensamos (lo charlamos y realmente lo pensamos) no podríamos saldar nunca. 

III 

junio 2022

- ¿Por qué decidiste comenzar terapia? ¿Habías hecho antes? 

- Sí, hice antes. Pero decidí retomar porque hace un tiempo me pasó algo que no pude poner en palabras con nadie y necesito hablar del tema con alguien. Entender. 

- ¿De qué se trata? 

Inspiré hondo. Muy hondo. 

- Hace años, conocí a una persona de la que me enamoré. El me rechazó en ese momento, fue algo complicado, pero todo terminaba en que se alejó de mí siempre. Siempre. Jamás tuvo el valor de ser consecuente en ese rechazo, porque yo le gustaba pero no quería tener nada conmigo y ese era un gris muy doloroso realmente... Lo quería mucho yo, y cada sí era genial y cada no era un espanto. Nos alejamos.  Pero durante muchos años nos seguimos viendo por actividades culturales en común y no nos hablamos casi. Pero estábamos siempre con un pendiente y una tensión sexual muy fuerte. 

- ¿Hubo acercamientos entre ustedes que hicieran pensar que le gustabas? 

- Si. Besos, contacto físico, todo. En ese momento, llegamos a una determinada situación que daba cuenta del deseo, sí. Obvio. 

- ¿Y entonces ahora apareció? 

- Sí. Volvió. Pero estoy saliendo con otro hombre y él sale con otra persona. Ambos estamos en otras cosas hoy...  Y pese a eso - hice un esfuerzo por no llorar - hace poco nos reencontramos de casualidad... y el me confesó muchísimas cosas que no había podido decirme cuando yo era más chica. Y yo me quedé paralizada porque lo había sabido siempre pero pensé que jamás me lo iba a poder poner en palabras ¿sabés? Esa situación a mí me cambió todo... 

- ¿Pasó algo más, después de que te dijo esto? - me preguntó. 

 - Después nos volvimos a encontrar... Y - tomé aire - tuvimos sexo.  

Me quedé callada. Era la primera vez que lo decía en voz alta. Mi terapeuta se quedó en silencio, esperando que agregara algo más: 

-  No sé que me pasó. No entiendo que me pasó y vengo acá para poder entender por qué hice esto tan feo...  Fue como si todo lo que quise evitar durante todos estos años ganara. Cómo si no fuera yo... Aunque obvio que fui yo, no me eximo de la responsabilidad de mis acciones... Sólo que algo me pasó muy fuerte y muy raro que no pude entender el error que estaba cometiendo.  Porque, además, yo quiero mucho a la persona con la que salgo. Lo re quiero. Y respeté durante muchos años a la persona con la que él sale.  Osea, no lo hice queriendo hacer mal, pero lo hice igual ¿entendés? Y eso no está bien. 

- ¿Cuántos años tenías como se conocieron? 

- Dieciocho años. Pero todo comenzó a mis diecinueve. 

- ¿Y lo querías? 

- Me enamoré. Fue la única persona de la que me enamoré hasta ahora. Lo que me pasa con quien estoy ahora, Galeno se llama, es diferente. Igual es lindo. Pero tendría que pensar qué es enamorarse hoy por hoy, y no sé. Yo sé que de Javier me enamoré. Después no entiendo qué me paso, y me da mucha culpa haber lastimado a alguien con esto, daría lo que sea por borrarlo. 

- Quiza podemos empezar pensando por qué no le dijiste que no. ¿Qué te llevo a ir a su casa esa noche? 

Me quedé en silencio. 

" Cambiar un final " , pensé. 

- Pensar que iba a entender algo. Cambiar algo. No sé. Yo fui. No pensé. Fui. Tuve la oportunidad que no había tenido en casi diez años y no pensé. Fui. Y ahora no entiendo cómo no pensé, cómo no me di cuenta que no había nada por cambiar. Porque sí, ahora cambió todo, cambió el final para siempre, todo tiene otro sentido... pero no es aliviador. No me hizo sentir mejor. Reemplacé un dolor por otro. 

- ¿Actuaste por impulso? 

- Sí. Sin dudas. Fui y lo hice. Sin darme cuenta realmente lo que estaba haciendo y haciéndome. 

- Como si tuvieras diecinueve años - musitó - Como si fueras esa chica impulsiva que me comentabas que eras a los diecinueve años. La que tiene una oportunidad y va y después piensa.  Que no es la chica de veintisiete años de hoy, que eligió a otra clase de persona para tener una relación y pensó mucho y se tomó su tiempo, etc. 

Los ojos se me llenaron de lágrimas. Algo se modificó en mí. 

- Puede ser - musité - Yo le dije a Javier que la mujer que era hoy no lo elegía más. Y realmente sentí eso. Jamás me fijaría en él hoy. De hecho, Galeno, es totalmente diferente y nuestra relación se basa en la comunicación, en la confianza, él no tuvo problemas para quererme.  Javier sí. Y cuando lo ví, en esa postura, me di cuenta que es un tipo patético... Pero aun sabiendo todo eso, sabiendo que es un pobre tipo, que no me merece, fui y me acosté con él.  ¿Cómo puede ser? 

- Quizá le pusiste el cuerpo a algo que le quedó pendiente a la chica que eras a los diecinueve años. Pero sabiendo todo lo que sabés ahora, más grande, con veintisiete. 

- No sé. Pero yo sé que no tendría que haber hecho eso. Que nadie se merece que le hagan eso. Yo no hubiese querido hacer esto jamás, por eso de hecho respeté todo tantos años, y no entiendo qué pasó.  

- Y no te lo perdonás, tampoco. 

- No, no puedo.  Siempre tuve otros códigos yo, no sé cómo perdonarme. Jamás pensé que iba a ser capaz de hacer algo así. Siempre supe que yo era, o soy, leal. Estaba segura de eso más que de que me llamo Veinte. Y ahora no sé. Me siento una mala persona. Siento que no me merezco nada de lo que tengo. Pero yo sé que no soy mala... Me equivoqué. Y no sé, entiendo que me equivoqué, pero me siento mal. No me reconozco. 

- ¿No lo ves como un error que cometiste? Porque podrías decir "bueno, me equivoqué, ya está, aprendí", pero vos no lo ves así... Te la pasás castigándote. ¿No pensaste que él tampoco pensó en cómo estabas, en tu vida, en vos, cuando te puso en esa situación? Porque vino a decirte todo esto pero no te preguntó si querías escuchar. Y estaría bueno que pienses en esa parte, también.  Más allá de lo que hiciste, o cómo reaccionaste, para ver esta situación desde otro punto de vista.