martes, 30 de abril de 2024

Un gramo de consuelo

 "Hola, XXX. ¿Cómo estás? 

Mi vieja está mal. Está internada en terapia intensiva. 

Sólo resta... esperar". 

Javier contestó el mensaje ayer lunes, bien temprano, antes de las nueve de la mañana. Yo estaba entrando a la oficina y me había parado a sacarle una foto a los restos del amanecer desde el octavo piso, es decir, los rayos del sol desapareciendo y apreciándose en el marco del Río de La Plata. Me quedé mirando ese retrato un momento y pensé que siempre debía tratar de hacerme un espacio para lo simple. 

Cuando me senté en el escritorio, consulté mi celular y ahí estaba el mensaje de Javier. Su respuesta. 

Resta esperar, decía.  

Me tomó unos momentos asimilar esa frase. ¿Qué le podes decir a una persona que está en el vértigo, el dolor y la desesperación porque se le está muriendo la mamá y espera que un día se apague? ¿Qué le podes decir cuando te dice resta esperar y sabes que, en el fondo, tiene un poco de razón?  

Hice lo que pude pero además lo que sentí que tenía que hacer frente a un ser humano que quise. Hice finalmente algo que tuvo que ver con quién soy. Aceptando la vulnerabilidad que convoca el tema. Aceptando que sigo siendo sensible al dolor de los demás, aunque me cuesta aceptarlo. 

 Le dije que restaba sostenerse. Le deseé fuerzas y que la situacion se resolviera de la mejor forma posible (en cuanto a ellos, lo que tienen que hacer y vivir). Y luego de pensarlo algunos segundos, finalmente le dije que contara conmigo y que se cuide mucho. 

Javier me agradeció. Me mando un beso.  Y a eso ya no respondí nada más para darle el espacio, el cierre al contacto. No me interesó saber ningún detalle que pudiera ser doloroso ni preguntar más. No es el momento. 

Sé que el mensaje llegó, de la misma manera en que lo supe el domingo. Pensé que me había equivocado en mandarlo y aunque me haya respondido no se si hice lo correcto, pero ganó lo que sentía. Su respuesta es solamente un informe de lectura para mí frente a ésto.

 No espero nada a cambio, ni loca. No lo hago por nada extra. Simplemente, no puedo ser indiferente a su dolor. 

Pase lo que pase, y tomándolo por fuera de la cuestión consigo, hay temas que sobrepasan todo. En absoluto, todo, que son algo doloroso y que no entran en las cosas cotidianas. La cercanía de la muerte, es de esos temas donde se hace todo a un lado y donde tratas, equivocada o no, sin saber bien qué onda, cómo afrontar eso; de dar un gramo de consuelo. 

Esta fue sin dudas la charla más concisa, seria e íntima al mismo tiempo que hemos tenido en diez años con Javier. 

Frente a eso, no hay mucho más para decir. De hecho, hoy amanecí casi sin voz y la perdí por completo después de una reunión.  

Diría que es por la humedad, el otoño y todo... 

domingo, 28 de abril de 2024

Me equivoqué

 Venía dándole vueltas al asunto hace una semana. ¿Cuánto es una semana en la vida de una persona, no? ¿Cómo podes estar tan pendiente de algo que no tiene que ver con vos? 

Fue entonces que lo hice. Sí. Le mandé un mensaje a Javier y le pregunté (amablemente, digo, eso no hace falta ni aclararlo) cómo estaba. 

No me lo contestó. 

¿Qué cambia? Nada para él. Pero para mí, sí. Porque yo tuve mucho mucho miedo de mostrarme humana con una persona como él. Y aún con miedo, lo hice. ¿Para qué? Porque yo soy así, humana. Y porque me mataba estar evitando algo por miedo al rechazo. 

¿Si es rechazo? Bueno, no hay problema... Pero es más que miedo. Es más que "no puedo hacer esto, soy una cobarde", que fue lo que me reproché a mí la última semana.

Si, yo pude. Fue con buena intención. Lo sé. Lo siento. No dudo de ello más allá de cualquier después. Ni tampoco cambia en nada para mí como el lo entienda. Porque tengo absoluta claridad en algo: lo hice porque la persona que soy, en el fondo, si lo haría. 

Probablemente, a los ojos se otros, sea una boluda. O una pesada. Y está ok. Pero yo traté de tirar una liana en caso de que necesitara ayuda. Porque eso hago. Así soy. 

No borré mí mensaje. No. Quise que quedara ahí. Cómo un símbolo. Como un silencio. Un sentido importante de los lugares que ocupan cada uno. 

Yo soy un lindo culo, por ejemplo, en su mapa. Él para mí además de ser una linda espalda, era y es un tipo. Un tipo a la que la madre se la está muriendo. Al que me pareció humano alentar en un momento tan difícil. 

Evidentemente, me equivoqué. 

sábado, 27 de abril de 2024

Un día no día

 Hoy me levanté más tarde de lo normal. Sin energía. Los sábados suelo despertar de bien humor pero hoy lo hice bajo una antipatía plena. El día estaba gris igual que ayer y había regresado el frío. 

Desayuné y me bañé. Estaba como perdida. No sabía muy bien qué hacer con el día. Pensé en irme al shopping para analizar precios porque se me rompió una cartera; pensé en irme a estudiar a un café; pensé en salir a caminar por el barrio, pensé en ir a nadar como suelo hacer los sábados... Pero finalmente no hice nada. 

Simplemente me quedé en casa descansando y me di cuenta que necesitaba eso. Frenar y estar conmigo me cuesta bastante desde hace meses y con la agenda apretada hay poco tiempo para sentirse (aunque uno se sienta mal, para mejorar, no puede engañarse). Poner la cabeza en remojo me vino bien. Estuve mucho tiempo con mi gato y me sentí muy a gusto con ese ritmo más calmo. También me pregunté cuando fue que me convertí en una persona que corre. 

 Más tarde tomé unos matecitos con facturas. Después intenté grabar un vídeo para algo y me frustré mucho porque no pude y pensé que quizá esa no energía me hacía estar exigente al divino botón entonces lo dejé para mañana.  El plan era no estresarme por nada y mí cuerpo me lo trato de demostrar con esa no energía. 

Después de merendar me senté en el escritorio a estudiar, a organizar el mes, a agendar algunas cosas. En diez días rindo un parcial y me tengo que poner a estudiar desde ahora, aunque no esté atrasada con la materia, para compensar el poco tiempo libre de la semana.

 Igualmente no me quejo, me gusta estudiar, y lo único que me estresa del asunto es no tener todo el tiempo que desearía. Pero ¿qué remedio? Estudiar y trabajar es un desafío muy grande y si a eso le sumo la instancia de hacer deporte para poner descargar la ansiedad, y si a eso le sumo hacer las compras, estudiar inglés y hacer los deberes de eso también, es un programa horario bastante extenso.  Sin contar los quehaceres domésticos en los que meto mano. De ahí se desprenden las ojeras y la necesidad de organizarme muy bien. 

Últimamente tengo cuestiones de carga mental grandes y como quiero tener un panorama general del mes voy cambiando técnicas para ver cómo me resulta.  Agendo y anoto, y además en el trabajo tengo un cronograma diario de pendientes divididos por horario. Es un check que voy haciendo en el día y que me permite no estar siempre en estado de alerta. 

Creo que así voy restando espacio en mi cabeza. Porque francamente no soy la mujer maravilla que se acuerda de todo y anotar me alivia. Cuando me acuerdo de algo insistentemente lo agendo en un dispositivo que me lo recuerde y lo suelto. Lo escribo. Y lo reviso en momentos donde esté más tranquila y con mayor disposición mental para planificar. 

Ahora, ya me tomé una copita de vino, me relajé y cené algo bastante bueno: pastel de papa. 

Además de todo esto, hoy sé que parte de mi no energía fue por la tristeza de sentir o de darme cuenta que no estoy del todo en ningún lugar.Principalmente, porque deseo estar en lugares donde no puedo. Haciendo cosas que no puedo y sosteniendo deseos que nunca se harán realidad. 

¿De qué sirve vivir entonces un no día, no? 

Hacer estos recuentos, retirarse y retratar lo exacto de casa día forma parte de un ejercicio de saber apreciar la vida que tengo. De tratar de hablarme, de estar pasa mí, de encontrar eje y de seguir adelante. 

No todos los días son buenos pero para mí es un logro hoy por hoy darle permiso a la quietud. Si esa quietud desmembra además la tristeza y la expone, la acepto. 

Hoy hace dos meses que decidí no estar más con Galeno. No lo extraño pero sí el registro final de nuestra relación fue bastante doloroso y amargo. Lo recuerdo también y siento una especie de rechazo que tiene que ver con su recuerdo. Me niego a recordarlo, me niego a sufrir por él, me niego a dedicarle tiempo. Sin embargo, aunque él me haya hecho lo que hizo, hasta hace dos meses estaba en mí vida. Y ese lugar lo tenía aunque ahora sea un terreno baldío. 

Por si fuera poco, la madre de Javier está muriendo. Me da angustia pensar en eso porque por trasferencia se que Javier debe estar sufriendo y yo no puedo hacer nada. No me atrevo ni siquiera a escribir. Ni a sentir piedad. Ni a ver toda mi vulnerable vida y dejarme caer en la suavidad de una clara aceptación: no sé qué carajo hacer con mil cosas de mi vida ahora. 

¿Será que a todos nos pasa tener un día no día? 


viernes, 26 de abril de 2024

La épica de una vida...

 A veces, seguramente por la costumbre que tengo de escribir mi vida hace más de diez años, siento que algunas cosas podrían ser literarias. O al menos, yo las siento desde un tono literario que es un poco indivisible de quién soy, básicamente, porque para mí existe una dimensión humana que se centra en la épica cotidiana. Es decir, que todos nosotros lo queramos o no tenemos en si mismos el germen de una historia. Frente a esto, de forma automática muchas veces, trato de tomar distancia y pienso cómo contaría algo que estoy viviendo o que me está pasando. Pienso qué describiría, cómo sería la escena narrada, como empezaría a contar aquello que quiero.

Pero ¿cómo empezar a contar sobre hoy? La épica de la vida es estar dispuestos a vivirla intensamente y no tengo manera insensible de justificar a una joven de casi treinta años llorando frente a la computadora que le dieron en su trabajo. 

Después de pensarlo mucho, con el tema que él está viviendo, no supe qué hacer. Intenté mandar un mensaje pero lo anulé luego de un rato por sentir que podía molestar con mis pulsiones. Me levanté a hacerme un té. Acaricié a mi gato y miré por la ventana hacia un cielo gris. Qué mansa es la belleza de esos cielos grises. Casi como un manto que acuna aquellas tristezas que no podemos hablar con nadie. 

El mal presentimiento por Javier continuó a través de los días y en la mañana de hoy, después de varios días en la nada, me pregunté si podía ser real sentirme tan interpelada por un presentimiento. ¿Podría ser ansiedad, podría ser algo más mío? ¿Desde cuándo la vida cotidiana podía ceñirse a términos de presentir p no? ¿Por qué Javier era el único ser humano al que podía sentir de esa forma, como si lo leyera? 

Recuerdo que una vez hace diez años, él me explicó que sentía ansiedad cuando yo estaba por llegar a un lugar. Esa ansiedad iba en aumento, lo inquietaba algo que no sabía cómo llamar. Pero cuando esa sensación desaparecía yo justo entraba por la puerta. "Es como si te presintiera; me pongo ansioso cuando siento que estás por llegar y cuando te veo entrar a un lugar, ese lugar para mí cambia, me siento tranquilo". 

Me gustaría decirle de nuevo que lo presiento de las formas más raras. Pasó una década y es como si consigo fuera capaz de oler algo en el aire, antes de que se desate una tormenta. No siempre son cosas malas. A veces es sentirlo cerca un día, de pronto, como si me pasara por al lado mientras estoy haciendo cualquier cosa y días más tarde encontrarlo y tenerlo así de cerca. 

Pero esto que siento es distinto a todo. Pienso que tendré que quedarme con la duda porque la vida tiene ese toque de misterio. Sigo trabajando. En algún momento seguramente me haré el favor de olvidarme de ese presentimiento y no andaré ya con la angustia inexplicable. Trabajo más. Cargo más gastos. Pongo más música. Me hago mate. 

 Existe un deber de seguir adelante con mi vida, ya a esta altura. Un deber de formar una vida mejor. Sin embargo, aunque me sienta bien y este enfocada en mis  objetivos hoy por hoy (más que hace un año), estos días una angustia inexplicable me acompaña. Al caer la tarde, sé que no puedo escribirle y ya no se con qué más distraerme de ese nudo en el pecho. 

¿Qué me pasa? ¿Por qué tanta angustia de pronto? Desde mitad de semana estoy con ganas de llorar sin razón. El martes y el miércoles fueron días de angustia y de sentir el alma cansada. Profundamente cansada. ¿Qué es esto que siento? Toda esta semana me lo pregunté. 

Sé que no puedo preguntarle si está bien. Sé que no puedo hablar con nadie para preguntar por su mamá, y por él pese a estar inquieta.  Entonces, me rindo. 

Hay un silencio que es respeto y también es miedo. Miedo a quedar expuesta. A ser rechazada aún mismo no tenga más que una intención humana (¿a quien nos trae esto, no?). 

No, ya está, me digo. No puedo hacer nada. Tengo que dejar de darle importancia a mi intuición y usar bien la cabeza. 

III.

De pronto, cuando me rindo, recuerdo algo de lo que me comentó mi conocida hace unas semanas por casualidad. 

El el hermano de Javier estaba desaparecido por el asunto y pese a todo tenía un circuito de difusión de su escritura donde había sacado un cuento realista o más bien un relato que trataba sobre su madre. 

Y como me había comentado a ella, lo del relato era todo real. Una manera de ir mitigando la angustia sobre lo que estaba pasando con pelos y señales. A veces describiendo situaciones que Javier llego a comentarme hace veinte días. Cuando me acuerdo de esta data, no lo dudo. Busco aquel círculo de difusión y me encuentro con un cuento nuevo. De esta semana. 

Respiro hondo porque tengo miedo de leer. Solo leo los pocos comentarios para que no me de la literatura una sorpresa. 

El nicho comenta cosas similares para el hermano de Javi, que es el autor del cuento. Le dicen que lo acompañan, que le desean lo mejor, que sea fuerte. Es decir, todo aquello que desearía poder decirle a Javi y no puedo.

¿Qué va a pasar si se muere su mamá? ¿Quien va a estar para el cuando siempre está para todos? 

 Él que es tan tan silencioso. Tan callado. Tan evasivo. Tan poco dado para hablar de lo que siente. Él que no escribe como si lo hace su hermano. Él que se esconde y calla. Él, que no sabe expresar lo que siente, me lo dijo él, que no le puede decir te amo a nadie (eso también me lo dijo). 

En ese entonces recuerdo que le contesté que si, que iba a poder algún día volver a sentir amor y a hacer todo lo que conmigo no quería hacer. Me dijo que no, que no había otras, que no iba a haber otras. Jamás entendí por qué era tan importante para Javier marcarme que le costaba hablar de sus sentimientos si su amor se notaba en la mirada. Claro- le aseguré- si su manera de amar de notaba en los ojos...

IV. 

El cuento va. Está semana la madre de Javier volvió a la terapia intensiva. Entre el lunes y el martes ha ingresado a un estadio donde ya no pueden cuidarla largas horas. Hay visitas limitadas. Y por el cuadro general, les explican que ella está en una situación muy delicada.

El hermano de Javier escribe: "mi mamá se está muriendo" y yo simplemente no puedo evitar llorar mientras lo leo. 

La épica de la vida es estar dispuestos a vivirla intensamente y no tengo manera insensible de justificar a una joven de casi treinta años llorando frente a la computadora que recibe para hacer su trabajo de manera remota. 

Una sola pregunta sobreviene ahora: ¿cómo estarán los ojos de Javier en estos momentos? Es muy triste saber que la persona que más amaste (aunque no merezca el amor y todo lo que sabemos) está sufriendo. Me duele su dolor. No me importa si no estamos juntos, si nunca vamos a estarlo, si tiene novia, si yo tuve novio hasta hace muy poco; juro que no se trata de eso.  ¿Nunca sintieron algo tan profundo que los excede? Yo si. Por él. Y no implica que vaya a hacer nada más por ello, porque no tengo capital que mover. Es simplemente decir: "solo quiero que esté bien, de cualquier forma, no quiero que sufra". 

Qué extraño. Javier más de una vez me dijo que él no quería verme sufrir nunca en la vida. Que no quería que fuera infeliz al lado suyo. Que con el tiempo seguramente yo iba a querer cosas que el, por la diferencia de edad, no iba a poder darme.  Y yo siempre le dije que yo estaba enamorada de él y que no podía andar midiendo todo. 

Sin embargo, y aunque algo de ese amor convertido en otra cosa viva hasta el día de hoy, se que frente a ese sufrimiento, yo no tengo el valor de mandar un mensaje para brindarle apoyo. No tengo coraje para exponerme y jugármela a, con respeto, hacerle saber que de esto puede hablar. Como ya hemos hablado de tantas cosas en estos dos años, en un río de privacidad que trae como aditamento el secreto de nuestro contacto frente a todos los que nos conocieron y creen que seguimos distantes y ajenos. 

Desearía poder decirle algo como: "te acompaño humanamente en esto que te está pasando, Javi. Te mando fuerzas". Pero no. No. No puedo. Es algo tan delicado lo que le pasa que siento que estoy faltando el respeto a su dolor... Pero... ¿y si lo necesita? ¿Y si necesita una palabra? 

¿Qué hacer? ¿Qué se hace en una situacion así? 

Nada. 

Soy plenamente consciente de que no me corresponde hacer nada. Que lo respeto, le deseo el bien, todo lo que pienso sobre el es para que esté mejor, pero no puedo hacer nada de manera manifiesta. 

Lo único que quedaría, lo que sería la única opción, es encontrarlo de casualidad para tener en tiempo real una oportunidad de ofrecerle un gesto humano. 

Esto no se trata del tipo que se pone complicado conmigo, como me dijo hace un tiempo. Tampoco se trata del tipo al que le es fácil mantener las cosas en claro con las personas y que, me dice, conmigo se confunde un poco. Tampoco se trata del tipo que me ve y por momentos parece que me quiere comer. Eso de hecho hoy en día no me preocupa demasiado en sentido literal. Lo que si me da un escalofrío de angustia es de lo que si se trata. 

Esto se trata de un ser humano que amé y que me conecta con mis emociones positivas, generosas, e intensas, de una manera increíble. Pero él no hizo bien las cosas las veces donde tuvo la oportunidad. Y eso hace que hoy elija no desbordarme. Yo simplemente frente a una situación así quiero enviarle una palabra de aliento y ofrecerle ayuda, pero mi versión del paseo me dice "el que se desborda acá, sabes que pierde" y me llamo entonces al silencio. Con cualquiera, inclusive con Galeno, podía llegar a moderar algunas cosas pero con Javier jamás pude. ¿Qué mejor entonces? 

Desde nuestro contacto hace dos años, hasta ahora, el aprendizaje está en poner ciertos límites invisibles a las emociones. Uno las siente pero no puede ir haciendo siempre en base a lo que siente, porque después todo se caga. 

Lamento mucho el hecho de lo que se está dando. Lo lamento con el corazón. Internamente sé que es así y eso me lo guardo para mí.  

Si algún día la vida me da la oportunidad de decirlo en otro contexto o formato, bueno, eso sería otra cosa. 

Mientras tanto, es lo que está. Y frente a lo que está, en silencio, en este silencio de viernes lluvioso, le deseo lo mejor. 


jueves, 25 de abril de 2024

Un jueves de agenda llena

 Hoy me desperté con el sonido de la lluvia y el pprrrr de mi gatito, que se subió a la cama y me amasó. Fui feliz por ese instante donde el mundo parece darte la bienvenida. 

Me levanté ni bien mi gato se movió y lo llené de besos. Un segundo después prendí la computadora mientras puse a calentar el agua para mi mate cocido y fui al baño a verificar lo mal que me hace dormir con el pelo atado (me lo ato cuando me acuesto con el pelo mojado por bañarme de noche y puf).  Hay días donde tomo café de capsula para empezar el día y es sentir ese inicio como un premio. Amo ese café y soñé durante años poder tener la máquina en casa. Pero hay otros días donde el premio es también el mate cocido de la misma marca que tomo hace siete años. Y hoy fue el mate cocido que alimenta el corazón. 

Cuando me conecté, me puse a terminar bien temprano un pendiente de ayer. Reclamé algunas cosas que no me respondieron y aproveché la calma de final de mes para cargar gastos bancarios en el sistema contable. Eso desde ya no forma parte de mi trabajo pero fue algo que me pidieron como un favor y sinceramente no le di más vueltas. Elegí el camino de la paz, pude hacerlo tranqui, a mi ritmo y sin presión, por lo que lo disfruté.  Porque yo disfruto mi laburo, pero lo que no soporto es la presión excesiva, es decir, que no sepan entender que uno es una persona que necesita un tiempo lógico para hacer las cosas. ¿Si cumplo con todo? Si. Pero no me apures cuando no son reales las urgencias. En especial, porque si es urgente, seguro yo lo tengo más presente porque depende de mí y soy cumplidora. 

A estos gastos los cargué como quien se da un recreo mental frente a procesos semi automáticos. Escuché mucha música en el mientras tanto y tomé unos mates en el transcurso de la mañana.  Por suerte, adelanté mucho de eso y en el transcurso aprendí algo nuevo que nunca había hecho. Un punto más. 

Antes de irme, mi gatito volvió a dormirse en mí falda. Me quedé consigo mientras trabajaba, le hice un café a mí papá y me tomé uno a modo de merienda anticipada. 

Cuando terminé de trabajar, hoy un poco antes, me fui a la dermatóloga para mi control por el tratamiento que estoy llevando adelante. La consulta salió bien. También me tocó ir a la facultad a cursar como todos los jueves en el turno noche. 

El consultorio de mi dermato queda por suerte cerca de la parada del colectivo que me deja en la universidad. Lo esperé más de quince minutos hasta que apareció bajo la lluvia y lo agradecí porque ya iba tomando el control de mí mente todo el cansancio del día laboral. 

Estaba a punto de desistir porque llovía cada vez más, hacía mucho que estaba esperando el colectivo, ya estaba llegando tarde, y no tenía resto mental, pero junté fuerzas y me quedé a esperar cinco minutos más.A los cinco minutos apareció el rebelde y pese al cansancio físico y mental tomé finalmente el colectivo y me bajé en la facultad a eso de las 19.45. 

Bajo la lluvia, aunque con un paraguas que hacía lo que podía, caminé por el campus hasta la Facultad de Ciencias Económicas. Cargué mi termo con agua caliente en la mesa del centro de estudiantes para no gastar más plata (si trabajo en casa el día que me toca ir a cursar siempre me llevo el mate para no gastar demás) y me interné dentro del aula. 

Cuando llegué a mi casa, cerca de las 22.30, y cuando termine de comer cerca de las 23.00, mi gatito me espero para quedarnos un rato juntos arriba de la cama. Lo besé. Lo acaricie y le dedique un ratito de atención plena. Nada más que nosotros dos, dándonos amor, ahora sí, como única cosa importante en todo un día. 

Julio, mi gato bautizado así en honor a Julio Cortázar, parecía darse cuenta de que hoy fue un día largo. Por eso los mimos. Y la certeza de que pase a todo, pude hacer lo mejor que me salió de el. No es poco.

No podré ser humana hoy...

 Me llevó algunos días entender que la idea de preguntarle a Javier por su mamá no es mala en si misma (porque él mismo me contó del tema), pero si que esa pregunta puede hacer daño. 

En lo personal, tiendo a pensar que si no tiene malas intenciones las cosas no pueden lastimar pero en realidad sí pueden. Podes tener las mejores intenciones del mundo porque uno va desde el acompañar genuinamente pero está bueno saber a quien vamos a contactar. 

 Y es por eso que, ahora, no me arriesgo. Aunque hace días tengo una latencia muy fea con el tema, no sé si la quiero desentrañar, porque tampoco se qué haría y por todo ese miedo y esa erosión interna me estoy quedando en el molde.   Prefiero callar. No preguntar nada. No saber más. No estar ahí. 

II. 

Por un lado, quiero pensar que está bien, que no me tengo que meter dónde no me llaman y que eso es lo mejor. Por otro lado, pienso mucho en Javier desde lo humano y... abro su chat una vez por día. Y no me animo. Y lo cierro. 

Esto es increíble: no tiene que ver con el amor, pero por el amor, es. Si fuera otra clase de persona, yo sin dudas le mandaría un mensaje. Demostraría mi deseo genuino e inclusive ofrecería palabras de aliento. Con muchos otros compañeros de la revista, sigo en contacto de vez en cuando y nos mandamos cosas, nos clmenramos fotos, seguimos nuestras luchas, me tiran buena onda con la facultad... es decir, algo normal que lo tengo con hombres y mujeres. 

Pero con Javier es diferente eso porque lo pienso cincuenta veces y las cincuenta veces me debato entre no darle una palabra de aliento en un momento tan de mierda de su vida o en mandarle un mensaje y arriesgarme a que lo interprete como Dios quiera preguntando por su vieja y por su salud mental.

Qué cosa, francamente. Con otras personas es tan fácil y con él todo es difícil. A otro le mando un mensaje, hago lo que siento y soy humana y es muy bueno. Pero con Javier, me siento un problema y no sé si sea momento para preguntar si anda bien.. Pero ¿y si me lo contó porque realmente quiso que lo supiera? No lo publicó en ningún lado. Solo lo saben de su persona aquellos a quienes eligió contárselo. ¿Esperara algo de aquellos a quienes se lo comentó? 

Para mí es muy difícil creer que Javier me cuente sus cosas y fingir demencia, hacer como si no le estuviera pasando nada. Yo lo amé. Jamás me fui indiferente. Y eso no quiere decir que lo ame, sino, que en honor a eso tan lindo que sentía por él, no le deseo tristeza y soledad. Y aunque nunca me imaginé estar en contacto con él cuando está pasando una situación tan densa, hoy, no sé qué hacer. 

Pasé sin hablar consigo desde 2014 hasta 2022. Fueron años donde lo pensé siempre, donde me pregunté cómo estaría, donde me dio ganas de hablar consigo sin ningún tipo de doble juego. Años donde pensé que iba a hacer si le pasaba algo, si le pasaba algo a alguien que conociéramos. Años donde pensé que no estaba preparada para verlo morirse sin hablar conmigo. 

Jamás pensé que me iba a reencontrar consigo. Que iba a pasar todo lo que pasó. Que íbamos a hablar, a hacer el amor, a plantearnos cosas tan absurdas y crudas.  Muchísimo menos pensé que íbamos a seguir invisiblemente conectados durante estos últimos dos años.  ¿Cómo pasamos dos años con Javier hablando de nuevo, no?  partir de 2022, Javier y yo retomamos el contacto en términos muy diferentes a los que teníamos cuando lo cortamos y en lo personal pensar que eso no podía durar fue mi norte. 

Pero en realidad, el contacto continúa. Y ese contacto es también exponerse al rechazo o a la vulnerabilidad que supone decirle a alguien que amamos mucho, diez años después, en la difícil situación que llevamos: "¿Estás bien? Che, en serio podemos hablar si lo necesitas". 

¿Cuántas veces Javier me dijo que le resultaba muy confiable? Varias. Una cuando yo le declaré mi amor, otra cuando me confesó su deseo casi diez años después y la otra cuando me contó su pasado. Fueron momentos donde sentí realmente que creía en mí y dónde me mostró su humanidad. 

Pero... Verlo humano, y sentirme humana frente a él otra vez, es demasiado. Demasiado para mí, hoy. Demasiado lo que mí corazón buenazo me dice que haga y lo que mi razón teme.  Eso me pasa. Es reconocer sentimientos de humana frente a una persona que se puede volver a cagar en ellos. 

Aunque en estos dos años Javier mantuvo una conducta lineal y yo una rápida respuesta lineal, la relación es diferente. No somos amantes. No tenemos sexo. Solamente, sabemos algo: que queremos tener sexo, que no lo estamos teniendo y que a cambio podemos ser buenos conocidos. O vecinos, como le digo que somos, y se fastidia y se ríe diciéndome que soy una hija de puta. 

II. 

Además, hay algo más por lo que no puedo soportarlo, por lo que no le puedo hacer caso a mi "dale, pregunta, no seas insensible". 

Y es porque estoy haciendo todo un proceso de duelo por otros rechazos y cuando tengo roto el corazón y cuando, por el amor que le he tenido, me corro de ese dolor para pensar que ojalá esté bien, no quiero que el mío salga lastimado. 

Así que guardo silencio. Y le mando buenas vibras de lejitos. 

Tengo que entender que no puedo tener respuestas ni tener un buen gesto, porque conseguirlas o tener un gesto humano más allá de la cosa sentimental, podría hacerle daño a alguien. 

Javier desapareció de las redes hace días y ayer me di cuenta que no guarda el auto en el lugar de siempre cuando (volviendo de la casa de mi hermana, sin especular con nada) pasé por la casa. Eso quiere decir lo que sé que quiere decir, o sea, que no guarda nada para poder salir corriendo si lo necesita. Ver esa imagen ayer me angustió un poco porque es como si estuviera esperando la desgracia. Seguramente sin dormir, durmiendo mal, maquinando... 

Y en el medio de la película del silencio y de la prudencia pienso que sería mejor nunca habernos encontrado ese día de abril, hace dos años, de casualidad por el barrio.  Pero también, pienso que era inevitable. Obvio. Casi guionado. 

domingo, 21 de abril de 2024

¿Cómo estará?

La madre de Javier está fuera del hospital después de casi 45 días internada. 

Todo parece haber pasado cuando de repente notaron que la señora, al volver a su casa, ya no reconoce su casa. Tiene alucinaciones. Casi no puede caminar y no deja de hablar con gente que no existe. 

La noticia que me entero por terceros me parte el corazón. La imagen de Javier aparece de forma inevitable y aunque trato de separar está tristeza del resto de mi vida, cuesta un poco. Cuando estoy distraída, me encuentro pensando en él. Es una cuestión humanitaria que tiene un componente especial: haber sentido mucho mucho amor por la persona a la que le está pasando esto. 

Hace días que vengo pensando en él en algunos momentos libres muy breves. Pienso en él desde el silencio porque no me animo a hacer nada. Este silencio elegido es sabio, pero no es fácil. Pienso en cómo estará y eso será algo que nadie va a saber nunca. Que no le diré a nadie. Que se va a morir conmigo, como toda nuestra historia. 

 ¿Nunca tuvieron un secreto que no le pueden contar a nadie? ¿Algo que no pueden bajo ninguna circunstancia confesar? ¿Tuvieron un secreto que si bien no tienen nada que ver con la vida que los otros creen que vivimos, si tiene mucho que ver con la vida interior? De afuera, para casi todos, Javier se ha convertido en un hombre olvidable. En mi entono, nadie lo tiene en cuenta o lo recuerda.  Él no existe. Para todos ha quedado demasiado lejos, menos para mí, que sigo en contacto consigo. Y para él, que me likea las historias, o que para a saludarme en la calle. Con quien charlamos a veces. Con quien nos seguimos aguantando las ganas de acostarnos en función de un trato cordial.  Es algo que para todos los demás ya pasó, menos para nosotros. 

Y si, este escenario es bastante excepcional en ese aspecto. Porque yo le puedo decir, para desalentarlo, que quedó todo muy lejos. Pero por otro lado, lo que se da cuando nos cruzamos, acerca demasiado todo a una eterna actualidad. 

 Yo lo deseo, mal que me pese algo en él me gusta, pero su sufrimiento me da una pena... Una pena honesta que no me afecta en nada a mi vida cotidiana pero que no me aleja tampoco de la dimensión humana donde me sale. ¿Qué hacer entonces con lo que a uno le sale sin más, no? Ahí está el desafío. 

Más allá de todo, realmente de todo a nivel ida y vuelta, no puedo evitar ser humana.  Porque además del deseo, que no define nada, que no es vuelta ninguna carta, con Javier, conocimos a nuestras familias, nos contamos algunas cosas íntimas, entonces, sabemos que existen otras personas en nuestras vidas. 

II. 

¿Cómo estará? ¿Estará cuidado? Debe ser un bajón pasar por esta situacion solo, encima que tiene la tendencia a evadir... ¿Se sentirá solo? A veces me da la sensación de que está muy solo en el fondo, pero quiza en este momento sienta que lo necesita. El tema está en si se siente solo y no sabe cómo hacer. Ojalá que lo acompañen. Ojalá que ella esté ahí, porque él siempre está para ella y aunque se ponga en sonso Javier es sensible en el fondo y va a necesitar que lo escuchen o que lo hagan salirse de esa oscuridad por ratitos. Al final, el te dice que no quiere hablar de lo que siente pero solo necesita un poco de paciencia. Ojalá alguien pueda leer sus necesidades. Esas necesidades chiquitas que tiene pero que son precisas en él. ¿Cómo estará? No puedo saberlo. Dudo que vaya a saberlo a menos que los caminos se crucen por motivos falopas. 

Pienso. Entiendo que es mejor dejar esto a un lado y seguir adelante con mi vida. Con mis batallas y mis sueños. Me lo merezco, a fin de cuentas. Este es mi show, diría Lana del Rey. 

Pienso. Me acuerdo cuando la Veinte de 19 años le contó a él algo que me daba vergüenza y el se lo contó a un amigo en común para que me ofreciera de todo. Cuando me enteré, porque el amigo resultó ser re obvio, me re enojé con él, con su amigo, y a Javier lo mandé a cagar y le dije que era un forro. Recuerdo que le dije que era un mal tipo que no tenía palabra, un garca que no sabía lo que era la confianza. Él solo me contestó "no espero que lo entiendas, pero yo quería estar atento a todas tus necesidades y quería que **** estuviera al tanto por si no me lo querías contar a mí para que pudiera ayudarte. *** iba a estar atento a todas tus necesidades como también pensaba hacerlo yo. Enojate conmigo si querés, pero no tuve otra intención al contarlo". 

Pienso. La Veinte de 29 años hoy se debate entre mandarle un mensaje nada más en un momento feo de su vida, o bien, en guardar silencio.  Por ahora, sostener el silencio es un vehículo amigable o más bien, es un vehículo moralmente correcto. Difícil por otro lado, si, pero que no hace daño a nadie. 

 En una posición neutral, trato de mandarle buenas energías. No sé si eso vale de algo, no sé si eso cambiará algo, pero sí sé que es lo único que puedo hacer hoy. Es decir, pensar en él, mandarle buenas vibras, y desear de corazón que pueda tomar esto de la mejor manera.  Porque si bien entiendo que tendrá necesidades, soy plenamente consciente de que no es mi responsabilidad cumplir consigo. Y que además él no me ve con ese interés. Él ve a una chica con la que tener sexo por momentos y por otros momentos ve la persona. Desconozco si alguna vez habrá llegado a vernos a las dos.  Francamente, lo dudo. 

III. 

Yo conozco a su mamá. Hace diez años, la señora era distante conmigo pero sé notaba que amaba a sus hijos. Siempre. Hasta hace pocos meses, un día que Javier estaba conmigo, nos interrumpió una llamada de ella. Le preguntaba cómo estaba, y un montón de cosas más. Cosas de madre, que cuando la madre falta, nadie más las tiene con uno de esa forma.  Me apena honestamente que su madre esté perdida porque sé que nunca será lo mismo. Más allá de todo, lamento mucho que le esté pasando esto. Y no tiene que ver con decírselo, quizá nunca lo sepa, tiene que ver con sentirlo. 

Si, lo lamento. No quiero que sufra. En casi treinta años he amado a muy pocas personas además de mi familia. Pero por cada una he tenido un amor puro, profundo y verdadero. A ninguno de ellos le he deseado el mal y Javier sin dudas fue el que más motivos hubiera tenido en su contra en caso de que se me hubiese ocurrido hacerlo.  Sin embargo, no. No se me ocurrió hacerlo. Y por eso, desearía que no estuviera pasando por esto con su madre. 

No tengo el coraje que se necesita para mandarle algo porque siento que me estoy parando en una posición que no me corresponde.  Sí, sé que me lo contó, que se abrió, que hay confianza... Pero no quiero que se malinterpreten las cosas. Y por eso, prefiero callar. Javier está pasando un momento delicado y no tengo nada que hacer ahí. Aunque lo desee, no corresponde. 

Si corresponde que me meta en mis cosas. Y que si pienso, lo haga para mandarle buenas vibras. Desear que no se hunda, pero nada más (ni nada menos). 

Puta que lo parió, Javier me vuelve tan humana... Tan sencilla y sensible...  Es una tragedia. 

sábado, 20 de abril de 2024

Viernes y sábado

 Fue una semana muy densa. Principalmente por el trabajo y la facultad como combo regente de toda la agenda. Fue una semana de mucho desgaste mental por estrés del laburo, temas familiares, vencimientos de gastos personales y el diagrama de una vida, básicamente. Hasta el jueves, no disfruté tanto como hubiera necesitado para equilibrar la balanza. Y eso, pasó su factura. 

Para revertir eso, me di el permiso de faltar a la facultad el jueves porque tuve un resto de energía nulo y me quedé leyendo un libro de Ernesto Sábato, La resistencia (confieso que amé ese libro en la adolescencia pero no me gustó mucho en su relectura). Mientras leía mi gatito se me acurrucó encima y nos quedamos largo largo rato juntos. Estar con él me hizo sentir en equilibrio. Es como si me hubiese enchufado a un cargador invisible de amor y en un ratito ya me sentía algo más renovada. Creo que la gente tiene razón cuando dice que los gatos intervienen en la energía de la persona para mejorarla. 

II. 

Sintiéndome algo más recargada mentalmente, aunque todavía muy cansada físicamente, el viernes trabajé bastante. A la mañana estuve con los pagos, mi jefa me pidió una nota específica que me llevó algún tiempo y, cuando me quise acordar, tenía la clase de Inglés (fue movida pero linda). 

En cuanto terminé la clase, almorcé a la vez que contestaba lentamente algún que otro mail.  Cuando terminé de almorzar, pude hacer el trabajo que más me gusta de todo mi trabajo: seguir con los pagos y dejar prolijitas las cuentas corrientes. En eso estuve las últimas cuatro horas de la semana. Y la verdad es que lo disfrute. Para mí es alentador ver que ese trabajo de hormiga se refleja en poner en orden esos menesteres. 

Cuando terminé puntualmente a las seis, fui a terapia y sentí que había empezado el ámbito de la vida personal. En cuanto salí, fui a un rincón de mi ciudad donde estaban representando una obra de teatro dirigida por mi conocida a la que me había invitado. 

Meterme en ese mundo, el mundo del arte, es algo que cuido mucho hoy por hoy. Me di cuenta que es algo que me hace bien y que le aporta sentido a mis días. Un sentido que no tiene ni el estudio, ni el trabajo ni los compromisos en agenda. Un sentido donde uno es conjunto de cosas que necesito pero el arte es lo que deseo. 

Cuando terminó la función me quedé con mi conocida y los actores tomando un vinito. Algo muy improvisado pero agradable. Luego de casualidad puede organizar sobre la marcha una cena con mi hermana así que compré comida y fui hasta su casa. Hablamos bastante, nos reímos y fue bueno verla. 

Una vez que estuve en casa, noté la diferencia en la disponibilidad mental. Esa especie de resto que no había tenido en la semana. Me fui a dormir muy cansada pero contenta por haber podido hacer cosas que me gusten, sin necesidad de agenda o correr de un lado a otro, o de sentirse sapo de otro pozo. Me di cuenta que había estado en lugares que me hacen bien y eso me había sacado parte del desgaste mental. 

III. 

Hoy sábado, nadé, leí cuentos al sol y me aferré amorosamente a toda esa vida personal y genuina que puedo cultivar cuando me siento bien.  Mi padre, cuando me vio llegar del Club, me preguntó cómo me había ido. Le comenté que la había pasado genial y me dijo algo que considero valioso: "la cara que traes cada vez que vas a ese lugar, no tiene precio. No te la veo cuando volves de ningún otro lado. Volves feliz, no tenes que colgarlo por nada, es una cara diferente a la que traes de otros lugares".  

Y si. Volver a nadar, al club de mi infancia, al deporte que amé toda la vida, el darme finalmente el permiso para hacerlo, el decirme "si, tenés permitido disfrutar, si es necesario que puedas volver a disfrutar de lo amado";  ha sido uno de los pasos más prometedores de este año. Rompí estructuras mentales para darlo y verme hoy nadando representa mucho para mí. Por eso, le dedico una partecita del sábado dentro de lo que puedo y lo tomo como un objetivo. De esa forma lo que podría ser un peso hoy en día es en lo personal un ritual de bienestar. Algo que le dice a mi mente: "cumpliste con vos, muy bueno eso".

Para cerrar este día, le pedí ayuda a mi madre para comprarme un pantalón, que es algo que no puedo hacer en la semana. Dentro de poco, tengo un evento en la multi y precisaba un pantalón que no fuera del mismo estilo que uso para todos los dias. Es decir que tenía que contar con tiempo para buscarlo. 

En el local donde me lo quería comprar porque me gusta la ropa de allí,  tuve suerte. Conseguí uno lindo, que es un híbrido entre un pantalón y una calza estilo pata de elefante, muy combinable con varias prendas. Seguramente, lo utilice con una spencer negro junto a unas botas con un poquito de taco. Ojalá me quede bien como lo estoy imaginando ahora, porque deseo poder sentirme cómoda y con lo que me gusta, más allá del estilo formal o informal de los eventos o las jornadas. 

Ahora, mientras la batería mental se me acaba, agradezco haber podido tener la posibilidad de despejarme hoy. Necesito reponer para poder dar, y la verdad, la única manera de reponer para poder dar, es disfrutar. Del sol. Del mate. Del arte. De la comida rica. Del otoño. Del deporte. De los vínculos. De mi gatito. Y de todo todo todo lo que pueda... 

Considero que disfrutar es un desafío para todos. Para mí también lo es. Me cuesta mucho permitirme disfrutar. Y haber logrado hacer tantas cosas lindas en función del placer, del bienestar y de la gratitud, me da paz. 

Dicho esto, será hasta mañana. Me pegaron fuerte los metros nadados y me estoy durmiendo :) 

jueves, 18 de abril de 2024

Fabricarse una vida

A veces soy injusta conmigo misma y siento que tengo que salir corriendo a fabricar una vida porque perdí la otra. Y en consecuencia, no tengo nada

Hace años que estoy trabajando en terapia un duelo central que tiene que ver con no dedicarme a lo que estudié (Letras) y lo que considero mi vocación. He decidido correrme de esa profesión porque, por cuestiones económicas y de estilo de vida, no me dió las oportunidades que necesité ni yo tuve el tiempo para esperarla.  Ese duelo, que empezó siendo profesional únicamente, con el paso del tiempo empezó a trasladarse también a los ámbitos de la identidad. 

Y si, la vocación tiene mucho que ver con la identificación que hace a la identidad, pero no así, la profesión. Este es el mayor aprendizaje hasta ahora que, honestamente, me salvó más de una vez de caer en el abismo. 

Para mí dejar atrás mi vocación es un tema diario, una decisión que me costó muchísimo tomar y que me cambió la vida. Ahí justamente entendí cuánto vale una decisión tomada a tiempo, para bien o para mal, y cuan poderosas son las decisiones porque te abren y te cierran puertas de forma aleatoria de cosas que siempre recuperas en lo inmediato. 

Frente a la decisión que tomé, de dejar de pensar a la literatura y a mi carrera como mi modo de vida, y ponerme a trabajar en otra cosa (lo que después derivó también en ponerme a estudiar y todo lo que ya sabemos), me pasan cosas ambiguas. Siendo honesta, hay días donde amo, aprecio, valoro y agradezco este presente que pude construir. Pero otros días, no me alcanza lo que tengo, me parece poco, me siento ansiosa y frustrada. Me pregunto cómo puede ser que no tenga un título universitario aún, que no haya terminado nada, que no haya podido construir simbólicamente nada más en estos diez y pico de años. Entonces, me entra el apuro. El apuro por conseguir una vida para compensar la vida que perdí cuando tomé determinadas decisiones. 

A partir de esto, soy plenamente consciente que yo me partí en dos. Me convertí por un lado en la persona que era, asociada a todo lo que conocía, y por otro lado en la persona que soy hoy y principalmente la persona en la que me quiero convertir. 

Pero veo que así de rota, lo que me falta, es la historia. Es el medio. Lo más valioso. Lo que me hace haber cambiado. Lo que posibilitó construir en ese momento esa vida y lo que hoy permite construir ésta. ¿Está qué? Quizá, antes que seguir llamándolo vida, sea más justo decir que esta es una nueva etapa. Pero que no implica que yo tenga que andar por la vida partida. Porque gracias a ese pasado, justamente por ese pasado, fue que pude construir ésta etapa nueva. Y eso no es lo mismo, en nada se parece, a sentir que no tenes nada en la vida. 

Porque en realidad la vida empieza a ser lo que viviste, lo que formaste, los motivos que te llevaron a tomar la decisión y la alegría y la gratitud por haber conseguido lo que conseguiste en esa etapa nueva. 

II. 

Si yo fuera una persona menos pensante, entiendo que no le daría vueltas. No lo tomaría como algo tan personal. Pero para mí, que amo la literatura y siempre fue el medio para entender el mundo, dedicarme a los números en una multinacional es bastante diferente en términos de supervivencia. Y aunque pasen los años no consigo adaptarme todavía a ese cambio al cien por ciento, justamente, porque me siento inexperta. Y con razón. 

Hace dos años, cuando dejé Letras porque no podía sostener dos carreras universitarias más un trabajo full time, pensé: yo me voy a recibir primero de Licenciada en Administración para poder avanzar en lo profesional porque esto te lo piden casi en todos lados y después me voy a dedicar a terminar Letras despacio, más tranquila, por amor, porque ese título me lo re merezco aunque me lo cuelgue en mi casa. 

Y eso es lo que pasa ahora: tengo una deuda conmigo misma por no haber tenido el valor de vivir de lo que me gusta, con la ilusión de que podía vivir un poco mejor dedicándome a otra cosa. Y hay días donde esa deuda pesa más y dónde el lado de Licenciada en Letras me dice por qué tanto apuro, para qué tanto apuro, por qué correr tanto. Y ahí es donde caigo en la cuenta que no se trata de meter la historia en una bolsa negra, sino, de integrarla. De abrazarla. De festejarla y de valorarla. 

Estoy muy feliz con mis logros académicos en esta nueva carrera, estoy muy agradecida con mis logros laborales. Es mucho más de lo que soñé cuando empecé a estudiar en 2021. A veces pienso en esos momentos donde no sabía ni qué era el IVA y me parece increíble de verdad lo lejos que llegué porque toda mi vida sentí que yo no servía ni podía hacer nada que no tuviera que ver con la literatura. Y ver qué puedo, que uno es capaz de construir con sus decisiones otras cosas, que hay mil cosas que podes mejorar con facilidad a través de esas decisiones, es muy lindo. 

Pero eso si, no siempre es todo y reconocerlo es muy difícil pero completamente necesario. Es lógico sentir que no siempre colma. Porque indudablemente hay un costado mío que no se puede olvidar de lo que alguna vez soñó, de cómo se vió. Y que como no se puede olvidar, tiene la urgencia de crearse una vida que compense (económicamente, sobre todo) la vida que su vocación jamás va a darle. 

III. 

Yo a los 19 años me imaginaba siendo profesora de Literatura en una escuela secundaria y alfabetizando pibes en comedores comunitarios, para ser literal. Diez años después, con 29 años, estoy trabajando en una multinacional, consultora en economía, mientras estudio una Licenciatura en Administración. 

Eso para mí se siente casi como ser otra persona. Como no tener historia. Cómo vivir con un espacio vacío que tenés que llenar rápido. ¿Pero tenés que, realmente? 

 En realidad, claro que hay una historia. Porque hubo una Veinte que intento conseguir trabajo de profesora muchas veces y que no consiguió. Una Veinte que trabajo en un call center dónde la gente no siempre trataba bien para pagarse las últimas materias de la facultad. Hubo una Veinte que cuando se quedó sin trabajo todavía estaba estudiando Letras y pensó que era el momento para dedicarse a full y no consiguió más que un instituto en negro donde le cagaron parte de la plata. Fue la Veinte que se vio en pelotas, sin dinero, sin herramientas porque el título universitario no le estaba dando lo que necesitaba y porque la falta de experiencia en el rubro no jugaba a favor. 

Fui yo,  si. Exactamente un mes antes de perder el trabajo en 2021, me había anotado en Económicas. No me pregunten por qué, pero me encanta estudiar y me pareció bien. La posibilidad de conocer más me resultaba atractiva. Además pense que podía ser mi plan B. Letras seguiría siendo el plan A. 

Un mes después me quedé sin trabajo en 2021. Ahí existió una Veinte que lloraba porque no le salía una puta suplencia y donde no tenía trabajo ni plata y se sentía totalmente desordenado. Y hubo otra Veinte que se dijo "pero está el plan B" y con eso abrió la pregunta: ¿Qué puedo hacer entonces?

 Hice. Y así empezó todo. Ahí diría yo que se construyó el primer milímetro de este nuevo camino. 

IV

Estudiar Económicas, para acompañar la experiencia laboral en ese rubro que ya tenía, en el proyecto de poder encontrar trabajo pronto, fue una decisión necesaria. Se estableció por las circunstancias como un modo de vida. Yo no podía estar sin trabajar. Necesitaba dinero para ayudar en mi casa y para no tener que revivir la incertidumbre permanente que pasamos las personas criadas en hogares donde no había un sueldo fijo. Donde no podías estar sin trabajar o esperando que te saliera un trabajo ideal porque no existía el concepto de resto. No había resto. Y yo llegué a sentir en ese momento donde económicas se convirtió en mi modo de vida que no tenía tampoco resto. Que no podía esperar años para cobrar un sueldo fijo. Que no podía vivir de suplencias esporádicas. Que necesitaba estructura económica (como la que me daba mi trabajo medio tiempo que acababa de perder) y que no tenía nada que ver con la Literatura, para poder en algún momento dedicarme a eso con título en mano y ver si así podía hacer más horas y tomar algún cargo que ayudara a obtener orden. 

Pero ese orden ansiado, no llegó de esa manera. Cuando logré encontrar trabajo meses después del quiebre en 2021, fue gracias a estudiar Ciencias Económicas y tener experiencia anterior en el rubro. Y por eso, justamente así, por seguir con los estudios, en menos de dos años y medio, pasé del Estudio Contable a la Multinacional. Es decir, la vida profesional se potenció como si le hubieran inyectado nafta súper. Pero la vida cotidiana, la real, la vida del corazón, fue perdiendo tiempo para nutrirse. 

X

Mi sueño es tener la posibilidad de laburar las dos áreas de mi vida y hacerlas parte. Amo enseñar, por ejemplo y amaría poder dar clases de Literatura pero ojo también de algunas materias de Administración. 

Creo que hasta sería sanador para mi no hacerlo desde el miedo a morirme de hambre sino desde la vocación. Dejando de lado la pesadez de no poder salir de esa dinámica de no contar, de entrada, con un sueldo fijo y dedicarme a disfrutar. Vivir con un sueldo generado por cuenta propia es algo que sin dudas yo elegí no repetir porque me hizo pasar momentos difíciles en mí infancia y en mi vida. Algo que no quise pasar y por eso elegí trabajar de lo que fuera con una paga fija y estudiar. 

Contar está historia es importante para mí porque tiene que ver con cómo me siento y no mucha gente lo sabe. Siento un enorme agradecimiento por un lado que sin embargo está teñido de una profunda tristeza por todo lo que dejado en el camino. Sé que hay gente que ni siquiera puede estudiar, es decir, que yo tengo mucho que agradecer. Pero principalmente quiero darme el espacio y el permiso para validar mí propio recorrido. 

Hablar de estas dos partes de mí, es una pequeña manera donde por un ratito uno a la Veinte del pasado, que leía Borges y soñaba con leerle cuentos de Cortázar a sus alumnos, con la Veinte de ahora. Ninguna es mejor que otra. En ambas versiones había desafios. Pero entenderlo, lleva años. Y estoy en ese proceso. 

Hoy soy una mujer que ama indisolublemente la cultura, el arte y la literatura y que tiene como modo de vida otra profesión. ¿Si ama lo que estudia? No del todo, aunque  sí disfruta muchas muchas pequeñas cosas de lo que hace y de lo que estudia y siente que su curiosidad y sus expectativas están mejor cubiertas. Hoy soy una mujer que sigue escribiendo todas las noches donde sea porque tiene miedo de olvidarse cómo. Que se junta con gente para hacer cositas culturales porque si. Porque así, es feliz mi corazón. 

Necesito (y voy a) unir a la Veinte que trabaja en un lugar donde pese a los estúpidos puede aprender, a la Veinte que está aprendiendo inglés, y que se siente realmente entusiasmada con las materias de Administración de su nueva facultad; con la Veinte que ama la literatura y que obviamente va a volver a terminar su primera carrera, Letras. 

¿Cuándo? No lo sé. La vida me ha cambiado tanto que ya no puedo poner plazos aunque estoy completamente segura que voy a volver. Si, si sé que habrá momento. Hoy ya no dudo de eso. Lo necesito en otros aspectos. Lo merezco hoy, siendo quién soy. Y porque la Veinte que leía a Borges y a Cortázar y amaba lo que estudiaba con todo su ser, se lo re contra merece también.  Eso, afortunadamente, es lo único que le pido a Letras hoy: que me dé la experiencia de recibirme de lo que será mi primera carrera, por todo lo que yo di y me esforcé. Una experiencia de la que solo me separan siete materias. Solo eso pido. Ya sin el apremio económico o la presión o el miedo. Solamente, el disfrute de la experiencia. 

A Económicas, y a la vida, tendría que dar gracias en este aspecto. Me abrió puertas para crecer, trabajar, colaborar en donde creo que es necesario y pensar en la independencia como algo más accesible. 

Obviamente, en este recorrido, y siendo los deseos los que son, la multinacional no es fácil para mí. Es claro por qué no es fácil para quienes conocen la historia, es decir, está que soy hoy y la que fui también. 

Lo único que sé es que por el momento voy a seguir adelante en la multi y con mi Licenciatura en Administración para poder avanzar cuanto pueda. Mi objetivo es liquidar este año lo que constituye el primer tercio de la carrera. Al ser la segunda, todo es diferente y pienso en otras circunstancias alrededor. Principalmente, es diferente la manera en que la percibo: en tercios, que durarán lo que necesite que dure, solo porque entre más avanzada este en la carrera más herramientas tengo para el trabajo y no porque busque la excelencia del caballo ganador. 

En algún momento sé que me voy a recibir en Económicas y la idea es no frenarme en ese proceso para poder finalmente encontrarme con Letras. Con la posibilidad de hacer la recta final de Letras sin ningún tipo de presión. Ya laburando, ya con la disponibilidad mental y vocacional para decir "volvi a buscarte, título hermoso, título del corazón, tal como te dije". 

En el medio, haré todo lo que pueda para no ser tan injusta conmigo misma. Ni tan estricta. Si yo no entiendo por qué no me es fácil ¿quien más lo hará? Trataré de recordar que no tengo que salir corriendo a fabricar una vida con logros que me chupan un huevo, que solo son medios para, porque ya tengo una historia. 

Me diré todo lo que haga falta que yo ya tengo una vida, que en esa vida habrá libros siempre, música siempre, arte siempre, filosofía siempre, y todo lo que no me chupa un huevo. Más bien, una vida con todo lo que me importa de verdad.

Una vida que tiene un modo y un sentido. 


miércoles, 17 de abril de 2024

Once y media

 Son las once y media de la noche. Finalmente, pude acostarme a escribir hace quince minutos. 

Hoy mi día empezó más tarde, por suerte, porque trabajé desde casa; pero fue terrible. Otra vez mi jefa y sus formas del culo para pedir las cosas, para marcar las cosas, para responder. Qué tipa detestable, qué precaria como líder, que poca capacidad tiene para la posición que le dieron. Francamente, la sacas de hacer números en un Excel y todo pero todo pero todo lo demás, parece quedarle grande. ¿De reconocer sus fallas? No. Prefiere pasarle siempre los fardos a otro. Y yo, que soy su subordinada por cuestiones de puestos, soy el caballito ganador para eso. Otra vez la sensación de no llegar, el hartazgo, la impotencia porque todo siempre cae en el saco del analista. Y la analista, soy yo.  Pero yo tengo mis límites y lentamente me voy desgastando en un proceso que no se en qué puede terminar. 

Antes yo pensaba que iba a estar muchos años acá. Digo, mí deseo era quedarme por las condiciones, porque me daban un poco más de plata y porque con los estudios universitarios podía avanzar. Pero claro, esas son las ideas o los sueños de cada uno y aquí yo ya no estoy viendo posible esas condiciones. Trabajar hoy en día si tengo a esta marmota de jefa que me vuelve loca con sus demandas , preguntas, consultas tontas, que no presta atención a algunas cosas y que parece que yo le tengo que andar atrás a ella para que me dé info (porque siempre anda muy ocupada) y cuando me tiene que dar info a mí, no lo registra... ¡Se ha vuelto difícil! 

Cuando terminé de trabajar, después de ver un tema pastoso con ella y con la jefa de otro sector, que ambas se lavan las manos cuando les conviene, quedé harta. Solo quería desconectarme. No quería nadar, no quería salir a dar una vuelta, no quería cocinar torta, no quería ir a cursar. 

Pero me tocaba ir a cursar hoy después de cursar virtual ayer. Y me dije que no me podía quedar en mi casa envenenada por esta pelotuda cuando mi obligación REAL más allá de trabajar es estudiar. Estudiar hoy en día es mi verdadero capital de intercambio porque eso es algo que, esté laburando donde esté, me va a quedar. Así que fui. Y disfrute mucho la clase. Y por unas horas me olvidé de todo y amé asistir a la universidad pública. 

Mientras le comentaba a mi madre lo pesado que fue todo hoy, me di cuenta que yo soy muy trabajadora. Si. Soy una persona responsable, que cumple, que colabora, que trato de ayudar en todo lo que puedo a los que me rodean, que si no entiende algo quien sea (literal, no me importa si lo debería saber por el cargo o por el sueldo), porque igual yo se lo explico. Me di cuenta que tengo paciencia, que llego a horario, que no miento, que no me hago la boluda para trabajar. Que me aboco para terminar las cosas, para hacerlas lo mejor que puedo, para aprender. 

Y me di cuenta que puedo tener una jefa idiota, pero no puedo replantearme todo eso cada vez que ella me dice algo o me echa en cada algo. Tendré que aprender a que me entre por un oido y me salga por el otro. Tendré que aprender a no pensar lo peor de mí si no, a reconocer que ella es la inoperante. Que no siempre yo me tengo que hacer cargo de todo ya sea porque sea hace de una manera o porque no se hace de la manera en que ella considera que se debería hacer y no indica. 

Mi compañera tampoco la soporta. Reniega por las mismas cosas, aunque trabaja menos horas. Y eso es un síntoma.  Da cuenta de su incapacidad y no siempre es consecuencia de mí inacción. Al contrario, estos conflictos no se darían si tuviera que estar renegando conmigo para que termine las cosas o se encontrara con todo pendiente. De hecho, creo que no estaría allí si eso si sucediera. 

Me da impotencia ver que siendo trabajadora, honesta y dando mi cien, nunca dejan de tirarme palos. Hace nueve meses que trabajo ahí. En nueve meses hice un montonazo de cosas, enseguida le agarré la mano a mil procesos. ¿Por qué pensar siempre en el vaso vacío? A veces me olvido y empiezo a verme como me siento que ve mi jefa: "la persona que no sabe nada, que no presta atención o que no se da cuenta de las cosas". Sin embargo, en todo sentido le pongo un montón de esfuerzo. Y eso parece que jamás da resultados , al menos, que me hagan estar más tranquila y por consiguiente más segura en mi trabajo. 

 He llegado a pensar estos meses hasta donde seré capaz de aguantar, porque sinceramente, a veces siento que no tengo la capacidad suficiente para trabajar en un lugar así.  Pero cuando me repito esos pensamientos , enseguida me hacen ruido. ¿Cómo que yo no tengo la capacidad para trabajar en un lugar así, si trabajo con responsabilidad y compromiso? 

Jamás me echaron de ningún trabajo por incapaz. La única vez que perdí un trabajo fue porque la empresa fundió. Me han ascendido. He tenido la posibilidad de cambiar de trabajo, de luchar por otras condiciones mejores. ¿Cómo es que puedo tener el autoestima profesional , y un poco general también, tan destruida? 

Sinceramente me lo pregunto: ¿cómo puede ser que me haga chiquita y débil frente a estás situaciones, si yo podría conseguir trabajo en cualquier lado? ¿O es que esta es la única multi del mundo? 

Sé que está sensación horrible más la atontada de mi jefa, dan señales de algo más grande. Es decir, la sensación de no merecer las cosas. De creer que esto fue solo suerte y que un día la suerte se acaba y que todo lo que me dicen tienen razón porque no estoy ahí por la capacidad sino por el azar. 

Y eso es mentira. Pero me cuesta desmentirlo si encima tengo una persona reprobando todo lo que hago, pero al mismo tiempo, descolgada de mil cosas donde le salvo las papas.  Donde "la boluda" le tiene todo al día, la ayuda en lo que le pide y nunca es un no. 

Mi jefe anterior, se despidió diciéndome adelante de ella: "todos saben lo bien que trabajas, ya se nota, y vas a poder avanzar mucho acá". Y yo hasta el día de hoy agradezco ese gesto porque si fuera por la jefa que tengo ahora yo creería realmente que no puedo hacerlo. 

Pero claro que es mentira. Porque si fuera efectivamente tan boluda como ella quiere hacerme sentir, no hubieran hecho falta más que dos o tres meses para pegarme una patada en el culo. 

¿Qué puedo pasar en limpio de todo esto? 

Que hice bien en ir a la facultad. Que hoy yo ocupo ese puesto pero que tranquilamente otro lo haría. Que mi salud, mi percepción y mis creencias no las pueden ocupar los demás. Y que no me puedo creer todo de la gente porque no toda la gente es buena y me lo dice para que efectivamente pueda mejorar. A veces la gente te forrea para sentirse más segura de ella misma. 

Yo por suerte todavía tengo juventud para buscar otros trabajos. Pero también tengo humildad para aprender, colaborar y mejorar. Solo que busco lugares donde me sienta cómoda. Y aquí ya no me siento tanto. 

Ojalá mañana sea un día tranquilo donde pueda avanzar en paz con las cosas. Lo deseo de corazón, para aliviar un poco la carga mental y el cansancio físico post facultad.

lunes, 15 de abril de 2024

Lunes, por suerte, con lluvia

 La alarma sonó re temprano hoy. Escuché cómo las gotas de lluvia pegaban en la mesa que está en el jardín, al lado de la ventana de mi cuarto, y me dije "llueve" todavia en el limbo que une el sueño con la vigilia. 

Me levanté e hice todo lo propio para ir presentable a la oficina. Me puse un jean con borcegos, dispuesta a romper un poco las reglas de etiqueta aunque no demasiado. Moderé la osadía con una camisa delicadísima y un blazer negro. 

El día fue intenso y largo pero se pasó muy rápido. Empecé a trabajar a las 08.30 y me fui a las 17.30. 

Quedé agotada. Siempre sucede que aprovecho la presencialidad para cuestiones a charlar con mi jefa, reuniones de los lunes con otros sectores y el trabajo cotidiano.  Hace poco se sumó una persona más al equipo que me pregunta del sistema contable porque está cerrando cuestiones contables y es normal, por otra parte, que aproveche cuando me ve.  Eso no me molesta para nada, porque de todo aprendo, y me interesa, solo que debo admitir que me canso mentalmente.  

Hoy en un pantallazo rápido, facturé algunas cosas; calculé todos los nuevos montos en consecuencia de los datos publicados por INDEC el viernes, envié dichos datos, traté con clientes temas de tarifas, órdenes de compra y afines. Tuve reunión. Vi algunos temas pendientes con mi jefa. E hice seguimiento de todo lo que mande la semana pasada y no me respondieron.  Además, si algo aprendí hoy, porque tuve una charla interesante con un Director de Negocios del sector Brasil, fue la importancia del riesgo país en la macro pero también en el análisis de oportunidades para la microeconomía.  Admito que fue interesante aunque obviamente sumo al desgaste del día sostener la charla de pasillo que se extendió con el señor que se copó explicándome después de preguntarme si estaba estudiando o me había recibido ya de Administradora (por Administración de Empresas). ¿Qué dije yo? Que no, que continúo estudiando, pero que estaba dispuesta a escuchar, claro, porque "todo me va a servir". 

El día finalizó a las corridas viendo algún pendiente cuando mí jefa se liberó. Saludé rápido y bajé a toda velocidad las escaleras. 

Cuando salí de la oficina, tuve una secuencia un poco rara. Creo que zafé de que me asaltaran/acosara una persona que andaba deambulando con una actitud extraña. Me puse incómoda y sentí algo raro, y eso que no me suelo asustar porque si en la calle. Un presentimiento raro, algo así. 

Ni bien pise la vereda del edificio donde trabajo, me di cuenta que había un tipo mirando para la puerta giratoria del edificio (estimo por su aspecto que estaba en situacion de calle). Si bien no me pareció nada raro,  me quedé atenta a ver lo que hacía. Note que cuando se dio cuenta que yo iba para una dirección, tomó la misma, mirándome. 

Eso no me gustó para nada. Menos cuando noté que caminaba delante mío y no avanzaba, bloqueando el paso para que yo me frustrara y quedara caminando adelante suyo. Ni en pedo, me dije. Y empecé a caminar tras el, disimuladamente aunque atenta haciéndole sentir el tiempo. Frente a eso, noté que se dio vuelta varias veces para mirarme. Yo le sostuve la vista como avisándole que estaba atenta y esperando un solo movimiento para empezar a gritar si se acercaba. Yo pensé en ese momento que una persona que quizá te quiere pedir una ayuda, simplemente te dice. Y que este tipo me estaba intimidando de otra manera. El flaco siguió caminando delante mío, lento, esperando que yo me cansara y lo pasara por el costado. A la misma vez, se daba vuelta. 

Tanto se dio vuelta que me cansé  y le dije: "seguí caminando porque yo no tengo paraguas", como avisándole que me iba a quedar así y que no pensaba moverme de esa posición trás él. Es decir, seguí caminando con la premisa "se va a tener que dar vuelta si quiere atacarme, y yo ahí salgo corriendo" pensé. 

El tipo siguió mirando, caminando cada vez más lento. Por suerte, doble justo en una una esquina donde yo se que siempre esta la policía y me quedé alli. También por suerte hay una concesionaria de autos importados a pocos metros y siempre tiene una cuota más de seguridad. Cuando me frené al lado de esa seguridad, el tipo que se los encontró de frente, se freno a pocos metros y se me quedó mirando.

 Yo lo miré y no me moví, mientras miraba al policía. El tipo finalmente creo que se dio cuenta que yo no me iba a mover y se fue para el otro lado, caminando y dándose vuelta. Mientras vigilaba que se alejara de verdad, noté que estaba siendo observado por más de uno. 

En cuanto se fue, yo avance y me mezclé entre la gente que empezó a aparecer ni bien me adentré en la zona céntrica de Puerto Madero, que queda súper cerquita, pero hoy me pareció una eternidad. Alcancé a tomar la combi hasta mi ciudad cuando retomaba la lluvia. 

Después me quedé pensando si quería robarme o quizá pedirme algo. ¿Si quería pedirme algo por qué simplemente no lo dijo, no? Si no me hubiera hecho sentir incómoda con esa actitud, y me hubiera pedido algo, yo hubiera ayudado. Por otro lado, si quería robarme, creo que a mí me ayudó el hecho de que no salí hablando por teléfono o con el celular en una nube, o mirando para cualquier otro lado, distraída. 

Con un pie en mi ciudad, me tomé el último colectivo del día luego de pasar a buscar un pedido de cosas de perfumería que tocó reponer. ¡Gasté un montón, y eso que compré todo con descuento tratando de aprovechar al máximo! Llegué a casa muy apurada porque tenía clases virtuales de la universidad. A toda velocidad también me preparé el mate para no quedarme dormida y me conecté. No sin antes besar a mi gato que estaba durmiendo arriba de mi cama y movió su cola cuando escuchó mi voz. ¿Cómo no amarlo, no? Ese bigotudo se ha convertido en mi amor y acompaña también las clases virtuales. 

Recién a las 20.30 terminó el día de actividad mental que había empezado a las 06.10 cuando el primer  pensamiento del día fue "llueve". Fueron doce horas entre trabajo, traslado y facultad. 

Reposé un tanto más en la cama con mi gato que pedía mimos y cerré luego de algunas actividades más pequeñas. Finalmente, la jornada intensa se fue apagando. 

Otra vez escucho caer gotas en la mesa del patio, al lado de mi ventana. Es hora de descansar. 

domingo, 14 de abril de 2024

Un tema delicado

 (Diez años atrás) 

"¿Te puedo pedir algo? No, lo que sea, no te voy a pedir. Es algo puntual: por favor,  el día de mañana, no interfieras en mi vida ni para preguntarme si estoy feliz, casada con mi marido joven y tengo hijos ¿si? Si nos volvemos a ver, en algún momento, no me lo preguntes. No, te lo juro que no es de mala. Pasa por una cuestión de voluntad ¿me entendés? Voy a poner toda mi voluntad para olvidarme de vos y seguir adelante. Y yo te lo prometo también: siempre vas a poder estar tranquilo y vas a poder seguir adelante con tu vida ,de la forma en que quieras y jamás te voy a volver a molestar. Ya no vamos a estar en contacto, nosotros, así que vas a poder seguir bien tu camino y yo el mío ¿si?  Lo único que te pido, Javi, es si vos me ves feliz, pienses en esto que te digo, y nunca te me acerques.  No, no te juro que no lo digo porque estoy enojada, porque no estoy enojada en el fondo... Solamente estoy estoy tratando de hacer un acuerdo para que el día de mañana me pueda ahorrar dolor. Me conozco, de verdad, sé por qué te lo estoy pidiendo.  Ni aunque tengas las mejores intenciones  te me acerques, por favor. Ni  aunque te haga feliz verme bien, no lo hagas. Jamás me lo digas, ni me felicites, ni me preguntes nada ¿está bien? ¿Cómo por qué? Y, porque sos vos, Javi, no sos otro que me va a chupar un huevo si me lo pregunta. ¿Cómo no me va a doler verte venir a preguntarme si estoy feliz con otra persona? Es meter el dedo en el herida, y lo va a ser siempre, porque para mí, ese tipo, dure lo que dure, eras vos. ¿Te das cuenta que es mejor, a veces, hacerse el boludo? (...) Que yo vaya a seguir adelante, y que vaya a tener otra vida donde no estés vos, no va a significar que me da todo lo mismo... Me tenés que dar espacio y tiempo para que me pase eso". 

II. 

(abril 2022)

- Lo bueno es que nos llevamos bien, ahora ¿no? Hablas conmigo. Eso es bueno. 

- Si. 

- ¿Si? 

- Sí. Yo no hablaba con vos por una razón, no lo hacía porque era mala. 

- Sí, ya sé, ya sé, no te enojes , no lo digo mal - musitó. 

- No me enojo. Todo bien. Pero para que sepas que era lo mejor que podía hacer, no fue un capricho ni nada. 

- ¿Por qué no me hablabas, guacha? Ni bola me dabas. 

Lo miré y recuerdo como me aflojé esa mañana de domingo en su casa, cuando no me imaginaba nada de lo que iba a pasar. 

- Porque se me complicaba. En ese momento me pasaban cosas con vos y me caías mal al mismo tiempo. Me costaba hablar con vos y mantener los límites.  El tiempo acomodo todo - sentencié. 

- ¿Y ahora? - preguntó, con cuidado. 

- Ahora está todo bien. Ya pasó. Pasó mucho tiempo, y cada uno tomó caminos diferentes. No está todo en carne viva como estaba en ese momento. Para mí fue lo mejor tomar distancia.

-¿Entonces me vas a hablar? 

Sonreí. 

- Si, ya está, no te voy a morder, está todo bien. Estamos en otro momento de la vida, ya. No pasa nada. ¿Cómo andas tanto tiempo, todo bien? - le pregunté. 

Si bien era una conversación donde convenía ser prudentes, y yo lo estaba siendo, no veía el peligro y el abismo tan cerca. No me imaginaba que existiera nada de eso como tal. 

III. 

(abril 2024)

El beso de Javier me toca en la comisura de mis labios. Ese gesto no es correcto pero es natural en algún sentido bajo y corporal porque no me sorprende. Hace mucho que no lo beso y, sin embargo, es como si lo hubiera hecho ayer. 

Seguimos hablando, mientras intercalamos algunas palabras más mientras el auto se detiene en la esquina de casa.  Todavía compartimos barrio. Me dice que me quiere dejar en la puerta, me hace bromas como solo él hace y me dice que me ve bien a pesar de que corté hace poco con Galeno. 

Cuando me ofrece de nuevo dejarme en la puerta, porque es más seguro para mí, que dale, que no tiene nada de malo, que no tenga miedo, que para él no es nada malo, etc, yo sólo le digo: 

- Anda a dormir , dale , deja de joder con la esquina - le sonrío jocosamente, o lo que puedo, disociando para poder darle ánimos y le toco la cara en un impulso porque me da mucha tristeza, en el fondo, verlo sufrir. 

¿Cómo le explico a alguien que jamás pensé que Javier y yo estaríamos en contacto para estos momentos de su vida? ¿Cómo le explico a alguien que yo pensé durante casi diez años que nosotros no íbamos a volver a hablar nunca más? Que me cuente esto hoy, sabiendo lo cerrado que es, y los enormes problemas que tiene para afrontar sus conflictos y sus emociones, es un tema delicado. 

Sé que no me lo cuenta para hacerse la víctima, ni nada de eso. Me lo cuenta porque él tiene mucha mucha confianza conmigo. Me lo ha dicho: él confía en mí, y considera que puede hablar conmigo de sus cosas.  Pero del otro lado, para mí, hay una diferencia notable en que me cuente que no anda bien en el trabajo, o que no la pasa bien con su pareja, a que me diga que no puede dormir, que le duele todo, que no dá más, cuando su madre está pendiendo de un hilito. 

Cuando le digo, humanamente, siendo suave, dejando a un lado los resortes de nuestros dilemas, que se vaya a dormir, me sonríe. Lo siento solo en ese instante. Pienso que sería bueno que alguien lo esperase con comida, o por lo menos, con una copa de vino para pasarle en silencio.  Pero también entiendo que sólo Javier sabe lo que necesita y que tiene gente a su alrededor en caso de que su realidad colapse. Trato de pensar que esa gente, si la realidad de Javier estalla, va a estar para él. No tengo otra opción que confiar. Soy plenamente consciente que no me corresponde intervenir, más allá de una palabra humanitaria.  No quiero hacer un seguimiento de su dolor, o en realidad, no me corresponde hacerlo. 

Sé que me sonríe, que quiere tomarse las cosas con humor, pero cuando se ríe al mismo tiempo es como si se desinflara. Se toma el rostro con las manos, suspira y sacude la cabeza. Es difícil de creer cómo se está riendo en este momento y yo tampoco entiendo cómo lo puedo hacer reír. Pero... esa es la única forma en que siento que puedo acompañarlo bien.

¿Para qué le voy a decir lo que le dicen todos? Sólo le pregunto por él. Si comió, cada cuánto logra dormir, cómo se organiza con el trabajo. Lo veo despeinado, con cara de cansado, y ropa deportiva. Mis preguntas van por el orden de lo cotidiano, porque veo que le está siendo difícil sostenerse, pero que le está poniendo mucho de él. En el fondo, pese a que tenga sus cosas reprochables, nadie puede decir que no es un buen hijo. 

Javier tiene casi hace un mes a su mamá internada y está pasando un momento que yo se, por la historia compartida y porque conozco y he tratado con su madre, que es muy difícil.  Él ama a su madre de una manera incondicional. Desde que yo lo conozco hace diez años, siempre estuvo pendiente de ella y siempre la cuidó a nivel emocional, es decir, dándole la información justa sobre temas que, consideró, podían afectarla. Se juntaba a comer casi todos los sábados al mediodía con ella, y con su tía, para saber cómo estaban. Si ella lo llamaba, toda reunión o quilombo en Comercio Exterior podía esperar. 

Y yo que sé eso, que lo he visto, que incluso he compartido momentos donde los ví en vivo, siento una real pena por lo que le está tocando vivir. Actualmente, Javier pierde un pedacito de su madre todos los días, entre el puñado de obligaciones. Pierde horas de su madre, que desvaría y alucina. Su madre, que habla de cosas, ve bichitos y cree que la persiguen. A Javier se lo confunde con su hermano. Y a su hermano, le dice que es Javier. 

Me cuesta no pensar en él en estos momentos. Pienso en cómo estará la señora y cómo estará afrontando él las cosas. Lo veo fuerte desde lo formal, desde la actitud y la disposición de medios, pero lo veo con muchas dificultades para hablar sobre cómo él - persona individual - se siente.  Hay una alta probabilidad de que Javier estalle solo, que use las estrategias ya conocidas para enfrentar los problemas. Y eso ya sabemos que nada bueno trae. Pero ¿qué remedio, no? 

Si llega a suceder lo temido para él va a ser un golpe grande. Lo sería para cualquiera y para él que no sabe expresar que sentimientos y que no tiene inteligencia emocional, y que no se apoya en casi nadie, podría ser muy difícil. 

 Lo único que deseo, y le pido a la vida, es que no me deje verlo pasar por esa situación dolorosa si no puedo ayudarlo desde un lugar sano y el respetuoso. L

¿Y todo lo demás, lo que es mío, lo que no tiene nada que ver con su pena? Son batallas que libro, claro que sí. No me olvido. A diario recuerdo que es importante no dejarme en banda a mi misma. Y me cuido. 

Trato de hacer lo mejor en el trabajo. Trato de colaborar conmigo misma y en el diálogo interno. No falto a la universidad y cumplo con las clases de inglés pagadas por la empresa. Además, trato de hacer algo de ejercicio y de tomar los medicamentos del tratamiento que estoy haciendo. En paralelo, me voy agendando turnos para continuar a paso de hormiga el otro tratamiento. 

Mí agenda es apretadisima. Pero principalmente responde a necesidades que nadie más puede atenderLa cantidad de microlímites que estoy poniendo aquí, en relación a cómo me siento, y al hecho de que me da pena lo que le pasa , forman parte de ese cuidado interior. 

Lindo desafío para ver cómo manejo la idea de no abandonarme pase lo que pase. El destino, la vida o quien carajo sea, buscó un estímulo bien bien fuerte para hacerme pensar dónde está el otro y dónde estoy yo en términos de límites. 

Iré contando cómo resulta saber que la persona que más amaste está sufriendo, que te lo cuenta, y que vos no podes hacer más que lo indispensable. Solo y únicamente lo indispensable. 

Al igual que hace diez años atrás, también sé por qué lo estoy manejando así. 


sábado, 13 de abril de 2024

Donde se está y no se puede estar

Le conté a mi terapeuta las marchas y contramarchas de la semana. 

Desde la oficina, con la carga de trabajo cotidiano y la gestión del estrés. Comentándole como de forma manifiesta voy trabajando cosas que charlamos para saber si así me siento mejor.  Desde lo personal, pasé el pincel por los encuentros casuales con Javier. Siguiendo por el cumpleaños de Galeno y mis límites tan puestos ahí. Y especialmente, llegando a hablarle de lo delicados que vuelven a ser los límites con Javier y cómo había sentido las cosas. 

Mi psico hizo una de las mejores intervenciones que le recuerdo. Fue simplemente mirarla y reírme producto de la sorpresa. Asentir y decir sí, sabés que sí, esto no lo había pensado. 

- Es difícil controlar mis manos cuando tengo cerca a Javier. A veces ni siquiera lo noto y cuando lo noto saco la mano, me pongo nerviosa. El otro día cuando me di cuenta le había puesto una mano en el brazo, y sí, soy así yo... pero soy así con mi gente y no puedo ser así con él. Con él, no se puede.  Yo entiendo que necesito el contacto físico con la gente que es muy importante para mí. Y me frustra mucho andar tocando a éste pelotudo. 

- El tampoco ayuda mucho en ese punto. La cercanía de su cuerpo y del tuyo es como si fuera una continuación. 

- Sí, lo sé. Cómo me saludó el otro día, estaba para matarlo. Pero es un bardo este tipo. No tiene nada que ver con lo que yo quiero. 

- O quizá tiene mucho que ver... Habría que ver qué es lo que te convoca o te gusta de él. No en términos del bien o el mal, que son términos morales, los que vos venís usando. Vos decís no puedo, pero, sí se puede. Hay un archivo que avala para Javier pero además para vos que es posible una alternativa, que la han vivido, y no lo podemos dejar a un lado... 

- No, claro. Es simplemente que yo me agarro de lo moral, pienso en esos términos, porque... así me han criado. Porque siento que es lo que corresponde. Me tengo que alejar de un tipo así. Es un tipo muy conflictuado, desordenado, no es bueno para mí. Pero también, yo lo veo, y no puedo hacer dos cosas juntas. Si hablo, me pongo re tarada, es una mierda. Y si no hablo, y lo escucho, lo miro como buscándole los detalles en la cara. 

- En cambio, Galeno, era un tipo muy ordenado ¿no? Y era bueno para vos, tenía la imagen de un hombre respetable. Un hombre que podía mostrarse en sociedad como pareja, un profesional prestigioso, inclusive muy reconocido en su provincia. Alguien que salvaba vidas. Muy culto... y que también cometió errores. Pero fueron errores que vos sí pudiste encuadrar y a los que les pusiste una etiqueta y no te movió demasiado... 

Me reí, levemente, pero me quedé  en silencio. 

- En cambio, vos a Javier lo tenés muy separado del hombre que querés y no sé si está tan separado... Y el hecho de que sea algo secreto, privado, fuera del orden social, crea la ilusión de que eso se puede manejar.  Pero en realidad, no estás ni en un lugar ni en el otro. No te permite avanzar para encontrarte realmente con el hombre que querés, que integre este aspecto social, que te gusta, con el aspecto más común... que es el que tiene Javier y que también te gusta. 

-  Si, en su momento, si vos me preguntabas por qué lo amaba yo te decía que por la cara que hacía cuando comía pizza. No me interesaba si era un tipo como el que dicen socialmente que yo merezco. Es pesado eso. Toda mi familia me dice que yo merezco un tipo brillante, porque soy buena, etc, y yo sé que busco un hombre que tenga ciertas características... Galeno fue como el elegido en mil aspectos, pero... cuando vas a los hechos... sí, yo ya sé que hay algo que no cierra - admití. 

- Está Javier, con el secreto, como aquéllo que no se puede mostrar porque no es correcto. Casi como si una parte de tu vida no estuviera blanqueada. Lo importante es poder integrar ambas partes. Entender que te puede gustar alguna característica que Javier viene a representar y que, por otro lado, también características que estaban muy a la vista en Galeno  y que te gustaban pero no en la misma intensidad. Pobre, él viene para todos los cachetazos. 

Nos reímos. Suspiré. 

- Galeno fue el tipo con el que mejor me llevé. Era bueno en si mismo, un buen hombre. Era buen padre, respetuoso, responsable con su trabajo, inteligentísimo. Estaba lleno de virtudes. Obvio que me gustaba además él, realmente me pasaban cosas con él, disfrutaba - suspiré - Pero Javier me desespera. Es una persona que no hizo nada, ni hace nada, para vivir la vida que quiere mientras que Galeno hizo todo para tener la vida que tiene y lo logró. Y cuando lo veo a Javier, hoy, tan vulnerable, triste... no te das una idea lo chocante que es. 

- ¿Por qué es chocante que Javier sea humano con vos? 

- Porque es una tortura no ser humana con él... No quiero mezclar la atracción sexual que existe entre nosotros con el orden personal. No quiero confundirme. Ni volverme blanda, porque va a poder conmigo, y el tipo es un lío. Tiene pareja, pero después ves cómo se comparta conmigo y decís "no, flaco, así no va, estás haciendo un puré de todo"... Y quiero tener una vida prolija, nada más. 

- Porque él sí lo mezcla, por eso esa sensación de indefinición. La continuidad entre los cuerpos, la cercanía física, todo está mezclado. Te dice que se pueden acostar, aprovecha todo lo que puede para sus chistes y sus comentarios y además te cuenta de la madre y se abre sobre cómo se siente. Tiene todo un barro, ahí, con una falta de límites muy grande. Y vos, por otro lado, tenés todo demasiado limitado. Contenido. Estás aguantando. Y quizá se trata de pensar más allá del bien y del mal, para comprender qué es lo que Javier representa. O para reconocer que te gusta un tipo que no es el tipo que socialmente creés que te debe gustar ¿no? 

II.

Después de ésta sesión de ayer, sólo puedo decir: "Dios mío".