martes, 29 de diciembre de 2020

2020

 Muchas veces imaginé este día desde que la pandemia empezó, es decir, el día donde me anoté voluntariamente para que me apliquen la vacuna contra el COVID-19. Al principio, pensaba que no llegaría nunca, pero pronto comprendí que tenía que tener un poco de fe, pensando que cualquier propuesta - más allá de todo lo que se dice al respecto de todas ellas - quizá podía devolvernos a la vida, o al menos, a un mundo con nuevos paradigmas donde nos sintiéramos un poquitito más protegidos.  

En todo este transcurso, imaginaba además que ya nos habríamos encontrado con Galeno, y que festejaríamos estar juntos finalmente y que celebraríamos la llegada de una vacuna.  La vacuna, su existencia, en aquél entonces, nos daba esperanza para seguir sosteniendo un vínculo que había quedado trunco, en un comienzo, con el advenimiento de la pandemia. Decíamos "sí, ya para esa época vamos a tener vacuna, hay que ser pacientes, porque cuando nos veamos..." y esperábamos a que el turismo local se habilitase y pensábamos que quizá después irían saliendo vacunas, y que... 

Pero no. La esencia del 2020 ha sido parecer una cosa y resultar algo muy diferente para mí. Porque pese a todo, hay una posibilidad de aplicarse llegado el caso una vacuna, hay un presente finalmente, hay algo que parecía imposible, y todo lo que parecía posible - en el caso de Galeno - ya no existe más ni en este presente ni en el próximo futuro. 

Esto ha sido, personalmente, el 2020 para mí. Empezar pensando una cosa y que resultara otra, como creo que nos pasó a todos. Sí, fue un año duro a nivel afectivo, a nivel sanitario, a nivel económico. Todos sabemos eso. También sé que he tenido que tomar decisiones difíciles en estos últimos tiempos, sin ir más lejos, como si quisiera que todo lo negativo se termine acá, con este año, sacando más fortaleza aún no sé ni de donde para sentirme determinada. 

 Pero también puedo decir que fue un año con muchas cosas para estar agradecida, que tuvo su lado bueno, que de lo peor, ha quedado a la vista, hay mucha gente que supo y pudo sacar lo mejor.  Y sí, aún en los momentos más difíciles, soy una convencida de que hay que ser agradecida. Por eso, lo estoy.  Sí, más allá de lo duro que ha resultado este año, estoy profundamente agradecida por todas las bendiciones que recibí, porque no me faltó nada durante todos estos meses, porque es una bendición decir que estamos vivos, que hemos comido, que hemos pagado nuestras cuentas, que nos hemos vuelto a ver con nuestra familia - haciendo caso a los cuidados - y todos están bien. Porque en mi familia mi hermana, cuñado y sobrino, vencieron al COVID. Porque sobrevivimos, lo que no es poco, frente a las cosas más impensadas en nuestras vidas.  

Si, ha sido duro, pero por suerte, vamos despidiendo a este año que simbólicamente nos resulta tan largo y pesadote. No hay mal que pueda durar tanto y, fervientemente, quiero despedir el año con este mensaje. No hay mal que sea eterno, finalmente, tarde o temprano, todo pasa. Esto, sin ir más lejos, también pasará. 

¿Qué decir, no? Creo que todos pensamos más o menos igual a la hora de hacer un balance. Hacerlo ya no se trata de considerar logros como todos los años, sino que se trata de haber podido sostenernos,  y de estar aquí, poder celebrarnos, porque todavía podemos estar escribiendo unas líneas. Porque estamos vivos. 

Para el 2021, anhelo realmente lo mejor. Para quien sea que esté leyendo esto, pero además, para toda persona que lo esté necesitando. Les deseo salud, por encima de todas las cosas, y les deseo tiempo para procesar todo lo que hemos vivido positivamente a nivel salud mental. Les deseo que tengan trabajo, prosperidad, crecimiento, que no les falte nada, que logren todo lo que anhelan, que todo se les dé para estar mejor y conquistar sus deseos. Les deseo amor, vínculos que los honren, que los abracen y que los acepten. Que los hagan sentir en casa y que les den fortaleza espiritual. 

Personalmente, deseo para mí las mismas cosas. Que no me falte la salud, que me acompañe la prosperidad, el trabajo y el crecimiento, que pueda encontrar el modo de lograr todo lo que anhelo para estar un poquito mejor cada día. Y, ademas, sí, claro, ojalá que el 2021 me traiga amor, vínculos que hagan bien, momentos lindos para disfrutar, historias nuevas para contar, y gente nueva con sus propios mensajes y enseñanzas para mi vida. 

Sé que suena trillado, que siempre pedimos salud, trabajo y amor, pero ésta vez creo que todos entendemos cuanto vale cada uno de esos deseos.  Ojalá, por todo lo duro que hemos pasado, se nos multiplique la felicidad y sepamos agarrarla a manos llenas, sin cuestionarnos nada, sólo gozándola. Nos lo merecemos. 

Te despido, 2020.  

¡Muchas felicidades y adelante 2021! 

sábado, 26 de diciembre de 2020

Estar bien

 Es normal. Sé que me tiene que pasar y, de hecho, me está pasando. Me voy a acordar de las cosas que vivimos. Me voy a acordar de la voz, el tacto, la forma de hablarme y de la tonada. Sí, sí. Me voy a acordar, y eso está bien, al menos por ahora.  Todo esto es demasiado reciente y, la verdad, hoy es el primer día donde conecto con los recuerdos pese a que no me arrepiento en absoluto de la decisión que tomé.  Yo ya sé que él se convirtió en un hombre que no me puede ofrecer nada de lo que quiero.  Hemos tenido momentos de mucha felicidad con Galeno y, en el último tiempo, de una tristeza inmerecida, innecesaria. Y ahora, me permito decirlo, escribo para organizar porque no soy perfecta. Y me parece que está bien, que tiene sentido, dentro de mi vida. 

Tengo muy en claro quién era yo antes de conocer a Galeno. Lo que no sé es, siendo sincera, quién seré a partir de ahora, después de haber decidido dejarlo, correrme, separarnos, o como le queramos decir. Pero eso no es algo malo, o al menos, yo no lo veo así. Creo que lo que me está pasando es normal: la decisión que tomé supone un cambio y estoy viviendo con las consecuencias.  No pienso en qué estará haciendo, ni nada de eso, no va por ahí, no lo extraño. Me siento aliviada, libre, con el futuro y el tiempo para soñar, para proyectar, para seguir adelante. Pienso en mí a partir de ahora y en la experiencia que viene a considerar haber tenido esta historia.   ¿Qué me dejó esta historia? Eso me pregunté los últimos días.  Y la respuesta me sorprende hasta a mí, aunque me la reserve. 

Si tengo que ser franca con quien esté del otro lado, Galeno fue la persona que me abrió compuertas, puertas, cerraduras, y todo lo que suponga un freno, dentro de mí. Lo abrió, ventiló e inundó todo con su fuerza, con esa fuerza motriz tan suya, llenándome de vida.  Dios sólo sabe cuánto miedo tuve por su propuesta y cuánto lo agradecí una vez que me animé a vivirlo. Y sin embargo, creo que ambos sabíamos un poco esto de que mi función era acompañarlo transitoriamente y la suya, en mi vida, era un puente desde el tedio y el silencio hacia el interés por los sentimientos.  Sí, Galeno me recordó y me acompañó en una vivencia que trataba del sentir, del animarme, del revalorizar mi propia elección, de enfrentar a quien tirase mierda por la diferencia de edad, o cosas por el estilo. Y estuvo bárbaro para mí aprender esto. Pude darme el gusto de decir que a mí me gustaba un hombre de 51 años, y vivir ese deseo con tanta verdad, me hizo crecer muchísimo. 

 Lo noto, de hecho, en cómo vivo las cosas hoy en día. No soy la misma chica que era en agosto 2019, sin dudas.  Por eso, hoy sé que conocerlo no fue en vano, de un lado o del otro, y eso está bueno, más allá de que esta historia terminó y que estoy viviendo este proceso posterior.  

Poca idea tengo sobre el futuro. Muy poca, a decir verdad. Lo único que quiero es estar bien, sentirme bien, y poder disfrutar de la vida. A estas alturas, no me interesa si eso se traduce amor romántico o no. Pero sí me interesa que se traduzca en disfrute, paz interior y lucidez a la hora de tomar las decisiones de acá en adelante. 

Si me preguntan qué quiero del futuro, hoy por hoy, sin dudas contesto esto: estar bien. 

miércoles, 23 de diciembre de 2020

9

 Pasan los días. Y junto con ellos, yo transito todos los estados, pero es una realidad que no pienso en él lamentándome. Siento, por primera vez, que yo no perdí a nadie que realmente me mereciera, y eso cambia la perspectiva por completo. Irse es también decir o no lo que estamos dispuestos a soportar, y creo, siendo honesta, que nunca había pensando tomar yo la decisión, pero también, que no me arrepiento.  La reconozco como una decisión difícil pero que en el largo plazo me dará muchos dividendos positivos. Y creo que, como es natural, me debo el mirar para adelante con esperanza después de haber hecho todo lo posible por esta historia. Todo lo posible hasta que me cansé de sentirme sola, "junté mis cosas", y me fuí.  

De otra manera ¿para qué sirve? 

Esta bueno también recuperar espacios, actividades, tiempo, por encima de todo, tiempo y poder tener todo ese recurso a favor. Y no es que haya sido tiempo perdido el que pase junto a Galeno. Considero que fue un gran maestro en muchísimas cosas, pero también considero que consigo terminé de tomar las clases y que, todo el resto de aprendizajes, prefiero vivirlos con alguien diferente a él, con quien pueda tener también una relación en la que no me sienta sola, que no me ponga excusas tontas, ni frente a un tipo que no tenga la decencia de decirme si andamos por la misma senda o no. 

Por momentos, siento bronca por la forma tan cobarde en que resolvió la última charla, y pienso que no lo terminé de conocer, que no nos terminamos de conocer y me pregunto qué clase de tipo de 51 años dá sus argumentos. Por otros momentos, siento alivio de haber terminado una historia con una persona que no me quería de la misma forma, más allá de que me dijera que me quería. Y en algunos momentos, siento preocupación frente al futuro, porque no sé si habrá alguna persona realmente me corresponderá algún día en la forma que yo doy, con quien esté sintonizada no en los gustos o las preferencias, sino, en algo más fundamental: las ganas, la voluntad de tener algo lindo, donde los dos miembros se hagan cargo de la misma manera y tengan los mismos objetivos.  Por momentos, siento tristeza... pienso "qué duro ha sido este año, y encima, ahora esto". 

Pero, eso si, si hay algo que no siento por nada del mundo es arrepentimiento. Frente a todo este manojo de sentimientos, me siento orgullosa de la decisión que tomé, porque me cae la ficha de un universo completamente nuevo, que no llego a explicar ahora, pero que seguramente pueda esbozar más adelante. Hoy entiendo que lo que yo hice fue el mayor gesto de amor, aprobación y afecto hacia mi misma que tuve en los últimos tiempos, porque, de la misma manera que me permití vivir esta historia en su momento - creyendo que me iba a enseñar mucho, como efectivamente sucedió -, también advertí que tenía que retirarme y lo hice. Me cuidé, pero además, me permití vivir... y eso es maravilloso. 

Miro hacia el futuro con calma, sin expectativas precisas, sino, ansiando algo más general, que es estar con salud, trabajo, mi familia cerca y la posibilidad de disfrutar. Quiero disfrutar de todo lo bueno que me pueda pasar. Absolutamente de todo. De una comida rica, de estar sana, de mirar el sol, de escuchar música, de estar con amigos, de ver crecer a mi sobrinito. Eso quiero. Porque sufrimiento, ya no me entra más. 

Galeno, la verdad, si bien desde hacía rato no entraba del todo en los planes a futuro, hoy en día salió por completo de la agenda del mañana. No quisiera estar con él, ni verlo, ni hablar consigo. Frente a lo que me puede dar, pienso en mi amor propio, y me doy cuenta que es más importante conservarme intacta que conservarlo a él en mi vida. 

Por primera vez no siento tristeza de haberlo perdido o de que estemos lejos, es decir, no siento tristeza de haberme alejado como me ha pasado con otros muchachos. Al contrario. Esto es un duelo, sí, un duelo necesario, que me voy a permitir transitar, pero es un duelo de una forma de funcionar que yo tenía y que ya no quiero más; que ojalá se haya ido con Galeno. 

Yo siento que ahora finalmente soy libre. Que estoy abierta a las cosas buenas. Y que a todo lo bueno que me llegue, de acá en adelante, lo abrazaré y lo viviré. 

Sólo eso quiero: estar bien, disfrutar, estar contenta y aprovechar la vida. Sufrir, todos, hemos sufrido demasiado para seguir perdiendo el tiempo.  Cada segundo cuenta. 

8

 Voy viendo. No quiere decir que el sabor amiguito no esté, pero voy viendo. Hacía rato ya, independientemente de las actitudes de Galeno, que yo me sentía sola. Eso es justamente una parte del proceso que mencionaba entradas atrás. Lo venía sintiendo, de una forma rara, pero incuestionable. 

Quizá si veo de agosto a ahora entiendo cuánto crecí desde la última crisis. En ese entonces yo no sabía cómo dejarlo y su ausencia y su revés anímico me hizo daño. Un día me encontré llorando en mi cuarto, después de haber pasado un día entero acostada en la cama, y me ví. Si. Me vi. Y dije "no tengo la fuerza que necesito en este momento para dejarlo, pero lo único que se es que no quiero verme así y merece que lo haga... Porque una persona que me quiere, no hace esto de esta forma". 

Pasaron algunos meses desde entonces. Nada volvió a ser igual desde ese día. Si bien seguimos hablando y tratando de estar cerca, a mí no se me salía de la cabeza que una persona que te quiere no hace eso. Entonces, ante cada duda o situación rara, una alarma interior me decía: "entiendo que no sepas cómo hacerlo, que lo quieras, pero nunca te olvides de pensar si vale la pena todo esto, si él se lo ganó con sus gestos" y continuaba. 

Hasta hace una semana atrás donde, no sé por qué, me levanté un día después de un sueño que tuve y lo entendí todo. Lo quería dejar, me sentía atada a la voluntad de una persona que no era yo y ya se había agotado el tiempo. "Una persona que te quiere, me volví a decir, ahora estoy segura que tampoco hace esto de esta forma". Pero en este caso, ejecuté las acciones necesarias para terminar en la charla final. Y Galeno no me dejó opción más que dejarlo. En eso se resume este final. No me dejó más remedio que decirle: "mira, esto es suficiente para mí, yo me corro", después de que se comportara como si yo fuera una mujer rentada que tuviera que estar esperándolo. 

Y no. No soy ninguna mujer rentada. 

Este 2020 me convertí en una mujer que sale corriendo de un lugar donde estaba sufriendo aunque no sepa qué depara el futuro, si hay después o como se resolverán las cosas. Porque sabe que ahí no es, y eso, constituye una respuesta más allá del resto de las Incertidumbres. 

Hoy, me quedo con eso. No sé que pasara en el futuro. No me importa saberlo en este presente. Yo solo se que me fui de un lugar que me estaba restando, y me corrí de una posición de mierda que me ofrecían y que era rme injusta pasa mi, y eso me alcanza. 


martes, 22 de diciembre de 2020

7

 -¿Cómo te sentís? - preguntó mi psico. 

Cuando le comenté lo sucedió con Galeno me dijo, sin poder evitarlo, que no lo podía creer. 

- Bien, por ahora ... - admití - igual tampoco te aseguro nada porque más adelante eso puede cambiar. Voy día a día. Supongo que así está bien porque me ayuda a darme mi espacio. 

- Es importante en este momento que puedas dártelo. No niegues el dolor ni la tristeza. Vendrán días dificiles, días mejores. Vas a extrañar. Quizá haya momentos donde no. Pero es importante que te permitas todo. 

- Si, estoy dispuesta a hacerlo. El tiempo va a pasar de todos modos. Antes de perderlo con el, lo invetiré en mi. 

- Sin dudas. Además la actitud de Galeno ha sido muy sorprendente. 

- Si. Muy. La verdad es que no me hubiese esperado que se comporte así. ¿Sabes que no me lo esperaba? La actitud de no poner en palabras eso, y esperar a que lo hiciera yo. ¿Si no lo hacía yo, qué iba a pasar? ¿Cuando me iba a comunicar que él quería un vínculo sin ningún compromiso más allá de algún contacto de vez en cuando? ¿Te das cuenta lo que eso quiere decir? Es el egoísmo absoluto. Cómo si yo no existiera. Cómo si no fuera algo construido por los dos ¿no? 

- Si, si si - evidenció sacudiendo la cabeza. 

- Resulta muy forro dejar que la persona sufra, se ilusione más... No sé. Para mí las cosas se resuelven con la verdad. Cómo lo hice yo. Y ahora me doy cuenta que eso no tiene que ver con la trayectoria de vida. El coraje es una virtud o un valor en sí. 

(...) 

- Esto es un duelo. De cualquiera manera, con mayor o menor entereza, va a ser necesario transitarlo. Para eso estamos acá. Es importante pensar cómo te sentís , como te ves frente a esto... 

- Es muy difícil pensarlo ahora mismo. Pero si puedo decirte una cosa: " yo no sé lo que va a pasar de acá en adelante. Solo se que no me podía quedar en ese lugar. Por eso me fui, aunque no tenga idea de lo que va a pasar ni a dónde me va a llevar la vida". 

Ojalá, pienso mientras escribo, las estrellas me guíen a un buen lugar. 

lunes, 21 de diciembre de 2020

6

Haber llegado a tomar esa decisión, y plantearla, y que el otro expusiera su punto de vista, fue un camino difícil. En el momento que pueda, hablaré si lo necesito de este tema. Pero, si algo es importante para mí relevar, es haber podido elegir por primera vez en mi vida si me quedo o no me quedo en un lugar de mierda.  Por ese motivo fue difícil: porque nunca esta bueno darse cuenta que estamos en un lugar que nos lastima, que nos esta haciendo mal y que nos lleva de cosas que restan... Porque lo que sigue es tomar la decisión de irnos o quedarnos.

 Y yo, me fui. 

Galeno expuso lo que quería: verme cuando quisiera, hablarme cuando quisiera, y que ninguno de esos contactos supusieran ningún compromiso a futuro porque - me dijo - no tenía voluntad de sostenerlos. Literalmente. Yo, en cambio, arranqué exponiendo que no me sentía bien frente a su indiferencia, que estábamos como desconectados y, cuando me dijo eso, comprendí que estaba perdiendo mi tiempo.  Así que, cuando me preguntó que quería, creo que por un simbolismo más allá de algún interés real por mis deseos, le dije la verdad.  Que yo no podía quedarme en ese lugar porque, antes, prefería resguardar mis límites personales. 

Digo, quizá otra persona se queda en un lugar donde le dan este trato. Yo no la juzgaría en lo más mínimo por eso. ¿Pero si yo me quedaría? La verdad es que no, ni loca me quedo en ese lugar. Y menos, porque quizá me pueden pasar muchas cosas buenas si recorro otros lugares, si trato con otra gente, si no me quedo esperando las sobras. 

Hay muchos detalles que hicieron a esta cuestión algo entre raro y doloroso. Más raro que doloroso, la verdad, porque este resultado para mí no es ninguna sorpresa. Para mí la angustia que traje conmigo hasta ahora era el síntoma de algo que tenía que cortar. Por eso creo que estaba tan mal y me pesaba tanto esa ausencia y esa indiferencia y esa incertidumbre. Porque todo mi cuerpo, y mi forma de pensar, y mi forma de vivir, sabían que no se la podían bancar, que no me las merecía. 

De su parte, asistí un egoísmo que nunca antes había presenciado.  Principalmente, porque me dijo "bueno, no trates de matarme en tu recuerdo, yo no te voy a matar en el mío; ambos formamos parte de la vida del otro" y yo le aclaré que no tenía esa idea. Yo no voy a gastar energía en negarlo, en hacer como que no pasó nada, en no admitir que esto se terminó. Al contrario, lo acepto, ésto se terminó. Y quizá ya lo sentía hace muchísimo tiempo, y ahora, simplemente, la realidad  se esté correspondiendo con mi interior. 

De hecho, cuando una persona te dice que te quiere ver (pero sin que eso suponga que yo me haga ninguna idea de una fecha, por ejemplo), que te quiere hablar (sin ningún compromiso, sólo porque le gusta un contacto así con vos, donde hablan por hablar, sin que eso suponga un intermedio hasta verse) y que no quiere cargar con ninguna expectativa (después de que pasaron diez meses jugando con tus expectativas y diciéndote "cuando nos veamos, vamos a..."), uno no se empeña en matar el recuerdo, en dejarlo vivo, en tenerlo presente, en dejarlo ausente. Uno se empeña en estar bien, en tratar de sentirse lo mejor posible después de tanta angustia contenida y de tanta espera en vano. Yo, por lo menos, me empeño en disfrutar de una libertad que no entendía del todo cómo había ido perdiendo desde lo simbólico, pero que ahora siento haber recuperado. 

En algún momento, si lo necesito también,  contaré todo esto con detalles. Ahora considero que es muy pronto.  La verdad es que es un duelo, una pérdida, muy diferente a todas las que he vivido en mi vida por eso estoy tan cautelosa. Es la primera vez que me corro de una relación ante lo que me ofrecen. Y es la primera vez que para mí que el que me den un lugar pésimo no es un juego, no es divertido, y no se trata de amor o falta de amor.  

Me siento bien por haberme dado prioridad a mí y a mis deseos. ¿Y para qué me servía estar ahí, no? Espero que esto sea el comienzo de algo diferente en mi vida; otro capítulo mejor. 


domingo, 20 de diciembre de 2020

5

 Nos separamos, sí. 

4

 Hoy, 19 de diciembre, después de mucho tiempo y aprendizaje y bueno y malo, llegamos al acuerdo de separarnos con Galeno. 

Ya tendré tiempo para todo lo que viene de acá en adelante. Sin dudas. Me lo daré. Ahora solo puedo decir esto. 

Nos separamos. 


viernes, 18 de diciembre de 2020

3

 Cierro los ojos. Se me vienen muchos recuerdos a la cabeza. Haber compartido a la distancia o juntos casi un año y medio con una persona implica tener muchos recuerdos. 

Cierro los ojos. Los del final son tristes. Pero los del comienzo, son hermosos. 

La primera vez que charlamos tantas horas. Y yo que pensé que iba a ser solo por esa vez, y dije menos mal porque me tengo que levantar temprano. Todas las noches después de esa hablando hasta tarde. El origen de los apodos. El miedo antes de conocerlo. La locura que eso representó. Y el hacerlo aún con miedo para escribir una historia bonita. Igual que me decía Galeno siempre "bonita mía". Y si, yo me dejaba, porque una parte mía era suya a préstamo con el mejor de los gustos.  

Galeno haciéndome el amor en esta u otra provincia. La conexión y la piel increíble para ser sincera, porque nosotros no nos habíamos imaginado tanto. La capacidad de presentirse y anticiparse al deseo del otro. La búsqueda del placer y su encuentro. La complicidad y la sensualidad en su máximo esplendor. Los baños juntos. Las comidas juntos. Los amaneces. Los pasos y los paseos. Las lecturas. El que me lea con su tonada. Y el que yo le diga que es mi ****, es decir, el habitante que adoro en esa provincia. 

A veces pienso que lo peor es irse de la vida de una persona cuando todavía lo queremos. Pero hoy se que a veces esa misma persona es la que ya no te quiere más y por eso, te descuida. Y entonces quedarse duele tanto como irse, porque quizá si uno se va no se siente tan mal. O al menos, eso me digo. 

Que sensación horrible está que siento. Está sensación de saber que no lo voy a volver a ver. Que no pude despedirme. Que le importo muy poco nuestra relación. Y que me dejó sola aún mismo estuviera dónde estuviera. 

Ojalá Dios me de entereza. Porque me encantaría haberle podido dar un abrazo, no se. Algo. Decirle algo por última vez. No sé. Cosas que pienso. Nada más. 

Está siendo difícil para mí todo este tránsito. 



jueves, 17 de diciembre de 2020

2

Hay que tener mucho valor y serenidad para reconocer que, lo que queremos, ya no es para nosotros; que no sirve de éste modo y que no conviene. Debe ser muy fuerte el sentido de querer hacer una vida acorde a lo que nos merecemos como para ir limpiando y puliendo, sin titubeos, todo aquéllo y a todos aquéllos que ya no son compatibles con el esquema. Y yo tengo más dudas que certezas, en este momento, pero creo que alejarme de Galeno es lo que tengo que hacer.

 ¿Si es fácil, agradable o lindo? No. Uno no espera a una persona tantos meses para no verla. Uno no se comunica casi todos los días durante diez meses para no verla. Uno no se manda fotos, mensajes, audios, memes o carteles cursis, para que una persona dilate las cosas cuando tiene la oportunidad de verte. Y no te dé certezas en un momento donde ya es tiempo de definir la situación.  Pero esto es lo que me tocó vivir y estoy dispuesta a afrontarlo, aunque sea difícil.  La verdad es que estoy triste, pero al mismo tiempo, sé que es lo que nos tocó. Prefiero estar triste por una certidumbre y no por una incertidumbre constante. 

Galeno no es de esos hombres que dan vueltas, por eso, me asombra que esté actuando así. Él por lo general, dado su edad y su forma de ser, siempre fue muy resolutivo. Cuando quiso venir, vino, sin vueltas; puso fecha, puso dinero, y yo tuve las certezas que necesitaba para creer en él. Y ahora, cuando la situación es tan diferente, yo considero que ya no quiere venir y que, por eso, no tiene problema en dilatar esto indefinidamente, que por eso no comunica nada referido a la situación en un momento donde, finalmente, después de diez meses, el contexto nos acompaña.  Yo, en cambio, sí tengo necesidad de resolver, por eso, le pregunté dos veces en el último tiempo, qué pensaba hacer. Porque Galeno hace diez meses que me viene diciendo que me quiere ver, que "cuando nos veamos", y sin embargo, ahora, cuando puede acompañar sus dichos con palabras, se queda callado y no toca el tema. Entonces, eso para mí también es una forma de responder algo, y ese algo, es un no. Lo que más me duele de esto no es que ya no quiera verme, que haya dejado de interesarle, porque a mí también se me desgastó el sentimiento que tenía hacia él. Lo que me duele es que no tenga el valor, ni la entereza, para decirme "no, me interesa hacer este viaje después de diez meses" y que podamos seguir adelante ambos habiendo resuelto esto. 

Por estas razones, pese a que me resulte doloroso, he decido tomar distancia. Porque mi tiempo vale, mis ilusiones valen, mis expectativas valen y mi cariño vale. ¿Cuántos hombres quizá quisieran que los quieran por lo que son y no por lo que tienen, que se comprometan a estar con ellos, que estén siempre en las buenas y en las malas, que los esperen con entusiasmo? Supongo que muchos quisieran y que a él le da igual si yo lo quiero de ese modo. 

Soy de esas muchas mujeres que quieren un tipo al lado que las valore no cuando las va a perder, o las perdió, sino, cuando todavía puede estar al lado de ellas y disfrutar de todo lo que esa persona es. Porque también soy una mujer que valora las cosas cuando las tengo y que valora a las personas cuando están. No pienso que me sean regaladas, no pienso que ya no tengo que recordarle nada a la otra persona para hacerla sentir apreciada. Al contrario. 

Yo no espero perder a la gente para darme cuenta lo valiosa que era. Y también, ahora, le agregaría que soy de esas mujeres que se van a la mierda cuando las hacen perder el tiempo. Aunque les duela. 


miércoles, 16 de diciembre de 2020

1

Le mando un mensaje a Galeno para decirle que necesitaba hablar con él de nosotros. Él ya sabe por dónde viene la mano y no ha hecho nada, en todo este tiempo, para mostrarse con ánimos de modificarlo y a mí, por esa razón, se me acabó la paciencia.  Sé que está trabajando y se va de viaje breve con su hija, pero por esas razones, sólo le digo que me hable cuando pueda y no le digo que ya no aguanto más, que me retiro. No le quiero cagar el momento pero, sin embargo, tampoco quiero dejarlo pasar sin ponerlo en conocimiento del malestar. 

Me dice que sí, que no hay problema y me pregunta algunas cosas que nada tienen que ver con el eje de la situación. Me llama la atención eso: ¿cómo no se imagina de dónde viene y lo afronta? Me repito que a veces lo que te da la experiencia y no la juventud es saber encontrar los momentos adecuados para las cosas, entonces, respondo lo justo y lo necesario y sigo trabajo y estudiando porque a la noche rindo un final. 

Unas cuantas horas después, antes de entregar la guardia, me escribe. Me tomo el tiempo que necesito y le respondo protocolarmente porque está trabajando y respeto eso, pero sé que buscó una excusa, porque le importa un carajo cómo me fue en el examen.  No le hablo ni anoche, ni hoy a la mañana, ni le hablaré hasta que vuelva del viaje relámpago que hizo con su nena, porque se lo había prometido en cuarentena.  

Prefiero que disfrute, que esté bien, con los suyos.  Yo quiero dar un paso al costado, tomarme el tiempo necesario para considerar lo que tolero o lo que ya no soporto más. 

domingo, 13 de diciembre de 2020

En edad de merecer...

Quizá, si me lo decían de entrada, yo tomaba la decisión de decirle que no y seguía adelante con mi vida. Probablemente, hubiera conocido a alguien más o no, pero sin dudas mi vida no sería lo que es hoy por hoy. 

 Una de las cuestiones que fijamos con Galeno desde el vamos es no dejar pasar tanto tiempo sin vernos. Se lo dije en su momento, siendo muy muy sincera, para evitar malentendidos. Y además, le aclaré que para mí no tenía sentido tener ningún tipo de contacto si yo no iba a poder ver relativamente seguido a la persona (dentro de los parámetros que se manejan en una relación a una provincia de distancia, claro).   Y esa es la cuestión que, precisamente, a mi criterio, viene fallando.  Más allá de la pandemia, me refiero. 

Todo este año, en cuanto a nosotros, se me hizo muy largo. Los buenos momentos de febrero ya han quedado muy lejos y, esto, se ha tornado un problema a resolver, no quizá, una expectativa sobre el disfrute de un reencuentro. 

Es muy difícil explicarlo, siendo sincera; pero quizá algunas pocas palabras alcancen. Lo que a mí me sucede es que me cansé de esperar para verlo. Me cansé de hablar de un reencuentro. Me cansé de escribirle. Ya a esta altura, para definir qué siento, qué me pasa, qué sentido tiene continuar o no con esto, necesito mirarlo a los ojos, tocarlo, hablar consigo cara a cara. De lo contrario, aún mismo intercambiemos mensajes casi a diario, la imagen de Galeno se me irá borrando y yo terminaré muuuuy cansada de todo lo relativo a su persona. 

Eso es, de hecho, lo que me pasa. Estoy cansada, ya, no tengo margen prácticamente. Tengo su chat, nuestras fotos, los audios que me graba con música, pero además, tengo esos días donde está bastante parco y me hace sentir que todo es una gran estupidez sin sentido. Y por todos los días, buenos y malos, a veces, me siento frente a un hombre que después de tanto tiempo sin vernos se ha convertido para mí en un extraño. Ya sé que no es un extraño, porque me conoce muchísimo, y porque sigue recordando lo que me gusta fuera de la cama - de la vida en general - y lo que me gusta dentro de ella. Lo mismo de mi parte, yo también sigo recordando todo lo que sé de él, en todos los niveles. Pero eso no significa, ya para mí por lo menos, que nos conozcamos o que estemos lo suficientemente conectados.  

La presencia es insustituible. Eso es lo único que sé. Y si él no se esfuerza en estar, y no sólo en decirlo, sino en hacerlo posible, para mí eso constituye toda una respuesta. Con todo mi pesar no me queda más remedio que admitir y reconocer por mucho que me duela que Galeno se está haciendo el pelotudo más allá de que me diga lo que me diga. Cuando tenía quince, podría creer en palabras lindas. Ahora, con casi veintiséis, yo me guío exclusivamente por los hechos. Y los hechos, son estos. Todo lo demás, papel picado. 

jueves, 10 de diciembre de 2020

Las otras historias que sí

 (...) sólo lo entendí al verlo así con ella: él sentía vergüenza de mí. Vergüenza de mi afecto, de las mil demostraciones que hubiese podido tener si estaba permitido, vergüenza de... todo lo que podía darle. De mis errores, de mis aciertos, de mi juventud, de mis casi veinte años, de mi avidez cortazariana, de mis parciales de Teoría y Análisis Literario; de mis uñas pintadas todo el tiempo, de mis apuntes universitarios, de mi perfume y mi pelo. Javier sintió vergüenza de todo; y entre  la millonada de cosas que me hubiese gustado - meses atrás - compartir de su lado, entendí que jamás hubiese podido. Que yo estaba condenada al camuflaje, a ser la mugre bajo la alfombra. Entendí que él nunca tendría el valor para hacer lo que yo hice: reconocer frente a los míos que lo quería, defender lo que elegí, proteger a quien amaba (...) 

Este fragmento lo escribí hace seis años. Creo que todo lo que hice en su momento es algo que jamás volví a brindar de la misma forma, sin embargo, la vida me enseñó muchas cosas en este tiempo. En especial, desde que Galeno llegó a ella.  

Hoy lo que tengo para decir sobre Galeno y mi historia consigo, sería más o menos así,: 

Sólo lo entendí al verlo así conmigo: él no sentía vergüenza. No tenia pudor de mi afecto, ni de mis errores, ni de mis aciertos, ni de mi juventud, ni del hecho de haberme conocido cuando tenía veinticuatro años y él cincuenta ya cumplidos. Me deseaba éxitos para mis parciales de Literatura Medieval y me preguntaba cómo me había ido. Cuando me veía con las uñas pintadas, de rojo o de cualquier color, me tomaba de la mano y admiraba el diseño con atención y placer porque "mis uñitas", como les decía, le encantaban. Se sorprendía, pero no demasiado, de la cantidad de apuntes para la Universidad. Cuando dejaba mis perfumes sobre la mesita de noche, en los hoteles que frecuentamos, se acercaba con cara de circunstancia, sacaba el frasco de la caja y lo olía con satisfacción. Cada vez que me tuvo entre sus brazos, aprovecho para aspirar mi olorcito y siempre demostró una gran alegría por hacerlo.  Galeno no sintió vergüenza de nada y, entre las cosas que compartimos, entendí siempre debería haber sido así. Fue capaz de incluirme en su casa, en su vecindario, abrazarme delante de sus vecinos y de la gente que frecuenta todos los días. Sí, ahí me di cuenta, ahí entendí que yo no estaba, ni tenía por qué estar, condenada al camuflaje, no debía ser mugre debajo de la alfombra. Entendí que algunas personas sí tenían el valor de hacer lo que hace muchos años yo habia sabido hacer por otro, y estaba logrando retomar: reconocer frente a los suyos que me quería, defender lo que eligió, y hacerse cargo de lo que le pasaba. 


lunes, 7 de diciembre de 2020

La Santa Inquisición

 Últimamente vengo dándole vueltas a las cosas cual adolescente de quince años, pese a que tenga casi once años más. La inminencia de un nuevo cumpleaños me hace repensar el paso del tiempo una vez más, con su discurrir extraño, en este 2020. Y también me encuentra bastante cansada, planificando poco y nada para el año que viene, solo lo indispensable y con mucha flexibilidad mental.  

No obstante eso, a lo que le doy vueltas, es a mi relación con Galeno si es que se le puede llamar así. He llegado a una meseta consigo y con la situación en sí. Casualmente, mientras escribo, habla de fondo en la televisión un habitante de su provincia hablando de la temporada de verano y de las privaciones, elogiando la provincia a la que viajé llena de entusiasmo y de miedo en febrero de este año.  Parece otra vida, siendo honesta, y parece otra persona la que hizo ese viaje. De la misma forma en que me parece parte del pasado las noches compartidas con Galeno y las múltiples caricias y besos compartidos.

 ¿Será que una parte de mí ya se olvidó de él y se acostumbró a no verlo más? ¿Y será que la otra, la más racional, admite que en caso de que no tengamos posibilidades de vernos, aún con las privaciones del contexto - que ya no son tantas - esta relación se termina? Quizá sea eso. Como también quizá sea la tristeza y las ganas de haber compartido éste extra largo consigo, y no haber podido. Y también sea la desolación de ver cómo la gente se va, sale, viene, viaja; y pienso en nosotros que tanto necesitamos de todo esto... ¿y cómo nos veo? A mí, estudiando para un final, saliendo a comer con mi mejor amiga, disfrutando de mi sobri, y pensando para qué quiero sostener un vínculo de esta clase si siempre estoy sola en lo que a él respecta. Y a Galeno , por su parte, lo encuentro con un fin de semana lleno de guardias; donde de los cuatro días de descanso para todo el resto de los mortales, él tuvo tres de trabajo. Es decir, que el único día libre y de recuperación que tiene, ante la guardia de ayer de veinticuatro horas, y la de mañana de doce, es el día de hoy.  ¿Y para qué escribirle y preguntarle "cómo te fue hoy, mi ***, pudiste comer algo, dormir un poco", como le pregunto siempre? Digo, ¿qué sentido tiene todo esto? Siempre estoy sola, aunque esté trabajando, aunque esté en su casa, porque nunca está - desde hace tantos meses - acá conmigo. 

Es la primera vez desde que empezamos a chatear en agosto de 2019, e incluso desde que nos conocimos en noviembre de ese mismo año, que yo ya no tengo más espacio para anhelar verlo. Lo quiero ver y avanzar o, si eso no se da, prefiero dejar todo como está. 

Admito que no es falta de cariño, ni nada de eso. Pese a que pasamos por momentos de distancia en agosto, o que a veces se hizo muy difícil seguir teniendo motivos, siempre estuvo el deseo de vernos. Supimos desde el vamos que, antes de la pandemia, estábamos viviendo algo muy lindo, que tenía potencial. Él había venido acá, un par de veces y yo alcancé a ir hasta su provincia en retribución y en señal de que estaba en su misma sintonía. En marzo, antes de la pandemia, tenía la idea de venir con un matromonio amigo - que sabía de nuestra historia - y pasar unos días juntos en Buenos Aires. A mí me daba un poco de pudor conocerlos y saber que les había hablado de mí, pero estaba dispuesta a dar la cara porque el de Galeno me parecía un gesto de claro blanqueo y de claro interés. Pero ese proyecto quedó trunco, y de ahí en más, todas mis esperanzas empezaron a ir en un declive lento y doloroso que, hoy, está llegando a su final. 

Al menos desde mi lugar, pese a que él me ha dicho muchas veces en este tiempo que deseaba verme, siento un descreimiento muy grande hacia toda la situación. ¿Qué hacemos con el deseo si no es motorizarlo, darle forma, ponerle cara, cuerpo, nombre y un número de ticket de un vuelo hacia Buenos Aires? 

Esta vez no me alimenta  extrañarlo, porque en realidad, éste año ha sido demasiado duro para todos y he extrañado suficiente.  Y creo que es un síntoma social generalizado el ya no querer esperar más por las cosas, el ya no soportar esa situación de espera desesperante. Todos, creo yo, por la gente con la que hablo o mis conocidos, llegamos a este diciembre entre anestesiados y agotados. Y creo además que, si algo se puede hacer en estos momentos, es aprovechar toda oportunidad para disfrutar. 

Del otro lado, en mi familia, han empezado a hacer de mi situación una causa de tribunal. Por momentos, cuando los escucho opinar o exigir resoluciones que yo no tengo en este momento, pienso cuándo mi vida se convirtió en una herejía digna de La Santa Inquisición. 

¿Y qué vas a hacer? ¿Y cuándo vas a verlo? ¿Y estás segura de que no te está tomado de estúpida? ¿Y estás segura de que le interesás? ¿Y por qué tarda tanto, qué tanto tiene que hacer que no puede sacar un permiso y venir?  Todos los días que tengo contacto con mi familia, y se me ocurría hacer un comentario sobre Galeno, esas eran las preguntas que yo recibía como contestación. 

¿De verdad tengo que explicar todo? ¿Incluso lo que yo tampoco sé, y me estoy encargado con tiempo y paciencia de ir averiguando o comprendiendo? ¿Alguien, de todos los que me están juzgando en este momento, se ha puesto en mi lugar? ¿Qué harían, todos ellos, si fueran yo? ¿Seguirían confiando en la palabra de Galeno o retirarían las fichas? ¿Hasta cuándo? ¿Les caería bien que yo les dijera, por ejemplo, que había que resolverlo antes de diciembre porque no había que llevar muertos para el nuevo año? ¿O que les dijera que con un viejo como él pierdo el tiempo, que me roba la juventud, y que no merece más tiempo de espera? ¿Les gustaría que yo les dijera que es un miserable si no quiere venir, como me han llegado a decir, cuando la plata jamás fue un problema para él y cuando en nuestras conversaciones no es obstáculo? 

Bueno, ésta es precisamente mi situación en éste momento. Con todos los condimentos. Con las críticas, con las promesas de Galeno, con el cansancio, con los prejuicios que - ahora sí - me están empezando a caer y a afectar. Con el qué dirán. Con el mote de relación anormal. Y con todo el peso que todo esto conlleva. 

Es la primera vez en donde las opiniones de los demás me desalientan en el ámbito afectivo. Seguramente, es porque ya de por sí estoy agotada, y no tengo la misma energía que he tenido siempre para cagarme en lo que pensaran los demás.  Porque, pese a lo que yo crea, o ellos mismos digan, soy coherente con una cosa: las cosas se van a acomodar con el tiempo y, pese a cualquier palabrerío, van a pasar como tengan que pasar. Sea o no sea a mi favor. 

sábado, 5 de diciembre de 2020

Juzgar siempre

¿Por qué la gente se dedica a mirar la vida de los demás con los lentes atrevidos y del prejuicio, antes que a cerrar la boca? 

A veces, claro, me reconozco el punto fácil para criticar. Ser la menor de tres hermanas implica tener a dos personas, además de tus padres, que miden tus acciones con sus vidas aparentemente resueltas.  

Estoy realmente harta que opinen. Que digan pelotudeces sobre mi vida. Que se fijen en que gasto mi dinero, con quién tengo sexo, qué amigos tengo, la carrera que estudio. ¿Que mierda importa lo que haga yo, si todos los demás hicieron ya su camino? 

Lo he hablado en terapia. Llegue a la conclusión de que depositan en mi demasiadas expectativas. Están acostumbrados a que yo sea un poco más madura para mí edad en algunas cosas, y no se dan cuenta, que también tengo derecho a equivocarme o a vivir la vida que quiera. Tengo casi veintiséis y quiero hacer lo que realmente sienta, porque se que quizá más adelante no tenga las posibilidades que tengo ahora. 

No me interesa tener una pareja formal. 
No me interesa tener hijos. 
No me interesa hacer lo que hacen todas. 

Me interesa trabajar, estudiar, facturar y en la medida de lo posible, mudarme. Pero eso sí, a mí tiempo, cuando pueda. Cuando tenga dinero suficiente.  No cuando los demás opinen que tengo que hacerlo. 

Porque eso es lo más gracioso: mis hermanas me juzgan pero siempre vivieron sometidas por el mandato de mis padres. No estudiaban y trabajaban a la vez. Una de ellas se la pasaba todo el día solo en la facultad y la otra trabajaba y lo que había estudiado no le daba frutos. Y yo no digo que eso este mal. Pero lo digo porque hicieron su camino. Les fue bien o mal, pero lo hicieron y decidieron. 

Yo soy una persona que realmente no me meto en la vida de nadie. Realmente. No gasto mi tiempo en eso. Y me esfuerzo mucho también para tener mis cosas. Es obvio que voy a buscar lo mejor para mi, pero siempre, dentro de mis propios parámetros. Obviamente.  

Cansa mucho la gente que se cree que nada tiene que revisar en su vida y escupe lo de los demás. 

Sin ir más lejos, hace poco, me decidí a encarar algo a nivel académico que creo que me puede sumar. Le ofrecí a una de mis hermanas que hagamos eso juntas. ¿Saben que me contestó? "Yo para estudiar algo estudio en la UBA, si no, no estudio en tu Universidad, para mí es de menor categoría".  Mofe y me la quedé mirando. 

Juzgar siempre. 
Mover el culo jamás. 
Hacer las cosas solo siempre es distinto. 
Yo estoy haciendo todo sola. Y eso supone ritmos diferentes. 


Opinólogos II

 A veces la gente cercana se cree que dicha aproximación los autoriza a opinar, pero no es así. Es por eso que últimamente estoy cansada de tener que bancarme escuchar cosas que, en realidad, o no puedo responder o no me interesa considerar. 

Indigna, si. Uno que sí sabe, que sí lo está viviendo, que sí conoce en carne propia, ya tiene suficiente con su propia cabeza y sus propias batallas como para que vengan a dar juicios cuando nadie los pidió. 

Basta. 

viernes, 4 de diciembre de 2020

Finitud

Ayer fue a la oficina. Tuve un día de miércoles, la verdad, pero salí y dije: "realmente un día me voy a morir y ya no voy a tener ni margen para preocuparme porque no responde un correo electrónico laboral,  o por el lleva y trae de dos tipos grandes pero muy imbéciles que trabajan mal. Tampoco tendré margen de preocuparme por la plata o las cosas que hay que pagar, ni mucho menos, por si Galeno quiere seguir jugando a los amigos virtuales o no".  

Entonces, como caí realmente en la cuenta de que me puedo morir en cualquier momento, me dije que no quería perder más el tiempo. Y no, no quiero perder más el tiempo. Al menos, no quiero quedarme apaciblemente quieta, inmóvil, esperando que el tiempo pase y me traiga algo mejor... Porque si yo no lo busco, o no me muevo para obtener lo que quiero - en todo aspecto -, nadie lo hará. 


miércoles, 2 de diciembre de 2020

Esquinas curiosas

 Todavía recuerdo cuando, hace más de un año atrás, Galeno apareció en mi vida. No voy a decir que la modificó por completo porque no sería cierto, pero sí admito que en algún porcentaje la alteró en dimensiones inexplicables para mí; siempre tan cuidadosa, estructurada y reticente a los cambios bruscos. 

Empezamos a hablar un siete de agosto y, él, muy suelto de cuerpo, días antes del cinco de septiembre me había ofrecido viajar a Buenos Aires para que nos conozcamos personalmente. Sí, ahora sé que los tiempos de Galeno son así, que a sus cincuenta y tantos no va a andar rumiando y dándole vueltas excesivamente a las cosas. Pero en ese entonces, no lo sabía y estaba entre sorprendida y asustada. Lo que podía parecer un torbellino también podía ser una catástrofe, eso era lo único que tenía en claro.  ¿Qué iba a hacer? ¿Encontrarme con un desconocido, en  CABA, para qué? ¿Para vernos, para tomar un café, para tener sexo, para que me secuestre o para pasar un buen rato? ¿Qué iba a hacer? Primero le dije que sí, que quería que viniera, y en cuanto lo pensé mejor, le dije que no. Que tenía miedo y que no podía acomodarme a esa nueva situación en tan poco tiempo. Que, para mí personalmente, si bien me gustaba hablar con él, todavía me daba miedo la idea de conocernos en persona. 

Mi familia, en un principio, no ayudó. Mis padres se quedaron pasmados, en especial, porque les costó entender el móvil de esa historia, de que una persona de otra provincia de la Argentina de un día para el otro se materializara en mi vida como si tal cosa y tan amigos... A mis hermanas, no se los conté de entrada. La única persona que sabía, desde el vamos, a través de breves comentarios, era mi mejor amiga. 

Cerca del seis de septiembre quedamos en que Galeno no iba a venir a conocerme, pero no dejamos de hablar. La verdad es que nos gustaba hacerlo, nos entendíamos, y eso no se podía negar. Aunque tuviera miedo de conocerlo, sentía deseos de hablar con él todo el tiempo, y de escucharlo. Pero no me lo podía permitir internamente, estaba negada a reconocerlo en aquél momento.  

Unos días después de tomada esa decisión, me junté con mi mejor amiga. Bajé del colectivo desde el trabajo y nos encerramos a charlar en un barcito en el que siempre merendamos. Mi amiga me dijo, mucho tiempo después, que yo tenía el semblante que tienen las personas cuando pierden a alguien que les importa y que eso, necesariamente, no podía generarlo un amigo virtual. 

Esa tarde tuvimos una charla muy profunda. Fue, ahora lo sé, la charla correcta, aquélla que me abrió los ojos y cambió gran parte de mi vida respecto de lo que es actualmente. Mi mejor amiga fue la única persona que no me juzgó de entrada, que me escuchó, que se puso en mi lugar y que trató de ayudarme a que no viviera infeliz por una decisión que había tomado y que, lo comprendería después, había sido en base al miedo y no en base a mi propio deseo. 

- ¿Vos estás segura de que no querés que venga? - me preguntó. 

- No, no estoy segura... pero... considero que es una locura que viaje. Y que además es muy pronto. 

- ¿Por qué una locura? 

- Porque puede ser cualquier persona, y además, porque ¿quién viaja de la nada desde *** hasta Buenos Aires por una mina cualquiera? 

- Quizá vos no sos una mina cualquiera... Yo creo, y no lo defiendo porque no lo conozco, que una persona normal no te dice de venir porque sí a una provincia. Lo debe haber pensado antes de proponerlo. 

- Boluda, esto es ficción, dejame de joder - me quejé, con ironía - ¿Cómo llegamos a hablar de ésto? O sea, es virtual esta situación, no es real - argumenté. 

Mi mejor amiga mofó. 

- Tenés cara de haber dejado pasar a alguien real, disculpame que te lo diga - intervino. 

Me quedé en silencio. 

- ¿Vos qué harías? - le pregunté. 

- No sé. Realmente, si estuviera en tu lugar, no sabría qué hacer. Entiendo tu punto de vista y entiendo la decisión que tomaste.... pero no te veo feliz, tampoco estás aliviada... No sé. De todos modos también sé que es re difícil. 

- Es que... - suspiré - si yo cierro los ojos quiero que venga. Pero si los abro, y veo la realidad, y veo que puede ser el jefe de una red de trata, ¿cómo vuelvo a cerrarlos? - argumenté - Es una locura. ¿Me explicás cómo estamos hablando de esto, si hace un mes no existía este flaco?

Sacudí la cabeza 

- Porque te está generando cosas, boluda - argumentó - Yo lo unico que te puedo decir es que, sea cual sea la decision que tomes, te tiene que hacer feliz a vos. Miedo vas a tener siempre, pero más vale tenerlo y enfrentarlo por algo que te haga feliz a tenerlo y no hacer nada con el. 

Suspiré 

- Ya sé -  dije - Te voy a ser sincera con algo... 

- Sí, amiga, por favorrrr - espetó, en broma. 

- No estoy para nada feliz con la decisión que tomé. No es lo que yo quería hacer. Todos me dicen que es una locura y tienen razón. Además, es un tipo grande, y ya sabés que yo no quiero ni oler a un tipo grande a siete mil metros... 

- Bueno, pero no todos son iguales. No toda la gente hace lo mismo. Él te está diciendo de venir, pensá en eso. ¿Qué querés hacer con eso en este momento? 

Me la quedé mirando fijamente. Estaba muy muy movilizada y sensible ese día. 

- No arrepentirme más adelante de la decisión que tomé hoy - admití. 

Lo que yo no me estaba dando cuenta es que, con solo decir eso mismo a mi amiga, ya estaba arrepentida. 

- Esa decisión siempre se puede cambiar. Siempre podes volver atrás y pensarlo mejor si te arrepentís. Por eso es bueno que sigan hablando, porque quizá más adelante te hace cambiar de opinión... - me dijo - Capaz que te das cuenta que querías hacer otra cosa o que tomaste una buena decisión... Pero decidir así en el aire, es muy pronto. 

Faltarían varios meses más para que mi amiga tuviera razón. Cuando finalmente nos encontramos con Galeno, personalmente, le conté esta historia. Le expliqué que, por suerte ese día tuve una amiga que me escuchó y me abrazó y no me juzgó. Y que eso hizo posible, en gran medida, que juntara el valor y me olvidara del qué dirán para tomar la decisión. Para que pudiera repensar lo que había hecho y patear el tablero, esta vez, para el lado indicado. 

Con el tiempo, mi familia aceptó la situación. Mi mamá en septiembre estaba espantada y me decía que estaba loca, a lo que yo respondía con evasivas o silencio, y en octubre ya me preguntaba si Galeno me había escrito como si fuera conocido de toda la vida o sonreía cuando hablábamos por teléfono.  Mi padre, por su parte, se mostró mucho más silencioso y cauteloso, aunque yo creo que se enteraba de todo por medio de mi madre y que tampoco estaba cómodo con la situación al comienzo.  No obstante eso, para noviembre, ambos, al ver una foto que tenemos juntos con Galeno de uno de los primeros almuerzos compartidos, concluían en un: "tiene cara de buen tipo, quedan lindos", que parecía salido de otra película. 

Todo, afortunadamente, puede cambiar para bien en un segundo como ocurrió entonces. Y luego todo puede cancelarse, por una pandemia, como también sucedió. La vida tiene esquinas muy muy curiosas. 

Dios sabrá para qué. 

martes, 1 de diciembre de 2020

Conexión

 Su cuerpo me miraba desde abajo. Montada sobre el, yo lo miraba desde arriba. Sus ojos estaban brillando y me miraba fijamente con ellos, con un dejo de felicidad en el rostro. Cómo si no quisiera perderse ningún momento, ningún costado; absolutamente ningún detalle. Yo lo miraba también, contenta de compartir ése instante consigo, de conectarnos así. No hacíamos nada físico ni sexual, nos mirábamos. Hasta que me sonreí y para abrazarlo, fue extendiéndome como una garrapata a lo largo de su cuerpo. 

- Antes que cualquier otro cosa, esto - le dije. 

Él se rió. 

- Si, quedate un poquito así conmigo - me dijo. 

Así que me quedé, tendida sobre él, aprovechándome que es más macizo y alto que yo. Lo acaricie en sus costados, suavecitos y le di besos en el pecho y en la mandíbula. Él se dedicó a observarme y a dejarme la libertad de hacer consigo lo que me saliera de adentro.  Me incorporé un poco para mirarlo, y me peinó para un costado todo el pelo. Le sonreí, porque siempre le digo que me lo voy a atar y después me olvido para que no nos moleste. Y siempre él me pide que no, que por favor lo deje suelto, que le encanta, que no le molesta... y así es que me lo peina, con amor y paciencia. Estaba poniendo cara de niño mimado, así que le di un beso en la mejilla, mientras dejaba que su barba perfumada me acaricie el rostro. 

- Me estoy poniendo mimosa - lo burlo, teniendo en cuenta el estado de situación. 

Me besa en los labios de una forma húmeda e irreparable, por lo que mi cuerpo enseguida se dispone al cambio de escenario. Me acaricia tiernamente la espalda y me deja caer hacia un costado. Yo, con eso, estoy entregando oficialmente mi rendición. 

- Déjame verte - musita, acariciando todo mi cuerpo,  ahora con las posiciones invertidas. 

Una vez más se me queda mirando, despacio, sin ningún apuro, y no puedo evitar sentirme avergonzada. Me río. Galeno tiene una mirada muy intensa, que se te pega en todo el cuerpo, aunque se lo nota cómodo y contento.  Me aparta algunos mechones de pelo que se me vinieron a la cara y me acaricia suavemente las mejillas. Vuelvo a sonreír y lo miro fijamente.  Lo veo sonreír también.  Me siento afortunada por su cuidado, su respeto y su calidez. Verlo sonreír, con su cara de contento, es una maravilla. 

- ¿Tannnnto me vas a mirar? - le pregunto, divertida, en voz muy baja.  

- Sí. Toda. Lo estoy disfrutando - me dice, con tono burlón. 

Sonrío con deseo y calidez. Lo miro, ya en silencio, superando la vergüenza o las bromas. Sé que no se me borró la risita boluda de la cara pero no me importa. En el rostro de Galeno veo otra igual y eso me alivia y me hace sentir segura. Lo que más me gusta de él es que vaya despacio, disfrute cada eslabón de la cadena, y no corra ninguna carrera. Y él lo sabe, entonces, ese es el punto donde encajamos. 

Le acaricio la cara y parte de la frente, con familiaridad. Puedo absorber el aroma de su perfume Armani, del shampoo, el jabón y hasta de su desodorante. En ese momento, es mi Galeno. Nadie sospecha el advenimiento de una pandemia ni nada por el estilo. Tenerlo tan cerca, al alcance de mis manos, oliendo tan rico; solo aumenta mis ganas de apretujarlo.

Casi después de que retiro mi mano de su rosto, lo hunde en mi cuello. Me huele también y se ríe por lo bajo. Sé por qué. Él suele decirme que adora mi olor, ése olor característico de las personas, que no tiene tanto que ver con productos que uso. Dejo que me huela, me bese y me aspire. Amo que me investigue así, me parece super delicado de su parte. Cierro los ojos, sin poder evitarlo, y me dejo llevar. 

Le presto mi piel tersa, suave, adornada con olores y asumo el préstamo de la suya, suave e igual de perfumada. 

Si eso no es conexión, yo no sé qué es.