martes, 25 de octubre de 2022

Escalofríos

 Ayer pasé por primera vez en todos estos meses por la puerta de la casa de Javier. Venía en auto, desde la universidad, cuando el conductor tomo esa calle. Y miré. Obvio. Siempre voy a querer mirar. 

Un escalofrío me recorrió completa. Me sacudió levemente. 

La casa de Javier es oscura en el frente. Así de oscura, me acordé que era todo la noche donde tuvimos nuestro encuentro después de muchos años. Volví a ver la reja que había atravesado. Recordé la imagen de Javier viniendo a abrirme la puerta. Su casa. Volver a ver su casa por dentro después de casi diez años. 

¿Qué fue lo que más me impactó, lo que recién puedo poner en palabras ahora a la distancia, cuando pensarlo no me duele tanto? 

La última vez que habíamos estado solos en esa casa había sido la noche en que Javier me dijo no poder sentir amor por mí y dónde además me dijo que íbamos a tener que aprender a vivir con lo que nos pasaba. "Es así, Veinte, tenés que tratar de entenderlo. No te enojes conmigo, por favor".  Esas habían sido las palabras de Javier ocho años antes. En su casa. En la misma mesa. 

Había salido de esa casa destrozada. Con el corazón en mil pesados. Y recordar ese escenario por años me había hecho llorar. Esa charla en su cocina era la noche que me había cambiado el corazón. Y nunca quise volver ahí de forma deliberada. Era como si volviera para encontrarme con el lugar físico donde transcurrió un hecho que me había marcado demasiado. 

La siguiente vez que estuvimos solos en esa misma casa fue este año. Me hizo pasar al mediodía de casualidad producto del encuentro, pero todo fue peor aquella noche porque no había diferencias casi con mis recuerdos. Mirando todo con recelo y con una gran sensación de confusión con la vida,  Javier me preguntó si no lo iba a saludar mientras me abrazaba. Lo abracé. Lo abracé porque era él. Porque había sido él.  Y porque yo era, a fin de cuentas, yo.  ¿Cómo podíamos estar en ese mismo sitio? 

- ¿Te puedo dar un beso? - me preguntó luego de un rato de charla y de comida juntos. 

- No. Vine a hablar de cosas serias. 

- Esto es serio. Re serio. 

- Ya se. Pero que me quieras dar besos no es serio, Javi. ¿No podemos no querer más que esto? Pensemoslo. 

Me miró fijamente. Lo miré esperando que me dijera que tenía razón. 

- Si. Pero quiero todo. 

- Maldito, no estás colaborando en nada - le largué. 

- Es que ya no quiero hacer eso... Vení - me susurró con ternura. 

Lo miré muy fijamente y me quedé muy quieta. Suspiré y le di la mano. 

- No te voy a seducir más. Te lo prometo. ¿Si? 

- Bueno, Javi. 

- ¿Me crees? 

- Si, hago el esfuerzo. 

Se rió. Me reí también. 

- Bueno. Pero... Te quiero pedir una sola cosa... 

- Decime. Y que no sea tener sexo. 

- Quiero hacerte mimos. 

- No. Mimos no. 

- Por favor. No te pido que nos acostamos. Mimos. Solo eso. 

- ¿Para qué? Mimos no. 

- Mimos. Quiero hacerte mimos. Nada más.  No es malo eso. No te voy a obligar a nada. Te respeto. 

Lo miré y sacudí la cabeza. 

- Yo no digo que sea malo. Siento que no se puede. Los mimos... No. 

- Por favor. No me importa más nada. Quiero hacerte mimos. ¿Por qué? ¿Por qué no querés que te mime un rato? ¿Que querés que haga? ¿Te puedo tocar, hacerte un mimo? 

-Si, Javier. 

Me acerqué a Javier. Me abrazó. Me senté en su regazo y me quedé mirando un punto fijo unos segundos. Lo miré juntando mucho valor tantos años después. Volví a bajar la vista. No lo podía creer. Por eso lo miraba y miraba para otro lado. No lo podía creer. 

Me corrió el pelo del rostro, mirándome, y peino algunos mechones.  Yo no lo miré. Continué mirando un punto fijo. Hasta que Javier me dio un beso en el hombro y lo miré. Me acarició la frente y me peinó un mechón de pelo detrás de la oreja. 

- ¿Por qué querés hacer esto? No entiendo... 

Javier me miró y sonrió. 

- Me moría de ganas de hacer esto... De tenerte así sentada conmigo. Tenés un pelo hermoso. 

Lo miré y le acaricié la frente. Me estaba acariciando con demasiada ternura. Suspiré. Lo acaricie sin decirle nada. Entorno los ojos.

- ¿Vos tenés idea de lo que me estás diciendo Javier? Es una locura. 

- No. No es una locura. Es la verdad. 

- Quiero volver a mí silla. 

- No. Pará. ¿Por qué? Te juro que no te voy a manosear. Son mimos. No es sexual. Quiero estar así con vos. Te juro que no te hice nada sexual. 

- Ya lo sé. Pero necesito volver. 

- Nooo. Por favor. Quédate un rato más. 

Apoyé la cabeza en su hombro. 

- No se puede Javi. No podemos ahora. 

- Vení. Abrázame. Me muero porque me des un abrazo. 

Escondí mí cuerpo en el cuerpo de Javier. A la altura de su cuello, hundí todo mí rostro. 

- No puedo - dije en voz muy baja. 

- ¿Que no podes? - me preguntó dándome caricias en la espalda y haciendo de escondite humano para mí cabeza. 

- Volver a mí silla. Estoy haciendo esfuerzo como nunca hice. Y no puedo volver. No puedo Javier. 

Aplasté la cabeza en su hombro. 

- No vuelvas. No quiero que te sientes sola. 

-No te puedo abrazar 

- Si. Por favor. Tenía muchas ganas de que estuvieras arriba mío y abrazarte. Siempre quise hacerlo. Siempre. 

Me quedé en silencio. 

- Yo te quiero abrazar - musite. 

- Hacelo. Por favor. No te quedes con las ganas. Abrázame, por favor. Yo también quiero abrazarte. Abrazame. Dale. 

Saque la cabeza de mí escondite. 

Lo abracé muy fuerte. 

- Pensé que nunca más iba a poder hacer esto - musite. 

- Yo también. Abrázame fuerte - dijo. 

Lo abracé más y más. En cuanto me separé, Javier me dio un beso casto en el hombro y otro en el cuello. 

Un momento después, nos acercamos mutuamente y nos dimos un beso. Fue un beso muy apasionado. El beso que lo perfiló todo. Que lo inundó todo. 

- Vení - dijo. 

Y me levanto de un tirón mientras me agarraba fuerte de todos lados. A los besos, llevándose todo lo que sd podía llevar por delante, me condujo a una salida de su dormitorio. Y después, me sentó en su cama. 

Me lo quedé mirando, sentada en su cama, cómo en otra vida. Lo vi desnudo frente a mí, lo vi mirarme hasta quedarse sin ropa. Y entendí que los años habían sido solo una dilatación. 

- Que se vaya todo a la mierda - me dijo, y se acercó a mí. 

Finalmente. 

II 

De todo eso me acordé anoche cuando pasé por la puerta de su casa. 




























sábado, 22 de octubre de 2022

La potencia

 Una de las particularidades que tiene mi universidad es que está en el límite con una ruta. Y en esa ruta, además de pasar camiones, se nuclean los principales hoteles alojamiento de la zona.  De hecho, hay rumores históricos de estudiantes emparejados que se fueron ahí luego de clases, o bien, de profesoras/es que se fueron con alumnos y viceversa a - ¿cómo decirlo? - regularizar la materia orgánica y fisiológica que para mucha gente simboliza el acto sexual... 

Si bien desde el primer año de cursada supe de su existencia, lo cierto es que nunca me importó demasiado que esos hoteles cercanos a la universidad. Siempre lo tomé como una anécdota propia de la pertenencia académica y los mitos conformados alrededor de ella. 

Justamente por eso, el otro día, en una charla familiar, salió el tema de los lindos paisajes que podía ver desde la facultad de Económicas, puesto que tenemos un campus enorme donde todo es descampado a la redonda. Esos atardeceres de ensueño que suelo fotografiar a través de los años porque toda mi vida he amado el cielo, están a veces interrumpidos por la fachada de un hotel famosísimo. 

- Sí, además de los atardeceres lo único que ves son los edificios de las universidades y los hoteles. En Económicas se ve la fachada clarita de "XXXX"  - les comenté a mis hermanas. 

Relajada, en una charla de domingo al aire libre, en sobremesa, y en frente de toda mi familia, una de mis hermanas bromeó: 

- ¡Y te tentás! 

Nos reímos las tres a coro. 

- ¡Callate, tarada! - le dije, riéndome - ¿Con quién me voy a ir? 

- Con un Contadorcito, un compañerito - me dijo, siguiendo con la broma - O con un profesor. 

- Lo único que me falta, boluda, terminar con un profesor de la facultad de Economía. ¡No me jodas! ¡Sería el colmo! - expresé, siendo que los muchachos de económicas no fueron objeto de mi mirada hasta ahora. 

- ¡Veinte! - me dijo mi hermana mayor - ¡Dejá de salir con viejos! ¡Probá la potencia, por favor! 

La miré y la sonrisa se me nubló del rostro. Le hice una cara que lo explicó absolutamente todo. Por respeto a mis padres no contesté absolutamente nada sobre definiciones de potencia. 

- La verdad es que si te tengo que contestar, te voy a decir una barbaridad. No hablemos, mejor. No me estires la lengua - espeté, con ironía. 

Mi hermana se dió cuenta que había metido la pata y junto con la otra disimularon. 

- Es que vos encima lo contás con naturalidad - dijo una - ¡No queremos saber! 

- ¿Lo voy a esconder? ¿Eso también? - les dije - No me rompan más las pelotas. En serio. Dejense de joder. Ya estamos todas grandes, así que cada una haga lo que quiera - dije, y las miré con cara de "váyanse bien a cagar". 

II

Lo he hablado mil veces con Galeno. Para nosotros la diferencia de edad que tenemos es un dato más que hace e hizo a nuestra relación. Sabemos que está, sabemos que forma parte de ella, pero no la caracteriza. No se construyó ni a favor ni en contra de ella. Simplemente, se construyó con confianza, respeto y una inexplicable conexión que nos llevó puestos y por caminos que no hubiéramos imaginado. 

Cuando él y yo tocamos el tema de la edad - que de hecho con los años lo hemos empezado a tocar más -, yo siempre le digo que por ninguna opinión lo dejaría de querer. Y eso incluye a mis propias hermanas. E implica haber acordado mantener una relación de ambas partes lejos de las exposiciones de las redes sociales y de juicios innecesarios que puedan llegar a molestar nuestra paz. 

Si bien ya salimos hace años, y si bien para mí la edad de Galeno es solamente un dato más de toda una historia entre dos seres humanos, mis hermanas no han llegado a entender ni a aceptar del todo la relación.  Aunque la respetan, no la entienden, ni la consideran normal, ni la conceptualizan como una posibilidad más.  Sienten que me estoy perdiendo de algo, que elijo a menos, que no vivo la historia tradicional. Que no puedo estar con una persona que tiene 53 años cuando yo tengo 27.  Y en estos comentarios, en estas charlas de relax al sol, esa hilacha trasluce y se les escapa. 

Galeno ya sabe que mis hermanas son así y no tiene grandes temas con eso. Confía en mi capacidad de poner los límites y de vivir la vida que quiero vivir. Y yo hago uso y pleno ejercicio de esa libertad poco conservadora que implica vivir lo más parecido a lo que soñé y a lo que anheló mi corazón en todos los aspectos posibles. Yo me quedo con la gente que apoya las decisiones que tomo, en éste caso, con Galeno. Y esos han sido mis padres. 

Mi padre, de hecho, me dice que Galeno siempre me saca fotos donde salgo linda. Yo no le digo nada pero, en realidad, Galeno me saca fotos donde estoy siendo feliz. Supongo que eso vuelve lindo a cualquiera. Que eso es , en realidad, la belleza. 

¿Y qué hay de la potencia? Cada uno sabrá. 

Para mí, es haberme animado hace años a dar un salto al vacío. A conocer a un hombre que me llevaba veintiséis años y se había venido de otra provincia en avión para verme. Para Galeno, fue sacar los pasajes y tomar un avión sin saber lo que se iba a encontrar porque - como me dijo siempre - se lo decían las entrañas. 

La potencia para mí, desde el día en que nos vimos por primera vez, luego de muchísimas charlas y llamados, fue que nos sentimos como conociéramos de toda la vida. De otra vida. Desde siempre. 

Y la verdad, me importa un carajo si alguien se toma o no el tiempo de entender o aceptar ésto. 

jueves, 20 de octubre de 2022

Desentramar la caída

"No me hagas desear más, por favor haceme el amor" musitó, a dos centímetros de mi rostro. Esa frase me ha acompañado desde ese día, hasta ahora, por temporadas. ¿Cuántas veces, desde que era una adolescente idealista de dieciocho años, había esperado que me dijera algo así o que me hiciera él su versión del amor? Muchísimas. 

Anduve años con el corazón hecho pedazos por no poder superar el rechazo a la elección de compartirlo todo consigo. La respeté pero no puedo negar que me dolió y me llevó años retirar esos votos de amor, guardármelos para mi misma, y luego, muy sorpresivamente, entregarle una buena parte de ellos a otra persona.  Me llevó muchos años pero además mucha confusión a la que traté de darle una explicación coherente para seguir adelante con mi vida. 

Con el pasar de los años, y cuando seguí adelante con mi vida, recuerdo que la vez donde Javier volvió a aparecer y me propuso por primera vez tomarnos un vino, corría el año 2021. Acababa de pasar una pandemia donde él casi se muere, donde yo me había distanciado de Galeno,  y donde no quería estar con nadie.  Al respecto, recuerdo haber tratado el tema en terapia. Haberle dicho a mi terapeuta de entonces que me daba indignación su actitud evasiva. Que yo me enganchaba con eso en términos que no podía manejar, y me negué a ver, pese a su inducción profesional, que todo eso era porque todavía Javier me importaba. 

- Yo sé que le pasa algo. Lo sé y sé que nunca se va a jugar por nada. Lo unico que pido es que me deje vivir la vida que armé tranquila. No le estoy pidiendo que me quiera porque no me quiere, ya lo sé, le pediría nada más que no tire piedras. Me costó mucho ponerle paredes a todo lo que formé como para que él me rompa los vidrios ¿entendés? - le dije - Eso es lo que duele, lo que llena de bronca. Te juro que me gustaría tenerlo acostado en la cama, todo desnudo, y decirle: "¿viste que te pasaban cosas conmigo, cagón de mierda?". 

II

más de un año después 

- Sos hermosa - suspiró. 

Lo miré, de una forma en que nunca antes lo había mirado por la posición de nuestros cuerpos, y sacudí la cabeza. 

- Shhh. No digas eso - lo callé. 

- Es la verdad. Sos hermosa. ¿Cómo vas a tener ese cuerpo, eh? ¿Cómo vas a besarme así? - me acarició el pelo, embelesado, francamente. 

- Javi, siempre fui así. Te avivaste tarde - le susurré, mientras lo miraba a los ojos y ese rito me quemaba por dentro. 

- Sí, sos así, maldita - dijo, y sonrió. 

(...)

- Me voy a acordar de todo esto - dijo, con la voz entrecortada.

- No mientas, Javi - lo burlé. 

Abrió los ojos y lo que ví en ellos me aterró. Brillo. Intensidad. Algo que me decía que lo que acababa de expresar por complicado que fuera era también cierto. 

- Dame un beso, por favor, besame vos - musitó. 

Le di un beso intenso, posibilitando que nuestras pieles exploten en el roce, y que pudiera hacerse y familiarizarse con un cuerpo que tantas veces había tocado para jamás en esta forma. Me deslicé sobre su cuerpo, entregada a lo físico, y lo agarré del pelo con fuerza mientras me apretaba entre sus brazos con mucha fuerza. 

- Todo esto me va a quedar acá - dijo, tocándose la frente, entrecerrando los ojos - para siempre. Todo aca ¿sabés?

- Sí, ya lo sé. 

- Sos una pendeja hermosa - dijo, casi con alivio, y se rió. 

- Por fin me estás diciendo todo lo que pensás - le dije, y no pude evitar que eso me elimine la fortaleza mental. 

- Si. Todo. Que tenés unas *** hermosas, también. 

- Javi, no quiero saber todo lo que te gusta de lo que estás viendo - exclamé. 

Me puse colorada. Se rió. Me hizo reir. 

- ¿En serio? ¿Por qué querés que lo sepa? Guardate esos comentarios de mi cuerpo, por favor. 

- Me encantan. Son perfectas. No me quiero guardar más nada, ahora, te quiero decir todo. Todo lo que pienso. 

Suspiré. Escuché otros elogios. Todo se desarrolló en un contexto de confianza, de camaradería, de pasión inmensa y peor intensidad, pero no de amor. O al menos, no de complicidad, de seguridad y de confianza íntima como la que yo acostumbro a tener. 

III 

Meses pasaron ya de ése día. Esa noche. Yo me di cuenta que es algo de lo que seguramente no me olvide por pensar que ha cambiado una gran parte de la historia. Y considero que él tampoco se olvidó, aunque ambos entendimos que era preciso y necesario seguir adelante con nuestras vidas. 

¿Por qué esto nos quedó tan claro? ¿Por qué ninguno jamás mandó un mensaje, por qué ninguno hizo un comentario más? ¿Por qué no nos volvimos a ver nunca más en cinco meses cuando en ese momento nos cruzábamos tres veces por semana de casualidad? A nadie se lo podría explicar, dado que seguimos viviendo a la misma distancia y casi haciendo las mismas cosas que un breve tiempo atrás. 

IV 

Después del encuentro consigo, hubo un montón de cuestiones además de la culpa que me tocó reconocer. Para mí esa noche además de ser un estallido fue un punto de alarma, una circunstancia de colapso. Un punto donde me di cuenta que para no cometer los mismos errores tenía que hacerme cargo de mí. Y que para hacerme cargo de mí debía conocerme, y entender, qué era lo que me había pasado, qué era lo que me había movido a caer en ese abismo. 

Ha sido difícil y doloroso volver a conectar con todo lo mío. Pero crecer tiene eso. Crecer por momentos es eso. 

sábado, 15 de octubre de 2022

Las paradojas tienen una fuerza superior

 Tantas veces amagó, pero tantas... que todo terminó pareciéndome la misma cosa.  

 Durante 2021, coincidentemente con un momento donde yo no estaba con Galeno, recuerdo que Javier apareció con el ofrecimiento. El de tomarnos un vino algún día. Ante ese ofrecimiento y después de retorcerme por dentro por la cantidad de sentimientos encontrados que aquéllo me convocaba, le dije : "dale, te agendo para 2022".  Estaba, por supuesto, siendo irónica.  Sí. Demás está decir que eso fue una broma. Yo le dije 2022 como podía haber dicho 2080, dado que me refería a lo imposible del encuentro y a mi necesidad de no poner en duda ninguna cosa. 

Jamás hubiera esperado que nos encontráramos en 2022 casualmente un día cuando yo estaba haciendo compras y pasaba por la puerta de su casa. Porque así fue. Un día me levanté, salí a hacer compras al supermercado, y volví a mi casa con una revolución que en ocho años no había sentido y con un vino en la mano.  Porque claro, cuando se me ocurrió decirle socarronamente que en 2022 nos juntábamos yo lo dije con sorna... pero la vida me lo tomó muy en serio. Y lo cumplió. Efectivamente éste año nos tomamos un Malbec cuando le dimos paso al principio del fin y, en su momento, otro Cabernet de despedida. 

Así fue como aprendí que las paradojas tienen una fuerza superior. Infinitamente superior a la visión de los seres humanos. Son la vida, la trama de la vida misma, diciendo: "¿viste que vos pensabas que no y al final sí? ¿Viste que fue en 2022?". 

II

Abril de 2022

- Vos no sos ninguna santa - me dijo Javier, esa noche - Me miras y me hablas de una manera que... 

Lo mire con sorna. Me cansó un poco el hecho de que siempre tuviéramos que echarnos la culpa por lo que pasaba como si fuera que eso nos ahorrara algo. Que nos justificara. Que nos sirviera de excepción o de salvedad para naturalizar algún fallo. 

- ¿Ahora tengo la culpa, entonces?  ¿Es eso? - pregunté. 

- Nooo. Pero a la primera cosa que haces, aunque sea preguntarme algo, yo quiero responderte, escribirte, irte a buscar a tu casa, hacerte el amor, agarrarte y ... Nada, un día me decís que no y te vas así y... Después...  

Me acordé el pelo, súbitamente acalorada y con las mejillas sonrojadas por el efecto del alcohol. 

-  Para mí fue muy difícil tomar esta decisión. No me lo esperaba, nunca me hubiese imaginado que serías capaz de decirme todo lo que me decís ahora con tanto relax - dije. 

- Sos guacha, igual...  Tus gestos, tu cuerpo, la mirada...  La forma en que me hablás y me decís las cosas. Sos directa, además, no tenés paciencia para nada... Me tirás, y me tirás, y me tirás...  

- ¿Yo te dije algo a vos después de ocho años? - le pregunté. 

- No... Pero después venis y me quiero morir... Me muero de culpa y me muero de ganas de estar con vos... 

- Ya sé que no tendría que venir, pero... Para mí también es difícil. 

- ¿Qué es difícil? 

- No querer venir... - musité. 

- Dios mío - dijo. 

- Bueno, vos querés que te diga lo que me pasa y ésto es lo que me pasa. No pude no venir. No me pude quedar en mi casa tranquila. Y vos no pudiste no mandarme ese mensaje. Qué se yo, Javier - argumenté. 

Se acercó a mi silla. Estiró las manos sobre la mesa muy cerca de mis brazos. Me miró. 

- Lo que a vos te pasa no tiene que ver con lo que hago o no hago, porque de hecho yo no te vine a tocar el timbre, hoy.  Tiene que ver con lo que a uno le pasa con lo que el otro hace - argumenté.  Javier siguió callado, así que continué:  - Ya te dije que a mí me costaba mucho manejar mis caras con vos, porque las tuyas, me afectaban. Es así, esto.  Saldría corriendo a otro país para no tener que estar acá ¿sabés? Pero acá estoy.  

Javier se rió levemente y sacudió la cabeza. 

- Qué herrrrmosa ella, la que me parió - musitó - Yo ya sé lo que me estás diciendo.  Igual vos sos un tipo de mujer diferente- dijo- Eso a mi me vuelve loco. Decís que querés salir corriendo pero le haces frente a las cosas. 

- ¿En qué sentido? 

- Hay que estar preparado, o más bien, hay que tener cualidades que no tienen todos para ser como sos vos.  Vas al frente. Decís lo que pensas. A mí, me decís de todo. Me lo decís y me encaras y no dejas tiempo para que el otro piense. O dude. Manejas una intensidad, hija de puta, que no todos manejan. 

- Entiendo. 

- A veces, eso, en chicos de tu edad y no tanto, resulta intimidante ¿sabés? Por eso se ponen nerviosos los hombres con vos.  Una mujer decidida, que no tiene paciencia, que es muuuy directa... Da miedo. 

-Si, claro que eso no siempre gusta... Pero yo no quiero asustar a nadie. Solamente quiero ver si se puede o no. 

Javier sonrió. 

- ¿No te imaginabas? ¿Nadie te lo dijo? 

- Sí, me lo han dicho. Puede ser, de hecho, pero yo nací intensa. A mí me parece absurdo disfrazar las cosas. Las cosas son como son. Después uno elige qué hacer o hace lo que puede, como en este caso, cuando las cosas te aplastan y te ponen en situaciones que en tu puta vida imaginaste...  Pero siempre uno tiene por dentro cosas que no puede negar, que lo atraviesan...  Hay que ser honestos con nosotros mismos, con lo que pasa, aunque sea una cagada. 

Javier se carcajeó. 

- ¿Ves? 

- ¿Que? 

- Intensa... Intensa... Vos no manejas las situaciones...  Manejalas, manejalas, por Dios... No podés vivir así, yendo al frente, diciéndome todo lo que pensás. Me vas a volver loco. Me voy a morir. 

- Yo esto lo afronto. Manejar se manejan los autos, Javier. 

Javier se rió. 

- Hija de puta, con esa carita de mala me lo decís... 

- ¿Por qué siempre me decís que tengo cara de forra? ¡No tengo cara de forra! Y no me burlo de vos, a mí me pasa lo mismo, tarado. Por eso te lo digo. 

- A ver, esperá - dijo, un poco más serio - Te estoy cargando.  Me gustan tus caras... Tenés una carita de jodida... Me ponés esos ojos, me hablás así... 

- En cuánto a nosotros, vos me decís que soy directa pero ¿qué, íbamos a seguir dando vueltas para tener esta charla? Pasaron ocho años.  Ya a cualquiera se le acaba la paciencia. O la vida. Una de dos, imaginate. 

Me miró y sacudió la cabeza. Se rió y me miró con enorme intensidad en medio de esa carcajada breve. 

- Víbora. 

- Realista. 

- Yo soy distinto. Manejo las situaciones. A veces choco, si, pero las voy manejando. Trato de ir manejando las cosas. De no tirarme de una, de ir conteniendo ciertas cosas. Tirando, aflojando... Viendo - me explicó. 

- ¿Tanta paciencia tenés para evaluarlo todo? - lo burlé. 

Javier se rió. 

- Pendeja de mierda. ¿Por qué sos así, por Dios, por que sos así? 

- Javi, vos deberías entender porque viviste más, que la vida es el presente. ¿Tenés cincuenta años y todavía no aprendiste eso? Hace casi diez años que me decís lo mismo. Dame argumentos nuevos, por favor - exclamé, con ironía. 

- Sos una víbora, ¿ves? 

- No, estúpido, sabés que no lo soy. Entendé que hoy estamos acá, vos estás vivo, yo estoy viva, pero que un día acá mismo, acá, en tu casa, no va a haber nada. Ni vos, ni yo. Nada. ¿Sabés que va a haber? Escombros, polvo, ni siquiera le va a importar a nadie que ésta fue tu casa ¿entendés?  No vamos a poder ver esta cocina, ni tocar la mesa, ni disfrutar de nada. No va a importar ni tu trabajo, ni el mío, si no, lo que hayas vivido...  Lo que hayas hecho. ¿Y vos me decís que hay que especular? ¿Para qué? Un día todo esto se va a ir a la mierda... 

Javier se quedó callado, jugando con el corcho del vino que nos tomábamos. Me lo pasó, sin decirme nada, y lo tomé unos minutos antes de devolvérselo. 

- ¿Hagamos el amor porque se acaba el mundo? ¿Esa es tu respuesta a lo que dije? - me preguntó. 

- Eso lo estás diciendo vos - le advertí - Mi tesis es que un día vos te vas a morir, y quizá yo me muera después que vos si pensamos lógicamente... 

- Si. ¿Y? 

- Y que no vamos a tener toda la vida para dar vueltas, ya dimos mil. Hace casi diez años que estamos dando vueltas sobre una calentura. ¿No te parece demasiado tiempo? 

Javier se quedó callado mientras me miraba fijamente sin dejarme un rasgo por cubrir.  

- Por eso soy directa, por eso cuando vos me dijiste lo que me dijiste casi me muero... y me fui casi corriendo de acá.  Porque yo no me escapo, yo no manejo, yo siento algo y voy. 

Javier me miró seriamente. Me acerco a su cuerpo. 

- Vení, vení - dijo y me acercó la silla a la suya -  Sos directa, eh... 

Lo miré sin saber qué decirle. Abriéndole grande los ojos. Con mucho miedo de caerme en el abismo. 

-  Esto no tiene que ver con nosotros solamente. Es mi manera de vivir - argumenté. 

Me observó, sonriéndome, de una manera cálida que para mí era irresistible. 

- No, no, no. Ya se. Ya sé que sos una impaciente, tira bombas, desde que te conozco. Siempre lgual. Combativa. Frontal. Te tira todo en la cara, ella. 

Lo miré detenidamente y bajé los ojos. 

- Cállate que el otro día me dijiste más o menos todo lo que no me dijiste en diez años, me lo tiraste todo en la cara vos a mí. Casi me muero. 

Javier se rió. 

- Hija de puta - me dijo y me atrajo hacia él - Esto es un quilombo para mí. Vos sos tremenda y sabes cómo ponerme estúpido, me haces querer estar cerca tuyo cuando te veo... Y con esa cara de poker que pones... Te agarraría y te haría el amor, te lo juro por Dios. Te besaría. Te llamaría. Te iría a buscar a tu casa.  Sos tremenda, en serio. 

- Ah, claro, para mí no es tremendo... Yo la tengo súper fácil ¿no?  - me quejé - ¡Vos sos tremendo! ¡Vos venís después de ocho años a tirarme semejante bomba! Ahora me venís a decir que te gusto, recién ahora... 

Javier se puso en modo catarata y yo me puse en modo "no puede ser verdad" cuando escuché sus argumentos. 

- Yo no hago nada para provocarte, para complicarte la vida... Yo soy así, yo vivo así todo lo que me pasa.  Pero a vos cómo soy yo, te pega así. Y a mí me pega de otra manera todo lo que sos, no creas que me da igual... Ese es el verdadero problema. Por eso no nos podemos poner los límites. Por eso me mandaste el mensaje hoy, y estoy acá.  Yo sé que no tengo que estar acá, vos sabés que no me tendrías que haber escrito para que viniera, pero estamos acá. En tu casa. Los dos. Esa es la verdad. Hay que hacerse cargo. 

Lo mire ya con un poco más de distancia porque me daba indignación reconocer lo que realmente sentía hace muchos años.  Bebí vino. Me estiré tratando de relajar mi cuerpo a medida que se adaptaba al calor de su casa. 

- Ya lo sé - dijo - Vos me podés. Eso es lo que pasa. En estas semanas no podía dejar de pensar en lo que pasó. Te quería llamar, te quería invitar. Al mismo tiempo, sabía que le mintiendo a alguien, que estaba engañando a alguien. Y me moría  de la culpa, te juro, me sentía muy mal... Pero después me acordaba de vos, de cómo nos besamos el otro día, de todo lo que pasó.... 

Suspiré. 

- Si, ya sé, fue intenso. Se nos fue re-contra a la mierda - le dije, colmada de remordimiento. 

- ¿Vos te acordabas? ¿Qué te pasó? Contame qué sentiste, dale. No me dijiste nada. 

- Yo me sentí mal. 

- ¿Por qué? 

- Porque sí. Es una lucha conmigo misma. Desde ese día estoy luchando conmigo misma. Me tendría que alejar, irme y no volver acá nunca más... Borrarte de todos lados... 

- No sé si sirva... - musitó y me miró cautelosamente. 

En mi fuero interno supe que tenía razón, pero no se la quise dar. 

- No sé... - le dije -  Pero tendría que haber hecho eso... Y no puedo. Estoy acá. 

- Es muy difícil todo - dijo Javier - pero ya está. No podemos vivir así. No se puede más. Yo me muero de ganas de estar con vos. ¿Vos querés estar conmigo? 

III 

Cuando pienso en ese día, o en esa noche en realidad, siento que fue uno más de todos los amagues en esos años. Pero que ésta vez, se tenía que saber, se tenía que sentir, cómo era el no amagar más. 

El desborde fue por pensar cómo era finalmente decirnos todo lo pendiente y además estar juntos en un momento donde todo lo que no había congeniado hasta entonces, congenió.  Y eso no quiere decir que sea siempre para bien. Hablamos de un cruce casual, una cuestión de probabilidades que derruyó un amague estaba profundamente agotado. 

A menudo me pregunto si ésto tuvo que pasar porque se había llegado al fondo, al límite, a lo incapaz de ser tolerado. O porque realmente teníamos que aprender algo más con el otro. Pienso que si Javier en ese momento no llegaba a su casa, yo podría haber seguido caminando hasta la mía y jamás nada de esto hubiera sucedido. Pienso que si él no se hubiera decidido aquélla tarde a confesarme todo, jamás hubiera pateado el tablero. ¿Tenía que pasar? ¿Algo así? ¿Para qué? 

Pienso que un día, Javier, luego de decirse a si mismo tantas veces que no podía resolvió en una tarde la decisión que no pudo tomar durante ocho años. Y me lo dijo todo. Pero todo. Sin guardarse una coma. La misma noche del día donde nos habíamos cruzado en el barrio, de pura casualidad. 

¿Con qué objetivo? 

Pienso que un día, yo, luego de estar batallando durante años para que él no me importe más, me conecté con todo lo que había intentado destruir. Y se lo escuché todo.  Porque lo cierto es que me importaba. Me importaba mucho. Quizá, demasiado para lo que él es. 

Después de ahí, no puedo evitar reconocer que mi vida siguió diferente a lo que era en muchos aspectos. A veces recuerdo esa noche entre nosotros y no lo puedo creer. Fue real. Nos lo dijimos todo. Hicimos. Tiramos a la basura un esfuerzo de años. Lastimamos. Sentirnos culpa, tristeza y miedo. Fuimos honestos entre nosotros como nunca en la vida. Nos descubrimos. Nos recorrimos y palpamos. Nos lo dijimos todo, incluidos los reproches y los dolores históricos. Rehicimos parte del camino y corregimos, o empeoramos, sin darnos cuenta que establecíamos otro final.

 Y además, nos despedimos para siempre, ahora sí. Para siempre de verdad. 

jueves, 13 de octubre de 2022

Sentir mucho y dejar de sentir

 Es curioso. Desde que Javier apareció en mi vida hace meses y sucedió lo que sucedió, reconecté con mis sentimientos de una manera muy intensa. Empecé a sentirlo todo. Volví a experimentar el desborde por causa de las emociones y percibí todos mis matices a nivel interior.  Es decir, muchas cosas que hacía ocho años no me pasaban.  Hasta el día donde Javier se cruzó en mi camino y me enchufó el corazón de nuevo al cuerpo - para bien y para mal - consideraba que el vínculo de Galeno era lo más bonito del mundo que había conformado. Pero también me di cuenta que era lo más manejable dentro de una estructura que había diseñado para no sentir.  Esa estructura que se rompió precisamente el día donde la vida me volvió a cruzar con la confesión de Javier y sentir fue la única salida. La única cosa que me salió hacer. 

Así las cosas que, dentro de un contexto donde siento muchísimo, y donde estoy volviendo a apropiarme de mis emociones más profundas después de dibujarlas por años... decidí pedirle un tiempo a Galeno. 

Me da muchísima vergüenza decirle que con él no me había permitido sentir al 100%. Que siempre me lo permití en un 90%, que ese 90% fue muy feliz, pero que... no es la intensidad del 100%.  Y eso cada uno lo sabe. Se da cuenta. Lo percibe. 

Quizá para él esté bien en esta etapa de su vida no entregarlo todo. Hacerlo dentro de su comodidad. Pero para mi , en ésta etapa de mi vida, es importante poder conectar con mis emociones y volver a vivirlas plenamente. Es importante entregarlo todo de nuevo. Es importante permitirme sentir emociones y sentimientos que me pueblen y me nombren a los casi veintiocho años. Porque yo soy intensa en el fondo, muy intensa, y ya no tengo ganas de esconderme. De privarme. De contenerme. De acomodarme. De decir "uy, mejor no lo digo porque seguramente se va a espantar".  No. Ya me cansé de eso. 

¿Por qué? Porque a veces pienso que la vida pasa muy rápido para mezquinar las cosas. Si bien ya soy adulta, no me quiero convertir en una adulta con el corazón de mármol. Aunque me digan señora por la calle, cuando voy vestida de oficina, anhelo tener el corazón joven aún para poder tomar las decisiones que me hagan feliz más allá de todas las apariencias.  Por eso, en parte, le pedí un tiempo a Galeno. Porque no sé si lo sigo queriendo, francamente.  

Quiero tener al lado a una persona con quien poder usar mi corazón y no sé si él sea el hombre que pueda acompañarme en este camino. Traté de usar esta distancia de contacto y esta pausa en los planes para ver si lo extrañaba, si pensaba en él, si me pasaba algo... Y lo que me pasó me sorprendió: sentí una enorme paz, volví a conectar conmigo y me sentí en calma.  Es decir: sentí mucho por mí, y poco de lo que pensé que iría a sentir. 

La pregunta es: ¿ qué hacer con este descubrimiento, ahora ? 

miércoles, 12 de octubre de 2022

La incapacidad que no fue

Hoy, estaba en la oficina como todos los días. Uno de mis compañeros dice en frente de otra compañera y yo: 

- Veinte . 

Dejé de mirar la pantalla y lo miré. 

- ¿Qué? 

- ¿Sabes que tenés la culpa de algo? 

- A ver... 

- Mito dice que no renuncia porque estás vos. 

- ¿Yo? 

- Si. Dice que no se va porque vos todavía no aprendiste todo. Y porque te tiene que enseñar cosas. Y porque dice que no estás preparada para manejar la Administración. Que la necesitas. 

Lo miré y francamente me empecé a reír a carcajadas. La chica lo mismo y el chico que me lo dijo, lo mismo. 

- Y, pero eso es algo de ella - dije , haciendo referencia a que era algo que ella pensaba - No sé qué decirte - disimulé. 

- Son excusas. Todo mentira. Acá jamás capacitó a nadie. Ella entro sin aprender. ¿Pero vos la necesitas? ¡Por favorrrrrrr! Ahora dice que lo hace por vos - exclamó. 

Suspiré y sacudí la cabeza, todavía con la risa atragantada.  Mito es más víbora de lo que me atrevía a pensar. Su disgusto empezó por una nueva distribución de funciones que no le gustó nada, por una felicitación del Gerente, porque cada vez me van dando más y más lugar. Fruto de mí esfuerzo, me dieron el manejo de las cuentas corrientes de la pyme y se las quitaron a ella. Y así, con algunas otras funciones o situaciones por las que, supongo,  se puso así. Estoy casi segura. 

Pero lo que me sorprendió fue su comentario tan bajo. Básico y evidentemente poco elaborado.  Primero, porque es una excusa barata lo de la capacitación dado que aprendí a hacer todo su trabajo y muchísimas veces donde ella se hace pasar por enferma y falta , la cubrí a la perfección. Lo mismo cuando se tomó quince días de vacaciones en época de cierre y me dejó sola. Y yo presente solita y muy bien por suerte, todo acordé a los vencimientos y a los pedidos del Estudio Contable. ¿Si me dio miedo? Un poco. ¿Si me costó? Un poco. Pero por suerte recibí espacio para despejar algunas dudas y pude llegar con tiempo de sobra a todo. Y segundo: ¿de que capacitación habla entonces Mito, no? Mí trabajo con mucho esfuerzo he logrado aprenderlo y sigo aprendiendo siempre. Pero lo hago bien. Me dejo la cabeza para que así sea.  Por eso ese comentario también creo que es una mentira, un pobre pretexto, y estoy de acuerdo con mis compañeros pese a que no hago tantas migas con ellos. 

Lo más curioso es la envidia que desprende ese comentario. El intenso sentido de menospreciarme. O la desesperación por hacerlo, en realidad, cómo si los demás no fueran capaces de observar mí método de laburo.  Imagino  la molestia que siente cuando ve que me llevo bien con gente que a ella la detesta y que conmigo tienen otro tratamiento, cuando me dan los papeles que necesito y a ella nada.  Cuando ve que me felicitan por mi laburo, mientras que dijo que a ella jamás le reconocieron nada y a lo que recuerdo le contesté que "cada uno tiene su propia historia". Si, imagino que le molesta que esté haciendo el mismo trabajo que ella, que lo haga con otro espíritu, que le ponga mí marca y que no sea ella la que lo haga. Si, me imagino que cuando ve que me asignan funciones relacionadas con el manejo de dinero como todas las cuentas corrientes, que eran suyas, le de odio. Le da bronca, lo sé. Eso se percibe. Mito es una persona que constantemente necesita ser protagonista y hacerse la importante, y con esto, no sucede.  

Percibo su miedo. La sensación de desplazamiento. Todo lo que Mito quería que me pase en ese lugar, y por suerte, no me pasó. Recuerdo las cosas que hizo intentando llenarme la cabeza de mierda y no salieron. La decepción que se habrá comido cuando se dio cuenta que yo no soy influenciable. Todo lo que habrá estado masticando desde el momento en que cada día yo aprendí un poco más. El odio que habrá tragado cuando me dijeron que estaban muy contentos con mí desempeño. La molestia que sufrirá cuando todo el mundo siente que estoy hace mucho tiempo en esa posición, porque disfruto lo que hago, porque tengo experiencia y porque no pienso en sacarle el trabajo a nadie. Solo en tener mí dinero para la facultad y para mis obligaciones. Solo en hacer mis días ahí lo mejor que pueda. Solo en estar bien , lo mejor que pueda, sin joder a nadie, sin hablar más de nadie, sin tirar mierda a nadie. 

Me acuerdo cuando hace unos meses me llamo y me dijo :" yo te tengo que avisar con quién estás tratando porque no sé si sabes. Te tenés que defender. Yo te veo como blandita, por eso te digo", argumentó.  En ese momento, me llame al silencio. Dejé que me creyera blandita. Dejé que pensará que yo era una sonsa. 

Y después, ejecuté. Día tras días. Eso hizo que Mito lance este segundo comentario meses después.  ¿Quien es al final la blanduzca, la que se tiene que defender? 

Qué cosas uno tiene que escuchar, por favor, especialmente cuando te preocupas día a día por aprender y eso se nota.  Por suerte me lo pude tomar a risa. Sé que no es por mí que no se va. Que es por ella, y que las personas desesperadas son las que hablan mal de los demás. Que todos la conocen y lo saben. Que hay que dejarla que se siga engañando a si misma. Otra cosa, no vale la pena hacer. Cero engancharse con personas que en todos los laburos han tenido  conflictos. 

Al final, lo que tenga que pasar va a pasar. Eso está estipulado de antemano. 





lunes, 10 de octubre de 2022

Ser un spam, un no deseado:

 - No te estoy rechazando. Hoy no puedo porque me junto con *** y ***. Solo eso - me dijo Galeno a algo que le había propuesto hacer - Pero me gustaría que me cuentes y documentes los avances. 

(...) 

- No, está bien. Otro día. Me aburre hacer todo sola - le contesté. 

- No hacés todo sola. Es por hoy unicamente que tengo ésta juntada. 

- Sí, está todo bien. No es momento. Hacé todo lo que tenias planeado. Es una equivocación de mi parte la propuesta. No estamos coordinados. 

- Solo tengo una juntada... Eso nada más... No es por tiempo o nada de lo que estás diciendo - dijo Galeno. 

Y a mí no jode en lo más mínimo que salga. Ni que se pase todo el finde de salida en salida. Eso está espectacular y yo si fuera él haría lo mismo. El tema es el lugar que le dá a cosas que tienen que ver con nosotros y que yo, específicamente, hago para mantener la pareja encendida. 

En esa disyuntiva de "sólo es una juntada con amigos de toda la vida y un asadito a la noche", de su lado, y una frustración más de la mía, porque nunca quiera mover un dedo demás por algo que me contemple a mí, le dije ciertas cosas sobre intimidades nuestras que no estaban buenas para mí. Una especie de tiempo sexual muy distinto en nosotros. Que a mí me está aburriendo, que ya no me complace ni cierra como antes, dentro de una dinámica donde no me siento completamente deseada ni elegida.  Y es un poco raro para mí, la verdad, porque nunca antes me había sucedido... Digo, esto del no sentirme deseada en el modo en que me gustaría. Me ha sucedido de no sentirme querida, y eso es más doloroso y profundo, pero nunca me había pasado no sentirme deseada. Y juro que desde hace un tiempo por parte de Galeno estoy sintiendo eso. Que no me desea más. Que me desea poco. Que siempre hay otra cosa más importante que complacerme con una sorpresa o con un detalle lindo. 

Algo que también me pasa hace un tiempo es que antes no me aburría hablar con él y, ahora, me aburre. Quizá por la noche estoy mirando reels y hablamos y después de intercambiar dos mensajes, me dá sueño. Ya quiero dejar el teléfono y dormir. Siento que con lo que él pone a la relación en el plano fìsico, sexual y comunicacional, no me alcanza. Y esa sensación se potenció cuando, después de un episodio puntual en la intimidad que tuvimos se me detonaron inseguridades internas y consulté con una profesional. 

Al consultar con dicha profesional, cosa que me está abriendo la cabeza muchísimo, empecé a investigar, proponer, y a dejar atrás muchos tabúes. Pero como si fuera una paradoja, Galeno empezó a decaer en su energía sexual. Y ahora resulta que yo me siento diez veces más libre y más abierta, y tengo una momia al lado. Alguien que no está, por lamentable que sea, a la altura de todo lo que yo quiero vivir. Que no es capaz de tener un detalle para que me sienta deseada o de abrir espacios para poder darle contexto a mis necesidades como así lo hago yo con las suyas. 

Mucha gente dice que el sexo no es importante en un vínculo. Pero para mí, sí. Y sentirse no deseado, o poco deseado, o deseado según conveniencias, es muy feo. Tu autoestima se deteriora mucho en el camino de sentir que tenés que hacer un esfuerzo para gustarle al otro. Que tenés que ser más de lo que podes ser para que el otro salga de su inercia y se de cuenta que estás ahí. Sentís que nada alcanza. Que por mejor o más linda que seas el otro está deseando otro culo, seguramente. Pero lo peor es que quiere el tuyo ahí, por las dudas... 

Lo que más me molesta de este asunto es que Galeno no reconoce las cosas. Entiendo que puede ser duro pero que no las admita lo vuelve todo peor. Cuando le planteo que no tenemos los mismos tiempos sexuales, que no nos podemos encontrar en ese aspecto ni siquiera para jugar y reírnos a la distancia, me dice: "pero anoche hablamos un montón y eso también esta bueno". Y yo no lo veo como un cuerpo únicamente, pero con hablar no me alcanza. Entiendo que quizá a él si eso lo satisfaga pero...A los veintisiete años que tengo, necesito acciones. Contacto. Tiempo. Chispa. Porque si no, me aburro. Y eso es lo que sucede. Me estoy aburriendo despacio pero profundamente si estoy al lado de una persona que no me desea. A quien le doy igual. A quien le mando una foto donde se me ve un poco una parte del cuerpo que me causa inseguridad y me dice que justamente la parte que me causa inseguridad es linda. Cómo si fuera un consuelo estúpido. ¡Estúpido! ¡Hace otra cosa, algo superador! 

¿Qué consecuencias trae esto? Un enorme deterioro de toda la relación. Por un lado, Galeno que me dice yo no te rechazo pero no se le cae una idea porque justamente no me desea para proponer nada. Y por otro lado, estoy yo, todo el tiempo pensando que mí cuerpo no es lo suficientemente lindo, que engorde y por eso pasa lo que pasa, que seguramente hay cosas que no hago bien del todo. Que no solo es una momia sino que yo soy una tonta porque no puedo despertarlo. Y eso es muy feo, la verdad. Quiero tener al lado un tipo que realmente me desee. Pero que me desee en serio. No que le agarren ganas cuando no tiene nada mejor que hacer. Cuando está aburrido o solo. Cuando se de cuenta que se tiene que poner un poco en mí lugar porque yo me pongo siempre en el suyo. 

Para tener ese tipo de servicios sexuales eventuales creo le convendría pagar. Y s mí me convendría buscarme otro hombre que esté a la altura de las circunstancias y que no me diga que porque hablamos todo este ok. No, no está todo ok si yo vivo quedándome con las ganas. No está todo ok. 

Yo recorro un camino donde tengo al sexo muy próximo y al deseo como algo constante. Y donde todo lo que aprendo de nuevo o todo lo que tengo ganas de experimentar, también merece ser considerado. Si no es por él, por otro hombre que esté a tiro para hacerlo. 

Y Galeno tiene un camino donde el sexo está hasta donde él considera que le queda mejor y según su tiempo y según la posición de los astros... Y parece que no se da cuenta que yo tengo recién veintisiete años. Y que si sigue así voy a llevarme mis inseguridades y mis seguridadades a otro pueblo. 




















viernes, 7 de octubre de 2022

Un jueves que no olvidaré

Hoy creo que pase por una de las situaciones más difíciles en lo que llevo vivido. Y mientras repaso una y otra vez en mí mente, rezo por poder dormir algo. 
En la oficina hoy era un día especial. Día de beneficios, cómo lo llamamos. Solemos comer todos juntos algo rico. Era también un día previo a un finde largo y estábamos contentos. Además, Mabel, la señora que hace la limpieza y a quien todos queremos mucho, había venido a hacer su trabajo. Cómo todas las semanas. 

Cuando llegue a la oficina hoy a la mañana, temprano más allá de mí horario de entrada, la saludé afectuosamente. Es una señora de oro que en los seis meses que llevo trabajando ahí fue atenta y buena conmigo. 

- Hola, Mabe, ¿cómo estás? Buen día - le dije y le di un beso y lo más parecido a un abrazo. 

- Hola preciosa. ¿Cómo estás? 

- Bien, gracias a Dios. ¿Vos, cómo estás? 

- Bien, ma. La semana pasada estuve en Córdoba de emergencia por mí hermana. 

- Si, me contó ****. ¿Cómo sigue? Que bueno que pudiste estar. 

- Si, negra. Ahí anda. Ahí está. 

- Me imagino. 

- Me vine en remis hoy. No hay colectivos locales. 

- ¿En serio? 

(...) 

- Tengo que trabajar mañana y pasado para compensar la semana anterior - me comentó a mí y a otro compañero. 

Paso un rato más y le mostré, no sé por qué, una foto actual de mí sobrino. Al ratito me comentó que el nieto estaba cerca del cumpleaños . Charlamos sobre eso. Y se fue a limpiar otro lugar de la empresa. 

La mañana paso como otras. Barullo. Yo enfrascada en mí laburo. Mí compañera intensa. En un momento me saque los auriculares y empecé a escuchar un ruido raro. Orgánico, diría. 

Miré a mí compañera. 

- *** - le dije - ¿que es ese ruido? ¿Escuchas? 

- Si. Ni idea. 

La mire y me quedé callada. Atenta al ruido. Algo en ese ruido me inquieto. En especial porque yo había visto inconscientemente mientras trabajaba entrar a Mabel a un bañito. Y algo en mí interior me decía que ese ruido era extraño. Pero mí mente jamás llegó a asociar nada de lo que más tarde ocurrió. 

Pasados cinco minutos más, insistí: 

- Che, en serio... ¿Que onda el ruido? Es de afuera quizá. ¿Alguien está pidiendo ayuda? Parece algo como un gemido - pregunté. 

- No. Deben ser los chicos. Dejan los parlantes prendidos. Seguro es una broma. 

- Si, son más pavotes. Pero.... Qué ruido raro - le dije y nos sonreímos pensando en los boludos de mis compañeros. 

En ese mismo instante, mí compañera y yo vemos que todos los chicos compañeros nuestros vuelven a la oficina. Los miramos y les decimos que la broma con los ruidos ya estaba haciendo efecto porque yo estaba preguntando hacía como cinco minutos que era eso. 

- No, nosotros no fuimos. ¿Qué ruido? - dijo uno. 

El otro mientras fue al baño. 

- No, para. Está Mabel en el baño - dijo este compañero que preguntó sobre el ruido. 

Y mi mente en el mismo momento que mí compañero abrió la puerta, entendió todo. 

- Mabel. El ruido - grite. 

- ¡Mabel! ¡Mabel! - grito el, en simultáneo. 

Y todo lo que siguió fue espantoso.  En el baño, desmayada, estaba Mabel. Teniendo un accidente cerebro vascular. Hemorrágico. Caída. Indefensa por completo. 

El ruido que yo escuché durante esos minutos y que me parecía tan estremecedor, que por alguna razón no me gustaba, eran sus ronquidos desde adentro del baño.  Pero lamentablemente no asocie a nivel consciente porque estaba ocupada con algo más, que podía ser ella. Mí mente no fue tan rápida. Y aunque mi intuición me lo dijo, ni mí compañera ni yo asociamos. 

Toda la escena posterior fue fuertisima. Muy triste. Emocionalmente muy fuerte para todos.  A Mabel se la llevsron en una ambulancia municipal un rato después. El gerente llamo a su familia. Todos estábamos congelados. Atónitos. 

Luego de un largo rato donde se la pudo trasladar, el compañero que la asistió junto al dueño de la empresa, se puso a llorar.  Mí compañera con la que escuchamos el ruido y no logramos identificar, entro en un lapso de angustia palpable. No podía ni hablar y le costaba respirar.  Yo temblaba. Sentada en el escritorio no podía parar de temblar. Me temblaba todo el cuerpo. Y estaba por explotar en llanto.  

Y pensaba que a la mañana le había averiguado a Mabel dónde podía ir al cine el fin de semana. Y que ella me había dicho que mañana cuando saliera de trabajar iba a ir al cine. Y yo le había dicho "obvio, Mabe, tenés que aprovechar. Disfruta el pedacito de día. Mañana tenés función a las 15.30, y más tarde también...". Y ahora Mabel estaba ingresada en el hospital y muy grave. Y había tenido un ACV.  Lo último que la escuché decir antes de entrar al baño a limpiar fue que se iba a ir diez minutos antes para alcanzar un colectivo que pasa de vez en cuando y la llevaba a su localidad.  La observé, volví mí vista a las cuentas corrientes y pensé que hacía bien, que ojalá llegara a agarrar pronto el colectivo. Lo siguiente que vi fue como se la llevaban.

Que fragilidad cargamos. Que poco somos. Que poco es nuestro recorrido y nuestros planes. Pero cuánto impacto tiene. Cuánto impacta ver a la desgracia tan de cerca. Y cuánto pánico da. Cuánto espanto. 

En lo que va de la noche no pude dormir casi nada. Estoy muy impresionada. Angustiada. Movilizada. Y mentalmente también estoy destrozada. No puedo entender las injusticias de este tipo. 

Pienso en Mabel. En su hijo. En su nieto. En esa jubilada laburando a su edad, porque no le alcanzaba la plata. En esa mujer luchando contra el Cáncer. En esa señora tan buena y fuerte que tuvo la oportunidad de rendirse y no lo hizo.  En ella pienso. En una persona que si bien trabajaba para despejarse también lo hacía porque quería distraer a la muerte. Y me contaba que ayudaba a su nieto, que le compraba pañales, que estaba hermoso mí sobrino y que como me iba en la facultad ... 

Finalmente y por primera vez en el día, se me caen las lágrimas.  Fue algo muy impactante para todos lo que ocurrió. Cada uno reaccionó como pudo. Pero sin dudas lo más importante de todo es como ella seguirá. Porque está grave. Y porque la tenían que operar dado que el acv fue de tipo hemorrágico y eso hace que se formen coágulos de sangre dentro de la cabeza. Y según me dijo Galeno, es muy importante que la operen lo más pronto posible. 

No sé si pueda dormir. Solo deseo que este bien. Y no puedo dejar de pensar en todas las cosas por las cuales me acelere la mente en la semana y pienso que nada de eso tiene espesura frente a esto.  

Qué terrible todo lo que pasó hoy. Todavía no lo puedo creer. 











martes, 4 de octubre de 2022

Paradoja temporal

06 de enero de  2014

Javier y yo hablábamos sentados en unas sillas. Era el cumple de su hermano y me había invitado como parte del grupo social compartido.  En ese momento a mí me costaba mucho hacer amigos y hablar con los demás porque recién me estaba integrando. Y Javier al verme sola se acercó a saludarme, sabiendo que yo estaba tímida porque lo era y porque, en su momento, lo consideraba como un buen tipo que me quería integrar. Pero además me gustaba, aunque no estaba en los planes decírselo jamás. 

- Ahora si, te saludo - me dijo - Disculpa pero antes estaba todo transpirado. Me quería bañar. 

Me abrazó fuerte. Lo abracé también. Cuando yo lo había ido a saludar, recién llegada, me había dicho "dejame que me bañe, y te saludo. Estoy todo transpirado y no tocar porque es un asco". 

- No hay problema - contesté - Ya estás bañado. Igual tampoco era la muerte de nadie - argumenté. 

- ¿Que haces acá sola? Vení con el resto, dale. 

- Si, ya voy a ir. Me cuesta un poco. 

- ¿Por qué? 

- Porque soy así. 

- Pero conmigo no - dijo. 

- No, con vos me siento cómoda. 

- Menos mal. 

(...) 

- ¿En serio te hiciste un tatuaje nuevo? 

- Si. Este en el brazo - le dije. 

- A ver... -me dijo y me agarró de la mano - está muy lindo. A vos te queda bien. 

- Sí, es por Cortázar. 

Se me quedó mirando el brazo. 

- Tenés brazos muy chiquitos - musitó. 

Lo miré. Me dio curiosidad su observación. 

- Y en la espada también tengo otro, pero es una frase, no es un dibujo - le dije, dándome vuelta. 

Javier me miró. 

- Qué dice, a ver.... - musitó. 

- Tocalo, Javi - lo alenté, mirándolo por encima de mi hombro -  Dice "...." 

Javier lo tocó con la yema de sus dedos. Nos miramos por un momento y nos sonreímos.  En eso, vino una compañera nuestra de la misma edad que él y le preguntó: 

- Javi ¿qué estás haciendo? - mientras lo miraba, con un tono recriminatorio. 

Si, nos habían cagado el momento. La moralina de mí compañera nos había cagado el momento. Y en ese momento yo le dije a mi compañera que le estaba mostrando mis tatuajes y, para disimular, se los mostré a ella también. Pero Javier se quedó callado y ese momento quedó como uno de los tantos amagues propiciados durante ocho largos años. 

03 de abril del 2022 

- Bueno, después me contas si te gusto el vino - me dijo Javier, en referencia a su regalo. 

Nos quedamos mirándonos. Se hizo un momento de profundo silencio. Era la primera vez en ocho años que nos encontrábamos solos, en un espacio cerrado, lejos de la vista de los demás.  Eso simbolizaba dos cosas: que había pasado mucho tiempo y que era la primera vez donde la vida nos había puesto en una situación donde nadie, más allá de nosotros mismos, volvía a observar. 

- Bueno. Si. Me voy a ir... - dije, mientras miraba que su perro caminaba por el comedor diario y sus gatos me miraban con mucho interés los cordones de mis zapatillas deportivas.  

Javier se acercó, sin decirme nada, y me abrazó. Lo curioso de ese encuentro después de ocho años fue que todo estaba finalmente tan claro y tan descarnado que no hacía falta hablar sobre los deseos.  Fue la primera vez donde ninguno se esforzó por esconderlos, aunque sí hicimos el esfuerzo de no dejarlos salir, al menos, reconociendo que habían estado ahí. Inclusive, en ese cumpleaños ocho años antes. 

- Estoy transpirado, vengo de entrenar - dijo, como pidiéndome perdón - así que te voy a pegotear. 

- No importa - le dije y lo abracé.  

- Bueno, compartimos ahora - musitó. 

 Me di cuenta que ya nadie lo estaba mirando ni juzgando. Que el sentía la necesidad de aprovechar. Me reí porque me abrazó casi con alegría pero además con necesidad. Como si lo hubiera deseado mucho. 

- Me alegra verte bien - le dije. 

- Perdón, te pegotee toda seguro - dijo, riéndose. 

- Está bien. No es importante, la verdad - le contesté. 

Suspiré. Miré para abajo cuando me separé de el. Tenía miedo de que volviera a besarme después de ocho años. En especial porque si pasaba eso, tal como lo presenti en ese momento, yo no sabía lo que iba a hacer. Me dije que por favor no se le ocurriera hacerlo porque me iba a derrumbar. Y sentir tan cerca de mí ese derrumbe me asustó a tal punto que...  

Me aleje un poco de él y volví a decirle: 

- Bueno, me voy. Me va a cerrar el supermercado - por dentro, si bien quería que estallara el planeta en ese cruce, no tenía por qué cargarme a todos con eso. Yo no sabía en qué situación se hallaba  él pero no quería besarlo. O en realidad, sabía que si eso pasaba iba a ser tremendo para mí y por eso no quería. Me tenía que ir de su casa aunque la verdad es que moría por quedarme y charlar mil horas más. 

- Te acompaño a la puerta - dijo. 

Salimos de su casa, bajo el sol del mediodía del domingo. Javier y yo nos quedamos en un silencio profundo. Me dio otro abrazo sin decirme nada. Me dio un beso en la mejilla sin soltarme y cuando yo me fui despegando de él , me agarró de la mano, cómo último recurso. Yo entrelace mis dedos con los suyos hasta que me cayó la ficha mental de nuevo y eso me dio miedo. Lo solté con cuidado y le dije: 

- Bueno, chau. Me tengo que ir. Me cierra el súper. Que estés bien, Javi. 

- Contame si te gusto el vino. Hago pedidos a esa bodega. Te puedo pedir para vos. Te los llevo. 

- Bueno. Lo vemos. Gracias por el vino - le dije, mientras me iba alejando y él se iba regresando hacia la puerta. 

Todo era lento. Todo era a cuentagotas. Todo conllevaba, ahora lo sé, un gran esfuerzo para los dos. 

- Cuídate mucho, Veinte. Nos vemos. Besito - me dijo, mientras entraba a su casa. 

"Si me pudiera cuidar mucho la vida no me hubiera reencontrado con vos, Javier", pensé mientras me iba al supermercado y sentía que se me iba a salir el corazón por la boca e iba a ir a parar a la bolsa de las compras. 

Mientras caminaba y recogía productos al azar en el supermercado, enseguida empezó una tormenta interior que duró hasta la noche. Porque a la noche nos volvimos a encontrar para que lo confesara todo.  Y volvió a darme tantos o más besos de los que me había dado hacía ocho años atrás. 

un tiempo después de abril 2022 

- Vení hoy a casa - decía el mensaje de Javier. 

- No. No puedo. Te juro que no puedo. 

- Bueno. Cuando vos quieras, podés venir. Estás invitada. Avisame. 

- ¿Por qué me la complicás así? Yo jamás te hice esto. ¿Antes te estabas conteniendo? 

- Por supuesto. 

- Javier, ya te dí la razón. ¿No te alcanza con que te lo reconozca? 

- No. Es obvio que iba a pasar. Es bueno dar la razón, a veces. No te arrepientas. 

- No me arrepiento. Es la verdad. Pero bueno, vos me habías pedido que sea honesta y estoy siendo honesta. 

- Eso es muy bueno - dijo - Ahora sabemos que vos querés estar conmigo y yo quiero estar con vos - me explicó. 

- En otro momento... - le escribí. 

- Siempre hay tiempo - me contestó - Hay tiempo. Podés venir cuando quieras. No hay apuro. Tenemos tiempo. 

- Te tomaste ocho años para pensarlo, así que sí, siempre hay tiempo - le contesté, picada. 

Dos semanas después de ese intercambio 

Acostada en la cama de Javier, se apoyo sobre mí y me abrazó de costado.  Me acerco a su cuerpo y escondió la cabeza en mí hombro.  Se quedó ahí, acurrucado. Noto que mí tatuaje seguía estando ahí, al igual que el cabello que admiraba y todo el resto de mi cuerpo. 

Acaricio mi hombro, con el tatuaje y todo, y me pasó su boca sobre el, con el suave roce de su barba crecida. Ese tipo de gestos me hacían difícil que fuera únicamente sexo lo que estaba pasando ahí pero sabía al mismo tiempo que si le decía algo se lo estaría diciendo a una persona que no tenía la capacidad de quererme bien. A una persona que me quería, sí, pero súper mal. Que no sabía, porque no estaba en su funcionamiento, querer bien a alguien. Que me había roto hacía ocho años porque no quería hacerse cargo de lo que le estaba pasando. Eso jamás podría significar querer bien a alguien. Aunque nos hubiéramos reencontrado después de años, de casualidad. 

Cuando note lo que estaba haciendo, y me di cuenta de lo mucho que estaba sacándose el gusto de todo, cerré fuerte los ojos y me dejé ir. Admito que esa actitud suya me dolió porque daba cuenta de una ternura y de un afecto al que en su puta vida le iría a poder poner palabras. Que moriría consigo. Con todo el tiempo que había pasado. Con las personas que habíamos elegido para formar pareja. Y que no tenían por qué pagar los platos rotos de un destiempo cómo el nuestro. 

- Me encanta - dijo y lo tocó, abrazándome.  Yo no le dije nada. No podía hacerlo. Estaba en otro planeta. Cómo si viajara en el tiempo. Sabía que se estaba sacando el gusto, que estaba concentrando algo importante para él, que estaba pidiendo... Y no podía dejar de admitir que para mí era la misma revolución. Yo también estaba atravesando sensaciones muy fuertes. 

Mientras me acariciaba el pelo, me susurró: 

- ¿Qué dice? - ocho años después, su pregunta me estremeció y enojó. 

"¿Por qué me abandonaste? ", me pregunté, mientras me tenía encerrada en sus brazos y me susurraba cosas tan parecidas. 

- Leé - le dije, secamente. 

- No, decimelo vos... - me pidió - Me gusta. 

-Lee sonso. Lo tenés ahí, frente a tu cara. 

-Decime vos lo que dice -musito. 

Suspiré. 

- Dice "******" - le contesté. 

Está vez no hubo nada ni nadie que pudiera intervenir en ese momento. Nada ni nadie. Ocho años después. Todo ese tiempo después hubo cosas que siguieron ahí, aguardando, indestructibles, pero esa noche no hubo nadie. Al igual que ese mediodía donde nos encontramos por casualidad y tenía ese vino en el mueble lateral de su bodega. Como si supiera que eso iba a pasar. Como si lo tuviera listo para el día donde algo sucediera. Como si los dos supiéramos que esto, algún lejano día, iba finalmente a pasar. O como si nada, como si tuviera un vino más de los tantos de su bodega, y en cuanto me vió...  ¿Será que tenía que pasar inevitablemente? 

Octubre, 2022 

Es raro. A veces me sorprende que un mero deseo sexual haya sido capaz de durar tantos años. Yo se que lo mío no fue mero deseo sexual. Fue amor. Y entiendo que el amor es algo que no elegimos, que puede durar toda la vida, estemos con esa persona o no ; y es por eso que no me extraña que haya durado tanto. ¿Pero Javier, qué? 

Me asombra, al día de hoy, cuando lo noto mirarme a sol y a sombra las redes sociales, que el deseo haya durado tanto tiempo. Y que algo de mí, después de haberlo mitigado, le siga dando curiosidad. Porque... ya lo hizo todo. Creo. Al menos, para mí, no hay nada más que decir o hacer. Considero que ni siquiera la curiosidad es viable para nosotros a ésta altura. 

lunes, 3 de octubre de 2022

Mientras me agarra sueño

Día largo. Mientras relajo hasta que me agarre sueño después de quince horas fuera de casa entre oficina y facultad pienso que si bien hago muchísimo sacrificio también recibo muchísima ayuda.  Y eso, el saber apreciar lo que volví a levantar, es lo que me impulsa. 

Estudiar Letras jamás me costó académicamente. Me costó económicamente, me llevo mucho esfuerzo llegar hasta donde llegué, pero siempre entendí todo y saqué muy buenas notas. Si no la seguí es porque estoy aspirando a un mejor sueldo y un trabajo en otro rubro, pero nada de esto tiene que ver con dificultades académicas. Más bien, al contrario. La seguiré porque amo esa carrera y porque la disfruto la ejerza o no. Eso es una decisión tomada. Sigo queriendo el título por el que luché tantos años y por el que he trabajado en todos los sentidos. Pero hoy me doy cuenta que no me costaba. Que era una privilegiada a la que la Facu no le costaba. Amaba lo que estudiaba y los parciales me salían en un 90% de las veces bien. 

Hoy en día, cuando estoy haciendo una segunda carrera en algo que no me apasiona, pero si me simpatiza, me estoy dando cuenta lo que es que te cueste la facultad. Y pienso lo duro que debe ser que un camino de por si cansador se haga difícil en materia académica. Porque yo no sabía bien que era que me cueste y ahora lo vivo.  Al tener toda una base en Humanidades, lo contable me cuesta horrores. Y eso es curioso porque yo trabajo todo el día con números y mí trabajo lo cumplo y lo disfruto. Pero estudiarlo me cuesta un montón. Es como que me encuentro con obstáculos que en el trabajo no siento de esa manera. 

Lo paradójico es que hay un tema que me cuesta muchísimo de Contabilidad. Son las conciliaciones bancarias. Me ponen súper nerviosa. Siempre me las hicieron hacer a la fuerza y me pone mal que no me den diferencias aceptables. ¿Cuál es mí función dentro de la Administración? Analista de Cuentas Corrientes. Es decir, que para gestionar las cobranzas pendientes, lo que tengo que hacer es analizar las cuentas corrientes deudoras y conciliar lo que tengo con lo que falta. Saber que hay diferencias. Ajustar en caso de que sea así y continuar cobrando. Saber que lo que suma o resta puede ser diferente en otro lado. 

En fin... Me cuesta un poco aprender a estudiar cosas contables. Con el resto de las materias de la rama Administración y Jurídica me va bien. Pero para todo lo demás necesito hacerme con la base que no tuve en el colegio y que el trabajo todavía no logra darme. 

Ojalá pueda superar estos momentos de sentir que no voy a poder o que me va a ir mal porque le estoy poniendo todo lo mejor. Y porque me estoy preocupando realmente por ello. 

Será hasta mañana ❤️






domingo, 2 de octubre de 2022

La falta como pregunta abierta

I.

Antes, Galeno se prendía sexualmente en todo. Ahora, la última vez que nos vimos una noche se quedó dormido. Y yo me quedé toda producida - re recontra producida - pensando qué carajo estaba haciendo con un tipo que se me quedaba dormido. Si bien después de eso me pidió disculpas, se lo acuerda hasta ahora e hizo de las suyas, creo que desde ahí empecé a verlo diferente.  Y si bien intentó hacer todo para que me sintiera bien, cómo justo después metió la pata con esa mentira (para no dejarme insatisfecha sexualmente) a mí se me fue cayendo una imagen. 

No sé cómo explicarlo. La imagen de Galeno que me seguía en todas. A quien siempre lo encontraba con ganas de acostarse conmigo. Quien me convocaba el deseo de los modos más curiosos y yo correspondía. Ya no siento que esté a tiro para hacerlo. Y si bien le pregunté mil veces si quizá le gustaba otra persona, si yo no lo atraía, o si tenía otras necesidades, siempre me dijo que no y que no. Que yo le gustó mucho. Pero... También me dijo que son cosas de viejo lo que le pasa.  

 Antes, yo no sentía a Galeno como un tipo viejo. Porque no lo es. Trabaja, a veces juega a la pelota, come asado con los amigos, se queda hasta tarde algún dla. Eso es algo bueno. Pero me refiero a ver qué ya no tiene la misma energía para estar conmigo. Para engancharse a mis propuestas. Lo peor es que él no me dice que está viejo cómo una excusa. Porque se animó a estar conmigo casi cuatro años. Pero si me lo dice y si yo estoy mirándolo mientras esto sucede, sabemos que algo está pasando realmente. Porque la edad que tiene, y el deseo con sus niveles y formas, no es el mismo. 

Y eso no es lindo. Te detona un montón de inseguridades. Sentís que no sos lo suficientemente linda. Que no le gustas tanto. Que por eso ya no se prende como antes. Y él te dice que no tiene nada que ver con eso. Pero sentís que hay algo que está pasando por detrás y es el tiempo. Y al tiempo no se lo puede detener. 

Eso es, a decir verdad, lo que me está empezando a pasar.  Pienso, también, que Galeno en seis meses cumple 54 años. Y que yo, en tres, cumplo 28 años. Y que es obvio que el tiempo pasó. Que no va a ser lo mismo que era cuando él tenía 50 y yo tenía 24 años. Que si yo estuviera con un hombre mas joven esto sería distinto. Y toda esa cadena de pensamientos me lleva a un lugar que ya tengo en claro. 

Pero lo más incómodo de todo es que uno sabe que quiere a la persona. Que la quiere y la acepta así como es. Y que no podría dejarla porque sea de una determinada edad. Pero también es difícil sentirse frustrada. Tolerar esa frustración. Y notar que aunque Galeno me acepte, y me quiera, y yo valore un montón su cariño y su aceptación, me falta algo. No sé si a mi me falta algo como mina o es que me falta recibir algo de Galeno, pero no tengo dudas de que algo falta. 

Lo siento. Desde la última vez que nos vimos, tengo en la garganta gusto a poco. Y mucho de lo que pasó en el medio reforzó esa sensación. Gusto a poco. A muy poquito. Gusto a migas. A destiempo. A cansancio. A que es mejor seguir cada uno con su vida en su provincia y ya está. Gusto a hartazgo, a final.