Como el viernes me insistió mi terapeuta, el juicio de Javier no es algo que yo tenga que aceptar. Me preguntó sobre el tema, le expliqué que no habíamos vuelto a hablar y le dije que yo estaba viendo dónde acomodaba lo que me dijo. "Estoy viendo si lo puedo llevar como una roca, o en una bolsa", argumenté. Y ella me preguntó por qué iba a cargar con algo que no era mío, por que sentía que tenia que acomodarlo, o cargarlo, si no era lo que yo pensaba de mi. Porque no es tuyo, me dijo, eso es algo que salió de él. Esas palabras no son tuyas, son de Javier, y tienen que volver a él, sin que vos las cargues. No te corresponde cargar con lo que no es tuyo.
Y si. No lo lo habia pensado asi hasta ahora, pero es verdad. Es que ese "al final resultaste muy puta" que me dijo, para mi fue devastador. Pero en el fondo sé que no es cierto. Yo no soy una puta, aunque Javier lo crea y me lo haya dicho. Y como no lo soy, su vision no deberia ser algo que yo me crea ni que acepte, ni que interiorice. No deberia ser algo que tenga que adaptar ni acomodar, porque aunque me cueste verlo, no es algo que me defina ni que defina mis posibilidades de construir vínculos sanos. Es algo que él dijo de mi, o que él me dijo, pero no significa que sea verdad, o que sea justo, o me describa realmente.
Yo siento es decirme eso fue muy injusto, por ejemplo. Pero ¿por qué lo siento? Porque en el fondo, sé lo que soy, lo que me pasó por dentro, mis intenciones, aun mismo en aquellos momentos donde cometí errores. Y me parece muy cualquiera que venga él, justamente, a decirme que tan puta o no pueda soy.
Sé que me equivoqué consigo. Me equivoqué horriblemente, no tendría que haber compartido nada. Sé que la pifié. Si, me equivoqué hasta el fondo. Pero no quiero que este error me defina. Sí. Me mandé una cagada. Pero nada justifica que me humillen, que me hagan sentir mal, ni que me degraden. Javier también se equivocó engañando a su novia conmigo por años, desde la intención o el hecho, (dá lo mismo), pero yo no lo juzgué. Ni lo acusé. Ni degradé. No le dije mientras me proponía cada vez cosas más disparatadas "al final, resultaste un hijo de puta, sos un infiel, egoísta, mal tipo". No. No se lo dije. Porque había una línea qué no quería rebalsar y porque no quería hacerle daño.
Sin embargo, Javier rompió todos los límites. Rebalsó todo. Y en esa avalancha que desató con su degradación, me hizo repensar muchas cosas. Entre ellas, quién soy.
Acepto mi error como una manera de saber que no voy a volver a repetirlo. Se que no hice esto por maldad, sino por necesidad de ser amada (sí, finalmente vista, amada, tenida en cuenta de algún modo) por alguien que nunca me valoró. Y no es fácil para mi decirlo, pero es la verdad. A veces uno no se cuida, no se preserva, no se trata con amor. Y con Javier hubo demasiado de eso. De pretender ser vista por alguien durante años. De pretender lo imposible.
Hoy lucho por no creerme eso de que por disfrutar soy muy puta. Y hacer este movimiento de no creerme lo que me dijo, de saber que esa bajeza salió de su boca edificando la persona horrible que es, no es fácil, pero es muy importante. Porque de mi boca, salió de todo, pero nunca algo así.
Javier me influyó siempre y creí mucho de lo que dijo. Su mirada, o la ausencia de su mirada, condicionaron muchos años de mi vida. Siempre busqué ser vista por él, ser bien vista sobre todo, considerada, amada. Siempre quise ser tenida en cuenta, concebida como importante. Por eso, todo lo que él enseñaba para mi era tan elemental hasta ahora. Era como una micro chance de que quizá un día el se diera cuenta de que yo era valiosa.
Por eso, su juicio negativo, tuvo un peso tan grave. Porque que el juicio final de la persona que más deseaste que te ame, sea decirte "al final resultaste muy puta", es la destrucción de todo. El vuelo por los aires de montones de cosas que no sé si quiero conmensurar con detalle. Pero también era necesario romper con eso, darle valor a la opinión de alguien sobrevalorado.
Durante estas semanas, me culpé por lo que me dijo. No pasó ni un mes del hecho pero tardé unos segundos solamente en culparme. Me dije que si no hubiera ido, no me hubiera pasado eso. Que no me habrían humillado así. Sin embargo, el viernes en terapia mi terapeuta insistió también en que no podía estar preparada para eso, que no podía saber lo que me iba a decir.
Y eso es verdad. Eso es algo que, además del disfrute sexual, yo no pude controlar ni manejar en ese momento. Yo no esperaba que Javier me dijera puta pero una vez dicho, el develamiento lo cambió todo. Lo vi como un mal bicho, alguien que me hizo una jugada. Y ahí, con eso, cambió todo. Inclusive, mi idea sobre la persona con la cual estaba compartiendo la intimidad, el erotismo, el cuerpo y la intensidad... Porque una vez que lo dijo, se trató de reaccionar y resguardarse.
III.
Y eso estoy haciendo hace 3 semanas desde que pasó esto con él.
Ayer, sin ir más lejos, lo eliminé de Instagram y lo bloqueé en WhatsApp. Lo dejé de seguir, también. Algo que desde que lo conozco hace 11 años yo no había logrado hacer NUNCA. Hasta hoy. Hasta ahora. Todo tiene un tiempo bajo el sol y a él le llegó su tiempo de ruptura y de olvido.
¿Si me costó hacer eso, quemar todos los puentes? Si. Porque Javier me influyó hasta ayer. Me preocupaba lo que él pensaba de mi. Pero ya está. Ya prendí fuego todo y nunca me he sentido más libre y más conectada conmigo misma como en este momento donde eliminé al fantasma de mis redes. Al que me trató de puta pero me miró todas estas semanas las historias. Basta. ¿Por qué seguir siendo la puta viviente bajo sus ojos, no? Se acabó.
Bloqueado por todos lados. Por faltarme el respeto, por cagarse en los códigos, por tratarme de puta y por ser un tipo nefasto, que se dió el lujo de juzgarme. De decirme que al final había resultado muy puta. Muy puta, sos, añadió encima. ¿Qué le faltó? Tirarme plata en la cara, quizá. Nada más degradante. Por eso, merecía ser borrado, excluido, marginado de mis espacios físicos, virtuales, reales.
Porque ni siquiera merece espiarme. Ni siquiera merece verme feliz como sé que lo voy a volver a ser. Es simplemente un desecho. Un cínico, un borracho triste, machista, con la mente vieja y el corazón más arrugado de su cara.
Hoy empieza para mi una etapa nueva. Pegué el portazo con el afuera. No pegué el portazo para irme como lo habia hecho en febrero. Pegué el portazo para quitármelo de encima. Para sacar al invasor de mi vida, para no absorber mas de su miserable vida.
Y este gesto que puede parecer tan tonto, significa mucho para mi. Un movimiento interno lo produjo. Porque si antes no lo hice fue por pensar que estaba mal que Javier se diera cuenta de mi enojo, o de mi dolor, o porque iba a pensar qué yo era una tonta. Pero ahora ¿qué importa lo que él crea? ¿Qué importa lo que él piense, si para mi es un ser nefasto del que ni quiero volver a saber?
Se trata de sacarlo a patadas en el culo de una vida. Que se vaya con su dedo acusador y su machismo a otro lado. Que busque a otra de objeto manso. Ni idea. Yo sé que conmigo, no va a joder más.
Eliminarlo de las redes, borrarlo de todos lados, no es estar enojada como una adolescente. Es poner límites y no dejarse comer el coco por nadie. Es poner un límite ante un falta de respeto en todas las capas de una vida. Las concretas y las vvirtuales. Es quemar posibilidades con una persona que me denigró y se aprovechó en un momento de guardia baja. Es cuidarme de esa mirada donde no van a ver nada más de mi que lo puta que resulté, que lo puta que soy, que si disfruto mucho, o poco, o demasiado.
¿Para qué dejar que alguien que me concibe de esa forma tenga acceso a algún aspecto de mi vida? Y encima, la siga mirando. Me parece mejor sacarlo a patadas en el culo. Javier puede pensar lo que él quiera de mi, pero eso será de lejos. Que soy muy puta, que me enoje y lo borré, que es infantil mi actitud. No me importa ya. Porque yo estoy pensando ahora mas allá de su juicio, por mi y por lo que me hace mejor. Y me siento mejor así.
Sé que si quiero construir una vida emocionalmente sana, tengo que mantenerme lejos de él, de su mirada, de su mierda, de su casa, y cerrarle todas las puertas. No porque ahora me influye sino porque no merezco ser juzgada por él. Mi placer, mucho menos. Y tampoco merezco, en ningún caso, ser denigrada. Y todo eso es un motivo totalmente suficiente para tomar cualquier decisión.
No ha nacido persona que tenga derecho a maltratarme con sus palabras o sus actos. Eso fue algo que me repetí siempre. Y Javier, no es la excepción. Jamas volveré a permitirle tener una ventana donde juzgarme, decirme si piensa o no piensa lo buena, o puta, o mala o hija de puta qué soy. Eso es su pensamiento, algo que un hombre de verdad jamás hubiera dicho a una mujer.
Él me trató de poca mina. Yo sé hoy que es un poco hombre que se animó a tildar desde sus 50 y largos años de puta a una mujer de 30, que no es puta, es libre de tener sexo como quiera. Y usa esa libertad pero ojo, no puede usarla tanto porque no vaya a ser cosa que sea una puta, según la óptica del señor.
Por suerte, hoy soy libre. De ese poder sobre mi que quiso poner y no pudo, pobre débil. De esa manipulación que no le salió del todo. De la vez donde me dijo puta y todo el andamiaje del viejo pistola se le cayó.
Él puede tener su opinión al respeto. Yo tengo la mía. Y cada una habla de la persona que es.
Yo, reaccioné y reacciono a algo que no puede ser perdonado. Y realmente, si bien estos primeros momentos se sienten extraños, porque es haber expulsado al invasor, se que son el primer paso hacia una cosa muchísimo mejor. Es claro, volvemos cada uno al lugar donde pertenece. El a las sombras, yo, a mi propio sendero lejos de su mierda y de su mentalidad retrógrada.
IV.
Por eso, y por todo, necesito entender qué si soy hoy, que hay de deseo y qué le dá sentido a mi recorrido. Porque después de tanta mierda, hay vida finalmente. Lejos de esos conflictos y de esas cosas feas.
Es un buen momento para recuperar mi historia. Quien he sido y todo lo ajeno que construí más allá de la mirada machista y cruel de un tipo nefasto, al que durante muchos años amé mucho. Aquél tipo que terminó por enterrarse para siempre con una sola palabra. Al que amé si, amé pero jamás le permitiría una falta de respeto como esta.
Simplemente, no es aceptable. No veo por qué tenga que soportar algo así. No me parece que haya nada que lo justifique.
Saber que he podido tomar esta decisión de borrarlo de todos lados, es el primer paso firme para rehabilitar mi coherencia interna. De volver a ser confiable para mi. Algo que siempre fue muy importante en mi escala.
Si me dije a mi misma durante este tiempo que era injusto, que no me merecía esto, que esto no era perdonable, no se podía esperar menos que eliminar sus vias de contacto, para empezar. Yo no podía esperar menos de mi. Yo no podía permitir que esto pasara de largo. Que me dijera puta y que todavía tuviera mi teléfono o el Instagram para volver a llamar casi como si me quisiera poner precio. No. No podia permitir que se creyera que decirme cosas horribles me iba a dar igual. No. Porque no fue igual. Y había que poner un límite.
La noche de domingo, un domingo como este, frío también, donde Javier me dijo puta, yo también lo insulté. Le dije de todo. Después, al otro día, le pedí perdón por haberlo insultado, porque consideré que yo no tenía que ser la misma mierda que él. Después de eso, no dudé ni un segundo en volver a hablar consigo. Desde el instante cero, aquellas fueron mis últimas palabras. Y no me quedó nada pendiente.
Después, la verdad, ya no se trató de él. No me planteé nada. Esa vivencia pulverizó todo deseo. Tampoco pensé en borrarlo como pataleo. Más bien, empecé a pensar en mi. En lo que significaba para mi lo sucedido. En lo que yo necesitaba hacer. En la defensa y en el cuidado de mi integridad emocional. Y en la libertad de ser yo misma. Y lo único que me nació fue alejarme para siempre de alguien así. Y de ahí, que sacarlo de las redes sea una manera de ejecutar algo de eso.
Recordé que con Galeno habíamos tenido esos juegos. Sí. Lo habíamos charlado, nos habíamos copado con la idea y habíamos ido cumpliendo fantasías juntos. La habíamos pasado bárbaro. Y todo había sido en un ambiente de respeto. Porque claro, no es la palabra solamente. Es quien la dice y como acompaña esa palabra. Si alguien integro la usa para encenderte o para lastimarte.
Galeno, en otro momento de nuestras vidas, usó palabras subidas de tono. Yo también consigo. Y jamas sentí algo negativo con ello. Jamas le vi el sentido agresivo que sí noté en las palabras y últimas actitudes de Javier.
Por esto me di cuenta que Javier es una mala persona. Y cuando realmente comprendí eso, abrí la puerta de mi vida, lo empujé para afuera, y la cerré con fuerza.
Me siento aliviada.