Después de trabajar en algunas cosas por la mañana, ergo, mandar presupuestos, organizar fechas y analizar montos por investigaciones, almorcé y me dije: "¡ay, sí, hoy lo tengo que hacerrrr!" y me estaba refiriendo al cambio de estación propio de la llegada del verano en este caso.
Hacía semanas, desde que empezó el calorcito de forma constante en Buenos Aires, venía sin tiempo o sin ganas para el asunto de reacomodar todo mi placard. A veces sucede que luego de estar escribiendo, leyendo, o estudiando para mí termino con dolor de espalda y no quiero saber nada con moverme. Y otras veces, como hoy, me obligué a hacerlo porque ya había tenido que posponerlo el finde largo, producto de trabajos e investigaciones que tuve que realizar.
Lo que fui y vine no tiene nombre. Mi placard es realmente gigante, tiene tres cuerpos, de los cuales yo ocupo dos al completo. La realidad es que no tengo ropa en exceso, al estilo de compradora compulsiva, aunque sí suma bastante cantidad. Durante la pandemia, doné varias bolsas completas de ropa que ya no usaba aunque estaba en buen estado porque consideraba que a alguien le iba a venir mejor que yo. Y luego no volví a comprarme... porque la ropa no es algo por lo que mato y consideré que tenía suficiente. Muchas veces, mis hermanas mayores me suelen pasar lo que no les va y me evitan comprarme ropa, y otras veces, soy tan clásica para vestirme con los colores que con pocas prendas armo muchos looks diferentes.
Hoy, analizando prendas y separando algunas prendas que decidí donar por no haberles dado uso la última temporada, caí en cuentas de que yo no acumulo ropa: la reemplazo. Mi madre, casualmente, me preguntó si había notado que algo me hiciera falta y le comenté que quizá me vendría bien comprarme dos musculosas para reemplazar dos que ya no veía en condiciones, pero que el resto estaba bien para seguir usando. Y ahí entendí que para mí vestirme es parte de una estructura mental: las prendas de ropa, son fichas. Las combino, cambio y roto, aunque tengo mis fichas favoritas y aunque para estar en casa amo fuerte andar como vagabunda.
Otra cuestión que me pasa con la ropa, y que habla mucho de mi personalidad, es que necesito tener las cosas a la vista y bien organizadas para recordar que existen. De hecho, en eso, ocupo los dos cuerpos. Trato de categorizar la ropa todo lo que pueda y separarla por color, pues, de lo contrario, siempre me pongo lo mismo. Mi madre por suerte suele salvarme, si es que yo no me acuerdo, y me pregunta: "¿cuándo vas a usar ese pantalón tan lindo?" y siempre mi cara es de "¡ayyy, ¿te acordás de ese pantalón?", porque si no veo la prenda pueden pasar años sin que la utilice.
Mi familia o mis amigos, las veces que han entrado a mi dormitorio, suelen elogiar la limpieza y el orden que mantiene. Pero la verdad es que siempre trato de ordenar por lo mismo: para ubicar las cosas, para recordarlas. Acá pasa lo mismo ocurre con las prendas, que las doblo y las agrupo por criterios que me ayudan a encontrar todo lo disponible porque la cosa es seria si no... Aunque tenga dos remeras deportivas, por ejemplo, siempre me acuerdo de la remera X y esa es la que uso hasta que empiezo a buscar la remera Y para no andar siempre con lo mismo y buscando me doy cuenta que existía una tercer remera y es como "¡wow, no puedo creer, también tenía esto!".
Realmente, no me acuerdo; y eso que soy super organizada (y estructurada) con el resto de mis objetos personales. Al contrario de esas personas que dicen "no tengo que ponerme", creo que en mi caso tendría que decir "esperá que busco, seguro algo encuentro, no quiero comprar ropa".
De hecho, dentro del orden que hice hoy, encontré algunos clásicos de mi ropero de los cuales no me puedo desprender. Uno es una pollera que fue primero de mi abuela y luego de mi madre, que es una hermosura, y que al día de hoy todavía uso. El otro clásico es una remera que tengo desde los 15 años, que me regalaron, y que está impecable aún esté por cumplir 27. ¡Cuánto usé esa remera, es tan hermosa y me trae tantos recuerdos lindos! Me sorprende que haya ropa que dure tanto. En general tampoco presto atención a eso y me cuesta darme cuenta cuando no sirve más, porque para mí, "la ropa es ropa y ya está, durará un buen rato".
Mi estilo de vestir, como ya dije, es muy clásico y sobrio. No sigo la moda, no sigo las tendencias y no estoy pendiente de lo que se usa. Siempre voy por lo que sé que me queda bien, lo que me hace sentir cómoda y lo que sea de buena calidad (que no es lo mismo que el ser de marca) por una cuestión de no llevarme malos tragos. Por eso, es muy común verme puestas remeras grises, rojas, negras o beige de muchos tipos, pantalones básicos, saquitos básicos de colores para armonizar y ropa para ir a trabajar. No uso tops, ni buzos estampados, ni remeras estridentes, ni pantalones deportivos de algodón para salir.
En sí, ahora que lo pienso, todo se unifica en un sólo criterio: es ropa atemporal. Sí, eso define todo mi guardaropa, está lleno de cosas que se pueden usar diga lo que diga la tendencia. Me he dado cuenta que no tengo casi nada de color azul para la parte de arriba; tampoco, de color amarillo, ni naranja, ni violeta, ni siquiera fucsia. Incluso al momento de comprarme zapatos o carteras (que a esas sí las amo) para complementar los looks, soy también muy formal y con elecciones que siempre van sobre la misma trama de objetos. Cartera roja, negra y beige. Igual que las remeras, casi... ¿Qué tal? Jaja.
Mi padre, sin ir más lejos, en 2017 me regaló unas zapatillas hermosas de color extraño, entre el fucsia y el rojo, que hasta mis hermanas me pidieron que se las vendiera, y yo me negué. Con el paso de los años se ríe porque aunque sabe que me gustan un montón, siempre me inclino por usar mis zapatillas clásicas Nike negras, las cuales voy reemplazando cuando se rompen cada cuatro o cinco años, depende el uso que les dé. Todos los pares que tuve en esta última década fueron Nike y todas fueron negras. No pido más ni busco más. Clásico es bonito.
Sí, lo sé, soy un caso bastante particular con la ropa para ser mujer, teniendo en cuenta que la mayoría de las chicas mueren por ella. A mí hacer el cambio de estación de la ropa me pega como una especie de recuperación de memoria. Y ahora, hasta que vuelva el frío, veremos si me intereso un poco más por recordarla sin tanto ajetreo.
Ojo al piojo que, sin embargo, hace poquito, cuando fuí a un bar a tomar unos tragos, me puse una minifalda estampada con florcitas pequeñas que representó salir de mi zona de confort y el otro sábado una remera estampada que para mí es un montóóón, aunque estuvo re bonita la elección.
