miércoles, 26 de febrero de 2025

La fiaca domina mi cuerpo

 Mañana inesperadamente tengo que ir a la oficina. Mi jefa me pidió ayuda para ordenar después de la mudanza por el manejo de toda la información confidencial del sector, así que toca ir. ¿Siendo sincera? No tengo NI ganas de ir a ponerle el orden nada a estos chetos, pero... Del otro lado, ella siempre me dio permisos. Siempre me autorizo salidas cuando lo necesité y hasta me pude tomar medio día para ir a la entrega de medallas de mi sobrino cuando fue; así que corresponde devolver esos buenos gestos a ella y no tanto a la compañía.

 Convengamos que los desacuerdos ideológicos siguen ahí, que le trabajo a un ex funcionario de un gobierno que no apoyé durante su mandato, que soy de ideología opuesta al tipo. Sí. Lisa y llanamente, es así.  ¿Si conmigo como empleada cumplen? Sí y yo cumplo con ellos. Es lo que corresponde mas alla de las convicciones de cada uno...  Pero la policía y la cuestión de clase es permanente. Y hoy, cuando ya llevo casi dos años laborando ahí, llegué a la conclusión de que creen ser mejores de lo que son y si bien ea una muy buena empresa, eso no se si llega a lls empleados del todo en cuanto a reconocimientos simbólicos, económicos, etc. 

En fin... ¿Será que uno siempre quiere ir un poco más allá, porque siente que en el laburo pone mucho?  Puede ser... no sé.  

Nada de esto, sin embargo, hace que quiera irme o cambiar por el momento. 

II. 

Por otro lado, y cambiando de tema, estoy bastante malhumorada porque en mi casa se rompió el termotanque. Dios, es un espanto estar sin agua caliente, o con tan poca, y bañarme se traduce en una cruzada.  Mi papá dijo que lo iba a cambiar en breve, pero no sé que entiende por breve. Para mi el agua caliente a presión es necesaria para la vida, la salud mental, la existencia misma. 

Mientras tanto, hasta que se desocupe porque no quiere que venga nadie a poner un termo nuevo qué ya tenemos, yo tardo tres años en lavarme el pelo, otros tres en lavarme el cuerpo, ni qué decir en exfoliar mi piel y todo el paso a paso. 

¿Si puedo simplificar la rutina? No. Si yo no me baño todos los días, no soy yo, pero además, si no me hidrato, y me cuido la piel, enseguida se me empieza a escamar, a secar, etc. Es decir que aunque tarde tres horas, toca hacerlo así. Es decir, básicamente necesito tener buena presión de agüita caliente cuanto antes. Y espero que realmente sea muy pronto. 

Hoy me bañé lentamente pero hice la rutina super completa. Después me modelé el pelo porque me levanto con el pelo en pausa a la mañana y me armé de amor propio y paciencia porque se me está yendo el efecto del alisado y tengo que ver cuánto me sale. 

Mientras tanto, ya preparé todo para mañana. Iré en un look muy sencillo: jean negro, remera negra informal, zapatillas negras y campera de jean negra. No creo cruzarme a nadie en la oficina y eso me relaja. Pero ahora que lo pienso, por la elección de colores del look informal: ¿a quién estoy enterrando, no? 

Lo bueno es que después de mañana jueves, el viernes vuelvo a trabajar en casa. Es simplemente ir, tomar un poco de aire, apreciar la lindura del Río de La Plata y seguir en esta burbuja que es sencillamente la espera constante de la llegada de la lluvia. 

martes, 25 de febrero de 2025

"Too young to hold on and too old to just break free and run"

Viernes 

-        El otro día me escribió Galeno – le comenté a mi terapeuta.

-          Ah, mirá vos. ¿Qué te dijo? – me preguntó, sorprendida.

-          Me mandó un mensaje porque vió una actriz parecida a mi en una película y me dijo que se acordó y quiso saber cómo estaba. Todo bien, igual, yo no le guardo rencor ni en pedo. Charlamos bien, pero siempre manteniendo la distancia necesaria.

-          Curioso ¿no?

-          Creo que sí, justo en éste momento… Pero lo preferí. Me hizo pensar que la persona que te quiso, o que te quiere de otra forma inclusive, te lo sigue demostrando.

-          Es importante ver que hay personas que están conectadas al deseo. Aunque sea el deseo de enviar un mensaje, que no dan vueltas, sino que lo mandan. Se hacen cargo de su deseo y se mueven… - observó – Lo mismo con el grupo del que ahora formas parte, donde hay un deseo por aportar a la comunidad, y organizan, lo llevan adelante…  Con Javier estabas viendo otras cosas desde hacía tiempo.

Asentí.

-          Sí. Cualquier cosa es mejor que ver a un tipo mirándote sentado en una silla como si estuviera vencido. Esas son las imágenes que me llevo de él. Quizá son las imágenes que más lo representan después de todo. Pero es durísimo de ver. Un tipo que le estás diciendo mil cosas y que lo único que hace es mirarte sentado en una silla, con la cara contraída, como si no pudiera hacer nada para cambiarlo. Así estaba. Se le contraía la cara, le costaba mírarme, hasta se levantó y se fue al baño porque era como que no podía sostener esa charla y… no hizo nada con eso.  Prefiero que Galeno me mande un mensaje, meterme en un grupo que puede moverse,  y no quedarme mirando eso. Esa cosa de…

-          Vencido… - musitó – es una palabra muy fuerte. Dijiste vencido recién.

-          Derrotado y… sí, vencido – admití, con ironía.

-          Es como que ya no está en vigencia…

-          Nah. Lo mío es asumir que no me quiere, esa es mi batalla, y es algo de lo que me voy a ocupar, me ocupo a diario si aparece algo que me duele, es una pelea que voy a dar. En cambio, yo lo veo a él y no se trata ya de esto que pasó conmigo… Es como que ni siquiera por él mismo lo hace. Por su propia vida, por su propio deseo.

-          No, no parece importarle su deseo. Para desear hay que hacerse cargo y Javier parece hacer todo lo contrario… Es como si toda su actitud buscara evitar ¿no?  Evitar los pensamientos, evitar las consecuencias, evitar su propio deseo… Y quedarse así, aunque sea infeliz.

-          Sí. Y eso es lo peor, que aunque sea infeliz ahí se va a quedar. Pero yo no estoy dispuesta a eso. Por eso cuando tuve esa charla, dificilísima, que implicó verme en una situación muy similar a la que viví cuando tenía 19 años… No sabés lo que fue. Y lo hice – tomé aire, porque se me estaba haciendo difícil hablar – Yo te juro que lo miraba y pensaba “no sé cómo despedirme de él sin que sea un dolor, un desgarro, pero lo tengo que hacer”. Y sí, mientras lo miraba, pensaba cómo hacer para salir. Porque yo ya me había ido de esa casa, de esa misma cocina inclusive, llena de odio. Y te juro pensaba cómo hago para no repetir, cómo hago para cambiar la historia, para hacerlo sin violencia, sin odio… - inspiré – y como que yo me hablé… y dije “bueno, tenés que irte de acá”.

-          Claro, empezaste a acompañarte…

-          Sí. Me ayudé a salir como no pude salir de ese lugar hace diez años. Yo agarré, miré la situación, tomé coraje y dije “bueno, ahora junto fuerzas, me pongo a buscar un Uber, charlamos de alguna boludez, y me voy”. Obviamente, me hubiese ido corriendo, y llorando. Pero no… Me calmé, sostuve, y me fui bien. Sin drama. Porque por ninguna razón, y mucho menos por dramática, una persona que no te quiere te va a querer. Tampoco sumaba.

Resoplé.

-          Hace más de diez años, cuando me tocó irme llena de odio , no sabía cómo seguir. Me fui como pude. Llegué a mi casa y no me podía poner ni siquiera el pijama. Estuve semanas sin poder llorar. Estaba en shock. Había sido horrible la charla, la despedida, todo…  Y te juro que dije “no, esta vez no va a pasar lo mismo; yo tengo 30 años, tengo más herramientas, me puedo sacar de acá bien, aunque no salga indemne”. Y me alegra haberme sacado, fue como más justo… - dije, y se hizo un silencio hondo – Yo llegué a mi casa, me pude poner el pijama, pude llorar. Me duele, sí, pero… me alegra mucho haberme ido de esa casa sin odio, sin enojo, despidiéndonos con un abrazo. Me alegra que dentro de todo lo feo que fue encontrármelo unos días después, pude sostener, no tratarlo mal, sino simplemente aceptar y manejar la situación con cordialidad.

Se hizo otro silencio en la charla.

-          También fue irse como una mujer y no como una niña. Sostener esa incomodidad es algo que un adulto haría, además, dejar en claro inclusive en el encuentro del sábado, que no es enojo, ni rabia lo que tenés para devolverle, sino que sostenés lo que conversaron – musitó.

 

Asentí.

 

-          Es que me parece absurdo fingir demencia como la finge él. Él no me va a querer porque yo no enoje y esto tampoco es enojo, es ponerle palabras a las cosas. Porque el dice que sí, que sabía que tenía una fecha, que era algo finito lo de nosotros, pero jamás se atrevió a ponerle la fecha. Cuando yo le planteaba las cosas me decía que no quiería hablar, que ya sabía, que sí, pero bueno, si ya sabés, si tenés todo ordenadito, hablá como una persona adulta y no como un adolescente rechazado…

-          No se comportó de una manera adulta, más bien, bastante infantil… Como evitando todo el tiempo hacerse cargo.

-           Sí. Y poco me importa si se hace cargo o no. Yo se lo tenía que decir, porque es la verdad, es lo que creo. Y me tenía que ir. No porque quería que la deje, o que me diga algo. Esto de la respuesta que me dijo va mucho más allá de si dice o no dice. Es una respuesta que no se puede ni dar a él mismo, mirá si me la va a venir a dar a mí… Nah, para mí esto no fue una encuesta..

-          No, tampoco fue una propuesta…

-          No, y además, Javier no la va a dejar. Y no hablo de que no la deja porque la quiere. No la dejaría porque dejarla implica mover toda la estantería, quedarse solo, hacerse cargo de dónde quiere estar, y asumir todo eso para él es imposible.  Y esa es la respuesta. Como amante, puede buscarse a otra mina, no me importa. Pero ya está, por lo menos yo me pude ir. Y sí, obvio, después lloraba cargando pagos en el sistema – ironicé – pero lloraba. Lloraba y me decía “qué bueno que podés llorar ahora, llorá, no hay problema, total los pagos los cargas después, vos llorá”.

lunes, 24 de febrero de 2025

Sobre el otoño, la lluvia, el alivio y la vida

La luz de la ventana me pega de frente. Eso tiene de bueno trabajar en mi habitación, que la luz me pega de frente, y se escuchan los restos de la lluvia.  Amo la lluvia. Quizá la ame para siempre, tal y como vienen las cosas. Es lunes y continúo trabajando en casa, por azar, o por mudanza de la oficina, el olor a tierra mojada que viene desde el jardín me invade. Qué cosa hermosa, por Dios. Miro la lluvia y pienso: ¿cuántos días faltan para el otoño?  Menos de un mes. Menos de 30 días. Porque lluvia y otoño son para mí las dos mejores cosas que se ven, se sienten y se repiten en éste período del año que se aproxima. 

El otoño es una de esas cuestiones de la vida que me hacen feliz. Sé que quizá a mucha gente le cae pésimo, pero si solo tengo que hablar de mí, desearía que durara mil meses.  Lo espero, lo ansío, lo disfruto y lo despido con la ilusión por el que vendrá. 

En otoño, por lo general, siempre estoy ocupada. Siempre estoy trabajando, estudiando, y siento como si no tuviera el suficientemente tiempo para mirarlo. Porque si algo es cierto es que lo miro todo lo que puedo. Lo miro, salgo al sol, lo disfruto, disfruto los colores, los cielos, las hojas por todos lados, lo artístico y poético que todo me parece al ritmo de un vientito más fresco, más ropa cálida, más cafecitos, un solcito benévolo bajo el cual puedo leer horas, unos cielos despejados  y unos cielos grises que parecen pintados. Hay tanto que me gusta... y deseo poder mirarlo más éste año. Por eso, extendí las vacaciones todo lo que pude y me las pedí para cuando casi cuando empieza el otoño, para vivirlo y no solamente trabajarlo o verlo desde una ventana, o vivirlo los findes. Y pese a que se hace largo el verano en la oficina, agradezco esa decisión que tomé. 

Es obvio, pero, en éstos momentos de mi vida me agarro fuerte de lo pequeño. No quisiera estar agarrada a algo incorrecto cuando el mundo tira para abajo - parafraseando la canción - y creo que en disfrutar de lo pequeño bien podría basarse mi paz. Siento alivio, ya lo he dicho, pero además siento que me retiré de una batalla absurda y eso es un paso enorme. Ahora toca sostenerlo, sí, pero sabiendo que está claro el por qué. Cuando no te quieren, es tan liberador en un punto, y creo que por eso siento alivio. Alivio porque pienso bueno, listo, no me quiere, ya no tengo nada que explicar o nada que dudar, o nada que pensar, ni mucho menos nada que hacer con el otro; todo depende de lo que voy a hacer conmigo, y sé que yo misma puedo sanar, soy capaz de darme esa calma que necesito

Y sí, hoy en día me siento súper conectada con eso: puedo seguir adelante, disfrutando del camino, y sí claro, apreciando si otras personas me quieren y en cualquier caso viendo qué onda, aunque no es algo que sea condición para estar bien y reordenar mi vida, devolver toda esa energía del conflicto, y todo ese deseo, y ese empuje, adentro del círculo más íntimo.  Porque saber que alguien que nos hace mover tanto no nos quiere, después de todo lo que pasé, es un pasaporte para la libertad y la paz que necesitaba. 
Yo solamente quería que esto se defina, se termine de algún modo, y no quería que fuera desde el drama o la violencia. Javier siempre lo reducía a que no me enoje, decía que no haga así las cosas, o reducía todo aquéllo que no tiene el coraje de aceptar, como algo que sí, ya se iba a terminar, que él sabía que esto tenía un fin, etc. ¿Pero cuándo? ¿Cuándo iba a juntar el valor para ponerle un punto final? Jamás. Cuando me di cuenta de eso, no, no hice las cosas como siempre. Maduré en el camino para poder trascender ese conflicto, abrir una puerta, y también poder salir de esa tensión.  Y fue de lo mejor que hice cuando hace casi 3 años me vino con una confesión que lo cambió casi todo. 

No siento que haya más que hacer, ni que explicar. Todo lo que soy, estuvo. Y no fue visto, ni apreciado, ni siquiera para las actividades más mundanas. Y creo que eso es un límite claro. Yo hice todo lo que podía hacer, inclusive, correrme del dolor, del rencor o del desprecio y salir de ese campo minado como una adulta. Hice todo lo que una mujer, y no una niña, podía hacer. Lo malo, lo bueno, lo regular. Inclusive, en nuestra última charla, también le expuse mi humanidad a Javier para que se diera cuenta lo que hacía con sus impulsos y le dije que ninguno de los dos merecía esto, y que yo sinceramente creía que no me merecía pasar por todos los planteos que había pasado. Y más allá de que lo entienda o no, de lo que haga o no, de que simplemente sepa y jamás haga absolutamente nada más, yo sé que esta charla, ésta renuncia que llevé adelante, trascendió el hecho de tener razón para poder estar en paz.  

Fue una charla, una decisión, un contexto, difícil. Javier se comportó como un niño en esa charla y el gesto de dolor en su cara, las dificultades para mirarme, la evitación, son cosas que no me olvido. Pero bueno, son cosas que tampoco me pesan tanto hoy por hoy, porque por ninguna de esas cosas que le pasaron con mis palabras, tomó una decisión. Así que... ¿qué importa después de todo?  Lo importante fue que esa charla tan difícil para mí la pude llevar adelante, pude decir lo que pensaba, pude tomar ese lugar que me quería dar, afrontar eso, y decirle: "el problema no es cómo hacés esto, sino, que lo hagas". Y sí, me llevó muchos años poder poner en palabras ésto, pero hubo un día donde pude.  Y ésto que siento ahora, es una mezcla de alivio, de felicidad, de tristeza, de calma... Una calma por la que saldría a festejar a la calle como si el club de mi barrio hubiese metido un golazo. 

Ahora, después de mucho, éste aspecto tiene un poco más de claridad en mi vida. Sí, hay una persona que no me quiere, y eso nunca es lindo de admitir, pero no quita que existan otras personas mejores que sí lo hagan, personas que lisa y llanamente tengan ganas de estar conmigo y hagan en consecuencia de esas ganas. Personas que se hagan cargo de su deseo y ejecuten. Personas que tengan bien en claro para que están vivas y no se fumen el tiempo. Que no me lleven al límite de mostrar mi humanidad, mi piel y mis huesos, para que reconozcan que estoy ahí.  Sé que soy más que un lindo cuerpo, eso realmente no me preocupa demostrárselo a nadie. Y además, sé que si una persona te quiere se queda con vos, hace lo posible, lo intenta, se hace cargo. Si nada de eso ocurre, podés irte. 

Yo ya soy libre. 
Me fui. 


sábado, 22 de febrero de 2025

Carrito básico II

 La última vez que pasé por acá para hablar sobre éste tema, planteaba la disyuntiva entre el precio de cosas de cuidado personal que tenía que reponer y la plata que eso me representaba de acuerdo a mi nivel de ingresos y mis obligaciones.  Debo decir que hice lo que pude, otro poco lo que quise, y otro poco lo que debía. 

Lo que sé con certeza es que para los meses siguientes me tengo que comprar algunos básicos de invierno y no sé por dónde empezar a planificar. ¿Y por qué planificar? Porque no me puedo fumar todo mi sueldo en ropa, básicamente,  y porque uso ropa muy elegante para el trabajo y muy normal para todos los días.  Entonces, me tengo que sentar a pensar bien cómo ejecutar siendo una temporada donde me gusta el 98% de las cosas que se usarán y donde si pudiera me compraría de todo.  Es increíble, porque yo no sigo la moda, pero hay temporadas donde agarran tus colores preferidos, tu tipo de onda, y maldecís al capitalismo con todas tus fuerzas porque es una tentación tras otra. 

De otoño, me haría falta comprarme un pantalón negro de vestir, porque el que tengo dió su adiós, y realmente no lo puedo usar para salir a la calle.  También, necesito poleritas finitas de cuello alto para usar debajo del bleazer y un buen suéter abrigado con un corte clásico para los días fríos porque el que tenia de batalla, está bastante percudido.  Sí, en la oficina ya sé que es otra etiqueta y por eso tengo los pendientes muy identificados.  Para andar por casa, tengo otro tipo de ropa, más cortita, deportiva, donada, que me pasaron mis hermanas, con la que voy a la facultad, salgo a hacer las compras, y ando por mi amado conurbano sin problemas, que si bien necesitaría cambiar, lo hago con más lentitud.  Para trabajar todavía sigo necesitando algunos básicos, especialmente, en un entorno donde todo es imagen, y eso se suma a que históricamente nunca tuve demasiada ropa. 

Noto que me haría falta un abrigo más de vestir, como por ejemplo, un tapado. Pero eso es un tema distinto. Es otra suma de dinero, es algo a analizar, o bien, es algo a lo cual debo resignarme. Es que con los abrigos me ocurre algo que sí es cuestionable: yo sufro MUCHO el frío y necesito que las prendas que compro me abriguen de verdad.  No me importa si estoy años con la misma campera, de hecho, tengo una campera hace siete años que me resisto a dejarla porque es abrigada y porque la amo, y porque me la regaló mi mamá. No me importa si ya no se usa. Lo que me importa es que me abrigue.  Es decir, que sean térmicas, bien acolchonadas, con buena calidad de telas para que cumplan la función...  Y en mi experiencia, con camperas de menor calidad, o suéters de menor calidad, he pasado frío, he sentido que tiré la plata, me he tenido que poner 3 capas de abrigo... Un suplicio. 

Desde entonces consideré que siempre que pueda, voy a invertir en abrigos. Y en éste caso, el abrigo que necesito es un tapado largo que sea más de vestir, obviamente, para abrigarme cuando voy a laburar y quizá estoy de bleazer, pantalón sastrero, mocasines, y no puedo clavarme lisa y llanamente mi campera inflable de color rojo o verde como haría si fuera al chino o a nadar.  Tengo un tapado corto, hermoso, abrigado, pero estaría necesitando un tapado más largo y negro, al menos, desde la experiencia gélida del invierno pasado donde los pantalones de vestir eran una antesala a la antártida a las seis y media de la mañana en la parada. 

 La cosa es que por lo que estuve viendo, los tapados, más allá de mis esfuerzos, son una palabra mayor en cuanto a precios. Y esto me hace dudar entre ir a Once o a Flores y fijarme qué puedo conseguir por una décima parte o invertir quizá en uno que me dure impecable unos cuantos años, de marcas que se dedican a hacer únicamente esas prendas. Tambien, pensé en comprarme un gamulán, que es una prenda que quiero hace años... Pero de nuevo: los de marca están muy caros, y los que encuentro a un precio módico, me hacen dudar mucho de su resistencia porque son de ecocuero, y el ecocuero se levanta al corto plazo si le das mucho uso.  Y yo lo quiero para ir a trabajar todos los meses de frío, así que...  A analizar. 

Ya sé, todo esto es culpa de mis viejos. Siempre se los reprocho en joda, pero es verdad. Como veían que era friolenta desde chica, siempre invertían y me compraban la campera más abrigada y  yo lo súper agradecía. Para mi era todo un acontecimiento, además, porque realmente elegía algo que apreciaba y valoraba, que usaba siempre, y que cuidaba.   Pero, ahora,  ¿ cómo se supone que sigo esa tradición de niña malcriada, eh? 

Ni qué decir la respuesta que me dió mi mamá cuando le dije que me tenía que comprar un tapado. Las marcas que me pasó de referencia, Dios mío. ¿Lo peor? Tiene razón en cuanto a precio-calidad-durabilidad, pero yo veo esos números y me cuesta un toque asimilarlo. Me parece un montón, no sé, algo en mi se resiste un poco a eso.  Yo sólo tengo que ingeniármelas para no morir de frío y listo, me digo, pero... 

Ya veremos. 

viernes, 21 de febrero de 2025

Los dientitos futuros

Hace unos días tuve control con mi odontólogo para monitorear la cirugía que me hice el diciembre. Ésto forma parte de un proceso largo, y tengo que controlarme de vez en cuando para ver cómo está reaccionando el cuerpo a los distintos cambios. Me tengo que volver a controlar en un mes, ahora, así que se vuelve a reiniciar el plazo de espera. 

Aparentemente, vió todo bien en la radiografía que me sacó. Eso es bueno, porque todo lo que es interno es algo que yo no puedo controlar ni ayudar y la única manera en que tengo chance de saber cómo va es a través de estos controles. 

Asimismo, le pedí que me examine porque estoy teniendo dolores en la mandíbula y en algunos sectores de la boca porque, claro, ahora mastico distinto.  Por lo vió, me dijo que no había caries, es decir, que el dolor tiene que ver con temas relacionados al bruxismo, a la posición en la que mastico, etc. Se fijó que quizá para darle más estética y funcionalidad podíamos nivelar uno de los dientes de atrás, lo cual me parece bien y lo evaluaré.  Y por último, me indicó que una vez que hayamos terminado el tratamiento va a hacerme unas placas de descanso para que a la noche, así no hago fuerza sobre toda la futura sonrisa y se reduce el dolor de mandíbula.  Creo que para esa época seguramente esté pudiendo masticar mejor que ahora. 

Mi dieta se basa en alimentos blandos. No como golosinas de ningún tipo. Consumo mucha palta, huevos, atún, pollo desmenuzado y carne muy muy chiquita. También, pastas muy pequeñas, y si como un sándwich es con cuchillo y tenedor. Como mucha más fruta, porque es rica y es fácil de masticar y mi elección recurrente es la banana que es fácil de llevar, de traer y accesible. También, como pan lactal con queso crema. Tomatitos, más palta, papas rotas - como las llamo yo - y empanadas con masa casera - las masas compradas son difíciles para mí, entonces amaso - y todo lo que sea blando, o se pueda triturar. Me amigué mucho con el queso en esta etapa. Como queso y dulce muy seguido, porque me llena y me resulta fácil. También, si tengo ganas de comer un alfajor, me lo corto en pedacitos bien chiquitos y lo remojo en lo que esté tomando. Las medialunas, lo mismo, deben ser las más blanquitas, y esponjosas que pueda conseguir. 

 Y así, van pasando los días, y las cenas, los almuerzos, las fiestas, las despedidas, los encuentros, las juntadas. 

Al principio de todo esto por octubre del año pasado, creo que por falta de costumbre, pasaba mucho hambre. Me tuve que adaptar a sacar un montón de alimentos, a no desear, y a comer despacio. Y creo que ahora el foco está en alimentarme para no pasar hambre y en que sea sencillo, más allá de si es muy rico o no. Adelgacé bastante en el camino, además de que le sumé deporte para descargar la ansiedad que me produjo estar tan limitada con la comida y que ingerir algo sea tan complicado.  De todos modos, también admito que todo esto me llevó a considerar hábitos más saludables, como reemplazar el chocolate, los alfajores y la cantidad de cosas que comía por ansiedad, por frutas, palta, budines blandos, o simplemente tomar alguna infusión. 

La gente a mi alrededor se olvida por lo general de las dificultades. Claro, me ve con el andamiaje provisorio que tengo y piensa que eso es definitivo, es decir, que podés masticar normalmente, pero no.  Yo tengo todo este andamiaje en toda la parte de adelante de la sonrisa, es decir, la parte que más se usa para masticar y la que más se ve. Y eso diría que es lo más tedioso del asunto; andar aclarando que hay cosas que no puedo comer, o pensar antes de reunirme cómo resolver la comida, y que te digan pero todavía seguís con esto, qué embole. 

Sí, hace casi un año que empecé a hacerme esta rehabilitación, es un proceso muy largo, que implica una transformación muy profunda. Me hice cirugías, me quité un colmillo, me arreglé y añadí estética a dientes de arriba y de abajo, me animé y acomodé cuestiones con las que llevaba casi 30 años viviendo. Es obvio que éstas transformaciones llevan su tiempo, pero creo que es el tiempo y el esfuerzo mejor destinado en mi vida. Y además, una recuperación que desde el primer día siento como un privilegio porque es un complejo con el que había cargado desde pequeña. 

 En abril, se cumple un año exactamente que empecé a transformarme con ésta rehabilitación y eso me transformó la visión de mi misma.  Sé que si bien avancé un montón, tengo que seguir todavía. Haciendo fuerza para que todo salga bien. Y sé que cuando todo haya pasado, voy a sonreír cada día y me voy a acordar de todo lo que hice para estar bien. Sana, sin dolor, estéticamente contenta y sin complejos. 

Espero sentirme orgullosa y sin dudas, sonreír por todo, como para lucir, vió :)

jueves, 20 de febrero de 2025

Los días van pasando y acomodando los sentimientos

Hace dos o tres noches que vengo soñando con Javier pero no recuerdo qué. Es raro. Mi sueño transcurre, la temática es otra, a veces ninguna en concreto, y Javier aparece como pequeños relámpagos.  Lo bueno es que no me levanto angustiada. Ya no estoy resistiendo nada. Ya no estoy haciendo fuerza para evitar nada. Es simplemente haber renunciado y saber que quizá esos sueños sean algo con lo que tenga que aprender a convivir hasta que vaya elaborando las cuestiones inconscientes que los convocan.  Creo que simplemente no vamos a volver a tocar ese tema y está bien, porque esa es la respuesta que Javier me debía. Este silencioso tipo es el hombre que yo necesité que fuera, el de la contención y la conducta.  

Mi vida, de éste lado, transcurre mucho más en paz. Creo que ya lo dije hace unos días, pero lo repito porque es un alivio. Ayer tuve mi primera clase de spinning, hoy me duele un poco todo el cuerpo, pero bueno... Trato de moverme, de hacer cosas que me ayuden a recuperar el entusiasmo sobre el día a día. De poner la cabeza en otro lado. ¿Qué otra cosa podría hacer? Ya no me quedan ganas ni siquiera de hacerme malasangre por él. Me conformo con que no me duela demasiado, con que sea algo a elaborar, con que aprenda a vivir con eso. ¿Qué se hace cuando a uno no lo quieren? Bancársela, básicamente. Y en eso ando.  Asumiendo que Javier no me dará respuestas, y que ésta es una historia a la cual ya no puedo pedirle más. Que esta es una situación de la que simplemente tengo que olvidarme. 

En esa vía,  había empezado a hablar con un tipo - conocido de la ciudad - pero decidí dejarlo en tierra. Un tipo más grande, pero joven aún, soltero, disponible. Estuve hablando varios días pero me resultó muy muy pesado, inclusive, controlador. Eso no me gustó ni un poco, así que lo descarté enseguida. ¿Salir de un mambazo como éste para meterme con un asfixiante? Ni en pedo.  En dos o tres días de charla ya mostró cierto rasgo invasivo, de querer preguntar todo el tiempo qué iba a hacer o dónde estaba, con un nivel de detalle que no me gustó. Se lo dije, obvio. A ésto me refiero con que no tengo problemas para marcarle los límites a la gente, en especial a los tipos, y éste es justamente el conflicto que venía teniendo con Javier, con quien me pasó siempre al revés, y que se constituía como mi debilidad en ese aspecto.  Una debilidad que estoy tratando de superar con todos pero todos pero todos mis recursos emocionales. 

Yo estoy súper acostumbrada a hacer la mía. Paso tiempo con mis sobrinos, salgo, voy, vengo. Si me quiero quedar en casa, me quedo. Si me quiero ir a nadar hasta las diez de la noche, lo hago. Si tengo que estudiar, me organizo. Si tengo que trabajar mucho un día y no quiero conversar con nadie para no interrumpir mi proceso, lo hago. Y me gusta mucho eso de mi vida.  Sé que si un día me quiero ir de viaje y tengo el dinero, me voy. Sé que si quiero ahorrar para irme de viaje con mis sobrinos, nadie me cuestiona. 

Y éste tipo, me demostró lo hostil que me pongo cuando me quieren controlar, o me empiezan a cuestionar por qué nado un día hasta esa hora cuando ni siquiera te tengo que dar explicaciones.  Resultó muy denso, ya me quería llamar por teléfono, un pesado. Enseguida, lo corté en seco.  Le pregunté para qué necesitaba saber tal nivel de detalle de mis movimientos, si con lo que le contaba bastaba para conocerse. Se hacía el hombre proveedor, el yo te protejo porque vos sos más chica... Cuando yo, por mi lado, le planteé sin dudarlo que buscaba una persona que tenga su vida independiente, sus ocupaciones, su trabajo, y no cuestione mi dinámica. ¿Y eso por qué? Porque me dió la sensación de que éste tipo buscaba alguien con quien tapar su tiempo al pedo, que le cocine y le lave la ropa, y no alguien con quien compartir.  Y yo, no tengo problema en compartir deberes, pero sí por algo estudio, trabajo y me esfuerzo tanto, es para no tener que depender de gente que me corte las alas. 

Cuando le dije que por mí el tipo podía tener su rutina, su trabajo, que era sano y saludable, me dijo que no todas eran así, que había gente que le había hecho quilombo por todo. Yo le contesté que para mi el quilombo no era una opción, que una relación tenía que ser sana y que si el otro no entendía que cada uno tenía su proyecto personal y decidía compartirlo para hacer uno común, estaba frito.  Unos días después, diría que tiré al aceite al denso y seguí en esta etapa de silencio interior. 

¿Si quiero conocer a alguien? La verdad, no voy por la vida con ese plan, menos últimamente. Pero sé que si viene alguien que sea buena persona, y no sea una red flag con patas, yo le daré una oportunidad. Obviamente, me hablan y yo hablo. Se acercan y muestro buena onda si lo amerita. No estoy encerrada en mi mundo como antes. Sé que es mi derecho, y un poco también mi obligación en términos de merecer algo mejor, abrirme a nuevas personas. Darme la oportunidad a mi, y después a algún otro, a que me quieran y me traten bien, como creo sinceramente que lo merezco y como me parece que todos tenemos derecho a ser tratados. ¿Por qué de otra manera vincularse desde el control, desde el dolor o el maltrato? Para eso, ni te vincules. No hay obligación de tener pareja, de formar familias, de sostener vínculos, que solo traen dolor.  Y precisamente por ésto creo que en cuanto a Javier siento alivio.  Siento el alivio de no tener que sostener, ni entender, ni cuidar, un vínculo que me trajo dolor. ¿Si lo quiero? Sí, obvio, le tengo un cariño especial.  Pero es un cariño que en la diaria no me favorece.  Y ésta vida es la única que tengo, con su lado bueno y su lado malo. No puedo tomar la postura de Javier, no puedo, aunque sea un poco lo que deseo cuando estoy triste. No puedo porque Javier tiró su vida a la basura, porque no lucha, porque sabe todo y no cambia nada. No puedo porque yo en el fondo sí quiero ser realmente feliz en todos los aspectos, sí quiero encontrarme en las decisiones que tomo, sí quiero ser fiel a mi misma. 

Y para eso, hay que hacer esfuerzos. Moverse. Estar atenta. Poner límites. Ser realista. Y principalmente, perforar los vacíos con coraje aunque sea un desgarro completo. 


miércoles, 19 de febrero de 2025

Primeras veces

 Conforme fui creciendo, también mi entusiasmo se fue modificando. Es como si me costara más sorprenderme o entusiasmarme con las cosas. Lo mismo ocurre con las personas. 

Pero me propuse sin exigencias que este año era una buena oportunidad para probar cosas nuevas. A ver si así quizá recuperaba parte del entusiasmo. 

Y hoy, me animé a probar spinning. Es decir, hacer un montón de ejercicios en bicicleta fija. Algo que no sabía si iba a poder hacer por el impacto muscular. Y algo que finalmente pude hacer. 

¿Si me gustó? Sí, bastante. Al ser la primera clase me pareció demasiado de todos modos. No se si porque soy soy un poco ansiosa o qué pero el deporte es algo que vivo con mi intensidad. Una intensidad que lo es para mi cuerpo, pero no para los demás.  Quedé muerta, toda transpirada, con la sumatoria de que fui y vine caminando. 

Ahora me duele todo. Todo el cuerpo me tira. Pero es un poco eso empezar un nuevo deporte. Sin dudas, me saco de mi zona cómoda y creo que de eso se trata. De seguir descubriendo lo que quiero y lo que me gusta. 

Probablemente, vaya una vez por semana, los sábados. Hoy fui a una clase de prueba y pedí a los santos apostólicos pero quiza mejore. Mi idea es no abandonar la pileta porque es mi deporte preferido y donde más me siento cómoda pero si tengo la intención de pasarla a la semana. Me doy cuenta que necesito espacios de descarga física porque si no el cuerpo se resiente y además porque tengo que dejar de poner al trabajo y a lo académico como el eje de mi vida.  Es decir, lo que es una obligación absoluta. Porque ¿donde queda el tiempo para mi? ¿Donde recargo lo que doy? 

El deporte, es el lugar donde dejo lo malo y me llevo por lo general cosas muy buenas. Siempre fue un medio de balance para mi, desde pequeña que lo compaginaba con el colegio y las actividades. Y se que me dio salud mental en un momento donde sin deporte me hubiera deprimido profundamente. 

Quizá en el fondo las nuevas experiencias se traten de ponerme en contacto con nuevos motivos para vivir bien. Y si pienso en vivir bien, se que incluyo el deporte como algo que me sume y me haga bien. Algo sin exigencias descomunales. Una batalla de salud mental y disciplina conmigo misma, donde lo importante es disfrutar, mejorar, desde ese espacio para recrearse. 

Este ejercicio es una buena idea para el invierno, donde no me mojo, y el lugar me queda cerca de casa. Veré si las próximas clases son mejores. Como me siento de las piernas. Si me duele mucho. Y principalmente como siento mi cuerpo después de tanta actividad física. 

Literalmente, lo que sudé arriba de esa bicicleta... y la gente que vi re sacada, ni qué decirlo. Yo que vengo de los pagos del agua, tan equilibrados, veré si me logro acostumbrar. 

Calculo que el viernes volveré a la pileta. Mañana será un día donde no me voy a exigir físicamente hacer ninguna actividad física. 

Por las dudas, hoy tuve una primera vez más para el calendario. Ese objetivo si quedo cumplido. Probar, probé. Intentar, intenté. 

Y nadie se arrepiente de lo que intenta. 

Esta frase me da vuelta en la cabeza hace días. 

martes, 18 de febrero de 2025

Cierre de impuestos, literatura y la vida que persiste

 Parte de esta tranquilidad que me transcurre mientras voy transitando los días posteriores a la decisión tomada con quien ya sabemos, implica ordenar algunas cosas.  Por dentro y por fuera.  ¿Será la tranquilidad amiga de la resignación? Capaz que sí. Quizá lo sea. Francamente, no lo sé. Pero son sensaciones más amenas. Inclusive, la resignación.  Es una resignación llena de alivio.  Llena de alivio y de amargura, pero más alivio. ¿Qué hacer si el otro no nos quiere, ni es capaz de hacer nada por nosotros? Nada. Hay que irse. Resignarse e irse. 

Y verlo así, me hace sentir alivio. El alivio de saber que le di la oportunidad de salir de esto y él finalmente salió. O eso creo. Pero bueno, lo que yo crea no importa mucho. Importa lo que él haga. Y si no hace nada, es maravilloso. Porque yo, en cambio, puedo hacer un montón si estoy en paz. 

No quiere decir que no me duela. Me duele. Pero hice lo que tenia que hacer. Hice lo que debía hacer. Lo que es mejor para mi, para él y para ella. 

No espero nada de Javier. Él está demasiado encarrado en su mundo. Sé que no le mueve un pelo lo que pasa. Y está bien, porque sobre eso no corresponde que sepa.  Rendirse y renunciar no tiene que ver con lo que él diga. Tiene que ver con lo que yo creo que es lo mejor. 

Javier vino casi todo 2024 atormentado. A los líos que tiene cotidianamente por sus incapacidades emocionales y su falta de coraje, se le sumó el fallecimiento de su mamá. Eso lo afectó mucho. Y tuvo la confluencia de que nos acercamos más en el medio del dolor. Y una manera de olvidarse de ese dolor, para él, fue tener esta aventura conmigo. ¿Y entonces? Entonces nada. Quizá este 2025 sea mejor para el y pueda tomar mejores decisiones. 

Por mi lado, sé que hace bien. Me fui aun cuando podía haber seguido ahí esperando. Me fui para poder llegar a donde deba. Me fui porque es mejor para mi. Porque con 30 años no quiero sufrir más. Me fui porque soy una humana que no quiere esto. Me fui porque me desconectaba mucho ser cómplice. Me fui porque yo ni sirvo para ser amante. Me fui porque soy consciente del dolor del otro pero también me hice consciente de mi propio dolor. Me fui porque al menos sé que hice todo. Que me equivoqué, si, pero que también me alejé.  

II. 

Hoy me dediqué a cerrar todo lo previo para la liquidación de impuestos en el trabajo. Tuve una reunión temprano, tipo diez, y lo cierto es que me agarró dormida pero enseguida conecté.  También, tuve una reunión tipo cuatro de la tarde, ya cansada de toda la jornada, pero siempre atenta.  

Anduve media dormida porque ayer trsbajé muchísimo. Me quedé resolviendo temas hasta una hora extra que se sumaba a una jornada a full. La verdad es que no me molestó porque he pedido más de una vez permisos y siempre mi jefa me entendió. Así que cuando me dijo que necesitaba cosas para poder tener al día impuestos, después de mucho laburo de ambas, obvio le dije que se lo iba a tener listo. Y hoy, en la reunión de la mañana, le presenté todo después de mandarle un email fuera de hora con el detalle, cosa de no molestar. 

Durante la tarde de hoy, seguí laburando pero un poco más tranquila. Escuché de fondo todo el día la radio, atenta a los temas de la actualidad. También escuché a La Negra Sosa, mi querida Negra Sosa, que parece ser capaz de curarme tooodas las heridas. 

Estuve conectada con el grupo cultural del cual participo. El líder del grupo mandó algunos mensajes que respondí en cuanto pude.  En esta etapa de mi vida justamente participar en grupos culturales es un desafío y una oportunidad distinta. Desafío porque implica cuadrarlo con la universidad, la oficina, el estudio. Pero además, una oportunidad porque implica hacer algo que me gusta, socializar con gente más compatible, y hacer labores culturales que son las que más me reconfortan. En otra etapa de la vida, participar de un grupo cultural y estudiar eran mis actividades fundamentales. Pero ahora, mientras participo, también hago mil cosas más.  Y creo que me gusta más este costado. En especial, porque este grupo cultural es de gente conocida pero gente que no tiene nada que ver con Javier ni con su familia.  Es decir, una zona neutral donde puedo aportar, dar sinceramente una mano con lo que sepa y pasar un buen rato. 

Porque esos eran mis motivos cuando estudiaba. Y quizá no haga falta dar clases en un colegio para cumplirlos, para sentir que es un propósito logrado. ¿Quien sabe? 

III. 

En cuanto me desconecté del trabajo, dediqué la última parte del día a hacerme un tratamiento en el pelo, a doblar ropa, a limpiar toooodo el dormitorio y a acomodar no solo el tocador sino también la biblioteca. Tenía mucho desorden, la verdad, y poner cada cosa en su lugar también en el plano físico me hizo sentir mejor. Además, aproveché el clima fresco para la limpieza y eso fue una gran decisión. 

No sali mucho de casa. Estoy aprovechando que tengo por temas de la multi dos semanas de trabajo 100% remoto para descansar más, hacer introspección, evaluarme a mí. Y de paso, ir procesando las cosas a mi tiempo. 

Estos días, sin embargo, va a tocar ponerse en movimiento. Tengo que ir al club, entre otras cosas, y será cosa de tomar impulso como tomé para dejar reluciente el dormitorio, la ropa, la biblioteca y hasta para terminar a tiempo la rosca pre impositiva. 

lunes, 17 de febrero de 2025

Cuando no enamoramos

 Creo que para nadie es fácil reconocer que no lo quieren. Nuestro ego impulsa pensamientos del tipo más perverso, es decir, los que retardan el efecto definitivo que esa verdad deja al aire libre. Porque, claramente, es obvio. Cuando esperamos ser queridos, además, nos volvemos muy reduccionistas para no caer de cara al suelo y es como si todo el tiempo estuviéramos deshojando una flor y no hubiera matices, más allá del me quiere o no me quiere.

Para mí, en este momento, es difícil reconocer que Javier no me quiere ni siquiera como un ser humano. Me duele bastante, la verdad. ¿Para qué mentir o disimular una verdad evidente? Todos parecen saber algo que yo misma, envuelta en dolor, no me puedo reconocer del todo. Y eso es lo que trato de hacer justo en este momento, porque tiene muchísimo que ver con el haber renunciado.  Claro que lo sé, si toco el fondo y escarbo bien abajo. Sí, claro que sé que no me quiere. Lo sé, principalmente, porque alguien más me ha querido antes y la diferencia es un abismo. Lo sé porque vengo de una familia que me quiere. Porque tuve amigos que me quisieron. Porque tuve un pareja que me quiso. Porque tengo dos sobrinos que me hacen sentir todos los días querida y porque hacen que ser tía de ellos sea un motivo para vivir.  Lo sé porque alguien alguna vez me abrazó con amor, me arropó con cariño, me sonó fuerte los mocos cuando lloré y me asistió cuando me sentía mal.  Lo sé porque me cuidaron cuando me sentía vulnerable, y con eso, cada persona que fue pasando por mi vida, me ayudó a consolidar mi lenguaje de amor.

¿Cómo no va a ser claro, evidente para mí, que él no me quiere? Es obvio. ¿Qué hizo por mí durante estos once años, desde que nos conocimos? Poner peros, trabas, excusas, dejarse llevar por el prejuicio, después por el miedo, y ahora, por la incapacidad de tomar una decisión sobre el poder bajarse de una doble vida.   Y eso es simplemente que alguien no te quiera.

El que te quiere, te elige. Javier no me eligió nunca, bajo ninguna circunstancia; inclusive, en las circunstancias donde más oportunidades y comprensión le di. El que te quiere, se pone en tu lugar. Javier no se puso jamás en mi lugar, porque creo que si se hubiese puesto en mi lugar, no hubiese vuelto ocho años después a decirme que esto y que lo otro. Porque creo que si hoy en día se estaría poniendo en mi lugar entendería que no le pido nada, más bien, que le estoy dando la oportunidad de alejarse, con el menor dolor posible, para que podamos tener una vida normal.  Y eso lo hace alguien que te quiere, aunque vos no lo quieras de vuelta, aunque éste hilo dé para un tejido en si mismo.

El que te quiere, te quiere. Te lo demuestra. Está. Te lo dice. Hace cosas para que te des cuenta y quiere que te des cuenta. Se acuerda de las boludeces que le contás. Piensa en vos, más allá de su ombligo y trata de cuidarte aún mismo no estés en peligro concreto, simplemente, porque lo que se quiere se protege casi por pura añadidura. Javier lo único que sabe decirme es que él se controla para llamar, se controla para escribir porque no me puede andar escribiendo si tiene una relación y que trata de hacer todo más espaciado para no confundirse, ni confundir. ¿Eso es querer, o eso es simplemente pensar en no tener un problema, mientras intenta seguir viviendo por izquierda? En conjunto con todo el resto de sus acciones diría que eso es simplemente cuidarse y pretender seguir con la mentira. Que eso no tiene nada que ver con quererme, o protegerme, o ocultarme de la mirada de los demás.

 Javier me dice que él me cuida, que no me preocupe, que nadie se va a enterar, que no le enorgullece mentir, que no se lo contó a nadie, que jamás lo haría. Me dice que esto es suyo, que sabe que hace mal por engañar, pero que jamás se jactaría.   ¿Eso es cuidar? ¿Mintiéndole a la novia, me cuida? ¿Diciéndole cualquiera para verse conmigo, me cuida? ¿Invitándome a cenar a su casa y cocinándome y jugando con fuego, me cuida? ¿Exponiéndose, cuida a alguien? ¿Manteniéndome en secreto, cree que me cuida?

Yo sé, realmente sé, que Javier no me quiere. Quizá antes, hace muchos años, tenía un cariño más honesto por mí, apoyado en otras cosas. Pero ahora sin dudas creo que esas cosas cambiaron. 

Y para mí también cambió mucho el panorama. Pero, a veces, lo admito, aceptar que no me quiere sigue siendo duro. Pienso cómo alguien que no te quiere se toma el trabajo de irrumpir en tu vida, por amor al arte básicamente, y meterse en un espiral de vueltas eternas. Sé que tengo parte de la culpa, por aceptarlo, pero también sé que intenté mil veces alejarlo, hasta hoy, y que no todo depende de mi esfuerzo.  Yo hago mucho esfuerzo. Él no me colabora. Y no es mi intención culparnos, sino, tratar de llegar a un acuerdo que nos permita vivir. Pero ahora, hoy en día, a la luz de éstos últimos hechos, sé que el acuerdo importante es conmigo misma. Llegar a un acuerdo que me permita vivir es necesario. Y como primer paso, me toca uno muy difícil: asumir que éste hombre no me quiere ni me querrá, tener bien claro qué es cada cosa, y seguir adelante sin dejarme soplar las ideas.

Javier ha prometido una respuesta, pero ¿qué decir? Yo no creo que en sus promesas. Para mí no va a pensar una mierda, no me va a decir nada, va a dejar pasar las cosas. Pero ojo, también se va a alejar. Y eso es lo único que tomo como respuesta y lo único que a mí SÍ me sirve que haga. No sé si se va a alejar para siempre, pero no me importa demasiado eso. Quiero enfocarme en este presente donde no está como una oportunidad para descansar. Para asumir las cosas que sean importantes, en general, y que me hagan más fuerte. Por eso hoy me pongo a escribir sobre esto. Por eso pienso en lo difícil pero necesario que es hoy que yo pueda asumir que Javier no me quiere.

¿Es tan importante que él me quiera? La verdad, no. El mundo va a seguir girando igual si él no me quiere. Solamente, es doloroso. Basta imaginarte que la persona que vos amaste de forma profunda y sincera, la más pura que alguna vez supiste engendrar, jamás lo correspondió. Basta pensar que la persona que vos amaste con locura, nunca te registró, ni te amó, ni mucho menos te eligió, te apoyó o acompañó. Basta saber que lo hizo todo con la primera que se le cruzó, y que con ella no tuvo ni dos segundos de problemas, y que se expuso por todos lados y que hizo la vida con ella que a vos te hubiese gustado hacer con él. Basta saber que ni siquiera acostándote con él ahora, te elije, te entiende, te conoce, te comprende, te considera. Basta saber que todo esto no tiene un pelo de mentira para entender por qué es así de doloroso y así de importante asumir el no. El no te quiere. El no, no va a ser todo como vos querés. El no, no sos importante para él, aunque él sí lo sea para vos.

Si yo no fuera como soy, ¿qué hubiera sido de mí? ¿Si yo me hubiera confundido, me hubiera dejado llevar, hubiera hecho algo distinto? Él dice que sí, que jamás lo hubiera hecho si me notaba confundida. Pero yo creo que el confundido es el, porque cuando le toco ciertos temas se pone evasivo, se me enoja y se comporta como un niño sin herramientas. Me dice que está todo bien pero en cuanto puede se va al baño solo porque no puede sostener la situación.

Y yo justamente lo que no quiero sostener es un vínculo tan tóxico con una persona que ni siquiera me quiere. No, que ni eso, que ni me quiere. Que no me quiere ni un poquito. Ni siquiera por el pasado, ni por el presente, ni mucho menos por el futuro que no existe.

domingo, 16 de febrero de 2025

Domingo

 Me levanto muy tarde. Creo que necesitaba dormir y descansar muchísimo más de lo normal después de una semana intensa. El viernes llegué tarde de la cancha y ayer sabado tuve un programa cultural con un grupo del cual participo.

 La verdad es que estaba contenta por los programas distintos, pero que reunían intereses que hacen mucho a vivir bien. Y sigo contenta pero con un sabor agridulce después del encuentro de ayer con Javier y las dificultades para controlarme.  Y además, esa sensación de que volvemos de nuevo a la instancia donde nos tenemos que tratar bien pero no nos podemos volver a tocar. 

 Yo amo el lugar donde vivo. Me encanta. Admito que para ser plenamente feliz esto de tener pertenencia a la comunidad donde vivo es importante. Me gusta sentirme de un lugar, y participar en lo que puedo en la difusión de lo que creo que puedo sumar: literatura y cultura sobre autores locales. 

Pero también todo ese disfrute y ese amor se choca de frente con la necesidad de irme del barrio para alejarme de esa otra historia. A veces es increíblemente doloroso de explicar, pero para mi es claro. 

Javier es vecino del mismo barrio. Compartimos lugares. Hicimos todo en muchos lados parecidos. Nos conocimos en un grupo cultural hace diez años promoviendo la movida local. Nos gusta el equipo del barrio. Políticamente somos iguales. Nos atraemos con ferocidad y nunca, nada, absolutamente nada de todo lo que nos iguala, nos acerca. Javier sabe absolutamente todo, y no hace nada para cambiarlo. Y yo sé absolutamente todo y daría casi cualquier cosa por sacarme el corazón y vaciarlo de todos los años de historia. De todo lo que pasó. Y cambiar todo para siempre. 

 Él a mi no me quiere. Me gustaría decir que me quiere, pero no me quiere. Lo que sucede es que no es alguien que no me quiere y "se queda en el molde". Y eso hace que toda la responsabilidad de alejarme pese sobre mi. Él no va a ayudarme. Ni siquiera con una respuesta que me dé consuelo.  Yo no quiero recaer en la violencia para alejarme. Creo que debe ser suficiente para mi todo lo que sé y quiero que esa sea la verdadera razón. Pero para eso necesito tiempo. Y distancia. No vernos más seria un gran acierto, principalmente porque Javier va a seguir siendo así. Sin importarle nada. Sin fijarse en nadie. 

Hago mucho esfuerzo. Fantasmas se asoman a visitarme. Me gustaría que este domingo fuera otro, la verdad. Donde no me doliera nada. Donde pudiera al menos distraerme con algo o con alguien. Donde no estuviera sola, pensando lo difícil que es olvidar a alguien con quien te vas a cruzar. Y con quien además tenes serios problemas de autocontrol y la puta madre. 

Pero este domingo es así y es valioso. Leo s Cortazar al sol. Disfruto a mi gato. Como con mucho cuidado. Y trato de vivir con esa simpleza del corto plazo. Haciendo lo mejor cada día. Sin tratar de pensar mucho más allá. Como un pajarito de vuelo corto. 

 No siempre podemos tener a otros ayudándonos a escapar o distraernos con veinte salidas. Y quizá si no escapo, en algún tiempo que no podría precisar, pueda retomar el deseo de formar acá mi familia. De caminar con otro amor por este barrio que amo tanto, y vivir bien al sur y disfrutar más de lo que ya lo hago con este modo de vivir y leer con los pajaritos de fondo y tomar mate y hacer cultura, y escribir y leer sobre autores locales y colaborar y dar la mano. E ir a la cancha, e ir a la universidad y volver siempre al barrio aunque trabaje en la otra punta de la ciudad, porque todo lo que amo está acá. 

Javier nunca cambiará. Está eligiendo una vez más y de forma clara, ser infeliz, no será ese que se acomode conmigo en el medio de la tribuna. Lamentablemente, no me quiere. Y lo admito con mucho dolor, pero también con un alivio increíble.  Ya está, no, no me quiere. Basta de hacerse malasangre. Basta de renegar por lo que hace. No. No me quiere. Nunca lo hará. Y puedo irme con esa respuesta. Porque yo creo que tengo el derecho de soñar lo que sueño.

 Él se resignó a vivir una vida infeliz y me doy cuenta cuando no le importa dar una respuesta. Igual me quedo tranquila porque su actitud es la respuesta. Esta bien. Ya sabemos como toma a todos. El rol. El sitio. Las dificultades. Y esa es la respuesta. 

Yo no me quiero resignar a lo mismo. Y esa es mi respuesta y mi responsabilidad. Crear una vida que disfrute. Aunque por momentos es bastante difícil superar la vergüenza de hacer amigos nuevos, o intentar, o de exponerme. O de vivir en un barrio donde está el también. 

Quizá en algún momento otro hombre, más bueno conmigo y que me quiera de verdad, me acompañe en mis andanzas. Mientras tanto, el camino continuará sola, y me entusiasma pensar que yo sí lo voy a hacer lindo. Que yo sí aunque me muera de dolor, todavía quiero levantar la mano y pelear. Aun en días como hoy, donde quisiera no tener que pasar por todo esto. 

sábado, 15 de febrero de 2025

La fuerza necesaria

Viernes 

- Esta semana fue dura. Tuve un encuentro con Javier y tuvimos una conversación difícil. Bah, en realidad, yo hablé con él para decirle un poco todo esto que me venía rompiendo las bolas - dije. 

-¿Qué clase de conversación? 

Le relaté la charla. Sin llorar y sin ganas de hacerlo tampoco. Se la conté con la sensación de incredulidad sobre sus acciones. Pudiendo explicarle lo que me había impactado y las razones por las que hice esto. 

- Y me dijo que lo iba a pensar y me iba a dar una respuesta. No fue lo que esperaba la charla. Parecía un nene chiquito. 

- ¿Respuesta a qué? Porque vos no le hiciste ninguna pregunta ni ninguna oferta. 

- Ni idea, justamente pensé lo mismo. Yo solamente le dije que podía irse. Le abrí una puerta para que siga adelante con su vida. Le dije que si no lo podía manejar podía cambiar la decisión, o sea, sin juzgar, sin discutir. No le pedí nada. 

- Claro. No fue una oferta, un reclamo, pero reaccionó como si lo fuera. 

- Es que ¿sabes qué es lo peor de esto? Que si supuestamente Javier sabe todo, eligió seguir. Supongamos que se haya planteado separarse de ella o alejarse de mi, dá igual; mi punto es que no eligió. Que sigue siendo un infeliz, aun con conciencia. Y que no es capaz de mover un pelo para cambiarlo.  

- Si. Ahora sabemos que él siempre supo. Sabemos el lugar que te dá. Que le dá a ella. No es una suposición. Es ya una información. Reconoció ahí que estabas vos como a lo último. Y esto de decirte que había alguien más involucrado. Como si la otra, fuera la otra. 

- Sí. Cuando es su pareja realmente. Ese lugar de mierda dá. Todos su lugares son feos. Por yo me propuse no seguir esperando. Seguir adelante. Ya hice todo lo que podía hacer. Con mucha angustia, lo hice. Acepté revolver mucha mierda para poder tener esa charla y decirle que no podia seguir haciendo como si nada. Me costo muchísimo. Vos me tocas y yo ya lloro. Pero... hice lo mejor que pude. Porque no puedo. Nunca pude jugar a la boluda. Yo confronto. Y volví de esa charla con un agujero tremendo, pero no se... No se francamente. Eso hice. 

- Es una victoria. Es algo bueno. Porque mas allá de que no salio como imaginabas, quiza con mas dificultades, pudiste ponerte en esa situación con la palabra. Darle al otro el paquete que le corresponde. Hablarlo. 

- Si. Eso si. Fue a un precio muy alto. Pero pienso que capaz me siento aliviada más adelante. Hoy me siento mal, pero pienso que quizá en unos meses esté todo mejor. 

- Era un precio que ya venias pagando en cuotas. Ahora, hiciste el pago completo. Y veremos qué pasa del otro lado, pero vos seguramente te sientas mejor. Es bueno que salgas, que vayas a la cancha, está bien. No todas las victorias son felices. No siempre se puede estar contento. Pero eso no quiere decir que no sea algo bueno. 

Asiento. 

- Lo sé. Era algo que tenía que hacer. Por justicia. Después que sea lo que sea. Yo creo que se acabó. 

- ¿Crees que no va a hacer nada más? 

- Si. Para mi, va a retomar la senda - digo. 

- Eso tendremos que verlo. 

(...)

- Bueno, que te vaya muy bien en la cancha. 

- Gracias. Estoy emocionada por eso. 

II. 

Sábado 

Estoy en la puerta del supermercado del barrio. Javier compra frente a mi. Nos cruzamos por casualidad, como suele pasar, y nos saludos bien mientras habla con el carnicero.  Yo hago mis compras y escucho su voz, alrededor de las góndolas, como la banda sonora de mi vida.  

Es horrible. 

Compro todo lo que necesito, no me voy a escapar, y voy a pagar. Javier de casualidad, de nuevo, se acerca a pagar. Yo pago, voy a la verdulería al lado y él viene. 

- ¿Fuiste a la cancha ayer? - insiste. 

- Si, re lindo. 

- ¿A cual fuiste? - me pregunta. 

- A la popular, la *** . 

- ¿Ah si? Yo siempre voy ahí con *** - dijo mencionando a un conocido en común. 

- Si, super bien. Me mojé un toque pero todo divino. El partido y... - musito. 

Hablamos del partido. Estamos de acuerdo en lo que vimos. 

- Lo que sí, quedé cansada. Fue un montón. 

Javier me sonríe. Me sonríe como si no hubiésemos tenido la charla que tuvimos. Además, se ríe conmigo de los chistes. De pronto, la cara de serio desapareció y florecen sonrisas, y risas tontas, y carcajadas, y cómo mierda vamos a ser normales así si parecemos dos pelotudos borrachos. 

 Salimos los dos del super y se ofrece a llevarme. 

- No, no. Muchas gracias - le digo y lo saludo. 

Se pone serio. 

- ¿Segura? 

- Segura. Chau, Javi - digo y lo corto, porque ya no lo puedo manejar más. 

- Bueno, chau. Nos hablamos - dice. 

Asiento y lo despido. Quiero llorar. ¿Por qué no puedo ir a comprar tranquila un sábado, por qué no puedo lograr tener un día feliz en medio de esta angustia que me esfuerzo porque no lo tiña todo? Es un espanto querer alejarte y alejar de vos a una persona que genera tanto. Y el espanto es vencedor a veces. 

Doy dos pasos, con las bolsas que me pesan. Pienso que me estoy muriendo mientras me voy. Que toda la angustia que no sentí el viernes y lo que va a de este día, llega ahora cuando lo veo con cara de haber dormido mucho. Que no puedo irme. Eso siento, que no puedo resistirme.  Y me odio pero me doy vuelta. Recorro los dos pasos. Vuelvo a la puerta del supermercado. Javier me mira y me dice: 

- Te llevo

Asiento. 

- ¿Querés? 

Asiento de nuevo. 

Cuando nos subimos al auto, charlamos de temas seguros.

- ¿Te dejo en la esquina o en la puerta? - me pregunta. 

- En la esquina. 

- Pero te encontré en el supermercado, es verdad  - argumenta, risueño. 

- Pero prefiero en la esquina - digo. 

- No tiene nada de malo. 

- Lo sé. Pero en la esquina es mejor. 

- Déjame, dale, - dice y frena bastante adelantado. 

- Dale, dale, un poquito más adelantado, dale segui un poquito mas y me dejás en casa y tocás bocina y todo - irónica , le respondo. 

Javier se ríe a carcajadas. 

- Pensé que me decías de otra cosa. Ayyyy, basta - dice, y se agarra la cabeza con las manos. 

Parece estar conteniéndose pero me dá cierta duda. Quiza solamente está harto. Nos reímos, porque el estado de pelotudez mutua es total. Pero enseguida me acuerdo de lo que charlamos y digo que es un renuncia y que quien renuncia se va.  

- Me hago pis. Me voy. Chau. Gracias. 

Me bajo del auto de Javier pensando que me tengo que mudar. De vida, capaz. Quizá así sea más llevadero todo el asunto de mantener distancia. 

viernes, 14 de febrero de 2025

El partido

- Vos tenés la total libertad de salir de ésto - le dije a Javier, armándome de entereza - No te estoy jodiendo. Podés irte. Podés pensarlo de nuevo y elegir otra cosa, capaz. ¿Está bien? 

- Sí, yo sé que puedo salir. Lo sé. 

- Bueno, a eso voy con la charla. No estoy enojada, ni nada. Te doy la posibilidad. 

- Vos seguro pensas que yo lo hago con muchas minas, esto. Pero no estoy acostumbrado. No sé cómo manejarlo. 

- No, Javi. No pienso que lo hagas con muchas minas - le sonreí. 

Me miró. 

- Yo no creo que seas una mala persona. Nosotros podemos tener desacuerdos, pero eso no te hace malo para mí. Lo que pasa es que, justamente, yo creo que sos un buen tipo y no quiero que pierdas. Por eso, pensá si podés con esto. Yo me considero una buena persona y creo que tengo que hacer esto. 

Javier no me dijo nada y corrió la cara. 

- Si, yo ya sé que ésto es finito. Porque si no me tengo que sentar a pensar... y no me quiero poner mal. No sé que podría llegar a pasar, qué quilombo se podría llegar a armar, si yo desarmo - dijo, en referencia a su relación - Pero realmente, no quiero pensar en eso. Y veo que con vos tengo que manejarlo con cuidado. 

- Tampoco soy tan peligrosa, che - dije - Yo quiero que sepas que si sentís que esto no lo podes manejar, tenés la completa libertad de irte. 

- Sí, vos también. Pienso en vos también - dijo. 

- Lo mío es distinto... - dije. 

- No, no sé si es tan distinto. Yo no te puedo andar mandando mensajes, charlándote, preguntándote a ver cómo estás, porque tengo una relación. 

- Y sí, Javi - dije, como si fuera obvio. 

- Y tampoco te puedo ver seguido, porque es todo una complicación - advirtió - El acuerdo era así. 

- Sí, Javi. Vos tenés una relación. Yo sé eso. No te estoy planteando nada distinto, te estoy dando la oportunidad de que lo pienses. Porque éste es tu partido, no el mío. 

Me miró, con curiosidad. 

- ¿Qué significa eso? 

- Yo sé que puedo salir de ésto, porque esto como vos decís tiene un límite, un final - dije - Yo si el día de mañana se me cruza una persona con una propuesta sólida obviamente me voy a ir a jugar ése partido. Ése sí va a ser mi partido. Yo tengo una edad diferente, una vida diferente, y lo tengo muy en claro. 

- Sí, veo que tenés todo muy claro. Yo no quiero hablar, realmente, me voy a poner mal... 

Javier me miró y bajó la vista. Me lo quedé mirando un segundo. No entendía, parecía estar enojado por algo, como molesto. No se daba cuenta que estaba tratando de ayudarlo. 

- Javi - dije - a mí este partido que nosotros jugamos me encanta - dije y me miró, serio - pero no puedo dejar de saber con quien juego ese partido - le aclaré - Es solo por eso que te lo digo. 

Sonrió. 

- Sí, ya sé, yo lo entiendo. 

- No me interesa saber de tu relación, ni nada de eso, no quiero saber ahí la interna. Yo quiero que tengas la posibilidad, si te genero un problema, si ves que no podés sostenerlo, de irte. Capaz que nunca cambie eso. O sea, capaz que nosotros nos sigamos viendo por el barrio, mientras yo viva acá, y haya onda. Pero bueno, no quiero cagarte la ecuación. 

Asintió. 

- Ya lo sé. Prometo pensarlo seriamente y darte una respuesta. 

(...) 

- Me gusta Leo Sbaraglia a mí. Qué tipo que envejeció bien, Javi. ¿Viste? 

- Si, qué se yo, tiene mi edad él. 

- Mirá vos.  A ése tipo la verdad es que le caigo - dije, para descomprimir. 

- Estaba en Tinder, en un momento.... 

- ¿Vos te pensás que me dan bola todos a mi? Ni me mira, Sbaraglia. Sólo soy una chica del Conurbano Sur. 

- Andate a Capital  - dice. 

Lo miro y me río. 

- Bueno, che... Entiendo que no me fumes, pero ¿tan de frente, el desagrado? - lo burlé. 

- Yo no dije nada - musita .

- No sé, no sé. No sabía que Leo tenía tu edad. ¿Cuántos tenías vos? 

- 53 - dijo 

- No es algo que tenga muy presente - le dije. 

- Uno más, uno menos, es lo mismo - dijo. 

- Si, el tema es la vida, no la edad...  Leo sigue siendo lindo más allá de la edad que tiene. 

- Sí, pero vos igual... 

Lo miro. 

- ¿Qué vas a decir, Javi? 

Nos reímos. 

- Mi ex tenía 55, bah, tiene. Pero bueno, nosotros nos conocimos así. 

Javier me miró, bajó la vista, y se quedó callado. 

- ¿Vos tenías? 

- 24 - dije. 

Y le conté cosas de la relación con Galeno que nunca le había contado. Creo que como una muestra de confianza final, de hacerle saber que yo entendía más de lo que le demostré siempre, y que si él hubiera querido, hubiera podido tener esa vida conmigo. No se hubiera quedado aplastado literalmente en una silla, como si no pudiera decidir ni elegir, mirándome un martes de lluvia a las 23.00, resignado. 

Javier no me dijo ni una palabra. Sólo sonrió cuando yo le dije que Galeno era peronista y que mi viejo era peronista y que por eso ya se querían. Sí, Javier también es peronista, yo soy peronista, pero yo no lo dejo ni que me lleve a la puerta de mi casa. Mantengo mundos separados, por el bien de todos, y para que sea más fácil salir. 

Hoy voy finalmente a la cancha. Una cancha a la que él no me quería llevar porque me decía que era muy groncha y yo era muy delicada hace diez años.  Esto no se trata de un partido simbólico como el que nosotros vinimos jugando todo este tipo. Ésto es un fútbol real.  Él sabe que voy a estar ahí y yo sé que él también va a estar. En tribunas distintas, con las mismas camisetas, pero haciendo fuerza para poder dejar al otro donde elige quedarse.