martes, 30 de septiembre de 2025

La hija del fletero

Mañana de martes. Freno un rato para escribir después de un lunes fatal, porque, realmente, no sé si no cómo voy a encarar el día.  El cierre de mes, los problemas del laburo, que ya a esta altura me importan poco, pero me cargan mucho, el tema Javier que está dando sus últimos aullidos y lo principal, lo que más me terminó de desenfocar, es que ayer, se me descarriló mi papá. Y como me dijo hoy mi mamá: "se nos jodió el viejo, uno que lo vé invencible, todo grandote, así, que parece que no le va a pasar nada…". Y sí. Mi papá podrá ser grandote, albañil, podrá tener callos en las manos de tanto pico y pala, podrá ser bruto, rústico, machirulo en muchas cosas, bueno en otras, preocupado siempre por nosotras aunque no lo diga; podrá no saber cómo escribir bien, pero es un ser humano de 60 años. 

Venía con dolores, el tipo, y nada, dolores de todo tipo, que él decía "no es nada, no es nada". Fue a una salita el domingo, me dijo que le habían tomado la presión, que se tenía que dar una inyección para sacarse una contractura, y listo.  Pero yo ayer en el laburo no estaba tranquila, porque no seré médica pero no soy boluda.  A veces uno percibe cosas, más que saberlas, y no encuentra forma de responder que no sea con intuición e intranquilidad. Y a mí me pasó eso. Entre reuniones, el entramiento del pasante, el conventillo habitual de la corpo, y la frutillita del postre de Javier y su no dejemos acá, pero dejemos acá digno de un preadolescente de 12 años; yo sin embargo estaba intranquila por mi papá.  Cuando hablamos le dije, tengo una semana de mierda, te dejo besos, me estoy yendo de CABA.  Y ya está. A hacerse el conflictuado a otro lado, porque yo pensaba: ¿qué contractura tan rara, no, que le duela tanto, y le dé calambres? ¿Cómo una contractura va a adormecerle parte del cuerpo?  No me cerraba ni empujando.

Más tarde, salí al balcón de la oficina, y le hice una videollamada a mi papá. No suelo hacerlo, pero lo elegí de hecho, para verle la cara, el semblante, porque mi papá me miente si se siente mal y no quiere que me preocupe. Él muy campante me dijo "estoy trabajando, hija, después nos vemos" y me cortó.  Yo le saqué charla, pero la verdad, me despachó con estampilla y todo.  Y eso me dejó pensando, en el medio de los quilombos, en cómo le iba a tener que decir que fuera al médico.

Cuando estoy llegando de la oficina al barrio, ya casi cerca de las 19.30 hs, cerrando un día pésimo, insostenible, donde lo único que quería era desaparecer, frenar, y volver; mi mamá me manda mensajes y me cuenta que mi papá fue al médico. ¿Cómo no avisan? Eso fue lo primero que pensé. Lo atendió una cardióloga de un centro, después de haber ido al hospitalito de por acá. Le dijo que se tiene que hacer toda una serie de estudios, porque tenía altísima la presión, y los dolores eran de eso. Nosotros sabemos que mi papá tiene dificultades en las piernas, porque no quedó bien de una operación, y porque además no quiere dejar de trabajar de lo suyo; pero últimamente estaba distinto. Y ahora creemos que era por la presión, el corazón, todo el desgaste que trae al cuerpo la hipertensión no medicada.

Por suerte, va haciendo más caso, porque al principio no quería saber nada.  Ayer ya tomó medicación, hoy la va a seguir, tiene un poco mejor la cara. Mañana se va a ir a hacer los análisis en un laboratorio, y el viernes lo voy a acompañar a hacerse un estudio a un centro, por la mañana.  Se le cortaron las comidas a cualquier hora, las cosas ricas, y también el descontrol de los bizcochos salados Don Satur, que es mi canasta básica, últimamente, al estar sin un mango.

¿Todo un palo? Sí, a veces, lo es.  Por otro lado, ayer llegué tarde a una reunión de un tallercito literario que andan con ganas de hacer en octubre. Por otro, además, me confirmaron la fecha del examen de Letras. Por otro lado, tengo que seguir adelante con una asesoría laboral que estoy haciendo, porque yo no sé quedarme quieta y acá las consecuencias. ¿Será que la terquedad, la impaciencia, y la cosa de seguir adelante contra todo, pero todo, viene de familia?

Ahora, lloradita de por medio, mate y mimos de mi gato, me encamino mentalmente para poder seguir trabajando. Tengo dos reuniones hoy, además del cierre de mes. Quiero que sean las seis, así puedo salir a caminar, y me despejo un poquito.

Lo necesito. 

domingo, 28 de septiembre de 2025

Lo inevitable

Después de la secuencia barrial de ayer, la verdad, no entiendo si hay mala o buena onda con Javier.  Lo noto distante, lo cual me parece correcto, y después hace cosas para acercarse que son un poco inentendibles. 

Ayer, como se quedó mirándome en el supermercado, y como se acercó después a chismosear por redes, no fue casualidad. Pero tampoco fue una acción concreta, nada para desesperarse.  Y eso es bueno. 

Yo sinceramente, no quiero acercarme ni vincularme. Tengo quilombos, me preocupan esas cosas, no sé qué hacer. Y Javier que justo desaparece y aparece, cual Jorge Suspenso, no cuaja con mi paciencia. 

Menos, cuando pone esa cara de boludo en el supermercado. Menos cuando esto es fácil: o te alejas, y lo sostenes, y te haces el boludo (como estoy haciendo yo, que lo vengo esquivando amablemente) o te tiras.  

¿Sera que yo soy la que siempre entiende todo mal? Porque también pienso que para mi las relaciones sin compromiso a los 30 años, pueden ser muy distintas que las relaciones sin compromiso a los 53, la edad de Javier. 

No tengo mucho para decir al respecto. Yo decidí mantenerme en el molde porque no tengo claro donde piso y prefiero ser cauta. Aguantarme, aunque me cueste, y no indagar. 
Para mí es mas simple todo: o estas, y te la bancas, o desapareces como un hombre, y también te la bancas. A saber: no mandas mensajes goma, ni haces mas nada. Y no hacer mas nada es no hacer mas nada.  

Pero ojo: quizá, para Javier, arrepentirse y retroceder y alejarse, aunque después se me queda mirando traumado en la puerta del super mientras paso hablando con mi mamá, ayer mismo, sea una manera de hacer nada.  

A partir de ahora, mi postura es totalmente neutral. Cuando el martes pasado, donde hasta entonces todo parecía estar bien le mande algo y se hizo un rulo enorme con eso, me dejó extrañada. Javier no ha tenido problema en clavarme un visto, por ejemplo, como yo no lo he tenido con él. Pero esta vez, hizo algo distinto: me avisó que estaba volviendo a la casa y me dijo que después me escribía. Yo le dije todo bien, porque todo bien. Al rato, me mando otro mensaje diciéndome que no me habia escrito porque estaba con los amigos, y yo de nuevo, le dije que disfrute el partido y su gente. 

Es que, para mi, si hay onda las cosas se arman y si no, no. Y no hay que justificarse, ni excusarse, ni pedir perdón. Yo de hecho con lo que vino pasando estos dias, no tengo ganas de hablar. Mas bien, prefiero seguir asi, zafando de tener que verlo, o saludarlo, porque si aparentemente todo lo que viene de mi es malo...  Mejor dejarlo sin nada. 

Lo que sí sé es que no quiero pensar mas ni en el ni en esto. Por eso, hoy disfruté el domingo de sol, vi a mis sobrinos, ahora voy a meditar y dormir temprano. 

No tengo ganas de empezar una nueva semana, pero no tengo opciones. Y voy a tratar de hacerlo con todas las herramientas para poder mantenerme en eje positivo y elegir mis batallas. 


sábado, 27 de septiembre de 2025

Lo mejor es aquietarse

I. 

No suelo andar mucho con mis viejos por el barrio. No es por nada, simplemente, no sucede. Si bien convivimos, no nos vemos tanto, cada uno hace su vida y nuestras rutinas tienen horarios distintos. Sin embargo, hoy sabado, mi mama me pidió si por favor la acompañaba a hacer las compras por la tarde dado que tenia que traer varias bolsas.  Yo le dije que si y después de comer, pese a la fiaca que me daba, me dí una buena ducha y salimos.

Íbamos con el carrito, caminando, y de pronto pasamos por el supermercado de siempre, donde mas de una vez me encontré con Javier.  ¿Lo curioso? Hoy justo estaba ahi.  Y por segunda vez en una semana, me vió pasarle el cuerpo a muy corta distancia, haciéndome la boluda. 

Yo, mientras iba caminando, unos metros antes de pasar por la puerta del comercio, reconoci el auto de Javier estacionado, así que decidí pasar como si nada por la puerta  creyendo que quiza estaba comprando mas al fondo del supermercado y no saliendo, o cerca de la salida, como para ser capaz de verme. 

¿De verdad, cuántas probabilidades hay de cruzarse a alguien así? 

Si bien yo ya venía charlando con mi mama en eso seguí, también, por las dudas, para distraerla, y para no dar ningun pie a tener que saludar o mirar o cambiar la postura.  

Sin saber si me habia visto o no, cuando no me quedó alternativa, pasé de lleno por la puerta del super.  Ignorando si Javier estaba viéndome o ni enterado de mi existencia, porque no podia mirar para adentro del super, di esos pasos con calma. 

De pronto, mientras casi me despedía de la vereda donde esta el supermercado,  en un medio giro, aun caminando todavía, vi que mi mama se había quedado atrás, pero me seguía respondiendo un poco mas de lejos. 

Justo se cambió de mano el carrito y yo en ese mismo instante me doy vuelta en el radio mas pequeño que puedo y no va que por detras del cuerpo de mi madre, lo vi de refilon a él, durante un segundo que se me escapó por completo. 

Sí. Javier me había visto y estaba ahi, el muy tirano.  Javier mirándome con las bolsas en una mano, ahi parado, con una cara rara. Sí. Rara. Serio. Como viendo la secuencia ahi parado sin hacer nada. No lo se. Bajo la misma actitud confusa y distante que trae conmigo últimamente, donde hace cosas y después es como que se arrepiente, o no se, algo así. 

La verdad, después de que desapareció en la semana, yo no volví a acercarme. Desapareció a tal punto que dió lugar a mas dudas, que fui dejando atras por propia voluntad, por saber que este tipo no vale la pena en ese aspecto. 

Y lo de hoy, fue cosa de un instante desafortunado. Inevitablemente, el barrio es humedo y pequeño algunos sábados.  No me asombra eso si somos vecinos.  Lo que si me asombra es lo seguido que lo veo, y al mismo tiempo, lo lejos que me siento de él, lo imposible que me parece poder vernos en paz algún dia de nuevo.

Después de haber desaparecido hace unos días, Javier me mira raro. Sí. Se ha comportado raro estos últimos dias, casi como si estuviera poseído por un nivel de contradicción jamás visto. Pero yo trato de establecer mis pautas, mis rutinas, y hacer la mía.  

Párrafo aparte, qué tipo extraño. Incluso para ignorar, para acercarse, para todo está muy raro. Muy raro. Al punto de que sé que le pasa algo, pero no entiendo qué es. En realidad, admito que quizá no se trata de entender sino de aceptar que él ha cambiado y que yo no estoy dispuesta a perder mas dias de vida desentrañando el asunto. 

Estoy en un momento donde no tengo ni idea cual será su próxima jugada, y donde hacerme la boluda consigo es mi manera de quedarme en el molde y elegir mi propia vida.  Y un poco es por desconcierto, pero otro poco, es porque siento que se comió un partido que no es y yo no tengo nada para hacer con eso. ¿Si algo le molesto? Lo lamento. ¿Si esta tomando prudente distancia? Bienvenido sea. ¿Si no le interesa y se me queda mirando así, traumado, por casualidad? Quedo enterada. 

¿Qué otra cosa puedo hacer?  Hay que seguir viviendo. 

Yo sigo teniendo mis cosas para resolver. Mis estrategias para cubrir necesidades. Mis miedos. Mis angustias. Mis esperas y incertidumbres. Mis procesos de cambio, que siguen aca, y el esfuerzo para poder cambiar miles de conductas. La fe. La constancia. La voluntad y el coraje. La certeza de que me tengo que levantar cada mañana y tengo que salir a sacarle la lengua a todo lo que no sé de qué forma voy a solucionar, pero debo poder solucionar.  Las peleas con mi madre porque quiere de mi alguien que no soy. Su presión y mi rechazo interno que crece como lava, como rabia. 

Yo quiero ser otra. Y no es un decir. Es una realidad que empecé a atravesar hace unos meses.  Dejé de estudiar Ciencias Económicas, volví a mi vieja carrera en Ciencias Sociales, y estoy volviendo a vestirme, a priorizar y a reaccionar como antes sin temor al qué dirán. Para mi es un encuentro conmigo misma, que llegó en medio de un colapso general económico. Pero también es un llamado a conformarme con menos. A dejar de presionarme por encajar en lugares, circunstancias o con personas que al final del dia me dejan vacía. 

II. 

Hoy en dia, mi foco esta en  pagar todo lo adeudado y empezar de nuevo de verdad. Primero la idea es sacarme de encima los problemas económicos, para después poder plantearme la necesidad de un trabajo corporativo e inclusive la chance de ponerme a dar clases para adultos en el turno noche.  

Mas me conecto con quien verdaderamente soy y mas a la vista queda que voy necesitando menos cosas materiales. También, que estoy bajando las expectativas. Que voy aspirando, no por una necesidad económica solamente, a vivir una vida mas sencilla. 

¿Por qué? Porque comprendi que para sostener física y mentalmente todo el circo de "me dedico a otra cosa, la imagen lo es todo y siempre necesito mas", el precio es demasiado alto. Y ya no me interesa quedar bien. Ni busco la aprobación de esas personas. 

Hoy importa para mi otra linea de la vida.  El deseo de no sostener tantas cosas que en el fondo no me interesan, seria una buena manera de llamarlo. 

De ahi, la apatía hacia los eventos corporativos que me representan una carga. El tener que pensae en comprarme un bleazer mas, cuando en realidad no quiero hacerlo, y lo hago por deber pleno y elegir uno bien barato para no seguir sumando lios, y para colmo escuchar que mi madre me dice que yo no puedo ir al mismo lugar donde van expresidentes del país, a pasar vergüenza, con un bleazer mal cortado, porque hay que ir vestida como corresponde a un evento del trabajo.  Mi rabia de nuevo apareciendo y entonces decirle que me chupa un huevo si esta mal cortado, porque es eso lo que puedo pagar, sin endeudarme, y que no tengo ningún problema en ajustarme a mis posibilidades, pero parece que ella sí, y que si tantos problemas tiene con mi imagen, que ella vaya, trabaje, viva lo que vivo yo y comprenda. Y mi madre que encima de todo el lio que tengo se enoja por eso, por el dinero que no alcanza, por las cosas que no tiene y que pretende que los demas le den. ¿Y si los demas ya no pueden hacerlo? 

III. 

Es evidente, entonces, que Javier de mi vida es solo un pedacito. Él tiene otras cosas para solucionar. Lo sé. No menosprecio sus batallas. Al contrario.  Le deseo lo mejor del mundo sea cual sea su postura de hoy. Le ofrezco compasión, y le dejo pasar su cara rara y todo lo que quizá le anda pasando en su vida y yo no se.  Obviamente, nadie es el ombligo del mundo del otro y yo solo agradecería si no sigue sumando peso al mío, con sus actitudes, porque que yo no le cuente mis internas no significa que no las tenga. Solamente, separo intimidad física de la intimidad emocional. 

Mientras sigamos asi, sin poder anticipar la próxima jugada, lo mejor es aquietarse. 

viernes, 26 de septiembre de 2025

Nada

Bajo la escalera de la oficina. Mis tacos suenan sobre el piso flotante. Tengo un pantalón acampado, una camisa con flores y un bleazer negro. Mientras, llevo debajo del brazo la computadora. Estoy yendo hacia una reunión con otro compañero de oficina, que poco conozco, porque nos dedicamos a cosas distintas.  

Pienso que por suerte, ahora, tengo una vida. Una estructura propia que me sostiene. Un propósito, aunque complejo sea el presente. Y pienso también que hace once años, cuando Javier me abandonó, porque no tenia nada para ofrecerme; yo no tenía el andamiaje que ahora me sostiene. Solamente, tenía ilusiones y las ilusiones habían sido lo primero en romperse. 

Mientras espero el ascensor, poco entiendo de lo suyo, pero tampoco me interesa tanto. La chica de 19 años que destrozó, sin embargo, pudo convertirse en la mujer que soy ahora, de 30 años. Una mujer que desde el otro lado de la historia parece tener siempre la culpa de sus confusiones.  Un mujer que puede acostarse con él sin que se cruce un cable. Y que ya no pierde tiempo en entender.  Si quiere hablar, bueno. Si no quiere, problema suyo. 

Las ilusiones, hoy en dia, están puestas en otro lado. Mantener la salud, que ya he aprendido no es eterna. La salud de mis sobrinos, mi familia, mi gato. Tener un plato de comida. Desear un buen golpe de suerte para que la plata me alcance mas, que me sea suficiente por fin. ¿Qué va a entender Javier de luchar, de decidir, de hacerse cargo, de haberse arrancado el corazón con la mano, para no cagarse la vida? 

No, Javier no entenderá nada. No sabrá de quemarse, encenderse, por amor. Al menos, no por el mio. Y lo acepto. A esta mujer de hoy, que lo piensa caminando a una reunión mas en la corpo donde trabaja, ya no le interesa casi nada el poder o no poder de su amor. Sabe que siendo uno mismo alcanza. Y sabe mas aun, que a Javier nunca le alcanzó como era ella. Que su ser mismo, ese manera de estar en el mundo, esa forma de hablar, de mirar, de ser, jamás le hizo mella alguna.  

Mientras camina, y también luego, se pregunta cuantos años tardará esta historia en morirse. ¿Será ahora el momento donde él se deshace por fin de todo hilo? Quizá lo sea.  Piensa qué hubiese pensado su versión de 19 años si le decían que iba a acabar siendo la amante de Javier, dictaminado asi por Javier mismo.  Sabe. Sí. Sabe que para cualquier edad eso es una locura, una mala jugada. Que ella no es amante de nadie, y mucho menos, de este viejo. Que ese viejo es solamente un pendiente. Un pendiente que se va agotando. 

Javier no sabrá nada. Seguirá siendo quien es, repetido desde hace tanto, sin nuevos proyectos, motivaciones. Seguirá siendo el mismo hombre, que cada dia parece morirse un poquito, por las consecuencias de no cambiar.  No. El no sabrá nada de amor. No sabrá lo que es verlo, de lejos o de cerca, seguido o cada tanto, y desear genuinamente que sea feliz. Que dé un voluntario giro. Que deje la Aduana, que monte un negocio con vinos, que respire el aire, que se tome en serio su deseo y haga por él. Tampoco sabrá nada, jamás, de lo que para mi representa decirle: "vos tenes que cuidar tu relación", como solo se lo diria a él, con quién se que jamás tendré una oportunidad de nada. Nadie sabrá, ni siquiera él, lo que se siente, o como se siente la certeza del desamor. Jamas se imaginará que yo estoy plenamente convencida de no poder hacerlo feliz, porque me repele, de su no cariño, de sus contradicciones, y que por eso no tengo miedo de confundirme. 

Javier si, Javier lucha para no confundirse conmigo. Me lo dice abiertamente mientras yo, simplemente, lo entiendo.  Estoy tan segura de que no podría darle nada de lo que él busca, que solamente, comparto el placer mutuo del cuerpo. Estoy plenamente confiada en que jamás me querrá, y que algún dia dejara de desearme, que por eso festejo una vida. 

Festejo la salud, un trabajo, un plato de comida. Un abrazo de mis sobrinos, mi familia, el amor infinito con mi gato, la posibilidad de seguir, de hacerme cargo de mi deseo, de mi vida, de lo que no quiero mas, y de todo lo que pude construir mas alla de su no. Este carácter, esta forma de ser, la seguridad, los miedos. Todo. Festejo que sigo estando ahi, esperando el ascensor ahora hacia mi piso... 

Porque hubo una vez donde yo pensé, creí y me convencí, de que no iba a poder construir nada, porque hubo una epoca donde pense que nunca mas iba a poder levantarme con ganas. Y hubo muchas mañanas asi y muchas mas mañanas con ganas de seguir. 

Por eso, quiza por eso que fue desde los 19 hasta los 30, acepté con soberana libertad que cada quien haga con su pasión y su duelo, todo aquello que pueda, que quiera, que le parezca mejor. 

Por mi, Javier puede tomar la decisión que quiera. Ser quien desee. No serlo. Perder todo. Inclusive, quedarse o irse de Aduana. Dejar de hablarme, acercarse, hacerme el amor, no hacerlo jamás de nuevo. 

¿Qué importa ya eso? 

¿Qué importa esto ya? 

Es todo un montón de nada. 

jueves, 25 de septiembre de 2025

Ningún poncho que le quepa

Javier anda en una época distinta. Curiosa. Y principalmente, rara.  Es que el maestro, amo, señor, y líder de las relaciones no relaciones, tuvo en estas últimas semanas conductas erráticas.  

1. Apareció un domingo luego del encuentro que tuvimos. Me escribió para preguntar como estaba, contarme que se habia ido de viaje de fin de semana con los amigos y que la habia pasado bien.  Hablamos normalmente por primera vez, luego del último encuentro  donde me dijo que muchas veces se alejaba de mi para no confundirse, que tenia que desarmar, que qué problema conmigo, que él jugaba con fuego y que sabía que la tenia que dejar, y que no quería lastimar, etc. 

Por mi lado, durante el encuentro, sexo si, palabras no. Frente a lo que me dijo, guardé silencio.  Ademas, durante la charla posterior, donde me contó del viaje, le di respuestas cordiales y comenté cordialmente algún detalle mio. No tocamos temas suyos mas profundos. Si, por el contrario, me preguntó de qué manera me podia decir las cosas para que me sintiera cómoda, algo que antes trajo una tensión muy fuerte entre nosotros.  

Después, el viernes pasado, nos cruzamos de lejos. Yo me hice la tonta para saludar, la situación colaboró, y me pareció que no me habia visto, pero me equivoqué. Esa noche, me mando solicitud de amistad en redes, de nuevo, y me miró algunas cosas en ese terreno. Yo lo acepté, cordialmente de nuevo, pero no dije nada mas, porque ya era tarde, y me resultó mejor pensar que seguro dormia. Aunque Javier tiene insomnio, el insomnio que yo tengo justo hoy, esa noche, me fui a formir sin querer pensar en él ni en nada.  

Durante la semana, ya acomodándome en la rutina, estudiando y mas enfocada, vi algo sobre afiliación política y se lo compartí.  La verdad es que no lo hice mal. Simplemente, cuando esa noche se acercó yo no me sentía lista para hablar porque verlo de lejos me había hecho desearlo y en la semana, ya con la mente mas clara, me pareció que sí podia devolver su gesto amablemente. 

Cuando le pasé data política,  me contestó que estaba manejando, volviendo de su oficina, y me aclaró que más tarde me escribía.  Le contesté normal, que todo bien, que buen regreso y chau.  Yo cuando termine de trabajar me fui a la facultad, corriendo, retire un libro, volví, me puse a estudiar y Javier me mando otro mensaje diciéndome que estaba mirando un partido con los amigos y que por eso no me habia escrito. 

 Le contesté que todo bien, que disfrute el partido y todo eso. Yo segui estudiando y cuando corté con eso,  me sentí muy incomoda por esa especie de justificación o excusa, porque pensé que quiza con la cosa mas inofensiva de mi lado, lo metía en un mambo y entendí que no era la idea. Pero también, por primera vez en cuanto a mis actitudes con él.  pense que una acción aunque no esté gastada con maldad, sí puede hacer daño. O molestar. O representar una carga. 

Asi que decidí tomar distancia. Después de eso, Javier desapareció, además, lo cual reforzó mi tesis de que un gesto simple, no lo fue tanto. 

A veces la parte penosa de todo esto es que yo sé que Javier no me quiere sentimentalmente, que solo hay buena onda, y cuando respondo a algo con esa buena onda real, igual que la suya al contarme sobre su finde con amigos; él se aleja como no se aleja cuando tiene que elegir entre desvestirme o acariciarme. Y mucho no comprendo el por qué. Sin embargo, tampoco hago un drama de ello. 

Si Javier a mi me dice que yo soy como la polvora, que juega con fuego, que no se puede seguir asi, que se tiene que separar, asiento, respeto, guardo silencio. 

Yo no soy quien lo invita a ningún plan. Él los organiza. Yo siempre le digo que se tome un tiempo para pensar en frío. Le pregunto si esta seguro. Le digo que quizá mas adelante. Lidio con mi deseo y con el suyo, hasta extremos dolorosos, siendo franca. 

Y cuando caigo y cuando para mi también su presencia es irresistible, acepto la propuesta, me zambullo en el abismo Javier y después me voy de su casa sin meterle una ficha.  No le digo que mientras cogemos, me mira fijo a los ojos y es una bomba. Tampoco, que lo veo mas aparatoso. O que a veces siento que no tiene onda conmigo, pese a que me propone cosas, porque intuición no me falta y veo que algo mas pasa. 

Y si a eso le sumo que cuando me estoy vistiendo me dice eso de separar y desarmar, yo no me voy. Yo me esfumo  habiendo cumplido con el acuerdo: entre nosotros, sexo de vez en cuando. 

 Cuando mientras me ato los cordones ademas me dice "qué cosa con vos, la puta madre, cómo juego con fuego, es impresionante lo que pasa", ahí sé que arrancó la culponeta.  Y entiendo que quizá por mas que me proponga, tengo que tomar en cuenta que él no lo maneja bien. Y que es mejor alejarse. 

Pero también, si él después escribe, contacta, habla, corre esa linea, yo no sé muy bien qué decirle, porque no me parece mal, sino, que me parece material sensible. Entonces, no lo trato mal, porque hay buena onda, pero trato de ser muy cuidadosa. Y a veces mi propio deseo me lo impide, porque no soy una máquina y se me juega un mambo de aquéllos.  Y pese a que el me escribe cinco veces, yo le mando un mensaje, solo uno de política ademas, y me da unas explicaciones del estilo "mira que no te escribo porque ahora estoy con mis amigos, si, pero te escribo después...". 

Sí, amigo, tranquilo, pienso. Y resulta que después Javier desaparece.  Y yo pienso: "uy, capaz se confundió con esto, o no le interesaba, me equivoqué yo acá ".  Asi que me abro. Sigo adelante como si nada. 

Pero también entro en un silencio intenso. Donde analizo no responder nada mas, no como una defensa hacia mi solamente, sino como un límite que él parece buscar que alguien le ponga o poder sostener consigo mismo.  Porque si no, es bastante raro. Su trato parece un producto de una confusión de orden emocional y no físico. Y yo viendo eso, siendo que para mi es todo físico, prefiero alejarme.  Veré si digo directamente que no, si me echo la culpa, si le soy franca, si simplemente me borro. No sé si vendrá de nuevo a mi orilla, por lo que me ocuparé solo si sucede. 

De mi lado, mandarle un chiste no pensé que iba a ser tan grave, siendo lo que yo recibo de su lado, que es explícito, que lo expone, pero parece que si no es grave es insignificante para él. 

Y lo considero una lección aprendida. Para ambos casos, el resultado es el mismo: hay que decir que no, aunque el otro te pida por favor un si de mil maneras. 

Porque la otra que me queda es preguntarle a Javier cuál es su peor miedo conmigo, que se acerca, se aleja, y parece que se tropieza con algo muy simple... pero no quiero meterme ahí. Sinceramente, lo único sincero que veo en Javier son solo dos cosas: los ojos que me pone mientras tenemos sexo, que son fieros, dulces, intensos, terribles, y sus orgasmos que lo dejan con el cuerpo temblando y una sonrisa dulce en el rostro. 

Y creo que pese a eso, es mejor guardar silencio. Todo el que yo pueda. Todo el que mi deseo me permita. 

domingo, 21 de septiembre de 2025

Odiseo en su Ítaca

El jueves, volvi despues de cuatro años a la Facultad de Sociales. A mi facultad amada. El lugar donde pasé muchísimas cosas. Y regresar, fue casi un sueño. 

Entré al centro de copiado, caminé por los pasillos de la facultad otra vez, y de pronto, me di cuenta que tenia los ojos llenos de lágrimas.

Cuando dejé la carrera a siete materias de recibirme, estaba muy enojada. No conseguía trabajo y pensé que con el tiempo me iba a olvidar, me iba a dejar de importar.   Ademas, empecé a estudiar Ciencias Económicas, porque tenia experiencia laboral como administrativa, y las puertas se abrieron a una velocidad mucho mayor de lo que esperaba. 

En ese momento, hace 3 años, estaba muy agradecida y muy triste a la vez. Tenía trabajo, podia estudiar en Económicas, pero también, no me sentía cómoda, ni feliz. Simplemente, pensaba como iba a ser tan mala de quejarme si tenia la estabilidad que habia deseado tantos años. 

Con los años, especialmente en 2023, fui trabajando ese duelo. Me di cuenta que yo no tenia la culpa de conseguir trabajo de otras cosas pero no de eso. También, que no me podia obligar a odiar algo que amaba. Y lloré, si, cuando cada paso que daba me alejaba mas de una cosa y me acercaba a la dichosa estabilidad. 

El no estar haciendo lo que me gustaba, por ese momento, me enfrió mucho por dentro. Me volví alguien que negaba su pasión, básicamente. Porque habia dejado de leer, de asistir a eventos culturales, de moverme en mi círculo de conocidos, de alentar proyectos de otros.  Obvio, hoy lo sé, me habia anestesiado para poder sostenerme.  Pensando que Letras me iba a dejar de gustar y que de un dia para el otro podia ser otra persona.  

Durante todo 2024, estudié Económicas. Saqué buenas notas. Aprobé materias. Pero durante el segundo cuatrimestre, me di cuenta una vez que pasé de lejos por la facultad de Sociales, que yo no podia entrar porque no me iba a aguantar el llanto.  El llanto de desear hacer otra cosa. El llanto de sentirme una ingrata por desear algo mas, teniendo un trabajo bueno, que mas de un estudiante de Económicas desearía. ¿Cómo iba a ser tan desagradecida, no? 

Cuando volvi a entrar el jueves a la facultad de Sociales, para comprar un libro y estudiar, me puse a llorar, si. Caminé por los pasillos después de cuatro años. Me permití sentir esa felicidad, pese a la epoca durisima que estoy viviendo. Me permití dejar de negar mi pasión.  

Y finalmente, entendí algo: yo necesito estabilidad laboral, pero también, necesito cumplirle el sueño a mi yo de 15 años, que SOÑABA con recibirse de Licenciada en Letras. A esa piba que fue a estudiar como pudo, rota o cosida, porque AMABA lo que hacía. 

Necesito eso mas que un ascenso. Mas que el reconocimiento de gente que no me importa, dentro de la oficina. Mas que un bleazer de marca para un evento de negocios. Mas que quedar bien con gente que no sabe realmente quien soy, mas que caerles bien a gente que se creen superiores (y no lo son, flor de tilingos) por vivir en CABA y porque uno vive en el Conurbano.  

Y esto, también tiene que ver con el valor. Hoy para mi es mas importante hacer lo que me gusta que seguir presionandome por ser alguien que no soy. Mas alla de mi trabajo en la corpo, de Puerto Madero y su fiebre, para mi existe solamente un lugar que es mi Ítaca. Y eso hoy vuelve a estar claro. 

Yo soy esta. Amo lo que amo. Vivo donde vivo. Y soy feliz asi. No soy como algunas de las viejas víboras de mi oficina, programadas en mirar lo que les falta, que me tiran malaonda o no entienden nada (por prejuicios, ignorancia y poca conciencia de clase). Yo soy asi. Y no quiero apretarme en una camisa que lo único que hace es sacarme la felicidad.  Quiero ser quien soy, libremente, sin pensarlo en exceso. 

Volver a Sociales, de pronto, me conecto tanto conmigo, que me emocionó hasta las lagrimas. Esa facultad para mi fue mucho mas de lo que se cree. Fue y afortunadamente sigue siendo un lugar donde encuentro gente con la cual  me identifico de verdad.  Gente con la que me entiendo. 

Volví a Ítaca.  Después de toda una Odisea.  Y vuelvo a llorar de la emoción como una tarada cuando escribo esto. Realmente está decisión representa para mi muchísimas cosas. Lo que se juega acá no es solamente una carrera, es mas bien, una cuestión de identidad. De felicidad. De aceptación de quien uno es, aunque sea una locura para el entorno en el que me muevo. Aunque te vean como una hippie con Swiss. 

Qué me importa. Qué me importa mañana ser una Gerente de, si llego a mi casa y no hice con mi vida lo que tenia que hacer. Si llego y agarro un libro, como ultima cosa linda del dia.  Prefiero ser una oficinista con un rol mas modesto, aun mismo implique ganar menos dinero, pero hacer con el tiempo que me quede algo que me haga feliz.  

Hoy siento que estoy tomando una decisión importante. Que estoy eligiendo mi felicidad antes de la aceptación de los demás o el afán desmedido de progreso.  Que estoy eligiendo lo profundo, lo que verdaderamente me importa del mundo. 

No significa que yo deje todo, no. Significa darle mas importancia a mi pasión, que al que dirán. Porque al final, uno es el que vive y uno es el que se muere.  Y yo, quiero vivir en paz, feliz, estar contenta, eso. No pido lujos, pido sentido para mis pasos. Pido propósito. Pido deseo detrás de mis acciones. 

En el fondo, no me desespera el éxito, el ser la mejor, todas esas cosas. Si me pongo a pensar lo que realmente sueño o espero de la vida, es ser feliz con lo que hago, con lo que tengo, lo que soy.  De la vida ajena, nada me desvela. 

sábado, 20 de septiembre de 2025

El curso de las cosas

Mas abajo, contaba que ayer lo vi a Javier. Yo iba hacia la parada del colectivo y él compraba en una de las verdulerías del barrio.  Él estaba en vereda, y yo, caminando por la vereda opuesta.  Algo tan simple como eso. Cosas que suceden sabiendo que somos vecinos. 

¿Qué hice yo? Lo vi antes, mientras iba llegando a la parada, asi que lo rebajé mientras el estaba entretenido y seguí caminando. Aproveche por ese segundo rápido que no miró, admiré lo bien que le queda el verde en contraste con el tono de su piel, mas morochito que yo. También, obvio, miré su pelo, su barba, ese tono de pelo negro intenso mezclado con el gris, sin dudas, fue lo que mejor le quedó con los años. El cambio que creo que mejor le sentó, más allá de su barba, que ahora se deja mas libre, o las piernas donde ahora tiene un tatuaje que no tenia. 

Sí. Yo paso caminando, tranquila, aprovechándome de que esta entretenido con la verdulera, comprándole, y luego de esa rebajada soberana, a una vereda de distancia, sigo caminando.   Sin mirar. Sin hacer nada raro. Como cualquier dia común. En la mía. 

Doy un par de pasos mas y voy perdiendolo de vista. Veo que justo viene mi colectivo asi que antes de que él termine de comprar, yo ya me subí al colectivo y me fui en dirección contraria. 

Fue toda cosa de unos momentos, asi que me imaginé que no me habia visto, concentrado en la compra. De hecho, yo pasé como si no lo hubiese visto, porque estaba apurada, no me lo quería cruzar en ese momento, etc. 

¿Pensé que habia zafado, que solo yo lo había rebajado soberanamente? Sí. La verdad, pensé que ni me había visto pasar porque fueron solo algunos segundos. 

 Pero no, me equivoqué. Javier me vió, evidentemente en el segundo donde yo solamente estaba caminando, sin mirar a nadie, pancha, con mi piloto negro, mis pantalones negros pata de elefante, mi cartera roja, mi pelo atado en una colita alta, bien fijado con gel por la humedad; mis labios con tinta roja, bien digfuminada y sin ningun otro registro de maquillaje...  

Sí. Me vió y me lo hizo saber mas tarde, a la noche, poniéndose en contacto.  Me hubiese gustado que realmente estuviera concentrado en las hortalizas, pero evidentemente tanto como yo lo vi de pedo, él también.  

Mas alla de eso, la marea está en calma con él. Mis incertidumbres hoy son otras. Distintas. Mas importantes. Javier es un componente mas en un momento de mi vids donde no me cierran los números. Y eso es a lo que intento darle solución a diario. Obviamente, no puedo esconderme de mi deseo. Pero sí me ocurre que yo en este presente tengo un tema con el que estoy lidiando y eso no es algo que estaba presente hasta hace unos meses atras. Pero ahora sí. Y en mi interior, hace la diferencia. 

 El tema es la culpa, mi familia, como me juega el origen económico y la idea de la falta son temas muy duros para mi. Los empecé a poder trabajar en terapia despues de años y es una decisión diaria porque el desafío sobre como vivir a partir de esto también es diario, permanente y no le he encontrado solución al asunto, lo cual implica estar conectada a eso, pensando o no pensando, pero con una felicidad bastante condicionada.  A eso, le sumo la presión cotidiana del trabajo, la universidad, las cosas mas comunes.  El miedo al futuro. Una austeridad forzada que viene a redirigir el concepto de valor. Volver a estudiar mi carrera original, haber dejado de lado Ciencias Económicas... jugármela, cambiar, pelearme un poco conmigo misma. Equivocarme. Acertar. No saber cómo mierda estirar mas el dinero. Y sin embargo, tratar de confiar, de seguir, de hacerle frente a las cosas. 

Hay noches donde no puedo dormir y juro que este hombre con sus vueltas es el ultimo destinatario de mi energía. Seguramente por eso cuando deslizo algo de separarse de ella, yo también lo evadí.  ¿Qué me cambiaría eso? Con Javier, tenemos problemas distintos. Desafíos distintos. Y aunque él siempre me ofrece su escucha, yo no quiero compartirle mi verdadera intimidad.  

No en vano, acá sigo recuperándome de mi herpes, que ni me duele por suerte. Solo me queda seguir con el aciclovir hasta que desaparezcan las lesiones y empezar a ver como puedo esclarecer mi cabeza, evitando que se repita el episodio, con los recursos disponibles hoy. 

II. 

Hoy aproveché que me sentía mejor para hacerme el esmaltado semipermanente en mis propios pies. También  me coloqué un preshampoo en el pelito y una mascarilla de noche en el rostro, porque últimamente estuve bastante al sol y tenía la cara un poco mas opaca. 

Además terminé una novela, comí pues minita en sus avatares de fémina y simplemente des-can-sé.  Porque claro, si mi diálogo interno está tan acelerado, hacerlo es necesario. 

Sin embargo, lo mas desafiante de todo es descansar teniendo a un gato que me despierta temprano todos los dias, que si no me despavilo en el horario de siempre me vuelve loca hasta que le hablo, y que cuando me despierto y le hablo o lo acaricio, simplemente se acurruca a mi lado para descansar...

Qué se yo. Lo cierto es que sigo con los ojos abiertos. Buscándole la vuelta.  Javier es por momentos una tormenta, por otros, una persona ausente, por otros, un vecino más. Depende de todo lo demas con lo que estoy lidiando, su influjo me desordena más o menos. 

viernes, 19 de septiembre de 2025

El cuerpo como escudo o deseo

 Finalmente, continúo mejorando de la piel. Este herpes zóster que parecía no darme tregua, va apagándose. La verdad es que casi no siento dolor alguno y eso es hermoso. También, que sigo con el aciclovir y seguiré y seguiré hasta que se me cicatrice todo. 

Hoy, ya culminando de a poco mí semana de vacaciones, salí a tomar un café con mí hermana, fui al odontólogo y también a terapia. Aproveché a caminar mucho, compré una cosita que me hacía falta, también un poco de comida en la dietética (estoy enganchada a unos alfajores sin conservantes que son peor que la cocaína) y volví a recuperar parte de mi independencia y rutina. 

Aproveché para ordenar mí dormitorio bien a fondo antes de volver a la rutina, que para mí es importante porque en la semana estoy mayormente cansada y la casa se desordena rápido. Clasifiqué ropa para guardar, ordené cajones, el tocador, tiré basura. Me faltaría mañana limpiar a fondo el ropero y ordenarlo mejor porque el lunes solo colgué algunas prendas y todo el resto de ropa doblada quedó así, mal, desordenada.  Bah, desordenada para mi vista. Que soy una obse con el orden de la ropa dentro del ropero, que necesito verla, tenerla separada por categoría, tener perchas para pantalón...  

También, vi a Javier. De lejos. Con buzo verde, haciéndole contraste con su pelo, la piel de su rostro, su barba, su cara seria.  Por suerte, el no llegó a verme porque estaba distraído comprando en la verdulería y yo caminando hacia la parada del colectivo, que pasó pronto, ayudándome a desaparecer.  Verlo desde la otra vereda y que el no me vea es sin dudas un escenario cómodo. Es como si lo pudiera rebajar sin culpa, simplemente, porque es inevitable no hacerlo. Pensar que le queda tan bien el verde y eso, sin que aquello tenga peores consecuencias, sin que me vea mirarlo, es un alivio para mí. Un alivio para el herpes, un alivio para la mente y un alivio para poder seguir. 

Por último, admito que no tengo ni ganas de volver a la oficina. Ni la más remota gana de volver a la corpo y sus remilgos, sus procesos.  El otro día fui a la Facultad de Sociales a buscar unos libros y Dios mío... Qué gran contraste es mí vida, la verdad. De día en Puerto Madero, laburando con el chetaje, y de noche estudiando a Vicente Huidobro, como tema de examen.  

Sin dudas, la versión más feliz es la que estudia Literatura Latinoamericana y hace toda la fuerza que puede por sus sueños. Aquéllos que realmente mueven por dentro a las personas. 


jueves, 18 de septiembre de 2025

Te voy a atornillar

Suena por mis auriculares un tema de los Redondos. Te voy a atornillar. Pienso, mientras espero el colectivo que me devuelve al barrio, si otra vez me voy a ver con él. Si finalmente otra vez me voy a ver con sus ojos, sus manos, sus piernas, su cara de nada, su semblante de quien no mata una mosca, sus evasivas, sus errores, sus aciertos, sus destrezas y sus maniobras para que yo termine mirándolo y pensando: "no me puede hacer esto". Para qué, me digo, para qué, mientras mi línea no viene.

Con Javier quedamos en vernos dentro de un rato. Puedo declinar la aceptación a su propuesta, lo sé, pero al mismo tiempo, mi propio deseo me lo impide. Quiero verlo. Tocarlo. Acariciarlo de nuevo. Y al mismo tiempo lo odio, y no quiero que se me acerque ni siquiera dos metros a la redonda.

Cuando llego al barrio, bajo del colectivo a una cuadra de su casa, como ha pasado en los últimos once años, y camino hacia la mía. En la calle, no hay casi nadie. Pienso mientras doy mis pasos si alguna vez llegué a imaginarme esto, pero no, sin dudas, no me lo imaginé.  Suspiro y llego a casa, meto la llave en la puerta, saludo amorosamente a mi gato que me recibe con sueño y mimos y me tomo dos segundos para bajar algunos decibeles.

-            ¿Comés acá? – me pregunta mi mamá.

-            No. Voy a salir, hoy.

-            ¿Te guardo comida, querés? Vamos a pedir pizza.

-            Bueno, como vos quieras.

Se tomó un momento, y con curiosidad, me preguntó:

-            ¿Es una cita?

-            No.

-            Pero salís con alguien… ¿Está bueno, es lindo? – me pregunta.

Me pongo seria. Si ella supiera que yo voy a encontrarme con Javier, se infarta. Literalmente. En principio, porque nunca lo quiso, y después, porque consideraba que él era un negro fiero poca cosa para mí. ´

-            Má, no quiero hablar. ¿Dale?

-            Bueno, pero si está bueno, nomás… ¿De dónde es?

"Sí, está bueno, vive acá a poquitas cuadras, es ese tipo que vos decías que si le sacabas la plata que tiene, no valía nada", ironicé en mi mente.

-            Del baúl de los chongos, es – ironicé – Me voy a bañar.

Dentro de mi habitación, evalúo el atuendo. ¿Qué me voy a poner? No tengo idea. Me resulta difícil vestirme para esta ocasión, porque siempre me visto para mí. ¿Y entonces? Elijo un vestido de manga larga, unas zapatillas Converse y me perfumo como si no hubiese mañana, una vez que salgo de la ducha.  Me peino, me alisto y me miro al espejo, para darme una última pasada. Tengo bien puestas las medias negras, el vestido me queda bien y decido no usar make-up. No tengo nada de maquillaje, no, mi rostro es el que es frente a él, en especial, que me conoce demasiado. Sólo llevo el pelo mojado, el perfume que ha ocupado el ambiente y el olor de las distintas cremas para el cuerpo.

-            Ah, bueno, ahí se va Pampita – dice mi papá.

Lo miro y sonrío con esfuerzo.

-            El tipo cuando te vea así, va a morirse.

-            Espero que no. No me veo llamando a la poli.

-            ¿Tiene con qué?

-            ¿Cómo? No entiendo.

-            Si tiene con qué hacerle frente a una mina como vos, que le cae así– observa.

-            Quéseyo – murmuro – Después nos vemos. Coman rico. Gordo – le digo a mi gato – pórtate bien, te amo.

Cuando llego a la casa de Javier, paso directamente hacia la puerta principal. Él me abre, de inmediato, porque a éstas alturas sé que está esperándome ahí, atento, para que no me quede puesta como florero en la vereda.   Entro finalmente y lo saludo con un beso cauto, en la mejilla. Hace bastante tiempo que no lo veo y no sé bien cómo tratarlo.

-            Hola – dice, amistoso - ¿Cómo estás?

-            Bien. Todo bien. ¿Cómo andan ustedes?

Saludo a su perro, sus gatos me miran, y el propio Javier me espera para buscarme la mirada.

-            ¿Todo bien? ¿Estás segura?

Lo miro y le sonrío, sin mostrarle los dientes.

-            Sí, segura. ¿Vos, bien?

-            Sí, bien.

Javier me mira de arriba hacia abajo, con una sonrisa.

-            ¿Me permitís? – dijo, ayudándome con el abrigo y la cartera.

Sonrío con cierto pudor, porque sé tácitamente que su sonrisa es por el vestido. No pensé acertar y empiezo a entender que sí lo hice.

Lo miro, mientras me saca la campera y le doy la cartera para que la deje por ahí. Él hace desaparecer rápido mis pertenencias y me mira, sonriéndome más.

-            A ver, esperá, mirá lo que es ese vestido, con esas mangas – dice, valorativamente.

-            Vestido de invierno – le digo.

-            Sí, mirá, tiene mangas y cuello – analiza, mirándome, con gusto.

Me agarra de la mano y yo también lo correspondo. Se aleja un poco, aún con nuestros dedos entrelazados y sonríe.

-            ¿Te llama la atención verme con vestido? – le pregunto extrañada – Uso vestidos.

-            Me encanta éste.

Javier toca las mangas del vestido. Lo divierten.

-            ¿Qué querés tomar? – me pregunta - ¿Quéres comer algo?

-            No, no quiero tomar nada.

-            ¿Ni agua, ni una Coca-Cola? – pregunta.

Me mira extrañado. Le sonrío. Él cambia el semblante y se dá cuenta, como buen zorro viejo, del porqué no quiero nada de tomar en ese momento.

-            No me mires así , dice – y se ríe.

-            No tengo idea de cómo te estoy mirando – contesto, haciéndome la boluda, porque seguramente mi cara me está vendiendo y se debe notar que lo deseo.

Inspiro hondo y trato de disimular.  Javier se acerca, sin dudarlo, y me toma de la mano. Yo lo tomo de la otra y por un segundo nos miramos con una risa pícara. Me lleva más de una cabeza, su cuerpo es mucho más fortachón que el mío, es grandote de espaldas, de piernas sólidas y cuando me da la mano tan suave, sin embargo, nada de esa diferencia en fisonomía me asusta. Es un placer saber que éste morocho peronista tiene la fuerza de un reo bajado de la popular del club del barrio.

-            No voy a perder un segundo del tiempo con vos.

-            No, no hagas cirquito hoy – le digo.

-            ¿Cirquito? Nah – se ríe y me atrae hacia él – Te voy a hacer masajes.

Cuando Javier me sienta en su cama, y me saca delicadamente las zapatillas, me mira el vestido y las medias como si fuera una boleta de Perón en la antesala al a urna. Un gol del Diego. Un cuento de Fontanarrosa. Un tema de los Abuelos de la Nada. Un vino rico. Un partido con los tres puntos para el equipo del barrio, por el cual hinchamos los dos.

Lo miro, durante un segundo, y sonrío. El nivel de competencia por desnudar al otro, en nosotros, es increíble.  Nos desvestimos en tiempo récord mutuamente, y Javier me mira con satisfacción. Le acaricio el cuerpo, mientras lo miro, y le rasco la espalda suavemente.

-            La operación vestido fue exitosa – comento.

Se ríe sonoramente.

-            Me encantó ese vestido – dice.

Javier me quita la ropa interior, se quita la suya determinadísimo y le miro el cuerpo antes de volver a los ojos. Él me mira y me acaricia con las palmas de sus manos, como si quisiera llevarse el registro de mi piel, de nuevo, que elogia por su suavidad. Entre dientes, me repite como siempre qué piel hermosa y me sonrío, mientras lo miro, agradeciendo ese elogio. 

Se acerca a mi y me besa. Hay algo de la entrada en calor que me gusta y él lo sabe. De hecho, es un código con el que siempre me pincha. Un lugar del cuerpo donde me dá besos, y me los manda a la distancia. Se queda ahí, un momento y no lo duda. Vuelve a besarme y a jugármela picante desde el primer segundo de contacto.

-            Estoy muy sensible, hoy – le advierto.

-            Yo me ocupo de eso. Vos tranquila.

Mientras me besa el cuerpo, a ellas, a toda la extensión de quién soy, lo abrazo con mis manos y le acaricio el pelo, como muestra de aprobación.  

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Mulita enojada y terca que intenta todavía

 Acá sigo. De vacaciones, con mi herpes zóster. Un combazo espectacular que tu cuerpo se resienta por el estres justo cuando tenes unos dias libres para descansar.  Y sin embargo, es lo que me pasa. 

Querer bajarme del barco, es poco. Además, del otro lado, la ansiedad que me trae la situación, obvio. 

Espero que este desagradable visitante, desaparezca. Ya entendí el mensaje, si, me tengo que calmar... Pero la verdad es que el dolor tantos dias, el gasto en remedios, el momento donde pasa, me tiene de malas. 

Hoy en día, no es fácil decir "no me estreso mas". En este momento, mi vida es un quilombo financiero, lidio con mucho estrés en el laburo, mis hermanas están atravesando distintos procesos y me preocupa bastante, yo estoy pasando también temas emocionales que trato en terapia para resolver el tema de la culpa, la necesidad de ser quién salva. Y por si fuera poco, Javier vuelve a escribirme, para ver cómo ando y a mí se me está prendiendo fuego la vida y la piel. 

Es imposible separarme de eso, como si fuera dos personas distintas. Mi piel siente lo bueno y lo malo.  Pero mí cuerpo me está mostrando esto para que baje dos cambios. Y yo trato de escucharlo más allá de la mufa. 

Desde su lado bueno, mi piel cuando es acariciada bien, se estremece enseguida. Se marca en momentos de pasión, nuestra su suavidad natural, es admirada por su tono. Pero desde su lado negativo, reacciona a tambien a todo lo que me daña.  Se expande con lo bueno y se defiende de lo malo.  Y la dermatitis, la rosácea de mí cara, los forunculos que he tenido en otra etapa de mí vida y ahora el Herpes Zóster, forman parte de mis reacciones inmanejables. De aquello que hace fuerza por salir aunque yo lo quiera maniobrar o acomodar. 

El Herpes Zóster me hace pensar que no puedo solapar tantas situaciones. Para mí lo financiero es un tema que me consume mucha energía, el resto se la lleva el trabajo, estoy estudiando para la facultad, tengo que terminar el tratamiento del dentista, son muchos mis gastos por mes, y también se me suman incertidumbres emocionales con mí familia, la preocupación por mis hermanas, todo lo que estoy trabajando en terapia acerca de la culpa familiar, Javier por su lado con sus palabras y me cayeron como un baldazo. 

Por lo pronto, estoy usando mis vacaciones a mu favor: busco curarme y tratar de alejarme lo mas posible de la oficina y las emociones descontroladas. Trato de no angustiarme por la plata que gasté en remedios, pienso que ya está, que todo volverá a su sitio cuando deba.  Pienso que la plata que me queda hasta fin de mes, trataré de cuidarla y que haré lo mejor que pueda con lo que tengo. 

¿Qué otra cosa puedo hacer, no? 

Yo trato de poner la cabeza en recuperarme. Ojalá eso ayude para avisarle al cuerpo y decirle: "dale, loco, vamos a estar bien". 


martes, 16 de septiembre de 2025

¿Estrés de septiembre o minita que necesita un exorcismo?

Me sentía mejor estos días, pero finalmente, no. Tuve momentos de mejorías transitorias y hoy lunes, mí primer día de vacaciones, nuevamente empecé con mucho mucho dolor en la zona donde tengo el brote. Pero dolor, mal. Un ardor, que mamita. Algo súper intenso para ser forúnculosis, inclusive. 

Hice una consulta con la prepaga, que no me resolvió demasiado. Y le dije a mí mamá que no sabía por qué un brote me dolía tanto, si otros, habían mejorado muchísimo más rápido. 

Empecé a preocuparme, la verdad. 

Así que le pregunté a mí hermana mayor si me recomendaba ir a una guardia dermatológica, si me convenía seguir con el tratamiento por la forúnculosis o qué mierda, porque en la consulta con la prepaga me mandaron al dermatólogo de guardia, pero en mí Swiss Medical Center más cercano, no había.  

Mí hermana me pidió detalles del asunto. Fotos, síntomas, todo y me comentó que eso que tenia yo aparentemente en su inicio podia ser compatible con una forunculosis pero que no lo era. Las lesiones eran compatibles con herpes. 

Dicen que el herpes, o la culebrilla, es una reactivacion del virus de la varicela en el cuerpo. Puede ocurrir o no, principalmente por estres. ¿Qué decir? Muy justo, todo. Yo tuve varicela dentro de los seis meses que pasé en la panza de mi mama. Y ahora, resulta que esto se relaciona con eso otro, de lo cual ni siquiera me acuerdo. 

Me puse una pomada, mientras, y sí sentí un cambio, un alivio distinto, desapareció esa puntada rara, que no me cerraba. Un rato después mi mamá me rezo una oración, que se le reza a la gente con culebrilla, y dicen que cura. Y yo, con el dolor que tenía, acepté todos los métodos. 

Así que acá estoy. Esperando que por tierra o por cielo, se me pase todo pronto. 

Hace una semana y pico que estoy con dolores. Ya es cansador, pero además, extraño tener salud. Sentirme bien. Plena. Cómoda. Disfrutar cosas.

Lo bueno es que estoy de vacaciones y aunque me jodieron con cosas de la oficina (porque el trabajo de uno no vale hasta que te tomas unos días) pude tomarme el día para descansar.  Es que sea forúnculosis o sea herpes, en ambos casos, son afecciones que se asocian con el estrés, con los quilombos. Así que frenar unos días llega en el mejor mmomento... 

En paralelo, Javier me escribió el finde. Para ver cómo andaba. Me contó que se había ido de viaje con los amigos este finde, que la pasó bien, que recién llegaba, que estuvo comiendo desde el viernes, que le tocó dormir en el hotel con los amigos y que no estaba del todo cómodo. Ese tipo de cosas.  Charlamos bien, como gente normal. Y eso es un buen punto.  

Yo le conté que habia estado con mis sobrinos, cocinando para el cumple de uno de ellos, en la plaza, comiendo, haciendo pijama party. Y también, muy dolorida.  Me hizo veinte preguntas sobre eso, nos hicimos algunas bromas y todo bien.  Para ser el mismo tipo que a veces mataría, estuvo bien, cordial.

De todos modos, nadie le pidió información sobre su vida. Digo, me parece bien que disfrute, pero trato de saber lo menos posible de su dia a dia porque tenerlo cotidianamente presente me lleva a otras cosas. Empiezo a pensar, a replantearme, empiezo a sentir deseos de hacer cualquiera, y cuanta menos información tengo, es menor también el impulso suicida. Tener sexo consigo de vez en cuando, no es lo mismo que compartir otras cosas para mí y mantengo esa caja muy separada del cuerpo. 

Javier siempre me dice que tiene que mantener distancia de mi porque si no se confunde. Jamás va a saber que yo también necesito mantener ciertas distancias para poder tener una postura tan clara, inamovible, definida. Si fuera por Javier, no se si nuestros encuentros sexuales serian tan claros. Pero en mi caso, yo no tengo espacio para confundirme ni un segundo, porque no sé qué me pasaría con eso y prefiero no indagar. 

Javier es la persona con la que mas veces tuve sexo hasta ahora, sin ser absolutamente nada o sin que una relación afectiva me una. Sí. Me unía antes, claro, yo lo amaba como jamás amé, pero tener sexo consigo es otra cosa. Puede parecer raro, pero para mi el Javier que él era antes conmigo ya no existe. Ahora está este, más declarado, intenso, sexual, que siento que se guarda muchas cosas. Al punto de haberle preguntado si tenía sentido alguno hacer semejante lio por tener sexo, si eso se lo daba cualquiera.  "Pero yo no lo quiero de cualquiera, yo te lo estoy pidiendo a vos. No me hagas hablar, dale", fue su respuesta.  

De ahi, de eso, de aquel amor lejos, pasaron ya 11 años. Fue otra vida, creo muchas veces. Yo era otra. Y de ahí la diferencia. 

Tengo presente que lo que nosotros hacemos, de vez en cuando, es simplemente darle espacio físico a una historia que de otra manera no es posible.   Y que Javier por mucho que diga que esto o lo otro, no tiene el valor de cambiar nada, y yo no pienso discutirlo. 

Por eso, de mi lado, no habilito nada de info.  A él tampoco es que le re interesa. Eso lo tengo claro.  El amor es algo muy muy distinto a la calentura. Lo único que ambos tienen en común es el sexo, el cuerpo. 

Y hoy en dia, mi cuerpo está en otro ámbito. Disputando otras enseñanzas. Qué va a hacer.

lunes, 15 de septiembre de 2025

Mi primer amor para siempre

 El finde, charlaba con mi sobrino mayor. Nosotros dos tenemos una relación que el resto de mi familia califica como adoración mutua. Y no están errados. Nos apodan 8 y 9, porque cumplimos años con un solo dia de diferencia en enero y andamos siempre uno atras del otro. 

En medio de la charla, de pronto, se me ocurrió hacerle una broma. La broma consistía en decirle que tengo novio, es decir, que tiene un tío nuevo.  Es que, si bien yo salí con Galeno durante mucho tiempo, nunca le conté, porque una cosa es hacer una broma y otra cosa es hablarle de cosas que no vienen al caso. 

- Vos no tenes novio... - dijo y se puso atento. 

- Sí. Ahora tengo. Hace poco. 

Me miró y miró a mi hermana como si se estuviera preguntando: ¿esto es real? 

- ¿Es verdad? - me preguntó.  

- Si, mi amor. Es mi novio. Va a ser tu tío, asi como ***, si vos queres. 

- ¿Y es peronista? - me preguntó, todo serio. 

- ¿Por qué? 

- Porque tiene que ser peronista si es tu novio... 

- Ah - dije, aguantando la risa - Sí, sí - le dije, siguiendo con la broma. 

- Ah - dijo y me miró. 

- ¿Te gustaría conocerlo, y que venga la próxima? 

- No - dijo, tajante - Tía, mirá, acá tengo a Kitty. Vos me dijiste que te gustaba. 

- Ahora que la tía tiene novio, no va a venir mas ' dijo mi hermana, apropósito. 

Estalle de risa. Mis hermanas también. 

- Mentira. 

- *** - lo llame, muerta de amor- es un chistecito ¿si? 

Me miró. 

- Y si algún día tengo novio de verdad, los va a querer a ustedes,  seguro. Yo siempre voy a venir a jugar. Capaz en algún momento jugamos todos juntos. 

Revoleó los ojos, algo celoso. 

- ¿Y va a ser peronista tu novio, tía? 

Me rei. Mis hermanas también. Mi madre, lo mismo. 

- Y... capaz que sí, no lo sé, sería bueno pensar parecido en ese sentido, pero veremos mas adelante- dije. 

- Yo soy peronista - añadió. 

- ¿Y quien te enseñó lo que es el peronismo, gordo? 

Es que, yo no le hablo de política. Principalmente, para dejarlo que viva su infancia como tal, alejado de la realidad del país y sus costumbres.  

- Papá. Él, vos y yo, somos peronistas. Y ***- dijo en referencia a mi sobrino menor - también. 

- Ohhhh. Me vuelvo loca - dije riéndome - Para resumir... ¿entonces traigo a un tio a jugar? 

- Nah. No quiero. 

- Daleeeee. 

- No. No quiero conocerlo. 

- Escúchame - le dije y le apoyé una mano en su bracito - Yo siempre te voy a amar mucho, aunque en otro momento capaz tenga un novio.  Nadie en el mundo va a cambiar que yo los ame a ustedes y venga a dormir. ¿Estamos ok? 

- Sí. 

- Bueno, entonces a relajar los calzones y a jugar 

Se rió.