viernes, 30 de diciembre de 2022

La vida se da vuelta casi siempre

 A veces la vida te pone en encrucijadas re crudas. Hoy estaba pensando en eso cuando salí de la oficina para comprar mi almuerzo. Si miro para atrás, y recorro todo lo sucedido con él desde que nos conocimos, entiendo que jamás pensé llegar a éste presente. 

Si hace años atrás, inclusive, a mí me preguntaban si era capaz de pensar que Javier diría todo lo que me dijo éste año, hubiera contestado que no y apostado una mano, incluso, mi mano hábil.  Jamás, mientras observo y resignifico esta historia en favor de una nueva perspectiva, hubiera creído que su confesión y el manojo de consecuencias - de todo tipo - que trajo me pegaría tan de cerca. 

Jamás me imaginé tener que mentir tanto. Pero en especial, tener que elegir a quién le miento. Hacer lo que hice hace algunos días fue el acto de amor y protección más grande que tuve hacia Javier en casi diez años. ¿Si fue del todo correcto ir a su casa y decirle que, por favor, se controlase? Quizá no. Quizá hubiese sido mejor decírselo de lejos... Pero de cerca, siempre, las cosas tienen mayor solidez. 

Es duro mentir. Creo que jamás voy a acostumbrarme a hacerlo. Pero hoy entiendo que se vuelve necesario para que los dos estemos bien. Le mentí, sí. Le dije que yo le tenía que chupar un huevo, que se tenía que controlar, e hice como si no me importara nada de todo lo que me dijo. Y cuando me quiso hacer el amor de nuevo, también le dije que no, como si no lo deseara en la misma medida e intensidad que él me demostraba con sus palabras, con su cuerpo desbordenado y dispuesto, y con su manera de pedirme y de suplicarme que por favor lo dejara. 

Mentirle, decirle que no, es una de las cosas más duras que me tocó hacer en relación a él. Hacerme la fuerte, disimular lo que me pasó consigo desde el vamos, tratar de ayudarlo a pensar; fue demasiado intenso para mí. Pero todo me lleva a pensar que ésta vez hice bien, y que el sufrimiento, en este caso, es amigo de la tranquilidad. De saber que sigo haciendo todo lo que puedo para no lastimar a nadie. 

II 

Muchos pueden pensar, a la luz de esta situación, que fui a su casa para provocarlo. Para seguir echándole leña a un fuego que no se apagó en ocho años. Pero en realidad, fue a asumir mi propia debilidad, y fui a frenarlo. Fui a pedirle, por favor, que se aclare. Porque yo ya sé que no tengo margen para confundirme ni siquiera una vez más.  Porque yo ya sé que soy la única que tiene las cosas claras de los dos. Y sé, además, que a la primera duda que le blanquee a Javier, él va a desmoronarse. Va a seguir diciéndome una cosa, con la boca, y haciendo otra.  Y eso no lo puedo permitir. 

III 

Es duro mentir, sí. Por un lado veo a Javier haciendo todo lo que hace y no puedo evitar ponerme estúpida, perder perspectiva, o juicio. ¿Por qué? Es obvio. Lo amé siempre, y con dolor entiendo que una parte mía lo ama al día de hoy. Y por eso, lo cuida. De él mismo, de su propia desesperación, de su capacidad para cometer errores, de su deseos, sus fantasías, sus postergaciones.  Decirle que no es cuidarlo, como él hizo conmigo en su momento diciendo que no quería llevarme por el mal camino. Ahora yo, de éste lado, casi una década después, trato de llevarnos por el buen camino a ambos.  Y duele. Pero es necesario. 

Termino este 2022 triste. Fue un año muy generoso conmigo, pero en el que me llevé muchas sorpresas y, la del lunes, todavía sigue resonándome por dentro. Qué curioso todo que tengo que cuidar a la persona de todo lo que soñé que esa misma persona hiciera. Durante muchos años soñé con que un día Javier viniera y me dijera algo revelador. Y lo hizo, sí, lo hizo y cambió todo el final de una historia re difícil. 

IV 

A veces pienso que si le tengo que contar ésto a alguien me juzgarían mucho. Pero soy honesta si digo que a mí eso nunca me pasó con nadie. Que en lo cotidiano soy incorruptible. Que mandé a freír churros a tipos casados, o con novia, más de una vez. Y que para mí siempre estuvo perfecto. Siempre fue lo correcto. 

Hasta que llegó Javier, ocho años después, y estando ambos en una relación, a ponerme una de las pruebas más dura a nivel afectivo. Y no fue un tipo cualquiera con una propuesta, sino que fue Javier, mi Javier, el mismo estúpido de toda mi vida, tocando otra vez la puerta. Si, el que viene es un Javier en pareja. Vos no vas a buscarlo en ningún lado y un día la vida te lo devuelve confesando todo, en pareja, cagandose en todo y sufriendo por la culpa que eso le da. 

Ése fue el tipo que en abril me lo confesó todo. El tipo que conocí a los dieciocho años, que me miró con cara muy seria la primera vez que me vió y me pasó muy poca bola. El tipo que me pedía las empanadas de pollo porque no comía pizza. El tipo que veía mi vaso vacío y se levantaba a servirme bebida. El tipo que se quedaba en la oficina, esperando que saliera de la facultad y viajara cuarenta minutos, para volver juntos en su auto y me decía que lo hacía porque podía, porque quería, y que no importaba el peaje, el cansancio, la nafta o el estrés. Al tipo que me mandaba a averiguar a través de sus amigos como estaba, con los años. Al tipo que perdió el orgullo y más una vez quedó con la jeta pintada por querer acercarse a hablar nada más y llevarse una cara de culo mía. Al tipo que le dije las cosas más feas. Al que lo menosprecie siempre porque nunca se la jugó y que cuando se la jugó lo menosprecie porque fue tarde y lo acuse de querer sanear las frustración de su relación conmigo. Y le dije que la remera con otra que no soy yo. Y el me dijo que no se quería confundir y que le costaba mucho y yo le dije "no, no te confundas, estás loco, como te vas a confundir". Al tipo que me lastimó porque no podía hacerse cargo de lo que le pasó siempre. Que me dejó seis meses en pausa la mente y años en pausa el corazón...  Ese fue el tipo que después de ocho años de historia no dicha, un día, vino a vomitarlo todo. 

Siempre fue el mismo tipo. El tipo que sentía que no tenía nada para ofrecerme y que ahora, supuestamente, ofrecerme todo el sexo del mundo. Pero además, quiere saber de mí trabajo, del motivo de mí separación con Galeno, de mis sueños. De mí carrera universitaria. De mis hermanas. De la música que escucho. Del vino que tomo. Y que se quiere guardar para siempre la imagen mía arriba suyo, sonriendo, en medio de una catarata de placer permitido una única vez. Es el mismo. En el fondo, sigue siendo el mismo atemorizado que no se pone pone de acuerdo y me manda reels con gatitos lindos. O me escribe. El mismo que dice, ahora, "vení siempre, hagamos el amor, vení a tomar mate, vení a hablar de trabajo, vení cuando quieras". El que recién llegado de trabajar, aunque odie ese tipo de cosas, me recibe en su casa. Inclusive, para que lo cague a pedos. 

Obvio que es mi momento de cuidarlo. ¿Cómo no lo voy a hacer? ¿Cómo no lo voy a cuidar? ¿Cómo lo voy a dejar cometer los mismos errores que lo atormentaron y por los que se sintió mal y por los que le dieron con un caño y lo hicieron cargo de cosas que no le correspondían del todo ? ¿Cómo le voy a decir que deje todo, que se cague en todo, y se quede conmigo? ¿Cómo voy a meterlo en problemas, escribiéndole, queriendo saber de alguien que no está a mi alcance? ¿Cómo lo voy a mandar al frente cuando no me pierde pisada en redes, cuando me dijo que se iba a acordar de todo para siempre mientras me veía y me devoraba? 

¿Cómo le voy a decir lo que realmente se me cae del alma cuando lo veo querer abrazarme o tocarme el pelo? ¿Cómo voy a decirle que sí, que me quiero ir a cualquier lado consigo, que desearía que no existiera nada más que nosotros en una cabaña perdida, que sí quiero, que me muero de ganas? ¿Cómo le voy a decir que quiero que me escriba y que me mande reels y que me encanta reírnos? ¿Cómo le voy a decir que le veo los ojos cuando me mira y sé que no es solo calentura? Sé que, en el estado de desorden y de vulnerabilidad emocional que tiene, con una cosa que haga, Javier se entrega. Pero sé de la culpa que siente después, del miedo, de la ansiedad. De la responsabilidad que siente por hacerse cargo en mil sentidos de su pareja y de no querer que yo me enoje. 

Aunque suene tonto, o enfermo, yo lo entiendo. Por eso no le digo lo que siento. ¿Para qué?  ¿Para que sufra, se revuelva, la pase mal? ¿Para que se martirice otra década? ¿Para que no pueda tomar las decisiones? Prefiero hacerle ver a una mujer fría, a una pendeja de mierda, con tal de que esa sea una manera de controlar la situación. 

Prefiero quedarme con todo eso para mí. Y decirle que no, que merece vivir en paz, que después se va a arrepentir, que a mi no me quiere, que sólo quiere tener sexo, y hacerme "la superada" para que no se ponga blando y atiene a mostrar un solo sentimiento.  Prefiero hacerle pensar que yo también busco sexo, piel y carne, aunque en realidad no sea cierto, porque ambos tenemos personas de sobra que no tengan semejante historia detrás detrás. Porque prefiero decirle que está caliente conmigo, como si fuera un animal, para no tener que reconocer que uno del deseo se olvida con los años... pero que de otras cosas, no.  Prefiero que piense que soy una trola, si quiere, no me interesa. Sé que mientras más lo aleje de mí, va a ser mejor, aunque en el medio sienta un dolor enorme. Porque claro, y yo también tengo un mejunje en el corazón, y lo que más desearía es que estuviera solo para poder hacer lo que realmente quiero, aunque solo fuera algo físico.  

Pero es obvio que no hay otra alternativa que la que estoy tomando.  Considero que me equivoqué lo suficiente. Y quiero ver si así se arregla todo. 

Javier no está solo y yo no quiero complicársela. Lo quiero cuidar. Proteger de todo lo que se le puede venir. Dejarlo que siga su camino como mejor crea. Por eso, el otro día, le fui a decir que por favor pare. Sé que su vida entera es un lío. Sé que si él pudiera hacerlo con otra mujer, no lo haría, porque es todo un caso y porque siempre lo vi como un tonto dominado. Pero siempre amé, aunque con dolor, a ese tonto, a ese tonto dominado por alguien o por algo que lo alejaba de mí. Y ahora que se acercó de esta manera tan culposa es un deber dejarlo así. A ese tonto que jamás fue capaz de gritar al mundo lo que le pasa. De renunciar al qué dirán. Al que pudo pero muy tarde. 

 En cambio yo, sí fuí a renunciar. El lunes, en su casa, fui a renunciar a la persona que amé durante casi diez años, de las formas más silenciosas que alguien puede imaginar. Ni más ni menos.  Lo hago porque quiero cuidarme, además. Y que lo diga después no implica que sea menos importante. Voy a cuidarme a mí. Voy a cuidarlo a ël. 

Sé que es lo mejor para todos, para los dos... Que quizá aunque le diga que no, tampoco lo deje de querer ni desear como lo deseo, como jamás deseé a alguien. Pero es lo que tengo que hacer.  No hay remedio.  Yo voy a hacer todo lo que pueda para cuidarlo, para no llevarlo a lugares de mierda.  Porque si le doy a elegir, va a elegir mal. 

Mientras contengo las lágrimas, pienso lo conocida que me suena esa frase. 

miércoles, 28 de diciembre de 2022

Los pasos derechos ...

 Javier se sentó en la silla que le quedaba frente a mi. Yo lo miré sentada en la silla, con las piernas apoyada en otra. Estaba tomando el mate que me había preparado, cuando me preguntó: 

- ¿Vos estabas cómoda el otro día

Es curioso pero el me dice el otro día haciendo referencia a algo que pasó hace un promedio de ocho meses. Pienso mientras lo escucho que la manera de usar las palabras hace reflejo de los pensamientos y me digo que a veces parece que pasó ayer algo que cumplió ya su buen tiempo.  

- ¿Por qué querés sacar tanto el tema? - le dije, suavemente - No hablemos más de eso. No quiero hablar más del tema. Es un tema conflictivo para nosotros. 

- Es esa pregunta y nada más. Dale. Es una duda que tengo desde que pasó. 

- Una. 

- Una - me prometió. 

- Si. Pero no del todo. Tenía una contradicción interna muy fuerte. Mí voz me decía no es correcto y mí otra voz me pedía que lo hiciera. Era un "no podes" contra un "hacelo, hacelo , hacelo" - le expliqué - Todo el tiempo. 

- Claro... Si, eso si. Lo entiendo. Yo estaba muy desatado  - me dijo - Me quedé pensando que quizá había sido muy bruto con vos. Tenía miedo de lastimarte porque yo soy reee intenso y te veía... toda chiquita - me explicó - Y al mismo tiempo quería hacer todo... Y quería tener cuidado y al mismo tiempo quería agarrarte... 

- ¿Chiquita de edad o de contextura física? - le dije, pensando que se venia el planteo moral solapado. 

- De contextura física - me aclaró. 

- Y si... En comparación, sos mas grandote que yo. Me vas a ver chiquita de cuerpo. Vos sos como enorme... En comparación, digo. Fíjate ahora cuando me pare... 

- Yo no estoy tan gooordo - se quejo - Soy grandote igual, es verdad, y vos tenés un cuerpo chiquito, además. Y no quiero pensar más en tu cuerpo - dijo. 

Asentí y me quedé callada. 

- Tenés razón, veníamos bien. No hablemos más del tema. Nunca más si es posible. 

- No es posible. 

Lo miré y me quedé en silencio. Me tomé un momento para elegir mis palabras tratando de que no fuera un relato intimista, y finalmente, se lo dije: 

- Parte de la contradicciones que tuve en esos momentos fue porque no estaba bien lo que pasaba pero me agarraste y se me dificultó pensar. En un momento, yo te juro que pensé "este tipo se está compenetrado tanto que me va a hacer un hijo " -  le dije en un tono irónico y le puse cara de desesperación - No se, no nos conocíamos. Ahora sí, y bueno, paso. Y listo. 

- Pero... ¿te lastimé? ¿No te gustó? 

- No, todo ok. Ok. No más detalles. Cerramos las preguntas - le dije, con un gesto. 

Javier se rió. 

- Te juro que te trate con mucho cuidado. Soy indio. Intenso. Tenés razón en todo, menos en lo de tener hijos -  me comentó. 

- Fue irónico, obvio.  Yo no quiero tener hijos - le dije - Y nada, fue un momento de mucha debilidad mental para los dos. Yo no te cuestiono cómo salió, vos no me cuestionás a mí. Me parece que salió como salió. 

- No, no. Yo no me cuestiono la intensidad. Tengo cincuenta años , no me voy a poner a discutir estas cosas. Tenía miedo de que no estuvieras a gusto. 

- Tranquilo. 

- Porque a mí no me pareció que pasó algo malo, pero quería saber si para vos... 

- Javi, no abusaste de mí, yo quise también, lo deseaba.  Me cuesta hablar del tema. Por eso no quiero entrar en detalles, pero vos no me obligaste ¿si? ¿Más tranqui? 

- Sí. No, yo creo que no te obligué. 

- No, claro que no. 

- No sé si te gustó, pero me dejaste - dijo, muy serio. 

- Javi, por favor, no entiendas mal esto ¿si? Yo no quiero que se vuelva a repetir, no quiero hablar del tema, pero no porque haya sido algo feo. Solamente, porque no corresponde ¿si? No corresponde. 

- No - dijo, muy serio. 

- ¿Ok? 

- Sí - musitó. 

- Bárbaro - le dije, y levanté un pulgar. 

Me miró , sonrio y me cebo un mate más. 

- Despacito - musitó. 

Le devolví el mate, sonreí como de lejos y comí un bizcocho de la panadería de la esquina de la casa de Javier. 

Me acordé de como me dolía el cuerpo y la vida al día siguiente de haber estado juntos. Desearlo me daba culpa, me sentía mal conmigo misma por toda la situación y consideraba que me había convertido en la peor persona del mundo.  Me quedé pensando en toda esa oscuridad mientras lo miraba levantarse y sentarse en la mesada de la cocina. Ni hijos, ni perro ni convivencia. Nada. Javier no tenía nada para dar y yo ya no lo anhelaba.  Eso era justamente lo que había ido a hacer con mí visita: a decirle que no hiciera nada. Principalmente, porque había que dar pasos derechos. Y porque ya estaba más que clara la posible confusión a enfrentar. 

-  El otro día vi que subiste a redes que tuviste la fiesta del trabajo - me comentó. 

- Si - dije.  

- Contame algo de eso. ¿Hiciste lío con la bebida? ¿La pasaste bien? ¿Tomaste mucho? 

- No. Me regalaron espumantes. Estaba contenta. Tomé un poco más, pero estaba relajada. Mis compañeros me conocieron desde una perspectiva diferente. 

Javier se rió. 

- Contame, ¿que tan diferente? 

- Viste que yo soy una chica del pueblo - le dije, explicándole que era una persona que no discriminaba por clase social - y bueno, estaban los pibes de la oficina y los pibes del depósito... 

- Vos no sos del pueblo... de todos - me dijo, frenando la charla. Note que no se reía. 

Lo miré y le revolee los ojos. 

- Bueno, pero entendés el punto. Soy una persona popular. Me gusta más rodearme de gente sencilla que tener prejuicios. Puedo estar con los de la oficina y con los otros chicos y eso no me hace cambiar. 

- Si. Lo sé - me dijo Javier - Pero sos popular - insistió - no del pueblo, de todos... 

Lo miré y le hice cara. Pensé que yo soy de quién se me antoje. Aunque fuera del pueblo, sería mí elección. Y que el muy escorpiano éste no se tenía que meter en ese rubro. 

- Y estuve tomando vino con la gente de la oficina y después me fui a tomar un viajero con uno de los chicos del depósito que por lo general no se mezclan entre si. Pero estábamos en una fiesta y todo ese tipo de cosas después dieron ahí un poco para hablar... No sabían ellos que tomaba alcohol porque nunca conté nada en estos meses y me vieron más como soy...  - argumenté. 

Javier me sonrió. Me pareció ver cariño y un registro de diversión en sus ojos. 

- Después no volví a manejar las cuentas y los pagos sin que me jodan. Pero bueno... - musite - Esto soy. Disfruto el vino, la verdad. 

- Pero... Me parece que no me estás contando cosas - argumento -  ¿Cómo llegaste a la cama? ¿Con quien dormiste? 

- Con una compañera. 

- Ah, bien. Pero llegaste  bien... ¿Te acordás de todo? 

Lo miré, extrañada. 

- Una cosa es tomar un poco y otra cosa es ponerse en pedo. Yo tomé y me diverti. Quería disfrutar. Y me fui a dormir bien. 

- Y otra cosa es ser borracha - me dijo, en broma - Me alegra. Yo estuve de despedida también el viernes que te comenté. Bah, ellos. Yo la verdad es que con lo que pasó no disfrute nada. 

- Qué pena. Te merecías disfrutar un día así. Una vez que no estás amargado corriendo... 

Sonrió como con resignación.

- No quiero trabajar más en esto, te juro. ¿Como te fuiste a meter en este rubro, vos? ¿Seguís estudiando Letras? Decime que si, dale. 

Lo miré y me quedé callada. 

- No. 
- ¿Dejaste? 
- Si. 

Se agarró la cara con las dos manos. 

- No, no, no, no - dijo - ¿Si? ¿Así me decís? 
- No quiero hablar del tema Letras ... - le dije, resistiendo ese lado. 
- Al final, no querés hablar de nada... 
- Es que me mueve muchas cosas por dentro. Te tengo que explicar muchas cosas personales y no quiero. Me supuso muchos conflictos internos y no quiero compartir eso con vos. 

Se rió. 

- Hablame, contame todo, por favor.  Explícame, dale. Te escucho. 

Me tomé un momento. Elegí el modo de contarle esa historia sin sentirme tan expuesta. 

- Vos sabes que yo soy una persona que no me rindo fácilmente... Que soy muy cabezona. Yo voy, voy, voy, y voy... Mil veces, voy. 

Javier se rió y jugó con un cuchillo que había sobre la mesa. 

- Noooo, no sé - susurró, con humor - Claro que lo sé. Sos dura, re cabezona sos - dijo, mirándome las manos.  En cuanto lo noté, me acordé de que a Javier, en la época donde se desarrolló nuestra historia, le encantaban mis manos y elogiaba seguido mis uñas. Decía que siempre estaban perfectamente pintadas. Sabía que eso le gustaba pero no me había dado cuenta que estaba también presente.  

De seguro, y   como reflejo, observé el esmaltado semipermanente actual en perfecto estado.  Eso le abrió paso a un tono agridulce en la garganta.  Me pregunté si el sexo y el deseo físico incluían charlas mirándome las uñas , es decir, cada detalle, o charlas de la intimidad de cada uno, de esa vida que no queremos compartirle, o que no sabemos cómo evitar compartirle sin dolor; y entendí que no.  Pero me dije que Javier había tirado a la basura todos mis sentimientos, y mi corazón, y mi vida de aquellos años. Entonces... ¿Qué? Justamente eso, había que cerrar todas las puertas que llamaran al peligro. 

- Intenté trabajar mucho como profesora - le dije, mirándolo a los ojos - . Busqué incansablemente, Javi. Te lo juro. Busqué meses enteros, trabajando en otros lados...  Y no toco la puerta esa oportunidad. El día donde me tocó, y me llamaron a casa, yo estaba firmando contrato en otro... No me lo querían contar en mi casa... pero yo tampoco hubiera podido sostener mucho tiempo esto de cobrar diferido, de dar vueltas y vueltas después de haber estudiando tanto...  - musite - Siempre pasaba algo que indicaba como si mí vida tuviera que ir para otro lado. Aún mismo cuando me empacaba y buscaba solo de Letras. Éste año, estaba buscando solo de Letras, y siguieron pasando otras cosas. 

Asintió, escuchando con mucha atención. 

-   Yo no deje de buscar pero me empezaron a pasar otras cosas en la vida. Oportunidades que si salieron, cosas que se me dieron, y hay que ver eso también. Prestar atención a lo que te va pasando para entender dónde ir.  Cuando buscaba para ese lado, se activaba todo menos eso y te lo digo en serio...  La verdad es que no podes torcer lo que pasa, a veces. 

- Es cierto, si. Pasa. 

- Yo necesitaba trabajar y mi deseo era trabajar de lo que estudiaba, como creía que me iba a hacer feliz.  La vida me fue dando muchas oportunidades en un rubro que me gustó y que empecé conociendo porque soy curiosa, pero para el que no estudiaba. No iba a poder entrar nunca y estando ahí me di cuenta que me gustaba. Y de curiosa, empecé a aprender, a estudiar y arme este presente. Lo lógico. 

Me quedé callada. 

- No hay mucho misterio. Eso fue todo lo que pasó. 

- Pero... ¿Te gusta más Contabilidad que Letras? 
- Son dos cosas diferentes. Pero me gustan las dos. Me gusta mí trabajo. Y para mí todo lo que soy es literario con cositas contables. 
- ¿Cómo es eso? - me dijo, sonriendo, mediando una carcajada. 

Me reí. 

- Eso. Amo con todo lo que soy la literatura. Amo leer y escribir. Soy casi un libro con patas, vos me conocés, eso vive conmigo. Pero yo no puedo cubrir todo lo que necesito trabajando de eso solo... Gano mas y mejor haciendo otra cosa. Y la verdad es que disfruto mucho lo que hago también...  Soy agradecida de lo que tengo. De lo que si es. El resto no puedo modificarlo. Quizá en otro momento, pero ahora, no sé... 

Javier se quedó callado. 

- Pero estudiar... ¿Recibirte de qué? 
- De Contadora y/o Licenciada en Administración - le dije. 

Se quedó callado y se puso serio. Miró para otro lado. 


- La verdad es que me gusta también...  - le comenté
 
- No entiendo como pasaste de una carrera como Letras a una carrera contable... 

Lo miré y me encogí de hombros. 

- La vida cambia, Javi. Fui para donde se me fueron abriendo las puertas. Y uno a veces no puede por mucho que quiera elegir las puertas. Se abren o no. Y después entendés... 

- Entiendo. Está bien. Cambiaste tu pasión por el bil metal - dijo, y me miró - Igual te comprendo. 

- Nah. Mí pasión está. La llevo conmigo. Solamente que preferí además la subsistencia de tener más salida laboral y tuve muchos más resultados con ésto.  No es menor  - le dije, con sorna - Yo quizá no tuve la posibilidad de poder esperar a mí carrera porque económicamente me tenía que pagar los estudios y porque me salió otro recorrido en el trabajo, pero tampoco cambiaría está historia. Me gusta lo que estoy construyendo. 

Suspiró. 

- No puedo creerlo. Pero bueno.... Te juro que no puedo creerlo. Desde que te conozco que vos amas los libros. Y estudiar. Y escribir... No entiendo como te puede gustar la Contabilidad - me dijo - Pero vas a andar bien. 

- Amo los libros. Amo estudiar. Y amo todo lo que sea artístico. Pero la Contabilidad también tiene lo suyo. Me gusta esa lógica. Su orden. Las soluciones que aporta. Cuando me cierra bien una cuenta corriente... Ahora forma parte de mí. 

- Si. Veo que si. No puedo decirte nada porque si bien laburando andamos casi en lo mismo, yo me lleve siempre Contabilidad. Me la llavé los años donde la tuve. En primero, me la llevé. En segundo, me la lleve y en tercero, me la llevé - me dijo, haciendo énfasis en la mesa con sus manos. 

Me sonreí. 

- Yo menos. Estudiaba Letras - le dije, riéndome. 

Se rió. 

- ¿Vas a volver algún día a estudiar? - me preguntó. 

- Obvio - le dije y me sonrió con otro gesto - Pero cuando esté un poco más acomodada en mi vida. Laboralmente estoy aprendiendo mucho. Me estoy metiendo de lleno en aprender lo académico. Tengo que aprovechar esto que está pasando. Para Letras en algún momento me voy a hacer el espacio. Me quedaron siete materias. Quiero llegar al título. Luché por él. 

- No es nada. Sí, tenés que hacelo - me insistió. 
- Lo se. No es que me olvidé... No es que no me importa... Pero bueno, tiempo. 
- No, estás loca. No lo largues. 
- No, si soy más cabeza dura yo... Leo y escribo como desgraciada. Eso no me lo saca nadie. 

Me miró y sonrió. 

- Al final no me querías hablar y me contaste... 
- No quiero abrirme con vos - musite - Porque después ... Pero sí, esta es la verdad. 

Me puso cara de fastidio y se empezó a reír. 

- Nosotros dos tenemos mucha confianza...  - musitó - Yo te cuento también mis temas - dijo. 

- Ya lo sé. Ya se que abrís tu alma conmigo - le dije, riéndome - y encima me lo decís con un cuchillo en la mano . 

Obviamente, estaba siendo irónica. Javier sonrió.  El perro ladró. Movió la cola y ladro de nuevo. 

- Quiere salir. Quédate acá, que ya vengo - me dijo. 

Saco al perro al jardín. 

- Bueno, bien, me estás contando. Me estás contando cosas, eso me gusta - dijo, entusiasmado cuando volvió. 

- Si, hoy es excepcional. Vine acá a decirte esto que te tenía que decir. Y bueno, podemos charlar bien. Si charlamos bien, no hay problema. 

Asintió con la cabeza. 

- ¿No podemos charlar de nada del otro día?
- No. 
- Bueno, está bien. Si, mejor. 
- Mh-mj - le dije - Mejor. Si. Hablemos de otras cosas que no involucren nada de lo que pasó. Y listo. 
- Si, porque.... Se me hace difícil. Se me complica mucho. 
- Si, te entiendo. Tranqui. Yo igual no voy a volver a venir. Pero pensé que si te decía esto por mensaje no iba a ser lo mismo. 
- Podes venir cuando quieras. En serio. Vení cuando quieras acá. Por trabajo, por mate, por un vino... Vos vení. 

Sacudí la cabeza, apenada. 

- No, porque eso es hacer las cosas adrede. Es ponernos en una dificultad extra - suspiré - Bueno, vamos redondeando -dije y me senté como correspondía en la silla. 

Sintiéndome contenta porque no había sobrepasado el límite del diálogo y había sostenido mí límite interior, desee que Javier entendiera que no hay otra opción.  Hay una decisión que no va a tomar nunca. Una oportunidad que también busqué incansablemente. Algo que nunca se dió del todo bien. 

Y así como con Letras y Ciencias Económicas, tocó buscar otros caminos. Dar los pasos derechos. Elegir con la cabeza más allá de lo que también se eligió con el tonto y tierno corazón. 



Reconstruir el camino

 Hoy fue un día difícil. Siempre me pasa eso los días después de tener algo que ver con Javier. Me baja una especie de tristeza y de agotamiento muy grande. Es como si mi cerebro trabajase a todo vapor para procesar esa vivencia y el resto que me queda se encarga de cumplir con las responsabilidades del día y de la altura del año. 

Reflexiono sobre lo de ayer y si bien entiendo que quizá no debería haber ido, fui a decirle algo muy cierto y es que se ponga de acuerdo, que se detenga y que piense.  Porque me di cuenta que él manifiesta una cosa pero hace cosas compatibles con algo mucho más sentimental que carnal y, como no se va a animar a dar el paso, me pareció apropiado reforzar algunos conceptos.  Antes de eso, pensé en mandarle un mensaje diciéndole lo mismo pero sentí que no iba a ser lo suficientemente serio. Que se podía escapar. Y consideré que esto, es decir, anunciarme en su casa previo mensaje, sí iba a ser algo que nunca había hecho antes. Y que entonces, Javier, iba a entender que lo mío no es un juego para tentarlo o algo por el estilo, sino, que es un pedido de orden. 

II 

- ¿Para qué me escribiste el otro día? - le pregunté, secamente. 

- No te pongas tan seria - me dijo y me sonrió. 

- ¿Para qué me escribiste el otro día, Javi? - le dije, parodiando una sonrisa. 

Se rió. 

- Porque sí. 

- ¿Y me dejaste colgada porque sí? 

- Porque le robaron el cheque al tipo que mandé a pagar. Estaba en una quinta, festejando con los viejos de la oficina, y hablando con vos. Y me avisaron eso. Me cagó el día. 

- Es entendible, sí. Hasta que le robaron por lo menos - le dije, siendo fría - ¿Y antes? ¿Para qué, por qué hacerlo? 

- Porque... no sé... porque no quería que te quedaras mal... No quiero. 

- ¿Mal? ¿Por qué me quedaría mal, yo? 

- Porque.... no hablamos más y no sé... Te quería escribir, joderte. Lo que pasa es que yo hago eso, me conozco, y sé que después quiero terminar haciendo el amor con vos... - me dijo - Porque tenemos mucho humor, nosotros dos ¿no? 

- Mh-hm - le dije, nada más - ¿Vos me querés joder en el sentido de broma o me querés joder la existencia? - le pregunté. 

- Nooo, no. De broma, de broma. Te lo juro. Yo no quiero que te quedes esperando nada, y no sé, pienso que quizá estás esperando, o te sentís mal, como que te tomo el pelo. Te escribo para que no te sientas que yo te agarré y que... ya está. 

- ¿Por qué pensás que yo estoy esperando algo de vos? ¿Quién te hizo creer eso? - le pregunté. 

- Es que no sé... Yo lo siento. Yo siento que te debo algo. Por eso te escribí. 

- Ahhhh - musité - Está bien, está bien. Entonces, me estás volviendo a tratar como la nena de diecinueve años. 

- ¡No! - exclamó - Yo no quiero que te sientas mal, que te llamo cuando quiero coger. 

- ¿Y por qué te hacés tanto problema si me mandás o no un mensaje cuando yo ni te escribo? ¿De dónde sacas lo que pienso? Suponés, Javi. Suponés todo como la mierda - le dije, hablando a mil por hora. 

- No, pero yo no quiero que la pases mal... 

- ¿Y quién te dijo que yo la paso mal? - le dije, indignada. 

Me levanté de la silla y nos quedamos frente a frente. 

- Bueno, pero en tu situación no quiero que pienses que te tomo el pelo. Te escribo, sí, qué querés que te diga... 

- ¿Cuál es mi situación si se puede saber? - le dije, más irritada. 

- Vos estás soltera. 

- Sí. ¿Y qué tiene que ver con tus reels? Me mandás reels de gatitos, o sea, por Dios. Son re lindos, pero no me los mandes... No dá. No dá. ¿Entendés? 

- Que yo no quiero que vos pienses que te escribo porque estás soltera y que quiero molestarte y que... no sé eso... Porque yo sigo en pareja. 

Sacudí la cabeza y lo miré por un momento. 

- Ay, Javier, por favor, qué quilombos que hacés... - me quejé - ¿Vos sentís que me tenés que dar algo como qué? Si vos no tenés nada para darme... ¿Qué me querés dar? ¿Eh? 

- No, no, no, ya sé, ya sé - me dijo, frenándome con las dos manos - Sexo. 

- Ok,  frená ahí, frená ahí - le dije. 

Se me quedó mirando.  Buscando mi abrigo y guardando el celular en mi cartera, yo le pregunte: 

- ¿Vos ves en mí un culo con destellos, no? - sonrió. 

- Sí. ¿Está mal? 

- No, podés ver lo que quieras , lo vas a hacer de todos modos - le dije - Pero si lo único que ves en mí es un culo con destellos, no me mandes nada. Si yo soy solo sexo para vos, no me debés nada. No tenés nada más que hacer. ¿Entendés? 

- Sí. Pero... 

- Pero nada, Javi. Yo te chupo un huevo, y en tu situación, está bien. Es lo que corresponde. 

- No, no, no. Vos no me chupás un huevo. Si no me importara nada de vos, pero nada, te llamaría para acostarnos todo el tiempo. 

- ¿Y qué, como te importo, me mandás gatitos boludo? - le dije. 

- ¿Y qué, entonces, te llamo y listo? 

- Si fue sexual, fue sexual, punto Javier. Ni mensaje, ni reel, ni nada... - le dije

- ¿Te llamo entonces, eso es lo que querés?  

- No, boludo. No voy a tener sexo con vos. Olvidate. Ya está. O sea, yo no quiero que hagas quilombo. Nada más. 

Se le escapó una risotada. A mí también, porque hasta me causó gracia lo absurdo de su argumento. 

- No me tenés que dar nada, Javier, basta. No me mandes nada. Ahorrate el disgusto de poner esa cara de velorio, de sentirte mal, de sentirte culpable... Ahorrate todo eso.  ¿Fue sexual? Fue sexual, listo. No va a volver a pasar. 

Javier me agarró de la mano, me acerco a su cuerpo y me dijo: 

- Vení, dame un abrazo -  mientras me cubría con su cuerpo por completo. 

Me abrazó muy fuerte. Yo lo abracé y me resultó muy intenso volverme a encontrar con el olor a suavizante que siempre tiene toda la ropa de Javier mezclada con el olor a perfume importado. Hundí la cara en su ropa y aspiré. "Lo odio" , me dije, para mis adentros. 

En un determinado momento, en medio de ese mismo abrazo, me agarró de la cintura. Apoyé mis dos brazos en sus hombros. Nos quedamos mirándonos por un segundo a escasos centímetros de distancia. 

- ¿Vas a volver a venir a tomar mate conmigo? - me preguntó, derritiéndose.  

- No, no voy a venir más. 

- Vení siempre. Dale. Volvé pronto a tomar mate conmigo, dale - dijo. 

- No, no, no - musité - es para volvernos locos. No voy a volver a tomar los mates esos que me cebás.  

Se rió, me reí también y decidí removerme del abrazo. Sentí la atracción de siempre pero también algo interno que me decía que no, que estaba bien así y que, en especial, de esa única forma todo lo anterior tendría algún sentido. 

Deshice el abrazo, entonces, conteniendo todo lo que había salido a la luz. Respiré muy hondo. Retuve el aire en mí y emití la menor cantidad de palabras hasta que salí de su casa y empecé a caminar hasta la mía. 

En el camino, sentí ganas de llorar.  Básicamente, porque tener que cortar en seco algo así para mí es muy difícil. Pero también entiendo que no es correcto y que si yo quise bien alguna vez a Javier, y que si me quiero a mí hoy, tengo que decirle que no.  

La pregunta del millón es ¿cómo le digo que no a una persona que me importó siempre tanto, con la que quise compartir la vida, que me significó el amor más puro?   No sé. Pero quizá ésto me sirva para aprender a hacerlo. No queda otra , además. 

Cada uno tiene que seguir su camino. Ojalá, y espero, sin mensajes. 



lunes, 26 de diciembre de 2022

Para cerrar las incógnitas

Hoy salí de la oficina. Le mandé un mensaje a Javier y le dije: "necesito hablar y estoy cerca". Me mando un audio y me dijo que pase, que estaba disponible. Me recibió en su casa recién llegado de su oficina. En shorts, en ojotas y en remera estampada color azul. Igual de azul que mí pantalón de la oficina y las sandalias con las que caminé (otra vez) por el piso de su casa. Yo tenía una remera sencilla, un pantalón y las sandalias con plataforma que miró detenidamente con las uñas de manos y pies pintadas de negro, cosa que también miro detenidamente.  Estaba pintada lo justo, venía de trabajar y cansada del fin de semana y de los últimos días confundida...  Fue por eso que me decidí y aposté todas mis cartas. Incluida, la de la  exposición y la del tener que mentir. 

Si tomé esa decisión fue porque entendí que a Javier, para que no moleste, siempre tuve que arrinconarlo. Y porque venía hace unos días molesta con él por sentir que actitudes confusas empezaban a aparecer de los dos lados. Del suyo, por plantear la duda y del mío por enojarme ante las zonas oscuras. Me dije  que había que parar esa rosca. La rosca mental y la del azar y el rumor de fondo a dos vidas. Porque que una persona quiera tener sexo con uno es una cosa, especialmente cuando ya sucedió. Pero otra muy distinta es que "te quiera escribir" cuando sabe dos cosas: no corresponde y lo que sucedió no se volverá a repetir. 

- Pasa, ponete cómoda - me dijo, después de saludarme con un beso y recibirme muy rápido, sin dejarme margen de escribirle nada. 

- Gracias - le dije. 
- ¿Qué hacías? 
- Vengo de trabajar. 
- Yo también recién llego, disculpa el quilombo. Está todo hecho un lío. 
- Si, sabes que vine a ver conceptualmente cuál es el índice de pulcritud - le dije, con ironía. 

Javier se rió. 

- Me estoy cocinando porque no comí. Y dejé todo tirado. 
- Javi, son las seis de la tarde. ¿Cómo que no comiste? 
- Si, mucho mucho lío hoy. De casualidad vi tu mensaje. No sé qué pasaba con el celular que no me sonó, me acerque al teléfono y ahí te contesté. 
-Bueno, igual lo mío es muy breve. Después podes comer tranqui. 

Se rió. Asentí con la cabeza y me hizo señas de que me acomode. 

Me senté, dejé mí cartera en otra silla y puse una bolsa de compras sobre la mesa. Despeje con una mano algunas cosas, como si lo conociera de toda la vida, y entre ellas una camiseta original del equipo que lo pone enfermo, guardada en papel transparente. 

- ¿Qué pasa con el trabajo que estás renegando? - me preguntó. 
- La relación contable y pagos en dólares, me pasa.  Me tienen cansada. 
- Lo se. Me estoy volviendo loco también. ¿Qué te pasa? ¿Me contas? 

- Bueno. El tema es así...  - le dije, y le comenté algunas cosas del trabajo. 

- Si, yo estoy muy cansado también. Te metiste en un lío con este rubro.  El otro día me robaron. Vengo con una semana tremenda. Así no voy a estar vivo para los sesenta. No duermo hace días. 

- ¿Cuando te robaron? Siempre igual tu vida, un lío, Javier...  Tenés que dar un giro. 

- El viernes. 

"Oh, el viernes" dije, para mis adentros. 

- ¿Qué te robaron? 
- Un cheque propio en blanco, firmado y cruzado. 
- Noooo. En serio. Me jodes. 
- No, no te jodo. Me cagó el día...  Fue un quilombo total. 

Lo miré y me agarre la cabeza. 

- Uy, Javi, pero ¡en qué cabeza cabe andar por CABA con un cheque en blanco y firmado! Es una locura. 
- Mandé a una persona. Había que pagar. Por eso mandé todo así. Le robaron todo. Moto, papeles, cheque, todo... 

Sacudí la cabeza, mostrándome apenada realmente. 

- Transferencia, la próxima. Blanqueas la plata igual. Quizá no lo podes patear, pero... Bueno, no sé.

(...) 

Pasado un rato, cuando creo que se relajo, se animó a decirme: 

- ¿Podemos hablar de lo que pasó o no? 

- Depende de qué. Si se va a poner picante , ya sabes con quién estás hablando... 

- Quiero preguntarte algo... ¿Vos realmente estabas saliendo como relación con alguien cuando estuvimos juntos? - me preguntó. 

- Si. 

- Mhm - dijo. 

- No me siento orgullosa de eso. Si eso querías saber, ahora lo sabes. No lo hice adrede. 

- No no, ya sé. 

- ¿Por qué la repregunta? Yo te lo dije. 

- Porque si. Me quedé pensando en eso. En eso y en otras cosas - dijo. 

- Si. Entiendo. Podía pasar.  De todos modos, yo me separé. Y fue porque obviamente cada relación tiene su tiempo y las personas deciden. Igual no pasa por ahí la cuestión que te venía a comentar...  No tiene que ver con el encuentro que tuvimos. 

Javier me miró con sorna y me preguntó: 

- ¿Hace mucho que te separaste? 

- Si, más o menos, mes y pico. Veníamos bien pero después se fue dando todo para ese lado. Él me dejó. Y yo la verdad es que acepte porque si no lo hacía él, yo no sé si me iba a llevar más tiempo hacerlo, pero sabía que tenía que tomar la decisión. Quizá no tuve la fuerza de entrada. Pero estamos de acuerdo que no se podía seguir cómo estábamos. 

- Entiendo. Claro - me dijo, serio - ¿Por qué se separaron? Estoy tratando de entenderte sin preguntarte cosas que no me querés contar - dijo y me sonrió. 

- Porque cada uno estaba en una sintonía diferente. Yo de todos modos no me imaginaba la vida por completo con Galeno y en algún momento sabía que iba a tomar la decisión. Había bases que en mí vida no iba a cambiar y él estaba metido adentro de propuestas de trabajo cada vez más grandes y le metía todo ahí. Y yo lo acompañaba pero en relación a dejar o no de lado mis deseos.  Y eso, a la larga, era algo presente que iba a hacer una explosión. 

A medida que le iba comentado, la cara se le transformaba. Cada vez más serio y más duro. 

- Si, te entiendo. ¿Y como estás? ¿Lo venís llevando bien? - me preguntó. 

- Si. Lamentablemente, en algún momento iba a pasar. Pero no quiero hablar de eso. Estoy bien, igual. Terminamos bien dentro de la situación fea y eso me da paz. El resto es tiempo. 

- ¿Problemas de que tipo tuvieron? 

- No, no quiero hablar... Problemas afectivos no. Pero de formas. 

- Dale. No querés hablar de nada. Dale. Habla. Habla nena. 

Suspiró. Sonrió.  Tocaron el timbre y se levantó a a abrir la puerta. Lo miré y esperé. 

- Es mí papá - dijo. 

Me quedé muy quieta. 

- Viene a buscar unas cosas - dijo, yendo a abrirle - Pasa , viejo. Esta Veinte. Saludala. Estamos viendo cosas de comercio exterior, podes creer... 

El padre de Javier paso a la cocina. Nos saludamos con un abrazo afectuoso y una cálida bienvenida. El viejo estaba sorprendido. Y yo, más que ellos dos juntos. 

- Hola, querida - me dijo - tanto tiempo sin vernos. ¿Que haces acá? 

- Hola, querido, cuánto tiempo, que lindo verte - le dije, abrazándolo - estaba haciendo uso de los conocimientos profesionales de tu hijo - le expliqué - Me estuvo aclarando algunas cosas de las nuevas reglas. Qué tema, eh - le dije - Siempre cambia todo y ustedes, locos. 
- Si, pero me imagino. Si él o yo que tenemos experiencia nos volvemos locos, imagínate vos - observo. 
- Si, a veces me marea todo. Pero bueno, es mí trabajo. 
- Trabaja con *** - le dijo a su papá, Javier - Se ocupa de la administración. Carga *** y ***. Se le está complicando con los pagos. 

- ¿Y como se clasifica eso querida? - me preguntó. 

- Cómo manufacturas de vidrio - le dije y hablé brevemente con él. 

- ¿Trabajan vidrios sólidos? 

- Exacto, vidrios templados - le expliqué. 

Javier se levantó, mientras hablábamos, y le preparo unas cosas. Paquetes. 

- ¿Te parece bien? - le pregunto, a su papá, mostrándole uno de los regalos. 

- Si, si. Veo que están con cosas de trabajo. ¿Dame eso o lo llevas vos? ¿Vamos mañana? 

- No, mañana no puedo. Tengo que oficializar- le dijo Javier a su papá.  Por primera vez en muchos años entendí ese término - Deja que lo llevo yo mañana. No importa, viejo - le dijo, frotándose la cara. 

Ahí cai en cuentas. Javier estaba tramitando las cosas muy rápido con su padre y yo no sabía si irme o si huir. Si quedarme. No sabía qué hacer. Estábamos merendando juntos y si me iba parecía como si estuviera ocultando algo mucho más grave que la conversación que quería tener. 

- Bueno, me llamas mejor...  - le dijo el papá, a Javier. 

- Si, mañana vemos - contestó Javier. 

- Bueno querida - dijo, levantándose de pronto - Me voy. Te saludo. Me alegra mucho verte. 

- A mí también - le dije y lo abracé - Cuídate mucho. 

Nos abrazamos de vuelta. 

Y con Javier, retomamos finalmente la conversación. Ni un beso, le dí. Era necesario poder hablar. Y mantener los papeles era igual de necesario para poder decirle lo que tenía para decirle con el fin de calmar los ánimos. Y los deseos, en particular. 

II 

- Te decía, está semana fue un lío - me dijo Javier, retomando la charla y saliendo de temas personales. 
- Que disgusto, Javi. No tenes que hacer esas maniobras. Podrían haberte sacado de todo. 
- Si, ya se. Ya está. Recién me estoy calmando. Pero bueno.... ¿Vos? Contame cosas. Todo.  ¿De que querés hablar? ¿Necesitas ayuda con algo del trabajo? ¿Que haga algo? ¿Algo que pueda darte? 
- No. Quiero decirte algo - le dije - y explicarte algo en persona porque por mensaje no hubiera podido. 
- ¿Qué? 
-  Siento que tenés muchas dificultades para hablar conmigo. El otro día que nos vimos en el súper, también el viernes en que me escribiste y te borraste...  Y quiero que entiendas algo porque estás picado. Haciendo las cosas mal. 
- No tengo dificultades para hablar con vos. Pasa que estuve con líos. 
- Mentira, Javi. No es por eso. Me estás obligando a decirte cosas chotas. 
- El otro día me robaron y fue un lío grande. Y la otra vez me asustaste. ¿Que querés? Si vos venís y me saludas así. ¿Que querés que me pase? No te esperaba. ¿Tengo que estar preparado todo el tiempo para verte? 
- No. Pero no hace falta que reacciones así. 
- No reaccione mal. Me asusté. Te lo expliqué. 
- Igual vos sabés por qué estás reaccionando así. A eso voy.  Supongamos que te creo y que te sorprendí.. Y que el viernes te robaron, supongamos también- le dije. 
- Si, paso eso. No me crees, maldita. 
- No me des explicaciones. No me importa. Voy a otro lado con esto. Pero ¿por qué me mandas boludeces? 
- Créeme - insistió - No te estoy cortando la cara. 
- Si, yo no tengo drama, es más, sería mejor si me la cortas. Porque siento que se te pelan los cables y no quiero eso. Quiero que naturalices lo que pasó. Todo lo que pasó. Ya es momento. Ya está. Y que no sientas que tenés que hacer nada. ¿Está bien? No quiero nada. Ya está. 

- Es que si, si. Ya se. Pero no se... Me da culpa no hablarte y me ubico también. Vos sabés , yo ya te dije todo, sobre mis culpas. 
- ¿Te espanto? 
- No - dijo y me acerco a su cuerpo - pero me asustaste en el súper y estuve resolviendo lo del cheque. Por eso no te escribí. Y después te mando  cosas porque no quiero que te sientas mal, no sé. 
- Es que está bien eso. Justamente, no hay que escribir. ¿Por qué me mandas mensajes si no tenes obligación? - le dije, y se me quedo mirando callado.  ¿Te cuesta manejarte, no? 

Se rascó la cabeza. 
 
- Si, mucho. Y yo te mando algo para joder, de buena onda, pero me tengo que contener con vos porque tardamos unos segundos en ... y me tengo que ubicar. Además ya se que te voy a terminar pidiendo cosas y yo jodo un montón de una manera que con vos se convierte muy rápido en otra cosa -  dijo - ¿Cuánto tardo yo en ponerme pelotudo por vos? ¿Veinte segundos? - me preguntó
 
Se rió. Me hizo reír levemente. 

- Diecisiete segundos - le contesté. 

Sonrió. 

- ¿Ves? 

- Si, lo sé. Por eso yo no te escribí mas. Por eso justamente, pero no me mandes reels de gatitos sonso... Si no se te mezcla todo. Fue sexo lo que pasó ¿No?... ¿En qué quedamos?

- Si. Paso eso. 
- Bueno, entonces, te cambio la afirmación por una pregunta.  ¿Tuvimos sexo y ya?  
- Si. 
- Y listo ¿no? 
- Si. 
- Y bueno, hombre. Sabemos qué eso no se puede repetir, entonces ya está.  Vos tenés que entender algo... - le dije. 
- A ver... 
- ¿Vos estabas caliente conmigo no? 
- Si. 
- Bueno, ¿y te sacaste las ganas ¿no? 
- Si. 
- Bueno, ahora lo que te pido es que no actúes con mambos y compliques las cosas . Trátame como a una vecina normal. Por favor. Nosotros nos vamos a cruzar un montón de veces y tenemos una cantidad grande de cosas en común. Vivimos a muy poca distancia.

- Si. Lo sé. Pero te quiero acariciar y todo... 

- ¿Vos sabés que nos podemos cruzar a diario, no? Yo ya sé que te pasa eso, tonto. Te lo juro que lo sé. Y a mí me pasa otro montón de cosas. Pero no quiero que por favor traigamos problemas. Por favor. Te vas a sentir mal además y no quiero. ¿Me entendes? 

- Si. 

- ¿Y entonces, vas a vivir así y yo así porque no podemos dibujarla? Tenés que naturalizar esto, aunque te cueste. Hasta que yo no me mudé más al centro, eso no va a cambiar. Porque vos no te vas a mudar, me lo dijiste hace un ratito... Y porque nosotros resolvimos lo que nos había quedado para conversar y también le dimos espacio al cuerpo. Hicimos todo. Ya está entonces con la calentura... 

- Ya lo sé. Por eso. Me pongo serio. 

- Y está bien. Pero no me mandes nada. Ya está. Porque se pone intensa después la cosa...  Y por eso, tenés que relajarte conmigo y tratarme como a una vecina normal. Nos vemos, nos saludamos correctamente y seguimos viviendo. No mandamos mensajes, o histeriqueo.  No me mandes cosas o jodamos porque se complica. Y no solo a vos, a mí también. 
- Está bien, está bien. Te entiendo. Yo te las mando para que no te sientas mal ni te enojes. Quiero joderte a veces porque siento que si no podes sentir que te boludeo ... 
- Está bien. Pero se más relajado. Con todo. Seamos amigos. Soy tu vecina. No hagamos de esto un drama nunca más. ¿Está bien? Soy tu vecina, yo, la misma de siempre. Ya te sacaste la calentura. Por favor, tratame normal y no me hables en código ni me mandes gatitos haciéndote el simpático ¿si? 
- Es que yo a mis vecinas las saludo pero a vos te quiero tocar... Te quiero tocar toda, ¿entendés? Te desnudaria acá mismo, en este momento - musitó. 

Me tocó el pelo y me lo peinó.  Lo miré y sacudí la cabeza. Admito que me di cuenta que Javier es un caso pedido. Se rió por la forma en que lo miré. 

- Ay, por favor, como me podes... Me podes, me podes, me podes - dijo, sacudiendo la cabeza y queriendo atrapar. 

- Sos un tonto. Te lo digo bien. Vine hasta acá porque de otra manera te ibas a hacer el boludo, me ibas a dejar el mensaje ahí colgado y después me ibas a escribir como un tonto...  Te pones nervioso, además, cuando me ves como si vieras el descenso de una virgen boludo, me tenés ese respeto supremo que parece que me tenés que rezar y contarme tu vida - le dije - y yo no quiero que la pases mal ni que tengas problemas. Pero naturaliza, por favor, porque si no nunca se va a terminar esto. Jamás. Me hace sentir mal que tengas tantos problemas para enfrentar esto. Y si no podes, está bien, pero mantengamos un orden. 

- Pero yo siento que te debo algo... 

- ¿Qué me debes? 

- No sé, algo. No sé cómo decirlo... 

- Si me ves como un solo sexo, no me debes nada. Vos no tenes nada para darme, además. ¿Entendés?

- Sexo, puedo. Sexo si puedo darte. 

- Nah. Eso querés que yo te de.   Vos sentís como un compromiso de no se qué conmigo. Y es peor. Porque yo no quiero mensajes o cosas. No va a terminar bien. No quiero que me hables. Solo si me cruzas, algo normal y listo. 

Javier sacudió la cabeza y me alejó la mirada. 

- Yo me ubico. Me cuesta mucho mantenerme en esa línea. Veinte segundos que hablamos y me vuelvo loco. Por eso me pongo serio. Y me porto así. Pero no quiero que creas que estoy enojado ni que me chupas un huevo. Ni que te estoy pelotudeando. Ni que te quiero solo para cogerte como te mereces - me explicó. 

Me atrajo hacia el. Retrocedí y me quedé quieta aunque cerca. 

- Javier, yo a vos te chupo un huevo. No te importo. Y está bien porque no te tiene que importar lo que me pase.  Solamente te pido que me trates como una persona normal cuando me ves porque te pones re nervioso, boludo. Te vas a morir. Y además se nota un montón a los ojos de los demás. 

- No me chupas un huevo. No. No y no. 

- Si. Te chupo un huevo. Y está bien. Es mejor eso a que estés nervioso y haciéndome sentir culpable a mí por ir a comprar porque te juro que es feo eso. Basta con todo esto, de una vez.  ¿Entendés? 

- No, no me chupas un huevo. Te mando mensaje para que no te quedes mal, o esperando algo que no se... No quiero que esperes nada. No quiero que te sientas incómoda. O que te tomo como tonta. 

- ¿Y quien carajo te dijo que yo espero algo? Vos ves en mí un culo con destellos luminosos ¿no? 

- Si. ¿Está mal? 

 - No. Pero a ese culo no le mandes mensajes si no podes ser mí amigo.  Fin - le dije y me di vuelta para agarrar mí cartera. 

- Si vos me chuparías un huevo, yo te llamaría para acostarme con vos todo el tiempo y no me importaría nada de vos. No me interesaría nada. Pero me controlo. Por mí situación pero también por vos. Vos estás en otra situación
 
- ¿Cuál es mí situación? 

- Vos te separaste. Y no quiero que te sientas mal. Cómo que yo te escribo para incomodarte. Porque no es esa mí situación. 

- Es que yo lo sé. Y por eso no entiendo por qué me escribís. No me hace falta. Si te chupo un huevo, haces bien. Eso es lo que no entendés. Te puedo calentar mucho pero yo quiero que tengamos una relación normal.  Javier, por fa, me vine hasta tu propia casa para ser sincera. Te chupo un huevo. Y está bien eso porque tenés otra situación pero no quiero que empieces a jugar con los lugares oscuros de los límites que manejamos ahora.  Así que no pongas cara de velorio cada vez que me ves porque eso si es feo. Tratame normal. Pones silencio y rosca dónde ya habíamos despejado. Facilita por favor las cosas. 

- Nooo , es que se me complica, encima me nublo y evitó un montón de cosas para decirte o proponerte- dijo , enojado - Vení.

Me tironeo y me acerco a su cuerpo. Me abrazó. 

- No me podes venir a decir esas cosas así - me dijo - ¿Te puedo llamar? 

- No. 

- ¿Te puedo llamar para que te acuestes conmigo? 

- No. 

- Te llamo y si querés me decís que no. Me podes decir que no. 

- ¿Para que? ¿Para que sigas haciendo lío? No, señor. Te voy a hacer el favor de decirte que no. 

Me abrazó. Lo abracé también. 

- Te voy a llamar, vos sabés eso. Lo sabes. 

- No. Y te digo las cosas bien. Te lo juro por lo que quieras. No quiero que la pases mal. Noto que la pasas horrible, hay que vivir más livianos. Lo necesitamos los dos. Por favor, naturalicemos esto. Por fa. 

- ¿Vos sabés que yo quiero volver a acostarme con vos, no? ¿Mh? 

- Si. Por eso te vengo con esto de frente. Porque si no me ibas a seguir mandando reels y tonterías por las redes sociales. Y a dejarme en visto por lo que no podes controlar. Y ahí sí que es peor. Porque yo estoy respetando absolutamente tu situación. Yo puedo hacer lo que quiera y no lo hago. No vine acá desnuda a traerte un vino. Vine porque estás portandote como un tonto. Te respeto. Entonces, vos, hace el esfuerzo por hacer algo normal si me ves o si me escribís pensa por qué lo haces y listo. 

Me miró , de frente, bien cerca y me agarró de la cintura. Me lo quedé mirando a escasos centímetros. 

- Ya se. Pero no puedo. 

- Me tengo que ir a casa. ¿Me dejas salir? 

- No, no te vayas. Quédate acá. Dale, que viniste. 

- No, dale. Me tengo que ir a bañar y a hacer la comida - le dije. 

- Me gustaría que nos bañemos juntos, pero me tengo que ubicar. 

- Al pasto. Chau. Me fui. 

- Dame un abrazo normas y te dejo. 

Lo abracé. 

- Por favor, a los dos nos cuesta mucho. Así que deja de pensar que me voy a poner mal y tratame cómo a una vecina normal sin traumarte cada vez que me veas. Así, vamos a estar en paz con el tiempo. 
 
- ¿Nos vamos a volver a acostar? ¿Si? ¿Me vas a dejar que me acueste con vos muy pronto? 

- No. Únicamente dentro de mucho tiempo, cuando hacerlo no sea un problema para nadie. Ahora no. Mañana no. Trátame como a una vecina y podemos llevarnos mejor. Si algún día estamos solos los dos, ahí vemos. 

- ¿Falta mucho?  

- Si. Tendrías que estar en solo y vos no cambiaste tu situación. Yo si pero vos no. Y si seguís ahí me siento mal por todo y no quiero hacer nada con vos ni loca. Además vos también la pasas mal y después hacerte mal es una mierda. No quiero. Así que deja de hacer huevadas... 

- Te voy a invitar a un lugar - me susurró - vamos a irnos a un lugar los dos. Y ... [Coloque aquí comentario totalmente censurado] - me dijo. 

- Deja de decir pavadas - lo agarre de la mano con la que me estaba acariciando y le toque el pecho. 

- Tranqui. No te metas en quilombos. Me van a poner un pasacalle diciendo "sos una trola", no es gracioso. 

- Te lo pondría, es verdad - dijo, en referencia a ella. 

- Por eso. Hace todo lo posible por digerirlo porque se te nota. Y deja de decir pavadas de lugares o que nos vamos a acostar. Y no me escribas más por redes sociales. 
 
- No son pavadas. 

- Bueno, me voy a casa. Abri la puerta por favor. 

- ¿Te enojaste? 

- No, Javi. Se está poniendo complicado esto y ya te dije lo que quería. Mejor me voy porque hasta acá me pude manejar bien. 

- Te escribo. Cuídate en serio. Mucho - me dijo. 
 
- No, no me escribas más si no podes dominarte. 

- Te voy a escribir. 

- Bueno, yo si no me tratas normal no te voy a responder más. Listo. 

Le di un beso en la mejilla como corresponde y me fui.  

- Que estés bien - le dije. 

Me dio otro beso en la mejilla. Mucho más filoso que el anterior. Una mezcla entre su acercamiento y yo que le puse la mejilla. 

- Vení para adentro - me dijo. 

- No rompas mas. Chau. 

- Chau, Veinte. No me mires así por favor. Hablamos. 

- Chau. Anda a adentro y come, que te vas a caer redondo. Descansa algo, por favor, y basta del hablamos. 

- Hablamos. 

- No, no hablemos más, que es para mambos. Chau. Cuídate mucho. 

Se me quedo mirando, sonrió y se metió para adentro. Yo lo miré con fijeza. 

Me dije que había sobrevivido a mí propio impulso. A mí propio enemigo interior que me hace cometer los más grandes arrebatos. Por suerte, ganó la razón. Y el aprendizaje. 

No creo que Javier vuelva a escribir de nuevo. Y eso es lo bueno. Que cada uno siga con su vida en paz. A fin de cuentas, ni yo valgo tanto para semejante lío ni el vale tanto para que yo me siga socavando a mi misma la moral.