A veces soy injusta conmigo misma y siento que tengo que salir corriendo a fabricar una vida porque perdí la otra. Y en consecuencia, no tengo nada.
Hace años que estoy trabajando en terapia un duelo central que tiene que ver con no dedicarme a lo que estudié (Letras) y lo que considero mi vocación. He decidido correrme de esa profesión porque, por cuestiones económicas y de estilo de vida, no me dió las oportunidades que necesité ni yo tuve el tiempo para esperarla. Ese duelo, que empezó siendo profesional únicamente, con el paso del tiempo empezó a trasladarse también a los ámbitos de la identidad.
Y si, la vocación tiene mucho que ver con la identificación que hace a la identidad, pero no así, la profesión. Este es el mayor aprendizaje hasta ahora que, honestamente, me salvó más de una vez de caer en el abismo.
Para mí dejar atrás mi vocación es un tema diario, una decisión que me costó muchísimo tomar y que me cambió la vida. Ahí justamente entendí cuánto vale una decisión tomada a tiempo, para bien o para mal, y cuan poderosas son las decisiones porque te abren y te cierran puertas de forma aleatoria de cosas que siempre recuperas en lo inmediato.
Frente a la decisión que tomé, de dejar de pensar a la literatura y a mi carrera como mi modo de vida, y ponerme a trabajar en otra cosa (lo que después derivó también en ponerme a estudiar y todo lo que ya sabemos), me pasan cosas ambiguas. Siendo honesta, hay días donde amo, aprecio, valoro y agradezco este presente que pude construir. Pero otros días, no me alcanza lo que tengo, me parece poco, me siento ansiosa y frustrada. Me pregunto cómo puede ser que no tenga un título universitario aún, que no haya terminado nada, que no haya podido construir simbólicamente nada más en estos diez y pico de años. Entonces, me entra el apuro. El apuro por conseguir una vida para compensar la vida que perdí cuando tomé determinadas decisiones.
A partir de esto, soy plenamente consciente que yo me partí en dos. Me convertí por un lado en la persona que era, asociada a todo lo que conocía, y por otro lado en la persona que soy hoy y principalmente la persona en la que me quiero convertir.
Pero veo que así de rota, lo que me falta, es la historia. Es el medio. Lo más valioso. Lo que me hace haber cambiado. Lo que posibilitó construir en ese momento esa vida y lo que hoy permite construir ésta. ¿Está qué? Quizá, antes que seguir llamándolo vida, sea más justo decir que esta es una nueva etapa. Pero que no implica que yo tenga que andar por la vida partida. Porque gracias a ese pasado, justamente por ese pasado, fue que pude construir ésta etapa nueva. Y eso no es lo mismo, en nada se parece, a sentir que no tenes nada en la vida.
Porque en realidad la vida empieza a ser lo que viviste, lo que formaste, los motivos que te llevaron a tomar la decisión y la alegría y la gratitud por haber conseguido lo que conseguiste en esa etapa nueva.
II.
Si yo fuera una persona menos pensante, entiendo que no le daría vueltas. No lo tomaría como algo tan personal. Pero para mí, que amo la literatura y siempre fue el medio para entender el mundo, dedicarme a los números en una multinacional es bastante diferente en términos de supervivencia. Y aunque pasen los años no consigo adaptarme todavía a ese cambio al cien por ciento, justamente, porque me siento inexperta. Y con razón.
Hace dos años, cuando dejé Letras porque no podía sostener dos carreras universitarias más un trabajo full time, pensé: yo me voy a recibir primero de Licenciada en Administración para poder avanzar en lo profesional porque esto te lo piden casi en todos lados y después me voy a dedicar a terminar Letras despacio, más tranquila, por amor, porque ese título me lo re merezco aunque me lo cuelgue en mi casa.
Y eso es lo que pasa ahora: tengo una deuda conmigo misma por no haber tenido el valor de vivir de lo que me gusta, con la ilusión de que podía vivir un poco mejor dedicándome a otra cosa. Y hay días donde esa deuda pesa más y dónde el lado de Licenciada en Letras me dice por qué tanto apuro, para qué tanto apuro, por qué correr tanto. Y ahí es donde caigo en la cuenta que no se trata de meter la historia en una bolsa negra, sino, de integrarla. De abrazarla. De festejarla y de valorarla.
Estoy muy feliz con mis logros académicos en esta nueva carrera, estoy muy agradecida con mis logros laborales. Es mucho más de lo que soñé cuando empecé a estudiar en 2021. A veces pienso en esos momentos donde no sabía ni qué era el IVA y me parece increíble de verdad lo lejos que llegué porque toda mi vida sentí que yo no servía ni podía hacer nada que no tuviera que ver con la literatura. Y ver qué puedo, que uno es capaz de construir con sus decisiones otras cosas, que hay mil cosas que podes mejorar con facilidad a través de esas decisiones, es muy lindo.
Pero eso si, no siempre es todo y reconocerlo es muy difícil pero completamente necesario. Es lógico sentir que no siempre colma. Porque indudablemente hay un costado mío que no se puede olvidar de lo que alguna vez soñó, de cómo se vió. Y que como no se puede olvidar, tiene la urgencia de crearse una vida que compense (económicamente, sobre todo) la vida que su vocación jamás va a darle.
III.
Yo a los 19 años me imaginaba siendo profesora de Literatura en una escuela secundaria y alfabetizando pibes en comedores comunitarios, para ser literal. Diez años después, con 29 años, estoy trabajando en una multinacional, consultora en economía, mientras estudio una Licenciatura en Administración.
Eso para mí se siente casi como ser otra persona. Como no tener historia. Cómo vivir con un espacio vacío que tenés que llenar rápido. ¿Pero tenés que, realmente?
En realidad, claro que hay una historia. Porque hubo una Veinte que intento conseguir trabajo de profesora muchas veces y que no consiguió. Una Veinte que trabajo en un call center dónde la gente no siempre trataba bien para pagarse las últimas materias de la facultad. Hubo una Veinte que cuando se quedó sin trabajo todavía estaba estudiando Letras y pensó que era el momento para dedicarse a full y no consiguió más que un instituto en negro donde le cagaron parte de la plata. Fue la Veinte que se vio en pelotas, sin dinero, sin herramientas porque el título universitario no le estaba dando lo que necesitaba y porque la falta de experiencia en el rubro no jugaba a favor.
Fui yo, si. Exactamente un mes antes de perder el trabajo en 2021, me había anotado en Económicas. No me pregunten por qué, pero me encanta estudiar y me pareció bien. La posibilidad de conocer más me resultaba atractiva. Además pense que podía ser mi plan B. Letras seguiría siendo el plan A.
Un mes después me quedé sin trabajo en 2021. Ahí existió una Veinte que lloraba porque no le salía una puta suplencia y donde no tenía trabajo ni plata y se sentía totalmente desordenado. Y hubo otra Veinte que se dijo "pero está el plan B" y con eso abrió la pregunta: ¿Qué puedo hacer entonces?
Hice. Y así empezó todo. Ahí diría yo que se construyó el primer milímetro de este nuevo camino.
IV
Estudiar Económicas, para acompañar la experiencia laboral en ese rubro que ya tenía, en el proyecto de poder encontrar trabajo pronto, fue una decisión necesaria. Se estableció por las circunstancias como un modo de vida. Yo no podía estar sin trabajar. Necesitaba dinero para ayudar en mi casa y para no tener que revivir la incertidumbre permanente que pasamos las personas criadas en hogares donde no había un sueldo fijo. Donde no podías estar sin trabajar o esperando que te saliera un trabajo ideal porque no existía el concepto de resto. No había resto. Y yo llegué a sentir en ese momento donde económicas se convirtió en mi modo de vida que no tenía tampoco resto. Que no podía esperar años para cobrar un sueldo fijo. Que no podía vivir de suplencias esporádicas. Que necesitaba estructura económica (como la que me daba mi trabajo medio tiempo que acababa de perder) y que no tenía nada que ver con la Literatura, para poder en algún momento dedicarme a eso con título en mano y ver si así podía hacer más horas y tomar algún cargo que ayudara a obtener orden.
Pero ese orden ansiado, no llegó de esa manera. Cuando logré encontrar trabajo meses después del quiebre en 2021, fue gracias a estudiar Ciencias Económicas y tener experiencia anterior en el rubro. Y por eso, justamente así, por seguir con los estudios, en menos de dos años y medio, pasé del Estudio Contable a la Multinacional. Es decir, la vida profesional se potenció como si le hubieran inyectado nafta súper. Pero la vida cotidiana, la real, la vida del corazón, fue perdiendo tiempo para nutrirse.
X
Mi sueño es tener la posibilidad de laburar las dos áreas de mi vida y hacerlas parte. Amo enseñar, por ejemplo y amaría poder dar clases de Literatura pero ojo también de algunas materias de Administración.
Creo que hasta sería sanador para mi no hacerlo desde el miedo a morirme de hambre sino desde la vocación. Dejando de lado la pesadez de no poder salir de esa dinámica de no contar, de entrada, con un sueldo fijo y dedicarme a disfrutar. Vivir con un sueldo generado por cuenta propia es algo que sin dudas yo elegí no repetir porque me hizo pasar momentos difíciles en mí infancia y en mi vida. Algo que no quise pasar y por eso elegí trabajar de lo que fuera con una paga fija y estudiar.
Contar está historia es importante para mí porque tiene que ver con cómo me siento y no mucha gente lo sabe. Siento un enorme agradecimiento por un lado que sin embargo está teñido de una profunda tristeza por todo lo que dejado en el camino. Sé que hay gente que ni siquiera puede estudiar, es decir, que yo tengo mucho que agradecer. Pero principalmente quiero darme el espacio y el permiso para validar mí propio recorrido.
Hablar de estas dos partes de mí, es una pequeña manera donde por un ratito uno a la Veinte del pasado, que leía Borges y soñaba con leerle cuentos de Cortázar a sus alumnos, con la Veinte de ahora. Ninguna es mejor que otra. En ambas versiones había desafios. Pero entenderlo, lleva años. Y estoy en ese proceso.
Hoy soy una mujer que ama indisolublemente la cultura, el arte y la literatura y que tiene como modo de vida otra profesión. ¿Si ama lo que estudia? No del todo, aunque sí disfruta muchas muchas pequeñas cosas de lo que hace y de lo que estudia y siente que su curiosidad y sus expectativas están mejor cubiertas. Hoy soy una mujer que sigue escribiendo todas las noches donde sea porque tiene miedo de olvidarse cómo. Que se junta con gente para hacer cositas culturales porque si. Porque así, es feliz mi corazón.
Necesito (y voy a) unir a la Veinte que trabaja en un lugar donde pese a los estúpidos puede aprender, a la Veinte que está aprendiendo inglés, y que se siente realmente entusiasmada con las materias de Administración de su nueva facultad; con la Veinte que ama la literatura y que obviamente va a volver a terminar su primera carrera, Letras.
¿Cuándo? No lo sé. La vida me ha cambiado tanto que ya no puedo poner plazos aunque estoy completamente segura que voy a volver. Si, si sé que habrá momento. Hoy ya no dudo de eso. Lo necesito en otros aspectos. Lo merezco hoy, siendo quién soy. Y porque la Veinte que leía a Borges y a Cortázar y amaba lo que estudiaba con todo su ser, se lo re contra merece también. Eso, afortunadamente, es lo único que le pido a Letras hoy: que me dé la experiencia de recibirme de lo que será mi primera carrera, por todo lo que yo di y me esforcé. Una experiencia de la que solo me separan siete materias. Solo eso pido. Ya sin el apremio económico o la presión o el miedo. Solamente, el disfrute de la experiencia.
A Económicas, y a la vida, tendría que dar gracias en este aspecto. Me abrió puertas para crecer, trabajar, colaborar en donde creo que es necesario y pensar en la independencia como algo más accesible.
Obviamente, en este recorrido, y siendo los deseos los que son, la multinacional no es fácil para mí. Es claro por qué no es fácil para quienes conocen la historia, es decir, está que soy hoy y la que fui también.
Lo único que sé es que por el momento voy a seguir adelante en la multi y con mi Licenciatura en Administración para poder avanzar cuanto pueda. Mi objetivo es liquidar este año lo que constituye el primer tercio de la carrera. Al ser la segunda, todo es diferente y pienso en otras circunstancias alrededor. Principalmente, es diferente la manera en que la percibo: en tercios, que durarán lo que necesite que dure, solo porque entre más avanzada este en la carrera más herramientas tengo para el trabajo y no porque busque la excelencia del caballo ganador.
En algún momento sé que me voy a recibir en Económicas y la idea es no frenarme en ese proceso para poder finalmente encontrarme con Letras. Con la posibilidad de hacer la recta final de Letras sin ningún tipo de presión. Ya laburando, ya con la disponibilidad mental y vocacional para decir "volvi a buscarte, título hermoso, título del corazón, tal como te dije".
En el medio, haré todo lo que pueda para no ser tan injusta conmigo misma. Ni tan estricta. Si yo no entiendo por qué no me es fácil ¿quien más lo hará? Trataré de recordar que no tengo que salir corriendo a fabricar una vida con logros que me chupan un huevo, que solo son medios para, porque ya tengo una historia.
Me diré todo lo que haga falta que yo ya tengo una vida, que en esa vida habrá libros siempre, música siempre, arte siempre, filosofía siempre, y todo lo que no me chupa un huevo. Más bien, una vida con todo lo que me importa de verdad.
Una vida que tiene un modo y un sentido.