Mañana de martes. Freno un rato para escribir después de un lunes fatal, porque, realmente, no sé si no cómo voy a encarar el día. El cierre de mes, los problemas del laburo, que ya a esta altura me importan poco, pero me cargan mucho, el tema Javier que está dando sus últimos aullidos y lo principal, lo que más me terminó de desenfocar, es que ayer, se me descarriló mi papá. Y como me dijo hoy mi mamá: "se nos jodió el viejo, uno que lo vé invencible, todo grandote, así, que parece que no le va a pasar nada…". Y sí. Mi papá podrá ser grandote, albañil, podrá tener callos en las manos de tanto pico y pala, podrá ser bruto, rústico, machirulo en muchas cosas, bueno en otras, preocupado siempre por nosotras aunque no lo diga; podrá no saber cómo escribir bien, pero es un ser humano de 60 años.
Venía con dolores, el tipo, y nada, dolores de todo tipo, que él decía "no es nada, no es nada". Fue a una salita el domingo, me dijo que le habían tomado la presión, que se tenía que dar una inyección para sacarse una contractura, y listo. Pero yo ayer en el laburo no estaba tranquila, porque no seré médica pero no soy boluda. A veces uno percibe cosas, más que saberlas, y no encuentra forma de responder que no sea con intuición e intranquilidad. Y a mí me pasó eso. Entre reuniones, el entramiento del pasante, el conventillo habitual de la corpo, y la frutillita del postre de Javier y su no dejemos acá, pero dejemos acá digno de un preadolescente de 12 años; yo sin embargo estaba intranquila por mi papá. Cuando hablamos le dije, tengo una semana de mierda, te dejo besos, me estoy yendo de CABA. Y ya está. A hacerse el conflictuado a otro lado, porque yo pensaba: ¿qué contractura tan rara, no, que le duela tanto, y le dé calambres? ¿Cómo una contractura va a adormecerle parte del cuerpo? No me cerraba ni empujando.
Más tarde, salí al balcón de la oficina, y le hice una videollamada a mi papá. No suelo hacerlo, pero lo elegí de hecho, para verle la cara, el semblante, porque mi papá me miente si se siente mal y no quiere que me preocupe. Él muy campante me dijo "estoy trabajando, hija, después nos vemos" y me cortó. Yo le saqué charla, pero la verdad, me despachó con estampilla y todo. Y eso me dejó pensando, en el medio de los quilombos, en cómo le iba a tener que decir que fuera al médico.
Cuando estoy llegando de la oficina al barrio, ya casi cerca de las 19.30 hs, cerrando un día pésimo, insostenible, donde lo único que quería era desaparecer, frenar, y volver; mi mamá me manda mensajes y me cuenta que mi papá fue al médico. ¿Cómo no avisan? Eso fue lo primero que pensé. Lo atendió una cardióloga de un centro, después de haber ido al hospitalito de por acá. Le dijo que se tiene que hacer toda una serie de estudios, porque tenía altísima la presión, y los dolores eran de eso. Nosotros sabemos que mi papá tiene dificultades en las piernas, porque no quedó bien de una operación, y porque además no quiere dejar de trabajar de lo suyo; pero últimamente estaba distinto. Y ahora creemos que era por la presión, el corazón, todo el desgaste que trae al cuerpo la hipertensión no medicada.
Por suerte, va haciendo más caso, porque al principio no quería saber nada. Ayer ya tomó medicación, hoy la va a seguir, tiene un poco mejor la cara. Mañana se va a ir a hacer los análisis en un laboratorio, y el viernes lo voy a acompañar a hacerse un estudio a un centro, por la mañana. Se le cortaron las comidas a cualquier hora, las cosas ricas, y también el descontrol de los bizcochos salados Don Satur, que es mi canasta básica, últimamente, al estar sin un mango.
¿Todo un palo? Sí, a veces, lo es. Por otro lado, ayer llegué tarde a una reunión de un tallercito literario que andan con ganas de hacer en octubre. Por otro, además, me confirmaron la fecha del examen de Letras. Por otro lado, tengo que seguir adelante con una asesoría laboral que estoy haciendo, porque yo no sé quedarme quieta y acá las consecuencias. ¿Será que la terquedad, la impaciencia, y la cosa de seguir adelante contra todo, pero todo, viene de familia?
Ahora, lloradita de por medio, mate y mimos de mi gato, me encamino mentalmente para poder seguir trabajando. Tengo dos reuniones hoy, además del cierre de mes. Quiero que sean las seis, así puedo salir a caminar, y me despejo un poquito.
Lo necesito.