domingo, 30 de julio de 2023

Mente clara

Estar enfocado, y con eso lograr claridad mental, es un superpoder que subestimamos. La claridad mental es todo. Te ayuda a tomar mejores decisiones. Y las decisiones son casi fundamentales para una buena vida. 

Me refiero a decisiones de todo tipo: sobre salud mental, sobre alimentación, sobre trabajo, sobre estudios, sobre calidad de vida.  Sobre cosas que decidimos también evitar. Todo el tiempo se toman decisiones. Y voy entendiendo que es un privilegio poder hacerlo. 

Es un gran poder, precisamente, poder elegir. 

Eso habla de que tenés resueltas un montón de necesidades antes , que hacen que no elijas desde la carencia o el apremio.  Eso habla de que tenés tiempo para sopesar. Para poder idear estrategias. Que tenés recursos. Acceso a herramientas. Inteligencia para interpretarlas. Que tenés acceso a un sector de la sociedad donde llegaste a un determinado lugar donde se naturaliza el poder elegir o no elegir hacer algo y que no estás encerrado en un callejón. Que tenés capacidad de dicernir lo que es apropiado de lo que no. Que no estás esclavizado por alguien o por algo que te maneja. 

Poder decidir es mucho. Que tu mente tome una buena decisión es todo un logro en si mismo, por lo demás. Ese proceso representa toda una conquista.  Porque habla de un sinfín de cosas que si tenemos y que nos ayudan a ponernos en marcha para lograr las que todavía no. 

¿Si me comí un libro de autoayuda? No. Pero sí me di cuenta que hace un montón de tiempo venía sufriendo por cosas que sentía que no sabía cómo resolver y me enrredaba y tapaba mi propio malestar porque me daba miedo no saber qué hacer con él. Y resulta que tome la decisión de buscarle la vuelta y de comprometerme con mí bienestar de una manera honesta (eso incluye darle duro a lo que me pone incómoda y me da miedo. ¿Y qué me pasó , como me di cuenta? Me desesperaba sufrir por cosas que no sabía cómo solucionar. Me desesperaba no tener respuestas. Y me dije que para tener respuestas tenía que empezar a moverme. Que el primer paso dependía de mí y que quizá así me sentiría mejor y la desesperación le daría paso a la paz. 

Y no, no todo se soluciona en un día. Hay procesos que se llevaron adelante por años que son los que quizá tengan más tiempo. Que llevan tiempo porque se sostuvieron en el tiempo y es una cuestión de orden. Hay otros procesos más breves, que se podrán encaminar más rápido. Hay procesos que no eran reales, y tocó restarles peso. Hay procesos sobre cómo me veo a mí misma, como entiendo la vida. Cómo quiero jugar mis cartas. 

Es este mí momento. Es hora de tomar decisiones. Creo que ya tomé la primera: decidirme a vivir la vida sin pensarlo tanto. Sintiendo más. Y protegiendome de el cinismo cotidiano. Vivir una vida pensando en estar bien y haciendo todo lo posible es una vida mucho mejor que sentir desesperación por no saber cómo hacer. 

La decisión de entregarse a un proceso es eso. Salir de lo mismo y por lo menos aventurarse. 

  Fue un conjunto de cosas que me llevó a decir: "ey, yo tengo mucho potencial y lo estoy desperdiciando. Tengo acceso a herramientas, tengo salud, tengo juventud, tengo tiempo. ¿Por qué estoy sufriendo y perdiendo este tiempo tan valioso? Vamos, hay que seguir adelante. Hay que levantarse. 

En síntesis, decidir es vivir. 

Si algo me ayudó a aclarar mí mente en el medio de mucha oscuridad fue darme cuenta que la desesperación por no saber cómo salir de ciertos lugares de malestar se calmaba cuando tomaba una decisión. Dejaba de atribuirle al afuera tanta responsabilidad y me sentía mejor sabiendo que mucho depende de mí y de las decisiones que pueda tomar. 

Hoy en día me siento agradecida por poder tener todo un campo alrededor que me permite hacerlo. No es magia. Tener la libertad de elegir y decidir es un enorme privilegio que no quiero dejar de remarcar. 

lunes, 24 de julio de 2023

Dar vueltas es no dar oportunidades

Hace semanas que venia en un tira y afloje con mi jefe y empleador para que contraten a un/a asistente dentro de mi área.  Y no escribo un "me" contraten una asistente, justamente, porque no es un beneficio que hacen conmigo, sino, una obligación que tienen frente a su negocio.  En los últimos tiempos la situación se tensó más porque empiezan a existir moras grandes por parte de los clientes y empiezan a ver traducido en dinero todo lo que no invirtieron meses antes; cuando hubiera sido el momento adecuado para salir a buscar a la reemplazante del puesto que ocupaba yo, antes de tomar el de Cachabá, en marzo cuando la echaron. 

Hace meses que vengo dando cuenta de ésta necesidad en mi área porque no puedo sola con todo a nivel respuesta de requerimientos y porque aunque sé que puedo con el grueso del trabajo, no lo quiero demostrar. ¿Por qué? (1): Porque me ajustaron muy poco el sueldo con los cambios y porque yo no estoy pidiendo plata, estoy pidiendo recursos y éso es muy muy distinto y (2) porque no se van a ahorrar un gasto a costa de mi agotamiento. 

Frente a la no respuesta, empecé a dejar tareas de lado por falta de tiempo. Lo avisé, obvio. Lo dije y lo avisé, sin soberbia, pero a modo de advertencia para delegar tareas y para expresar la sobrecarga.  En los subtítulos de esa situación esperé que se leyera: "olvídense de que yo haga el trabajo de dos, por el costo de una".  Y ahora, cuando los quilombos relucen con luces, y el dueño aprieta a mi jefe, y le dicen "¿cómo puede ser que me deban ésta cantidad de dinero?", yo digo en mis adentros: "¿qué esperaban, si no invierten?".  Con mi jefe lo hablé varias veces. Lo hablé incluso con el dueño, y cuando me reclamó, le dí la respuesta precisa: " yo ahora estoy trabajando en relación a las fechas de vencimiento del iva, y la facturación para los cierres. Es una realidad que es poco el espacio que me queda para las cuentas corrientes. A diferencia de antes, donde me podía abocar todo el tiempo a ellas" y me contestó: "sí, tenemos que buscar a alguien urgente para que trabaje a la par tuya". 

Y sí, claro que deben hacerlo. Porque no toda la gente tiene tanta paciencia (o necesidades, mejor dicho) como las que tengo yo en éste momento.  Hasta marzo yo sólo me abocaba a las cuentas corrientes: las amaba y andaban bien. Me dedicaba todo el día a eso, estaban prolijas, ajustadas, no había demoras y hasta me pedían un reporte semanal para ver el índice de cobranzas para ver si se mantenía el promedio por mes, y el promedio subía. Podía responder a todo porque me podía ocupar de todo, claro.  Y ahora, está a la vista que si hay una tarea con vencimiento, la prioridad la voy a poner ahí.  ¿Si no tuvieran todos los papeles para que se pueda liquidar el IVA, qué? Los llamaría la asesora externa y ahí te quiero ver.  Es obvio que tienen que moverse para mejorar la situación porque, si no, antes de una vacante van a tener que cubrir dos. 

Y lo digo en serio: a mí me llega a salir una oportunidad mejor y sin dudarlo ni un solo segundo me voy. Mejor por sueldo, por estructura, por condiciones, por ambiente, por rubro. En todos o alguno de éstos aspectos , si llego a recibir una propuesta mejor, no voy a dudar. 

Claro, ¿qué me pueden reclamar a mí, si la necesidad la manifesté el primer día? ¿Qué me pueden decir, si está a la vista cómo llevaba el nivel de deuda súper bajo cuando tenía a otra persona que, lo poco que hacía, me lo sacaba de encima?   Mi jefe, ahora, está activo buscando una persona para cubrir la posición como no lo estuvo nunca, aunque el aspecto negativo sea que me hace perder tiempo en las entrevistas y luego se queja del bajo nivel de los aspirantes. ¿Qué pretende por lo que ofrece? Debe moverse y moverse en serio para encontrar un asistente que sepa y que acepte una paga razonable. De otra manera, lo seguirán retando, y a mí, por descontando.  El único punto es que yo no tengo edad, ni paciencia, para que me digan "ay por qué ésto está vencido" cuando la persona misma sabe por qué está vencido y es porque no quiere pagar más. "Porque sos una rata de alcantarilla y no podés pretender más de mí". Eso le respondería. Esa es la verdad. 

II. 

A mí, de todos modos, lo que me molesta de los conflictos con las deudas pendientes no son las deudas en sí. Me molesta que son dos vivos que están acostumbrados a menospreciar a la gente. Y yo no soy "la gente". Yo soy una persona que trabaja bien, que estudia y que tiene ambiciones. Y esa gente no dura demasiado acá. Y eso es lo que me está pasando a mí. 

¿Imaginarán lo insignificante que es para mí su urgencia?  Tengo más que ganado el sueldo cada mes. Hago mucho más trabajo que mucha gente de la oficina, no falto, llego a horario, cumplo con los vencimientos y las pautas.  No tienen nada que decirme ni qué hacer más que conseguir un recurso humano amigable  que me saque trabajo del medio para poder hacer lo que demandan.  Porque si ellos quieren que yo analice las cuentas corrientes, que ajuste, que haga el cierre mensual para el IVA cada mes, y que te arme sin diferencias todos los papelitos que hacen a la cuestión, pues que paguen otro sueldo a una persona que necesite laburo (y que no la juzguen como hacen por su aspecto, tan forros) y todos felices. 

III. 

La semana pasada pasaron por la oficina tres chicas. A mí me pareció que una podía ocupar la posición, pero a los otros dos, no les gustó. Van a continuar llamando ésta semana a otros candidatos. Varones, entre ellos, aparentemente más chicos que yo.  Veremos qué tanto les demandan a los varones y si se ponen tan asquerosos como con las chicas. 

Para mí, lo importante es que la persona tenga voluntad para trabajar y que entienda las pautas básicas de su tarea. No me jode si me pregunta algo, si le tengo que explicar dos o tres cosas, porque yo estuve en el lugar de tener que aprender y sé que voy a enseñar con empatía y responsabilidad. Me parece que le tienen que dar una oportunidad a la gente, porque ¿si no te dan una oportunidad, cómo vas a progresar y aprender?  

Yo tuve el privilegio de que en mi primera administración, entré porque un hombre de recursos humanos me dió la oportunidad. Le pregunté si me iban a enseñar porque tenía miedo y porque no sabía ni qué era el IVA,  le dije que yo estudiaba Letras por entonces y sin embargo, me dijo que iba a poder, que yo era indicada para el puesto y las tareas, que estaba seguro de que iba a aprender.  

Hoy miro ese hecho en perspectiva y lo sé, fue el hecho que cambió la historia. A partir de eso, y gracias a esa oportunidad que me dieron en 2020, un mes antes de la pandemia, hoy, tres años después, puedo trabajar en el mismo sector y puedo decir que aprendí infinidad de cosas. De esa oportunidad inicial, que representó no quedarme sin trabajo en un momento, finalmente, pude y puedo construir un proyecto todos los días.  Éso hacen las oportunidades en la vida de la gente. Éso es que te den una chance, muchas veces.  

Por eso no entiendo por qué nada les viene bien, o por qué menosprecian así a la gente, cuando están lejos de ser brillantes. Pero lo que sí entiendo es que en cuanto me salga algo mejor me tengo que ir de acá , porque no tengo más posibilidades de crecimiento y porque antes estaba más tranquila, cosa que no está tan vigente ahora y porque todo el tiempo que me quede en ésta falsa zona de confort, va a ser tiempo de menos para aspirar a oportunidades mejores. 

Y yo merezco algo mucho mejor y lo voy a ir a buscar incansablemente hasta que salga. ¿Si es fácil? No. Pero todo conlleva sacrificios en algún punto. A todo le tenemos que poner algo nuestro, en algún punto ese proyecto o ese objetivo nos atraviesa. Es lógico. La vida y sus logros se tratan de ésto.  Por ese sacrificio o por esa apuesta es que después lo sentimos propio y forman parte de nuestra historia. 

Yo deseo que la mía sea una muy linda historia y para eso, también, debo pasar por éstos momentos. 










sábado, 22 de julio de 2023

La sangre seca de sus venas

Cuando me encontré con él de casualidad en la calle hace tres semanas, me dijo, entre muchas otras cosas: "basta, basta por Dios. Yo no puedo vivir, con vos. No puedo". Atormentado por lo mucho que le pasa cuando nos vemos y además  echándome la culpa de lo que nunca pudo controlar de si mismo.  Incapaz como siempre, en resumen. 

Diez años hace que nos conocemos con Javier. Casi diez años esperamos una noche juntos (y la tuvimos y fue importante para los dos, no lo niego, y pasó). Casi diez años estuvimos con el pendiente y nos costó casi una década ponerle nombre a un deseo con el que él no puede ni quiere vivir. ¿Y mí deseo? Puedo decir que lo asumi. Que lo senti. Que me hizo sentir viva. Pero que terminó por agotarme. Sí. El no de siempre es por lo que yo me cansé. 

Y cansada, en ese momento, recordé una charla que tuve con Javier en diciembre del año pasado, en su casa: 

- ¿Para qué me hablas? - le pregunté - ¿Por qué me mandas cosas, reels? Sé más prolijo por favor. 

- Es que no puedo manejarlo. Siempre algo se me escapa con vos. No lo puedo controlar. Te mando mensajes y reels porque... No sé. Quiero hablarte , no quiero que pienses que te estoy boludeando... Pero no puedo evitarlo. No quiero que te sientas mal, no se... Yo me contengo mucho para no llamarte e invitarte a hacer cualquier cosa. Todo el tiempo te llamaría para acostarme con vos. Para hacer cualquier cosa. Y no lo hago. Pero no puedo manejarlo... 

- ¿En qué quedamos nosotros? 

- No entiendo 

- ¿Teníamos sexo y listo, no? Sin cargas. 

- Si. 

- ¿Y entonces por qué te importa? No me debes nada, Javi. Nada. Tuvimos sexo. Eso no implica que tenemos que tener charlas. ¿O qué? Vos no tenes nada para darme, Javier. Yo ya lo sé. No te desesperes que ya lo sé. 

Javier me miró. 

- No. No te puedo dar una relación - me aclaro. 

- ¿Y quien te dijo que yo estaba esperando eso? 

- Sexo si, puedo. 

- Lo anoto. Pero eso si: esto lo tenés que tener bien claro. Muy claro, amiguito. Porque después me escribís, te olvidas, me mandas reels de gatitos... Se empasta. Se confunde todo. Y yo tengo todo claro. 

- Está claro - dijo, Javier. 

- Claro. Bien ahí. Entonces seamos prolijos. No me mandes mas nada. No me debes nada. No tenes que hablarme. Yo no lo necesito. No me siento usada ni nada de eso. Tuvimos sexo, Javier, no me voy a querer casar. 

Mofé. 

- Bueno, es que yo... No quiero que te sientas mal. Porque vos estás soltera ahora... 

- ¿Y qué tiene que ver eso? 

- Que quizá estabas esperando... No quiero que lo pienses como que te estoy pelotudeando. 

- Yo no pienso nada. Solamente me parece que no me tenés que escribir. No corresponde. Estás en pareja. Pero si me escribís, ni entiendo para qué. Hace las cosas bien. Dale. 

- ¿Te puedo llamar entonces, eso es lo que vos querés? 

- No. Yo no me quiero casar, pero no quiero garchar porque si con vos. Porque si quiero garchar con alguien me busco un tipo que no me de problemas. ¿Es eso esto, no? 

- Si. 

- Bueno. Listo. Resuelto. No me escribas más. No vamos a volver a tener sexo casual nosotros - le dije. 

Javier me miró, sonrió, y se tapo la cara con las manos. 

- No puedo. Vos sabés que te voy a volver a escribir. 

- Si no te sabes comportar, no te voy a contestar más. 

-¿Te puedo escribir para vernos y tomar un vino? 

- No. Ni seas bobo. 

- Sexo te puedo dar si querés. Todo lo que vos quieras lo hacemos - dijo. 

- Capaz que en otra vida nos ponemos de acuerdo y tenemos mucho sexo nosotros - evidencie. 

II. 

Hoy pienso: "no, al final, ni sexo tiene para dar". 

Es un cuenco vacío. Por dentro. Que solo expande lo que lleva adentro. Y lo que lleva ya adentro desde antes de todo esto, es basura. Penas. Mil cosas. 

Para lo demás, su capacidad está terminada. Y esto es la prueba. 

Ni siquiera sexo puede brindar. 
Ni a eso se le puede animar en pos de cumplir alto que supuestamente taaaanto deseaba. 

III. 

Irse en este momento de mí vida, con casi 30 años, es volver a mí. Pensar en tener una casa. Una familia. Un trabajo que disfrute. Un deseo que me haga bien para seguir adelante. Un gatito. Un proyecto. Un para qué. Un libro. Un borrador de libro. Una obra de arte en la habitación. Un vino bueno en la cava. Un abrazo de mis padres. Un te amo de mis sobrinos. Es aprender mucho y progresar. Es hacer el bien que pueda siempre que pueda. Es ayudar. Es mirar al que tengo al lado y reconocerlo.

  Irse de esta situacion trae eso.  Irse es recuperar el presente. Cerrarle definitivamente las puertas al pasado.  No mezclar. No confundir. Y no permitir que personas que amaste alguna vez crean poder derramar en vos su basura.  

Javier no es un mal hombre. Pero es un hombre que no me quiere, o que al menos si algo afectivo se le mezcla conmigo, lo maneja pésimo. Y su mal manejo de siempre me hizo mucho daño antes y amenazó con destruirme ahora. Es un hombre con muchas carencias. Que te devuelve carencias y te devuelve drama de su lado. 

¿Qué pasó en el medio? Me fui. La terminé. Fijé un límite. Un final.  Y es un final que se produjo por haber arrinconado a Javier y por haberlo atacado dónde es su punto débil.  No es un final donde hayamos entendido algo superior. Es un final tosco. Como son los finales en la vida real. 

No, Javier no tenía derecho a volver diez años después. Pero yo tampoco debería haberlo recibido y me hago cargo de todo lo que sucedió en esa avalancha. No me juzgo. No lo juzgo. Pero no puedo permitir que él me siga robando la paz. El tiempo. La vida. Las ilusiones. La energía para poder progresar y estar bien. Y progresar no es éxito económico solamente. Es por encima de todo sobreponerse por fuerza propia frente a historias muy tristes. 

Él ha sido en mí vida la historia más triste. Hace diez años, cuando lo conocí, jamás me lo imaginé. Pero hoy lo veo muy claro: un hombre roto como él no puede amar bien no porque no tenga derecho sino porque no tiene voluntad de sanar. Y yo trato de sanar todos los días. 

Javier no puede vivir conmigo. La vida suya es lo más lejano que queda en relación a la vida por la que yo me muevo a diario. La vida suya es un drama permanente del que no sale y la mía es un esfuerzo permanente para salir del drama, de las dificultades, para mejorar lo que me tocó.  




domingo, 16 de julio de 2023

La familia no se elige.

Ayer salí con mis hermanas y uno de mis sobrinos a ver un espectáculo.  El espectáculo, hermoso. Mí sobrino, muy muy hermoso y bueno. Mis hermanas, gente con la que no me interesa compartir nada. 

Es difícil, la disyuntiva. Por un lado, siento que tengo que estar presente por los chicos. Por el otro, no me interesa compartir nada con ellas. Con los años hemos acabado siendo personas muy diferentes y ellas son esa clase de gente que por sus valores, modos de hacer las cosas o maneras de pensar, jamás elegiría. Sin decir que conmigo a ellas les pasa lo mismo. Nos mantiene unidas el lazo que generamos por los niños pero para mí ya no son personas que quiera cerca.  Y me cuesta compartir salidas porque son gente que hace lo que ellas quieren y que, si vos no querés sumarte a su manera, te dicen que sos mala onda, asquerosa, que no te gustan las multitudes o que no haces nada y que por eso no sabes que la calle es así. 

Pero no, nada de eso es cierto. Lo que ocurre es que con casi 30 años yo ya tengo mí manera de vivir. Y si manera fresca y desorganizada de hacer las cosas o de pensar siempre en hacer lo más barato solo porque prefieren gastarse ese dinero en estupideces, no es para mí la manera. 

Cada vez que tocamos el tema dinero, siempre me reprochan que yo todavía vivo con mis padres. Y me menosprecian diciendo "pero vos que sabes si no pagas un alquiler". Eso me llena de ira porque no pueden hablar livianamente sobre algo que no conocen y porque, además, no es justo. Si bien no pago un alquiler, colaboro en mí casa y compro cosas especialmente ahora que mí papá no está bien económicamente. Hago compras de alimentos, estoy pendiente de lo que hace falta en mí casa. Compro hasta el jabón con el que me lavo la ropa. No me pagan absolutamente nada mis padres y entienden que no me voy porque no me alcanza el dinero para todo, por eso, siempre me dicen que no me tienen que angustiar estas cosas.  Pero yo me angustio porque me esfuerzo pese a que las cosas no son de un cuento. Y no solo aporto en mi casa sino que pago todos los gastos de facultad, transporte, pago tarjetas con la que compro cosas para mí casa y para mí madre o para mí papá y para mis sobrinos. Pago en educación, en cursos, en inversión académica para trabajar mejor y no le cuento a nadie. Pago terapia.  Y también debe respetarse. También debe ser un tema privado y personal de cada una.  Porque si el día de mañana yo por circunstancias de la vida no pagaría alquiler, por ejemplo, ¿significaría que la tengo más fácil?  Siempre van a usar algo para herirme. 

Hoy es un alquiler. Mañana seguramente será otra cosa y eso es lo que cansa. Yo trato de construirme desde otro lugar aunque me lleve más tiempo. Se que me tendría que haber mudado pero no fue posible hasta ahora porque realmente puse por delante otras cosas.  Sin contar el detalle de que tengo el sueldo más bajo, por ahora, de las tres y que lo haga siempre va a parecer poco o mierda o de pobre para ellas. Sin contar que ellas a mí edad acababan de mudarse por estar en pareja y pagar a medias los gastos y ahorrando todo su sueldo sin poner nada en la casa donde hasta se llevaban la comida del mediodía para el trabajo. Sin contar que mí hermana mayor se mudó sin muebles porque se escapó de sus orígenes y de mí casa y sin contar que mí hermana del medio (la que siempre me echa en cara todo eso) tuvo que ponerse un ultimátum a su marido para mudarse y tuvo que presionar porque no se podía pagar un alquiler sola y porque el pibe dudaba de la convivencia. ¿Y que hacen con seis y ocho años más? Juzgar con el partido """""ganado"""" a alguien que lo está jugando de otra manera. Y no es posible explicar la rabia que me genera esa idea de que yo siempre debería tener algo que no tengo aún, cuando las frustradas son ellas. 

II. 

Cada vez que tocamos el tema de la política, es para discutir. Yo no lo saco pero ellas saben y  especialmente a una, que es con la peor me llevo, a la que le molesta todo de mí porque no lo hago con ella cree correcto. En política y en la vida, mis hermanas son adherentes a la derecha/gobiernos opositores en este momento, propuestas con políticas más de corte rígido. Y está bien, es su tema. No me meto con lo que la gente vota porque yo, sencillamente, no voy por ahí. Pero si se meten conmigo, diciéndome que cómo puedo votar a lo que de voto y que soy una ciega. Que no puede ser que esto o aquello. ¿Ciega por qué, porque afortunadamente no veo el mundo como ellas lo ven? 

Cada vez que toco el tema de la facultad, el discurso es: " ay es que vos dejaste Letras y te pusiste a estudiar Económicas y tenés que terminar alguna". ¿Quién dice cuando se tiene que recibir la gente? ¿Que saben ellas de lo que es estudiar y trabajar durante años, como yo lo hice, y como se avivaron recién ahora que lo hizo todo el mundo? 

A mí hermana mayor le pago la carrera mí papá. No trabajo hasta que se recibió de médica a los 25 años. A mí hermana del medio, mí papá le pago un instituto que no le sirvió para trabajar. Después de eso, dejo de estudiar muchos años, y un cuatrimestre después de que yo contara que me puse a estudiar Ciencias Económicas, se anotó en la misma carrera.  Por suerte, en otra facultad. Porque dice que la mía es demasiado fácil y te regalan los títulos. Estudia de grande, hizo su recorrido diferente y yo por lo menos jamás la juzgue. Al contrario, me puse contenta cuando empezó porque imaginé que la facultad la ayudaría a mantenerse ocupada y sería menos conflictiva o competitiva. 

Pero no. Desde entonces, compite con lo poco que sabe de mí y se cree que yo tengo que estudiar como estudia ella, encerrada todos los fines de semana . Y me dice que no le dedico tiempo y que como puede ser. Y lo que sucede es que yo ya hice ese sacrificio hace seis años por Letras y que elijo tomarme a Económicas de otra manera. Y porque me conozco muy bien a la hora de estudiar, entonces, apunto a la permanencia y no a ser la mejor.  Para mí, todo este recorrido es lo mejor. Poder hacerlo por mí misma es lo mejor.  Hacerlo a mí manera.  Y no hacer una crisis por si me saco un ocho o un cuatro. Frente a esto, otra vez, me digo: cada una tiene derecho a construir su propio camino.  Y a veces los hermanos son referencias de lo que no querés en el camino. Nada más lejos que un ejemplo. 

Es extraño pero con mis hermanas se mezcla esa sensación que siempre tienen de menosprecio hacia mí con el tiempo que lleva todo.  Para mí, son dos tipas muy estúpidas. De hecho, no quisiera nada de sus vidas. Pero para que eso se vea, hace falta tiempo. Y en el tiempo que lleva obtener las cosas, aprovechan para lanzar opiniones totalmente infundadas. 

Más de una vez pensé: "parece que tienen razón", especialmente cuando se puso difícil todo. Más de una vez me he sentido la pobre de las hermanas, la que peor hizo todo, la que no logró nada.  Pero nunca lograron que lo creyera. Siempre dudé de ese sentir. E hice bien. 

Pero cuando me siento a solas y cierro los ojos, pienso que tengo absoluta confianza en mí y que se que voy a tener un hermoso futuro. Que hoy en día estoy construyendo ese futuro, que todo va a dar sus frutos. Y no es arrogancia : se que me va a ir muy bien, sin necesidad de demostrar nada a ellas, porque tengo otros códigos.  Porque no me faltará nada pero voy a honrar a mí familia, a mis orígenes. Al esfuerzo de mis padres. Porque me voy a sentir orgullosa de que si bien me tomo todo más tiempo, lo hice haciendo a la vez cosas a nivel humano. Aprovechando. Estando presente y cuidando al otro. Y que eso es lo que yo quiero. Eso es el éxito para mí. Hacer un camino que tenga sentido, tomar decisiones que me nombren y que honrren el destino. Cosechar relaciones buenas y ser leal, no perder la humanidad y cuidar de mí familia. 

Pero ellas no son ya mí familia hace mucho tiempo. Y me ha llevado dolor aceptarlo pero lo confirmo día a día. 

Mis padres siempre dicen que mis hermanas son dos personas que no parecen sus hijas. Personas sin empatía ni conciencia de clase. La del medio, sobre todo, que es con la que peor me llevo y con la que pensé que podría compartir la facultad y resultó que está más preocupada por cuánto tiempo le dedico a los estudios y como no sacrifico lo que ella si , porque entonces lo mío es más fácil o me va a llevar más tiempo.  ¿Y si me lleva más, qué? ¿Y si soy más inteligente y no me hace falta hacer el mismo esfuerzo, qué?  

La competencia entre hermanos me parece horrible. Es doloso porque constituyen la única familia que te queda de adulto. Pero yo he tomado conciencia de que por mí salud mental y mí autoestima es preciso poner límites. Y por eso ya no las considero gente con la que comparta valores pese a compartir historia. Porque ellas niegan la historia que yo honro y me parece de una frivolidad que jamás alcanzará para tapar sus carencias. 

III. 

En este contexto, pienso en los chicos y no quiero dejarlos solos. Pienso que si se crían en un contexto frívolo, donde todo lo que importa es el dinero y dónde el otro es solo un competidor, van a perder parte de su humanidad. Y mis sobrinos son tan lindos y tan buenos que tocan el corazón y merecen tener un entorno que los comprenda. 

Aunque parezca mentira, yo vengo a representar en mí familia ese otro poco de sensibilidad fina, de empatía y  desde ahí, construyo con mis sobrinos esa referencia de que las personas somos diferentes. Para que sepan que existe algo que no es lo que dicen que se debe hacer, sino, lo que ellos sienten que deben hacer

Mí sobrino mayor, ayer dijo que fue feliz. Sostuve su mano durante el show. Nos sacamos fotos. Me preguntó cosas. Y lo vivimos juntos. Así. En vivo. Mí hermana del medio me preguntó si no sacaba fotos y yo le dije que no. Estoy disfrutando analógicamente, le contesté. Y eso es vivir para mí. Disfrutar desde otro lugar absolutamente todo. 

IV

Siendo franca lo único que espero es que de alguna manera seguir estando presente para los niños se haga más fácil. Porque los amo y porque el mayor necesita mucho conocer otras cosas. Está demostrando tener una sensibilidad superior y nadie lo comprende. Y lo que no comprenden quieren taparlo con dinero. Y no hay dinero que compre lo que no compra la felicidad. 

Llego a una conclusión: ellas están diseñadas para juzgarme por ser la hermana menor. Y yo, estoy diseñada para ser diferente.  Y pienso que si me sobrino es diferente, es empático, es sensible, es artístico y le preocupa el otro, siempre, toda la vida, lo voy a acompañar.  Y pienso que si el más chiquito necesita algo siquiera de mí, un gesto, una palabra, un juego, o una charla, además de todo lo que cualquiera le puede dar con dinero, es un compromiso para mí estar para ellos. 

Por eso sigo ahí. Pese a que para mí es indignante y difícil.  Porque ellos lo valen. Y porque M. me ha demostrado más de una vez que me necesita y porque yo también deseo por encima de todo estar para el. Su madre en relación a eso, un día me dijo que M era conmigo su mejor versión.  Mí otra hermana, dice que conmigo quiere hacer cosas que con ella no quiere. Que me prefiere a mí. Y yo solo pienso en M. En que para que no sea tan mierda como son mis hermanas, hay que mostrale que existe un mundo donde están los otros, y darle respuesta a las preguntas sobre ese mundo que está haciendo ahora con casi cinco años.  

Sobre mí situación personal, solo cortaría toda relación. Porque me angustia la injusticia, sé que soy mejor que todo eso, pero... todo sea por mis sobrinos. Está en mis manos ver cómo puedo cuidar de ellos y de mí salud mental al mismo tiempo. Y es un desafío que quiero asumir porque se merecen mucho amor. 

Solo necesitaba poner todo este tema en palabras para sentirme mejor. 




jueves, 13 de julio de 2023

Un jueves no tan de mierda

 Después de tres días de mierda en la oficina, hoy fue mejor. Me dediqué todo el día a las cuentas corrientes y entendí que me gustan aunque no me guste el contexto que estoy pasando. ¿Quién lo diría, no? Apasionada por las cuentas corrientes, resulté.

En la oficina, El Gerente la sigue careteando. Está antipático conmigo, un poco con cara de pocos amigos, porque le habrán ajustado las clavijas a él. Era hora, pienso. Y prefiero que esto sea un peso para todos y no solo para mí, por eso no le doy pelota si le caigo peor que hace una semana porque le metieron el dedo en la llaga. Estaba demasiado relajado a costa mia. Y eso se acabó. No me interesa quedar bien con el ni con nadie y solo busco hacer bien mí trabajo pero no el trabajo de todos. 

Paralelamente, estoy buscando trabajo en otro lado. Pienso que si me echan me pagarán un dinero y que si no, me iré a algún lado mejor. Pienso que no es el momento de echarme porque si tendrían que poner a trabajar en serio y pienso que mientras tengo yo tengo que pensar en mí . Entonces, me ocupo de buscar otras ofertas realmente para no seguir sumando queja y queja.  

Mientras trabajaba hoy me hice un rato para ordenar números personales. Trato de escuchar podcast de temas de interés como historia, economía o educación financiera en el medio de una avalancha de números. Trabajando , obvio, pero además nutriendo mí cerebro con algo más que chismes, guarradas, o micromachismos. ¿Acaso es el mejor 2×1? Creo que sí. 

II. 

Pese a que está semana laboralmente haya sido de mierda y me haya despertado miedos, por lo menos, la viví.  Digo, no me quedé esperando cosas que no van a pasar, no me quedé en la queja. No me quedé enfocada en lo que no quiero para mí y empecé a darle duro hacia lo que si quiero. Y todo eso se logró porque volví a poner el foco en mí. Y se lo saqué a ya sabemos quién. Y es como si me hubiese vuelto el alma al cuerpo, más allá de que me encontré con un desastre, porque pude entregar mí atención solo a eso. 

Y pienso: "la única fortaleza que tengo en este momento es conectarme conmigo misma y bancar fuerte todo lo que pase". 

Sí. Porque conectada conmigo misma, escuchándome, es más fácil. Me doy cuenta que si tengo propósito en lo que hago (si tengo claro por qué, si para mí ese por que es valido) todo lo que me cuesta se aliviana. Y hace un año venía buscando este alivio. 

III. 

Venía estando, y quizá de eso me di cuenta, muy asociada con el padecimiento en relación a la no decisión de Javier, a su posición de rey del drama. A lo que pasaba o no. A lo que no hacía o dejaba de sostener. Y no es casualidad que él se haya alejado (y que yo lo haya silenciado de todos lados) con que me sienta más cerca de mí. Con volver a creer que merezco una vida tranquila. 

Paradójicamente mis propias decisiones me estaban pidiendo a gritos un poco de espacio. De ahí el malestar tan intenso. De no poder conectarme con mí propia vida y el sentido de vivirla por mis sueños, no por los errores o por los quilombos de otros. No por lo que los demás pidieron o no pudieron. No por sus miedos o sus decisiones. No por sus deudas o frustraciones.  Sino, por mí y porque entiendo que no es fácil lidiar con nada de eso, pero si es posible. 

Hoy por suerte sí tuve wifi interior. 


miércoles, 12 de julio de 2023

El trabajo de no dejar pasar las oportunidades

Pasé algunos días ausente de mi rincón seguro. Ésto se debió a tomarme el finde para descansar mentalmente de cuestiones que acá abordo y, por otro lado, por una semana que viene siendo de mierda en la oficina. 

No, no estoy bien en mi trabajo, hace unas semanas ya estoy con otro chip porque la situación no la va a resolver nadie más que yo.  Y no es que no me guste lo que hago, al contrario. Afortunadamente, me gusta lo que hago y tiene relación con la Licenciatura en Administración que estoy estudiando y en la que doy pasos adelante con lentitud pero buena voluntad. El problema es que desde marzo, donde echaron a mi compañera, no me están poniendo una asistente como yo ya he pedido tres o cuatro veces.  Y la necesito, faltaba más., porque estoy a cargo de una administración yo solita y el sueldo no hace siquiera referencia al grado de responsabilidad, donde más allá de que estemos hablando de una pyme, es muuuucho para una sola persona. 

Mi compañera anterior, contadora, no hacía grandes cosas. Pero me sacaba de encima cosas clave, como son la carga de facturas en el sistema  contable, la facturación de las ventas cuando no es automática o los controles con AFIP. Yo, por mi parte, tenía asignada hasta marzo todas las cuentas corrientes y las cobranzas asociadas. Los últimos meses también me he dedicado de lleno al armado de todo lo necesario para que la asesora externa liquide el IVA. Es decir, hacía la evaluación de cómo estaba cargado todo, buscaba diferencias en el subdiario, sacaba una posición parcial de IVA - para ver cuánto era el estimado a pagar del impuesto según el balance entre compras y ventas del mes - y lo entregaba.  

Mis tareas eran más aplicadas al aprendizaje y me implicaban un ejercicio mental, pero además, tenían un cierto grado de análisis. Y eso es lo que construye en gran medida a un profesional en éste área, según sospecho: la capacidad de análisis, ejecución, la capacidad de ir aprendiendo, porque es un rubro inmenso.  Manejar las cuentas corrientes era algo que me gustaba mucho, pero que desde que echaron a mi compañera - y no me pusieron el reemplazo que pedí y que saben que necesito después de entrevistar a un par de chicas y de tomárselo con demasiada calma - ya no me gusta. Principalmente, porque tanto es el caudal de trabajo para mí desde hace meses que hay un montón de cosas con las que no llego. Las cuentas corrientes son un bloque de trabajo muy grande, del cual estoy desconectada, porque me tengo que ocupar del otro bloque de trabajo grande como es la facturación y lo asociado, que depende de una fecha de vencimiento. 

II. 

La semana pasada, que fue la semana del cierre contable y de las cobranzas, lo saqué todo en fecha, sí, genial. Fue un laburazo del cual me siento orgullosa, pero algo que no quiero sostener más, porque se están haciendo todos los boludos.   Frente al cierre, todo el resto de las actividades avisé que iban a quedar de lado y ésta semana - ayer mismo - tuve un intercambio de palabras muy en tonito de mierda con el dueño por una deuda acumulada. El día anterior, ya le había dicho que yo no daba abasto, que necesito a alguien, como una manera de descargarme de un ramo de actividades. ¿Qué me pueden reclamar? Nada. Ni el dueño, ni el Gerente, ni nadie, porque yo ya he expuesto lo que necesito y nadie está moviéndose para darme más recursos.  El Gerente, con el que he charlado más de una vez sobre el tema, lo único que hizo fue aumentarme un poco el sueldo y decirme que tenía razón, y que teníamos que buscar. Pero los meses pasan, ofrecen una mierda al asistente, la gente no quiere ir a trabajar por dos pesos (y tiene toda la razón) y mi realidad es distinta. Todo ésto me tiene a cara de perro. Necesito que alguien trabaje haciendo la parte de la facturación y de los comprobantes, para finalmente poder dedicarme a hacer las presentaciones al asesor externo, que implica controlar todo eso y cruzar con AFIP, y, por otro lado, el manejo de las cuentas.  

Si no, seguirá éste mismo quilombo. Con líos, quejas y molestias por todos lados. Teniendo todavía dos manos. Y con ganas de mandarlos a todos a la mierda. 

III. 

No obstante ésto, hace semanas también vengo evaluando éste tema desde una manera personal. Sé que mucho más  no puedo crecer profesionalmente estando acá. Sé que ésta oficina me sirve porque estoy a cinco minutos de la facultad, solamente me alcanza con cruzar un puente para empalmar con el puente donde a la bajada está mi facu, pero eso no es todo. ¿Me conviene? Obvio, es comodisimo. Pero si yo voy a venir a sentirme mal porque nadie me escucha, no es cómodo. No me están respetando y yo, por el otro lado, sé que estoy cumpliendo y haciendo un buen trabajo. 

Esto me llevó a tomar algunas decisiones. Primero: empezar con la búsqueda de otro trabajo. Segundo: capacitarme en lo que me falta (además de estudiar en la facu) para poder acceder a otras posiciones, luego de evaluar durante meses lo que se va pidiendo actualmente en el mercado. Si bien eso  me implica un desgaste enorme y una inversión de dinero que es bastante para mí en este momento,  además y un reacomodo de agenda total, siento que es lo básico para poder irme a trabajar mejor en un lugar serio y con proyección. 

Principalmente, porque el que se queda cómodo, está cómodo, sí, y nadie dice que esté mal. Pero yo siento que a mi edad, no puedo dormirme en la queja y menos por la evaluación del mercado que estoy haciendo sobre la salida laboral en Económicas.  Porque en medio de la queja se pierde el tiempo de acción, y sin acción, se te pasan oportunidades, capacidad de estar al día con los sistemas que se usan, de trabajar en empresas más sólidas y donde podés aprender, donde cuentan con recursos, etc.  Hoy en día, además del dinero, busco aprender dentro de un parámetro claro de progreso. Donde haya modernización, innovación y métodos de laburo que son útiles y están muy buenos para llegar a trabajar en un lugar piola. 

Hecho el descargo, sigo trabajando en este martes lluvioso. 
Deseenme suerte. 

viernes, 7 de julio de 2023

Hacer terapia ❤️‍🩹

La terapia para mí, además de ser un privilegio, es un espacio para pensar y para adquirir herramientas que me acompañan y me ayudan en lo cotidiano. Por lo general, me encanta hacer terapia. Bendigo la posibilidad. Creo que todos merecemos ese espacio si lo necesitamos.

De hecho, hoy siendo adulta entiendo que  en mí infancia me hubiese venido bárbaro ir a terapia, pero en mí familia no era muy común pensar en esas herramientas porque eran bastante retrógrados con el análisis. Pensaban que era un doctor más, al que ibas cuando estabas enfermo, pero no una caja de herramientas. 

 Fue con 17 que empecé por primera vez pero no tuve una buena experiencia y abandone al poco tiempo. Luego, a los 18 años, tuve episodios de ataques de pánico y ansiedad , y empecé a fondo con un proceso muy espectacular a nivel análisis. Siempre pienso que a esa terapeuta le agradezco la empatía porque era todo lo que yo necesitaba para poder confiar. Al día de hoy me la cruzo y me pregunta cómo estoy y me indica que siempre que lo necesite puedo contar con ella.   Con Nati me atendí desde los 18 años hasta los 26 años y luego retomé a los 27 años hasta la actualidad con mí analista del presente, Agustina, por temas de agenda pero también por temas de etapa de la vida. Con ella, voy hace un año y medio y realmente siento que es muy buena en su mirada de análisis. 

Y hoy fue de esas sesiones donde dije: "che, qué bien que me hizo venir hoy a terapia", principalmente porque salí con una perspectiva más despejada de lo que vengo trabajando y porque pude ver las cosas desde otro lado y conectar las vivencias de mí alrededor con mí propio proceso y sí, clamaron las mareas. Y todo tuvo un poco más de sentido que cuando entré. 

Volví de la sesión caminando, y otro tramo en colectivo, porque ya había servicio. Aproveche para estirar las piernas.

En la oficina me pagaron de ida y de vuelta un Uber, y más que agradecida con ello porque pude entregar el IVA que tenía fecha para hoy y hacer algunos ajustes pendientes en las cuentas corrientes. Así que el día estuvo por completo ganado. 

Ahora, mientras escribo, tomo una copa de un vino que me gustó mucho. Un red blend, mezcla de distintas uvas, que de frente parece corpulento y pesado, pero que luego baja por la garganta como una seda. Una maravilla a un precio módico, es decir, una doble maravilla. 

Justo en este momento no tengo luz pero aprecio el silencio y la oscuridad. Es un momento de calma que valoro y quiero documentar.  De la contractura que me dejó dura toda la semana, queda solo el final, algo leve. Es lógico si se me junto todo lo personal con la semana más fuerte y pesada del mes, por fechas de vencimiento. 

 Si hay algo que me gusta de hacer terapia los viernes es que llego liviana, puedo pensar e integrar los fines de semana y darle al cuerpo y a la mente el espacio que necesitan. Puedo tomarme un vinito y acostarme lo más temprano que desee para reponer energías. 

Todo esto también es terapéutico. 






jueves, 6 de julio de 2023

Combo: ME VUELVO LOCO

Casi sesenta mil pesos, Javier se gastó en vinos el otro día. Casi ocho años le tomó decirme todas las estupideces que me dijo. Casi cincuenta y dos años hace que vive en éste mundo y la juega de gato o de ratón según le convenga. Casi diez años que nos conocemos. 

Dice que no puede vivir así, conmigo, y ahí juega a la rata que huye. Dice que nos tomemos juntos un vino, y ahí, juega al gato, maullando, haciéndose el canchero, viboreando con su cola, ronronéandome.  Dice que nos vamos a juntar, que si quiero, que vamos, que por favor, que vení, haciéndose el desesperado; y después no concreta un carajo.  Promete sin que se lo pida, y después, huye sin que nadie lo corra al menor y mínimo comentario, que lejos está de tener un fin sexual. 

Y yo, ya estoy empelotadísima con el tema. Francamente, me lo tomo a gracia, me lo tomo a pecho, me lo tomo en vino, pero ya no quiero saber más nada con éste mambo. Llegué a la conclusión más evidente: Javier, ni siquiera como el más informal de los vínculos, es bueno para mí. Todo lo ensucia, lo complica, lo enrrosca, lo magnífica. De todo se escapa. Y cansa mucho la verdad, porque creo que ningún hombre en la tierra da tantas vueltas para tener o no tener sexo en la situacion que él está.  O lo haces, o dejas a esa persona libre teniendo el historial que tenés con ella.

Pero Javier no lo hace. Ni para eso sirve. Se pone en su posición de rey del drama y me vuelve insoportable, despectiva con lo cotidiano, una mujer que se exaspera con todo porque la desarma un pelotudo que no tiene pelotas para nada, ni siquiera, para poner límites. 

II. 

A mí también me cuesta mucho poner límites. Y hago un esfuerzo importantísimo para hacerlo. Si no puedo desde la palabra, como me está pasando últimamente, lo hago con el cuerpo. 

Sí. Así tal cual. A todo lo que pasa consigo le pongo el cuerpo y no mi cuerpo para el sexo, sino, mí cuerpo como medio para bajar la emoción a alguna parte. El estrés, los nervios o el malestar que me trae la incertidumbre de no poder manejar la situación, que de por sí es errática, repercuten en mí cuerpo. 

Después de un rato de vernos, el sábado, me dió un tirón en la zona de la cervical que todavía me late mientras escribo. Fue una contractura que no me dejaba mirar a los costados, que me dejó tiesa, hasta que empecé a tomar miorelajante y vino, un día cada uno, para que no se crucen. ¿Y todo por qué? Porque un día sale corriendo, al otro vuelve, se queda por semanas tranquilo, luego aparece para saber cómo estoy, es decir, que no se pone de acuerdo en nada. 

Y uno piensa: "ya está, nos quedamos tranquilos y no va a pasar más nada porque estemos tranquilos y es todo lo mejor que puede pasar está paz. Ya está". 

Y no va que después nos cruzamos y me dice cosas increíbles y luego se embala y se hace la víctima, como si yo le hiciera cosas.  Y no es así.  Él hace cosas y después quiere que yo cargue con la responsabilidad, pero no quiero ser cómplice de su desenvoltura. Pero yo me hago cargo de lo mío, no de su basura. 

¿Por qué tengo que desintegrarme para que él integre una buena conducta? Prefiero que desaparezca, y si no desaparece, me doy cuenta que lo tengo que borrar de todos lados para sacármelo de encima, que tengo que quemar los caminos...  Si no ¿qué? Sinceramente creo que esa es la forma de empezar a estar tranquila para que Javier no siga jugando al gato y al ratón. 

Ya no tengo paciencia para sus vueltas en la vida adulta.  Es a cara o seca. Ya estamos grandes, de hecho, tengo casi treinta años y no entiendo cómo un tipo de cincuenta y dos puede ser tan histérico.  Pero no histérico porque no me diga nada, sino, histérico porque no toma una decisión. Ni siquiera, toma la decisión de alejarse de mí sabiendo su compromiso fantasmal. Pero tampoco concreta lo que supuestamente tanto desea. 

¿Y entonces, qué queda? El medio. 

Se calma un temporada y luego viene a mí vida con una excusa. Yo le sigo la corriente para que huya y huye. Yo no le sigo la corriente e insiste.  Cuando me ve, se descontrola... Y después yo soy la pendeja que lo saca del riel. Después, la culpa es mía, cuando la relación y las invitaciones son todas suyas.

¿Cuándo, en estos diez años que nos conocemos, le dije que fuéramos a un hotel, por ejemplo? ¿Cuando me apareci en su casa, porque si, para que tengamos sexo? ¿Cuándo le mandé un mensaje subido de tono o una foto en ropa interior o algo de todo lo que podría realmente hacer una chica de mí edad en mí situación para hacerlo calentar?   JAMÁS. Y no porque considere eso moralmente, sino, porque consideré que se la iba a complicar. Y no, nunca se la quise complicar. Pero él, parece que a mí, sí. 

 Porque sé, muy claro, que con el deseo de la gente no se juega. Con el tiempo no se juega. Con la salud mental o los procesos tampoco se juega. Y mucho menos, cuando esa persona te amó tanto como lo amé yo y cuando hace casi diez años tuve el tremendo coraje de decírselo. 

Hoy en día creo algo en concreto: lo único que cambiaría algo es si estamos y asumimos las consecuencias, o no estamos, y nos dejamos vivir la vida en paz.  Yo prefiero no estar, la verdad. No es tan bueno el sexo consigo para compensarme la paciencia que agota con sus estupideces. El deseo es inmenso pero su manera de estirarla hace que se rompan los filamentos más sensibles de mí día a día y resulta imperdonable que me quite la paz y que no decida nada.  Con eso confirmo, y confirmo de nuevo, que ni siquiera para el deseo él vale la pena. Porque el deseo es, antes que nada, energía lejana al sufrimiento. No indecisión. En la indecisión se juegan cosas que en Javier no son del orden del cuerpo. Sino, de la conciencia. 

Mientras, seguro siga gastando casi un sueldo promedio de un trabajador en vino, porque eso es lo único que tiene. Mucho miedo, muchas vueltas, mucho dinero, y poca calle. 








martes, 4 de julio de 2023

El tiempo caprichoso

Parece una broma mala del destino -si es que existe- o un capricho de la conciencia superior esto de encontrarme con Javier cuando empiezo a sentirme mejor. La semana pasada estuve nostálgica y melancólica por lo que sucedió el martes del feriado con él y porque me llamaron para dar clases de Literatura en un colegio como profesora suplente y no acepté la oferta (básicamente, eran seis horas de trabajo provisorio contra cuarenta y cinco). Pensé mucho en todo ese pasado que construí un día, fue inevitable, porque el presente no tiene absolutamente nada que ver con eso, salvando la escritura y el libro que tengo en mente y adelanto sólo en vacaciones  de la  facultad, cuando me queda tiempo luego de la oficina. 

Pensé en cómo me hubiera gustado recibir ese mensaje para trabajar de lo que estudié cinco años antes, cuando no pasaba un día sin mandar un CV a un colegio secundario, y no ahora, cuando estudio otra cosa de la cual trabajo, en una oficina, de lunes a viernes, con pantalón negro y camisita, a veces.  Pensé en cómo me hubiera gustado que Javier me hubiera dicho en su momento todo lo que me dice ahora, no para aceptarlo o rechazarlo, sino para resolverlo en ese momento y que no quedara entre nosotros la peor deuda de todas: la deuda del deseo que no se muere más. La deuda de las dudas, de las ganas de vivirla, de no poder negar más esas ganas, de transgredir para saldar. 

Y más allá de todos esos pensamientos dolorosos , me dije que yo había tomado otras decisiones y que me tenía que hacer cargo de ellas. Porque esas decisiones me habían llevado a otro lugar que la mujer del presente prefería, o que al menos, era más conveniente.  De hecho, por eso tomé esas decisiones, para modificar lo que hoy es el presente, tanto sea para Javier como para mi carrera. Una persona y un lugar que amaba con toda mi alma pero que, cada una por su razón, no funcionaban conmigo. No llegaron a tiempo. No sincronizaban con el ritmo universal de mi vida donde otras cosas increíbles llegan sin el menor esfuerzo. 

Cuando llegó el momento de la sesión, y me preguntó cómo pasé la semana, hablé del tema con mi psicóloga y llegué a la conclusión de que lo que me estaba pasando era normal porque asumir las pérdidas y la añoranza sobre un pasado que ya no está, suponía un duelo en relación a un presente del que uno debe tratar de mirar lo mejor, sin comparar. 

Así llegué al sábado, tranquila, masticando y asumiendo que el pasado estaba en el pasado y que en el presente mis decisiones eran tales referidas a la carrera y a él. Por eso caminaba en paz, escuchando música, mirando a la gente, como habitualmente hago cuando no estoy apurada. Pensando si me ponía los lentes de sol y dónde estaban las piedras que usa mi gato. 

Hasta que lo ví a Javier y lo único que pude hacer fue suspirar, cansada, como si hubiese hecho un larguísimo viaje en vano, y caminar hacia adelante para encontrarme con sus pasos. Los acorta sin dudarlo hasta los míos, mientras reluce su sonrisa traviesa y esa mirada con la que me recibe como si me dijera: "que lo parió" y, enseguida, me abraza pegándome a su cuerpo y me da un beso en la mejilla sin soltarme. Me aprieta como siempre lo hizo, las veces que pudo en la última década, y me pregunta cómo estoy. Acabo de perder el invicto de 2023 sin sus abrazos y no tengo saliva que me ayude a pronunciar una sola palabra. 

Estaba bien hasta éste momento, me hubiese gustado contestar, pero no puedo ni hablar. Tampoco sé qué cara pongo, la verdad. Creo que si suspiro es por el esfuerzo que hago en evitar cosas que no puedo evitar, y que están quedando a la vista en ese cruce fortuito en el centro de nuestra ciudad, un sábado de invierno por la tarde, donde no nos llamamos, ni abstuvimos, ni renegamos, ni esforzamos por correr al otro lado de los pies ajenos.   Me parece irónico el hecho de que me contuve mil veces para llamarlo, mil veces para escribirle, y que esquivo la puerta de su casa cada día de mi vida, pero así y todo, me lo termino encontrando azarosamente en la calle.  

¿Qué hacer, entonces, para mantenerse en el camino correcto? 

Pudo haber sido una casualidad, porque tampoco todo es místico o destinado en la vida... pero en los últimos veinte días me lo encontré dos veces por la calle; y las dos veces fueron, por distintos motivos, una convulsión. 

domingo, 2 de julio de 2023

Mi contractura tiene nombre

Escribo bajo los efectos de mí un relajante muscular. Ya sabemos el motivo de esta contractura. Y hasta se que tiene nombre, apellido, y dirección cercana.  Así que acá vine, a ver si puedo sacar algunas cargas escribiendo para colaborar con el cuerpo. 

I. 

 Creo que una de las peores cosas que me ocurren con Javier, es la familiaridad que yo creí rota durante muchos años y que en realidad jamás se rompió. Y lo siguiente, es el contacto físico que mucho tiene que ver con la familiaridad y con el conocimiento de hace años pero que hoy en día es distinto, sin dudas. 

Ayer en varias ocasiones nos miré haciendo las compras por el centro, charlando, mirando vidrieras, y me pareció muy inexplicable. ¿Cómo con este tipo terminé haciendo las compras si estuvimos desde 2014 sin hablar o hablando prácticamente nada?   Somos vecinos. Nos puede pasar. Pero no espero jamás que eso suceda, yo espero más bien que eso no pase porque lejos los dos estamos más tranquilos. Y menos esperaba que hiciéramos las compras como si fuéramos los mejores amigos del mundo. Porque no somos eso con las cosas que me dice y las cosas que yo lucho por no contestar y que le digo a medias porque siento que si no me voy a morir. 

La confianza para ir charlando de laburo, de la familia, de la salud, del dinero me parece demasiada para la persona que soy hoy, pero me hago cargo. Yo no puedo manejar lo que me pasa cuando lo tengo en frente. No sé si algún día pueda porque es lo más fuerte que sentí por una persona en toda mí vida. Y eso no quiere decir que deje de vivir por esto, pero si, que para poder vivir tengo que poder integrar los sentimientos más fuertes que me nacen. Si no, ¿qué clase de fortaleza tengo? ¿Qué aprendí en estos años? 

Está a la vista que si bien Javi es tremendo yo no puedo ser más dura de lo que soy con alguien así, porque no deja de existir un punto donde uno dice: " dios, es imposible borrar el pasado".  ¿Cómo nos llevamos mal con alguien que nos llevamos bien? ¿O quizá, cómo dejamos de hablar para siempre? 

Está a la vista que no podemos tener una relación intermedia.  Cuando yo estaba en pareja, por ejemplo, Javier insistía en no saber nada de Galeno ni de nuestra relación, ni el más mínimo comentario que diera cuenta de su existencia.  Sin embargo, en un momento de cercanía física y de charla muy íntima, finalmente me lo dijo: 

 - Tu novio es un hijo de puta - mofo - mira con quién está. Es un hijo de puta, está con vos. ¿Con él, sos así? 

- Yo lo elegí a el también y es diferente- le aclare-  Con él, soy de otra manera. Eso es lo que vos me estás diciendo. 

-  ¿A él le decís que si? ¿Con él si querés estar?  

- Yo a él le digo que si, si. Con vos, es diferente. 

- Estás fría conmigo - dijo - No me miras como antes. 

- Hay cosas que yo las reservo para mi relación. Vos querés tener sexo conmigo. Todo lo demás, es para compartir con mí novio. 

II. 

Más allá de eso, en el presente donde estoy soltera hace varios meses, también me guardo cosas. 

La confianza que Javier goza y que yo no puedo controlar, además se mezcla con el humor que tenemos muy parecido, con la ironía, y con la corriente sexual que -me guste o no- existe entre nosotros. Es increíble como el deseo o lo que sea que suceda nos pone así de tarados.  Por eso me guardo. 

Yo, me siento una pelotuda grande para reírme y ponerme colorada. Pero me sale esa parte jodona y simpática con Javier y cuando hago el esfuerzo de ponerme seria y lo logro, nunca deja de ser desde la confianza.  Y a él, le sucede lo mismo conmigo. Me hace chistes que a otra persona le costarían todos los dientes y al mismo tiempo me toca con una ternura que me destrababa sentimientos totalmente cancelados en mí. 

No puedo perdonarle todo lo que me convoca después del daño que me hizo. No puedo. Pero tampoco puedo negar o sepultar eso que hace en mí cuerpo y en mí mente. 

Po eso no me puedo fijar en otros candidatos que tengo hoy en día. Porque está el tipo este ahí metido,  deseo por medio, volviéndome loca.  Por eso no me importa si mí compañero de la facultad me invita a comer o me tira el palo para que viajemos juntos.  Puedo decir que si a todo, claro, pero si no pienso en nada de lo otro. Y en cuanto me corro un centímetro de eso, viene a mí una catarata de cosas que ningún otro tipo me hizo sentir en la vida. 

Esas pasiones por las que uno pierde todo lo que creyó sólido en la vida. 

III 

Siento un exceso esa confianza. Realmente no quiero que tengamos ese tipo de relación. Yo se que los vínculos se construyen y el vínculo de amantes también es asi. Justamente, a eso le escapo a que me diga eso o se crea eso y lleguemos a un gran problema.

 Creo con todo el corazón que la confianza en nosotros puede llevar a grandes confusiones tal como lleva a pasar momentos muy cómicos en ocasiones como las de ayer. 

Siendo franca, hacía nueve años que no me reía así con Javier. Y me hizo acordar mucho al vínculo de confianza, cariño, deseo y risas que teníamos entonces.  Pero también , mí edad actual, me hizo entender que no deja de tener migas para dar y que por ello no merece reconocimiento alguno. 

¿Para qué desarrollar un trato con una persona con la cual tenés deseo sexual y no estas en condiciones de concretarlo? Eso veo en Javier y no sé si no me hundiría en caso de preguntarlo. Pero en realidad, la duda es honesta.  Considero que es mucho más fácil aceptar que hicimos el amor una vez, que tenemos ganas en el presente y que elegimos no ir para adelante con eso; pero no es tan fácil justificar el tipo de extraña relación entre la confianza histórica y la confianza actual. 

IV. 

Mientras caminábamos, ayer, yo estaba pendiente de la gente. No porque me diera vergüenza Javier, sino, porque se había puesto tonto y no se daba cuenta de la gente alrededor. Me miraba , me hablaba y me trataba como si yo estuviera envuelta en miel y me estuviera siguiendo el rastro.  Y eso la verdad es que yo no quería que sucediera. 

- El otro día dijimos que nos íbamos a tomar un vino - musitó - y yo quiero tomarme un vino y acostarme con vos, sí - dijo. 

Serio. Así estaba cuando lo miré.  Dejé pasar a un tipo que nos esquivo porque nosotros estábamos yendo muy lento y recién ahí le contesté: 

- Sí. Yo ya te aclare que no te voy a salvar más. Si vos no te salvas, deberías... 

- ¿No te gustaría? - me preguntó, muy tranquilo, con la bolsa de las compras en una mano. 

- Si, dale - dije, con sorna. 

Seguimos caminando uno al lado del otro. Lento. Javier me miró. Lo miré y le cambié la vista. 

- ¿Querés? - dijo, colorado. 

- Bueno, Javi. Hacemos eso, dale - respondí. 

Javier me miró y me empecé a reír, mientras se acercaba para molestarme. Si, en el medio del centro, sin que le importara un cuerno nada. Se rió lo mismo. También se dio cuenta que lo estaba molestando, que le estaba diciendo todo que si aproposito, porque la verdad, es que si me hago mala sangre o no parece todo lo mismo.  

- Sos una hija de puta

- No, yo te digo todo que si. Vos querés eso, parece, pero después, el resto te pertenece - lo burlé - No me provoques por favor. Porque te voy a responder cualquier cosa. Te sigo la corriente. 

Javier es cobarde entonces si me quería hacer quedar cuadrada, yo lo estaba dejando triangular. 

(...) 

Cuando me llevó a casa, unos minutos después, me dijo: 

- Ya voy a ordenar todo, así nos juntamos. 

- Bueno, Javi. 

- Y abrimos juntos uno de estos vinos que te digo. 

Lo miré. Me miró y me quedé callada. 

- ¿Me faltó algo? 

Lo miré. 

- Dale - dije, con suavidad - Un vinito. 

Me miró. Dudó. 

- Que te parió... Si, acostarnos también quiero, sí - dijo y se rió - ¿Me estás hablando en serio? 

-Mh-mm - dije. 

Era obvio que con la duda que le generaba le estaba dejando finalmente el peso de toda la decisión. 

- Yo te escribo y si vos estás dispuesta, disponible, organizamos algo. ¿Te parece? 

- Dispuesta, disponible, no dubitativa... ¿Qué otra palabra más con d? Escéptica, también. Pero no tiene d. No empieces a hablar cosas que después no suceden y uno te trata de cuidar y vos.. Dios. 

Javier se rió. 

- Qué pendeja - dijo. 

Me reí menos a la defensiva. 

- Javi, yo soy una mujer muy escéptica. Entiendo que ahora querías decirme que querés tener sexo conmigo, pero... Nunca deje de ser escéptica con vos. Y lo seré siempre. 

Javier sacudió la cabeza. Mofo. 

- ¿Pero por qué no me crees? 

- Me sorprende que me digas todo esto todo el tiempo, igual.  No importa si no te creo. Me asombra cómo cambiaste. Ahora, no tenes pudor. Es realmente increíble ¿sabés? 

- ¿Qué? - dijo, mordiéndose los labios. 

- Esto. La verdad es que durante muchos años te portaste muy bien. Me sorprende eso. Ahora nada que ver... Te felicitaria por el aguante. 

- No sabes lo bien que me porte, si. Es verdad. 

- Bueno, entonces tenés posibilidades de redención todavía - lo burlé. Era un último detalle para que pensara mejor. 

Javier me miró. Sonrió y no me dijo nada. 

- Arggggggg. Dios - se quejo - No puedo más así yo. Yo  no puedo vivir, con vos. 

IV. 

"Yo tampoco" , me hubiese gustado decirle. En cambio, le contesté "deja de llorar". 


sábado, 1 de julio de 2023

No entiendo la vida

Hoy fui a hacerme las uñas y a retirar unas cremas que uso con fines estéticos al local físico de la marca. A la vuelta, estaba esperando un colectivo y justo vino otro que me llevaba a mi localidad.   Cambié el rumbo, corrí y tome ese colectivo que no planeaba.  Cuando quince minutos después me baje en mí cuidad, elegí cruzar la calle a una vereda distinta a la que estaba porque tenía que comprarle piedras a mí gato.   Caminé por esa vereda, tranquila. Escuchando música.  Mirando. Sin angustia. Sin nada. En paz.  Estaba lindo al solcito. 

De pronto, Javier sale de un local desde una galería mientras yo estaba pasando por la puerta.  Nos vemos. No sé qué cara pongo yo, la verdad, pero la suya se pone blanda. Me sonríe como diciéndome : "hola, dios mio por qué" y se acerca.  Yo me acerco también para saludarlo. Obviamente, entiendo que estamos en la calle y soy más discreta. Pero Javier no lo es tanto. Me abraza mientras me da un beso sin soltarme, sonríe y me pregunta cómo estoy.  

Yo no podia ni hablar.  La garganta se me secó en el instante donde lo veo, le veo la sonrisa perdida, le veo esa iluminación en la cara que mezcla deseo y paradoja.  

No hace mucho tiempo, el martes del feriado, me lo crucé por las mismas calles con su novia. Y caigo en cuentas de que está soy, cuando me está abrazando, en el medio de una galería. A dos cuadras de la casa de mí hermana. Un sábado a la tarde en la zona céntrica dónde nos puede ver medio barrio. 

Y nada de eso, de repente, me importa.  Somos nosotros dos charlando de la vida mientras caminamos por nuestra ciudad.   En la última charla, le dije de todo para que arrugue. Y la vida me demuestra en vivo que este señor no cambio de parecer. No se olvidó de nada. Y yo como una pelotuda, siempre teniendo que arreglarme con las cosas que hago y con las cosas que no hago. 

- ¿Todo bien? - me pregunta. 

- Si - digo. 

- ¿Si, que estabas haciendo? 

- Nada, vengo de comprar unas cremas. 

- ¿En la farmacia? 

- No. Son para tener más linda la piel. Es estética. 

- Ah. Bien. ¿Y qué más compraste? 

- No, nada más.  Me hice las uñas y estaba volviendo , tengo que hacer unas compras. 

- ¿Las uñas? Vengo de unas horas ya en la calle. 

Le mostré mí mano. Enseguida la escondí con la excusa de agarrar mí mochila.  Javier quería como tocarme mientras me acompañaba el paso.  Pero no tocarme el culo, o la cintura, sino, simplemente, acercarse.   Y yo sin darme cuenta, puse mí mochila al hombro entre nosotros. Eso marcaba una pequeña barrerita. 

¿Y vos, como estás? - le pregunté. 

- Mal. La verdad, estoy para atrás. 

- Uy, pero boludo... ¿Qué pasa ahora con Comercio? 

- Es una cagada. Tuve muchos líos con las SIMI. La mercadería acá y yo , hasta las pelotas. No puedo dormir a la noche hace días. 

- Pero... Espera - le dije - ¿No es tu problema con las divisas, o qué ? 

- No. Estaban mal las SIRA. La mercadería estaba en el Puerto y tuve que... Hacer cosas para que pase. 

- ¿Como qué? 

- Dibujé mucho para dejar pasar esa mercadería - dijo - Truché la declaración. 

- Ah, bueno, sonso... Entonces estás con la conciencia muy tranquila, claro. Eso te pasa. No es el dólar. Por eso no podes dormir. Te pesa. 

Me miró y lo miré. 

- No entiendo... 

- Javi, estoy siendo irónica. Me refiero a que estás maquinando por lo que hiciste para favorecer a tu cliente. Porque no pasa por la divisa, acá, es la declaración que estás haciendo. 

- Perdón. Si. Te entendí ahora. Estoy... Lento. No sé ya cómo tomar este trabajo. Quiero dejar todo pero... Me compré mucho vino. 

- ¿Mucho? ¿Si? ¿Qué compraste? 

- Me entregan dos cajas el lunes. 

- ¿Mix o caja entera? 

- Un mix. Las dos cajas. 

- Oh, muy bien - apañe. 

Me sonrió. 

- Así que si no me muero por el laburo, me tomo esas cajas. 

- Es que, no es fácil - contesté - yo te lo diría desde mi lado rebelde y te diría deja todo esto, hace otra cosa, manda todo al carajo, pero te entiendo. No debe ser fácil para vos. No debe ser fácil en este momento... Lo que pasa es que... No se. 


- Si , es que ya se. Pero yo tengo una estructura del negocio, ya. Muchos años.  Y tengo gente que depende de este laburo. Gente que trabaja para mí hace muchos años. Y es muy difícil dejarlos sin trabajo. 

- Si, lo sé. Por eso no te digo que dejes todo. Pero tenés que bajar. Tenés que descansar. O si no, podrías ir a un psiquiatra que te recete algún fármaco que te permita cortar. Un ansiolítico, te tomas uno, bajas, al otro día te levantas nuevito... - le comenté-  Porque te puede hacer mal seguir así, te puede dar algo. ¿Mira si te morís, qué haces con todos los vinos que compraste? - le pregunto, con sorna . 

Javier se ríe. 

- No, me los tengo que tomar. Pero si, la verdad, vengo con dos semanas tremendas. Las últimas dos semanas fueron... Nosotros dos también tuvimos esa charla... Yo pensé que no llegaba.  

- Si, veo. Sos todo un ramito de buenas noticias. Verte es un encanto, te juro. 

Me río y Javier acompaña. 

- Si, no tengo cosas buenas para contarte. Bah, si. Los vinos que te conté, no conozco ninguno. Pero si hay algo bueno te voy a contar. 

- O sea que va a ser todo un descubrimiento... Bueno, ves. Eso es una linda noticia. Vas a descubrir sabores, bien - dije. 

- Fui al negocio que te dije el otro día - me comentó - y es una mierda. 

- Yo también pasé, la otra vez, pero no me pareció gran cosa. 

- No tienen nada. Nada bueno. Tienen vinos de supermercado. 

- Ah, osea que no vamos a encontrar un Gran Enemigo, ni de casualidad... - murmuré. 

- Noooo, pero olvídate - dijo. 

- ¿Y whisky, no miraste para vos, ya que estabas? 

Sonrió levemente. 

- Si, me compré un Jamenson. Para tener. 

- Bueno, algo. Pero digamos que no justifica ¿o si? 

- No, para nada. 

- Mucha cerveza tienen - aludió

- Si, pero mucha latita insípida vi yo.  Creo que no es nada del otro mundo - comenté. 

Me sonrió. 

- No tienen importadas. Me fijé. 

- O sea que lo que te mantiene en pie es el vino que viene en camino, ok - le dije. 

Mientras charlabamos, caminábamos a la par por el centro. Yo iba para mí casa y me quedaba de paso ese recorrido. Él, en cambio, tenía que hacer algunas compras. Entre ellas, comprar alimento para su perro en el mismo lugar donde yo podía comprar piedras para mí gato. 

En el recorrido, Javier me contó que la semana pasada tuvo un pico de estrés, por eso no llegaba.  Después de que hablamos, me dijo, estuvo sin poder levantarse dos días de la cama por un pico de estrés. Me llamo la atención esa construcción de la oración. Era como si fueran hechos asociados pero que también fuera todo ese malestar por el trabajo. 

- Yo pensé que me moría. No me podía levantar. 
- Ay, Javi. Pero no podes... te va a dar un ACV, tonto. 
- Si, es que estoy desencajado. Mí vieja no anda bien. Hace un tiempo, no se si te conté, no, no te dije nada - murmuró - le entraron a robar a la madrugada y la cagaron a trompadas. 
- No, qué mierda. Che, ¿y tu tía, estaba? ¿A ella también? 
- No - dijo, mientras miraba una vidriera - a ella, no. Pero bueno, se llevaron un susto muy grande. Mí vieja se está recuperando. Estuvo viviendo en mí casa unos días hasta que se le pasó el miedo. 

- Es importante. Pobres. Las dos. Qué susto. 

- Si.  Y justo, que decís de ACV, a la mamá de *** - dijo en referencia a su novia - hace poco le dio un ACV. Yo realmente no doy más. Así estoy. 

Suspiré. Lo miré. El perfil de Javier barbudo, despeinado y desgreñado, se me quedó en la mente mientras me hablaba.  Qué extrañeza me da cuando lo pienso como la vida nos encuentra en momentos tan diferentes y tan distantes en el tiempo y sin embargo sigue existiendo esa confianza atroz de su parte. Casi desesperación por hablar.  Por contarme. Por explicarme su vida.   

¿Será algo contra mí, como una manera de justificar que no puede decidir? ¿Hay algo para decidir que yo no veo? ¿O se siente en la obligación de contarme por qué?  A mí sinceramente no me interesan sus argumentos porque no se juegan las mismas cosas que antes.  Tampoco me interesa que me prometa ni que comparta nada conmigo. Yo quiero solo quiero vivir en paz y no quiero ser su amante, entonces, ni entiendo desde qué lugar me cuenta. 

Suspiro y miro para adelante. Pienso en esto. Pienso qué hago caminando y haciendo las compras con Javier casi diez años después.  Es como si nunca hubiera pasado todo lo que pasó y no entiendo tampoco como la vida se sobrepuso a eso y nos reúne. 


- Javi , ya que estás en un momento tan hermoso de tu vida y de tanta salud mental- le digo con sorna dulce y dejo pasar a una señora - ¿no te fumaste un tirito? 

Se acercó. 

- ¿Un qué? 

- Un porrito... - dije, haciendo el gesto. 

Sonrió. 

- Si, pero... Después termino tomando whisky y es peor. Tomo vino y mezclo.   Al otro día quedo roto. 

- Y no, no tenes veinte. Pero bueno, costo beneficio. Si no, apela a la ciencia y toma algún fármaco para bajar porque no vas a llegar al mes que viene. Muertito, él.

Se carcajeo.  Javier suspiró y se lo notó más relajado. Su semblante era definitivamente el de un tipo que había dormido poco, mal, y que estaba pasado por agua.  Por eso, fui irónica.  Para darle oxígeno. No es fácil para ninguno de los dos encontrarnos y francamente hacemos lo que podemos con lo que pasa en una situación que nos altera. 

A Javier lo mejor que le podes hacer es hacerlo reír cuando está hablando de lo que le pasa, para que siga. Porque le cuesta y la risa es su lenguaje. Entonces, qué remedio. Aunque también es eso lo mejor que me puede pasar porque  creo que me cuenta demasiado de su vida personal y de sus dramas y no entiendo en quien se puede apoyar realmente que tiene que encontrarse en la calle con una persona 23 años más joven y termina asumiendo su vulnerabilidad en la vía pública. 

Pero, no obstante eso, con el chiste o la sorna también me protejo un poco.  Me distancio en el momento del dolor de Javi para dárselo vuelta.  El no sabe que para mí es dolorosa esa situación, esa misma, y que desearía no verlo. Porque verlo me gusta tanto y me hace sentir tan viva que sufro cuando debo asimilar la realidad como lo que es.  La sorna , la ironía, el decirle que estoy bien, me muestran siempre entera. Siempre mostrándole la cara esbelta para no darle el gusto de que me destruya otra vez. Porque para eso, mis problemas, me los como sola o los trato en terapia. 
Pero para Javier, es diferente. Conmigo se confiesa a tal punto que me asombra. Y quiere que yo me confiese también. Quiere que exista un ida y vuelta de vulnerabilidad para construir un nexo. 

¿Qué lugar tendrá para el esa confesión? No lo sé. Pero yo me lo tomo a la joda por las dudas. Sospecho que ese nexo es un nexo que no pasa solamente por el sexo y a mí ni me interesa porque los sentimientos que me convoca es algo con lo que en casi diez años no aprendí a vivir. 

Mientras pienso y siento tanto, sigo hablando con Javi. 

- No seas guacha - dijo, y se rió por el chiste del muertito. 

Me di cuenta que no era la primera vez que se reía en todo lo que llevábamos caminando. Me reí. Lo miré y le sonreí.  Su ánimo había cambiado. El mío también. 

- Me acuerdo la conversación, eh - dijo - pero tuve quilombos. 

Me encogí de hombros. 

- Bueno, Javi - dije. 

- ¿Pero vos me dijiste que si o no? Yo no me olvidé. 

- Yo me voy a coser la boca. Lo que yo te dije es mi postura de no cuidarte mas. Vos ya sabes. Pero bueno, estás en un mambo mal. Lo único que no te hace falta es esto. Vos en el fondo lo sabes también. 

- ¿Nos podemos ver? - me preguntó. 

- Si , si querés eso. Qué se yo, yo trate de cuidarte mucho y no hay caso -  dije, mirando a la gente mientras pasábamos. 

Javier me freno, mientras caminaba a mí lado. Sin capucha por suerte. Sin las manos en los bolsillos. Activamente. Intercediendo. Agarrándome del brazo para que pare. 

- Para. Mírame. No te veo la cara - dijo. 

Claro, no sabía si le estaba haciendo lo de la ironía o no. 

Lo miré y me reí. Me frené. Javier se rió. 

- ¿Podemos, querés de verdad? 

- Ya te dije que sí pero vos sos el responsable. Yo no voy a ir a buscarte jamás y si venís, tema tuyo - argumente, queriendo seguir caminando - ¿Vas al barrio o qué? - le pregunté.
- No, tengo que comprar unas cosas. 
- Bueno, me voy - dije y me alejé dos centímetros. 

No lo saludé con un beso. 

- Vení - dijo , y me agarró del brazo de nuevo  - chau. 

Me abrazó. No sé en qué forma me abrazo pero una mujer que pasaba caminando se me quedo mirando. Si me abrazo como me abraza desde hace un año atrás, si, claro, era para que se me quede mirando.  Yo sentí que estaba haciendo un papelón con su gesto y la verdad es que no me interesó.  Que lo hiciera.  Ya había hecho yo en su momento demasiados y tal cosa. 

- ¿Tenés que ir ahí? - le pregunté, más de lejos. 

Habíamos enfilado para el mismo lado. 

- Si, por el perro. 
- Ah, yo justo tengo que ir por el gato. Vamos, entonces, te despido más allá  - le dije. 

Cruzamos la calle. 

- ¿Que tal tu gato? Se llama ***
- Si, pero ya sabes por quién . No es por Falcioni. 

Javier sonrió. Me estiró el brazo para avisarme que salía un auto. Lo miré y leí la jugada. 

- Bien - dije. 
- No te veo contenta, contame más - dijo. 

Entramos al local. Me dejó pasar primero y me tocó el brazo. 

- Estaba concentrada en no morirme. Cruzas como un hijo de puta. 

Javier se rió. 

- Mí gato es hermoso. Me ronronea cuando llego de la oficina. Me hace así - dije y lo apreté - es un motorcito. 

- Si, son lindos. Muy lindos - dijo. 


II. 

Compramos. 

- ¿Tenés cincuenta pesos? - me preguntó la cajera. 

Javier saco la billetera. 

- No. Olvídate - dije y lo frené con mí mano.  La señora sonrió como si fuera algo divertido. 

Si supiera, pensé. 

Le tendi los cincuenta pesos a la cajera después de buscar en mí mochila un momento. 

- Servite, mil gracias - le dije a la señora.  

Javier , desde atrás mío, sin moverse, pidió todo. Compró para su perro. Bocaditos, alimento y premios. Pagó lo suyo y nos fuimos. 

 Seguimos charlando. Me preguntó por el trabajo, por la facultad y por como estaba. Le dije lo indispensable. Se quejó por eso. Se rió por eso. 

Retrocediendo en el camino, se paró en un local donde yo me había parado a mirar una vidriera. El me había dicho que entremos y yo le había dicho que no, que solo quería sacarme la duda de algo. Me preguntó qué. Le dije que se me había roto el plástico de la sube y que ahí vendían. 

- Bueno, yo tengo que comprar una cosa. Vení conmigo, tengo que hacer un regalo - dijo retrocediendo en el camino. 

- ¿Qué? 

- Un regalo para la mujer de un amigo, tengo un cumpleaños. 

- Bueno, fíjate.  ¿Como es? ¿Toma algo, cómo se viste? 

- Es media hippie. 

- Bueno, acá no hay nada de esa onda. Ese pañuelo es medio feo. 

Javier miró fijamente y me miró con cara de no se qué hacer. 

- Es que soy malo para esto... no sé... Ni se qué llevarle. 

- Yo te estoy ayudando, pero dame más recursos. Soy mujer, aunque más joven, quizá te oriento. ¿Qué ropa usa? 

Me miró y sonrió. Lo miré. 

- Bombacha, corpiño, remera - dijo. 

Se rió. 

- Sos un tarado. Te pones tonto, te juro - le dije y me reí. 

- Vos me preguntaste eso... - dijo risueño. 

Lo miré divertida y suspiré. 

- Tonto. Dale. No podemos ni comprar un regalo los dos que ya... No me interesa la bombacha de la señora. 

Javier puso una cara chistosa. 

- Yo te cuento. Puede salir sin bombacha. Que se yo - aludió, con humor. 

- Mucha información. Pregúntale a tu amigo - musite. 

- No importa, ya fue - decidio - No me importa el regalo. ¿Vas a tu casa? Yo te llevo. Busquemos el auto, te llevo... Charlamos. 

Caminando para el otro lado, a su lado, le comenté: 

- Regálale un vino. Yo si fuera ella por menos de un Luigi Bosca no te abro la puerta. 

Javier me miró con cara de feliz cumpleaños, me reí y agregué: 

- Me tocas el timbre, me decís feliz cumple, y veo que es un vino de mierda y te cierro. 

Se rió. 

- Sos borracha. Está es una señora... 

- y joven, soy - añadí, sería. 

- Pero el vino, te encanta.... 

- Si, no voy a mentir. Lo sabes. Me gusta el vino mucho. 

- Si, sos muy vinera, eh. Muy. ¿Cuando paso eso? 

Hablé con franqueza. 

- Me encanta, si. Lo disfruto. Me relajo. Tengo un amigo de la facultad que me quería regalar un vino porque le preste un resumen y me decía qué vino quería. Y le dije, bueno, si querés que sea uno copado. Mínimo. Por esa clase. Son un plato los de Económicas. Lo único que te dicen es que tienen , cuánto ganan, muy superficiales algunos.  Pero la facultad esta buena. 

Javier se rió. 

- ¿Vas a retomar Letras? 

Suspiré. Lo miré indignada. 

- Javi ¿por qué me haces esas preguntas? ¿Yo te hago preguntas de esas que te ponen incómodo y te meten el dedito ahí? No. No me las hagas. Siempre metidito ahí, Dios. 

Javier sonrió. 

- Perdón. Quiero saber. Ahora estás con Administración, ya se. Trabajas en Comercio, ya lo sé. 

- Entonces si sabes no me hagas preguntas , sonso - le dije. 

- Aaahhhhhh - gritó por la calle, para molestarme. 

Me reí.  Me indico que ese era su auto. "Como si no lo supiera", pensé. 

Nos subimos.  Javier me miró de una manera que me dejó sin aire. Todo su cuerpo irradiaba una energía enorme para mí, como un manto. Me saque la mochila de la espalda, ya sentada, y la puse entre las piernas.  Me miró más.  Yo lo miré un momento y saque la vista. 

- Me estaba perturbando - dije - Ya está. Ahí está mejor. 

Por la mochila. 

- ¿Qué dijiste? 

Me preguntó eso y se puso colorado. 

- Que la mochila me estaba perturbando... ¿Por? Se me clavaba en la espalda acá sentada... 

Javier se rió. 

- Entendí otra cosa. 

- Decime, dale. Ya a esta altura... 

- **** - me repitió. 

Lo miré y me puse colorada. 

- No, no es el caso - murmuré- ¿Te das cuenta que tus propios sentidos te traicionan conmigo? Estoy acá y vos escuchas sexo por todos lados. 

- Es difícil. Me pongo un poco tonto. Podía ser que estuvieras en eso... Disculpa. 

- No. No podía ser. Pero estás perdonado. Yo también estaba bastante cruzada hoy, admito... Son momentos. En serio que va a estar bien la cosa. Tenés que estar tranquilo. Así no te morís - le dije, como un último bálsamo. 

Está vez, hablé en serio. 

- El trabajo también te cambia el humor - dijo - Si estabas de mal humor, es por eso también. 

- ¿Por qué lo decís? - pregunté, seria. 

Lo miré. 

- Porque este trabajo es una mierda - dijo, haciéndome montoncito con la mano. 

Me reí levemente. 

- El trabajo que hacemos vos y yo ya es sabido que no nos gusta. Es una obviedad a partir de la cual los dos nos posicionamos... Si no, no es tema. Es obvio, Javi. 

- Si, bueno. 

- Y si, pero hay que vivir. Es así - le comenté. 

Yo estaba mirando para adelante, pero Javier me miraba y por eso no lo miraba. Me sentía transparente y prefería charlar de esa forma. 

Después de mí última respuesta,  y sin que yo lo viera, de pronto me agarró una mejilla y me pellizcó con su mano derecha. 

- No te hagas la superada conmigo , que ya sabes todo vos - se carcajeo

Me sorprendió tanto su actitud que me reí a carcajadas. Le pegué un manotazo para que me suelte, sorprendida.  Javier me quiso agarrar de nuevo y le hice cosquillas por la barba para que pare, mientras me reía. Me manoteo intentando seguir molestando y le tiré otro manotazo tierno.  

Diez años después, y nos estábamos molestando en su auto un sábado a la tarde. ¿Qué carajo estaba pasando? 

- ¿Pero qué haces, vos, pellizcandome los cachetes? ¡Estás loco! Basta - le dije. 

Nos empezamos a reír a carcajadas. 

- Son míos. Basta - le dije e hice un gesto con el pelo. 

Javier se rió y me contagió. 

- Dios mio - dijo - ¿Nos juntamos pronto? - me preguntó. 

Suspiré. 

- Javier, estás con muchos problemas. No empieces. Yo se todo ya. Tenés una situación enorme de líos. No empieces. Ya no se que más decirte. 

- Si, con mucho lío - dijo y se pasó una mano por la cara - . Pero quiero verte. Nos podemos juntar. Y si querés comemos algo y tomamos algo y si querés también nos acostamos. Y si no estás segura, solo tomamos algo.  Yo sé ubicarme - dijo. 

No le contesté nada. 

- ¿No? ¿Si? - preguntó. 

Estiré una mano y le toqué el pecho. Lo acaricié por encima del buzo.  Lo miré y la forma en que me miró, me estrujó el corazón.  

- No me jodas, Javi. Porque yo no te fui a tocar el timbre -  imite el golpe de una puerta contra su cuerpo - a tu casa envuelta en un body que te dejaría tieso y a pedirte que me abras - se empezó a reír y se puso todo colorado -  Y puedo. Y vos tenés líos. 

Javier me agarró de la mano y se la llevó consigo al pecho. Sigtuio manejando con una mano, despacio, por nuestro barrio. 

- Voy a guardar un vino de los que compre, que me llegan ahora el lunes, para tomarlo juntos. ¿Mh? - me preguntó. 

Lo miré. Me reí y sacudí la cabeza.  Me encogí de hombros. Le saqué la mano. 

- Yo ya no me voy a preocupar por vos, eh. Te lo advierto. Si me invitas, a aguantarse. Aunque soy muy escéptica. Y a vos no te creo mucho, la verdad. 

 Nos tomamos algo, dale. Total hay buena onda para tomar algo. Nosotros la pasamos muy bien, charlamos, tomamos vino, tuvimos sexo, si... Vos y yo somos... - me miró. 

No sé qué palabra iba a decir pero yo dije una primero que le iba a dar bronca. Y que lo iba a ordenar. 

Lo interrumpí: 

- Vecinos - dije y me reí con sorna -  Déjame acá, por favor. 

- Qué hija de puta - dijo, riéndose. 

Era la esquina de mí casa. 

- ¿Qué tenés miedo? - me preguntó. 

Lo miré, extrañada. 

- No. ¿Por? ¿Por el barrio? Nah. Amo - lo miré. 

- No, por lo que te digan. ¿Tanto te van a decir porque te deje en la puerta? 

Hablaba de mis padres.  Suspiré. ¿Estaba preguntando lo que estaba preguntando? ¿Con qué cara? 

- No, no es por eso. 

- Si te traje todo el camino, ¿tenés miedo? 

Mofé. Esos reclamos eran el colmo. Más, en su situación. Yo no quiero que me vean con Javier porque es Javier, justamente.  Porque se expone conmigo en situaciones donde parece no darse cuenta. 

Javier se me acercó después de estacionar en la esquina.  Me abrazó. 

- Javi, vos no figuras en una sola oración , en un solo título.  Y quiero que sea así. Por eso, te pido que me dejes acá. ¿Si? 

Todo esto, se lo dije apretujada. 

- Bueno, está bien - musitó y me dio un beso sonoro en la mejilla. 

 No me beso en la boca porque yo no me deje, pero la verdad es que si corría dos centímetros la cara , ahí estaba su cuerpo, preparado, por las dudas. 

- Bueno, bueno - le dije, riéndome. 

 Me apretó toda y cuando me separé de su cuerpo, me tocó el pelo y la cintura.  Levanté la mochila y lo miré. 

- Javi, por favor, déjame bajar. 

- Dios mio, basta por favor - dijo - No puedo con vos así. 

Me agarró de las manos. Yo me quedé pelotuda. Estaba esperando que el universo explote y sin embargo, continuábamos mirándonos. 

- Tengo las manos frías, como siempre - dije para cambiar de tema.  Me tenía agarrada de ahí y yo medio que tironeaba para darme vuelta y manotear la puerta irme como pudiera. Principalmente, porque otra parte mía quería quedarse ahí. 

- Yo te las caliento - murmuró. 

Sacudí la cabeza. Nos reímos mucho. 

- Basta vos, que estás hasta las bolas. Me voy, te dejo un saludo - espete. 

Me baje del auto. Antes de cerrarle la puerta en la cara, dijo: 

- Déjame vivir. Yo no puedo vivir, con vos. No puedo - exclamó , apoyando su cabeza en el volante. 

Me reí nerviosa. Pensé en ese momento que ni cuando era adolescente me había sentido así de estúpida y ridícula. Que no había hecho estos movimientos erráticos. Que no me había metido en esos momentos donde quisiera salir corriendo. ¿Por qué ahora? Me sentí de pronto como si una versión lúdica, irónica, y demasiado viva, me saliera de adentro. Y me di cuenta que eso estaba mal, porque era una persona complicada la que me generaba esas vibraciones y esos pulsos magnéticos con la vida. 

La intensidad tenía que poder ser diferente. Pero sin dudas, ahí estaba. 

- ¿Yo que te hice? - le tiré. 

- Tengo mucho lío, no seas así conmigo - dijo. 

- Deja de llorar. Vos me haces lo mismo y además vos sos el que está hasta las manos. Pero por lo menos te reiste hoy-  bromee y atiene a cerrar la puerta. 

Javier se rió. La verdad, de una manera muy clara. 
Se lo notaba divertido, vivo. Mejor que al inicio. 

Me miró con cara de tonto. Esa cara de tipo pelotudizado, digna de una película. 

- Chau, en serio.  Gracias - musite. 
- Chau - dijo, y saco una mano para mí lado para saludar. 

Respiré hondo. Vi como el auto de Javier se alejo por la otra esquina, dando la vuelta para su casa.  Doblé la esquina contraria. Entré a mi casa con las piedras para mí gato en una bolsa y con un desentendimiento con la vida en la otra mano. 

Yo ya no sé cómo hacer. Quiero poder tener una vida normal y hago todo el esfuerzo sincero para resistir y la vida no colabora con estas casualidades.