viernes, 31 de julio de 2020

Modos

Si bien desde el comienzo tuve en claro que ésta historia con Galeno iría a terminarse nunca me imaginé que fuera de éste modo. Nunca lo conté en detalle, pero nosotros, teníamos un acuerdo. Desde que nos conocimos en persona, e incluso durante todos esos meses que chateamos antes de dar el paso, coincidimos en que en caso de que uno no quisiera saber más nada con el otro se lo iba a decir de frente para que pudiera asir ese concepto y seguir adelante.   Sin ir más lejos, ésto ocurrió porque él sostenía que se iba a levantar un día y que yo seguramente ya lo había bloqueado, y, desde ese chiste, salió la promesa real de que jamás le iba a hacer una cosa así y él, por su parte, me prometió hacer lo mismo.Precisamente de ése modo surgió el acuerdo, para bajar la inseguridad frente a la distancia, para disuadir la incertidumbre. "No, no te voy a fantasmear", le dije a Galeno, usando la misma palabra que él había usado conmigo, dejando ver ese hilo de inseguridad. 

Creo que es lo único que me duele en ésta situación, porque lo demás, lo puedo entender todo. Pero ésto, éste modo de hacer las cosas me parece inexplicable. Galeno, por todo lo que he conocido de él durante éste año compartido, no es una persona cruel. Por eso, no puedo entender por qué hace lo que hace y lo único que se encuadra bastante en la distancia que tomó de mí es el desinterés.  Es decir que perdió el interés en mí, se hartó y levantó campamento.  ¿Qué es lo único que no me cierra? Y... siendo honesta, el mensaje del martes diciéndome que aunque estuviera mudo, está, pidiéndome además que lo banque.  Y es extraño porque Galeno jamás se comportó así. Nunca antes había desaparecido así, nunca antes me había pedido ésto, siempre me mandaba un mensaje, siempre estaba presente, siempre lo estuvo y siempre me hizo sentir que me tenía en cuenta. Y éso es lo más desconcertante. ¿Cómo alguien que siempre supo lo importante que eran para mí esos detalles, se va sin despedirse? 

Pensé mucho en éstos últimos días, ya sin bronca, qué pasó. Pero la verdad es que por mucho que piense, no sé lo que pasó, y tengo en cuenta que tampoco es mi obligación saberlo, pese a que me hubiese gustado tener una respuesta, una despedida más linda, poder decir adiós sin que vuelva a ser tan difícil hacerlo desde el no saber, desde la indiferencia o el silencio... Igual que me tocó hacerlo hace seis años y considerando, además, el golpe que eso significó para mí. De sólo pensar que me está pasando lo mismo, me cae un profundo cansancio, porque aunque tengo todas las herramientas para superar ésto y aunque sé perfectamente que ésto va a pasar, y que el dolor un día va apagarse, también sé que no merecía que me volviera a pasar lo mismo. 

La ausencia de Galeno, su forma de comportarse, en nada coincide con lo que vivimos éste último año. Ésta relación de nosotros no fue una idea buscada, sino, todo lo contrario. A mí me dió terror vivir ésta historia y me animé. Él, por su parte, puso toda su paciencia en juego y me esperó hasta que estuviera lista, siempre estando ahí, siempre siendo considerado pese a todas mis debilidades o mis advertencias. No fue una relación que arrancó torcida, donde uno daba todo y el otro no hacía nada, no fue una atracción no correspondida, que se construyó mal, sino que fue algo que empezamos a poner en pie los dos juntos. 

Pese a lo mal que me siento, tengo que admitir que en lo afectivo, también fue buen tipo, la verdad. Jamás tuvo un comentario machista, degradante, peyorativo sobre mi persona. Siempre me respetó, siempre me habló bien y jamás cuestionó nada de mí. En el sexo, siempre me respetó, me cuidó, me tuvo en cuenta y fue el hombre más generoso que conocí hasta ahora. Cualquier acto que se considere prioritario para cualquier hombre, para Galeno, era posible solo si yo quería, si yo tenia ganas o si yo estaba cómoda y todo el tiempo me hizo sentir bien esa consideración.  A la hora de cualquier demostración, por más placentera que fuera recibirla, siempre se preocupó porque yo estuviera a gusto, y la verdad, fue un hombre que aunque tuviera deseo sexual hacia mí, no escatimó en ser cariñoso.  Al contrario, yo jamás pensé que un tipo de su edad, conmigo, iba a ser tan sensible y cariñoso. A nivel vínculo, hubo veces donde yo me comporté como una chiquilina. Hubo veces donde no entendí o me tomé todo muy a pecho. Y sin embargo, siempre supo entender, me explicó lo que se le preguntó e incluso más de una vez lo ví dándome explicaciones sin siquiera tener que decir nada. 

En general, Galeno, era hasta ahora un hombre que tomaba en cuenta todas mis dimensiones y con el que yo estaba aprendiendo también a considerarlas todas.  Las veces donde él quería saber algo, trataba de abrirme y confiar. A nivel físico, afectivamente, siempre traté de dar lo mejor e involucré el mayor porcentaje afectivo que pude, pese al pánico que me daba, para que comprendiera un poco del verdadero afecto que yo le tenía.  Pese a no saber cómo, aprendí a expresar mis sentimientos y a tener en cuenta al otro, porque admito que hasta el momento no sabía lo que era compartir, no sabía lo que era sentir el compromiso de no desaparecer de un vínculo pensando que en algún lado, estaba el otro lado, la otra parte de ése vínculo, que necesitaba una respuesta. 

Y pensé, en especial, que por todo éste recorrido de nosotros, y la forma tan nuestra de formar ésta relación, y las charlas, y las conversaciones, y la confesión de los dolores, y la paciencia, y el tiempo destinado siempre y el afecto; todo se iba a terminar de otra manera... un poquito mejor. ¿Si tenía que terminarse? Y sí, eso iba a ser inevitable. ¿Pero se podía manejar el modo? Sí, claro que se podía. Porque, realmente, me parecía una historia demasiado linda para que tuviera un final tan de mierda. 

Pero bueno... Creo que llegó el momento de asumir que desapareció, así, de ésta manera y no de otra, que la cagó, que me defraudó y que se cagó en lo que compartimos durante todo éste año; y seguir adelante con la vida.

Lo bueno es que sé lo que pasa ahora, conmigo al menos, y me voy a enfocar en que no me pase a nivel interno lo que me pasó hace seis años. Sé que en ese momento no era tan fuerte como soy ahora, que no tenía otras experiencias, y que en comparación, soy mejor ahora precisamente por haber pasado por ése sitio en esa edad. La verdad es que no creí decirlo nunca pero haber sufrido antes me hace sentir bien, porque ya he experimentado en carne propia que pasará y que volveré a estar bien y a ver colores en el mundo. 

Respecto de todo lo vivido en el pasado, ésta vez, yo no creo que el mundo haya terminado, ni que mi vida se vaya a caer. Me da paz y felicidad saber que ahora, nuevas razones me sostienen.  Cuando pienso en eso,  justamente, hay un nombre de un niño muy chiquitito, que me dá fuerzas, me dice tía, y con quien casi comparto cumpleaños. 

Ojalá ésta vez todo sea mejor, más sencillo, y me haga menos daño en el largo plazo. Éso es lo único que pido. Y me prometo a mi misma tratar de hacer el mejor esfuerzo para sacar todas mis partes por delante de ésto.   Lo único que podría pensar es que el desinterés no se explica y, a veces, el silencio y la distancia son las únicas respuestas.

Quizá, desde ese punto de vista, las cosas tengan un poco más de sentido. Si no, pues no sé... Nada de ésto lo tendrá. 

jueves, 30 de julio de 2020

"Alerta ganga"

Pese a los temas de estos días, me enteré gracias a mis hermanas mayores y mi madre que estaba vigente el Hot Sale. Tenemos un código, en el grupo de mujeres de mi familia, que mi hermana denominó "alerta ganga" y consiste en avisarnos entre nosotras de ofertas o cosas que consumimos en común cuando están baratas.

Con todo este asunto del Coronavirus,  estos últimos meses, me ajuste hasta lo imposible y todo lo que no gasté en viáticos o otros menesteres lo usé para colaborar en mi casa, entre otras cosas. Fueron muy pocos extras los que me permití y la verdad es que disfruté este periodo como un proceso de valorización sobre lo que ya tengo. De la misma forma que lo tomé como una oportunidad para practicar la austeridad porque venía un poco en cualquiera con mis finanzas.

Peeeeero, mis hermanas empezaron a comentar las ofertas y la mayor comento que una casa "top" que vende zapatos hace veinte años en la zona céntrica de mi barrio,  tenía muy buenos precios y cuotas... Y lo de las cuotas me cerraba precisamente porque "sentís pulsaciones" cuando te dicen los precios, por lo general.

Cabe decir que no tengo compras compulsivas de zapatos. Nunca fui amante de ellos, porque al tener inconvenientes al caminar, no puedo usar cualquier cosa. No por una cuestión progre, precisamente, preciso que tengan los refuerzos fuertes, que sean de buena calidad para que no se venzan en los costados y que resistan a la fuerza que yo hago cuando apoyo , fiel a mi estilo, los pies como se le antoja a mí cerebro. Y eso hace que sean caros. Siempre. 

Mi mamá ya me había dicho tres veces en el día que me fijara porque en la página había modelos lindos. Y yo le explicaba que me hacían falta botas para ir a la oficina, pero que de aquí a regresar... Y ella me explicaba que pagara un poco por mes considerando que el año que viene me iban a quedar nuevas.  Y bueh, en eso, le di la derecha así que pese al bajón que tenía encima, entré a la tienda online. Recordé que mis botas negras, para ir a la oficina por dentro ya se están "pelando" y queda feo andar así por la empresa... Así que me las compré por Internet y seguí trabajando. 

En menos de dos horas, tenía las botas en mi casa. Hermosas, de una calidad que se nota a cuadras y con el olor a cuero reluciendo. Me las probé y mandé un mensaje a los dueños del negocio para felicitarlos. Esa marca es tan increíble que aunque sean muy caros, tienen una calidad, un calce y una apariencia envidiables ante otros modelos (aún de marcas muy "fi-fi", eh; eso no importa). 

Así que podría decir que aproveché el alerta ganga de mis hermanas.

 ¿Lo más cómico? Con mi hermana mayor calzamos lo mismo. Originalmente, cuando yo entre en la tienda online para elegir un modelo de botas, me encontré con que me dejaba ingresar pero luego me conformaba que no tenían stock. Así que lo que hice fue volver y elegir otro modelo acorde a mis necesidades. Al rato, mis hermanas me piden que mandé fotos al grupo para ver los zapatos. Yo las mando. Y ahí la mayor me cuenta que se compró un modelo muy parecido... Sí, aquel que a mí la tienda me decía que tenía un par y después resultó que no... Porque se las llevó mi hermana... 
Así que digamos que vamos a intercambiar botas de vez en cuando, porque quedó encantada con las mías y sé que las de ellas son aptas para mí. 

 La próxima vez, cuando suene la alerta ganga, procuraré estar atenta.

 Éstas pibas, por su parte, son un show y le levantan el ánimo hasta a los muertos. 

Paz

Las burbujas van bajando en mi cabeza a medida que pasan las horas. Hoy me he despertado, después de varias malas noches, en una posición diferente a la que tuve días atrás. Y ésa fue la posición de querer estar en paz, más allá de todo y de todos. 

Galeno no apareció, más allá de ése mensaje del martes donde me decía que lo banque. Yo mientras tanto aproveché para pensar, entre toda la molestia por la situación, qué es lo que quiero y cuáles son mis puntos no negociables, es decir que durante éste tiempo, establecí los límites y empecé a poner, aún mismo en éste contexto, las cosas un poco en su lugar. 

No, yo no sé qué se trae éste tipo entre manos pero sí sé que no puedo estar en vilo. Me debo, por todo el esfuerzo que siempre hago por obtener lo que deseo, y por todo lo que yo dí en ésta relación, seguir adelante. Quizá no fuí la compañera perfecta, quizá no lo dí todo, pero sí hice todo lo mejor que pude hasta el día de hoy y, de eso, jamás me arrepentiría. Hice, realmente lo mejor que pude; y lo que no pude hacer, fue porque necesité tiempo y porque si hubiera tenido el tiempo, lo hubiera dado, ni más ni menos. Y de eso tampoco me arrepentiría. 

Hay que seguir adelante, me digo, y sé que tengo razón. Si se puede consigo, consigo. Si debe ser sola, será sola, cosa que por otra parte no es ninguna novedad para mí... Pero yo no puedo estar más pensando qué pasó, o esperando, mejor dicho, que muestre sus cartas. Prefiero mirar las mías, en especial, cuando tengo veinticinco años y me pueden tocar partidas mejores todavía. No sé, la verdad, lo que Galeno tenga para decirme. No sé hasta qué punto pueda modificar todo lo que pasé en éstos días atrás. Pero el espacio para hacerlo se lo dí, de eso no me puedo arrepentir tampoco, ya que habla de unos valores que yo estoy orgullosa de conservar pese a las decepciones. Todo queda en él, y en cierto modo, eso me da un margen de saber que hice todo lo posible antes de retirarme. 

No tengo más nada que hacer en éste momento, no puedo dar más nada, y lo único que podía hacer - que era no juzgarlo antes de tiempo - también lo hice. Me merezco estar en paz, y lo siento con una fuerza que nunca antes había sentido. Realmente siento que me lo merezco y que también me merezco estar bien, con quien sea, dónde sea y cómo sea que me haga bien. 

Así que aquí estoy, ocupándome de mis asuntos, tratando de pensar en cosas lindas. 

miércoles, 29 de julio de 2020

Espacio

Ayer, en el transcurso del día, Galeno me mandó un mensaje luego de lo ocurrido el lunes por la mañana. Hasta entonces, no habíamos hablado y yo no estaba dispuesta a romper el silencio.

Creería que se dió cuenta que había sido bastante cerrado conmigo al punto de no colaborar para bien con sus palabras; al punto de que no supiera si me estaba dejando, si quería dejarme o si simplemente se iba a alejar sin darme ninguna explicación. O si, por el contrario, ésto era algo personal, en lo que yo no tenía injerencia y podía decidir si acompañarlo o no en éste traspié.  

Con el apodo tierno de siempre encabezando, me dijo: "quiero que sepas que aunque estoy mudo, estoy". A continuación, me explicó que su silencio no significaba que no tuviera ganas de hablar conmigo, que no estaba mal conmigo y que, por favor, lo bancara.  Yo le contesté que cuando tuviera ganas de hablar, me llamara, ya que nos debíamos una conversación. Sé que suena duro pero no se lo dije de una manera despiadada, sino, todo lo contrario. Se lo dije bien y no tomando ningún tipo de partido ante una situación que desconozco.   

Si bien agradezco su registro del otro, considero que llegó un poco tarde (no en términos de tiempo cronológico sino en la forma de resolver las cosas). Pero estoy tratando de ser un poco más flexible porque me reconozco muy dura en mis relaciones personales y es algo que personalmente estoy tratando de mejorar sin resignar mis necesidades individuales. Por momentos, no sé qué hacer. Me refiero a que la distancia está y yo puedo tomarlo como algo definitivo y seguir adelante con mi vida; o como algo en lo que de acá en adelante podemos revisarlo y considerar, a la vez, si realmente vale la pena seguir atravesando juntos - aunque sea a la distancia - las cosas que nos pasan. El espacio está dado, éso desde ya, y en el momento que me llame lo atenderé y charlaremos porque considero realmente necesario hacer ésto. Pero al mismo tiempo, ¿qué implica bancar? Éso es precisamente, y algunos detalles más, el tema fundamental que hablaría consigo.

Yo no sé si está enfermo, si le pasó algo grave a alguien que quiere, si tuvo un problema con su hija, si le pintó el bajón mal por algo relacionado a su edad, o si le entró una crisis filosófica en el ojo. O si está evaluando algo grande o si sólo le dió un estrés por todo el contexto que nos está tocando vivir , aún en provincias diferentes.  Pero, por el momento, tendré que tener paciencia si quiero averiguar el real motivo de todo éste escenario y, sea cual sea mi decisión pasado ésto, también si pretendo irme de ésta historia o quedarme en ella teniendo en claro el porqué.

Aunque de todos modos ¿me queda otra? ¿Está realmente pidiéndome ésto porque no quiere perder lo construido o porque quiere seguir haciendo valer su voluntad por sobre las necesidades de los demás?

II

Anoche, mi papá, que está al corriente de los hechos, me cruzó en el comedor de casa y se dió una charla curiosa 

- Yo te conozco a vos, porque sos mi hija, y a él no lo conozco... Pero por todo lo que me contaste siempre, no me parece un mal tipo tu ***. Y creo que si te dijo ésto es porque realmente necesita que lo banques, y no quiere cagarse en la relación que ustedes tienen ¿me entendés hija? A otro tipo, si no le interesa una mina, desaparece papi... - me explicó, usando ése apodo (me dice papi, así le decía yo cuando era chica a él) - Acá la mano no es con vos, te lo está haciendo saber para que no arranques como arrancas vos y lo mandes a la mierda. 

Lo miré y le puse cara de desconcierto. 

- No sé qué hacer, papá. ¿La verdad? No tengo idea. 

- Acompañalo. 

- Pero... ¿ésto es acompañar? 

- Sí, acompañalo. ¿Y sabés por qué? Porque cuando estás al lado de alguien se lo acompaña en los momentos jodidos. Aún si el día de mañana te enterás que te mintió, y que usó ésto para hacerse el gato, vos lo acompañaste. Y eso, a los cincuenta años, se valora de otra forma. Además, el tipo, mandó ese mensaje justamente para pedirte que lo entiendas. ¿Vos qué te pensás, que no se dió cuenta de quién sos? 

Lo miré con el escepticismo gravado en el rostro. 

- ¿Y si es mentira? 

- Si es mentira, si vos llegás a descubrir con el tiempo que es mentira, estás más que autorizada a pegarle una patada en el culo... Pero mientras tanto, en éste momento difícil que está pasando, bancalo. Dejalo que se tome su tiempo, ya te explicará, te llamará, pondrán en claro ésto. Tené paciencia, milenial - bromeó. 

Me reí. 

- Veremos qué pasa con el amigo - le dije a mi papá, en referencia a Galeno. 

Lo que se está poniendo en juego para mí, precisamente en este contexto y en éste momento, no sólo es el registro del otro que tiene Galeno, sino también, mi credibilidad sobre su persona.

Veremos qué pasa con el amigo. Yo por lo pronto, voy a bancar ésto para poder hablar consigo, y tomar una decisión cuando sea el momento... Supongo que es lo único que puedo hacer, al menos, hasta donde me llegue la paciencia. El modo Penélope no es algo que quiero para mi vida. Odiseo hubo uno solo y tardó veinte años en retornar a Ítaca...

 ¿Pero cómo saber qué es lo correcto, lo conveniente, en una situación así?

Mi sol

Los últimos dos días fueron extraños para mí y considerablemente difíciles. La ausencia inesperada de Galeno y todo lo que me evocó del pasado, en un contexto como el que estemos viviendo, es muy complicada.Mi mente se llenó de burbujas. Pero si algo me quedo por rescatar, fue un gesto de mi sobrino mientras hacíamos videollamada. 

- Mándale besos a la tía que va a cortar - le explicó mi hermana, cuando me estaba yendo, porque se me acababa el horario de almuerzo. 

Cuando le dice así, el por lo general saluda con la mano o tira besos. Por eso, saludé, le dije que lo amaba y agite una mano para que lo identifique de algún modo. 

Pero esta vez se acercó a la pantalla y le dió un beso a mi rostro.  Al instante, morí de amor. 


martes, 28 de julio de 2020

Pesadilla

¿Por qué desapareciste, Galeno? ¿Por qué algo así, de ésta forma tan poco prolija? Creo que nos debemos una charla... ¿Sabés que no puedo creer que vos, precisamente, me estés haciendo ésto, no? Si me decías que lo iba a hacer otro hombre, te decía que podía ser... ¿Pero vos? No. Realmente esperaba que vos, que siempre habías hecho las cosas bien, no desaparecieras así, de un día para el otro, de la nada, y siquiera me dejaras un motivo. "Seguramente volveremos a hablar, necesito desarticular las palabras por un rato", me dijiste, "ésto no es una despedida, ya charlaremos", añadiste, además, cuando yo interpreté como que sí lo era, porque te dije que los medios términos para mí eran muy dolorosos y que si te pasaba algo referido a nosotros estaba todo bien, pero que me lo dijeras por favor, así yo me abría. De hecho te dije que podías contar conmigo, que si necesitabas ayuda ahí iba a estar y que si no lo querías contar respetaba el espacio. Pero qué doloroso es respetar el espacio de una persona que se va sin dar explicaciones, después de haber pasado las experiencias que pasamos nosotros. Qué doloroso es no saber si te alejaste porque estás cansado, porque te pasó algo de un tema que yo no sé, porque te dió viruela o porque se te antojó de un día para el otro encerrarte en tu castillo de niño rico y seguir haciendo tu vida como si yo no existiera, como si nunca hubiera existido. 

¿Por qué hiciste las cosas así, cagándote en todo, pensando sólo en lo que vos necesitás, sabiendo que el otro lado hay una persona que hizo lo mejor que pudo durante todo un año y que tiene derecho a recibir una explicación? ¿Por qué hacés esto, si miles de veces te demostré que me preocupo por vos? ¿Por qué no querés hablar más conmigo? ¿Qué fue lo que pasó? Creo que tengo derecho a saberlo. Me lo merezco. Y lo necesito, además. 

La verdad es que pasan las horas, ha pasado un día entero ya, pasa la noche, la madrugada, empieza un nuevo día... y yo no salgo del shock, aunque tampoco puedo dejar de llorar.  ¿Por qué hiciste una cosa así, sin explicarme nada, como si no hubiera sido parte de tu vida éste último año juntos?  

Me siento dentro de una pesadilla.  Necesito despertarme y ver que me llegó un mensaje tuyo diciendo "buenos días, mi aliencita... Paso a dejarte besos y desearte una buena jornada"...

¿Por qué me tiene que volver a pasar ésto? ¿Por qué así, por qué de nuevo éste silencio? ¿Por qué?

lunes, 27 de julio de 2020

No es el momento

No vamos a estar juntos cuando termine la pandemia. No iremos a comer pizza, ni a un hotel lindo como habíamos pensado. Tampoco iremos a caminar juntos por Buenos Aires. Ni mucho menos volveré a tu provincia, a tu casa, a mirar las cosas como se ven desde tu balcón.  No vamos a reencontrarnos un día, entre barbijos y alcohol en gel, como tantas ganas tenía. Ésta espera habrá sido absurda, y acabarán por no valer la pena tantos meses de ganas, de esfuerzo, de valentía por seguir creyendo en una historia así pese a las dificultades. 

Es una lástima Galeno, sí, una verdadera lástima que lo nuestro haya sido más desencuentro que encuentro. Que tanta sea tu necesidad de espacio al punto de aislarte y alejarte así, de mí, que jamás te propuse nada ni te puse condiciones de ninguna clase.  Lo que viene, lo sé, no va a estar bueno para mí, pero no voy a desesperarme. Otro de mis miedos se está realizando y sólo lo miro firme, como si lo hubiera sabido desde el principio... Quizá sí, fue un poco así, siempre lo supe. 

Si miro para atrás, en el último año de mi vida, estuviste en todo. Y eso es difícil de disociar, igual que los proyectos, las ganas de viajar, o las anécdotas. Pero creo que era la única alternativa ante tu "necesito desarticular las palabras por un rato, ya hablemos", es decir, necesitar un poco de silencio, de lejanía, de distancia y dejarme en éste lugar de mierda, implica que estés meando fuera del tarro. Y creo que correrme, porque no me banco ésto, como de hecho lo hice, es lo mejor que pude hacer. ¿Si es doloroso? Súper doloroso. Exactamente como pensé que me iba a doler, y te diría que un poco más... Pero no le encuentro otro sentido. 

Ya no espero nada de vos, quiero que lo sepas. El egoísmo que demostrás no le hace justicia a los buenos momentos, a todo lo que hemos compartido en éste último año juntos. Y no te juzgo, simplemente, no es algo que yo pueda soportar. Que siempre sea yo la que tenga que estar considerando todo de vos, no me parece algo justo, y eso que me mando mis cagadas... pero ésto no es una cagada. Ésto es no querer un lugar de mierda, de repuesto, de cucharachita... Así que, si el trato es estar a tu lado bancándome que todo sea como vos necesitás, que siempre estés poniendo primero tu lugar, tu necesidad de silencio, tu necesidad de estar con vos mismo; o estar cómoda sin vos, prefiero estar cómoda sin vos. 

Porque no sabía que a nadie le podía hacer tanta diferencia mandar un mensaje a una persona que te interesa. O que eso fuera perder tanto espacio. Digo, es mandar un mensaje como mandaste hoy a la mañana, incluso... y que se sintió como si te acordaras que existo después de un día y medio sin señales de vida. 




sábado, 25 de julio de 2020

Apreciación

Ése atardecer lo miramos desde un octavo piso. El octavo piso que ocupa en la Ciudad Capital de la Provincia de ***. Nos quedamos callados, contemplándolo, sin que supusiera éso un problema. Miramos, a la izquierda, el resto de la gente retirarse de la pileta y al personal del natatorio empezar a juntar sus cosas. 

- Ya se va la gente de la pileta - musitó Galeno, acostumbrado a los movimientos del barrio privado donde vive hace ya varios años. 

Miré ese escenario sintiéndolo como lo que era, es decir, como algo extraño para mí, ajeno a mi mundo. 

- ¿Siempre están acá? 

- Mientras haya gente en la pileta, tienen que estar los guardavidas - me explicó - Es parte de las reglas... de acá.

Asentí con la cabeza pensativamente. 

- ¿Alguien externo puede pasar a hacer uso de algo? ¿Pueden usar el spa o el solarium? - le pregunté, porque no sé si por la arquitectura o qué intentaba entender para qué tanta magnificencia. 

- No, sólo la gente del complejo y los invitados a los que uno les haga una autorización - me explicó. 

Miré a Galeno, seguramente, con la ajenidad manifiesta en el rostro. 

- Y sin embargo, lo más lindo, sigue siendo lo simple - le dije, y le señalé con los ojos la esplendorosa vista de ése anochecer tan prematuro. 

Nos quedamos en silencio, mirando cada uno hacia un punto diferente. 

- Por eso, cuando la gente se queja de estupideces, me enoja tanto - musitó. 

Miré a Galeno por un instante y me acerqué un poco más a él, casi cancelando la distancia. 

- La gente siempre va a tener algo para decir - admití - Creo que lo único que podemos hacer es seguir apreciando lo que se tiene en el momento donde se lo tiene. Y ya está. 

Galeno asintió con la cabeza. 

- Por eso, no entiendo a esa gente que se queja. He conocido tanta gente que se queja y no sabe lo que realmente es... 

 - A veces, es mejor no ser como esa gente. En especial, cuando sabés lo que es, y cuando ya tuviste la experiencia. No hay que olvidarse de apreciar y de valorar los buenos momentos. 

- No, jamás - sentenció. 

Lo miré, le sonreí levemente y me quedé callada. 

- ¿Dónde vamos a ir a comer nosotros dos? - me preguntó, con otro tono. 

- A donde usted quiera, señor, soy turista - le dije, en broma. 

- ¿Te querés bañar primero vos? - me preguntó, cortés. 

- Hoy sí - dije, acariciándole la espalda - así me arreglo un poco mientras vos te duchás y no me esperás...

- Dale - me dijo Galeno, sonriéndome, y se dispuso a entrar de nuevo al departamento. Yo me quedé un instante más meditando lo extraña que es la vida como para haberme llevado a ese lugar y, como si saliera de un trance, me fuí a buscar ropa limpia a la habitación. 

Una vez que él se dedicaba a leer desde la tablet y mirar algunas cosas en su celular, lo dejé hacer. 

- ¿Puedo pedirte una toalla? - le dije, en un tono formal, antes de cerrar la puerta y entrar en el cuarto de baño. 

Él se rió, y me contagió, porque me le aparecí en ropa interior como si fuéramos largos convivientes. 

- Sí, claro, disculpame - musitó y me acompañó hasta el sitio de las toallas limpias dentro de un enorme armario - No ibas a tener con qué secarte ... - admitió. 

- Ni con que cubrirme... Qué desgracia - ironicé. 

- Por favor, chicos - me burló. 

- Gracias - le dije, y antes de irme, se lo pregunté: - ¿Ya elegiste un número? 

Asomando la cabeza desde el otro ambiente, Galeno afirmó. 

- Sí. El uno. 

Me reí. Era el mismo que yo había elegido, la opción de lencería que me gustaba más. 

- ¡Buenísimo! - le avisé y me salí de su campo visual. 

Una vez que salí, y que a su vez Galeno entró en el baño, me dediqué a cambiarme, pasarme todas las cremas que uso a diario, a peinarme y a maquillarme. Elegí un jean de color azul oscuro, una camisa de mangas cortas a rayas muy bonita y me maquillé lo justo y lo necesario. 
Él salió del baño, envuelto en una toalla, justo cuando me estaba terminando de acomodar el pelo.  Lo miré a través del espejo y le sonreí muy levemente. Galeno se me quedó mirando, desde atrás, sonrió e hizo un gesto de aprobación con el rostro. 

- Te pusiste la camisita...  - musitó, con un tono divertido. 

- No quiero que tu único recuerdo mío sea la cara ojerosa o irritada por el sol - lo burlé. 

- Tengo otros recuerdos, yo - dijo, y se fue para la habitación. 

Sacudí la cabeza, me reí por lo bajo, y lo dejé vestirse. Una vez que terminó de acicalarse, es decir, de calzarse su remera negra lisa y sus Levis, asentí con la cabeza y me lo quedé mirando. 
Galeno fue al baño y, desde lejos, pude observar como se ponía su perfume, es decir, un detalle suyo que me convoca el deseo casi sin fallos. 

- ¿Ya estamos? ¿Vamos? - me preguntó. 

Tomé mi cartera bordó, me puse mi campera de cuero, y con un gesto dí la aprobación. Cuando nos subimos al ascensor, directo hasta la playa de estacionamiento interna, lo miré en el espejo. 

- Veni - le pedí, haciendo que agachara su cabeza - Tenés una antenita - le expliqué y lo peiné con los dedos de mi mano. 

Le sonreí cuando terminé. Galeno me miró con una sonrisa sin mostrarme los dientes. 

- Me gusta esa cartera - admitió - y la camperita está linda también 

Lo miré, riéndome. 

- Me encanta cómo te fijas en todo, vos... ¿Yo soy ojitos, al final? 

- Pero por supuesto que me fijo en todo... - bromeó. 

- No te vas a salvar de mis ojos, te advierto eso - le respondí. 

- ¿Y quién te dijo a vos, pendeja, que yo me quería salvar? - espetó. 

Me reí y seguimos andando. 

II



- ¿En serio?- le dije, mientras trataba de conmensurar el gran placer que me estaba haciendo sentir con sus caricias, sus besitos, sus masajes - no me hagas eso, si no querés que me muera - supliqué. 

Galeno siguió besándome muy despacio, con toda la paciencia del mundo y la experiencia de sus años, la línea del cuello, la nuca, la espalda... Ante mi clara aceptación, se rió por lo bajo y lo siguió haciendo, incluso con más delicadeza y más expectación. 

- ¿Sabés lo que quiero yo? - me preguntó. 

- No - le dije, como pude. 

- Que disfrutes como lo estás haciendo - me dijo, al oído - Me encanta que disfrutes así...  - añadió y a mí se me puso toda la piel de gallina. Sentí un escalofrío atroz que me recorrió completa. Un estremecimiento general. Algo que sólo Galeno logró conmigo hasta el momento.  

- Dios mío - le dije, ni bien envolvió todo mi pelo con su mano para despejar el área y seguir arrastrando sus labios por mi espalda, mientras mordía muy despacio parte de mi cuello y llenaba de besos húmedos mi nuca - no podés hacerme ésto así de bien - me reí, por lo bajo. Y cuando creí estar un poco más en tierra, mi cuerpo le siguió respondiendo más y más y más... - 

- Soy todo tuyo... - me dijo, mientras nos quedábamos acostados frente a frente, casi robándole el uno al otro el aire. 

Lo atraje hacia mí sólo unos milímetros para besarlo, apretujarlo y grabar mi cuerpo en el suyo. 

- Yo también soy toda tuya, sabés que sí - afirmé, dispuesta a demostrárselo, enderezándome, dispuesta a cambiar un poco la perspectiva de los cuerpos.  Y se lo demostré con creces. Incluso yo misma me sorprendí, porque salió a la luz algo mío que jamás había salido con otra persona y eso fue una especie de revelación. 

Al día siguiente, de hecho, Galeno todavía recordaba complacido el episodio que yo había llevado adelante la noche pasada. 

- Qué bien que estuvo - me dijo, con ojitos brillantes - Nunca me habías hecho algo así. Espectacular. 

Lo miré, sonreí y asentí con la cabeza. 

- Lo que pasa es que vos sos tan generoso conmigo, que sacás mi lado sexual más dulce... - le expliqué. 

Se rió. 

- Que seas dulce, toda hermosa vos, me vuelve loco  - reconoció. 

Ésa frase le salió con mucha más tonada que las demás, por lo que me reí levemente y revoleé los ojos. 

- Me va a dar un ACV con esa tonada, mi ***  - argumenté, mientras lo llamaba por el gentilicio de su provincia, es decir, el apodo que lleva y que uso como si le dijera mi amor - Yo te suplico que no me repitas esa frase porque cagamos... - le dije, en un torno que reconozco como dulcificado, sí, sin que pudiera evitarlo.   Y me la repitió. 

Como para que después no ande uno sacando sus lados más dulces, empáticos y sentimentales cuando pasan las cosas que pasan. 

viernes, 24 de julio de 2020

Seguimos aquí ...

Mientras mi cuñado, hermana y sobrino enfrentan el Coronavirus, vamos teniendo de a poco novedades sobre cómo se mueve éste virus. Como se sabe, no son muchos los niños pequeños que contrajeron esta enfermedad en Argentina por lo que fue necesario hisoparlo. En efecto, los tres hisopados arrojaron resultados positivos, por lo que se sabe con certeza que los síntomas ahora están respaldados por un test, aunque realmente era imposible que fuera otra cosa porque los tenían a todos. 

Hoy hablé con mi hermana y mi sobrino por videollamada. A él, por suerte, lo encontré muy bien. Los síntomas que tenía hace unos días tales como fiebre, dolor de cuerpo, y una erupción en la panza - todos compatibles con las manifestaciones de COVID-19 en niños pequeñitos - fueron desapareciendo. Mientras charlamos hoy se mostró interactivo, sonriente e incluso bailó así que fue una tranquilidad y una manera de que todo ésto sea menos duro para nosotros, los familiares, que nos angustiamos frente a ésta situación. 

Mi hermana ahora se encuentra en el pico más alto de los síntomas, a diferencia de mi cuñado, que ya lo pasó. Le duele mucho el cuerpo, el malestar se le nota en la cara, pero nos dimos cuenta que el virus se mueve diferente en cada cuerpo y que mientras ataca ciertos lugares en algunos, en otros organismos, se centra en manifestarse como dolor de cabeza o en fiebre.  En vías de recuperación, de todos modos, están ambos. Tienen que cuidarse mucho, sí, pese a todo, porque todavía atraviesan una instancia donde pueden contagiar a los demás y eso les implica un aislamiento absoluto que por otra parte están cumpliendo con gran responsabilidad. 

Lo cierto es que me alegra que, nosotros como familia, también fuimos responsables durante éste tiempo y no nos juntamos de modo clandestino. En especial, porque mis padres son posibles pacientes de riesgo y tranquilamente podrían haberse contagiado en cadena si nos congregábamos. Sabíamos que siendo médica mi hermana podía circular con más libertad, y que podía venir a vernos, pero creo que justamente por esa razón elegimos que no sea de ése modo. Y ahora, la verdad, me siento muy aliviada por eso, porque por lo menos en nuestro caso, se volvió significativo todo éste sacrificio de los últimos cuatro meses. 

Vamos a ver cómo concluye éste capítulo de la historia, pero mientras tanto, seguimos aquí... Ojalá pronto ocurra uno de ésos giros inesperados, que siempre suelen ser parte de los argumentos literarios, y empiecen a ir mejor las cosas para nosotros como país. 


jueves, 23 de julio de 2020

Camino

Veintiséis. Esa es la cantidad de años que me lleva. Veintiséis. Y cuando alguna persona con la que tenga confianza me pregunta por él, o se entera y me pregunta las cosas básicas como qué hace o qué edad tiene; en contadas oportunidades, considero que merece conocer un poco más de lo que yo considero íntimo, hasta le explico lo más profundo que conlleva la diferencia de edad para nosotros.  No es solamente decir " ah, el tipo se buscó a una pendeja" o "ah, mirá la pendeja, se buscó un tipo grande", como si se tratase de buscar. A veces, cuando realmente nos asomamos a las historias de la vida de la gente, entendemos que es mucho más que eso. Y que no es, simplemente, el capricho de poder elegirse cual si todos fuéramos objetos prescindibles.

Hace unos días charlando con mi mejor amiga, estuvimos meditando sobre algunas cuestiones que nos parecían importantes a la hora de tener una relación con alguien, aún mismo está fuera a distancia y relajadamente, como es mi caso. Ella me estaba contando el estado de situación con su actual-ex, y yo la escuchaba atentamente. Opinión va, experiencia viene, me encontré diciéndole algo muy singular. "El amor no tiene por qué ser un esfuerzo. Porque si es esfuerzo, no es amor. Ojo, no se lo que es el amor, pero te juro que si algo aprendí es que no es esfuerzo"... y creo que es algo que he pensado durante mucho tiempo, una especie de aprendizaje interior, que jamás le había dicho a nadie.  ¿Y por qué le dije esto? Porque para mí también alguna vez el amor fue esfuerzo, fue pensar que era justo que resultara así y fue pensarlo de esa forma. Fue un todo cuesta. Y me costó, justamente, muchos años vivirlo de otra manera, darme la oportunidad de recibir otra clase de afecto y de brindarlo sin que todo fuese un esfuerzo, una hazaña, una empresa imposible donde parecería que debemos decirle al otro que haga el esfuerzo de querernos, que no es tanto esfuerzo contactarnos, que no es tanto esfuerzo jugarse por lo que les pasa, en caso de que les pase, olvidando que éso es precisamente lo que hace cualquier persona medianamente coherente con lo que siente, le guste o no le guste a los demás.  

Años antes, con Él, o incluso con la gente que me gustaba, yo pensaba que era la que se tenía que mover, que hacer el esfuerzo. Pensaba que era valiente por eso y que si no hacía nada, el otro jamás se iba a dar cuenta.  Hoy mirándolo a la distancia creo que detrás de un coraje que no desestimo había estado el deseo de entenderme con alguien y por eso yo sentía que debía hacer el esfuerzo, como si tuviera que pagar los platos rotos por no entenderme con todo el mundo fácilmente o por tener pocos amigos, o por haber sido siempre una persona tan selectiva. Deseaba, sí, de alguna manera mirándolo en perspectiva puedo llegar a darme cuenta que deseaba tener un vínculo genuino con alguien, de esos irrompibles, donde pese a las dificultades, las cosas encajan. 

No empecé a darme cuenta quién era esa persona hasta 2018 y no termine de conocerla hasta 2019. Y no, no fue Galeno, sino que fui yo. El único vínculo amoroso, real y sincero, lo tenía que tener conmigo misma; y luego, lo demás, sería magia.  Aunque no lo supiera, hoy puedo asegurar que fue así. El último año, en mi vida, fue curioso. 

No estaba buscando a nadie sino que estaba muy centrada en mi. Creo que jamás estuve tan centrada en mi y en la vida que deseo manifestar, como en ese momento. Vivía laburando, estudiando, me hacía cargo de mis gastos y ayudaba a mi familia. Pasaba tiempo con mi sobrino, compartía tiempo de calidad con mis amigos, iba de acá para allá y realmente estaba muy concentrada en cada decisión que tomaba. Trataba de afrontar los desafíos que me suponía estudiar y trabajar al mismo tiempo, no tener tiempo para nada más, ser responsable con las dos cosas, administrar mi dinero para todos mis gastos y , al mismo tiempo, trataba de hacerme a la idea de una transición que se había dado: dejar de pensarme toda la vida como Docente de Literatura a asumir que la vida estallaba por si misma en el momento menos pensado y ahí estaba yo, haciendo otra cosa todos los días, mientras terminaba de estudiar y la carrera cada vez se me hacía más larga.

El amor, en ese momento de mi vida, era todo destinado a mis sueños, a mis amigos , a mí sobrino , a las cosas y personas que me hacían bien.  Y ahí fue cuando la cabeza me hizo un click: podía estar bien así toda mi vida, por lo que no me hacía falta estar en una relación con nadie. Estaba feliz. No pedía nada más. Me encontraba colmada y disfrutando. Viviendo el presente al máximo con todos sus desafíos. Y los hombres, para mí, no eran nada superior o necesario para vivir. Al contrario. Estaba muy tranquila de ese modo, y pensaba que en algún momento iba a pasar, pero lo veía como algo lejano, muy lejano, a decir verdad. 

Creo que no hay más confianza en el futuro que cuando nos dedicamos a vivir el presente. Y justamente por mi incapacidad de vislumbrar el provenir, considero que la vida me presentó a Galeno precisamente en ese estado de las cosas. Cuando yo no pensaba que me iba a entender con un hombre sino cuando ya ni me importaba entenderme con alguien como forma de encajar en el mundo. Estaba ahí, en mi lugar y ese sería el mundo. Mi propio mundo. El que yo construía a través del trabajo, mi familia, el amor de mi sobrino, etc. 

Hoy en día, ya haciendo un análisis frío, Galeno es la persona que menos espere en mi vida. Es todo lo que me pareció imposible no desde el deseo sino desde el sentido común. Galeno es todo cuánto jamás me imaginé, simplemente, por tener otros sueños en la cabeza y por pensar que ésta clase de historias acontecen para otra gente.

Creo que la vida me demostró con ésto que no hay nada imposible, y que, aunque no lo podamos creer o entender, las cosas pasan o no pasan. Nunca pasan a la mitad, ni se quedan en lo que hubiera podido ser; simplemente ocurren o no. Y yo, que ya me había acostumbrado a que no ocurriese nada, me encontré con que acabó aconteciendo todo.

Por eso, llegué a la conclusión, de que el amor no tiene por qué ser un esfuerzo, que no tiene que ser dolor y que no tiene que ser tristeza. Porque aunque no lo sepamos, la vida es sabia y se entera antes que nosotros cuando llegamos al punto correcto del camino. Entonces, nos cruza con quien nos tiene que cruzar. Y deja que dos seres humanos hagan lo suyo.

Comprendí que cuando uno quiere estar al lado de otra persona, hasta se toma un avión para verla. Que no se trata de otra cosa que no sea demostrar interés cuando se tiene y ya está.  Y lo comprendí, precisamente, el día donde ví que yo también había llegado a esa instancia. Que Galeno fue un guía excelente, con sus veintiséis años de diferencia, para ayudarme a poner en palabras las cosas y para no avergonzarme del interés por alguien más...

Qué curioso... Éso era exactamente todo lo que yo necesitaba ejercitar.  Qué casualidad.

martes, 21 de julio de 2020

Ironías

Ésta conversación la tuvimos con Galeno poco tiempo después de empezar a hablar. Casi un año después, podría decir tantas cosas al respecto, que sólo la leo y sonrío asombrada.

¿Cuántas trabas le puse, cuántas reticencias? No me valieron de nada. Porque contra todo pronóstico, de alguna manera, una parte de mi siente un gran afecto y agradecimiento en la actualidad.

Un año después Galeno sigue en mi vida... y yo, que no quería quererlo... Qué ironía.

II

finales del mes de agosto 2019




- Yo a vos te voy a querer toda mi vida (que no es mucha en mi caso), así que cagaste - dijo Galeno 
- ¿Y cómo sabés que me vas a querer, vos? - lo burlé. 

Me hubiera faltado decirle: "¡ni sabés lo que va a pasar mañana, dejá de mentir!" 

- Te lo dije desde el principio: porque ya te considero especial. 
- Si, me lo dijiste, pero es extraño. 
- No para mí, que me conozco - me contestó. 
- Gracias por lo que me dejás - ironicé - Bueno, para mí, sí es extraño  - dije. 

"Y yo también me conozco", pensé, en mi mente. 

- Cagaste - me repitió. 
- No me vas a querer toda la vida - le dije. 
- A pesar tuyo...  - me contestó - Vos me podrás patear, sacar cagando, pero yo no cambiaré mi posición.  
- No, yo simplemente voy a dudar de vos. Me voy a quedar como Descartes, dudando de todo, incluso, de mis propios sentidos - dije, a modo de chiste. 

Me entendió el chiste, obvio. 

- Bueno, dale, Miss Escepticismo. 
- Dudar me ayudó a no mandarme tantas cagadas - le conté. 
- Mandate cagadas; sos joven. 
- No tiene nada que ver... - afirmé. 
- Yo también soy viejo y me sigo mandando cagadas. 
- No es lo mismo. No vivimos las mismas cosas. Vos pasaste miles. Yo, recién ahora, estoy eligiendo el color de mi coraza. 

(...) 

-  Bueno, vos meté coraza, duda, escepticismo, sacarme cagando; etcétera. Pero no podrás hacer que yo no te quiera para siempre. 

(...) 

- Empezamos hablando de las cremas para *** y terminamos así. Nos fuimos a la mierda - me dijo. 
- Sí, tremendo. 
- Vamos a dormir. Yo estoy libre mañana pero vos no. 
- Sí, dale.  Besos, descansá. 
- Que descanses. 



lunes, 20 de julio de 2020

"¡Mirá cómo va!"

Hace unos días Galeno, en recuperación de su vida cotidiana, salió a caminar por un conocido parque de su provincia con su hija. Me contó qué tal la pasó, qué anduvieron haciendo toda esa jornada juntos y nos acordamos de algo muy gracioso que nos ocurrió la vez que estuvimos juntos nosotros dos por sus lados. 

Cabe decir que la única cosa que le pedí a Galeno sobre mi estadía residió en que fuéramos a comer un choripán pues en sus pagos los hacen de maravillas. Así fue que, en uno de los días del último viaje hasta el momento, estacionó su auto en cierto lado del parque y empezamos a recorrerlo a pie, hasta llegar al puestito de ese espectacular choripan al paso. El mejor que he comido, por lejos, en veinticinco años. 

Pero lo más gracioso fue que, cuando ya llevábamos un rato sentados en el pasto, charlando, mientras observaba el paisaje de fondo y disfrutaba de ése momento de tanta alegría, Galeno observó: 

- Mirá, allá hay una iguana - dijo, señalandola - Qué linda, ¿la ves?

Mi cara se transformó. Estaba a medio camino de nosotros y yo ya necesitaba saber cómo salir corriendo de allí, por el asco que me dan los bichos. 

- ¿Dónde? - le dije, y lo miré. 

- Allá, va caminando... ¿la viste? - me preguntó, todo feliz, él, con las especies silvestres, los bichos, los animales, los insectos... 

Cuando la ví, con esa forma cuasi escalonada que tienen de caminar, estos bichos, me dió un acceso de asco importante. Y empecé: 

- ¡Aaaaaay, síiii, mirá! ¡Ay, quéeee assscoooo! - le dije, según me diría Galeno, con una tonada de Buenos Aires que estaba para morirse - ¡Nunca había visto una, qué assssssco que son, por Dios!

- ¿Qué tiene de fea? - me dijo, riéndose. 

- Es un asco, brrrr ¿no te parece un asco? - exclamé - ¡Encima, mirá, mirá cómo va! - le dije, en referencia a como se iba moviendo, por suerte, cada vez más lejos de nosotros y le hice una breve mímica con el cuerpo. 

Galeno se empezó a reír a carcajadas. Tentado como pocas veces lo he visto, dijo: 

- ¿Y cómo va a ir, si es una iguana? - reflexionó, siempre tan perspicaz él. 

Largué una carcajada tal que terminé llorando de risa. Reconozco que fue muy "de hueca" ese comentario, pero no pude evitarlo. Me dan asco los insectos, los animales por lo general también, y soy muy impresionable con casi todos ellos. Si por mi fuera, sólo existirían los perros, los gatos y los caballos, porque con el resto, no tengo ni contacto ni interés por establecerlo.

- ¡Ay me muero! - le dije, una vez que me recuperé - Ya está, chicos, éste momento quedó en la historia.

Galeno, todavía riéndose, admitió:

- ¡Seeeeh , ésto acaba de pasar a la historia,  en este preciso momento! -

El parque de su provincia tiene éste tipo de atracciones, y fue parte de mi bienvenida a ese lugar tan bello de nuestro país. Durante ese mismo día, incluso, nos mirábamos y nos tentábamos de sólo saber lo que había pasado. 

Al día de hoy, aún mismo haya pasado mucho tiempo, me sigo acordando de la iguana asquerosa de ese parque tan lindo, lo cual constituye un símbolo en nuestra historia, y me sigo riendo sola.  Galeno la recuerda como el día donde hice los honores a toda mi identidad de chica de ciudad que le tiene asco a todos los bichos habidos y por haber y no los quiere a cinco metros a la redonda.

 Por suerte, él me acepta así, bonaerense y todo, con mi asco innominable a los "bichos raros". Y yo me sigo muriendo de ternura con su tonada, y su afán de meterse en el medio de las zonas más silvestres, como si nada.  No en vano, cuando me cuenta de su contacto con especies animales, le digo " miralo a mi Quiroga, miralo...", en una especie de broma por todo eso que nos distancia y todo eso que nos une, aunque sea inesperado.  

domingo, 19 de julio de 2020

Positivo

Estos días estoy bastante apática. No tengo demasiadas ganas de hablar con nadie. El asunto de los positivos en COVID-19 en mi familia me tiene preocupada y desanimada. 

Mi cuñado estuvo transitando un dolor de cuerpo que lo tenía al borde de las lágrimas, según relató. Mi hermana está con dolor de cuerpo más moderado, pero desarrolla fiebre por las noches. Mi sobrino, por su parte, tuvo algunos episodios de fiebre y le salió una urticaria, es decir, todas manifestaciones normales para un niño que transita el virus. 

Cada mañana me levanto pensando cómo estarán. Me alegro mucho cuando mejoran o cuando pasan algunas horas con rasgos positivos y trato de pensar que ojalá se mantenga todo en éstas órbitas. Pero el trance hay que pasarlo, y mientras eso suceda, no tengo intenciones de comunicarme excesivamente con nadie o obligarme a hacer cosas que no quiero. 

Tampoco miro la televisión, porque me irrita enormemente. Tenés al periodista idiota que quiere levantar la cuarentena, al idiota que te dice que el pico - el dichoso pico que nunca llega - es mañana y el que te cuenta, casi con regocijo de un rebrote en el extranjero. O tenés al pesimista congénito que te dice que nos vamos a morir todos, que todos nos vamos a morir infectados retorciéndonos en el pasillo de un hospital. Pero no tenés a una sola persona que trate de ponerle una pizca de onda a todo lo que está pasando. ¿Ni una buena noticia, no? Éso es lo que me pregunto, siempre que miro el noticiero... Hay que recordar que ellos viven, precisamente, de la ausencia de buenas noticias y que lo mejor que se puede hacer, cuando estás con el problema real frente a tu cara, es no darles importancia. 

Ojalá que todo ésto pase pronto. 
Porque estoy muy muy cansada. 

Me tiene harta éste virus.  Me agota ver gente haciendo estupideces, las noticias, los números, los muertos, las perspectivas y las explicaciones sociales, económicas, psicológicas y hasta místicas para éste virus de mierda. 

Lo único que yo no quería que pase en todos estos meses , ya me pasó. El peor miedo, lo estoy viviendo.  Después, que la cuenten como quieran. Que hablen si se puede salir, si no se puede, si abrirán los negocios, si no se pueden abrir las peluquerías o si van a dejar salir a correr a tres o cinco porteños más. 

¿Sinceramente? No me interesa lo que haga esa gente que aún pudiéndose cuidar más sale a buscar el virus. ¿Y por qué? Porque no se le puede poner palabras a la furia y a la impotencia de que tus seres queridos tengan que pasar por ésto, si siempre se quisieron cuidar. ¿Y por qué creerán los demás, cómo es que se contagian los médicos? ¿Cómo es que mi cuñado se contagio el virus? ¿Cómo es que se lo pasó a mi hermana y se terminó contagiando a mi sobrino? 

Porque lo pusieron a hisopar a los demás. Porque lo expusieron.  Y porque el equipo de protección no fue suficiente. Y porque, como bien se sabe, no toda esa gente es un trabajador o una trabajador esencial, claro... 

Así que, si es que tenemos que apelar a la responsabilidad individual, deberían cambiar cosas mucho más grandes y profundas en las personas para que no sigan pagando los platos rotos la gente que realmente se expone. Cuestiones que, si no las entendemos a través de ésta pandemia, no sé hasta que punto más adelante las podamos asimilar. 

Si hay que salir a comprar al super, a trabajar, a pagar cuentas, a asistir a un familiar o a dar una vuelta con barbijo y con distancia ¿qué puede estar mal? Lo que me indigna es el estúpido que sale y hace lo que no tiene que hacer, como si no hubiera pasado nada, porque si me lo agarro y soy joven, voy a zafar. 

La pregunta que me hago es: ¿ el común de la gente cree realmente que los médicos no tienen miedos, que van saltando la soga a cubrir una guardia donde no saben si llevan el virus a su casa? ¿Creen que son héroes? ¿Que son anti-COVID-19? ¿Que tienen la vacuna puesta en sangre antes que los demás? ¿Que no se pueden contagiar y que, como son infabiles, siempre va a haber recurso sanitario para curar a cuanto pelotudo se escape para hacer algo incorrecto?

Los médicos son personas y todos quienes los rodeamos sufrimos en ésta situación, no se trata para nosotros de poder volver a circular, no es todo tan fácil. Sufrimos éstos positivos. Mi hermana, mis viejos, los suegros de mi hermana, el otro tío de mi sobrino, yo misma... Amigos, conocidos que se preocupan por ellos, y otros colegas que saben lo que están pasando y se van contagiando progresivamente, semana a semana, en distintos hospitales o guardias que comparte, porque el recurso humano sanitario es finito y eso es lo que "la gente" no parece entender.  Y en especial, cuando nadie que no sea médico puede hacer nada para ayudar o solucionarles la afección, en caso de que ellos se enfermen.

¿Qué le digo a Galeno, hace cuatro meses, cada vez que se va de guardia por doce o veinticuatro horas? "Cuidate por favor, te mando muchos besos" y me muero de ganas de abrazarlo, porque tengo miedo que le pase algo.  ¿Qué le viví diciendo a mi hermana, todos estos meses? "Cuidense mucho, mucho. Que tengan buena guardia" y me muero de ganas de abrazarla, porque tengo miedo que le pase algo.  Y vivir así, desde hace cuatro meses, cansa mucho.

No solamente el Coronavirus lo sufre el que lo padece en su cuerpo. Sino también, el que rodea a la persona que lo contrajo y no sabe qué hacer para ayudarla.

Por eso hay que cuidarnos tanto.Por eso hay que ser realmente responsables. Por eso no hay que arriesgarse al divino botón.  Por eso no hay que ir a amontonarse a lugares cerrados, a fomentar la circulación comunitaria y a hacer reuniones precipitadamente cuando se habla de una reapertura escalonada.  ¿Si hay que abrir? Es muy probable, claro, no se puede vivir para siempre en cuarentena. Todo, absolutamente todo, de a poco, va a ir llegando. Todo.  Pero los médicos necesitan tiempo para cuidar y curar a los pacientes. Y las UTI necesitan tiempo para ocuparse y liberarse, pudiendo hacer todo para todos.  No se puede pretender todo ya.

La nueva normalidad es un llamado a la paciencia.

viernes, 17 de julio de 2020

"Flexibilización"

Mi cuñado, mi hermana y mi sobrino de un año y medio, son casos positivos de COVID-19. 

Yo entiendo, personalmente, todas las necesidades sociales, económicas y psicológicas. Lo entiendo, de verdad, y por eso he tratado de hacer lo mejor que pude en éstos cuatro meses. Pero si alguien está leyendo ésto, cuídese por favor, éso es lo que les diría a todos. No hay nada más duro, en éste momento, que experimentar la impotencia, el miedo y la tristeza cuando las personas que más querés en la vida pasan por ésta situación. No hay cosa peor que saber que se han contagiado por servir a los demás, por ser médicos, y que mi sobrino, por ser el fruto de éste matrimonio, también está pasando por ésto cuando no puede decir, siquiera, cómo es que se siente. 

Yo sabía que ésto tarde o temprano nos podía tocar a nosotros como familia teniendo a dos miembros de ella que trabajan para el sistema sanitario de Buenos Aires. Y lo confirmé en estos últimos días. Lo que viene ahora es seguir levantándome como me levanté hoy, a la espera de que todo ésto pase pronto y podamos estar tranquilos cuanto antes. Anhelando que no haya fiebre, que todo siga así, y que se vaya tan pronto como llegó.  Y eso, en general, es muy difícil. Como si todos los días te pegaran una piña y te dejaran desorientado. 

Si alguien está leyendo ésto, cuídese por favor. Salga si lo precisa, pero lávese las manos, póngase el barbijo, no se crea que es inmune, cuídese de verdad y mantenga la distancia.  Salga si lo necesita, sí, pero no rompa la cuarentena para hacer una fiesta estúpida o una marcha, cuando todos sabemos que no se puede y que no es el momento de amontonarse... Cuídese, si no quiere hacerlo por los demás, por usted, por el poquito de amor propio que se tenga y por las ganas de seguir viviendo más allá de ésta pandemia. Sí, busque sus razones, pero no haga cagadas.  Porque después pagan los platos rotos gente que se contagió de ese virus por estar en el lugar que su vocación y su integridad le dijo que tenía que estar. O mi sobrino, que sin ir más lejos, ni sabe decir una oración y sin embargo tiene que soportar toda esta carga siendo tan pequeñito. 

No le deseo a nadie la angustia que estoy pasando en éste momento. A nadie, en lo absoluto. 

jueves, 16 de julio de 2020

Coraje

"No, no me puede estar pasando esto. No puede ser, justo a mi. Además, ¿qué va a decir la gente?". 

Eso me repetía los primeros quince días mientras hablaba con Galeno. Las primeras semanas dónde todo era un secreto y ya había dedicado treinta noches de conversación consigo. 

- Mamá - le dije, y me acerqué para ser honesta - tengo que contarte algo. 

- ¿Qué pasó, Veinte? -dijo mi madre. 

- Hace un mes, me mandó una solicitud de amistad una persona por las redes. Estamos hablando mucho. Y... me ofreció conocernos en persona. Y te lo quería decir porque estoy meditando hacerlo. 

Mi madre me miró con extrañeza. 

- ¿De dónde es? - quiso saber. 

- De la Provincia de *** - le dije.

Abrió los ojos ampliamente y se quedó callada. Obviamente, no le parecía para nada normal ni cuerdo lo que yo proponía. Es que, lo que mi familia tiene de buena, en ciertas cosas, lo tiene de conservadora. Y yo venía a ser una especie de nueva generación respecto de mis padres, pero además, de mis hermanas. 

-¿Cuántos años tiene? - prosiguendo con el interrogatorio, conteste lo justo. 

- Me lleva muchos años, sí - admití acortando camino - No es nada seguro. Pero quiero que lo sepan desde ahora... Por las dudas. 

- Pero... No sabes ni quién es. ¿Cómo es que quiere venir, de un día para el otro? ¿Qué hace de su vida ese tipo? Además, ¿hablan solo un mes y quiere venir? Mira si te hace algo, estás loca. 

- Es médico. Siguió la misma especialidad que *** - le dije, en referencia a mi hermana que también es doctora - No tiene aspecto de psicópata, ma. Al menos, no de momento. Ha sido muy congruente durante todo este tiempo, lo he buscando y rastreado. Todo lo hace parecer real. Si no, yo no estaría pensando ésto... - le expliqué. 

- Es una locura, Veinteava.  ¿Además, como es que una persona quiere viajar de una provincia a otra? ¿A qué va a venir? ¿Para que se van a conocer? Puede ser un degenerado. 

- Porque nos llevamos bien, me parece bueno que en algún momento nos conozcamos  - le dije - Te lo estoy contando para que sepas , no para que me juzgues, mamá. 

- Pero... Es muy raro. Reconocelo. ¿Qué tipo de relación vas a tener? ¿No te das cuenta que no se sostiene una relación así, a la distancia? ¿Te vas a ir a vivir a ****, estás loca?

- ¿Quien te dijo que íbamos a tener una relación, mamá? ¿Quien te dijo que me voy a mudar a otra provincia? ¡Por Dios, che, no se puede hablar con vos! Sos un prejuicio con patas... Y además... ¿ni lo conozco y ya me querés mudar? Vamos de a poco, mamá. No te mortifiques. 

Me di media vuelta y me fui dando fin a esa charla. 

Un tiempo después, una de mis hermanas, noto que estaba mucho tiempo pendiente del celular. Me preguntó con quién hablaba. 

- Con un amigo. 
- ¿Qué amigo? ¿Un chongo, boluda? 
- Nah. Con un buen amigo. Virtual. 
-¿Virtual? No tenes cara de que sea amigo. ¿Nunca nada normal, vos? - dijo, y se rió levemente. 
- Yo solo te dije que estoy hablando con un amigo virtual. Es un hombre de ***, súper inteligente, leyó mucho, es muy culto. Me gusta hablar de libros. Leemos a Cortázar. Por eso hablamos mucho, tenemos mucho en común. 
- ¿Pero de dónde salió, qué hace de su vida? 
- Me mando hace un tiempo una solicitud de amistad y lo acepte - dije - Es médico, el. Trabaja de eso. Pero le gustan los libros y todo, como a mí. 

En eso, intervino mi otra hermana que hasta el momento permanecía en silencio. 

- ¿Es médico, Veinte? 
- Si. Hace lo mismo que vos. 
- Mira vos... Qué raro un médico con tiempo libre para chatear o leer libros que no sean de medicina - bromeó, porque ella sabe lo que es vivir con eso - ¿Y cuántos años tiene? ¿Se recibió hace poquito? - preguntó. 
- No, hace mucho. Tiene más de 45 años- les dije a las dos. 

Mi hermana hizo un gesto y se llamo al silencio. Otra, me miró y sacudió la cabeza. 

- Siempre viejos, vos. Además, por qué no te buscas una persona común. ¿No podés buscarte gente que sea de nuestra clase social? - me dijo, riéndose, en honor a qué me dice que no soy como ellas a la hora de elegir.

- Che, yo soy de la misma clase social que ustedes - dijo mi hermana mayor, la doctora.

Me sonreí. 

- Loco, que exagerada que sos- le dije a mi hermana que había empezado con lo socioeconómico - Cómo si yo saliera a la calle con un cordón para cazar tipos, déjame de joder... - le dije - No busqué nada... El tipo vive en otra provincia, además, qué te creés... ¿Vos pensas que va a pasar algo? ¿Querías saber con quién hablaba? Bueno, hablaba con el. Punto. Fin del tema.

II

Pasaron dos meses y medio de esas charlas con mis hermanas, mi madre y también mi padre. La única persona que recibió la idea de primera mano y sin prejuicios fue mi mejor amiga. Ella me ayudó en todo. Me ayudó a entender lo que me estaba pasando y comprendió la situación desde el amor y la libertad. Siempre le digo a Galeno que sin ella, nosotros dos, quizá no nos conoceríamos. Que es como el sponsor oficial de nuestra historia. Y hay mucho de cierto en esto.

Porque lo cierto es que a mí los comentarios no me afectaban del todo, principalmente, porque tenían algo de lógica. Yo no creia que posible vivir una historia así. Yo tambien tenía miedo de que fuera un engaño. Entonces, ni me lo tomaba personal. Lo único que para mí tenía relieve era todo aquello que me iba haciendo sentir una persona que no había visto ni siquiera una vez, por el nivel de realidad con el que se manifiestaba.

Estaba feliz. Me despertaba de mejor humor. Veía los días más lindos porque ninguno era igual al otro. Y me gustaba mucho cuando podía hablar con alguien y contarle como me había ido, con la misma intensidad en la que pretendía escucharlo. No, no era una pasión desmesurada ni un arrebato demencial. Era algo mucho más profundo. Algo que tenía que ver con haberme conectado con mi identidad y que justamente en ese preciso momento se hubiera cruzado en mi vida una persona que parecía ser compatible a ese nivel.

Hasta que un día, me levanté y le dije a Galeno que no me animaba a recibirlo en Buenos Aires. Que por un lado lo quería conocer pero por el otro no. Que me perdonara, que era demasiado para mí. Y que tenía mucho miedo porque no me sentía capaz de vivir algo así.

Con el tiempo, comprendí que yo no me sentía merecedora de algo original, distinto al menos de lo que tenía como referencia en mi familia o amigos. Y por eso, aunque una parte de mi daba la razón a todo lo que decían los demás en favor del sentido común, la otra, la más anudada a mi identidad, ni podía creer lo que estaba pasando .

III

Todavía recuerdo la tarde donde llegué a terapia y le dije a mi psicóloga que tenía que hablar de algo. Le expliqué por qué no había hablado antes con ella. Y finalmente, lo expresé todo. Acababa de decirle a Galeno que no viniera y me había dado cuenta que no iba a poder vivir con esa decisión. Por eso, sentía que tenía que ponerlo en palabras. Para ser virtual, todo, se estaba tornando demasiado real.

- Yo sé que es una locura. Lo sé, por eso le dije que no... Se que puede ser otra persona. Pero te juro que no lo siento así en este caso, algo me dice que es cierto... Al contrario, te podría decir que sin haberlo visto una sola vez es más real que cualquier otro chico que veo todos los días en mi trabajo. 

- Bien. Suponiendo que Galeno es real, sacando la posibilidad de que sea un farsante... ¿Por qué es una locura conocer a alguien por Internet, en estos tiempos?

Me quedé callada.

- No me entra en la cabeza como otra persona viaje desde otra provincia para verme. Eso es lo que me frena más. No toda la gente lo hace. Es algo muy raro. No le pasa a todos...

- No, es cierto. No le pasa a todos... Pero a vos te está pasando, Veinte. Y aunque vos me digas que todo era virtual, yo aquí veo algo muy real en vos. Te afecta en el plano real. Vamos a trabajar está cuestión y el por qué de esa decisión. Ahora yo te pregunto algo y me gustaría que reflexiones sobre esto: ¿por qué no te puede pasar a vos, más allá de lo que le ocurre a los demás?

IV

Lo que no fue en septiembre, fue en octubre. El mes dónde después de mucho trabajo interior y silencioso, le dije a Galeno que si. Que quería conocerlo.

Ya no me importaba la diferencia de edad ni la distancia. Quería conocerlo, en virtud de todo lo que habíamos compartido virtualmente esos meses. Quería conocerlo porque sentía que no me lo podía perder, que era demasiado compatible con lo que alguna vez había anhelado ver en alguien como para resignarme así sin más. Quería ser valiente y aprovechar cada una de las oportunidades que me regalaba la vida.  Y si, a mí criterio, era una locura. No era nada que pudiera haber planeado. Pero necesitaba honrar mi propia identidad... Y estaba dispuesta a correr riesgos.

Y así lo hice. Fue en el décimo mes del año dónde le dije que si quería verme sacará los pasajes cuando pudiera y que yo lo esperaba, que había tomado una decisión correcta y que no me iba a arrepentir. Le prometí que está vez iba en serio, y le propuse que lo pensara un poco, que ni me iba a disgustar si ya no quería venir. "Yo nunca dude sobre ir a verte", me dijo, y prometió que se iba a poner en campaña para sacar los pasajes de avión cuanto antes para la fecha que habíamos acordado.

V

Galeno no me hizo esperar demasiado.  A los pocos días ya tenía arreglado el panorama general.  Había buscando un reemplazo para su trabajo, había sacado los pasajes en avión y había reservado un hotel en CABA. Pim-pum-pam. Ya desde ahí empezaba a demostrarme la intensidad que maneja una vez que toma una decisión y la gran determinación que siente cuando quiere algo. Empezaba a ser diferente a todos los que yo conocía. 

A fin de cuentas él era tan cotidiano y verdadero en mi vida, que conocerlo me parecía el acto más necesario y más valiente en veinticuatro años. No podía negarlo más, dijeran lo que dijeran, nada de eso me representaba. Nada hablaba tanto de mi propio deseo como esa posibilidad.

Y vaya si era cierto. 

A casi un año del comienzo de esta historia, Galeno ya es parte de mi vida. Mis padres, cotidianamente, me preguntan por el. Mi madre le puso un apodo simpático. Y mis hermanas ya lo tienen incorporado. A su manera, con apertura mental y afecto hacia mi, lo han aceptado y yo hasta he mandado fotos de algún que otro paseo al grupo familiar, cuando estamos juntos. 

Conforme pasa el tiempo, no obstante, reflexiono y admito que jamás imaginé que esto me fuera a pasar a mi. Que yo, una persona tan común y corriente, pudiera convocar algo semejante en otra como para que a su edad se tirase así a la pileta. Pero pasó. Y arrasó con todos los prejuicios que cada uno de los participantes de ésta historia (principales y secundarios), tenía. Porque lo que menos me imaginaba aún es que Galeno me iba a conmover así. A mí. Si. Después de tantos años y de experiencias feas. 

 ¿Que va a decir la gente? Eso solía preguntarme. Ahora conozco la respuesta y, la verdad, lo que diga, me tiene sin cuidado. Nosotros tomamos la decisión correcta. Aún con veintiséis años de diferencia, nos unió la vida y su circunstancia.

Creo que eso no puede ser casualidad. Los planes divinos no tienen margen de error. Sólo se necesita mucho coraje para andarlos. 


Ése momento.

Desde que, en marzo, se decretó el aislamiento por la pandemia mundial de Coronavirus, temí por la salud de mi hermana, mi cuñado y mi sobrino, ya que ellos dos son personal de salud. 

Hace casi una semana, mi cuñado empezó con síntomas compatibles con el virus y, con el correr de los días, se ha podido confirmar. Mi hermana, por su parte, también cursa estos días con síntomas más leves. Y mi sobrino, también muestra síntomas compatibles con un contagio por parte de su papá y su mamá. 

¿Qué siento?  Miedo y bronca, a decir verdad, porque ésto les esté pasando a ellos, que siempre trabajaron para los demás. 

Hace casi cuatro meses venía temiendo que llegara éste momento, convivía asiduamente con el miedo por mi hermana, por mi cuñado, por mi sobrino e incluso por Galeno, quien también está en la línea roja, pero en otro lugar del país.  Y llegó, pese a todo lo que hubiera querido. 

Habrá que atravesar el miedo, como siempre, cuando lo que más temíamos se presenta frente a nuestros ojos.  Espero encontrarle el cómo. 



martes, 14 de julio de 2020

Balance en tiempos de COVID-19

"Para mí, no es como vos lo decís", me dijo mi madre. 
"Es que para mí no es tan así", me dijo mi mejor amiga. 

¿Por qué será que todos siempre terminan pudiendo ver la situación con Galeno con más objetividad? Seguramente porque la angustia, el cansancio, la cuarentena y el encierro, no son buenos consejos. Y menos, cuando se tiene una relación a distancia en medio de una pandemia mundial, claro. Ni qué decirlo, por favor. 

Antes de la pandemia, nada de ésto era así. Estábamos bien, siempre. No había dolores de cabeza, ni yo me sentía tan insegura y débil emocionalmente como me siento ahora, donde cada detalle me afecta y donde siento que cada detalle diferente, cada pequeño cambio, es una muestra de desinterés de su parte. Pero, además,  cada uno estaba ocupado, haciendo su vida, y creo que eso nos hacía muy bien a los dos, a nivel individual, para poder encontrarnos al final del día, todos los días, con algo que contar, con ganas de reírnos, con ganas de relajarnos juntos.  

Yo trabajaba, tenía contacto con toda la gente de la Empresa, me reía con mi amigo de la oficina y, aunque muy cansada, también estudiaba en la Universidad. Tenía mis compañeras de cursada, chicas y chicos de mi edad, con las que compartía lo académico y me divertía mucho. Los viernes, me juntaba si o sí con mi mejor amiga en una cafetería. Los fines de semana además de trabajar, veía a mis sobrinos y a mis hermanas, sin falta. Los domingos me dedicaba a estudiar, a ponerme al día con la facultad y a parar un poco el ritmo de la semana.  Hacía mil cosas y, entre todas ellas, también estaba Galeno. Lo tenía presente, sí, pero no me afectaba tanto lo que hacía porque tenía mis propias actividades. Creo que eso me ayudaba a frenar la mente, a bajar la ansiedad y a poner las cosas en perspectiva. Y supongo que, también, por eso, la relación funcionó tan bien y tan sanamente durante todo ese tiempo para los dos. 

Él por su parte, entre las guardas en terapia intensiva y las tardes o mañanas de consultorio, también estaba muy ocupado. Los días que tenía libres, o las tardes libres, buscaba a su nena por el colegio y se quedaba con ella; iban a pasear, salían a comer, se iban de vacaciones de fin de semana o una escapada en invierno.  Algún domingo, de vez en cuando, viajaba a la ciudad donde vive su hermano y pasaba el día con él, almorzando allí o relajándose en algún lado de la ciudad. Y, siempre, cuando nos encontrábamos al final del día, nos contábamos las cosas lindas, o las feas, pero teníamos un sentido de compartir la jornada, que nos restauraba antes de dormir. 

Nuestras vidas, a nivel individual, cambiaron mucho. A él se le dió vuelta lo laboral al ser médico, no puede viajar a ver a su hermano que lo necesita, y lo único que conserva intacto además de las guardias modificadas por la emergencia sanitaria, es el vínculo con su hija, con quien se queda dentro del sitio donde vive. No puede reunirse demasiado con sus amigos del futbol para jugar a la pelota los miércoles ni tampoco puede salir como tanto le gusta, con su preciada libertad. Y a mí, se me dió vuelta como he dejado en evidencia durante los últimos cuatro meses. 

Creo que, de la misma manera en que afectó a nivel individual la libertad de cada uno, afectó a la relación. A nuestros proyectos. A lo que nos contamos y podemos compartir todos los días desde aquél marzo donde se nos descontroló la vida a todos los habitantes de la tierra. 

¿Y qué hacer con esto, no? 

A veces me gustaría encontrar el modo de acompañarnos en éste trance tan difícil para nuestra individualidad. Sé que de alguna manera lo hacemos, pero en realidad, sé que necesitaríamos de recursos con los que ahora no contamos para vivir esta historia más plenamente. 

Supongo que me tengo que conformar con éste intento.  Y tratar de relajarme un poco más, enfocándome en controlar la ansiedad y neutralizar las expectativas. Quizá, si me relajo, el peso con el que ambos estamos cargando en lo individual, no haga tanto reflejo en lo conjunto. 

lunes, 13 de julio de 2020

Síntomas

Mi mejor amiga se separó de su chico en cuarentena. La noticia me llegó el sábado por la tarde, y ayer domingo, hicimos una videollamada de varias horas donde me explicó - aunque tenía idea - por dónde venían las noticias. 

Eso me hizo replantearme muchas cosas, la verdad. Creo que ante la incapacidad de elegir, la prohibición de elegir qué hacer con nuestras vidas en éste momento, cada uno pone el síntoma donde puede y quizá ése es el único orden de nuestras vidas donde todavía podemos decidir algo, aún en pandemia. Al margen de que, también, puede ser que las cosas no vayan de por sí y la cuarentena sólo lo haya demostrado. Pero lo cierto es que yo no podría juzgar nada que no conozco, un convenio afectivo del que no soy parte, más allá de pensar en éste contexto y reflexionar. 

Durante algún tiempo he fantaseado con la idea de hacer lo mismo, porque el encierro pesa, porque a veces es más fácil enojarse que extrañar, porque la incertidumbre es difícil de sobrellevar en todos los ámbitos de tu vida y porque nadie sabe cómo vivir así, de la forma en que estamos viviendo. Nadie está preparado para ésto, por más experiencia que tenga, o por más años que haya cumplido. Pero no, no quiero hacerlo; ahora que he visto lo que pasa, de afuera, no quiero hacerlo.  Porque al escuchar a mi amiga, es decir, al ver la demostración de que no soluciona nada dejar a una persona para sobrellevar la pandemia, me hizo pensar que ésto en algún momento va a terminar y que quizá, ahí, tengamos todos otra perspectiva. 

Hablamos con Galeno del asunto durante el fin de semana. Y creo que hemos llegado a una orilla en común: él sostiene que no hay que ponerle mucha expectativa a las cosas, que hay que vivirlas y disfrutarlas mientras se pueda, que ése es el regalo. Yo sostengo algo muy parecido, es decir, que toda relación puede terminarse; que hay que ir con esa idea, y que después si dura, está todo bien. 

Ésta pandemia creo que nos ha demostrado que la vida vale por su presente. Que quizá dentro de un año sigamos juntos, pero que sino, tenemos que aprovechar lo que nos está dando la vida. Ahora. Hoy. Lo que nos dió antes. Y lo que quizá nos dé como recompensa en el futuro. Porque uno nunca sabe, a decir verdad. Y, por lo menos a mi edad, lo único que me interesa es sentirme bien, aprender, capitalizar, crecer y vivir experiencias. Quiero que el día donde decida convivir con alguien, asumir un compromiso más serio si se quiere, esté completamente segura de lo que voy a hacer. Y para eso, la única que queda, es vivir. 

Lo único que espero es que mi amiga esté feliz cuanto antes. Sea con quien sea, de la manera en que sea, con el tipo de relación que a ella le haga bien, lo único que quiero, es verla feliz.